IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Deuteronomio 6 presenta a Moisés frente a una nueva generación de israelitas que nunca vivió en carne propia la esclavitud de Egipto, las plagas, ni el mar abriéndose ante ellos. Para estos jóvenes, las historias de sus padres podían parecer fábulas de tienda de campaña en noches calurosas del desierto. Por eso Moisés les entrega el corazón de la fe en una declaración sencilla pero total: el Señor es uno, y debemos amarle con todo el corazón, toda el alma y toda la fuerza. Eso es lo que los padres de hoy deben enseñar a sus hijos: quién es Dios y qué espera de nosotros.
La enseñanza no ocurre solo en momentos formales. Ocurre cuando te sientas en casa, cuando caminas, cuando te acuestas y cuando te levantas. Los hijos observan cómo sus padres hablan entre sí, cómo tratan a otros, cómo reaccionan en el tráfico, cómo se someten a la autoridad. Los hechos hablan más fuerte que las palabras. Por eso el llamado es a modelar una vida rendida a Dios, a enseñar a los hijos a reflexionar y meditar en lo verdadero, a ser intencionales aprovechando cada oportunidad, y a cultivar en ellos un corazón agradecido que reconozca que todo proviene de la gracia divina.
La fábula del flautista de Hamelín ilustra el peligro: melodías aparentemente inocentes que el mundo toca pueden llevarse el corazón de nuestros hijos. El reto para cada padre es luchar por ese corazón, usando la herramienta más poderosa disponible: la oración constante y una relación viva con el buen Padre celestial.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Es una bendición poder pararme aquí a compartir con ustedes cualquier pasaje de la Palabra de Dios, pero usted sabe también que es un compromiso y que es un reto. Y yo oro al Señor para que así como Él me habló, me confrontó, pero sobre todo me animó con el texto que vamos a ver hoy, así el Señor pueda hablarle a todos ustedes, especialmente a todos los padres que están aquí.
El día de hoy nosotros vamos a ver un pasaje de la Palabra que se encuentra en el Antiguo Testamento, en el libro de Deuteronomio. Yo no sé si a usted le pasa, pero a mí al principio Deuteronomio era un nombre que me intimidaba. De hecho, para mí es el nombre del libro de la Biblia más intimidante que hay. Para mí mucho más incluso que Apocalipsis, porque apocalipsis es un término que estamos acostumbrados como a usarlo, pero Deuteronomio a veces me suena como si fuera el nombre de un antibiótico: Deuteronomio de quinientos. Pero no, Deuteronomio es el quinto libro del Pentateuco, que es la colección de cinco libros que escribió Moisés.
Y diferente a Génesis y Éxodo, donde se cuenta lo que pasó en muchos años, Deuteronomio en sus 34 capítulos solamente cuenta los hechos que ocurrieron en las últimas semanas de la vida de Moisés. Ya Moisés sabía, y eso es otro sermón, que él no iba a entrar a la tierra prometida. Ya él sabía que el pueblo estaba preparado para entrar a la tierra prometida por segunda vez, y lo vamos a ver más adelante. Pero él sabía que él no iba a entrar y él quería aprovechar esta última oportunidad para hablar con el pueblo de Israel. El libro contiene básicamente tres sermones que Moisés dio al pueblo.
Y para que entiendan un poquito el contexto y le pierdan el miedo a Deuteronomio, esta es la situación: ya han pasado 40 años desde que el pueblo salió de Egipto y el pueblo, como ya dije, está listo para entrar a la tierra prometida. Ya está en la frontera. Moisés ahora quiere sentarse con el pueblo y hacer un repaso de todo lo que ha sido este peregrinar por el desierto.
Moisés comienza en Deuteronomio recordándoles cómo el gran Yo Soy los sacó con su mano poderosa de Egipto, cómo humilló a Faraón, pero sobre todo cómo humilló a todos los dioses falsos de Egipto. Él quiere recordarles cómo Él los sacó de una vida de esclavitud a ser libres, o mejor dicho, esclavos de un Dios bueno. Moisés aprovecha Deuteronomio en sus primeros capítulos y les recuerda cómo el Señor le entregó su ley en el Monte Sinaí y les enseñó cómo conocer a Dios, cómo amarle, cómo obedecerle y cómo adorarle. Moisés también les recuerda a ese pueblo cómo Dios durante todo ese tiempo los guió, los acompañó, los protegió.
Pero también Moisés les recuerda cómo el pueblo nunca fue agradecido y cómo se quejó constantemente de Dios. Si ustedes recuerdan, desde que salieron de Egipto comenzaron a quejarse: "Ahí viene Faraón, Moisés nos hubiera dejado en nuestra casa, ahora nos van a matar aquí en el desierto." Y el Señor, ¿qué hizo? Los protegió. Luego se quejaron que encontraron agua, pero estaba amarga, y el Señor las endulzó. Luego se quejaron que no tenían comida y el Señor les proveyó carne. Luego se quejaron que el viaje era demasiado difícil. Luego se quejaron otra vez que tenían sed, que no había qué beber, y el Señor los cuidó. Otra vez dijeron que estaban cansados de vivir como un pueblo nómada en el desierto, viviendo en tiendas de campaña, que ellos querían ser como los demás pueblos del mundo que tenían sus ciudades, sus comodidades.
Y el colmo de la queja del pueblo de Israel fue que cuando llegaron a la frontera para entrar a la tierra prometida, Dios les dijo: "Adelante, esa es la tierra que yo le prometí a sus padres, es de ustedes, es una tierra donde fluye leche y miel, es una tierra que está preparada. Hay enemigos, pero recuerden, yo, el gran Yo Soy, voy delante. Yo estaré con ustedes." De hecho, dice el pasaje: "Yo les entregaré esas ciudades, confíen en mí." ¿Y qué hizo el pueblo de Israel? "¿Por qué no mandamos doce espías primero para que analicen y nos hagan un reporte de factibilidad a ver si este proyecto es viable?" Mandaron a doce espías, trajeron un reporte y efectivamente dijeron: "¡Wow, qué tierra! Tiene de todo lo que necesitamos. Eso sí, el enemigo es grande y poderoso." Ya se olvidaron quién es el grande y poderoso. "Son muchos, son grandes en tamaño."
Entonces Dios se airó contra su pueblo y los castigó y les dijo: "¡Ajá! ¿Ustedes no confían en su Dios? ¿Ustedes no han visto lo que yo les he demostrado en este tiempo de peregrinaje, que quizá fueron unos dos años? Pues les tengo noticias: los voy a devolver, los voy a poner a vagar en el desierto hasta que esta generación de ustedes, todos los que tienen más de 20 años, mueran, y una nueva generación de mi pueblo sea el que entre a la tierra prometida."
Y así pasó. 38 años más duró el pueblo de Israel en el desierto hasta que esa generación de personas de más de 20 años murieron, y solamente quedaron los judíos de menos de 20 años cuando salieron de Egipto, que ahora tendrían unos 60 años, y dos de los espías que dijeron que podían entrar porque Dios iba adelante, que todos saben que eran Josué y Caleb.
Entonces el libro de Deuteronomio es importante porque Moisés sabe que en sus últimas dos semanas de vida, dos o tres semanas de vida, él tiene delante a un pueblo nuevo. Es la segunda generación del pueblo judío y él necesita que ese pueblo conozca cosas que él sabe que ellos no vivieron. Él sabe que ese nuevo pueblo, por decirlo así, de jóvenes, nunca vivió en carne propia los sufrimientos de años vividos en la esclavitud de Egipto. Los que salieron con 20 años pueden recordar lo que sufrieron sus padres, pero ya saben que no es como el padre de familia judío que sufría el no tener alimento para darle a su hijo mientras estaba en Egipto, o la madre que vivió que le arrancaron de su casa un hijo para matarlo.
Moisés sabe que ese pueblo que está sentado ahí no conoce eso. Él sabe que ese pueblo casi no recuerda o no vivió cómo plaga tras plaga la mano poderosa del Dios bueno, santo y justo humilló a los egipcios. Este es un pueblo que no vivió lo que es ver el Mar Rojo abrirse y cruzar, y sobre todo no vivió lo que es mirar hacia atrás y ver cómo el mar se tragaba al enorme ejército del Faraón. Este pueblo que está ahí no vivió cuando Dios les habló y les recitó los Diez Mandamientos desde el Monte Sinaí ardiendo en llamas; dice que hablaba como trueno.
Este pueblo judío que está sentado simplemente conoce de esa historia porque sus padres se la contaron, pero yo estoy seguro que ahí había jovencitos, niños, que pensaban que esas historias que sus padres y sus abuelos les contaban eran fábulas infantiles que los viejos hacían en las noches en la tienda de campaña para mantenerlos entretenidos en la calurosa noche del desierto. Por eso Moisés quiere en su último sermón, en su último tiempo con el pueblo, abrir su corazón y hablarle a esta segunda generación. De hecho, Deuteronomio significa "repetir la ley." En Deuteronomio, Moisés le va a repetir a este otro pueblo exactamente lo que está en el libro de Éxodo.
Entonces, con ese contexto y entendiendo el corazón del autor de Deuteronomio, yo quiero que hoy leamos los primeros 15 versículos del capítulo 6 de Deuteronomio, entendiendo lo que Moisés está viviendo en ese momento. Voy a leer en la Nueva Biblia de las Américas.
Dice el versículo 1: "Estos pues son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el Señor su Dios me ha mandado que les enseñe, para que los cumplan en la tierra que van a poseer, para que temas al Señor tu Dios guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno." ¿Quiénes lo van a guardar? "Tú y tus hijos y tus nietos todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Escucha pues, Israel, y cuida de hacerlo para que te vaya bien y te multipliques en gran manera en una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres, te ha prometido."
Y aquí está. Si esto fuera una clase de escuela dominical que está dando Moisés, en estos próximos versículos está la idea central de la lección: "Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón, y las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes en el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las atarás como una señal a tu mano y serán insignia entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas."
"Y sucederá que cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no edificaste, casas llenas de toda cosa buena que tú no llenaste, cisternas excavadas llenas de agua que tú no cavaste, viñas y olivos que tú no plantaste, y cuando comas y te sacies, entonces cuídate. No sea que te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre," y otra versión dice "de la casa de esclavitud."
Versículo 13: "Temerás solo al Señor tu Dios, y a Él adorarás, y jurarás por su nombre. No seguirás a otros dioses, ninguno de los dioses de los pueblos que te rodean, porque el Señor tu Dios, que está en medio de ti, es Dios celoso. No sea que se encienda la ira del Señor tu Dios contra ti y Él te borre de la superficie de la tierra."
Moisés tiene un tremendo reto delante de él. Él sabe que su tiempo es poco, tiene una nueva generación de padres sentados delante de él, y él tiene que darles un taller intensivo de crianza. Él tiene que enseñarles a sus hijos algo muy sencillo.
¿Quién es el Dios de sus padres y qué espera de cada uno de ellos? Hermanos, nosotros tenemos el privilegio de tener en nuestras manos pasajes como Deuteronomio 6, y ustedes pueden estar seguros de que los principios que podemos sacar de ese capítulo sirvieron hace más de 3000 años para todos los padres de Israel y sirven exactamente igual para todos los padres de la IBI y Latinoamérica del año 2022. Por eso yo he titulado este sermón "Enseñando en todo tiempo", y yo solamente quiero compartir tres puntos con ustedes sacados de este texto.
Tres preguntas, padre: ¿Qué tú le enseñarás a tus hijos? ¿Qué Dios quiere que tú enseñes a tus hijos? Segundo, ¿cómo quiere que tú le enseñes? Tercero, ¿por qué tú debes enseñarle esto a tus hijos?
Y el primer punto debe ser la parte más obvia. Lo primero que los judíos tenían que enseñar a sus hijos es lo mismo que nosotros los padres debemos enseñar a los nuestros: ¿Quién es nuestro Dios y qué espera de nosotros? Y volvemos a leer los versículos 4 y 5: "Escucha hoy, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza." Y estos versículos resumen el corazón de lo que Moisés quería enseñar.
Los judíos lo saben, y los judíos le llaman a estos dos versículos el Shemá, y es como una oración que todo judío hace dos veces al día. Shemá es un nombre muy bonito y muy poético, pero realmente lo que significa es como comienza el versículo: "Escucha". Oye, para que ellos se recuerden que tienen que repetirse eso todos los días de su vida: "El Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza."
Entonces, desempaquetando la idea clave de la lección: ¿Quién es nuestro Señor? ¿Quién es nuestro Dios? El gran Yo Soy, Yahvé, Jehová de los ejércitos, el Altísimo, el Todopoderoso, el Único, el que no hay nada sobre Él, no hay nada como Él ni hay nada fuera de Él. Y lo segundo que tiene la idea principal de esta lección es: ¿Qué espera de nosotros? Muy sencillo: que le amemos incondicionalmente.
Nosotros hemos cantado el día de hoy del amor de Dios por nosotros. Dios nos exige que le amemos. Ningún otro dios falso ni siquiera ningún otro gobernante había exigido a sus súbditos amor, simplemente obediencia, temor y respeto. Y ese temor, temor de miedo, no temor de reverencia. Dios quiere que nosotros le amemos, pero Él quiere que nuestro amor sea completo.
Y usted lo coge en sus rayas en ese capítulo; la vez que aparece la palabra "todo" es impresionante. Dice ahí "con todo tu corazón"; para los judíos, del corazón salían incluso hasta los pensamientos, lo que dice: yo tengo que amar a mi Dios con todo lo que mi mente está. Con toda nuestra alma, y ahí es que salen para los judíos los sentimientos. Y con toda nuestra fuerza, con todo mi cuerpo físico, con todo lo que yo hago, toda mi vida, todo mi accionar debe reflejar que yo amo a Dios. Padre, eso es lo que Dios quiere también de ti y de tus hijos.
Pero hay algo que es importante: tus hijos no van a amar a Dios si primero ellos no le conocen. Tú tienes que enseñarle cómo es nuestro Dios. Padre, tú tienes que enseñarle a tus hijos los atributos del gran Yo Soy. Tú tienes que hablarle de su fidelidad, tú tienes que hablarle de su bondad como cantamos, tú tienes que hablarle de su soberanía, tienes que hablarle también de su santidad, de su justicia, de su celo, y tienes que hablarle de su amor. Tú tienes, papá, que enseñarle a tu hijo la gran historia de amor de Dios con su pueblo.
Pero yo voy más lejos: tú tienes que hacerlo más personal. Tú tienes, papá, que contarles a tus hijos la gran historia de amor de Dios contigo, la gran historia de amor que tiene Dios con tu familia. Enseñarle cómo Dios ha sido bueno contigo y tu familia, enseñarle cómo Él te ha sacado de múltiples desiertos, enseñarle cómo Él te ha guiado en tu caminar mucho tiempo. Háblale de las tantas veces que tú te has sentido cuidado por tu Dios. Cuéntale también de las veces que tú te has quejado o que le has fallado y que has venido delante de Él a pedirle perdón.
Pero sobre todo, cuéntale de la mayor muestra de amor que Dios tuvo para con nosotros. Dile que de tal manera nos amó Dios que no escatimó a su propio Hijo, lo hizo bajar a la tierra para vivir la vida perfecta que ni tú ni yo ni tu hijo podían vivir, lo clavó en una cruz para pagar mis pecados, los tuyos, los de tu hija de siete años, para que podamos ser llamados hijos de Dios. Enséñale a tu hijo que Dios quiere que le amemos así, con todo. ¿Tú sabes por qué? Porque Él primero nos amó con todo. Enséñale que es de que era nuestra obediencia, pero es de que era una obediencia que sale de un corazón agradecido. Eso es lo que tenemos que enseñar. La lección no es muy complicada; es demandante, pero no es complicada.
Resumiendo, ¿qué tú le enseñarás? Tú le dices a tus hijos: "Escucha, hijo mío, el Señor es nuestro Dios. No hay nadie como Él, no hay nada afuera de Él. Ámalo con todo tu ser, en todo lo que hagas, cada día de tu vida. ¿Por qué? Porque Él te amó primero."
Y ya que sabemos qué le vamos a enseñar a nuestros hijos, vamos al segundo punto: ¿Y cómo se lo vamos a enseñar? Bueno, la idea de este pasaje es motivarnos. Yo quiero que todos aquí salgamos motivados y que sepamos que Dios preparó de antemano recursos y herramientas para nosotros poder criar a nuestros hijos en sus caminos. No es ciencia de cohete ni tenemos que inventar el agua tibia. Yo quiero extraer de este pasaje y compartir con ustedes cuatro herramientas que Dios pone a nuestra disposición para esta tarea tan privilegiada de enseñar a que nuestros hijos conozcan a Dios.
Primera herramienta, papá: modelo. Modelo. Enseña primero con tu ejemplo. Vamos a volver a leer los primeros tres versículos de nuestro pasaje, versículo 1: "Estos pues son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el Señor tu Dios me ha mandado a que les enseñen para que los cumplan en la tierra que van a poseer, para que temas al Señor tu Dios haciendo qué: guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno. ¿A quién? A ti, a tus hijos y a tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Escucha, pues, papá de la IBI, cuida de hacerlo." Ese "cuida de hacerlo" es preocúpate por hacerlo, ten intención en obedecer, ten intención en seguir mis preceptos, "para que te vaya bien y te multipliques en gran manera, en una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres, te ha prometido."
Papá y mamá, los dos, ustedes tienen que servir de ejemplo para sus hijos. Les tengo noticias: aunque tu hijo tenga tres años, tus hijos están pendientes de ustedes siempre. No solamente cuando papá abre el libro del devocional familiar, no solamente cuando papá está hablando aquí delante con el pastor. Tus hijos están pendientes de ustedes siempre. Ellos están viendo cómo ustedes, papá y mamá, se hablan entre ustedes. Ellos están viendo cómo ustedes tratan a los demás, a la persona que trabaja con ustedes, a los compañeros de la oficina, a sus amigos más cercanos. Papá y mamá, ellos están viendo cómo ustedes tratan a sus padres ya viejos. Ellos están viendo cómo ustedes hablan con los hermanos de la iglesia delante de ellos y luego en la casa hablan cosas totalmente diferentes. Ellos están viendo incluso cómo ustedes se someten a las autoridades: a un pastor, a un agente de tráfico, a un cajero de un banco. Ellos están viendo, ellos están viendo y están aprendiendo.
Lo increíble es que el versículo 3 termina con una expresión que para mí resulta sumamente confrontadora. Se refiere al Señor como qué: "Tal como el Señor, el Dios de tus padres." Es una pregunta retórica. Imagínate que alguien le pregunta a uno de tus hijos: "Miguelito, ¿cómo es el Dios de tu papá y tu mamá? Descríbemelo, ¿cómo es?" ¿Qué él diría? O peor aún, si le preguntan a tu hijo: "Manuel, ¿cuál es el Dios de tu papá? ¿Cuál es el Dios de tu mamá? ¿A quién tú ves, o a qué cosa tú ves que ellos dedican todo su corazón, toda su energía, todo su pensamiento? ¿Qué tú ves que lo que motiva a tu papá a levantarse cada día?" Ese es el tipo de cosa que tus hijos están observando y están aprendiendo. Papá, recuerda: tus hechos hablan más fuerte que tus palabras. Por lo tanto, el primer llamado es a modelar.
Segunda herramienta: enseña a tu hijo a reflexionar y meditar. Motívalo de temprana edad a analizar la información que llega a él. El diccionario define las palabras reflexionar y meditar como el proceso que permite pensar y considerar un tema cualquiera con atención, detenimiento, para estudiarlo, comprenderlo, formar su opinión sobre ello o formar una decisión. Todas las palabras de tal definición implican tiempo: pensar, considerar, atención, detenimiento, estudiar, comprender, formar su opinión y tomar una decisión. Enséñale a tu hijo que necesita ser una persona que aprenda a reflexionar.
De hecho, la palabra reflexionar etimológicamente viene de dos términos: uno que es "re", hacia atrás, y "flexus", que es doblar. Reflexionar bien es decir: ese tema, ¿cómo me afecta a mí? ¿Cuáles consecuencias tendría conmigo? Eso es reflexionar. Y meditar viene de una palabra que significa medir: yo quiero medir cómo este tema o esta decisión me va a afectar a mí y a lo que me rodea. Entonces, enseñemos a nuestros hijos a meditar y reflexionar.
Lamentablemente, tus hijos y los míos pertenecen a una generación acostumbrada a consumir inmensas cantidades de información de todo tipo: información muy buena, información buena, información mala, información malísima. Pero es una generación muy poco dada espontáneamente a tomarse su tiempo para pensar, meditar, filtrar y desechar lo que no le conviene. Vamos a ver lo que dice Filipenses 4:8-9. Voy a leer de la Nueva Biblia de las Américas: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten."
La palabra nos manda a que nosotros y nuestros hijos invirtamos tiempo meditando en lo verdadero, en lo digno, en lo justo, en lo puro, en lo amable, en lo honorable. Lo que también han aprendido, recibido, han oído y visto en mí, no lo dejen en teoría; esto practiquen, y el Dios de paz estará con ustedes.
Dice el pastor Miguel Núñez en su libro *Renueva tu mente*, hablando sobre este pasaje: "En esto mediten" es una expresión que aparece en el presente imperativo; es una orden, por lo que se considera como un mandato. Se trata de una obligación, no solo en el momento, sino también para toda una vida. Mi estilo de vida debe estar caracterizado por pensamientos de la misma naturaleza expuesta por el apóstol Pablo. El llamado y la orden de Dios es a la meditación. Esto significa que debemos rumiar las verdades del Evangelio. No se trata solamente de memorizar una verdad o simplemente repetirla; es más que la simple memorización y repetición. El Señor nos ordena que la conozcamos bien porque la hemos pensado y meditado con todo el corazón y porque estamos dispuestos a aplicarla a nuestra vida. Termina la cita del pastor Miguel.
Al pastor Miguel le gusta mucho usar el término "rumiar" para que nosotros entendamos gráficamente ese concepto abstracto que puede ser meditar y reflexionar, y a mí me encanta como ilustración. De hecho, hace un tiempo estuve leyendo de las vacas, que son unos animales rumiantes, y leí que cuando las vacas comen y pasan su alimento de la boca al estómago por primera vez, solamente asimilan el diez por ciento de los nutrientes de su alimento. Por lo tanto, ellas necesitan volver a subir ese alimento a la boca para volverlo a masticar y volverlo a tragar, volverlo a subir y volverlo a tragar. Y para que ustedes tengan una idea, el alimento que la vaca come en una hora, ella lo rumia en el día durante siete a diez horas. Miren la proporción.
Y también leí que una de las causas más comunes de muerte en las vacas es que ocurre una estrangulación del estómago que no permite que la vaca pueda devolver el alimento del estómago a la boca. Puede comer, pero no puede devolverlo. Y me pareció excelente el símil: una vaca puede comer mucho y morir porque no puede rumiar. Enseñemos a nuestros hijos a ser rumiantes, a meditar en cada cosa, a reflexionar en toda esa información que reciben. Padre, siéntate con él y pregúntale: ¿Qué te pareció el sermón? ¿Qué te pareció tu clase? Ayúdalo a profundizar en las ideas. Mientras más tiempo tu hijo invierta en reflexionar en lo verdadero, menos tiempo va a tener para recibir información que no le va a ser de provecho ni en esta vida ni en la venidera.
Tercera herramienta: papá, sé intencional, sé constante. La Escritura usa el término "diligente". Dice el versículo 7: "Las enseñarás diligentemente a tus hijos y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes." Papá, arma una estrategia con tu hijo. No lo dejes al azar, no lo dejes a la casualidad, organízate. Crea un tiempo especial donde tú puedas compartir las verdades del Evangelio con tus hijos, un tiempo donde ellos puedan hablar contigo, un tiempo en que puedan estudiar juntos, pero sobre todo un tiempo en que ellos puedan abrir su corazón. Es un tiempo donde va a haber una comunicación.
Pero increíblemente, incluso tener ese tiempo especial y formal no es suficiente. Padre, tú tienes que ser intencional, aprovechando todas las oportunidades que Dios te da para trabajar con tu hijo. Cuando tu familia pase por una prueba y aflicción, no te tranques con tu esposa allá en la habitación; si tu hijo tiene una edad suficiente, hazle ver cómo te estás rindiendo a la voluntad de Dios. Cuando a ti te toca como padre o como madre tomar una decisión y reconocer que la tomaste mal, compártela con tu hijo, explícale cuál fue tu error, explícale dónde fue que fallaste, aprovecha esa oportunidad. Cuando se sienten frente a la televisión y vean una noticia de lo que está pasando en el mundo, que parece incomprensible, explícale; explícale que el Señor hace mucho tiempo dijo que todo eso iba a pasar. Cuando vean un programa, una película, y haya valores que no entiende, explícale. Cuando tu hijo venga a la casa y te cuente de un comentario que le hizo un joven en el recreo que él no comprendió, siéntate y aprovecha esa oportunidad. No le digas solamente: "Eso hay que hablarlo después." Aprovecha la oportunidad. Cuando tú tomas una mala reacción en medio del tráfico con tu hijo al lado, pídele perdón, dile que no debiste hacerlo. En pocas palabras, tercera herramienta: busca constantemente la forma de pastorear el corazón de tu hijo.
Cuarta herramienta: enseña a tus hijos a ser agradecidos, a tener gratitud de la bondad de Dios. Que ellos aprendan de temprana edad la gracia de Dios en tu vida, padre, en la de tu familia y en la de ellos mismos. Enséñales que todo lo que ustedes son y todo lo que ustedes tienen proviene de Dios y es por gracia. Enséñales que aunque no merecemos nada, nuestro Dios bueno, fiel y bondadoso se complace en darnos de más. Pero enséñales también que aunque en ocasiones no recibamos lo que queremos, sus planes siguen siendo mejores que los nuestros.
Moisés está sentado delante de una generación del pueblo judío que la mayoría nació en el desierto, que estaba acostumbrada a vivir en escasez, sin comodidades, y él quería que ellos aprendieran y que no se olvidaran que aunque las circunstancias exteriores cambien, Dios no cambia. Dios se mantiene siendo el mismo, fiel y todopoderoso. Dice el versículo 10: "Y sucederá que cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no edificaste, que tú no tienes mérito en ellas, casas llenas de toda buena cosa que tú no llenaste, cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivos que tú no sembraste, y comas y te sacies, entonces, cuídate, no sea que te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de esclavitud. Temerás al Señor tu Dios, y a Él adorarás, y por su nombre jurarás. No seguirás a otros dioses, a ninguno de los dioses de los pueblos que te rodean, porque el Señor tu Dios que está en medio de ti es Dios celoso; no sea que se encienda la ira del Señor tu Dios contra ti y Él te borre de la superficie de la tierra."
Padre que estás aquí, enséñale a tu hijo que aunque las circunstancias cambien, debemos tener a Dios presente en todo tiempo. Y cuando mi sermón dice "enséñales en todo tiempo", me refiero también a eso. No en todo tiempo de día, de noche, en la casa, en el camino; no, en toda circunstancia. Enséñale a tu hijo que hay que tener presente en tiempos de prueba al Señor, pero también en tiempo de prosperidad, en tiempo de enfermedad y en tiempo de mucha salud, con hambre pero también cuando estemos satisfechos, cuando tengamos sed pero también cuando estemos saciados. Padre, tú mismo modela eso: ten presente a tu Dios en todo tiempo, no en la iglesia solamente.
Mira cómo dice el versículo 8, refiriéndose al versículo 6: "Estas palabras que yo te mando hoy las atarás como una señal en tu mano y serán por insignias entre tus ojos." Estas palabras: yo soy tu Dios, yo soy uno, yo soy celoso, yo soy justo, ámame con todo tu ser. Esas palabras dice: átalas en tu mano. ¿Tú te imaginas que tú te hagas un tatuaje ahí que diga: "Recuerda, Dios es primero, es santo, celoso y justo. Ámalo y obedécelo con tus pensamientos, con tus sentimientos y en todo lo que hagas"? Y que tú tengas eso todo el tiempo en tu mano: cuando tú pasas una tarjeta de crédito, cuando tú estás manejando en la autopista, cuando tú coges el control remoto de la televisión, cuando tú coges el celular. Ámame. Cuando tú te compras unas ropas y te ves al espejo. Así, precisamente ese es el principio de traer el símbolo: recuérdate de Dios, piensa en Dios antes de hacer cualquier cosa.
En el versículo 9 dice también: "Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas." Recuerden que esta generación en su mayoría no sabía lo que era tener una puerta, ni mucho menos con columnas y marco. Ahora, yo estoy seguro que los que salieron de Egipto con veinte años recordaban aquella noche de Pascua cuando el Señor mandó al pueblo a sacrificar un cordero y a coger su sangre y pintarla ¿dónde? En los postes de su casa. Y le dijo: "Si tú haces eso, esta noche cuando el ángel de la muerte visite la ciudad, no te va a pasar nada, porque yo te cuidaré." Dios lo que está diciendo es: "Yo soy el mismo. La misma mano poderosa que te sacó de Egipto te está entregando una tierra prometida preciosa donde yo te voy a llevar, donde tú vas a tener casa. Hoy, en esas mismas puertas, escribe: yo tengo un Dios que es celoso, que es soberano, que le debo amor y obediencia." En otras palabras, esto es lo que les digo: yo soy el mismo ayer, hoy y lo voy a ser siempre. Por favor, Israel; por favor, papá de IBI, no te olvides de mí, no vayas detrás de dioses falsos.
Eso es lo que los judíos sabían que significaba el Shemá. Deuteronomio 6 no nos está pidiendo que cojamos nuestras puertas y pongamos el Shemá. Mucha gente lo hace y se ve precioso. No, es que nosotros lo guardemos ahí, que nosotros sepamos que cuando llegamos a nuestra casa y entramos a nuestra zona privada, todo lo que pasa dentro de esa puerta es de Dios. Dios está presente, Dios lo está viendo, y Dios está diciendo: "Te recuerdo de mí. Cuando tú entras, en lo de adentro, tú no estás solo; yo estoy contigo." Y cuando tú sales hacia afuera: "Óyeme, de aquí hacia afuera yo soy Dios, tú eres mi hijo, ámame sobre todas las cosas." Entonces Dios nos pide que seamos agradecidos por lo que Él es, por todo lo que Él es para nosotros. Así es como Él quiere.
Hemos visto cuatro herramientas y las voy a resumir: modelar, enseñar a reflexionar y a meditar, ser intencional con nuestros hijos y aprovechar las oportunidades, y enseñarles a ellos a ser agradecidos de la bondad de Dios.
Ahora, esto nos lleva a un último punto. Padre, tú preguntarás: ¿y por qué yo tengo que enseñarle eso a mi hijo? Yo te voy a dar tres razones, pero te puedes quedar con la primera. Uno, porque es un mandato, simplemente porque Dios lo demanda. Dice ahí en el pasaje: "Guárdame ese estatuto, cuídate de hacerlo" y ya. Pero yo te puedo dar dos más, te voy a dar otras razones más.
Porque dice el pasaje que te va a ir bien. Padre, si ustedes temen al Señor, guardan sus mandamientos, como dice el versículo 2, y enseñan a sus hijos a temerle, amarle y obedecerle, les va a ir bien. Pero les va a ir bien no quiere decir necesariamente que van a vivir en prosperidad, ni que todo les va a salir bien. No, les va a ir bien significa que entenderán que todo cuanto les pase, sea bueno o malo, está bajo el control soberano de mi Dios. Les va a ir bien porque serán agradecidos y entenderán que aun lo poco que tengan proviene de Dios. Les va a ir bien porque vivirán una vida terrenal con la certeza de que un día ustedes y sus hijos pasarán por la puerta de una morada celestial, incorruptible y eterna. Les va a ir bien porque vivirán su vida aquí en la tierra, como dice el apóstol Pablo en Romanos 8, considerando que cualquier sufrimiento presente no es digno de compararse con la gloria que nos espera.
Yo te voy a dar una última razón. ¿Por qué tú les enseñarás a todos tus hijos? Porque Dios puede darte el inmenso privilegio de ser el instrumento que Él use para traer salvación a tu hijo.
Al acercarme al final del mensaje, me gustaría compartir con ustedes una fábula, una historia de niños, una fábula muy conocida para los de mi generación y las anteriores, pero me di cuenta preguntando que no es muy conocida para esta generación. Yo sé que muchos se van a dar cuenta en cuanto comience. Dice la fábula, y ella inicia diciendo: "Hace mucho, muchísimo tiempo, en el próspero pueblo de Hamelín, en Alemania, sucedió algo muy extraño. Una mañana, cuando sus gordos y satisfechos habitantes salieron de sus casas, encontraron las calles invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes, devorando con muchas ansias el grano de sus repletos graneros y la comida de sus bien provistas despensas. Nadie acertaba a comprender la causa de tal invasión y, lo que era peor, nadie sabía qué hacer para acabar con tan inquietante plaga de ratones."
Y la fábula cuenta cómo los hombres de la ciudad, desesperados, ofrecieron una gran recompensa para cualquiera que los librara de la plaga de los ratones. Y sigue la fábula diciendo: "Atraído por la recompensa, apareció un flautista que nadie había visto antes y prometió: 'Esta noche no quedará ni un solo ratón en Hamelín.' Dicho esto, comenzó a pasear por las calles, y mientras paseaba tocaba con su flauta una inocente y contagiosa melodía que encantaba a los ratones, quienes, saliendo de sus escondijos, seguían embelesados los pasos del flautista que tocaba incansable y constantemente su flauta. Y así, caminando y tocando, los llevó a un lugar muy lejano por donde pasaba un caudaloso río, donde, al intentar cruzarlo para seguir al flautista, todos los ratones perecieron ahogados."
"Los hamelineses, al verse al fin libres de las voraces tropas de ratones, respiraron aliviados, ya tranquilos y satisfechos, e hicieron fiesta. A la mañana siguiente, el flautista se presentó ante los padres de la ciudad, mejor dicho, los hombres de la ciudad, y reclamó la recompensa ofrecida. Pero estos, liberados ya de su problema y cegados por la avaricia, le contestaron: 'Vete de la ciudad. ¿O acaso tú crees que te pagaremos tanto oro por tan poca cosa como tocar una simple melodía en tu flauta?'"
"Furioso por la avaricia e ingratitud de los hombres del pueblo, el flautista, al igual que hiciera el día anterior, tocó una dulcísima y contagiosa melodía, una y otra vez, insistentemente. Pero esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de la ciudad, quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras los pasos del extraño músico. Cogidos de la mano y sonrientes, formaban una gran hilera, sordos a los ruegos y gritos de sus padres que, en vano, entre sollozos de desesperación, intentaban impedir que siguieran al flautista. Nada lograron, y el flautista se los llevó lejos, muy lejos, tan lejos que nadie supo adónde. Y los niños, al igual que los ratones, nunca más volvieron. Y esto fue lo que sucedió hace muchos, muchos años en este desierto y vacío pueblo de Hamelín, donde por más que busquéis nunca encontraréis ni a un ratón ni a un niño."
¡Qué bueno que esto es solamente una fábula de niños! ¿O no? ¿O se parece a lo que el mundo está haciendo con nuestros hijos?
Padre, la idea de este mensaje no es cargarte ni mucho menos asustarte. Ahora, eso sí, yo no me puedo bajar de aquí si tú no sales retado. Yo te quiero retar a que tú luches por el corazón de tu hijo. El diablo y el mundo tienen una estrategia para arrebatarte el alma de tu hijo, y es convencernos de que el mundo solamente está tocando una inocente y contagiosa melodía. Pero, padre, lamentablemente nosotros hemos dejado entrar en nuestras casas a ese flautista encantador y pensamos que lo tenemos bajo control. Nosotros pensamos que somos lo suficientemente inteligentes para darnos cuenta exactamente en el momento en que la melodía pase de ser una inocente melodía a una amenaza para nuestro hijo. Y sin querer le estamos haciendo el juego a Satanás, porque eso es lo que él quiere que nosotros pensemos.
"Bueno, pero está bien, déjalo, no lo levantes, un domingo que no lo lleves a la iglesia no es nada." "Ay, sí, sí, yo sé, ese juego violento sale mucha sangre, pero él sabe, es un juego." "Sí, sí, sí, mamá, tú sabes, yo sé que él está diciendo muchas malas palabras, pero es que lo dice tan bonito que me da una gracia cuando las dice." Melodías inocentes que el mundo nos hace creer que no van a tener consecuencia para nuestro hijo. "Bueno, esa película tiene un par de escenas fuertes, pero al final yo creo que el mensaje es bueno."
Pero yo quiero que tú salgas de aquí retado a apropiarte de Deuteronomio capítulo 6. Dejemos de ser sabios en nuestra propia opinión. Disfrutemos al enseñar a nuestros hijos el protagonista de esta historia. Modélale cómo se ve una vida rendida a un Dios inmenso, maravilloso y sorprendente. Enséñale a dar gracias por todo lo que tiene, y te prometo que criarás hijos vacunados contra la queja. Enséñale a no prestar su oído a las inocentes melodías del mundo.
Hermano que estás aquí, créeme, si Dios te hizo papá es porque Él sabe que tú puedes hacerlo, y Él tiene un plan de trabajo contigo y estás aquí. Parte de su plan de trabajo es que te ha traído a una comunidad como esta, donde tú tienes hermanos apasionados por trabajar con la próxima generación. Tú tienes una iglesia repleta de buenos modelos. Tú tienes una iglesia donde tienes tíos que se han ganado a tus hijos. Eso es parte de la instrumentación que Dios te ha dado para criar a tus hijos. Solamente te pido algo: búscalo. Búscalo a Dios, háblale, usa la mejor herramienta que tú tienes, y es tu relación con el Señor.
Nosotros tenemos una gran ventaja sobre el pueblo de Israel de Deuteronomio 6. Nosotros disfrutamos la mayor muestra de amor que Dios pudo ofrecer. Por el sacrificio que Dios hizo de su Hijo, nosotros ahora hemos sido adoptados y podemos decirle a Él: "Padre." Podemos orarle, como explicó el pastor Miguel: "Padre nuestro que estás en los cielos." Papá, clama al buen Padre por el corazón de tus hijos.
Quizás estas herramientas llegaron muy tarde a tu vida. Quizás tú no tenías el conocimiento para aplicarlas, o quizás llegaste a los pies del Señor muy tarde y ya tus hijos son adultos. Pero todavía puedes ser diligente, intencional y constante en la herramienta más poderosa: ora por tus hijos, ora por tus hijos adultos, ora por la pareja de tus hijos. Abuelos, oren por sus nietos. Conozco abuelas con nietos de cinco y seis años que desde ya están orando por sus esposos y esposas.
Vamos a celebrar el Día del Padre orando. Yo quiero ahora terminar dando gracias a Dios por los padres que están aquí y quiero bendecirlos. Quiero pedirle al Señor que derrame una bendición especial sobre ellos y sobre toda la generación que habrá de venir.
Reynaldo Logroño conoció al Señor en 1980 y es miembro de la IBI desde 2007. Ha servido en Consejería Prematrimonial, GPS, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa. Desde 2010 dirige, junto a su esposa, la Escuela Bíblica Dominical, y desde 2017 es director del Ministerio Integridad & Sabiduría. Licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.