Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios que responde

Luis Méndez 5 marzo, 2017

La visión que tenemos de la vida depende directamente de cómo nos relacionamos con Dios. Si lo vemos como alguien distante o débil, nuestra vida reflejará indiferencia; pero si creemos que es el Rey soberano del universo, ante quien el viento y el mar obedecen, entonces viviremos en adoración y dependencia cada día del año. Dios debe ser nuestro marco de referencia para cada pensamiento, cada emoción y cada decisión.

El pueblo de Israel en Egipto ilustra esta verdad de manera poderosa. Después de cuatrocientos años de silencio —sin profetas, sin Escrituras, conociendo a Dios apenas por tradición oral— enfrentaron una opresión brutal bajo un faraón que no conocía a José. Les amargaron la vida con trabajos forzados y ordenaron matar a sus hijos varones. En medio de esa aflicción, hicieron algo decisivo: no solo gimieron ni clamaron al vacío, sino que clamaron a Dios por ayuda, creyendo que Él actuaría.

Y Dios respondió. El texto de Éxodo 2 repite cuatro veces el nombre de Dios con cuatro acciones: escuchó su gemido, recordó su pacto con Abraham, miró a su pueblo y los tuvo en cuenta. Esto último significa que Dios se puso en acción. Él ya había anticipado esta situación siglos antes y tenía un plan en marcha: Moisés ya estaba siendo preparado.

Dios conoce nuestras debilidades, nuestros pecados y el poder del enemigo. Aun así, tiene planes de bienestar para sus hijos. Hoy quizás no es momento de entender, sino de confiar en el Dios que siempre escucha, recuerda sus promesas y responde.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Son tan amables, por favor, vamos al libro de Éxodo, capítulo número 2. Hemos titulado el sermón de esta mañana "El Dios que responde". El libro de Éxodo, capítulo número 2.

Déjenme introducir el sermón diciendo: yo creo que la visión de la vida está directamente dependiente de la manera como nosotros nos relacionamos con Dios. Déjenme tratar de explicar esa frase. Lo que yo creo acerca de Dios y la manera como yo tomo en cuenta lo que Dios es, eso definirá eventualmente la visión de mi vida. Voy a repetir esa frase. Lo que yo creo acerca de Dios y la manera como yo tomo en cuenta eso, definitivamente, eso va a definir la visión de mi vida.

Por ejemplo, si yo creo que Dios es más o menos como un Santa Claus, alguien de edad avanzada que no puede valerse por sí mismo, que le da dificultad incluso pararse de una silla y caminar, entonces mi vida va a reflejar un alto grado de compasión hacia alguien así. Yo veré a Dios como alguien a quien yo agradezco en tiempo de Navidad y de quien yo me compadezco el resto del año.

Pero si mi visión de Dios es que yo creo que Dios es el Rey soberano del universo, un Dios que creó los cielos y la tierra, que llama las cosas que no son como si fuesen, que aún el viento y el mar le obedecen, entonces mi vida va a reflejar no un grado de compasión o de lástima, sino un grado de adoración. Yo veré a Dios como alguien de quien dependo los 365 días del año, yo veré a Dios como alguien a quien tengo que temer cada segundo de mi vida. Por eso decimos: lo que yo creo acerca de Dios y la manera como yo tomo en cuenta eso, eso va eventualmente a definir la visión de la vida.

Eso se aplica a todas las circunstancias de la vida. Por ejemplo, si me va bien, entonces con esa visión que yo tengo de Dios, yo seré agradecido a Dios porque yo sé que viene de Él. Cuando las cosas no me salen tan bien, por causa de esa visión de Dios, entonces yo voy a confiar en Él porque yo sé que Él está en control de todas las cosas.

Dios es como el sol del universo de nuestras vidas, todo en mí gira alrededor de lo que Él es. Dios debe ser nuestro marco de referencia para cada pensamiento que abrigamos. Dios debe ser nuestro marco de referencia para cada emoción que experimentamos. Dios debe ser nuestro marco de referencia para cada resolución que emprendamos. Seremos más sabios en la medida en que aprendamos a conocer y a considerar la realidad de Dios en cada una de nuestras circunstancias. Es una verdad universal que se aplica a toda persona en general.

Ahora, en el caso específico de nosotros los creyentes, eso es justamente la razón por la cual necesitamos fe. La fe nos ayuda a entender más a Dios, pero sobre todo la fe nos ayuda a tomar a Dios en cuenta. En la manera en que vivimos, la fe nos impulsa en cada circunstancia para que podamos tener en cuenta a Dios. Y eso en realidad es esencialmente la manera como adoramos a ese Dios. Hebreos 11:6 dice que sin fe no solamente es difícil, no solamente es complicado, sino que sin fe es imposible agradar a Dios. Es realmente imposible.

Esa también es la razón por la cual nosotros estudiamos Su Palabra, porque Dios se revela de una manera especial en Su Palabra. Y porque aún en esa misma Palabra, Dios nos ha dejado ejemplo de otros creyentes, de cómo ellos exhibieron estas realidades en sus vidas. De tal manera que nosotros podamos ver y aprender de su ejemplo cómo ellos se relacionaban con ese Dios.

Y con eso en mente, con esa introducción, lo he querido traer a su consideración en esta mañana. Uno de los momentos más destacados en la historia del pueblo de Israel, cuando aún ellos estaban en la tierra de Egipto. Y esta es la historia, este momento específico que se registra aquí en Éxodo capítulo número 2.

Si son tan amables, yo quiero que leamos a una sola voz, Éxodo capítulo 2, versos 23 al 25: "Y aconteció que pasado mucho tiempo murió el rey de Egipto. Y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre y clamaron, y su clamor a causa de su servidumbre subió a Dios. Y oyó Dios su gemido y se acordó Dios de Su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel y Dios los tuvo en cuenta."

Aunque hace más de 3.500 años que estos versículos fueron escritos, todavía nos hablan con gran intensidad. Todavía hoy nosotros, al exponernos a esta Palabra, podemos ser bendecidos por la gracia de Dios. Mi intención entonces es que podamos examinar juntos varias cosas aquí: ¿cuáles fueron los hechos específicos que estaban aconteciendo en este momento? Segundo, la manera como el pueblo de Israel procedió ante tales circunstancias. Y finalmente, y sobre todo, cómo Dios se manifestó entre ellos.

Entonces este es el bosquejo que voy a seguir para la exposición de nuestro texto. Primero, ¿qué fue lo que sucedió? Segundo, ¿qué hizo el pueblo de Israel? Tercero, ¿qué hizo Dios? Y finalmente, a manera de aplicación, ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Qué podemos aprender de todo esto?

Vamos a nuestro primer punto entonces. ¿Qué exactamente fue lo que sucedió? Bueno, hay un poco de historia aquí. Recuerden que en el primer capítulo del libro de Éxodo se nos habla de un cambio muy grande de la situación de los israelitas en Egipto durante los siglos después de la muerte de José.

En el capítulo 50, que es el último capítulo del libro de Génesis, allí se cierra el Génesis con varios acontecimientos importantes. Por ejemplo, muere su padre Jacob, aquel señor de edad, de fe, que fue llevado allá, que había perdido contacto con José. Ahora muere y es enterrado en la tierra de Canaán, de su origen, de donde él procedió. Algo más que se habla en Génesis 50 es que José y sus hermanos, después que ellos fueron y enterraron a su papá, José le garantiza su perdón a sus hermanos. Ahora que el padre no está, ellos regresan con sus familias y se quedan en Egipto. También en Génesis 50 muere José, a la edad de 110 años. Entonces sus hermanos ahora quedan solos con sus familias en la tierra de Egipto. Termina el libro de Génesis.

Ahora vamos al libro de Éxodo, y entre una cosa y la otra se cumplen 400 y pico de años de historia. Entre Génesis capítulo 50, verso 26, que es el último versículo de ese capítulo, y Éxodo capítulo 1, verso 1, quizás en su Biblia es solo una línea, quizás es solo una página, pero son 400 años de historia. Y esto es importante entenderlo. ¿Qué pasó durante ese tiempo?

Bueno, aquí está la transición. Algunos dicen que en el libro de Éxodo nada se comienza, nada se termina, que en efecto es una continuación de la historia del libro de Génesis. Mira la explicación. Éxodo capítulo 1. Mira conmigo cómo el autor divino va resumiendo la historia. Éxodo capítulo 1, voy a leer versos 5 al 7: "Todas las personas que descendieron de Jacob fueron 70 almas. Pero José estaba ya en Egipto. Y murió José y todos sus hermanos y toda aquella generación. Pero los hijos de Israel fueron fecundos y aumentaron mucho, y se multiplicaron y llegaron a ser poderosos en gran manera. Y la tierra se llenó de ellos."

Dice el texto: murió Jacob su padre, murió José, murieron los hermanos de José y siguió la generación. Y dice que el pueblo se multiplicó. ¿Qué tanto crecieron? Bueno, aquí se nos dice que los que llegaron inicialmente con Jacob, directamente descendientes, cuando se asoló el sueño y el hambre, fueron 70. Y el registro bíblico dice que cuando ellos salieron de Egipto a la tierra prometida, solo hombres de edad militar eran 600 mil. Sin contar las mujeres, sin contar los niños, sin contar jóvenes varones menores de esa edad. Los estudiosos de la historia bíblica creen que en aquel momento eran dos millones y medio de personas. Entonces llegaron 70, van a salir dos millones y medio. Yo no creo que nadie va a poner en dudas que fue un pueblo fecundo. Se multiplicaron, había mucha gente.

Todo está muy bonito, todo está creciendo, hasta que leemos una de las declaraciones más adversas en el momento histórico que estamos considerando. Aquí mismo, en Éxodo capítulo 1, el verso 8 dice así: "Se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José." Y eso parece muy sencillo, pero honestamente, en la historia bíblica esto es algo perturbador, esto es algo chocante. No había conocido a José.

Déjenme tratar de poner solo en dominicano lo que eso quiere decir. Quiere decir que este individuo nuevo, él no sabía que hubo otro rey hace un tiempo que tuvo un sueño rarísimo de siete vacas gordas, siete vacas flacas, y que Dios usó a José para resolver ese lío. No, no sabía nada. O sea que este individuo no sabía que José fue el administrador general de uno de los proyectos económicos más exitosos de la historia. Literalmente José y su administración evitó que las economías de muchas naciones colapsaran. Él no sabía eso, no, él no sabía nada de eso. ¿Y dónde estaba este individuo? No había nacido, porque hace 400 años. Entonces, si él no había conocido de José, entonces tampoco le iba a entender qué hacía este pueblo tan grande allí exactamente. Ese era el problema. Y fue un gran problema. No le gustó a este nuevo rey toda esta gente.

Y las implicaciones no se hicieron esperar. Los nuevos gobernantes de Egipto, ellos empezaron a ver al pueblo de Israel como una gran amenaza. Quiero que usted vea la dimensión de la amenaza que esto representaba. Venga aquí conmigo, Éxodo capítulo 1, voy a leer el verso 9 al 14: "Y dijo a su pueblo: He aquí el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso —este es el nuevo rey hablando— y más fuerte que nosotros. Procedamos pues astutamente con él, no sea que se multiplique, y en caso de guerra se una también con los que nos odian, y pelee contra nosotros y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con duros trabajos. Y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían. De manera que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel. Los egipcios pues obligaron a los hijos de Israel a trabajar duramente."

Y si hay una expresión que recoge la idea de lo que estaba pasando allí, dice el verso 14: "Le amargaron la vida". Hay que imaginarse lo que una sentencia así simboliza. Le amargaron la vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillos, y en toda clase de trabajo del campo. Todos sus trabajos se los imponían con rigor.

Cuando llegó este nuevo rey, se acabó la luna de miel del pueblo de Israel. Déjenme describir su gobierno arrancando. Si fuéramos a la sociedad actual, dijéramos en los primeros cien días de gobierno. Oigan las resoluciones que este hombre tomó. Uno, esclavizar a los israelitas, colocando capataces despiadados sobre ellos. Segundo, ordenó a las parteras, a las mujeres que asistían a las mujeres hebreas cuando daban a luz, ordenó a las parteras matar a todos los niños varones al momento del nacimiento. El plan le falló y vino otra resolución: mandó a echar por el río a todo hijo varón que naciera. Él dijo: "Esto se va a acabar. Vamos a tratar de eliminar esto".

Entonces, ¿cuál era la situación? El pueblo de Israel empezó a experimentar una de las aflicciones más grandes en el curso de su historia. Había una gran opresión. Había una gran persecución sobre ellos. Y eso resume en esencia lo que estaba sucediendo.

Ahora, en segundo lugar, ¿qué hizo el pueblo de Israel? ¿Cómo manejó este asunto? Aquí está nuestro texto. Entonces, Éxodo capítulo 2, verso 23. Vamos a ver cómo este pueblo respondió a todo: "Y aconteció que pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre y clamaron, y su clamor a causa de su servidumbre subió a Dios".

Déjenme refrescar alguna cosa importante. Recuerde, este pueblo de Israel ha estado en la tierra de Egipto por casi cuatrocientos años. No hay registro bíblico de ningún profeta que haya hablado al pueblo durante ese tiempo. No hay registro de ninguna escritura transmitida por Abraham a las siguientes generaciones acerca del trato de Dios con ellos. En otras palabras, lo que eso quiere decir es que esta gente en la aflicción no podían decir en su casa: "Bueno, muchachos, vamos a un devocional de la Palabra. Pongan su Biblia cada uno". ¿Cuál Biblia? Moisés va a escribir el Pentateuco, los primeros cinco libros, y acaba de nacer Moisés. De hecho, hay que salvar a Moisés y no se lo lleven. Moisés está nadando en un río mientras todas estas cosas están pasando. Vamos a tener que esperar cuarenta años que Moisés se eduque, y como estaba un poquito orgulloso, cuarenta años más en el desierto a ver si ya está listo para hacer esto. No hay escrito, no hay nada.

Lo que se cree es que había una tradición oral en las familias. Los padres contaban a sus hijos acerca de las cosas que habían pasado. Hablaban de un tal Abraham, hablaban de Isaac, de Jacob, hablaban aún de un tal José. Y la realidad es que posiblemente esas palabras lucían muy lejanas, esos cuentos lucían muy lejos. Para usted entender qué tan lejos podían parecer, déjeme poner un ejemplo aquí. Déjeme hacer un ejercicio aquí con usted. Piense usted, cada uno, en alguno de sus antepasados hace cuatrocientos años. Estamos hablando del año 1617. ¿Qué sabe usted de su tío, de su abuelo, o del amigo del abuelo de 1617? Cuando usted le cuentan algo de allá, ¿cómo usted se siente? Eso era de la historia, así decirlo nosotros. Cuando se celebra su día, uno se va a la playa. O sea, que no hay mucha conexión.

¿Cuál es el punto de esto aquí? Ellos están en un problema y van a tener que empezar a depender de un Dios del cual apenas ellos han escuchado, del cual no tienen ninguna escritura como nosotros. Ellos van a tener que depender de un Dios con el cual no han tenido ninguna experiencia personal. Así que aquí está el pueblo de Israel, esclavos de un rey que los odia, que trata de echarlos fuera como pueblo matando a todos sus niños. Y aquí están ellos, teniendo que confiar en un Dios que conocen de lejos.

¿Qué hizo esta gente? Déjenme nada más, solamente de manera muy rápida, llamar la atención a tres cosas que el texto menciona con relación al pueblo de Israel. Dice el verso 23 que los hijos de Israel gemían a causa de su servidumbre. Lo primero que dice es que ellos gemían; eso es más o menos que ellos se quejaban internamente. Todos nosotros hemos pasado por ahí. Hay situaciones muy duras, hay situaciones muy difíciles. Son cosas que uno no puede soportar y nosotros expresamos esa frustración, ese dolor, ese disgusto, esa queja, de alguna manera la expresamos. Eso es lo que llamamos el primer escalón en respuesta, y ahí es el lugar donde muchas veces nos quedamos. Pero yo quiero llamar la atención: nada va a cambiar porque usted se queje. Nada va a cambiar si solo gime. Hay que seguir hacia adelante.

El pueblo hizo algo más. Esto es interesante. El verso 23 dice: "Los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre y clamaron". Es una palabra muy diferente en el hebreo, que dice "clamaron". La situación estaba tan complicada que ellos no solo gimieron y se quejaron. Ellos clamaron. Cuando usted se queja, pues gemir es algo pasivo. Cuando usted clama, usted entra en acción. Es una respuesta activa. Ellos tenían una amenaza, tenían un dolor, una opresión; unieron fuerzas. Esa es la idea. Juntos ahora, ellos estaban unidos por una causa y ellos clamaron en respuesta a su situación. Clamar es una respuesta activa. Quiere llamar la atención a la causa del problema y también buscar una respuesta. Eso es otro escalón. Nosotros también hemos estado ahí. Clamamos en situaciones que están fuera de control y lo único que podemos hacer es desahogar el dolor, la frustración con otro. De hecho, a veces a Dios clamamos así.

El punto es que esto tampoco fue el final del asunto. Existe otro escalón y el pueblo de Israel lo alcanzó. Dice ahí en el verso 23 que gemían a causa de su servidumbre y clamaron, y dice: "Y su clamor a causa de su servidumbre subió a Dios". En verdad, la traducción aquí al español, incluso al inglés, no ayuda mucho para entender lo que pasó. En el original, en el hebreo, lo que dice es que ellos clamaron a Dios por ayuda. Eso es específicamente la traducción: clamaron a Dios por ayuda. Clamar no va necesariamente a cambiar la situación. Los israelitas clamaron, pero fue un clamor especial. Ellos clamaron a Dios por ayuda, y fue un clamor específico. Fue un clamor directo, fue un clamor intencional. No fue un simple clamor. Fue un clamor por ayuda.

Nosotros podemos gemir, quejarnos, clamar, incluso clamar a Dios, pero hay una distinción con lo que ellos hicieron. Hay una gran distinción. Cuando uno clama por clamar a Dios, uno dice: "Yo sé que hay un Dios y yo sé que ese Dios es poderoso". Pero cuando yo clamo a Dios por ayuda, yo estoy diciendo que además de yo creer que es poderoso, yo estoy diciendo: "Él está dispuesto, Él quiere y Él va a hacer algo". Son diferentes niveles. Es creer que Dios seguramente nos ayudará. Ellos clamaron a Dios por ayuda.

Eso demostró algo interesante. Recuerden, este pueblo no había tenido tanta cercanía con ese Dios. Ellos no tenían la Palabra escrita. Ellos no sabían en esencia cuáles eran las promesas. Y aun así, a pesar de no conocerlo tan íntimamente como sus antecesores, ellos creían en las promesas de Dios. Ellos creían en los planes de Dios. Ellos creían en los propósitos de Dios. Y ellos confiaron, en una de las aflicciones más grandes de la historia de este pueblo, ellos confiaron que Dios estaba atento a la situación.

Entonces, ese es el punto. He ahí el inicio. En medio de nuestras aflicciones, nuestro deber no es lamentarnos. Nuestro deber no es ni siquiera clamar simplemente. Nuestro deber es clamar a Dios por ayuda creyendo que Dios actuará. Creyendo que Dios actuará.

La pregunta es: ¿y dónde estaba Dios? La pregunta es: ¿y dónde estaba Dios con relación a su pueblo? ¿Sabía Dios lo que estaba pasando? ¿Estaba Dios de vacaciones? ¿Dónde estaba Dios? ¿Le interesaba a Dios algo de eso? Esas son las preguntas que nosotros hacemos cuando estamos en medio de las aflicciones. Estos son los clamores que también nosotros experimentamos cuando estamos en la prueba.

Y yo quisiera examinar, entonces, los próximos versículos para entender la manera como Dios actúa. ¿Qué hizo Dios? Dice Éxodo 2:24-25: "Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó Dios de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y Dios lo tuvo en cuenta".

Estos dos versículos son quince palabras en el hebreo, en el idioma original. Y en esos dos versículos la palabra "Dios" se repite cuatro veces. Es interesante, en todo Éxodo 1 y 2 escasamente el nombre de Dios aparece. Y aquí, dos versículos, cuatro veces. Es interesante que el nombre que se usa aquí para Dios es Elohim. Y el significado es "el Creador todopoderoso". Piensen en esto. En medio del gemido, en medio de su clamor, Dios respondió. El Dios Creador de todo el universo. El Dios que conoce todo, el Dios que crea todas las cosas. El Dios que está en todas partes, en todo momento. Cuatro veces aquí aparece.

Es un juego de palabras en el hebreo. ¿Dónde se menciona Dios? Con una acción. Dios escuchó, Dios recordó, Dios miró, Dios lo tuvo en cuenta. Todo eso resume la manera como Dios respondió a la situación. Déjeme examinar uno a uno esto, porque es importante.

Dice: "Dios oyó el gemido de ellos". Dios escuchó. Que Dios escuchó significa que Dios respondió en base a lo que ellos clamaron. Es una respuesta activa de parte de Dios. Amados hermanos, escuchen esto: Dios siempre nos escucha. Dios siempre nos escucha. Dice el Salmo 34, verso 17: "Claman los justos, y el Señor los oye, y los libra de todas sus angustias".

Nosotros vivimos en una generación donde la vida es muy rápida. Y a veces experimentamos esa frustración de que nadie nos escucha, nadie nos atiende, nadie tiene tiempo para uno. Y uno siente como si a nadie le interesa. A veces nos quejamos con los cónyuges, con los hijos, los familiares, los pastores, los hermanos, quien sea, porque estamos en una necesidad y parece ser como que nadie nos escucha. La pregunta es: ¿y Dios? Y Dios siempre nos oye. Siempre nos oye.

Dice el Salmo 3, verso 4: "Con mi voz clamé al Señor", y ¿qué pasó? "Y él me respondió desde su santo monte". Salmo 17, verso 6: "Yo te he invocado, Dios, porque tú me responderás. Inclina tu oído, escucha mi palabra". Y dice el Salmo 116, verso 1: "Amo al Señor, ¿por qué? Porque oye mi voz y mi súplica". Nosotros adoramos a un Dios que responde, porque es un Dios que escucha. Dios nunca estará tan ocupado que no pueda poner atención a nuestro caso. Dios nunca estará tan lejos que no nos pueda oír. Nuestro Dios es un Dios que escucha.

Algo más que dice aquí el texto: "Oyó Dios su gemido y se acordó Dios de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob". Dios recuerda, Dios se acordó. Decir que Dios se acordó significa que él responde en base a lo que ha prometido. Es una respuesta activa de parte de Dios. ¿Qué recuerda Dios? Dios recuerda todo, pero muy especialmente sus promesas.

Es interesante, Dios había prometido a Abraham que le daría un pueblo de muchas generaciones. Un pueblo grande. Lo llevó a una edad avanzada y le dijo: "Mira, como la arena del mar, como las estrellas del cielo, así será". Y esa promesa se la repite a Isaac, esa promesa la siguió en Jacob y la siguió a todos sus descendientes. Entonces la pregunta es: ¿y qué pasa aquí ahora? Dios se acordó de sus promesas.

Es interesante que cuando Dios hizo este pacto con Abraham, esta promesa, ya esta situación que ellos estaban experimentando ahora en Egipto estaba contemplada. Miren conmigo en Génesis capítulo 15, por favor, si son tan amables. Y Dios dijo a Abraham: "Ten por cierto, ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años", exactamente el tiempo que este pueblo tenía. "Mas yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después saldrán de allí con grandes riquezas".

Esto es impresionante. La situación en Egipto no era un evento inesperado para Dios. Dios lo había dispuesto. Dios no fue tomado desprevenido con esta mala noticia. Dios lo había planeado siglos antes. Ya Dios había planificado su liberación y esa promesa estaba al punto de cumplirse. Dios hizo esa promesa, Dios tenía que recordarla porque Dios no se olvida de su pueblo.

Y a nosotros, ¿qué promesas ha hecho Dios en las cuales estamos nosotros? Dice Mateo capítulo 24, verso 14: "Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin". Nosotros como iglesia entonces estamos envueltos en esta promesa. Todavía esa es una promesa de cumplimiento futuro. Nosotros somos parte del reino. Nosotros participamos, nosotros evidenciamos. Todo eso habrá de cumplirse porque Dios recuerda sus promesas.

En el capítulo 49 de Isaías, no tienen que buscarlo, el profeta representa en un momento los temores del pueblo de Israel que habían sido exiliados de allí, como si Dios se había olvidado. Dice Isaías 49:14: "Pero Sion ha dicho: El Señor me ha abandonado, Sion ha dicho: El Señor se ha olvidado de mí". ¿Y cuál fue la respuesta de Dios a ese profeta inspirado? Dice Isaías 49, versos 15 y 16: "¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí, en las palmas de mis manos te he grabado, tus muros están constantemente delante de mí".

¿Ha visto usted cuando una persona quiere recordar algo importante y pone un papelito y lo pone en el espejo del baño? Lo ponen hasta en el guía del coche, lo ponen donde sea. Nosotros estamos en las palmas de Dios. Dios nunca se olvidará de nosotros. Hay momentos en que esas promesas de Dios pueden sufrir amenazas, pero no importa la oposición que haya. Cuando Dios ha declarado algo, por fidelidad a su nombre y por fidelidad a sus hijos, él siempre lo cumple. Dios siempre lo ha hecho. No hay nada ni nadie que pueda impedir los planes de Dios para con su pueblo.

Cuando el apóstol Pablo recordaba esa gran realidad, él traía esta doxología, una de las doxologías más hermosas de toda la Biblia. Dice Romanos capítulo 8, verso 37: "Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó". ¿Por qué? "Porque yo estoy convencido", dice él. No es un asunto de laboratorio de prueba y error a ver si se cumple o no. "Yo estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo", y por si acaso se me olvida algo, "ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro". Dios recuerda sus promesas.

Pero algo más que dice el texto: Dios escuchó, oyó su gemido, Dios se acordó de su pacto. Dice el versículo 25: "Y miró Dios a los hijos de Israel". Dios miró a los israelitas. Es interesante que todo esto está sucediendo y Dios está mirando. Dios miró cuando sometieron a labores inhumanas a sus hijos. Dios estaba allí observando en la esclavitud bajo la que ellos estaban sufriendo. Dios estaba allí cuando algunos de sus hijos fueron asesinados. Dios estaba ahí aún observando la opresión que había de venir.

Una de las cosas que los enemigos del pueblo de Dios, y aún Satanás mismo, intentan hacernos creer es decir: "Dios se olvidó de ti, Dios no mira. Estás solo, estás acabado, olvídate de eso. Dios no está ahí". El salmista en el Salmo 94:7 dice: "Y dicen: El Señor no lo ve, ni hace caso el Dios de Jacob". ¿Y cuál es la respuesta? "Haced caso, oh necios del pueblo", dice el salmista. "¿Cuándo entenderéis? El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?" No hay una sola cosa que suceda a los hijos de Dios que escape la presencia de Dios. Dios lo mira todo, todo.

Hace unos años en los Estados Unidos sucedió algo en el estado de Nueva York, muy interesante, en un establecimiento de hamburguesas muy popular en los Estados Unidos. Un día, pasada la medianoche, cerca de las dos de la madrugada, hubo un asalto en el lugar. Personas intentaron robar el sitio, había unos empleados allí, se negaron a entregar el dinero, era la producción de todo el día. El punto es que la persona mató a los empleados, se robó el dinero y se fue. En menos de setenta y dos horas, la policía federal y estatal de Nueva York lograron encontrar a la persona, lograron apresar a la persona, y el caso entró en proceso judicial.

Los expertos en seguridad entonces entraron en un debate de cómo lograron hacer eso. Y la sugerencia es que el gobierno federal, sobre todo en los Estados Unidos, dispone de satélites allí arriba que están grabando continuamente sitios específicos, veinticuatro horas al día. Y que esos satélites tienen capacidad de acercarse a los sitios donde pueden ellos tener hasta sonidos de los lugares, donde pueden identificar documentos que alguien porta en su mano, y son capaces de llevar la información a un grado de detalle tal que pueden ver los rostros de la gente con tal precisión que pueden buscarlo y apresarlo.

Yo no sé si eso es verdad, pero el punto es: y eso es satélite de hombre. Dios no solamente mira lo que pasa, Dios puede ver las intenciones del corazón. Dios conoce lo que está pasando. Dice Jeremías 23:24: "¿Podrá alguno esconderse en escondrijos de modo que yo no lo vea? declara el Señor. ¿No lleno yo los cielos y la tierra? declara el Señor". ¿Habrá algo que Dios no pueda ver? No importan los sufrimientos a los cuales estemos sometidos, Dios está mirando. Dios está ahí, Dios sabe lo que está pasando.

Pero hay algo más que dice con la acción de Dios al respecto. Miró Dios a los hijos de Israel y dice: "Y Dios los tuvo en cuenta". Esta cláusula final es la más importante. Y de hecho, posiblemente es la parte del texto más difícil de traducir. Los traductores al inglés han luchado mucho con esta frase, tratando de ver exactamente cómo van a traducir lo que dice el hebreo. En español, por ejemplo, alguna versión dice que Dios se preocupó por su pueblo. Algunas traducciones dicen: "Dios se dio cuenta de su condición". Algunas dicen: "Dios los reconoció". Y cada versión trata enfáticamente de llegar al punto de qué es exactamente lo que Dios está diciendo ahí.

Dios escuchó su clamor, Dios recordó su pacto, Dios miró lo que pasaba, y dice que Dios hizo algo más. Nuestra versión dice: "Dios los tuvo en cuenta". La versión más original es esta: Dios se puso en acción. Yo no sé exactamente la palabra, el punto es que cuando Dios escuchó y recordó su promesa y miró, Dios no se quedó sentado. Dios respondió, Dios respondió, reconoció aquello que estaba allí.

Un texto paralelo que nos ayuda a tratar de interpretar esto mejor está en Hechos también. Dice Hechos capítulo 3, verso 7, solo lo voy a leer: "Y el Señor dijo: Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos". Así traduce nuestra versión la misma palabra. ¿Cómo si dijera? Yo estoy en control de esto. Yo sé lo que está pasando, voy a hacer algo. Yo sé su dolor, yo conozco su sufrimiento, yo sé su pérdida, yo cuido de ellos, son importantes para mí. Dios está en control, Dios es el Rey soberano del universo.

¿Qué tanto sabía Dios del caso? ¿Y conocía Dios aún de nosotros? Bueno, Dios conocía muy bien la debilidad de este pueblo. Dios sabía, Dios sabe con sus hijos que hay situaciones que, a menos que él intervenga y haga algo, nosotros vamos a estar en problemas. El salmista lo pone en estas palabras. Dice el Salmo 103, verso 14: "Porque él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos solo polvo".

Dios conoce la situación de su pueblo, su condición. Es más, Dios conoce sus fracasos. Dios conoce sus pecados. Este era un pueblo que, a pesar de todo lo que Dios hizo con ellos en un principio, ellos adoraron otros dioses, ellos negaron a este Dios. Dios lo conocía, Dios sabía, todo eso estaba calculado. ¿Se equivocó Dios al elegirlos como pueblo? ¿Pensó Dios: "Bueno, yo pensaba que iba a ser mejor y ahora no se me dio"? No, en ninguna manera.

Escuchen lo que dice Isaías 46 con relación a la manera como Dios procede. Dice Isaías 46, versos 9 al 10: "Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios y no hay otro. Yo soy Dios y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Y yo digo: mi propósito será establecido y todo lo que quiero realizaré."

Así habla nuestro Dios. Él conoce nuestras luchas, conoce nuestras indecisiones, conoce nuestros temores, conoce nuestros pecados, y aun así somos sus hijos por causa de Jesús. Dios conocía todo eso. Hay algo más que yo tenía en cuenta: el poder del enemigo. Dios calculó sus cosas muy bien.

Y aun hoy, si esa aflicción es por causa de una enfermedad, o por un estado depresivo, o si es un enemigo real, o es el enemigo en nuestra alma, Dios conoce sus fuerzas. Dios conoce los planes de Satanás, su táctica, sus artimañas. Dios conoce sus engaños. Él sabe lo que harán mañana. Él sabe si esa enfermedad avanzará. Dios sabe cuándo los ladrones planean robar. Dios sabe cuándo Satanás está tentando a uno de los suyos. Dios lo sabe todo. Hebreos 4:13 dice: "No hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta." Él conoce sus acciones, conoce sus corazones, conoce su poder. Dios sabe cuándo el enemigo ataca. Dios sabe dónde limitarlo, dónde parar el asunto.

Pero hay algo más que yo estaba consciente: Él sabe sus planes para con su pueblo. Dios ha establecido un plan. Piensen los israelitas en esta situación específica que yo estaba explicando. Ya Dios había planificado. Dios ya había dado a Moisés, mientras todo esto que estamos estudiando aquí en Éxodo. Posiblemente Moisés estuvo flotando en el río para que no lo maten, y ya Dios tiene eso. Y ya Dios sabe que es la hija de Faraón que lo va a recoger en el río. Y ya Dios sabe que Moisés va a recibir una de las mejores educaciones de su tiempo en la corte del Faraón. Ya Dios sabe que Él pondrá en el corazón de Moisés un corazón inclinado hacia su gente, hacia su pueblo. Dios sabe que Moisés va a tener algunos problemitas de orgullo y va a haber que mandarlo cuarenta años a cuidar vacas en el desierto para hacerlo un poco más humilde y usable.

Dios tiene un plan, y muy pronto ese plan se va a cumplir. Aquí está el pueblo de Israel gimiendo y clamando ayuda, pero hace rato que Dios tiene un plan para ellos, y muy pronto Dios va a iniciar esa liberación. Dios también conoce nuestra situación, y Dios también tiene un plan para nosotros.

Dice Jeremías 29:11, escuchen uno de los textos más hermosos que había: "Porque yo sé los planes que tengo para vosotros —declara el Señor—, planes de bienestar, no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza." Dios sabe cómo nos va a dirigir. Dios sabe cómo nos sacará de esta aflicción. Dios está tomando en cuenta nuestra situación presente. Dios sabe cuáles son los pasos que dará para guiarnos. Dios tiene un plan para cada uno de sus hijos, y así como el pueblo de Israel mientras estaba en la aflicción en Egipto, también a nosotros ya Dios ha determinado lo que será de nosotros en la mañana.

Pregunta: ¿Qué aprendemos nosotros? ¿Cómo esto puede ayudarnos hoy en la situación que Dios nos haya colocado? Nosotros decíamos al principio, en la introducción: lo que yo creo acerca de Dios y la manera como yo tomo en cuenta esas cosas, eso va eventualmente a definir la visión de mi vida. ¿Cómo esto de Dios puede aplicarse?

Yo no sé cuáles son tus aflicciones. Yo no sé qué situaciones estarán provocando hoy en día que tú estés clamando: "¡Ayuda, Dios!" No sé si es problema de salud, no sé si es un problema económico, no sé si es un problema en tu relación, no sé si es un problema en tu trabajo, no sé. La pregunta es: ¿qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer con este Dios que se revela?

Aquí lo primero es: Dios siempre te escucha. Dios escucha cada palabra que tú pronuncias, cada suspiro. Dios oye. Dios está atento. En segundo lugar, Dios recuerda. Dios recuerda sus promesas: a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Dios no se ha olvidado de ti. Algo más: Dios te ve. Dios está observando cada aspecto, cada detalle, cada circunstancia. Dios sabe lo que va atrás, Dios sabe lo que viene en adelante, Dios sabe las amenazas, Dios sabe los peligros. Dios está en control. Algo más: Dios lo tomará en cuenta. Dios te tomará en cuenta a pesar de tus debilidades, a pesar de nuestra incredulidad, a pesar de nuestras limitaciones. Dios tiene un plan y Él lo llevará a cabo.

Entonces nosotros debemos perseverar, nosotros debemos avanzar. Hoy quizás no es el momento para tratar de entender. Hoy es el momento para tratar de confiar. Nuestro Dios es un Dios que escucha. Nuestro Dios es un Dios que recuerda sus promesas. Nuestro Dios es un Dios que mira, está consciente. Nuestro Dios vendrá y responderá porque nos tiene en cuenta.

Orémoslo.

Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D