La ira del hombre no produce la vida justa que Dios quiere. Esta advertencia de Santiago cobra urgencia en una generación saturada de información pero incapaz de escuchar, que ha conquistado el mundo exterior pero sigue fracasando en comprender su propio corazón. Las verdaderas batallas de la vida no están afuera sino adentro, y cada persona sigue siendo su principal amenaza.
Santiago ofrece una secuencia reveladora: ser rápidos para escuchar conduce a ser lentos para hablar, pero invertir el orden —escuchar poco y hablar mucho— desemboca inevitablemente en la ira. No toda ira es pecaminosa; Dios mismo se enoja ante la injusticia, y Jesús se indignaba con la hipocresía de los fariseos. Pero en el noventa y nueve por ciento de los casos, la ira humana nace de sentirse amenazado, como Saúl cuando escuchó que las mujeres atribuían más victorias a David, o de frustraciones por deseos no alcanzados. Cuando algo ocupa el primer lugar en el corazón que no sea Dios, se convierte en ídolo, y al no conseguirlo, explota la furia.
El camino de salida comienza por reconocer el problema sin excusas, buscar reconciliación antes que se ponga el sol, y examinar qué ídolo alimenta esa emoción. Un joven en una cárcel de máxima seguridad, hijo de pastor, dio este consejo desde su encierro perpetuo: lean Efesios 4:26-27, porque él se volvió loco por no obedecerlo. La clave final es confiar en la soberanía de Dios. Él no ha renunciado a su plan de bendecirnos ni está tan lejos que no pueda oírnos. El problema no es lo que hacemos, sino lo que somos —y solo Dios puede transformar eso.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Fuimos llamados, hermanos, para vivir en Su Palabra! Si son tan amables, por favor, vamos al libro de Santiago, capítulo número 1. Santiago, capítulo número 1. Vamos a estar enfocados primordialmente en los versos 19 y 20, un sermón que hemos titulado "Un entendimiento bíblico de la ira". Un entendimiento bíblico de la ira. Así que abran sus Biblias o prendan sus Biblias en Santiago, capítulo 1, versículos 19 y 20. Dice: "Esto sabéis, mis amados hermanos, pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira, pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios."
Alguien decía que vivimos en una generación donde hay una explosión de información, y la manera como ellos destacan esta realidad es haciendo una comparación. Ellos dicen: si usted está expuesto en una semana a un periódico o a redes sociales de noticia, usted en una semana va a recibir más información que la que recibió una persona que vivió en los 1800 por toda su vida. En una semana recibe más que lo que una persona de esa época pudo estar expuesta en toda su vida. Estamos inundados por una marea de información que se vierte 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días del año. El mundo está corriendo ahora en vivo. Es una generación que se le llama que vive en tiempo real. Es impresionante toda la información que está disponible para nosotros fácilmente.
La nota de alarma y la preocupación que algunos externan es esta: aunque hay mucha información, todavía lucimos ser una generación que se distrae fácilmente. Estamos expuestos a tanta información que alguien decía: miramos sin ver, oímos sin escuchar y hablamos sin entender. Definitivamente se ha avanzado mucho, especialmente en los términos tecnológicos, pero todavía hay cosas preocupantes. Alguien decía: hemos conquistado el mundo exterior, pero hemos fallado todavía en entender nuestro mundo interior.
El corazón humano parece seguir estando tan rebelde como siempre, y aún seguimos ignorando sus maquinaciones. Y si somos honestos con nosotros mismos, todos sabemos que las verdaderas batallas de la vida están dentro de nosotros, no fuera. Mi mayor reto sigue siendo yo mismo. Yo sigo siendo mi principal amenaza. Yo sigo siendo mi principal problema, porque lo que somos en el interior es mucho más importante que lo que somos en el exterior. Decimos entonces: los desafíos más grandes que seguimos enfrentando aún en esta generación están dentro de nosotros mismos. Es en lo que sucede por dentro.
Y justo en esa realidad es donde este pequeño libro de Santiago alcanza una relevancia impresionante. Esta carta de Santiago, escrita hace más de dos mil años, fue dirigida a creyentes que estaban dispersos, sitiados, perseguidos, oprimidos. Gente que luchaba y batallaba para mantener su fe. Pero es una carta que habla con una claridad asombrosa aún en los desafíos que nosotros enfrentamos hoy. Santiago en su tesis quiere enseñarnos que hay una libertad que puede venir a nuestros corazones. Hay una libertad que podemos experimentar por dentro si aprendemos a responder adecuadamente a las presiones de esta vida.
Si nosotros preguntáramos: ¿Cómo responder adecuadamente cuando estoy bajo presión? ¿Cómo responder adecuadamente cuando el calor dentro de mí está encendido? ¿Cómo responder adecuadamente cuando la presión está aumentando? Y escucha con atención cómo Santiago responde a esas preguntas: "Esto sabéis, mis amados hermanos, pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse o enojarse." Y esos versos parecen muy sencillos, pero su puesta en práctica es un reto real que enfrentamos cada día.
Y lo que yo quisiera esta mañana básicamente es primero examinar el versículo, exactamente los tres mandamientos que allí se describen, hacer un énfasis especial en el tema de la ira, y finalmente algunas observaciones prácticas que puedan ayudarnos a combatir este mal. Así que el bosquejo de nuestro sermón es este: primero, explicando el texto; segundo, explicando lo que es la ira; y tercero, direcciones prácticas para combatir este mal.
Así que vamos al primer punto: explicando el texto. De nuevo, hay tres exhortaciones, hay tres imperativos en el texto que hemos leído. El primero es una especial atención para escuchar. Una especial atención para escuchar. Dice Santiago 1:19: "Pero que cada uno sea pronto para oír." Y la idea es esta: Santiago dice, ¿quién es el sabio? En medio de una generación en la que se vive con tantas presiones, la sabiduría comienza cuando escuchamos más y hablamos menos. Sé pronto para escuchar.
En el contexto, esta parte de escuchar está principalmente relacionada a lo que Dios ha hablado. Como lo sabemos por el verso 18. Dice ahí en Santiago 1:18: "En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas." La palabra de verdad. Déjeme aclarar algo porque es interesante entender el contexto aquí. Estos creyentes a quienes él escribió, estos creyentes del primer siglo, no tenían las ventajas que nosotros tenemos hoy en día. Ellos, por ejemplo, no tenían una copia impresa del Nuevo Testamento. De hecho, cronológicamente hablando, la mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que Santiago, este libro, fue el primer libro que se escribió del Nuevo Testamento, cronológicamente hablando.
Entonces, al momento de estos hermanos recibir esta carta, ellos no tenían las facilidades que tenemos hoy. Ellos no podían ir a Romanos a consultar. Ellos no tenían los evangelios todavía en sus manos. Nada de eso se había escrito todavía. Ellos no tenían una versión de la Biblia en su teléfono inteligente como nosotros, que podemos elegir cuál versión, en cuál idioma, hasta en idiomas originales. Por tanto, ser prontos para oír la palabra en el contexto de esos hermanos significaba reunirse con otros creyentes a escuchar la palabra que se enseñaba. Eso incluía escuchar bien, memorizar bien y meditar bien sobre lo que se había oído. Sean prontos para escuchar, dice el texto.
De nuevo, la sabiduría comienza cuando escuchamos más y hablamos menos. Algunos de nosotros hablamos tanto y tan duro que no podemos escuchar cuando Dios nos habla. Hay gente en consejería que yo le digo: hermanito, apaga tu emisora, baja el volumen, porque Dios te está hablando y tú no escuchas. Hablamos demasiado.
La advertencia entonces específicamente es esta: en un mundo que avanza tan rápido, en un mundo que está saturado de información, en un mundo que es tan impresionante, sean más prontos para escuchar más a Dios. Eso no va a suceder por accidente. Eso requiere intencionalidad. ¿Cómo nos planificamos para escuchar más a Dios? ¿Cómo nos organizamos para escuchar más a Dios? Yo les confieso que hay una preocupación seria reinante actualmente, y es que una persona que gasta más tiempo en las redes sociales que en la Palabra de Dios, eso no va a funcionar. Eso no hay manera de que pueda funcionar, porque la Palabra de Dios es única. Hay un poder en la Palabra de Dios que nada más lo tiene. Nuestra alma necesita esa palabra. La necesitamos para las presiones del día. La necesitamos para los desafíos de este mundo. Solo la Palabra de Dios puede sostenernos. Entonces Santiago dice: ¿Quién es sabio para vivir en una generación como la que te ha tocado? Sé pronto para escuchar, especialmente la Palabra de Dios.
Pero eso no es lo único que dice. Explicando el texto, hay una segunda advertencia: una especial advertencia para hablar. Dice el verso 19 también, escuchen esto: "Sé tardo para hablar." Tardo, lento para hablar. Y nuevamente, aunque esta es una advertencia que puede encontrar aplicación en muchas áreas de nuestras vidas y circunstancias, primordialmente enfoca nuestra vida delante de Dios. Cuando estamos delante de Dios.
Hay un texto, no tienen que buscarlo, lo voy a leer, que describe muy bien esta dinámica. Es Eclesiastés capítulo 5. Escuchen lo que dice. Eclesiastés capítulo 5, versos 1 y 2: "Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios. Acércate a escuchar, en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen mal." Dice: "No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios." ¿Saben por qué? Porque Dios está en el cielo, tú en la tierra. Por tanto, sean pocas tus palabras. Miren lo que dice el libro de sabiduría en Eclesiastés: cuando tú estés en la presencia de Dios, cuídate. No son muy iguales. Dios está en el cielo, tú estás en la tierra. Por tanto, sean pocas tus palabras.
Ese es uno de los problemas más serios que todos nosotros enfrentamos de alguna manera. Uno de los problemas más serios que tenemos es este: nosotros comemos sin tener hambre, bebemos sin tener sed y hablamos sin tener nada que decir. Nos encanta hablar. Y Santiago dice: ¿Quién es sabio? Aprenda a cerrar la boca. Aprende a callar. Yo escuché una persona que dice: yo quiero aprender a hacer silencio en diferentes idiomas, y aprendí a hacer silencio en cinco idiomas diferentes. A callar la boca.
La realidad es que no somos tan inteligentes como pensamos. No somos tan listos como nos creemos. No somos tan sabios como nos imaginamos. Hay un tiempo de hablar, hay un tiempo de callar. Proverbios 29:20 dice: "¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras? Más esperanza hay para el necio que para él." La mayoría de nuestros problemas está en lo que hablamos.
Es interesante entender que cuando Santiago aquí dice "tardo para hablar", está enfocando muy especialmente esa tendencia de hablar cuando estamos enojados. Cuando estamos airados, es en esos momentos especialmente que debemos aprender a callar. Yo nunca he escuchado a alguien decir: "Eso que yo dije cuando estaba enojado fue increíble. Esa ha sido una de las mejores cosas que yo he dicho." No. Cada vez que a usted se le sube el indio y usted se pone a hablar, usualmente lo que sigue es tener que arrepentirse de lo que habló. Uno se le amarga a veces la vida por lo que ha dicho.
Yo le decía a una persona: "¿Sabes lo que tú tienes que hacer cuando estás caliente? Tú vas a contar en alemán del 100 hasta el 1 antes de hablar". Y la persona dice: "Pastor, ¿y aquí? Yo no sé alemán". Esa es la idea: que no hable. Trata de quedarte callado, lo vas a hacer mejor así.
Pero hay una tercera exhortación del texto, y es una especial advertencia para enojarse. Dice: "Quiero que sean prontos para oír, tardos para la ira". Lento para la ira. Santiago aquí no está diciendo "no se enojen", no, porque eso sería poco realista. Todos nosotros vamos a experimentar eso en algún momento. Especialmente estos hermanos que eran los destinatarios de la carta estaban siendo perseguidos y oprimidos. No lucía a esa gente decirle "no se enojen".
La palabra que se traduce aquí como "ira" se refiere a un enojo profundo. Eso es de lo que estamos hablando aquí: un enojo profundo. No se refiere a un momento de desagrado que pasa y se olvida. Santiago está hablando de una emoción profunda, una emoción tan fuerte que cuando se libera es como un volcán en explosión, pero cuando se retiene es como un cáncer terminal. Hablamos de ira pasiva, la que se retiene pero arde por dentro, y también la activa, la que explota. Es una emoción muy particular que Santiago dice: "Tienes que ser sabio, tienes que ser sabio para manejarlo correctamente".
Yo quiero por un momento que ustedes vean la progresión del texto, la secuencia del texto. Si somos rápidos para escuchar, vamos a ser lentos para hablar. Pero si somos lentos para escuchar, sin duda vamos a ser rápidos para hablar, y la habla rápida conduce a la ira rápida. Mientras más airados estemos, la tendencia es hablar más y escuchar menos. Esa es la secuencia.
¿Cuál es el fundamento de esta advertencia? ¿Cuál es el argumento que aquí Santiago ofrece en el tema de la ira? Dice el verso 20: "Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios". La Nueva Versión Internacional traduce esto así: "La ira humana no produce la vida justa que Dios quiere". Escucha esto: nuestro gozo en este mundo está directamente proporcional a vivir una vida que agrada a Dios. El problema aquí es que cuando estamos airados nos indisponemos a vivir así. La ira bloquea la posibilidad de hacer aquello que Dios quiere. La ira es un serio obstáculo para vivir vidas que agraden a Dios. Por tanto, nuestro gozo aquí es sacudido cuando somos gobernados por la ira; nos volvemos incompetentes para hacer lo que Dios quiere.
Dice Proverbios 16:32, oigan esto: "Mejor es el lento para la ira que el poderoso; mejor el que domina su espíritu que el que toma una ciudad". Dice Proverbios: tiene más valor una persona que tiene dominio propio, que es paciente, que el que es guapo y hasta conquista una ciudad.
Si esto es tan serio, si estamos hablando de un problema tan serio, ¿cómo puedo entender mejor ese tema de la ira? Vamos a nuestro segundo punto en paz: explicando la ira. Déjenme dar una nota de observación. Esto que voy a hacer es un intento de resumir una clase que dimos para los consejeros de aquí, de todo un ciclo, en un sermón. Así que es mucho material. Vamos a ver cómo Dios nos ayuda en cuanto a eso.
Explicando la ira. Cuando hablamos de la ira pecaminosa nos referimos a una fuerte emoción de enojo que surge cuando no se cumple una necesidad o una expectativa. Una nota de balance aquí es esto: no toda ira es pecaminosa. No toda ira es pecaminosa. Por ejemplo, nosotros encontramos que Dios se enoja, y Dios no puede pecar. Dice el Salmo 7, versículo 11: "Dios es juez justo, y Dios se indigna cada día". Eso significa que Dios está enojado, entonces no puede ser pecado.
El Señor Jesucristo estuvo airado en numerosas ocasiones. Cuando Jesús veía la hipocresía de los fariseos, que eran gente muy religiosa, sabían mucho de la Palabra, pero esa vida no reflejaba ningún amor al prójimo, cuando Jesús veía eso, Él no podía dejar de indignarse ante eso. Dice, por ejemplo, Marcos 3:5: "Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: 'Extiende tu mano'. Y él la extendió, y su mano quedó sana". Los fariseos estaban tan esclavizados de sus tradiciones, tan centrados en ellos mismos, que ellos no podían celebrar actos de misericordia. Y eso es contrario al evangelio; Jesús se indignaba con ellos.
No solamente eso. El apóstol Pablo, escribiendo a Efesios, dice en Efesios 4:26: "Airaos, pero no pequéis". Entonces, de alguna manera, hay un tipo de ira que todavía no es pecado. Y el mismo apóstol Pablo, en un momento cuando estuvo en Atenas, dice que había tanta idolatría en esa ciudad. Esa gente tenía un dios para el sol, un dios para la luna, un dios para el calor, un dios para el frío. Estás poniendo el dominicano: un dios para el domingo, un dios para el lunes, un dios para el martes, un dios para cuando hay dinero y un dios para cuando no hay dinero. Y por si acaso se le olvidaba algo, había un dios que le llamaban "el dios no conocido". El apóstol dijo: "Ese es del que yo quiero hablarles, del que ustedes no conocen". Pero había tanta idolatría que dice Hechos capítulo 17, verso 16, que mientras Pablo esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía dentro de sí al contemplar la ciudad llena de ídolos.
Ninguna de esas iras, en ambos casos, son pecado. Todo esto tiene un denominador común: esa ira o enojo está relacionada con la gloria de Dios, esa ira o enojo está relacionada con el avance del reino de Dios. Es una santa indignación que surge cuando el nombre de Dios es blasfemado. Es una santa indignación con actos de injusticia contra otros.
Déjenme decirles esto: en un mundo como el que vivimos, donde hay tanta injusticia, sería incorrecto no enojarse. ¿Cómo no nos vamos a enojar cuando un papá usa sexualmente a su hija? Dios diseñó algo dentro de nosotros; es correcto enojarse cuando vemos eso. Con abusos físicos, familiares, opresión, en un mundo tan saturado con tanta maldad, hay espacio para una ira santa. Eso es lo que Dios diseñó.
El problema es, todo eso está muy bonito, el problema es que en el 99.99% de los casos cuando nosotros nos enojamos era la otra ira. No tiene nada que ver con esto ni con Dios. Cuando nos centramos más en nosotros que en Dios. Yo me aíro porque yo siento que soy la última Coca-Cola en el desierto y la gente no me ve así, y yo me aíro. Eso no tiene nada que ver con Dios, eso tiene que ver conmigo.
Cuando nace de una motivación egoísta: "yo quiero, yo quiero, yo quiero", y si no me dan, me pongo bravo. Eso no tiene nada que ver con Dios. Cuando se enfoca más en atacar, en combatir, que en reconciliar y sanar, hay una hiel, hay morbo, hay una maldad en lo que yo lo que quiero es ver destrucción. Eso no tiene nada que ver con Dios, absolutamente nada. Dios a su Hijo lo clavó en una cruz para hacer posible la reconciliación. Dios ama la reconciliación. No es posible tener esa emoción de ira y bloquear resoluciones. Eso no tiene nada que ver con Dios.
Y sobre todo, la ira pecaminosa está muy definida porque crece, porque permanece, yo diría incluso a veces es alimentada en vez de ser sanada. Definitivamente hablamos ahí de una ira pecaminosa.
Algunos dicen que hay varias razones por las cuales nosotros nos enojamos. A veces injusticia: nosotros creemos que no nos tratan como pensamos, y yo creo que me merezco más respeto, y yo creo que aquí no me reconocen lo que soy, entonces me aíro. Hay otras veces que nos airamos por un dolor: alguien nos hace algo y yo tengo al momento esa amargura ahí adentro, y yo creo que nadie se merece que le hagan eso, yo quiero que se pague por eso. Es el dolor adentro, amargura.
O que a veces es el temor. Nosotros vivimos controlando. Déjeme decirle: ese puesto de director general del universo no está vacante, Dios no ha renunciado. Si tú vas a someter tu aplicación, aguanta, que todavía el puesto no está vacante. Nosotros a veces creemos que controlamos, y cuando nos fallan los números, se nos sale de la mano la situación, nos llenamos de miedo y eso alimenta esa ira. Y otras veces es por frustraciones, simples frustraciones: "yo quiero, yo quiero, yo quiero", no lo puedo conseguir, me enojo con todo lo que está a mi alrededor, incluyendo con Dios.
Ahora, yo decía en el primer servicio que por más que definamos este asunto, no vamos a llegar a un real entendimiento a menos que lo veamos ilustrado, porque las ilustraciones son más poderosas. Yo creo que tengo dos ilustraciones bíblicas, las dos, para que podamos ver todo esto que hemos hablado en la práctica. La primera está en 1 Samuel. Yo quiero, por favor, que vayan conmigo. 1 Samuel. Les voy a hablar de Saúl, el rey Saúl. Y yo quiero que vean conmigo cómo se descompone todo esto internamente en Saúl para llegar a su enojo y su ira. Verán todo lo que hemos hablado combinado aquí junto.
Aquí está. 1 Samuel 18. Si son tan amables, 1 Samuel 18. Dice el verso 5: "Y salía David a dondequiera que Saúl lo enviaba, y prosperaba. Saúl lo puso sobre hombres de guerra, y eso fue agradable a los ojos de todo el pueblo y también a los ojos de los siervos de Saúl. Y aconteció que cuando regresaban, al volver David de matar al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían cantando y danzando al encuentro del rey Saúl, con panderos, con cánticos de júbilo y con instrumentos musicales".
Hasta ahí todo estaba perfecto. Mientras la danza, la celebración fue instrumental, fue un éxito, Saúl estaba bien feliz. El problemita fue cuando le pusieron letra. Oigan cuál era lo que cantaban. Verso 7: "Las mujeres cantaban mientras tocaban y decían: 'Saúl ha matado a sus miles, y David a sus diez miles'".
El problemita fue 9,000 de diferencia. Pero lo más serio: Goliat era una cosa. David fue bendecido por Dios. David viene de una familia muy larga, de varios hermanos, y David, al menos, David no estaba en censo. David era un pastor de ovejas. De hecho, sus tres hermanos mayores estaban en la guerra combatiendo contra los filisteos. Y el papá, que era de edad, le dijo: "Yo creo que tú vayas al campo de batalla, a la línea, hasta un punto donde no hay peligro, y les lleves alimento a tus hermanos, y me averigües cómo están ellos y si están bien". Y eso fue lo que le mandó. David fue para allá.
Y David llegó. Inquieto, entró a la fila, y de aquel lado estaba Goliat. ¿Saben cómo le llaman en la Biblia? Goliat, el campeón. Te voy a imaginar esto. Yo estaba estudiando y yo me reía muchísimo porque los estudiosos de la Biblia tienen diferencia en el tamaño de Goliat. Oigan esto: los textos más antiguos creen que Goliat tenía seis pies nueve pulgadas, pero otros textos sugieren que eran nueve pies. Y yo digo: ¿cuál es el problema? ¿Seis punto nueve pulgadas o nueve pies? Había un atleta, era grande. ¿Cuál era el problema? Había un gigante.
Entonces el ejército estaba allá, y yo veo esta arrogancia de este tipo. Imagino que el individuo salía por la mañana y aterrorizaba a todo el mundo. Básicamente Goliat dijo: "Uno de ustedes que pelee conmigo. Venga, si me mata a mí, nosotros somos esclavos de ustedes. Si yo lo mato, ustedes son esclavos de nosotros". Ustedes se imaginarán todos los soldados dejando el control y decían: "A mí, a mí primero, yo quiero ir". Los están esperando todavía que levanten la mano. Nadie, ese es el que había ahí.
Y David dijo: "¿Cuál es el problema aquí? ¿Por qué ese tipo habla tan duro? ¿Cómo es posible?" Ya hasta los hermanos de él se enojaron, que le estaba bueno. Llegó a los oídos de Saúl, y Saúl mandó a buscar a David. Ahí le dijo: "Rey, el que hace esto, yo cuido ovejas, y cuando un león ataca una oveja mía, yo me enredo con el león y lo mato. Así que esto es una tontería para mí, déjame ir".
Dejemos la historia e ir a ver. El Señor estaba con él cuando venía en esas celebraciones, a ver qué era lo que el pueblo reconocía de lo que estaba pasando. ¿Qué pasó con Saúl? Cuando Saúl escuchaba que había más crédito a este muchachito que a él, dice el versículo: "Entonces Saúl se enfureció". Esta es la palabra: Saúl se enfureció, pues este dicho le desagradó y dijo: "Han atribuido a David diez miles, pero a mí me han atribuido miles". Y esta es la pregunta que hizo: "¿Y qué más le falta sino el reino?" Y ve aquí: de ese día en adelante, Saúl miraba a David con recelo. Ahí está.
¿Cuál fue el problema de Saúl? Se sintió amenazado. Él no veía ninguna honra, ahí está. En vez de él decir: "Qué bueno que el pueblo no pasó una vergüenza, qué regalo tan grande. Dios nos ha dado un joven tan valeroso", no. Lo que dijo fue: "¿Por qué tiene más crédito que yo?" Se enfureció Saúl.
Una fuente de ira es esta: cuando nos sentimos amenazados y crece nuestro temor por un futuro que es incierto. Y en vez de confiar en Dios, en vez de confiar en su voluntad soberana en nuestras vidas, nosotros nos envolvemos en intentar controlar la situación. Y nuestros temores arruinan el gozo, nuestros temores arruinan la paz. ¿Y cuál es el resultado? Ira. Enojo, nos enojamos: "No me dan los números, no sé qué va a pasar". Entonces me lleno de furia y abuso.
Esa no es la única ilustración que yo quiero traer. Miren conmigo Santiago capítulo 4, por favor. Santiago capítulo 4. La ira que surge por nuestras frustraciones. Aquí es por temores, aquí es por frustraciones. Santiago 4 dice: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis, por eso cometéis homicidio. Sois envidiosos y no podéis obtener, por eso combatís y hacéis guerra".
En otras palabras, nosotros somos una maquinaria de deseos. Somos una maquinaria de aspiraciones. Siempre vivimos deseando, y cuando nos llenamos de codicia y no logramos alcanzar lo que queremos, nos entra el enojo. Entonces entra la ira. Es una fuente de ira cuando no podemos lograr lo que queremos y crece esa frustración por un deseo no alcanzado. Y en vez de buscar nuestra satisfacción en Dios y sus promesas, entonces yo me envuelvo en buscar satisfacción en cosas creadas que no fueron diseñadas para eso. ¿Y cuál es el efecto? Yo caigo en la trampa de la idolatría, me lleno mi vida de adoración a ídolos en vez de Dios.
Entonces esta es la advertencia hacia nosotros. Debemos combatir la ira. Santiago dice: "¡Sé lento para eso!" Es un mal que no debe ser excusado. Es un mal que afecta seriamente no solo nuestra comunión y relación con Dios, sino nuestra relación con muchos hermanos, amados, amigos y familiares que están a nuestro alrededor. Nosotros debemos buscar la ayuda de Dios para vencer esto.
Entonces la pregunta es: ¿qué hago? Porque usted está hablando de mí. ¿Qué soy yo? ¿Qué hago? Bueno, yo quisiera cerrar esta prédica con algunas direcciones prácticas, algunas direcciones prácticas para combatir este mal de la ira.
En primer lugar, reconócelo, acepta tu problema. Esto es, confiesa ese pecado. Dice Efesios 4:26: "Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo". Nosotros siempre tenemos la tendencia a excusar eso. Una persona merece este día. Llego a mí una persona con problemas: la esposa está seriamente aterrorizada, los hijos mayores seriamente aterrorizados, familiares que dicen: "Tiene problemas esta persona de ira". Cuando yo estoy ahí con él, le digo: "Mira, tú tienes problema. Hay cosas que no estás haciendo bien". ¿Saben lo que la persona me dijo a mí? "Ah no, pastor, pero lo único es que tengo la mecha corta". ¡Ay, qué me gusta! O sea, yo no tengo problema de ira, la mecha corta. Tengo otra palabra: cuando me prenden un fósforo, se ha movido. ¿Por qué nuestra tendencia a excusar un mal tan grande?
El pastor David Powlison, quien se considera realmente una persona autorizada en el mundo de la consejería bíblica, él habla de siete preguntas que son como rayos X para detectar este mal. Aquí están las preguntas. Dice, la primera: ¿Te aíras contra las cosas correctas? ¿Por qué te llenas de enojo? Segundo: ¿Expresas tu ira de una manera correcta? ¿Cómo es que tú expresas eso? Tercero: ¿Qué tiempo dura tu ira? Fíjense que es importante porque el texto dice: "No se ponga el sol sobre vuestro enojo". En estos días me decía una esposa en consejería: "Ay, pastor, no solo se ha escondido el sol, la luna, las estrellas y varios días. Ya llevamos con..." ¿Qué tiempo dura tu ira? ¿Cuán controlada es tu ira? ¿Qué motiva tu ira? ¿Estás preparado para responder en medio de tu ira? Y finalmente: ¿Cuál es el efecto de tu ira? ¿Qué problemas están creando a tu alrededor por un espíritu así?
Tenemos que ser honestos y humildes en cuanto a eso. Yo decía, unas buenas resoluciones: aprender a usar más la palabra "perdóname" en vez de la palabra "excúsame". Porque cuando yo uso la palabra "perdóname", eso libera mi alma. Esto es saltar a la cruz. Pero cuando yo digo "excúsame", mi alma queda condenada y estoy negando el poder de la gracia de Dios. Entonces, acepta que es un problema real. Confiesa tu pecado a Dios, busca ayuda de gente que pueda caminar contigo con relación a ese mal.
En segundo lugar, ¿cuál es la dirección práctica? No des oportunidad al diablo. No des oportunidad al diablo. Busca reconciliación. El texto en Efesios que leíamos dice: "Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo".
Escucha esto. Tú que estás aquí, escucha esto. Si hoy, hoy, Dios te da convicción por su Santo Espíritu de que hay una relación con alguien que no anda bien, obedece a la voz de su Espíritu. Obedece. Esfuérzate en buscar reconciliación. Eso es justo, eso es bueno, eso agrada a Dios. Dios es más honrado con nuestro espíritu humilde para reconciliar que con nuestra capacidad creativa para argumentar y justificar. Estas son cosas con las que no se puede jugar.
Le decía al grupo de esta mañana: hay una historia que yo no puedo dejar de pensar cada vez que viene el texto de Efesios 4:26 y 27. Yo la he dicho muchas veces aquí, así que no se trata de novedad, sino de ser fiel. Déjenme decirles, algunos de ustedes ya lo han escuchado.
Cuando yo estaba en Minnesota, tuve la oportunidad de predicar en una cárcel de máxima seguridad. El pastor John Piper, que era el pastor principal, lo invitaron a una cárcel de máxima seguridad. Máxima seguridad significa que todo el que está ahí está en cadena perpetua. Y él fue, y me dijo: "¿Sabes que yo me encontré que había muchísimos hispanos?" No es de extrañar que sí, ve cadena perpetua. Y yo casi estaba inclinado, así: "¿Le digo que hay hispanos ahí?" Dice: "La mayoría son hispanos que están ahí". La idea es que le dijo: "La próxima vez que me inviten, tú baja, porque tú puedes hablar en español también". Y así se puede administrar.
La invitación llegó, y aquí estoy envuelto. Eso era un asunto tan serio que el FBI tenía uno que de alguna manera chequeara la vida y autorizara quiénes podían entrar ahí. Yo no tengo todo el tiempo para contar esto. Eso era una cosa de tan alta seguridad que la entrada al recinto era a través de la retina de tus ojos. O sea, te pasaban una computadora, así como lo del oftalmólogo, que te ponen una cosa, ¿no? Y se abría la puerta. Y yo dije: "O sea, eso mismo me lo van a hacer para salir". Yo decía: "¿Y si voy yo, o allá entonces me empaña los ojos o algo?" O sea, iba con más miedo que me acordaba.
El punto es que me dieron las reglas. El jefe de seguridad decía: "Esto es máxima seguridad, aquí están algunas instrucciones. Yo siempre voy a estar al frente de usted, siempre tiene que verme. Siempre tiene que hacer lo que yo digo. En todo tiempo tiene que hacer..." Y yo: "Esto está empezando". Y así que vamos a conducir lo que sea.
Bueno, yo dije, como ha habido quien me lo recomienda, una de las cosas más impresionantes que me ha pasado en la vida. Te dejo a la imaginación. Más de 3000 personas vestidos iguales. Y nunca van a salir. Yo prediqué en inglés y español. En inglés y español porque había mucho hispánico. El punto es que es opcional para el pastor, para que te dictaba con lo que quisieras. Me preguntó el de seguridad: "Algunos pastores lo hacen." Yo lo quiero hacer. "Bueno, estas son las reglas. Yo voy a estar a tu lado y tú tienes que hablar con los sobrevivientes." Bueno, vamos a probar. Y se armó. Ahí había una fila.
Vi dos casos. El primero es un señor que me dijo: "Pastor, gracias por venir. ¿Sabes qué? Hoy es mi cumpleaños." Yo dije: "Wow, gracias, señor, qué bueno. ¿Cuántos años cumple?" "51." Y él dijo: "El único detalle triste de hoy es que también hoy yo cumplo años en la cárcel." "¿Y cuántos años cumplió en la cárcel?" "26." Más de la mitad de su vida no había salido de ahí. Y yo pensaba, este individuo no ha visto un celular en su vida, porque eso no existía hace más de 26 años, ¿verdad? Hay autopistas aquí que nunca las ha visto. Y él dijo, wow. Eso me dejó a mí como, wow.
Bueno, más adelante había un jovencito. Yo sumaba en peor, no creo que llegaba a 18 años. Y entonces ese fue el caso. Él me dijo: "Pastor, ¿sabe qué? Todo lo que usted dijo, yo me lo sé." Y yo decía, pues tú estás en una fila para orar y eso es lo que tú... Y porque yo hasta lo sentía con arrogancia, pero no había nada de arrogancia. Yo le dije: "Qué bueno, ¿qué tú quieres que oremos?" Me dijo: "Bueno, pastor, yo quiero que usted ore, que yo pueda creer. Porque yo me sé todo eso aquí," y dijo esto, "pero no me lo sé aquí. Mi papá es pastor. Yo nací en una iglesia."
Y yo decía, ¿cómo este individuo llegó a una cárcel de cadena perpetua? El asunto es que ahora mismo, eso fue como a las ocho y media de la mañana un domingo. Yo me pasé todo el domingo llorando, llorando. Eso. Yo pensé en mi hijo. Yo tengo mi hijo. Entonces yo fui y le conté, yo decía, yo quedé tan chocado y yo quiero ir a hablar. Yo insistí tanto que me consiguieron un pase para un estudio bíblico que había los martes en la noche. En la misma cárcel.
Y bueno, hicieron todos los trámites y volví a encontrarme con el muchacho. Entonces fue lo que dijo: "Pastor, me reconoció." Mira, yo quiero decirte algo. Yo me quedé tan impactado porque yo tengo un hijo varón. Yo te quiero preguntar, habló, no había algo que por seguridad. Yo no podía preguntar qué fue lo que hizo. ¿Cuál fue el delito? No podía. No me autorizaban.
Pero yo le dije: "Mira, lo único que quiero es que me digas una cosa. Tú me pediste un consejo, porque yo tengo un hijo y no quiero que pase por este día." El consejo que me voy a dar es: "Pastor, lea, lea Efesios 4:26 y 27." Y él me los recitó de memoria: "Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo." Me dijo: "Pastor, me volví loco. No sé lo que hice, ni cómo lo hice. Y ya estoy aquí. No voy a poder salir de aquí."
Dice la Biblia: "Sea quitada de vosotros toda amargura, todo enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo."
¿Tú quieres una evidencia inequívoca de estar creciendo en la gracia? ¿Qué tan pronto tú eres para perdonar? ¿Qué tan rápido tú eres para reconciliar una situación que tú sabes que no está bien? Ya alguien me dijo: "Pastor, usted no sabe lo que me han hecho. Usted no sabe el dolor que yo tengo. Esa persona no se merece ni perdón." Nosotros no perdonamos porque el otro se lo merece. Nosotros perdonamos para exaltar la gracia poderosa de Dios en Cristo Jesús. Y alguien decía: cuando tú niegas el perdón y lo que haces es alimentar la amargura, eso es como beberse un veneno creyendo que se va a morir el otro. Rápido para reconciliar.
En tercer lugar, examina tu corazón para conocer tus motivaciones. Examina tu corazón. Dice Santiago 1:14-15: "Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Y después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado. Y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte."
La clave, la clave del problema es entender lo que sucede aquí adentro. La clave del problema es entender lo que sucede en el corazón. Muchas veces el problema es que estamos vacíos por dentro y buscamos llenarnos de cosas incorrectas. ¿Qué es eso que tú amas tanto, tanto, tanto dentro de ti, que cuando no lo consigues te enojas con cualquiera a tu alrededor, incluyendo con Dios? ¿Qué es eso que amas tanto, tanto, tanto dentro de ti, que estás dispuesto a pecar para conseguirlo? Eso se llama un ídolo. Ese es el problema.
Hay muchas cosas en la vida que Dios ha creado, legítimas y buenas. Pero ninguna de esas cosas fue diseñada para ocupar el primer lugar en el corazón. Cualquier cosa que ocupa el primer lugar en tu vida, que no sea Dios, es un ídolo. Y eso conduce a una falsa adoración. El problema es que estamos vacíos por dentro. El problema es que nada en esta vida puede darnos satisfacción. Yo le digo a los hermanos casados: no le pidas a tu cónyuge que te dé lo que solo Dios puede darte. Eso no va a funcionar nunca. Nunca.
Hay gente que se levanta enojado. Baja abajo enojado. Almuerza enojado. Regresa del trabajo enojado. Se acuesta enojado. Y hasta cuando se ríe está enojado de estar riéndose. ¿Cómo puede ser, cómo una persona así? Parte del problema es que estamos demasiado llenos de nosotros mismos, lo que significa que estamos vacíos de Dios. No va a funcionar.
Dice el Salmo 37: "Pon tu delicia en el Señor y Él te dará las peticiones de tu corazón." No inviertas eso porque no funciona. Lo que el texto dice: pon a Dios primero. Haz de Dios tu prioridad en la vida. Ríndete a ese Dios bueno que te salvó, que puso a su Hijo inocente en una cruz y lo clavó, pagó el precio más alto que se podía pagar por un esclavo para alcanzar tu libertad y redimirte. Y hoy te ha prometido que no se volverá atrás de hacerte bien. Confía en ese Dios. Y dice el texto: Él te dará las peticiones de tu corazón. Y en hebreo dice: Él va a satisfacer tus más profundos anhelos.
Yo no estoy hablando de pontería de fin de semana. Yo no estoy hablando de apariencias. Yo no estoy hablando de cosas pasajeras de este mundo. Dios promete que va a satisfacer los anhelos más profundos de tu vida.
Y finalmente, aprende a confiar en la soberanía de Dios. Aprende a confiar en la soberanía de Dios. Yo quiero invitarte al Salmo 37. Con esto vamos a terminar, prácticamente con el Salmo 37. Este es un texto que estuvimos compartiendo en el devocional de los empleados aquí el viernes pasado. Salmo 37. Escucha esto, amigo hermano, esto es Dios hablando, ¿ok? Tienes problemas de controlar tu enojo y tu ira. Entonces, Dios es soberano, confía en eso.
Mira cómo Dios te habla. Es el Salmo 37: "Encomienda al Señor tu camino. Confía en Él, que Él actuará. Hará resplandecer tu justicia como la luz, tu derecho como el mediodía. Confía callado en el Señor. Espera con paciencia. No te irrites a causa del que prospera en su camino, del hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la ira, abandona el furor. No te irrites porque solo harías lo malo." No te apures porque todo eso conduce al mal. Escucha esto.
¿Quieres trabajar tu problema de ira? Lo primero es: acuérdate de Dios. Dios es soberano. Dios sabe lo que Él está haciendo. Dios está en control. Dios está llevando a cabo una obra de transformación que comenzó en la eternidad y terminará en la eternidad. Dios quiere hacernos a la imagen de Jesús. Nosotros debemos confiar en ese Dios.
Dios no se está equivocando cuando permite algunas situaciones en tu vida. Dios no ha renunciado a su plan de bendecirnos. Dios no está tan lejos que no pueda oírnos ni tan ocupado que no pueda atendernos. Dios es el Rey soberano del universo. Él sabe lo que está haciendo. Él merece tu confianza. Él merece nuestra adoración.
Uno de los salmistas en el Salmo 90 ora: "Señor, enséñanos a contar de tal modo nuestros días que traigamos al corazón sabiduría. Ayúdame a ver bien. Ayúdame a analizar, que yo pueda verte, que yo pueda temerte." Y el mismo salmista ora: "Sácianos por la mañana de tu misericordia. Entonces cantaremos con gozo, nos alegraremos."
Entonces, ¿cómo concluimos todo esto? ¿Cómo vamos a responder a las presiones que esta vida actual nos produce? Uno de los mayores obstáculos a nuestro crecimiento espiritual es que seguimos intentando cambiar lo que hacemos en vez de buscar la ayuda de Dios para cambiar lo que somos. El problema no es lo que hacemos, el problema es lo que somos.
En medio de tantos avances, en una generación como esta todavía nuestro mayor reto somos nosotros mismos. Somos expuestos a muchas cosas. Miramos sin ver, oímos sin escuchar, hablamos sin entender. Hemos sido increíblemente productivos en conquistar el mundo exterior, pero todavía seguimos colapsando con relación al hombre interior. Nuestro corazón permanece rebelde como siempre y las batallas más significativas son dentro de nosotros, porque lo que somos adentro es mucho más importante que lo que hay afuera.
Dios quiere bendecirnos. Dios quiere que sigamos creciendo a la imagen de Jesús. Dios está por nosotros. Dios ha prometido no volverse atrás de hacernos el bien.
Esta es la Palabra de Dios para nosotros. Esta vez, mis amados: "Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira. Pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios."
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe.
Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos.
Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será de estar agradecido cuando nos reencontremos en su Palabra.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D