Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios incomparable, YO SOY

Miguel Núñez 26 febrero, 2023

Cuando Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente, eligió darse a conocer primero como santo y luego con un nombre que encierra todo lo que Él es: "Yo soy el que soy". Detrás de esas palabras está lo que la teología llama la aseidad de Dios: su autoexistencia, su independencia absoluta, su eternidad sin principio ni fin. Dios no fue causado por nada ni necesita de nadie. Tiene vida en sí mismo, existe por sí mismo, y todo lo que Él es proviene de sí mismo. A lo largo de toda la eternidad, Dios no ha envejecido, no ha cambiado en sus atributos ni en sus propósitos, nunca tuvo un pensamiento que debiera corregir.

Este Dios es incomparable en su existencia, en sus atributos, en su obra y en su palabra. Creó doscientos billones de trillones de astros con solo hablar; sostiene el universo con el poder de su palabra. No mora en templos hechos por manos humanas ni puede ser contenido por su creación. A diferencia nuestra, que necesitamos sueño, alimento, amor y aprobación, Él vive completamente satisfecho en sí mismo. Cuando le damos algo —nuestra adoración, nuestra ofrenda, nuestra obediencia— solo le devolvemos lo que Él nos dio primero.

Su palabra es tan inmutable que ni una tilde dejará de cumplirse; primero desaparecerían el cielo y la tierra antes que sus propósitos fallaran. Ese es el Dios que envió a Moisés, el mismo que hoy nos llama hijos suyos y nos asegura con amor eterno. Conocer su incomparabilidad no es un ejercicio intelectual: es la base para temerle, confiar en Él y dejar de intentar cambiar su voluntad perfecta.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Qué buen día para estar en la casa del Señor! Es el día del Señor donde Dios quiere hablarle a su pueblo a través de su palabra para que le podamos conocer mucho mejor. Yo quiero pedirte que puedas abrir, y lo vas a dejar ahí abierto, el libro de Éxodo capítulo 3. En unos minutos vamos a estar llegando al texto de hoy, pero recordemos. Hay un instante que estuvieron aquí y los que no estuvieron trataré de conectarlos de alguna manera.

La semana anterior estuvimos hablando acerca de la santidad de Dios. Y dijimos que, de acuerdo a teólogos del pasado y algunos teólogos aún recientes, es el atributo de los atributos. Y en este contexto nosotros hablamos de que Dios no negocia su santidad y lo ha demostrado una y otra vez. Vimos cómo cuando Adán pecó, murió instantáneamente espiritualmente hablando, y años después físicamente, lo hablamos. Vimos de qué manera el adulterio de David produjo consecuencia sobre su descendencia, comenzando con la muerte del hijo de Betsabé.

Vimos en el Nuevo Testamento que cuando Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo, y subraya la palabra, ambos cayeron muertos al instante por una sola cosa, y es porque sus labios habían pronunciado una mentira. Y como Dios ha revelado en Proverbios 12:22, Él aborrece, y esa es la palabra, labios mentirosos. Y la palabra aborrecer ahí no es una palabra hiperbólica; esa es la manera como Dios habla o se refiere al pecado. Dios rechaza, odia, aborrece y juzga en su tiempo el pecado. Y recuerda que el pecado no es el ente, es el pecador.

Cuando el rey Uzías pecó contra la santidad de Dios en el templo del Señor al ofrecer sacrificio no autorizado, porque era rey, no sacerdote, se llenó de lepra. Cuando Miriam y Aarón también pecaron contra Dios al cuestionar al siervo del Señor, al siervo de la identidad, al siervo a quien Dios había ungido para ser su líder, también enfermó Miriam de lepra. Y dijimos una y otra vez, de forma repetitiva, a través de todo el mensaje, que acciones como esas, esas son solo unas ilustraciones, reflejan que Dios no negocia su santidad. La muerte de Adán, la muerte del segundo Adán en la cruz, la muerte de aquellos que hoy están en el infierno o mañana, muestran, ponen en evidencia claramente que ciertamente nuestro Dios no negocia dicha santidad.

A través del profeta, en Nahúm 1:3, el Señor reveló: "Ciertamente el Señor no dejará sin castigo al culpable, no tendrá por inocente al culpable."

Y al considerar todo lo que dijimos tras la semana anterior acerca de la santidad de Dios, yo voy a usar una frase de William Wilberforce en otro contexto completamente diferente, simplemente para ilustrar algo que quiero decir. William Wilberforce, antes de que el Parlamento inglés tomara el voto para ver si se abolía la esclavitud o no, dijo: "Puedes elegir mirar para el otro lado, pero jamás podrás decir que no lo sabías."

De esa misma forma, tú puedes haber escuchado el mensaje del domingo pasado, haber escuchado quizás otros mensajes. Después de haber leído en la misma Palabra acerca de esta santidad y cómo Dios la honra, podemos ignorar la santidad de Dios y su justicia, pero jamás podríamos decir que no lo sabíamos, que Dios no negocia su santidad.

Déjame de una vez, ya que he tratado de conectar con el mensaje de hoy: nosotros no tenemos idea de la pureza de la santidad de Dios ni de lo perverso de nuestro pecado. Dicho de otra forma, no tenemos idea de cuán moralmente puro Dios es ni cuán perversamente impuros nosotros somos. De hecho, si estuviéramos conscientes de ambas cosas, estaríamos de acuerdo con todos y cada uno de los juicios de Dios. Y si esa palabra perverso, perversamente, te suena como extrema, radical, la única razón es justamente que no tenemos idea de cuán oscuro nuestro pecado es. Era una palabra común y corriente en la época de los puritanos; era quizás la forma más común de ellos referirse, una de las formas más comunes para referirse al pecado. Nuestro Dios es moralmente puro en su esencia y completamente separado en su existencia.

Dado todo lo anterior y lo especial que ese Dios santo es, yo quise en el día de hoy, quiero en el día de hoy, que podamos hablar del Dios incomparable: Yo Soy. Recuerda: el Dios incomparable, Yo Soy.

Yo quiero usar dos versículos de la Palabra de Dios con los cuales debe estar familiarizada probablemente la mayoría de todos, porque esto es un versículo hablando de un momento cuando Moisés se encuentra con Dios en el desierto. Donde Moisés ve a la zarza arder, donde Dios le está hablando y Dios le dice: "Moisés, quítate las sandalias porque el lugar que tú estás pisando es tierra santa." Y ahí Dios entonces le da la encomienda de que regrese a Egipto y traiga su pueblo al desierto para adorarle, para que me sirvan, dependiendo de la traducción.

Moisés no está seguro; de hecho, está temeroso de volver allá. Y en su temor le dice, en el versículo 13 de Éxodo 3: "Si voy a los israelitas y les digo el Dios de tus padres me ha enviado a ustedes, tal vez me digan cuál es su nombre." El nombre en el contexto de los hebreos es vital. "¿Qué les responderé?" Dijo Dios a Moisés: "Yo Soy el que Soy." Y añadió: "Así dirás a los israelitas: Yo Soy me ha enviado a ustedes."

Cuando Dios comienza la revelación de su carácter y su persona en el libro de Génesis, lo primero que Él revela es su atributo de Creador: "En el principio Dios creó los cielos y la tierra." Cuando Dios comienza a revelarse a Moisés para convencerlo de que regrese a Egipto, el primer atributo que Él revela es su santidad: "Quítate las sandalias porque el terreno que estás pisando es tierra santa." Y así Moisés hizo. Pero el segundo atributo que Dios quiso revelarle a Moisés, después que le reveló su santidad, es este atributo que está detrás de su nombre: Yo Soy el que Soy.

La frase traducida de esa manera, "Yo Soy el que Soy," simplemente "Yo Soy," representa básicamente cuatro letras en el hebreo, cuatro consonantes, no vocales. De hecho, no se sabía bien cómo pronunciarla una vez que el tiempo había transcurrido. Pero como Dios había dado un mandamiento para proteger la integridad de su nombre, "no tomarás su nombre en vano," los hebreos tuvieron miedo de hacer cosas, de usar ese nombre de una manera que pudiera violentar ese tercer mandamiento. Y entonces comenzaron a sustituir el nombre Jehová, y son esas cuatro consonantes YHVH, por el nombre Adonai, o Elohim, o Hashem, que significa simplemente "el nombre."

En el transcurrir del tiempo entonces las vocales de Adonai o de Elohim comenzaron a pasar a estas cuatro consonantes, que le dieron cierta pronunciación. Y hoy se conoce en español como Yahvé o Jehová. Ese es el nombre personal de Dios. Los otros nombres: Adonai es el supremo Señor, El Elyon es el Dios Alto, Elohim es un nombre para Dios en general. Pero cuando Dios le dice a Moisés "Yo Soy," quizás esa frase en el hebreo, esa palabra, esas consonantes vienen, son derivadas de esta otra, hayah, que significa "ser." De ahí la traducción al español, y en inglés simplemente "I Am," Yo Soy.

La pregunta es: ¿qué estaba Dios revelando acerca de Él en su nombre? Porque eso es clave para todo el mensaje de hoy. Y en esencia los teólogos están de acuerdo en que Dios estaba revelándole a Moisés que Él es autoexistente. Que Dios es ese ser que incluso no puede dejar de existir. Él tiene vida en sí mismo. Él es eterno. Él es perfecto. Él es absoluto. Él es sin causa; nada lo ha causado, nada lo trajo a la vida. Independiente y por tanto sin necesidad.

Ese atributo de Dios, de ser autoexistente y el origen de todo lo demás, y de poseer el poder que sostiene todo, ha sido conocido, o es conocido en teología, como la aseidad de Dios, la aseidad de Dios. Y ese es el atributo que vamos a estar viendo: el atributo de un Dios que es autoexistente, autosuficiente y autodependiente.

La palabra aseidad viene de una palabra en latín que significa "de sí mismo." Todo lo que Dios es proviene de sí mismo. Todo lo que Dios hace proviene de sí mismo. Él existe por sí mismo desde la eternidad, sin ninguna necesidad, sin ninguna deficiencia, sin ninguna carencia.

Si todavía no tenemos claro lo que es la aseidad de Dios, déjame leerte esta definición de una de las fuentes consultadas. Yo creo que es una definición bastante completa. Y esta definición que te voy a leer, todo eso que Dios es, está detrás del nombre Yo Soy. Moisés, tú le vas a decir que el Dios que de esta manera es, te ha enviado.

La aseidad de Dios es su atributo de autoexistencia e independencia. Dios es la causa no causada, o la causa de las causas. El Creador no creado. Dios es eterno, no tuvo un comienzo, siempre ha sido. Dios es inmutable, siempre ha sido el mismo ayer, hoy y siempre; Él será lo que es para siempre. Todos los atributos de Dios, su amor, poder, sabiduría, etcétera, son eternos e invariables. Esos atributos son como siempre han sido y nunca serán diferentes. La aseidad de Dios nos asegura que su autonomía es absoluta; solo Él decide qué hacer y nada ni nadie puede frustrar su propósito de cumplir sus promesas. Lo que promete lo hará; lo que Él predice sucederá. Cuando Dios dice "mi consejo permanecerá y haré todo lo que quiero," Él está enfatizando su aseidad y su soberanía.

Hermanos, es con ese Dios que tú y yo nos relacionamos todos los días. Es a ese Dios a quien tú le oras. Es ese Dios que pide, demanda, exige que tú y yo honremos su nombre.

Nuestro Dios es incomparable, y es el título del mensaje de hoy: El Dios incomparable, Yo Soy. Nuestro Dios es incomparable en su existencia, es incomparable en sus atributos, es incomparable en su obra y es incomparable en su palabra. Para usar las palabras de George Swinnock, uno de los puritanos de los años de mil quinientos, él escribió un libro extenso que se llama "The Incomparableness of God," la incomparabilidad de Dios. Dios no es comparable a nada ni nadie.

De manera que yo quisiera iniciar hablando de lo incomparable que Dios es en su existencia, porque Él no tuvo comienzo ni tendrá fin.

A lo largo de toda la eternidad, y yo quiero que tú trates de visualizar todo esto, a lo largo de toda la eternidad, Dios no ha envejecido, no ha cambiado en sus atributos, no ha cambiado en su forma de pensar, nunca tuvo un pensamiento que lo haya tenido que cambiar. Lo que fue verdad en la eternidad pasada, lo es hoy y lo será en la eternidad futura. Dios no ha cambiado en sus emociones, como a ti y a mí nos pasa que hoy amas a alguien, mañana lo amas menos, que hoy amas a alguien y mañana lo odias. Dios no ha cambiado en su forma de sentir, ninguno de sus propósitos han cambiado desde la eternidad pasada, ni ninguno de sus planes. ¿Tú te imaginas que te pastorea un Dios así?

Dios ha carecido de necesidad a lo largo del tiempo. De hecho, eso fue exactamente lo que Pablo le dijo a los atenienses cuando él fue allá al Areópago y se encontró con filósofos, con los estoicos, con los epicúreos, no sé ya en español cómo se dice, pero con ellos mismos. Les dice: "Yo veo que ustedes tienen una cantidad enorme de dioses, entonces vamos a presentarles al único Dios". De hecho, Hechos 17:24-25: "El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas como si necesitara algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas".

Dios se presenta a los atenienses, a nuestro Dios, como Creador. Él hizo todas las cosas y todas las cosas que en él hay. Y de ese Creador, Pablo dice dos cosas: Él es Señor sobre todo lo creado, y no solamente Señor sobre todo lo creado, sino que ese Dios no puede ser contenido por lo creado, porque Él existe fuera de la creación. Siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas. Él no puede ser contenido.

Mira cómo Salomón en 1 Reyes 8:27 lo dice todavía mucho más claro: "Pero ¿morará verdaderamente Dios sobre la tierra? He aquí los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo he edificado". Este es un Dios completamente diferente a los ídolos que el mundo pagano, y hoy en día muchos tienen, que son puestos en un altar y que están contenidos en un lugar. Salomón dice: "No, Él no puede ser contenido". Esa es la infinidad de este Dios, un Dios que es infinito, un Dios que es eterno, un Dios que habita fuera del tiempo y del espacio.

En otras palabras, a Dios no se le puede estudiar a través de las ciencias, ¿sabes? Porque la ciencia existe para estudiar las leyes dentro del tiempo y del espacio, pero resulta que Él no vive ahí, Él habita fuera de ahí. Yo puedo estudiar lo que reveló, pero eso es otra cosa. El universo no existió siempre, mi hermano. Ni tampoco existió y luego apareció y tomó forma porque una fuerza impersonal le dio fuerza. No, el universo fue creado por la Palabra de Dios. Dios habló y el universo se creó.

Este Dios Creador, infinito y Señor sobre todo lo creado, es autosuficiente. Pablo lo dijo a los atenienses, escucha el versículo 25: "Ni es servido por manos de hombres como si necesitase algo". Dios no necesita nada, absolutamente nada. Tú y yo necesitamos todo: necesitamos sueño, necesitamos agua, necesitamos alimento, necesitamos descanso, necesitamos que alguien nos ame, necesitamos alguien para amar, necesitamos que nos llenen el tanque en nuestras emociones. Si nos rechazan, nos sentimos mal; si nos aprueban, nos sentimos bien. Dios no siente nada de eso. Él es perfecto en sí mismo, completo en sí mismo, satisfecho en sí mismo, no tiene necesidades, no necesita de nadie.

Mas cuando tú le das algo a Dios, como cuando tú lo amas, la única razón es porque Él te dio amor para que le puedas amar en retorno. "No, lo que pasa es que yo ofrendo mucho al Señor". Sí, pero ¿quién te dio la capacidad para hacer el dinero que tú le devuelves? Es algo. "Pastor, yo lo ofrecí cuando me hicieron así, era un bebé, uno me hicieron solo y lo dediqué al Señor". No, pero tú tienes un hijo que se lo estás dedicando al Señor porque Él te lo dio primero. Tú y yo nunca hemos llenado el tanque emocional de Dios, porque Él vive lleno, completamente lleno. Ahora, Él sí te llena a ti tu tanque emocional, eso es otra cosa.

Y cuando yo no tengo ese tanque emocional lleno, ¿sabes lo que hacemos, hermanos? Lamentablemente creyentes y no creyentes, pero lamentablemente creyentes que salimos del mundo acabados, si ustedes no oran, regresan a buscar en la temporalidad de esta vida y en la basura de este mundo las emociones que solamente Dios puede llenar. Dios depende de Él mismo, a diferencia de la criatura como tú y yo que dependemos de Él.

Entonces, cuando Dios se le reveló a Moisés, se lo reveló como un Dios santo y luego se lo reveló como un Dios autosuficiente, por eso dijo: "Yo soy". Cuando Cristo vino, Él quiso enseñarnos: "No hay diferencia entre el Padre y yo, el que me ha visto ha visto al Padre". Y esto es cómo lo dijo: "Antes de Abraham, yo soy". El Yo Soy del Antiguo Testamento es el Yo Soy del Nuevo Testamento. El Yo Soy que envió a Abraham, perdón, aunque envió a Moisés a Egipto, es el Yo Soy que está aquí entre ustedes.

Hermanos, nosotros venimos a adorar a Dios, pero Dios no necesita nuestra adoración, ni la de nosotros ni la de los ángeles. Nosotros necesitamos adorarle, porque en la intimidad de la adoración Él quiere devolvernos todo lo que Adán perdió. Pero Dios está satisfecho en sí mismo. El hermano no piensa: "Qué bueno, ayer obedecí a Dios", que Dios dijo: "¡Uuu, qué bueno, finalmente!" No, no, no. Dios no necesita nuestra obediencia, Dios no necesita tu obediencia. Dios no está en paz porque yo obedezco, yo estoy en paz cuando yo obedezco, esa es la diferencia. Y cuando yo desobedezco, Dios no sufre mi desobediencia, yo la sufro. ¿O no?

Desde el momento en que nosotros comenzamos a pensar que Dios necesita algo, estamos pensando en otro dios, pero no en el Dios de la Biblia. Y como no es el Dios de la Biblia, estamos pensando en un ídolo. Por eso es que a los dioses paganos se les pone comida. Quizás tú no lo crees, pero cuando yo era adolescente, yo hice una estupidez: yo me inscribí en un curso de meditación trascendental. Y cuando después ellos me dieron la instrucción, me dicen que en la próxima sesión lleve guineo y no sé qué otra cosa. Cuando yo llego allá, me dicen que es para presentárselo a esa divinidad. Más nunca volví. Quedó claro: si yo tengo que alimentar a ese dios, yo creo que yo soy su dios. Tu Dios no tiene necesidad, hermano. Dios es autosuficiente, autodependiente, porque Él tiene vida en sí mismo.

De hecho, Cristo lo enseñó en Juan 5:26: "Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le dio al Hijo el tener vida en sí mismo". Dios y solo Dios tiene el poder de existencia. Si hay algo que existe en el universo, eso que existe no solamente salió de Dios, pero eso que existe permanece en existencia porque el poder de Dios le da la permanencia de la existencia.

Ahora, como nuestro Dios no es un Dios egoísta y estaba tan satisfecho en sí mismo, Él decidió crear criaturas, hay algo de redundancia, hacer criaturas a su imagen y semejanza, como tú y yo, para darnos de lo que Él tiene en abundancia. Él le ha dado vida a todo. Mira cómo Colosenses 1:16 lo dice. Muchas de estas cosas ya las cantamos hoy, porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles. Lo que tú no ves y lo que tú ves fue creado por Dios. Ya sean tronos, dominios o poderes, cantamos eso unos minutos atrás, o autoridades, todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Lo cantamos también, y el pastor Luis no tenía el texto de mi mensaje. Parece que Dios se lo reveló, tenía el título: todo ha sido creado.

Imagínate, la célula más pequeña fue creada por Él, y de alguna manera fue creada para la gloria de Él. Pero tú me dices a mí: "¿Y cómo puede una célula ser para la gloria de Él?" Bueno, cuando el hombre de ciencia se pone a investigar esta célula y descubre que esta célula, para formar su membrana, necesita como treinta mecanismos para una membrana, para un organelo, él concluye: "Pero qué sabiduría detrás de esto, esto es extraordinario, fuera de serie". Dios le enseña a los sabios a través de células microscópicas. Imagínate a través del resto del universo.

El universo, ¿cuán grande es el universo? Para que nosotros tengamos la más mínima idea: el número mil tiene tres ceros, eso es fácil, ¿verdad? Diez mil tiene cuatro ceros, cien mil tiene cinco ceros, un millón tiene seis ceros, un billón tiene nueve ceros, un trillón tiene doce ceros. Pero estaba leyendo que la ciencia recientemente ha estimado que probablemente nosotros tenemos doscientos billones de trillones de astros en el universo. ¿Cuántos ceros son eso? Doscientos seguido por veintiún ceros. Tú ni sabes contar hasta ahí. Y la Palabra de Dios dice que Él abrió su boca y doscientos billones de trillones de astros se formaron y ocuparon su lugar y tomaron su tamaño y se distanciaron uno de otros para no chocar.

Todo fue creado por Él y para Él, tanto en el mundo físico como en el mundo espiritual: tronos, poderes, dominios. Todo ese universo fue creado por su Palabra y eso es sostenido por el poder de su Palabra de acuerdo a Hebreos 1:3. Las leyes de la física derivan su poder del Dios que existe. Si dejas caer algo aquí y se cayó por la fuerza de la gravedad, la fuerza de la gravedad existe porque hay alguien con el poder de existencia que le ha dado contenido, propósito y dirección a la fuerza de la gravedad.

No olvides Hechos 17:28, un poco más adelante de las palabras que Pablo había pronunciado. Dice que en Él vivimos, nos movemos y existimos. Hermanos, tú y yo no tenemos ninguna independencia. Eso fue el problema de Adán, que él quiso hacerse autónomo. No, Adán y el resto de la creación no puede ser autónoma. ¿Cómo podemos tú y yo querer ser autónomos si en Él nosotros vivimos, nos movemos y existimos? Compara eso con Dios, que existe por sí mismo, vive por sí mismo y se mueve de acuerdo consigo mismo.

Está hablando de dos seres, o déjame llamarle así, que están infinitamente separados en un sentido en cuanto a lo que somos. Cuando Dios le dice a Moisés, Moisés le dice: "Por cierto, ¿cuál es tu nombre?" Y Dios le dice: "Moisés, ¿te quieres saber mi nombre? ¿Y quién te manda? Dile que Yo Soy el que te está enviando." Yo no creo que Moisés entendió todo lo que Dios dijo, pero Dios estaba afirmando: "Dile que el Dios eterno, el Dios independiente de toda circunstancia externa, el Dios autónomo, el Dios creador, el Dios dador de vida, el Dios que ejerce su señorío sobre toda la creación y el Dios inmutable, que no puede ser afectado por nada, que Él era lo que Él es hoy y será lo que Él será en el futuro, en el mañana. Dile que ese Dios te está enviando." En serio.

Bueno, quiero ayudar a Moisés: se convirtió en serpiente, tú lo conoces, recógela, se convirtió en vara otra vez. Eso es Éxodo 3. Entonces, ¿cómo se llama la vara un poquito más adelante? La vara de Dios, no la vara de Moisés. Ya ves, aún en su nombre Dios es incomparable.

Es ese nombre, por todo lo que representa, que Dios dice: hónralo, obedécelo, santifícalo, escucha lo que Él dice, lo que Moisés le dice al pueblo. Han entrado a tierra prometida. En Deuteronomio 28:58: "Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro" —escucha ahora— "temiendo este nombre glorioso y temible: el Señor tu Dios." La palabra "Señor" ahí está toda en mayúscula, lo que implica que ahí el nombre que aparece es Jehová, Yahvé o Yahweh, tu Dios. Si tú no creces de una manera que puedas temer este nombre que es glorioso, vas a tener problema. El nombre es glorioso porque representa mi esencia, dice Dios, y el nombre es algo temible en dos sentidos: debo temerle en el sentido de reverenciarlo, de no usarlo en vano, de no pisotear lo que el nombre de Dios es con mi vivir. Y por otro lado es temible porque cuando le perdemos el respeto al nombre de Dios, le perdemos el temor a Dios.

Y como bien ha dicho Henry Blackaby en uno de esos libros que yo he mencionado otra vez, me parece que cuando tú le pierdes el temor a Dios, tú le pierdes el temor al pecado. Cuando tú le pierdes el temor al pecado, Dios se aleja de ti, aleja su presencia manifiesta. Pero el cristiano de quien Dios se ha alejado continúa yendo a la iglesia. Y como continúa yendo a la iglesia en sus actividades religiosas —todo esto es de Blackaby—, sus actividades religiosas le hacen creer, lo convencen de que Dios no se ha apartado de él. Y lamentablemente ese cristiano, o iglesia —y esto puede ocurrirle a la iglesia entera y a denominaciones—, esa iglesia o denominación crece contenta y satisfecha sin la presencia manifiesta de Dios, satisfecha. Y cuando llegan las consecuencias, quizás se percate de que hace mucho tiempo que su presencia manifiesta se había apartado. Es el Dios que protege su nombre. "Yo Soy": detrás de su nombre está la aseidad de Dios, la autoexistencia de Dios, la independencia de Dios.

Pero Dios no solamente es incomparable en su existencia. Dios es incomparable en sus atributos, dijimos en su obra y en su palabra. Veamos rápidamente cómo Dios es incomparable en sus atributos.

Bueno, solamente Él es santo e infinitamente santo, tanto que cuando Él ve el pecado, Él o se aleja o lo destruye. Y por eso es que en un momento Dios le dice: "Me voy a ir del escenario y yo te voy a enviar a un ángel por el pecado que el pueblo ha cometido, porque si sigo con ustedes los voy a destruir."

Solo Él es eterno e inmortal, vive fuera del tiempo y del espacio. La creación por definición es limitada, pero Dios vive fuera de eso. Y al mismo tiempo —esto es lo increíble— Dios, al mismo tiempo que Él vive fuera del tiempo y del espacio, su ser penetra toda la creación de tal manera que Él la conoce, la dirige, la controla y la sustenta. Ahí Él es incomparable también. Él es trascendente, mucho más allá de todo lo que existe, mucho más allá de toda concepción humana, pero al mismo tiempo Él es inmanente —no inminente, inmanente— Él es cercano a nosotros. Eso solamente lo puede hacer Dios; ahí también Él es incomparable.

Solo Dios tiene el poder —hablando de sus atributos todavía— de hacer todas esas cosas, hasta el punto que Dios puede llamar las cosas que no son como si fueran. El universo no era y en un momento dado lo llama y es. Y sobre todo, tiene el poder para dar vida, para hacer que las cosas lleguen a ser. Mira, Dios tiene poder para darte vida, Dios tiene el poder para quitarte la vida y tiene el poder para devolvértela en la resurrección. Tú puedes creer eso: te la da, te la quita y te la devuelve resucitándote. Eso es lo que Cristo dijo en Juan 5.

Pero no solamente es incomparable en su poder —estamos hablando de sus atributos— Él es incomparable en su omnisciencia. Escucha cómo el salmista, inspirado por Dios, en el Salmo 139, versículos 1 al 4, ¿cómo consigna la omnisciencia de Dios? "Oh Señor, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme." Tú no te acuerdas ya de qué lado de la cama te levantaste; Dios sí. "De lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso y conoces bien todos mis caminos. Aun antes de que haya palabra en mi boca, oh Señor, ya tú la sabes toda."

Él conoce todas las camas en las que yo he dormido, Él conoce todas las sillas en las que yo me he sentado, conoce incluso cómo me acosté y cómo me desperté y con quién. Eso puede ser intimidante. Él conoce mis pensamientos desde lejos, dice el salmista, de manera que cuando yo estoy meditando, Dios sabe lo que yo estoy meditando. Pero no solamente sabe lo que estoy meditando; cuando yo estoy tramando lo que no debiera, Dios también sabe cuál es la trama. Antes de que yo comience a hablar, ya Dios sabe lo que yo voy a decir, tanto lo que es santo como lo que es profano. Dios es incomparable en su omnisciencia.

Dios es incomparable en su omnipresencia. El salmista dice, versículo 7, Salmo 139: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás tú. Si en el Seol preparo mi lecho, allí tú estás." El Señor conoce cada lugar donde yo he estado y para dónde yo voy, dónde estaré, incluso en cada lugar cómo yo llegué ahí y cómo voy a llegar para donde quiero ir en un mes o en un año, en un día, en el tiempo que sea. ¿Qué clase de Dios es este? Incomparable.

Y no solamente Dios es incomparable en su poder, en su omnisciencia, en su omnipresencia, todo lo demás, en su infinitud, su eternidad; es incomparable en su amor, porque solamente Él puede tener un amor que es infinito, que es eterno y que es incondicional. Me ha amado: si Dios me ama hoy, en la eternidad pasada me amó igual. Y si me ama hoy, no sé si tú tienes la idea de que Dios te ama porque tú haces alguna cosa, o hiciste alguna cosa buena de alguna manera. No, no hay nada en la criatura que haga despertar el amor en Dios, nada, absolutamente nada.

Tú sabes que tu vecino tuvo un niño y si el niño es hermoso y un poco menos, si es tu hijo, tú y yo decimos también: "¡Wow, qué hermoso!" Y hay algo ahí que tú y yo decimos también, como que despierta en ti ciertas emociones. No hay nada, nosotros ninguno, nosotros no hicimos que Dios dijera: "¡Wow, qué hermoso!" Dios me ama porque Él me ama. El amor con el que Dios me ama sale de Él, se crea en Él, Él es la propia condición de su amor. Todo el amor de Dios tiene origen única y exclusivamente en Él mismo. Él es incomparable.

Todo lo que el mundo ha recibido, todo lo que tú has recibido, todo lo que yo he recibido, lo he recibido sin ningún mérito. "No, pastor, y yo me he esforzado." ¿Y quién te dio la fuerza para el esfuerzo? "Sí, yo levanté esta compañía." ¿Y quién te dio la inteligencia y la aptitud y los dones, los talentos, quizás los padres, quizás los recursos para que lo pudieras hacer? De manera que eso es una gracia incomparable. Él te da sin mérito alguno.

Él es incomparable en misericordia. Mira, a veces tú como pastor y demás, si tienes comunión con Dios, tú tienes que lidiar en tu mente con pecados del redil. Y eso, créeme, que no es fácil. Especialmente. Pero cuando yo pienso que Dios no solamente ha tolerado, pero en muchos casos ha perdonado trillones de trillones de pecados a miles y miles y millones de personas, ciertamente se requiere de una misericordia infinita para hacer tales cosas.

Dios es incomparable en su existencia, Dios es incomparable en sus atributos, Dios es incomparable en su obra. Para comenzar, Efesios 1:11 nos dice que Dios obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad. O sea, Dios nunca ha tenido un comité para decidir algo. Dios nunca ha convocado: "Vamos a hacer una reunión el jueves que viene a las 9 de la mañana para planificar algo." No, nunca. Él obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad. Nadie en el universo que no sea Dios puede obrar conforme a su propia voluntad.

La gente hace lo que hace y luego dice: "Lo hice porque me dio la gana." Y otros dicen: "No, yo estoy haciendo esto por obediencia." Déjame comenzar con la obediencia. Hermano, cuando tú obedeces a Dios, la motivación para obedecer viene de Dios, no pienses que viene de ti. Viene del Espíritu de Dios que mora en ti. Él es quien pone en ti el querer y el hacer. De manera que dale gracias a Dios porque tú obedeces.

Y entonces, cuando yo desobedezco —si eres cristiano— es porque no le hiciste caso al consejo del Espíritu. Y Dios, después de tratar de evitarte, de pararte y demás, ¿sabes lo que hizo? Pues haz como te dé la gana. Pero a manera de consejo y de advertencia: lo peor que a ti y a mí nos puede ocurrir es que Dios nos deje hacer lo que nos da la gana. ¿Por qué? Se implicaría que Dios te quitó el freno continuo que el Espíritu ejerce sobre nosotros y aun sobre el mundo, y te dio rienda suelta, y eso implicaría su propio juicio.

Dios es incomparable en la manera como obra para inducirnos a obedecer, y cómo no obra cuando Él ha decidido dejarte en tu desobediencia. Esa es la razón por la que Pablo dice en Romanos 11:33.

¿Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos? Pablo dice que no trates de entenderlo. Él mismo te ha dicho: "Tus caminos no son mis caminos, tus pensamientos no son mis pensamientos". Es que no son. ¿Tú pensaste que yo era igual que tú? ¿Que era tal como tú? El Salmo nos dice en cuenta uno: "Pensaste que era tal como tú". No.

Ahora, de una cosa puedes estar seguro: si es verdad que sus juicios son inescrutables, tú puedes estar seguro de que son justos, todos ellos son justos. El mismo Pablo, el mismo libro o carta de Romanos, el mismo capítulo, mismo contexto, Romanos 11:34, dice que nadie ha sido consejero de Dios. ¿Quién ha sido su consejero para ayudarle a obrar o a armar un plan? Nadie. Si Dios necesitara un consejero, un comité, ese consejero sería superior a él, en cuyo caso el consejero sería Dios. Y si Dios está por encima de todo consejero, ¿para qué va a tener una reunión con algún consejero?

Su sabiduría es superior, por eso él obra de manera independiente. No es que él es a la mala gana, no es que él es como sea, un tirano. No, no, no. Es que no hay nadie que piense mejor que él, más puro que él, con más amor que él, con más misericordia que él, con más gracia que él. ¿Para qué te voy a llamar, para que dañes mis planes? A la hora de obrar, Daniel 4:35 me informa que nadie puede estorbar sus planes ni cambiarlos. Son tan inmutables que son eternos. Él pensó esto en la eternidad pasada; lo que él se propuso en la eternidad pasada lo sigue llevando a cabo hoy y lo seguirá llevando a cabo hasta el final. Él está en su trono y él hace lo que le place, Salmos 115:3. Dios es incomparable en su obra.

Pero todavía dijimos algo más, y es que Dios es incomparable en su palabra. Cuando él habla, este autor teólogo John Frame, en su obra "La doctrina de la palabra de Dios", nos dice: "Cuando nos encontramos con Dios, nos encontramos con su palabra. No podemos encontrarnos con Dios sin su palabra o la palabra sin Dios. La palabra de Dios y su presencia personal son inseparables". Lo que Frame está expresando es que la palabra de Dios refleja lo que él es. El universo es sostenido por Dios, pero ¿sabes cómo lo dice Hebreos 1:3? Que es sostenido por el poder de su palabra, como si no hubiera diferencia.

Cuando nos habla de lo que la palabra hace, Hebreos 4:12 se dice que la palabra de Dios es viva y eficaz, es más cortante que toda espada de dos filos, penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Ahí Dios está personificando su palabra. Mi palabra discierne, pero es él quien discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, porque no puedes separar a Dios de su palabra. En la Nueva Versión Internacional, la palabra "eficaz" es traducida como "poderosa". Su palabra es poderosa.

Cuando Dios habló, creó todo el universo del cual te describí anteriormente. Y Dios habla y las cosas suceden; su palabra es poder para crear. Ahora, de nuevo, cuando estamos hablando del poder de la palabra de Dios, no estamos hablando de una fuerza como que Dios habló y el universo se formó y ahora las cosas no sabían qué hacer. No, estamos hablando de otra cosa: su palabra tiene contenido, tiene significado y tiene propósito.

Cuando Dios dice en Génesis 1:9 "júntense las aguas que están debajo de los cielos", las aguas no salieron corriendo y se formó un caos de agua sin saber qué iba a pasar. Ellas comenzaron a separarse para que lo seco apareciera y sabían dónde detenerse. Esto es una palabra con poder, pero esto es una palabra con contenido, con significado, con propósito. Cuando Dios dijo en Génesis 1:11 "produzca la tierra vegetación", los árboles no salieron corriendo pensando "¿a dónde nos vamos a plantar y a arraigarnos?". No, no, no. Ellos sabían dónde se iban a plantar y arraigarse, en qué terreno. Porque la palabra de Dios es incomparable en poder, en contenido, en significado, en propósito.

Cuando Dios dice en Génesis 1:14 "fórmense las lumbreras", el sol y la luna, el sol sabía de qué tamaño iba a aparecer y la luna también. Y a qué distancia, ahí van a estar. Cuando Dios habla, él suelta una palabra con poder, capaz de crear lo que él concibe en su mente. Entonces, esa es la mejor forma de pensarlo: Dios piensa algo, tiene un pensamiento, lo habla y así mismo se produce.

Esa es la razón por la que la palabra de Dios dice en el Antiguo Testamento. Dios dice en Isaías 55: "Mi palabra nunca regresa vacía sin lograr el propósito para la cual salió". Si digo que las lumbreras se creen, ella no va a regresar a mí vacía y no hay sol ni luna. No, no, eso no es una posibilidad. "Así será mi palabra que sale de mi boca".

Dios es incomparable en su existencia, en sus atributos, en su obra y ahora en su palabra. Dios habló: el caos cobró orden, la luz apareció, las aguas se separaron, la tierra produjo plantas y frutos, las aguas se llenaron de vida, la tierra produjo todo tipo de animales. Es una palabra con autoridad, no puedes desafiar su palabra. O no la puedes desafiar —ya me dije lo otra vez— no la puedes desafiar sin sufrir consecuencias. Nabucodonosor trató y perdió la razón por siete años. Su palabra es poder sin límites, tiene autoridad y poder sobre todo lo creado.

Su palabra es luz de acuerdo al Salmo 119, el versículo 105. Su palabra es verdad, es fiel, es pura, es verdadera, es justa, es segura de acuerdo al Salmo 119. La puedes seguir, y la razón por la que la puedes seguir es porque es verdad, es luz para guiarte, es verdadera, es justa, es perfecta, es pura. Esta palabra tiene profundidad para que un elefante nade en ella, para que sabios se pierdan en ella, y era suficientemente entendible como para que un Pedro y un Juan, hombres sin letras como dice Hechos 4, la lean, la entiendan, y después de ser sencillos se vuelvan sabios, como dice el Salmo 119, que la palabra de Dios hace sabio al sencillo. Estás viendo lo incomparable que es esta palabra.

La palabra de Dios tiene poder para calmar la tormenta, lo vimos en la vida de Jesús. Pero de repente el mismo Jesús se encuentra con un gadareno, un hombre endemoniado que tiene una legión de demonios, y la palabra tiene poder para expulsarlos a todos. Y al mismo tiempo la misma palabra que sale de Jesús, Dios, le dice a Lázaro: "¡Sal fuera!", y levantó el cadáver inmóvil y sin vida. La misma palabra que calmó la tormenta física, calmó la tormenta espiritual del gadareno, pero por otro lado tomó el cadáver inmóvil y sin vida y lo puso a caminar.

Su palabra es incomparable, es eterna. Lo que fue dicho en la eternidad puede ser repetido hoy. Su palabra es tan inmutable que ni una tilde de la ley dejará de ser cumplida. Más bien, dijo Jesús, es más fácil que el cielo y la tierra desaparezcan a que mi palabra no sea cumplida o mis propósitos no sean llevados a cabo.

¿Tú estás entendiendo qué Dios es al que tú y yo hemos sido llamados a servir y a pertenecer? Es un Dios tan, tan inmutable que Dios te dice: "Yo revelé cosas en esta palabra y yo te garantizo que ni una tilde, como ni un acento, va a dejar de acontecer lo que yo he dicho que acontecerá. Ni un acento. Pero te digo también que si fuera posible que lo que he dicho desapareciera, primero desaparece el cielo y la tierra antes de que eso pudiera ocurrir".

Si Moisés hubiese entendido todo lo que estaba detrás de ese "Yo Soy", no sigue haciendo preguntas. No hubiese dicho: "Es que yo no sé hablar". "Tú sabes lo que dije, lo dije. Moisés, ¿quién tú piensas que le dio al hombre la boca? ¿Quién tú crees que hace al mudo? ¿Quién tú crees que hace al sordo?" En otras palabras: "Moisés, todo lo que tú ves, yo me responsabilizo de todo lo que tú ves de alguna u otra manera. Es el Dios incomparable que te está enviando, es el Dios autoexistente, autodependiente, sin necesidad, sin carencia, es el Dios infinito, es el Dios eterno, es el Dios que nunca, nunca ha cambiado".

Y aquí estamos nosotros tratando de orar para cambiarle la voluntad a Dios. Pero tú me estás relajando. La única persona que supo cómo orar correctamente fue Jesús, porque conocía la inmutabilidad de la voluntad de la Trinidad y conocía la imposibilidad de que otra voluntad humana pudiera ser mejor o superior. Y es por eso que le dice: "Mira, Padre, aquí está mi humanidad —recuerda, Cristo tenía toda la naturaleza humana y una divina—, aquí está mi humanidad. Yo te pido que hagas pasar esta copa de mí, pero sabes que en mi otra naturaleza, que yo siempre he disfrutado y compartido contigo, yo sé, yo sé. Al final lo que tiene que pasar es que se haga tu voluntad y no la mía".

Porque Dios no puede cambiar su voluntad. De cambiarla, él no sería perfecto, porque hubiese tenido en mente una voluntad imperfecta que de repente, cuando tú le informaste en la oración: "¡Ay, Dios mío! Eso yo no sabía, eso que tú me acabas de decir voy a hacer esto entonces, en ese caso déjame cambiar lo que iba a hacer". No, eso somos tú y yo. De hecho, es una irreverencia. Quizá Dios lo tome simplemente como una ignorancia, pero es una irreverencia decirle a Dios: "Que se haga mi voluntad y no la tuya, no importa las cosas que hayan acontecido en mi vida".

Es algo que Sinclair Ferguson dijo y que el pastor Sugel citó no hace mucho aquí desde este púlpito: preocuparte por el día de mañana es pensar que Dios no lo hará bien, y la amargura por lo de ayer es pensar que Dios se equivocó en el día de ayer. Ni una cosa ni la otra.

Hermano, ¿estás sirviendo a un Dios incomparable? ¿Tú eres hijo de un Dios incomparable? ¿Tú estás asegurado por un Dios incomparable? Él te dio una palabra incomparable, infinitamente poderosa. Él puso su Espíritu Santo a morar en ti con el poder infinito para garantizar que tú llegues hasta la meta. Él te ha amado con amor eterno, con amor infinito, con amor incondicional. Ese mismo Dios te ha perdonado miles y millones de veces a lo largo de tu vida, ¿y todavía dudas de ese Dios extraordinario, autoexistente, que te da la vida y cuando te mueras te dice: "No te preocupes, que te voy a resucitar"?

Y después que, bueno, serás coheredero con mi Hijo, y después que vivirás la eternidad como coheredero de mi Hijo, y estaremos juntos por el resto del tiempo de existencia, que es para siempre.

Padre, gracias. Gracias porque tú eres un Dios incomparable. Gracias porque tú eres tan incomparable que tomaste un nombre, dos palabras en nuestro idioma, "Yo Soy", y le pusiste todo el significado que nos pasamos, nos tomó una hora poder desempacar y no terminamos. Hasta ahí tú eres incomparable. Y te damos gracias porque tú nos hablas, vuelves, nos hablas, nos revisas, nos edificas, nos corriges.

Yo te pido en esta mañana, Dios. Yo te pido, Señor, que conociéndonos como nosotros somos, que no se nos olvide después de escuchar todo lo que tu Palabra dice, y cortos nos quedamos. Que no vayamos a trivializarte en poco tiempo, y que el resto de este día, el resto de la semana, yo vuelva a pensar en la incomparabilidad, si pudiera usar esa palabra, de Dios, para honrar tu nombre, que tú ya eres glorioso y temible.

Señor, ayúdanos a cantarte ahora, y en vez de aplaudir, Dios, ayúdanos a cantarte todavía reflexionando, para que al cantar nosotros podamos todavía ser asombrados por lo que tú tengas que decirnos a través de la canción. Y ayúdanos a adorarte, porque esa capacidad para adorarte, tener intimidad contigo, ese tique viene y eres tú quien lo produce. En tu nombre, Jesús. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.