Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios celoso por Su pueblo

Miguel Núñez 14 mayo, 2023

Dios es celoso, y ese atributo merece ser predicado y alabado tanto como su amor o su misericordia. El problema es que solemos asociar el celo con inseguridad o posesividad, cuando el celo divino es algo completamente distinto: es la reacción santa de Dios cuando su pueblo lo desplaza del primer lugar para abrazar ídolos que prometen satisfacción pero solo traen destrucción. Éxodo 34 lo declara sin rodeos: "El Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso". No es solo que Dios actúe con celo ocasionalmente; el celo forma parte de su misma esencia.

Este celo se provoca cuando aparece un "amante" rival en nuestro corazón. En la antigüedad eran figuras de madera o bronce; hoy son ídolos más sofisticados: el dinero, el poder, las relaciones, cualquier cosa que capture nuestra devoción más que Dios mismo. Detrás de cada ídolo hay una mentira: la mentira de que podemos satisfacer nuestros deseos de forma ilegítima sin consecuencias. Pero el ídolo muerto que adoramos termina dándonos forma, conformando nuestro estilo de vida y llevándonos a la ruina.

La buena noticia es que el celo de Dios nos protege. Así como un padre no entregaría a su hija a alguien que le haría daño, Dios no nos entregará a nuestros ídolos. Él saldrá a rescatarnos de nuestra infidelidad, como Oseas fue a buscar a Gómer cuando sus amantes la abandonaron. Si es necesario enviarnos al exilio para destruir lo que nos destruye, lo hará, porque nos compró con la sangre de su Hijo y no permitirá que nada nos arrebate de sus manos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El día de hoy estaremos cubriendo uno de los atributos de Dios del cual se ha dicho poco desde los púlpitos. Y si somos honestos, es uno de esos atributos en los cuales no nos gusta pensar mucho. Muchas veces el predicador de nuestros días no quiere exponer todo lo que Dios ha revelado porque su audiencia tampoco lo quiere escuchar. Y con frecuencia el predicador tiende a revelar verdades que están en su Palabra, pero lo hace a expensas de otras que enfatiza mucho menos, y cuando nosotros hacemos eso, nosotros pecamos porque ese no es todo el consejo de Dios.

Yo quisiera comenzar diciendo que Dios reveló muy tempranamente el atributo del cual yo quisiera hablar en el día de hoy. Es el hecho de que Dios es celoso por su gloria y, de manera particular, Dios es celoso por su pueblo. Quizás eso pueda chocar la mente de muchos de nosotros porque nosotros no tenemos una buena idea de lo que el celo es. La única idea que nosotros tenemos es la idea humana, el celo humano que frecuentemente es pecaminoso.

Digo frecuentemente porque no es siempre. Yo creo que cualquiera de nosotros pudiera entender que una esposa o un esposo pudiera sentirse celoso de alguien coqueteando con su cónyuge. Yo no creo que él sería digno de condenación, porque en ese caso lo único que esa persona estaría haciendo es protegiendo lo que es suyo. Lo mismo podríamos decir de un padre cristiano o una madre que se siente celoso porque ve a una de sus hijas que está siendo pretendida por un hombre que no tiene el carácter moral confiable, o que es conocido por ser mujeriego, o por ser irresponsable, o por ser inmoral, o porque no anda en los caminos de Dios. Con estas cosas siendo así, yo creo que muchos padres han sentido una cierta indignación porque existe la posibilidad de que su hija pudiera terminar casada con alguien que no la honrare.

Y es por eso que decía que a nosotros no nos gusta pensar en Dios como un Dios celoso, porque nosotros tenemos una idea distorsionada de lo que el celo es. En la mayoría de los casos, el celo que tú y yo experimentamos no está relacionado con lo que yo acabo de describir, sino más bien a un cierto sentido de inseguridad. Y esa inseguridad me hace posesivo; lleva a la persona en su inseguridad y ese sentido de posesión a hacer demandas, se convierte en una persona demandante. Pero Dios nunca ha sido inseguro, Dios nunca ha sido demandante a la manera nuestra. Dios tiene demandas, pero de otra forma, y son santas, y son justas, y son verdaderas. Dios no tiene competencia y no se siente en competencia. No es una cuestión de que nosotros llevamos a Dios a sentirse como que está compitiendo con algo. No, es que nosotros queremos muchas veces abrazar algo que compite con Dios en mi corazón por mis afectos. Recuerda que Dios es inmutable.

El celo de Dios por su gloria y por lo suyo, por lo que es suyo, es digno de ser alabado, exaltado, predicado tanto como su amor, su fidelidad, su gracia, su compasión, su benevolencia, su bondad. Todos los atributos de Dios son igualmente dignos de ser alabados y glorificados, todos, incluyendo su ira. Pero como personas pecadoras que nosotros somos, nosotros preferimos hablar y pensar de aquellos atributos que nosotros pensamos que nos favorecen, cuando la realidad es que todos y cada uno de los atributos de Dios terminan bendiciendo mi vida.

Es una tremenda bendición, tremenda bendición, el hecho de que Dios sea celoso, porque su celo me protege de ser seducido por mis ídolos. Su celo me protege de ser seducido y destruido por mis ídolos. Cuando Dios sacó al pueblo hebreo de Egipto, lo sacó al desierto para tener una relación de exclusividad con ellos y para alejarlos de esa sociedad idólatra en la cual ellos habían crecido y se habían educado. Y muy temprano, al final del primer año de los cuarenta, Dios les da unos diez mandamientos.

El primero de esos mandamientos dice: "No tendrás otros dioses delante de mí". En el original dice: "No tendrás otros dioses delante de mi rostro". El pastor Luis Méndez decía el martes pasado que en una ocasión reciente, enseñando en uno de los cursos que le tocaba enseñar, haciendo uso de este versículo, le decía —paró a una persona y le dijo, esto lo queremos estar diciendo— y le puso la Biblia en la cara y le dice: "No tendrás otros dioses delante de mí". Y con eso yo comencé a pensar que en esencia lo que Dios estaba diciendo es: no voy a tolerar que pongas un ídolo muerto, que nunca ha existido, delante de mi propio rostro, delante de mi propia cara, como si ese ídolo tuviera la misma altura del Dios vivo. De manera otra vez: no voy a tolerar que me pongas delante de mi rostro un ídolo muerto como si ese ídolo estuviera a la misma altura, es más, por encima de mí, el Dios vivo. Y ya con eso yo creo que tenemos una idea de por qué Dios pudiera ser celoso.

Pero escucha el próximo mandamiento, número dos. Dios se entiende que todo lo demás que él tenga que decir depende de que entendiéramos el primero y el segundo mandamiento. "No te harás" —Éxodo 20:4— "ningún ídolo ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás". Escucha ahora la razón: "Porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso".

En el contexto de dioses ajenos y de ídolos, Dios dice: "Soy el Dios que castiga la iniquidad de los padres hasta la tercera y cuarta generación, y que guardo al mismo tiempo misericordia a millares de aquellos que me aman y guardan mis mandamientos". El castigo de la iniquidad de los padres por generaciones está dado en el contexto de que Dios es celoso y de lo que es la idolatría.

Y por eso yo he titulado el texto de hoy: "El Dios celoso por su pueblo". Dios es celoso primariamente por su gloria, pero déjame decirte algo, la razón por la que yo he querido usar este título, "El Dios celoso por su pueblo": número uno, porque es verdad; y número dos, porque si la teología que yo aprendo no me ayuda a ver cómo eso aterriza en mi vida de tal forma que yo pueda vivir para su gloria, entonces yo no sé para qué la voy a aprender. Y yo creo que eso nos ayuda a ver la razón por la que en mi día a día yo debo entender que Dios es celoso por su pueblo. ¿Por qué es celoso? Por su gloria. Y eso es como mejor lo pudiéramos decir.

Con eso te quiero invitar a que leas conmigo del libro del Éxodo, capítulo 34, del 12 al 16: "Cuídate —subraya esta palabra— de no hacer pacto con los habitantes de la tierra donde vas. ¿Por qué? No sea que esto se convierta en tropezadero en medio de ti. No quiero que tropieces. Ustedes derribarán sus altares, quebrarán sus pilares sagrados y cortarán sus Aseras" —ese es uno de los nombres de los ídolos—. "No adorarás a ningún otro dios, ya que el Señor, escucha, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso. No hagas pacto con los habitantes de aquella tierra, no sea que cuando ellos se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, alguien te invite y comas de su sacrificio, y tomes de sus hijas para tus hijos, y ellas se prostituyan con sus dioses y hagan que también tus hijos se prostituyan con los dioses de ellas".

Hay una serie de prohibiciones y una razón de las prohibiciones. Escucha las prohibiciones: no hagas pacto con los habitantes de la tierra donde vas; escucha la otra orden en vista de la anterior: derriba sus altares y corta todas sus Aseras; no adores a ningún otro dios; no participes en sacrificios a otros dioses; no tomes de sus hijas para tus hijos, para que tus hijos no se vayan a prostituir con dioses ajenos. Esas son las prohibiciones, los mandatos. Y la razón: "Ya que el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso". Eso no es una redundancia. Recuerda que es Dios quien ha inspirado esto; él está tratando de comunicar dos aspectos distintos cuando usa la palabra de esta manera.

Pero antes de comenzar a desglosar eso, déjame decirte que yo voy a hacerle a los textos leídos —le leímos más de uno— cuatro preguntas. Esas cuatro preguntas son mis cuatro puntos de enseñanza. Número uno: ¿qué es el celo de Dios? Número dos: ¿cuándo es su celo provocado, cómo yo lo provoco? Número tres: ¿cómo se manifiesta el celo de Dios? Y número cuatro: ¿de qué manera ese atributo de Dios termina bendiciéndome?

Comencemos con la pregunta número uno y punto uno: ¿Qué es el celo de Dios? Bueno, recuerda que en el texto que yo acabo de leer se nos dice que el nombre de Dios es Celoso. "El Señor, cuyo nombre es Celoso", con mayúscula, porque Dios lo está usando como sustantivo. Es mi nombre. En otras palabras: yo te estoy describiendo algo que representa mi esencia, mi naturaleza. No es simplemente que yo me comporto de manera celosa en ocasiones. No, no, no. Es que en mi naturaleza yo soy Celoso, con mayúscula. Ese es mi nombre.

¿Cómo? "El Dios celoso", o es, "Dios celoso". Ya que "el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso", con mayúscula. Ahora Dios lo está usando como adjetivo, claro, porque esa es la manera como yo siento y reacciono cuando estoy en relación con mi pueblo y mi pueblo decide abrazar dioses ajenos. En las culturas primitivas, ídolos. En las culturas como nosotros, más sofisticados que entre primitivas, su celo es provocado. Lo vamos a ver más adelante. Básicamente cuando yo respondo a un dios funcional que me lleva a vivir de una forma, porque quien está en el trono es un ídolo y no Él. En la antigüedad eran dioses de madera, de bronce. Bueno, en culturas primitivas todavía hoy. Pero en el presente son ídolos que tú y yo colocamos en el altar de nuestro corazón, de los cuales ya Dios habló a través de Ezequiel en un momento dado.

Nosotros tenemos una mayor facilidad o algo mejor de entendimiento si pensamos un poco con el celo humano apropiado para entender el celo de Dios. Si nosotros somos capaces de sentir celo de alguna manera distinta, pero de alguna manera, el Creador que nos dio vida debiera tener la capacidad de experimentar celo. Una cualidad que debiera estar en el Creador, excepto que en Él sería perfectamente y no sería provocado por inseguridades como el caso nuestro.

Pero déjenme decirte algo que Dios revela acerca del celo humano. En Proverbios 6 se está hablando de adulterio y luego entonces Dios dice en el versículo 34 y 35: "Porque los celos enfurecen al hombre, y no perdonará en el día de la venganza. No aceptará ningún rescate, ni se dará por satisfecho aunque le des muchos presentes". La razón por la que ese hombre reacciona de esa manera es porque siente que su honor ha sido violentado, que algo que es suyo, como regalo de Dios en el caso del cristiano, fue dado a otro, y que él ha sido desplazado de ese corazón de tal manera que ya su cónyuge no siente igual por él o por ella. Exactamente igual siente Dios, por una forma superlativa y santa, cuando Él es desplazado del centro de nuestro corazón.

Y la Palabra de Dios nos deja ver por qué Dios tiene tales sentimientos. Escucha, y con razón. Escucha lo que Pablo les dice a los corintios: "¿No sabéis que vosotros sois el templo del Espíritu?". Y en ese mismo versículo de 1 Corintios 6:19 les dice: "Ustedes no se pertenecen", ya que "vosotros no sois vuestros". Ustedes tienen a alguien, ustedes tienen a un amo, a alguien que los posee.

¿Y qué ocurre? Que nosotros nos convertimos en un inicio y por un tiempo hay como un primer amor hacia Dios, el amor principal. Dios está en la primera posición de nuestro corazón. Con el paso del tiempo nosotros comenzamos a desplazarlo hacia un segundo lugar. Los ídolos comienzan a aparecer en nuestro interior y nosotros comenzamos a amar al ídolo, y el ídolo comienza a darle forma a nuestros estilos de vida. Al ídolo muerto, el ídolo que no tiene vida, le está dando forma a nuestro estilo de vida. El ídolo que muchas veces ha sido confeccionado con las manos, ahora él confecciona mi estilo de vida.

Lo mismo ocurre con Dios. Nosotros desplazamos a Dios del primer lugar y eso causa celo. Tanto celo que aquellos que han servido a Dios de todo corazón han podido sentir el celo de Dios hacia el pueblo de Dios, de la misma manera, guardando la diferencia, que Dios lo ha sentido. El apóstol Pablo habla de eso en su segunda carta a los Corintios, capítulo 11, versículos 2 y 3, en la Nueva Traducción Viviente. Te lo voy a leer: "Pues los celo, yo tengo celo por ustedes con el celo de Dios mismo, porque yo los prometí como una novia pura a su único esposo, Cristo. Pero temo que de alguna manera su pura y completa devoción a Cristo, que existía en un momento dado, se corrompa, tal como Eva fue engañada por la astucia de la serpiente".

Eva fue seducida por una fruta que ya vio que le fue atractiva, que le hizo pensar que podía hacer mejor que Dios, que podía llegar a una condición superior a la que Dios le había dado. Pero nosotros somos atraídos y seducidos por otras frutas distintas. Y Pablo amó tanto a los corintios, amó a los corintios profundamente, que el desprecio de Dios como su primer amor le dolió en el alma. De hecho, Pablo más de una vez habló de sus lágrimas y de su dolor. La realidad es que mientras más amas a Dios, mientras más amas a Dios, más amas a su pueblo, y más te duele el pecado de los hijos de Dios.

El salmista lo expresó de esta manera, de una manera muy gráfica: "Ríos de lágrimas vierten mis ojos". ¿Porque estás en dificultad? ¿Porque estás en el desierto? ¿Porque Dios se ha apartado de ti? No, no, no, no. "Ríos de lágrimas vierten mis ojos porque ellos no guardan tu ley", porque ellos han transgredido tu ley, porque ellos no están honrando quién tú eres, el Dios que los redimió. Y ese Dios que es celoso hace que sus mensajeros se vuelvan celosos al cuidar sus ovejas, porque la única manera que realmente tú puedes cuidar al rebaño de Dios de la mejor manera posible, con mejor fervor posible, es si el rebaño de Dios te duele en la misma dirección. No es la misma manera, obviamente, porque no somos Dios, pero en la misma dirección como le duele a Dios. Y cuando a Dios le duele algo, tú sientes lo que a Dios le duele.

Es parecido como ilustración: cuando una familia que tú mejor, que son tus mejores amigos, una pareja con hijos, te dice: "Mira, Fulano y Fulana, yo, nosotros nos vamos por una semana o por dos, ¿ustedes pudieran cuidar mis hijos?". Si le dices: "Sí, cómo no". Durante ese tiempo que tú cuidas de ellos, resulta que si alguien atenta contra su vida de alguna manera, o trata de seducirlos en una dirección que tú consideras inapropiada, tú sientes un celo de protección. Y no son tus hijos. Sí, pero están bajo mi cuidado. Y eso es lo que el apóstol Pablo sintió y es lo que los profetas sintieron, como lo vamos a ver más adelante.

Eso nos da una idea de qué es el celo de Dios: esta reacción emocional, no emocionalismo, emocional por su gloria, por lo que es de Él, por lo que es suyo. Y su pueblo es suyo; Él lo compró.

La segunda pregunta, entonces. A medida que vayamos viendo las respuestas a cada pregunta, cada pregunta contribuye a entender la anterior de una mejor forma. La segunda pregunta es: ¿Cuándo es provocado el celo de Dios? Bueno, de manera similar a como es provocado el celo humano sano: cuando aparece un amante en nuestras vidas. El celo de Dios es provocado cuando aparece un amante en nuestras vidas. Dios llama a ese amante ídolo. Pero aunque en español no aparece tanto en las versiones, Dios le llama amante también. En inglés no es infrecuente que te encuentres que Dios le llama a esos ídolos "lovers", "your lovers", que se traduce "tu amante".

Y Dios reacciona a la tendencia de dioses paganos o de ídolos, porque con esa tendencia de ídolos nosotros no honramos al Dios Creador que me dio la vida. No honramos al Dios Redentor de nuestras vidas como la persona que me sacó del camino de perdición y de condenación. Y cuando yo no lo honro como el Dios Creador y como el Dios Redentor, no le estamos dando la gloria que es de Él, como cantamos. Tampoco le damos las gracias de manera suprema por todo lo que ha provisto para mí antes y después de ser su hijo.

Pero de manera especial, cuando yo abrazo un ídolo, yo no le estoy dando gracias a Dios de manera particular por la sangre que fue derramada por mí en la cruz, por los pecados que ahora estoy cometiendo con ese ídolo. Y Dios reacciona con celo, porque el ídolo que tú amas es el mismo ídolo que te destruye. Primero destruye tu relación con Dios; en el proceso, te destruye a ti. Pero resulta que si el ídolo te destruye a ti, destruye a alguien por quien Dios dio su vida, porque en Cristo derramó sangre, y Dios no lo va a permitir.

Y nosotros, conociendo incluso eso, muchas veces terminamos desobedeciendo a Dios para complacer al ídolo de mis emociones, o a la persona o a la cosa a quien le doy mis emociones. Pero es peor que eso. Cuando nosotros hacemos eso, aunque no lo digamos de esta manera, le estamos diciendo a Dios: "Sabes qué, la sangre de tu Hijo no es tan valiosa como para yo abandonar mis ídolos y no satisfacer mis emociones". En dominicano dirían: "¿A tanto huele la flor?". Esta sangre no tiene ese valor para que yo tenga que dejar todo esto y seguir de manera exclusiva contigo. Prefiero mi desobediencia. Y ahí provocamos el celo de Dios. Tú puedes ver cómo provocamos el celo de Dios. Eso lo vamos a seguir viendo todavía. Como decía, cada vez que respondamos una pregunta, me queda más clara la anterior.

Tercera pregunta: ¿Cómo se manifiesta el celo de Dios? Y cuando hablemos de cómo se manifiesta, vamos a entender mejor lo que es el celo del cual hablamos, y vamos a entender mejor qué lo provoca. Muchos confunden el celo de Dios con la ira de Dios, y esas dos cosas se parecen, pero no son la misma cosa. La ira de Dios guarda relación con lo que Dios siente y cómo Dios reacciona con relación a todo pecado. La ira de Dios se manifiesta desde el cielo todos los días contra aquellos que suprimen su verdad, pero el celo de Dios es otra cosa.

Déjenme leerles lo que A.W. Pink dice acerca de la ira de Dios: "La ira de Dios es la santidad de Dios provocada, santidad provocada, a entrar en acción en contra del pecado". Pink dice esto. La ira de Dios, de la cual vamos a hablar la próxima semana, pero no deje de venir, porque vamos a hablar de la ira de Dios.

¿De acuerdo? Porque ese atributo necesita tanta alabanza y gloria como su amor, su bondad y su misericordia. Pero Pink dice: "La ira de Dios es la santidad de Dios provocada a entrar en acción en contra del pecado, el que sea". Yo diría que el celo de Dios, entonces, es la misma santidad de Dios provocada a entrar en acción específicamente en relación a la tenencia de ídolos o de dioses ajenos, ídolos que fabricamos en nuestras mentes y en nuestros corazones.

De forma tal que el celo de Dios es una reacción emocional, pero no un emocionalismo de parte de Dios, que adquiere un carácter de ira cuando nosotros lo desplazamos del primer lugar por otro amante o ídolo que nos lleva a desobedecer. Yo estoy usando la palabra amante porque en el Antiguo Testamento Dios llamó a Israel adúltera, la acusó más de una vez de adulterio. Hasta el punto que en Jeremías 3:8 el texto nos dice que Dios le dio carta de divorcio porque se cansó de ella. Cansar a Dios no es poca cosa, el pueblo de Israel agotó la paciencia de Dios como esposo, hasta llevarlo a darle carta de divorcio.

En hebreo, la palabra para celo, la transliteración se pronunciaría algo así como "qaná", que es aplicado a Dios y que implica fervor, pasión. Dios defiende su carácter, su nombre con pasión, porque Él no puede tolerar que personas indignas por el pecado quieran robarle la gloria que solamente le pertenece a Él. Y en Isaías 42:8 dice: "A ningún otro daré mi gloria, a ningún otro". ¿Por qué no? ¿Porque no la merecen y la tienen? Claro que no, si somos personas pecaminosas.

Padres, si ustedes saben, si tienen una buena relación con sus hijos, que de alguna manera sus hijos son como su gloria, y ustedes no toleran cuando alguien que no posee el carácter cristiano quiere venir a cortejar a uno de sus hijos y llevárselo. Esa reacción, esa emoción, es la que ustedes sienten, pero de una forma más sublime, más santa, es similar a lo que Dios siente.

En el griego, si vamos al Nuevo Testamento ahora, la palabra celoso que aparece en algunos pasajes se deriva de una palabra griega muy parecida, "zelos", con una raíz también parecida "ze", que significa literalmente "lo suficientemente caliente como para hervir o ponerse rojo". Entonces ahora tú puedes pensar: "¿Pero Dios se pone rojo cuando experimenta celo?". No, no, es lenguaje antropomórfico para que yo entienda lo intenso de la reacción, de la emoción que Dios siente en su experiencia de celo. Es como si hirviera o como si se pusiera rojo.

Y quizás nos da una idea de lo que estamos hablando, de cómo se manifiesta. La pregunta, la tercera pregunta: ¿cómo se manifiesta la ira de Dios? Quizá nos da una idea no solamente esto que estamos mencionando, sino en la persona de Cristo, cómo se dio algo exactamente igual. Porque cuando nosotros leemos los Evangelios resulta que hay un relato de que Cristo llegó al templo y los fariseos, y sobre todo los saduceos que controlaban el templo, lo habían vuelto un negocio. De hecho, había un banco que funcionaba dentro del templo y se cambiaban monedas y vendían corderos que supuestamente eran sin defectos, y los tuyos siempre tenían defectos, y tú tenías que comprar los de ellos. Y habían hecho básicamente algo que era el templo del Señor, con carácter sagrado y sentido sagrado, habían hecho básicamente un ritual de todo lo que ocurría, y dentro de un ritual idolátrico.

Y cuando los discípulos vieron a Jesús hervir, por así decirlo, ponerse rojo siguiendo la ilustración, comenzó a voltear las mesas. ¿Tú quieres saber cómo se manifiesta el celo de Dios? Comenzó a levantar las mesas, a tumbarlas, y tomó un látigo y sacó a todo el mundo del templo. Y entonces, los discípulos se acordaron de que estaba escrito: "El celo por tu casa me consumirá". Así es que se manifiesta el celo de Dios, porque esta gente no estaba honrando el nombre de Dios, lo estaban menospreciando. Los sacrificios que ofrecían no eran ídolos, eran idolátricos, porque estaban en esencia haciendo dinero con lo que allí ocurría.

Pero tú sabes qué, es peor que eso en estos días para el creyente, porque ese templo no existe de esa manera, no existe. Existen templos mejores, superiores, más reales, que no están hechos de elementos muertos, sino de personas vivas: tú y yo, en quienes Dios mora no de manera simbólica como en el templo de Israel, de manera real. Y cuando yo desplazo a Dios y abrazo un ídolo, que es el que me lleva a desobedecer, yo estoy provocando a Dios a su celo, a su ira celosa pudiéramos llamarla.

Y lamentablemente la idolatría es el pecado más antiguo de la humanidad, pero es el pecado más común. Ninguno de nosotros se exceptúa, ni al día de hoy, porque nosotros no hemos ido... Si comenzamos a destruir uno, al mismo tiempo comenzamos a construir otros, como decía Juan Calvino. Pero todo comenzó, todo comienza, todo comenzó con una mentira. No solamente porque sabemos lo que pasó en el Génesis, es porque Pablo declara en Romanos 1:25 que lo que el hombre hizo fue que cambió la verdad de Dios por la mentira. Y con eso dice Pablo que el hombre terminó adorando a la criatura antes que al Creador. Adoración. Ahí comenzó todo.

¿Sabes qué, hermano? Detrás de cada ídolo que tú y yo tenemos hay una mentira. La mentira le da origen al ídolo. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron la criatura. No hay ídolo sin mentira. La mentira es la semilla del ídolo. La mentira que creo, la mentira que me lleva a pensar que puedo satisfacer mis propios deseos independientemente de que Dios sea deshonrado. Los ídolos están muertos, ellos no salen a buscarnos, nosotros salimos a buscarlos a ellos. Y nosotros salimos a buscarlos cuando yo tengo una necesidad que yo entiendo que debe ser llena, y a lo mejor es legítima. El problema es que la mentira que abrazo es que puedo llenarla de forma ilegítima. ¿Te das cuenta que detrás de cada ídolo hay una mentira? Y cuando yo hago eso, yo estoy desafiando la autoridad de Dios. Y sabes que lo sabemos, pero preferimos satisfacer al ídolo del yo antes que al Dios verdadero.

De manera que nos da una idea de lo que es el celo del Señor. Primera pregunta: ¿qué provoca a Dios a celo? Segunda pregunta: ¿cómo se manifiesta el celo de Dios? Me queda una cuarta pregunta que responder: ¿cómo es que el celo del Señor termina bendiciéndome?

Bueno, el celo de Dios es primariamente por su gloria, por su honor, por su nombre, pero lo es también por su pueblo. Notaste cómo es: por su gloria, por su honor, por su nombre, por su pueblo. Su, su, su, todo lo que es suyo. Grudem, en su libro de Teología Sistemática, nos ayuda a entender el celo de Dios diciendo que decir que Dios es celoso implica que Dios siempre procurará proteger su propio honor. Sí, pero yo soy parte de su honor. Él dio a su Hijo por mí, Él me llama parte de su familia, Él me regeneró, Él vive en mí a través de la persona del Espíritu Santo.

Y en cuanto a ese pueblo, entonces, Dios estableció una relación de exclusividad y de fidelidad. Hasta tal punto que Dios dio a su Hijo por los suyos. Dios no dio a su Hijo por los incrédulos en general, Dios dio a su Hijo por los incrédulos que habían sido llamados desde toda la eternidad, y lo entregó en una cruz, lo hizo derramar sangre y nos compró. Y con esos que Él compró, Él estableció una relación de exclusividad y de fidelidad.

Escucha cómo el profeta Isaías habla de esto tan especial que Dios ha hecho por su pueblo. En el capítulo 43, los versículos 3 al 5, escucha, trata de prestar atención, que Dios te permita aquilatar, saborear lo especial de este lenguaje. Escucha: "Porque yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Escucha ahora: He dado a Egipto por tu rescate, a Cus y a Seba en lugar tuyo." ¿Cómo es? Yo he dado por ti, y ahora lo vamos a ver más claramente. Porque Dios, en el versículo 4: "Ya que eres precioso a mis ojos." ¿Quieres saber por qué lo hice? Porque eres precioso a mis ojos, digno de honra. Escucha ahora: "Y yo te amo." ¿Qué significa eso? Escucha: "Entregaré otros hombres en lugar tuyo y otros pueblos por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo."

¿Tú notas el lenguaje? Yo entregué a Egipto, a Cus, a Seba. Cus y Seba son la parte más extrema del sur de Egipto. Yo los entregué a todos ellos en rescate tuyo. ¿No lo recuerdan? Cuando Dios abrió el mar y los israelitas pasaron, los hebreos pasaron, y luego se cerró el mar. Cuando lo abrió, salvó a los hebreos, a los judíos, y cuando lo cerró, ahogó a los egipcios. Yo he entregado hombres por ti para tu rescate. Y lo hizo también con los pueblos de la tierra prometida, los desplazó para entregarles la tierra prometida.

Y si eso te parece como cruel, injusto, no, no, no, no solamente hizo eso. Él tomó a su Hijo y lo entregó en la cruz. Al Dios, a la segunda persona de la Trinidad, a su propio Hijo, y lo entregó en rescate por ti para establecer una relación exclusiva contigo y de fidelidad. Y de esa misma manera Dios espera, entonces, que si es así de arriba hacia abajo, que sea así de abajo hacia arriba. Que tú y yo tengamos una relación de exclusividad y de fidelidad, porque Él ya la comenzó primero. He dado a otros hombres en rescate por ti.

Y Dios protege con celo lo que es suyo. Hermano, la realidad es que sin el celo de Dios todos nosotros pereceríamos a causa de nuestros pecados. Yo estoy, mientras más entiendo estas cosas acerca del carácter de Dios, extremadamente contento, complacido, satisfecho de que Dios me cele. Porque si Dios no me celara, mis ídolos me seducirían y me destruirían, pero Dios sale a buscarme.

Todos nosotros somos narcisistas en recuperación. Todos nacemos centrados en nosotros mismos. Nos creemos que sabemos, creemos que pensamos bien, que decidimos bien. Y cuando Dios nos salva nosotros nos mejoramos algo, pero seguimos pensando de la misma manera. Somos narcisistas en recuperación en el mejor de los casos. Y cuando pecamos, ese narcisismo en nosotros trata de rebrotar y nos hace ir por donde no debemos ir, porque hemos decidido que nadie nos va a quitar el derecho de satisfacer nuestros deseos. No, yo sé que cuando yo lo he hecho yo no lo he pensado así, pero eso es lo que es.

Déjame leerte esto porque quiero ser cuidadoso al leerlo. Cuando Dios nos ve entregando el corazón a dioses ajenos o ídolos, que es nuestra tendencia natural, tu inclinación y la mía natural y la de todo ser humano es entregar el corazón a ídolos. Cuando Él nos ve haciendo eso, su celo es provocado. Y Él sale, y fíjate que su celo me bendice, y Él sale a rescatarnos de nuestra infidelidad de la misma manera que Oseas salió a rescatar a Gómer cuando ya sus amantes no la querían.

Dios es tan increíblemente bondadoso que, por si acaso no lo entendíamos, nos dio una parábola viviente con Oseas y Gómer. Y él fue a rescatarla de su infidelidad. Por tanto, cuando el creyente pretende tener una relación con Dios y con el mundo, o con una persona, o con una cosa al mismo tiempo que tiene la relación con Dios, Dios rechaza esa relación compartida porque Dios es celoso, exclusivo y fiel. No es que Dios es infiel y te pide que tú seas fiel porque tú eres el inferior. No, no, no, no. Es que Él es fiel primero.

Y el celo de Dios, cuando es provocado, implica la existencia de un rival en tu corazón. Yo no creo que a ti ni a mí nos conviene tener un rival de Dios en nuestros corazones. No creo que sea de beneficio ni para ti ni para mí. Y si nosotros no rechazamos a su rival, Dios no solamente va a terminar disciplinándonos, Dios va a continuar su disciplina hasta que el ídolo, su rival, que son la misma persona, sean destruidos. Pero resulta que la lucha es entre Dios y su rival, el ídolo, pero el campo de batalla soy yo. Y yo no creo que tú vas a salir ileso de un conflicto entre Dios y un ídolo.

¿Y por qué Dios quiere destruir mis ídolos? Dios los quiere destruir antes de que mis ídolos me destruyan a mí. El celo de Dios me protege. Dios va a mover el cielo y la tierra hasta que ese rival que a Él lo deshonra y que a mí me destruye sea destruido. Si eso requiere enviarme al exilio como a Israel, que fue a Babilonia, Él lo va a hacer. Pero del exilio yo voy a regresar sin el ídolo.

Y eso fue exactamente lo que pasó con el pueblo de Israel. Israel adoró dioses ajenos paganos todo el tiempo hasta que se fue al exilio y regresó. Cuando Israel regresó del exilio, jamás adoró dioses ajenos a la manera como ellos adoraron, figuras de madera y de bronce, dioses que aprendieron de los países, de las tribus paganas alrededor. Jamás lo volvió a hacer hasta el día de hoy. Tienen ídolos como nosotros, en el corazón, en sus mentes, pero no como lo tuvieron en antaño. El celo de Dios me protege.

La única razón, voy a ser incluso absoluto aquí, la única razón por la que Dios guardó un remanente del pueblo de Israel fue su celo. No era que ellos lo merecían, aunque había unos mejores que otros. Joel 2:18: "Entonces el Señor se llenará de celo por su tierra." La tierra que a ustedes no les ha importado, que la llenaron de ídolos y de idolatría e hicieron incluso altares debajo de cada árbol frondoso, dice que Él se llenará de celo por su tierra y tendrá piedad de su pueblo. La piedad por el pueblo fue movida por el celo por su pueblo.

Joel 2:18, el versículo 19 me agrega. Entonces mira cómo Dios, por su celo con ellos, lo iba a bendecir: "El Señor responderá a su pueblo. Yo les enviaré grano, vino nuevo y aceite, y se saciarán de ello, y nunca más los entregaré a oprobio entre las naciones." El celo de Dios me protege de mi autodestrucción.

Para que podamos entender bien lo que es un ídolo: es cualquier cosa o cualquier persona que comienza a capturar la atención de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestras emociones más que Dios mismo. Dice Brad Bigney en su libro "Gospel Treason" o "Traición al Evangelio", que está traducido al español: cualquier cosa, cualquier persona que comienza a capturar la atención de mi mente, de mi corazón, de nuestras emociones más que Dios, y que entonces me está llevando lejos de Él, es un ídolo.

La palabra clave, ya ha sido mencionada en canción, la palabra clave para entender el celo de Dios es devoción. Cuando tu devoción y la mía, devoción a Dios, es dada a otra cosa o persona, Dios no sufre cambio, recuerda, Él es inmutable, pero su pueblo sí sufre enormes consecuencias y Dios sale a rescatarlo. Y ese celo de Dios lo comparten los siervos de Dios a quienes Dios encarga para cuidar de su pueblo. Lo vimos en la vida del apóstol Pablo; mira ahora en la vida del profeta Elías.

Primera de Reyes 19, del 9 al 10, allí Elías entró en una cueva y pasó en ella la noche, y vino a él la palabra del Señor y le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?" Y él respondió: "He tenido mucho celo por el Señor, Dios de los ejércitos." ¿Cómo celo por el Señor? ¿Qué es eso? Tú sabrás, no entiendo. Él lo dice ahí mismo: "¿Por qué? ¿Por qué? Los israelitas..." Esta es la razón de mi celo: los israelitas han abandonado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármela. Porque los israelitas abandonaron tu pacto y eso me vuelve hasta el alma, estoy aquí en esta cueva en el estado en el que estoy.

Elías conocía que las advertencias de Dios desde el Pentateuco en el capítulo 4, versículo 22, Dios le dijo las consecuencias severas que sufrirían si se olvidaban de su pacto, y Elías estaba viendo venir. Y luego en el versículo 24 de Deuteronomio 4, escucha lo que Dios dice: "Porque el Señor tu Dios es fuego consumidor, un Dios celoso." ¿No está la unión de esas dos ideas? Y es un fuego consumidor, pero también es un Dios celoso.

Esta frase de "fuego consumidor" asociado con Dios se aparece ocho veces desde el Pentateuco hasta el libro de Hebreos y pudiera tener diferentes connotaciones, pero yo creo que cuando Dios habla de que Él es un Dios consumidor es para recordarnos que debido a esa característica que Él tiene, Él pudiera imponer consecuencias severas, como lo dice con su pueblo, cuando no responden a su llamado. En el contexto que estamos hablando, quizás pudiera corresponder también que como fuego consumidor Dios va a consumir todo lo que compita con mis afectos por su persona, porque si no lo hace yo voy a terminar siendo destruido por mis ídolos.

Lo impresionante es que el ídolo muerto me matan, que el ídolo muerto me hace demandas y yo obedezco, que el ídolo muerto que a veces el hombre ha formado con sus manos termina conformando su estilo de vida. Mira cómo Cristo trató de ilustrarlo: "Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro." O sea, tú amas a uno, pero cuando amas a ese tú aborreces a otro. "O apreciará a uno y despreciará a lo otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas."

O sea que aquí el ídolo son las riquezas, pero en la vida de mucha gente son otras cosas. Entonces Cristo está diciendo: escuchen, cuando me tienes a mí y tienes un ídolo, si me amas a mí, aborreces al ídolo, no lo aprecias. Pero cuando tú amas al ídolo, yo no estoy diciendo que tú tienes un amor secundario por mí, tú me aborreces. Tú me estás diciendo: la sangre de tu Hijo yo no la valoro, yo no la aprecio. Bueno, Él también dice que aprecia a uno y desprecia a otro. Sí, me estás despreciando. Eso es cómo Cristo lo ilustra.

Si el ídolo le roba a Dios el primer lugar, den por seguro Dios no lo va a dejar ocupando el primer lugar. Cuando Nabucodonosor, Nabucodonosor quiso atribuirse el primer lugar: "¿No es esta la Babilonia la grande, la que yo he fabricado?" Tú sabes lo que pasó: no lo dejó ahí, porque le quiso robar la gloria de Dios y lo puso a comer hierba, perdió la cabeza, lo puso a comer hierba por siete años. Cuando Herodes quiso hacer eso en el Nuevo Testamento y se atribuyó la condición de Dios y quiso robar su gloria, ahí mismo cayó muerto y se lo comieron los gusanos. Dios prefiere entrar en guerra en contra de tu ídolo antes de que el ídolo te destruya a ti o a mí. Yo le doy gracias a Dios por su celo tierno y amante.

Déjame leerte esta ilustración de cómo el ídolo te destruye. Yo la compartí con ustedes en algún momento en el pasado, pero algunos la recordarán y otros no. Shenk, en su libro "Dioses Falsos," menciona y cito ahora: "Después de que empezase la crisis económica mundial a mediados de 2008, se produjo una trágica serie de suicidios de personas anteriormente avenidas, adineradas y con amplios contactos. El director financiero de Freddie Mac, de la Federal Home Loan Mortgage Corporation, se ahorcó en su sótano. El director general de Sheldon Good, una compañía de subastas inmobiliarias de Estados Unidos, se pegó un tiro en la cabeza sentado tras el volante de su Jaguar rojo. Un director financiero francés que había invertido el capital de muchas familias reales europeas y otras familias destacadas, y que había perdido 1.400 millones de dólares del dinero de sus clientes debido al fraude de Bernard Madoff, se cortó las venas y falleció en su despacho de Madison Avenue. Un alto ejecutivo danés que trabajaba para el banco HSBC se ahorcó en el ropero de su suite en un hotel de la ciudad de Knightsbridge en Londres, en una suite que costaba 500 libras esterlinas por noche. Cuando un directivo de Bear Stearns se enteró de que no lo iban a contratar en JP Morgan Chase, que había absorbido su compañía en bancarrota, tomó una sobredosis de drogas y saltó del piso 29 del edificio donde estaba su despacho."

Esta gente se desesperó porque el dinero y su buen nombre, que eran el eje sobre el cual giraba su vida, ya no estaba y no tenían eje para que su vida continuara. El dinero es sombrero: mientras más tienes, más quieres. Pero eso es simplemente una ilustración de cómo los ídolos destruyen; ese no es el único. Dinero, sexo y poder han sido seleccionados como los tres grandes ídolos de la humanidad y los más poderosos de la humanidad que han destruido multitudes. Precisamente, tanto John Piper como Richard Foster han escrito libros con el mismo nombre: "Money, Sex and Power," traducido al español como tal: "Dinero, Sexo y Poder."

Dios demandó exclusividad en el Antiguo Testamento e hizo exactamente lo mismo en el Nuevo Testamento. Escucha hasta dónde Cristo lo enseñó y lo ilustró. Mateo 10:37: "El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí." Yo no sé si Cristo pudo haber sido más... yo no sé cómo se dice en español... blanco, más claro. Cristo dice: mira, yo no te permito rivalidad ni con tu mamá ni con tu papá ni con tu hijo ni con tu hija. Y pensar que nosotros con frecuencia le damos nuestros corazones a cosas muy por debajo de nuestros hijos y de nuestros padres.

Oye, no te la permito ni con tu mamá ni con tu papá porque cuando los tengas, no solamente es que ellos son tus dioses, es que tú no puedes tener la mejor relación con ninguno de ellos a menos que tengas una buena relación conmigo. Es en protección tuya que yo lo hago. El celo de Dios protege mis relaciones. Si mi relación con mi hijo, con mi hija, con mis padres me distancia de Dios, ni a mí me conviene ni a ellos tampoco. O destruyo mis ídolos o Dios lo va a hacer por mí.

Escucha, Dios no va a entregarte a una mínima cosa o persona si Él te compró con la sangre de su Hijo. Dios te va a reclamar para Él. Si tiene que enviarte a Babilonia, para Babilonia vamos, pero no te va a entregar; eres suyo. Tú no entregarías a tu hijo o a tu hija. Si alguien lo quiere que tú sabes que le va a hacer daño, tú no le vas a decir: "Bueno, pues llévatelo." No, tú vas a pelear por tu hija. Bueno, pues Dios no va a entregarte tampoco, ni a mí tampoco. Dios va a reclamar lo suyo y lo va a hacer para usar una frase que está en la Palabra más de una vez: el celo del Señor hará esto.

"Un hijo nos es nacido," hablando del Mesías que venía, "una virgen concebirá..." Está lo que dice por el final: "El celo del Señor hará esto." En otras palabras, como yo soy celoso por aquellos que yo he elegido en la eternidad pasada, yo voy a garantizar que una virgen conciba y que ese niño nazca y que Él sea su Redentor. Y porque el celo del Señor hará esto, por eso tú lo puedes dar por seguro. Y de esa misma manera, cuando el Señor nos ve en nuestras infidelidades, Él sale a rescatarnos hasta salvarnos de nosotros mismos.

Padre, te damos gracias. De manera personal, te doy gracias porque tantas veces en mi vida, Señor, Tú has ido detrás de mí, rescatándome, como lo has hecho con otros, para regresarme o para destruir ídolos de mi vida que me estaban tratando de seducir en la dirección de la destrucción, pero que Tú en tu amor infinito y celoso decidiste reclamarme. Y me reclamaste para que yo pudiera no solamente tener una mejor relación contigo, sino para que yo pudiera tener una mejor relación con cualquier otro, una relación de amor intensa y genuina que pueda complacerte a Ti y luego complacer a los humanos que forman parte de dicha relación.

Yo te doy gracias, Dios, porque en esta iglesia Tú tienes muchos hijos, y de la misma manera que Pablo sintió celo por ellos, yo confieso que así ha sido conmigo múltiples veces. Pero no lo quisiera de otra manera al entender que el celo es parte del amor que tienes por nosotros. Ayúdanos de esa misma forma a ser celosos por Ti como un Elías, como un Pablo. Y Señor, que nosotros podamos verdaderamente poder tener una relación de exclusividad y de fidelidad contigo de tal forma que mi altar y mi devoción sean enteramente tuyos, solo tuyos. En Cristo Jesús te lo pedimos. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.