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Sermones

Dios aún no ha terminado con Su pueblo Israel

Miguel Núñez 16 marzo, 2025

¿Ha desechado Dios a su pueblo Israel? La pregunta misma es controversial para algunos, pero Romanos 11 responde con el negativo más enfático que Pablo pudo usar: de ningún modo. Dios hizo un pacto con Abraham, juró por su propio nombre, y no puede negarse a sí mismo. A lo largo del Antiguo Testamento, desde Deuteronomio hasta Jeremías, Dios repite la promesa: no abandonaré a mi pueblo. Y cuando la nación estaba a punto de ir al exilio por su rebeldía, el profeta Jeremías escribió que ni Judá ni Israel habían sido abandonados, aunque su tierra estaba llena de culpa. La evidencia de esa fidelidad fue que Dios envió profetas como Daniel y Ezequiel para acompañarlos incluso en el destierro.

Pablo ofrece su propio testimonio como prueba: él mismo, un perseguidor de Cristo, fue alcanzado por la gracia. Si alguien merecía ser rechazado, era él. Pero fue incluido porque Dios conoció a los suyos desde la eternidad. Y así como en tiempos de Elías, cuando el profeta pensó que estaba solo, Dios se había reservado siete mil que no doblaron rodilla ante Baal, también ahora existe un remanente conforme a la elección de la gracia. No por obras, porque entonces la gracia dejaría de ser gracia.

La historia de Israel desde Abraham hasta hoy testifica del gobierno providencial de Dios. Después de dos mil años de exilio, el pueblo judío nunca perdió su identidad. Como respondió el capellán de Federico el Grande cuando el rey pidió una prueba de la inspiración bíblica: "Israel, su majestad". El pastor satisfecer Núñez invita a reflexionar sobre la bondad de Dios que nos ha preservado, esa misma bondad que renueva sus misericordias cada mañana y que debería movernos a gratitud diaria, reconociendo que aun en las peores circunstancias, no hemos sido consumidos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Dios aún no ha terminado con su pueblo Israel. Y la realidad es que el título solo ya es una controversia para algunos, porque para un grupo de personas Dios terminó con Israel. Pero Pablo dice que no; la Palabra dice que no. Para otro grupo de personas, llamar a Israel "su pueblo" no es apropiado en el día de hoy, pero Romanos 11 en la Escritura le llama "su pueblo". De manera que por eso decía que ya el título es controversial, pero no debiera serlo.

Hoy nosotros estamos iniciando el capítulo 11 de Romanos. Los capítulos ya dijimos, pero para aquellos que nos están visitando o no han escuchado mensajes anteriores: 9, 10 y 11 de Romanos están dedicados exclusivamente a lo que es la nación de Israel y la elección de aquellos que fueron llamados conforme a su propósito, que la Palabra de Dios llama el remanente de Israel. Capítulo 9 es la elección de Israel. Capítulo 10, Pablo con lujo de detalles habla acerca del rechazo que la nación tuvo de manera recurrente al llamado que Dios le hizo a través de los profetas. Y luego en el capítulo 11, donde estamos hoy, estamos iniciando en esta mañana. Pablo nos habla acerca de la restauración de la nación de Israel. Primero nos habla un poco acerca de, o entretiene la pregunta acerca de si Dios se olvidó de Israel o no, para luego hablarnos, en la medida que él desarrolla su tema, acerca de cómo no es ese el caso. Y de eso vamos a estar hablando en esta mañana.

William MacDonald, al inicio en su comentario, al inicio de este capítulo 11, escucha sus palabras: "¿Y qué acerca del futuro de Israel? ¿Es cierto, como algunos enseñan, que Dios ha terminado con Israel y que la Iglesia es ahora el Israel de Dios, y que todas las promesas a Israel ahora son aplicadas a la Iglesia?" Romanos 11, dice MacDonald, es una de las refutaciones más fuertes de esa posición en toda la Biblia.

Y al final del capítulo 11, el mismo autor agrega: "Es triste notar que muchos de los que atribuyen las bendiciones de Israel a la Iglesia están satisfechos con dejar sobre Israel las maldiciones que habían sido predichas". En otras palabras, si le aplicas las bendiciones de Israel a la Iglesia porque la Iglesia es Israel de hoy, entonces ¿por qué no le aplicas las maldiciones de Israel a la Iglesia también? MacDonald dice que es triste ver que este es el caso de parte de muchos que defienden esa posición.

Vamos a leer el capítulo 11 de Romanos. Permíteme recordarte que en el capítulo 10 Pablo está hablando de este rechazo de parte de Israel hacia Dios, y esto es como termina el capítulo 10, el versículo 21 de la carta de Pablo a los Romanos: "Pero en cuanto a Israel dice: Todo el día he extendido mis manos a un pueblo desobediente y rebelde". Ese es el fin del capítulo 10, donde Dios dice: "Yo tengo cientos de años extendiéndole mis manos a un pueblo rebelde, desobediente".

Esa es la razón, ese rechazo continuo de parte de la nación de Israel, es la razón de lo que Pablo dice inmediatamente después entrando ya al capítulo 11, porque él comienza con una pregunta, pero la pregunta está directamente relacionada al rechazo de Israel hacia Dios. Escucha a Pablo en el capítulo 11, versículo 1: "Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no saben lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, cómo suplica a Dios contra Israel? Señor, han dado muerte a tus profetas, han derribado tus altares, y solo yo he quedado, y atentan contra mi vida. Pero ¿qué le dice la respuesta divina? Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal. Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios. Pero si es por gracia, ya no es a base de obras; de otra manera, la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera, la obra ya no es obra. Entonces, ¿qué? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron, y los demás fueron endurecidos. Tal como está escrito: Dios les dio un espíritu de estupor, ojos con que no ven y oídos con que no oyen, hasta el día de hoy. Y David dice: Su banquete se convierta en lazo y en trampa, y en piedra de tropiezo y en retribución para ellos. Oscurézcanse sus ojos para que no puedan ver, y dobla sus espaldas para siempre".

Un pasaje que tiene cierta dificultad hacia el final, pero no tanto al principio. Nota que en el versículo 1 Pablo habla de "su pueblo" cuando se refiere a Israel, que si Dios se ha olvidado de su pueblo. Yo voy a estar haciendo diferentes alusiones a lo largo del camino a diferentes académicos, simplemente por lo controversial que el capítulo 11 es para mucha gente. Thomas Schreiner, del Southern Baptist Theological Seminary, uno de los académicos más respetados hoy en día, dice que una gran mayoría de los académicos está de acuerdo: en el versículo 1 y 2 de Romanos 11, Pablo tiene en mente a la nación de Israel cuando habla de "su pueblo". Más adelante es otra cosa, pero ahora cuando Pablo se refiere a "su pueblo", está hablando de la nación de Israel.

Luego, dentro de esa nación de Israel, mucha gente apostató, ha apostatado de la fe, pero siempre ha existido un grupo fiel a Dios. Volviendo a la pregunta de nuevo, el versículo 1: "Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo?" La pregunta que Pablo trae al tapete lo hace porque está consciente de ese rechazo continuo, recurrente, de parte de la gran mayoría del pueblo de Israel hacia las ofertas y bendiciones que Dios trajo a ellos. Pero Dios sigue llamando a Israel "su pueblo" a lo largo de todo el Antiguo Testamento.

De manera similar, nosotros hablamos hoy en día de la Iglesia de Cristo y no nos ponemos en cada caso a hacer la diferenciación y a decir: "Bueno, dentro de lo que es la Iglesia de Cristo hay muchos que se llaman cristianos que realmente no lo son", sino que simplemente hablamos de la Iglesia de Cristo de manera general. Pero es la realidad: dentro de lo que es la Iglesia de Cristo hay muchos que, llamándose cristianos, no lo son. De la misma manera, cuando Pablo se refiere a la nación de Israel, está consciente de aquellos que apostataron y estaba consciente del remanente, del cual se va a hablar prontamente.

Pero cuando nosotros leemos el Antiguo Testamento de principio a fin, múltiples veces Dios afirma con diferentes palabras a la nación que no los abandonaría. Déjame darte algunas ideas. Deuteronomio 4:31, al final de los 40 años en el desierto, frente al Jordán, antes de cruzarlo, un mes o dos antes de cruzar el Jordán, Moisés escribe este libro, y ahí, a pesar de 40 años en el desierto, Dios le dice: "Pues el Señor tu Dios es Dios compasivo; no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará el pacto que juró a tus padres". Yo soy un Dios de pactos, y juré un pacto con Abraham que luego siguió renovando. Y Moisés le dice a una nación que se merecía todo juicio posible, le dice: "Dios no te abandonará".

Más adelante llegamos al primer libro de Samuel, en 12:22. Ya estamos en el tiempo de la monarquía, tiempo de la monarquía unida que corresponde a los tres reyes: Saúl, David y Salomón. Y en 1 Samuel 12:22, esto es lo que nosotros leemos: "Porque el Señor —nota ahora— a causa de su gran nombre…" Esa es la razón: "…no desamparará a su pueblo" —sí está refiriéndose a Israel, literalmente hablando— "pues el Señor se ha complacido en haceros pueblo suyo, en haceros pueblo suyo". Me voy a detener ahí un momento.

Notaste que la fidelidad de Dios en Deuteronomio 4:31 tenía que ver con qué: con que Él juró un pacto a los patriarcas. Ahora, en 1 Samuel 12:22, la fidelidad de Dios es a causa de su gran nombre. No es la fidelidad de Israel; es a causa de su gran nombre. Dios no va a dejarlos a mitad de camino. Ahora, en el Antiguo Testamento nosotros leemos no menos de ocho veces, dependiendo de la traducción, pero no menos de ocho veces, que Dios hizo cosas o hará cosas en el futuro por esa frase: "por amor de su nombre". Tú la encuentras en los Salmos: 23:3, 25:11, 31:3, 79:9, 106:8, 143:11 —eso es en los Salmos solamente—. "Por amor de mi nombre, por amor de mi nombre". Tú encuentras la frase en Isaías 48:9 y 48:11, y la vuelves a encontrar en Daniel 9:17 y 9:19. Puedes ver dónde es que está basada la fidelidad de Dios hacia un pueblo.

Si tú sigues leyendo, pasamos por 1 Samuel, avanzamos en el Antiguo Testamento y llegamos a los Salmos. En el Salmo 94:14, escucha lo que Dios dice: "Porque el Señor no abandonará a su pueblo" —y se está refiriendo a Israel— "ni desamparará a su heredad". Ni lo va a hacer ahora, ni lo va a hacer después.

Pero si eso no fuera suficiente, nosotros llegamos a Jeremías. Esta cita es vital. ¿Por qué es vital? Porque Jeremías es el profeta que está presente con la nación de Israel en Jerusalén, que lloró muchísimo por las transgresiones de Israel, que les dijo que el pueblo se iba a ir al exilio debido a su rebeldía. Y escucha lo que el mismo Jeremías escribe en 51:5: "Porque ni Israel ni Judá han sido abandonados por su Dios, el Señor de los ejércitos, aunque su tierra está llena de culpa delante del Santo de Israel".

¡Oh, wow! Jeremías está consciente de esas transgresiones, pero está consciente de que Dios es un Dios de pactos, que ha hecho un pacto que ha hecho por amor de su nombre, que ha dicho que debido al amor por su nombre, él no iba a abandonar la nación. Y cuando la nación está casi lista para ir al exilio le dice: a pesar de todo eso, ni Judá ni Israel han sido abandonados por Dios. Se van al exilio, y ¿cuál es la evidencia de que Dios no los abandonó? Que les envió dos profetas para que estuvieran entre ellos. Les envió a Daniel y les envió a Ezequiel, dos de los grandes profetas del antiguo pacto, del Antiguo Testamento.

¿Cuál es la razón por la que Dios permanecería fiel a este pueblo? Cuando tú lees la Biblia de nuevo, como la Biblia interpreta la Biblia, la Biblia nos responde. Cuando Pablo le escribe a Timoteo en su segunda carta, ya antes de morirse, quizás días antes, semanas o meses antes, pero más probablemente días o semanas antes, Pablo le dice a Timoteo en esa carta, en 2 Timoteo 2:13: "Si somos infieles, él permanece fiel." Ok Pablo, ¿pero por qué? ¿Por qué es que Dios va a continuar siendo fiel a sí mismo cuando él está guiando o siendo Dios de un pueblo completamente infiel? Pablo ahí mismo nos da la respuesta: "Pues no puede negarse a sí mismo." En otras palabras, cuando yo doy mi palabra, yo doy mi honor, y yo no voy a deshonrar mi nombre, no voy a deshonrar mi palabra, no me voy a negar a mí mismo.

A nosotros, cuando yo estaba más pequeño, solía oír eso de parte de mi padre más que en nuestros días, pero yo supe oír cosas como: "No, ese es un hombre que cuando da su palabra, él da su honor." Un hombre, un ser humano, de quien se decía que tú podías contar con su palabra. Dios dio su palabra a Abraham, a Isaac, a Jacob. Y es basado en todo eso que Pablo responde: "¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo?" Y él responde con la frase más paulina que tú puedas encontrar: "De ningún modo."

John Murray en su comentario dice que ese es el negativo más enfático. Esa frase "de ningún modo" es el negativo más enfático que Pablo pudo haber usado en su tiempo y en su lenguaje. Es muy paulino, Pablo lo usa, y es muy de Romanos porque Pablo lo usa en esta carta. Escucha: en 3:4, en 3:6, en 3:31, en 6:2, en 6:15, en 7:7, en 7:13 y en 9:14. ¡Wow! Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho veces. De ningún modo, de ningún modo, de ningún modo. Entonces ya Pablo respondió que no, que Dios no ha desechado su pueblo, y lo ha hecho de manera enfática.

Ahora él procede a ilustrar o explicar mejor por qué él dice "de ningún modo." Lo primero que ofrece es un testimonio personal. "Porque" —o sea, el "por qué" es la explicación de "de ningún modo"— "porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín." El versículo 1, la segunda parte.

El versículo 2, que voy a exponer luego: "Dios no ha desechado a su pueblo." Ya te lo dije negativamente: Dios no ha desechado a su pueblo, de ningún modo. Y ahora te lo digo positivamente: Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad.

Pablo está consciente de que él mismo era rebelde. Pablo está consciente de que él perseguía a los cristianos. Pablo perseguía la fe cristiana, perseguía al pueblo por el cual Cristo sangró. De manera que si había alguna persona que podía ser rechazada y no ser incluida en el plan de salvación, era él mismo, porque él era un perseguidor de Cristo. De hecho, cuando Cristo se le aparece le dice: "Saulo, Saulo" —o "Pablo, Pablo"— "¿por qué me persigues?" Y Pablo dice: "Yo, mira, yo soy tan judío como el más judío. Yo soy de la tribu de Benjamín, pero sigue para atrás, yo soy descendiente de Abraham, del patriarca que todos veneraban. Yo vengo de ahí."

La tribu de Benjamín. Hay diferentes razones por las que la gente piensa por qué Pablo mencionó la tribu de donde él venía. Pero quizás Pablo estaba diciendo: de la tribu que permaneció fiel a Judá. Esas dos tribus formaron el reino del sur, pero esa fue una de las tribus que permanecieron fieles a la corona, al hijo de Salomón, Roboam, hijo de David, de donde venía el Mesías. Quizás Pablo está diciendo: yo soy de una tribu que permaneció fiel a la corona de David, y de ahí venía el Mesías. De manera que está ofreciendo como un testimonio personal, como explicación de por qué él entiende que Dios no ha abandonado su pueblo.

Pero luego él deja el testimonio personal a un lado y es como si él dijera: ahora yo te voy a dar una razón teológica por la que es imposible que Dios haya podido abandonar su pueblo. Versículo 2: "Dios no ha desechado a su pueblo." Escucha ahora: "Al cual conoció con anterioridad." Y ahí la palabra conocer, proginósko, tiene que ver con conocer en la eternidad pasada y haberte ordenado para el futuro, para una función.

Ahora, cuando Pablo se refiere en el versículo 2 de que él conoció ese pueblo con anterioridad o en la antigüedad, no está diciendo que todo el pueblo así conocido fue elegido para salvación. Eso no es lo que él está diciendo, y de hecho lo va a explicar prontamente. Pero Dios sí escogió a la nación de Israel como nación, algo que él no decidió a última hora, algo que había sido pensado de antemano. Y lo escogió. Escucha, Éxodo 19:5: "Y seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos." Se está hablando de pueblos. Ustedes van a recibir la ley vía Moisés. Ese texto que te leí de Éxodo 19:5 está inmediatamente antes de recibir la ley en Éxodo 20 de parte de Dios. Ustedes van a ser una nación sacerdotal, ustedes van a representarme ante el mundo. No lo hicieron bien, fueron infieles, es verdad, pero él los escogió y los conoció con anterioridad precisamente porque él quería sentar una especie de testimonio en medio de las naciones a través de otra nación.

De nuevo, no es que la nación entera iba a ser salva, pero la nación fue escogida con un propósito. R.C. Sproul argumenta en su comentario sobre ese versículo: "Dios es incapaz de rechazar a una persona que él conoció desde la fundación del mundo." Y está hablando específicamente del versículo 2 de Romanos 11. De manera que Pablo establece un testimonio, una defensa personal acerca de por qué él entiende que Dios no ha rechazado a Israel. Ofrece un argumento teológico, pero él entiende que esta elección de la nación no es exactamente lo mismo que la elección de cada individuo para salvación, porque ya nos explicó eso en Romanos 9:6-7: "Porque no todos los descendientes de Israel son Israel, ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham." No son todos hijos por ser descendientes de Abraham, pero como hay una descendencia a la que yo le prometí salvación, a esta nación yo la continúo preservando a lo largo de la historia, porque yo voy a ser fiel a esos que estaban dentro de ellos.

Yo creo que dentro de los gentiles, que somos nosotros, Dios tiene un grupo de personas que conoció en la antigüedad y eligió para salvación, y ha hecho cosas que han beneficiado a otros gentiles no creyentes simplemente por lo que Dios hizo a favor de gentiles creyentes que estaban en medio de ellos. Yo creo que eso, la historia bíblica y la no bíblica, testifican a lo que yo acabo de decir.

Déjame contarte esta historia. Esta historia aparece en múltiples documentos con variantes, en algunos tal cual como te la voy a contar, pero escucha esto. El rey de Prusia —no Rusia, Prusia— fue una especie de poder político que se levantó en Europa central en los años de 1700 y tanto. Al final, el centro del poder estaba probablemente en Alemania; ocupaba parte de Alemania, Polonia, Lituania y Rusia.

Entonces, ahora, el rey de Prusia, Federico el Grande, que vivió de 1712 a 1786, en una conversación con su capellán de la corte, dijo una vez: "Dame una prueba de la inspiración de la Biblia." El capellán respondió: "Su majestad, puedo responder a su petición con una sola palabra, me parece a mí." Federico el Grande, el rey, miró al capellán con cierto asombro y preguntó: "¿Qué palabra mágica conlleva una prueba tan contundente?" El capellán respondió: "Israel, su majestad."

Según el capellán del rey, la sobrevivencia de la nación de Israel es testimonio de que la Biblia fue inspirada. Esta historia aparece en los documentos famosos de "The Fundamentals" o "Los Fundamentales," del grupo cristiano fundamentalista de finales de 1800 y principios de 1900. Esa historia aparece más o menos en esos mismos términos; aparece con otros personajes en el comentario de R.C. Sproul, y luego Sproul agrega: "La historia de Israel, de Abraham hasta el presente, es un testimonio impresionante del gobierno providencial de Dios en la historia humana, y especialmente en la historia redentora."

La historia de Israel antiguo es muy notoria. Después que los romanos conquistaron Jerusalén en el año 70 de nuestra era, los judíos fueron dispersados y fueron expulsados de su tierra. Después de 2000 años de exilio, ellos nunca perdieron su identidad nacional. Los judíos se dicen unos a otros: "El próximo año en Jerusalén." Por 2000 años este pueblo ha soñado con retornar al monte Sion. Todavía tienen una conciencia insaciable de su identidad étnica y nacional. Sproul pregunta: "¿Ha ejercido Dios un rechazo completo y final del pueblo judío?" Y él responde: "Claro que no." Se parece a Pablo. Dios no ha rechazado categóricamente a Israel del Antiguo Testamento.

Y ahora Pablo, entonces, después que él responde como respondió —no, Dios no lo ha rechazado porque los conoció de antemano— y ahora nosotros, 2000 años después, podemos decir: la historia está ahí. De una manera milagrosa esta nación —de nuevo, no todos creyentes o salvos o para ser salvos— pero esta nación ha sido preservada contra viento y marea.

Entonces Pablo ofrece su testimonio personal, ofrece una razón teológica, y él tiene un tercer argumento que trae ahora para que podamos comenzar a entender la diferenciación que él está haciendo entre un grupo y otro grupo. El versículo 2, segunda parte, leamos hasta la primera parte del versículo 4.

¿O no saben lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, cómo suplica a Dios contra Israel? "Señor, han dado muerte a tus profetas, han derribado tus altares y solo yo he quedado, y atentan contra mi vida." Pero ¿qué le dice la respuesta divina? "Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal." El versículo 2, en el tiempo de Jezabel, y acá la pareja, verdad, que estaba acá, pero el rey, que se habló a su esposa, que estaba presente cuando Elías estuvo presente.

Imagínate que Dios no hubiese preservado a esos siete mil hombres por gracia, qué hubiese pasado. La nación entera hubiese descarriado y la nación entera hubiese sufrido las consecuencias, y hoy en día no habría nación. Pero Dios le dice a ese hombre, a Elías, perdón: "Yo me he reservado siete mil hombres." Después lee la historia en Primera de Reyes del capítulo 16 al 19. La nación estaba tan corrompida en el paganismo que Jezabel, la esposa del rey, alimentaba todos los días a 450 profetas de Baal. Aquí Elías es terminada de Galaad. Jezabel atentó contra la vida del profeta, junto con otros. De hecho, Elías se intimidó debido justamente a las amenazas contra él y salió corriendo y se escondió, y se paró en una cueva donde Dios le habló y le confortó.

Dios le dice: "¡Elías, tranquilo! Tú no eres el único." Jezabel es que... a veces cuando uno está en mala situación, uno entra en un sentir un poco depresivo, piensa como que está solo, como que nadie más está conmigo. Todos son infieles, todos se han corrompido. Y Dios le dice: "¡Elías, tranquilo, Elías!" No le dice simplemente que hay siete mil más que son fieles. "A mí, no, yo me he reservado siete mil hombres. Ellos fueron elegidos y preservados por mí." En otras palabras, hay un remanente que es todavía fiel.

Ahora, la doctrina del remanente de que Pablo está hablando ahora en Romanos 11, que la veremos más adelante también, la doctrina del remanente como un pueblo, un grupo de personas que Dios ha preservado y seguirá preservando hasta que Él regrese, esa doctrina no es desarrollada hasta que llegamos al profeta Isaías. Pero ya en tiempo de Elías se hablaba de que había un grupo de personas que Dios se había reservado. Y ahora Pablo, entonces, haciendo alusión a esa historia de Elías, le dice: las cosas no han cambiado.

¿Cómo se lo dice? Míralo aquí, versículo 5: "También ha quedado en el tiempo presente un remanente." Así como en el pasado, así en el presente. "También ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios." Hermanos, nunca ha habido ni ahí ni entre nosotros los gentiles, cuando la gente haya sido fiel por iniciativa propia. Eso es un trabajo que comienza con Dios, que es fiel a su pacto, que por gracia nos preserva en el camino. La inclinación natural de tu corazón y del mío es alejarnos, es enfriarnos, es perder la pasión, es dejar de disfrutar las cosas que una vez disfrutábamos.

Escucha estas palabras de este himno muy famoso, traducido el título al español como "Fuente de bendiciones," "Ven, mi fuente de bendiciones." El autor dice: "Propenso a alejarme, Señor, lo puedo sentir." Es como: "Yo soy propenso a alejarme, yo lo puedo sentir, propenso a alejarme del Dios que amo, del Dios que amo. Toma mi corazón, oh toma, Señor, séllalo con tu Espíritu desde arriba." Esa es la realidad en las palabras: "Toma mi corazón." Lo lamentable de esas palabras y de ese himno tan famoso que nosotros cantamos es que Robert Robinson terminó negando la fe, y su último sermón ridiculizó la doctrina de la Trinidad. No solamente que estaba dado a alejarse de Dios, es que terminó alejándose de Dios y terminó ridiculizando lo que una vez él amó.

Es la gracia de Dios que preserva a los suyos, y en Romanos 11:5 nosotros leemos que hay un remanente. Pablo lo dice: así en el presente, como en los días de Elías, hay un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios. Pablo insiste prácticamente en cada una de sus cartas, no volví a revisar cada una, pero probablemente en cada una de sus cartas, que la salvación es un don de Dios, que es por gracia, y que la misma gracia que te salva el primer día es la gracia que te preserva hasta el último día. No es tu esfuerzo. No es que tú no necesitas un esfuerzo; tú requieres un esfuerzo, tú deberías esforzarte, tú le debes a Dios un esfuerzo para honrar su nombre, pero es la gracia que te preserva.

Y Pablo, entonces, enfatiza, subraya esa gracia en el versículo 6 en adelante, cuando dice: "Pero si es por gracia, ya no es a base de obras. De otra manera, la gracia ya no es gracia." Hay mucha gente que tiene la gracia malentendida, piensa que es la gracia una ayudita que yo le doy a Dios con mis obras. ¡No! Porque ya no es gracia, dejó de ser gracia. Gracia es el favor inmerecido que Dios otorga a pecadores. Valga la redundancia: favor inmerecido a pecadores que no merecen absolutamente nada, que están destituidos de su gloria, y les da esa gracia y los salva. Y luego dice: "Y si por obras," si la salvación fuera por obras, pues entonces ya no es gracia. "De otra manera, la obra ya no es obra." De manera que una salvación por gracia excluye completamente la posibilidad de obras meritorias que Dios pueda luego considerar para declararme justo.

"Pastor, entonces, ¿cómo uno vive no tiene importancia?" ¡No! Tiene toda la importancia del mundo. En primer lugar, si verdaderamente eres creyente, la única manera de tú honrar a Dios es vivir conforme a su voluntad para poder honrar la salvación que Él te otorgó. Por eso dice Pablo que debemos cuidar la salvación con temor y temblor. Temor y temblor, no porque la puedo perder, no, porque es preciosa, es hermosa, es de tanto valor que no puedes jugar con ella. Pero las obras son importantes también, porque sabes que las obras son las que testifican de que verdaderamente yo creo. Mi vida de obediencia testifica que verdaderamente yo he llegado a creer y nací de nuevo. Una vida caracterizada por la desobediencia es una vida que apunta a que el nuevo nacimiento no se ha dado. Y creo que el pastor Joel ha predicado recientemente un sermón acerca de la obediencia.

En Romanos 9:30 al 33, Pablo hace el énfasis, ya lo vimos, que lamentablemente el pueblo judío entendió que su salvación vendría a través del cumplimiento de la ley, y por eso se enfocaron tanto en la ley. La ley ha estado, trabajaron en la ley, una ley que ellos nunca cumplieron, pero ellos trabajaron en la ley como la cosa, el instrumento a través del cual les iba a llegar la salvación. Entonces, en Romanos 9:33, Pablo le dice que los gentiles encontraron la salvación porque la buscaron por fe, y que ellos lamentablemente, buscando la salvación, no la encontraron porque trataron de encontrarla por medio de sus propias obras para ganar su propia justicia.

Entonces, aquí está lo paradójico: Israel buscó la salvación y no la encontró, y no la encontró porque la buscó a través de las obras de la ley, a través de sus fuerzas. Los gentiles no buscaban la salvación porque no sabían de Dios; Dios no se les había revelado como se les reveló a los judíos a través de los profetas. Pero Dios se les reveló a ellos, y entonces buscaron de esa salvación, pero la buscaron a través de la fe en Cristo y la encontraron. Y eso ya Pablo lo explicó.

Y ahora entonces, el versículo 7, Pablo dice: "Entonces, ¿qué? Aquello que Israel buscó no lo ha alcanzado." Exactamente lo que acabo de explicar. Pablo regresa en el versículo 7 del texto de hoy a Romanos 9. ¿Es que no lo alcanzaron? Bueno, ya él dijo: no lo alcanzaron. ¿Y por qué no lo alcanzaron? La buscaron a través de las obras de la ley. Pero inmediatamente después que Pablo dice en versículo 7: "Entonces, que aquello que Israel buscó no lo ha alcanzado," escucha el "pero," porque los "peros" son importantes en la Palabra: "Pero los que fueron escogidos lo alcanzaron." ¿Y qué pasó con los demás, Pablo? Los desobedientes, los que siguieron rehusando a aceptar la invitación de Dios. "Y los demás fueron endurecidos." ¡Wow!

En el versículo 7 hay dos grupos: están los escogidos y los endurecidos. Los escogidos, al igual que los gentiles, son aquellos que fueron conocidos en la eternidad pasada, Romanos 8, recuerda eso, y aquellos que fueron escogidos y que fueron conocidos fueron entonces predestinados, y aquellos que fueron predestinados fueron luego llamados, y aquellos que fueron llamados fueron luego justificados en la cruz por Cristo, y los que fueron justificados en la cruz por Cristo luego fueron glorificados. Esos son los escogidos. Pablo dice: "Pero los que fueron escogidos lo alcanzaron," como los siete mil en tiempos de Elías. El remanente en tiempos de Elías, todavía hay un remanente aún al tiempo de hoy.

Y el otro grupo, pastor: los endurecidos. ¡Wow! Bueno, sí están ahí en el versículo 7. ¿Hay algo más en el texto de Pablo? Sí. Pablo dice de ellos, el versículo 8: "Tal como está escrito: Dios les dio un espíritu de estupor, ojos con que no ven y oídos con que no oyen, hasta el día de hoy." ¡Wow!

Los endurecidos, Dios les dio... O sea que no tenía que ver con ellos, no tenía que ver todo con ellos. Justamente por ellos ser y hacer lo que fueron y lo que hicieron, es por eso que Dios les dio un espíritu de estupor, ojos que no ven, oídos con que no oyen. Pablo dice: "Hasta el día de hoy." El problema es que la misma rebelión que el pueblo exhibió en los cuarenta años del desierto de parte de una gran mayoría, esa misma rebelión se mantuvo a lo largo de la historia y se sigue manteniendo hoy por parte de la mayoría. Pero como veremos más adelante en el mismo capítulo 11, es un endurecimiento parcial y es hasta un momento, del cual no voy a hablar en esta ocasión, pero está en el mismo capítulo 11 de Romanos.

Eso que yo te leí de un espíritu de estupor, ojos que no ven, es una cita de Moisés. Ya en el libro de Deuteronomio, otra vez, donde ya yo leí que Dios prometió que no los iba a abandonar, en el mismo libro, pero capítulo 29 ahora, nosotros leemos. Te voy a hablar del versículo 2 al 4, pero el 4 de Deuteronomio...

En Deuteronomio 29 es donde está la cita que aparece en el texto de hoy. Moisés convocó a todo Israel y les dijo, delante de sus ojos: "Ustedes han visto todo lo que el Señor hizo en la tierra de Egipto, a Faraón." Esto es importante. Moisés le está hablando a un grupo de personas que estuvieron en Egipto, vieron las diez plagas, vieron todo lo que Dios les hizo a Faraón, vieron el cruce del mar, lo que le hizo a Faraón, a todo su ejército y a toda su tierra, las grandes pruebas que vieron sus ojos, aquellas grandes señales y maravillas.

Ustedes, entre todos los pueblos del mundo, vieron de lo que más crece, porque ustedes tienen un testimonio, tienen una historia, tienen una experiencia como nadie. Ustedes vieron cosas extraordinarias, vieron un río entero convertirse en sangre, vieron cómo los primogénitos de cada familia se murieron. Ustedes vieron, y de cada animal incluso, los primogénitos de ganado y animales también se murieron, cómo los de los suyos no se murieron, nadie.

Pero el versículo 4, desde Deuteronomio 29, que Pablo cita en Romanos 11: "Pero hasta el día de hoy el Señor no les ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír." En otras palabras, no me puedo revelar, no me puedo revelar, no puedo revelar. Llega un momento que Dios dice: "¿Sabes qué? Parte de tu juicio es que la poca luz que tenías me la llevo, el poco entendimiento que tenías ya lo quito," como parte de tu juicio. Los ojos ven, pero no pueden percibir la realidad espiritual detrás. Esta gente en su rebelión vieron las maravillas, pero como que no percibieron la realidad de ese Dios poderoso capaz de hacer lo imposible y que los salvó.

Los oídos oyen, pero ¿sabes qué? Y estrés. Tú puedes estar aquí mismo, como he oído que están escuchando al pastor, pero al mismo tiempo tu mente tiene otra cosa. No se tuvo, pero no entiende, porque mi oído no está en sintonía ni con mi mente ni con mi corazón. Está en otra cosa. Quizás está contradiciendo la predicación. Como consecuencia de eso que le ha ocurrido a los oídos, a los ojos, el corazón no experimenta ninguna emoción, ninguna transformación.

Lo que es curioso es que la gente como que teme sufrir grandes consecuencias cuando peca: que Dios me quite mi profesión, mi compañía que quiebre, o que a mis hijos les pase, tengan algún accidente. Pero se olvidan de que la peor consecuencia que Dios puede aplicar a uno de nosotros es que Él básicamente te deje a un lado y te diga: "Sí, está bien, vive tu vida."

De manera que tú escribes un himno como el que te mencioné de Robert Robinson, cuando habla de que le estaba inclinado a alejarse del Dios que amo, lo cual es una realidad de todo el mundo, pero después el himno a ti no te ministra. Cuenta la historia que en una ocasión él iba en un tren y una señora le preguntó que si él conocía ese himno. La señora no sabía quién era y le cita alguna de las palabras, y él le dice: "Señora, usted no sabe cuánto yo daría hoy por tener el gozo que yo tenía cuando escribí esas palabras."

Cuando Dios te deja a que tú camines, su Palabra no te interesa, no te mueve, no te anima, no la crees muchas veces. Él no tiene interés de oírla o no tiene ese interés que antes tenía, y de hecho deja de oírla, deja de leerla y no la echa de menos. Es como: "Sí, yo tengo que leer la Palabra, yo tengo como tres meses que no la leo," pero entre esos meses yo no la echo de menos. Eso ocurre cuando Dios se aleja de nosotros y los pasajes de advertencia que debieran como intimidarnos, no, no, no, no. Le perdimos temor al Señor. Mi mente puede ser nublada por el mismo efecto del juicio de Dios hacia mí, de manera que ahora leo la Palabra, escucho la Palabra, tampoco la entiendo. Y nuestro corazón puede llegar a ser tan insensible que prefiero el deleite del mundo al deleite de las cosas de Dios.

El mano es cierto que el ser humano no tiene una capacidad natural, innata de buscar a Dios. Al mismo tiempo también es cierto que el ser humano sí tiene cierto grado de luz para reconocer que hay un Dios, hasta el punto que en Romanos 1:20 Dios dice que el hombre no tiene excusa para reconocerlo, ninguno. Para cuando ese hombre que tiene suficiente luz para reconocer a Dios y honrarlo como Dios, pues Dios dice en Romanos 1:21 que no me honraron como Dios ni tampoco me dieron gracias. Y no te está hablando de personas salvas, está hablando del hombre en general.

Cuando ese hombre con ese poco de luz no reconoce a ese Dios y no le honra como a Dios, él comienza a comportarse como un necio, Romanos 1:22. Cuando se cree sabio, él cree que está bien, él cree que puede dirigir su vida. Mientras más nos alejamos de Dios, más necio yo soy y peores son mis consecuencias. Llega a un momento donde luego esto es lo que ocurre: "Por lo cual Dios los entregó," Romanos 1:24. Romanos 1:26: "Por esta razón Dios los entregó." Romanos 1:28: "Dios los entregó a una mente depravada." Los dejó. Hagan lo que ustedes quieran.

Y esa es lo que el texto de Romanos 11 se refiere cuando dice que Dios les dio un espíritu embotado. No entendían, oían pero no entendían. Veían pero no percibían la realidad detrás de lo que vieron. Vieron los milagros del desierto, pero la bondad de Dios detrás de los milagros no la podían percibir. El poder de Dios detrás de los milagros tampoco lo podían percibir. Lo experimentaban, pero no experimentaban la realidad de atrás para asombrarse y ser transformados.

Y entonces Pablo cierra de una manera un tanto extraña. El cierre de Pablo, aun algunos de los comentaristas, John Stott dice lo mismo, que es un cierre como difícil de entender, porque él trae otra cita, trae una cita del Salmo 69, versículos 22 y 23, que David escribió como un salmo imprecatorio, que son salmos escritos donde tú le oras a Dios que Él tome venganza sobre tus enemigos. No es que te ayuda a tomar venganza porque eso no nos toca a nosotros, pero David escribió salmos imprecatorios: "Tú haz esto hacia mi enemigo."

Entonces por eso dice el versículo 9 y ya al 10 del texto de hoy, y David dice, Salmo 69:22-23, está citando ese salmo: "Su banquete se convierta en lazo y en trampa, en piedra de tropiezo y en retribución para ellos. Entonces, oscurézcanse sus ojos para que no puedan ver, y dobla sus espaldas para siempre."

Básicamente lo que probablemente Pablo está haciendo con estas citas es que eso es lo que David pensó que Dios debiera hacer a sus enemigos, a quienes lo estaban persiguiendo, porque lo que esperan, tiempo en que David se sentía perseguido. Pero resulta que con el tiempo y llegado Cristo, la nación de Israel se convirtió en la perseguidora. Y que probablemente lo que Pablo está diciendo es que estas consecuencias que David oraba a Dios contra sus enemigos, lamentablemente terminaron cayéndoles a ellos porque se convirtieron en enemigos de Dios al ser ellos los perseguidores del Hijo de Dios, del mismo Mesías, hasta llegarlo a crucificar.

Y yo creo que nosotros, pensando toda esta historia de Israel, tenemos que considerar nuestros propios desaciertos y tropiezos y caídas y desvíos y alejamientos. Y considerar lo que decíamos en el mensaje pasado: las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia que tuvo Dios con todo ese pueblo de Israel por cientos de años, pero que luego termina tan alejado de ese Dios que Dios los entrega, cierra sus ojos, cierra sus oídos, endurece su corazón, embota su espíritu, porque tuvieron en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia.

Ahora, el énfasis de Pablo en este texto que yo leí no es la justicia de Dios. Él está tratando de mencionar algo: que la justicia de Dios contra aquellos, verdad, que se endurecieron o que fueron endurecidos, sirve como de comparación con lo que Dios escogió. El énfasis de Pablo es la fidelidad de Dios que no ha desechado a su pueblo. El énfasis de Pablo es en el remanente, un grupo que Dios ha preservado aun en los tiempos de Elías para que permanecieran fieles a Él.

Y el hecho de que a lo largo de la historia, Dios, hasta los tiempos de Pablo y ha continuado hasta hoy, ha continuado siendo fiel a una nación dentro de la cual hay un grupo de personas conocidas desde la eternidad y escogidas que son llamadas el remanente de Israel. Que forma toda una doctrina bíblica que el profeta Isaías inicia, ilustra, subraya, enfatiza, y que luego continúa desarrollándose: que hasta que Cristo venga, el remanente de Israel permanecerá fiel a Él, al Dios de la Biblia, al Dios de la Palabra.

Yo quiero animarte a que te puedas reflexionar cuando te vayas hoy acerca de la bondad de Dios que te ha preservado hasta el día de hoy. Y por otro lado, si tú piensas, verdad, que: "Hui, por todo lo que sigo oyendo, yo como que no estoy en el camino de Dios, yo no estoy visto aparte de la familia de Dios," que tú puedes echar mano a la bondad de Dios que ha ofrecido salvación por medio del Cristo Jesús, que ha derramado su sangre para el perdón de pecados, que tú puedas confesarle como Señor y Salvador. Echa mano de la bondad de Dios, que tú no vivas la vida sin apreciar prácticamente todos los días la bondad de Dios.

Sin embargo, nosotros nos enfermamos y yo, una vez, como que en buen dominicano, como que el moco se nos va al cielo bajo, estamos muy ahí triste. Pero cuántas veces yo he tenido que decirle a mis pacientes: "¿Sabes que tienes mucho que agradecer a tu Dios ahí en la enfermedad? ¿Sabes por qué? Tienes médicos personales. Imagínate estando en tal hospital donde no tienes un médico personal. Tienes seguro o dinero para pagar tus medicinas, tus atenciones. Estás en una clínica con aire acondicionado, una cama que no está muy cómoda, pero es más cómoda que muchas otras camas en las que muchos pacientes están, y muchos otros pacientes que tienen que dormir dos y tres en una cama porque no hay cama para todo el mundo."

Echa mano, tú tienes múltiples bendiciones alrededor. Tú y yo, a veces en las peores condiciones, solo necesitamos perspectiva de cómo otros viven, de cómo otros están.

Pero la bondad de Dios a mí me sorprende y me conmueve todos los días. Todos los días. El simple hecho de que amanezca con vida es parte de la bondad de Dios. Tú debieras sorprenderte, como te dije recientemente, como tú debieras abrir los ojos en la mañana: "¡Wow, estoy vivo hoy también! Tengo vida todavía. La bondad de Dios me sostiene." Y al final del día tú puedes decir: "¡Wow, sigo vivo al final del día!", porque por la misericordia de Dios, que Él renueva todos los días, no fui consumido hoy.

Señor, la bondad de Dios es suficiente para movernos hacia ti, acercarnos hacia ti, darte gracias a ti, vivir agarrados de ti y terminar con todas nuestras insatisfacciones en la vida, todas nuestras quejas, al saber que las peores cosas también cooperan para bien para aquellos que son llamados conforme a sus propósitos.

En Cristo Jesús hemos orado, hemos predicado. Glorifica tu nombre, edifica tu pueblo, fortalece nuestra fe por tu bondad, oh Dios. Amén.

Nos ponemos de pie.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.