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Sermones

El Dios confiable

Héctor Salcedo 21 enero, 2024

La vida está llena de momentos que no entendemos: vemos al malo prosperar, al justo sufrir, y nos preguntamos si Dios realmente tiene el control. Ante esa incertidumbre, la historia de José en Génesis 37-50 nos muestra que aunque Dios no siempre libra a los suyos de las dificultades, siempre los acompaña y tiene un propósito superior en todo lo que permite.

José vivió una adolescencia marcada por el odio de sus hermanos, quienes tramaron matarlo y terminaron vendiéndolo como esclavo. A los 17 años llegó a Egipto, una tierra desconocida, con un idioma y cultura extraños. Pero el texto subraya algo crucial: "el Señor estaba con José". Esta frase aparece dos veces, tanto cuando prosperó en casa de Potifar como cuando fue encarcelado injustamente por una calumnia. La presencia de Dios no lo eximió del sufrimiento, pero lo sostuvo a través de él. Durante trece años de esclavitud y prisión, José mantuvo su fe intacta, su pureza moral firme, y su confianza en Dios inquebrantable.

Cuando finalmente José se revela a sus hermanos, sus palabras resumen toda la teología de su vida: "No fueron ustedes los que me enviaron aquí, sino Dios". En apenas cuatro versículos menciona a Dios cinco veces. Esa convicción de que Dios orquesta cada detalle lo guardó del resentimiento y le permitió hablar cariñosamente a quienes lo habían traicionado. Como decía Spurgeon: cuando no podemos ver la mano de Dios, debemos confiar en su corazón.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Lo que queremos compartir en el día de hoy! Es un tema que a mí me sostiene a través del tiempo: pensar en mi Dios como un Dios que es confiable. Yo sé que la realidad de la vida para muchos no es tan cierta, tan segura como nosotros quisiéramos, pero esta enseñanza, por así decirlo, y este atributo de nuestro Dios es como una roca debajo de nuestros pies.

Nosotros sabemos que el mundo en el que vivimos es un mundo complejo, incierto e hiriente en algunas ocasiones, y en muchas ocasiones yo diría. Muchas de las cosas que pasan a nuestro alrededor y en nuestras propias vidas nosotros a veces no las entendemos y no les encontramos sentido. Y ante esa incertidumbre que tenemos o esa falta de explicación ante muchas de las cosas que pasan, a veces nos intimidamos, nos desesperamos o nos irritamos, incluso con el mismo Dios, por permitir esas cosas que no nos gustan o no nos complacen y ni las entendemos.

A veces vemos gente mala que progresa y le va bien. En el mundo vemos cómo el mal avanza a una velocidad que da miedo, decimos. Las cosas no están bien, decimos. El mundo no está bien, la sociedad no anda por buen camino. Y a veces a la gente que quiere hacer las cosas bien no les va bien, humanamente hablando. Entonces decimos: ¿lo que está pasando realmente tiene Dios control? ¿A Dios le importa lo que ocurre en la vida de los suyos o en la vida de los que proceden correctamente? Ante todo eso que estoy describiendo, pues nosotros nos llenamos de dudas y nos postramos a veces delante de Dios pidiendo que Él intervenga, que Él proteja, que Él provea, con más dudas que certezas. Y las cosas así, entonces, como decía, nos llenamos de temor por nosotros mismos y nuestras vidas, y a veces también por nuestros hijos, aquellos que los tenemos.

Y yo quisiera entonces, en ese escenario, con ese telón de fondo por así decirlo, que es una realidad a la cual ninguno de nosotros estamos ajenos, yo quisiera ir a una historia muy conocida en la Biblia, pues es una historia que tiene mucho que decirnos acerca de esta realidad incierta, dolorosa, aflictiva de la vida, pero en medio de esa realidad, cómo procede y cómo trabaja nuestro Dios.

La idea es que al caminar por la vida de José, en Génesis 37, desde Génesis 37 a Génesis 50, y de hecho voy a hacer una revisión de toda la historia, vamos a leer múltiples pasajes seleccionados de toda la historia de José en esos capítulos de Génesis 37 al 50. Yo quiero que esa historia nos hable y nos instruya sobre la forma como nuestro Dios procede, que aunque muchas veces, como decía, es incomprensible para nosotros, Dios siempre es confiable.

Y nosotros sabemos por la Palabra de Dios que Dios quiere que nosotros le amemos. A Dios le complace que nosotros le confiemos, y eso es algo que le agrada a Su corazón. De hecho, la confianza es fe, y sin fe es imposible agradar a Dios. Sin confianza en Él es imposible que Él se complazca. Pablo en un momento dado le dijo a los corintios: por fe andamos y no por vista. Por confianza andamos y no por vista, podemos traducirlo de esa manera más o menos.

La confianza en Dios es para el cristiano lo que una buena zapata es para una buena edificación. Sin una buena zapata, una edificación se fractura, se inclina ante cualquier movimiento del terreno o ante cualquier viento fuerte. De la misma manera nosotros somos estremecidos en nuestras vidas si nuestra confianza en Dios es superficial.

Y entonces, vuelvo y digo, mi oración es que al caminar con José a lo largo de su vida, nosotros podamos ver su vida y vernos quizás reflejados en algunas de las situaciones que a él le tocó y a su familia le tocó vivir. Y cómo entonces Dios estuvo en esas vidas de tal forma que, siendo el Dios, el mismo Dios ayer, hoy y siempre, nosotros fortalezcamos nuestra confianza y podamos experimentar esperanza y reposo y descanso y paz en medio de la tormenta que nos toque vivir.

De esa manera entonces vayamos al capítulo 37, que es donde comienza la historia de José. Allí en ese capítulo 37 comienza diciendo, y como les dije, voy a estar leyendo múltiples pasajes a lo largo de la historia de tal manera que podamos tener una idea completa de todo el relato.

En ese Génesis 37, versículo 1, nos dice la Palabra: "Jacob habitó en la tierra donde había peregrinado su padre, en la tierra de Canaán. Esta es la historia de las generaciones de Jacob. Cuando José tenía diecisiete años apacentaba el rebaño con sus hermanos. El joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre. Y José trajo a su padre malos informes sobre ellos. Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque era para él el hijo de su vejez, y le hizo una túnica de muchos colores. Y sus hermanos vieron que su padre amaba más a José que a todos ellos. Por eso lo odiaban y no podían hablarle amistosamente. José tuvo un sueño y cuando se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más."

El versículo 12 nos dice: "Después sus hermanos fueron a apacentar el rebaño de su padre en Siquem." Y el versículo 14 nos dice: "Entonces Israel, que es Jacob, le dijo: Ve ahora y mira cómo están tus hermanos y cómo está el rebaño, y tráeme noticias de ellos." Entonces José va a donde están sus hermanos para traer noticias a su padre. El versículo 18 nos dice: "Cuando ellos lo vieron de lejos, y antes que se les acercara, tramaron contra él para matarlo."

Bueno, este es el inicio de la historia de José. Jacob es el padre de José y doce hermanos. Jacob es el hijo de Isaac y nieto de Abraham. Jacob es uno de los patriarcas de la fe, y vemos en esta historia del patriarca nada más y nada menos que una familia muy disfuncional. Había tensiones, había situaciones que bajo cualquier lente uno pudiera decir eran incorrectas, perversas.

Del lado de Jacob había un notable favoritismo por José. Nosotros sabemos, los que criamos, que el favoritismo hiere el corazón de los muchachos. Pero Jacob quizás no se había percatado de lo mucho que sus hijos estaban heridos fruto de su favoritismo. Y de hecho nos dice el texto que producto del favoritismo de José, sus hermanos se irritaron contra José y lo odiaban. Y la expresión me llama mucho la atención, que dice: no podían hablarle amistosamente. O sea, eran hostiles hacia él, estaban irritados hacia él. José no tenía la culpa de que su papá lo trataba de manera favorita, pero así lo trataban. Este era un muchacho de apenas quince, dieciséis años aproximadamente, y estaba en un ambiente familiar donde todos sus hermanos lo odiaban, nos dice el texto, y le sentían desprecio.

Y en esas condiciones, entonces, en un momento dado se presenta nada más y nada menos, como ustedes vieron, un complot entre los hermanos para matar a su hermanito. O sea, que había problemas, señores. Había problemas, y esto es lo que el relato nos dice. Pero imagínense entonces en el lugar, vivir en ese ambiente, para José qué implicaba. Para este adolescente, qué implicaba vivir en una casa donde esta multitud de hermanos estaban todos contra él. Ciertamente su padre lo trataba de manera favorita, pero yo me imagino y supongo que él sentía más el desprecio de sus hermanos que el favor de su padre. Y era cosa que él no entendía, él no lo podía procesar del todo. Desde ahí comienza, por así decirlo, el suplicio y las dificultades y las incertidumbres en la vida de José, un muchacho.

El versículo 21 entonces del capítulo 37 nos sigue diciendo: "Pero Rubén oyó esto y lo libró de sus manos y dijo: No le quitemos la vida." Algo de sensatez, parece que de manera sensata: no nos metamos en esto. "Lo tomaron entonces y lo echaron en el pozo," dice el versículo 24. "El pozo estaba vacío, no había agua en él." Y el versículo 28 entonces nos dice: "Pasaron entonces los mercaderes madianitas, y ellos sacaron a José subiéndolo del pozo, y vendieron a José a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y estos se llevaron a José a Egipto."

Esto fue lo que pasó. O sea, ellos tramaron contra José, no se pusieron de acuerdo, de hecho hubo una voz de sensatez de parte de Rubén: no lo matemos, pero vamos a echarlo en el pozo. Ellos no sabían qué iban a hacer con él de manera precisa, y surgió la brillante idea de uno de ellos: vamos a venderlo. En esa época era común que la gente se vendía por un precio, como esclavo. Y José, siendo apenas como les digo un adolescente de diecisiete años como nos dijo el pasaje, es vendido a estos mercaderes, y estos mercaderes lo llevan a la tierra de Egipto. Una tierra totalmente desconocida, con un idioma desconocido, con una cultura desconocida, con una teología por así decirlo idólatra y pagana. José está en medio de algo que él desconoce completamente. No sabía qué iba a ser de su vida en lo absoluto. No sabía si iba a vivir mañana, si iba a estar bien.

De hecho, los hermanos, cuando hacen eso, al mismo tiempo construyen una historia y le dicen una mentira a su padre, a Jacob, y le dicen que a José lo devoró una fiera. O sea, que para Jacob, enterró a José en ese momento. José no supo qué pasó de su padre, él no tuvo noticias más de su padre ni de su familia. Sencillamente se inserta dentro de la cultura y la comunidad egipcia como esclavo.

Imagínense todo el potencial rencor y resentimiento y dolor que José tenía por el producto del maltrato de sus hermanos hacia él. Y ese tenía muchas preguntas que hacerle a Dios: ¿cómo así, Dios? El Dios de la tierra, Dios todopoderoso, del que me ha hablado mi padre, mi padre dice que Tú eres el Dios lleno de misericordia, y yo fui ahora con diecisiete años vendido por mis hermanos, maltratado, estoy en un lugar que no conozco, que no sé qué será de mí. Muchas cosas pasaron por su mente. Yo no entiendo, Dios. Imagínemos nosotros en situaciones como esa, donde él no tiene la más mínima idea de qué va a ser de él, qué va a pasar con él, si va a sobrevivir, si no va a sobrevivir, si lo van a maltratar, qué tipo de esclavitud él va a tener en Egipto. Muchas cosas, muchas preguntas pasaron por su mente.

El capítulo 39 entonces ya comienza la historia de José dentro de Egipto, y nos dice el capítulo 39 en el versículo 1: "Cuando José fue llevado a Egipto, Potifar, un oficial egipcio de Faraón, capitán de la guardia, lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allá."

Y aquí viene algo glorioso. Versículo 2: "Pero el Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero y vivía en la casa de su amo el egipcio. Vio su amo que el Señor estaba con él y que el Señor hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía." Increíblemente, hermanos, el trayecto de José desde el pozo hacia Egipto está lleno de incertidumbre, incluso para nosotros que estamos leyendo la historia. Pero como una forma de Dios ponerle piso, por así decirlo, a esta historia y generar cierta confianza de quién es el que está detrás de esta historia y está detrás de cada una de nuestras historias, la historia de José en Egipto comienza con la frase: "Pero el Señor estaba con José."

Notemos que el que Dios esté conmigo no me exime, no me excluye de las vicisitudes, las incertidumbres, los dolores, las aflicciones de esta vida. O sea, Dios estaba con José, sí, pero José era un esclavo en Egipto. Era todo un reto y un desafío para José insertarse en la cultura egipcia, ser aceptado, ver cómo van pasando los días. Pero el Señor estaba con José, y la presencia de Dios no eximió a José de estas situaciones. La historia de José precisamente nos dice que aunque Dios no siempre libra a los suyos, siempre los acompaña.

Como vamos a ver más adelante, esta misma frase se usa exactamente igual en otra ocasión desafiante en la que José entra en Egipto, la misma frase, como una forma de decirlo: "Sí, las cosas se siguen complicando, pero yo sigo con él, yo sigo con ustedes." Dios subraya en la historia de José que Él está presente y cerca en medio de nuestras dificultades.

El versículo 6 entonces de Génesis 39 nos dice: "Así que todo lo que poseía —hablando de Potifar, el amo de José— todo lo que poseía lo dejó en mano de José, y con él allí no se preocupaba de nada excepto del pan que comía. José era de gallarda figura y de hermoso parecer." Ustedes saben que yo me he referido a esa expresión en otras ocasiones como que José era un pollo. Qué bonito lo dice la Biblia: "De gallarda figura y hermoso parecer." Era un muchacho buen mozo, posiblemente esbelto, no sé qué color tenía. Podés ser de cualquier color porque el color no tiene que ver.

Versículo 7: "Sucedió después de estas cosas que la mujer de su amo miró a José con deseo y le dijo: 'Acuéstate conmigo.' Pero él rehusó y dijo a la mujer de su amo: 'Estando yo aquí, mi amo no se preocupa de nada en la casa, y ha puesto en mi mano todo lo que posee. No hay nadie más grande que yo en esta casa, y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?'" Y ella insistía a José día tras día, pero él no accedió a acostarse con ella o a estar con ella. Pero un día que él entró en casa para hacer su trabajo y no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro, entonces ella tomó a José de la ropa y le dijo: "Acuéstate conmigo." Pero él le dejó su ropa en la mano y salió huyendo afuera.

Hay tanto que decir de este incidente. Nosotros conocemos este incidente; de hecho, yo me refería a él en un mensaje anterior. Pero en este incidente vemos la fidelidad de José a Dios. José estaba en una situación incierta, difícil, dolorosa para él, desconocida, pero por lo visto su fe y su obediencia y su lealtad a Dios fue mantenida. Él conservó su amor por Dios. Me llama la atención que la razón por la que él no cae en pecado con esta mujer, por la que él decide mantenerse firme, no es el miedo a que me descubran, a las consecuencias, y si nos encuentran, tú te imaginas. Lo primero que él dice es: "¿Cómo entonces podría hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?" El Dios invisible, el Dios que él sabe que me ve.

Entonces José, en medio de sus dificultades, sus vicisitudes, mantuvo la pureza de su relación con Dios. Cristo dice: "El que me ama obedece mis mandamientos." La obediencia de José es una muestra de su amor por Dios, de su relación con Dios. Y si hay algo que nos mantiene en medio de las dificultades y de las vicisitudes, es esa relación viva, vital, de amor con nuestro Dios. José la mantenía, y fue lo que le permitió mantenerse firme en medio de estas situaciones. Un hombre joven, un mozo soltero, sin nadie a quien rendir cuenta, no había nadie en la casa —el texto lo dice para que nos demos cuenta de lo intenso de la tentación—. Humanamente hablando, era el escenario perfecto para José hacer lo que los hombres hacen. Y ahí se le presentó la tentación. No es casual, no es casual. Nuestro enemigo anda buscando como león rugiente a quién devorar. A pesar de eso, José no se resintió contra Dios, y le permitió eso entonces mantenerse fiel a su Dios.

El versículo 16 entonces nos sigue diciendo que ella, la mujer, dejó junto a sí la ropa de José hasta que vino su señor a la casa. Entonces ella le habló con estas palabras a su esposo: "Vino a mí el esclavo hebreo que nos trajiste para burlarse de mí, y cuando levanté la voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó afuera." Increíble. Versículo 19: "Cuando su señor escuchó estas palabras que su mujer le dijo: 'Esto es lo que tu esclavo me hizo,' se encendió su ira. Entonces el amo de José lo tomó y lo echó en la cárcel, el lugar donde se encerraba a los presos del rey." Allí permaneció en la cárcel. Versículo 21: "Pero el Señor estaba con José. Le extendió su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel."

Bueno, aquí vemos una de las injusticias típicas de la vida, lo que nosotros vemos todos los días. El serio, un buen muchacho queriendo hacerlo correcto; de hecho, se metió en este lío porque dijo que no a la indecente propuesta de su marchanta. Y entonces él es víctima de una calumnia. Esta mujer va frente a su esposo, el amo de José, y le dice lo que no es, le dice una mentira, da falso testimonio acerca de José. Y ya desde aquí comienza a señalar las similitudes que hay entre la vida y la historia de José y la de Cristo, porque José es un tipo de Cristo, nos ilustra el personaje de Jesús como vamos a ver más adelante. De la misma manera, nuestro Señor Jesús fue calumniado, hubo falsos testigos que hablaron contra Él, y producto de los falsos testigos y los falsos testimonios que se dieron contra Él, Él fue apresado. De la misma manera, José fue apresado, metido en la cárcel donde el rey —decía el texto— pone a sus presos.

Entonces el bueno, el justo, el que está haciendo las cosas correctas, en este mundo pues le va mal, lo calumnian, y Dios lo permite. Dios lo permite, nuestro Dios lo permite. Cualquiera diría: "El pobre José, se le han caído todos los palitos. Lo venden sus hermanos, primero lo odian, lo desprecian, traman contra él, lo venden a los ismaelitas, llega a una casa, la está trabajando bien, y ahí aparece esta mujer, levanta un falso testimonio, ahora está preso el hombre." En este momento José tenía aproximadamente 20 años, 21 años. Imagínense las preguntas, los cuestionamientos de este joven que está haciendo lo que le toca, se está portando bien, está cumpliendo con el rol que Dios le ha asignado en la creación. Nada va bien en su vida, nada parece salirle bien. Era un buen momento para José decir... Y quizás el relato no nos dice si él se resintió contra Dios, si él se cuestionó a Dios y le preguntó a Dios: "Señor, ¿qué será de mí? ¿Por qué Tú haces esto? ¿Por qué Tú permites esto? ¿Qué es lo que pasa? ¿De qué manera te he fallado? Yo no entiendo."

El relato no nos dice nada de eso, mantiene silencio. Especulando, yo creo que José tenía luchas internas en su mente y en su corazón, que aunque no fueron expresadas, quizás había algunas luchas y dudas. Pero por lo que seguimos viendo en el relato, su confianza en su Dios, su fidelidad y amor por Dios, fue más y pudo más que sus dudas y sus cuestionamientos y sus resentimientos contra la voluntad de Dios en su vida.

Y esta es una de las ocasiones, como decía, donde uno diría: "Bueno, la vida no es justa." Y esta injusticia en la vida de José vino de esta manera, vino con un falso testimonio, lo apresan. Pero la injusticia en este mundo, la injusticia, o sea, un trato difícil, duro para nosotros, puede venir en diversas formas. Dios puede permitir en nosotros falsos testimonios contra nosotros, puede permitir estrechez económica, puede permitir enfermedad, puede permitir muchas cosas en nuestra vida que a los ojos humanos parecería que no nos corresponde, es injusta la manera en la que la vida, Dios, me trata. Pero una vez más, Dios quiere subrayar que estas cosas, cuando ocurren en la vida de los suyos, no es porque Él está lejos.

De hecho, el versículo 21 otra vez —como les dije hace un momentito— cuando él fue vendido a los ismaelitas y es vendido a Potifar, la primera expresión que aparecía: "Pero el Señor estaba con José y hacía prosperar todo cuanto hacía." Ahora lo meten en la cárcel, el versículo 21 otra vez dice: "Pero el Señor estaba con José, le extendió su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel." Los ojos de Dios estaban sobre José. La compañía de Dios iba con José dondequiera que él iba, no importa lo difícil y lo complicada y lo incierta de su situación.

Romanos 8:35, Pablo, hablando de estas cosas, dice: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" Y él concluye esa cadencia: nada nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, nada.

Y nos sigue diciendo entonces el texto, capítulo 40, después de estas cosas, versículo 1: "Sucedió que el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor el rey de Egipto. Faraón se enojó contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel, en el mismo lugar donde José estaba preso."

Aquí ya vemos a nuestro Dios orquestando, ordenando. El versículo 1 del capítulo 40 dice: "Después de estas cosas, sucedió..." Lo dice así, "sucedió", como que pasó de manera coincidencial, pero nosotros sabemos que en nuestras vidas nada es coincidencial. Si un pajarillo no cae a tierra sin que Dios lo permita, dice la Palabra en Mateo 10, si aún los cabellos de nuestras cabezas están contados, nada pasa casual. Esto pasó, pero obviamente Dios está detrás. Y sucede que donde pusieron a José también pusieron al copero y al panadero, al jefe de los coperos y al panadero del faraón. Vamos a ver más adelante que esto fue clave en todo el desarrollo de la historia de José. Esto no fue casual, esto fue algo orquestado por Dios, aun las cosas que nos parecen más triviales. Las cosas más pequeñas de la vida, que parecerían incluso sin importancia para nosotros, Dios dice categóricamente que Él las orquesta.

Entonces, el versículo 5 del capítulo 40: "El copero y el panadero del rey de Egipto tuvieron ambos un sueño." ¡Qué casualidad! Los dos se soñaron prácticamente lo mismo. Increíble que Dios dirige los sueños de la gente. No todos los sueños son un mensaje de Dios, pero Dios incluye su poder y su capacidad de orquestación va incluso al sueño de estos dos individuos que no conocían a Dios.

El versículo 6 del capítulo 40 dice: "Cuando José vino a ellos por la mañana y los observó, vio que estaban decaídos, y preguntó a los oficiales de Faraón que estaban con él bajo custodia en casa de su señor: ¿Por qué están sus rostros tan tristes hoy?" Entonces, en este versículo 6 del capítulo 40, se veía de parte de José al panadero y al copero. Increíble que José, en medio de estas dificultades, incertidumbres, problemas, él mantenga esta ternura hacia el otro. ¿Qué le importa a José que se vean tristes? Y honestamente, o sea, si yo le pregunto a una persona que está en la cárcel, mal presa: "¿Por qué tú estás tan triste hoy?", el individuo me va a decir: "¿Por qué estás tú alegre hoy?" O sea, la pregunta es al revés. Era el estado normal y natural, pero José parece ser que no estaba triste. No estaba decaído aun en su condición de privado de libertad, y les preguntó entonces a ellos: "¿Por qué? ¿Qué les pasa? ¿Por qué están tan tristes?"

Y ellos le respondieron: "Hemos tenido un sueño y no hay nadie que lo interprete." Entonces les dijo José: "¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Les ruego que me lo cuenten." Contó pues el jefe de los coperos su sueño a José. La confianza de José en Dios se ve manifestada en su arrojo al decir: "Díganme, que Dios tiene el significado de la interpretación de las cosas. ¿No le pertenecen a Dios las interpretaciones de los sueños?" ¡Wow! Su confianza se ve manifestada. No hay dudas de que su confianza estaba basada en su relación con Dios, y eso fue para él una zapata en medio de sus dificultades.

El versículo 12 entonces nos dice: "Entonces José le dijo: Esta es su interpretación..." Yo no voy a leer todo porque he hecho una selección, y José le dio la interpretación de ambos sueños a ambos individuos.

Y en el versículo 14, José dice lo siguiente: "Solo le pido que se acuerde de mí cuando le vaya bien, y le ruego que me haga el favor de hacer mención de mí a Faraón y me saque de esta casa, porque la verdad es que yo fui secuestrado de la tierra de los hebreos, y aun aquí no he hecho nada para que me pusieran en el calabozo." José hace su gestión, su diligencia. Él confía en Dios, pero es su diligencia, él hace lo que le toca, lo que le corresponde. Él sabe que depende de Dios la decisión, pero Dios usa mecanismos secundarios para hacer que las cosas avancen, y yo no puedo tampoco, en mi condición, justificar una pasividad diciendo que yo confío en Dios. Sí, confiamos en Dios, y hasta cierto punto hay cosas que dejamos de hacer porque Dios está en control, sí, pero Dios espera de nosotros una diligencia confiada. "Yo le voy a decir a esta gente que se acuerden de mí si ven a Faraón", pero José sabe que eso depende de que Dios diga sí. Y de hecho la historia nos indica que la gestión de José no fue del todo exitosa. O sea que tampoco es cuando uno quiere, es cuando Dios quiere. Pero él hizo su gestión.

El versículo 20 entonces nos dice: "Y sucedió que al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, este hizo un banquete para todos sus siervos, y restauró al jefe de los coperos a su cargo de copero, y este puso la copa en mano de Faraón, pero ahorcó al jefe de los panaderos, tal como les había interpretado José." Versículo 23: "Pero el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él."

O sea, nosotros tenemos que hacer lo que nos corresponde, pero Dios es soberano de tomar la decisión final. Al copero le corresponde hacer eso efectivo o no. Él es el que sabe. Nuestro corazón debe permanecer confiado, esperando en su sabiduría, porque Él sabe mejor que nosotros qué y cuándo. José podía otra vez decir: "¡Oye, pero qué ingratitud de este copero! No se acordó de mí." Pero nada acontece sin que nuestro Dios lo permita, hermanos. Todo lo que nos pasa, todo lo que nos ocurre, pasa primero por el despacho de nuestro Dios. Es así.

El capítulo 41 comienza diciendo: "Y aconteció que después de dos años, Faraón tuvo un sueño." Aquí los años pasan como si fueran días. Recuerden que pasan los años, José está preso. O sea, véanse ahí también situaciones a veces en nuestras vidas que se prolongan en el tiempo, dolorosas, aflictivas, inciertas. Él no sabía qué iba a ser de él, no sabía si le iban a ahorcar mañana, no sabía si le iban a levantar un nuevo falso testimonio que iba a empeorar su situación. José está ahí esperando, y cada vez que lo vemos, vemos a un José firme en su confianza en Dios.

Dos años después entonces, mucho tiempo. Ya José tiene diez, once años en Egipto en este momento. Es esclavo, acusado falsamente, olvidado en la cárcel, y cualquiera pudiera decir: "Bueno, el trato de Dios hacia José fue injusto." Y sí, humanamente hablando fue así. ¡Qué mayor injusticia de la que fue víctima nuestro Señor Jesús! Que siendo absolutamente inocente, tentado en todo pero sin pecado, dice Hebreos 4:15, fue traicionado, falsamente acusado, crucificado, muerto como un criminal. Ese es el mundo caído en el que vivimos.

Entonces, el versículo 8 del capítulo 41 nos dice: "Por la mañana su espíritu —hablando de Faraón— estaba turbado, y mandó a llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto." Acontece que él tuvo un sueño dos años después. Faraón les contó sus sueños, pero no hubo quien se los pudiera interpretar a Faraón. Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón. ¿Vieron lo que pasó? El copero se olvidó de José, ¿cierto? Pero Dios no se olvidó de José, porque cuando Dios quiso que Faraón supiera de José, ¿qué hizo Dios? Le mandó un sueño a Faraón, y como José es el hombre de los sueños, José tenía y va a tener que venir a la ecuación. O sea, que el copero se olvidó, pero Dios no se olvidó, y Dios lo tenía ahí presente. Ya es tiempo, ya es el momento de sacar a mi hijo, a mi siervo, de la cárcel a otra situación.

Y el versículo 10 del capítulo 41: "Cuando Faraón se enojó con sus siervos y me puso..." Bueno, esto fue lo que le dijo el jefe de los coperos a Faraón: "Cuando Faraón se enojó con sus siervos y me puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, a mí y al jefe de los panaderos, él y yo tuvimos un sueño en una misma noche. Y él estaba allí, estaba allí con nosotros un joven hebreo, un siervo del capitán de la guardia, y se lo contamos y él nos interpretó los sueños. A cada uno interpretó su sueño."

Entonces, versículo 14: "Faraón mandó a llamar a José, y lo sacaron aprisa del calabozo." Y yo retraduje esa frase y dije: "Entonces Dios mandó a llamar a José y lo sacaron aprisa del calabozo." ¿Ustedes qué creen? ¿Que fue Faraón que sacó a José del calabozo? Fue Dios que lo mandó a llamar. Usó a Faraón, usó a este pequeño hombrecito aquí en la tierra, Faraón, para llamar a su hijo del calabozo.

Y el versículo 15 dice: "Faraón dijo a José: He tenido un sueño, no hay quien lo interprete, pero he oído decir de ti que oyes un sueño y lo puedes interpretar." Y José, para la gloria del Señor, dice en el versículo 16: "No está en mí —respondió José a Faraón—, Dios dará a Faraón una respuesta favorable." Una fe firme, una confianza fresca, una relación de amor con Dios lo mantuvo firme a través del tiempo. José seguía, a pesar de sus tribulaciones y angustias, confiando en Dios, a pesar de que él no tenía claro lo que Dios estaba haciendo con él, pero le tocaba confiar.

Versículo 25, entonces, o sea, dijo a Faraón: "Los dos sueños de Faraón son uno. Dios ha anunciado a Faraón lo que Él va a hacer. Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años. Los dos sueños son uno. Y las siete vacas flacas y feas que subieron detrás de ellas son siete años, y las siete espigas quemadas por el viento del este serán siete años de hambre. Ahora pues, busque Faraón un hombre prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto."

Aquí está la famosa historia de las vacas flacas y las vacas gordas. Noten en medio de la historia de lo que estamos contando cómo Dios conoce el futuro de las naciones, de nuestras vidas, pero de nuestras naciones, de nuestros destinos. Esto va a pasar: siete años de prosperidad, luego siete años de adversidad en la tierra. Dios tiene control, Dios sabe y lo ha anunciado desde el principio. Solo está revelando a usted, Faraón, para que usted sepa lo que va a pasar. Así que ponga a alguien que resuelva. Él no se estaba autopromoviendo o autonombrando, pero era obvio. Muy sabio de parte de Faraón. La idea le pareció bien, el versículo 37: a Faraón le pareció bien la idea y a todos sus siervos.

Vamos a hacer eso, entonces. Faraón dijo a sus siervos: "¿Podemos hallar un hombre como este, en quien esté el espíritu de Dios?" Y Faraón dijo a José: "Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes; solamente en el trono yo seré mayor que tú." Faraón dijo también a José: "Mira, te he puesto sobre toda la tierra de Egipto." ¡Wow! Lo nombraron al hombre.

José tenía treinta años en este momento. No es casual. Treinta años tenía nuestro Señor Jesús cuando comienza su ministerio. El mensaje, hermanos, aquí no nos confundamos: no es que nuestras historias todas vamos a terminar en el palacio. Yo he oído tantas veces predicar eso, que todas nuestras historias terminan en el palacio. No. Cristo terminó en la cruz. Pablo terminó decapitado. José terminó en el palacio. Dios es que sabe. Él es soberano. A José le tocó el palacio.

Lo cierto es que, en toda historia, no sabemos el final, pero lo cierto es que Dios está con nosotros, presente a lo largo de toda la historia. No importa cómo termine la historia. Y número dos, lo que vemos aquí es que no importa cuánto dolor y cuánta aflicción haya, Dios siempre tiene un propósito superior en su proceder. Eso sí lo podemos extraer de esta historia. Pero sería incorrecto predicar aventura y dicha a todos los que sufren, porque en este mundo Dios hará que las cosas, pues, terminemos en el palacio. No necesariamente. Él promete su compañía y promete que habrá propósito. O sea, tu sufrimiento y mi sufrimiento no es arbitrario, no es accidental.

Entonces, el versículo 50 nos dice, estamos en el capítulo 41: "Antes de que llegaran los años de hambre, le nacieron a José dos hijos." Acuérdense que ya José tiene unos trece años aproximadamente; salió a los diecisiete de Israel o de Canaán, tiene treinta. Aquí tenemos una idea: tiene trece años mal pasando. Y cuando a José le nacieron dos hijos en Egipto, al primogénito José le puso el nombre de Manasés, porque dijo: "Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre." Dios ha sanado mi pasado. Y al segundo le puso el nombre de Efraín, porque dijo: "Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción."

Él terminó en el palacio, y a eso no es que él se refiere, que Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción, sino que Dios, en la tierra de mi aflicción y de mi dolor, ha estado conmigo y hay fruto en mi vida, producto de su presencia, su cuidado, su compañía. Miren cómo José nombró sus hijos. Cómo estos nombres de sus hijos indican también la confianza, la fe, la esperanza de José en su Dios, a pesar de lo que Dios le había hecho pasar.

El versículo 53 nos dice: "Cuando pasaron los siete años de abundancia que había habido en la tierra de Egipto, comenzaron a venir los siete años de hambre, tal como José había dicho." Capítulo 42: "Viendo Jacob que había alimento en Egipto..." Aquí está el hambre en su buena, vamos a decirlo así, paradójicamente. Hambre, hambruna en la tierra. En Egipto no había tal hambruna por las cosas que se habían, las decisiones que se habían tomado, pero en todas las tierras alrededor sí.

Y viendo Jacob que había alimento en Egipto, dijo a sus hijos: "¿Por qué se están mirando? He oído que hay alimento en Egipto." Y añadió: "Desciendan allá y compren allí un poco de alimento para nosotros, para que vivamos y no muramos." El versículo 6 nos dice: "Y José era el que mandaba en aquel país. Él era quien vendía a todo el pueblo de la tierra. Cuando los hermanos de José llegaron, se postraron ante él rostro en tierra. Al ver José a sus hermanos, los reconoció, pero fingió no conocerlos y les habló duramente."

Aquí está el primer encuentro que tiene José con sus hermanos. Sus hermanos no lo conocen. José tiene trece años más, de diecisiete a treinta. Un hombre, no sabemos si se dejó la barba, si se afeitó, si se peló la cabeza. Los egipcios tendían a pelarse la cabeza, a quitarse todo el vello facial. José tenía un aspecto totalmente diferente. Además, imagínense, por más que se parezca: "Mi hermanito que vendimos hace trece años, esto no puede ser mi hermano porque este hombre está mandando." Entonces no entienden. Ellos mentalmente no les cuadró, porque hay gente que dice: "¿Cómo no lo conocieron?" Bueno, a ellos como que no les hacía click el asunto.

Y José les habló duramente, nos dice. Él los conoció sí, pero les habló duramente. Y no lo hizo porque tuviera resentido contra ellos, porque el relato nos dice que no estaba resentido contra ellos, más adelante. Pero sí él quería probarlos y ver si ellos estaban arrepentidos de lo que ellos habían hecho.

El versículo 14, entonces José les dijo: "¡Ustedes son espías!" Esto es una prueba de José, a ver cómo ellos reaccionan. "En esto serán probados," versículo 15: "Por vida de Faraón que no saldrán de este lugar a menos que su hermano menor venga aquí." Ya José sabía que había otro hermano: Benjamín. "Tráiganme su hermanito menor, a ver si no lo vendieron igual que a mí." Esa es la prueba que les está tratando de hacer, a ver si estos hombres estaban arrepentidos. A ver cuál iba a ser el trato de él con ellos.

Y el versículo 16 dice: "Envíen a uno de ustedes y que traiga a su hermano, mientras ustedes se quedan presos, para que sean probadas sus palabras, a ver si hay verdad en ustedes." El versículo 19: "Y el resto de ustedes vayan, lleven grano para el hambre de sus casas y traigan a su hermano menor para que sus palabras sean verificadas y no morirán." Y así hicieron. Aquí hay una prueba de José a la que él los somete.

El capítulo 43 nos dice que el hambre iba agravándose en la tierra. Y cuando acabaron de comer el grano que habían traído de Egipto, su padre les dijo: "Vuelvan allá y cómprenos un poco de alimento." Versículo 15, capítulo 43: "Tomaron los hombres este presente, doble cantidad de dinero en su mano, y a Benjamín. Se levantaron y descendieron a Egipto y se presentaron delante de José. Cuando José vio a Benjamín con ellos, dijo al mayordomo de su casa: 'Haz entrar a estos hombres a mi casa y mata un animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía.'"

¡Qué glorioso! Ya José está diciendo: "Bueno, aquí hay verdad, posiblemente ya hay arrepentimiento. Yo entonces quiero comer con estos hombres." ¿Y no se parece eso a lo que hace nuestro Señor Jesús y nos invita a su mesa? Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, de nuestra rebelión, y Él nos dice: "Quiero comer con ustedes."

Versículo 24, capítulo 43: "Después el hombre llevó a los hombres a casa de José y les dio agua, y se lavaron los pies; también les dio forraje a sus asnos." Bendición tras bendición, gracia y favor. Lo que no solo merecían, pero Dios nos trata a nosotros como no merecemos. Él nos bendice conforme a su gran misericordia.

Versículo 25: "Entonces prepararon el presente para la venida de José al mediodía, pues habían oído que iban a comer allí. Cuando José regresó a su casa, ellos le trajeron a casa el presente que traían en su mano y se postraron ante él en tierra." José se apresuró a salir, el versículo 30: "Pues se sintió profundamente conmovido a causa de su hermano y buscó dónde llorar." Wow. "Entró en su aposento y lloró allí. Después se lavó la cara y salió, y controlándose, dijo: 'Sirvan la comida.'"

El capítulo 44 nos dice que José hizo una segunda prueba con ellos, la cual ellos pasaron, y ya José estaba seguro de su arrepentimiento.

Y el capítulo 45, entonces, es la culminación de la historia prácticamente. Dice el versículo 1 del 45: "José ya no se pudo contener delante de todos los que estaban junto a él y exclamó: 'Hagan salir a todos de mi lado.' Y no había nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos. Lloró tan fuerte que lo oyeron los egipcios, y la casa de Faraón se enteró de ello. José dijo a sus hermanos: 'Yo soy José. ¿Vive todavía mi padre?' Pero sus hermanos no podían contestarle porque estaban atónitos delante de él."

Y José dijo a sus hermanos: "Acérquense ahora a mí." Y ellos se acercaron, y él les dijo: "Yo soy su hermano José, a quien ustedes vendieron a Egipto." Eso es lo que Cristo nos va a decir a nosotros: "Ustedes se rebelaron contra mí, me vendieron, y yo morí en la cruz, pero yo soy su hermano."

Y el versículo 5 nos dice, ahora pues, increíble, oigan esto: "No se entristezcan ni les pese el haberme vendido aquí, pues para preservar vidas me envió Dios delante de ustedes. Porque en estos dos años ha habido hambre en la tierra y todavía quedan otros cinco años en los cuales no habrá ni siega ni siembra. Dios me envió delante de ustedes para preservarles un remanente en la tierra y para guardarlos con vida mediante una gran liberación. Ahora, pues, no fueron ustedes los que me enviaron aquí, sino Dios. Él me ha puesto por padre de Faraón y señor de toda su casa y gobernador sobre toda la tierra de Egipto. Dense prisa y suban a mi padre y díganle: 'Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto. Ven a mí, no te demores.'"

¿No se fijaron? Pero en apenas cuatro versículos: Dios, Dios, Dios, Él y Dios. Estoy leyendo literalmente. "Dios me envió delante de ustedes. Dios me envió delante de ustedes para preservarles un remanente en la tierra. No fueron ustedes que me enviaron aquí, sino Dios. Él me ha puesto por padre de Faraón." Y por último le manda a decir a su padre: "Dios me ha hecho señor de todo Egipto." Dios, Dios, Dios. Su confianza en Dios.

O sea, José está consciente, al tanto, de que Dios está orquestando, ordenando, cuadrando todos los eventos de su vida. Y aun las aflicciones, no fueron sus hermanos; sus hermanos fueron las causas secundarias, pero fueron instrumentos de Dios para hacer la obra de Dios. Pero fue Dios que hizo todo esto. Y eso entonces previno a José de resentirse contra sus hermanos, porque les dice: "No fueron ustedes, fue Dios." Obviamente, el pecado de sus hermanos es responsabilidad de ellos, pero Dios permitió que eso ocurriera con un buen propósito.

Y si nosotros entendemos que nuestras aflicciones, nuestros dolores, nuestras vicisitudes son permitidas por Dios con propósito, eso nos va a guardar del resentimiento y de la duda en nuestras vidas. Dios controla los acontecimientos de nuestra vida, absolutamente todo. Y esa convicción sostuvo a José en los momentos más oscuros de su vida.

Primera de Juan 4:9 nos dice: "En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros, en que Dios ha enviado..." Así como José fue enviado a la tierra de Egipto. ¿Para qué fue enviado José a la tierra de Egipto? Oigan, "Dios me envió", versículo 7, "delante de ustedes, para preservarles un remanente en la tierra y para guardarlos con vida, mediante una gran liberación." Oigan lo que dice, entonces, Primera de Juan 4:9: "En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros, en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él." La historia de Jesús la vemos en la historia de José.

El versículo 24 nos dice: "Luego se despidió de sus hermanos y cuando se iban les dijo: No riñan en el camino." Él sabía que todavía había problemas algunos. Ellos subieron de Egipto y vinieron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob, e informaron: "José vive todavía." Imagínense esto. "José vive todavía y es gobernante de toda la tierra de Egipto." Pero él se quedó atónito, porque no les podía creer.

Capítulo 46, Jacob, el papá, envió a Judá delante de sí a José para indicar el camino a Gosén. O sea, va Judá delante para saber: "¿Pa' dónde vamos?" Y llegaron a la tierra de Gosén. José preparó su carro y subió a Gosén para ir al encuentro de su padre Israel. Apenas lo vio, se echó sobre su cuello y lloró largamente sobre su cuello. Imagínense ustedes ese encuentro.

Yo me acuerdo hace muchos años, cuando uno no viajaba tanto, que uno iba al aeropuerto y uno estaba ahí en la salida de inmigración, verdad, que uno trataba de ver por un vidrio. A veces llegó el familiar, porque uno no sabía si había llegado o no había llegado, si no había saludado ni nada. ¿Llegó, no llegó? Y cuando uno llegaba y veía ese familiar que uno tenía años que no veía, esos eran unos abrazos en ese pasillo. ¡Ay, mamá, mamá!

Imagínense, este hombre enterró a su hijo hace años atrás, lo enterró literalmente, lo enterró, lo dio por muerto. José se fue a la tierra de Egipto y no sabía si vería a su padre jamás. ¿No es ese el evangelio? Nosotros, condenados, no sabemos si vamos a ver a nuestro Padre jamás, y nuestro Padre envía a Su Hijo para que nos rescate, y ahora nosotros podemos abrazarnos con nuestro Padre celestial.

Capítulo 50, último capítulo de la historia. Esto pasó un tiempo después. Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, y su padre murió, dijeron: "Quizás José guarde rencor contra nosotros y de cierto nos devuelva todo el mal que le hicimos." Todavía ellos están andando temerosos a ver si José se va a desquitar con ellos. Ellos están esperando, y el versículo 18 nos dice del capítulo 50: "Entonces sus hermanos vinieron también y se postraron delante de él y dijeron: Ahora somos tus siervos." Pero José les dijo: "No teman. ¿Acaso estoy yo en lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme mal..." Esto mismo lo puede decir Jesús: "Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien para que sucediera como vemos hoy y se preservara la vida de mucha gente. Ahora pues, no teman, yo proveeré para ustedes y para sus hijos." Y los consoló y les habló cariñosamente.

¿Cómo comenzó la historia? Que ellos no podían hablarle a José cariñosamente, que no podían hablarle así, no había una relación. Ahora se construyó, se construyó una relación a través de estos eventos en la vida de José, y ahora José, luego de todos estos eventos, puede dirigirse a ellos cariñosamente.

Hermanos, y con esta frase termino, yo creo que esto resume lo que he querido enseñar, predicar y reflexionar. El predicador Charles Spurgeon decía: "Dios está demasiado bueno como para ser cruel y demasiado sabio como para equivocarse. Cuando no podemos ver Su mano, debemos confiar en Su corazón." Que el Señor nos permita, cuando no entendamos y no veamos la luz al final del túnel o la bondad en nuestro camino, sepamos que Dios tiene un corazón bondadoso en el que podemos confiar.

Vamos a orar. Señor, muchas gracias. Gracias por esta historia que es una historia que tiene un eco en la historia de Jesús. La historia de Jesús y la historia de José se replican, como Tú, a través de la vida de un individuo. Tú lo insertas en una comunidad, en una sociedad, en el caso de José, y en un mundo para que sea el instrumento de salvación para la vida de muchos otros. Oh Señor, Tú tienes control de cada detalle de nuestras vidas, lo entendamos nosotros así o no. A veces nos resentimos contra Tu gobierno, cuestionamos Tus decisiones. Eso no cambia el curso de los acontecimientos. Tú sigues Tu propósito de manera firme. Yo te pido, Señor, que Tú, a través de Tu Espíritu, Tú siembres en nosotros una gran fe y confianza en Tus propósitos y en Tu corazón, Dios. Que en ningún momento, a pesar, Señor, de lo oscuro y lo aflictivo del camino, nosotros, Señor, desconfiemos de Ti. Pablo decía: "Aquel que nos ha concedido a Su Hijo, ¿cómo no nos va a conceder también juntamente con Él todas las cosas?" Oh Señor, gracias por estas historias que nos indican que Tú estás con nosotros y que lo que Tú haces y permites siempre tiene un propósito superior, trascendente a nosotros mismos. Te bendecimos, Dios, en el nombre de Jesús. Amén, amén.

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Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.