Statamic
Sermones

La doble ciudadanía del cristiano

Miguel Núñez 15 junio, 2025

El cristiano vive con doble ciudadanía: una celestial y otra terrenal. Aunque su patria definitiva está en los cielos, debe cumplir obligaciones con el gobierno del lugar donde reside. Romanos 13 establece que toda autoridad existente ha sido constituida por Dios, y resistirla equivale a resistir al Creador mismo. Este principio no dependía de la calidad moral de los gobernantes: cuando Pablo escribió esta carta, el emperador era Nerón, quien eventualmente lo decapitaría. Antes de él gobernaron Claudio, que expulsó a los judíos de Roma, y Calígula, tan sanguinario como Nerón. Aun así, el llamado a la sumisión permanece.

La razón es profunda: en el universo solo existe una autoridad intrínseca, la de Dios. Toda otra autoridad es delegada. Como Jesús le dijo a Pilato: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no se te hubiera dado de arriba". Dios incluso llamó "mi pastor" al rey persa Ciro y "mi siervo" al pagano Nabucodonosor. Los gobernantes terrenales, aunque pecadores, funcionan como "ministros de Dios" para mantener el orden civil y castigar la maldad.

Esta sumisión incluye el pago de impuestos, algo que confronta directamente al ídolo del dinero, el único que Jesús mencionó como competidor de su señorío. Justino Mártir, defendiendo a los cristianos perseguidos en el siglo segundo, destacó que pagaban impuestos ordinarios y extraordinarios "como fuimos instruidos por Jesús". Sin embargo, existe un límite: cuando la autoridad humana exige violar la ley de Dios, el cristiano debe obedecer a Dios antes que a los hombres, como hicieron las parteras hebreas o los apóstoles ante el Sanedrín.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, en el día de hoy nosotros estamos exponiendo, o comenzando a exponer, el capítulo 13 de la carta de Pablo a los Romanos. De nuevo, Pablo está siguiendo la idea de ayudarnos a vivir en la práctica toda la teología que estuvo enseñando por once capítulos. Pero antes de decirte acerca de qué vamos a hablar, yo quisiera recordarte que en Romanos 12 Pablo nos habla de cuatro obligaciones que nosotros tenemos de diferentes tipos.

En el versículo 1 y 2 de Romanos 12, Pablo nos habla de obligaciones que tú y yo tenemos con Dios: necesitas dedicar todo tu cuerpo y transformar tu mente, recuerda algo de eso. El versículo 3 al 8, Pablo nos habla de obligaciones que el cristiano tiene consigo mismo, comenzando con el hecho de no pensar acerca de ti más allá de lo que verdaderamente eres. El versículo 9 al 16, Pablo nos habla de obligaciones que tú y yo tenemos unos con otros, como los cristianos, como miembros del cuerpo de Cristo. El versículo 17 al 21, Pablo nos habla de obligaciones que tenemos con nuestros enemigos, de manera que él hace como un resumen de algunas de esas responsabilidades.

Y una vez más, lo que Pablo está tratando de hacer a partir del capítulo 12 al final es ayudarnos a llevar a la práctica el día a día aquella teología que fuiste aprendiendo. Recuerda que lo último que vimos en el capítulo 12 fue en el versículo 17, donde Pablo nos dice a no pagar mal por mal. En el 18 nos manda a estar en paz con todo el mundo. En el 19 nos prohíbe tomar la venganza en nuestras manos. Y el versículo 20 nos llama a dar de comer al enemigo si él tiene hambre y dar de beber si él tiene sed. Y en el 21 nos llama a vencer el mal con el bien.

Entonces ahora lo que Pablo va a hacer en el capítulo 13 es ayudarnos a ver responsabilidades que nosotros tenemos con el Estado, con el gobierno de turno, independientemente de dónde tú vivas. Hay una realidad: que por un lado nosotros tenemos una ciudadanía en el cielo. Pablo les dice a los Filipenses en 3:20 que nuestra ciudadanía está en los cielos, eso es verdad. Pero esa ciudadanía celestial yo tengo que vivirla de este lado de la gloria y, por consiguiente, yo tengo obligaciones con la otra ciudadanía, que es una ciudadanía terrenal.

Obligaciones que cumplir con mi ciudadanía celestial: todo lo que tiene el capítulo 12 tiene todo que ver con eso. Obligaciones que cumplir con mi ciudadanía terrenal: esta parte del capítulo 13 está dedicada justamente a eso de lo que está hablando. ¿Cuál es la obligación que el cristiano tiene con el Estado o gobierno de turno? Y es por eso, por todo lo anterior, que yo he titulado mi mensaje: "La doble ciudadanía del cristiano".

Y te voy a pedir que puedas seguirme del versículo 1 al versículo 7 de Romanos 13: "Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan, porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto recibirán condenación sobre sí mismos. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella, pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. Por lo tanto, es necesario someterse no solo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también ustedes pagan impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios dedicados precisamente a esto. Paguen a todos lo que deban: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor."

Una vez más, de qué el texto claramente habla es de las responsabilidades de un creyente con la sociedad civil. ¿Qué dice de esas responsabilidades? Bueno, eso es exactamente lo que vamos a estar viendo a lo largo de todo este tiempo. Dos preguntas me ayudan a elaborar mi tema o extraer del texto lo que el texto dice.

Entonces, en primer lugar, dado lo que leemos, Pablo llama a todo cristiano a vivir en sumisión a las autoridades del gobierno de turno. Versículo 1, primera parte: "Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan." Realmente alguno está pensando, es decir: "Lo que pasa, pastor, es que Pablo no sabía que a nosotros nos iba a tocar vivir en gobiernos tan corruptos." Déjame decirte, porque quizás no conoces en qué momento Pablo está escribiendo esta carta.

Cuando Pablo escribió esta carta y la envía a Roma, el emperador de turno era Nerón. Nerón decapitó a Pablo. Pablo está reconociendo la autoridad de Nerón, quien de acuerdo a la tradición cristiana dio muerte tanto a Pablo como a Pedro. Anterior a Nerón, pero todavía Pablo en vida, el emperador fue Claudio. Claudio expulsó a los judíos de Roma alrededor del año 49-50. De hecho, el libro de los Hechos nos ayuda a tener una idea acerca de qué pasó, porque se nos dice que Priscila y Aquila salieron de Roma, llegaron a Corinto debido a la expulsión o persecución de Claudio. El libro de los Hechos da testimonio de lo que la historia nos dice acerca de este emperador.

La pregunta es: ¿por qué Pablo le está escribiendo a una iglesia que está en Roma, la capital del imperio, acerca de su necesidad de someterse? Y aunque él no lo explica, otra vez quizás el libro de los Hechos nos da una idea. Porque cuando tú llegas al capítulo 5 de Hechos, tú te encuentras con un rabino judío muy conocido, muy famoso, de nombre Gamaliel. Gamaliel está diciéndoles a las autoridades de su día que no se opongan a los apóstoles que estaban predicando el evangelio, porque si es de Dios no podrán detenerlo y si no es de Dios va a terminar. Y él les recuerda entonces, en ese momento Gamaliel les recuerda, que en una ocasión se levantó alguien de nombre Teudas con cuatrocientos hombres más y eso terminó de mala manera, y que luego se levantó otra persona de nombre Judas el Galileo y también terminó de mala manera. Quizás lo que Pablo está haciendo es diciéndoles a los cristianos ciudadanos del imperio romano: esa no es una opción para ninguno de nosotros. Entonces tú tienes que Nerón, anterior Claudio, y anterior a Claudio, Calígula. El nombre suena horrible y así mismo lo fue, tan sanguinario como Nerón.

Entonces Pablo en el pasaje de hoy que leímos no solo nos llama a someternos a las autoridades que gobiernan, sino que en segundo lugar nos da la razón por la cual debiéramos hacerlo. Segunda parte del versículo 1: "Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen por Dios son constituidas." En medio versículo Pablo dice dos veces quién da autoridad a los hombres para ejercer dicha autoridad. A lo que Pablo se refiere es que en el universo hay una sola autoridad y es la de Dios. Él tiene autoridad intrínseca, a Él le pertenece intrínsecamente. Toda otra autoridad es delegada y esa delegación la hace Dios. En el reino de Dios no hay democracia, es una teocracia. Él gobierna y Él delega autoridades a aquellas personas que Él estime como vasos que Él piensa usar de alguna forma. Y eso está revelado a lo largo de toda la Biblia.

Si tú vas al profeta Jeremías, capítulo 27, versículos 5 y 6, escucha lo que Dios dice a través de Jeremías: "Yo hice la tierra, los hombres y los animales que están sobre la superficie de la tierra con mi gran poder y mi brazo extendido." Lo primero que Dios establece: quién tiene el título de propiedad de la tierra. Yo la hice y la doy a quien me plazca. "Y ahora yo he puesto todas estas tierras en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia." Yo he puesto, yo le he dado una gran cantidad de tierra a Nabucodonosor, un rey pagano que reinó sobre Babilonia, que es básicamente la capital de Irak en el día de hoy.

Escucha cómo lo dice: "Rey de Babilonia." ¿Cómo? "Nabucodonosor, siervo mío." Y también le he dado las bestias del campo para que le sirvan. ¿Notaste cómo Dios llama a Nabucodonosor? "Siervo mío." En otras palabras, independientemente de lo que haga, él está llevando a cabo mis propósitos. Bien lo dijo Lutero, y tú me lo has oído: aun el diablo es el diablo de Dios. Él no puede hacer absolutamente nada que Dios no permita que haga. Y Dios dice: toda la tierra es mía y la doy a quien me plazca. De manera, hermano, que no importa quién está en autoridad en un momento dado, si está gobernando, esa autoridad le ha sido dada por Dios.

Y Cristo afirmó exactamente eso que yo acabo de decir con Él mismo, cuando estaba siendo entrevistado por Pilato antes de su crucifixión, en Juan 19, versículos 9 al 11. Escucha lo que ocurre: "Entró de nuevo al pretorio Pilato y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta." Jesús solía no contestar a sus enemigos. Yo aprendí de Él. De manera que Jesús sabía que sus enemigos no querían respuestas, querían su vida.

Pilato entonces le dijo: "¿A mí no me hablas?" Escucha ahora el intercambio entre Pilato y Jesús. Pilato le dice: "¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y que tengo autoridad para crucificarte?" Escucha a Jesús ahora. Jesús respondió: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te fuera dada de arriba." Ok, Pilato. Jesús puso a Pilato en su lugar. Yo estoy sometido a tu autoridad porque el cielo te ha entregado una autoridad terrenal a la que yo me debo someter. Pero la única razón por la que tú la tienes fue porque se te dio.

Ahora, cuando Dios nos llama a someternos a las autoridades, no importa si son gubernamentales o si es a nivel de la iglesia o es a nivel de los hogares, los padres con los hijos, o es a nivel de los matrimonios, de la esposa con su esposo, cada fibra de nuestro ser se rebela, cada fibra. La razón es una: nosotros somos violadores de la autoridad por naturaleza y, por consiguiente, somos transgresores de la ley de Dios continuamente. Independientemente de que eso ocurra en privado, en secreto o en público, lamentablemente nosotros tememos más a los hombres que a Dios.

Tú y yo no podemos olvidar que la primera rebelión ocurrió en los cielos cuando Satanás, llamado entonces Lucifer, decidió que él no quería vivir en sumisión más y arrastró con él un grupo de ángeles con su rebelión. La lucha espiritual se trasladó a la tierra posteriormente, y la segunda rebelión se da cuando Adán y Eva decidieron que ellos tampoco querían vivir en sumisión a Dios.

Ahora, déjame decirte algo acerca de ti y de mí. Cada vez que tú y yo pecamos, cada pecado representa un acto de rebelión a la autoridad, y en ese caso a la autoridad de Dios. Yo quiero que te lleves esto para tu casa: cada vez que tú y yo —no me estoy excluyendo— pecamos, representa un acto de rebelión a la autoridad de Dios. Si nosotros tenemos dificultad en someternos a Dios, imagínate si vamos a tener dificultad sometiéndonos a gobernantes, a fuerza policial, o a profesores, o a pastores, o a esposos, o a cualquier otra autoridad.

Una vez más, el universo se encuentra en la actualidad en estado de rebelión por una sola razón, y es falta de sumisión. En principio, de parte de seres angelicales; luego, de parte de seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Y ahora existe toda una humanidad en rebelión porque estamos pagando las consecuencias de nuestros progenitores y nuestras propias consecuencias de pecado, porque en el reino de Dios el que la hace la paga. Y tú puedes ver testimonios cada vez que tú vives consecuencias de tu pecado.

La sumisión, hermano, no es una manera de cultivar el dominio propio, la humildad y la mansedumbre. La sumisión es la mejor manera de cultivar la mansedumbre, la humildad, el dominio propio, que fue lo que nos faltó cuando nos rebelamos en el Edén. Y yo decía que esos principios están revelados a lo largo de toda la Biblia.

Cuando Pedro escribe su primera carta, Pedro le está escribiendo a gente que está en la diáspora, está corriendo, está huyendo, está bajo persecución. A esa gente Pedro le dice en el capítulo 2 de su primera carta, el versículo 13 y 14: "Sométanse por causa del Señor". ¿Escuchaste cuál es la razón? Por causa del Señor. A toda institución humana —no importa si es una oficina, si es un colegio, si es una iglesia, una compañía—, a toda institución humana que está sobre ti, ese Pedro, ya sea el rey como autoridad o a los gobernantes como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien.

De manera que Pedro nos está llamando en el versículo 13 a someternos por causa del Señor y nos está llamando a someternos a toda institución humana. ¿Por qué? Porque toda autoridad proviene de Dios. Ya lo vimos en el versículo 1: toda autoridad proviene de Dios, delegada a los gobernantes, a tus superiores en una oficina, a tus padres, a tu esposo o a cualquier persona que representa la autoridad.

Pero nosotros no solamente se nos llama a honrar al rey o a las autoridades que gobiernan. Primera de Pedro 2, yo te leí el versículo 13 y 14; tres versículos más abajo, el versículo 17, dice que él nos llama a honrar al rey. No es que te sometas, es que también lo honres, porque ya Pablo te enseñó que toda autoridad viene de Dios. Y a mí no se me enseña solamente a someterme a la autoridad y a honrar al rey; a mí se me enseña a orar por ellas. Primera de Timoteo 2:1-2.

Escúchame, hermano, otra vez: te puedes revelar, pero cada vez que pecas es un acto más de rebelión en contra de la autoridad de Dios, ya sea la autoridad intrínseca de Dios o la autoridad delegada por Dios.

Ahora, ya hemos visto dos principios. Pablo no solo nos llama a someternos a la autoridad, número uno; nos recuerda que toda autoridad proviene de Dios, número dos. Pero ahora también nos dice algo más. En tercer lugar, que resistir a la autoridad terrenal es resistir a Dios, y que Dios no pasará por alto la resistencia. Escúchame, versículo 2: "Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto recibirán condenación sobre sí mismos".

Una vez más, la Biblia entera revela el mismo principio. Tú recuerdas en los tiempos de María y José, María embarazada al final de su embarazo, o sea, a punto de dar a luz. Lucas nos dice que salió un edicto de parte de César Augusto para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado, pero resulta que para yo ser censado tenía que volver al lugar donde yo nací. Y casi dando a luz, José toma a María y la monta sobre un burro y en el camino da a luz, porque el edicto no decía "se va a hacer un censo, pero no tienes que trasladarte a menos que estés dando casi a luz", ¿no? No dice eso.

De manera que a lo largo de la historia redentora tú notas un patrón, y es que personas piadosas no resisten la autoridad. No lo hizo José, no lo hizo Moisés y no lo hicieron muchos otros. Al mismo tiempo, la historia redentora en estas páginas ha revelado que muchas veces las consecuencias de mi pecado se extienden por generaciones, como lo puedes ver aún en la vida de Adán y Eva, o en la vida de David, o en la vida de muchos otros, o quizás en tu propia vida.

Hermano, nosotros podemos resistir la autoridad que Dios ha puesto por encima de nosotros. Podemos resistirla en la forma que yo quiera, cuando yo quiera, como yo quiera, pero las consecuencias las escoge Dios, y el tiempo de llegada de dichas consecuencias también está en las manos de Dios.

Una vez más, ¿qué nos ha enseñado Pablo? Uno, someternos a la autoridad. Dos, recuerda que toda autoridad proviene de Dios. Tres, resistir la autoridad es resistir a Dios mismo. Y ahora, número cuatro, nos enseña el principio de delegar la autoridad: que el principio de delegar la autoridad en gobernantes terrenales es el ordenamiento de la sociedad civil, de manera que pueda haber ley y orden. No caos. Caos había antes de que Dios interviniera y hablara y organizara la creación. En la medida en que la sociedad de Occidente se organizó en el pasado, lo hizo bajo principios judeocristianos. En la medida en que esa sociedad ya se ha distanciado de Dios, estamos volviendo al mismo caos.

La razón de estas autoridades delegadas en gobernantes terrenales es el ordenamiento de la sociedad civil. Versículo 3: "Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas pues no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogio de ella". Dios estableció la autoridad de tal manera que la buena conducta pudiera ser recompensada y la mala conducta castigada.

Bueno, lamentablemente yo sé que no funciona de esa manera. Ahora, lo que sí la historia ha demostrado es que un mal gobierno es mejor que una anarquía. Un mal gobierno es mejor que una anarquía, y solamente tienes que mirar hacia el este, hacia nuestra hermana República de Haití, y puedes concluir. O puedes ir a las páginas de la Biblia, al tiempo de los jueces, donde cada cual hacía lo que le parecía bien a sus propios ojos. Y eso lo permitió Dios en el tiempo de los jueces como parte de su disciplina o de su castigo, justamente por no haber seguido su Palabra.

Entonces, como habíamos dicho, tiene que ver con el reino de los cielos. Dios no ejerce su autoridad a través de una democracia, pero tampoco lo hace en la tierra a través de una anarquía. Lo hace a través de gobernantes terrenales, claro, pecaminosos. Y yo sé lo que puede estar en tu mente: que los gobernantes de hoy en día quizás piensas tú —no sé dónde vivas— como que no merecen tu respeto. Déjame decirte que Nerón y Claudio y Calígula, ninguno de ellos lo merecían, y estas fueron las condiciones en las que Pablo vivió.

Entonces Pablo nos dice ahora algo más, extiende su argumento, y el versículo 4 nos dice: "Pues es para ti el gobernante terrenal un ministro de Dios para bien". Un ministro de Dios. La palabra traducida como ministro es diácono; el gobernante es ese diácono. Dios dice que ese gobernante puede ser pecaminoso, pero es un diácono de Él.

Déjame ilustrarte. En Isaías 44:28, o más que ilustrarte, vamos a usar este versículo para apoyar todo lo que estoy diciendo. Isaías 44:28: Dios llama al futuro rey de Persia, 150 años después cuando se cumpliría esta profecía. Así es como Dios le llama: "Ciro, mi pastor". ¿Cómo fue? Ciro, mi pastor. ¿Sabes por qué? Porque 150 años después Dios se movería en el corazón de Ciro de manera que, cuando el pueblo judío estuviera en el exilio —porque el reino de Persia ocupaba todo lo que era Babilonia también en ese momento—, Ciro no solamente daría permiso para que su pueblo, sus ovejas, regresaran a Jerusalén, sino que los iba a ayudar incluso económicamente y con materiales para regresar. Por eso es "Ciro, mi pastor". Y yo creo que eso te ilustra de qué manera Dios no solamente gobierna su universo, pero Dios ha revelado cómo Él hace las cosas. Ese reino de Persia en esa ocasión, ¿sabes lo que es hoy en día? Irán. ¿Dónde están ocurriendo los eventos de los últimos días? Es el reino de Persia. Esa área tenía como rey a Ciro, y Dios le llama "mi pastor".

Entonces, escucha todo lo que hemos visto, cuatro cosas: debemos someternos a la autoridad; tenemos que recordar que toda autoridad proviene de Dios; que resistir la autoridad terrenal es resistir a Dios; y que el propósito de las autoridades terrenales fue el ordenamiento de la ley y el orden, o de la sociedad civil.

Pero en quinto lugar, Pablo dice que Dios delegó en autoridades humanas la responsabilidad de vengar la maldad. Versículo 4, segunda parte: "Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo". Lleva la espada. La palabra traducida como espada ahí fue usada por Pablo en Romanos 8:35, pero en ese texto, cuando lo lees, es usada como un eufemismo, como si fuera una forma poética para referirse a la muerte.

Y es usada también en Hechos 12:2, pero ahí se está refiriendo a una ejecución, a una muerte por espada. De manera que algunos académicos piensan que cuando Pablo dice en Romanos 13, el versículo 4, que la autoridad terrenal no en vano lleva la espada, algunos piensan que Pablo está refiriendo a la pena capital, que muchos cristianos hoy en día resisten la idea.

Pero si eso es verdad acerca de este texto, luego lo único que Pablo está haciendo es reiterando lo que ya Dios estableció en Génesis. La pena capital no la establecieron los hombres, la pena capital la estableció Dios en Génesis 9:6, y dijo: "Todo el que derrame sangre de hombre, su sangre será —no podría ser, será— derramada". ¿Por qué, Dios? Porque a imagen de Dios el hombre fue hecho. La única razón por la que tú y yo nos ofendemos, a veces hasta nos ofendemos, cuando pensamos en la idea de la pena capital, es porque tú y yo no tenemos el respeto que Dios tiene por su imagen. Pero Dios está diciendo: si atropellas mi imagen, el valor que le he dado a mi imagen es de tal magnitud que tu vida necesita ser cortada; no hay otra forma de hacerlo.

Y en la medida en que Occidente se organizó en el pasado, en la medida en que los valores cristianos fueron calando en la sociedad, el infanticidio fue pasando, el abandono de niños en las carreteras vivos fue pasando. Abortos, había abortos, también fueron terminando, y leyes se fueron escribiendo en contra de todas esas cosas. Y ha pasado, tú lo sabes. En la medida en que la sociedad se ha alejado, en esa misma medida hemos visto un aumento de los homicidios, suicidios, eutanasia, abortos, abusos físicos, promiscuidad, porque todo eso está relacionado a la falta de respeto a la dignidad, santidad de la vida, de la imagen de Dios en ti como en mí. Esa es la razón.

Y ahora Pablo está diciendo: ese gobernante terrenal no en vano lleva la espada, en el sentido que acabamos de explicar. Entonces recordemos: debemos someternos a la autoridad, número uno. Número dos, toda autoridad proviene de Dios. Tres, resistir la autoridad terrenal es resistirlo a Él. Cuatro, el propósito de las autoridades terrenales fue el establecimiento u ordenamiento de la sociedad civil. Cinco, Dios delegó en gobernantes, autoridades humanas, la responsabilidad de vengar la maldad.

Y seis, aparte de Pablo, el temor al castigo no es la única razón para someterme a las autoridades. No, Pablo me da una razón más. Escúchala en el versículo cinco: "Por tanto, es necesario someterse, no solo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia". Lo que Pablo está diciendo es que tú tienes que estar convencido en tu conciencia, lo entiendas o no, de que esto que se está diciendo aquí es Palabra de Dios. Necesitas aceptarlo y someterte, porque es posible someterme externamente y permanecer en rebelión internamente. Hijos pueden someterse a sus padres, quizás por temor, sobre todo si están muy pequeños, e internamente estar maldiciéndolos. Al final lo que Dios busca no es lo de afuera, es lo de adentro. Y Pablo está diciendo: hay una razón más que el temor a las consecuencias, y es tu conciencia.

Yo creo que este es un buen momento para traer a colación cómo actúa la conciencia en estos asuntos, porque hay circunstancias especificadas en la Palabra cuando el ciudadano cristiano no debe, no puede someterse a las autoridades de turno. No solamente que Dios lo dice de diferentes maneras, sino que está ejemplificado en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.

Si nos vamos al libro de Éxodo, nos encontramos que Faraón dio órdenes de que los varones judíos, hebreos, fueran eliminados al momento de nacer. Las parteras tenían temor del Dios que ya conocían, realmente el Dios creador, y no lo hicieron. Y de repente la población, la grey seguía multiplicándose, esos niños, y cuando vinieron a cuestionarlas dijeron: "Es que las mujeres hebreas son muy fuertes, y cuando llegamos ya han dado a luz". Ellas tenían un dilema: o mentimos, aunque yo casi hubiese violado el octavo mandamiento de la ley de Dios dada por Moisés más adelante, o matamos y violamos el sexto mandamiento de la ley de Dios. Pero hagas una cosa o la otra, vas a violar un mandamiento. Y eso es lo que nosotros llamamos en ética cristiana un absolutismo graduado. Yo tengo un absoluto encontrado con otro absoluto. Yo tengo que decidir, y lo que ellas decidieron fue dar un mayor valor a la vida, a la preservación de la vida dada por Dios a esos bebés. Y por eso decidieron mentir, y Dios las aplaudió, poniéndolo en mi lengua.

Pero tienes que ser cuidadoso, porque no es que cuando tú encuentras que si haces esto vas a violar algo y mi preferencia es esto, eso no es un absolutismo graduado. Tú tienes que encontrar dos absolutos dados por Dios, encontrados, de tal manera que si haces uno violas algo, si haces lo otro también, y tienes que decidir ahora el mayor sobre el menor.

Rahab es otro ejemplo. Rahab escondió a los espías de Dios, y su compañero en el techo de su casa. Y cuando vinieron persiguiéndolos, le preguntaron —ella tenía su casa en el muro de la frontera, los muros que protegían la ciudad—, vinieron y le preguntaron por estos dos hombres, y ella dijo: "No, ya se fueron", y estaban arriba en el techo. Y luego Rahab aparece en el salón de la fama de la fe en Hebreos 11 junto con múltiples héroes, porque estimaron que el valor de la vida era superior que el decir la verdad a estos hombres. Y como decía un líder cristiano del pasado, como Bonhoeffer decía, que el malvado no merece la verdad. Pero esa es otra historia; estoy hablando ahora de absolutismo graduado y encontrados unos con otros.

Entonces estamos tratando de ilustrar, demostrar, que hay circunstancias donde el cristiano tiene que hacer uso de su conciencia para poder decidir qué va a hacer. Y el cristiano que está llamado a someterse a las autoridades gubernamentales, él no debe ni puede legítimamente violar la ley de Dios para obedecer a los hombres. No, él tiene que obedecer la ley de Dios antes que a los hombres.

Eso está ilustrado también en el Nuevo Testamento, en el capítulo cinco del libro de los Hechos. Los apóstoles estaban predicando, los tomaron presos, los metieron en la cárcel. En la noche vino un ángel y abrió la puerta, ellos salieron, ¿qué tú piensas que ellos hicieron? Volvieron inmediatamente a predicar. Se volvieron y los apresaron. Capítulo 5, versículos 27 al 29 de Hechos: "Cuando los trajeron, los pusieron ante el concilio, y el sumo sacerdote los interrogó diciendo: Les dimos estrictas órdenes de no continuar enseñando en este nombre. Y han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y quieren echar sobre nosotros la sangre de este hombre. Pero Pedro y los apóstoles respondieron: Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres". ¿No ves?

El cristiano debe obedecer la ley de las autoridades de turno, hasta que esa ley le pida que obedezca algo que ya Dios ha ordenado lo contrario. En ocasiones me conseguía una esposa preguntando: "Pastor, quiero venir a la iglesia y mi esposo no me deja, ¿qué hago?". Ve a la iglesia. La Palabra de Dios claramente dice que no te dejes de congregar. Y la autoridad que cualquiera pueda ejercer es una autoridad delegada por el único que tiene autoridad intrínseca en todo el universo, que es Dios.

Entonces ahora podemos entender mejor lo que dice la Palabra y los límites de aquellas cosas. Recordemos: debemos someternos a la autoridad. Toda autoridad proviene de Dios. Resistir la autoridad terrenal es resistir a Dios. El propósito de las autoridades terrenales es el ordenamiento de la sociedad civil. Dios delegó en autoridades humanas la responsabilidad de vengar la maldad. Y debemos obedecer no solamente por temor al castigo, sino también que debemos obedecer por causa de la conciencia.

Séptimo lugar y último: Pablo enseña que debemos obedecer a las autoridades de turno aun en el pago de impuestos. Yo sé, acomódate, afloja la ropa. Déjame leerte el versículo seis: "Pues por esto también ustedes pagan impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios dedicados precisamente a esto", ¿a qué? A gobernar y cobrar impuestos. Versículo siete: "Paguen a todos lo que deban: al que impuesto —Pablo, ya me lo dijiste en el versículo seis, ¿me lo tienes que repetir en el siete? No es, sabe, con la del seis ya basta—. Al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor".

Notar por qué debemos pagarlos: porque los gobernantes son servidores de Dios dedicados precisamente a esto. Hermanos, desde la antigüedad no ha existido un solo gobierno que no cobre impuestos. ¿Cómo creo carreteras de comunicación o calles? ¿Cómo brindo servicios públicos? ¿Cómo hago cloacas? ¿Cómo construyo acueductos? ¿Cómo hago una serie de cosas? ¿Cómo pago a los servidores públicos? No hay manera de hacerlo que no sea a través de impuestos.

"Pastor, es que muchas veces hay impuestos injustos". Hermano, escúchelo. No solamente hay impuestos injustos. Déjame decirte todo lo que hay: hay gobernantes injustos, esposos injustos, esposas injustas, hijos injustos, nietos injustos, pastores injustos. Dime qué es lo que no hay injusto de este lado de la gloria. Es una falsa expectativa del reino de este mundo, literalmente hablando. Pero Pablo nos da los lineamientos y nos está recordando que cuando yo me resisto a estos lineamientos, yo me estoy resistiendo a la autoridad que Dios ha puesto sobre mí.

Hermano, yo no sé si tú te has hecho la pregunta de por qué te molesta pagar impuestos. Yo sé lo que me podrías decir: "Que no lo usan apropiadamente". Esa no es la razón. A la luz de este libro, esa no es la razón. Y lo sabemos. Ahora, de verdad, yo sé, yo voy a estar contigo ahora, yo lo hice en el pasado. Me quedó claro: la razón por la que al cristiano le cuesta, le molesta pagar impuestos, es porque pagar impuestos tiene que ver con algo que compite directamente con el señorío de Cristo.

Cuando Cristo quiso hablar de que Él, como Señor Dios, no acepta competencia, pudo haber escogido gobernantes, emperadores, reyes. No, escogió al dinero. Escucha, Mateo 6: nadie puede servir a dos señores. Fíjate que el señorío que le está comparando, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas. Claramente, no hay nada desde la creación de las riquezas que compita con Dios como es el dinero en cualquiera de sus formas del pasado, porque el dinero tiene características muy similares a Dios, claro, con diferencias, guardando la distancia.

Pero piensa hoy en día: Dios está en todas partes, el dinero también. Dios da poder, recuerda que hay diferencias, guarda la distancia, el dinero también. Dios da seguridad y el dinero también. El dinero te hace sentir en control, Dios también. Te permite independencia, Dios también. Con dinero puedes comprar placer, bueno, Dios te da deleites. El dinero también puede comprar comodidad. Y sin nada de eso fuera suficiente, el dinero es, no puede ser, es un ídolo. Y todo ídolo compite con Dios. El dinero es el mayor de los ídolos de los hombres.

Y el pago de impuestos, el pago de ofrendas, que no hablo de esto para los diezmos en el Nuevo Pacto, pero para ayudarte a entender, una ayuda que va a cubrir una necesidad, todo eso nos ayuda a destruir nuestros ídolos. El dinero, y lo hace Richard Foster en su libro "Dinero, sexo y poder", hay que profanarlo para que pierda el brillo que tiene. La única forma de profanar los ídolos es regalándolo.

En mi caso, yo y mi esposa pagamos impuestos por la misma razón que queremos ofrendar y por la misma razón que queremos ayudar a personas necesitadas: porque esta Biblia lo dice. Pero en segundo lugar, personas que en esta clase hay un par de personas que conocen, que no son ni yo ni mi esposa, que conocen los impuestos que pago y la cantidad que pago y todo lo demás, ellas te pueden testificar. Cuando nosotros pagamos los impuestos, nosotros sabemos que gozosos de poderlo pagar. Número uno, porque podemos pagarlo. Y número dos, porque puedo decir ese dinero no me tenía, por eso me es fácil darlo, pero yo necesito cumplir con el Dios que me dio la vida.

Si todavía no te he convencido de eso, déjame decirte: este pago de impuestos, y no querer hacerlo, es una lucha campal de todos los siglos. De hecho, los zelotes, recuerda, Simón el Zelote que salió de ahí, fue escogido para ser uno de los apóstoles. Los zelotes se levantaron porque no querían pagar impuesto a Roma.

En el segundo siglo, Justino Mártir, defensor de la fe cristiana y defensor de nosotros los cristianos, segundo siglo, entre el año 100 y el 200, le escribió una carta al emperador para defender a los cristianos que ellos estaban persiguiendo. Escucha con detenimiento a qué apelaba: "En todo lugar, y más fácilmente que cualquier otro hombre, nos esforzamos", subraya esa palabra, "por pagar nuestros impuestos a aquellos designados por ti, señor emperador". Pero eso no es suficiente, escucha: "Tanto los impuestos ordinarios como los extraordinarios". Señor emperador, si nos quieren perseguir, por lo menos que usted sepa que una de las características que distingue al cristiano de esa época es que somos fieles en el pago de algo que el gobierno suyo demanda, y nosotros lo pagamos, los impuestos ordinarios y los extraordinarios.

Pero eso no es suficiente. ¿Cómo? Como fuimos instruidos por Jesús. ¿Cuándo fue eso? No vaya tan rápido, te digo ahora. Justino Mártir continúa: "Nosotros adoramos a Dios solamente". Ahí sí, señor emperador, ahí tengo que decirle la verdad. En todo lo demás te servimos gustosamente, reconociéndoles como reyes, como gobernantes sobre los hombres, y oramos que además de poseer el poder de rey, pues también puedas poseer discernimiento sabio. ¡Wow! Señor emperador, quiero que usted sepa, y no solamente pagamos impuestos, nosotros oramos por usted. Nosotros oramos para que usted, que tiene el poder de rey, de a bien Dios le pueda conceder discernimiento sabio.

¿Notaste a qué apeló para defender a los cristianos? Al pago de impuestos. Y notaste de quién él aprendió eso: como fuimos instruidos por Jesús. Cuando los del evangelio fueron a Jesús y le preguntaron que si era lícito pagar impuesto al César, estaban seguros que Jesús iba a decir que no. El texto dice que le hicieron la pregunta para atraparlo. Él les dijo: "Denme una moneda. ¿De quién está la efigie?" "Del César". "Ok, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Exactamente lo que Justino Mártir dice: los impuestos te pertenecen a ti, rey, te los damos. Ahora, nuestra adoración le pertenece a Dios. Ahí sí no transigimos.

Hermanos, Dios no nos dio un bufet para yo escoger y dejar. Dios me dio una palabra autoritativa sobre mi vida en todo lo que ella dice. Yo puedo decidir obedecerla y recibir las bendiciones de Dios. Yo puedo decidir violarla y recibir las consecuencias de Dios.

Pero déjame decirte algo, porque no quiero que alguien salga de aquí después, esto sabe cómo te hace un clipcito, lo pone en la red y es el pastor Miguel, solo habló de impuestos esta mañana. Este texto entero tiene un cordón umbilical. Habla diferentes cosas, hay un cordón umbilical. El cordón umbilical que los une es la rebelión del corazón humano a lo que Dios ha dispuesto. Entonces si alguien quiere hacer un clipcito y decir que yo hablé, bueno, que haga uno de este final ahora.

Déjame decirte: cualquier grado de resistencia que tengas a obedecer la autoridad, a la ley de los hombres, está íntimamente relacionado al grado de resistencia que tienes de obedecer la ley de Dios. Cualquier grado de resistencia que tengas a cualquiera de la ley de los hombres, dada por autoridades a quienes Dios les delegó la autoridad, está relacionada a un grado de resistencia a obedecer la ley de Dios.

Dos: cada violación de la ley de los hombres revela tu grado de rebelión. Y lo mismo ocurre cuando violamos la ley de Dios de manera pública o privada. Un hombre religioso escoge cuál ley de su mano obedecerá o cuál pasaje. No, eso no puede ser así. "Yo no entiendo eso. Tu versículo está bueno: Dios me ama y tiene un maravilloso plan para mi vida. Y este también parece que si yo le doy a Dios, él me devuelve cuatro y cinco veces lo que yo le doy". Eso no es lo que la Palabra dice. Yo tengo obligaciones con Dios, porque tengo obligaciones con la sociedad civil, y Dios le dio autoridad delegada a los hombres para hacer eso.

Finalmente, hermanos, escuchen. Yo creo que si han estado conmigo suficiente tiempo saben que mi interés no es herirte ni es ofenderte. Pero también sabes que la Palabra nos ofende con cierta regularidad. Mientras más grande es mi pecado, más severa es mi rebelión, literalmente hablando. No es lo mismo que yo llegue, Clever, mano lamentablemente, he dicho algo un poco irrespetuoso a Cappy, que yo llegue a Cappy que ha acabado de dar una cachetada. Mientras más grave mi pecado, más grave es mi rebelión y mi declaración de autonomía.

Lo mismo ocurre con la frecuencia de mi pecado. Mientras más frecuentemente yo incurro en mi pecado, mayor es mi grado de rebeldía y de insubordinación a la ley de Dios. Lo que Dios está haciendo es ayudándome a entender que ciertamente Él ha organizado la sociedad: en el matrimonio, en la familia como un todo, en la iglesia, en los gobiernos. Él ha organizado la sociedad, una sociedad que tiene que funcionar en un mundo caído para que pueda haber ley y orden y pueda haber bienestar para todos.

Pero de la misma manera que Adán y Eva se resistieron a la autoridad de Dios, y que Lucifer se resistió a la autoridad de Dios, tú y yo nos resistimos a la autoridad de Dios revelada en esta Palabra. Pero culpamos a las autoridades terrenales de por qué no obedecemos. No, esto es una historia vieja y repetida y recurrente. Y la verdad es que la sumisión contribuye enormemente a ejercer o a cultivar, ya lo dijimos, la mansedumbre, la humildad y el dominio propio. Lo que Adán y Eva no tuvieron, Lucifer tampoco.

Si eres tú, es un buen momento de confesar, pedir a Dios que te lleve al arrepentimiento. Recuerda que tú y yo no tenemos la capacidad de producir el arrepentimiento, es algo que viene de arriba. Puedes confesar y debes hacerlo. Inmediatamente después pedirle a Dios que te lleve al arrepentimiento. Te permita ver tus áreas de rebelión, tus áreas de insubordinación, las veces o los lugares donde has declarado tu autonomía. Le puedas pedir a Dios que reduzca tu autovoluntad a la nada, de manera que puedas verdaderamente llegar al Getsemaní y allí poder decir: Señor, no mi voluntad, sino la tuya.

La próxima vez que puedas orar el Padre Nuestro, puedas decir: "Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra", sin ser una persona hipócrita. Porque no puedo decir eso y luego hacer mi voluntad.

Perdónanos, Dios. Perdónanos de los ídolos que tenemos, y luego querer defenderlos con argumentos humanos. ¿No sería mucho mejor poder decir: Señor, yo reconozco que esto es un ídolo en mi vida? Yo reconozco que este ídolo está más en mi pensamiento que lo que tú estás en mi pensamiento. Que tiene más atracción para mí que lo que tú tienes de atracción. Que quizás tú permites estos ídolos en mi vida para revelarme una, que tengo un área de competencia contigo, o dos, quizás mi ídolo me revele que verdaderamente tampoco soy cristiano.

Porque hablando de ti, Señor, tú dijiste en el mismo Sermón del Monte: "No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos". Y luego dijiste quiénes: sino solo aquel que hace la voluntad de mi Padre. Recordamos, Dios, que esa voluntad está revelada en tu Palabra, por lo menos la voluntad general para todos tus hijos, y que es esa voluntad la que nosotros violamos continuamente. Perdónanos. Forma en mí un corazón manso y humilde. Ayúdame a aprender del Maestro.

Tan manso y humilde como el de Cristo, que él supo incluso orar por sus enemigos, por Esteban, que pudo decir: Padre, no les tomes en cuenta este pecado. O como el de Jesús, que muchas veces ni siquiera respondió a sus acusadores. Que confiemos en ti porque tú conoces la condición de cada corazón, de cada hombre, de cada mujer.

Escudríñanos, como dijo David, y ve si hay en nosotros caminos de pecado o de iniquidad, y crea en mí un corazón nuevo para seguirte y obedecerte de una manera también nueva. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.