IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La soberanía de Dios es quizás la doctrina más debatida en la historia de la iglesia, pero también la que más paz debería traer al corazón del creyente. Cuando oramos para que no llueva en un evento, para que un huracán se desvíe o para que un ser querido sane, confesamos que creemos en un Dios que controla la naturaleza, el tráfico y las enfermedades. Sin embargo, cuando esas oraciones no se responden como esperamos, rápidamente excusamos a Dios o culpamos a Satanás. Muchos creen en la soberanía de Dios solo cuando esta trabaja en su dirección.
Isaías 46 presenta a un Dios que declara el fin desde el principio y anuncia con 200 años de anticipación que un rey llamado Ciro —cuyo símbolo nacional sería un ave de rapiña— liberaría a Israel del exilio. Dios no solo conoce el futuro: lo controla y lo orquesta. Él sostiene todas las cosas por el poder de su palabra, desde dos pajarillos que caen hasta las decisiones de reyes paganos. Satanás mismo necesita pedir permiso, como lo demuestra su conversación con Cristo sobre Pedro.
Una joven de quince años ilustró esto con claridad conmovedora: así como Dios endureció el corazón de Faraón, permitió que su madre la abandonara precisamente donde su tío la encontraría y la llevaría a la casa de su padre cristiano, quien oraba por ella. La soberanía de Dios no está divorciada de su amor. Cristo no solo habló de ese amor: vino a buscarnos, se encarnó y fue a la cruz. Ahora toca a la puerta y reclama el señorío completo sobre nuestra mente, corazón y voluntad.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, la soberanía de Dios es el tema de mi predicación esta mañana. Y decía más tempranamente que yo creo que este es uno de los temas más discutidos a lo largo de la historia de la iglesia por teólogos y por creyentes comunes y corrientes. Una vez que la persona entiende que la soberanía de Dios tiene que ver con el hecho de que Dios está en control de manera activa o permisiva de todo lo que ocurre en su universo, ahí comienzan las preguntas y los debates. Es la realidad.
Yo creo que la mayoría de nosotros hemos hecho preguntas, y si no las hemos formulado, las hemos escuchado de este tipo. Si Dios está en control de todo, ¿por qué permite los desastres naturales? Otros han preguntado: si Dios legisla, crea, permite, envía o puede evitar que las cosas ocurran, ¿por qué permite tanta maldad y tanto pecado en este mundo? Habacuc hablaba por el estilo. Capítulo uno, alrededor del versículo 15: "Señor, yo no entiendo, ¿cómo es que permites tanta maldad?" Si Dios ha revelado que Él no deja impune al culpable, ¿por qué tarda tanto en aplicar su justicia? A veces doscientos o trescientos años para que le llegara a Israel. Si Dios tiene el poder de hacerlo todo, ¿por qué Él ha decidido sanar a unos y no a otros? Yo creo que yo he oído esa pregunta más de una vez, todas ellas.
Unos han respondido que, bueno, Dios es bondadoso y desea todo lo bueno, pero que Él no es todopoderoso, en cuyo caso Dios no es Dios. Y esa es una respuesta no bíblica a lo que parece ser como misterio. Otros me han dicho que aquellos que no sanan, versus otros que sí sanan, ha sido simplemente falta de fe de parte de los enfermos, lo cual tampoco revela el registro bíblico. Otros han dicho que no, que Dios es un caballero y como caballero no impone su voluntad sobre nadie. Y eso suena muy bonito; hay muchas cosas que suenan muy bonitas, hasta que abres la Biblia y te encuentras con que Jonás se rebeló contra Dios, no quería hacer la voluntad de Dios, y Dios se impuso por encima de su voluntad. El único profeta que ha predicado el mensaje de Dios en contra de los deseos del profeta.
Y el cristiano vive con muchas paradojas y vive con muchas contradicciones. Yo no sé si tú prestas atención precisa a lo que cantas; yo presto atención precisa a lo que canto, yo presto atención precisa, minuciosa, a lo que se ora porque yo soy parte de esa oración. Yo no quiero decir amén a una cosa que yo no entendí bien. Pero cuando tú escuchas al cristiano orar, tú te das cuenta que afirma la soberanía de Dios, aunque él no la crea completamente.
Porque déjame darte varios ejemplos. Cuando alguien ora para que no llueva porque tiene un evento al aire libre, él cree que Dios controlará la lluvia. Cuando el cristiano ora porque escuchó que hay un huracán que va a pasar por su lugar y él ora para que Dios desvíe la tormenta, él acaba de confesar que él cree que Dios controla los efectos naturales, las fuerzas de la naturaleza. Cuando un padre o una madre ora cuando su hijo sale en la noche para que Dios lo proteja de un accidente de tráfico, él cree que Dios controla los choferes, el tráfico, incluyendo el tráfico caótico de la ciudad de Santo Domingo. En medio del cual se irrita, en el tráfico en que él se irrita, él luego confiesa que es Dios quien lo controla. Él vive comparado así con contradicciones. Otro grupo de creyentes está orando para que un ser querido sane de una enfermedad, con lo cual él me dice que él cree que Dios tiene control sobre las enfermedades. Y todavía más, oramos para que Dios salve a alguien, con lo cual tú me dices que tú entiendes que la salvación depende de Dios. De manera que todo cristiano cree en la soberanía de Dios: algunos de una forma pública y muchos de una forma distorsionada o defectiva.
Porque mira lo que ocurre. Algunos oran para que no llueva y creen que Dios controla la lluvia nuevamente. Entonces, a ver, eso es exactamente lo que Dios hizo. Dios provocó el control de la lluvia cuando envió a Elías a decir: "Aquí no va a llover por tres años y medio, a pesar de que ustedes tienen otro dios de la lluvia; vamos a demostrar quién es Dios." Pero resulta que cuando esa persona oró para que no lloviera y llovió, algunos lo atribuyen eso a Satanás, porque Satanás no quería que Dios se glorificara. A ver, de repente Satanás es el soberano que interfirió con los planes de Dios. Pero hasta que no llovió, él pensaba que era Dios que controlaba la lluvia.
En otro caso, él oró por el huracán que mencionábamos y resulta que el huracán fue desviado, tal cual como él o ellos habían orado. Pero resulta que al desviarse, se pasó por otra región y dejó quinientos muertos, y de repente Dios no tiene nada que ver con esos muertos. ¿Cómo que no tiene nada que ver con esos muertos si Él desvió el huracán? Porque el responsable de los muertos es que haya desviado la tormenta. Cuando el hijo por el cual tú oraste para que no estuviera involucrado en un accidente de carro y resulta que no pasó nada, le das gracias a Dios. Pero cuando se accidentó, entonces ahora de repente tú no entiendes a Dios, ni crees que Dios tuvo algo que ver con eso, y rápidamente excusamos a Dios y se lo atribuimos quizás a Satanás o algo similar.
Muchos creen en la soberanía de Dios siempre y cuando esa soberanía esté trabajando en su dirección, de acuerdo a sus deseos, de acuerdo a sus propósitos, y no necesariamente conforme a los deseos de Dios. La soberanía de Dios no es una de las cuales se habla mucho hoy, porque como la gente le teme a los predicadores, entonces le temen a que la gente deje de creer o puedan salir de sus iglesias porque eso es una doctrina difícil de entender. No es difícil de entender; es difícil de aceptar de parte del corazón rebelde. No es difícil entender que Dios, que abre su boca y de la nada lo crea todo, está en control de ese todo.
Esta era una de las doctrinas más proclamadas, más celebradas después del tiempo de la Reforma. Era central, era cardinal, la columna vertebral de la fe cristiana: es que Dios es soberano sobre toda su creación. Esos años fueron los años del Dios grande, del Dios temible, del Dios enorme. Pero en la medida en que el hombre desarrolló su ciencia, él pensó que él podía entender más los fenómenos de la naturaleza, podía controlar algunas cosas como las enfermedades. Su imagen se creció, la imagen de Dios fue empequeñecida en su mente, y de repente la soberanía de Dios como que comenzó a desaparecer de los púlpitos.
Otros le temían a que si proclamaban esta doctrina, algunos pudieran llegar a creer como que el hombre no tiene que hacer nada, como que Dios lo hace todo. Y algunos lamentablemente han distorsionado la enseñanza y ahí han llegado. Pero entonces de repente tenemos a un hombre engrandecido y a un Dios que está a expensas del ser humano, al servicio del ser humano y para la gloria del ser humano. Y entre otras cosas, una de las enseñanzas que ha contribuido en nuestros días a disminuir la enseñanza de la soberanía de Dios es la importancia que le hemos dado a Satanás, como si él determinara los eventos de nuestro universo. Recuerda que aun Lutero decía que el diablo es el diablo de Dios. En otras palabras, cuando Satanás obra, él obra bajo el permiso de Dios, con los límites que Dios le impone, y al final, cuando él termina de obrar, ha llenado los propósitos de Dios. Como lo vemos en la cruz de Cristo. Job estaba consciente de eso, que Dios estaba en control.
Yo he titulado el mensaje de esta mañana: "Dios soberano sobre todo lo creado." Y yo he escogido un pasaje de Isaías 46, tres versículos, por dos razones. En el pasaje breve Dios declara su soberanía; Él mismo lo hace claro. Y en segundo lugar, Dios muestra que Él controla las acciones aun de los incrédulos. Las controla tanto que Él es capaz de predecir las acciones de incrédulos, incluso cien, doscientos y quinientos años más tarde. Y tal cual Él lo predijo, tal cual así ocurrió o ocurrirá.
Entonces, déjame introducirte el pasaje, de qué es que trata. El pueblo judío, Reino del Sur, llamado Judá, había ido al destierro a Babilonia, al exilio. Setenta años habían sido decretados, durante los cuales el pueblo estaría en el exilio. E Isaías se está profetizando doscientos años antes, más o menos. Y Dios quiere comunicarle al pueblo antes de que el exilio incluso ocurriera: "Mira, cuando esto ocurra, y yo digo que van a estar allá setenta años, estos setenta años van a terminar mediante un rey cuyo nombre será Ciro, a quien yo voy a usar para dar permiso que ustedes puedan regresar." Doscientos años antes.
Escucha cómo comienza. Está en Isaías 44:28: "El que dice de Ciro: 'Él es mi pastor y él cumplirá todos mis deseos.'" Oye esto: Ciro entrará en doscientos años. Desde ahora yo te estoy diciendo que por lo que yo voy a hacer a través de él, estoy llamándolo mi pastor. Y al mismo tiempo quiero que Jerusalén sepa que Jerusalén la van a reedificar cuando regrese ese remanente. Y dice que Jerusalén será reedificada y del templo serán echados tus cimientos. ¡Wow!
Isaías 45:1 dice de Ciro: "Él es mi ungido, a quien yo he tomado por la diestra para someter ante él naciones" y todo lo demás. Doscientos años antes, Dios llama a Ciro "mi ungido," "mi pastor," a quien yo voy a usar para que deje regresar a mi pueblo, de manera que Jerusalén será reedificada como ya les dije.
Con ese trasfondo llegamos al capítulo 46. Les dimos algo del 44, algo del 45, ahora en el 46. Y esto es lo que Dios dice en los versículos 9 al 11. Este es mi texto para el día de hoy: "Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios y no hay otro, yo soy Dios y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: mi propósito será establecido y todo lo que quiero realizaré. Yo llamo del oriente a un ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre" —ahí está, Ciro— "de mi propósito. En verdad he hablado y ciertamente haré que suceda; lo he planeado y así lo haré."
Dios comienza recordándole al pueblo de Israel y le dice: "Yo quiero que ustedes recuerden todo lo que yo hice en el pasado. Yo lo predije y luego lo hice: cómo los saqué de Egipto, cómo los llevé y los atravesé por el desierto por cuarenta años, cómo los entregué a la tierra prometida, cómo los acompañé en el tiempo de la apostasía que es narrado en el libro de los Jueces, cómo estuve con ustedes en el tiempo del Reino Unido bajo Saúl y David y Salomón, y aun cómo permanecí con ustedes cuando el reino se dividió en Reino del Norte y Reino del Sur." Y el profeta dice: "Recuerda todo eso, porque lo que te estoy diciendo ahora que ocurrirá en doscientos años más o menos, como dije, tú puedes tener por seguro que así será. Y esa persona que lo hará es mi ungido, mi siervo llamado Ciro."
Y Dios dice entonces en ese mismo versículo 9: "Porque yo soy Dios y no hay ninguno como yo." Dios se declara, como hablamos el domingo pasado, como el Dios incomparable. "No hay ninguno como yo." Eso es una idea, es una verdad, una doctrina que es recurrente en la revelación bíblica. Escucha lo que dice Dios en Éxodo 9:14: "No hay otro como yo en toda la tierra." Primera de Samuel 2:2: "No hay santo como el Señor." E Isaías 45:5: "Yo soy el Señor y no hay ningún otro fuera de mí, no hay Dios." E Isaías 45:18 repite la misma idea; 45:22; 46:9; o Joel 2:27, la misma idea: "No hay Dios aparte de mí, no hay otro, no hay ninguno como yo." Y con eso Dios estaba proclamando su soberanía.
Y en el texto de hoy escucha cómo Dios lo hace en el versículo 10: "Yo soy el Dios verdadero que declaro el fin desde el principio. Yo declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que todavía no ha sido hecho." Yo soy el Dios que desde la antigüedad te digo lo que va a pasar en cinco días, en cinco meses, en cinco años, en cincuenta años, en quinientos años, y que todavía no ha sido hecho. De hecho, la figura histórica de doscientos años más adelante no ha nacido ni siquiera, pero yo te estoy diciendo desde ahora lo que ha de ocurrir.
Dios completa la idea en el versículo 10: "Yo digo, mi propósito será establecido y todo lo que quiero realizaré." No hay una sola cosa que Dios haya querido que no haya sido realizada. En su voluntad activa, Dios hace que ocurra, y en su voluntad pasiva deja que los hombres pequen, pero al mismo tiempo ocurrieron porque Dios permitió que ocurrieran. Eso es lo que la Confesión de Westminster declara: que Dios, de alguna manera, desde toda la eternidad, de manera activa o pasiva, ha decretado todo cuanto ha de acontecer. Las naciones pueden tramar todo lo que quieran a través de sus gobernantes; al final, la voluntad de Dios prevalecerá.
La serpiente derrotó al primer Adán en el Edén para ser derrotada por el segundo Adán en la satisfactoria. Y eso no fue un plan B; eso fue decretado en la eternidad pasada, cuando Cristo, desde antes de la fundación del mundo, se ofreció como el Cordero inmolado para derrotar a la serpiente en la cruz, después de haber esta ganado una primera batalla en el jardín. Un viernes en la noche el pueblo crucificó a Cristo, y cuando él murió, derrotó el pecado y derrotó las fuerzas de las tinieblas en su soberanía, para tres días después derrotar la muerte en su resurrección. Y eso fue llevado a cabo, según lo que el libro de los Hechos revela en el capítulo 4, versículos 27 y 28, a través de Pilato, Herodes, los gentiles y los judíos, quienes se reunieron en Jerusalén para hacer todo cuanto tu mano había previsto, o había organizado previamente, que ocurriera. Nada ocurre sin que Dios, activa o pasivamente, lo esté orquestando.
Para Dios ser soberano y hacer ejercicio de su soberanía, Dios tiene que ser omnisciente, y él lo es. Escucha lo que dice Proverbios 5:21: "Pues los caminos de los hombres están delante de los ojos del Señor, y él observa todos sus senderos." Hermanos, tú no has dado un paso que Dios no haya observado. Tú no has llegado a un lugar, tú no has salido de un lugar, incluyendo en el día de hoy. Dios vio cuando saliste, Dios vio cuando entraste en este lugar, Dios vio cómo atravesaste el salón, dónde te sentaste, porque Dios observa todos nuestros senderos y todos nuestros caminos están delante de los ojos del Señor. Esa es su omnisciencia; es parte de lo que le permite ejercer soberanía.
Los hombres planifican en contra de Dios y planifican en contra del pueblo de Dios en lo secreto, pero sabes que para Dios lo secreto y lo público es exactamente igual. Nosotros tenemos secretos, pero no para Dios. Los hombres traman en la noche, pero el Salmo 139:12 nos dice que la noche, la tiniebla y el día son exactamente la misma cosa para Dios. En otras palabras, Dios no ve nada a medias, nada en penumbras, nada en la oscuridad; para él todo está a la luz del sol del mediodía. Él requiere eso para ejercer soberanía.
Él no solamente necesita omnisciencia, y la tiene, como ya vimos. Dios requiere sabiduría infinita, de tal forma que él pueda orquestar las cosas como él quiere, de tal manera que pueda sobrepasar la sabiduría colectiva de todos aquellos que planifican contrario a lo que él desea. Y no solamente Dios necesita omnisciencia y necesita sabiduría infinita; Dios necesita poder absoluto. Y eso es exactamente lo que él declara: que en el principio Dios habló y todo el universo se formó. Y de ahí es un hombre: El Shaddai, el Dios todopoderoso. No algo poderoso, no muy poderoso, no grandemente poderoso: todopoderoso. El Dios que todo lo puede.
Ahora, escucha en el versículo 11 de nuestro texto cómo Dios termina diciendo lo que él quiere comunicar, porque ya lo dijo en Isaías 44, en Isaías 45. Aquí él está llamando a Ciro ahora un líder: "Llamaré a una veloz ave de rapiña desde el oriente, a un líder de tierra lejana, para que venga y haga lo que le ordeno. He dicho que lo haría y lo cumpliré." Ese líder, ese es quien Dios va a levantar para que dé el permiso y los judíos puedan regresar. La profecía está tan precisa que Dios comienza hablando de que él va a llamar a una ave de rapiña, como un halcón o un águila. Pero resulta que el símbolo animal del reino de Persia fue justamente un halcón o un águila, una ave de rapiña. Y Dios dice: "Cuando tú lo veas, tú sabrás que yo hablé hace doscientos años de este día. He dicho que lo haría, y lo cumpliré." Y así ocurrió.
Entonces, cuando estamos hablando de la soberanía de Dios, ¿de qué estamos hablando? Escucha cómo A. W. Pink lo entiende y lo explica en su libro que lleva el nombre de La soberanía de Dios, doscientas cincuenta páginas dedicadas a hablar de la soberanía de Dios: "Decir que Dios es soberano es declarar que Dios es todopoderoso, el poseedor de todo el poder en el cielo y en la tierra, de manera que nadie puede deshacer su consejo, frustrar sus propósitos o resistir su voluntad. Decir que Dios es soberano es declarar que él gobierna a las naciones, subiendo reinos y derribando imperios y determinando el curso de las dinastías como a él le parece mejor. Declarar que Dios es soberano es declarar que él es el único potentado, el Señor de señores y el Rey de reyes." Así es el Dios de la Biblia.
Yo creo que la definición nos ayuda a entender de qué hablamos cuando decimos que Dios es soberano, pero yo creo que más que obtener la definición de Pink, sería mejor ver cuál es el veredicto de la Palabra, porque la Palabra es lo que Dios ha dicho de su soberanía: cómo opera, dónde opera.
En Génesis 1:1: "En el principio Dios creó los cielos y la tierra." Si Dios es el Creador de todo el universo, entonces él tiene la patente sobre el universo, y por consiguiente tiene la patente del planeta Tierra, y por consiguiente, otra vez, él tiene el derecho de tomar la tierra prometida y dársela a los judíos y quitársela a los cananeos, porque es suya. Él tiene ese derecho, él tiene esa autoridad. Él puede quitar reyes y poner reyes porque el planeta es suyo y todo lo que en él hay.
Y cuando uno de esos reyes se resistió, como Nabucodonosor, sabes que lo enfermó de la mente, lo puso a comer hierba por siete años. ¿Hasta cuándo y por qué? ¿Cuánto tiempo? Hasta cuando Nabucodonosor reconozca que el Altísimo gobierna sobre los reinos de los hombres y se los da a quien a él le place. Él tiene la autoridad, él tiene el poder. Daniel 4:32, claro que puede darle el reino a quien él quiera.
Hebreos 1:3: "Él sostiene todas las cosas por el poder de su palabra." Todas las cosas, no algunas cosas. Si tú entiendes eso, ahora yo puedo entender por qué Cristo puede venir más tarde y enseñar que dos pajarillos no se pueden caer al suelo sin su consentimiento, porque él sostiene todas las cosas por el poder de su palabra. De manera que cuando estos dos pajarillos se caigan, él dejó de sostenerlos y se cayeron. Tan sencillo como eso. Y Cristo le dice a los discípulos: "¿Por qué se preocupan, cuando ustedes valen mucho más que esos dos pajarillos?"
Hermanos, Dios sostiene todas las cosas por el poder de su palabra. La próxima vez que estés en un avión y haya turbulencia, ¿por qué te atemorizas? Si los dos pajarillos no se pueden caer, el avión tampoco. Y si Dios decretó que se cayera, ¿qué haces tú queriendo que no se caiga, si eso está ya decretado? Porque Dios lo va a dejar caer. Él sostiene todas las cosas por el poder de su palabra. Tan sencillo como eso.
Yo te conté en una ocasión con detalles, ahora lo voy a hacer muy rápido, que mi esposa y yo veníamos de Cuba en una ocasión, y de repente sonó un ruido bastante alto en volumen. Las azafatas se pusieron blancas como la leche, todo el mundo se paralizó, el avión bajó no sé cuántos cientos o no sé si varios miles de pies, perdió velocidad. Había un clac, clac, clac, clac, clac en algún lugar. Nadie habló, todo el mundo entró en silencio, y yo tomé la mano de mi esposa y le dije: "Señor, nos encontramos ahora." Lo mejor que me podía pasar era encontrarme con él. Yo venía para mi país a encontrarme con problemas; esto iba a sacarme de todos mis problemas finalmente.
Y si él sostiene todo por el poder de su palabra, entonces podía parar el sol en una ocasión y la luna para darle la victoria a los israelitas. Dice Josué capítulo 10, versículos 12 al 13. ¿Estás oyendo de qué clase de Dios estamos hablando?
Efesios 4:6 dice que él está por encima de todo y de todos. Con razón el salmista, que creyó estas cosas, dice: "Sabe que yo no voy a temer, aunque caigan mil a mi lado y diez mil a mi diestra, porque Dios está en control de todo lo que se mueve a mi alrededor." Absolutamente todo.
El pastor Reinaldo, ahora más temprano, mandó un mensaje temprano en la mañana, algo que acostumbramos a hacer entre nosotros. No lo hacemos todos a la vez, pero siempre hay uno que lo hace por otro cuando se va a predicar, recordándole algunas cosas y diciendo que está orando por él. No importa quién esté predicando, siempre hay alguien que recibe el mensaje. Y él me decía que yo siempre les recordaba que no hay malas noticias, porque las malas noticias para el cristiano, si ama a Dios, si ha sido llamado conforme a sus propósitos, cooperarán para bien. Son malas en su contenido, serán buenas en sus propósitos.
Si Dios está por encima de todos y de todo, ¿por qué temes a Satanás? Satanás puede andar suelto, pero no fuera de control, recuerda. Satanás necesita pedir permiso. Yo no sé si tú lo crees, pero está claro en la Biblia. Y si no lo crees, recuerda las palabras o la conversación de Cristo con Pedro: "Pedro, Simón, Simón, Satanás ha pedido permiso para zarandearlos." Y escucha lo que Cristo no dice. No dice: "No te preocupes, Pedro, que yo no lo voy a dejar que te zarandee." No, él le dice: "Pedro, yo he orado por ti para que después que te zarandee" —eso lo agregué yo, pero ese es el contenido— "para que después que te zarandee tú regreses y fortalezcas a tus hermanos." En otras palabras: "Yo le he dado permiso a Satanás que te zarandee, porque tú tienes que aprender algunas cosas, y después que te zarandee" —y ahora voy a agregar en buen dominicano— "bien zarandeado, yo haré que regreses." Pero él tiene que pedir permiso.
Hermanos, si tú estás bajo la sombrilla de Dios, ¿por qué temes a lo que Satanás pueda hacer o verter sobre ti? Recuerda que sean tronos, dominios, principados, potestades, todo está sometido a Cristo. Y recuerda que yo estoy en Cristo. Si tú eres cristiano —puede ser que no lo seas, quizás lo creas y no lo seas— pero si eres cristiano y estás en Cristo, nada puede llegar a mi vida sin que haya pasado por las manos de Cristo.
"Pastor, ¿y entonces la tentación?" Lo mismo. Si Dios no va a permitir que una tentación que yo no pueda resistir llegue a mí, ahora bien, si la permitió es porque yo podía resistirla. Y después que la permitió, él me dio la puerta por donde salir. Si yo no salí por ahí, ya las consecuencias dependen de mí y no de él.
Isaías 46:10 dice, ya lo leímos: "Yo declaro el fin desde el principio, y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho." Si Dios conoce el fin desde el principio —el fin, desde el principio— ¿qué hago yo preocupándome por el fin? Porque él no solamente lo conoce, él lo controla, él lo orquesta, él lo define. La preocupación nunca ha ayudado a una sola persona. Ha matado a mucha gente, ha controlado a muchos otros.
Cuando Cristo vino, él vino para perdonarme mis pecados, librarme de la culpa, pero vino también para que yo pueda vivir en sus caminos de santidad y no tenga que temer ni tener inseguridad y temores. La soberanía de Dios debiera ser el atributo que más tranquilidad deba causar o pueda causar a uno de sus hijos. Yo no creo que hay otro atributo que pueda traer más tranquilidad a los hijos de Dios que su soberanía: que la persona que fue a la cruz controla mi futuro y me dice que todas las cosas cooperarán para bien.
Déjame entrar un poquito en lo técnico. Brevemente voy a entrar por tres minutos y me salgo. La palabra traducida como "cooperarán" en el griego es synergéo, de donde viene nuestra palabra sinergismo. Cuando nosotros decimos en medicina que dos antibióticos actúan de manera sinergística, eso implica que el poder que ellos alcanzan de forma junta es superior al que cada uno tiene de manera separada.
Déjame ilustrártelo con algo más común que eso, porque es la misma idea. Si tú comes arroz en la mañana y comes habichuelas en la noche, el valor calórico de eso es muy inferior a que si tú comes arroz con habichuelas al mismo tiempo. El valor calórico de arroz con habichuelas al mismo tiempo se aproxima al valor calórico de la carne. Creación. Pero tiene que estar juntos.
Dios dice que él hace que todas las cosas cooperen para bien. Es algo que le está diciendo: "Yo hago interceptar personas, creyentes y no creyentes, con circunstancias, eventos, cosas, sucesos, accidentes, dones, talentos, oportunidades. Las hago interceptar para que de manera conjunta produzcan el mejor resultado para mis propósitos y para mis hijos." Escucha lo que está diciendo.
O sea, lo que Dios ha permitido hacer en IBI es el conjunto de personas con dones, talentos, llamados y oportunidades que Dios ha hecho que converjan en un lugar, de tal manera que sus propósitos puedan realizarse de la mejor forma posible. Eso es lo que implica "cooperarán para bien."
Pero como dicen en inglés, "and guess what," todavía es mejor, porque la palabra en griego para "bien" es agathón, que implica lo mejor. Dios va a hacer que todas estas cosas que mencioné se puedan interceptar para que produzcan el mejor beneficio que él pueda llevar a cabo a través de la historia humana.
Dios tomó la historia de las naciones paganas seculares en el pasado —los reinos de Babilonia, Medo-Persia, Grecia, Roma— y los interceptó de manera que cuando llegó la plenitud del tiempo, su Hijo vino y se encarnó de mujer, bajo la ley, y cumplió la ley, y lo hizo converger en la cruz. Ese es el Dios soberano.
Efesios 1:11: "Él obra todas las cosas según el consejo de su voluntad." Como dijimos la semana pasada, Dios nunca le ha pedido consejo a nadie. No se lo ofresca, que él no lo quiere ni lo necesita. Yo me recordaba en estos días —yo no tengo ese sitio y es bueno cómo lo recuerda semanalmente por lo menos—: él obra todas las cosas según el consejo de su voluntad.
Si es el caso, ¿qué hacemos nosotros tratando de orar para cambiar la voluntad de Dios? Ni Cristo se atrevió a eso. No, él sabía que si la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, la mejor oración que él puede hacer es: "Padre, que se haga tu voluntad y no la mía."
Además, si la voluntad de Dios es buena, cuando pides para que Dios la cambie de alguna forma, estás pidiendo que te dé una voluntad mala. Y si la voluntad de Dios es agradable, cuando tú pides para que Dios la cambie, estás pidiendo que Dios haga una voluntad que a él no lo va a glorificar y a ti no te va a bendecir. ¿Eso es lo que tú quieres?
Cuando Dios ha realizado en tu pasado algún evento, un hecho, y tú quisieras cambiarlo, lo que le estás diciendo a Dios es que tú tienes una mejor idea de ese hecho o evento del pasado que la que él tuvo, y tú quisieras que su voluntad perfecta se hubiese cambiado a una imperfecta que te iba a llevar por un camino de destrucción, muy inferior a donde tú estás.
Hermanos, Dios decretó mi salvación para que de ahí en adelante yo siga un curso de vida conforme a su voluntad santa. ¿Cómo yo lo sé? Primera de Tesalonicenses 4:3: "Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación." Cuando yo decido seguir el curso carnal de mi vida, yo puedo hacerlo, pero cuando las consecuencias llueven, ya no dependió de la voluntad directiva de Dios sino de su voluntad permisiva, porque Dios le da cierta libertad al hombre. Y cuando ocurran, no puedes decir que tú no lo sabías.
Isaías 45:7: "Yo soy el que forma la luz y crea las tinieblas." ¿Entendiste? La luz y las tinieblas. "El que causa bienestar y crea calamidad." Dios se responsabiliza. ¿Hubo una calamidad en la ciudad? Amós 3:6: "Yo lo he hecho. Yo soy el Señor y hago el que hace todo esto." Dios dice: "No hay bienestar y no hay calamidad que yo no haya orquestado. Yo me responsabilizo. Yo soy soberano. Yo controlo."
Job conocía esto, pero si tú lees su historia, de repente te percatas que Job y su esposa tenían dos entendimientos muy diferentes de la soberanía de Dios. Porque ellos perdieron sus diez hijos, ¿y qué hace Job? Job dice: "Jehová dio, Jehová quitó. Bendito sea el nombre del Señor." Y su esposa dice: "Maldice a Dios y muérete."
Job sabía de qué manera esta mujer había hablado y le dice a su esposa: "Como habla cualquier mujer insensata has hablado. Es una insensatez de tu parte." Escucha ahora la pregunta para su mujer: "¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?" En todo esto Job no pecó con sus labios.
Obviamente su esposa no conocía a Dios. Y lo increíble de este hombre es que este hombre que conoce a Dios tan bien para decir que eso que ha ocurrido —la pérdida de sus diez hijos— de alguna manera Dios es responsable, y que de ahí en más fue una decisión de Dios, Dios tiene el derecho para quitárselos, ese hombre dice al final de la historia: "Hoy yo no conocía a Dios. Yo lo conocía de oídas."
Entonces nosotros, hermanos —déjame leer un pasaje más—, Efesios 1:14: fuimos creados para la alabanza de su gloria. Si fuimos creados para la alabanza de su gloria, Efesios 1:14, Romanos 11:36: "Todo es de él, por él y para él." Eso implica que yo debiera rendir mi vida incondicionalmente a su gloria, porque yo no tengo ningún otro propósito de vida que no sea ese. Tú puedes emprender otro propósito que tú quieras; verás dónde terminarás.
Por otro lado, eso implicaría que mi vida debiera tener esa sola motivación: la gloria de Dios. Y que la mejor forma de proclamar su soberanía es viviendo para su gloria.
Quizás los versículos que he leído, que no son todos —pero tenemos un tiempo limitado—, quizás para algunos no sean suficientes para convencerlo de la soberanía de Dios.
Déjame hacer mención de alguna historia que tú conoces muy bien de la Biblia.
Dios es soberano sobre la naturaleza, de tal forma que cuando Él quiso, abrió las fuentes de las aguas e inundó el planeta entero. Es algo que dejó el planeta bajo el agua y permitió que ocho personas sobrevivieran. Y cuando Él entendió que el propósito del diluvio había terminado, levantó un viento recio y secó las aguas para que lo seco apareciera. Así controló la tormenta cuando Cristo caminaba sobre el mar embravecido.
Dios es soberano sobre el reino animal. Cuando el pueblo judío estaba en el desierto, se estaba quejando porque solamente estaba comiendo maná, porque la realidad era que no había más nada. ¡Solo eso! Dios escuchó su queja y dijo que les iba a dar codornices. ¿Sabes qué? Les dio tanta codorniz que llegaron hasta sus narices, ya no las podían soportar. Dios les dice a las codornices: "Vengan, alimenten a mi pueblo por el desierto, todas." Y en otra ocasión Dios tenía lo que parecía un profeta de Dios, pero que no era, de nombre Balaam. Y Dios le dice a la burra de Balaam: "Háblale a tu amo, porque tu amo es un hombre necio." Y la burra de Balaam le habló, y Balaam se puso a discutir con ella.
Dios es soberano sobre las decisiones de los hombres. Y lo dice Proverbios: el hombre ordena sus pasos o piensa sus pasos, pero Jehová los ordena. Tú quieres planificar algo, planifica lo que tú quieras. Las cosas ocurrirán, si van a ocurrir, en el orden que yo las decida.
Dios es soberano en el ejercicio de su poder conforme a sus propósitos. ¿Sabes qué? Cuando el pueblo judío necesitaba pasar el desierto y estaban atrapados, Dios les abrió el mar. Y luego, con el mismo poder, cerró el mar y ahogó a los egipcios. Con el mismo poder que lo abrió para unos, lo cerró sobre otros y los ahogó. Él es soberano de cómo Él ejerce su poder.
Dios es soberano en el ejercicio de su gracia. Él envía a Cristo al estanque de Betesda, cientos de enfermos, sanó a uno. Y sigue su camino como si no hubiera más enfermos. Dios es soberano en el ejercicio de su gracia cuando de elección se trata. Dios eligió a la nación de Israel y no a ninguna otra nación, y le dijo claramente que ella no tenía ninguna razón para haber sido elegida. Eran el más pequeño de todos los pueblos y no tenían nada hermoso. Pero Dios dice: "Porque los elegí, decidí amarlos." Y de Jacob dice: "A Jacob yo amé y a Esaú aborrecí", porque yo soy soberano en el ejercicio de mi gracia y de mi elección.
Dios es soberano, y aquí es donde las cosas comienzan a ponerse un poco más difícil, en el ejercicio de la voluntad pecaminosa de los hombres. En el Antiguo Testamento, libro de Génesis, te encuentras un hecho increíble. Abraham no había aprendido algunas cosas de Dios y llegó a Egipto, y miente. Abraham no tenía libro de Proverbios que dice "Jehová aborrece la boca mentirosa", pero él miente. Le dice al faraón que su esposa era su hermana. Y llegó la noche, y Abimelec, pensando que era la hermana de Abraham, estaba a punto de cometer adulterio con ella, y Dios se le aparece en un sueño. Le dice: "Ahí no, no toques esa mujer, tiene esposo." Y él va donde Abraham al otro día, lo reprende. Y dice: "¿Por qué me hablaste mentira? Yo pequé contra el Dios de los cielos." Dios intervino y evitó que Abimelec pecara de esa manera.
Cuando David pecó con Betsabé, Dios no solo no impidió, no se le apareció en sueño, no le habló, y lo dejó pecar. Y luego vinieron las consecuencias sobre su descendencia en gran manera y por muchos años. Más que un misterio, por lo menos en ese caso, yo creo que hay algo que salta a la vista. Abimelec no tenía la idea de Dios que nos vino a dar después. Abimelec no conocía al Dios de los cielos. Abimelec no era hijo de Dios. David tenía la ley de Moisés. Abimelec no sabía tampoco que esa mujer tenía esposo. David sabía que esa mujer tenía esposo, y aun así mandó a matarlo. Tenía la ley de Dios, era hijo de Dios. Y Dios, en el ejercicio de su voluntad permisiva, como controla las acciones pecaminosas de los hombres, como decía, no evitó a David lo que sí le evitó a Abimelec. El corazón de David había venido endureciéndose.
Escucha este testimonio del miércoles pasado para los que no estuvieron aquí. En mi mente se me había olvidado, yo lo tenía originalmente como para ver si lo podía usar hoy. Y el pastor Reynal lo había traído, me lo recordó entre cultos. Me dijo: "¿Te acuerdas de esta historia? Quizás te puede ayudar." Y igual se me estaba pasando. De hecho, Dios es tan soberano que este micrófono hizo muchísimo ruido en el primer culto, ya eliminaron el primer servicio para usar este, de manera que esta historia va a quedar en esta. Y a los que ustedes se quedaron aquí la oyeron.
Esta joven de 15 años, la última que se bautizó, dio un testimonio que puso a llorar a todo el mundo. Hasta los adolescentes me dijeron después que estaban llorando. Resulta que su madre, cuando ella tenía una edad de 4, 5 o 6 años, no sé exactamente qué, a veces la dejaba en el parque y se iba, no sé si a trabajar o a hacer qué, en un parque, no en una casa. Su papá no estaba casado con su mamá en ese momento. Su papá quería a su hija y no encontraba forma de cómo tener a su hija para darle un hogar cristiano, su papá era cristiano, y para darle protección. Y resulta que un día su mamá la tomó y la llevó a una acera en frente de la casa de su tío, y obviamente la dejó ahí y se desapareció, la abandonó. Su tío la tomó y se la llevó a la casa de su padre.
Hoy, la conclusión de esta joven de 15 años: "De la misma manera que Dios endureció el corazón de Faraón, Dios endureció el corazón de mi madre para que me abandonara donde me abandonó, de tal manera que yo pudiera llegar a la casa de mi padre, que estaba orando para que yo llegara hasta él." ¿Tú estás viendo? Tú estás viendo, 15 años y entiende la soberanía de Dios mejor que muchos maestros de la Palabra.
La pregunta es: ¿cómo Dios endurece el corazón? Porque Dios no es autor de pecado, eso es un axioma. No, Dios, en su voluntad permisiva, permite cosas y tú te vas haciendo menos sensible al pecado, y así es como ocurre. Hay una combinación de que el pecado en el que estás lo disfrutas cada vez más y tienes menos deseo de abandonarlo, cada vez más, cada vez más, cada vez más. Y al mismo tiempo tienes menos convicción, menos convicción, menos convicción del pecado que una vez te dio mucha convicción. Y esta niña dice: "Eso fue lo que Dios hizo con mi madre, hasta que me abandonó completamente."
Yo no quiero que creas ahora que nosotros los hombres no tenemos ningún rol, porque ya acabo de decir de varias maneras que sí tenemos un rol que jugar. Pero el rol que jugamos en llevar a cabo los propósitos de Dios es un rol que Dios nos capacita para llevarlo a cabo. Y por otro lado, mi libertad de la voluntad tiene un límite. Es como cuando te montas en un avión y tú vas para la República Dominicana o para Nueva York. Tú tienes la libertad de orar, de no orar, de leer, de no leer, de dormir, de pelear, de cantar, de usar una computadora, de no usarla, de comer, de no comer, tienes todas esas libertades. Lo que tú no le puedes decir al piloto es: "Mira, en esa islita que está ahí abajo, para allá es que yo quiero ir, déjame aquí y sigue para Nueva York después", porque hay un plan soberano que está por encima de tus planes particulares. Entonces, claro que nosotros jugamos un rol vital y tenemos una libertad de movimiento, pero cuando mi libertad de movimiento choca con los propósitos eternos y soberanos de Dios, hasta ahí llegó el límite, y ahí tienes que devolverte.
¿Qué fue lo que le pasó a Jonás? Dios, en la historia de Jonás, ilustra su soberanía sobre las fuerzas de la naturaleza: Él levantó la tormenta, dice el texto. Dios movió al pez para que se tragara a Jonás, Dios movió al pez para que vomitara a Jonás. Dios lo controla todo. Y Dios puede hacer eso porque Él tiene, no solamente el poder, Él tiene el derecho, tiene la autoridad, Él tiene la sabiduría, Él tiene la omnisciencia, pero Él tiene la bondad, el amor para convencerte, para convencerte de que su amor y su soberanía no están divorciados a favor de los suyos. Su soberanía no es arbitraria, su soberanía es santa y está respaldada por su amor.
Déjame cerrar con una historia. Yo conté esta historia aquí, mi récord en la computadora dice que yo la conté en el año 2010. De manera que en el 2010 había gente que estuvo y no está aquí, aquí hay gente que está hoy pero no estuvo en el 2010, en el 2010 hubo gente que ya se le olvidó, hay otros que se le olvidó, la recuerdan mal, y otros que necesitamos oírla otra vez.
Ella tenía 18 años, estoy leyendo esta historia real, y él tenía 19 cuando se conocieron. Se enamoraron y un año más tarde estaban casados. Seis años y tres niños más tarde, ella decidió, mientras estaba parada frente al fregadero de la cocina con una pila de platos sucios y otra pila de pañales sucios en el suelo, que ella no podía soportar esto más. Ella se quitó el delantal y se fue. De vez en cuando ella llamaba para ver cómo estaban los niños. En esas ocasiones él le hablaba de cuánto la quería y le pedía que regresara, pero ella no regresaba.
Después de unos días él contrató un detective para encontrar a su esposa. El reporte decía que ya estaba viviendo en un hotel de segunda clase en Des Moines, Iowa. Él empacó, le pidió a unos vecinos que cuidaran de los niños y tomó un autobús para Des Moines. Él encontró el hotel y encontró la habitación. Él tocó la puerta con las manos temblorosas porque no sabía qué tipo de recepción tendría. Su esposa abrió la puerta, se quedó parada mirándolo en shock, y luego cayó sobre sus brazos. Ella regresó.
Más tarde, ya con los niños acostados, él le preguntó: "¿Por qué no me dijiste dónde estabas cuando llamabas? Tú sabes que te amo. ¿Por qué no regresabas a casa?" Ella respondió: "Antes, tu amor eran solo palabras. Ahora yo sé cuánto me amas, porque viniste."
El Dios soberano no solamente te ha hablado de su soberanía y de su control. Él vino, Él se encarnó, Él —permíteme decirlo— Él se metió en un útero por nueve meses, como si fuera un humano común y corriente. Y tú sabes qué, cuando Él vino, Él no solamente habló bonito. Cualquiera puede hablar bonito cuando tiene algo que conseguir de la otra persona, cuando tiene algún beneficio que obtener. No, Él no solamente habló bonito. Él vino y después que vino, Él actuó bonito, por así decirlo. Él se humilló, Él lavó los pies, Él fue a la cruz, Él dio su vida por ti, sin tener ningún beneficio que tú y yo pudiéramos devolverle, con la única intención de darte algo de Él, o mucho de Él, o todo de Él, con la única intención de enriquecerte.
¿Qué te dice eso? Que su soberanía no está divorciada de su amor, porque Él estuvo dispuesto a encarnarse para buscarte, y Él vino y te buscó. Y ahora suponte que Él tocó la puerta, ella abrió la puerta, se encontró con otra persona, le ofreció cómo quiera venir, como Oseas a Gomer, y que ella le hubiera dicho: "No, yo prefiero quedarme con mi amante." Eso es lo que ocurre cuando Cristo, que vino y ha tocado tu puerta, tú lo rechazas como incrédulo —porque quiero hablarnos a los dos— tú lo rechazas y dices: "No, yo prefiero mis amantes del mundo."
Al final del primer culto vino un joven, bien joven, y me dijo un poco lloroso: "Yo tengo un problema." "Cuéntame." "A mí me gusta el mundo y yo sé que no debiera hacer esto, pero a mí me gusta el mundo, yo no sé qué hacer." Y bueno, yo entiendo que te gusta el mundo porque no conoces a Dios, o quizás piensas que lo conoces, pero no lo conoces. Por tanto, vete donde Dios, confiésalo, pídele perdón. Él lo sabe: "A mí me gusta el mundo, me gustan los placeres, pero yo no tengo cómo vencerles, de manera que yo te pido que me ayudes y que te olvides de lo que yo deseo, y que Tú puedas literalmente perdonar mis pecados en base a la sangre que Cristo derramó, y yo pueda recibir tu perdón, y que Tú puedas hacer Señor de mi vida por encima de lo que yo quisiera hacer. Apropíate de mí en todo el sentido de la palabra."
No pasó un minuto y vino otro joven, un poquito más de más edad. Me contó básicamente la misma cosa y hablamos de lo mismo, porque si no tienes a Dios, no puedes vencer el pecado. El pecado te vencerá una y otra vez, pero si Dios está en ti y tú rindes tu voluntad, Él va a ejercer su señorío por arriba de ti. Eso pasó con Oseas.
Ahora, con nosotros los cristianos, hermanos, si eres cristiano y el Espíritu mora en ti, Cristo ha reclamado tu corazón completamente, tu mente y tu voluntad. No a medias, no a veces, no intermitentemente, y Él se considera Señor de esos tres lugares, por así decirlo: tu mente, tu corazón, tu voluntad. Por eso Él dice: "Amarás al Señor con toda tu mente, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo lo que tú eres." Pero cuando yo decido no rendir todo eso a Cristo y solo doy a mis amantes del mundo, en esencia le estoy diciendo: "No gracias, Tú puedes volver después, yo voy a seguir en Des Moines, Iowa, en este hotel por un tiempo."
Pero Dios no lo va a recibir, porque Dios prefiere que seamos fríos o calientes, pero no tibios. Y Dios no usa cualquier lenguaje; le dice a la iglesia de Laodicea: "Por eso te vomitaré de mi boca." Hermano, la soberanía de Dios tiene todo que ver con el señorío de Cristo, todo que ver con el señorío de Cristo, y nada que ver con los deseos que yo quiero. Tenemos tentaciones, sí. Que tenemos deseos, sí. Que tenemos cosas que quisiéramos hacer, sí. Eso no va a parar hasta que entremos en gloria completamente. Pero ¿tenemos algún derecho de dedicar una parte de mi mente, de mi corazón, de mi voluntad, a otra cosa que no sea Cristo? Ese derecho tú no lo tienes, yo no lo tengo. Y Él reclama, Él proclama su soberanía y reclama su señorío. Y si luego sufro las consecuencias, no puedo decir que no lo sabía.
Padre, gracias. Gracias porque Tú eres bueno en ti mismo, pero eres bueno cuando te lanzas a buscar a los tuyos y los reclamas. Yo te pido, Dios, en esta mañana, que si hay alguno como estos dos jóvenes que conversaron conmigo, que reconocen que les gusta el mundo y no pueden dejar algunas cosas, y que reconocen que no te conocen, que ellos hoy puedan decir: "Señor, perdóname. Dame salvación. Yo sé que quizás yo ni la quiero, pero sabes qué, Dios, yo te digo: dame salvación, pon en mí el deseo de quererte a ti. Perdóname mis pecados, que son muchos." Y que Tú puedas hacer el Señor y Salvador de ellos a partir de este día en adelante.
Si alguno de nosotros, Dios, que ya te ha proclamado, que ya se ha identificado contigo, ha querido compartir su mente, su corazón, su voluntad con otros dioses —o como Tú los llamas en el caso de Israel, amantes— porque Tú eres nuestro único amante, Dios, entonces yo te pido que nos perdones. Que hoy es un día de definición, donde yo reconozco que el señorío de mi mente, de mi corazón, de mi alma y de mi voluntad te pertenece. Yo no es que te la voy a ceder, porque es tuya; yo voy a rededicarte lo que es tuyo. Tú eres mi soberano Salvador; ayúdame a honrar mi soberana salvación.