IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Lo impresionante de la Navidad no es un bebé en un pesebre, sino Dios en un pesebre. Esa distinción transforma por completo nuestra comprensión de lo que ocurrió hace dos mil años. Juan 1:14 lo declara con claridad teológica que los relatos de Mateo y Lucas no alcanzan: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros." El Logos —ese principio eterno que los filósofos griegos concebían como fuerza cósmica y que los judíos usaban como sustituto reverente del nombre de Dios— ese Logos era persona, estaba íntimamente con el Padre, y decidió descender.
El asombro crece cuando se considera quién es el que vino. El Dios infinito que los cielos de los cielos no pueden contener se contuvo en un útero. El que sostiene todas las cosas por la palabra de su poder pasó a ser sostenido por los pechos de una madre. El tres veces santo, cuyos ojos no pueden ver el mal, habitó entre pecadores a quienes oía pecar. El que se viste de luz inaccesible aceptó ser desvestido y expuesto desnudo en un madero, cargando el pecado de los mismos que se burlaban de él. Los sabios de oriente entendieron algo que otros pasaron por alto: ante este niño, la única posición correcta era de rodillas.
¿Por qué lo hizo? Juan 3:16 ofrece la única explicación posible: amor incondicional que no encuentra su motivación en nosotros, sino en el carácter mismo de Dios. Sin Cristo no hay perdón, no hay mediador, no hay camino al Padre, no hay cielo. Con él, lo tenemos todo. La respuesta lógica a semejante gracia, como Pablo enseña, es ofrecer nuestra vida entera como sacrificio vivo y santo. Cualquier otra cosa sería irracional.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Estamos haciendo un alto en la serie de Romanos. Yo creo que es más o menos costumbre ya, que para esta fecha, tratando de recordar algunas de las cosas que necesitan ser recordadas, nosotros paremos la serie que estamos haciendo, que hemos estado haciendo a lo largo de los años, y podamos reflexionar de alguna manera acerca de lo que este tiempo representa.
Hay de inicio, lo que los niños van saliendo, yo quiero decirle que no voy a hablar de un bebé en un pesebre; yo voy a hablar de Dios en un pesebre. Es la razón por la que voy a salir de los textos usuales, tradicionales para hablar en este tiempo, y voy a estar haciendo uso de Juan 1, versículo 14. Vamos a leer en un momento, pero creo que ese versículo es el que realmente nos habla de qué es lo que se trata este tiempo, de veras tratar.
Bueno, yo creo que para nadie es secreto que todos los años nosotros entramos en un período de celebración que llamamos la Navidad. Para aquellos de ustedes que estuvieron el miércoles pasado, dijimos que esa palabra viene del latín nativitas, que significa nacimiento, y eso es una forma abreviada para referirnos al nacimiento de Jesús. Si Cristo no hubiera nacido, obviamente no tendríamos razón para la ocasión. Cantábamos el miércoles pasado que Jesús es el motivo de la Navidad. Yo creo que eso, lo último que yo acabo de decir, es obvio, es evidente.
Sin embargo, en Occidente usualmente no es como se recuerda. Yo creo que la celebración de la Navidad adquiere un tono, un color, un acento más mundanal que cristiano. Las fiestas abundan, las comidas también, el consumo de alcohol aumenta hasta el punto que algunos en nuestra nación le han llamado a diciembre "bebiembre". Los regalos proliferan y tristemente, en medio de todo eso, Cristo es ignorado más que recordado. Cristo es pasado por alto más que exaltado en lo alto. Cristo es asumido más que celebrado, y tú sabes que todo lo que tú asumes, tú olvidas. Y yo creo que es lo que ha ocurrido en el pasado: Cristo ha sido asumido y se ha olvidado, lamentablemente.
Si tú piensas en los textos tradicionales clásicos de Mateo, de Lucas, es ahí donde tú te encuentras la descripción de cómo Jesús llegó, entró y eventualmente fue colocado en un pesebre. Marcos, sin embargo, en su relato pasa por alto completamente el nacimiento de Jesús, sus primeros años, y se va directamente a Juan el Bautista cuando él estaba en el Jordán bautizando. Y Juan es el mejor de todos, por así decir: se va a la eternidad pasada para luego rápidamente traernos al presente, a la realidad presente. De manera que esto es cómo lo vamos a decir: Mateo y Lucas nos hablan del origen humano de Jesús; Juan nos habla del origen divino de ese niño.
Entonces, los detalles de Mateo y de Lucas acerca de la entrada de Jesús son importantes porque Dios los registró, pero no tienen el peso teológico y tampoco nos explican de la manera que Juan lo hace qué fue lo que pasó, cuál fue la razón, cuál es la importancia de este hecho. Entonces, si tú tienes tu Biblia ahí, yo quiero que tú la puedas abrir o la puedas encender, puedas hacerte al Evangelio de Juan, capítulo 1. Vamos a leer el versículo 14: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad."
Básicamente, ese es el texto que nos ayuda a entender el impacto teológico de la entrada de Cristo a este mundo. El bebé en un pesebre nos puede enternecer, y no es que necesariamente esté mal, pero Dios en un pesebre, que es el título del mensaje, debe asombrarnos, debe llevarnos de hecho a nuestras rodillas.
Déjame ver si yo puedo tratar de ilustrar eso con la misma Biblia. A los ocho días, como Dios había sido circuncidado, María y José van al templo. Van al templo a circuncidar al que era Dios encarnado, porque según el rito acostumbrado, según la fecha acostumbrada, ellos van a cumplir con la ley. Y el Mesías quería venir a cumplir con la ley. Entonces, cuando llegan, ellos se encuentran un hombre de nombre Simeón. El bebé lo toma en sus brazos. Lo había estado esperando por ver la consolación de Israel, y él se alegra y da gracias a Dios por haberle permitido llegar hasta ese momento. Y cuando lo ve, dice que este será luz de revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel; es Lucas 2:32. Él está asombrado con este niño. María y José se estaban asombrando, lo dice el texto de la Palabra, por lo que se decía acerca de él. De manera que María, José, Simeón y la misma Ana, una viuda que tenía años orando y ayunando en el templo, llegaron a entender algunas cosas acerca de este niño.
Sin embargo, cuando los sabios de Oriente llegan, ellos entran a la casa. Obviamente llegaron días, meses después. Entran a la casa, vieron al niño con su madre María, y escucha: postrándose, lo adoraron. Los sabios de Oriente entendieron algo por revelación de Dios acerca de este niño. Este niño no era cualquier niño. Para ellos, la única posición correcta delante de este niño era de rodillas. Si tú piensas en María, en José, en Simeón, en Ana, ellos expresaron asombro, pero de pie. Estos sabios de Oriente, más que asombro, ellos expresaron reverencia, y al reverenciarlo se rindieron y le adoraron. Y solamente Dios puede recibir adoración, de manera que ahora tú puedes entender mucho mejor que ciertamente se trataba de Dios en un pesebre.
Bueno, Juan no nos va a hablar de las precariedades y de las condiciones en que se produjo este nacimiento, sino que él nos ha dicho, como ya leímos: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros." Ahora, yo voy a desempacar ese versículo. Ese es el versículo de exposición, de estudio, de análisis en el día de hoy, de predicación. Yo voy a desempacar el versículo, parte del versículo de hecho, en tres frases: uno, el Verbo; dos, se hizo carne; y tres, habitó entre nosotros. Eso ni siquiera completa el versículo.
De manera que ahora tú tienes a Juan en 1:14 diciendo, no en el principio, perdón, en 1:14 diciendo que el Verbo se encarnó. Juan asume que para cuando tú llegas al versículo 14 de su primer capítulo de su Evangelio, ya tú sabes quién es el Verbo, porque él no explica nada inmediatamente antes o después. Él lo hace arriba, a la entrada, al principio, los versículos del uno al tres. Yo te voy a leer Juan 1, versículos 1 al 3, pero de la Biblia Textual, que es la traducción más cercana, más textual al original. Y esto es como lee: "En principio era el Logos." Así dice el original. "Y el Logos estaba ante Dios. Y Dios era el Logos. Este estaba en principio ante Dios. Todo existió por él, y sin él nada de cuanto existe existió."
Nuestras versiones dicen: "En el principio estaba el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios." Otras versiones, tratando de acercarse al original, dicen: "En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios."
La pregunta que tenemos que hacer inmediatamente es si esta audiencia del primer siglo a la que Juan le estaba escribiendo realmente entendería quién era el Logos. Porque Juan habla como que aquella primera audiencia iba a entender, que no necesitaba la explicación que yo estoy a punto de dar. Entonces tenemos que preguntarnos qué era lo que ellos entendían.
Bueno, por un lado, en el mundo no creyente, influenciado por el pensamiento griego, esto es lo que había pasado. Quinientos años antes de Cristo vino un filósofo de nombre Heráclito, y Heráclito enseñó que el Logos era una especie de principio o de fuerza, un principio cósmico que le daba forma y sostenía el universo. Doscientos años más tarde vinieron los estoicos, otro grupo de filósofos griegos, y hablaron del mismo Logos. Y para ellos el Logos era un principio activo o razón dinámica, una especie de fuego divino que organizó la materia y le dio origen al universo y lo sostenía.
De manera que para los filósofos griegos y aquellos que habían estado influenciados por el pensamiento de los griegos, el Logos era como una fuerza, no era una persona, sino como un principio, razón dinámica, como dirían los estoicos. Esa era la idea. Pero a ellos no les sonaría descabellado que Juan les hablara de que en el principio el Logos, del Logos, era con Dios, y luego era Dios, y que luego todo lo que existe fue hecho por ese Logos. Lo único es que ellos no podían concebir el Logos como una persona.
Ahora, los judíos entendían también el vocablo Logos perfectamente, porque recuerda que los judíos habían aprendido que no debían usar el nombre de Dios en vano, y ese nombre de Dios que ellos entendían que no debía ser mal usado era el nombre de Jehová. Por consiguiente, ellos fueron encontrando sustitutos para cuando llegaban al nombre Jehová. A veces se lo sustituían por Señor, a veces se lo sustituían por Adonai, a veces se lo sustituían por Elión, el Dios Altísimo, el Todopoderoso. Pero ellos encontraron otra alternativa, y esa alternativa era la Palabra, o el Logos en griego.
Tanto así que cuando el pueblo regresa de Babilonia, donde estuvo en el exilio, el pueblo había aprendido allá en el exilio otro idioma que fue el arameo. Entonces, al regresar, la población como corriente no entendía bien el hebreo, y el Antiguo Testamento estaba en hebreo. Entonces ellos crearon una especie de paráfrasis o un Antiguo Testamento escrito en arameo de una forma más sencilla para que el pueblo pudiera entender. A esa traducción, o traducciones, porque había varias versiones, le llamaron Targumes.
Entonces escucha ahora para que puedas entender que los judíos, los hebreos, también entendían esto del Logos. Uno de esos Targumes, en Éxodo 19:17, déjame decirte primero qué es lo que dice nuestra Biblia, nuestra traducción, o aun el original en hebreo: "Moisés sacó al pueblo a encontrarse con Jehová." Eso es lo que dice. Pero Jehová era justamente el nombre que ellos no querían pronunciar y temían hacer mal uso de él, lo cual fue algo ilógico, pero así fue. Entonces ahí uno de los Targumes dice lo siguiente: "Moisés sacó al pueblo para encontrarse con la Palabra," o con el Logos.
¿Ves? Y de ahí Isaías 2:1 en nuestra Biblia dice "lo que Isaías vio" y no tiene nombre ahí. Sin embargo, cuando tú lees el original, Isaías 2:1 dice "la palabra que Isaías vio". Como si tú pudieras ver una palabra así. Lo que pasa es que la palabra no era algo oído, sino que se refería a Dios mismo. De manera que ahora, cuando Juan habla acerca del Logos, los griegos y aquellos que estaban influenciados por su pensamiento, y los hebreos, ambos entendían el Logos, lo que era.
Ok, entonces ahora, si tú quieres saber algo más del Verbo, porque es el Verbo que se hizo carne, enséñame algo más, Juan, acerca del Verbo. Bueno, Juan dice que en el principio era el Logos. Antes de que los tiempos comenzaran, el Logos era. Antes de que hubiera un espacio creado, el Logos era. El Logos existía fuera del tiempo y del espacio. Antes de que hubiera materia creada, el Logos estaba ahí. Antes de que hubiera energía para que se produjera algo, ya el Logos estaba.
De manera que Cristo ha existido desde toda la eternidad. No ha habido un momento de la historia donde Cristo no haya estado. La pregunta es cómo estaba, en qué condición, pero la Palabra de Dios nos revela esa realidad de que Cristo ha estado ahí todo el tiempo.
De hecho, cuando tú llegas al final de la Biblia en Apocalipsis 1, versículo 8, tratan de identificar a esa segunda persona de la Trinidad y esto es lo que dice: "Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso". Alfa es la primera letra del alfabeto griego, Omega es la última letra del alfabeto griego. Lo que Cristo está diciendo es: yo soy el principio, yo soy el final, yo soy lo que está entre el final y el principio. ¿Quieres saber algo? Yo soy el que es, porque yo soy el que era, yo soy el que será en un futuro.
Ese es el Logos que se encarnó, que vino a este mundo, que ha existido desde la eternidad pasada. Con eso Juan establece entonces que es Dios, porque el único eterno es Dios. Ahora, él me dice algo más, porque él se hace el Logos, el que está en un pesebre en un momento dado cuando llega a la tierra. Él me dice algo más, me dice que en el principio era el Logos y que ese Logos estaba con Dios.
Ahora, el griego es frecuentemente más preciso que nuestro lenguaje. En griego hay tres palabras distintas para hablar de estar con algo o con alguien. Por ejemplo, ahora mismo yo estoy con ustedes, yo estoy más o menos cerca. Pero si mi esposa estuviera aquí delante y yo bajo a estar con ella y la tomo de la mano o la abrazo, yo estoy con mi esposa, pero no estoy con mi esposa de la misma manera que estoy con ustedes. Entonces esa es otra palabra para "con". Pero ninguna de esas dos son las palabras que Juan usa.
Juan usa una palabra en griego que es "pros", que implica "con", pero tú estás con una persona tan íntimamente con ella que estás como cara a cara con la persona, hasta el punto que prácticamente una es la otra. Tú puedes ver que así era cuando Cristo vino. Él está conversando con los discípulos en un momento dado y Felipe, uno de ellos, está tratando de conocer un poco más. Le dice al Señor: "Señor, muéstranos al Padre". Y como que el Señor se sorprende y le dice: "Felipe, ¿pero tanto tiempo yo tengo contigo y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. Yo y el Padre uno somos". ¡Wow! Esto es lo que Juan está diciendo: que en el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, íntimamente con Dios, hasta el punto que prácticamente uno era el otro.
Lo impresionante de ese Dios es que la intimidad que el Hijo tuvo y tiene con el Padre es la intimidad, guardando la distancia, que Él quiere darnos a nosotros. Siendo nosotros obviamente criatura y Él Creador, pero el Creador quiere una intimidad hasta el punto que cuando tú eres salvo, de ahí en adelante la Palabra de Dios dice que tú estás en Cristo, y estás en Cristo de una manera que jamás puedes separarte de Él ni Él de ti. Estás en Él. Es así de íntimo. Y luego nos dice la Palabra de Dios también que nosotros seremos, por el proceso de regeneración y eventualmente glorificación, seremos como Él, lo veremos como Él es. Es así hasta donde Dios nos quiere llevar.
De hecho, en principio, cuando Cristo viene, Él fue llamado Emanuel, Dios con nosotros. Eso es lo que implica: Dios con nosotros. Pero ahora Dios no solamente está con nosotros, Dios está en nosotros por la morada del Espíritu. Es la intimidad a la que Dios quiere llevarnos, de manera que ahora tú entiendes algo más acerca de quién era este Verbo que estaba con Dios en el principio.
Pero Juan nos dice una cosa más en mi segunda frase: dice que ese Verbo, ese Logos, se hizo carne. Ese Logos temporalmente dejó su posición de soberanía. Temporalmente ese Logos dejó sus privilegios, dejó la gloria alrededor de su trono, dejó el servicio de los ángeles allá en la gloria, porque Él dijo acá abajo, cuando vino dijo acá abajo, que Él no vino a ser servido sino a servir. Temporalmente Él no dejó su divinidad, porque Dios no puede dejar de ser Dios. De hecho, Colosenses 2:9 me dice que en Cristo habitó la plenitud de la divinidad. De manera que Dios verdaderamente vino, descendió, siguió siendo Dios, y ese Dios que no encontró lugar en un momento dado, cuando salió del vientre de su madre, fue acostado en un pesebre.
De manera que yo quiero enfatizar en el día de hoy lo impresionante de esta fecha, de la primera Navidad. No es el bebé en un pesebre, es Dios en un pesebre. Eso sí es como chocante. Yo quiero que puedas comenzar a ver esto conmigo. Lo impresionante del nacimiento de Cristo no es el pesebre. Es que el Dios infinito, de quien Salomón escribió y preguntó: "¿Morará verdaderamente Dios sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado!", Primera de Reyes 8:27. Yo le decía al pastor Chacho en el interín entre un servicio y otro: yo no tengo la menor idea cómo el Dios infinito, que no cabe, que no puede ser contenido por los cielos de los cielos, puede venir y contenerse y ser contenido dentro de este tiempo y espacio, como lo hizo Cristo.
Lo impresionante del nacimiento de Jesús es que el Dios que sostiene todas las cosas por la palabra de su poder, Hebreos 1:3 nos dice eso, de repente Él pasa a ser sostenido por los pechos de una madre. ¿Cómo es que este Dios, como tú lo concibes, verdad, como la Palabra te lo presenta, de repente Él está en un pesebre, en una especie de cuna posteriormente, y Él se ensucia de desechos humanos, a veces líquido, a veces sólido, y hasta que su madre o su padre se percatara, Dios está acostado en un pesebre, en una cuna, sucio de desecho? Eso no es solamente impresionante, es incomprensible.
Es incomprensible el hecho de que el Dios tres veces santo, cuyos ojos son tan limpios, dice Habacuc 1:13, que no puede ver el mal, haya estado dispuesto a venir, a habitar, a vivir con pecadores a quienes Él oía y veía pecar. Pero es que sus ojos son tan limpios que no puede tolerar el mal. Eso es lo impresionante, lo inconcebible. Tú sabes que a veces tú has leído una noticia o alguien te ha contado algo de pecados que tú dices: "¿Cómo?" Como la violación de un niño. Es como: ¿Qué Dios, cuyos ojos no pueden ver el mal, pudo sentarse a la mesa y oír a hombres y mujeres hablando de pecado, que a Él le producen todavía mayor reacción que a nosotros? Eso es inconcebible para mí.
Lo sorprendente de que Dios viniera e hiciera carne es que Dios, siendo luz, estuvo dispuesto a resplandecer en las tinieblas y que las tinieblas lo rechazaran, porque amaron más sus tinieblas que la luz que Cristo les había traído. Y Él lo sabía que iba a ocurrir, y como quiera vino y lo hizo. Eso es sorprendente.
Y lo inesperado no es el bebé en un pesebre. Es que el Dios que se viste de gloria, hasta el punto que Él habita, de acuerdo a Primera de Timoteo 6:16, en luz inaccesible, tan inaccesible que Isaías 6 cuenta que cuando él tuvo esta visión del trono, los serafines, seres angelicales creados para ministrar en la presencia de Dios, tenían la sensibilidad de taparse con dos alas sus ojos, porque ni siquiera podían ver la brillantez que salía del trono de Dios. Que ese Dios vestido de gloria haya querido, estaba dispuesto a vestirse de humanidad para poder revelar a los hombres la plenitud de dicha divinidad de una forma que no le fuera traumática a sus ojos y a su existencia. Eso era inesperado.
Lo chocante de la encarnación es que ese Dios ahí estuvo dispuesto a venir y ser desvestido de su vestidura humana para ser expuesto desnudo en un madero ante gente que se burlaba de Él, para cargar con el pecado de los burlones, para luego, si le pedían perdón, perdonar su burla. ¿Tú estás entendiendo? Eso es lo chocante, no el pesebre. Que Él oyera, que escuchara la burla de burlones a quienes Él probablemente, algunos de ellos, terminaría perdonándoles su burla. Eso es chocante.
Lo singular del nacimiento de Cristo es que Aquel que es vida por definición, Aquel que no puede morir, haya tenido la sabiduría insondable, inescrutable, para encontrar una forma de cómo vestirse de humanidad, de tal manera que en su naturaleza humana pudiera morir, derramar sangre y morir para el perdón de nuestros pecados. De lo contrario quedaríamos condenados, porque sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado. ¿Cómo Dios, que no muere, puede entrar en una naturaleza humana, unirse a una naturaleza humana, para experimentar la muerte de la naturaleza humana, para luego tomarnos a nosotros, destituidos de gloria, a nosotros que estábamos en vergüenza, llevarnos a la gloria y hacernos coherederos con Él? No es como que yo entro a la gloria y me van a tener en un rinconcito y Cristo por otro lado, lo cual hubiese sido más que gracia. No, no, no. Lo que Él hereda, yo heredo. Yo soy coheredero con Cristo porque Él lo ha revelado de esa manera. ¡Wow!
Lo inesperado del nacimiento de Cristo es que el Dios que no cambia, míralo un minuto para que entiendas y no me vayas a malinterpretar, el Dios que no cambia estuvo dispuesto a cambiar. No simplemente temporalmente, permanentemente, adquiriendo una naturaleza humana que Él conserva hasta el día de hoy junto con su naturaleza divina. Y decía esta mañana que todos los concilios sobre toda la historia, incluyendo el de Westminster, la Confesión de Fe de Westminster, la Confesión de Fe de 1689 de Londres, todas ellas afirman categóricamente, y los credos por igual, que Cristo hasta el día de hoy comparte dos naturalezas, indivisibles, inseparables, indistinguibles una de la otra de tanto como se unieron. Que Dios haya querido adquirir esa naturaleza para identificarse con nosotros y poder llevar a cabo el trabajo que nadie más lo podía hacer, hasta el punto que Pedro nos dice en su segunda carta, 1:4, que nosotros al nacer de nuevo somos participadores de la naturaleza divina. No es que somos divinos, somos participadores de la naturaleza divina.
Lo inaudito del nacimiento de Cristo, de la encarnación de Cristo, es que Él estuvo dispuesto a mirar a hombres, escuchar a hombres y mujeres que piden perdón de pecado, perdón a sus pecados, y después de nacer de nuevo, de haber perdonado sus pecados, van y se enlodan otra vez en el fango de inmundicia, van y se revuelcan de nuevo en el lodo del pecado por el cual Él murió, por el cual ya le pidieron perdón, y vuelven otra vez al mismo lodo.
Eso es insólito, es inaudito, es inesperado, es singular, es chocante, es sorprendente, es impresionante, es incomprensible. Todo eso es cierto acerca de la encarnación de Cristo. El bebé en un pesebre, yo lo entiendo, es importante que yo lo conozca, pero es un nivel de entendimiento. ¡Wow! Todavía no acabo de entenderlo.
Ahora la pregunta es: ¿por qué Dios hizo esto? No entiendo. ¿Cuál es la explicación para la encarnación? ¿Cuál sería la razón? ¿Cómo Dios estaba dispuesto a venir a habitar entre nosotros para ser rechazado, para ser burlado, para morir con nosotros? Como diría Sinclair Ferguson, eso debiera sacudir tu intelecto, sacudir tu emoción, que te emociones. Porque cuáles serían las razones para Dios hacer eso: para venir y escoger un grupo de hombres de doce, para encontrarse con que uno le iba a vender por treinta monedas de plata, el otro le iba a negar. Él fue el que caminó sobre las aguas, y va a decir: "No, yo no lo conozco." ¿Cómo que tú no lo conoces? "No, no, yo no lo conozco." ¿Cómo que no lo conoces? "¡Maldita sea, yo no conozco al hombre!" Para luego tenerlo en una cruz ahí colgado y ver que ninguno de los doce están alrededor, todos lo habían abandonado.
Esa es la clase de seres humanos que tú quieres redimir, ¿a eso fue que tú viniste en serio? Y pensar que ninguno de esos hechos sorprendió a Jesús. En el Antiguo Testamento se profetizó que sería vendido por treinta monedas de plata, que sería negado, fue profetizado que sería crucificado. De manera que Él vino, lo que sabía. Y la única explicación está en Juan 3:16, que dice: "De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Unigénito." Por hombres así, como yo te lo acabo de describir. Pero ¿cómo es posible? Es el amor incondicional de Dios.
Pero ¿cómo puedes amar a personas así? Bueno, la respuesta, lo que Dios te diría es: ellos nunca han sido la motivación de mi amor por ellos. En ellos nunca he encontrado ninguna razón, ninguna motivación ni condición para yo amarlos. Lo único que produce amor en mí por ellos soy yo mismo, mi carácter. Todas las emociones de Dios no son producidas desde afuera, son producidas desde adentro de Él mismo. ¡Wow!
Pero, ¿por qué? Bueno, es que para yo rescatar al hombre tengo que hacerme como uno de ellos, tengo que ir y pagar la culpa del primer hombre y de todos los que han venido después. Pero déjame decirte que lo impresionante no está en el pesebre. El niño vino, estuvo en un pesebre, pero ya creció. Ahora no está en un pesebre, está en su trono otra vez. Cuando no sé cuántos años tú tengas, pero digamos cincuenta años, yo no creo que por cincuenta años te han puesto la foto de tu primer año cada vez, ¿verdad que no? No. Celebramos quién tú eres ahora. Cincuenta años después Él es el Señor de señores y Rey de reyes. Él está en un trono rodeado de su gloria, gobernando soberanamente otra vez como siempre lo estuvo.
Son los años, soy movido, y hoy me muevo mucho más por la idea de la encarnación como Juan lo presenta que por la idea del nacimiento de un bebé en un pesebre, lo cual es bueno saberlo, entenderlo, pero ese no es como el milagro extraordinario.
Ok, frase número tres: habitó entre nosotros. Dice el texto de Juan que Él adquirió una naturaleza humana y luego habitó entre nosotros. Cuando Juan dice que adquirió una naturaleza humana, no se está refiriendo a este cuerpo humano que yo tengo. No se está refiriendo a eso. Es verdad, pero es ese cuerpo humano con todas las debilidades de la naturaleza humana. Déjame ilustrártelo.
Isaías 40:28 dice que Él es el Dios que se sienta sobre la redondez de la tierra. Es una expresión para decir que Él gobierna todo este planeta, la galaxia entera. Bueno, ese Dios que se sienta sobre la redondez de la tierra, a Él lo acostaron en un pesebre. ¡Wow! En un pesebre, a Él lo acostaron en un pesebre. ¡Wow! Ese es el Dios que Isaías 40:22 nos dice que Él ve que los habitantes de la tierra son como langostas. Para ese Dios Él vino y se hizo como uno de nosotros.
Él es la fuente de agua viva y en la cruz dijo: "Tengo sed." Y lo que le dieron, vinagre. "Tengo sed," le pasaron una esponja llena de vinagre. El Dios que de acuerdo al Salmo 121:4 no duerme, se montó en una barca y se durmió en la barca. Y cuando comenzó la tormenta, fueron a despertarlo porque estaba durmiendo. Pero es el Dios que no duerme. Sí, pero ahora cuando Él se arropó con la naturaleza humana, Él fue expuesto a todas las debilidades de dicha naturaleza, hasta el punto que el autor de Hebreos nos dice que Él fue tentado en todo. La naturaleza humana, no la divina. Dios no puede ser tentado, pero son dos naturalezas unidas en una sola persona de tal manera que son indivisibles eternamente. Fue tentado en todo, pero sin pecado.
Bueno, Él habitó entre nosotros, dice Juan. La palabra ahí traducida como "habitó" es una palabra interesante porque en el original es "eskénosen," que viene de otra palabra también en el original que es "skené," que significa tabernáculo. Tanto es así que la Biblia Textual en Juan 1:14 dice que la Palabra o el Logos habitó entre nosotros, pero no lo dice así, dice: "El Logos tabernaculó entre nosotros." En otras palabras, Él vino a reemplazar el tabernáculo del Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento había un edificio. En ese edificio hubo un lugar santísimo. Ese lugar santísimo representaba la presencia de Dios con esta nube de gloria sobre el arca del pacto, donde solamente podía entrar el sumo sacerdote, solamente una vez al año. Y era de tal manera que entraba, que primero tenía que ofrecer sacrificio por sus pecados y luego tenía que entrar echando un incienso, como formando una especie de velo, justamente para no ser consumido. Ese es el lugar comparable con lo que Isaías vio, cuando vio los serafines cubriéndose los ojos porque la luz que Dios irradiaba era insostenible.
La pregunta es: si ese Dios viene a nosotros con toda esa gloria, ¿cómo lo va a hacer? Va a ser traumático para nosotros. Sí, pero yo tengo que venir, yo tengo que ir con ellos porque yo soy el camino al Padre y sin mí no van a llegar. ¿Cómo lo hago? Él se vistió de esta naturaleza humana y con eso es como que puso un velo sobre su gloria, de manera tal que no fuera tan traumático para nosotros cuando se relacionara con nosotros en su paso por la tierra.
Tú recuerdas lo que pasó el día que vinieron a tomarlo como prisionero en el huerto de Getsemaní, cuando los guardias vinieron y Cristo les dice: "¿A quién buscan?" "Bueno, a Jesús de Nazaret." Y Él dijo: "Yo soy." Entonces, ¿qué pasó? Que todos se cayeron a tierra. ¡Pum! Una, diríamos aquí en nuestro país, un cachito, una lucecita de quién Él era, y no pudieron soportar lo que estaba saliendo.
Tú recuerdas cuando los discípulos estaban pescando. Estaban pescando toda la noche y no pudieron pescar nada, y al otro día temprano se encuentran con Jesús. Jesús les había preguntado y dice: "¿Qué pasó?" "Bueno, que pescamos toda la noche y no dormimos. Mira, no tenemos nada." Y Jesús les dice: "Bueno, tiren la red del otro lado." Y Pedro, o sea, como es Pedro, la verdad, de primero. Y él dice: "Bueno, está bien, nosotros... Sí, Maestro, toda la noche..." La implicación era: nosotros sabemos de esto, tenemos años en esto y no cogimos nada. Nosotros lo vamos a hacer, pero yo no creo que va a pasar nada. Y van para el otro lado, y tú sabes qué pasó: que todos los peces del lago de Galilea querían brincar a la barca.
Entonces, tú recuerdas lo que pasó, que Pedro lo ve y le dice: "Apártate de mí, que yo soy un hombre pecador." ¿Sabes? Son de esos sentidos de: "¿Cómo que me aparte de ti?" Sí, sí, sí. Pedro vio un cachito de nuevo, una lucecita de la santidad de este que controla hasta los peces del lago de Galilea y de cualquier otro mar, y no podía soportar su presencia. Le dice: "No, vete, vete, yo soy un hombre pecador." No lo loco que hubiese sido que Pedro hubiese sacado su libreta y hubiese tenido la desfachatez: "Señor, vamos a hacer un contrato, te vamos a hacer socio de esta empresa. Vamos a salir a pescar contigo una vez al mes porque ya tenemos peces suficientes. ¿Cuánto quieres?" Pero no. Pues ese Dios se vistió de humanidad, caminó entre ellos, no les fue traumático y reemplazó el tabernáculo, porque ahora Él era el templo de Dios.
Él se llamó el templo. Recuerda cuando le dijo a los discípulos o al grupo que estaba ahí en la audiencia: "Destruyan este templo, yo lo voy a restituir en tres días," y pensaban que se estaba refiriendo al templo de Jerusalén. Con la realidad se estaba refiriendo a su muerte y resurrección. ¡Wow!
¿Dónde te hay más? El tabernáculo en el desierto fue colocado inicialmente en el centro del campamento y todas las casas a su alrededor, en trescientos sesenta grados, mirando al tabernáculo. Pero resulta que como Cristo es ese tabernáculo y nosotros somos las casas, lo que implica ahora es que todas nuestras vidas debieran estar orientadas a la persona de Cristo, debieran girar alrededor de la persona de Cristo, debieran ser Cristo-céntricas. Esas son las implicaciones.
Todavía hay mucho más, porque cuando Él se fue, antes de irse, nos dejó dicho a través de Pablo: "Ustedes son el templo del Espíritu Santo. Yo dejé el Espíritu en su interior, ustedes son el templo del Espíritu." Y de la misma manera que yo fui a la cruz y ofrecí al Padre un sacrificio santo, ahora ustedes están en la obligación, en la necesidad. Pero lo único serio, como dice Romanos 12:1, es que ofrezcan a Dios un sacrificio vivo y santo y aceptable a Dios, que es nuestro culto racional. Si ustedes viven vidas, si tu existencia entera representa un sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, lo único que están haciendo es... no están haciendo nada de radicales, están haciendo lo lógico, lo racional, lo que se espera. Cualquier otra cosa sería ilógica. ¡Wow!
Estas son las implicaciones de la encarnación de Cristo. Yo necesito ir más allá del bebé, yo necesito ir más allá del pesebre, yo necesito ir mucho más allá de la tradición. Nosotros no podemos permitir que las celebraciones, como te las describí al principio, de mucha comida, mucha montonera, mucha fiesta, mucho regalo, ahoguen la única razón de la ocasión. No la razón principal, no, no, no. No hay otra razón. Si no tenemos a Cristo, dejemos de celebrar porque no hay ocasión, no hay estación. Celébrala en otro momento, de otra forma, en otro día, pero no le llames Navidad.
Cristo es el centro de nuestras vidas. Lo viva yo así o no, él sigue siendo el centro. Nadie lo hace el centro, él es el centro. La pregunta es si yo quiero construir mi vida mirándolo a él y viviéndola en él.
Yo necesito ir cerrando, el tiempo se ha ido, pero déjame leerte algo. Joseph Stowell en su momento fue el presidente de Moody Bible Institute. Ahí él escribió un librito pequeño, no es muy grueso y tampoco es muy grande, se llama *The Trouble with Jesus*, el problema con Jesús. Déjame leerte lo que él dice de cuál es el problema con Jesús.
Sin él, toda la Biblia desaparece. Claro, porque el Antiguo Testamento apuntaba a Cristo, el Nuevo Testamento gira alrededor de Cristo. Sin él, tu culpa y la mía permanecen y no tengo esperanza de perdón de pecados, más nunca, porque sin el derramamiento de sangre no hay perdón de pecado, y especialmente de ese cordero. Sin Cristo, yo no puedo llegar a Dios porque él es el camino, el único mediador entre Dios y el hombre. Pero en 1 Timoteo 2:5 no hay otro mediador. No hay ángeles que puedan mediar mi relación con Dios, no hay santos, y con todo el respeto que le pueda tener como ser humano, no hay María la Virgen de mediadora. Hay un mediador entre Dios y el hombre: Cristo Jesús.
Sin Cristo no tengo mediación y no tengo camino hacia Dios. No hay ningún otro nombre debajo del cielo por medio del cual yo puedo ser salvo. Lo que implica que si Cristo desaparece, el cielo desaparece para mí, pero el infierno permanece. Eso dice esto. Claro, porque ahí es donde voy, pero el cielo ya no estará para nosotros.
Sin Cristo no tengo oración. No, claro que no, porque Dios me oye cuando yo oro en su nombre. Es algo lo que Cristo dice: cuando oren, oren en mi nombre para que sean oídos, para que sean recompensados. No puedo orar. Yo oro en Cristo, por Cristo, por sus méritos. Si Cristo desaparece, se acabó mi oración.
Sin Cristo no tengo gozo. Cristo dice al final de su vida: "Ahora, Padre, yo voy a ti", y habló todo esto que está hablando para que tengan su gozo completo. En otras palabras, tendría una alegría aquí, una alegría allí, pero muy temporal. Yo soy el que hago el gozo perfecto, completo, permanente. O no hay gozo.
El problema con Jesús es que sin él yo no tengo vida eterna, yo tengo condenación eterna. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que no obedece al Hijo, la ira de Dios permanece sobre él. Hay un problema con Jesús, pero no lo tiene él, lo tengo yo. El problema con Jesús es el problema que yo tengo con él: que sin él no tengo nada, pero con él yo lo puedo tener todo.
Ahí es donde está lo mejor del asunto. Esto es lo increíble de la encarnación de Dios, hermano. Se pasa más allá del pesebre y de la tradición y del bebé. No, esto es Dios en un pesebre. Un Dios infinito, el que ni el cielo lo contienen, contenido no solamente a este tiempo y espacio, a un útero. ¿Te imaginas a Dios saliendo por el canal vaginal? Wow. Él no necesitaba eso, yo sí.
Y luego nosotros pensamos que llegar a esto es muy radical, que hacer aquello es muy radical, que dejarlo todo es muy radical. ¿En serio? O sea, Cristo hace lo que hizo y no lo consideramos radical, y cualquier nivel de sacrificio para nosotros era radical. Eso solamente habla de autocentrados que nosotros estamos. Como dicen los gringos: "We don't get it". Nosotros no entendemos.
Porque de acuerdo a lo que Pablo reveló por inspiración del Espíritu, hay una sola forma lógica de responder a lo que Cristo hizo por nosotros, y eso es ofrecer tu vida como sacrificio vivo, santo y agradable a nuestro Dios. Ese es tu culto racional, esa es tu respuesta racional, ese es tu modo de vida racional. Todo lo demás es ilógico y deshonroso para el que Dios subida.
Ahora, hermano, hermana, si tú estás aquí yo estoy seguro que Dios te trajo, de lo contrario no estarías. Yo creo que en cualquier audiencia de este tamaño va a haber personas que Dios trajo para que escucharan el mensaje del evangelio de otra manera, pero en quienes el Espíritu de Dios estaría activamente trabajando para ayudarles a entender. No han nacido de nuevo, para ayudarles a entender lo que no sabían entender, para darles convicción de pecado y el entendimiento junto con, para que puedan entonces pedir perdón. Dios pondría el querer y el hacer al pedir perdón, al querer el perdón, y que estarían dispuestas a entregar su vida como Señor y Salvador. Ya sea porque nunca lo han hecho, o porque descubren en un mensaje como este que creían que lo habían hecho, pero entienden por medio del Espíritu que realmente no lo habían hecho.
Y si es el caso, como fue el caso del servicio anterior, yo quiero orar contigo. Yo quiero guiar personalmente desde aquí a que puedas orar en tu interior. No tienes que venir aquí, no tienes que orar en voz alta. Dios oye nuestras oraciones. Pero desde donde tú estás yo quiero guiarte para que tú puedas, si tienes convicción del Espíritu, dirección del Espíritu, entendimiento del Espíritu, tú puedas pedir el perdón de ese pecado por la sangre de Cristo. Para eso fue que él vino, para eso fue que se encarnó, para eso entró al mundo. Y que tú puedas entonces entregar tu vida a Cristo y poderlo confesar como Salvador y vivirlo como Señor.
¿Qué yo quiero decir con eso? Que puedas entender que el llamado del discípulo es una vida de obediencia. Que Cristo dijo: "¿Por qué me dices Señor, Señor, y no haces lo que te digo? No todo el que me dice Señor, Señor, entrará al reino de los cielos, sino aquellos que hacen la voluntad de mi Padre". Por eso decía que tú estés dispuesto a confesarlo como Salvador y a vivirlo como Señor, someter tu vida, tu pensamiento, tus deseos, tus pasiones al señorío de Cristo, para que él entonces no tenga que decir: "¿Para qué me llamas Señor, Señor, y no haces lo que te digo?".
Esta es la idea. Desde aquí te voy a guiar. Tú puedes cerrar los ojos. Si el Señor de alguna manera te comunicó, te convenció, te ilustró, te iluminó y llegaste a entender tu condición de pecado, ahora hay que pedir el perdón de pecado. Quiero guiarte. Tengo una oración de arrepentimiento. Yo la voy a decir, tú la harás en tu interior, entre tú y Dios. Yo la diré.
Desde donde están, Dios conoce quién está haciendo esto y quién no. Simplemente te voy a guiar. Tú puedes decir:
"Señor, gracias por ayudarme a entender este mensaje. Gracias por traerme a este lugar a escuchar este mensaje. Gracias por darme el entendimiento, gracias por darme el convencimiento de que, al igual que otros o todos, yo también soy un hombre pecador o una pecadora, en necesidad de perdón. Pero te doy gracias de que eso no es lo único que tú has revelado. Tú también has revelado que tú eres un Dios perdonador. Y no solamente has revelado que tú eres un Dios perdonador, sino que tú proveíste el medio para alcanzar perdón y salvación. Tanto amaste a este mundo, y en ese sentido tanto me amaste a mí, que diste a tu Hijo por mí. Gracias, Señor Jesús, por derramar tu sangre a mi favor. Te pido perdón en base a ese sacrificio que hiciste. Te pido perdón y te pido ahora que el Espíritu de Dios, que es quien regenera, que es el que me hace nacer de nuevo, ponga en mí el querer y el hacer para tu buena voluntad. Para que yo pueda hoy confesarte como Salvador y hoy y siempre vivirte como Señor. Que tú me des lo que yo no tengo, la capacidad que yo no tengo para vivir tu señorío y complacerte, que es lo único lógico, racional, digno, honroso a la luz de lo que tú has hecho por mí. Gracias, mi buen Dios. En Cristo Jesús. Amén".
Nos ponemos de pie y volvemos a cantar.