IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Todo lo que el creyente posee —dones, talentos, capacidades— ha sido dado por gracia con un propósito específico: agradar al Dador. Antes de servir en el cuerpo de Cristo, Pablo nos llama a una autoevaluación humilde, no comparándonos con otros creyentes, sino midiéndonos contra Dios mismo. Esta es la humildad que exhibieron Moisés al preguntar "¿quién soy yo para ir a Faraón?", David al decir "¿quién soy yo, oh Señor?", e Isaías al reconocerse hombre de labios impuros. Pensar con buen juicio requiere una mente transformada que no se mide por logros mundanos ni por fama, sino que reconoce que todo lo recibido es inmerecido.
En el cuerpo de Cristo, cada miembro tiene una función distinta pero ninguno es más importante que otro. La división destruye el testimonio del evangelio, por eso Cristo oró tres veces en Juan 17 pidiendo que sus discípulos fueran uno. Los dones que Pablo enumera —profecía, servicio, enseñanza, exhortación, dar, liderar, misericordia— no se deben a posición económica, educación ni santidad personal; se deben únicamente a la gracia de Dios y al propósito para el cual nos creó. El pastor Núñez ilustra con Apolos: aunque era elocuente y poderoso en las Escrituras, Priscila y Aquila le explicaron el camino de Dios con mayor exactitud. Quien tiene don de enseñanza debe permanecer enseñable.
El ejemplo máximo de misericordia es Cristo mismo, quien vio nuestra pobreza espiritual, descendió, pagó con su sangre y nos reconcilió con el Padre. Frente a esa cruz, ofrecer la vida como sacrificio vivo y santo es lo único razonable. Cualquier otra ofrenda resulta indigna del Dios que se sacrificó por nosotros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, la semana anterior nosotros iniciamos, dijimos, la parte práctica de la carta de Pablo a los romanos. Perdidos en el capítulo 12, vimos dos versículos y dijimos que en los primeros once capítulos Pablo desplegó toda la teología relativa a la condenación del hombre y a la salvación de Dios. La salvación de un hombre que estaba perdido y que andaba en el mundo conforme a la concupiscencia de su corazón, y que la gracia de Dios decidió visitarnos. Y entonces, una vez salvo y una vez entendidas todas las grandes misericordias de Dios para con nosotros, en el capítulo 12 Pablo pasa a decirnos en el versículo 1 y 2 de qué manera nosotros debiéramos estar viviendo.
Lo primero que dice es que yo debiera dedicar todo mi cuerpo, el cuerpo físico, el cuerpo que sirve de morada a mi espíritu, que sirve de morada al Espíritu Santo. Que yo debiera dedicar todos mis órganos sin distinción a lo que es el servicio de Dios. Que yo debiera hacerlo y pensarlo como una ofrenda, un sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios. Que yo pudiera ver mi vida y decir: "La manera como él está viviendo y la manera como está usando su cuerpo que yo le di, que yo entretejí en el vientre de su madre, es algo que yo puedo aceptar como una ofrenda santa". Y que pueda yo recordar que no es un sacrificio muerto como el Antiguo Testamento, sino es sacrificio vivo.
Y Pablo entonces me dice: "Pero eso no es suficiente. Tú necesitas al mismo tiempo acompañar esa entrega y esa ofrenda de ese cuerpo con una mente que no se adapta, que rehúsa adaptarse". No solamente que no se adapta, que ejerce una influencia y que no se puede vivir en la desobediencia. Luego Pablo comienza a decirme: "Pero tienes que recordar que ese trabajo que Dios ha hecho en una persona, se supone que esa persona va a vivir en una comunidad de creyentes, y por tanto tengo que enseñarte cómo vas a vivir y a servir en esa comunidad de creyentes". Pero antes, sin olvidar que una vez yo he sido transformado, entonces yo ahora puedo servir. En otras palabras, la dedicación de mi vida a Dios precede al uso de tu servicio para Dios. Déjame decir eso otra vez: la dedicación de tu vida, no simplemente que yo levanté la mano y hacer una profesión de fe, no, no, si quiero servirle a Dios, la dedicación de tu vida precede al uso de tu servicio a Dios.
Y entonces ahora Pablo, con ese entendimiento, quiere que tú y yo podamos leer y comprender mejor lo que nos dice en Romanos 12, el versículo 3 al 8. Esta es la Palabra de Dios:
"Porque en virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de ustedes que no piense de sí mismo más de lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno. Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros. Pero teniendo diferentes dones según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos: si el de profecía, úsese en proporción a la fe; si el de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que da, con liberalidad; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegría".
Si tú miras el texto, yo creo que el texto te puede llevar a entender de qué trata directamente. Yo he titulado el mensaje de esta manera: "Equipados por gracia". De eso habla el texto: para agradar al Dador. Y enfatiza la palabra "Dador". Ese es el eje del mensaje. Todo lo que yo tenga que decir tiene que estar relacionado a esa idea de que hemos sido equipados. Hemos sido equipados por gracia con una función, y es la de agradar al Dador.
Pero antes, Pablo me dice que yo necesito detenerme. Antes de él decirme cómo funcionar dentro del cuerpo de Cristo, él quiere que yo me detenga y haga una autoevaluación, y que la pueda hacer de manera humilde. Porque me va a presentar una lista de dones que esa lista no es exhaustiva, pero es una ilustración. Y él quiere que antes de él hablarme de los dones yo pueda entender mejor cómo esto opera.
Y él comienza diciéndonos que "en virtud de la gracia que me ha sido dada". En otras palabras, él está reconociendo que para él poder hablarme con sabiduría y con autoridad como un apóstol, él también requirió una medida de gracia para su apostolado. Con ese llamado, con esa medida de gracia, vino a él la autoridad y sabiduría apostólica. Él entonces me dice que yo no debiera, o que cada uno de nosotros, no piense de sí mismo más de lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno. De nuevo, esto es un llamado a la introspección y a la humildad para ver acerca del equipamiento que Dios me ha dado, cómo pienso.
Entonces escucha el comentario de Douglas Moo acerca de esto en su comentario de Romanos: "La humildad de que Pablo está hablando es una virtud vertical". ¿En qué sentido? ¿Cómo funciona? Que nos lleva a medirnos en cada momento teniendo a Dios como comparación. No hay un momento... La tendencia nuestra es a compararnos con otros: "Bueno, yo por lo menos no hago...", "Yo por lo menos no digo...", "Yo no soy como otros". La humildad usa a Dios como medida de comparación. Por eso es que Cristo dijo: "Aprended de mí que soy manso y humilde". Esa virtud vertical que se compara con Dios, dice Moo, no tiene nada que ver con la virtud horizontal que mide a un hombre en relación a otro hombre.
Y si no nos queda claro exactamente lo que aquí está apuntando, déjame ver si lo puedo ilustrar de la misma Palabra. Cuando uno lee en el Pentateuco, se nos dice que Moisés era el siervo más humilde sobre la faz de la tierra. Cuando Dios comienza a llamar a Moisés para usarlo y le ofrece la oportunidad de volver a Egipto, escucha lo que Moisés dice en el capítulo 3:11 del libro de Éxodo: "¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar a los israelitas de Egipto?". Nota que Moisés no dice: "Sí, claro, yo fui príncipe de Egipto, yo tengo abolengo, yo ya crecí, ya llegué a gobernar de cierta manera allá, 40 años en el desierto liderando bajo mi suegro, eso me ha dado sumisión, claro que Dios me iba a fijar". No, no, no, no. "¿Quién soy yo, Dios?".
Es esa comparación con Dios que lleva a David a decir: "¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y quién es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?", según 2 Samuel 7:18. "¿Quién soy yo? No sé, yo no sé por qué tú me escoges, por qué tú quieres que yo sea rey". Es lo que llevó al profeta Isaías, cuando tiene el encuentro con Dios —recuerda que la comparación es con Dios— a decir: "¡Wow! Pero yo soy un hombre de labios impuros". Y sabes qué, Dios, yo incluso no estoy ni siquiera por encima del pueblo; es un pueblo de labios impuros al igual que yo. ¡Wow!
Es lo que lleva a Daniel en un momento dado a decir: "Yo y mi pueblo hemos pecado contra ti". Yo puedo ser el profeta en Babilonia porque tú has enviado el exilio, me has enviado a mí como profeta tuyo, pero sabes qué, mi pecado está también junto con el pecado de ellos, y todos nosotros juntos somos los culpables de estar aquí en Babilonia. Pero tú tienes que tener una medida justa de quién tú eres para hablar así. O Nehemías, que también estaba en Babilonia, que también estaba en el exilio, y cuando él comienza a orar a Dios dice: "Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado". ¡Wow!
Para tú comenzar a entender lo que implica que no piense de sí mismo más de lo que debe pensar. Ok, comienzas a entender, pero ¿cómo lo hago? Bueno, escucha: "Que piense con buen juicio según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno". Bueno, "que piense con buen juicio", ok, yo puedo como entender la frase, pero ¿cómo hago eso? ¿Cómo me mido con buen juicio?
Bueno, para comenzar, para poder hacerlo con buen juicio yo necesito una mente transformada —versículo 2, que está antes de este que es el versículo 3—. Y si tienes una mente transformada, no puedo estar midiéndome según el mundo mide. No tiene nada que ver con logros, no tiene nada que ver con quién yo soy, no tiene nada que ver con la fama de mis nombres. No, no, no, no. Ya no. Si es otra mente completamente diferente, yo necesito una mente espiritual.
Yo tengo que recordar también, para medirme con sano juicio o pensar con sano juicio, que al final lo que yo tengo, yo lo he recibido. Yo, Dios es el Dador, y realmente esto no tiene nada que ver con la excelencia de mi vida en lo más mínimo; es por pura gracia. Ok, ahora estoy pensando con buen juicio. Y aún más, yo no puedo permitir que las emociones nublen mi razón. ¡Wow! ¿Quién soy? ¿Lo que me gusta? ¿Lo que deseo? "Claro, porque se trata de mí". "Claro, porque imagínate los logros que he tenido". No, no tiene nada que ver con eso. Cuando piensas de esa manera, tú no tienes un juicio sano, tienes un juicio enfermo. O yo, si lo he hecho en algún momento.
Entonces, ¿cómo voy a pensar? Bueno, así como Pablo está describiendo. La Palabra describe, pero también de acuerdo a la medida de fe dada a cada quien. Bueno, esa frase final, "la medida de fe dada a cada quien", ha tenido varias interpretaciones, y es difícil entender a la luz de una serie de cosas que pudiéramos decir de la frase en el original. Pero yo creo que la medida de la fe es justamente esto: que no todo el mundo recibe el mismo grado —y quiero usar la palabra "cantidad"— de fe como don. Hay un don de la fe para creer, para ser salvo; eso lo recibimos todos de la misma, ponlo de esta manera, en la misma cantidad o grado. No.
Pero si tú piensas, ¿tú crees que la fe que Moisés exhibió para enfrentar a Faraón con una vara solamente, sin ejército, y confrontarlo durante diez plagas consecutivas, es la fe que todos nosotros exhibimos? Claro que no. Pero si hubiese sido simplemente un hombre de valor, porque él se hizo de valor, tendría algo de qué gloriarse. Pero no, es una medida de fe que le fue dada a él.
Lo mismo podemos decir de Lutero, que se enfrenta a todo ese imperio sacro-romano, en contra de un poder político y religioso del momento, y sale tan fante como si fuera un hombre completamente no intimidado. Ese no es el mismo grado de fe que tú y yo tenemos. De manera que yo creo que Pablo nos está diciendo ahí: ten cuidado, no seas muy duro contigo buscando compararte con otro.
Porque el que ha recibido un grado de fe para creer en la soberanía de Dios, en el control de Dios, en cualquier otra cosa, el otro todavía no ha recibido, no ha llegado hasta ahí, no ha recibido tanto como tú. Has recibido una medida de ti mismo como sopesada, equilibrada. Y ahora Pablo me dice: tú necesitas eso para luego saber cómo comportarte en el cuerpo de Cristo de una manera que sea armónica.
Y él comienza a ayudarme a entender que de la misma manera que en el cuerpo humano diferentes partes del cuerpo funcionan armónicamente y en coordinación la una con la otra, sin que una sea más importante que la otra, que de esa misma manera en el cuerpo de Cristo los miembros del cuerpo que somos nosotros tenemos que funcionar sabiendo que no hay ninguno de nosotros que sea más importante que el otro. Y él aborda esa idea en los versículos 4 y 5, y la expandió mejor, y ahí vamos a llegar, cuando escribió a los corintios. Escucha: "Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función —el ojo, el oído— así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo, e individualmente miembros los unos de los otros."
Lo que Pablo quería hacer con la iglesia de Roma, a donde él no había visitado todavía, es evitar lo que ocurrió en la iglesia de Corinto. En la iglesia de Corinto los miembros eran inmaduros; "niños carnales" llegó a llamarles. Y ellos recibieron muchos dones y abusaron los dones. Y no solamente abusaron los dones, sino que algunos se creían superiores a otros porque tenían ciertos dones que otros no tenían, sobre todo el don de hablar en lenguas, que totalmente es el más fácil de falsificar, literalmente hablando. Pero ahí estaban considerándose superiores. Y Pablo quería que la iglesia de Roma entienda que no, que todos los miembros, no importa quiénes, necesitan ser respetados, usados, honrados y reconocidos todos.
Por eso, cuando escribió a la iglesia de Corinto en su primera carta, capítulo 12, del 21 al 26, escucha cómo lo explica: "Y el ojo no puede decirle a la mano: 'No te necesito', ni tampoco la cabeza a los pies: 'No los necesito'. Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles son los más necesarios. Y las partes del cuerpo que estimamos menos honrosas, a estas las vestimos con más honra —yo salgo con mi parte para no estar enfriándome— así que las partes que consideramos más íntimas reciben un trato más honroso, ya que nuestras partes presentables no lo necesitan. Mi mano puede estar descubierta, pero otras partes no. Pero así formó Dios el cuerpo, dando mayor honra a la parte que carecía de ella, a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él."
¿Tú notaste por qué Pablo les explica a los corintios la necesidad de funcionar correctamente después de haber sido bendecidos con los dones? Escucha, porque el versículo 25 del texto que leí dice: "A fin de que" —ese es el propósito— "en el cuerpo no haya división, no haya grupismo." Hermano, yo no sé si tú has prestado atención desde la época de Moisés hasta el Nuevo Testamento cuánto Dios rechaza la división en el cuerpo de Cristo. En el tiempo de Moisés un grupo fue juzgado severamente por causar la división y pagaron hasta con sus vidas. En el Nuevo Testamento, Pablo le escribió a Tito, en Tito 3:10 le dice: "Al hombre que causa divisiones, después de la primera y segunda amonestación, recházalo." No hay una tercera.
Porque una iglesia dividida no es un buen testimonio del poder de Cristo en nosotros. No es un buen testimonio del poder del evangelio. No es un buen testimonio de la gracia del evangelio. No es un buen testimonio de la misericordia de Dios. No es un buen testimonio para el Dios que perdonó y nos reconcilió con el Padre. No, no lo es.
Y ahora Pablo está diciendo: lo vio en Corinto, ya que unos decían "yo de Pablo", otros "de Cefas", otro "yo no soy de ninguno, solo de Cristo". ¿Y ese orgullo de dónde salió? Y la necesidad de la unidad del cuerpo de Cristo está en que Cristo mismo la puso en todo lo alto apenas horas antes de ser crucificado. Imagínate que tú eres la segunda persona de la Trinidad y estás orando, el Hijo al Padre, horas antes, acerca de las cosas más cruciales para el cuerpo de Cristo que va a estar dejando, y tres veces en una sola oración Él menciona la necesidad de la unidad. Escucha: Juan 17:11, "para que sean uno así como nosotros somos uno"; Juan 17:21, "para que todos sean uno"; Juan 17:22, "para que sean uno así como nosotros somos uno." Imagínate, tres veces para que todo el cuerpo, miles de personas, podamos ser uno. Y a veces nosotros... Dios nos une en matrimonio y no podemos ser una sola carne. Es vital, porque cuando la división reina, el único ganador es Satanás entre nosotros.
Entonces Pablo nos dice: ahora ustedes tienen diferentes dones. Eso hace más necesario el entendimiento de los dones para saber cómo usarlos y para evitar la división. Escucha lo que dice Pablo en el versículo 6 del texto de hoy: "Teniendo diferentes dones según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos." ¿Entendiste bien? Tenemos diferentes dones según la gracia. Nadie que diga: imagínate que él se ganó un don, que se lo merece, es una aserción de que él tiene méritos para ese don. El don que tú tengas, no importa cuál, no se debe ni a tu posición económica, ni a tu nivel de educación, ni a tu nivel de inteligencia, ni al abolengo de tu familia. No se debe ni siquiera a tu santidad. Se debe a una gracia que Dios te dio, que tú no merecías, y que te la dio para capacitarte para que hagas algo.
Porque cuando Él te pensó en la eternidad pasada, sabía cuál era el uso que te quería dar. Y para que tú puedas hacer lo que Dios te... para lo que Dios te creó y te trajo a este mundo, no lo puedes hacer sin el don. Y el don no sale de ti; Dios te lo da por gracia. Pero recuerda que tú no lo mereces.
Ahora estamos pensando justamente: hay dos razones, hermano, por las cuales tú tienes el don o dones que tengas. Dos, no más. Una: la gracia de Dios. Y dos, la voy a decir: es el propósito para el cual Dios te creó. Efesios 2:10 dice: "Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas." En otras palabras, lo he dicho múltiples veces aquí: Vida Nueva no es algo que el pastor se soñó. El uno verdad, como se dice, ingenió por sí solo y vino a realizar su sueño, a replicar Dominicana. No. Esto es algo en la mente de Dios, y cuando Dios lo ideó en su mente, lo ideó con personas que le iba a llamar para que pudiéramos caminar en su obra, y nos hizo una invitación inmerecida para que pudiéramos levantar la obra de Él. Eso es cómo ocurre.
Entonces, en el cuerpo de Cristo, mis dones y talentos, y la eficacia y eficiencia con la cual yo llevo a cabo las tareas que hago, junto con la pasión con la cual hago la tarea, son lo que confirma los dones y talentos que Dios ha puesto en mí, así como el llamado recibido. Yo lo he ilustrado en grupos pequeños de la iglesia, lo he estado diciendo aquí, pero yo he dicho públicamente: verás, yo no sé de música, no sé cantar. Pero imagínate que yo anoche me cayeron malas enchiladas y soñé anoche que yo podía cantar. Y yo vengo al grupo de oración y quiero que me hagan una audición. Pero resulta que no, que no doy para eso. Pero yo insisto que sí, que Dios me hizo un llamado anoche mientras yo dormía. Entonces quiero que... "Quizás dormiste, quizás soñaste, el problema es que la realidad no se compagina con lo que soñaste."
Y entonces ahora yo digo: bueno, ok, vamos a pensar con la medida justa de que habla Pablo, y según los dones, porque lo dice el versículo 6: "usémoslos." Ok, porque vamos a comenzar a pensar ahora otra vez de la Palabra, de interpretar la Palabra, que ya estamos muy listos para usarlos. "¿Qué más yo debo pensar, Pablo, antes que tú me definas estos dones específicos?" Bueno, recuerda lo que le dije a la iglesia de Colosas cuando le escribí en Colosenses 3:23: "Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres."
Todo lo que hagan, háganlo para el Señor y no para los hombres. En otras palabras: pastor Miguel, si después de tú predicar, enseñar y servir unos años tú te sientes decepcionado con la respuesta de la gente, y te agrias, y te resientes, y te agitas, y te molestas, y te frustras, con lo que la manera como reaccionaste reveló que lo hiciste para los hombres. Porque yo nunca te he decepcionado, nunca te he faltado, nunca te he dejado de acompañarte. Si lo hubieses hecho para mí, otra historia fuera. Entonces yo tengo que hacerlo para el Señor y no como para los hombres.
Bueno, pero somos humanos, y nos pasa. Es verdad, todos hemos sido heridos, decepcionados, traicionados, todo lo que tú quieras. Al final tienes que recogerte y decir: sí, pero para el Señor que tengo que hacerlo. De manera que tú dejas atrás, como hizo Pablo, dejando atrás, verdad: "Ya olvido lo que queda atrás, me extiendo hacia lo que queda adelante."
Entonces nosotros somos llamados y se nos dan dones para servir a los hombres. Escucha, para que no me malentiendas: somos llamados y se nos dan dones para edificar el cuerpo de Cristo, con lo cual implica que estoy ejerciendo el don para servir a los hombres. Esa es la meta. Pero la motivación es agradar al Dador y hacerlo para la gloria de Él. La motivación es agradar al Dador y hacerlo para la gloria de Él. De ahí mi título: "Equipados por su gracia para agradar al Dador."
Ahora permíteme hacer un par de observaciones más antes de llegar a los dones particulares que Pablo menciona. Si Dios me da un don en particular y no lo uso, yo estoy en pecado. Eso es pecado, porque con el no uso le estoy diciendo a Dios: "No, yo estoy insatisfecho con el don recibido, no me interesa lo que tú quieres para mí, y no lo voy a hacer hasta que tú no me des el don que yo quiero." Eso estaba pasando en Corinto: que uno tenía un tipo de don, pero yo no quería ese; yo quería el de hablar en lenguas, que llamaba mucho la atención. Por otro lado, si Dios me capacita con un don espiritual y lo uso, pero
Pobremente, porque soy un holgazán espiritual. Y tú sabes que hay vagos en la vida, ¿verdad?, que no quieren trabajar, pero los hay en el mundo espiritual. Entonces, si yo soy un holgazán espiritual, no puedo esperar que Dios me traiga más bendiciones, porque con la primera que te di no has hecho nada. Ya probé que soy infiel en el uso de lo que me ha dado.
Asimismo, si recibo un don o un talento antes de hacer de nuevo, y resulta que me voy en orgullo, siendo que de repente yo comienzo a confiar en el don y no en el dador de los dones. Y yo recuerdo perfectamente, a la edad de veintinueve o treinta años, no tengo el tiempo para extenderme, algunos de ustedes conocen la historia, pero me pasó haciendo ronda, viendo pacientes en uno de los hospitales de Estados Unidos. Y como yo estaba ahí medio molesto, como cuando pleiteo con Dios, le pregunté. Yo no hice voz, pero me dejó entender: para que aprendas a confiar en el dador de los dones y no en el don que has recibido.
Pero eso me puede pasar. Yo puedo comenzar a confiar en un don en particular, o el don de la enseñanza, y descuidarme, no cultivarlo, venir con poca preparación, porque al final yo tengo experiencia, yo hablaba. Esto lo hablaba mucho y me quedé al final descalificado. Por eso el apóstol Pablo señaló: "Yo no corro así, yo no corro como sin meta, no sea que yo, habiendo predicado a otros, entonces sea descalificado." Sí, Dios puede descalificarme.
Y esa es la razón por la que les escribe a los filipenses. Entonces, allí se les dice: "Ocúpense de su salvación con temor y temblor." Y algunos podrían decir: "Pero pastor, una vez salvo, siempre salvo." Bueno, esa frase, dicha de esa manera, como que transmite algo que tú no has entendido. Porque pasar rasando no es la meta del cristiano, número uno. Número dos, si tú no cuidas tu salvación con temor y temblor, hay cosas de tu salvación que Dios te puede quitar, y tú y yo no la vamos a pasar bien, dice el apóstol Pablo.
Entonces, habiendo introducido como la idea de los dones, recuerda que este es Pablo. Ya tenía veinte, veinticinco años siendo misionero, ya había plantado la iglesia de Corinto, la iglesia de Colosas, prácticamente Acram y otras. Es decir, él sabe de qué está hablando, él sabe lo que quiere proveer ahora en Roma.
Y entonces él da esta lista de dones. Hay tres listas diferentes además de esta que tenemos aquí: una aparece en 1 Corintios 12:4-11, ahí mismo en 1 Corintios 12:28, y en Efesios 4:11. Ninguna de esas listas es exhaustiva. Yo no sé si sumamos todos los dones en esas cuatro listas, pero con cuatro listas yo no estoy seguro tampoco de que sea exhaustiva. Pero eso es lo que tenemos.
Y Pablo comienza entonces. De los siete dones, él comienza con el don de profecía. No sé por qué, pero yo me imagino. "Si es el de profecía, úsese en proporción a la fe." Hermanos, la mayoría de nosotros entendemos que el don de profecía primariamente tiene que ver con predecir el futuro. Tiene que ver con eso, pero no de manera primaria. Porque Isaías sirvió como por cincuenta años como profeta. No se levantó todos los días: "Hagan fila para ver cuál es la profecía de hoy." No, el don de profecía tenía mucho, y tiene que ver con la exposición de la voluntad de Dios, que en el Antiguo Testamento venía directamente al que tenía el oficio de profeta.
Una cosa es traer una profecía, como va a haber un momento en Corinto, y otra cosa es tener el oficio de profeta. Y en el Nuevo Testamento, ahora completada la revelación de Dios, cuando un pastor expone la voluntad de Dios en Su Palabra, esto es una función profética del pastorado. De hecho, hay evidencia en el Nuevo Testamento de que este don profético estaba pasando, y la evidencia no es liviana, es pesada. Porque los varios profetas que son mencionados en el Nuevo Testamento no tuvieron ni la misma autoridad ni la misma estatura de los profetas del Antiguo Testamento. Nunca jamás. Imposible.
En la misma iglesia de Corinto, donde había un abuso de los dones, resulta que había varias personas que decían ser profetas, y parece que estaban todos profetizando al mismo tiempo, quizás como hacemos nosotros los dominicanos, que hablamos todos al mismo tiempo y queremos que uno se oiga más que el otro. Y Pablo les dice en 1 Corintios 14:29: "Y que dos o tres profetas hablen." Dos o tres, ya. "Y los demás juzguen." Eso no era lo que hacían con Isaías. "Así que esto es lo que dice Isaías, ahora que ustedes piensen de lo que Isaías dijo." Eso no era. Cuando el profeta hablaba en el Antiguo Testamento, Dios hablaba. No había nada que cuestionar.
En el Nuevo Testamento ya, en Corinto, Pablo dice: "Sean dos o tres profetas a lo sumo, y los demás que están alrededor que juzguen si es congruente con la revelación que ya ustedes tienen del Antiguo Testamento, si es congruente con el carácter de Dios, si es congruente con el resto de lo que ahora nosotros los apóstoles les estamos enseñando. Y si no, rechásenlo."
Tú puedes verlo, pero tú puedes verlo también en el capítulo 14, versículo 3, cuando el apóstol Pablo define el don de profecía. Escucha lo que Pablo dice en 1 Corintios 14:3: "Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación." O sea que no me va a decir nada del futuro; te estoy definiendo lo que es. Eso es exactamente lo que estoy haciendo esta mañana a partir de la Palabra: yo estoy predicando, exponiendo la Palabra, para edificación, para exhortación y consolación.
Y no voy a llegar incluso a la experiencia entre Agabo, profeta Agabo, las cuatro hijas de Felipe que tuvieran una revelación que Pablo también tuvo. Y Agabo y las hijas de Felipe no querían que Pablo fuera a Jerusalén, y el apóstol dijo: "No, pues yo sí voy, porque para allá es que Dios me mandó." Y ahí teníamos entonces profeta y apóstol encontrados en cuanto a qué hacer. Y cuando Pablo dijo: "No me van a persuadir, voy", ¿qué dijeron? "Bueno, que se haga la voluntad de Dios." No era la misma, no tenía el mismo peso. Era un don que ya estaba pasando, y ahora lo que nosotros tenemos es una función profética.
El don de profecía. El don de servicio quizás es uno de los mejores dones, y el que debiéramos estar pidiendo más, entre algunos otros que están aquí mencionados. Yo conozco gente que están locos por hablar en lenguas, pero no conozco a nadie que me esté diciendo: "Yo estoy loco porque Dios me dé el don de servicio para yo gastarme sirviendo." ¿Han oído eso? Y por aquí adelante parece que yo no soy el único. No, porque es que eso no me pone en el centro de atención.
Ahora, todos los hijos de Dios tienen una responsabilidad de servir. Yo no puedo decir: "Bueno, yo no sirvo, yo no tengo ese don." No. Ahora, sirves menos. Todos tenemos una responsabilidad de servicio. Ahora, las personas que tienen el don de servicio son personas humildes. ¿Saben por qué? Porque al orgullo no le gusta servir; es a la humildad que le gusta servir.
La persona que tiene un don de servicio, ellos sirven con frecuencia y son movidos al servicio a todo el mundo, no selectivamente. Son tan movidos al servicio que también ellos tienen que cuidar eso, porque les puede pasar lo que le pasó a Marta, que probablemente tenía el don de servicio, pero queriendo servir tanto, se estaba descuidando. Y tú puedes terminar sirviendo no de la llenura del Espíritu, sino del vaciado del espíritu, y en ese momento comienzas entonces a resentir lo que venías haciendo por tanto tiempo.
Pero las personas que tienen el llamado, el don del Espíritu, sirven con gusto, sirven con alegría, sirven por amor a Cristo. Gálatas sin compresos. Son personas que, como les gusta servirle, dan preferencia a otros, por así decirlo; dejan su cama para darse a otros. La persona con este don, ellos han llegado a entender que no hay ninguna función que esté por debajo de ellos, ninguna, ningún servicio, así sea lavar los pies u otra cosa. Nada de eso está por debajo de ellos. De hecho, esas personas son como las ramas de los árboles. ¿Todavía has visto las ramas de los árboles cuando están muy llenas de fruta? Mientras más frutos tienen, más se doblan hacia el piso. Así son los siervos, así son las personas con el don de servicio todo el tiempo.
Entonces es un don que Pablo menciona: don de profecía número uno, don de servicio número dos, y el don de enseñanza. Aquí los que tienen el don de enseñanza tienen que recordar que tú puedes ser tentado fácilmente, de una manera muy ligera, a sentirte superior a otros porque tú sabes, tú conoces, tú enseñas, el otro se somete, el otro te pide explicación. Pero todo eso es por gracia. Si es verdad que puedes hacer todo eso, es por gracia, es inmerecido.
También ese don está relacionado al estudio y la proclamación de la Palabra. Es alguien que, como Dios le dio un don, al estudiar la Palabra él puede ver con mayor claridad qué es lo que la Palabra significa en este contexto. Él puede ver, no solamente entender el texto; al mismo tiempo comienza a entender de qué manera lo explico, comienza a entender incluso de qué manera lo aplico. Él quiere estudiarlo porque quiere explicarlo y quiere aplicarlo. Y cuando lo hace, lo comunica con claridad.
Son personas, y este es un don igual que se da por gracia como voy a probar y mostrar ahora, pero son personas que pueden tomar textos complejos y enseñarlos de una forma llana que la gente puede entender, sin perder la profundidad. Y yo creo que el mejor ejemplo de eso es Cristo mismo.
El Sermón del Monte. Si tú lees el Sermón del Monte, ahí no hay nada gramaticalmente, semánticamente difícil de entender. Todo está llano. Pero cuando tú comienzas a profundizar en el Sermón del Monte, es como que no hay fondo, como que tú no terminas. Y al final, lo que esta gente dice, que le escucharon, ante campesinos en Galilea sin ninguna preparación, dicen: "Wow, este hombre habla como uno que tiene autoridad, y no como los fariseos." Ellos tienen educación. "Ni como los escribas." Ellos tienen educación. "No, sino como uno que tiene autoridad."
Escucha: la Palabra de Dios, empoderada por el Espíritu de Dios y enseñada por un expositor que ha recibido el don de enseñanza, le confiere al comunicador, le confiere, no la tiene, una autoridad especial que no proviene de él. Nada es de él.
La palabra proviene de Dios. La capacidad de entender proviene de Dios. La capacidad de hacerlo claro y hacer simple lo complejo proviene de Dios. La capacidad de saber qué está pasando ahí en la audiencia para aplicarlo proviene de Dios. El poder proviene de Dios. La autoridad con la que sale la palabra proviene de Dios. ¿De qué me voy a jactar? Nada.
La persona con ese don espiritual, una persona con el don espiritual de la enseñanza, puede entender y explicar un texto mucho mejor que una persona que no tiene el don pero tiene un doctorado en Biblia. Y es tan sencillo como comparar liberales con PhD de seminarios de Biblia que llegan a unas conclusiones extraterrestres, y gente más sencilla sin educación formal que entiende mucho mejor y de una forma llana muchas veces lo que ya se ha querido comunicar. ¿Por qué? Porque las cosas espirituales se disciernen por medio del Espíritu, y el que no ha creído no tiene el Espíritu. Tan sencillo como eso.
El don de enseñanza es un requisito para los que son llamados a pastorear el pueblo de Dios. Eso no quiere decir que todo el mundo que tenga un don de enseñanza ya fue llamado, pero si eres llamado a pastorear necesitas el don de enseñanza. Y la persona que tiene el don de enseñanza, entonces él disfruta o ella disfruta aprender para enseñar, disfruta enseñar para discipular. De hecho, aun sin ser pastor, la persona con el don de enseñanza como que siempre anda pendiente o buscando a alguien a quien pueda discipular, que quiera enseñar, porque eso le produce gozo.
Ese es un don que encuentra una aplicación extraordinaria en el salón de consejería, porque tengo que explicarle a otro, de consejería bíblica sobre todo. Tengo que explicarle a otro lo que la Palabra dice y cómo explicársela y aplicársela al contexto que me está trayendo ese individuo. Con don de enseñanza disfruta enseñar aun si no es centro de atención. Él quiere enseñar a Cristo, él quiere hacer a Cristo famoso. Su fama, su apellido, en buen dominicano permítanme decirle, le da dos pitos. Para eso él vive.
Ese es un don mandatorio para aquellos que ejercen el pastorado, pero no solamente está presente en los pastores. Yo creo que ahora eso está claro de múltiples formas, pero donde más claramente lo puede ver es en Efesios 4:11, donde dice que Dios le dio a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores, eso es un don, y todavía otros enseñanza. Donde enseñanza se separó, Pablo separó el don pastoral del don de enseñanza. Claro, yo puedo estar en un seminario bíblico, yo puedo ser un profesor de escuela bíblica, yo puedo ser un profesor de grupos pequeños, yo puedo ser un profesor de grupo de discipulado o de un discipulado individual y tener un don de enseñanza. Ese don de enseñanza, al igual que ocurre con otros dones, puede ser cultivado y puede crecer, y debiera crecer.
Mira un buen texto en Hechos 18 para ilustrar. Sobre el versículo 24 al 26: "Llegó entonces a Éfeso un judío que se llamaba Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente." Vean, anoten: hombre elocuente y que era poderoso en las Escrituras. Tiene que tener don de enseñanza. "Este había sido instruido en el camino del Señor," recibió instrucción, "y siendo ferviente en espíritu," ferviente en espíritu, no poca cosa, "hablaba y enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús, aunque solo conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar abiertamente en la sinagoga, pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios."
Aquí está Apolos, que tiene don de enseñanza, que es elocuente, que es poderoso en palabra, que explicaba las cosas acerca de Jesús con exactitud. Lo único que le faltaba: revelación, explicación. Priscila y Aquila, que también tenían el don de enseñanza, lo escucharon enseñar. En un momento dado, como tenían el don de enseñanza, también tenían entendimiento, ya habían trabajado con Pablo. "Ah, que ahí le falta." Entonces no se pararon, levantaron la mano, lo corrieron. Ahí lo llamaron aparte, como debe ser, y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.
Lo que dice es que el que recibe el don de enseñanza tiene que ser humilde para saber que él tiene cosas que desaprender, otras que tiene que aprender mejor, como el caso de Apolos, y otras que él tiene que corregir porque estaban erradas. Y él puede ser enseñado todo el tiempo, que hay personas con don de enseñanza que van delante de nosotros, e incluso que han muerto ya, pero que nos dejaron sus enseñanzas y que yo puedo aprender de todos ellos. Y de ahí la necesidad de la humildad para poder ser enseñados.
Por eso tú puedes ver con el don de enseñanza y otros que tú puedes cultivarlo, tú puedes desarrollarlo, o puedo no usarlo. Y quizás la parábola de los talentos nos puede ayudar, aunque no estaba hablando de dones específicamente, pero yo creo que ayuda e ilustra algo bastante bien. Un hombre recibe un talento, otro recibe dos y otro recibe cinco. El de cinco devuelve diez. Bueno, eso que le dieron lo cultivó, lo reprodujo y entregó diez. Su amo estaba contento. Luego hay otro que recibió dos, lo reprodujo y entregó cuatro. Su amo, que representa a Dios, estaba contento. Pero hay uno que recibió uno y eso que recibió no hizo nada con él. Era un haragán. Incluso la respuesta que da revela qué tipo de corazón tenía, porque cuando el amo regresa y dice: "Yo no te di un talento..." Sí. "Que tú sí, bueno, yo sabía que tú eres hombre duro y lo escondí. Aquí está el talento." Pero ese talento representa también mis bendiciones en todo el sentido de la palabra e incluye mis dones. Yo se supone que debo cultivar mi don, desarrollar mi don.
Don número cinco, creo: el don de la exhortación. La palabra viene del griego paraklesis, que implica como venir al lado. Pero la aplicación tiene que ver con alguien que viene al lado a hablarte, a animarte, a motivarte, a enseñarte, a consolarte, pero puede ser también, incluyo todo esto, a confrontarte. Ahora, escucha: cuando alguien que viene a confrontar a otro no tiene el don de exhortación, frecuentemente hace más daño que bien. Porque el don de exhortación se supone que trae la confrontación con una mano de hierro y con la otra mano trata de sanarte. Él no puede no confrontar porque él tiene un llamado de parte de Dios, pero él sabe cómo hacerlo. Eso no implica que no me hiera, porque hay muchas cosas que producen heridas en mí que no tienen nada que ver con el otro, sino por mi orgullo y ultrasensibilidad. Pero el que tiene el don de exhortación, por lo menos él trata de la mejor forma posible de sanar tu herida.
Yo creo que el mejor ejemplo en el Nuevo Testamento de esa persona es Bernabé. Su nombre Bernabé hizo honor a su nombre. Era, significaba, hijo de consolación. Tú recuerdas cómo Pablo se convierte. Pablo era un perseguidor de la iglesia. Cuando Pablo trata de penetrar a los círculos de la iglesia, ahí, no. Ya Ananías, cuando el Señor se le apareció para que fuera a hablar con Pablo: "Señor, por favor, si acabo de ser un perseguidor de la iglesia." Y Bernabé toma a Pablo de la mano y lo introduce a la iglesia. Venía Bernabé como su carta de triunfo, su carta de presentación. "Bueno, si Bernabé, el hijo de consolación, lo recomienda, entonces vale la pena prestar atención." Y lo recibieron.
Pero luego resulta que Pablo y Bernabé emprenden un segundo viaje misionero. Y él había ido con un discípulo mucho más joven de nombre Marcos, quizás que no había recibido la medida de fe que Pablo había recibido. Y él quería ir, y Pablo dice: "No, Pablo... Marcos no está listo para ir con nosotros." Y entre Pablo y Bernabé se produjo un choque, un desacuerdo no pequeño, dice Lucas. Y entonces Bernabé, el hijo de consolación, dice: "También, Pablo, yo me quedo con Marcos." ¡Wow! Yo creo que ambos tenían razón. Probablemente Marcos no estaba listo, no estaba maduro para ir en un segundo viaje misionero a regiones más difíciles. Pero creo que Bernabé tenía razón: Marcos tiene potencial. Se quedó con Marcos y terminó escribiendo el Evangelio de Marcos. Es un discípulo con un don de exhortación en manos.
Yo quisiera que Dios llenara la IBHE con gente con el don de exhortación, que llenara toda la iglesia. Entonces, hay que... A nosotros muchas veces nos gusta más el don de la crítica que la exhortación. ¿O no? Sumémonos a la rica. Lo digo: nosotros debiéramos exhortar con la misma frecuencia que criticamos y condenamos. Pídele a Dios que te dé el don de exhortación.
O vía: te dé los dones milagrosos. Por otro lado, Pablo no habla del don de dar. ¿Te ha ido alguien diciendo: "Señor, yo te pido encarecidamente que me des un don para ayudar más, más, más"? Todavía doy, pero yo quiero más. Tú conoces a alguien, para que me lo mandes, concédeme la oportunidad. "¿A ver por dónde me la manda?" No, él anda buscando. La persona que tiene el don de dar anda buscando la oportunidad de dar literalmente hablando sus recursos, de las bendiciones que Dios le ha dado.
En IBHE hay gente que anda, no solamente tiene el don de dar, que anda buscando la oportunidad. Y sabes qué, no es que tiene que dar enormes cantidades. Es conforme a la proporción a lo que Dios te ha dado. Pero tiene el don. Yo conozco gente de pocos ingresos. Porque hasta a mí me han querido dar, recién llegado al país y no tenía nada. Es como tú ves una gente de campo a veces, y de lo poquito que tiene, una despensa o un buen marrano, te quieren dar. También te dan su comida y se quedan sin comida. Eso es un don de dar.
Tú ves en el libro de los Hechos, del principio, en los primeros cuatro capítulos, a roles del capítulo 4. Todos tenían, yo creo que Dios derramó un don de dar especial por la condición de la iglesia, y todos tenían todo en común y vendían sus cosas y las repartían, y vendían y llenaban la necesidad de otros. Eso es un don extraordinario.
Próximo don, número seis, creo: el que dirige, que lo haga con diligencia. La Nueva Traducción Viviente dice: "Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio." Bueno, en la iglesia liderazgo no es algo ganado, no es algo por méritos. Es un privilegio. ¡Wow, qué bueno! ¿No es verdad? Es un privilegio inmerecido, inmerecido completamente. Pero en las iglesias nosotros no tenemos un sistema como...
En las compañías, debido al tiempo que tengas en la compañía, por seniority te van pasando, bravo, te van promoviendo. No, porque en la iglesia no tenemos un sistema de promoción. No, no, no tenemos un sistema de reconocimiento. Nosotros no hacemos ancianos, nosotros no hacemos diáconos, nosotros no hacemos nada. Nosotros reconocemos públicamente aquellos que ya vienen ancianeando o pastoreando o diaconizando o cualquier otra cosa. Tú primero observa, y cuando están haciendo lo que se supone que esa persona haga, entonces tú los reconoces.
El líder en la iglesia es primero un siervo, y lo es para su gloria, y le necesitan modelar lo que enseña. Ahí también hay un crecimiento. Yo creo, no sé cuánto modelo lo que enseño, hoy es lo determinarlo, pero yo creo que a la edad que tengo modelo lo que enseño mejor que cuando comencé a plantar la iglesia, porque hay un crecimiento en cada una de estas cosas. El líder de la iglesia no es un gobernante, él no decreta, él no gobierna por decretos, él gobierna por ejemplo, por modelar.
Él se ve como Pablo se vio. ¿Tú sabes qué es lo primero que Pablo dice cuando va a escribir esta carta? Lo primero, lo primero, lo primero: "Pablo, yo esclavo de Cristo Jesús." Eso es lo que tú y yo somos: esclavos de Cristo. "Pastor, pero mi Biblia dice siervo." Sí, porque como que la palabra esclavo le resulta muy pesada a mucha gente. La palabra traducida como siervo, la palabra esclavo, es traducida en el sentido de que estoy hablando, es traducida en el documento como de las 124 veces que la usa el original, la traduce una sola vez como tal, como que le salimos corriendo a esta palabra a veces. No, yo soy un esclavo de Cristo, y ese esclavo de Cristo se debe a su amo, y él lidera por ejemplo, no por derecho.
Él conoce. El líder del pueblo de Dios tiene que conocer las ovejas, tiene que saber dónde están, tiene que saber de qué carecen, y él trata entonces de conocer a Dios, caminar con Dios, conocer las ovejas para mover el pueblo de Dios de dónde está al lugar donde Dios quiere que esté. Moverlos, el pueblo de Dios, hacia los propósitos de Dios, para usar el lenguaje de Blackaby. Es una responsabilidad monumental.
Y no sé si lo habías pensado, pero tempranamente, tan tempranamente como en el segundo libro de la Biblia, Dios demuestra que el don de liderazgo, igual que los otros, son dados en grados. Cuando Moisés estaba tratando de liderar al pueblo por sí solo, su suegro Jetro viene y le visita, y le dice: "Tú no puedes hacer esto. Oye, escoge setenta hombres que sean honestos y no sean amadores de ganancias deshonestas," etcétera, etcétera. Le dice: "Nómbralos jefes." "Pero, ¿cómo así, suegro? ¿Jefes?" "De mil, de cien, de cincuenta y de diez personas."
Claro, los dones son dados en grados. Quizás el de mil ayuda a liderar a los de cien, y los de cien al de cincuenta, y los de cincuenta a los de diez. Y eso nos ayuda a funcionar como cuerpo de Cristo, en el caso como pueblo de Dios. Y cuál es parte de la idea de eso: que todo el mundo está cerca de algún líder. Uno cerca de un líder de diez, pero luego está cerca de un líder también de cincuenta, no tan cerca, pero ya van. Pero cerca, no tan cerca, pero de uno de cien. No tan cerca, pero esto es cerca de uno de mil. Y no tan cerca, pero ya estoy casi llegando a Moisés. De acuerdo a la complejidad de los problemas, eso es lo que Jetro le dijo literalmente a Moisés. Y así funcionamos mucho mejor.
Y finalmente, Pablo menciona el don de misericordia. Entonces, que el pastor de hoy se ha extendido es un problema que él tiene, pero esto que está aquí yo no sé qué cortarle, de manera que ya voy a terminar con el don de misericordia. ¿Con qué? ¿Alguien tiene el don de misericordia? El don de misericordia también me encantaría. Perdonar me encantaría, dolerme con los que están dolidos me encantaría, ayudar a los que están en dificultad. ¿Lo conoces? No, de esos dones no. Si fuera el de profecía, si fuera el de hablar en lenguas, también el de hacer milagros, mucho más. No, el don de misericordia me lo deja. Fuente. Con eso cierro.
¿Cómo entender el don de misericordia? Creo que es bastante sucinto y bastante claro o explicativo. La misericordia es lo que expresamos cuando Dios nos guía a ser compasivos. Escucha: en nuestras actitudes, en nuestra disposición, ya estamos siendo compasivos en plan y actuar, en nuestras actitudes, palabras y acciones. Es más que servir o es más que sentir compasión por alguien. Es amor en acción. La misericordia debe ser responder a las necesidades inmediatas de los demás y aliviar el sufrimiento, la soledad y el dolor. La misericordia aborda las crisis físicas, emocionales, financieras o espirituales con un servicio generoso y abnegado. La misericordia defiende a los humildes, a los pobres, explotados y olvidados, y a menudo actúa en su favor.
El ejemplo máximo fue Cristo mismo. A los pobres fue que les dio de comer. A los humildes les amó: "Bienaventurados." A los explotados, como las prostitutas explotadas por otros. La mujer samaritana, explotada por cinco maridos que hicieron uso de ella, se aprovecharon de ella, y todos la soltaron. Y después vino el sexto, ¿te acuerdas?, que tenía un sexto hombre que también la estaba explotando, la estaba usando. Cristo se le acercó y le dijo: "Tú tienes más valor para mí que todos los hombres que has conocido." Olvidados, y luego actuó en su favor.
Y de esa misma manera Cristo te vio a ti también, y a mí, como un pobre espiritualmente hablando. No le importó cuánto dinero tuvieron. Te vio también olvidado, no necesariamente porque no tuvieras una familia, sino porque tú no eras perteneciente a los pactos, tú no eras de la ciudadanía de Israel, tú no pertenecías al pueblo de Dios, como bien describió el apóstol. Y Él bajó, y descendió, te redimió, y te reconcilió con el Padre, y te dio perdón. Y como no había forma de sacarte de tu prisión, Él fue y pagó, no solamente la fianza, no, Él pagó la multa, la culpa que estaba sobre ti, fue y la pagó. Y dijo: "Bueno, ¿cuánto es el precio?" "No, eso no se paga con precio." "Entonces, ¿cuál es? ¿Con dinero?" "Entonces, ¿cuál es el precio?" "Se paga con sangre." "Pues está bien, clávenme." Y te libertó.
¿Y después le vas a devolver mezquinamente? ¿No te vas a ofrecer para servirle a Él y a todo su pueblo? ¿Te vas a dejar usar por el mundo? ¿Te vas a dejar usar por otros que te usan, te exprimen y sueltan, en vez de dejarte usar por Dios, que te cuida, que te cultiva, que te sana, que te protege, que no tiene nada que quitarte, que lo único que te puede hacer es darte? Cuando nosotros tenemos mucho que quitarte. Aquí, le vas a servir a Dios o a los hombres. Pero eso es que tu vida ofrecida como ofrenda, sacrificio vivo, santo y aceptable a Dios, es lo único razonable, lógico y congruente con los clavos de la cruz. Cualquier otro grado u ofrenda que le devolvamos a Dios es indigna del Dios que se sacrificó por nosotros.
Padre, gracias por tu satisfechos que nos enseña, nos recuerda, nos corrige, nos endereza, nos aclara. Permite ahora que nosotros podamos irnos rumiando estas verdades, y entonces, que luego que las rumiemos, podamos mejorar el servicio que estamos dando, o comenzar a servir de alguna manera dentro y fuera de tu iglesia, para agradar al dador, al dador de la vida y al dador de todo lo demás que nosotros poseemos, en Cristo Jesús. Amén.
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