IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El Salmo 23 no fue escrito desde un paisaje idílico, sino desde el dolor. David conoció años de persecución, traición de amigos cercanos, una familia disfuncional marcada por el abuso y la muerte, y temporadas profundas de soledad. Sin embargo, en medio de todo eso, su confesión permanece firme: "El Señor es mi pastor, nada me faltará." No es la declaración de alguien ingenuo, sino la fe de quien ha comprobado que tener al Señor como pastor significa tener todo lo que se necesita, aunque las circunstancias digan lo contrario.
El pastor Fabio Rossi señala tres confesiones que sostienen este salmo: "nada me faltará," "no temeré," y "en la casa del Señor moraré." La primera no niega las carencias, sino que reconoce que Dios, como pastor diligente, ha trabajado para proveer exactamente lo que cada oveja necesita en cada etapa del camino. La segunda emerge en el momento más oscuro del salmo: el valle de sombra de muerte. Pero ese valle no es un desvío del plan de Dios; es parte de la ruta hacia pastos más altos. Como un padre cuya presencia disipa el miedo de su hijo en la oscuridad, la cercanía del pastor transforma el valle. Él no viene desarmado: su vara defiende, su cayado corrige y guía de regreso a la oveja que se desvía.
La tercera confesión mira hacia el final del recorrido. Cuando David observa su vida, no ve solo sufrimiento; ve la bondad y la misericordia de Dios persiguiéndolo incansablemente. El viaje del creyente no termina en el valle ni en la mesa preparada en presencia de los enemigos. Termina en casa, no como visitante, sino como hijo, bajo el cuidado eterno del pastor que sostiene, acompaña y recibe.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Muy buenos días, hermanos. Siempre es un verdadero honor, un privilegio estar aquí y compartir la Palabra con ustedes. Yo siempre lo pongo en términos de que para mí ha sido muy especial estudiar este salmo que vamos a estudiar esta mañana, un salmo muy, muy querido, muy conocido por todos nosotros. Y para mí este tiempo es tan especial, de poder venir y compartir con ustedes lo que el Señor me ha estado enseñando las últimas semanas mientras he estado masticando esta porción de las Escrituras.
Así que les invito que abran sus Biblias al Salmo 23. Pongan un dedo allí en su Biblia o tengan ahí su teléfono, pero yo sé que es un salmo que todos conocemos. Todos por lo menos alguna vez lo hemos escuchado, todos o quizás muchos de nosotros lo sabemos incluso de memoria, o por lo menos partes. Así que para demostrar eso vamos a recitarlo, pero sin ver sus Biblias. ¿Les parece? Lo hacemos de manera antifonada, yo voy a hacer una parte y ustedes van a ir completando, ¿les parece? Sí. "El Señor es mi pastor... por delicados pastos... junto a aguas de reposo... confortará mi alma... por amor de su nombre... aunque ande en valle de sombra de muerte... porque tu vara y tu cayado me infunden... aderezas mesa delante de mí... unges mi cabeza... ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida... y en la casa del Señor moraré por largos días."
Yo sé que aunque nosotros sabemos este salmo de memoria, quizás ninguno de nosotros está relacionado con la tarea del pastor. Yo quiero ver si de repente, de casualidad, entre nosotros hay alguien que es pastor de ovejas, literalmente hablando. Si hay alguien aquí, yo quiero ver la mano o que se ponga de pie y nos salude. Yo creo que... yo iba a asumir que nadie aquí es pastor de ovejas.
Nosotros conocemos el Salmo 23, que es una narrativa, una figura del pastoreo, pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que nosotros no estamos tan familiarizados con esa figura del pastor. Y por lo tanto, al no estar tan relacionados con la figura del pastor, perdemos muchos detalles que encierra o que oculta esta figura. Y esto es lo que este salmo particularmente, y otros salmos y porciones de la Escritura, el doctor Kenneth Bailey llama teología metafórica.
La teología metafórica es una forma de hablar muy distinta a la nuestra. Nosotros hemos heredado nuestra manera de pensar de los griegos: Aristóteles, Platón. Nuestra forma de construir significado es a través de conceptos lógicos, ideas claras, ordenadas, razonamientos que nosotros podemos explicar. Y entonces, como nosotros pensamos en conceptos abstractos, cuando tú o yo utilizamos una ilustración o una imagen, lo hacemos para explicar el concepto. Es lo que comúnmente nosotros hacemos. Damos un concepto. Si tú eres maestro, ¿cuántos maestros están aquí? Varios, estoy viendo varias manos. Entonces el maestro enseña un concepto, y cuando el estudiante se queda mirando con ojos abiertos, con cara de conejo, como que no entendió nada de lo que tú dijiste, entonces: "Déjame darte un ejemplo, déjame darte una ilustración." Y entonces uno da la ilustración para explicar el concepto, porque probablemente hay algunos que no lo han entendido.
Pero no es así con los autores bíblicos. Ellos no partían de conceptos abstractos, sino de la imagen o de la ilustración. Ellos construían significado a través de parábolas, de metáforas, de imágenes, de ilustraciones. Y a diferencia nuestra, ellos no usaban las ilustraciones para explicar una idea; la ilustración misma contenía el mensaje, y luego a partir de esa imagen se extraía el significado.
Déjame darte un ejemplo, porque yo soy occidental. El escritor y periodista británico George Orwell, en uno de sus escritos, cita el libro de Eclesiastés, capítulo 9, versículo 11, que dice: "Vi además que bajo el sol no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla, sino que el tiempo y la suerte les llega a todos." Eso es lo que dice Eclesiastés. Ahora mira cómo Orwell lo tradujo a lo que él llamaba el inglés moderno. Es el mismo pasaje: "La consideración objetiva de los fenómenos contemporáneos nos obliga a concluir que el éxito o el fracaso en actividades competitivas no guarda proporción con la capacidad innata, sino que hay un elemento impredecible que siempre debe tenerse en cuenta." ¿Cuál prefieres tú?
Lo que hizo Orwell fue tomar una imagen poética de Eclesiastés y la tradujo en concepto abstracto. Y a nosotros nos da risa, pero nosotros somos muy parecidos a Orwell. Muchas veces tomamos imágenes vivas y ricas como la del Salmo 23 y las transformamos a conceptos que pierden su riqueza y su profundidad. Y mi anhelo y mi oración y mi deseo esta mañana es que tú y yo podamos ir al Salmo 23 para ser ministrados por la imagen que el salmista nos presenta de Dios, y que mientras nosotros estudiamos este salmo, deje de ser un cliché que nosotros repetimos en momentos de angustia y se convierta más bien en una confesión de nuestra fe.
En su comentario sobre el libro de los Salmos, el doctor Alec Motyer identifica al menos tres escenas en el Salmo 23. Ve tres escenas, y en cada una de esas escenas lo que Motyer propone es que hay tres confesiones en el corazón de cada una de ellas. Y eso es lo que nos va a guiar en nuestro estudio esta mañana. Así que si tú eres de los que toman nota, estas son las tres confesiones que vamos a estudiar hoy, que yo oro para que tú también las puedas abrazar. La primera está en el versículo 1: "Nada me faltará." La segunda está en el versículo 4: "No temeré." Y la tercera está en el versículo 6: "En la casa del Señor moraré." Nada me faltará, no temeré, y en la casa del Señor moraré.
Vamos a meditar en la primera confesión del salmo: "Nada me faltará." Porque cuando tú y yo pensamos en el Salmo 23, yo quiero que tú pienses... lo recitamos, piensen en el Salmo 23, ¿qué imagen viene a tu mente? ¿Ya tienes la imagen?
Estoy seguro que muchos de nosotros, cuando piensan en el Salmo 23, piensan en una ladera verde, un riachuelo que cruza esa ladera, quizás un árbol frondoso, un rebaño de ovejitas, las nuditas gorditas por allí reunidas comiendo, un pastor quizás refinado sentado al pie del árbol tocando un arpa mientras ve cómo las ovejitas comen, el cielo despejado, una brisa fresca que le mueve el cabello al pastor. Yo no sé, pues con razón él dice que no le falta nada. Hasta yo quiero sentarme ahí con él.
Pero nosotros empezamos a descubrir la riqueza de este Salmo cuando consideramos desde dónde es que David describe el Salmo 23. Tú sabes quién fue David. Tú sabes que David no escribe el Salmo desde un paisaje pintoresco, como foto de Instagram con café en la mano. No, él no escribe desde ahí. Él escribe desde el dolor. Él escribe desde el sufrimiento.
David vivió años siendo perseguido por Saúl. Nosotros leemos eso en una porción de la Escritura, pero fueron años que Saúl lo persiguió para matarlo y él tuvo que vivir en cuevas y en desiertos escondiéndose. David fue traicionado por sus amigos. Ahitofel lo traicionó cuando en toda la trama para usurpar el reino. David tuvo una familia profundamente disfuncional, tú y yo lo sabemos. Uno de sus hijos abusó de su hermana, luego otro de sus hijos mata a ese que abusó de ella, luego este mismo le roba el trono. David experimentó pérdida de sus hijos, incluyendo el bebé fruto de su pecado con Betsabé. Él pasó por tiempos de soledad, por tiempos de abandono, por dificultades profundas. Tú lo puedes leer en los Salmos 52 al 55.
Sin embargo, a pesar de todo esto, David confiesa: el Señor es mi pastor, nada me faltará. Él no lo está haciendo desde la ingenuidad. Él no está expresando esto desde la ignorancia. Él lo confiesa porque esa es su fe: el Señor es mi pastor, nada me faltará. David está declarando aquí que cuando todo se desmorona a tu alrededor, quien tiene al Señor como su pastor tiene todo lo que necesita.
¿Y por qué David puede decir eso? Lo primero es porque justamente el Señor, el Señor es su pastor. Yo quiero que mires tu Biblia, dependiendo de la versión que tú tengas ahí. Mira el primer versículo y dime cómo aparece escrita la palabra Señor. Tal vez dependiendo de la versión que tú tengas, algunos puede decir Jehová, pero puede ser que los que dicen Señor, ¿cómo aparece, en minúsculas o en mayúsculas? En mayúsculas. ¿Por qué? Porque ese es el nombre personal de Dios. Es Yahvé. Es el nombre que Dios le dio a Moisés en la zarza, cuando Moisés le dice: "¿Y qué le voy a decir yo al pueblo, que quién me envió?" Él le dijo: "Diles que Yo Soy te ha enviado. Yo soy el que soy."
El pastor David Gibson, comentando sobre ese versículo, escribió: "¿Te das cuenta quién es el que le da a David todo lo que él necesita? ¿Te das cuenta?", dice él. "Es el Dios que no necesita nada ni depende de nadie." Pero nuestro corazón es rápido para ver lo grande de nuestros problemas. Bueno, nosotros estamos en dificultades, nos nublamos porque los problemas nos atribulan y nos apachurran y no nos dejan pensar con claridad, y olvidamos levantar la mirada para reconocer quién es nuestro pastor.
Permíteme recordarte, si tú esta mañana has olvidado quién es tu pastor. Él es el Dios compasivo y clemente, lento para la ira, grande en misericordia. Él es el Dios justo en todo lo que hace, y en cada una de sus obras revela su bondad. Él es el Dios fiel en todo momento, no cambia, no varía como las sombras inconstantes. En Él no hay oscuridad, en Él no hay titubeo. Él es el Dios eterno, el Creador de los confines de la tierra, no se fatiga, no se cansa, su entendimiento no tiene medida. Él es el Dios que sostiene todas las cosas con la palabra de su poder y ante sus ojos nada está oculto. Él es el Dios santo, santo, santo, y al mismo tiempo es el Dios que ve al corazón quebrantado y humilde, se deleita en mostrar amor y misericordia y hacer bien a su pueblo. Él es el Dios cuyo amor se eleva más alto que los cielos y su fidelidad sobrepasa las nubes. Él es el Dios que habita en luz inaccesible, el que dice: "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso."
Ese es el grande, eterno, poderoso, majestuoso, santo Dios que hoy dice: "Yo soy tu pastor, no te falta nada." Si tú eres una oveja de su grey, tú puedes tener por seguro que no te falta nada, porque tu pastor es el Señor.
Pero David también confiesa que no le falta nada porque el Señor es su proveedor. David no solo quiere que tú veas las excelencias de Cristo, tu pastor, sino que tú veas lo maravilloso y lo suficiente de su provisión. En hebreo, la lógica del versículo es más o menos como sigue. Lo que él está diciendo es: el Señor es mi pastor, por lo tanto no me falta nada. En consecuencia de esta verdad, no me falta nada. Eso es lo que está tratando de decirnos.
Pero tal vez alguno de nosotros esta mañana, al escuchar esto, dirá: "Fabio, tú estás diciendo eso porque tú no me conoces. Pero déjame hacer una lista de todo lo que sí me falta. A mí me falta salud. A mí me falta seguridad. A mí me falta paz. A mí me falta compañía. A mí me falta familia. A mí me faltan respuestas. A mí me falta dinero. A mí me falta dirección. A mí me faltan sueños. A mí me faltan muchas cosas."
Y yo entiendo lo que tú dices. No estoy negando las carencias en tu vida. Pero lo que yo quiero invitarte esta mañana es a que tú reflexiones conmigo en al menos tres implicaciones que esta confesión de David tiene, y lo que estas confesiones e implicaciones dicen acerca de tu carencia.
Primero, yo quiero que tú pienses y reflexiones en esta verdad: no te falta nada porque el pastor ha trabajado diligentemente para que tú tengas todo lo que necesitas. Hay un libro que se llama "Una mirada al Salmo 23 desde la perspectiva de un pastor", un libro que yo me encontré, que lo leí mientras reflexionaba y meditaba en el Salmo 23. Es escrito por Philip Keller. Y Philip es un científico, pero aparte de ser científico es un pastor de ovejas, literalmente un pastor de ovejas en África por muchos años. Así que él escribe un estudio acerca del Salmo 23 desde la perspectiva de un pastor real, un pastor de ovejas.
Y él dice: "Tú no sabes, tú no te imaginas lo que en verdad hace un pastor de ovejas." Si tú me preguntas a mí, yo pensaba que un pastor de ovejas tenía un montón de ovejitas en un redil. Cuando les toca comer, yo abro la puerta, salen a comer, miro la hora. Cuando ya es hora de regresar, trato de reunirlas, las meto de regreso aquí al redil, cierro la puerta, las cuido y las vigilo. Y básicamente eso es ser pastor de ovejas, pienso yo. Tal vez yo soy el único que pensaba que era así.
Pero Philip Keller dice: "No, el pastor tiene una labor diligente, esforzada." Tú sabes que el pastor tiene que pensar no solo en las ovejas. Él tiene que pensar en el terreno en donde van a comer sus ovejas. Él tiene que cuidar el terreno, tiene que sembrar y vigilar la grama, tiene que ver el clima. Él sabe que si él pone a las ovejas a pastar aquí mucho tiempo, después de mucho tiempo las ovejas se comen toda la grama, machuchan todo el terreno, puede ser infértil. Así que yo tengo que pensar que las pongo a pastar un poco acá, después las tengo que mover otro poco para acá, para ir emparejando todo el terreno. Después tengo que ver las estaciones del clima, porque cuando viene el verano yo sé que aquí todo esto va a secarse, las tengo que llevar en un recorrido por allá para otra zona. Yo decía: "¡Wow! Es un verdadero trabajo diligente."
¿Y tú me dices que te faltan muchas cosas? ¿Tú crees que el Señor, que es tu pastor, entonces ha sido descuidado y poco diligente y te ha puesto en un lugar donde tú no puedes pastar y donde no tienes lo que necesitas?
Segundo: no te falta nada porque recuerdas que tú eres la oveja y el Señor que es tu pastor sabe lo que tú necesitas mejor que tú. Cuando nosotros pensamos que nos falta algo, el Señor nos dice: "Confía en mí. Confía en mí. Yo sé lo que tú necesitas y yo me voy a asegurar de que a ti no te falte nada."
Algunos teólogos han sugerido que el Salmo 23 es un eco del éxodo. Yo no había, honestamente no había escuchado esa propuesta antes, pero me pareció fascinante pensar en el Salmo 23 como un eco del éxodo. Escucha lo que Moisés le dijo a las nuevas generaciones que estaban por entrar a la tierra prometida, en Deuteronomio 2:7: "Pues el Señor tu Dios te ha bendecido en todo lo que has hecho. Él ha conocido tu peregrinar a través de este inmenso desierto. Por cuarenta años el Señor tu Dios ha estado contigo y nada te ha faltado."
Tú estás deambulando en un inmenso desierto, sí, con muchas carencias, sí. Pero aun a pesar de lo difícil del camino, aun a pesar de lo árido del desierto, Dios ha estado contigo y nada te ha faltado. No te faltó nada en el desierto. Y hermanos, tú y yo estamos en un peregrinaje por el desierto. Nosotros en esta vida estamos en un peregrinaje hacia lo que es la ciudad celestial, la eternidad con Cristo. Nosotros estamos aquí de paso, y esto es como un desierto. Y así como el pueblo de Israel, nosotros también tenemos muchas carencias de diferentes tipos, yo sé. En el desierto no hay de todo. Pero el Señor que es tu pastor te dice: en este momento de tu vida, en este desierto, yo te he dado todo lo que yo sé que tú necesitas.
Lo extraordinario de esta verdad, hermanos, es que en nuestro peregrinaje no es Moisés el que va adelante, es Cristo. Por lo tanto, cuando tú y yo confesamos "nada me falta", no estamos diciendo que lo tenemos todo. No estamos diciendo que tenemos todo lo que yo quiero tener. No estamos diciendo que tengo todo lo que el mundo dice que yo debo tener, porque el mundo te dice: "A esta altura de tu vida tú deberías tener casa propia, un trabajo estable, un esposo, una esposa, un par de hijos, cierto nivel salarial laboral." El mundo te dice muchas cosas que tú deberías tener. Pero el Señor que es tu pastor te dice: en este momento de tu vida, tú tienes exactamente lo que yo quiero que tú tengas, porque eso es lo que tú necesitas.
No te falta nada, porque el pastor te restaura cuando tú te apartas. Mira el versículo 3, David dice: "Él restaura mi alma". Pero en hebreo la frase tiene mucho más fuerza, es mucho más intensa. Se podría traducir como "él me hace volver", "él me hace arrepentir". La idea aquí no es la de alguien que está tomando un descanso después de un mal día. No, es la de una oveja que se cayó de espaldas y que es incapaz de volver a ponerse de pie. ¿Tú sabías eso de las ovejas? Que si una oveja se cae, ella solita no se puede volver a poner de pie. Si una oveja se cae de espaldas, lo único que va a poder hacer es patalear, patalear, patalear, balar, pero ella no puede volver a ponerse de pie sola.
Phillip Keller, el pastor de ovejas, describe a estas ovejas como en condición indefensa y vulnerable, porque si tú te quedas volteada con las patas hacia arriba sin posibilidad de moverte, estás expuesta y vulnerable a cualquier peligro y a cualquier depredador. Es una escena angustiante: una oveja que está luchando, impotente, porque no puede hacer nada. ¿Te has sentido tú así? Posiblemente tú necesitas pensar y recordar que aun en medio de tu impotencia, el Señor te ve.
Si tú eres una oveja de sus prados, Él sabe que tú te has apartado. Si tú eres una oveja de su prado, Él sabe que tú no estás y que probablemente estás en peligro, y Él va a ir a buscarte. Él va a dejar las noventa y nueve para ir a buscarte a ti. Y cuando Él te encuentra, lo que hace es acercarse a ti, hablarte con amor, levantarte. Los pastores, cuando ven a una oveja en esta condición, masajean sus piernas, sus patas, para que ellas vuelvan a recobrar movilidad. Pero si ella no puede moverse y si ella no puede regresar, ¿tú sabes qué es lo que hace el pastor? La carga sobre sus hombros y la lleva de regreso.
Hermano, esa es la clase de restauración que David tenía en mente: una restauración costosa, paciente, personal. Y tú sabes por qué Él lo hace. ¿Porque te ama así? ¿Porque Él está pagando algo y Él tiene que hacerlo? No, lo hace por amor de su nombre, porque ese es su carácter, porque así es como Él se manifiesta, así es como Él da a mostrar su fidelidad, su amor. Esa es su reputación como pastor. Él nos restaura con firmeza, con ternura, y entonces tú y yo podemos decir, con lágrimas y cicatrices: "No me falta nada". Porque cuando más vulnerable estás, cuando no puedes levantarte por ti mismo, el pastor viene por ti. Y si tú tienes al Señor como tu pastor, entonces tú tienes todo lo que necesitas.
Versículo 4: "Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento". "No temeré", la segunda confesión de David, y a su vez es el clímax del salmo. Entonces, ¿saben que para nosotros en dónde está el clímax de un relato? ¿Al inicio, al medio o al final? Regularmente nosotros encontramos el clímax de los relatos en nuestro contexto al final, pero muy comúnmente en el hebreo el clímax está en el centro. Y es donde está el clímax de este salmo.
Este clímax trae consigo un cambio dramático. ¿Cuál es el cambio dramático? Que los versículos 1 al 3 tú lees: pastos verdes, aguas frescas, sendas de justicia, y caemos en el versículo 4 a valle de sombra de muerte. Pero lo sorprendente no es el cambio dramático de la escena. Lo sorprendente es que tú veas quién es el que lleva a la oveja a ese valle. Es el mismo pastor que guía por sendas de justicia que también conduce a sus ovejas al valle oscuro. ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Cómo nosotros podemos reconciliar las sendas de justicia con el sufrimiento de un valle oscuro?
Bueno, yo quiero ilustrártelo de una manera muy sencilla. Yo creo que tú veas la imagen aquí y dime qué ves. ¿Qué ves? Una maraña de hilos, un enredo, nudos, colores, un disparate. No tiene forma, no tiene sentido. Pero ahora yo quiero que le demos vuelta y me digas qué ves. Algo que tiene sentido. Ahora tú entiendes que los hilos, incluso los nudos y las cosas que no tenían ningún sentido para ti, tenían un propósito de ser.
Porque así es el caminar con Dios. A veces nos encontramos en partes del bordado que nosotros no entendemos. Parecen nudos ciegos, parecen trazos sin sentido ni solución. El valle se ve como un error en el patrón, pero no lo es. En realidad, el valle oscuro hace parte de las sendas de justicia por las que el pastor nos guía.
Phillip Keller, les contaba yo, este pastor relata cómo él necesitaba planificar los tiempos y las rutas por las cuales llevaría sus ovejas a pastar. Entonces él hablaba acerca de las diferentes temporadas y él decía: "Yo tengo que planificar porque yo sé que en el verano tengo que mover a mis ovejas de este lugar y las tengo que llevar a un lugar un poco más alto, donde yo sé que en el verano va a haber pastos verdes donde ellas van a poder alimentarse. Pero para que yo pueda llevar a mis ovejas allá, necesitamos caminar un poco, necesitamos atravesar ciertos lugares difíciles, usualmente valles oscuros, cañadas con peligros. Pero no hay otra manera de llegar a los pastos verdes en el verano allá, a menos que atravesemos por esta ruta".
El pastor no lleva su rebaño por el valle porque se equivocó de camino, sino porque esa es la ruta hacia pastos más altos y mejores. Es por tu bien. Así mismo, los valles oscuros en tu vida, hermano, no son desvíos del plan de Dios, son parte del trayecto sabio y amoroso que él ha trazado para llevarte a lugares de crecimiento, a lugares de madurez, a lugares de provisión abundante, hermano.
Nosotros no podemos resistirnos a los valles, nosotros no podemos evitar los valles. Por eso David no dice "si paso por el valle de sombra", él dice "aunque pase por el valle de sombra de muerte". Por eso fue que Jesús mismo también nos advirtió y nos dijo: "En el mundo tendréis aflicción". Por eso es que Pedro dice: "Queridos amigos, no se sorprendan de las pruebas de fuego por las que están atravesando, como si algo extraño les pasara". Y por eso es que el profeta Isaías anunció: "Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo".
Esas son las razones por las cuales David puede decir "no temeré". No temeré porque eres tú, Señor, quien está conmigo. El clímax del Salmo 23 está precisamente ahí, en mostrarnos y recordarnos hoy quién es el que te acompaña en medio del valle de sombra de muerte: tú estás conmigo.
Y yo quiero que tú notes algo especial aquí, porque lo único que cambió no fue el escenario de pastos verdes y aguas tranquilas a un valle de sombra. Mira también qué es lo que cambia en el texto. Yo quiero que tú veas tu Biblia y vean los versículos del 1 al 3. En los versículos del 1 al 3, David lo que ha estado haciendo es hablar acerca del pastor. Él dice: él me hace descansar, él me conduce, él me restaura. Pero aquí en el versículo 4, en el valle de sombra, ya no habla acerca de Dios, él le habla a Dios. ¿Te das cuenta? El lenguaje cambia de "él" a "tú". Ahora David dice: tú estás conmigo, tu vara, tu cayado, tú preparas mesa. Porque él está contigo ahí.
¿Cuántos de nosotros tuvimos, o quizás todavía tenemos, miedo a la oscuridad? Mi hijo de ocho años —yo le pedí permiso a Andrés para que me dejara compartir esto y él me dijo que estaba bien— Andrés no le gusta estar solo, mucho menos en la parte de la casa que está a oscuras. Y ustedes saben toda la labor que los padres hacemos para explicarle a nuestros hijos: "Papito, pero mire, usted está bien aquí, la luz está encendida, a mí me la va a encender la luz, la puerta está cerrada, la ventana está asegurada, aquí no va a entrar nadie, usted no tiene que tener miedo, todo está normal, papi, mami, todos estamos aquí en la casa, solo que yo voy a estar en esta habitación, tú puedes estar en esa habitación".
No importa lo que tú le expliques, él tiene miedo y lo que él quiere es que tú estés ahí con él. Pero esto es lo mejor de todo: tú puedes estar ahí con él con todas las luces apagadas, pero si tú estás ahí con él, él ya no tiene miedo. Porque lo que le hace temer a él no es necesariamente la oscuridad, sino el hecho de estar solo. Pero cuando él siente la presencia de su papá, de su mamá, de su hermana, entonces el miedo se disipa. Y de la misma manera, lo que hace soportable el valle de sombra es la presencia del buen pastor, porque su presencia ahuyenta el temor.
Y no solo eso, mira lo que el pastor tiene en su mano. No es solo que está ahí contigo, ¿qué tiene en su mano? "Tu vara y tu cayado me infunden aliento". Yo no tengo miedo porque tú, Señor, me infundes aliento. El pastor no viene desarmado, hermanos, él trae lo que él necesita para defender, para corregir, para sostener.
Otra vez, como para nosotros está tan ajena esta figura del pastor, cuando tú pensabas en el pastor de ovejas, ¿cómo te lo imaginabas? Usualmente nos lo han pintado como muchachito rubio, medio delgadito, con una arpa o con una cosa así, bastante como refinadito. No puede haber nada más lejos de la imagen de un pastor. El pastor es un guerrero, y un guerrero valiente que lleva consigo todo lo que necesita para defender a su rebaño.
La vara era un instrumento corto que él llevaba a pesado. Era, dicen los pastores, casi como una extensión de su brazo, y lo llevaba colgado aquí en su cintura, porque en el momento de peligro, cuando viene un lobo, cuando viene un oso, cuando viene un león —que no estamos hablando de una cucaracha, uno se asusta con una cucaracha, imagínate pelear con un león— él estaba listo para pelear, él estaba listo para la batalla, él estaba listo para defender a su rebaño.
Y en la otra mano él lleva el cayado, un palo largo. Quizás nosotros es decir lo visualizamos, que tiene una curvita en uno de sus extremos, y eso es lo que el pastor usa para guiar suavemente, para corregir el rumbo de la oveja que se está desviando, para rescatar a la que se ha caído en un hoyo.
Piensen en esas dos figuras. ¿Tú sabes qué es lo increíble de esto? Que me recuerda que el peligro no solo viene de afuera, también viene de adentro. El cayado es como la voz del Señor que, por medio de su Palabra, de su Espíritu, de un hermano en la fe, te dice: "Vuelve, tú estás yendo por un camino incorrecto".
Yo me pregunto si tú estás escuchando la voz del buen pastor en medio del valle oscuro por el que tú estás pasando. Él te está llamando de regreso porque tú te estás desviando en tu orgullo tal vez, porque te estás debilitando en tu temor, porque te estás agotando en tus fuerzas, te estás perdiendo en medio de tu ansiedad, te estás entregando al desánimo, te estás engañando por promesas vacías, te estás endureciendo por tu amargura, te estás hundiendo en tus propias dudas, te estás resbalando en tus propias decisiones, te estás alejando en tu autosuficiencia.
Créeme, hermano, el pastor te está llamando. Porque sí, él dice, el lobo está cerca, el león está cerca, pero tu corazón está lejos de mí. El valle es oscuro, sí, pero tu fe se está apagando. Hay espinas en el camino y el camino es difícil, sí, pero también hay dureza en tu corazón. No solo hay peligros afuera, hay rebelión dentro de ti. Y hoy es un buen día para escuchar la voz del Señor, hoy es un buen día para atender el llamado que el pastor te está haciendo con su cayado para acercarte nuevamente a sus brazos. La vara me protege, el cayado me corrige, y ambos me infunden aliento.
Y finalmente, la tercera confesión de David es: "En la casa del Señor moraré". Versículos 5 y 6: "Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos, has ungido mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días".
Otra vez llegamos al versículo 5 y el lenguaje cambia. Pasamos del valle oscuro a un banquete. De repente pasamos de la figura de la oveja, y abre paso a una mesa servida en abundancia. ¿Qué quiere decir todo esto?
Bueno, ustedes recuerdan que les he narrado el recorrido que tiene que hacer un pastor para llevar a sus ovejas en el verano a pastos más altos. Así que el pastor, cuando tiene a sus ovejas en estas cañadas, en estos valles oscuros, lo que él hace comúnmente, según el libro del pastor que les he citado, él dice: "Yo tenía que ir adelante, yo subía a esa tierra alta y entonces tenía que revisar el terreno. Si yo llevaba a mis ovejas allá, yo tenía que ir adelante para preparar ese terreno". Entonces él tiraba sales, él tiraba minerales en el suelo para curar el pasto, arrancar hojas venenosas, ver si había alguna madriguera, algún nido de serpientes, ver si había peligros, animales, lo que sea que él tuviera que hacer para preparar esos pastos, para que cuando sus ovejas llegaran, encontraran un banquete.
"Preparas un banquete en presencia de mis enemigos". Una imagen poderosa de la gracia de Dios en medio de la adversidad. Y tú sabes que me encanta el doctor Kenneth Bailey. Conecta esta escena con la parábola del hijo pródigo. ¿Tú te acuerdas cómo se comportó el hijo pródigo? ¿Tú te acuerdas cómo él se fue y deshonró a su familia y deshonró a su padre y deshonró a su comunidad y se fue? Cuando él regresa, su padre sale corriendo —que no era común—, lo abraza, lo besa, lo viste y le prepara un banquete ante la vista de su hermano que no está de acuerdo, y ante la vista de una comunidad que sabía que ese era el hijo que lo había deshonrado. En medio de los sufrimientos y los enemigos que nos rodean, Dios nos invita a su mesa. En ese espacio de gracia encontramos fortaleza y consuelo, incluso cuando las preguntas que nosotros tenemos no hallan una respuesta inmediata.
En su libro "Esperanza Encarnada", del teólogo Kelly Kapic, él comparte un poema, un poema que escribió su amigo Bob. Bob era un anciano de su iglesia que había tomado un curso acerca del sufrimiento, y como parte del curso él tenía que escribir un poema, sin saber que tres semanas después de escribir este poema acerca del sufrimiento, Bob iba a ser diagnosticado con cáncer de páncreas. Y su poema se llama "Un lamento espontáneo", y es la conversación de una persona con Dios. Yo quiero que tú lo escuches:
—Señor, ¿por qué el esposo de mi hija le rompió el corazón? —Lo sé, hijo. —¿No me lo puedes decir, Padre? —No, hijo mío. —¿Por qué mi esposa tiene que vivir con tanto dolor? —Lo sé, hijo. —Pero, ¿no podrías explicármelo, Padre? Tal vez si tú me lo explicas me ayudaría. —No te ayudaría, hijo mío. —¿Por qué hay padres que tienen que enterrar a sus hijos? Eso no está bien. —No, no está bien, hijo. —Entonces acaba con la muerte, Padre. —Ya lo hice, hijo mío. —¿Por qué tu pueblo sufre abusos, persecución, muerte? ¿Acaso no puedes protegerlos? —Sí puedo, hijo. —Entonces, ¡haz algo! —Ya lo hice, hijo mío. —¿Por qué mis padres tienen que terminar sus días en miseria? ¿Es eso misericordia? —Sí, eso es misericordia, hijo. —Entonces no entiendo tu misericordia. —No, no la entiendes, hijo mío. —Pero todo esto me duele tanto, Padre. —Lo sé, hijo. —¿Y cómo puedes decirme que lo sabes? —Porque yo he sentido en carne propia todo el dolor del pecado, hijo mío. —Entonces, ¿no puedes hacer nada para que esto se detenga? —Sí, sí puedo, hijito. —Entonces hazlo, por favor, Padre. —Comencé hace dos mil años y pronto terminaré, hijo mío. —Te creo, Padre.
Pero, por favor, ayúdame en mi incredulidad. Te amo, hijo mío. Él prepara un banquete para ti en presencia de tus enemigos. No es un banquete para evitar tu dolor, no es un banquete para distraerte de tu sufrimiento. Es un lugar donde en medio de la lucha tú te encuentras con él. Dios sabe lo que tú estás viviendo. Él está contigo sentado a la mesa, alentándote. Ese es ese banquete de gracia, incluso en medio del sufrimiento, donde nosotros vemos lo que nos rodea.
Y entonces, David ahora nos invita a ver hacia atrás. Y me encanta, ves el versículo ahí: "Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida." Pero la palabra "seguir" aquí en este pasaje es mucho más intensa también, no es seguir, es perseguir. Perseguir intensamente, cazar algo, ir tras un propósito. Tú ten en cuenta lo extraordinario de nuestro Dios, que tú en el Señor tienes a un pastor que va adelante guiándote, un pastor que está contigo a tu lado acompañándote. Y cuando tú miras atrás, ¿qué ves? A un pastor que está atrás, persiguiéndote con su bondad y su misericordia.
David sabía lo que eso implicaba. Al final del día, cuando el rebaño estaba regresando, estaban bajando de esa mesa alta de los pastos en el verano y empieza el regreso. David sabe, y los pastores saben, que en ese recorrido hay ovejas débiles, hay ovejas cansadas, hay ovejas que cojean, hay ovejas que se detienen. Entonces el pastor tiene que ir detrás de ellas moviéndolas, alentándolas. Acaso, ¿tú y yo no somos así? Ovejas débiles, cojas, distraídas, necesitadas. Pero, Señor, tú nos has perseguido siempre. Aun cuando yo no sabía que te necesitaba, tu bondad y tu misericordia me rodean. Tu amor firme, comprometido, inquebrantable, que no se cansa, me persigue y me alcanza.
"Ciertamente", dice David. Esa palabra también se puede traducir como "solamente", y uno dice: David, ¿tú estás seguro que solamente el bien y la misericordia te han perseguido? ¿Tú no te acuerdas de todos los enemigos y todo lo que tú has vivido? ¿Cómo que solamente el bien y la misericordia? Claro que David no lo ha olvidado, recordaba todo. Sin embargo, cuando David ahora mira atrás, mira y dice: lo que me ha perseguido a mí todo el tiempo ha sido la fidelidad de Dios.
Helen Roseveare, una médico misionera británica que dedicó su vida al servicio de personas en el Congo durante la mitad del siglo XX, lamentablemente durante la revuelta del Congo ella cayó en manos de los rebeldes. Fue capturada, golpeada, humillada públicamente y abusada múltiples veces. Años después, a través de esa experiencia, Helen comparte algo que es profundo y revelador. Ella dice que en medio del dolor más insoportable, en ese momento ella sintió que Dios le estaba haciendo una pregunta en lo más íntimo de su corazón. Dios le decía: Helen, ¿puedes agradecerme por confiarte esta experiencia, incluso si yo nunca te explico por qué?
Su respuesta no fue rápida, su respuesta no fue un "amén, sí Señor", fue una batalla interna. Pero con el tiempo, Helen llegó a agradecerle a Dios por la terrible experiencia que vivió, por la presencia de Dios en medio del dolor, por cómo él la sostuvo, por cómo él la refinó, por cómo él la acercó a su corazón. Y entonces ella entendió que el bien y la misericordia no son opuestos al sufrimiento, son compañeros que nos persiguen incluso a los lugares más oscuros. Y aunque no siempre entendemos el porqué de los valles, podemos confiar en que el Señor va adelante de nosotros, el Señor camina con nosotros, el Señor va detrás de nosotros, y que nos espera al final del recorrido algo maravilloso: nuestro buen Pastor.
Y por eso David puede decir: "En la casa del Señor moraré por largos días." Porque es la confesión de alguien que ha sido llevado por pastos verdes, por valles oscuros, que ha sido perseguido por la fidelidad inquebrantable de su Pastor. Es la confesión de alguien cuyo viaje no termina en el valle oscuro ni en la mesa, termina en casa. Pero no como un visitante, como un hijo. El buen Pastor no solo te guía en esta vida, te está llevando de regreso al hogar que nosotros perdimos por causa del pecado, pero que Cristo abrió de nuevo por medio de su sangre y su sacrificio en la cruz. Y allí, hermano, no nos faltará nada, no tendremos temor, no habrá final. Solo descanso y abundancia bajo el tierno cuidado del Pastor que te sostiene, que te acompaña y que te recibe.
Inclina tu rostro, vamos a orar. Señor, gracias por tu satisfies. Hemos leído el salmo, hemos estudiado tu satisfies. Hemos leído y escuchado a David diciendo: "El Señor es mi Pastor." Pero yo me pregunto si aquí hoy hay personas que pueden decir lo mismo. ¿Es el Señor realmente tu Pastor? ¿Eres tú en realidad una oveja de su prado? Quizás el Señor te está llamando hoy y te está invitando a su casa, a su mesa, a sus brazos de amor.
Señor, yo oro por el corazón de todos nosotros aquí. Tú conoces en detalle a cada uno de nosotros y las situaciones por donde vivimos, en las que estamos atravesando, las situaciones que vivimos hoy. Señor, tú conoces nuestro dolor, tú conoces nuestra necesidad, tú conoces nuestros anhelos, nuestros deseos, tú conoces nuestros desvíos, nuestro pecado. Es mi oración esta mañana, Señor, que tú como buen Pastor puedas guiar al que necesita guía, puedas corregir al que necesita corrección, puedas traer de regreso al que se ha apartado. Señor, que sigas persiguiendo con tu bondad y tu misericordia a aquellos que hoy necesitan recordar quién eres tú. Gracias por sostenernos, gracias por acompañarnos, y gracias por la esperanza gloriosa de que un día tú nos recibirás en el hogar celestial que has preparado para nosotros. Anhelamos verte, Señor, y estar contigo todos los días de nuestra vida. En Cristo Jesús, amén.
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Fabio Rossi es colombiano y vivió en Guatemala desde su juventud, donde completó una Licenciatura en Biblia y Teología con especialidad en Música Sacra y sirvió durante diez años como parte del equipo pastoral de su iglesia local. Obtuvo una Maestría en Divinidades en el Southern Baptist Theological Seminary (SBTS) y se desempeñó como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio. Actualmente vive en la República Dominicana con su esposa Carol y sus dos hijos, donde sirve como pastor en la Iglesia Bautista Internacional, asistente ejecutivo del pastor Miguel Núñez y director de contenido y desarrollo para Ministerios Integridad & Sabiduría.