IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cada inicio de año trae consigo listas de propósitos: bajar de peso, ahorrar más, leer la Biblia completa. Pero estas resoluciones suelen fracasar porque atacamos las ramas sin tocar la raíz. Es como arrancar manzanas amargas de un árbol enfermo y engrapar en sus ramas manzanas rojas compradas en el supermercado: lucen bien por unos días, pero pronto se pudren porque el problema real está en la raíz. Jesús confrontó esta misma tendencia en los fariseos cuando los llamó sepulcros blanqueados, limpios por fuera pero llenos de inmundicia por dentro. Lo que necesitamos no son nuevos propósitos sino corazones renovados.
En Josué 24, un anciano líder reúne al pueblo antes de morir y les recuerda todo lo que Dios ha hecho: sacó a Abraham de la idolatría, liberó a Israel de Egipto, abrió el mar, los sostuvo en el desierto y les dio victorias que no dependieron de sus espadas ni de sus arcos. El énfasis es claro: Dios actuó a pesar de su pueblo, no gracias a él. Frente a tanta gracia, Josué lanza el desafío: "Escojan hoy a quién servirán". Cuando el pueblo responde con entusiasmo que servirá al Señor, Josué sorprende: "Ustedes no podrán servirlo", porque Dios es santo y celoso, y nuestro corazón sigue aferrado a ídolos funcionales como el éxito, la aprobación o el dinero.
La buena noticia es que nuestra esperanza no descansa en nuestra capacidad para cumplir compromisos, sino en la obediencia perfecta de Cristo. Su gracia es suficiente donde nuestra voluntad falla.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, bien, hermanos. Es un tremendo privilegio para mí estar aquí esta mañana y compartir la palabra del Señor con ustedes, lo que el Señor no solo habló hace mucho tiempo, sino lo que sigue hablando a nuestros corazones y a mi corazón particularmente. Es un mensaje de reto, es un mensaje que nos va a llamar y va a demandarnos una respuesta.
Y quiero preguntarles para iniciar: no sé qué tan familiarizados estamos aquí en Dominicana con los famosos propósitos de año nuevo. ¿Los hacen? Quiero ver quiénes hacen o han hecho propósitos de año nuevo. ¿Tienen listas? ¿Han hecho listas de propósitos, de metas para el próximo año? "Yo quiero hacer esto, quiero llegar a hacer esto, quiero lograr esto". Es bastante común cuando se acerca el final del año no solo revisar lo que uno ha hecho mal o bien, sino lo que viene hacia adelante, y uno empieza a proponerse algunas cosas.
Bueno, yo quiero compartirles acerca de Samuel Johnson. Samuel Johnson fue un destacado escritor inglés del siglo XVIII. De hecho, fue muy conocido por su obra más famosa, que es el diccionario de la lengua inglesa. Y este hombre, además de ser muy reconocido en el campo de la literatura, era un creyente también, y llevaba un diario. Lo que él escribía en su diario, diferentes cosas, es algo que persistió año tras año.
Escucha esto. En 1738, Samuel Johnson escribió en su diario: "Oh, Señor, permíteme redimir el tiempo que he pasado en la pereza". Esa fue una de las entradas de su diario. Diecinueve años después, él escribió: "Oh, Dios todopoderoso, permíteme sacudirme de la pereza y redimir el tiempo malgastado en la ociosidad y el pecado mediante una aplicación diligente de los días que me quedan". Y cada año después de esto, Johnson escribió una y otra vez una variación de esta misma petición o de este mismo propósito que él tenía. Hasta que finalmente, en 1775, treinta y ocho años después de su primera resolución, él escribió esto: "Cuando reflexiono sobre las resoluciones y enmiendas que año tras año he hecho y he roto, me pregunto por qué sigo intentándolo y resolviendo de nuevo".
Todos somos Johnson, ¿cierto? Todos somos Johnson. En mayor o menor grado, comenzamos el año con mucho entusiasmo. Revisamos el año que pasó, decimos: "Esto no lo logré, pero el próximo año sí". Todos dijeron que han hecho resoluciones, o muchos.
Ahora, yo quiero que me ayuden, vamos a hacer un pequeño ejercicio. ¿Cuántos de nosotros hemos fallado en cumplir una resolución de bajar de peso? ¿De hacer ejercicio? "Este año sí comienzo a hacer ejercicio". O los niños que están aquí, quizás dicen: "Bueno, papi, este año voy a ser más obediente" o "voy a tener mejores calificaciones". ¿Cuántos han fallado en el propósito de leer la Biblia en un año? ¿Ahorrar más y gastar menos?
Pero así como Johnson, nosotros empezamos muy bien el año, pero rápidamente nos damos cuenta que es fácil caer de nuevo en nuestras viejas costumbres. ¿Tú quieres saber por qué a nosotros nos resulta tan difícil mantenernos firmes en propósitos o resoluciones de año nuevo? Una de las razones por la cual es tan difícil para nosotros permanecer firmes en estos compromisos, hermanos, es porque nosotros queremos comenzar por las ramas en lugar de ir a la raíz.
Y algunos ya escucharon esta ilustración que la compartí un miércoles, pero creo que vale la pena repetirla porque ilustra muy bien ese punto. Imagínate que tú tienes un árbol de manzanas en el patio de tu casa, pero ese árbol de manzanas da unas manzanas muy pequeñas, verdes y amargas, y estás resuelto a que eso va a cambiar. Ese árbol no va a seguir igual, así que entonces tú vas al árbol, arrancas todas las manzanas verdes, agrias y pequeñas, las tiras, y te vas al supermercado y compras dos docenas de manzanas rojas, grandes y dulces, y vas decidido a tu casa que esa situación va a cambiar, ahora sí. Así que agarras todas las manzanas que compraste en el supermercado y las empiezas a engrapar a las ramas del árbol. Y tú terminas y te sientes satisfecho porque el árbol ahora luce muy bonito, pero tú sabes que a los pocos días, ¿cómo van a estar esas manzanas? ¿Por qué crees que pasa eso? Porque tú pusiste mucho esfuerzo, sí, pero te enfocaste en cambiar el fruto que estaba fuera, pero ignoraste que el verdadero problema estaba en la raíz. Y si la raíz está enferma, el fruto va a estar enfermo.
Así que cuando tú y yo nos proponemos bajar de peso, ahorrar dinero, o ser más obedientes, o hacer otras cosas que son muy buenas, el problema está es cuando tú y yo nos enfocamos en cambiar comportamientos externos, pero el corazón sigue igual. Eso es como cambiar las manzanas del árbol en nuestra ilustración.
Y esa fue una de las más fuertes críticas que Jesús le dio a los fariseos en su tiempo. Tú sabes cómo Jesús fue duro al hablarles a ellos, y una de las acusaciones más fuertes que Jesús les hizo es que les dijo: "Ustedes son sepulcros blanqueados, porque por fuera se ven lindos, blancos, pero por dentro están llenos de inmundicia". Y por eso les dijo en Mateo 23: "Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio".
Por eso Jesús llama nuestra atención para que nosotros pongamos en orden nuestro corazón antes de preocuparnos por nuestros comportamientos, porque tú y yo podemos tener cuerpos muy saludables, tú y yo podemos leer la Biblia en un año, tú y yo podemos tener vidas muy organizadas, calificaciones muy altas, ser muy obedientes, pero si tu corazón está lejos de Dios, todo eso es en vano.
Y el apóstol Pablo entendía esa prioridad. Y por eso es que cuando él oraba por los creyentes a los que les escribía, dime tú, ¿cuándo escuchaste a Pablo orar para que "mis hermanos sean más organizados" o "lleven vidas más saludables"? No. En Efesios capítulo 3 nosotros encontramos una de las oraciones más profundas de Pablo, donde él pide por ellos que sean fortalecidos en su ser interior por el Espíritu de Dios, que habite Cristo por la fe en sus corazones, y que ellos puedan comprender la inmensidad, la profundidad, la altura, la anchura del amor de Cristo. Hermano, esa es una oración que apunta al corazón. Es un propósito que vale la pena seguir, y Pablo sabía que si los creyentes conocían a Dios profundamente, pues eso transforma todo, hermano.
Cuando tú y yo nos acercamos a Dios con un corazón genuino y dispuesto a conocerlo y aprender de él, entonces tú vas a bajar de peso, pero no por vanidad, sino porque tú y yo vamos a llegar a entender que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Hay una verdad espiritual profunda más allá y hay un poder más fuerte que nuestra voluntad. Si tú y yo buscamos amar a Dios con todo nuestro corazón, eso nos llevará a cuidar mejor de los demás, administrar mejor nuestros recursos, a tratar mejor a las personas. Tú y yo no necesitamos nuevos propósitos para el próximo año; lo que tú y yo necesitamos son nuevos corazones o corazones renovados para el próximo año, porque solo Dios es quien puede obrar cambios que realmente perduran.
Y eso nos conecta con nuestro pasaje esta mañana. Yo quiero que abras tu Biblia en Josué capítulo 24. Pero antes, mientras tú buscas Josué capítulo 24, yo quiero darte un muy breve resumen, porque es el último capítulo del libro. Es bueno que tú sepas panorámicamente qué es lo que ha pasado antes.
Este es un libro histórico del Antiguo Testamento, es decir, nos cuenta la historia de cómo Dios cumplió su promesa de darle la tierra prometida a Israel. Este Israel es el pueblo que ha salido de Egipto, liderado por Moisés, y ahora ellos están frente a Canaán, liderados por Josué, listos para entrar en la tierra prometida. Ahora, esa tierra prometida, Canaán, estaba habitada por diferentes pueblos y naciones que ellos iban a tener que enfrentar, así que una buena parte del libro cuenta todas esas batallas y esos encuentros y esas luchas que ellos tuvieron para poseer la tierra.
Una de las más conocidas, ¿cuál es? La batalla de Jericó. Hay cantos, es una de las más conocidas quizás por los niños, en donde el pueblo, siguiendo las instrucciones precisas de Dios, da vueltas alrededor de la ciudad, y sus grandes murallas caen de manera milagrosa. Y muchas de esas batallas que ellos pelearon fueron milagrosas, y cada una de esas victorias de Israel sobre esas naciones nos enseña algo: que la victoria no dependía de su fuerza, ni de su ejército, ni de su estrategia militar, sino solamente del poder y de la fidelidad de Dios.
Y este libro de Josué cierra con tres discursos. Los capítulos 22, 23 y 24 son discursos de Josué. Josué ya está en sus últimos días, está avanzado en edad, y entonces, antes de que el pueblo, este pueblo que ha estado en conquista de la tierra, antes de que ellos se establezcan en esa tierra que el Señor les ha dado, los reúne para darles un discurso y lanzarles un desafío.
Y yo sé que ustedes han escuchado este desafío. De hecho, puede ser que lo tengan impreso en sus casas en algún cuadro o lo hayan visto en algún lado. Josué capítulo 24, versículo 15: "Y si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién han de servir: si a los dioses que sirvieron sus padres que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa serviremos al Señor".
Israel estaba frente a una nueva etapa en su peregrinaje: ellos iban a establecerse en la tierra que tanto habían anhelado, y esa ocasión sirvió como una oportunidad para que ellos reflexionaran, recordaran algunas cosas, pero especialmente que tomaran una decisión. Y nosotros, como dijo el pastor Luis al inicio, estamos al final de un año, al inicio de otro, y es una excelente ocasión para que tú y yo recordemos cosas, pero especialmente hacer lo mismo que hizo Josué con el pueblo: es un llamado a tomar una decisión. Antes de que empiece el 2025, hermano, tú y yo debemos tomar una decisión importante. Y por eso el sermón esta mañana se titula de esa manera: "Escoge hoy a quién tú vas a servir".
Piensa nuevamente en la lista de propósitos que tú tienes. Ya sé que la tengas escrita para el próximo año o algo que tú te hayas propuesto quizás en ocasiones anteriores, pero piensa por un momento: ¿qué tipo de propósitos y metas tú tienes en esa lista? Pero más importante aún es qué dice esa lista de ti, o qué es lo que tú estás buscando cuando tú ves esa lista de propósitos. Esa lista revela mucho de tus anhelos y en dónde está tu corazón. ¿Qué hay detrás de esos propósitos? O si tomamos las palabras de Josué, mira esa lista y pregúntate: ¿a quién vas a servir este año que viene, o para quién vas a vivir este año que viene?
El Señor hoy quiere invitarnos a que quitemos cosas superficiales de nuestras listas de propósitos, que quitemos las cosas superficiales de nuestras metas hacia adelante, que fijemos nuestra mirada en Él. El Señor hoy nos invita a que renovemos nuestro compromiso de adoración y servicio a Él en el poder del Espíritu Santo. Así que si tú y yo vamos a hacer eso, ahora que nos adentramos a Josué capítulo 24, yo quiero invitarte a que veamos tres cosas. La primera es que recordemos la gracia de Dios; esa es la invitación que Josué les hace, recordemos la gracia de Dios. La segunda es que respondamos a la gracia de Dios. Y por último es que descansemos en la gracia de Dios.
Así que leamos entonces, hermanos, los primeros versículos de Josué capítulo 24. "Entonces Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces, a sus oficiales, y ellos se presentaron delante de Dios. Josué dijo a todo el pueblo: Así dice el Señor, Dios de Israel: Al otro lado del río habitaban antiguamente los padres de ustedes, es decir, Taré, padre de Abraham y Nacor, y servían a otros dioses. Entonces tomé a Abraham, padre de ustedes, del otro lado del río y lo guié por toda la tierra de Canaán, multipliqué su descendencia y le di a Isaac. A Isaac le di a Jacob y a Esaú, y a Esaú le di el monte de Seir para que lo poseyera, pero Jacob y sus hijos descendieron a Egipto. Entonces envié a Moisés y a Aarón y herí con plagas a Egipto conforme a lo que hice en medio de él; después los saqué a ustedes, saqué a sus padres de Egipto y llegaron al mar. Y Egipto persiguió a sus padres con carros y caballerías al mar Rojo, pero cuando clamaron al Señor, Él puso tinieblas entre ustedes y los egipcios e hizo venir sobre ellos el mar que los cubrió. Sus propios ojos vieron lo que hice en Egipto, y por mucho tiempo ustedes vivieron en el desierto. Entonces los traje a la tierra de los amorreos que habitaban al otro lado del Jordán, y ellos pelearon contra ustedes; los entregué en sus manos, tomaron posesión de su tierra cuando yo los destruí delante de ustedes. Después Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, se levantó y peleó contra Israel, y mandó a llamar a Balaam, hijo de Beor, para que los maldijera, pero yo no quise escuchar a Balaam y él tuvo que bendecirlos a ustedes, y los libré de su mano. Ustedes pasaron el Jordán, llegaron a Jericó; los habitantes de Jericó pelearon contra ustedes, y también los amorreos, los ferezeos, los cananeos, los hititas, los gergeseos, los heveos, los jebuseos, pero yo los entregué en sus manos. Entonces envié delante de ustedes avispas que expulsaron a los dos reyes de los amorreos delante de ustedes, pero no fue por su espada, no fue por su arco. Yo les di a ustedes una tierra en que no habían trabajado, ciudades que no habían edificado y habitan en ellas, viñas y olivares que no plantaron comen."
Aquí está hablando Josué. Josué está hablando al pueblo de Israel, lo leímos en el versículo uno. Si tú piensas por un momento, ese es el pueblo que acaba de vivir toda la etapa de la conquista; ellos sabían muy bien todo lo que Josué les está recordando. Puede ser que varios de ellos hubiesen sido los mismos que pelearon en algunas de esas batallas. Ellos conocían muy bien la historia desde Egipto y de cómo el Señor los liberó. ¿Por qué Josué toma tiempo para volver a repetir esa historia en su discurso? Yo no creo que Josué está tratando de traer a la memoria algo que ellos ya conocen; ellos ya saben todo eso. Es imposible, es imposible olvidar eventos tan portentosos y tan impresionantes como los que ellos vivieron. Ellos lo sabían.
Yo creo que lo que Josué está tratando de hacer es mostrarles su orgullo. Y el comentarista James Montgomery Boice sugiere que probablemente Josué está haciendo esto porque ellos sentían la tentación, particularmente los soldados que habían estado en la batalla y en la guerra y en la conquista, y que tal vez están reflexionando en todas esas victorias y todas esas batallas y se están jactando como si fueran logros propios. Y entonces hace sentido que Josué comienza su discurso haciendo un énfasis. Escucha bien: no es un énfasis en lo que el pueblo había logrado con la ayuda de Dios. Esa puede ser una manera en que tú y yo lo veamos: el pueblo logró esto con la ayuda de Dios. No. Josué está diciendo: Dios hizo esto a pesar de su pueblo. Eso es lo que Josué está tratando de decirles.
Si tú te das cuenta, mira rápidamente, escanea con tus ojos los versículos 2 al 13. Rápidamente, míralos en tu Biblia: Josué capítulo 24, versículos 2 al 13. Josué no habla de Dios en tercera persona. Él no hace referencias a Dios. Es Dios el que está hablando. Tú te das cuenta de eso. Mira los versículos. Es Dios mismo quien habla, y aparece 21 veces entre el versículo 2 y el versículo 13. Veintiuna veces referencias personales a Dios como sujeto: yo tomé, yo le di, yo envié, yo afligí, yo saqué, yo llevé, entregué, yo destruí, yo envié avispas, yo les di una tierra que ustedes no trabajaron, que ustedes no cuidaron, no construyeron, no plantaron.
Cuando tú te das cuenta de eso, ¿qué más podemos pensar? La razón por la que Abraham dejó el paganismo y se convirtió en padre de una gran nación no fue por él. Nosotros tenemos una idea a veces muy romántica de Abraham. Abraham, el padre de naciones. Siempre pensamos en Abraham, o por lo menos yo por mucho tiempo pensaba en Abraham, como alguien que era un referente; uno pensaría en una persona santa, piadosa, temerosa de Dios, y entonces Dios lo escogió. No. Tú lees los primeros versículos del capítulo 24 y te das cuenta de dónde fue que Dios llamó a Abraham. Dios lo sacó de la idolatría, del paganismo; de ahí sacó Dios a Abraham para darle una promesa y una misión.
La razón por la que Israel llegó a poseer la tierra fue por la gracia soberana de Dios. La razón por la que tú estás aquí hoy gozando de vida eterna y perdón es por la gracia soberana de Dios. La razón por la cual esta iglesia existe es por la gracia soberana de Dios. Hermanos, Josué hoy nos recuerda que todo lo que tú eres, todo lo que tú tienes, todo lo que tú puedes esperar en el futuro es por la gracia soberana y salvadora de Dios.
Josué no trata sobre la batalla de Israel contra los cananeos. Trata sobre la batalla y el plan de Dios a favor de su pueblo. Y de la misma manera, hermano, tu vida no trata acerca de ti. No son tus planes y no es tu historia. No son tus logros y tus victorias. Tú y yo hacemos parte de la historia de Dios, y Él nos lo ha recordado múltiples veces. Mira su Palabra: Salmo 100, "Sepan que Él, el Señor, es Dios. Él nos hizo, no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, ovejas de su prado." "Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo, pues si vivimos, para Dios vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos." Primera de Corintios: "¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios."
Hermano, si esto es verdad, y lo es, y si tú lo crees, entonces ¿cuál va a ser tu respuesta a Dios? Si tú y yo reconocemos, y si tú y yo hoy nos dedicáramos a hacer memoria de dónde te sacó Dios, de qué es lo que el Señor ha hecho por ti durante todos estos años, de cómo Él te ha guardado, cómo Él te ha provisto, cómo Él te ha sostenido, cuántas veces te ha perdonado, cómo ha sido paciente y amoroso contigo, cuando tú miras todo eso hacia atrás en tu propia vida, ¿cuál puede ser tu respuesta? ¿Cómo es que tú vas a responder?
Bueno, Josué le recordó al pueblo la gracia de Dios, pero también les dijo: yo demando de ustedes hoy una respuesta al Señor. Y por eso es que ustedes miran el versículo 14 y hay un cambio en el discurso. Quiero que lo veas conmigo. "Ahora pues," dice Josué, "teman al Señor y sírvanle con integridad y con fidelidad." Si tú y yo recordamos la gracia de Dios, esa gracia merece una respuesta. Y esa respuesta es una vida entregada y devota al Señor. Por eso ese "ahora pues"; es como justamente eso, él está diciendo: con base en todo lo que yo les acabo de decir, con base en todo lo que ustedes han vivido, ahora lo que se espera de ustedes es esto.
La pregunta es: ¿qué tipo de respuesta daremos? Según Josué hay al menos tres características de la respuesta que el Señor espera en nosotros. Primero, nuestra respuesta es lógica. Segundo, nuestra respuesta es exclusiva. Y tercero, nuestra respuesta es, o debe ser, genuina.
Primero, es lógica. Por lo que acabamos de decir, hermano, ¿qué otra respuesta puede darle tú al Señor, Creador del cielo, después de todo lo que ha hecho por ti? Sería ilógico, sería absurdo que tú y yo, viendo el despliegue de su gracia... Por eso es que Pablo le habla a los romanos durante once capítulos, él les dice la profundidad y la oscuridad de nuestro pecado, la espiral descendente donde estábamos, nos habíamos olvidado de Dios, habíamos sido rebeldes. Y el capítulo 12, ¿cómo comienza? "Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes."
En otras palabras, Pablo demanda una respuesta de los cristianos en Roma y de nosotros ante la gracia y la misericordia de Dios desplegadas, porque es imposible que tú y yo reconozcamos el carácter y la obra de Dios en nuestras vidas y que sigamos viviendo igual. Es imposible, es ilógico. Por eso nuestra respuesta al Señor debe ser lógica. La lógica es clara: tú hiciste todo esto por mí, mi respuesta es "aquí estoy", como cantábamos, "quiero servirte, quiero seguirte".
Pero eso me dice que tu respuesta también debe ser exclusiva, y por eso él les continúa diciendo, versículos 14 y 15: "Quiten los dioses que sus padres sirvieron al otro lado del río y en Egipto, y sirvan al Señor. Y si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién han de servir: si a los dioses que sirvieron sus padres que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitan. Pero yo y mi casa serviremos al Señor".
Ahora yo quiero que nos detengamos un momento, porque hay que entender bien qué es lo que Josué está diciendo aquí. Él está diciendo "quiten los dioses de sus padres". ¿Cómo es posible? ¿Quiten los dioses de sus padres? ¿Cómo es posible que el pueblo que vivió la liberación milagrosa de Egipto, que vio las plagas, que el Señor abrió el mar, después que entran a la tierra, que empiezan a conquistarla y se dan cuenta evidentemente que no es por su fuerza sino que es por el poder de Dios, el pueblo que fue sostenido en el desierto, todos los milagros que el Señor había hecho por ellos? ¿Quiten los dioses de sus padres de en medio de ustedes? Tú me estás diciendo, Josué, ¿que este pueblo aún siguió aferrado a los ídolos que sus padres sirvieron en el pasado? Eso es increíble. Es increíble pensar que todo lo que este pueblo vivió en primera fila y ellos todavía tenían dioses de sus padres. Estaban aferrados a dioses, a ídolos.
Pero antes de que agarremos piedras y se las lancemos a Israel, yo quiero que tú pienses esto. ¿Tú puedes creer que nosotros, la iglesia de Cristo, que hemos recibido algo mucho mayor que Israel, que hemos recibido una salvación tan grande a precio de la sangre de Cristo, que murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna, que tenemos al Espíritu Santo habitando en nosotros, transformándonos, guiándonos, que actúa el mismo poder que resucitó a Cristo de entre los muertos, que tenemos la Palabra de Dios completa y a nuestra disposición, que hemos sido adoptados por el Padre, que hemos recibido todas las bendiciones espirituales? ¿Tú me vas a decir que nosotros también seguimos aferrados a ídolos? Sí. Tú y yo somos igual o peor que Israel.
Y tal vez algunos están pensando: "Pero yo no tengo ídolos realmente, yo no me postro delante de santos, no tengo imágenes tratando de hacer memoria, y no es como que yo intencionalmente vaya detrás de 'oré a santo' o 'oré a santo' o sigo ídolos o tenga este tipo de cosas". Bueno, déjame explicarte la idolatría con otro texto de la Palabra de Dios. Mira lo que dice Colosenses capítulo 3, versículo 5. Pablo dice: "Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes. No tengan nada que ver con la inmoralidad sexual, la impureza, las bajas pasiones y los malos deseos". Escucha: "No sean avaros, pues la persona avara es idólatra porque adora las cosas de este mundo".
Si la avaricia es idolatría, entonces tú no necesitas postrarte delante de ninguna imagen para ser idólatra. La idolatría, hermanos, es la tendencia de nuestro corazón a destronar a Dios para poner algo más en su lugar. Es tomar algo bueno en nuestra vida —y esto es lo peor de todo, que de quién vienen todas las cosas buenas— tomar algo bueno en nuestra vida para convertirlo en lo más importante, de modo que tú y yo empezamos a buscar en eso nuestra identidad, nuestra seguridad, nuestra felicidad, en lugar de buscar eso en Dios.
Y si eso es así, entonces muchos de nosotros hemos caído en idolatría sin darnos cuenta, posiblemente, porque es tan sutil como el deseo de éxito, de logros, creyendo que nosotros valemos por lo que hacemos o por lo que alcanzamos. O cuando esperamos que una persona —tu novio, tu novia, tu padre, tu madre, tus hijos, tu esposo, tu esposa— llene el vacío que solo Dios puede llenar. O cuando tú y yo buscamos en el dinero y en las posesiones una falsa seguridad. O cuando nosotros nos vemos atrapados en la necesidad constante de aprobación de los demás. Eso, hermano, es idolatría. Piensa qué cosas te generan ansiedad. O piensa qué es lo que tú más temes perder. Posiblemente ahí hay un ídolo en tu vida. Esos son nuestros ídolos funcionales.
Entonces, cuando el pueblo de Israel escuchó las palabras de Josué, esto es lo que ellos respondieron. Mira los versículos 16 al 18: "Lejos esté de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses. Porque el Señor nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre, el que hizo estas grandes señales delante de nosotros y nos guardó por todo el camino en que anduvimos y entre todos los pueblos por entre los cuales pasamos. Y el Señor echó de delante de nosotros a todos los pueblos, incluso a los amorreos que moraban en la tierra. Nosotros, pues, también serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios".
Y el pueblo dice: "Amén". Esa es la respuesta que cualquier predicador quiere escuchar después de predicar un sermón y decir: "Estos son tus ídolos, los tienes que dejar, arrepiéntete". Y el pueblo dice: "Claro que sí, a quién más voy a servir, ya yo he conocido que Dios es el Señor, y yo voy a entregar mi vida a él". Pero entonces Josué hace lo que ningún predicador hace. Versículo 19: "Ustedes no podrán servir al Señor".
¿Cómo dice el buen dominicano? ¡Tú me estás relajando! Tú me estás diciendo a mí que me vienes a predicar de la gracia de Dios desplegada en toda nuestra vida, en toda nuestra historia, y luego vienes y nos dices que tenemos ídolos en nuestro corazón. Y nosotros venimos delante de ti, delante del Señor, y te decimos: "No, claro que sí, yo reconozco que Dios es el Señor, yo quiero servirlo, así como tú dijiste, mi casa y yo serviremos al Señor, nosotros también vamos a servir al Señor". ¿Pero ahora tú me vienes a decir que no podemos servir al Señor?
Recuerda: la respuesta debe ser lógica, debe ser exclusiva, y la tercera es que la respuesta debe ser genuina. De alguna manera, Josué percibió superficialidad en la respuesta de Israel. Ellos tenían la oración, la fórmula perfecta, pero su corazón no era genuino. Y posiblemente Josué, pensando en las ocasiones pasadas cuando el pueblo había prometido devoción a Dios pero al poco tiempo había fracasado, entonces él les da esta respuesta.
¿Tú recuerdas la escena en el monte Sinaí? Éxodo capítulo 24, mira. Después de que ellos escucharon las palabras de Dios, ellos respondieron y dijeron: "Haremos todas las palabras del Señor". Y poco tiempo después, Éxodo capítulo 32, ¿qué es lo que el pueblo está haciendo? Un becerro de oro. "Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto". Si tú y yo nos vamos al Nuevo Testamento, encontramos algo similar. Juan capítulo 13, Pedro le dice a Jesús: "Señor, yo te seguiré a dondequiera que tú vayas, yo daré mi vida por ti". Pero tú y yo sabemos que es el mismo Pedro el que terminó negándolo y abandonándolo en el momento más difícil. Antiguo Testamento, Nuevo Testamento.
Pero hoy, hermano, tú y yo somos Israel. Tú y yo somos como Pedro. Tú y yo hemos hecho promesas al Señor y hemos respondido que lo serviremos y que nos entregaremos a él y que viviremos de una manera devota a él. Pero nos damos cuenta con el paso del tiempo que eso fue un compromiso superficial.
Por eso William Gurnall, un pastor puritano inglés del siglo XVII, dijo que la santidad no consiste en ráfagas de fervor, sino en un caminar constante con Dios. La santidad no consiste en ráfagas de fervor, sino en un caminar constante con Dios. Porque muchas veces nuestra respuesta al Señor ha sido de una obediencia legalista, una obediencia que dice que sí quiere servir al Señor, pero nuestra intención es ganarnos su favor. Minimizamos la suficiencia de la obra de Cristo. Esa es nuestra obediencia al Señor: es medio creer. "Sí, Señor, yo te voy a servir", pero somos tibios, somos inconstantes. A veces nuestra obediencia es como la de Israel, también superficial. Decimos servir al Señor, pero no consideramos el carácter de Dios.
La respuesta que Dios demanda de nosotros no es una respuesta perfecta, no es una respuesta de perfección, sino de continua obediencia, hermano. Esa es la obediencia que dice: "Yo he elegido servir al Señor, y estoy eligiendo ese mismo camino ahora, y seguiré eligiendo ese mismo camino hasta el final".
El gran problema de la respuesta superficial de los hombres es que ignora la seriedad del carácter de Dios. Y por eso es que Josué advierte al pueblo. Josué capítulo 24, versículos 19 y 20. Él, después de que les dijo "ustedes no pueden servir al Señor", ¿por qué? "Porque él es Dios santo, él es Dios celoso, él no perdonará la transgresión de ustedes ni sus pecados. Si abandonan al Señor y sirven a dioses extranjeros, él se volverá, les hará daño y los consumirá después de haberlos tratado bien".
Recuerda Éxodo capítulo 20, versículo 4. Dios en su Palabra nos dice: "No te hagas ninguna clase de ídolo ni de imagen, ni ninguna cosa que esté en los cielos, en la tierra o en el mar. No te inclines delante de ellos, no les rindas culto, porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso. No tolero que entregues tu corazón a otros dioses, extiendo los pecados de los padres sobre los hijos, toda la familia de los que me rechazan queda afectada hasta los hijos de la tercera y cuarta generación". Éxodo 34: "No adores ningún otro dios, porque el Señor, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso". Él es el Señor de su relación contigo.
Antes de que el pueblo hiciera un compromiso con el Señor, Josué le estaba diciendo: "¡Ten cuidado!" Yo tenía un amigo que, cuando él estaba en los tiempos de adoración, no cantaba todas las canciones. Porque él decía: "Hay palabras ahí que, si yo las canto, yo quiero cantarlas con una comprensión y un compromiso genuino con el Señor de que yo lo voy a hacer, de que yo creo eso que estoy cantando, que yo creo eso que voy a decir y que estoy dispuesto a seguirlo."
Antes de dar una respuesta, Dios desea que necesitemos entender el carácter de Dios al que estamos respondiendo y con quien te estás comprometiendo, porque Él no comparte su gloria con nadie y Él demanda de nosotros devoción completa. Pero, ¿quién puede dar una respuesta que satisface este compromiso y esta fidelidad? Por eso hemos dicho que en el estudio necesitamos recordar la gracia de Dios, necesitamos responder a la gracia de Dios, pero por último, hermanos, tú y yo necesitamos descansar en la gracia de Dios.
Cuando Israel acampaba en las llanuras de Moab, hay un texto en la Palabra de Dios que, para mí, simplemente nos humilla ver el amor de Dios desplegado y su paciencia con nosotros. Porque Dios, con voz de Moisés, en Josué y en Deuteronomio capítulo 31, les dice: "Mira, tú vas a dormir con tus padres," le dice a Moisés, "y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual van a entrar, y me dejará y quebrantará mi pacto que hice con él." Dios, que había sacado a su pueblo, que lo había sustentado, que les iba a dar la tierra, le dice: "Yo sé, cuando tú mueras, Moisés, ellos van a entrar a la tierra y van a ir tras otros dioses, a esa tierra que yo mismo les estoy dando."
El Señor sabía que su pueblo lo traicionaría y adoraría otros dioses. Y sabes que el Señor también sabe que nuestro corazón es débil, y que aun cuando tú y yo hemos elegido seguirlo y servirlo, fallaremos en dar una obediencia completa y perfecta como la que Él demanda y la que Él merece de nosotros.
Pero hay una buena noticia, porque así como el satisface nuestras muestra nuestra insuficiencia para cumplir ese compromiso con Dios, al mismo tiempo nos anuncia la suficiencia de la obediencia perfecta de Cristo. Y por eso es que el apóstol Pablo les escribió a los corintios diciéndoles: "Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro, y eso nos deja claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros." Tu poder y tu capacidad para hacer un compromiso con Dios de este tipo no proviene de tu propio corazón y de tu propia voluntad.
Hermano, yo estoy seguro que, así como yo, tú también has hecho promesas, has hecho esfuerzos, te has propuesto cosas y has fallado una y otra vez. Estoy seguro que tú lo has comprobado muchas veces, y muchas veces hemos fracasado porque hemos intentado con nuestras propias fuerzas. Tu poder proviene de Dios; tu capacidad para servir al Señor de la manera que Él demanda de sus hijos proviene de Cristo.
Y el libro de Josué termina así, con un clamor por un compromiso real y sincero y fiel de vivir para Dios. Y Josué hace un llamado de una obediencia perfecta al pacto con Dios, pero más que una invitación, Josué nos apunta a Cristo. De hecho, el nombre de Jesús en hebreo es Josué. Y yo no creo que sea una bonita casualidad, porque es gracias a la obediencia de Cristo que tú y yo podemos hacer este compromiso de servir a Dios con fidelidad.
Y el Señor nos recuerda: "Mi gracia es todo lo que tú necesitas. Mi poder actúa mejor en tu debilidad." ¿Tú recuerdas el diario de Johnson, Samuel Johnson, que yo te mencioné al inicio? Él decía: "¿Por qué sigo intentando y resolviendo de nuevo cada año?" Porque Dios no espera ráfagas de fervor superficial; quiere una vida de continua obediencia y arrepentimiento. Y aunque nuestras resoluciones y nuestros compromisos son débiles, hermanos, nuestra esperanza no está en nuestra capacidad para cumplirlos, sino en la obediencia de Cristo que nos da la fortaleza para seguirle.
Yo quiero invitarte a que terminemos. Pongámonos todos de pie delante del Señor. El pueblo, al final, en los días de Josué, hizo un compromiso con Dios. La bendición que tenemos en Cristo de obedecer se contrasta con lo terrible de nuestra propia naturaleza. Josué termina en el capítulo 24, y tú pasas un par de páginas hacia adelante y nos encontramos en el libro de los Jueces. Y cuando tú lees Jueces capítulo 2, dice que el pueblo vivió en fidelidad y servicio a Dios hasta que murió Josué. Y luego se levantó una generación que no conocía a Dios, e hizo lo malo delante de los ojos de Dios y sirvieron a los dioses de la tierra en la cual habitaban.
Esa es nuestra naturaleza. Eso es lo que somos nosotros: débiles, por un corazón inclinado hacia el pecado, tentados, rodeados de ídolos. Pero no podemos olvidar que nuestra fortaleza y nuestra capacidad para poder seguir adelante fieles al Señor no están en tus fuerzas, no están en tu capacidad. Están en el poder que Dios nos ha dado para seguirle.
Yo quiero que cierres tus ojos ahí un momento. Es posible que tú hoy reconozcas que tu respuesta y tu llamado de Dios ha sido superficial hasta hoy. Ha sido apresurado, ha sido emocional, ha sido inestable. Tropiezas una y otra vez con ídolos en tu corazón. Pensaste que los habías dejado atrás, pero te das cuenta que sigues luchando con los pecados que has arrastrado por mucho tiempo. Y es posible que haya algunos aquí que estén cansados, avergonzados por defraudar a Dios una y otra vez, porque no han logrado mantenerse firmes en su amor al Señor, aun a pesar de que Él te ha mostrado pacientemente su gracia, su fidelidad, y te ha sustentado y te ha traído hasta aquí hoy, aun a pesar de ti.
Algunos tal vez miran atrás esta mañana y se dan cuenta de que su vida estaba enfocada en muchas cosas menos en el Señor. El Señor no ha estado en el centro de tu vida. Él no es quien moldea tus pensamientos, quien informa y determina tus decisiones. Te das cuenta de que no has vivido para Él. Pero es un buen día para venir delante de Él. Hoy es un buen día para reconocer que tú y yo somos incapaces para cumplir este llamado. Hoy es un buen día para recordar que la única manera en que tú y yo podemos servir al Señor con fidelidad y sinceridad es descansando en Cristo, es corriendo a los brazos de Aquel a quien Josué nos apunta. Es esforzándonos por caminar en el poder del Espíritu en una vida de santidad y obediencia continua.
Señor, hoy Tú miras a tu pueblo de pie delante de Ti. Señor, Tú conoces nuestros corazones y Tú sabes que somos débiles. Gracias, Señor, por el despliegue de tu misericordia en nuestra vida durante todo este año. Por las cosas que nos permitiste alcanzar, aun a pesar de nosotros. Por tantas veces que Tú nos has perdonado, porque Tú sigues siendo fiel aun a pesar de que nosotros somos infieles.
Señor, antes de hacer un compromiso contigo hacia un nuevo año, no queremos tomarlo a la ligera, porque Tú eres un Dios santo y celoso. Por un lado, Señor, nos has dado tanto que abruma nuestro corazón pensar cuánta gracia Tú has derramado sobre nuestras vidas. Y por el otro lado, tenemos tu carácter de santidad y ese celo que consume el pecado. Queremos conocerte, Señor. Queremos entender cada vez más quién eres Tú. Y queremos, Señor, entender lo que tenemos en Ti para poder caminar en fidelidad.
Danos, Señor, lo que necesitamos para obedecerte. Danos, por favor, Señor, lo que necesitamos para arrepentirnos. Danos un corazón genuino. Danos, Señor, la capacidad de presentarnos delante de Ti como ofrendas gratas, vidas rendidas a Ti, Señor. Que lo que hagamos sea para Ti, que lo que alcancemos sea para Ti, Señor.
Padre, obra por tu poder, el poder del Espíritu que habita en nosotros, para que este próximo año sea un año en donde podamos decir: "Tú estuviste con nosotros. Crecimos en el conocimiento tuyo, crecimos en santidad, crecimos en nuestra fidelidad a Ti." Ayúdanos a dejar a un lado esas cosas superficiales por las cuales muchas veces nos distraemos, y ayúdanos a poner la mirada en la meta y en Ti, los ojos puestos en Ti, Señor. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.
Fabio Rossi es colombiano y vivió en Guatemala desde su juventud, donde completó una Licenciatura en Biblia y Teología con especialidad en Música Sacra y sirvió durante diez años como parte del equipo pastoral de su iglesia local. Obtuvo una Maestría en Divinidades en el Southern Baptist Theological Seminary (SBTS) y se desempeñó como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio. Actualmente vive en la República Dominicana con su esposa Carol y sus dos hijos, donde sirve como pastor en la Iglesia Bautista Internacional, asistente ejecutivo del pastor Miguel Núñez y director de contenido y desarrollo para Ministerios Integridad & Sabiduría.