Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios justo y de ira santa

Miguel Núñez 21 mayo, 2023

La ira de Dios es quizás el atributo divino más rechazado tanto por creyentes como por incrédulos. Los incrédulos reaccionan con molestia; los creyentes, con una especie de vergüenza ajena, como queriendo disculpar a Dios. Sin embargo, cada atributo de Dios es igualmente santo y digno de la misma honra. Resulta paradójico que la sociedad se queje cuando los jueces terrenales no hacen justicia, pero se indigne cuando Dios aplica la justicia perfecta del cielo.

La santidad de Dios garantiza que él sea perfectamente justo. Nunca ha disciplinado a ninguno de sus hijos injustamente ni castigado a ningún incrédulo de manera injusta. La justicia de Dios es ese atributo que lo mueve a enderezar lo torcido, a rectificar lo que deshonra su nombre y destruye su diseño. Y la ira de Dios no es más que la aplicación de esa justicia: una reacción santa contra el pecado, por parte de un Dios justo que ha dado una ley sabia, violada múltiples veces por personas que han ignorado su revelación y hecho caso omiso a sus advertencias.

El relato de Génesis 18 ilustra esto con claridad. El pecado de Sodoma y Gomorra había llegado a tal gravedad que su clamor subió hasta Dios. Abraham intercedió, regateando desde cincuenta justos hasta diez, y Dios accedió a cada petición. Pero no había ni diez justos en ambas ciudades. La única vez en la historia que el justo fue tratado igual que el impío fue en el Calvario, cuando Cristo voluntariamente cargó con nuestro pecado y recibió la ira que nosotros merecíamos. Esa cruz revela tanto la severidad de la justicia divina como la profundidad de su amor.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

De antemano, de entrada, yo quisiera decir que yo no sé si ha habido en mi pasado algún otro mensaje. Quizás lo ha habido, y diría que sean dos o tres anteriores, pero que pueda recordar así de una manera vívida, que yo haya transitado con más cuidado que este mensaje. Y lo menciono por razones que serán obvias a medida que lo desarrollamos. Pero en el día de hoy vamos a estar explorando un par de atributos de Dios, y de esos dos, de uno de ellos, que yo considero el más rechazado por creyentes y no creyentes.

Los incrédulos, este atributo tiende a producir una especie de ira y hasta molestia, ya sea encontrada de Dios o encontrada de aquellos de nosotros que nos atrevemos a hablar de estos atributos. En los creyentes la reacción es distinta, pero no muy lejos de ella, y es que tiende a haber como un sentido de vergüenza ajena, y tratamos como de excusar a Dios cuando hablamos de esta perfección de Dios, que es como también se llaman sus atributos. Y nosotros preferimos la mayoría de las veces no hablar de este atributo, a menos que seamos forzados. Y de hecho John Frame, uno de nuestros teólogos contemporáneos de teología sistemática, de sí, me incluía a mí, reconociendo cómo nosotros preferimos hablar de los demás atributos de Dios que no tienen que ver con esto. Aquellos que nosotros entendemos que nos bendicen y que este no lo hace.

Yo diría que hablando de los atributos que hemos venido recorriendo a lo largo de los últimos meses, yo diría que el atributo más mencionado entre creyentes e incrédulos es el amor de Dios. Y ese amor de Dios es con frecuencia recordado con facilidad, pero frecuentemente no es correspondido. Eso es lo increíble: lo recordamos todo el tiempo, pero no lo correspondemos.

Igualmente diría que el atributo más abusado de todos los atributos de Dios es su gracia. Y no podemos olvidar que podemos abusar de ese atributo, porque tarde o temprano el abuso de la gracia despertará la ira de Dios.

Y pienso que el atributo de Dios más frecuentemente creído como merecido es su misericordia. Y yo creo que ahí tenemos un grave error, porque la misericordia de Dios no es algo que debiéramos esperar. Más bien es algo no merecido que Dios exhibe de vez en cuando como parte de su carácter. Bueno, yo diría que Dios exhibe con frecuencia como parte de su carácter, pero no es algo con lo que yo debiera contar, porque Dios no le debe misericordia a nadie. Debemos pedirla, debemos desearla y esperar para ver si Dios se complace en dármela.

Pero finalmente yo creo que el atributo de Dios menos apreciado y más rechazado, sin lugar a dudas, es su ira, que no es más que un reflejo o la aplicación de su justicia. Y queremos hablar de ambas cosas. Pero tenemos que recordar que cada atributo de Dios es igualmente santo y digno de la misma honra y del mismo recordatorio, y que cada uno de los atributos de Dios, cuando es pensado de manera cuidadosa, termina bendiciendo a sus hijos.

A mí me llama la atención cómo la sociedad en cualquier país se queja cuando los jueces de la tierra no hacen justicia en los tribunales, pero no quieren hablar y hasta se quejan y ya hasta consideran a Dios de injusto cuando él aplica la justicia perfecta del Dios del cielo y de la tierra. Días pasados publiqué algo en uno de mis tweets y alguien respondió con una mala palabra que no voy a mencionar: "Tal cosa, cómo ese Dios suyo siempre está airado", y dijo más cosas.

La razón por la que nosotros nos airamos cuando los jueces del mundo no hacen justicia en los tribunales es porque tenemos un sentido interno de justicia, porque somos portadores de la imagen de Dios y entendemos que hay cosas torcidas que merecen una paga. Por ese sentido de justicia que nosotros tenemos, vislumbramos mucho del sentido de justicia de Dios. La santidad de Dios es la que garantiza que Dios sea justo y perfectamente justo.

Hermano, yo no sé si tú alguna vez te has sentido disciplinado por Dios, pero déjame recordarte: Dios nunca ha disciplinado a ninguno de sus hijos injustamente, ni ha castigado a ningún incrédulo de manera injusta. Eso no va a ocurrir. La santidad de Dios hace que Dios reaccione contra el pecado, es verdad, pero después de haber agotado, si pudiéramos decirlo, la paciencia de Dios.

Ahora, déjame decirte lo que sí ocurre con frecuencia: es que no recibamos la disciplina, o el castigo en el caso verdadero de los incrédulos, que nosotros verdaderamente merecemos, porque Dios filtra su ira continuamente a través de su gracia y su misericordia. A nosotros se nos olvida que la regla de juego al momento de la creación fue: "El día que peques, morirás". Tú pecas una vez y tú mueres, y eso nunca ha ocurrido. El hombre peca, igual vive; peca, igual vive; peca, y las personas no mueren. Llega el momento en que mueren, pero ya han cometido, o hemos cometido, miles y miles y miles de pecados. De manera que ciertamente la ira de Dios es lenta. Él es lento para la ira y abundante en misericordia.

Y habiendo introducido mi tema, déjame decirte el título que seleccioné para este día: "El Dios justo y de ira santa". Y vamos a hablar de ambas cosas.

Vamos a hablar de la justicia de Dios primero. Cuando hablamos de que Dios es justo, estamos reconociendo que Dios tiene un discernimiento perfecto entre lo bueno y lo malo. Por tanto, él va a estar inclinado, no obligado, él va a estar inclinado a recompensar las acciones buenas. Esa es una inclinación, no tiene obligación, pero está inclinado en esa dirección. Pero al mismo tiempo está inclinado a castigar el pecado de los seres humanos. La obediencia es recompensada por la misma razón que la desobediencia es castigada, y es que Dios es justo. Por eso él recompensa al obediente y castiga o disciplina al pecador.

Bien reconoció David después de su pecado con Betsabé y contra Urías, en el Salmo 51:4: "Eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas". Cuando me mandaste a decir todo lo que me mandaste a decir con Natán, yo sabía que tus palabras eran justas, y cuando comencé a escuchar acerca del juicio que venía, yo sabía que tus juicios son sin reproche. Por eso: "Ten piedad de mí, oh Dios, ten misericordia de mí", fue el inicio del salmo de David.

La justicia de Dios es la plomada. Tú conoces la plomada, ¿verdad? Que se usaba con frecuencia. No sé si es algo hoy en día, probablemente en algún lugar donde no tengamos instrumentos más sofisticados la plomada sigue siendo ese instrumento que juzga lo torcido. Esa es la justicia de Dios. Pero la justicia de Dios es ese atributo que lo mueve a enderezar lo que está torcido; no lo puede dejar así.

Por si tú no lo habías meditado antes, el amor y la justicia de Dios fueron responsables de llevar a Cristo a la cruz al mismo tiempo. El amor lo movió a dar su vida por personas que el Padre había elegido en la eternidad pasada. Pero resulta que la justicia de Dios no estaba dispuesta, esa es la palabra, a perdonar a pecadores sin que alguien pagara por lo que se había hecho, lo que se había dañado. Es como nuestro refrán mexicano: "El que la hace, la paga". Entonces vamos a perdonar a pecadores, pero no sin antes que alguien pague por el pecador.

Definimos la justicia de Dios como el discernimiento perfecto entre lo bueno y lo malo, como ya dijimos, y la necesidad de rectificar lo torcido. Escucha ahora: que deshonra a Dios y destruye su creación y su diseño. El pecado no es simplemente una transgresión del límite; es algo que deshonra a Dios y que destruye su diseño.

Por tanto, la ira de Dios ahora es la reacción. Te lo voy a leer con cuidado. Te decía que yo creo que este es un mensaje que yo he preparado con más cautela. Es la reacción santa, la ira de Dios, en contra del pecado, por parte de un Dios justo que nos ha dado una ley sabia que ha sido violada múltiples veces por personas que han ignorado su revelación y han hecho caso omiso a sus múltiples advertencias.

Déjame decirles otra vez, para aquellos de nosotros que somos más lentos. A ver, bien, Dios: sí. La ira de Dios es la reacción santa en contra del pecado, por parte de un Dios justo que nos ha dado una ley sabia que ha sido violada múltiples veces por personas que han ignorado su revelación y que han hecho caso omiso a sus múltiples advertencias.

Yo creo que eso es una buena introducción al pasaje del día de hoy. Es un pasaje conocido, diría, por la mayoría de ustedes, que sea más conocido para algunos que para otros. Estamos en el libro de Génesis capítulo 18. Vamos a comenzar leyendo a partir del versículo 20 y luego te doy un poco más de contexto.

"Después el Señor dijo: El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí; y si no, lo sabré. Entonces los hombres se apartaron de allí", luego te explico quiénes eran, "y fueron hacia Sodoma, mientras Abraham estaba todavía de pie delante del Señor. Y Abraham se acercó al Señor y dijo: ¿En verdad destruirás al justo junto con el impío? Tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿En verdad la destruirás y no perdonarás el lugar por amor a los cincuenta justos que hay en ella? Lejos de ti hacer tal cosa, matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera."

Abraham había perdido la cabeza, porque es una imposibilidad del Dios del cielo y la tierra.

Lejos de ti. El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia? Entonces el Señor le respondió: Si hallo en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por consideración a ellos. Y Abraham respondió: Ahora que me he atrevido a hablar al Señor, yo sé que soy polvo y ceniza. Tal vez falten cinco para los cincuenta justos, ¿destruirás por los cinco a toda la ciudad? No, Abraham, no por los cinco. Por los cuarenta y cinco no la destruiré. Y el Señor respondió: No lo destruiré si hallo allí cuarenta y cinco.

Abraham le habló de nuevo: Tal vez se hallen allí cuarenta. Y el Señor respondió: No lo haré por consideración a los cuarenta. Entonces Abraham dijo: No se enoje ahora el Señor, yo he sido de atrevido y hablaré. Tal vez se hallen allí treinta. No lo haré si hallo allí treinta, respondió el Señor. Y Abraham dijo: Ahora que me he atrevido a hablar al Señor, tal vez se hallen veinte. Y respondió: No lo destruiré por consideración a los veinte. La verdad que Dios es lento para la ira.

Entonces Abraham dijo: No se enoje ahora el Señor y hablaré solo esta vez, tal vez la última vez. No te digo más, no sigo regateando después de esto. Tal vez se hallen allí diez. No la destruiré por consideración a los diez, respondió el Señor. Tan pronto como acabó de hablar con Abraham, el Señor se fue y Abraham volvió a su lugar.

Ese relato comienza en el versículo 1. Obviamente, en el versículo 1 del capítulo 18 leemos que el Señor, el Señor mismo, se le apareció a Abraham. Pero el Señor vino acompañado de dos seres angelicales. Eran tres los visitantes y Abraham estaba sentado en la puerta de su casa. Y el Señor dice en el texto que Él vino a revelarle a Abraham. De hecho lo pone como una pregunta: ¿No le revelaré yo a Abraham lo que voy a hacer? Más adelante nosotros leemos en los profetas que el Señor nunca ha hecho nada sin revelarlo a sus siervos los profetas. Como que el Señor primero avisa. Entonces le habíamos de hablar con Abraham, fue y habló con Abraham. Entonces le dijo a Abraham lo que Él pensaba hacer.

Nosotros no tenemos los detalles de toda la conversación, porque en el texto tú lees que Abraham le dio instrucciones a su esposa para que preparara algo de comer. Y no fue como preparar una merienda. Le dijo probablemente a través de los criados que fueran a matar un cordero, y ellos se sentaron ahí a conversar. Pero a través de la conversación, Abraham entendió perfectamente lo que Dios estaba a punto de hacer.

Entonces, con ese texto y ese contexto presentado, yo quisiera que hablemos de varias cosas. En primer lugar, de la gravedad del pecado de Sodoma y Gomorra. Versículo 20 y 21: Y el Señor dijo a Abraham, el clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande y su pecado es sumamente grave. Descenderé ahora y veré si han hecho en todo conforme a su clamor, el cual ha llegado hasta mí, y si no, lo sabré.

El clamor que ha subido no es el clamor de gente que está siendo oprimida por otros. No, es el clamor del pecado. El pecado como que grita, por así decirlo, y Dios ha escuchado esto. Y eso es una expresión, el clamor de estas ciudades, el sentido detrás de esta frase "ha subido hasta mí", que se repite a lo largo de la revelación de Dios.

Desde temprano, cuando tú inicias leyendo el libro del Génesis, tú lees que después que Caín mató a Abel, Dios se le apareció a Caín y esto es lo que dice el texto de Génesis: La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Es como si el homicidio hubiese clamado a Dios, llega a mí desde la tierra, y entonces Dios juzgó a Caín.

Cuando los israelitas descendieron a Egipto, eran los hijos de Jacob y sus hijos. Setenta de ellos fueron recibidos por su hermano José y el faraón de ese entonces les dio un buen trato. Pero en algún momento subió otro rey, otro faraón que no conocía de José, no sabía nada de lo que había pasado anteriormente, y comenzó a oprimir a los israelitas. Escucha lo que en el libro de Éxodo se nos dice, capítulo 2: Que el clamor de los israelitas subió a Dios a causa de su servidumbre. Yo los escuché, y Dios juzgó a la nación de Egipto trayendo diez plagas, la última de las cuales terminó liberando a los israelitas de la esclavitud.

Hermano, nosotros leemos de eso y nos parece bien, porque ninguno de nosotros queremos un gobierno que pase por alto, que sea indiferente a las transgresiones de los hombres. Pues si no lo queremos de un gobierno terrenal, mucho menos queremos un juez celestial que ignore, que se haga de la vista gorda ante las transgresiones de los hombres. Pero lamentablemente, la manera como nosotros concebimos a ese juez es que nos parece bien cuando Él juzga las acciones de otros, pero no las mías.

Pero algo que la Biblia revela es que Dios no ignora el pecado de los hombres, pero al mismo tiempo Él no es indiferente al clamor de los oprimidos. Es como si el pecado de los hombres produjera un ruido en los cielos que mueve a Dios a rectificar lo mal hecho. En ese texto se nos dice que el pecado de Sodoma y Gomorra era grande y sumamente grave.

Los dos seres angelicales que acompañaron al Señor comenzaron a moverse a Sodoma para rescatar a Lot, su esposa y las dos hijas. Ahí se les dio instrucción de que no miraran hacia atrás. Lamentablemente, como las desobediencias pagan un precio, la esposa de Lot miró hacia atrás y quedó convertida en columna de sal.

Pero se nos dice, y eso nos da una idea de qué grande y qué grave era el pecado de estas dos ciudades, que cuando estos dos visitantes llegaron a la casa de Lot, pues vinieron los hombres de las ciudades desde el mayor hasta el menor, le tocaron la puerta y le pidieron que dejara salir a estos dos visitantes para ellos tener relaciones con ellos. En Sodoma y Gomorra no había sentido de vergüenza, no había sentido de culpa, no había sentido de pudor, no había valor por la vida o por la dignidad humana, no había dominio propio. En fin, no había la más mínima condición para que ellos pudieran establecer la diferencia entre lo sagrado y lo profano.

Y esta no es la primera vez que se nos habla del pecado de Sodoma y Gomorra. Cinco capítulos antes, en Génesis 13:13, se nos dice que los hombres de Sodoma eran malos y pecadores en gran manera contra el Señor. Era una afrenta para Dios, malos y pecadores en gran manera, un vocablo similar. Entonces ya vimos la gravedad del pecado de Sodoma y Gomorra. Cuando tú avanzas en la revelación de Dios y llegas a Ezequiel, capítulo 16, y eso lo vamos a leer más adelante, todavía se nos trae más luz acerca del pecado de estas dos ciudades.

Veamos ahora, como segundo punto de enseñanza, la intercesión de Abraham. Como tú podrías suponer, cuando Abraham oyó el anuncio de la manera como Dios pensaba hacer justicia con estas ciudades, se sintió sorprendido. Y él comienza a interceder por sus habitantes, una intercesión bondadosa. Pero el lenguaje, la implicación detrás de su intercesión, era completamente pecaminosa.

Abraham comienza con una simple pregunta: ¿En verdad destruirás al justo junto con el impío? Abraham definitivamente no conocía el carácter de la persona con quien él estaba hablando. Escucha cómo él continúa, versículo 25: Lejos de ti hacer tal cosa, matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera. Lejos de ti. El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?

Amados, la muerte del justo junto con el impío, como pago igualitario, ocurrió una sola vez y ocurrirá una sola vez en toda la historia de la humanidad, y hace dos mil años de eso. Cuando el Hijo de Dios, el Justo, fue a la cruz y tomó tu lugar y el mío, y allí fue clavado entre dos ladrones. Ahí el justo y el impío fueron muertos como pago igualitario por el pecado: los dos ladrones por el suyo, y el que estaba en la cruz del medio, por el tuyo y el mío. La única vez que el justo y el impío fueron tratados de la misma manera fue en el Calvario.

Pero en esa ocasión fue justo que así ocurriera. La única ocasión, y fue justo que así ocurriera, porque el Justo voluntariamente se ofreció, accedió para cargar con tu pecado y el mío, y por consiguiente en ese momento es cuando Él es digno de recibir la ira de Dios. Y por eso es que el apóstol Pablo nos dice en Segunda de Corintios 5:21: Aquel que no conoció pecado fue hecho pecado. Ahí está el intercambio glorioso, misterioso, para que nosotros pudiéramos llegar a ser justicia de Dios en Él. Mis pecados imputados, cargados a la cuenta de Cristo; su rectitud cargada a mi cuenta.

El problema de Abraham es el problema tuyo y el problema mío. Pero, usando las palabras de R.C. Sproul, nosotros no sabemos quién Dios es y no sabemos quiénes nosotros somos. Como nosotros no sabemos quién Dios es y como nosotros no sabemos quiénes nosotros somos, nosotros tendemos a pensar que la justicia de Dios es muy severa. Severa, ¿cuántos miles de veces tú y yo hemos pecado y todavía tenemos vida? ¿No recuerdas la regla de juego? Pecas una vez y tú mueres.

Y encontramos entonces en el texto de hoy al pecador Abraham intercediendo y casi reprendiendo a Dios. Entonces escucha: Lejos de ti. El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia? A Abraham le faltó poco por decir: Arrepiéntete, oh Dios, que el reino de Abraham está cerca. Abraham no conocía a Dios igual que nosotros, y no nos conocemos a nosotros mismos, ni Abraham tampoco.

Cuando decimos que Dios es justo cuando juzga, nosotros estamos enseñando número uno: que los juicios de Dios son equitativos, no caprichosos, y son imparciales. Número dos: que Dios retribuye a cada uno conforme a lo que cada quien merece, en esta vida o en la venidera. Eso está en la Palabra. Segunda de Corintios 5:10: Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo. En esta vida o en la próxima, cada cual será recompensado por lo que hayamos hecho en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

Además, cuando decimos que Dios es justo, estamos enseñando, número tres, que Dios no juzga a nadie emocionalmente. Nunca lo ha hecho, no puede, Él es Dios, es perfecto. Y Dios no pasa por alto, número cuatro, las injusticias de los otros. De hecho, el apóstol Pablo escribió a los colosenses, en el capítulo tres, versículo veinticinco, dice: "Porque el que procede con injusticia sufrirá las consecuencias del mal que ha cometido." Y eso sin acepción de personas. Otra vez, es como el que le hace la paga.

Abraham estaba conversando con Dios y entendió que estaba a punto de juzgar el pecado de Sodoma y Gomorra. Lo que estamos viendo es la intercesión de Abraham. Escucha: "Otra vez, tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad, ¿en verdad la destruirás y no perdonarás el lugar por amor a los cincuenta justos que hay en ella?" El Señor dijo: "Si hay en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por consideración a ellos." Y si son cuarenta y cinco, Dios respondió: "No lo haré por consideración a los cuarenta y cinco." Y si son cuarenta y treinta, no lo haré. Y si son veinte, no lo haré. Y si son diez, no lo haré.

Con eso Dios estaba poniendo de manifiesto, y creo que Abraham lo entendió finalmente, la razón del anuncio de la destrucción completa de las dos ciudades fue que no había un solo hombre justo en dos ciudades. En manos de eso, Dios está increíblemente misericordioso, que por el sacrificio de un solo hombre los muchos fueron perdonados. Millones de personas han sido perdonadas por el sacrificio de un solo hombre cuyo nombre es Jesús. Bien dijo el salmista en el Salmo 116:5: "Clemente y justo es el Señor. Sí, compasivo es nuestro Dios."

Lidiando con el ser humano, Dios aplica su bondad, Dios aplica su misericordia, Dios aplica su paciencia, pero cuando ese hombre no se arrepiente, a Dios no le queda otra cosa que aplicar su justicia. Vimos ahora la intercesión de Abraham. Si sigues leyendo en el libro de Génesis, capítulo diecinueve, te encontrarás que al día siguiente llovió fuego y azufre sobre ambas ciudades. Dios hizo llover tal cosa sobre ellas.

La lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra es la expresión de la ira de Dios. Dicho de otra manera, es la aplicación de la justicia de Dios. La justicia de Dios sopesa lo bueno y lo malo, sopesa la gravedad del pecado, el tiempo en que el pecado había persistido, y en el momento de aplicar su justicia, Dios lo hace y ahí está la ira de Dios. Que Dios expresó en respuesta a un pecado que era grave en gran manera, de manera que es como natural entonces, que si el pecado era grave en gran manera, que el juicio fuera grave en una misma dimensión.

El pecado de Sodoma y Gomorra en el capítulo dieciocho de Génesis se revela como el pecado de la homosexualidad, pero esa no era su único pecado. Ezequiel 16:49-50 nos dice que ellos, que estas ciudades, estaban caracterizadas por la arrogancia. Entonces ahí vemos que Dios odia el orgullo. Por su completa ociosidad, no hay nada bueno en el tiempo ocioso, el tiempo ocioso abona al pecado, tuyo y mío. Por su falta de sensibilidad al pobre y al necesitado, Dios ha revelado que Él no es indiferente, no es ciego, a nuestra falta de sensibilidad al pobre y al necesitado.

De hecho, Santiago 5:4 dice que cuando nosotros retenemos el jornal o el salario del obrero y no solo no le pagamos, le pagamos menos, en una aplicación de lo que su trabajo merece, que eso grita a la presencia de Dios. Dios no se lo pasa por alto. Estas ciudades son acusadas en Ezequiel 18 por su falta de sensibilidad al pobre y al necesitado y por cometer abominaciones delante de Dios. La palabra abominación en el Antiguo Testamento ha sido asociada a un número de pecados, pero sobre todo pecados asociados a la idolatría y pecados asociados a la sexualidad humana en todas sus formas ilícitas fuera de su diseño.

J. I. Packer inicia el capítulo sobre la ira de Dios en su libro "Knowing God" o en español traducido como "El conocimiento del Dios Santo" con esta frase. Creo que es una frase reveladora, o este párrafo: "El furor es una antigua palabra inglesa definida en mi diccionario..." Uso la palabra furor porque es una palabra que está en la Biblia. "El furor es una antigua palabra inglesa definida en mi diccionario como ira e indignación intensa y profunda. La ira es definida como una provocación repentina de un disgusto resentido y de un antagonismo fuerte causado por una herida o insultos." Hay que haber sido herido o ha sido insultado o deshonrado. "La palabra indignación es definida como ira justa provocada por la injusticia y la depravación."

Cuando Packer escribe de esta manera, él está tratando de dejarnos ver que a la luz de la Palabra de Dios, cuando se habla de la ira de Dios, está haciendo referencia a una indignación que es intensa y es profunda. A un disgusto resentido, hay algo ahí que tiene un tiempo, que tiene un tiempo molestando. A un antagonismo fuerte y a una ira que ha sido provocada por la injusticia y la depravación. Nosotros todos participamos de la depravación del ser humano, por eso hablamos de la depravación total del ser humano, participamos de esta depravación, pero no todo el mundo vive en el mismo grado de corrupción moral. Entonces lo que Packer está tratando de decir es que esta ira de Dios se expresa, se manifiesta, cuando el pecado de los hombres ha ido llegando a niveles insostenibles, por así decir. Entonces ahí estamos tratando de ver la ira de Dios en su forma introductoria.

Ahora yo quiero que podamos ver, considerar, que la ira de Dios es una expresión natural de su carácter, como punto número cuatro. Pero aun así, en cuanto a nosotros se refiere, déjame decir eso otra vez: que veamos la ira como una expresión natural de la naturaleza de Dios y de la nuestra. Déjame ilustrarte rápidamente porque no toda ira es pecaminosa. De hecho, el apóstol Pablo lo dice a los efesios: "Airaos, pero no pequéis." Entonces hay una ira hasta donde yo puedo llegar, pero el problema nuestro es que frecuentemente esa ira es pecaminosa. Pero hay razones para nosotros airarnos apropiadamente, de hecho santamente.

Imagínate por un momento, yo no quiero ser, quiero traer morbo al púlpito, pero yo me imagino esta cosa, yo me imagino cómo yo reaccionaría. Imagínate con una hija tuya de doce años, o hijo, tú te acabas de enterar que ha sido violado o violada. A mí no me cabe duda que tú te sentirías indignado. Yo creo que posiblemente muchos de nosotros haríamos más como una furia intensa y profunda, porque lo que se ha hecho contra tu hijo, contra tu hija, es una depravación, es una injusticia, es una depravación de parte del violador. Quizás nosotros quisiéramos darle muerte, si no nosotros mismos, que alguien lo haga, y si no, que Dios lo haga, que se muera, pero que no siga existiendo.

Y si tú y yo, que somos personas pecaminosas, que fuimos concebidos en pecado, que vivimos en pecado, que cometemos pecado a diario, podemos reaccionar tan intensamente a algo tan indigno como esto, piensa cómo reaccionaría el Dios absolutamente santo, infinitamente santo, cuando acciones de este tipo ocurren todos los días, no solamente de parte del incrédulo, pero incluso de parte de sus propios hijos.

En manos de la misma manera que la voz de la sangre de Abel clamó a Dios desde la tierra, como se lee en Génesis 4:10, el dolor físico y emocional de cada violación, la sangre de cada homicidio, la sangre de cada aborto, la distorsión de cada cosa que Dios ha diseñado para su gloria, pero que en vez de traer gloria trae vergüenza a su nombre, clama a Dios desde la tierra. El grito de un niño que está siendo golpeado por un padre alcohólico, probablemente en este momento en algún lugar de la tierra, quizás en esta misma ciudad, clama a Dios desde la tierra. Las lágrimas de cada esposa que ha sido abandonada por su esposo repentinamente, o viceversa. La venta de drogas a niños desde temprana edad para hacerlos adictos y garantizar clientes de por vida no está siendo pasada desapercibida a los ojos de Dios. La mutilación de órganos genitales de niños para volverlos trans en nuestros días grita delante de los ojos de Dios, y el Dios justo del cielo y la tierra hará justicia.

Ten por seguro, en cierta manera el juicio viene de camino. Cualquier parecido entre ciudades de hoy y Sodoma y Gomorra no es pura coincidencia. Pero la misericordia de Dios no es indiferente al dolor humano. La justicia de Dios no ignora las injusticias de los hombres. La ira de Dios no es indiferente a las acciones pecaminosas de los hombres que Dios detesta.

Amados, si tú y yo tuviéramos la misma santidad que Dios tiene, tú y yo reaccionaríamos, sentiríamos exactamente lo mismo que Dios siente, y tú y yo aplicaríamos el mismo grado de justicia, y tú y yo terminaríamos odiando lo mismo que Dios odia, incluyendo muchas acciones que nosotros mismos hacemos. Pero no somos como Él.

De hecho, eso es tanto así que cuando tú revisas la historia redentora, tú te encuentras que siervos de Dios han podido experimentar la ira de Dios, no la suya, la ira de Dios, dentro de ellos mismos, en respuesta a ofensas a la ley de Dios. Escucha a Jeremías 6:11: "Pero estoy lleno del furor del Señor." En lo menos, yo estoy lleno de ira. No, no, no, yo estoy lleno del furor del Señor, coma, estoy cansado de retenerlo. Es como que yo quisiera ya dejarlo salir, porque lo que mis ojos han visto es insoportable a la naturaleza humana, imagínate a los ojos de Dios.

La semana pasada hablamos de cómo es que él en un momento dado dijo que estaba lleno del celo del Señor porque los israelitas habían sido infieles al pacto con Dios, y cómo el apóstol Pablo sintió el celo del Señor por los corintios, porque igual estaban viviendo en pecado.

Déjame leerte este párrafo porque, como dije, creo que debo ser extremadamente cuidadoso con este mensaje. Si Dios es santo, y lo es, y si Dios es justo, y lo es, entonces Dios de manera natural se ve inclinado a hacer justicia, porque su misma santidad hace que Él rechace profundamente el pecado, y su justicia hace que Dios se vea movido a querer rectificar lo torcido y que haga que el impío pague por lo que dañó. Si Dios es santo, y lo es, si Dios es justo, y lo es, entonces de manera natural se va a rechazar lo que es el pecado, y la justicia lo va a mover a Él para que Él quiera que el impío pague por lo que dañó. Adán y Eva dañaron el diseño de Dios y todavía estamos pagando las consecuencias de su transgresión.

El salmista escribe en el Salmo 7:11: "Dios es justo y un Dios que se indigna cada día contra el impío". Todos los días. Y por qué entonces nosotros no vemos los juicios de Dios todos los días si al final dice "todos los días". Es en buena parte porque hay múltiples cosas ocurriendo en el planeta Tierra que nosotros no sabemos cuántas de ellas responden a la ira de Dios en aplicación. Pero por otro lado no lo vemos de esa forma porque Dios en su misericordia y a través de su gracia está reteniendo su ira, precisamente esperando el arrepentimiento del hombre. Pero la Palabra de Dios, está en el Antiguo Testamento, un montón de veces el Antiguo Testamento habla de esa ira de Dios contra el impío todos los días.

Romanos 1:18 dice que la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que restringen o suprimen la verdad. Pero recuerda algo: que toda verdad en la creación, en el quehacer diario o en el diario vivir, toda verdad, no importa cuál es el ámbito, si es sociología, psicología, el ámbito de la ciencia, toda verdad es verdad de Dios. Y cuando se habla de que Dios no es el Creador, sino que un proceso evolutivo y demás, esa gente suprime la verdad de Dios, y Romanos 1:18 declara la ira de Dios contra todo el que suprime o restringe su verdad.

¿Tú sabes cuál es la palabra para ira en Romanos 1:18? Es orgé. Yo creo que ya tienes una idea de cuál es la palabra en español que viene de la palabra griega orgé. Es orgía, para hablar de la intensidad de la ira hervida, es cuando su verdad es suprimida. Cuando cualquiera de nosotros miente, distorsiona o trastoca la verdad, Dios se aíra, y la restringe. Dios dice: "Es contrario a mi naturaleza".

La ira de Dios no es más que la aplicación de la justicia de Dios, no de forma emocional. La ira de Dios nunca es emocional, como la tuya y la mía. La ira de Dios es judicial, es solo lo que la justicia demanda. Dios no es como el mar que tiene olas que suben y bajan. Dios de hecho es inmutable. La ira de Dios es la aplicación judicial de su ley para hacer que el pecador pague por la transgresión y por lo que dañó.

La ira de Dios, que es abundante en misericordia, tarda en llegar, ¿verdad? Pero debido a la justicia perfecta de Dios, su ira tendrá que llegar tarde o temprano. Después de 120 años esperando, cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé —te das cuenta que te estaba esperando en paciencia— después de esos 120 años esperando, Dios inundó el planeta entero y dejó a ocho personas con vida solamente. Su ira llegó. La ira de Dios quemó las ciudades de Sodoma y Gomorra. La ira de Dios contra los israelitas que se rebelaron contra Él en el desierto por 40 años hizo que Dios evitara que entraran a la tierra prometida, y Él declaró que fue su ira la que lo hizo.

Escúchalo ahora. Es Salmo 95, versículos 10 y 11: "Por 40 años me repugnó aquella generación". Esa no es una palabra que yo no sé si tú usas con frecuencia. Yo de hecho no me acuerdo la última vez que yo dije: "Eso me repugna". Es una palabra fuerte. Dios dice: "Por 40 años esa generación me repugnó, y dije: Es un pueblo que se desvía en su corazón y no conoce mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: Ciertamente no entrarán en mi reposo". Se van a quedar en el desierto, van a quedar enterrados bajo olas de arena.

Pero resulta que nosotros leemos en el Salmo 95:11 que Dios juró en su ira, pero tú lees en el Salmo 89:35 que Dios había jurado en su santidad con relación a otras cosas. Pero yo creo que A.W. Pink está en lo correcto cuando dice: cuando tú oyes que Dios juró en su ira, juró en su santidad, te está dejando ver que esos atributos pertenecen en el mismo nivel de honra, son parte de su misma naturaleza.

Fue la ira de Dios que ordenó a Josué que entrara en Jericó y no dejara una persona viva, desde el mayor hasta el menor. La ira de Dios envió a su propio pueblo al exilio, su propio pueblo: Reino del Norte a Siria, Reino del Sur a Babilonia. La ira de Dios visitará nuevamente el planeta Tierra. Apocalipsis lo ha anunciado. De hecho, Apocalipsis habla de las siete copas del furor de Dios. Siete copas del furor de Dios.

En el mismo libro de Apocalipsis, en el capítulo 6, habla de cómo en ese tiempo aquellos hombres que estaban siendo visitados con la ira de Dios, en el versículo 16, habla de qué estaban pidiendo a las rocas que cayeran sobre ellos para que los ocultaran de la ira del que estaba sentado en el trono, que es Dios Padre, y de la ira del Cordero. El que vino, Jesús, que vino en la primera venida como el Cordero para perdón de pecado, viene ahora como el Juez del cielo y la tierra a traer su juicio final.

Finalmente, yo quiero que veamos cómo todavía estamos o estás a tiempo de escapar de la ira de Dios. Ahora es el tiempo del arrepentimiento. Después es muy tarde.

Romanos 2, el versículo 4, escucha cómo lo dice: "¿O tienes en poco la riqueza de su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?". ¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Está cuestionando a los moralistas y a los judíos de su tiempo: "Oye, tú estuviste hablando de que conoces a Dios. Sin embargo, tú parece que estás menospreciando el tiempo que Dios te está dando su bondad para que te arrepientas. Tú estás ignorando su paciencia". Yo sé que retiene su ira en espera del arrepentimiento del hombre y aplica su bondad y tolerancia.

En otras ocasiones nosotros leemos que Dios retiene su ira por su propia gloria. Escucha lo que dice Isaías 48:9: "Por amor a mi nombre contengo mi ira, y para mi alabanza la reprimo contra ti". Déjame repetírtela otra vez, pero luego decirte cuál es el resultado final de eso: "Por amor a mi nombre contengo mi ira, y para mi alabanza la reprimo contra ti, a fin de no destruirte". Sí es por amor a mi nombre, pero sabes que el beneficiado eres tú porque lo hago para no acabar destruyéndote.

¿Qué es esto de que es por amor a mi nombre? Bueno, Dios construyó la reputación de su nombre como el Dios del pueblo de Israel, y ahora si el pueblo de Israel desaparece, ¿qué van a decir las naciones aledañas acerca del Dios que se atrevió a destruir a los suyos mismos? Pero si yo aplico mi misericordia, pues ahora habrá motivo de exaltar mi misericordia, mi gracia, mi amor, y eso es parte del nombre que yo he creado, la reputación que yo tengo entre las naciones. Y al mismo tiempo no te destruyo y te doy otra oportunidad de arrepentimiento, pero eso no va a continuar perennemente. Preservando a Israel, Dios manifestaría sus atributos también de otra manera.

Pero escucha cómo eso, cómo en Romanos 2, luego del versículo 4, como el apóstol Pablo revela que esto no continúa para siempre, porque el versículo 5 y 6 entonces nos dice: "Pero —o sea, como el arrepentimiento no ha ocurrido— pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios". Versículo 6: "El cual pagará a cada uno conforme a sus obras". Es otra vez como "el que la hace, la paga". El hecho de que Dios recompensa a cada quien conforme a sus obras habla de que es un Dios justo, porque es conforme a lo que yo he hecho.

Pero Dios es un Dios infinito en santidad, infinito en poder. Y cuando su ira llega, como se refleja frecuentemente, es como fuego consumidor. Es verdad que la frase va más allá de la aplicación literal de la frase, pero el libro de Hebreos, el pasaje que el pastor Luis leyó al principio, habla de que Dios es un fuego consumidor. Lo vimos en el juicio de Sodoma y Gomorra, lo vemos en lo que ocurre en el libro de Apocalipsis, que ocurrirá en el planeta Tierra. Por eso es que Pablo habla de la ira de Dios como la severidad de Dios. Romanos 11:22 es una frase paulina: la severidad de Dios.

Hermanos, si tú quieres saber cuán severa puede ser la justicia de Dios, lo único que tienes que hacer es mirar la cruz. Cuando tú miras la cruz y contemplas al Cristo, Isaías 53 nos dice que su rostro quedó deformado hasta el punto que los hombres no querían ver su rostro. Era como... ah. Y cuando tú lees el relato en los evangelios y te percatas de la crueldad que el hombre de la cruz del medio sufrió —que de los otros no dicen nada acerca de los otros, pero parecería ser que el de la cruz del medio fue el más sufrido, y con razón, tenía sobre sus hombros el pecado de todos los elegidos de Dios— eso te da una idea de la severidad de la ira de Dios.

Nada mejor que la cruz y la condenación eterna de los impíos, nada más doloroso pero nada más cierto, para revelar la severidad de la justicia de Dios. Cristo pagó lo que a Adán y a Eva les tocaba pagar por nuestros pecados.

Ahora hay algo que tú y yo necesitamos recordar, y es que aquellos que sufren la justicia de Dios la sufren porque han decidido seguir su propio camino y estar dispuestos a pagar las consecuencias del pecado independientemente de cuáles fueran, y no han querido entregar su voluntad a Dios.

Cuando tú lees la Palabra, hay dos sentidos en términos temporales de la justicia de Dios. Hay un sentido en que se nos habla de que la ira de Dios vendrá, Apocalipsis lo dice, sobre todo el planeta.

Pero hay un sentido en el que se nos dice que la ira de Dios está aquí. De hecho, está sobre cada hombre que no ha entregado su vida a Cristo. Escuchemos Juan 3:36, lo dice: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida." No, no, no. Está el cambio de vocabulario: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida." Todavía no he terminado el texto, pero ¿por qué es que primero es "cree" y luego "obedece"? Bueno, porque la única cosa que da evidencia de que verdaderamente has creído es tu vida de obediencia. La vida de no obediencia testifica en contra de que hayas creído.

Entonces, ¿qué es lo que Juan está diciendo? Que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él. No es que vendrá, es que está y se queda. En otras palabras, todo hombre nace condenado, todo ser humano nace condenado. Nosotros, los que hemos creído en Cristo, en un momento salimos de debajo de Su ira por medio de la cruz, donde Cristo soportó Su ira. Así es como ocurre, de manera que, de acuerdo a Juan 3:36, no es que la ira viene, es que la ira está y permanece.

Y eso mismo nos deja ver que no es una reacción emocional de Dios, es judicial. Es una disposición de parte de Dios que ha condenado al hombre por su pecado, y para salir de debajo de esa condenación yo necesito la vida, la muerte y la resurrección de aquel que fue a la cruz y sobre Sus hombros recibió la ira de Dios. El apóstol Pablo lo entendió perfectamente y lo explicó perfectamente cuando escribió a los tesalonicenses en su primera carta, capítulo uno, versículo 10, hablando de Jesús dice que Él es aquel que nos libra de la ira venidera. La ira venidera, ya sea de la que habla Apocalipsis o la ira venidera en la condenación eterna, Él es quien nos libra. Por eso Romanos 8:1 nos dice que no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús.

Una vez la santidad de Dios demanda la justicia de Dios, que eventualmente trae la ira de Dios. Si estás sin Cristo, si Juan 3:36 y otras cosas que el Espíritu haya podido comunicarte revelaron —Juan 3:36 cuando dice "el que no obedece al Hijo no tiene vida"—, si esa idea el Espíritu la usó para decirte: "Sabes, piensas que has entregado tu vida a mí, pero no la has entregado," entonces hoy es el día del arrepentimiento.

Pero si eres creyente y estás convencido de que lo eres, si hoy oyes Su voz, no endurezcas tu corazón. No lo hagas, es como una petición, es un ruego: no endurezcas tu corazón. Presta atención a lo que el Espíritu de Dios dice a las iglesias y regresa a los caminos de Dios, regresa a los caminos de Dios.

Muy bien, decía este autor Mark Boda en su libro "Return to Me" o "Regresa a mí": volver a Dios es estar alineado con las prioridades de Dios. Descubres que no estabas, quieres volver, te realineas con las prioridades de Dios, y has vuelto a Dios. Este es el día para hacer eso, este es el día de la reflexión, de la introspección. Este es el día para reconocer tu pecado y la santidad de Dios y la obra del Hijo, y poder decir: "Perdóname." Cierra tus ojos.

Conforme a como el Espíritu haya hablado a cada quien, si entiendes que no estabas en el grupo de los que tienen vida eterna, tú puedes ir donde Dios ahora. Dile: "Señor, gracias porque hoy yo he podido entender, por medio de Tu Palabra y de Tu Espíritu, que la razón del sacrificio de Cristo en la cruz fue precisamente porque personas como yo habíamos transgredido la ley de Dios. Y hemos transgredido la ley de Dios múltiples veces y no estábamos en una condición de arrepentimiento, a pesar de que quizás veníamos a la iglesia o hacíamos algunas cosas religiosas. Pero hoy me abriste los ojos y yo te digo: perdóname. Y gracias, Cristo, por Tu derramamiento de sangre y Tu sacrificio sustitutivo en mi lugar, que pagó la pena de mi pecado. Gracias, gracias, gracias infinitas, gracias. Hoy yo quiero decirte que te entrego mi vida y que yo recibo la vida eterna que por gracia me has querido dar. No la merecía, pero Tú me la has dado. Yo la recibo y te digo gracias. Por el mismo tiempo entiendo —si no lo entiendes ahora, escúchalo— el Espíritu de Dios viene a morar en ti en ese momento para empoderarte, para que puedas vivir a la altura del evangelio."

Y si tú piensas que ya eres cristiano y entraste a esta iglesia hoy siendo cristiano, pero te has desviado, te has alejado, Dios te dice: "Regresa a mí, vuelve a mí." E igualmente necesitas arrepentimiento, necesitas pedir perdón. Mi perdón está disponible. Y dile: "Señor, gracias por traer convicción de pecado a mi vida. Gracias por llamarme y gracias por traer un mensaje que me ha abierto los ojos, o el Espíritu ha abierto los ojos usando el mensaje. Gracias por este día y permite que yo pueda seguir reflexionando después del mensaje, en el día de hoy, la próxima semana, y que yo pueda seguir realineando mi vida con Tus prioridades y Tus propósitos."

En Cristo Jesús, amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.