Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios fiel a un pueblo infiel

Miguel Núñez 23 abril, 2023

El pueblo de Israel había cansado a Dios con su adoración vacía y sus acusaciones atrevidas. Según Malaquías, los israelitas no solo habían ofrecido sacrificios deficientes sino que habían llegado a afirmar que Dios llamaba bueno a lo malo y se complacía en los malvados. Incluso preguntaban con cinismo: ¿dónde está el Dios de justicia? La palabra traducida como "cansado" aparece solo cuatro veces en todo el Antiguo Testamento, y aquí describe a un Dios metafóricamente hastiado de una adoración que existía en labios pero no en vida.

Dios responde a esa pregunta insolente con un anuncio: enviará primero a su mensajero —Juan el Bautista— a preparar el camino, y luego vendrá el Señor mismo. Pero esa venida trae una pregunta solemne: ¿quién podrá soportar el día de su juicio? Porque Dios no solo juzga los pecados públicos, sino también los privados, incluso aquellos tan íntimos que solo habitan en la mente y el corazón. Bajo ese criterio, nadie queda en pie.

Sin embargo, hay esperanza en una verdad central: "Yo el Señor no cambio; por eso vosotros no habéis sido consumidos". La razón por la que el pueblo no fue destruido no radica en su fidelidad, sino en la inmutabilidad del carácter misericordioso de Dios. El fuego de la ira divina ya pasó por Cristo en la cruz, donde lo bueno fue tratado como malo para que lo malo pudiera ser tratado como bueno. Cristo sufrió lo indecible para que nosotros disfrutemos lo inimaginable. El juez mismo recibió el juicio para que los culpables fueran declarados libres.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Si tienes la Palabra de Dios ahí en tu regazo, o si la tienes en otro formato, te voy a pedir que la abras o la enciendas en el capítulo 3 del libro de Lamentaciones. Te vas a quedar ahí por un buen rato porque tenemos que hablar del tema de hoy de una forma más general primeramente, y luego llegar al pasaje seleccionado. Y lo hemos hecho así a propósito.

Me imagino que cada uno de nosotros, probablemente si estaba cantando prestando atención a lo que cantamos, nos percatamos —aunque el pastor Luis también hizo referencia— de que el tema de hoy es la fidelidad de Dios. Y en los últimos domingos nosotros hemos estado cubriendo diferentes aspectos de la bondad de Dios. En un momento dado hablamos del amor incondicional de Dios que nos eligió en la eternidad pasada, y después de la gracia inmerecida de nuestro Dios que nos trajo salvación. Hablamos de su misericordia, que mueve a Dios a condolerse cuando nosotros estamos en dolor o aflicción, de condolerse por sus criaturas independientemente si somos creyentes o no. Hablamos de la paciencia de Dios que espera por el arrepentimiento del pecador. En el día de hoy nos toca hablar de la fidelidad de Dios a sus propósitos y a sus hijos.

Todos los atributos anteriores caracterizan, como ya dijimos hace cuatro domingos atrás, lo que nosotros llamamos la bondad de Dios, que forma parte de su naturaleza, su esencia. Desde ahora yo quiero anunciar el título de mi mensaje, como es costumbre, y me gusta hacerlo porque el título no solamente me deja ver el tema del mensaje, sino que me deja ver también el contexto en el cual el texto quiere predicarse o el tema quiere predicarse. Y el título de hoy es: El Dios fiel a un pueblo infiel. Quiere decir que el tema es la fidelidad de Dios, y el contexto de la fidelidad de Dios en el que queremos hablar es en medio de la infidelidad de su pueblo.

Como dije en el servicio anterior, quiero decirte que el tema es denso en contenido, pero es muy claro, es muy entendible en su exposición. Pero yo necesito que tú agudices tu mente y que puedas concentrarte, que no pierdas el hilo, porque pudieras perderte en el camino. Yo voy a dividir mi mensaje en tres partes, tratando de hacerlo lo más entendible posible. La primera parte tiene que ver con la fidelidad de Dios en general, como está revelada en su revelación, en la revelación divina, en la historia, la redención. Luego yo quisiera hablar de la fidelidad de Dios en el contexto del dolor y la tragedia, y es ahí donde nuestro texto de hoy encuentra su mejor lugar. Y finalmente yo quiero dejarte con varias aplicaciones prácticas para correr la carrera de la fe. Van a ver que esa es en esencia el esquema, el bosquejo del mensaje de hoy.

En primer lugar yo quisiera hablar de la fidelidad de Dios en el sentido general, pero quiero leerte solamente un versículo del texto clave, del texto base del mensaje, y es el versículo 22 de Lamentaciones 3: "Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana, grande es tu fidelidad."

Cuando nosotros hablamos de la fidelidad de Dios, básicamente nos estamos refiriendo a que Dios siempre hace lo que Él dice que hará, que Dios siempre cumple lo que Él promete, y que Dios siempre te dice la verdad aun en medio de las peores mentiras que podamos fabricar. Dios siempre puede hacer lo que Él dice que hará porque Dios es omnipotente. De hecho, Daniel 4:35 nos dice que nadie puede detener su mano, absolutamente nadie. E Isaías 14:27 lo dice de otra manera: si el Señor lo ha determinado, nadie puede frustrarlo, dice la Nueva Biblia de las Américas, o impedirlo, dice la Nueva Versión Internacional. Si el Señor ha hecho de algo su propósito, no hay mano, no hay mente, no hay ejército que pueda parar lo que Dios ha decidido hacer, de manera que Él siempre hará lo que dice que hará.

Dios, por otro lado, siempre cumple sus promesas, y es así porque Dios es inmutable. Malaquías 3:6 afirma que Dios no cambia, no cambia, nunca ha cambiado. No solamente que Dios no cambia, es que Dios ni siquiera puede cambiar sin dejar de ser Dios. Su ser es perfecto en todos sus atributos, sus pensamientos son puros, sus palabras son verdaderas, sus juicios son justos. De hecho, Santiago 1:17 nos dice que en Él no hay cambio ni sombra de variación. En Dios no hay ni siquiera una sombra que pudiera cambiar de Él, de su pensamiento, de sus acciones, de sus propósitos. Dios es inmutable, no cambia, punto.

Y Dios siempre te dice la verdad porque Dios no puede mentir. Números 23:19, 1 Samuel 15:29, Hebreos 6:18, todos dicen la misma cosa. Y Apocalipsis 3:14 dice que Él es fiel y verdadero. Una de las canciones que estuvimos cantando usó esa terminología: fiel y verdadero.

La pregunta es: ¿por qué Dios permanece fiel a un pueblo infiel? ¿Por qué? Eso no es como tú y yo somos. De hecho, eso no es ni siquiera como tú y yo quisiéramos que Dios fuera con otros. Por lo menos si no soy yo, tendríamos a pensar como Jonás. Pero la razón por la que Dios permanece fiel en medio de la infidelidad es porque su fidelidad depende de su carácter, de su esencia, de lo que Él es, de lo que Él se ha propuesto, de lo que Él ha pactado, de lo que Él ha jurado, de aquello con lo que Él se ha comprometido. Esa es la razón por la que la fidelidad de Dios nunca cambia.

Esta es la manera como Tozer lo dice en su libro El conocimiento del Santo: "Dios es su propia razón de todo lo que Él es y hace. Él no puede ser forzado desde fuera de Él, y siempre habla y actúa motivado desde su interior por su propia voluntad soberana y conforme a lo que a Él le place." Dios nunca puede ser ni siquiera forzado o incluso influenciado desde afuera de Él. Todo lo que Él hace ha sido motivado desde su interior por su propia voluntad soberana y por aquello que a Él le place.

Ahora resulta que aquello que a Dios le place a mí me bendice. Lo que a Dios le place a mí me bendice. Y de hecho Malaquías 3:6, que te lo leí parcialmente, dice algo de eso. Escucha: "Porque yo, el Señor, no cambio." Esa fue la parte que te leí. Ahora escucha cómo el hecho de que Dios no cambia a mí me bendice: "Por eso, como yo no cambio, por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos." La razón por la que tú y yo amanecimos con vida hoy es porque Dios no cambia, y Él renueva sus misericordias cada mañana. Y por consiguiente, cuando yo pequé ayer, hoy renovó sus misericordias y volvió a perdonarme, y yo amanecí con vida esta mañana. Por eso nosotros seguimos caminando.

Pero déjame decirte algo más. Yo no sé si la fidelidad de Dios es un atributo o es la expresión de lo que Dios es en todos sus atributos, porque en la fidelidad de Dios convergen todos esos atributos. Déjame usar algunas ilustraciones. Si Dios no fuera omnipotente, Él no podría llevar a cabo sus promesas, independientemente de su mejor deseo, de su amor incondicional a mí, de su mejor intención. No, en algún momento las circunstancias de la vida lo conquistarían, vencerían su poder, pero eso es una imposibilidad. Si Dios no fuera omnisciente, Él no pudiera proveer a todas mis necesidades como Filipenses 4:19 afirma, que el Señor proveerá y suplirá todas mis necesidades. Él tiene que ser omnisciente para conocer las necesidades de cada uno de sus hijos, en cada lugar que se encuentra, en cada circunstancia, en cada dificultad, para entonces proveer lo que él o ella necesita de manera personal. Si Dios no fuera omnipresente, Él ni siquiera podría cumplir con la Gran Comisión, que al final de ese mandato dice: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo." Y Él, cuando dijo eso, implicó que estaría con cada uno de sus hijos hasta que Él regrese o hasta que él vaya a su presencia. Por eso tú puedes ver que en la fidelidad de Dios convergen todos los atributos de su ser.

Ahora, en el Antiguo Testamento la fidelidad de Dios frecuentemente aparece apareada, por así decirlo, en un mismo versículo con la palabra misericordia. De hecho, la combinación de la palabra misericordia y fidelidad está en no menos de veinte textos diferentes, veinte versículos diferentes, en el mismo lugar, en el mismo versículo del Antiguo Testamento. Y básicamente ellas se unen para hacer dos énfasis principales. El primero, sobre todo en lo que tiene que ver con la palabra fidelidad, tiene que ver con lo confiable, lo totalmente confiable que Dios es: inamovible, firme, constante. Y el segundo énfasis tiene que ver con la lealtad de Dios a su pacto.

Entonces, en el día de hoy yo quiero que veamos lo constante, firme e inmutable que Dios es. Es uno de los énfasis de la palabra fidelidad en el Antiguo Testamento. La idea de que la fidelidad de Dios es como una roca, por así decirlo, es algo que Dios comunicó a sus hijos tempranamente. Yo lo he dicho en otras ocasiones: hay un lugar donde tú vas a encontrar el despliegue, la exposición con toda la luz posible del carácter de Dios, es en el Antiguo Testamento. Escucha cómo Moisés, al final de los cuarenta años de la travesía en el desierto, trata de explicar que en los cuarenta años en el desierto Dios fue fiel, y cómo Moisés le llama en Deuteronomio 32:4. Deuteronomio fue escrito días, semanas antes de cruzar el Jordán al otro lado, la tierra prometida, donde Moisés no entró. Pero Moisés dice en Deuteronomio 32:4: él llama a Dios "la Roca," e inmediatamente después le llama "Dios de fidelidad." Dios la Roca es el Dios de fidelidad. Nosotros podemos confiar en Él. Tú puedes construir tu vida sobre la Roca, tú puedes construir tu matrimonio, tu familia sobre la Roca, tú puedes anclar el futuro de tu vida en la Roca.

Jeremías, de quien vamos a hablar, contempló la fidelidad de Dios en un momento dado y la contempla en medio de la infidelidad y la pecaminosidad del pueblo. Es como quien no puede entender cómo Dios puede ser tan firme, tan constante en sus promesas, a pesar de lo cambiante que nosotros somos. Y es importante, Pablo, te decía al principio, que el tema es la fidelidad de Dios, pero el contexto es en medio de la infidelidad de su pueblo.

El autor del Salmo 36 es David. David es un buen personaje para poder leer y estudiar acerca de la fidelidad de Dios, porque si hubo un hombre que supo experimentar la misericordia y la fidelidad de Dios, ese fue David. Y esto es lo que él dice en el Salmo 36:5: "Tu misericordia, oh Señor, se extiende hasta los cielos, tu fidelidad hasta el firmamento." Es como que cada vez está pensando: tus misericordias llenan toda la tierra y tu fidelidad hace exactamente lo mismo, pero sube hasta los cielos. ¿Cómo hasta los cielos? Bueno, si tú continúas leyendo los Salmos, te encuentras con que en el Salmo 33:4 el salmista escribió: "Toda su obra es hecha con fidelidad." Toda su obra en los cielos, toda su obra en la tierra es hecha con fidelidad, de manera que Dios, quien obra en los cielos y en la tierra, cuando lo hace, lo hace fielmente.

Y otra vez, pensando ni siquiera en toda la revelación del Antiguo Testamento, simplemente limitándonos a los Salmos y cómo revelan la esencia de Dios, el salmista en el Salmo 117, versículo 2, nos dice: "La fidelidad del Señor es eterna." Tú y yo no habíamos nacido y ya Dios era fiel. Era parte de su esencia: fiel a su mente, su propósito, sus ideas, a la elección que había hecho de nosotros en la eternidad pasada, a sus planes. El Salmo 100, versículo 5, nos dice que Dios ha sido fiel. Después de crear, entonces era fiel, fue fiel, sigue siendo fiel a través de las generaciones.

Generaciones van, generaciones vienen. La generación de Moisés, una generación rebelde, Dios permaneció fiel por cuarenta años en el desierto. Vino la generación de Josué, una generación más sumisa, más obediente, y Dios le fue fiel en la conquista de la tierra prometida. Josué luego se muere, viene la generación de los ancianos de Josué y ellos fueron infieles a Dios, y Dios permaneció fiel. Y viene la próxima generación que fue peor que la anterior y Dios permaneció fiel. Dios los libró una y otra vez a través de jueces que Dios les envió para que los pudieran sacar de la opresión y de la esclavitud por trescientos cincuenta años. Porque Dios es fiel, Dios no cambia, Él es firme, Él es como la roca. Y ese es el primer énfasis de la palabra fidelidad en el Antiguo Testamento o en el hebreo.

El segundo énfasis tiene que ver con el hecho de que Dios es fiel a su pacto. Él lo revela y se escucha tempranamente en el Pentateuco. Deuteronomio capítulo 7, versículo 9, dice: "Reconoce pues que el Señor tu Dios es Dios." Escucha ahora: "El Dios fiel." Es como que Moisés convierte el adjetivo fiel y lo vuelve un sustantivo: el Dios fiel, un solo nombre, que guarda su pacto y su misericordia, fiel a su pacto y su misericordia hasta mil generaciones con aquellos que lo aman y guardan sus mandamientos. Dios permanece fiel hasta el día de hoy al remanente del pueblo hebreo.

Cuando tú lees el Antiguo Testamento, en múltiples ocasiones lo que el pueblo merecía era su destrucción, pero como Dios es fiel, Dios protegió al remanente y ha sido fiel a lo largo del tiempo, ha sido inmutable con sus propósitos. De hecho, Dios supo disciplinar al pueblo y puede disciplinar hoy a su pueblo o a su hijo de manera personal, y en la disciplina estar simplemente aplicando su fidelidad. Y yo no me acabo de inventar eso, yo no acabo de concluir eso, yo encontré eso en la Palabra de Dios. Escucha al salmista otra vez, Salmo 119, versículo 75: "Yo sé, Señor, que tus juicios son justos," coma, de manera que la idea que sigue después de la coma tiene que ver con estos juicios, "yo sé, Señor, que tus juicios son justos y que en tu fidelidad me has afligido."

En tu fidelidad, cuando me viste desviarme, me afligiste y me trajiste. En tu fidelidad, cuando me viste en pecado, supiste ir detrás de mí y aplicar tu disciplina de manera que yo pudiera regresar a ti. Tus juicios son justos, yo no lo cuestiono, Dios. Tú eres justo cuando hablas, tú eres justo cuando disciplinas, y aunque el juicio haya traído mi aflicción, yo sé que mi aflicción es simplemente parte de tu fidelidad. Wow, Jeremías reconoció justamente eso en el peor de los momentos, en la peor circunstancia posible que tú pudieras imaginar. Vamos a llegar ahí.

Ahora recuerda, Dios es fiel a su pacto, a lo que ha jurado, a su carácter, a su esencia y a la palabra que ha dado porque no puede fallar. Ahora hay otra razón más por la que Dios es fiel: Dios es fiel porque es misericordioso. Y como es misericordioso, cuando Él me ve... Recuerda, la palabra misericordia es la habilidad que Dios tiene de condolerse, de conmoverse cuando ve a sus criaturas, en especial a sus hijos, en una dificultad, y Él hace suplir su favor en su dirección no mereciendo ellos dicho favor. Y eso incluye incluso cuando las consecuencias que estoy viviendo son el fruto de mi pecado. Dios odia aquello que yo hago que es pecaminoso, pero Dios odia igualmente las consecuencias que yo traigo sobre mí mismo. Y cuando nos ve en aflicción, ya sea porque la aflicción es algo que simplemente forma parte de este mundo caído o la aflicción es algo que yo he traído a mi vida como fruto de mi desobediencia, Dios en un momento dado se conduele, y entonces al condolerse eso se traduce en fidelidad y va en mi busca.

De nuevo, yo no estoy creando nuevas ideas o nuevas verdades. Eso está revelado por Dios. Escucha cómo Isaías 63:9 nos lo dice: "En todas sus angustias Él estuvo afligido." No importa si las angustias fueron, como ya te mencioné, de enfermedades o de plagas o de efectos de la naturaleza o de enfermedades, o más frecuentemente de su pecado. En todas sus angustias Él estuvo afligido. Escucha ahora la conexión, coma: "Y el ángel de su presencia los salvó; en su amor y en su compasión los redimió." Tienes el contexto: los redimió, los levantó y los sostuvo todos los días de antaño.

Dios vio al pueblo sufriendo consecuencias y Él se afligió. Eso fue exactamente lo que pasó después de cuatrocientos años en Egipto cuando Dios le aparece a Moisés. ¿Qué es lo que dice? "Yo he visto la aflicción de mi pueblo y he decidido redimirlos." Pero notaste el orden del texto que yo te leí de Isaías 63:9: primero Dios se afligió en sus angustias, entonces el ángel de su presencia fue en su ayuda y los salvó y los redimió y los levantó y luego los sostuvo todos los días de antaño. ¿Y por qué Dios hizo eso? Está en el texto: en su amor y compasión. Lo hizo en su amor, lo hizo en su compasión. En medio de la infidelidad, Dios continúa siendo fiel.

Hasta ahora lo que hemos visto es la demostración de la fidelidad de Dios en el Antiguo Testamento. Pero cuando tú llegas al Nuevo Testamento, hay más revelación de la misericordia y la fidelidad de Dios. En el Antiguo Testamento con el Nuevo, pero cuando tú llegas al Nuevo Testamento, cuando llegas a Pablo, la palabra pistis, que cuando él la usa para referirse a Dios le da una connotación especial y habla de algo que no puede ser anulado. En la descripción a Timoteo, en su segunda carta, en 2:13, se le dice a Timoteo: "Si somos infieles," y notó cómo Pablo se incluye en el plural, "si somos infieles, Él permanece fiel." ¿Por qué, Pablo? Porque Dios no puede negarse a sí mismo.

Dios no puede prometer algo y luego arrepentirse de lo que prometió. Dios no puede decirte que va a hacer algo y luego no hacerlo. Dios no puede, no es que no quiere, es que ni siquiera puede porque es Dios, decirte una verdad que luego Él quiera echar para atrás. Por eso Dios siempre ha sido fiel aun en la infidelidad.

Hermano, cuando tú y yo desobedecemos estamos poniendo a prueba la fidelidad de Dios a nosotros. Y yo diría que si hay una cualidad o un atributo de Dios que ha sido puesto a prueba y probado que es verdad, es precisamente la fidelidad de Dios. Porque cada vez que el pueblo hebreo fue infiel, eso me desvió... a Dios, y cada vez que tú y yo lo hacemos estamos poniendo a prueba si Dios es fiel o no cuando nosotros somos infieles. Y Dios permanece fiel, y cuando Él lo hace, Él ha revelado en su Palabra que lo hace por amor a sí mismo, por la gloria de su nombre, por la veracidad de su Palabra, por lo que ha pactado, por la fidelidad de Dios a ese pacto, no porque yo lo haya merecido.

Y eso es importante que tú y yo lo podamos ver, porque mientras más grande ves a Dios, mucho mejor le vas a amar. Y como más le vas a amar, le vas a obedecer mucho mejor, le vas a adorar mucho mejor, y tú vas a vivir de una manera mucho más libre en Él. Tu obediencia será más natural. Pero recuerda que el mensaje de hoy, todo eso es porque para hablarte de la fidelidad de Dios en un contexto particular, tú y yo necesitamos entender la fidelidad de Dios en su contexto general.

Entonces ahora yo quiero hablarte, mi segundo punto. Yo quiero hablarte de la fidelidad de Dios en medio del dolor y la tragedia. Y es ahí donde el libro de Lamentaciones nos provee un texto extraordinario para hablar de esta gran verdad. El libro de Lamentaciones lo dice su nombre, porque tiene cinco capítulos que pudieran ser llamados las cinco lamentaciones del profeta llorón, del profeta Jeremías.

Después de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, incluyendo el templo y el palacio —y la razón para que yo mencione esas dos cosas, la destrucción del templo y el palacio— es porque la costumbre de las fuerzas invasoras a una ciudad era destruirlo todo, quemarlo todo, pero asegurarse de que pudieran destruir el palacio, lo cual implicaba que reemplazaban al rey, y que destruyeran el templo, porque con eso nosotros hemos conquistado, hemos ganado la batalla sobre la divinidad que ellos tenían. Para lograr eso, en su paganismo, lo pensaban de esa manera.

Lamentaciones representa el funeral de una ciudad. Imagínate una ciudad, las ciudades han caído, bien, como si quieres, que ha muerto en su gran mayoría. La mayoría de las personas o han muerto o han sido llevadas al cautiverio, la mayoría de las edificaciones han sido destruidas o quemadas. Las actividades sociales cesaron, las actividades comerciales también, y que tú seas invitado a la funeraria a llorar la muerte de la ciudad de Dios llamada Jerusalén. Lamentaciones es el funeral de Jerusalén, escrito y llorado por el profeta Jeremías.

Pareciera extraño que alguien elija este tipo de narración para hablar de la fidelidad de Dios. Sería como más lógico usar Lamentaciones para hablar de la ira de Dios. Quizás se podría, porque no hay duda de que la ciudad fue destruida como consecuencia del juicio severo de Dios hacia los habitantes de una ciudad que rehusaron arrepentirse de su pecado. Pero al mismo tiempo yo diría que, teniendo la ira de Dios de trasfondo, la misericordia de Dios que sea o la fidelidad de Dios que sea proclamada con ese trasfondo de base, todavía hace a su fidelidad brillar mucho mejor, en medio de las peores circunstancias imaginables.

Y la verdad es que yo conozco la historia de esta destrucción. La revisamos los que hay aquí, ustedes que estudiaron conmigo, revisando Antiguo Testamento recientemente. Lo vimos, vimos el libro de Lamentaciones en detalles, y la conocí anteriormente porque había enseñado Antiguo Testamento no recuerdo, cinco, seis veces anteriormente. Pero una vez más meditando sobre esto, me permiten la palabra, experimenté como una náusea, un dolor espiritual, al imaginarme esta ciudad casi sin habitantes, destruida, quemada. No templo, no palacio, no nada. Y que Jeremías estuvo ahí antes, durante, después, y vio lo mismo antes, durante, después.

Jeremías pudo haber escrito las palabras del salmista cuando dijo: "Ríos de lágrimas vierten mis ojos porque ellos no guardan tu ley," Salmo 119:136. Jeremías vio violencia, injusticia, la corrupción de los jueces, la inmoralidad, los falsos profetas, el sacrificio de niños —que llamaron sus propios hijos— ofrecido a dioses paganos. Eso es mucho más de lo que tu mente y la mía pueden concebir como ofrenda de libación.

Jeremías vio lo peor de lo peor. Advirtió al pueblo de la severidad del juicio de Dios que vendría si no se arrepentía. Y el pueblo no solamente ignoró el mensaje, no solamente ignoró a Jeremías; lo persiguió y en un momento dado lo apresó y lo pusieron en la cárcel, en el patio del palacio. Y eventualmente encontraron un pozo que se había secado en el mismo patio, y con sogas lo bajaron. Al fondo del pozo no había agua y lo que había era lodo, y ahí se enterró Jeremías, dice el texto, Jeremías 38:6, el libro que lleva su nombre. La idea era que muriera de hambre, de sed, de debilidad. Eventualmente fue sacado de allí.

Jeremías vio la destrucción de la primera invasión de Nabucodonosor sobre el 605, la segunda en el 597, la tercera y última en el 586. Los ojos de Jeremías vieron la muerte de mucha gente, la crueldad de mucha gente contra mucha gente, y finalmente la destrucción material de la ciudad. Jeremías había llorado y vuelto a llorar, porque veía que sus compatriotas no guardaban la ley de Dios, cómo cometían todo tipo de inmoralidad, cómo engañaban al prójimo, cómo fornicaban y luego iban al templo y decían: "El templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor."

Jeremías entendía que todo lo que había ocurrido es el fruto de la ira de Dios. Las tropas babilónicas pudieron haber venido, Nabucodonosor pudo haber dado la orden, pero detrás del rey estaba la mano de Dios. Él claramente revela eso, tanto en su libro que lleva su nombre como en Lamentaciones, que Dios se está usando a estas tropas para traer su juicio.

Ahora escuchen. Déjame introducir el texto con unos versículos primero del mismo capítulo 3 de Lamentaciones, para que tú puedas ver una parte muy breve de lo que estoy diciendo. Escucha, Jeremías, versículo 1, Lamentaciones 3: "Yo soy el hombre que ha visto la aflicción." Él se identifica como el autor. ¿Cuál aflicción? "La aflicción a causa de la vara de su furor." El autor de este libro lo vio todo. Yo entiendo que lo que vi es debido al furor de la vara, o la vara de su furor.

Jeremías dice: a mí me tocó sufrir emocionalmente el juicio de este pueblo. "Él me ha llevado y me ha hecho andar en tinieblas y no en luz. Él, Dios, ciertamente contra mí ha vuelto y revuelto su mano todo el día. Él ha hecho que se consuman mi carne y mi piel." Imagínate cómo está el profeta. "Ha quebrado mis huesos, me ha sitiado y rodeado."

Jeremías entiende que todo lo que le ha acontecido al pueblo le ha acontecido por el furor de su ira, y yo estoy sufriendo las consecuencias del juicio de Dios, que a mí no me toca sino a ellos. Pero como yo estoy con el pueblo y soy el representante de Dios para el pueblo, a mí me ha tocado llevar sobre mis hombros, por lo menos emocionalmente y físicamente, me ha tocado llevar el juicio también.

Y lo que tú puedes ver es que la historia de Jeremías apunta al Mesías que había de venir. Porque cuando Él viniera, Él sería el mensajero de Dios para su pueblo, estaría con su pueblo, y estaría llevando de una forma superlativa, y en mayor grado obviamente que lo que a Jeremías le pudo pasar, el juicio de Dios que a Él, el Hijo de Dios, no le tocaba, que le tocaba al pueblo, pero que Él se había ofrecido para llevar los pecados sobre sus hombros, de manera que el juicio de Dios no tuviera que caer sobre aquellos que Dios estaba llamando a hacer parte de su familia. Y en eso tú puedes ver la fidelidad de Dios.

Es como si Dios se hubiese sentado allá en medio de la Trinidad, y hubiera dicho: "Hijo, mi ley ha sido pisoteada más de una vez, y mi ley necesita ser reivindicada, de manera que yo, en mi sentido de justicia, en mi juicio justo, justicia santa, necesito hacer algo para reivindicar mi nombre y la ley. Pero por otro lado, en mi compasión, yo no quiero enviar todas estas personas a la condenación, de manera que yo quisiera pedirte, si tú estarías dispuesto" —estoy construyendo como una historia— "si tú estarías dispuesto a ir, para que pueda erigir la cruz, y yo pueda entonces descargar mi ira sobre ti, de tal forma que yo pueda ser al mismo tiempo justo al castigar el pecado sobre ti, y al mismo tiempo el que justifica al pecador, de manera que ambas cosas puedan hacerse al mismo tiempo." Y eso dice Romanos 3:25-26. Y que el Hijo dijo: "Yo estoy dispuesto, yo estoy dispuesto a que tú puedas levantar tu santidad y al mismo tiempo expresar tu amor, tu gracia y misericordia a la gente que no la merece, y yo voy a llevar el juicio."

Bueno, Jeremías obviamente no podía hacer esa penitencia ni lo podía llevar de esa manera, pero él cargó con dolor un juicio que no le tocaba. Él vio con sus ojos y sufrió enormemente. Físicamente se quebraron sus huesos, por lo menos lo sintió. Su piel se secó y enflaqueció.

Escucha cómo él dice. Este es el texto de hoy: Lamentaciones 3:18-26. Este es el texto que va a hablar de la finalidad de los medios del dolor y en medio de la tragedia. Y como este es el texto de hoy, ahora sí que el tema me está comenzando, o sea que relájate, guarda tu reloj. Escucha Lamentaciones 3:18-26: "Digo pues: Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza que venía del Señor." Les parece que yo tenía no la tengo, la fuerza que me permitió llegar hasta hoy ya yo no la tengo tampoco. Versículo 19: "Acuérdate de mi aflicción y de mi vagar, del ajenjo y de la amargura." Ciertamente mi alma lo recuerda y se abate mi alma dentro de mí. Versículo 21, de repente como que Jeremías comienza a recapacitar en su reflexión: "Esto traigo a mi corazón." Vamos a volver ahí. "Por esto tengo esperanza." La esperanza está regresando. "Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades. Son nuevas cada mañana, grande es tu fidelidad. El Señor es mi porción, dice mi alma, por tanto en él espero. Bueno es el Señor para los que en él esperan, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor."

Uno de los pasajes más dolorosos, uno de los pasajes escritos en uno de los tiempos más dolorosos del pueblo de Dios. En medio de la tragedia está proclamando el pasaje la fidelidad de Dios, de tal manera que le llama "grande es tu fidelidad". Pero este es el profeta que ha llorado, este es el profeta que ha sufrido, este es el profeta que ha sufrido físicamente como te mencioné, emocionalmente, espiritualmente, de todas las maneras posibles.

Y Jeremías está pensando quizás: el pueblo pudo haberse ido cautivo a Babilonia, yo pude haber llorado y he llorado. De hecho no me quedan fuerzas, no me queda esperanza, me siento abatido. Tan abatido estoy que en el versículo 19 Jeremías le dice a Dios: "Acuérdate de mi aflicción y de mi vagar, del ajenjo y de la amargura." Es como que Jeremías tiene tiempo orándole a Dios: "Señor, mira mi aflicción, escúchame, detén esto, páralo, para estas tropas, para el dolor, para la destrucción, para las muertes." Y es como que nada está pasando. "Se abate mi alma dentro de mí." Mi espíritu tampoco tiene fuerza para seguir. Acuérdate de mi aflicción. Mi aflicción es grande, está llena de amargura. Mi alma lo recuerda. Es una palabra mayor, de parte de un profeta de Dios, y no de cualquier profeta.

Pero de repente hay un cambio del versículo 21 en adelante. Recuerda algo, que en la antigüedad, y sobre todo en este tipo de literatura, la gente no se sentaba realmente y escribía como hacemos nosotros en una computadora: para el corazón, después terminé y mando el email. De manera que nosotros no sabemos si Jeremías se detuvo ahí y volvió en horas de la tarde, o al otro día, o días después de reflexionar, y continuar escribiendo. Porque en el próximo versículo Jeremías comienza a recapacitar y a decir algo completamente diferente. Él acaba de decir que no tiene esperanza, no tiene fuerza, que su alma está abatida. Y de repente él comienza a pensar bíblicamente. Él comienza a traer verdad a su mente, que tú y yo necesitamos hacer cuando estás en mucha dificultad. Él comienza a hablarse, por así decirlo.

Escucha, ve el versículo 21: "Esto traigo a mi corazón." Si tú buscas la palabra corazón, traducida como corazón, en el hebreo vas a encontrar que también puede significar mente, y así es como la tienen algunas traducciones: "Esto traigo a mi mente." ¿Qué es lo que tú traes a tu mente? Pero antes de él decirme lo que trae a su mente, escucha lo que está haciendo esa verdad que le está trayendo a su mente: "Por esto tengo esperanza." ¿Por qué es que tú tienes esperanza, Jeremías? Por esto que estoy trayendo a mi mente. ¿Y qué es lo que traes? Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades. Son nuevas cada mañana, grande es tu fidelidad.

Y eso es importante. ¿Sabes por qué es importante? Fíjate lo que hizo: "Esto traigo a mi mente." Porque en medio de las crisis, independientemente de cuál tipo de crisis, nosotros nos hablamos mucho a nosotros mismos. ¿Tú nunca te has hablado a ti mismo durante crisis o dificultades? Porque si tú no lo has hecho, tú no eres normal. El problema es que nosotros nos hablamos muchas mentiras y comenzamos a pensar que Dios se olvidó de mí, que Dios no oye mi oración en serio. O sea, ¿el Dios que clavó a su Hijo por ti y él se olvidó de ti? ¿El Dios que te salió a buscar cuando tú eras su enemigo, ahora que tú eres su hijo él quisiera verte hundirte?

Y nosotros comenzamos a confiar en nosotros mismos porque nos creemos nuestras mentiras. Y comenzamos a maquinar y a manipular, tratamos de ocultar los hechos. Cuando nos resentimos y no perdonamos, comenzamos incluso a pensar en formas de vengarnos. O pensamos en cómo ganar o pelear la batalla, cómo terminar teniendo la razón.

Jeremías no hizo eso. Jeremías dice esto: "Yo traigo a mi mente..." ¿Qué es lo que va a traer? Tú tienes que hablarte verdad, hermano, cuando tú estás en dificultad, cuando tú estás en debilidad, cuando estás dudando de tu fe, cuando estás dudando de Dios. Tú tienes que hablarte verdad, tienes que decirle a tu alma como el salmista: "¿Por qué te abates, alma mía?" Tú tienes razón para sentirte de otra forma.

Jeremías comenzó a traer verdad a su mente, y cuando trajo verdad a su mente, ¿tú sabes qué pasó? El versículo 21 me dice: "Por eso tengo esperanza." Pero un versículo anterior me dijiste que se te había ido la esperanza. Sí, pero cuando recapacité, que una vez más no sé si fue en la tarde o al otro día o tres días después, cuando él continúa, ahora yo tengo esperanza. La esperanza ha regresado, yo he recordado cosas que antes había olvidado. ¿Y cuáles son esas cosas? Yo te las acabo de leer: que las misericordias del Señor jamás terminan.

El pueblo puede estar en cautiverio en Babilonia, el pueblo pudiera estar bajo juicio, Jerusalén puede estar destruido, pero yo recuerdo cuando el Señor se apareció a mí. Cuando estando yo en la cárcel me dijo: "Ve y compra un título de propiedad ahí en ese lugar donde ya está ocupado por tropas enemigas, como garantía de que yo voy a traer al pueblo otra vez, y que aquí en un momento futuro va a haber otra vez venta y compra de propiedades. De manera que haz eso ahora, cuando todavía el destierro no se ha dado. Que quede eso, guárdalo en un vaso especial para que no se destruya." Y Jeremías está recordando: "No, no, el Señor prometió, el Señor hará, el Señor cumplirá, el pueblo va a regresar en algún momento." Porque las misericordias del Señor jamás terminan, grande es su fidelidad.

Recuerda algo más. A través del sermón hemos hablado de que la fidelidad de Dios fluye de su propio ser, de su esencia, de su carácter benevolente, y que estas misericordias son nuevas cada mañana. Hermano, nosotros hemos leído y hemos cantado que el Señor renueva su misericordia todos los días, cada mañana, sobre nosotros. ¿Sabes por qué? Si el Señor tiene misericordia de mí hoy y no la renueva mañana, yo estoy en graves problemas, porque mañana yo voy a pecar. "Pastor, ¿y usted peca así?" Tú también. Y no poco, mucho. "Pero usted es más malo de lo que yo pensaba." Y tú también. Mucho peor. Pero al otro día Dios renueva su misericordia. Y por eso que Malaquías atrás se dice: "Por mis misericordias, porque yo no cambio, es que ustedes no han sido consumidos."

Y escucha cómo Jeremías ahora tiene una mente completamente diferente. Escucha, versículo 24: "El Señor es mi porción, dice mi alma." Por cierto, ¿no era el alma la que estaba abatida? Sí, estaba, pero ya no está. "El Señor es mi porción, dice mi alma. Por tanto, en él espero. Bueno es el Señor." Pero toda esa destrucción, ¿no la causó él? Sí, yo sé, pero eso es una ira santa. "Bueno es el Señor para los que en él esperan, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio." Déjame unos de hablarme mentiras, para en silencio. "Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor."

Mira, él reconoce su misericordia, dice: él es bueno, él es bueno. La persona que conoce a Dios no solamente confía en su fidelidad cuando está en dificultad. No, él además de confiar, él sabe esperar. Y sabe esperar también en silencio. No es que espera diciendo: "Yo estoy en un tiempo, yo estoy de una forma, yo estoy en un lugar, yo estoy de una manera, yo voy a esperar." No lo ves.

Ahora, en el tiempo que nos queda, mi tercera parte, déjame darte algunas aplicaciones prácticas de la fidelidad de Dios. Porque nosotros estamos en una carrera. El contexto del día de ayer nos estuvo recordando de la carrera, recordándonos la carrera y de cómo se corre esa carrera con los ojos puestos en el autor y consumador de nuestra fe. Pero déjame decirte algo acerca de la fidelidad de Dios, porque yo necesito esa fidelidad de Dios para correr bien y para terminar bien.

Hermano, Dios ha prometido que si verdaderamente tú iniciaste la carrera, eso implica que si de verdad naciste de nuevo, hay un condicional. Si de verdad naciste de nuevo, no hay manera, no hay forma de que no vayas a terminar la carrera. Porque Dios lo prometió. Filipenses 1:6: "Estoy convencido," dice Pablo, "precisamente de esto, que el que comenzó en ustedes la buena obra," ¿quién fue? El Espíritu de Dios que trajo tu nuevo nacimiento, "la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús." Si él la comenzó, él la va a terminar. Y si Dios te salió a buscar cuando todavía eras su enemigo, ahora que eres su hijo no te va a dejar perder. No hay manera, no hay forma de que eso pueda ocurrir. Él te llamó y él te va a esperar hasta que tú entres al hogar.

Escucha cómo el apóstol Pablo les escribe a los tesalonicenses afirmando la misma verdad en su primera carta, 5:24.

Fiel es aquel que los llama, el cual también lo hará. ¿Era qué cosa? Bueno, hará aquella cosa para la cual te llamó. ¿Y para qué me llamó? Para salvación. Y fiel es él, y como él no puede negarse a sí mismo, tú vas a entrar, hermano. Tú puedes contar con esa realidad, que tú te vas a encontrar con tu Redentor cara a cara, lo verás como él es y serás como él es en ese momento, porque fiel es el que te llamó.

Ahora, en esa carrera hay obstáculos, hay tentaciones suficientes para hacerte caer y que no vayas a llegar. Pero fiel es Dios. Primera de Corintios dice: "Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape a fin de que puedan resistirla." Dios mide el poder de atracción de esta tentación, mide la fuerza de resistencia de la obediencia de este hijo, y de él dice: "Esta tentación es más grande, no puede con ella", y la detiene. Y en otro momento Dios, después de medirla, dice: "Él puede con esto, le va a servir de entrenamiento", y permite que llegue. Y luego que llegue dice: "Pero también yo conozco a mis hijos, yo sé lo frágiles que son, le voy a dar una vía de escape."

De manera que Dios entiende que tú puedes con esta tentación, es parte de tu entrenamiento, y él quiere que llegue. De tal forma que si tú y yo caemos en la tentación, no es porque Dios ha sido infiel a su promesa, sino porque yo he sido infiel a mi llamado. Pero fiel es Dios, que no permitirá que ninguna tentación mayor de lo que tú puedas soportar pueda llegar a ti.

Número tres. Nosotros estamos en medio de una guerra espiritual de naturaleza cósmica, de dimensiones cósmicas, contra fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestiales. Pastor, eso es mala noticia. Bueno, es mala noticia si no tuviéramos la buena noticia. Y es que Pablo les escribe a los tesalonicenses en su segunda carta, en el capítulo 3 versículo 3, que el Señor es fiel y los fortalecerá a ustedes y los protegerá del maligno. Dios dice: "Yo voy a protegerte del maligno", y quiero darte algunas otras enseñanzas y evidencias de que yo estoy en esto.

Número uno: te voy a decir que la batalla en la que tú estás no se llama la batalla de Miguel; la batalla es del Señor. Y número dos: yo quiero que tú te vistas, pero la vestidura con la que te vas a vestir, ¿cómo se llama? La armadura de Dios. De manera que la batalla es del Señor, la armadura es del Señor, la victoria es del Señor, los hijos son del Señor, la Palabra es del Señor, mis armas no son carnales, son también del Señor. Y tú tienes la garantía porque yo te he equipado para que triunfes y conquistes en mi nombre, en mi poder y para mi gloria. Ve y echa la buena pelea. Ve y echa la buena batalla. Tú puedes.

Número cuatro. Hermanos, hay una realidad con la que tú y yo tenemos que vivir todos los días, y es que nosotros pecamos. Eso es cierto, más de lo que pensamos. Y entonces, por bien equipado que tú estés, tú pecas. Tanto pecas que Dios tiene que renovar su misericordia sobre ti todos los días. Eso es mala noticia, pero lo bueno nos dice, es que Primera de Juan 1:9 me dice que si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.

De manera que cada vez que tú pecas, ¿sabes lo que necesitas? Salir corriendo para donde Cristo, confesar tu pecado, pedir el arrepentimiento para que él te limpie de toda maldad y tú puedas continuar la carrera. Si tú me preguntas a mí que si yo he hecho eso, no, yo he hecho eso un montón de veces. "Pastor, pero está peor de lo que yo pensaba." No, si tú no lo haces, el que está mal eres tú. El que está bien es el que va corriendo donde Cristo continuamente y vive una vida de arrepentimiento, porque él ha prometido en su fidelidad y en su justicia que él va a perdonar mis pecados si hoy los confieso. De manera que eso es buena noticia: la fidelidad de Dios visitándome en la necesidad de mi perdón.

Y finalmente, hay una realidad más con la que tenemos que lidiar. Y es que en tu deseo de permanecer fiel a Dios, muchas veces te vas a quedar solo. A Cristo le tocó, a Pablo le tocó, porque mucha gente que está corriendo contigo lamentablemente va a preferir las mentiras de la serpiente en vez de la verdad de Dios. Y va a abrazar las ofertas del mundo en vez del compromiso con Dios. Y a la hora de la verdad estarás solo.

Pero no, no vas a estar solo. Dios prometió en Mateo 28: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo." Todos los días yo voy a estar contigo. Eso fue dado en el contexto de la gran comisión, y va dirigido a ustedes de esa manera personal. Y si esto no fuera suficiente, en Hebreos 13:5 me dice: "Nunca te dejaré ni te desampararé." Yo estaré contigo en toda circunstancia, en todo momento, en toda soledad. No importa cómo, no importa cuándo, no importa dónde, tú puedes contar con mi presencia. De tal forma que nunca estarás solo.

Hermano, no olvides: Dios está contigo. No importa quién no esté, pero si Dios no está contigo, entonces no importa quién esté. Pero si tú eres hijo de Dios, él siempre estará a tu lado. Siempre habrá uno más en la batalla, uno más entre las llamas, uno más sobre las aguas, uno más en un pozo, uno más en el desierto, uno más todo el tiempo: uno más, Cristo Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.

¡Padre, gracias! Porque ciertamente tú eres fiel. Tu Palabra lo afirma, lo dice, la historia redentora lo demuestra, mi vida es evidencia de eso, Dios. Yo lo sé, yo lo sé que Dios es fiel. Tú siempre has sido fiel y siempre lo serás. Tú nunca fallarás, tú nunca mentirás, tú nunca dejarás de hacer lo que has dicho que harás, tú nunca dejarás una promesa sin cumplir. Tú nunca me hablarás mentira, tú me dirás la verdad, porque tú eres verdad. Gracias, porque tu fidelidad está a favor de los tuyos. En Cristo Jesús y por sus méritos hemos predicado, orado, y ahora esperamos y cantaremos también, Señor. En tu nombre, sobre tu pueblo sean tus bendiciones. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.