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Sermones

La disciplina y la santidad de la iglesia

Miguel Núñez 4 mayo, 2008

La palabra "iglesia" aparece solo dos veces en los evangelios, ambas en Mateo. La primera vez, Cristo promete edificar su iglesia sobre la roca y garantiza su victoria. La segunda vez, la usa en el contexto de algo que ha caído en desuso pero que resulta vital para la salud del cuerpo de Cristo: la disciplina eclesiástica. Si la iglesia fue llamada con un llamamiento santo, entonces preservar esa santidad no es opcional, y el proceso que Cristo establece en Mateo 18 existe precisamente para eso.

La disciplina no es castigo; es amor. Hebreos 12 enseña que Dios disciplina a quienes ama, como un padre al hijo en quien se deleita. La iglesia que no disciplina a sus miembros los trata como hijos ilegítimos, no como hijos verdaderos. El objetivo nunca es hacer pagar por lo que Cristo ya pagó, sino restaurar la comunión con Dios y proteger tanto al que pecó como al resto del cuerpo. El pastor Núñez lo expresa con urgencia personal: "Si me ves en pecado mañana, no me dejes. Ven con uno, ven con dos, ven con diez, pero ven."

El proceso comienza en privado, de hermano a hermano, buscando que el asunto termine ahí. Si no hay arrepentimiento, se amplía gradualmente: primero dos o tres testigos, luego la iglesia. Y si aun así la persona rehúsa escuchar, se le trata como incrédulo. Pero arrepentimiento bíblico no es solo sentir remordimiento; es devolverse al punto de partida. Si robaste, devuelves lo robado. Si adulteraste, reconstruyes lo dañado. Sin ese regreso concreto, el proceso debe continuar. Lo que la iglesia ate en la tierra queda atado en el cielo, y lo que desate queda desatado. Dios respalda completamente este proceso cuando se lleva conforme a su Palabra.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La palabra iglesia solamente aparece en los evangelios en dos ocasiones, y de hecho solamente aparece en un evangelio, en el Evangelio de Mateo, en dos ocasiones. Queríamos de entrada en esta serie cubrir esos dos textos donde aparece esa palabra, porque entendemos que si Cristo la usó en el contexto de su enseñanza y fueron las únicas veces en que habló acerca de esta iglesia, esto debió haber tenido una importancia extraordinaria que no debemos pasar por alto.

Mencionamos la semana anterior que ante la confesión de Pedro, cuando Pedro le dice: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", Cristo responde: "Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella". Ahí aparece la palabra iglesia por primera vez, y Cristo garantizando la victoria de eso que Él comenzaba a levantar.

Dijimos la semana anterior también que si tú no amas la iglesia, a quien tú puedes ver, no es cierto que tú puedes amar a Cristo, a quien no puedes ver. O dicho de otra manera: si no amas la novia, no amarás al novio.

La segunda vez que Cristo menciona la palabra iglesia lo hace un par de capítulos más tarde en Mateo, y la usa para referirse a algo que ha caído en desuso, que es poco apreciado, que es de poco interés en la iglesia de hoy en día, y sin embargo para Cristo tiene una importancia vital. Y si tú tienes en mente que dijimos la semana anterior que las dos primeras características de esa iglesia con la cual Cristo contrajo matrimonio es en primer lugar que fue una iglesia llamada desde toda la eternidad, y en segundo lugar que nosotros fuimos llamados con un llamamiento santo, si tienes esta última característica en mente entenderás perfectamente bien por qué la próxima vez que habla de la palabra o de la institución iglesia lo hace en el contexto de ejercer algo que tendría que preservar la santidad para la cual fuimos llamados.

Me estoy refiriendo precisamente a un pasaje sumamente conocido para todos nosotros y que aparece en Mateo 18. Es la disciplina de la iglesia. Es el pasaje que mantiene la iglesia pura y santa, y es el proceso que la iglesia se supone que debe ejercer para que la iglesia pueda tener el poder del cual habló Cristo a sus apóstoles, que recibirían antes de salir de Jerusalén. La iglesia que carece de poder carece de santidad; el poder de una iglesia depende de su santidad.

Cuando la prioridad número uno de la iglesia es la koinonía de los miembros, esta iglesia no va a tener ningún interés en la santidad del cuerpo de Cristo. Cuando la prioridad número uno de esa iglesia es crecimiento numérico, no es verdad que esta iglesia se va a tomar el riesgo de disciplinar a sus miembros. Cuando la prioridad número uno incluso de la iglesia es evangelizar, no va a haber la preocupación, la pasión por la santidad del cuerpo de Cristo de la misma manera que si tu prioridad fuera la gloria excelsa del nombre de Dios.

Yo creo que no es un accidente el hecho de que tan pronto la iglesia comenzara a crecer, inmediatamente después de los primeros tres mil conversos, tú comienzas a ver la primera acción disciplinaria de la iglesia en los Hechos. Poco tiempo después de los tres mil conversos vienen Ananías y Safira, y mienten al Espíritu de Dios, y se caen muertos simplemente por haber mentido. Dios sabía que la iglesia estaba en un punto crucial de su fundación y que ese pecado en la zapata contribuiría a derrumbar la iglesia.

Nosotros sabemos en la iglesia de Corinto, en Primera de Corintios 11, cómo personas que fueron al cuerpo de Cristo y participaron indignamente de la cena del Señor, como algunos dicen del texto de Pablo, se cayeron muertos y otros enfermaron. ¿Te das cuenta de la necesidad en la mente de Dios de mantener este proceso vivo a lo largo de la historia de su iglesia? La sobrevivencia de la iglesia de Cristo depende de este proceso.

Mateo 18, versículo 15: "Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia. Y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. Además os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidáis aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

El pasaje que yo acabo de leer es un texto clásico, es el texto al que todos apelan cuando tenemos que hablar de lo que es la disciplina de la iglesia. Y sin embargo, son múltiples los pasajes que hacen referencia a esta acción tan necesaria para la iglesia de todos los tiempos. Cuando tú revisas la historia de esa iglesia te das cuenta que esa práctica era mucho más común en el pasado que en el presente. Yo creo que cabe la pregunta entonces: ¿cuál es la razón o las razones por las cuales esta práctica ha caído en desuso?

Yo creo que hay varias razones que pudiéramos mencionar. En primer lugar, en la medida en que los líderes de la iglesia de Cristo han perdido el interés por la santidad de ese cuerpo, en esa misma medida nosotros hemos visto una disminución de esta práctica con sus consecuencias necesarias.

En segundo lugar, en la medida en que nosotros nos hemos vuelto mucho más egocéntricos, cuando alguien trata de disciplinarme la pregunta con frecuencia surge: "¿Quién eres tú para meterte en mi vida privada?" Yo decía que en primer lugar es Cristo quien ha diseñado este proceso para que la iglesia, por su mandato, por su diseño, pueda precisamente introducirse en lo que son las vidas privadas. Pero aún más, es interesante y chocante a veces cómo personas que están en problemas quieren tu consejería, con lo cual te abren el corazón, te cuentan sus intimidades, y por tanto te han dado el permiso de entrar a su vida interior y privada, hasta que tú dices en un momento dado: "Eso requiere disciplina de iglesia", y de repente: "¿Quién eres tú para meterte en mis asuntos privados?"

Número tres: en la medida en que el hombre se ha ido despegando de Dios, ha comenzado a temerle más al hombre antes que a Dios. Y el miedo a la crítica, el miedo al qué dirán, el miedo a que se vacíe la iglesia, el miedo a que se demande a la iglesia, son las cosas que han hecho que los líderes de la iglesia de Cristo, temiendo más al hombre que al Señor de la obra, hayan comenzado a dejar en desuso una práctica fundamental para la iglesia del Señor.

Diez años de iglesia no es una historia muy larga; muchos van mucho más adelante que nosotros. Comenzamos con quince personas, hemos practicado la disciplina por diez años, y la iglesia se ha ido llenando porque Dios ha ido agregando cada día a aquellos que son salvos.

El pasaje de hoy contiene múltiples enseñanzas, pero yo no quisiera entrar a ese pasaje hasta que nosotros no entendamos algunas cosas fundamentales de lo que la disciplina de iglesia es y de lo que no es. Y precisamente yo quiero comenzar enseñando acerca de lo que la disciplina de la iglesia no es, porque muchas son las confusiones en la mente de las ovejas y de los líderes de muchas de las ovejas.

En primer lugar, la disciplina no es una medida de castigo. Nunca, nunca es una medida de castigo. Hebreos 12, a partir del versículo 6: "Porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Es para vuestra corrección que sufrís. Dios os trata como a hijos, porque ¿qué hijo hay a quien su padre no disciplina? Pero si estáis sin disciplina —escúchenme— si estáis, iglesia, sin disciplina de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos".

La iglesia que no disciplina a sus miembros no está viendo a los miembros como hijos; les está viendo como bastardos, como hijos ilegítimos, y por eso le tiene poco amor, poca importancia a cómo vayan sus vidas. La disciplina es una evidencia de mi amor por ti, hermano. La disciplina es una evidencia del amor de Dios para con nosotros. Dios sabe que si no somos disciplinados, muchas serán las consecuencias que vendrán en mi dirección, y Dios en su amor, tratando de evitarme las consecuencias, ha diseñado procesos a lo largo de mi camino para que yo pueda ser detenido antes de que las consecuencias puedan llegar a mi persona. Eso es una demostración del amor de Dios.

Ahora, cuando yo comienzo a ver a los miembros de la iglesia como meros visitantes, como meras cabezas a quienes puedo contar para luego tener un récord numérico, o como personas que pueden donar dinero para la iglesia, cuando los comienzo a ver así, yo pierdo por completo el deseo de disciplinarlos. No me interesaría para nada que se me fueran donantes, cabezas que luego pueden disminuir los ingresos y los números de la iglesia para fines de las estadísticas. Pero cuando los miembros de la iglesia son amados como hijos, sus desvíos, sus caídas, sus pecados te duelen como un padre.

No sabes cuánto dolor causa el pecado de una oveja a quien Cristo compró, a quien tú has amado a través de Cristo. Tú no sabes cuánto duele ver la oveja separada de Dios. Te duele ver la oveja sufriendo las consecuencias que no necesitaría sufrir. La disciplina ha sido diseñada para traerte a tener comunión con Dios.

Hebreos 12, versículo 10: "Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad". Cuando yo peco y tú me dejas en mi pecado, tú me dejas que me aparte.

Cuando me aparto no tengo comunión con Dios. Cuando no tengo comunión con Dios, cometo un pecado tras otro, uno peor que el otro. "No me estás amando, me estás rechazando." Bueno, si me dejas en pecado. Por el amor de Dios, te lo ruego, no me dejes en mi pecado. ¡Ven y mérmelo, ven y confróntame! ¡Ven con uno, ven con dos, ven con diez! No me importa, pero ven, no me dejes ahí lejos de Dios. No me dejes lejos de su comunión, lejos de su bendición, lejos de su mano. Quiéreme más. ¡Ámame más! Demuéstrame que me amas. Demuéstrame que mi alma te importa. Demuéstrame que mi dolor te importa. No me dejes en disciplina, por Dios.

La Palabra de Dios dice que Él nos disciplina para que participemos de su santidad. Con lo cual nos deja ver que Dios quiere formar un carácter santo que permita comunión con Él. Dios en su santidad tiene una inhabilidad de relacionarse con el pecado, lo odia, no lo quiere ver. Y Dios sí quiere verme porque soy su hijo. Y Él quiere, entonces, que yo tenga comunión con Él, pero necesito santidad para eso.

Hebreos 12: al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo sino de tristeza. No hay una sola persona que haya sido disciplinada que en el momento se haya sentido gozosa, contenta. Siempre causa dolor, siempre causa tristeza. Si le causa dolor y tristeza al pastor, ¿no le causará dolor y tristeza a la oveja que está siendo disciplinada? Pero a los que han sido ejercitados por medio de ella les da después, después, fruto de justicia, fruto de santidad que le permita entonces volver a tener su relación con Dios en el lugar que la oveja quiere tenerla.

Yo quiero creer que tú quieres comunión con Dios, y si tú quieres comunión con Dios, tú tienes que permitir que Dios use los medios que Él ha diseñado para traerte a esa comunión. El que se somete a la disciplina de Dios, posteriormente su carácter es santo. El que no se somete a la disciplina de Dios termina en el lado opuesto: su carácter se hace cada vez más pecaminoso.

La disciplina es un diseño de Dios. En las manos que Dios tiene en su creación hay cinco agentes diferentes disciplinarios, no es la iglesia solamente. Yo voy a dejar la iglesia de último para que tú entiendas precisamente qué tan importante es para Dios en su creación y su obra el proceso de disciplina.

Dios ha diseñado cinco agentes disciplinarios. Los primeros son tus padres. A la edad de uno, dos años yo no conozco a Dios, no conozco su ley, no la entiendo, no la puedo discernir, no la puedo seguir; mis padres me disciplinan.

El próximo agente disciplinario en la medida que crezco es Dios mismo. Escucha cómo en Proverbios 3:12 se habla de los padres terrenales y del Padre celestial a la vez como agentes disciplinarios. Proverbios 3:12: "Porque el Señor al que ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita." Ahí está el Padre celestial y los padres terrenales. Uno reprende al otro de la misma manera que los primeros padres reprenden a esos hijos en quienes se deleitan. Los padres que gozan a sus hijos, se ríen con sus hijos, brincan con sus hijos, tienen comunión con sus hijos, se deleitan en ellos, esos mismos padres tienen la responsabilidad y el llamado de disciplinarlos.

Nuestros padres, Dios. La tercera persona soy yo mismo. Dios entiende que yo puedo ser un agente disciplinario para mi vida. De hecho, el apóstol Pablo nos dice en 1 Corintios 9:27 que él abofetea su cuerpo para no ser descalificado al final. Para yo no tener que sufrir las consecuencias que mi pecado pudiera imponerme, yo no voy a permitir que los deseos de mi carne se enseñoreen sobre mi vida, y voy a abofetear, a golpear mi cuerpo, todo lo necesario. Yo voy a ser un agente disciplinario de mi propia vida.

Los padres, Dios, yo mismo, el gobierno, el Estado. Romanos 13, versículos 3 y 4: el que resiste al ordenado por Dios —refiriéndose al Estado— a Dios y a sus propósitos se opone. El Estado no en vano lleva la espada como agente precisamente vengador, dice Romanos 13, como agente disciplinador en las manos de Dios.

Y el último agente disciplinario que la Palabra de Dios menciona es la iglesia donde Él nos ha colocado. ¿Te das cuenta la preocupación que Dios tiene precisamente con mantener el orden, la disciplina, la santidad de aquello que Él ha creado?

En el pasaje que leímos, a su momento yo quiero entonces, con esa introducción, hacerte una serie de observaciones vitales para que entiendas la importancia de esto que Dios ha dejado instituido.

La primera observación que quiero hacerte es cómo el pasaje nos deja ver la preocupación que todo creyente debe tener dentro del cuerpo de Cristo por el ejercicio de esta disciplina. Que esta acción disciplinaria no es algo que comienza por los líderes o el pastor, que esto es algo que debe comenzar por cada uno de nosotros. "Si tu hermano peca..." ¿Ve y díselo al pastor? ¡No! ¿Ve y díselo a los líderes? ¡No! ¡Ve y repréndelo! Confróntalo.

Cuando la Palabra me dice que yo veo a mi hermano en pecado, que vaya y le reprenda, es porque la Palabra entiende que yo, si amo a mi hermano, tengo la responsabilidad de ir a hablarle de aquello que le está alejando de Dios y que le va a traer consecuencias. No lo dejes en su pecado. ¡Ve! No te quedes donde estás. ¡Ve! No seas cómodo. ¡Ve!

¿Que los pastores o los ancianos somos los confrontadores oficiales destinados por el Reino de los Cielos? ¡No, no lo somos! Nosotros no somos los bateadores destinados de los equipos de pelota. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de ir donde el hermano que está en pecado y confrontarlo. A nadie le gusta confrontar. A usted no le gusta menos que a mí. Si a usted le gusta confrontar, véame al final, usted necesita consejería. Es un proceso doloroso, engorroso, pero si amo a mi hermano tengo que hacerlo. Ya te dije, si me ves en pecado mañana no me dejes, por favor, te lo ruego. ¡Oy, no me dejes en mi pecado! Por el amor de Dios, no quiero estar lejos de Él por un segundo. Ámame más, te decía.

En segundo lugar, en el pasaje que leímos hoy nota la privacidad inicial del proceso. La privacidad inicial, subrayado, de este proceso. Ve y repréndelo a solas. En este primer momento no hay necesidad de divulgar el pecado, la falta, la transgresión. En este primer momento no hay necesidad de ir más allá de ese primer hermano. Apenas hemos comenzado el proceso. La idea es que este hermano se pueda arrepentir en ese momento y ahí terminaría todo. Pasó el pecado, pasó la confrontación, terminaron las consecuencias, quizás nunca llegaron las consecuencias. Esta es la razón para comenzar de esa manera. El pastor ni siquiera tiene que enterarse, los ancianos tampoco. Esto puede terminar ahí siempre y cuando yo me haya detenido.

En tercer lugar, nota el objetivo de este proceso: la reconciliación del hermano que pecó contra Dios y contra la iglesia donde él está. "Repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano." El objetivo del proceso es ganarme al hermano, no es castigar al hermano. Sería una cosa totalmente anti diseño de la cruz querer imponer castigo por los pecados que ya mi Señor pagó. La disciplina no es una medida de castigo. No me hagas pagar lo que Dios ya pagó. Eso no implica que no me van a disciplinar, pero la motivación no es que yo pague por lo que hice. Sería antibíblico, anticruz, sería un pecado incluso querer hacer que el otro pague por algo que ya mi Jesús pagó. La disciplina de la iglesia tiene otros motivos, pero no es pagar por lo que ya Jesús pagó dos mil años atrás.

Cuarto, nota que en la medida en que ese hermano o hermana se resiste, se rebela, no responde, no es sensible a la primera voz que Dios le hizo oír, cómo inmediatamente esa persona comienza lamentablemente... La primera consecuencia de su pecado es esta: empieza a perder la confidencialidad, la privacidad, porque ahora Dios me autoriza a que lo que yo sé como una única persona, yo tenga que ir acompañado de un segundo o un tercero. Mi privacidad la he comenzado a perder. Esa es la primera consecuencia de mi pecado.

La idea de que vayan dos o tres es para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos, dice el versículo 16, para que estos hermanos extra puedan hacer varias cosas: clarificar los hechos, tratar de producir más convicción en la persona que está en pecado, ayudarle a entender lo que hasta ahora no ha entendido, y aumentarle la presión de tal manera que esa presión pueda convencerla precisamente de que no continúe por donde va, porque va a cosechar mayores consecuencias. Si te escuchan, en ese momento terminamos, has ganado a tu hermano, no hay más de qué hablar, nadie más tiene que enterarse.

Versículo 17: "Y si rehúsa escucharlos, al uno y luego a los dos o tres, dilo a la iglesia." Ahí está la Palabra: dilo a la iglesia. Nota ahora cómo mi privacidad se ha quebrantado. Nota cómo lo que comenzó con uno pasó a dos o tres y ahora va a pasar a la iglesia. Eso es parte de la consecuencia de no haberme detenido donde Dios quería que yo me detuviera.

La idea entonces es que estas personas de la iglesia que más conocen, que más cerca están de la persona que está caminando indebidamente, puedan hablarles, y al hablarle ellas, recibir mayor presión, mayor convicción, para ver si no tenemos que llegar a las últimas consecuencias. Dios nunca, nunca se deleita en disciplinar a sus hijos, pero tiene que hacerlo. Y el proceso está diseñado para evitar consecuencias futuras.

Ahora, al decirlo a la iglesia, diferentes iglesias que practican esta práctica porque creen que es fundamental para la sobrevivencia del cuerpo de Cristo lo hacen de diferentes maneras. Algunas simplemente le informan a toda la congregación, de manera que cualquiera en la congregación que quiera en un momento dado llamar a ese hermano o a esa hermana, precisamente procurando que haya convicción de pecado, lo pueda hacer.

Así como nosotros entendemos que necesitamos preferiblemente asesorarnos de quiénes son las personas del cuerpo de Cristo, como representantes de ese cuerpo, que más conocen a estas personas. ¿Cuáles serían las personas a quienes ella o él con más probabilidad quisiera escuchar? ¿Quiénes son las personas que más influencia pudieran tener? Los amigos de la iglesia representan los familiares de la iglesia, los amigos de la iglesia, las personas que fueran parte de un ministerio en particular. Y a esos les comunicamos lo que ha pasado y la necesidad de ir, llamar, enviar un email, tratar de verle personalmente, tratando de que este proceso todavía pueda detenerse. La idea es tratar de conseguir el arrepentimiento.

Y este yo creo que es el momento preciso para hablar y definir lo que es el arrepentimiento. Yo creo que la mayoría de los problemas, de los disciplinados y de los que disciplinan, radican precisamente en que no entendemos lo que es arrepentimiento a la luz de la Biblia. No es lo mismo que remordimiento, y no es tan difícil de entender.

Pedro y Juan, miembros de esta iglesia, vienen aquí esta mañana delante de ustedes, por así decirlo, para ilustrarlo. Ustedes lo van a ver perfectamente bien. Pedro le ha robado diez mil pesos a Juan. Son miembros de la iglesia, han venido al pastor. Estamos tratando de reconciliarlos. Pedro, ¿es cierto que tú le has robado diez mil pesos a Juan? Sí, pastor. Delante de todos tus hermanos, ¿lo admites? Sí, pastor. Pedro, ¿te arrepientes de haberle robado diez mil pesos a tu hermano Juan? Sí, pastor. Delante de tus hermanos, ¿te arrepientes? Sí, pastor. Pedro, ¿le puedes tú pedir perdón a Juan por haberle robado diez mil pesos? Sí, pastor. Ponte aquí de frente a tus hermanos, pídele perdón a Juan. Juan, te pido perdón por haberte robado diez mil pesos. Pedro, ¿puedes devolverle los diez mil pesos a Juan? No, pastor. Vamos a tener que continuar con disciplina de iglesia. No lo entiendo, yo me arrepentí. No entiendes lo que es el arrepentimiento bíblico.

Arrepentimiento bíblico no es remordimiento. Oye cómo el diccionario —busqué esto anoche para ser preciso— define lo que es remordimiento: una inquietud o malestar que se siente después de haber cometido una acción censurable. Me siento mal, tengo un agrio en mi paladar después que hice lo que hice, pero no estoy dispuesto a regresar al punto de partida. En el sentido de la palabra hebrea, arrepentimiento es que yo iba por un camino y entonces yo me devolví a mi punto inicial donde comencé, de manera que si robé los diez mil pesos, después de pedir perdón yo tengo la responsabilidad de tomar los diez mil pesos de mi bolsillo y regresarlos al bolsillo donde yo los encontré. Me devolví en U. Hasta ese entonces yo no me he arrepentido.

Si usted roba, usted tiene que devolver lo robado. Si usted adulteró, usted pide perdón y se propone hacer lo indecible por reconstruir lo que usted ha dañado. Eso es arrepentimiento. Para que lo que Dios unió no lo separe el adúltero, no lo separe el hombre. Y eso es importante que nosotros lo entendamos.

¿Tú crees que es fácil caminar a través de estos procesos? Tú no sabes cuánto nos cargamos. Cuánto lloramos a veces. Yo no sé si a ti te pasa cuando uno de tus hermanos se accidenta. Yo no sé si tú lloras por él. Yo no sé si tú te cargas con él. Yo no sé si tú te entristeces. Yo no sé si tú pierdes sueño, pero yo te puedo decir que al pastor, al verdadero pastor de ovejas, le pasan todas esas cosas. No hacemos esto porque lo disfrutamos. No hacemos esto porque estamos locos por hacer esto, porque hace tiempo que no lo hacemos. Hacemos esto con dolor en el alma. Pero si amamos la iglesia, si amamos a Cristo, si amamos su ley, y amamos al hermano porque en Cristo Dios nos une, yo no tengo otra opción que ir y disciplinar a mi hermano para que él no tenga que sufrir peores consecuencias.

Pero hay hermanos, personas, que aun después de la iglesia llamarlos, rehúsan oír a la iglesia. A ver, el versículo 17, segunda parte: "Y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil, el recaudador de impuestos." Si no escucha a la iglesia, trátalo como un inconverso, trátalo como si no conociera a Dios.

Pastor, pero ¿por qué tan severo? Escúchame, por el amor de Dios. Dios entiende que este proceso está diseñado no solamente para detener las consecuencias, para evitar mayor dolor sobre el que ha pecado; tiene también, del diseño, el saber quién es quién. Si tienes el Espíritu de Dios en ti y has pecado, cuando el hermano viene la primera vez, que también tiene el Espíritu de Dios en él y te habla, el Espíritu que está dentro de ti te muerde, te presiona y te da convicción. Pero si no te arrepentiste, Dios te envía a dos o tres otros hermanos con el Espíritu de Dios dentro. Y si tú tienes el Espíritu Santo dentro y estos dos o tres hermanos también tienen el Espíritu Santo dentro, cuando estas personas, todas con el Espíritu, se enfrentan, Dios entiende que el Espíritu que está dentro del que ha pecado va a comenzar a aumentar la presión para que él pueda arrepentirse.

Pero si eso no da resultado, Dios entonces dice: pues envía a más personas con el Espíritu Santo dentro de ellos, para que ellos vayan, le llamen, le confronten. Esa es mi iglesia, representantes de la iglesia. Dios entiende entonces, cuando esa iglesia se moviliza —cinco, diez, quince, tres, cuatro, dependiendo de la cantidad y del tamaño de la iglesia— enviados de la persona y le hablan, que si esa persona verdaderamente tiene el Espíritu de Dios dentro, en ese momento va a escuchar. Y Dios dice: si no escucha, trátalo como si no fuera un creyente. Con toda probabilidad —nota que no dije con toda certidumbre—, con toda probabilidad no es creyente. Dios, sabiendo los juzgadores que somos, nos da el permiso, transcurrido el proceso bíblicamente, nos da el permiso para decir: es un incrédulo. ¿Y qué haces tú con un incrédulo? ¿Le das una patada? No, le predicas el satisfacer. Porque no lo conoce, necesita nacer de nuevo.

Cuando ese proceso es llevado bíblicamente como la Palabra manda, nota lo comprometido que Dios está con el proceso. Dice, ¿cómo Dios lo endosa? Nota hasta dónde Dios está dispuesto a comprometerse con lo que se ha hecho aquí abajo. Que Dios dice en el versículo 18: "En verdad os digo, todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. Además os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."

Lo que Dios está diciendo... Este texto no tiene nada que ver con los propagadores del evangelio de la prosperidad, que mis bendiciones yo tengo que atarlas y desatarlas. Este texto entero tiene única y exclusivamente que ver con la disciplina de la iglesia. Si siguen mi proceso descrito hasta ahora, hasta el versículo 17, en el versículo 18 inmediatamente pegado a él, dice Dios: lo que atéis en la tierra, yo lo dejo atado en el cielo. Yo lo reconozco, yo he ordenado el proceso, yo sé lo que hago. Si te vas de la iglesia, quedas atado. Si te vas a una cuarta y quinta iglesia, quedas atado. La única manera de deshacerte de esa atadura es si tú te sometes y completas la disciplina que la iglesia te echó en el primer lugar.

Cuando ese hermano se arrepiente, si es hermano; se convierte, si no lo era; y vuelve de regreso a la iglesia, entonces Dios y la iglesia dicen: hermanos, nuestro hermano que estaba atado ha quedado desatado hoy, nos regocijamos con él. Dios dice: él ha quedado desatado en el cielo también. Y si él se va a otro lugar, a otro país, él se va en libertad.

No importa cuán grande o cuán pequeña es la iglesia. Por eso es que dice: si dos se reúnen en mi nombre, en el contexto de la disciplina, y se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa —no es cualquier petición, cualquier acción disciplinaria llevada a cabo bíblicamente—, si se ponen de acuerdo, yo lo voy a reconocer en los cielos. Es como que Dios está diciendo: las iglesias no son todas iguales, no están todas en la misma cultura, no todo el mundo tiene el mismo trasfondo; por tanto, yo no les voy a decir qué les van a imponer, pero lo que le impongan a través de oración, a través del proceso, yo lo voy a reconocer aquí en los cielos. Y lo voy a desatar cuando ustedes lo desaten.

Si esa persona entonces no se somete, es expulsada. Guau. Ella queda a la merced de sus propios deseos y designios. No hay nada más terrible que quedar a la merced, sin restricción de Dios, de mi propia voluntad. Esa es la esencia de cómo Dios endurece el corazón del hombre: no es introduciendo pecado en su vida, es simplemente quitándole los frenos que él normalmente nos tiene, y ahora nos quita los frenos de tal manera que yo quedo libre en el ejercicio de mi voluntad, porque eso es lo que yo he decidido a lo largo de este proceso. Y Dios dice: yo endoso esto, lo que haces quedará atado. Si la iglesia es pequeña, si es un misionero lejos que tiene un grupo de diez, si dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estaré ahí.

En el libro de Apocalipsis hay un evento relatado donde nosotros vemos a siete iglesias que están siendo disciplinadas por Cristo. ¿Tú has leído el pasaje con detenimiento, cómo dice que Cristo estaba en medio de ellas, pasándole revista a su iglesia? Cristo está en medio de nosotros, pasándonos revista. Y Cristo quiere saber si nosotros estamos dispuestos a seguir su ley, sus ordenanzas, para que su iglesia pueda mantenerse en santidad.

Aquellas cosas que atentan contra la salud, la moral, la estabilidad, la unidad de la iglesia son las cosas por las cuales la Palabra misma nos instruye a disciplinar. Es muy importante: ¿qué cosas vamos a disciplinar? Por las cosas que la Palabra nos instruye a disciplinar. Número uno: acciones o palabras que dividan la iglesia. Número dos: pecados que corrompen la moral o la pureza de la iglesia.

Número tres, pecados de difamación de la iglesia o de los líderes de la iglesia. Número cuatro, falsas doctrinas.

Tito 3:10: "Al hombre que causa división, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo". Pero así tan rápido... Bueno, quizás no es tan rápido. No puedes divorciar a Tito 3:10 de Mateo 18. Sigue el proceso de Mateo 18, pero no necesitan amonestarlo 50 veces. Esto que está pasando atenta contra la unidad de la iglesia. No puedo dejar caer mi iglesia, el instrumento de redención número uno por diseño y de elección de Dios para hacer su obra. No la puedo dejar caer porque me costó mi propia sangre. Es demasiado preciada para mí. La división no puede ser tolerada. Los que quieren dividir el cuerpo de Cristo tienen dos chances: uno y dos. Romanos 16:17 habla de la misma acción.

¿Pero dónde está la compasión en la misma acción? La compasión está en la misma acción por dos razones. Estoy tratando de sacudir a este hermano diciéndole: "Hermano, ahora devuélvete, arrepiéntete, no sigas, vas a cosechar consecuencias peores". Por lo que aquí, hermano, tengo compasión de que él no sufra por eso. Y número dos, la compasión está por el resto del cuerpo de Cristo. Cuando el pecado es permitido dentro, como el espíritu de Jezabel fue permitido en un grupo de personas en una de estas iglesias de Apocalipsis, Dios terminó juzgando toda la iglesia por haber permitido que ese hermano o grupo de hermanos que necesitaban disciplina fueran permitidos dentro de la iglesia y dejados allí, con lo cual trajeron mayores consecuencias, no sobre uno, no sobre los indisciplinados: justos por pecadores.

John MacArthur, en uno de sus sermones acerca de la disciplina de la iglesia, dice que aquellos que no practican la disciplina de la iglesia tienen muy poco aprecio por la santidad de Dios, una baja apreciación por las Escrituras y una baja apreciación de la ley de Dios. Una de las razones por la cual la Palabra nos instruye a disciplinar es la división en el cuerpo.

Primera de Corintios 5:9 en adelante nos deja ver otras razones: "En mi carta os escribí..." Lo que nos deja ver que Primera de Corintios realmente es Segunda de Corintios; hubo una carta anterior que se perdió. "En mi carta os escribí que no anduvieseis en compañía de personas inmorales". Escucha lo que Pablo dice ahora: "No me refería a la gente inmoral de este mundo, a los avaros y estafadores o a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo". Alguien me decía, me preguntaba recientemente: "Pastor, estoy jugando con un grupo de inconversos, ¿puedo jugar con ellos?" Tendría que salir de este mundo entonces. Pablo dice: "Yo no me estoy refiriendo a que no os juntéis con la gente del mundo que son inmorales, avaros, estafadores; eso es lo que el mundo es y no te puedes salir de este mundo".

Pero lo que Pablo continúa diciendo: "Sino que en efecto os escribí que no anduvieseis en compañía de ninguno que, llamándose hermano..." Ahí está, es una persona "inmoral o avaro o idólatra o difamador o borracho o estafador; con ése ni siquiera comáis". Obviamente, después de seguir Mateo 18. No lo puedes divorciar, no puedes oír algo y decir: "Ah bueno, es un estafador, expulsado". Eso no es así. Mateo 18 está ahí para guiarnos. Terminado el proceso, resulta que esta persona permanece sin arrepentirse, que sería la razón para la disciplina pública. Entonces, si es culpable de uno de estos delitos, los cuales todos son mencionados bajo la sombrilla de inmoralidad, pecados que corrompen la moral del cuerpo, entonces necesita disciplinársele. Con tales ni siquiera comas. Si no nos podemos juntar con ellos es porque no pueden venir a la iglesia, y si no pueden venir a la iglesia es porque ya se ha hecho uso de Mateo 18 o han quedado expulsados, no antes.

El hermano que se arrepiente no necesita ser expulsado. El hermano que se arrepiente no necesita sentarse en la última fila de atrás. El hermano que se arrepiente, yo quisiera que esté en la primera fila y que esté más cerca de mí que nunca. Él necesita restauración, él necesita ayuda, él necesita sanación, él necesita que le fortalezcamos, necesita que corramos con él, que le levantemos. Gálatas 6:1 dice que lo hagamos con un espíritu gentil, con un espíritu de ternura si tú quieres, el hermano que se ha arrepentido. Que aquellos de nosotros que nos creamos más fuertes, que entonces levantemos a los más débiles.

De acuerdo a ese pasaje que yo leí de Primera de Corintios 5, entonces una de las razones para disciplina pública son pecados que corrompen la moral de la iglesia, y había varios ejemplos. La fornicación es uno de esos pecados; atenta contra la pureza de la iglesia. El adulterio es uno de esos pecados; atenta contra la estabilidad de la familia. Si desestabilizamos la familia, desestabilizamos la iglesia, por compuesta por familias. Si desestabilizamos la familia, desestabilizamos la sociedad entera como la que está, como la que vivimos hoy, que también está compuesta de familias. Por eso la unidad de la familia está apreciada ante los ojos de Cristo. Y es por eso que es una de las cosas que la iglesia necesita preservar con todo esfuerzo.

Número tres, una tercera razón para disciplina es la difamación de personas. Está dentro de esos pecados que Pablo menciona bajo la sombrilla de inmoralidad, pero pudiera perderse entre ellos. La difamación de otros, y sobre todo la difamación del cuerpo de Cristo, y aún más la difamación de los líderes del cuerpo de Cristo. Pablo le dice a Timoteo en Primera a Timoteo 5:19 que no oigas una acusación contra un anciano a menos que hayan dos o tres testigos. Estos testigos que oigan la acusación, si no hay testigo que conozcan la acusación... Porque Dios conoce el daño que se le hace al cuerpo de Cristo cuando sus líderes son desacreditados por personas que quizás están en pecado.

Número cuatro. La enseñanza de doctrinas falsas es otra razón para disciplina pública cuando no ha habido arrepentimiento. Primera de Timoteo 1:20: "Entre los cuales están Himeneo y Alejandro, a quienes he entregado a Satanás para que aprendan a no blasfemar". Estas dos personas fueron entregadas a Satanás. Cuando tú lees el resto de lo que el Nuevo Testamento tiene que decir, te das cuenta que esto implica expulsarlos de la iglesia, de tal manera que lamentablemente han quedado desprovisto de la protección, la bendición, los medios de gracia que Dios provee a través de su iglesia. A veces es esa acción final la que posteriormente termina haciendo devolver al individuo.

En Primera de Corintios 5 había un hermano en la iglesia de Corinto que estaba viviendo con la mujer de su padre. Mi padre y Pablo le dice: "A ustedes debió haberle dolido el pecado de él". Por eso te preguntaba hace un rato: ¿Te duele a ti el pecado de tu hermano? ¿Lloras tú por él? ¿Te cargas con él? ¿Pierdes sueño con él? ¿Vas delante del trono de Dios e intercedes por él o por ella? Por el amor de Dios, hazlo. Es tu responsabilidad y es la mía. Esto no es cosa de una sola persona, ni nuestra cosa de los líderes. Nosotros tenemos la responsabilidad, todos, de preservar la santidad del cuerpo de Cristo y la responsabilidad de amar al hermano para no dejarlo en su pecado. Si tu hermano peca, repréndelo; no te quedes ahí haciendo nada.

Este hermano fue expulsado de la iglesia de Corinto y se arrepintió. Se arrepintió, volvió. Y Pablo les dice en Primera de Corintios: "Ustedes, en vez de dolerles y entristecerse, se están orgullosos de que lo tienen ahí entre ustedes". Pues, hermano, cuando él se arrepintió y volvió, no querían recibirlo. Y Pablo les dice en Segunda de Corintios: "Yo no lo entiendo ahora. El hermano ya se arrepintió y ahora no quieren recibirlo. Quitadle ya su disciplina para que la carga no sea demasiado para él". El proceso rindió su efecto.

Esa es la idea. No ha terminado Dios necesariamente cuando expulsa a alguien. Todavía hay esperanza de que la expulsión te haga recapacitar, de que levantes los pies, de que puedas apreciar lo que perdiste y que te puedas convertir en unos casos, reconciliar en otros.

Llevamos a cabo la disciplina para corregir acciones pecaminosas que, si no son interceptadas, terminarán cosechando... Pecado, recuerda alguna de las leyes del pecado que les he dado: que el pecado engendra pecado. Peco de una forma y continúo pecando para ocultar el pecado. Número dos, el pecado siempre me lleva más allá de donde yo quiero ir. Número tres, una vez llego donde estoy, el pecado me mantiene allá más tiempo de lo que yo quería estar. Número cuatro, termino pagando un precio mucho más alto del que yo quería pagar o pensé pagar. Número cinco, me alejo en mis términos pero tengo que regresar en los suyos. Me alejo en mis propios términos pero tengo que regresar en los términos de Dios. Una más: yo escojo mi pecado pero Dios escoge mi consecuencia.

Por el amor de Dios, considérate a ti mismo, considera los tuyos, pero considera a tu hermano. Ámale lo suficiente para reprenderle. Disciplinamos para corregir, y disciplinamos para proteger al que está en pecado. Cuando vas y le reprendes, la idea es protegerlo para que no tenga que perder la confidencialidad. Una vez que la pierde, es aún mayor cuando vamos a la iglesia, y luego no tenga que sufrir las consecuencias. Es una medida de precaución, de protección para él y para el cuerpo de Cristo, porque cuando tú no detienes eso, lamentablemente entonces una poca cantidad de levadura ha hecho perder toda la masa. Necesitas proteger la pureza de la iglesia.

Finalmente, disciplinamos para reivindicar el nombre de Dios, su causa, su gloria, su novia que le costó sangre. Hermanos, tú no sabes cada vez que nos ha tocado hacer esto cuánto duele, cuánto pesa, cuánto entristece el tener que hacer esto. Pero si amo a Cristo, si amo su ley, si amo su iglesia y te amo a ti, no tengo otra alternativa. Es para nuestro bien que Dios nos disciplina, para que podamos participar de su santidad.

Cuando te veo lejos, cuando te veo sufriendo la lejanía que tienes del Señor, me duele. Oro a Dios, le pido que te traiga. Cuando confiesas me duele, cuando te arrepientes me alegro. Cuando te veo regresar me alegro, te abro los brazos. Alguno de ustedes me escucha, no sabes cuánto. Si puedo besarte, te beso. No hay mayor gozo que ver a alguien que se ha alejado regresar. Ya sea porque el proceso le ha hecho regresar, porque Dios soberanamente de una u otra manera quizás no le permitió pasar por el proceso, lo regresó Él mismo. ¡Gloria a Dios!

Pero tú tienes una responsabilidad que compartir conmigo. No todo tiene que llegar a mí, tú puedes hacer tu parte y descargarme. Tú puedes. Hay cosas que yo no sé, hay cosas que yo no necesito saber, hay cosas que no quiero ni saber. Si está en tu círculo, resuélvelo tú con uno, con dos, y se terminó ahí.

Cuando no ocurre así, hermanos, lamentablemente cosas que ocurren en la vida de las ovejas van perdiendo la confidencialidad, tienen que informarse al cuerpo de Cristo. Es más penoso aún cuando el mundo tiene que enterarse. Un divorcio comienza en secreto, termina en las cortes. Primera de Corintios 6 prohíbe a un hermano llevar a otro hermano a la corte. Pablo usa la palabra "incluso", "¿cómo te atreves?" Es precisamente lo serio que esto es: que el cuerpo de Cristo sea difamado entre incrédulos.

"¿Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene algo contra su prójimo, a ir a juicio ante los incrédulos y no ante los santos?" ¿Se atreven los hijos de Dios a estar en esa situación y no resolver sus problemas aquí adentro, y tener que irse a las cortes con abogados que nos representan, a enterar a los incrédulos, a manchar el nombre, la causa de la novia de Cristo ante los incrédulos? Que se enterarán mis abogados, se enterará el juez, se enterarán los que están ahí. ¿A dónde? ¿A qué? Peligroso. Ya perdí el escrúpulo.

Hermanos, tienes que amar la causa de Cristo más. Tienes que amar a su novia más. Tienes que amar a tus hijos más. Las consecuencias no se paran conmigo, las consecuencias continúan. He quedado atado, mi próxima generación, la segunda, la tercera. Yo he quedado atado por un proceso. Hermanos, detente, o detengámonos.

Cárgate con el pecado del hermano. Si le amas más, llorarás más por él, le confrontarás más, estarás dispuesto a pasar por este proceso, haciéndolo tú o tú pasando por él. No me dejes en mi pecado. Activa Mateo 18 si tiene que ver conmigo, por favor, y no lo pares hasta que no complete mi arrepentimiento.

Padre de la gloria, te alabamos, te bendecimos, te glorificamos. Te amo, gracias por tu Palabra, Dios. Por tu instrucción, por tu ley, por tu cuidado, por tu amor para conmigo, Dios, para con cada uno de tus hijos. Padre, en el nombre de Jesús, sensibiliza esta iglesia a tu santidad. Haz que nosotros nos amemos más los unos a los otros, para que podamos confrontar al hermano en tu amor, con tu verdad, buscando la comunión de él contigo, Dios, una vez más, acercándolo a ti. Que nos duela en sus consecuencias, nos duela lo que sufre tu novia cuando algo así ocurre, Dios. Padre, ayúdanos a hacer de esto una responsabilidad de todos.

Padre, vamos a tomar unos segundos de reflexión y vamos a terminar así, en silencio y en reflexión. Habla tú con Dios. ¿Necesitas perdón? Pídeselo. ¿Necesitas entendimiento? Pídeselo. ¿Necesitas decisión? Pídeselo. ¿Necesitas humillarte? ¿Necesitas más amor? Pídele a Dios que te lo dé. ¿Necesitas más responsabilidad, más valor para confrontar? Pídeselo. Este es el momento. Y este será el final, esta reflexión que estamos teniendo. Queremos que te vayas reflexivo a tu casa. Queremos que te vayas entendiendo más, amando más, conociendo mejor.

Padre, gracias. Gracias por ministrarnos. Gracias por ministrarme, Dios. Te pido, Dios, que no quites nunca la pasión por tu iglesia, por la santidad de tu nombre, y por la vida de santidad de tu hijo, tu oveja, que me has dado para que cuide. No quites nunca el peso de cuidar por su vida, el peso de velar por su vida. En Cristo Jesús. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.