Statamic
Sermones

El Dios que quita y también da

Fabio Rossi 1 septiembre, 2024

Las pruebas de la vida tienen el potencial de cegar nuestros ojos espirituales y hacernos cuestionar la bondad de Dios. Cuando enfrentamos enfermedad, pérdida o escasez, nuestro corazón fácilmente percibe lo que Dios nos ha quitado y comienza a dudar de su carácter. Sin embargo, el libro de Rut nos recuerda que el Dios que quita es también el Dios que da, incluso en medio del dolor más profundo.

Noemí lo perdió todo: esposo e hijos en tierra extranjera. Su amargura era comprensible, y luchó contra Dios por lo que le había sucedido. Pero aun en su lamento, reconoció dos verdades fundamentales: que Dios es soberano sobre su tragedia y que Dios también puede bendecir. Hay lugar para el lamento en medio de la prueba, pero hay lugar para Dios en medio del lamento. Noemí no se apartó de su Dios; se aferró más fuerte a él porque había construido su vida sobre el fundamento inamovible de su carácter.

La historia de Hayden, una joven de quince años que sufrió convulsiones devastadoras y perdió el habla, el movimiento y parte de su memoria, ilustra esta realidad. En medio de su sufrimiento, ella declaró con lágrimas: "Estoy triste porque hay muchas personas que no conocen a Dios". Esa fe inexplicable solo puede venir como regalo divino. El sufrimiento no se trata de nosotros; son ventanas de gracia que nos permiten experimentar la fidelidad de Dios. En tu dolor, él permanece fiel; en tu desesperación, ofrece misericordia; en tu fragilidad, él es tu fuerza.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Muy buenos días, hermanos. Ahora, qué tremendo privilegio estar aquí. Yo le compartía a los pastores hace ya algunos meses atrás: la primera vez que yo subí aquí en Dominicana, en el 2017, yo vine para un Por Su Causa. Era en San Souci. Y yo me acuerdo muy bien, sí, yo me acuerdo muy bien cuando yo entré a San Souci y vi todo el montaje y toda la conferencia. Y en mi mente tuve un pensamiento que en realidad fue como una oración al Señor: "Señor, quisieras usarme algún día para ser parte de algo como esto". Lo pensé así en mi mente. Y bueno, aquí estoy. Así que creo que el Señor es bueno y escucha los anhelos de nuestro corazón. Así que para mí es un tremendo privilegio estar aquí con ustedes compartiendo la satisface.

Y quiero invitarles, que si tienes tu Biblia ahí, la abras al libro de Rut, capítulo uno. Rut, capítulo uno. Y en lo que tú ubicas ahí en tu Biblia, Rut uno, yo quiero compartirte el testimonio de un pastor norteamericano. Él se llama Garrett. El pastor Garrett sirve en Virginia, en Estados Unidos. Y él estaba de vacaciones el año pasado, justamente a finales del año pasado, estaba de vacaciones con la familia, simplemente pasando las fechas de fin de año con otros amigos, disfrutando de un pequeño descanso de la actividad del ministerio y de todas las demás cosas.

Pero la vida de Garrett y su familia cambió repentinamente, porque el 20 de diciembre, muy pocos días antes de la Navidad, su hija de 15 años, Hayden, empezó a convulsionar. Ellos estaban atentos a qué era lo que le pasaba. Fue algo muy repentino, algo que ellos no esperaban. Pero se dieron cuenta que tras una convulsión empezó otra convulsión, y empezó otra convulsión, y no dejaba de convulsionar. Así que tuvieron que llamar a las emergencias, se la tuvieron que llevar al hospital más cercano. Los médicos lucharon de diferentes maneras para tratar de detener una serie de convulsiones incesantes que duraron como unas 20 horas. Así que para lograr estabilizar a Hayden, los doctores no tuvieron otra opción sino sedarla, inducirla a un coma, llevarla a la unidad de cuidados intensivos del hospital, donde ella estuvo inconsciente por unos 17 días.

Y a lo largo de ese tiempo los doctores le hicieron múltiples pruebas, exámenes, estaban tratando de descubrir qué era lo que estaba pasando en el cuerpo de Hayden. Poco a poco, después de los exámenes, empezaron a reducir la dosis del sedante que la mantenía a ella dormida, esperando que ella pudiera despertar y a la expectativa de que si ella despertaba no volviera a convulsionar. Poco a poco redujeron la dosis, y después de varios días a la expectativa, finalmente Hayden abrió los ojos. Pero abrió los ojos a una dura realidad. Esta chica de 15 años que antes estaba llena de vida y de energía, ahora no podía hablar, no podía moverse, e incluso se dieron cuenta que había perdido parte de su memoria a causa de las convulsiones.

Hayden pasó unos 25 días en cuidados intensivos y finalmente pudo ser trasladada a una habitación normal, lo cual era una buena noticia para sus padres porque ya no dependía de las máquinas para mantenerse viva. Era un pequeño avance. Ella empezó a tratar de hablar, le costaba, no lograba volver a hablar normal, no era coherente en las palabras, pero empezó poco a poco a mejorar. Incluso también empezó a esforzarse por recuperar el movimiento. Pero Hayden, a raíz de las medicinas que le daban para evitar las convulsiones, empezó también a tener episodios de alucinaciones y delirios. Así que el camino de la recuperación fue muy doloroso. Aprender a caminar otra vez fue un desafío, aprender a hablar otra vez fue un desafío para ella y su familia, recuperar la memoria. Cada memoria que ella tenía del pasado la celebraban con lágrimas de gratitud.

Y finalmente, el 9 de febrero de este año, después de 51 días en el hospital, Hayden regresó a casa. No tenían un diagnóstico todavía de qué era lo que pasaba con ella, pero ella ya se había recuperado de una manera asombrosa. Los doctores estaban muy, muy sorprendidos por la manera en que Hayden se logró recuperar para hablar, para caminar, para moverse, al punto de que en mayo de este año Hayden pudo regresar al colegio para reunirse con sus amigos y tratar de retomar otra vez la vida que ella tenía antes. Y parecía que ese valle de sombra por el cual Hayden estaba pasando había quedado atrás y venía un nuevo capítulo para ella.

Había un pastor que una vez dijo que las pruebas vienen a caballo y se van a pie, porque a veces en nuestra vida parece que las pruebas vienen por montones y vienen rápido y se acumula una tras otra, pero para que se vayan, a veces son temporadas muy, muy largas. Y así como Hayden, en mayor o menor grado, yo sé que tú y yo podemos identificarnos, porque hemos enfrentado dificultades o estamos enfrentando dificultades. Y si no, mi hermano, déjame decirte que tú enfrentarás dificultades en algún momento: enfermedad, muerte, dolor, escasez, desempleo, desilusiones, relaciones rotas y cualquier otro tipo de adversidad. ¿Por qué? Porque vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, vivimos en un mundo lleno de dolor, un mundo lleno de sufrimientos.

Y este mundo lleno de dolor y sufrimiento nos seduce y nos invita a una cosa: a que tú y yo cuestionemos la bondad de Dios. Cuando tú y yo estamos en medio de las pruebas y en medio de las dificultades, así como cantábamos y como orábamos, es fácil para nosotros cuestionar la bondad de Dios, decir: "Si tú eres tan amoroso, y si tú eres tan fiel, y si tú dices que tú eres el proveedor y que cuidas de nosotros, ¿por qué permites que esto me pase a mí?". Así que en esos momentos de oscuridad y debilidad, nuestro corazón empieza a percibir fácilmente lo que Dios no nos ha hecho, lo que Dios ha dejado de hacer. Nosotros empezamos a percibir muy fácilmente lo que Dios nos ha quitado, y empezamos a cuestionar su carácter y sus planes.

Y si tú estás atravesando por un valle de aflicción hoy, yo quiero alentarte con la satisface de Dios en esta mañana. Yo quiero recordarte que aun en medio de las dificultades que tú estás enfrentando, Dios sigue siendo Dios, Dios sigue sentado en su trono, Dios está presente contigo. Y te recuerda, y nos recuerda hoy a través de las palabras del profeta Isaías cuando dijo: "No tengas miedo, porque yo he pagado tu rescate, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás. Las llamas no te consumirán, porque yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador".

Así que en medio de tu necesidad, hermano, en medio de tu aflicción, tú debes saber y recordar esto: Dios no ha dejado de ser fiel, Dios no ha dejado de ser amoroso, Dios no ha dejado de ser soberano. Y hay algo que necesitamos traer a nuestro corazón una y otra vez, recordarle a nuestro corazón una y otra vez: que Él es el Dios que quita. Estamos acostumbrados a escuchar que Él es el Dios que da y bendice, pero Él es el Dios que quita y también es el Dios que da.

El relato de Rut tiene un poquito de todo. Si tú lo has leído, es un libro corto. Si no lo has leído, yo te animo a que tú hoy o esta semana te tomes un tiempo para leerlo, porque hoy vamos a ver solo el capítulo uno, pero es una historia realmente hermosa. Tiene un poquito de todo, porque tiene hambruna, muertes repentinas, mucho dolor y sufrimiento, suspenso, pero tiene gracia, tiene restauración, tiene reconciliación. Y esta historia es usada por el Señor para recordarnos no solo lo que es evidente en el texto, que lo vamos a ver, de cómo Dios quita, pero qué es lo que Dios te da en medio de la prueba, qué es lo que Dios nos da en medio de la prueba. Y es lo que queremos estudiar esta mañana.

Y hay por lo menos tres cosas que yo quiero que tú sepas de aquí, recordando: esto es lo que Dios te da a ti y a mí en medio de las pruebas. Primero, Él nos da recordatorios de esperanza. Segundo, Él nos da un fundamento inamovible. Y tercero, Él nos da una fe inexplicable.

Yo no sé cómo está tu corazón en esta mañana, no sé cuál es la situación que tú estás viviendo, cuáles son las cargas que tú estás llevando, qué es lo que está nublando tus ojos para impedirte ver la bondad de Dios. Pero el Señor hoy te invita a sus brazos de amor y al oído te susurra las palabras en Mateo 11: "Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar". Por qué no inclinas tu rostro, vamos a orar una vez más.

Señor, mientras nos acercamos a tu satisface, venimos con corazones humillados y expectantes de lo que tú tienes para nosotros. Tú conoces la vida de cada uno de mis hermanos aquí, tú conoces el valle por el cual ellos puedan estar pasando, las dificultades que están enfrentando. Señor, es nuestra oración que tú hoy nos hables, que tú hoy nos alientes, que tú hoy nos confortes con tu satisface, Señor, y que podamos salir de aquí recordando quién eres tú, recordando tu amor y tu fidelidad en medio de nuestras dificultades. Así que te pedimos, Señor, que nos hables. Quita las distracciones, quita cualquier cosa que pueda desviar nuestra atención de lo que tú tienes para nosotros en esta mañana. Ayúdanos a enfocar nuestro corazón en ti. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.

Rut capítulo uno, vamos a leer los versículos del uno al seis para comenzar: "Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces en Israel, hubo hambre en el país, y un hombre de Belén de Judá fue a residir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer se llamaba Noemí. Los nombres de sus dos hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá. Y llegaron a los campos de Moab y allí se quedaron. Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos. Ellos se casaron con mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, el nombre de la otra era Rut. Y vivieron allí unos diez años. Murieron también los dos, Mahlón y Quelión, y la mujer quedó privada de sus dos hijos y de su marido".

Entonces se levantó con sus nueras para regresar de la tierra de Moab, porque ella había oído en la tierra de Moab que el Señor había visitado a su pueblo dándole alimento.

Ahora, en el primer versículo, si usted se fija en el primer versículo, encontramos al menos dos cosas que vale la pena resaltar de este texto. Lo primero es que el mismo autor del libro nos sitúa en una situación histórica y moral. Él nos dice que el libro de Rut se desarrolla durante el periodo de los jueces. El periodo de los jueces es un periodo que, si tú has leído el libro de los Jueces o estás un poco familiarizado con esa narrativa, sabes que hay algo que se repite una y otra y otra y otra vez. ¿Lo recuerdas? Que en esos días cada quien hacía lo que bien le parecía. Era un tiempo donde no había nadie gobernando, era un desorden y un caos moral en medio de rebeldía contra Dios. Ese es el contexto en donde se está desarrollando la historia de Rut.

Y lo segundo es que el autor nos dice que había hambre en el país. Y aquí lo que nosotros encontramos es algo un poco irónico, porque si tú piensas, ellos están en Belén, y Belén significa "la casa del pan". Belén es la casa del pan, pero en la casa del pan no hay pan. ¿Y por qué no hay pan? Bueno, porque nosotros leemos en la Palabra de Dios que Él había dado bendiciones y maldiciones del pacto con Israel, y les había dicho que si ellos persistían en su pecado y en su desobediencia, entonces Él iba a cerrar el cielo y a detener el fruto de la tierra como castigo y consecuencia por su pecado.

Eso nosotros lo vemos en Deuteronomio 28. Escucha: "El cielo que está encima de tu cabeza será de bronce, la tierra que está debajo de ti de hierro. El Señor hará que la lluvia de tu tierra sea polvo y ceniza; descenderá del cielo sobre ti hasta que seas destruido".

Así que la casa del pan no tiene pan porque, muy seguramente, este pueblo —a la luz de lo que vemos aquí— había persistido en su rebeldía contra Dios, y Dios los había castigado. Pero hay una noticia interesante en el versículo 6. ¿Cuál es? Si tú la puedes ver allí, leemos que Noemí oyó que Dios visitó a su pueblo dándole alimento. Después de todo ese tiempo de hambre, parece ser que Dios se acordó de su pueblo, los visitó, y ahora hay alimento. Lo que no nos dice el autor es si fue porque el pueblo se arrepintió. A veces ellos se arrepintieron, se acercaron otra vez a Dios, y Dios entonces les perdonó y les proveyó nuevamente. No sabemos. Lo que sabemos es que Él mostró su gracia, los visitó y abre los cielos nuevamente.

Ahora, ¿por qué es importante esto que dice aquí en el versículo 6? Porque nos recuerda que Dios sigue siendo misericordioso y no se olvida de sus hijos. La provisión de Dios para Israel era un recordatorio esperanzador para Noemí en medio de su aflicción. Dios sabe que tú y yo somos tentados frecuentemente a caer en la amargura y en la ingratitud en medio de las temporadas difíciles.

Piensa por un momento cómo se comporta nuestro corazón cuando estamos en medio de dificultades. Nuestros corazones se endurecen de modo que dejamos de gozarnos con los que se gozan, y más bien empezamos a frustrarnos con los que se gozan. Nosotros vemos que si yo estoy desempleado, pero a mi amigo le dan un aumento, me cuesta gozarme con el aumento de él cuando yo estoy pasando hambre. Y fácilmente entonces empezamos a cuestionar: "Dios, pero si él ya tenía trabajo, ¿un aumento? ¿Por qué no me diste a mí trabajo?" O si él consiguió novia, yo ando soltero, y se van a casar: "Como que me quiero gozar contigo, pero estoy frustrado por mi situación." ¿Por qué Dios responde a unos y a otros no? ¿Por qué Dios trata a unos bien y a otros no? Empezamos a cuestionarnos. Nuestro corazón fácilmente cae en la amargura, en la ingratitud.

Así que el hecho de que Dios visitara a su pueblo y terminara con la hambruna de Belén era un recordatorio para Noemí de que Dios está presente. Pero hay algo importante, y es la razón por la cual nos cuesta: que Dios llevara pan a Belén, ¿en qué cambiaba la situación de Noemí? Si ya estaba viuda y sin hijos, ¿de qué le servía a ella que en Belén haya pan si su situación no cambiaba? ¿De qué sirve que tu amigo reciba un aumento si tú sigues desempleado? ¿De qué sirve que tu amiga se comprometa si tú sigues soltero?

Solo que uno se pregunta: que Dios visitara al pueblo en Belén no regresaría a la vida a Elimelec, ni a Mahlón, ni a Quelión. Pero las noticias de la bondad de Dios para con su pueblo eran un recordatorio de que Dios estaba cercano y obrando en medio de su pueblo. ¿Y por qué es importante eso? Porque en medio de las tribulaciones nosotros tendemos a pensar que Dios se olvidó de nosotros, que Dios ha dejado de ser bueno, que Dios ya no está cercano a sus hijos. Y las pruebas tienen ese potencial de cegar nuestros ojos espirituales para que dejemos de ver las misericordias de Dios. Y el Señor, en su amor paciente, se encarga de darnos recordatorios aquí y allá para que tú y yo no olvidemos que Él sigue siendo Dios en medio de tu prueba, que Él sigue estando presente en medio de tu prueba, que Él sigue siendo un buen Padre en medio de tu prueba.

Hermano, yo creo que tú escuches esto: el hecho de que Dios no desaparezca mágicamente —como quisiéramos— tu dolor y tu necesidad, no significa que Él no está presente en tu vida. El hecho de que Dios no te dé lo que tú necesitas, o lo que tú crees que necesitas, o que Dios no llene tus expectativas, no quiere decir que Él no te ama y que se olvida de ti. En medio de las crisis y de las pruebas, tú y yo necesitamos recordar que Dios sigue siendo Dios a pesar de nuestros problemas.

Así como la provisión de Dios para su pueblo en Belén llegó a oídos de Noemí como una nota de esperanza, el Señor Todopoderoso nos invita a que dispongamos nuestros oídos espirituales para escuchar esta verdad que tu corazón y mi corazón necesita oír en tiempos de necesidad: Dios no se ha olvidado de ti. Hermano, el Señor quiere que tú recuerdes eso en medio de tu prueba hoy. Dios no se ha olvidado de ti. Dios no se ha olvidado de ti. A veces tú y yo nos sentimos olvidados por Dios porque no vemos que Él obra de las maneras que esperamos o en los tiempos que esperamos. Pero nunca olvides que Él sigue estando presente, que Él te ama, que Él te ve, que Él está atento a tu corazón.

Hay un teólogo que se llama Rath DeVries, y cuando él enseñaba acerca del libro de Rut, él habló de algo que a mí me llamó mucho la atención, porque él habló de la teología de la basura. Y yo me quedé como: "¿Así? ¿Que le digo otra vez? ¿La teología de la basura?" Todos hemos lidiado con la basura, ¿cierto? De hecho, en algunas casas el tema de sacar la basura es un problema porque nadie define si la va a sacar el esposo o la esposa o los hijos, y es un lío que nadie la quiere sacar. El bote está lleno y siguen acumulando porque nadie la saca. Pero bueno, ese no es el punto de Rath.

Lo que Rath dice es lo siguiente: tengo basura, por lo tanto, Dios es bueno. ¿Escuchaste? Tengo basura, por lo tanto, Dios es bueno. La razón por la cual tú tienes basura en tu casa es porque Dios ha sido bueno y te ha provisto algo. Si Dios no hubiera provisto para nosotros, no tendríamos nada que desechar. Pero a veces tú y yo perdemos de vista la provisión de Dios porque nos hemos enfocado en el mal olor de la basura, en la ingratitud.

Ahora, yo creo que si tú te detienes por un momento y piensas qué es lo que Dios te ha quitado, de qué te ha privado Dios en esta etapa de tu vida, qué es lo que tú has esperado que Dios haga durante todo este tiempo pero no ha ocurrido como tú anhelas, yo te invito a que tú abras tus ojos espirituales y mires las múltiples maneras en que Dios está obrando a tu alrededor. ¿Cómo tú puedes saber que Él está presente cuando no cambia tu situación? Bueno, abre tus ojos para ver los recordatorios de amor que Él nos está dando constantemente.

El salmista se preguntaba, igual que tú y yo a veces en medio de las pruebas: "¿Por qué Dios me ha olvidado?" Mira lo que dice el Salmo 77: "¿Me rechazará el Señor para siempre? ¿No mostrará más su favor? ¿Han cesado para siempre su misericordia? ¿Ha terminado para siempre su promesa? ¿Se ha olvidado Dios de tener piedad, o ha retirado con su ira su compasión? Entonces dije: Este es mi dolor, que la diestra del Altísimo ha cambiado. Y me acordaré de las obras del Señor; ciertamente me acordaré de tus maravillas antiguas. Meditaré en toda tu obra; reflexionaré en tus hechos. Santo es, oh Dios, tu camino. ¿Qué dios hay tan grande como nuestro Dios? En el mar estaba tu camino, y tus sendas en las aguas inmensas, y no se conocieron tus huellas."

A menudo en nuestras vidas las huellas de Dios son invisibles. Él ha estado en el mar, ¿cierto? ¿Has caminado en la playa alguna vez? Cuando tú vas caminando por la playa, ¿qué es lo que sucede con tus huellas? El agua viene y las borra. ¿Eso significa que tú no caminaste en la playa? ¿Eso significa que tú no estás ahí? No. Dios planta sus huellas en la arena. Él cabalga sobre las tormentas porque es el Dios que está presente en medio de tu necesidad y tu dolor. Mira lo que Dios ha hecho a tu alrededor. Recuerda sus obras. Recuerda sus maravillas antiguas. Reflexiona en lo que Él ha hecho, y entonces tu corazón será afirmado en el Señor.

Dios no solo nos da recordatorios que traen esperanza en medio de la crisis; Él también nos da un fundamento inamovible. Y realmente, la vida de Noemí había sido muy difícil. Tú leíste los primeros versículos —leímos los primeros seis versículos— y tú te diste cuenta: la vida de Noemí, en un par de versículos, ella perdió todo. Todo. Perdió su esposo, a sus hijos. Quedó viuda en un país extranjero. Y hasta cierto punto es humanamente comprensible ver a una Noemí que lucha contra Dios, que se queja contra Dios.

Mira los versículos 13, 20 y 21. Ella dice: "La mano del Señor se ha levantado contra mí." "El trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura." "¿Por qué me dicen Noemí? Díganme Mara, amarga, porque el Señor ha dado testimonio contra mí. El Todopoderoso me ha afligido."

Es cierto, Noemí había sido afligida por Dios. Y hermanos, es natural dolernos. Es natural llorar cuando nosotros enfrentamos pruebas y dificultades. Dios nos creó con la capacidad para reír y para gozarnos, pero también para llorar y lamentarnos en medio de las dificultades. Hay un lugar para lamentarnos en medio de las pruebas. Pero no te quedes allí, en la amargura.

Porque hay dos cosas sobresalientes que yo quiero que veamos. Cuando Noemí se queja contra Dios, cuando ya está luchando contra Dios, yo quiero que tú veas algo: que aún en su lucha, en medio de su amargura, Noemí reconoce que Dios es soberano en medio de su tragedia. Y lo vemos porque ella, en cada ocasión, le atribuye a Dios la responsabilidad de lo que le ha pasado. Ella sabía que todo lo que había sucedido no era mala suerte, no fue que las cosas salieron mal, no fue que la hambruna, no fue que el mal clima, no fue que una mala racha, no fue nada de esas cosas. Ella sabe que es Dios, el Soberano, el que la ha afligido. Y eso es importante que tú lo veas. Ella sabía en su corazón que todo lo que había sucedido estaba bajo el control soberano de Dios. ¿Tú estás consciente de que la prueba por la que tú estás atravesando no se ha salido del control de Dios?

Lo segundo es que Noemí no solo recordó y reconoció que Dios es el que quita —ella está peleando con Dios, está luchando con Dios por lo que Dios ha quitado de su vida— pero mira lo que dice el versículo 8 y 9. Ella está consciente de que Dios también da. Y Noemí dijo a sus dos nueras: "Vayan, regresen cada una a la casa de su madre. Que el Señor tenga misericordia de ustedes, como la ha tenido con los que murieron y conmigo. Que el Señor les conceda que hallen descanso cada una en la casa de su marido."

Aún en medio de su amargura, aún en medio de su aflicción, Noemí tenía una visión balanceada de Dios. Hay un lugar para el lamento en medio de tu prueba, pero hay un lugar para Dios en medio de tu lamento. No te olvides de eso.

Hay lugar para lamentarte en medio de la prueba, pero no dejes a Dios fuera de tu lamento, porque Dios está allí. No permitas que el dolor y la tristeza y la frustración del desierto por el cual estás atravesando te aparte de Dios. Noemí sabía que es el Dios que puede bendecir; Noemí sabía que es el Dios que puede afligir. Una verdad que nos cuesta abrazar, una verdad que nos cuesta entender.

Muchas veces algunos comentaristas han sugerido que Noemí y su familia atravesaron todo eso porque ellos tomaron decisiones incorrectas. Algunos dicen que todo lo que vivió Noemí, su esposo y sus hijos es un castigo porque ellos tomaron decisiones incorrectas. Porque bueno, había una hambruna en Belén, cierto, ¿a causa de qué? A causa del pecado, de la rebelión, como ya lo vimos. Entonces los comentaristas dicen, algunos dicen, en lugar de huir del castigo de Dios, lo que Elimelec y su familia debieron haber hecho es ir a buscar a Dios en arrepentimiento, buscarlo a Él, humillarse delante de Él, pedirle perdón por el pecado del pueblo, y entonces permitir que Dios los bendijera, no tratar de huir de la hambruna y tratar de resolverlo en sus propios medios. Pero después dicen: no solo huyeron, sino que también, ¿a dónde huyeron? A Moab, una tierra que Dios les había dicho: no se junten con ellos, apártense de ellos. Pero ellos van a Moab, y por si fuera poco, sus hijos terminan casándose con mujeres moabitas, que igualmente Dios había prohibido.

Entonces cuando uno escucha esa explicación, a todos nos hace sentido y uno dice: sí, tiene razón, tiene sentido. Y a nosotros nos gustan las explicaciones así del sufrimiento, porque nosotros siempre queremos encontrarle un sentido y una explicación a nuestro sufrimiento. ¿Cuántas veces tú y yo en medio de la prueba por la que estamos viviendo nos hemos preguntado por qué? Porque nosotros constantemente estamos tratando de entender qué es lo que Dios está haciendo. Solo quiero entender por qué es que Dios me está permitiendo vivir esto.

El peligro es que en medio de esa búsqueda desesperada por respuestas, por explicaciones, nosotros podemos caer en un error muy grande. Y el error es tratar de trazar una ecuación muy simple entre el sufrimiento y el pecado: como Elimelec se fue huyendo y su familia, y sus hijos se casaron, entonces bueno, ahí tiene, esa es la consecuencia, ya lo entendimos, ahí está. Pero tú sabes qué, uno puede llegar a esa conclusión, pero el texto, el texto bíblico, no nos dice por qué fue que Noemí y su familia sufrió eso. No lo dice. Tampoco nos dice por qué Dios decidió visitar al pueblo en Belén y darles otra vez alimento. No nos dice. Nosotros podemos asumir algunas cosas, pero no nos dice.

Y eso nos incomoda un poquito, porque Dios obra de maneras misteriosas, y eso a nosotros nos causa muchos problemas. Con frecuencia queremos saber el porqué, especialmente cuando somos afligidos. Queremos entender por qué Dios permite esto o aquello en nuestra vida. Pero nuevamente, en su amor paciente Él te dice: mi hermano, no es a causa de tu pecado, no es por el pecado de tus padres, lo que busco es que mi gloria sea manifestada a través de tu aflicción. Pero a veces Él también nos dice: tú sabes qué, sí es por tu pecado, arrepiéntete, vuelve a mí. Pero muchas veces Él nos dice: bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad. Yo te estoy moldeando a la imagen de Jesucristo en medio de la aflicción.

Tú y yo necesitamos recordar y afirmar, como eso hizo Noemí, que Dios es soberano. Dios está presente caminando contigo aunque sus huellas parecen invisibles. Dios extiende su mano de amor para bendecirte, pero Dios también extiende su mano para afligirnos cuando quiere y a quien Él quiere. Y cualquiera que sea mi situación, yo bendeciré el nombre del Señor, porque la única manera en que tú y yo podemos atravesar las pruebas y las tormentas en la vida es descansando en el fundamento inamovible del carácter de Dios.

Yo quiero que tú recuerdes, yo sé que tú la recuerdas, la escena en Marcos capítulo cuatro. Jesús y sus discípulos suben a la barca y les dice: vamos a atravesar al otro lado del mar de Galilea. Recuerda la escena, ¿qué pasa? A medio lago, a medio mar, empieza una gran tormenta. Los discípulos están aterrorizados, las olas están golpeando tan fuerte que la barca se está llenando de agua. Y están tratando de ver cómo rescatan todo. Jesús, ¿dónde está? Durmiendo. ¿Cómo puede alguien dormir en medio de una tormenta?

David nos ayuda a entender cómo es que tú y yo podemos dormir en medio de las tormentas. Salmo 3 y Salmo 4: "Yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Señor me sostiene. No temeré a los diez millones de enemigos que se han puesto en derredor mío. En paz me acostaré, y asimismo dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir seguro."

Tú sabes, el sueño de David, el sueño de Jesús, nos despiertan a una verdad importante: Dios es Rey sobre las tormentas, y por eso es que tú y yo podemos descansar. No importa, hermano, cuántas tormentas se levanten. No importa cuántos enemigos hay a tu alrededor. No importa cuán difícil es el diagnóstico. No importa cuán grande parezca la prueba, cuán fiero sea el enemigo. No importa cuán grande y profundo es tu dolor ni tu frustración. Tú debes recordar: Dios es Rey sobre la tempestad, sobre la enfermedad, sobre la muerte, sobre la escasez, sobre los conflictos, sobre los enemigos. Él es Rey sobre tu vida y tu tormenta. Él es el Rey, y por eso tú puedes descansar.

Pero no pierdas de vista algo más. Aunque Noemí se quejó, Noemí luchó contra Dios por todo lo que había pasado, hay algo que a mí me alienta y me conmueve. Porque tú ves a Noemí peleando, diciendo: Dios, me afligiste, me afligiste. Tú puedes imaginar a una Noemí llorando en medio de su dolor diciendo: ah, Dios, ¿por qué tú hiciste esto? Pero tú sabes que Noemí no se apartó de su Dios. En medio de su queja, de su frustración, Noemí se aferró aún más fuerte a Dios, porque ella había construido su vida sobre el fundamento inamovible del carácter de Dios. Noemí conocía a su Dios. Él es el único fundamento firme sobre el cual tú puedes construir tu vida y mantenerte firme en medio de las tormentas.

Yo te pregunto: ¿quién es el fundamento de tu vida, hermano? Y te pregunto: ¿cuánto conoces tú a Dios? Y si estás luchando contra Dios ahora en medio de tu prueba y tu dificultad, te pregunto: si en esa prueba y en medio de tu lucha tú te has aferrado más fuerte a Dios, o te has apartado de Él. Él es el Dios que quita, pero también es el que te da recordatorios de esperanza. Es el que te da un fundamento inamovible.

Y por último, Él también es el que da una fe inexplicable. Hasta ahora nosotros hemos hablado acerca de Noemí, pero ¿cómo se llama el libro? Rut. Hay alguien que salta a la escena y tomó un rol protagónico: Rut. Porque la manera en que Rut responde a toda esta situación... Acuérdate, si Noemí perdió a su esposo y dos hijos, Rut perdió a su esposo. Pero la respuesta de Rut tiene una complejidad interesante, porque Rut no es israelita. Rut es moabita. El dios de Rut no era el Dios de Israel. Y la única manera en que tú y yo podemos explicar la respuesta de Rut es que se trata de un regalo de Dios. La fe que muestra Rut aquí es una fe inexplicable.

Cuando Noemí está tratando de persuadirla de que regrese a casa y rehaga su vida, Rut responde de una manera impresionante. Versículos 16 y 17: "No insistas que te deje o que deje de seguirte, porque donde tú vayas yo iré, donde tú mores yo moraré. Tu pueblo será mi pueblo, tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras ahí moriré, y allí seré sepultada. Haga el Señor conmigo y aún peor si algo excepto la muerte nos separa."

Ese compromiso de Rut era aún mayor que el de un matrimonio. El argumento de Noemí era sólido. Noemí tenía muchas razones para que Rut y Orfa fueran en su propio camino. Cualquier persona, como dicen, que tenga cuatro dedos de frente, o tres, cuatro sería mucho, tres, sabría que lo que Noemí está diciendo tiene sentido. Ir con Noemí es desventaja económica: ¿qué vas a ir a hacer tú con una viuda en un país extranjero? En ese tiempo, tú sabes, las viudas no se sostenían por sí mismas. Era ir en desventaja social porque iba a ir a un país extranjero. Y en cierto sentido, una desventaja espiritual, porque mira nada más cómo ese Dios está tratando a su hija, ¿y tú quieres ir detrás de ellos?

Pero Rut responde con una fe inexplicable, una fe que no proviene del corazón humano sino solamente de Dios. Por eso era posible. El apóstol Pablo le dice a los filipenses: "Porque a ustedes, escucha, se les ha concedido por amor de Cristo no solo creer en Él, sino también sufrir por Él." La fe y el sufrimiento por Cristo son regalos de Dios. La fe que tú y yo necesitamos para mantenernos firmes en medio de las tormentas solo proviene de Dios. Es un regalo que Él da para aquellos que le aman.

Recuerda la historia de Aiden que te conté al inicio. La integración de Aiden al colegio, el nuevo comienzo de esta vida normal para ella, duró muy poco. Al cabo de unas semanas, Aiden volvió a tener convulsiones. Fue otra vez al hospital, donde enfrentó nuevamente una realidad desgarradora. Aiden perdió otra vez la capacidad de hablar y de moverse. Perdió otra vez sus movimientos, no eran coherentes. Su lucidez se desvaneció otra vez. Tuvieron que sedarla e inducirle un coma. Y los meses de junio y julio que acaban de pasar fueron una montaña rusa para la familia, con recaídas dolorosas, visitas al hospital, convulsiones recurrentes, episodios terribles de delirio en donde ella a veces no reconocía incluso a su propio padre, momentos de gran desesperación.

Pero el pastor Gary ha estado actualizando acerca de la situación de su hija, y él escribió el pasado 20 de agosto esta nota: "El uno de septiembre, o sea hoy, Aiden cumplirá 16 años. Es un cumpleaños que celebraremos con gratitud por tenerla entre nosotros, aunque no será como habíamos imaginado. La familia confía en Dios en medio de nuestra prueba, encontrando consuelo en la fe inexplicable de Aiden. Porque en una conversación reciente," dice su padre, "ella me habló de cuánto ha cambiado su vida y cómo cree que Dios ha usado este tiempo de sufrimiento para acercarla más a Él." Y a tener 16 años, escucha lo que dijo.

—Iden, estoy triste, papá, porque hay muchas personas que no conocen a Dios —dijo Iden con lágrimas en sus ojos.

Dios la está transformando en medio de esta adversidad, y damos gloria a Dios por sus misteriosas providencias. Sigue escribiendo Garrett una nota final: "Christopher no había mencionado a mi primo antes en todas mis actualizaciones sobre la salud de Iden, pero él ha estado luchando con la leucemia durante más de una década. Durante todo ese tiempo, Chris ha enfrentado su enfermedad de una manera inspiradora, pero él es ateo; no tenía ningún interés en hablar de Jesús. Sin embargo, en una conversación reciente, Chris me compartió que había puesto su fe en Cristo, que había recibido el perdón de Dios, y me compartió de su esperanza de que un día será resucitado por nuestro Rey. Dios usó esta prueba para llevarlo al fin de sí mismo y ver a Jesús como su única esperanza."

En medio de la prueba, yo sé, Él es el único que puede darte una fe inexplicable para sostenerte en medio de la prueba y de la aflicción.

El libro de Rut, mis hermanos, no se trata de Rut; no se trata tampoco de Noemí. Este es un libro que retrata de una manera espectacular el *hesed* de Dios, lo que los teólogos llaman... Es una palabra muy difícil de traducir porque es más que amor. No es solo el amor de Dios; es una palabra que abarca todos sus atributos: amor, fidelidad, misericordia, gracia, bondad, lealtad. Es el sufrimiento de Noemí, el sufrimiento de Rut, el sufrimiento de Iden, el sufrimiento de Christopher... Tu sufrimiento no se trata acerca de ti. Tú estás sufriendo; no se trata acerca de ti. Son ventanas de gracia que nos permiten ver y experimentar la gloria de Dios y el *hesed* de Dios.

En tu dolor, Él permanece fiel. En tu desesperación, Él te ofrece su misericordia. En tu tristeza, te envuelven sus brazos de amor. En tu pérdida, Él te brinda consuelo. En tus dudas, Él muestra su constante bondad. En tus pruebas, Él no se aparta. En tu sufrimiento, Él se mantiene cercano con un amor inquebrantable. En tus lágrimas, Él te consuela. En tu fragilidad, Él es tu fuerza. En tu necesidad, hermano, Él trae redención, Él trae salvación, Él trae restauración.

Y por eso es que en medio de las pruebas tú y yo podemos ver a Dios obrando por esos recordatorios que nos está mandando a nuestro alrededor. Abre tus ojos para ver lo que Dios está haciendo, aunque no parezca estar obrando en tu vida ahora mismo cambiando tu circunstancia. Dios sigue siendo Dios. Mira lo que Él ha hecho antes, mira lo que Él ha hecho ahora, y tú sabes lo que Él hará. En medio de tu sufrimiento, Él es el fundamento inamovible en el cual tú puedes descansar.

Y por eso nosotros podemos decir junto al salmista: "Levantaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que tu pie resbale; no se duerme el que guarda a Israel. El Señor es tu guardador; Él es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te herirá de día ni la luna de noche. El Señor te protegerá de todo mal; Él guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre."

Oremos. Señor, Tú sabes que somos débiles. Tú sabes, Señor, que necesitamos escuchar este recordatorio, y Tú conoces nuestros corazones y las situaciones por las que hemos estado atravesando. Y cuántas veces, Señor, en medio de las pruebas nos hemos preguntado: "¿Por qué, Señor? ¿Por qué de esa manera? ¿Por qué a mí? ¿Por qué sucedió esto?" Y queremos entender tu obra misteriosa. Tú sabes, Señor, cuántos de los que estamos aquí estamos o hemos luchado contra Ti. Y Tú sabes también cuántos, en medio de su lucha y en medio de su aflicción, se han apartado de Ti porque cuestionan quién eres Tú.

Pero gracias, Señor, porque Tú eres un Dios paciente. Tú no solo nos recuerdas quién eres Tú, sino que nos buscas, nos abrazas. Tú, el Dios eterno, sufriste por nosotros. Y entonces nos preguntamos: ¿por qué yo no habría de sufrir por Ti, si este sufrimiento trae gloria a tu nombre? ¿Por qué no voy a sufrir por Ti, si este sufrimiento trae salvación a otro? ¿Por qué no sufrir por Ti, si este sufrimiento moldea la imagen de Cristo en mí? ¿Por qué no voy a sufrir?

Ayúdanos, Señor, a aferrarnos a tu verdad, a permanecer firmes en medio del dolor y la prueba, y que en medio de nuestro lamento pueda brillar la luz del glorioso satisfechos de Cristo. Lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.

Fabio Rossi

Fabio Rossi

Fabio Rossi es colombiano y vivió en Guatemala desde su juventud, donde completó una Licenciatura en Biblia y Teología con especialidad en Música Sacra y sirvió durante diez años como parte del equipo pastoral de su iglesia local. Obtuvo una Maestría en Divinidades en el Southern Baptist Theological Seminary (SBTS) y se desempeñó como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio. Actualmente vive en la República Dominicana con su esposa Carol y sus dos hijos, donde sirve como pastor en la Iglesia Bautista Internacional, asistente ejecutivo del pastor Miguel Núñez y director de contenido y desarrollo para Ministerios Integridad & Sabiduría.