IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
"¿Dónde estás tú?" es la primera pregunta que Dios hace en la Biblia, y no la formula porque desconozca la respuesta. Dios sabía exactamente dónde se escondían Adán y Eva después de su desobediencia. La pregunta revela algo más profundo: ellos habían abandonado la posición de dignidad que Dios les había dado. Fueron creados para administrar la creación, para deleitarse como pareja y multiplicarse, pero ahora gastaban su tiempo preocupándose por algo tan trivial como cubrirse el cuerpo. El pecado siempre rebaja, arrastra a la indignidad, convierte a personas en algo peor de lo que fueron diseñadas a ser.
La pregunta también revela el carácter de Dios: Él siempre toma la iniciativa de buscarnos. Adán y Eva no tenían planes de presentarse ante Dios; estaban escondidos, aterrados. Pero Dios vino a buscarlos. Esa voz que antes acariciaba el alma de Adán ahora le producía miedo, porque la comunión se había roto. Cuando hay intimidad verdadera, uno se presenta tal como es; cuando se rompe, nos convertimos en extraños.
Dios estaba ofreciendo misericordia. La construcción del texto muestra que Él les dio oportunidad de confesar, de humillarse, de apelar a su gracia. Pero Adán culpó a Eva, y Eva culpó a la serpiente. Nadie asumió responsabilidad. Aun así, incluso en el castigo, Dios mostró misericordia al expulsarlos del Edén para que no vivieran eternamente en cuerpos decadentes. La pregunta sigue resonando hoy: ¿dónde está tu corazón con relación a Dios?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Una pregunta. Y la Biblia está llena de preguntas. De hecho, una de las maneras de Jesucristo enseñar era a través de preguntas. Jesucristo en múltiples ocasiones, cuando le hacían una pregunta, él respondía con otra pregunta. Y la Biblia está llena de preguntas: hace preguntas nuestro Señor Jesucristo, hacen preguntas los discípulos, hacen preguntas los profetas, hacen preguntas los impíos, hasta Dios también hace preguntas.
Y vamos a ver la primera pregunta que Dios hace. Vamos a leer solamente un solo versículo por ahora, y es el versículo 9 del capítulo 3 del libro de Génesis. Y en el libro de Génesis nos vamos a encontrar con muchas cosas que son nuevas, porque es el libro de los principios. Nos encontraremos con el primer hombre, con la primera mujer, con la primera familia, con el primer pecado, con la primera transgresión, con el primer homicidio. Vamos a encontrar el origen de muchas cosas que son buenas y que son malas, y que hoy son cotidianas.
Dice el versículo 9 del capítulo 3 del libro de Génesis: "Y Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás tú?" Esta pregunta, cuando yo leía este pasaje, trajo a mí otras preguntas y otras conclusiones que yo quisiera compartir con ustedes en esta noche. "Y Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás tú?"
Vamos a orar, por favor. Gracias te damos, Señor, por la oportunidad de compartir tu satisfacción. Ten misericordia de mí y ten misericordia de quienes me escuchan. Te alabamos y te bendecimos, Señor, y confiamos en ti. Es nuestro propósito que, a pesar de mis limitaciones, tú cumplas, Señor, con tu voluntad en esta noche. En el nombre de Jesús, amén.
Normalmente, cuando una persona hace una pregunta es porque no sabe la respuesta. Normalmente es así, salvo en algunas ocasiones que uno tiene un propósito especial, que sabe la respuesta y aún así hace una pregunta. Pero normalmente uno cuando hace una pregunta es porque no sabe la respuesta. Entonces me pregunto: ¿sería ese el caso de Dios? ¿Dios está diciendo "dónde estás tú, Adán, dónde está Eva" porque no sabe la respuesta?
Si esa sería la razón por la cual Dios está preguntando, entonces no me animaría mucho, se lo digo con toda sinceridad, seguir a Dios. Entonces Dios no es tan poderoso, no es tan sapiente como dice la Palabra de Dios que es él. Si Dios ha creado a Adán y ahora está diciendo "Adán, ¿dónde estás? Que no te encuentro. ¿Dónde estás? Que no te veo. ¿Dónde estás? Que no puedo ver dónde pudieras haberte escondido", entonces, ¿qué clase de Dios nosotros tenemos? Entonces pudiéramos llegar a una conclusión de que realmente Dios tiene algunas limitaciones. No me anima entonces decir que Dios es el Dios que siempre hemos creído.
Pero ustedes y yo sabemos que esa no es la razón. Dios ya sabía dónde estaba. De hecho, la Palabra de Dios, y nosotros recorremos gran parte de ella, nos vamos a dar cuenta que Dios sabe todas las cosas. Que en el Salmo 139 el salmista llega a decir: "Si hiciere mi estrado aún en las profundidades de los infiernos, aún ahí está tu presencia." Dios está en toda parte, o como dijo un autor: todas las partes están en Dios. No podemos escondernos de Dios. No podía Adán esconderse de Dios. Dios ya sabía dónde Adán estaba.
Pero yo no sé si ustedes piensan como yo. Yo pienso que eso entonces complica la pregunta, porque si Dios sabía dónde Adán estaba, entonces ¿por qué pregunta? Si Dios sabía, si Dios tiene conocimiento claro de dónde está Adán, entonces ¿por qué la pregunta? Bueno, ahí es que vamos entonces a estar reflexionando.
Y una de las cosas que debemos saber es que la Biblia se escribe para nosotros, para nosotros que no estábamos allí, que no podemos hurgar entre los misterios de Dios, y que entonces, al ver episodios como este, por conocer a Dios y conocer su Palabra, podemos llegar a algunas conclusiones satisfactorias. Si Dios sabe dónde está Adán, entonces, ¿qué significa "dónde estás tú"? Y sobre esa pregunta, a esa pregunta, es que yo quisiera que nosotros dedicáramos el tiempo. ¿Qué tiempo? ¿Dos horas, tres horas? Más o menos. Muy bien, vamos a dedicarnos a esto.
Lo primero que yo veo en este pasaje es que el capítulo 3 del libro de Génesis nos describe la desobediencia de Adán y de Eva. Conscientemente ellos tomaron la decisión de romper aquel acuerdo que habían hecho con Dios. Y "¿dónde estás tú?" tiene una primera inferencia, tiene una primera conclusión, si así podemos llamarle, y es que de alguna manera u otra ellos habían rebajado la dignidad y la posición de privilegio que Dios les había dado en el Edén.
Cuando nosotros vamos al capítulo 1 del libro de Génesis y nos damos cuenta cuáles eran las responsabilidades que ellos tenían, y el elevado nivel de dignidad que ellos tenían como mayordomos del Edén, nos podemos dar cuenta que verdaderamente había una distancia abismal entre lo que ellos son ahora y lo que Dios quería que ellos fueran. El versículo 28 del libro de Génesis dice: "Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos." Y por ahí sigue Dios diciendo el propósito para el cual ellos fueron creados y fueron puestos allí en el Edén. Les dice: "Fructificad y multiplicaos." Ellos tenían como propósito deleitarse como pareja. Ellos tenían como propósito multiplicarse y administrar toda la creación.
¡Es extraordinaria posición! ¡Qué privilegio tenían Adán y Eva de estar allí en el Edén! No eran los ángeles los que estaban administrando la creación. No eran los ángeles los que estaban disfrutando del deleite que ellos tenían como pareja. Eran ellos, una posición eminentemente privilegiada.
Sin embargo, por causa del pecado, ahora vemos a Adán y Eva en el Edén escondiéndose y preocupándose por algo tan trivial como ponerse algo para cubrirse el cuerpo. Aquel tiempo que ellos debieron estar empleando para administrar la creación, para ocuparse en los asuntos a los cuales Dios los llamó, ahora tienen que preocuparse por algo tan irrisorio como los afanes por cosas cotidianas.
Y es que el pecado lleva a la gente a la indignidad. No solamente está la rebelión en contra de Dios, no solamente está romper y quebrar el pacto que hemos tenido con Dios, sino también las consecuencias que nos rebajan y nos hacen muchas veces peores que las bestias. Y allí están Adán y Eva preocupándose por algo que no debieron nunca preocuparse. "¿Dónde estás tú?" significa que ellos habían abandonado aquella posición de mayordomo para dedicarse a algo que realmente no era prioridad y que no estaba en los planes. Es que el pecado lleva a eso.
Leyendo unas prosas de Elihu Forster, y que John MacArthur rescata, hablando acerca de lo que produce el pecado en la vida del ser humano, el abandonar esa posición de dignidad y de integridad que Dios quiere que nosotros tengamos, dice lo siguiente: "¿Quién es el escolano canoso que cava la tumba del hombre? ¿Quién es la dama que se pinta y que se deja robar su virtud? ¿Quién es el homicida que destruye su vida? ¿Quién es la hechicera que primero engaña y luego condena su alma? El pecado. ¿Quién con aliento agérrido arruina el florecimiento de la juventud? ¿Que rompe el corazón de los padres? ¿Que arrastra a los ancianos con tristeza de sus cabellos grises a la tumba? El pecado. ¿Quién, por una metamorfosis más horripilante que la imaginada jamás por Ovidio, cambia a niños afectuosos en víboras, a madres tiernas en monstruos, y a padres en seres peores que Herodes, que asesinan a sus propios inocentes? El pecado. ¿Quién es la Dalila que le canta al nazareo para dormirlo y abandona al fuerte de Dios en manos de los incircuncisos? ¿Quién, por sonrisas halagüeñas y mieles de adulación en su lengua, se para en la puerta para ofrecer los frutos agridulces de la hospitalidad, y cuando las sospechas se duermen, atraviesa traidoramente nuestro temple con una estaca? ¿Quién hace todas estas cosas? El pecado."
Nos lleva a arrastrarnos por las mazmorras de la vida. Y que el abandonar la posición que Dios nos ha dado nos lleva a eso. No es dignidad ver personas abriéndose las venas y quedando a merced de las drogas. No es dignidad ver niños pidiendo por las calles. No es dignidad la injusticia social. No es dignidad la mala distribución de la riqueza. No es dignidad la corrupción política. Nada de eso es dignidad. Pero, ¿qué causa eso? El abandonar el plan de Dios. El no hacerle caso a lo que Dios ha establecido. El estar conscientemente claros de que Dios tiene un plan y aún así darle la espalda.
"¿Dónde estás?" significa que Adán y Eva habían abandonado esta posición de privilegio que Dios les dio. Pero lo grande es que no solamente Adán y Eva abandonaron eso, sino que nosotros, que no somos mejores que ellos, también recurrentemente tenemos la tentación de abandonar esta posición que Dios nos ha dado. Tenemos la tentación de darle la espalda a Dios. Por lo menos yo lo he hecho, y lo he hecho muchas veces. Estando viendo conscientemente lo que Dios tiene para mi vida, sabiendo lo que Dios revelaba en su Palabra, aún así he pasado por episodios oscuros de mi vida donde le di la espalda a Dios, y he dejado la mayordomía del ministerio para irme a arrastrar en las callejuelas del pecado. He pasado por episodios así.
"¿Dónde estás tú?" significa que es la voz de Dios llamándonos en el lugar donde él nos puso y que nosotros hemos abandonado. "¿Dónde estás tú?" La voz de Dios retumbando diciéndome: "Mi hijo, mi hija, ¿dónde estás? ¿Dónde está tu ministerio? ¿Dónde está la responsabilidad que te delegué? ¿Dónde está tu pasión por hacer mi voluntad?" Eso significa "¿dónde estás tú?"
Por la gracia, por la misericordia de Dios, mi corazón no se endureció tanto como para nunca volver a escuchar la voz de Dios, sino que mi corazón tenía algo de Dios todavía. Y escuchando esa voz de Dios, no quedé con otra opción que decirle: "Señor, aquí estoy." Y por su gracia todavía me mantengo, no por mis méritos, sino por la insistencia de la gracia de Dios que todos los días me dice: "¿Dónde estás tú?" Y yo le digo: "Señor, estoy aquí todavía." Y el Señor me dice: "Amigo, qué bueno." Todos los días, a cada momento, varias veces al día, esa voz de Dios me dice: "¿Dónde estás tú?" Y yo le digo: "Señor, aquí estoy."
¿Que vamos a escuchar esa voz anualmente o los domingos? "¿Dónde estás tú?" Y ahí los domingos nos arrepentimos y venimos: "Señor, aquí estoy, muy dolido." Y se nos olvida. No.
Todos los días, a todo momento, al compás de los latidos de nuestro corazón: "Aquí estoy, Señor, ¿dónde estás tú?"
Tiene una segunda razón, y es que Dios siempre toma la iniciativa de buscarnos. De buscarnos no solamente cuando estamos perdidos, sin esperanza, y nos trae a salvación, sino aun cuando ya tenemos la salvación. Dios siempre toma la iniciativa. Aquí vemos que Adán y Eva habían pecado, que se habían escondido de Dios, que no tenían planes de venir ante la presencia de Dios. Dios bien pudiera haber dicho, como decimos nosotros los humanos: "Bueno, si él no viene, entonces vamos a ver qué va a pasar, porque yo no me voy a humillar." Hasta cierto punto es una humillación de Dios venir, a pesar de que les digo: "Miren, no pueden pecar, no pueden hacer esto, estas son las leyes claras, todos ustedes tienen muchas opciones, miles de opciones para hacerlo bueno." La única opción que tenían que no debían tomar, esa cogieron.
En el tiempo nuestro tenemos muchas opciones para agradar a Dios y tenemos muchas opciones para desagradarle. Adán y Eva tenían todas las opciones para agradar a Dios; realmente había una opción que no podían tomar, y esa hicieron. Tremenda puntería la de Adán y Eva. Sin embargo, a pesar de eso, se oye la voz del Señor retumbando por el Edén: "Adán, ¿dónde estás tú?" Es Dios que toma la iniciativa, es Dios que dice: "Déjame ir a buscar a mi hijo que ha pecado, déjame ir a buscar a estos que ya comenzaron a darme dolor de cabeza, déjame ir a buscarlos."
Esa es la soberanía de Dios, esa compañía grandiosa que nos cubre. Dios no espera que nosotros vengamos delante de Él. Él toma la iniciativa y nos hace el llamado. Primero, cuando estamos perdidos en pecado, porque no tenemos la capacidad de darnos cuenta de quién es Dios, de lo que quiere para nosotros. Dice la Palabra de Dios que no hay justo ni aun uno, que no hay quien entienda, que no hay quien haga lo bueno, que no hay quien busque a Dios. Qué arrogantes somos cuando decimos: "No, porque cuando yo estaba buscando de Dios..." Bueno, está bien, estaba buscando de Dios, pero cuando yo comencé a pensar que estaba buscando de Dios es porque hace rato Dios me estaba buscando a mí. Porque ninguno de nosotros pudo llegar a Cristo si Él primero no comenzó a trabajar en nuestros corazones.
Y aquí está Dios una vez más mostrando su espontaneidad amorosa, diciéndole a Adán y Eva: "¿Dónde estás tú?" Adán y Eva habían abandonado la comunión, pero Dios toma la iniciativa de buscarlos. Ese es el carácter de Dios. ¿Y cómo Dios nos busca? ¿Cómo Dios toma esa iniciativa? Cada vez que abrimos la Palabra es Dios tomando la iniciativa. Cada vez que alguien nos habla de Cristo es Dios tomando la iniciativa. Cada vez que tenemos la oportunidad de alabarle y entramos a la presencia de Dios y corremos por los pasillos del cielo, es que hace rato ya Dios estaba allí. Dios es el que toma la iniciativa para restaurarnos.
Por eso el apóstol Pablo en Romanos capítulo 12 nos dice en el versículo uno: "Os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios." Pablo no apela a otra cosa que no sea esta misericordia de Dios derramada, y que se manifiesta en la espontaneidad que Él tiene de tomar la iniciativa. Si hay algo que yo me asombro de la grandeza de Dios, de la persona de Dios, es esa iniciativa que Dios tiene para buscarme aun cuando yo no merezco nada. Dice la Palabra de Dios que por la misericordia de Dios no hemos sido nosotros consumidos. No merecemos absolutamente nada de Dios.
Y cuando yo oigo muchas predicaciones de hoy en día, están apelando a lo que Dios le va a dar: "Mira, ven al Señor y sírvele al Señor, porque el Señor te va a bendecir, porque el Señor te va a dar un carro nuevo, porque el Señor te va a dar una casa, porque mira, cuando tú vengas al Señor te vas a casar." Y tú ves de todo tipo de ofertas. Un Dios Santa Claus, ¿verdad?, que viene y tú le sirves y Dios viene y te da lo que tú quieras. Un Dios tipo la lámpara de Aladino, que tú lo frotas y dices lo que quieres y te lo da. Entonces muchas personas están con las expectativas de que la motivación para servir a Dios es lo que Dios puede dar. Dios bendice, Dios da salud, Dios nos da más allá de lo que nosotros merecemos, pero esa no debe ser la motivación que nosotros tenemos para servirle.
Otros predican a un Dios que está presto para castigar y enjuiciar al menor traspié espiritual que nosotros demos, y nos dicen: "Mira, busca de Dios y no, Dios te va a castigar." A mí, que no tengo una cara muy cristiana que digamos —digo, y lo digo con sinceridad—, hay personas que le dicen: "Mira, a él se le ve que es cristiano, a ella se le ve que es cristiana." Yo, lamentablemente, no tengo una cara muy cristiana, y esto ha traído como consecuencia que las personas me digan: "¡Arrepiéntete o te vas a ir al infierno!" ¿A alguien se lo han dicho? Sí. O sea, algunas personas con buenas intenciones, con pureza de intención, andan por ahí predicándote y dicen: "Mira, arrepiéntete o te vas a ir al infierno." Me lo han dicho. Pero mi motivación para servir a Dios no son los castigos o las penalidades que Dios me puede dar.
Por eso es que el apóstol Pablo dice: "Os ruego por las misericordias de Dios." Quiere decir que el servicio y la entrega a Dios no es ni por lo que Dios me vaya a dar, ni por los castigos que Dios me vaya a infligir, sino por lo que el Señor ya ha hecho en esta vida, y lo que el Señor ha hecho en la otra vida. Más que nada, nos ha salvado por su gracia, por su misericordia. Aunque no me haya dado más nada, eso es suficiente. Aunque no me dé salud —y le pido la salud—, aunque no me dé riqueza —también se la pido—.
Me hicieron una pregunta en días pasados: que qué yo espero de mi hija y de la otra que viene. Y yo le dije, y lo digo con toda honestidad: a mí me gustaría que mis hijas fueran las mejores estudiantes, me gustaría que tuvieran buena salud, me gustaría que fueran buenas profesionales, me gustaría que vivieran con un nivel de vida con dignidad, me gustaría, cuando llegue el tiempo, que se encontraran un buen hombre. Pero por sobre todas las cosas, lo que yo quiero es que mis hijas sirvan a Dios. Eso es lo que yo quiero, es lo que yo anhelo: que tengan al Señor como el amo y el propietario de sus vidas.
Con la salvación que Dios nos ha dado no necesitamos más nada. Con eso es suficiente para nosotros estar por la eternidad dándole gracias y honra al Señor por lo que Él ha hecho por salvarnos. ¿Quién puede darnos eso? Por eso es que cuando veo que Dios pregunta "¿dónde estás tú?", una vez más veo la muestra de esa gracia y esa misericordia de Dios. No la merecía Adán, no la merecía Eva, pero aun así Dios, en su amor, viene y manifiesta su carácter buscándolos a ellos.
Entonces, cuando nos preguntamos qué significa "¿dónde estás tú?", nos damos cuenta que significa que Adán y Eva habían abandonado esa posición de dignidad. En segundo lugar, significa que Dios es quien toma la iniciativa siempre de buscarnos. En tercer lugar, de las tres inferencias que vamos a ver en esta noche, nos damos cuenta que Adán y Eva habían abandonado la comunión con Dios.
Miren lo que dice más adelante. Cuando Dios le pregunta a Adán: "Dime, Adán, ¿y quién te enseñó que estabas desnudo?", versículo 10, dice Adán: "Oí tu voz en el huerto y tuve miedo." Aquella voz de Dios que antes acariciaba el alma de Adán y Eva ahora produce miedo. Aquel Dios que antes era su compañero, su amigo... ¿Ustedes se imaginan lo que era esa perfecta comunión de Adán y Dios cuando no había pecado? Imagínense si nosotros tenemos momentos gloriosos, extraordinarios, que decimos como los discípulos: "Vamos a hacer una enramada y vamos a quedarnos acá", porque podemos entrar en la misma presencia del Señor y contemplar su belleza y su grandeza. Imagínense lo que era para Adán estar en el huerto y hablar de tú a tú con Dios, enfrentarse a esa teofanía de Dios cuando todavía no había una caída, un pecado que pudiera manchar.
Porque a pesar del pecado nosotros tenemos una extraordinaria comunión con Dios. Aunque sea por espejo, oscuramente, pero es suficiente para nosotros; nos deleitamos en eso. Imagínense lo que era para Adán estar allí frente a Dios, pasar horas. El tiempo no importaba. No tenía Adán que irse a prepararse para el día anterior, para el día posterior, "que tengo que preparar los niños, que tengo que dar un informe, que me voy a viajar." No, ahí estaba Adán hablando con Dios y deleitándose en la presencia del Señor sin importar el tiempo, porque la presencia del Señor lo llena todo. Cuando entramos en esa presencia del Señor, el tiempo no debería de contar, porque para Dios no importa. Entonces a nosotros deberían importarnos lo que a Dios también le compete.
Sin embargo, esa voz de Dios que deleitaba el alma de Adán ahora causa miedo. ¿Por qué? Porque se ha roto la comunión. El Dios que era amigo de Adán ahora se ha convertido en un extraño. Yo no sé si a usted le ha pasado que tenía alguna amistad con alguien y pasó el tiempo, y de repente se encuentra con esa persona y como que no hay nada que hablar. O tenemos amistades o personas que no tienen los mismos intereses nuestros, que el único propósito de nosotros estar con ellos —yo he dado este testimonio— es hablarle de Cristo, pero después de ahí no hay más nada. ¿Por qué? Porque no hay comunión.
Personas que antes estaban en los caminos del Señor y servían al Señor con gozo, y ahora la voz de Dios les causa miedo también. ¿Por qué? Porque se rompió la comunión. Cuando se rompe la comunión nos convertimos en extraños. Cuando se rompe la comunión en una pareja porque hay dificultades en el matrimonio, se convierten en dos extraños durmiendo en la misma cama.
Como pastores tenemos que hacer visitas. A veces yo tengo que ir a casa de algunos hermanos, otros hermanos que conozco, otros que no conozco bien, pero se dan situaciones que hay que a veces ir a casa de alguien. Y hay hermanos que no conozco bien, y se planificó una cita, y voy a la casa, y cuando me abren: "¡Ah, el pastor!" Y yo miro que adentro como que están recogiendo cosas y estamos viendo rápido. Y cuando me abren la puerta es la señora de la casa: "Pastor, perdóneme", y comienza a poner disculpas: "Aunque sabía... yo no sabía que usted iba a llegar tan pronto", y de...
La voz es la misma voz de la hermana y del hermano que he visto en la iglesia, pero la cara no se me parece porque la veo totalmente en su estado natural, el pelo como Don King. Y entonces me pide mucha disculpa porque ella no ha pasado por ese proceso de metamorfosis antes de llegar a la iglesia. ¿O no es que pasan por un proceso de metamorfosis? Y entonces después de un rato, ay sí, es ella, no se me parece pero es ella. Tengo que visitar hermanos con los cuales tengo mucha confianza, y ahí ni siquiera tengo que llamar. Cuando toco, "¿Quién es?" "El pastor." "Pasa." No, nadie me va a abrir la puerta así, me llaman, me entran pa' dentro, y aparecen cabezas sin cuerpos y cuerpos sin cabezas. ¿Por qué es esta dinámica? Porque cuando hay confianza uno se presenta tal y como es; cuando hay intimidad uno se presenta tal y como uno es, sin poses, sin máscaras.
Adán había cambiado. Por lo tanto, Adán tenía miedo de presentarse delante de Dios tal y como él estaba en esas condiciones. No era aquel Adán sin pecado; ya el pecado había entrado en su vida, en la vida de Eva, y ya no le deleitaba la comunión con Dios, no se gozaba en estar en el Señor. Y muchas veces podemos estar en la iglesia y tenemos algunas alertas que pueden sonar en nuestras vidas. Cuando ya yo veo que me estoy hastiando por todo lo que el pastor puede decir, cuando los cánticos no son los cánticos que me llenan, cuando comienzo a criticar en el culto, cuando veo que no me saludaron y entonces me molesto por ello, son señales de alerta de que algo no está andando bien.
Todo el que se va de una iglesia, todo el que abandona la comunión, es porque le hicieron algo. Cuando usted le pregunta: "Sí, yo iba a la iglesia, me fui porque el pastor me pasó por el lado y no me saludó, la iglesia ha crecido mucho, el pastor se ha vuelto un poco orgulloso." "Pero, ¿tú has visto algo?" "No, no, no, pero mi espíritu eso yo soy, yo lo siento a él." Todo el que se va, generalmente la persona no dice: "Yo me fui porque yo soy un pecador, porque yo no quiero ser hipócrita, yo no estoy andando bien ahora." Por mí, no. Siempre quieren echarle la responsabilidad a otros, y vamos a ver eso más adelante.
Lo cierto es que a los que no les deleita estar en comunión con Dios, no les deleita. Dice la Palabra de Dios que las tinieblas no tienen comunión con la luz. Dice la Palabra de Dios que el que anda en tinieblas no quiere venir a la luz para que sus obras no sean reprendidas. Nosotros que estamos en comunión con Dios tenemos alertas que nos pueden decir cuándo posiblemente podemos estar apartándonos un poco de esa comunión con Dios. Incluso podemos ser muy activistas, muy religiosos, y estar fuera de la gracia de Dios en ese sentido.
Cuando el Señor entró a Su pueblo, todos le alababan y le recibían como rey, ¿y qué dijo el Señor? "Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí." Otros le dijeron: "Señor, en tu nombre echamos fuera demonios, hicimos muchos milagros, etcétera, etcétera." ¿Y qué les dijo el Señor? "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad." La comunión no solamente se puede perder estando en el mundo, también podemos perderla asumiendo poses religiosas dentro de la iglesia.
"¿Dónde estás tú?" significa que Adán y Eva habían abandonado la comunión con ese Dios que los puso en una posición de privilegio para que pudieran servirle.
Y por último, "¿Dónde estás tú?" significa que Adán y Eva estaban siendo beneficiados por la misericordia de Dios y ellos no la aprovecharon. ¿Qué dijo Dios? "De cierto digo que cuando coman de ese árbol, ¿qué iba a pasar? Van a morir." ¿Murieron instantáneamente? No, no murieron instantáneamente. Dios le está diciendo "¿Dónde estás tú?" para que Adán y Eva reaccionen.
¿Viste lo que dice la Palabra de Dios? Dios le dijo: "Adán, ¿dónde estás tú?" "Escuché tu voz en el huerto y tuve miedo." Y Dios le preguntó: "¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí que no comieras?" ¿Lo sabe Dios o no lo sabe? Todo eso Dios lo sabe. Es que los padres, cuando les decimos a nuestros hijos: "¿Te has comido esto?" Con la boca llena. Ya no lo hacemos, ya no compramos eso porque eso no es muy saludable, pero antes, cuando no teníamos conciencia de eso, teníamos calditos de pollo en la cocina. Y eso tiene una envoltura como dorada muy bonita, y nuestra hija, cuando estaba creciendo, eso le llamó la atención, y vino y se tiró uno creyendo que era un chocolate. Y yo la vi y dije: "¿Qué tienes en la boca?" Y yo vi que ella, que es un poco más clarita que yo, vi cómo la temperatura y el color iba subiendo así. Y lo primero que rompió las compuertas del sudor fue una gota de sudor solitaria que se desprendía, y después ahí yo la veía sudando. "¿Pero qué pasa? ¿Te comiste algo?" "Pero yo no..."
Dios le está diciendo: "Adán, Adán, ¿dónde estás tú?" "Oí tu voz en el huerto y tuve miedo." Pero la construcción del texto lo que nos indica es que Dios descubrió dónde Adán estaba; no fue que Adán espontáneamente decía: "Aquí estoy, Señor." No. "Adán, ¿y quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Qué estás intentando cubrirte? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Comiste del árbol que yo te dijera que no comieras?" Dios lo sabe todo. Dios lo que está demostrando es misericordia con Adán, mis hermanos.
Esto era para que Adán dijera: "Señor, sí, yo pequé. Señor, Eva, ven para acá también. Eva pecó. Nosotros hemos violado el pacto que Tú hiciste con nosotros, lo sabemos. Pero Señor, sabemos que lo que merecemos es la muerte. Es tu prerrogativa matarnos. Si quieres matarnos, mátanos antes de que yo termine de hablar. Pero si en tu gracia, en tu misericordia, quieres darnos una nueva oportunidad; si en tu gracia, en tu misericordia, Tú quieres darnos el chance de nosotros volver y enmendar esto viviendo en integridad, guardando tu pacto, apelamos a esa gracia y esa misericordia tuya." Probablemente la historia había sido otra.
La Palabra del Señor dice: "Venid a mí todos los trabajados y cargados, que yo os haré descansar." "Acercaos confiadamente al trono de la gracia y hallaréis gracia y misericordia para el oportuno socorro." "Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad." Dios, antes de ser un Dios condenador, es un Dios que restaura, es un Dios que sana, es un Dios que nos da oportunidades. Todos nosotros estamos aquí porque Dios nos ha dado múltiples oportunidades, no una, múltiples oportunidades nos ha dado Dios. Por eso estamos aquí, si no, no estaríamos aquí.
Es el amor de Dios que no podemos comprender, que insiste, insiste en amarnos. ¿Qué hemos hecho para que Dios nos ame tanto? Pecar. Y mientras más pecado, más nos ama. Ahora, tengan cuidado, hermanos: no es que el pecado lo vaya a limpiar. No, somos nosotros los humanos los que vamos al infierno. Pero Dios nos ama. ¿Qué podrá separarnos del amor de Dios? ¿Angustia, desnudez, peligro, espada, lo alto, lo profundo, lo presente, lo porvenir, ángeles o principados? Nada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Dios lo que está demostrando es misericordia con Adán, pero Adán reaccionó de otra manera. "Adán, ¿por qué comiste de ese fruto?" ¿Saben la respuesta de Adán? "La mujer que Tú me diste." "Yo estaba bien solo, ¿yo te pedí mujer?" ¿Se dan cuenta de ese lenguaje? "La mujer que Tú me diste." Adán está echándole la culpa no solamente a Eva; ¿quién es responsable? "Dios, fuiste Tú que me la diste." De ahí en adelante, el ser humano siempre tiene la tendencia de culpar a otros por sus hechos, de huir de las responsabilidades. Cuando confrontamos a alguien, no hemos terminado la confrontación cuando ya está la otra persona elaborando la respuesta de lo que va a dar. La tendencia de nosotros es justificarnos siempre, y la única justificación que tenemos es en Cristo; fuera de ahí no hay nada.
Pero eso no fue lo que dijo Adán. Adán, cuando Dios le hizo a Eva, se volvió un poeta y dijo una poesía hermosísima. Es una poesía realmente, porque la forma en que está escrito en el original es un poema que Adán dijo cuando Dios le creó a Eva, Génesis capítulo 2, versículo 23. Adán no conocía el concepto "mujer," pero él sabía que eso que le pusieron al lado era bueno. De hecho, dice la Biblia que en los titulares de la creación, en el capítulo uno, terminando en el versículo 31: "Y vio Dios que todo lo que había hecho era bueno en gran manera." No sabemos cómo era Eva ni cómo era Adán, pero a Adán le gustó Eva.
O sea, los solteros que están siempre pidiendo: "Señor, yo la quiero así, de esta manera." No, mire, Dios tiene mejor gusto que nosotros. Si Dios ha creado los tulipanes, si Dios ha creado los lirios del valle, que Salomón con su gloria se vistió como uno de ellos, ¿no va a tener Dios el buen gusto de darle el compañero y la compañera que cada uno necesita? Yo sé que muchos solteros ya en edad casadera no están muy de acuerdo con eso.
Yo le dije a los solteros en un retiro que tuvimos en la iglesia de adultos solteros: "Miren, déjense de estar porque ahí la moda de 'yo lo quiero así, lo quiero de esta manera, lo quiero firmar ahí, Señor,' como una orden de compra, y no es así." Yo aprendí que yo no le doy órdenes a Dios. Y esa teología aversada que anda por ahí ha convertido a Dios en el siervo y a nosotros en los amos, donde todo lo que yo le pido a Dios tiene que dármelo. Yo lo que he aprendido es a firmar. "Dios, afirma. Yo te digo: 'Señor, pongan lo que Tú quieras, Señor,' porque la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta."
Yo tengo una amiga que cuando éramos adolescentes ella quería un hombre con ciertas especificaciones, ciertas medidas, color, estatus económico, nivel de coeficiente. Pero una cosa que a parecer en Venezuela lo mejor aparezca algo así, pero aquí no aparece. Con el paso del tiempo ya fue quitando requisitos, y hoy ella dice: "Señor, que sea hombre, aunque no sea muy buen cristiano."
Adán, cuando vio a Eva, dijo: "Esto es hueso." Aunque le parezca raro, "esto es un poema." "Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne." ¡Le gustó! A Adán se le convirtió en poeta cuando vio a Eva. Le gustó, quedó encantado, quedó absorto viendo la belleza de Eva, diciendo: "¡Wow, Señor, gracias!"
Pero cuando entra el pecado, ahora le dice: "La mujer que Tú me diste. La mujer que Tú me diste." El pecado hizo que a Adán se le olvidaran las poesías, el romance...
Consideración. Me pregunto: ¿qué causó eso en el corazón de Eva? Lo cierto es que esa es la respuesta. Dios, que sabe todo, le pregunta a Eva: "¿Y qué fue lo que pasó?" "La serpiente..." Nadie asume responsabilidad. El ser humano caído es un ser irresponsable. Es irresponsable en su vida familiar, es irresponsable con la creación y es irresponsable con todo lo que Dios nos ha dado a administrar. Solamente un corazón regenerado puede entender las responsabilidades que Dios nos ha dado y, con humildad, aceptarlas.
Lo cierto es que Adán y Eva no reconocieron la misericordia de Dios y trataron de justificar sus acciones echándole la culpa al otro. Y aun en medio del castigo y de la pena, Dios siguió mostrando misericordia. Después que Dios da la sentencia de lo que les iba a pasar, en los versículos contiguos vemos que Dios, en este consejo trinitario, dice en el versículo 22 del mismo capítulo 3: "El hombre es como uno de nosotros, pues ya tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora alargue su mano y coma del árbol de la vida y viva para siempre."
El hombre entonces, por misericordia, es expulsado del Edén. Adán y Eva no fueron expulsados del Edén como parte de castigo, sino como parte de la misericordia de Dios. Para que en ese cuerpo decadente, en ese cuerpo que se enferma, en ese cuerpo con todas las terribles limitaciones que tenemos, con todos los problemas que ellos iban a tener, con todas las cargas emocionales como consecuencia de los asesinatos, de haber tantas situaciones difíciles que iban a vivir... ¿Se imaginan viviendo para siempre en esta condición? Y Dios, por su misericordia, los saca para que murieran en el cuerpo, pero tuvieran una esperanza. Aun en medio del juicio, Dios muestra su misericordia.
Claro, llegará el tiempo en que la puerta de la gracia se cerrará y ya no habrá más misericordia. Pero en el momento presente, todavía esa puerta de la gracia está abierta. ¿Dónde estás tú? ¿Significa que ellos habían rebajado su dignidad? ¿Significa que Dios toma la iniciativa? ¿Significa que habían abandonado la comunión? ¿Y significa que Dios estaba derramando su gracia y su misericordia sobre ellos?
Antes de terminar, mis hermanos, yo me pregunto: y si Dios nos preguntara a nosotros, ¿dónde estás tú?, ¿cuál sería la respuesta? Piensa por algunos minutos. Si Dios te preguntara ahora: "¿Dónde estás tú? ¿Cuál es tu posición con Dios ahora?" ¿Es posible que podamos decir: "Bueno, Señor, yo soy maestro de la Palabra, de escuela bíblica"? No es eso. "Bueno, Señor, lo que pasa es que yo canto." No es eso. "Lo que pasa es que soy misionero." No, no es eso. ¿Dónde está tu corazón con relación a mí? No es eso. El infierno está lleno de maestros, de misioneros, de personas que probablemente hicieron muchas cosas por Dios, pero nunca le conocieron. ¿Dónde estás? Yo no sé dónde estás. Dios sí lo sabe.
Pero antes de terminar, quisiera dar algunos consejos para evitar caer en lo que cayeron Adán y Eva. En primer lugar, nunca dudemos de la Palabra de Dios, ni de sus promesas, ni de sus advertencias. Cuando pecamos, estamos dudando de la Palabra de Dios. Estamos dudando de que acarreamos disciplina fuerte de parte de Dios. Y Dios disciplina. El tema de la disciplina de Dios y de los juicios de Dios no se predica hoy en día mucho, pero Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, que castiga y disciplina a todo aquel que recibe por hijo. Y el que no es disciplinado viene a ser bastardo y no hijo. Dios es un Dios que se aíra. Dice la Palabra de Dios que la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. ¿Estoy dudando que Dios dijo que no va a cumplir eso?
No dudemos de lo que Dios ha dicho. La Palabra de Dios es verdad y tenemos que ser santificados en esa verdad, practicándola. No dudemos de la Palabra de Dios. No dudemos de las promesas que Él nos hace. No dudemos de que lo que tenemos es suficiente. Estamos completos en Cristo. No tenemos que estar buscando señales para reforzar nuestra fe. La Palabra de Dios debe ser suficiente. Como dice la Palabra: "Mi copa está rebosando." Que la Palabra de Dios rebose en nuestras vidas. Que cada vez que oigamos la voz del enemigo, podamos responder como Jesús respondió en el desierto: "Escrito está." No dudemos de esta Palabra de Dios.
En segundo lugar, mis hermanos, toda propuesta ajena a la voluntad de Dios es mentira. Satanás promete mucho y no da nada. No es que da poco, no da nada. ¿Qué hacemos con dos o tres minutos de placer y una eternidad de dolor? ¿Qué hacemos con los estigmas del pecado? ¿Qué hacemos con las consecuencias del pecado? Un ejercicio que yo hago cuando soy tentado es que me pongo a pensar en las consecuencias que eso puede traer a mi vida. Me pongo a pensar en el dolor que le voy a infligir a Dios, a la iglesia, a mi familia. Me pongo a pensar en todas estas cosas y déjenme decirles: es una pesadilla. Adán y Eva no pensaron en las consecuencias. Simplemente pensaron en el placer momentáneo que les producía la seducción de Satanás.
Y en tercer lugar, mantengámonos humildes. Adán y Eva, les gustó la idea de ser como Dios. No se conformaron con lo que Dios les había dado. No se conformaron con ser los siervos, los sirvientes de Dios. No se conformaron con estar debajo de Dios. Olvidaron la adoración y esa simiente de rebeldía de Satanás también se apoderó de ellos.
Hermanos, conformémonos con ser simplemente siervos de Dios, y eso es suficiente. Hoy en día ya no estamos muy conformes con el título de siervos de Dios y nos hemos inventado muchísimos títulos más. Y déjenme decirles: aun el título de siervo nos queda grande. Nuestro Señor Jesucristo dijo que debíamos llegar a la conclusión de que somos siervos inútiles cuando hayamos hecho todo lo que se nos ha encomendado. Pero como no hemos hecho todo lo que se nos ha encomendado, somos candidatos a siervos inútiles. Todavía ni siervos inútiles somos.
Recordemos eso. Practiquemos la humillación. Dios quiere que nosotros seamos humildes, y cuando nosotros no practicamos la humillación de manera espontánea, Dios va a propiciar situaciones para que entonces la practiquemos de manera obligatoria. Se lo dice alguien que no es humilde. Yo quiero ser humilde. Yo quiero llegar a ser ese siervo inútil. Y por eso practico, y a veces son cosas sencillas. Por ejemplo, si alguien me dice algo que yo creo que es interesante, siempre uno tiene la tentación de robarse esa gloria y decir: "Bueno, mira, yo estaba llegando a esa conclusión."
Y por eso voy a decir algo que compete a Miguel. Un día, Miguel y yo estábamos hablando acerca de esto del evangelio de la prosperidad. Y Miguel hablaba y empezábamos, y me dice: "Fíjate, hermano, lo que pasa es que muchos pastores se concentran en predicarle al bolsillo y no al corazón." Pero él lo dijo así, en una conversación. Pero eso me caló hondo. Y yo hago lo mismo: no le predico al bolsillo, le predico al corazón. Pero cuando digo eso, como está tan nítido, tan conciso, digo: "Como dice Miguel..." Y si alguien no lo conoce: "Como dice Miguel Núñez, no hay que predicarle al bolsillo, sino al corazón." Pero por dentro mi carne está: "¡Ah, para qué lo dijiste!" Es que la humildad se practica así, hiriendo a nuestra carne.
Adán y Eva, les gustó la idea de ser como Dios. ¡Wow! "Seremos como Él, tendremos conocimiento del bien y del mal. Ya no vamos a estar adorándolo. A lo mejor, a la vez, nos adoran a nosotros también." Cuando nosotros nos vamos al libro de Isaías, capítulo 14, del versículo 12 al 14, nos damos cuenta de los delirios de Lucifer: "Seré, me sentaré, y allí exigiré." O sea, el delirio de Satanás es ser como Dios. Eso fue lo que le dijo a Jesús: "Todo esto te daré si postrado me adoras." El sueño todos los días es que la adoración que le damos a Dios se la demos a él.
Seamos humildes y tengamos la adoración, la subordinación, la reverencia, el sometimiento, el señorío de Dios como un estilo de vida. Si estamos confiados en la Palabra de Dios y nos sometemos a Él, y no escuchamos las mentiras de Satanás pensando más en las consecuencias, la historia de Adán y Eva probablemente no se repita en nuestra vida. La respuesta de dónde estamos la tiene que dar cada uno de nosotros.
Otto Sánchez es pastor de la Iglesia IBO en Santo Domingo, donde sirve desde 1992 tras haber recibido el llamado al ministerio en su juventud. Publicista de profesión, realizó estudios teológicos en el Seminario Teológico Bautista Dominicano, obtuvo una maestría e inició estudios doctorales en el Southern Baptist School for Biblical Studies, y completó un doctorado en Educación en Southeastern Baptist Theological Seminary. Desde 2008 preside el Seminario Teológico Bautista Dominicano (STEBD), donde enseña asignaturas como Predicación Expositiva, Teología Pastoral y Eclesiología, además de impartir clases de teología a nivel de maestría en Southeastern Seminary. Es fundador y presidente de Ministerios ESSER, un programa acreditado de discipulado para la formación de creyentes en sus iglesias locales. Conferencista nacional e internacional, está casado con Susana Almánzar y es padre de dos hijas.