Integridad y Sabiduria
Sermones

La distracción: la estrategia número uno del enemigo

Miguel Núñez 7 junio, 2009

La estrategia más efectiva del enemigo no es el ataque frontal, sino la distracción. En Nehemías 6, los enemigos de Israel intentan cuatro veces que Nehemías abandone la construcción de la muralla para reunirse con ellos en el llano de Ono. La invitación parecía inofensiva, incluso conciliadora, pero Nehemías discernió la verdadera intención: apartarlo de su misión. Su respuesta fue siempre la misma: "Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender". Este hombre tenía su norte bien trazado y sabía que todo lo que no correspondía a su visión debía quedarse a un lado.

Lo que distingue a Nehemías es su capacidad de permanecer enfocado a pesar de la persistencia implacable de la oposición. El enemigo es recurrente, obstinado y tenaz, y con frecuencia el cristiano cede antes que él. Pero la Escritura promete que si resistimos al diablo, él huirá. Nehemías resistió cartas abiertas diseñadas para esparcir rumores falsos, acusaciones de rebelión, e incluso un profeta pagado para empujarlo a pecar entrando al templo donde no tenía derecho. En cada caso, su respuesta no fue la queja sino la oración: "Oh Dios, fortalece mis manos".

La muralla fue terminada en apenas cincuenta y dos días, y las naciones paganas reconocieron que aquella obra solo pudo haberse hecho con la ayuda del Dios de Israel. No hubo grandes hombres detrás de este logro, sino un gran Dios trabajando a través de un simple copero convertido en líder. La grandeza de Dios siempre se refleja en la pequeñez del hombre que confía en Él.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Nehemías 6, versículo 1.

"Y aconteció que cuando se les informó a Sanbalat, a Tobías, a Gesem el árabe y a los demás enemigos nuestros que yo había reedificado la muralla y que no quedaba ninguna brecha en ella, aunque en aquel tiempo yo no había asentado todavía las hojas en las puertas, Sanbalat y Gesem enviaron un mensaje diciendo: Ven, reunámonos en Quefirim, en el llano de Ono. Pero ellos tramaban hacerme daño. Y les envié mensajeros diciendo: Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender, porque habrá de detenerse la obra mientras la dejo y desciendo a vosotros. Y cuatro veces me enviaron mensajes de la misma forma, y yo les respondí de la misma manera."

"Entonces Sanbalat me envió a su siervo en la misma forma por quinta vez, con una carta abierta en su mano. En ella estaba escrito: Se ha oído entre las naciones, y Gasmu dice, que tú y los judíos estáis tramando rebelaros; por eso reedificas la muralla. Y según estos informes, tú vas a hacerte su rey. También has puesto profetas para anunciar en Jerusalén acerca de ti: Un rey está en Judá. Y ahora llegarán a oídos del rey estos informes. Ahora pues, ven, consultemos juntos."

"Y envié un mensaje diciendo: No han sucedido esas cosas que tú dices, sino que las estás inventando en tu corazón. Porque todos ellos querían amedrentarnos pensando: Ellos se desanimarán con la obra y no será hecha. Pero ahora, oh Dios, fortalece mis manos."

"Cuando entré yo en la casa de Semaías, hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, que estaba encerrado allí, él dijo: Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen a matarte; vienen de noche a matarte. Pero yo dije: ¿Huir un hombre como yo? ¿Acaso uno como yo entraría al templo para salvar su vida? No entraré."

"Entonces me di cuenta de que ciertamente Dios no lo había enviado, sino que había dicho esa profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat le habían pagado. Le pagaron por esta razón: para que yo me atemorizara y obrara de esa manera y pecara, y ellos tuvieran un mal informe de mí y pudieran reprocharme. Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat conforme a estas obras suyas; también de la profetisa Noadías y de los demás profetas que estaban atemorizándome. La muralla fue terminada el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días."

Padre, gracias una vez más por tu satisfacerPalabra, por su inspiración, por su dirección, por su confirmación. Gracias por tu Espíritu que la inspiró, por tu Espíritu que la hace nueva y la renueva en nosotros cada día. Gracias por poner en nosotros el querer y el hacer. Quiero pedirte ahora que inspire tu siervo a la predicación de tu Palabra, de una manera que pueda taladrar nuestros corazones y hacer sensibles nuestros oídos, doblegar nuestras voluntades. Permite, Dios, que salgamos de este lugar de una forma distinta a como entramos. Te lo pedimos en el nombre poderoso de Aquel que murió por los suyos. Amén.

Yo creo que para aquellos que han venido siguiendo esta serie, este capítulo suena como los anteriores. Una vez más, Nehemías está en medio de acusaciones, en medio de la oposición. Y se halla lo que llama la atención, yo creo, en esta serie, en este libro de Nehemías: es la persistencia de la oposición y al mismo tiempo la tenacidad de Nehemías.

Yo creo que uno de los problemas del cristiano con frecuencia es que él no es tan persistente como su enemigo. Y una de las características de ese enemigo es que cuando él comienza a acosar a uno de los hijos de Dios, él se muestra persistente, recurrente, insistente, obstinado y tenaz. Y no importa si eso es Satanás en el desierto con Cristo, tentándolo por cuarenta días. Durante cuarenta días, continuamente siendo persistente, recurrente, obstinado y tenaz. O si es alguien que está siendo usado por él de tal manera que me pueda hacer caer. Pero en cualquiera de los casos, uno de los problemas es que el hijo de Dios con frecuencia no es tan persistente como el enemigo lo es en su ataque.

Y la pregunta solamente es: ¿quién persistirá más tiempo? La Palabra de Dios claramente nos dice: resistid al diablo y él huirá de vosotros. Es exactamente lo que Cristo hizo por un tiempo. Solo necesitas resistirle y llegar al tiempo en que él tendrá que huir. Pero si cedes, y lamentablemente esa es la historia de la mayoría de los hijos de Dios, ceden antes que el enemigo. Yo encuentro que el cristiano lamentablemente se cansa muy fácil, que él pierde su esperanza muy rápido y que él deja de confiar en Dios al doblar de cualquier esquina. Y esto es lo que tú no ves en la vida de Nehemías.

Nuevamente tú tienes a Tobías, a Sanbalat, a Gesem tramando contra él. Ya habían tratado de hacer eso anteriormente. Ellos han tratado de parar este proyecto de construcción, no han podido, están frustrados. La frustración es precisamente que esta muralla ha continuado su avance a pesar de nuestra oposición. Y quizás no solamente estaban frustrados, sino que estaban amedrentados o inseguros. Como hemos venido diciendo precisamente, pensando en la razón que buscan por su condición: que si Nehemías está reconstruyendo esta muralla y está fortificando la ciudad, tiene que haber alguna intención en el corazón de Nehemías, quizás de hacerse él o convertirse él en el líder de la región. Y todo eso está produciendo mucha irritación, un prurito si tú quieres, en el corazón, en la mente de estos enemigos, y están una vez más oponiéndose a este proyecto.

"Y aconteció," dice el versículo 1, "que cuando se les informó" —¿quién les informó? Ya veremos— "a Sanbalat, a Tobías, a Gesem el árabe y los demás enemigos nuestros que yo había reedificado la muralla y que no quedaba ninguna brecha en ella, aunque en aquel tiempo yo no había asentado todavía las hojas de las puertas, Sanbalat y Gesem me enviaron un mensaje diciendo: Ven, reunámonos en Quefirim, en el llano de Ono. Pero ellos tramaban hacerme daño."

La invitación parecía ingenua, inofensiva. Parece que es una invitación a conciliar quizás. "Reunámonos," ese "nos," como que nos da la idea de que esa gente quería dar la impresión de poder aunar esfuerzos con Nehemías, o llegar a una cierta reconciliación. Sin embargo, Dios de alguna manera le hizo entender a Nehemías que el propósito era uno completamente distinto: era uno de hacerle daño.

Yo decía que si ciertamente nosotros hemos sido llamados a ser personas que pensamos bien del otro, y que somos personas que hemos sido llamadas a ser bien intencionadas, que no es menos cierto que Cristo nos dejó las siguientes palabras en Mateo 10:16: "Mirad, os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas."

Y he ahí lo que sale a relucir del liderazgo de Nehemías: es su astucia. La habilidad para manejarse en medio de la opresión externa, de las injusticias sociales internas, de la división, del chisme, la calumnia, la mentira, la exageración, y navegar en esas aguas turbulentas sin que el barco se inunde, sin que sufra daño, y poder salir airoso.

No es fácil ser astuto y manso a la vez. La astucia va a requerir la sabiduría de Dios, y sabiduría no es lo mismo que inteligencia. La inteligencia puede conocer todas las opciones; es la sabiduría la que conoce la opción a tomarse en cada caso en que se requiera una decisión, y la diferencia entre una y otra es monumental. Por otro lado, la astucia, si no va acompañada de humildad, puede causar mucho daño. De ahí que tú necesitas la astucia de la serpiente, la mansedumbre de la paloma, y esa es la combinación a la que Cristo nos llamó.

Recordemos que los tiempos que Nehemías está viviendo son muy difíciles. Como decíamos en el capítulo anterior, vimos cómo les enfrentó a los nobles, a los poderosos, a los que tenían por la usura que estaban cometiendo. Cómo les enfrentó también porque estaban esclavizando a sus propios hermanos. Y esta gente cedió, pero como vamos a ver al final del capítulo, ellos no quedaron necesariamente contentos con Nehemías. Esta gente comenzó a intercambiar cartas con Tobías, de tal manera que estos tiempos fueron difíciles: presiones externas, usura, injusticia social, asociaciones de príncipes y nobles con Tobías, el enemigo. De manera que ahora Nehemías está en el medio, como si fuera un sándwich, entre sus hermanos judíos y nobles que tienen relaciones con su enemigo Tobías del otro lado de la ecuación.

Pero de la misma manera que llama la atención la persistencia de la oposición, a mí por lo menos me llama poderosamente la atención lo enfocado que Nehemías permanece a pesar de todas las distracciones que hemos venido viendo y que estamos comentando en el día de hoy. Fue imposible desviar a Nehemías. Cuatro invitaciones vinieron a reunirse, a conciliar, a hacer una reunión, y cuatro veces Nehemías les responde de la misma forma. Este hombre tenía su norte bien trazado. Sabía lo que quería, sabía para dónde iba, sabía lo que tenía que hacer, y esa es la razón por la que una y otra vez ellos no fueron fructíferos en su esfuerzo de desviarlo.

He dicho, claro, su visión. Y visión es eso: singularidad de propósito. Y esa es la manera como el líder necesita pensar para conocer en qué dirección él debe ir. Todo el tiempo es la visión la que te va a decir en qué dirección tú debes permanecer. Si no tienes una visión, con frecuencia vas a comprometer la dirección en la que vas. Vas a ser distraído. Pero cuando tú tienes claro qué es lo que Dios te ha pedido que hagas, entonces las distracciones del momento pueden ser dejadas a un lado, y eso es exactamente lo que Nehemías supo hacer en cada momento.

Y la pregunta sería: ¿qué necesito hacer, qué necesito conocer para yo poder ser un Nehemías? Alguien que no se distrae fácilmente, alguien que no se desenfoca, alguien que tiene dirección clara de para dónde va. Yo creo que hay varias cosas que se requieren. En primer lugar, necesitas una visión claramente definida. La visión, una vez más, es singularidad de propósito. Te dice qué hacer y te dice qué no hacer. Te dice no solamente qué hacer, te dice incluso cómo hacerlo.

Y es precisamente cuando tú entiendes tu visión, que puedes decir: "Eso no está dentro de mi visión, estas reuniones no son parte de mi visión", porque mi visión es completar esta obra que, hasta que no ocurra, mantendrá la ciudad en estado vulnerable. Esta gente quizás quería una alianza como la habían establecido con los nobles. Nehemías tenía claro: eso no es parte de mi visión. Dios no me ha enviado a hacer alianzas con las naciones paganas, de tal manera que estas invitaciones no representaban para él una verdadera tentación. Tú eres tentado cuando tienes deseos por hacer cosas que hoy no estás haciendo y que la tentación te invita a explorarlas. Nehemías no fue tentado en esa dirección porque él sabía qué es una obra parte de su visión, del plan de Dios.

"Pastor, pero yo ni siquiera sé cuál es mi visión de vida." Bueno, eso es posible. De hecho, es más que posible. Yo creo que es la realidad de la mayoría de la gente, aun del cristiano. Yo creo que hay dos razones principales por las que esa realidad es así y no de otra manera.

En primer lugar, tú tienes que emplear tiempo en reflexionar, no simplemente leer la vida, reflexionar con Dios acerca de tu vida de tal manera que puedas entender qué Él está tratando de comunicarte con relación a lo que Él quiere para ti. Y la mayoría de los cristianos —hablando del cristiano porque el incrédulo no lo va a hacer— no pasa tiempo de reflexión con su Dios.

Pero hay algo más, y esa es todavía más importante. No hay manera de que Dios quiera revelarme su visión cuando mi corazón aún no está preparado para recibirla. Moisés no recibe la visión de Dios hasta que Dios trabajó en él por cuarenta años en el desierto. Abraham no recibe la visión de Dios hasta que Dios preparó el corazón de Abraham para la gran visión. Y muchas veces parte del problema está en que yo le estoy pidiendo a Dios que me revele su voluntad, pero al mismo tiempo yo quiero verla primero para luego decidir si la voy a hacer. Y Dios dice: "¿Por qué debo yo revelar mi voluntad a una persona que no quiere hacerla, o a una persona que no me confía, que quiere saber primero en qué consiste, cuál es la forma de mi voluntad, para él luego o ella luego decidir si la va a hacer o no?" Y por tanto, esa persona se queda sin la revelación de la voluntad de Dios.

Pero hay algo que yo sé sin lugar a la menor duda: es que Dios no tiene limitaciones de revelar la voluntad de Él a mi vida, y que Dios tiene todo el deseo de revelármela. Y si Él tiene todo el deseo de revelármela y Él no tiene limitaciones de revelármela, ¿dónde está el problema? Está en mí. En un corazón que quiere verla primero y luego decidir si la hago o no la hago. En un corazón que cuando la ve comienza a pensar: "Déjame ver si es la voluntad de Dios", pero ya la viste. Y en esos casos Dios dice: "Lamentablemente te quedarás sin dirección, entonces, porque esa no es la manera como se camina conmigo." Pero si quieres conocer la voluntad de Dios y estás dispuesto a que Él prepare tu corazón, a mí no me cabe la menor duda que en su tiempo Dios revelará lo que Él quiere que hagas de manera clara, precisa.

En segundo lugar, recuerda que la visión define lo que hacemos y lo que no hacemos, y todo lo que no corresponde se queda a un lado. En el caso de Nehemías, como mencionaba, la alianza no era parte de esa voluntad. El parar la obra para él ir a conversar y a distraerse con estos enemigos de él que le estaban invitando a reunirse no era parte de la voluntad de Dios para con la vida de Nehemías.

En tercer lugar, no podemos olvidar que la visión genera pasión. Y no solamente la visión genera pasión, sino que genera pasión con dirección, porque hay mucha gente con pasión pero sin dirección, y esa es una pasión desgregada y altamente ineficaz. Pero la visión genera la pasión, y la razón por la que eso es así es porque la visión es generada por Dios, de manera tal que es Dios que está detrás de la visión.

Hemos hablado tantas veces que Dios pone en nosotros tanto el querer como el hacer. La pregunta es cómo Dios hace eso, y la respuesta es bien práctica, no es algo místico. Dios pone el querer en mí a través de la visión que Él baja a mi corazón, a mi mente. Y Dios pone el poder o el hacer en mí a través del Espíritu Santo que mora en mí una vez yo creí. Dios pone el querer a través de su visión, pone el hacer a través del Espíritu de Dios que mora en nosotros.

Y cuando tú comienzas a ver su visión la primera vez, te atemoriza, porque la visión de Dios siempre es mayor que lo que nosotros podemos hacer, porque viene de Dios. La visión que es manejable por mí, la visión que no me amedrenta, la visión que me mantiene cómodo, que me mantiene en mi zona de confort, no es una visión de Dios. Una visión de Dios es como la que Moisés tuvo que emprender: liberar dos millones de judíos, llevarlos al desierto donde no hay comida, donde no hay agua, con un solo bastón, y liberarlos del imperio más poderoso que existía. Eso huele a Dios, luce a Dios, se parece a Dios. Y no hay nada que desafíe más al ser humano que los retos de emprender algo mayor que él. Y así es la visión de Dios.

En cuarto lugar, cuando tú persigues la visión de Dios, ya no puedes continuar haciendo las cosas a tu manera, ni las puedes continuar haciendo a la manera de otro. Nehemías tenía eso claro. No es a la manera de Nehemías que vamos a ver, donde sí, de Nehemías, de mí mismo, no es a mi manera, no es a la manera de Sanbalat, no es cuando ellos quieran, no es con estas reuniones; es a la manera de Dios. Pero eso te lo da la claridad de tu visión.

Y en quinto y último lugar, la visión, el tener la visión clara, te ayuda a enfrentar riesgos y las críticas. No hay manera de liderar sin ser criticado. De hecho, no hay manera de respirar sin ser criticado. Tú respiras y alguien piensa que estás respirando muy rápido, el otro muy lento, el otro muy alto, haces ruido al respirar. Si tú vives, eres criticado. Pero cuando tú tienes clara tu visión, las críticas no te amedrentan, no te desalientan, porque tú sabes que son parte del camino. Los desafíos son parte del camino.

Yo creo que esa es una gran necesidad que nosotros necesitamos recordar, una gran realidad, yo diría. Y es que si no tengo clara la visión, en el momento que las críticas comienzan a llegar, como yo quiero —si ustedes como yo—, a mí me gusta sentirme bien con los demás. Yo no sé si a ustedes les gusta sentirse mal, pero a mí no me gusta sentirme mal con los demás. Y por tanto, cuando las críticas comienzan a llegar, si tu visión no está clara, tú comienzas a acomodar las cosas y la dirección porque quieres sentirte bien con los demás. Y esa es la razón por la que la visión te ayuda a sobrepasar, a lidiar, a enfrentar los riesgos y las críticas.

Y tenemos que verlo de esa manera porque gran parte de los problemas que nosotros enfrentamos en la vida son simplemente problemas de perspectiva de vida. Yo lo explicaba de esta manera: esta mañana tú comienzas a tener obstáculos en el camino, que es esta oposición, son estas críticas, todo esto que Nehemías está enfrentando, y tú comienzas a molestarte, cuando en realidad Dios está usando la oposición y la crítica precisamente para formarte. Y es parte de su plan, es parte de lo que Dios está haciendo. Si yo puedo verlo desde ese ángulo, las cosas van a comenzar a lucir de una manera distinta.

Ahora nota hasta dónde es capaz el enemigo de llegar en su intento de hacerte caer. En el versículo 5, el texto continúa diciendo: "Sanbalat me envió su siervo en la misma forma por quinta vez, con una carta abierta en su mano." Esta carta no viene cerrada para que todo el mundo se entere. Esto es parte de la estrategia: escribamos algo, mandémosle una carta abierta de tal manera que el mismo mensajero se encargue de esparcir los rumores del contenido de la carta.

"En ella estaba escrito: Se ha oído entre las naciones, y Gesem dice, que tú y los judíos estáis tramando rebelaros. Por eso reedificas la muralla, y según estos informes tú vas a ser su rey. También has puesto profetas para anunciar en Jerusalén acerca de ti: Un rey está en Judá. Y ahora llegarán a oídos del rey estos informes. Ahora pues, ven, consultemos juntos."

Estas son las últimas palabras: "Consultemos juntos." Es como que hay un deseo aparentemente genuino de conciliar, pero lo que hay realmente es una nueva estrategia de amedrentarlo. De esta manera: "Nehemías, prepárate. Se ha oído que tú estás tratando de hacerte rey. Imagínate cuando el rey Artajerjes se entere. Cuando estos rumores lleguen a sus oídos, cuando el rey sepa cuáles son tus verdaderos planes..."

Y en esta forma de hablar, en estos rumores falsos, él está tratando de socavar la seguridad del líder de Dios, de socavar sus emociones, de que él pueda amedrentarse a pesar de que sabe que los rumores son falsos. Y pueda pensar: "Sí, vamos a negociar. Vamos a negociar con Tobías, con Sanbalat, porque imagínate que estos rumores falsos ciertamente se esparzan. Mejor negociamos, y de esa manera podemos callar los rumores, aunque yo sé que son falsos."

Pero Nehemías no hace eso. Él no negocia la verdad, él no negocia con la mentira, él no negocia con aquellos que están dispuestos a comprometer la integridad. Él no es hombre de esa calaña; él es otro tipo de hombre.

Y las próximas palabras de Nehemías ante esta amenaza y esta carta abierta que llega hasta él, revelan su valentía y la fuente de su valentía. Nehemías 6:8-9: "Entonces le envié un mensaje diciendo: No han sucedido estas cosas que tú dices, sino que las estás inventando en tu corazón. Porque todos ellos querían amedrentarnos, pensando: Ellos se desanimarán con la obra y no será hecha. Pero ahora, oh Dios, fortalece mis manos."

Aquí la acusación es que Nehemías está tratando de rebelarse, pero la única persona que ha hablado de un conflicto físico, mano a mano quizás, son sus enemigos: Sanbalat, Gesem, Tobías. De tal manera que si alguien puede estar pensando en rebelarse, no es Nehemías, son sus enemigos. Pero así somos, que muchas veces aquello que pensamos, aquello que sentimos, lo proyectamos a otro y acusamos al otro de eso que yo he estado sintiendo o pensando. Y a veces ocurre entre esposos, a veces ocurre entre amigos. Alguien tiene una mala actitud y va donde el otro y le dice: "Lo que te pasa es que tienes esa mala actitud." Yo, pero eres tú que estás con una mala actitud en esta mañana, porque proyectamos en el otro lo que nosotros realmente estamos viendo en nosotros y no queremos admitir que esa actitud es en nosotros que está.

Pero Nehemías no cede ante la presión, y el versículo 9 revela que realmente él conocía la intención de toda esta oposición: era desanimarnos, dice él. Y sin embargo, durante todo ese tiempo Nehemías continuó trabajando con todo su equipo. Esta es una obra en equipo desde el primer día. Nehemías sale a recorrer las murallas, a inspeccionar la muralla de noche, y no sale solo, él sale acompañado. Y uno de los errores que el liderazgo puede cometer, o el líder puede cometer, o todo hombre de Dios con frecuencia comete, es tratar de construir las cosas por sí solo, hacer las cosas por sí solo.

Y nosotros podemos hacer las cosas por nosotros solamente de dos maneras: o no consultando con Dios, o no consultando con mis hermanos que pueden ayudarme y darme visión, fortalecerme, guiarme, darme consejo. Y lamentablemente uno de los mayores problemas y uno de los mayores obstáculos del individuo es precisamente eso: su tentación a querer solucionar sus conflictos solo. Yo puedo, yo resuelvo, yo hago. Y luego, cuando no funciona, tengo que orar, verdad: no he podido, no he estado orando.

Nehemías no hace eso. Nehemías desde el principio no solamente encuentra la compañía de hombres que iban a trabajar con él, sino que cada vez que él tiene una dificultad, él no enfrenta su dificultad solo. Él va donde Dios, y en este caso él hace una oración. Dice: "Oh Dios, fortalece mis manos." Nehemías ni comete el error de trabajar solo, ni comete el error de obrar sin orar. Uno de los mayores obstáculos, de nuevo, del hombre de Dios es querer obrar sin antes haber orado, porque es en la oración donde él obtiene la perspectiva de Dios.

Y Nehemías conoce la oposición, conoce la crítica, conoce la mentira, conoce la calumnia, conoce las exageraciones, y sin embargo su única oración en este momento es: "Oh Dios, fortalece mis manos." Es increíble la ausencia de quejas en las conversaciones y en las oraciones de Nehemías, a pesar de que las dificultades eran muchas, de que los desafíos eran muy grandes y de que la oposición era implacable. ¿Escuchaste eso?

Es altamente impresionante para mí, al estudiar la vida de Nehemías, fijarme en sus conversaciones, fijarme en sus oraciones: la ausencia de quejas, a pesar de la enormidad del número de las dificultades, a pesar del tamaño de los desafíos y a pesar de que su oposición era implacable. La razón es muy sencilla: un verdadero líder, hombre de Dios, no se queja de los desafíos que se presentan, sino que más bien los enfrenta y los conquista. Eso es lo que Nehemías hace.

Nosotros necesitamos entender, déjame volver a esto de la perspectiva de vida. Uno de los grandes problemas, el mayor problema nuestro, está en la perspectiva con la que nosotros vivimos. Toda esta oposición, toda esta dificultad, todos estos problemas hubiesen sido suficientes para que cualquiera pudiera pegar el grito al cielo y vivir con una queja continua. Y sin embargo, tú no escuchas eso de Nehemías, tú no escuchas eso de un Pablo, tú no escuchas eso de un Moisés. Y la razón es muy sencilla: perspectiva de vida.

Ellos han llegado, ellos llegaron a entender algo que tú y yo debemos entender también: los obstáculos son parte de mi entrenamiento. ¿Tú no has visto cómo entrenan los corredores de carreras con obstáculos? Cómo al principio los obstáculos tienen una altura, y luego le van subiendo la altura, y luego la próxima altura, y luego la próxima altura. Y los obstáculos son parte del entrenamiento.

Tú comienzas a correr la vida cristiana con Dios y Dios comienza a ponerte obstáculos de una altura, y luego de otra altura, y luego de otra altura. Y luego tú vas donde Dios y te quejas. Y Dios dice: "Te estoy entrenando. ¿Cuál es tu problema? Tú no sabes la visión que tengo para ti en seis meses, en un año. Tú no sabes lo que tú tienes que hacer porque te lo voy a dar como visión en un futuro, y este es tu entrenamiento para ese futuro." Y ahora tú tienes dos perspectivas de vida totalmente diferentes: una produce queja y la otra produce actitud de gratitud.

No hay lugar para el hijo de Dios para quejarse. "Pastor, pero yo le he oído quejándose." Eso no invalida lo que yo acabo de decir. No hay lugar para que el pastor se queje. Tú no encuentras eso en la vida de Jesucristo. Tú no encuentras eso en la vida de Pablo. Si tú no quieres hablar de Jesucristo porque fue Dios, y nadie te quiere comparar con Dios, no. Yo entendí algo que tú y yo no entendemos: no se trata de mí, se trata del plan de Dios, de su causa.

Y en segundo lugar, en tercer lugar, todos mis obstáculos han sido fríamente calculados por mi Dios como parte de mi entrenamiento: de la creación de su imagen en mí, el fortalecimiento de mi fe, de mi confianza en Él, la formación de mi humildad, el quebrantamiento de mi orgullo, de mi egocentrismo, el quebrantamiento de mi voluntad, el ablandamiento de mi corazón que ha estado duro como una roca, como una piedra. Todo eso ha sido parte de este entrenamiento.

Y tú encuentras a Nehemías entonces que, en medio de la oposición, lo único que le dice es: "Señor, oh Dios, fortalece mis manos." Esa oración fue oída. Esa oración cortita. Ese es el llamado: orad sin cesar, todo el tiempo, no te detengas, presenta tu necesidad a Dios. Y esa oración fue tan oída como cualquier otra oración más larga que esa. Y aquí tú tienes un modelo.

Y si hay algo que nosotros vemos en esta vida también de Nehemías, es cómo una y otra vez, en medio de los conflictos que son de forma recurrente, Nehemías permanece enfocado sin saber si va a poder continuar o si va a poder terminar la obra de construcción. Y la razón es una: los verdaderos líderes y hombres de Dios no son motivados por la certidumbre de lo que se avecina. Déjame volver a repetir eso antes de continuar: los verdaderos hombres y líderes de Dios no son motivados por la certidumbre de lo que se avecina, sino por el Dios que ellos conocen.

¿Cuál fue la certidumbre que Abraham tuvo en el momento que Dios le promete una descendencia? ¿Qué certidumbre tenía Abraham, de casi cien años, y Sara de noventa, de que ellos realmente iban a poder tener un hijo? La única certidumbre fue la palabra que Dios le había dado. ¿Qué certidumbre tenía Noé de que ciertamente iba a llover cuando él nunca había visto la lluvia, cuando estaba construyendo un arca a quinientos kilómetros de distancia del cuerpo de agua más cercano? ¿Qué certidumbre tenía Noé de que así iba a ocurrir? La palabra que Dios le había dado. ¿Qué certidumbre tuvo Moisés de que él iba a poder con un bastón liberar a dos millones de judíos de la esclavitud del imperio de Egipto? La palabra que Dios le había dado.

Y como Dios ha engrandecido su palabra y su nombre por encima de todo, dice el Salmo 138, no hay nada ni mejor garantía para tu vida que la palabra de Dios. Mucha gente quiere señales para tener confirmación, pero Dios no nos dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis señales no pasarán." No, Él dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará." Ahí está la garantía de lo que nos ofrece: su palabra, su palabra, su palabra, su palabra.

Y su palabra es suficiente, pero para ver el cumplimiento de la palabra de Dios, yo necesito tomarme el riesgo que Dios quiere que yo me tome, basado exclusivamente en su palabra. Para yo ver el cumplimiento de la palabra de Dios, yo tengo que tomarme el riesgo que Dios quiere que yo me tome, exclusivamente basado en su palabra.

La mente, obviamente. Mucha gente no ha visto el mar abrirse porque ha preferido la esclavitud de Egipto que ellos conocen. Si tú quieres ver el mar abrirse, tú tienes que salir del Egipto en que tú has vivido. Y el único obstáculo entre la promesa que Dios hace y el cumplimiento de la promesa es la desobediencia del hombre. El único obstáculo entre la promesa que Él te ha hecho y su cumplimiento es la desobediencia del hombre. La vida de Moisés está ahí para ilustrarlo. El único obstáculo para entrar a la tierra prometida fue su desobediencia. El resto del pueblo que estaba vivo al final de los cuarenta años pudo entrar.

El texto continúa, versículo 10: "Cuando entré yo en casa de Semaías, hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, que estaba encerrado allí, él dijo: Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen a matarte, vienen de noche a matarte. Pero yo dije: ¿Huir un hombre como yo? ¿Acaso uno como yo entraría en el templo para salvar la vida? No entraré."

"Entonces me di cuenta de que ciertamente Dios no lo había enviado, sino que había dicho su profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat le habían pagado. Le pagaron por esta razón: para que yo me atemorizara y obrara de esa manera y pecara, y ellos tuvieran un mal informe de mí y pudieran reprocharme."

Este texto nos ayuda a entender algo que ya hemos dicho: no todo el mundo que viene en nombre de Dios es de Dios.

De hecho, este texto nos ayuda a ver algo más: es que frecuentemente mis tentaciones vienen envueltas en un papel de piedad. "Nehemías, te vienen a matar, yo estoy interesado en tu vida." "No me diga." "Sí, sí, vamos a esconderte, yo voy contigo." "¿A dónde?" "En el templo." Suena piadoso, y Nehemías dice, cuando lo escuchó, en un momento dado dice: "Entonces me di cuenta que esto no venía de Dios." Se le prendió una luz a Nehemías.

¿Y cómo Nehemías entiende que esto no puede venir de Dios? "Nehemías, vienen a matarte esta noche, ¿ok? Debes protegerte, ¿ok? ¿Dónde? En el templo." Pero esto no es de Dios, ¿por qué? Porque Nehemías es gobernador, pero no es sacerdote. No tiene el derecho de entrar al templo, y si Nehemías hubiese entrado al templo, hubiese pecado contra Dios. Y ese es exactamente lo que el enemigo quería hacer: empujarte a pecar de tal manera que ya tú no cuentas con la protección, la dirección, la gracia y el poder de Dios.

En su estrategia de librar la batalla contra ti, frecuentemente quieren empujarte a que tú peques, a que tú peques, a que tú peques, de tal manera que una vez tú hayas pecado, ya tú no cuentas con el favor de Dios. Y eso es lo que quería: que Nehemías pudiera entrar al templo, hubiese pecado, y hubiese pasado exactamente lo que le pasó a Saúl cuando Dios lo desechó en un día por haber hecho algo cuando no eres sacerdote. Y Nehemías dice: "Esto no puede haber venido de Dios."

Del enemigo: primero te empuja a pecar, y luego que tú pecas, entonces te hace oposición para que no te arrepientas. Porque él te tendrá en el mejor lugar donde él te puede tener: empecado sin arrepentimiento. Primero te empuja y luego te hace la oposición para que no regreses. Pero Nehemías dice: "Yo entendí." Nota que estos "entonces" son muy importantes: "Entonces me di cuenta que ciertamente no lo había enviado Dios."

Yo les decía hace un mensaje atrás, o dos, no recuerdo ahora: tenemos que recordar que mucho de lo que yo he oído no viene de Dios, viene de mi carne, viene de otros que también Dios no los ha enviado. Habían a Semaías pagado para que lo enviara a esconderse en el templo, y Nehemías responde de una manera como él sabía responder: con valentía. Pero déjame recordarte una vez más, las tentaciones, tus tentaciones, con frecuencia vienen envueltas en papel de piedad.

Satanás viene a Cristo y qué le dice: "Escrito está, escrito está, tú eres el Hijo, es tu Padre que lo ha dicho, es tu Padre que lo ha escrito." Bien piadoso eso, porque las tentaciones frecuentemente es así como vienen, y nosotros las compramos por la apariencia de piedad que tienen. Pero cuando confías en su Palabra, como hemos estado hablando, entonces la Palabra te ayudará a discernir lo que es de Dios y lo que no proviene de Dios.

Cuando Nehemías responde, responde con valor, con valentía: "¿Un hombre como yo se va a esconder? No, no me voy a esconder. Si hemos de morir, yo muero." Eso es en esencia lo que le está tratando de decir. Y luego revela algo que era muy típico de él y típico de David: su renuencia a ellos vengarse en contra de sus enemigos, y simplemente pedirle a Dios que tomara la justicia. No hay pecado en tú pedirle a Dios que haga justicia; el pecado está en tú querer tomar la justicia en tus manos.

Y Nehemías ahora no prepara un ejército de contraataque contra esta gente, sino que va donde Dios, donde él siempre iba, y le dice a Dios en el versículo 14: "Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat conforme a estas obras suyas, de acuerdo a la maldad de lo que han hecho. Acuérdate de ellos, júzgales de acuerdo a su maldad. También de la profetisa Noadías y los demás profetas que estaban atemorizándome." Dios es quien responde por nosotros. Y cuando tú conoces a Dios de esa manera, tú sabes cómo caminar, cómo batallar, cómo defenderte, cuándo callar, cuándo actuar.

El resultado fue que la muralla fue terminada el 25 del mes de Elul, en 52 días. Y aconteció que cuando se enteraron todos nuestros enemigos y lo vieron todas las naciones que estaban alrededor nuestro, desfalleció su ánimo, porque reconocieron que esta obra había sido hecha con la ayuda de nuestro Dios.

El mes de Elul corresponde más o menos al mes de agosto, algunos piensan que el principio de septiembre quizás, del año 445 antes de Cristo. Quedó la muralla reconstruida. Increíble que en un momento donde no había muchos recursos, donde no había los instrumentos sofisticados, las maquinarias sofisticadas que nosotros tenemos hoy en día, ellos pudieron terminar la labor de reconstrucción en menos de dos meses.

Tan extraordinario fue este tiempo que pudiéramos decir que las naciones incrédulas, paganas de alrededor, concluyeron de que ciertamente ellos debieron haber hecho eso con la ayuda de su Dios. Las naciones de antaño, de la antigüedad, asociaban mucho, con frecuencia, tu éxito y tu derrota a la intervención o no de tu Dios, porque para ellos había múltiples dioses. Y cuando ellos vieron esto, dijeron: "Esto es imposible. La única manera es que su Dios les haya ayudado." Y la realidad es que cuando Dios obra, Él deja huellas claramente visibles para que todo el mundo sepa quién lo hizo.

Increíble que esto que el mundo incrédulo reconoce como una obra de Dios, oye lo que este comentarista de hoy en día, evangélico, ortodoxo, uno de los mejores comentarios que yo podía leer de Nehemías, oye el comentario que esta persona hace acerca de la construcción en 52 días. Esto es lo que él dice: "Es increíble lo que se puede lograr cuando la comunidad trabaja junto a un buen liderazgo." El crédito de este comentarista es de la comunidad bajo un buen liderazgo. El crédito que Nehemías, que ha hecho la obra, ha atribuido a Dios, y el crédito que naciones paganas han atribuido a Dios, resulta que este individuo evangélico no puede ver la mano de Dios, sino los esfuerzos comunitarios.

¿Te das cuenta por qué mucha gente no puede hacer las cosas que Dios quiere hacer? Porque al fin de cuentas quieren robarse su crédito. Y es increíble cómo muchas veces la misma educación, como el caso de este hombre, es la que termina corrompiendo.

La realidad es, hermanos, que nosotros no tenemos, cuando tú revisas la historia de la iglesia, la historia bíblica, nosotros no tenemos grandes hombres, nosotros no tenemos grandes mujeres. Lo que tú tienes es un gran Dios detrás de hombres y mujeres ordinarias. Porque en último caso la valentía, la oportunidad, la inspiración, la sabiduría, la garantía, la fe, la motivación, los dones, los talentos, la fuerza, los recursos, de Dios es que han venido. Y lo único que tienes una y otra vez no es un gran Pablo, es un gran Dios en un hombre ordinario como Pablo.

Y tenemos que recordar que la historia bíblica es la historia de un Dios enorme, majestuoso, poderoso, grandioso, que llena cada pulgada del universo, y que ese Dios se manifiesta a través de hombres ordinarios, que los hace lucir a ellos grandes hombres y mujeres por ese Dios que ellos tienen detrás. Y cuando se alejan de su Dios, se empequeñece el hombre.

"En aquellos días también iban muchas cartas de los nobles de Judá a Tobías, y de Tobías venían cartas a ellos." Tobías es el enemigo, es el pagano; los nobles son judíos. Nehemías tiene en medio de todo esto, resulta que los nobles se están escribiendo con Tobías, y Tobías con ellos. "Porque muchos en Judá estaban unidos a él bajo juramento, porque era yerno de Secanías, hijo de Ara, y su hijo Johanán se había casado con la hija de Mesulam, hijo de Berequías. Además hablaban de sus buenas obras en mi presencia, y a él le informaban de mis palabras, y Tobías me enviaba cartas para atemorizarme."

Ahora te das cuenta cómo era que se enteraban. Es que esta gente, Tobías estaba casado, y su hijo también, con mujeres judías, y estaban relacionados al sacerdocio; estaban en un matrimonio mixto. ¿Cómo tú crees que le cayó la denuncia de Esdras unos meses atrás, unos años atrás, de estos matrimonios mixtos, del cual tú tienes uno, Tobías? Y tu hijo también. Y Esdras es el sacerdote cuando Nehemías está de gobernador, de tal manera que parte de la oposición quizás tenía que ver con el hecho de que su matrimonio había también sido denunciado como un matrimonio ilegítimo, porque es una asociación que ellos no debieron haber tenido.

Quizás esto era parte, pero había alianzas entre Tobías, el enemigo de Nehemías, y los nobles judíos a quienes Nehemías había confrontado por su usura. De manera que poder navegar en medio de estas aguas turbulentas no fue fácil. Y ellos quizás querían que Nehemías estableciera una alianza similar, y Nehemías se rehusó a ella porque Nehemías sabe que parte de su visión no incluye alianzas con naciones paganas.

E Isaías 30:1 había dicho: "¡Ay de los hijos rebeldes!, declara el Señor, que ejecutan planes pero no los míos, y hacen alianza pero no según mi Espíritu, para añadir pecado sobre pecado." No importa si tu alianza es en el mundo de los negocios, si tu alianza es en el mundo personal, si tu alianza es en el mundo de lo que es tu relación con Dios; hay alianzas que lo único que te hacen es servirte para añadir pecado sobre pecado.

Nehemías dice: "Eso no es parte de mi visión, eso no es parte de lo que yo voy a comprometer, y yo voy a continuar mi labor como hombre de Dios, liderando el pueblo de Dios a reconstruir las murallas, que es la visión que mi Dios me ha dado para mis días." Y lo que tienes es entonces a un Dios extraordinario trabajando a través de un simple copero del rey, que se ha convertido en un gran hombre porque la grandeza de su Dios se refleja en la pequeñez del hombre.

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Será hasta la próxima cuando nos reencontremos con Integridad y Sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.