Statamic
Sermones

“Si Dios quiere” no es un cliché, es una declaración teológica

Miguel Núñez 17 diciembre, 2023

Decir "si Dios quiere" no es una frase cultural vacía ni un cliché religioso: es una declaración teológica cargada de significado. Santiago 4:13-17 confronta a quienes planifican el futuro con total certeza —"iremos a tal ciudad, pasaremos un año, haremos negocio y tendremos ganancias"— como si controlaran su destino. La realidad es otra: no sabemos qué traerá el mañana. Nuestra vida, dice Santiago, es apenas un vapor que aparece por un momento y luego se desvanece. Planificar sin contar con Dios nos convierte en ateos prácticos, aunque nuestros labios digan lo contrario.

El problema no es solo ignorar a Dios en nuestros planes, sino decir "si Dios quiere" con los labios mientras el corazón rechaza lo que Dios quiere. Cuando el viaje no se da y nos enojamos, cuando la beca no llega y nos frustramos, cuando el trabajo se lo dan a otro y nos irritamos, revelamos que no buscábamos la voluntad de Dios sino la nuestra. El pastor Núñez lo expresa con claridad: mi enojo y "si Dios quiere" no son compatibles. Si el corazón no desea lo que dicen mis labios, soy un hombre de doble ánimo.

La voluntad de Dios no es sinónimo de desgracia. Es reflejo de su carácter, su sabiduría, su amor. Nada puede garantizar mejor nuestro futuro, nada puede traer más paz a nuestra vida. Cristo mismo, en Getsemaní, entregó su voluntad perfecta al Padre. Ese ejemplo no está en la Escritura solo para mostrarnos cuánto sufrió, sino para decirnos: si él lo hizo, nosotros también podemos rendir la última fibra de nuestros deseos al Dios que nos creó y nos salvó.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En el servicio anterior mencioné que en el día de ayer estaba leyendo un artículo que llegó a mis ojos, por así decirlo. No era accidental, no era lo que estaba buscando, y siendo aparentemente de primer lugar, pero luego cuando leí, pensé que había algo que compartir de este artículo. El título del artículo era "Nueva Era", y el subtítulo era el siguiente: "No es si Dios quiere. Dios siempre quiere."

El autor pasa a decir que no debemos decir "si Dios quiere", porque eso nos pone debajo de otro. Que debemos reconocer el poder que tienen las palabras. Que las palabras vibran en ti, te dan un mensaje que desencadena una emoción, que vibran en otras personas a las que tú envuelves con lo que dices. Que las palabras viven para el universo, y el universo no hace bromas o doble sentido; lo que dices se queda en el espacio y causa un impacto. Yo no podía creer lo que estaba leyendo.

Dice que lo valioso es separarnos de esta idea de que las cosas suceden si Dios quiere, porque no está muy bajo la autoridad de Dios o como quiera que ustedes quieran llamarle. Porque si Dios es amor y es expansión —no sé qué quiso decir— no nos pone por debajo de él sino junto a su lado, cocreando cada momento de nuestra vida. De manera que eres autor de tu vida, tú creas las realidades de tu vida conforme a tu voluntad, al grado de fe que tú pongas en tus palabras y a las declaraciones que tú hagas.

Inmediatamente asaltó a mi mente que una versión de esa idea de la Nueva Era infiltró la iglesia de nuestros días. Así tú encuentras personas de manada cristiana declarando y decretando, y en ocasiones están pidiendo cosas que ellos entienden que se van a convertir en realidades porque las palabras tienen poder. Y se les olvida que la Palabra de Dios tiene poder; las palabras nuestras tienen sonido, y hasta ahí llega. Es increíble encontrar personas que leen la Biblia y que al mismo tiempo piensan que ellos gobiernan su vida y crean sus realidades conforme a sus deseos, de acuerdo a su voluntad y de acuerdo a la fe que tengan en sus palabras, porque es ahí donde aparentemente ese poder de creación de realidades existe.

Y quizás aquí hay algunos de nosotros que estamos aquí o que me están viendo, quizás podemos decir: "Sí, eso es como una herejía", y lo es, tan antibíblico como cualquier otra cosa. Pero quizás algunos de nosotros que leemos la Palabra nos vamos a otro polo y decimos con frecuencia: "Si Dios quiere voy a hacer esto, si Dios quiere." Sí, claro, "si Dios quiere". En otros países usan otra frase que es "primero Dios", "primero Dios". Pero yo creo que no importa en cuál país estemos; cualquiera de esas frases frecuentemente, o más frecuentemente, es usada como algo cultural, sin detenernos a pensar el significado teológico y mucho menos en las implicaciones y las aplicaciones que tiene dicha palabra. Las implicaciones y las aplicaciones son inmensas.

Y yo creo que lamentablemente, frecuentemente, nosotros hablamos de una manera que refleja una teología ortodoxa, pero vivimos de una manera que refleja una teología hereje. Y Santiago tiene algo que decirnos acerca de esa frase en el día de hoy, y por eso yo titulé mi mensaje: "Si Dios quiere no es un cliché, es una declaración teológica", porque la frase está en el texto de hoy. Con eso yo quiero invitarte a que podamos leer el capítulo 4 de Santiago, los versículos 13 al 17. Si Dios quiere no es un cliché, es una declaración teológica.

"Oigan ahora, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancias. Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien debieran decir" —y ahí está la frase— "si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora se jactan en su arrogancia. Toda jactancia semejante es mala. Al que pues sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado."

Porque algunos recordarán que en la semana anterior nosotros estuvimos hablando de una preocupación que estaba en Santiago con relación a cómo nosotros hablamos de otras personas. Y dijimos en esa ocasión que, de acuerdo a lo que Santiago tenía que decirnos, lo que tú dices de otro dice mucho acerca de ti. Recordarán alguna de las ilustraciones de ese momento. Santiago entendía que de la abundancia del corazón habla la boca.

Y recordamos que Santiago dedica más de la mitad del capítulo 3 a hablar acerca de la lengua y cómo debiéramos usarla. Santiago, de una manera muy breve pero muy empaquetada, nos dice grandes verdades en los versículos 11 y 12 de este capítulo 4 acerca de la forma como nosotros hablamos de otros. Y que cuando nosotros hablamos de esa manera de nuestro prójimo, cuando en realidad no debiéramos, nosotros hacemos dos cosas: nosotros hablamos mal de la ley y nosotros nos volvemos jueces sobre la ley. Y algunos también recordarán esa enseñanza, y que lamentablemente con frecuencia nosotros terminamos juzgando lo que no sabemos, juzgando lo que no entendemos y juzgando lo que no debemos.

Pero Santiago no ha terminado de decirnos todo lo que él quiere decirnos acerca de nuestra forma de hablar. Y está claro, de la manera como él comienza en este texto, ahora él va a girar en otra dirección, pero todavía enfocado en la manera como hablamos. Escucha lo que Santiago dice. En el caso anterior Santiago habló de la ley, y ahora en inglés la frase es como "listen now" o "listen up": escúchenme, presten atención. "Ustedes que dicen..." ¿Verdad? Date cuenta que Santiago está prestando atención a cómo oye él a la gente hablar. "Ustedes que dicen..." Y se trata de una forma de hablar que él había aparentemente escuchado en sus tiempos, pero que nosotros la escuchamos todo el tiempo en nuestros días, lo cual implica que el corazón del hombre no ha cambiado gran cosa.

En el texto que leímos yo quisiera ver cuatro o cinco enseñanzas que tienen que ver con todo esto que comencé a introducir. Y la primera de ellas: yo quiero que tú prestes atención a aquellos que hablan acerca de planes futuros con toda certidumbre a pesar de la incertidumbre de sus vidas. Hablan de planes futuros con toda certidumbre a pesar de la incertidumbre de la vida.

Versículos 13 y 14: "Oigan ahora, ustedes que dicen: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancias. Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece."

¿Tú prestaste atención a los tiempos verbales del versículo 13? Iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allá un año, haremos negocio, tendremos ganancias. En otras palabras: nosotros vamos a ir, vamos a pasar un tiempo definido y vamos a tener éxito en lo que emprendamos. Y quizás Santiago tenía en mente a personas de negocio de sus días; lo pudiéramos tener hoy. Pero honestamente, de esa misma forma habla mucha gente hoy en día que no está haciendo negocios necesariamente, pero sí está creando un plan que da como por cierto sin saber lo que el día de mañana va a deparar.

Algunos llaman a eso el ser positivo. ¿Qué es el ser positivo, pastor? Otros le llaman a eso el ser optimista, el tener fe, el creer en ti mismo, o cualquier otra cosa. Cuando Santiago continúa en su texto y llega al versículo 16, Santiago prefiere llamar a eso arrogancia. Las personas que hablan de esa manera planifican, sueñan, sin que Dios sea parte de su pensamiento. Probablemente sean ateos; quizás son ateos intelectuales. Como no creen en Dios, Dios no es parte de su ecuación nunca. Pero hay otros de nosotros que ponemos a Dios en la ecuación en términos de nuestras palabras, pero no en términos de nuestros hechos. Y así decimos "si Dios quiere", pero cuando nosotros hacemos planes sin que Dios sea el factor primero y principal de la ecuación, nosotros nos convertimos en ateos prácticos: planificamos, soñamos, sin contar con Dios.

Y cuando vivimos de esa forma, hermanos, entonces nosotros damos la impresión de que somos como el capitán de nuestro propio destino, que determinamos nuestros pasos futuros, y que en realidad el futuro está en tus manos y tu esfuerzo. Esa es la clave para que te vaya bien, y mientras más temprano lo hagas, mayor será el éxito posible que puedas alcanzar. Cuando en realidad la Palabra revela de manera recurrente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento lo contrario.

Déjame darte una primera enseñanza de uno de esos pasajes. Salmo 37:23, en la primera parte: "Por el Señor son ordenados los pasos del hombre." El Señor ordena tus pasos. Cuando Dios no ordena mis pasos, cuando yo no permito, cuando yo no dejo que Dios ordene mis pasos, yo desorganizo mi vida. Y cuando yo desorganizo mi vida, yo cosecho consecuencias severas y duraderas.

Cuando Adán y Eva insistieron en hacer su voluntad en vez de la voluntad de Dios, arruinaron toda la raza humana y toda la creación, porque ya no querían tener sus pasos ordenados por Dios. Cuando David insistió en no prestar atención al consejo de su siervo y continuó y cometió adulterio con Betsabé, arruinó toda su familia y arruinó o debilitó enormemente su reino, hasta que este terminó dividido después de la muerte de Salomón, su hijo. Cuando Israel caminó conforme a su propia voluntad, la nación fue arruinada y eventualmente llevada al exilio. Tomar las riendas de nuestras vidas en nuestras propias manos tiene un alto costo. No solamente alto el costo; frecuentemente es duradero.

Y esto es como nuestra naturaleza opera, hermanos, la tuya y la mía. Nosotros planificamos algo, y al planificar, nuestros deseos comienzan a levantarse. Y cuando comienzan a levantarse, comienzan a disfrutar de lo planificado antes de que se haga realidad. Y comenzamos a soñar en nuestras mentes con realidades futuras que todavía no están presentes, y esos sueños comienzan a nutrir mis emociones, sin saber si estos sueños fueron parte de la voluntad de Dios o no. Y una vez nuestras emociones han sido nutridas por esos pensamientos y sueños, nuestras emociones rehúsan someterse a la voluntad de Dios.

Porque las emociones no son racionales, no son pensantes, y de repente yo me encuentro dominado por mis emociones cuando en realidad mi mente, que sí puede pensar, que sí puede reflexionar, que sí puede comparar, que sí puede recordar o puede aprender acerca de la voluntad de Dios, mi mente debiera decirle a mi corazón lo que debía hacer. Mientras el corazón me está diciendo lo que quiere hacer, mi mente debía decirle lo que debía hacer.

Y de repente entonces, cuando las cosas no ocurren como las deseábamos, nos enojamos. Porque rehusamos aceptar que la no ocurrencia de lo deseado es la voluntad de Dios. Y decimos "si Dios quiere", pero en realidad nuestro enojo revela que no estábamos en búsqueda de la voluntad de Dios, sino detrás de la realización de mi propia voluntad. Y a esto es que Santiago se está refiriendo: aquel que planifica, que dice que el año que viene vamos a ir, vamos a pasar un año allá y vamos a hacer negocio y vamos a tener ganancias. ¿Qué sabes tú?, dice Santiago.

En segundo lugar, nota cómo Santiago deja ver la insensatez de aquellos que planifican sin contar con lo impredecible que es la vida para nosotros. Planifican de manera necia sin contar lo impredecible que es la vida. Escucha el versículo 14, primera parte: "Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana." Usted no sabe lo que va a pasar. El autor de Proverbios 27:1 dice exactamente la misma cosa: "No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día." Tú no sabes. Antes de que tus planes se realicen, sabes que quizás pierdes la vida. Antes de que llegues a una ciudad montado en un avión, quizás el avión se cae y no aterriza.

Le comentaba al grupo anterior que todavía recuerdo cómo en el año 83, creo que en el mes de febrero, estaba una gran parte de mi familia reunida. Tenía un hermano piloto, el segundo de los siete, y se despidió de nosotros y dijo: "Nos vemos en 48 horas." Y todavía estamos esperando por él. Tú no sabes. Antes de que tu negocio pueda tener éxito, quizás quiebra, y si no quiebra económicamente, quizás se quiebra tu salud y ni siquiera podrías continuar tu negocio. Hermano, tú no sabes si las cosas serán o no serán hasta que son, y cuando son o no son, acabas de descubrir la voluntad de Dios. De manera que si estamos buscando la voluntad de Dios, nos va a ofrecer más de una oportunidad para saber cuál es o no es su voluntad.

Cuando nosotros pensamos hacia el futuro y no estamos tomando en cuenta la realidad de que Dios controla nuestras vidas, y que nuestra vida es simple, nosotros nos parecemos a este hombre de quien Cristo habló en esta parábola que aparece en Lucas 12, del versículo 16 en adelante. Escucha: "Entonces les contó una parábola. La tierra de cierto hombre rico había producido mucho, y él pensaba dentro de sí" —pensaba dentro de sí, pero en primera persona, dentro de sí, de sí mismo— "¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas? Entonces dijo: Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete." Esa es la vida por debajo del sol; así luce, así se sueña, así se imagina el hombre su futuro.

Versículo 20, la vida por encima del sol: "Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche te reclaman el alma, y ahora, ¿para quién será lo que has provisto? Así es el que acumula tesoro para sí y no es rico para con Dios." El problema del hombre en la parábola, de acuerdo a Cristo, es que planificó sin Dios. Él confió en sus recursos para su futuro. En el interín, en lo que el futuro llega, voy a vivir el presente, y ¿qué voy a hacer? Voy a beber, voy a comer y me voy a divertir. Él pensó neciamente. De hecho, así es como Cristo le llama a este hombre en la parábola, porque la Palabra de Dios dice que el necio es alguien que dice en su corazón: "Dios no existe." El hombre pensó que iba a vivir unos años y apenas le quedaban pocas horas. Y no solamente eso, se había preocupado por acumular cosas de este lado de la eternidad, por debajo del sol; no tenía nada por encima del sol. Y ahora que iba a ver qué iba a haber cuando llegara, iba a estar en bancarrota.

Y Santiago reflexiona sobre este tipo de personas que piensan de esa manera y les dice en la segunda parte del versículo 14: "Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece." Te levantas en la mañana al lado de una laguna o de un lago o en una montaña, y tú ves esa neblina, tú ves cómo se ve porque está sobre el lago o que está sobre las montañas, y de repente tú ves el sol levantarse, el aire se calienta, y así mismo se levanta la neblina y ya no está. Santiago dice: "Eso es, así de breve es tu vida." No importa si vives cien años; a la hora de la eternidad no es más que un vapor. Así de impredecible y de pasajera es tu vida. ¿De qué te sirve acumular cosas aquí abajo que no vas a poder llevar para allá arriba? Y todavía más, si uno no tiene ninguna garantía de que eso va a ocurrir.

Estas son las palabras de Cristo: "Necio, esta misma noche te reclaman el alma, y ahora, ¿para quién será lo que has provisto? Así es el que acumula tesoro para sí y no es rico para con Dios."

Nota el énfasis que Santiago hace acerca de la voluntad de Dios en todos los lugares o circunstancias, en todas las personas, en todos los tiempos, en todos los casos. Santiago dice en el versículo 15: "Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello."

De manera que yo quiero que tú notes ahora, en tercer lugar, el énfasis que Santiago hace acerca de que la voluntad de Dios prima. Esto es lo que debieran decir, pero no es lo que dicen: "Si el Señor quiere." ¿Notaste la palabra "Señor"? Porque si Dios es Señor, lo único que me queda es someterme a su señorío. Entonces esto es lo que debiera decir: si Él quiere, viviremos y haremos esto o aquello. "Si el Señor quiere," dice Santiago. "Si Dios quiere," decimos nosotros. "Primero Dios," dicen en otros países. Hermano, esa frase es una declaración teológica pesada, con todo el peso de lo que es la persona de Dios. No es un cliché, es una realidad.

Y al final yo tengo que recordar que la pregunta no es si voy a hacer o no la voluntad de Dios; la pregunta es cómo la vas a hacer. Lo puedes hacer a lo Jonás, todo el tiempo en contra de la voluntad de Dios. Lo puedes hacer a la manera de Cristo, todo el tiempo sometido a la voluntad del Padre. Escucha al autor de Proverbios en 19:21, la Nueva Traducción Viviente: "Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá." Tú puedes planificar, tú puedes soñar, tú puedes contratar consejeros, tú puedes contratar a personas expertas, lo que tú quieras. Al final, el Señor prevalecerá.

El Salmo 33:11: "El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación." En otras palabras, lo que es hoy ha sido siempre, así será, ha sido desde la eternidad. Sus designios permanecen, sus ideas, sus planes, sus propósitos están por encima de lo que el hombre pueda planificar.

Al menos nosotros frecuentemente decimos "si Dios quiere." Cuando se nos olvida, el que nos escucha decir "nos vemos mañana" frecuentemente nos recuerda: "Si Dios quiere." E inmediatamente respondemos: "Sí, claro, si Dios quiere." Pero nosotros no nos hemos detenido a pensar en todas las implicaciones de lo que acabamos de decir. Y es más, es peor, porque nosotros decimos con palabras, decimos con nuestros labios, articulamos una declaración teológica con los labios pesada, pero demostramos con nuestros hechos que nuestros corazones no quieren lo que Dios quiere.

¿Cómo así, pastor? Gracias por preguntar. Tu plan es fijarte un viaje y el viaje no se da y te enojas. ¿Por qué te enojas? Yo pensé que era "si Dios quiere." Si el viaje no se dio, Dios no quería. Entonces, ¿qué querías? ¿Lo que Dios quiere o lo que tú quieres? ¿Te das cuenta que decimos una cosa y vivimos otra?

Si planificas estudiar fuera del país, no consigues una beca, te frustras. ¿Por qué te frustras? Yo pensaba que era "si Dios quiere." Si la beca no apareció, acabas de conocer la voluntad de Dios, ¿vale? Gracias. Tú no sabes de qué Dios te está previniendo. No sabes qué te esperaba y Dios dijo: "No, así no, no quiero a mi hijo perdido en ese camino."

Aplicas para un trabajo, no lo consigues, se lo dan a otro, a ti te parece injusto y te irrita, te molesta, pasas días así, resentido. Y Dios dice: "Pero yo creía que era si yo quería." Y ahora que te mostré que no quería, no te gusta lo que no quiero, porque tú lo que quieres es lo que tú quieres.

Hermano, el mejor halago que alguien te puede dar es que diga: "¿Sabes qué? Desde que te conocí, conocí un hombre libre, a una mujer libre, que no tiene todas estas amarras, porque por dentro ha aprendido a vivir en la voluntad de Dios." Yo no debo decir con mis labios "si Dios quiere" y luego no desear lo que Dios quiere para mí, o rechazar lo que Dios revela es su voluntad para mí. Yo no debo decir eso. ¡No son compatibles! "Si Dios quiere" y mi enojo, mi resentimiento, mi frustración acerca de lo que yo quería, pedía, buscaba, no son compatibles, no son racionales.

Al menos si el corazón no desea lo que digo con mis labios, yo soy un hombre de doble ánimo. Y en Santiago 1 nosotros vimos que el hombre de doble ánimo no debe esperar nada de parte de Dios, porque es inestable en todos sus caminos, dice el texto. Cuando yo me irrito con la voluntad de Dios, entre yo y Dios hay un ídolo. Y como yo quería a mi ídolo, y el Señor quiere —si el Señor quiere— y el Señor está tratando de destruir mi ídolo, esa competencia entre las dos voluntades me irrita, me enoja, me frustra.

Escucha cómo habla un hombre de fe, el apóstol Pablo, en 1 Corintios 4:19: "Pero iré a verlos pronto, si el Señor quiere."

Más adelante, en la misma carta, capítulo 16 versículo 7, dice: "Pues no deseo verlos ahora solo de paso, porque espero permanecer con ustedes por algún tiempo, si el Señor lo permite". No sé, lo menos unos días. "Siempre en mis oraciones, implorando que ahora, al fin, por la voluntad de Dios logre ir a ustedes". No sé si, pero había tratado de llegar a España, no había podido, y ahora está tratando de llegar a Roma para que de ahí los romanos lo envíen a España, si Dios se lo permite.

Recuerda que cuando Pablo iba en sus viajes de misión, en un momento dado él quiso entrar a Bitinia. Dice que el Espíritu de Dios se lo impidió. No fue simplemente que lo dijo: "No iré si no es mi voluntad". Se lo impidió, se lo prohibió, le dijo que no. ¿Y qué hizo Pablo? Y entonces el Señor, "¿qué hago?" Ahí se le apareció un hombre de Macedonia en una visión: "Pablo, es para acá, te necesitamos". Y Pablo siguió para Europa. Y ese es el comienzo de la evangelización del continente europeo, fruto de una prohibición de querer hacer algo bueno: evangelizar en Bitinia y las regiones alrededor. Esta es una de las dos veces que Dios le impidió evangelizar. Ese no era el plan de Dios.

Y cuando ese mismo Dios, en su voluntad soberana, no remueve el aguijón del apóstol Pablo, de su carne, Pablo dice: "Pues me gloriaré entonces en mis debilidades. Yo quería no tener esta debilidad, pero entonces, si Tú has decidido dejarla, esa voluntad es buena, agradable y perfecta para mí, y me voy a gloriar en ella, porque ahora he entendido que en mi debilidad Tú te haces fuerte. Pues déjalo así, Señor, no hay problema". Solamente que no sabía si debía seguir pidiendo.

Y cuando la segunda satisface persona de la Trinidad se encarnó, dijo: "Yo no he venido a hacer mi voluntad". Y nos estaba dejando un ejemplo: que si Él no vino a hacer su voluntad, a mí no me dieron vida física para hacer mi voluntad tampoco. Y mucho menos me salvaron para hacer mi voluntad, porque no puedo estar por encima de mi Señor, que es Cristo, que cuando vino dijo: "Yo no estoy aquí para hacer la voluntad mía, sino la voluntad del Padre que me envió". Dios encarnado no se atreve a vivir conforme a su voluntad, pero nosotros sí.

Cristo, en Getsemaní, frente a su peor experiencia de vida: "Padre, esta es mi voluntad, pero sabes que yo no estoy aquí encarnado para hacer mi voluntad. Yo estoy aquí para que se haga tu voluntad y no la mía".

Pero yo creo que hay varias razones por las cuales nosotros tenemos esa lucha con la voluntad de Dios. Una tiene que ver con nuestra rebelión, tiene que ver con nuestro deseo de ser autónomos. A nosotros se nos olvida que hay un ser autónomo en todo el universo y es Dios. Todo lo demás, animado o no, es dependiente de ese Ser.

Pero por otro lado, mucha gente tiene una confusión con la voluntad de Dios, porque para mucha gente la voluntad de Dios es sinónimo de graves problemas. "Yo no me atrevo, pastor, a pedirle a Dios su voluntad, porque imagínate, ahí me va a enviar problemas de verdad, yo que estoy mal ya". O sea, Dios está arriba diciendo: "Si Miguel me diera permiso, pero yo tengo la maldad, pero tengo que esperar. Ya me dijo que puedo hacer mi voluntad, pues ahí va un tiempo difícil". Como que la voluntad de Dios y vivir miserablemente es sinónimo. "No, yo no me atrevo ni siquiera a pensar que voy a ser misionero, porque seguro me manda para la jungla de África", me dijo alguien en una ocasión. "No le estoy pidiendo a Dios por un hombre así, o sea, porque si yo pido eso, seguro me va a mandar a casar con el hombre más feo del mundo".

Yo no sé si los paganos tienen dioses así. Hermano, tus problemas comienzan fuera de la voluntad de Dios. Tu mayor garantía es vivir en el centro de la voluntad de Dios. Fuera de la voluntad de Dios tú puedes contar con tres cosas: uno, tu voluntad pecaminosa, rebelde, limitada; dos, no puedes contar con el favor de Dios soplando a tu favor, en tu dirección; y tres, puedes contar con la oposición de Dios. Con esas tres cosas tú puedes contar.

Hermanos, nosotros tenemos que acabar de entender y de aceptar que la voluntad de Dios es simplemente un reflejo de su carácter, de quién es Él. Es un reflejo de su poder, es un reflejo de su sabiduría, es un reflejo de su benevolencia, de su amor para contigo. Es un reflejo de su soberanía, de su providencia. Tú nunca has conocido ni vas a conocer nada más perfecto que su voluntad para ti. Tú nunca vas a encontrar o vas a conocer nada más bondadoso que la voluntad de Dios. Nada, ni en tu imaginación, podrías encontrar o pensar en algo que garantice mejor tu futuro que la voluntad de Dios. No vas a encontrar nada que esté más a tu favor que la voluntad de Dios.

Recuerda que en la eternidad pasada Dios te pensó, y cuando te pensó, te pensó como una persona equis, con dones, talentos y circunstancias, con tu inteligencia, una familia, en un lugar. Y te puso ahí, y todo sería orquestado conforme al consejo de su voluntad en la eternidad pasada, de manera que hoy tú lo que estás viviendo es la realidad de la voluntad pasada de Dios, ahora hecha realidad en el tiempo y en el espacio.

Tú nunca vas a encontrar nada que pueda atraer más tranquilidad a tu vida que su voluntad, y aun así vivimos con esa lucha, porque hay un ídolo entre yo y Dios, y frecuentemente soy yo mismo. Cuando no encuentras paz en medio de la voluntad de Dios, es porque tu carne se rehúsa a entregar la última fibra de su deseo a la bondad del Dios que te creó y te salvó. Eso es como es, porque una de dos: la falta de paz, la intranquilidad, o estás fuera de la voluntad de Dios y ahí no puedes encontrar paz, o estás haciendo la voluntad de Dios pero de mala gana, como decimos nosotros.

No porque mi corazón lo quiere, y por eso Jonás hizo la voluntad de Dios a regañadientes y no pudo disfrutar ni siquiera el éxito de su predicación. Porque fuera de la voluntad de Dios, o haciendo la voluntad de Dios sin que el corazón lo quiera, rehusándome de corazón, yo no puedo encontrar el gozo del Señor en mi vida. Es la idea de Dios en la eternidad pasada acerca de quién yo llegaría a ser, es la idea, y es lo que yo vivo hoy. Y por eso yo tengo que consultarle al Creador y Redentor para discernir su voluntad.

No hay una sola situación en tu vida, una sola, sobre la cual Dios no tenga una opinión. Una sola, no la hay. Bueno, pastor, pero si quieres saber cómo yo encuentro eso, bueno, si estuviste en el curso de varias semanas, el pastor Chacho tiene algunas ideas, o quizá ya lo entiendes mucho mejor. Pero en primer lugar, esta es su voluntad revelada para cada uno de nosotros. Pero yo no puedo estar buscando la voluntad personal para mi vida cuando esta o la desconozco, bueno, reconozco que no la conozco, pero no me dedico a escudriñarla porque en realidad no me interesa tanto saber lo que Él tiene que decir para sus hijos. Sí, pero ¿cómo vas a encontrar mi voluntad, cómo voy a encontrar mi voluntad personal, si no sé cuál es la voluntad general para nosotros?

El Espíritu luego, que mora en mí, me da entendimiento, me da discernimiento acerca de las verdades de la vida. Los consejeros que Dios pone a mi alrededor enriquecen mi sabiduría para que yo pueda tomar decisiones que sean conforme a la voluntad de Dios. El diseño de Dios, hermanos, algo que yo he usado aun hasta en debates, es que el diseño de Dios en su creación nos revela su voluntad. El diseño de Dios en el matrimonio, en la familia. El diseño de Dios en la iglesia, cómo debe funcionar, el que se somete, el que lidera, cada uno de nosotros. El diseño de Dios, aun el desenvolvimiento de las naciones. El diseño de Dios es conforme a su carácter y sabiduría, y hace asimismo su voluntad. Si violas su diseño, no esperes que Dios te va a revelar su voluntad personal. No es posible, estás fuera de diseño. Las circunstancias, según se van dando o no se van dando, o las puertas se van abriendo o cerrando, nos revelan su voluntad.

Dios tiene una opinión de cada una de nuestras circunstancias y decisiones. Dios está en los detalles. Quien solamente tiene una voluntad, Él tiene una vocación para tu vida, y esa vocación es el llamado que Dios te hace. Nadie me dijo esto como R.C. Sproul lo definió en su libro "Can I Know God's Will?", "¿Puedo yo conocer la voluntad de Dios?", un libro bien pequeñito. Pero él te habla de que este llamado, esa vocación, es una convocatoria santa de parte de Dios a llenar una responsabilidad que Él ha colocado sobre nuestros hombros. Es una convocatoria santa. Dios te llamó a que hagas algo en la vida, lo puso sobre tus hombros, no te pidió opinión, te capacitó, te dio dones, talentos, te llamó en una dirección, te puso en una familia, te puso en una iglesia, y te dice: esta es mi voluntad para ti. ¿Cuál? El llamado que te di.

Y así Abraham en un momento dado fue llamado como ganadero, y Abraham le sirvió como ganadero, no era otra cosa Abraham. David en un momento dado fue pastor, luego lo llamó para que le sirviera como rey. En otro momento Dios llama a José para que le sirva a Faraón como primer ministro, como la mano derecha. A Daniel lo llama como profeta y le dijo que le sirviera a estos reyes paganos, a Nabucodonosor y a sus sucesores. Dios fue llamando a cada uno de ellos y le fue dando una vocación en particular.

Mira lo detallista que es Dios. Salmo 32:8: "Yo te haré saber", ¿a quién? A ti. "Y te enseñaré", ¿a quién? A ti. "El camino en que debes andar. Te aconsejaré con mis ojos puestos en ti". No solo te aconsejaré en sentido general cuando le hablo a mi iglesia, yo te voy a aconsejar así también, pero en manera particular te voy a enseñar el camino en que tú debes andar. Pero si el camino en que debes andar es este, se implica que necesito conocer su voluntad aquí y obedecerla. Porque si este es el camino donde yo transito bajo la obediencia a su voluntad general, pero yo ando por aquí en busca de mi propia voluntad, y aquí digo: "Señor, pero no sé lo que tú quieres para mí". Él dice: "Si te devuelves y comienzas a obedecer por el camino de mi voluntad general, ahí en algún momento, ahí, no aquí, te será más claro lo que yo quiero. Quizás no es el tiempo, quizás no es la forma, quizás no es el lugar. Yo te haré saber y te enseñaré".

Si Dios orquesta nuestra historia, entonces no hay decisiones que yo no deba consultar con Dios. "Pastor, pero la decisión... hay decisiones grandes, hay decisiones pequeñas. ¿Usted se refiere a las grandes?". Bueno, ¿tú conoces alguna decisión grande para Dios? Son todas pequeñas. Pero Proverbios 16:9 dice, similar a lo que leí anteriormente de Santiago: "La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos". Tú puedes planificar, tú puedes soñar, yo voy a dirigir tus pasos. Incluso tus pasos de desobediencia te los voy a organizar. Porque si tengo que tomar a un hijo pródigo y dejarlo que gaste todo lo que tiene en vicios y prostitutas y demás y termine comiendo algarrobas, estoy orquestando su desobediencia porque lo quiero de regreso. Y por eso hasta su desobediencia la orquesto.

Y ahí, cuando él volvió en sí, había perdido la razón. Cuando él volvió en sí dijo: "En la casa de mi padre hay gente que come tan bien todos los días. Déjame regresar". Pero mira cómo regresa. Regresa con espíritu contrito y humillado: "Padre, yo pequé contra el cielo y contra ti". Ya no hay nada de excusa, nada de justificación, nada de "Padre, tú sabes que yo era muy joven y no pensé bien". Nada de eso. Olvídate de las justificaciones, abraza tu pecado como él, el hijo pródigo. Yo no he dejado amplia evidencia en la Palabra de que hay una voluntad individual para cada uno de nosotros.

Número cuatro: nota que el hombre desea hacer lo que Dios quiere. El hombre, en vez de hacer lo que Dios quiere o desea para él, prefiere hacer su voluntad independientemente de las consecuencias que le toca vivir. Y algunos pueden llamar a eso, bueno, déjame leerte de la Nueva Traducción Viviente primero: "De lo contrario, están haciendo alarde de sus propios planes pretenciosos, y semejante jactancia es maligna". Es el versículo 16. Santiago, cuando sigue desarrollando su idea, dice que las personas que piensan de esa forma se jactan, y más bien eso es arrogante. Eso le llama Santiago. En la Nueva Biblia de las Américas, en la Nueva Traducción Viviente, dice que eso es jactarse, jactancia. Su propio plan es pretencioso.

Thomas Manton, el puritano Thomas Manton, sobre el comentario de Santiago, dice que el hombre caído no solamente practica el pecado, sino que se gloría en él. Manton parece decir que el hombre caído va y planifica conforme a su voluntad, peca, disfruta su pecado, y lo disfruta tanto que después se gloría en él. Y él explica por qué eso es así. Dice: "El hombre caído es un hombre invertido, es un hombre al revés, con la cabeza para abajo. Su amor está donde debe estar su odio, y su odio donde debe estar su amor. Su gloria está donde debe estar su vergüenza, y su vergüenza donde debe estar su gloria".

Pablo habla de personas como esta. Dice que el fin de estos hombres es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza. Ahí está el mismo vocabulario de Manton: cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan solo en las cosas terrenales. Filipenses 3:19.

En quinto lugar, nota cómo Santiago en el versículo 17 advierte a sus seguidores que conocer la voluntad de Dios no es suficiente. Debes conocerla y hacerla, porque conocerla sin hacerla lo único que hace es que me condena. El versículo 17: "Aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado". Eso es como cuando llegué a ese versículo, fue como: "¿Y esto de dónde sale?". Porque como que no está dentro del contexto de lo que Santiago viene hablando. Pero cuando tú lo lees una vez y lo lees otra vez, como que de repente la luz comienza, es como que el sol comienza a salir.

Y quizá lo que Santiago está diciendo es: déjame ver si puedo hablarle a todos, ya no a un grupo en particular. Entonces, para aquellos que no viven planificando sin Dios, para aquellos que viven diciendo más bien "si Dios quiere", déjame recordarles que ellos, que dicen "si Dios quiere" y que están pensando que realmente si Dios quiere, que hay una voluntad de Dios revelada que se conoce y que frecuentemente conociéndola no la hacen, y que por tanto conocer la voluntad de Dios sin hacerla lo único que trae es condenación de pecado sobre tu vida.

Hermano, si tú lo piensas bien, la mayoría de las veces que pecamos no es sin el conocimiento de la voluntad de Dios. Si tienes algunos años en la iglesia, yo creo que yo he dicho esto más de una vez por varios años. No es como que tú cometes un pecado y tú, cuando te levantas, dices: "¡Wow! ¿Y esto es pecado? No sabía que era pecado". No es como que tú te robas algo y alguien te dice: "¿Eso es tuyo? No, pues te lo robaste y eso está mal". No, normalmente la mayoría de las veces cuando pecamos nosotros sabemos que es pecado.

¿Y por qué lo hacemos? Porque yo le he dado rienda suelta a mis sueños, que nutrieron mis deseos, y mis deseos dominaron mi mente, y como yo pienso, yo vivo, yo actúo. Porque los deseos no se someten a la voluntad de Dios. ¿Por qué tú crees que Pablo dice que tiene que disciplinar su cuerpo? Porque los deseos no se someten a la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios, a lo que eso hay que someterlo, es algo externo, y esa es tu mente que conoce la voluntad de Dios, y tu voluntad, y el Espíritu que Dios pone en ti para crear el poder y el hacer. Tienen que someter los deseos, disciplinar su cuerpo. Pero, hermanos, no podemos conocer la voluntad de Dios para nuestra vida de manera individual sin, número uno, conocer su voluntad general, y número dos, tratar de vivirla y obedecerla todos los días. Nosotros queremos ejercer nuestra voluntad para complacer nuestros deseos.

El puritano Thomas Watson, comentando acerca de la frase del Padre Nuestro "que se haga tu voluntad en el cielo como en la tierra", decía que nosotros necesitamos dos tipos de obediencia: una obediencia activa para que podamos hacer la voluntad de Dios activamente en lo que Él ordena, y una obediencia pasiva para someternos pacientemente a la voluntad de Dios en lo que nos impone o nos inflige.

En la vida de Cristo esas dos obediencias se ven. Y de hecho, teológicamente, eso es como es visto: que la obediencia activa de Cristo es la que gana méritos para nosotros porque Él cumplió la ley en su cabalidad. Y la obediencia pasiva de Cristo, donde Él no abrió su boca, se sometió a los latigazos, se sometió a los clavos, clavado en un madero. Esa obediencia pasiva es la que termina pagando el precio de mi pecado, que me hace luego posteriormente libre de pecado y libre de la justicia de condenación eterna. Yo necesito su obediencia activa, yo necesito su obediencia pasiva.

Thomas Watson dice: en tu vida eso es como es. Hay cosas a las que Dios te está llamando a que te sometas, circunstancias difíciles. Tú necesitas una obediencia pasiva para someterte, y hay una obediencia activa que tiene que ver con aquellos preceptos revelados en su Palabra para todo el mundo.

Habiendo pensado, verdad, de una forma quizás distinta acerca de la voluntad de Dios, quizás sea bueno cerrar citando a Thomas Watson de nuevo, otro de los grandes puritanos y teólogos del pasado. Y que tú puedas reflexionar al final del mensaje a través de esto que te voy a compartir, y luego puedas quedarte ahí como a la expectativa para que podamos cantar una canción que le hemos cantado pocas veces, pero se ha cantado aquí, y que la canción misma continúe siendo como una especie de oración reflexiva. Para ver si al final de este año, entre que el año termine de una forma sobrenatural, algo ocurre internamente en tu corazón que finalmente termina esta lucha de semana entregando la última fibra de tu voluntad.

Escucha las observaciones de Thomas Watson que están relacionadas al Padre Nuestro, en la oración "que se haga tu voluntad y no la tuya", y no la mía, sino que se haga la voluntad tuya en el cielo como en la tierra. Esa es la oración del Padre Nuestro.

Número uno, dice Watson: el gran designio de Dios en su Palabra es convertirnos en hacedores de su voluntad, de su designio. Número dos: la meta de todas las promesas de Dios es llevarnos a hacer su voluntad. Todas las promesas de Dios donde Él promete estar con nosotros, donde Él promete no abandonarnos, tienen como propósito activar o estimular el deseo de hacer su voluntad. Número tres: la porción de la Palabra que representa una advertencia o alguna amenaza para nosotros tiene por fin alejarnos del pecado y convertirnos en hacedores de la voluntad de Dios. Aquella cosa que parece "te he avisado, no lo hagas, recuerda las consecuencias", Watson dice eso tiene por finalidad alejarte del pecado, y eso termina siendo su voluntad.

Número cuatro: el cuidado providencial de Dios tiene por fin el que lleguemos a hacer su voluntad. Las aflicciones son enviadas para llevarnos a hacer su voluntad. Las misericordias de Dios tienen como propósito el hacernos hacer su voluntad. Número cinco: al hacer su voluntad mostramos el amor por Cristo, quien dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". El hacer la voluntad de Dios es una manera de yo demostrar que verdaderamente amo a mi Señor.

Número seis: la voluntad de Dios es para nuestro beneficio. A ti te conviene. Si tienes que morir en la cruz, te va a convenir. El apóstol Pablo lo dijo: ya sea por vida, por muerte, no importa, lo único que quiero es que Cristo sea magnificado. Número siete: hacer la voluntad de Dios es nuestro honor. Considera, dice Watson, el gran honor que sería que un gran rey de la tierra, benevolente, muy famoso, te llame y te pida que hagas algo para él. Imagínate cuando ese Rey es el Creador del cielo, la tierra, y tu Redentor personal. Es un gran honor.

Hacer la voluntad de Dios, número ocho, en la tierra nos hace semejantes a la imagen de Cristo. El propósito eterno de Dios de la eternidad pasada era hacerte a su imagen. Todo está obrando para bien para eso, pero la única manera como tú puedes ser conformado a su imagen es si haces su voluntad. Si rehúsas, estás deformando su imagen en ti.

Número nueve: hacer la voluntad de Dios en la tierra nos trae paz en la vida y en la muerte. Paz en la vida y en la muerte. Se cuenta del Dr. Lloyd-Jones, médico, porque no era doctor en teología simplemente sino médico, que estaba en su lecho de muerte y no comenzó a orar por su mejoría. Y le decían: "No, no, no, no, no, no, no, para que yo me mejore". No. "Ya déjenme ir, déjenme ir, suéltenme". Eso trae paz en la vida y en la muerte.

Número diez: si reconocemos a Dios como Señor, entonces deberíamos hacer su voluntad antes que cualquier otra voluntad. Si Él es Señor, yo tengo que vivir su señorío. Yo tengo que demostrar que yo creo que Él es Señor. Cuando yo me rebelo en mi vida, estoy demostrando que me estoy rebelando en contra del Señor. Hay una forma de poder llamarle Señor con los labios y poder mostrarlo como Señor en mis hechos, y es cuando mis labios, mi corazón y mis hechos son congruentes, convergen en una misma página. Y eso es a lo que el Señor nos está llamando, y es lo que tiene sentido en nuestras vidas.

Hermanos, yo no estoy aquí como alguien que toda su vida ha vivido tranquilo sin luchar con la voluntad de Dios. Todos nosotros hemos luchado con la voluntad de Dios en algún momento, unos más, unos menos, unos más recientemente. En todos nosotros ha habido una lucha de algún tipo. A veces la lucha es con tu esposa o esposo, a veces con tus hijos, a veces con tu compañero de trabajo o el lugar de trabajo, a veces con una enfermedad. Quizás tú quisieras que algo fuera así y no ocurre. Quizás tú quisieras que algo no fuera así, pero no cambia.

Quizás hay un aguijón en tu carne y tú le has pedido a Dios, no tres veces, trescientas veces, y el aguijón se queda. Quizás esa es la voluntad de Dios. Quizás quieres entrar, por así decirlo, como a la tierra prometida, que sería como un lugar donde quieres mudar, o un tipo de trabajo, o alguna otra cosa que es como una tierra prometida, y Dios te dice como le dijo: "No me hables más de esto, que no vas a entrar." Quizás es una iglesia en la que tú estás, hay una situación, hay una circunstancia, o le falta algo que tú quisieras que estuviera pero no está. Puede ser. Pero quizás no hay otra alternativa todavía. Quizás hay algo que tú quieras vender, o algo que tú quieras comprar, algo que tú quieras obtener, o quizás hay algo que tú quisieras como poder alcanzar para que tu futuro esté garantizado, esté tranquilo, y no acaba de llegar.

Quizás hay tantos deseos distintos en tu corazón, en el mío, con lo que nosotros hemos luchado, quizás vamos a luchar mañana. Hermanos, esa lucha tiene que terminar, pero no va a terminar si yo no entrego la última fibra de mi deseo, de mi mente, de mi vida al Señor. De mi vida al que compró mi vida, de manera que tú puedas decir en todos los casos: "Sí, yo quisiera esto, pero si Dios quiere. Yo quisiera aquello, pero si Dios quiere. Si Dios no lo quiere, pues no lo quiero."

Yo compartí entre culto con el pastor Reinaldo y hablábamos. Si yo le decía... me hizo un comentario y le decía: "Yo anhelo tener un colegio de pastores." Entonces hay que ver, pero no ha ocurrido. Quizás no ocurra y me muera sin verlo. ¿Y yo qué? Está bien, descubrí la voluntad de Dios. O quizás yo me muero, yo estoy ya envejeciente, y hay otro que lo inicia. Está bien, descubrí que la voluntad de Dios era para después, no era conmigo. Era la voluntad de Dios, pero yo no era el agente. Está bien, está bien con mi alma.

Y así nosotros pudiéramos hacer una larga lista de deseos. Hermanos, es por encima del sol que tienes que ver la vida. Tienes que poner tus ojos en las promesas, en el reino venidero. Tienes que acumular tus tesoros en el reino venidero. Tienes que pensar como Cristo y decirte todos los días al levantarte: "Yo no me despierto hoy para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me salvó." Y eso puede ser con hijos, eso puede ser sin hijos. Hermanos, dondequiera que tú estés, no importa el lugar, la circunstancia, no sé lo que pudiera ser o no ser, la lista es interminable.

Lo que sí yo sé es que Getsemaní no está ahí simplemente para mostrarnos hasta dónde Cristo sufrió. Getsemaní está ahí para decirme: si Él lo hizo, yo también; si Él murió, yo también; si Él renunció, yo también. No podemos cantar la última canción que cantamos, "yo también", y luego vivir la vida "yo tampoco". No puede ser. Es tu Señor que lo entregó todo. Y no es simplemente tu Señor; Dios encarnado lo entregó todo, entregó su voluntad perfecta, soberana. La entregó para que tú y yo ahora... no estamos luchando con una voluntad santa, con una voluntad perfecta entregada cuando se encarnó y retomada otra vez para decirte: "Y ahora tú también."

"Señor, pero no puedo." "Te doy mi Espíritu, te doy mi Palabra, te doy una iglesia, te doy consejeros, te doy compañeros del camino. ¿Qué más quieres?" Si le preguntas a Dios: "¿Qué más quiero?" o "¿Qué más Tú quieres?", te dirá: "Que renuncies de una vez y para siempre. No más luches, porque nunca vas a tener nada mejor que estar en el centro de mi voluntad." Buena para ti, agradable si la vives a mi manera, en mi poder. Perfecta, porque soy incapaz de errar. Ahí donde tú estés.

¿Oramos juntos? Diciembre 16, 2023. Señor, en primera instancia yo te pido que nosotros como iglesia, y por cada uno de mis hermanos, no entremos, no lleguemos a enero primero del 2024 siendo la misma persona que entramos en enero del 2023.

Sí, Señor, en el nombre de Cristo nosotros todos venimos pidiéndote perdón, porque en cierta manera, como Santiago dice, quizá nos hemos jactado de que logramos cosas en nuestro poder, en nuestra voluntad, y dijimos incluso: "Lo que yo me propongo, yo lo consigo." Perdónanos por tener esa actitud de pecado y de rebelión. Señor, perdónanos por pensar que yo puedo orquestar mi vida de una manera mejor que lo que Tú puedes hacerlo, y puedo asegurar mi futuro de una manera mucho mejor que lo que Tú puedes garantizarlo. Perdónanos esas formas pecaminosas de pensar, y todas las veces que Tú no has estado en la ecuación, o cuando te hemos puesto simplemente como un factor más de la ecuación pero no como el factor determinante en la ecuación.

Señor, ayúdanos a no pensar, desear, planificar nada donde Tú no estés. Donde Tú no estés, que podamos decir: "Yo tampoco." Señor, a la hora de vivir, al cantar, nosotros podamos decir: "Si no ocurre, está bien con mi Dios, está bien con mi alma." Aun si no puedo cambiar esto, aun si no puedo mover el monte, aun si no puedo conseguir lo que tanto, aquello tras lo cual yo corrí tanto, con tanta intensidad. Señor, ayúdame a entregarlo y decir: "Si no es para mí, no lo quiero, porque Tú eres quien lo determina."

Ayúdame a recordar que los sí y los no de la vida son los sí y los no de Dios. Como no puedo saberlo todo en términos de tu voluntad, lo que Tú haces, de tu montaraz, es que Tú me revelas dicha voluntad con tus sí y tus no. Cuando Tú reportas y cuando Tú abres las puertas, y cuando Tú las cierras, que yo puedo verlo simplemente diciendo: "Gracias, Señor, tu voluntad me ha sido revelada. Lo que no vi en tu Palabra, lo que no entendí de otra forma, ahora lo vi." Y que pueda decir: "Aun así, aun si Tú dices que no, está bien con mi alma."

Ayúdanos a seguir ahora reflexionando en esta canción, y que la canción sea una oración de corazón, no de labios. El próximo año ser otra cosa, porque estuve en Getsemaní en este año, y luego es como haber resucitado en enero primero a un nuevo vivir, de una forma verdaderamente libre. Ayúdanos a seguir reflexionando, Señor. En Cristo Jesús, amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.