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Sermones

De esclavos del pecado a siervos de Dios

Miguel Núñez 22 septiembre, 2024

La unión con Cristo no es simplemente cambiar de familia espiritual o agregar a Jesús como algo más en la vida. Es algo tan profundo que Cristo lo comparó con ser cabeza y cuerpo, vid y pámpanos: donde Él está, están sus discípulos; separados de Él, nada podemos hacer. Esta unión rompió la tiranía que el pecado ejercía sobre nosotros. Antes, pecábamos porque no teníamos otra opción; nuestra voluntad estaba esclavizada. Ahora, si pecamos, es porque queremos hacerlo, no porque no podamos evitarlo.

El problema del creyente ya no está en su alma regenerada, sino en su carne, que no puede ser santificada ni educada. Por eso Pablo ordena: no permitan que el pecado reine en sus cuerpos mortales. Cada miembro del cuerpo puede convertirse en instrumento de pecado o de justicia. Eva vio, mordió y saboreó la fruta prohibida. David vio a Betsabé y desencadenó una espiral de adulterio, engaño y asesinato. El pecado siempre va de menor a mayor: comienza con ver, sigue con desear, luego planificar cómo hacerlo y finalmente cómo ocultarlo.

Cuando consideramos que la sangre de Cristo perdonó nuestros pecados más depravados, ese amor debería ser nuestro mayor incentivo para no pecar. Si Cristo murió para sacarnos de la muerte, ¿cómo vamos a usar nuestra vida en Él para deshonrar su muerte? No hay terreno neutral: o somos siervos de justicia o siervos del pecado. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hace aproximadamente un mes, más o menos, que estuvimos en esta carta de Pablo a los Romanos, en la primera parte del capítulo 6. Algunos recordarán que titulamos ese mensaje: "Tu unión con Cristo que liberta de la tiranía del pecado". Y en manos de eso, yo quisiera seguir enfatizando en que cuando escuches títulos de mensajes, por lo menos los que tienen que ver con mis mensajes, presta atención, porque los títulos de mis mensajes tienen un peso enorme. No porque yo lo escoja, es porque resumen la verdad del texto que se va a exponer.

Cuando yo expuse esta primera parte de Romanos 6, en esencia estaba llamando la atención sobre dos cosas: sobre la unión con Cristo, que es tan pobremente entendida teológicamente, y estaba llamando la atención sobre el hecho de que esa unión con Cristo a mí me separó de manera permanente de la tiranía que el pecado ejercía sobre mi vida, que me obligaba a llevarlo a cabo mientras yo lo deseaba y lo disfrutaba. Ese yugo fue roto, fue cortado, y por consiguiente Dios espera que en la vida de adelante yo pueda vivir de otra manera.

Ahora, cuando hablamos de la unión con Cristo, yo quisiera volver a enfatizar que no estamos hablando de que, bueno, yo pertenecía a la familia del mundo y ahora yo pertenezco a la familia de Dios. Eso es verdad, pero no es simplemente eso. La unión con Cristo tampoco estamos hablando de agregar a Cristo al número de cosas que yo tengo, como una cosa más o como la cosa más importante en mi vida. No estamos hablando de eso tampoco.

Da poco implica que ahora yo soy miembro del club de discípulos de Cristo. Aunque eso puede ser cierto, que esté entre la lista de los discípulos de Cristo, la unión con Cristo es algo tan extraordinario que si tú llegas a entenderlo, jamás oirás de la misma manera. Recuerda que Cristo trató con diferentes analogías y símiles de ayudarnos a entender esa unión.

Por un lado, Él nos dijo: "Yo soy la cabeza, ustedes son el cuerpo". A ustedes me están viendo: tú no te imaginas mi cabeza por allá y mi cuerpo por aquí. Donde yo estoy, estoy con cuerpo y cabeza al mismo tiempo. Cristo dice: "Donde yo esté, están todos mis discípulos conmigo". En otra ocasión Cristo dijo: "Yo soy la vid y ustedes son los pámpanos". En otras palabras, si te separas de mí no tienes vida. Si te alejas de mí, comienzas a morir. Tú no puedes existir sin mí. De hecho, separado de mí tú estás muerto; tú ni siquiera eres discípulo mío. Yo soy el tronco y tu vida depende de que permanezcas en el tronco. Tu salud espiritual depende de que tu unión con el tronco no se debilite.

Por otro lado, Cristo enseñó que separados de mí nada pueden hacer. Hermano, nosotros tratamos de hacer y planificamos y decidimos y nos mudamos, cambiamos de país, cambiamos de pareja, cambiamos de iglesia, cambiamos de todo sin consultar la sabiduría del cielo. Y Cristo lo dice: "Yo te lo dije, separados de mí nada, nada pueden hacer".

Por otro lado, Pablo nos dice en Efesios 2:3 que nosotros éramos hijos de ira, no hijos de Dios, hijos de ira. Nos dice Efesios 5:6 que nosotros éramos hijos de desobediencia. Cristo, hablando a un grupo de judíos en un momento dado, les dice: "Ustedes no son de su padre Abraham, ustedes son de su padre el diablo". Pero ahora, ahora en Cristo yo soy hijo de Dios. Pero escúchame, tú no eres hijo de Dios simplemente como hijo de Dios; tú eres hijo de Dios en Cristo. En Cristo cada bendición que tú recibes es en Cristo. Cada bendición que tú vas a recibir es en Cristo. Cada paso que tú vas a dar es en Cristo. Pero de esa misma manera, mi hermano, tú pecas, tú pecas en Cristo.

En Cristo no estamos separados de Cristo. Tu unión con Cristo te libertó de la tiranía del pecado. Luego de mi unión con Cristo, yo hago todo lo que hago en Él, cuando hago las cosas que le honran y cuando hago las cosas que le deshonran. Y tú y yo estamos unidos de una manera como un cuerpo, y al mismo tiempo estamos unidos todos en Cristo de tal forma que las veces que hemos hecho disciplina pública aquí hemos dicho: "Hoy la Iglesia ha pecado", porque nosotros somos, de acuerdo a la Palabra de Dios, miembros los unos de los otros. Cristo no nos ve separados unos de otros porque no nos ve separados de Él tampoco.

Y esa es la primera parte del capítulo 6. Es importante que lo recordemos porque todo lo que Pablo tiene que decir a través del texto está íntimamente relacionado a lo que estoy explicando. Pablo explica que no tiene ningún sentido que personas que hayan sido declaradas libres de la esclavitud del pecado quieran todavía vivir como si fueran esclavos del pecado. Imagínate que yo estaba atado aquí por un grillete. Cristo viene, me liberta, me declara libre, me separa, me aleja de mi esclavitud, y de repente me encuentra a mí volviendo a querer vivir cerca de donde yo vivía, porque esta esclavitud es la que yo disfruto. Y Pablo va a decirnos: "Ahora, hermanos, eso no tiene ningún sentido, no tiene ni pies ni cabeza". Y esto es honroso para Cristo.

Y con eso entonces te invito a que puedas moverte a Romanos 6:12. Yo he titulado mi mensaje hoy: "De esclavos del pecado a siervos de Dios". Esta es la Palabra de Dios, versículo 12: "Por tanto" —y ahí Pablo comenzó a hablar, porque ese "por tanto" me está conectando lo que viene con lo que quedó atrás— "por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias. Ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, pues no están bajo la ley sino bajo la gracia".

Versículo 15: "Entonces, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ningún modo! ¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea del pecado para muerte o de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados. Y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia".

"Hablo en términos humanos por causa de la debilidad de su carne. Porque de la manera que ustedes presentaron sus miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad para iniquidad, así ahora presenten sus miembros como esclavos a la justicia para santificación. Porque cuando ustedes eran esclavos del pecado, eran libres en cuanto a la justicia".

Versículo 21: "¿Qué frutos tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? Porque el fin de esas cosas es muerte. Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".

Nota que el apóstol Pablo comienza el texto con un "por tanto". Pablo no simplemente está continuando el argumento que él comenzó al principio del capítulo 6; él está trayendo el argumento a una conclusión. Cuando tú y yo estamos hablando y yo te digo algo, y en medio de la conversación te digo "por tanto, entonces tal y tal cosa", tú estás entendiendo que ese "por tanto" es la conclusión de lo que te acabo de decir.

La idea principal de la primera parte del capítulo 6 te la tengo que recordar para que pueda servir de pie para lo que vamos a explicar hoy. Y esa idea o ideas principales de la primera parte del capítulo 6 están en los versículos 6 y 7: "Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado. Porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado".

En esencia, esos dos versículos me están tratando de explicar que el viejo hombre murió. Lo que implica es que cuando yo vine a Cristo, mi corazón de piedra que no sentía por las cosas de Dios, que no amaba a Dios, que no le interesaba Dios, fue cambiado por un corazón de carne. Por otro lado, mi mente, que estaba en oscuridad, que no le interesaban las cosas de Dios, pero aún más, que ni siquiera podía entender cuando le leían un pasaje de la Biblia, porque las cosas espirituales se disciernen espiritualmente y yo no tenía el Espíritu, ahora Dios iluminó mi mente, me quitó el velo, y yo tengo ahora no solamente un corazón nuevo, yo tengo una mente nueva.

Y aún más, yo tenía la voluntad esclavizada al pecado. Yo no tenía ninguna otra opción que no fuera pecado. Pecaba porque me gustaba. Pecado disfrutaba. Pecado, y no tenía ninguna otra opción que no fuera pecado. Pero ahora, después que Cristo vino y me unió a Él y puso al Espíritu de Dios a morar en mí, la esclavitud al pecado fue quebrada por completo. Y ahora es cierto que todavía peco, pero ahora yo peco porque quiero pecar, porque deseo pecar, no porque no pueda dejar de pecar, porque mi voluntad quedó liberada. Ya nosotros no somos esclavos del pecado.

Ahora, habiendo dicho eso, que estoy unido a Cristo, eso no implica que el cristiano no vuelve a pecar. Lo que sí nos ayuda a entender es que mi alma regenerada, mi espíritu regenerado, no es ahí donde reside mi pecado. Yo estoy regenerado. Mi problema está en esta carne, que no puede ser regenerada, no puede ser santificada, que no puede ser educada, que no puede ser moralizada, que permanece con deseos, con demandas, que hace esas demandas sobre mi mente y mi espíritu, y que si yo no vivo una vida de cierta manera, voy a ser arrastrado en la dirección de la muerte espiritual.

Si eso es verdad, entonces para aquellos de nosotros que hemos sido libertados de la tiranía del pecado, Pablo tiene varias recomendaciones. De hecho, él tiene dos mandatos y cinco enseñanzas. Estoy dividiendo de esa misma manera.

Mandato número uno. Y digo mandatos porque están en el tiempo verbal imperativo: no es una opción y no es una recomendación, es un mandato. Entonces, este es el mandato en mis palabras, y luego te leo el versículo otra vez: No permitan —en imperativo— que el pecado continúe reinando en sus vidas, porque la esclavitud del pecado terminó. Y si ustedes no ejercen su voluntad, la cual fue libertada por Cristo, el resultado será que terminarán obedeciendo a las lujurias del pecado. Versículo 12: "Por tanto, no reine —en imperativo— el pecado en su cuerpo mortal, para que ustedes no obedezcan a sus lujurias".

Nota que Pablo se refiere a ese cuerpo mortal, porque es esa parte física la que permanece sin ser regenerada, como ya hemos dicho, que permanece con deseos carnales que antes reinaban sin control sobre mí, porque mi voluntad estaba esclavizada y yo no podía dominarlos, yo no podía resistirlos, yo no podía evitarlos. Entonces nosotros teníamos deseos pecaminosos, una voluntad esclavizada, y esas dos cosas me llevaban a pecar de manera continua. El pecado no me molestaba, el pecado no me avergonzaba, el pecado me deleitaba, pero al mismo tiempo me dominaba, me empujaba en una dirección en la que yo no podía evitar ir. Pero Pablo dice ahora que ese pecado no reine en nosotros para que no obedezcamos a sus lujurias, porque ya yo tengo la morada del Espíritu, y con esa morada del Espíritu y la voluntad libertada, yo puedo oponerme a ese pecado.

Mandato número 2. En mis palabras, y luego te leo el texto: No usen los miembros de su cuerpo para practicar el pecado como si ustedes todavía estuvieran muertos, como si no hubiesen venido a Cristo. Más bien, como ahora están vivos en Cristo, presenten cada miembro de sus cuerpos a Dios como instrumentos de justicia. Nota ahora cómo la Nueva Traducción Viviente dice exactamente la misma cosa: "No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un..."

Instrumento del mal para servir al pecado. En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios.

La pregunta es: ¿cuáles son esos miembros de tu cuerpo? Yo voy a tratar de ilustrarlo con la misma Palabra. Eva, vamos a comenzar en el jardín del Edén: vio con sus ojos, y luego ya fue y mordió con su boca la fruta prohibida, y luego ella con su lengua saboreó la fruta. Esos miembros fueron presentados y usados como instrumentos de pecado, y sirvieron a Satanás y no a Dios. De eso es que Pablo estaba hablando aquí.

Acán, conocen el pecado de Acán. Fueron a la batalla, no se suponía que tomara nada del enemigo. Acán vio un lingote de oro, vio un manto babilónico, vio con ese miembro de su cuerpo. Pero luego fue, y con las manos, otro miembro de su cuerpo, los tomó. Y luego con sus pies, otro miembro, caminó hasta llegar a su casa y esconderlo debajo de su cama, como si Dios no hubiese visto lo que había hecho.

David vio a Betsabé y luego llamó, tuvo una relación. Amnón, el primogénito de David, de los veinte hijos que tuvo David, el primogénito de David violó a su media hermana, la única hija de David, a Tamar. David y Amnón usaron, no tengo que decirte cuáles, múltiples miembros de su cuerpo, tanto con Betsabé como con Tamar, y los presentaron como instrumentos de iniquidad.

Escucha el consejo de Crisóstomo, siglo cuarto, considerado la lengua de oro del momento, lo que él dice con relación a esto que yo estoy hablando: "Evita que tu ojo mire algo pecaminoso, porque tu ojo ha sido consagrado en ese sacrificio. No permitas que la lengua diga algo vergonzoso, porque la lengua ha llegado a ser una ofrenda. No permitas que la mano haga alguna acción ilícita, porque es tu holocausto."

Pero estas cosas no son suficientes. Ahora Crisóstomo pasa a hablar de cómo los instrumentos del cuerpo se supone que deben ser puestos al servicio de la justicia de Dios: "Estas cosas no son suficientes. También debemos hacer buenas obras. Permite que tus manos den dádivas, que tu boca bendiga a aquellos que te abusan, que tu oído sea dedicado continuamente a escuchar un hablar divino. Para ofrecer algo en sacrificio no puede tener nada impuro. Tu sacrificio es el primer fruto de tus acciones. Por tanto, ofrezcamos a Dios un sacrificio de nuestros primeros frutos: de nuestras manos, nuestros pies, nuestra boca y todos los demás miembros de nuestro cuerpo."

Eso es exactamente lo que el apóstol Pablo nos dice en Romanos 12:1, cuando nos habla de "presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que ese es su culto racional". Pablo está hablando como si tú fueras un sacerdote, y te dice: ofrece, consagra tu cuerpo, que es templo del Espíritu Santo. No lo contamines, no contamines aquello que es templo del Espíritu. Y ofrece todos los miembros de tu cuerpo como sacrificio vivo, agradable, santo a nuestro Dios. Y luego nos dice: ese es tu culto racional. En otras palabras, es la única forma lógica, sensible, congruente de tú responder a lo que Cristo ofreció, al cuerpo que Cristo ofreció en la cruz. Ahora ofrece el tuyo a Él en la medida en que tú vives.

John MacArthur, con relación a esto, nos recuerda que parte de los miembros de mi cuerpo también incluyen nuestros anhelos perversos de nuestra mente, nuestras emociones y voluntad. En el caso de Eva, de Acán, de David, de Amnón, todos ellos tuvieron anhelos perversos en sus mentes, emociones perversas y un ejercicio perverso de su voluntad. No hay nada que yo te esté diciendo que yo no me lo esté diciendo a mí primero. De hecho, que yo no me lo haya dicho esta semana más de una vez. Cuando los miembros de nuestros cuerpos son usados como instrumentos de pecado, nosotros manchamos el cuerpo que es templo del Espíritu, y de esa manera, de alguna forma, en manos profanamos a Cristo, porque pecamos estando en Cristo. Tú no vives fuera de Cristo en ningún momento. Si ya tú has sido unido a Cristo, tú pecas en Cristo, profanas a Cristo, manchas a Cristo. Y yo también.

Luego de esos dos mandatos que acabo de mencionarte, el apóstol Pablo pasa a dejarnos cinco enseñanzas. Enseñanza número uno: ustedes, como hijos de Dios, no pueden vivir bajo el dominio del pecado, pues ya no están bajo la ley sino bajo la gracia. Déjame leer del texto, pero de la Nueva Traducción Viviente, versículo 14: "El pecado ya no es más su amo." O sea, tú no tienes que pecar. Tú pecas, pero tú no tienes que pecar. Él no es tu amo, porque ustedes ya no viven bajo la exigencia de la ley. En cambio, viven en la libertad de la gracia de Dios.

Esto es lo que Pablo está diciendo: anterior a la venida de Cristo, todo el mundo vivía bajo la ley. Entonces, a veces pensamos que la ley no me ayuda a no pecar. La ley me condena, porque la ley básicamente sirvió como un espejo para mostrarme cuán pecaminoso yo era. De hecho, el texto de la Biblia dice que cuando la ley llegó, aumentó mi pecado. Claro, porque ahora lo veo más claro. La ley no me empoderó, la ley no me ayuda a resistir el pecado.

Ahora, cuando Cristo vino, Él vivió bajo la ley, Él cumplió la ley, y entonces ahora me dio salvación por gracia. Y cuando me dio esa salvación, hizo que su Espíritu morara en mí. Y ahora el Espíritu que mora en mí me empodera por gracia para yo poder resistir las lujurias de mi cuerpo, las lujurias del pecado. Y ahora sí yo estoy bajo una nueva era, con un nuevo poder de resistencia que antes no tenía. Y por eso Pablo dice que ya el pecado ya no es tu amo, porque ya no vives bajo la exigencia de la ley. No, ustedes viven bajo la gracia.

Y Pablo inmediatamente anticipa lo que pudiera estar en la mente de sus oponentes y dice en versículo 15: "Entonces, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia?" Y él dice: "¡De ningún modo!" Esa es la forma paulina de él decir lo que nosotros decimos en nuestro país hoy: "¡Y este es el disparate con el que sales! ¿Cómo se te ocurre pensar una cosa semejante?"

Pero sabes qué, hermano, a mi edad, después de años de pastoría, de dar consejo, de vivir mi propia experiencia, yo creo que eso es como mucho de los hijos de Dios piensan. Concluyen: "Yo soy de un Dios de gracia, yo tengo deseos, tengo deseos de pecar hoy, y yo lo voy a hacer, porque, como a veces me han dicho, todo el mundo peca y estamos en la carne." Sí, pero cuando la Palabra de Dios me dice que vele porque estoy en la carne, no es una licencia para pecar, es una advertencia para que no peque. Cuando me dice que la carne es débil, es una advertencia para que no peque.

Yo creo que a veces pensamos: "Bueno, incluyendo personas más piadosas que yo pecan." Mi pregunta para Miguel Núñez, mi pregunta para ti: ¿tú te has detenido y has vuelto a leer y has recordado qué pasó cuando personas en la Biblia quizás pensaron que un pecado de esta naturaleza, de esta magnitud, no puede ser tan grave? ¿Tú has leído? Yo volví a leer esta semana, en vista de algunas cosas que salieron en las noticias, verdad, la vida de David. ¿Tú has leído lo que le pasó a David, lo que le pasó a su familia, a su hija Tamar, a Amnón, cómo lo mató su hermano Absalón, lo que le pasó a la nación de Israel, setenta mil muertos?

Cuando nosotros leemos la Biblia, y aun cuando revisamos nuestras propias vidas, nos percatamos de que muchas veces los piadosos de Dios se han comportado, o nos hemos comportado, como ateos: como si Dios no existiera, como si Dios no estuviera viendo, como si Dios no estuviera al tanto.

¿Tú recuerdas lo que le pasó al rey Saúl cuando él pensó que Dios no estaba viendo, y fue y ofreció un sacrificio que no le estaba permitido? Que en una sola acción, en un solo día, Dios le dijo: "Por haber hecho eso, te quito el reino." ¿Por el reino? En una sola acción, es un solo pecado, es una sola violación.

¿Tú recuerdas lo que la Palabra de Dios dice del rey Uzías? El rey Uzías, definido como un hombre que hizo lo correcto delante de los ojos de Dios, quizás por cincuenta años. Pero el texto de la Palabra, en Segunda de Crónicas, dice que cuando Uzías se hizo fuerte, se volvió orgulloso, una traducción dice arrogante, y entró al templo y ofreció sacrificio. Un sacrificio en el templo del Dios verdadero, en el verdadero templo. Un sacrificio correcto hecho por la persona incorrecta. Le cayó lepra, y fue sacado del pueblo, y fue puesto en una casa, y vivió aislado hasta el día de su muerte.

David, Saúl, Uzías ofrecieron sus miembros, y su voluntad, como instrumentos de pecado, como lo han hecho otros hijos de Dios en los últimos años. Y Dios... Y Pablo pregunta: "¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia?" ¡De ningún modo!

Hermano, yo quiero ser extremadamente cuidadoso al desarrollar este texto, porque yo no quiero pecar yo mismo de cosas que yo sé que no soy inmune a ellas. Y es por eso que estoy quizás haciendo más uso de mis notas de lo usual. Pero déjame leerte esto:

Cuando tú consideras, escúchame, por amor de Dios te imploro, cuando tú consideras la gracia de Dios que ha perdonado nuestros pecados más corruptos y depravados, y la inmensa libertad y mi salvación ofrecida en Cristo a precio de sangre, eso, eso solo debe ser mi mayor incentivo para yo no querer vivir una vida de pecado. No el juicio de Dios, no las consecuencias de Dios.

Eso fue exactamente lo que el apóstol Pablo les escribió a los corintios en su segunda carta, capítulo 5: que el amor de Cristo me constriñe, me ha pegado contra la espada y la pared, y ahora yo solamente sé vivir de una sola manera, y es para Él. ¿Qué cosa, Pablo? Cuando yo considero que la sangre de Cristo perdonó mis pecados más depravados, más corruptos, y compró salvación y libertad para mí, ¡que alguien diga amén! Mi mejor incentivo es pensar lo que Cristo hizo a mi favor.

Si mi pecado le costó la vida al Mesías, y Él me sacó de la muerte a la vida, Él muere para que yo viva, ¿cómo ahora yo voy a usar mi vida para deshonrar su muerte? Déjame decir eso otra vez: si Cristo muere para sacarme de la muerte, traerme a la vida, y ahora yo estoy vivo en Él, ¿cómo voy a usar mi vida en Él para deshonrar su muerte que me libertó y me salvó? Y Él me libertó no para que viva como yo quisiera, sino para que yo viviera en Él.

Libertad sin pecar. Enseñanza número 2: el poder destructivo del pecado es devastador, incalculable.

Versículo 16: "¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen, ya sea del pecado para muerte..." Ahí está lo incalculable, lo devastador del pecado: "...ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia."

Pablo está diciendo que cuando yo uso los miembros de mi cuerpo para pecar, tú te devuelves y voluntariamente te vuelves a hacer esclavo de esto donde yo estaba, de este lugar, de esas lujurias, sin tener el grillete ya, y que tarde o temprano eso me llevará a la muerte. Eso es exactamente lo que el apóstol Pedro dice con otro lenguaje, pero bastante severo. Y él dice que cuando el creyente hace tal cosa, este es el equivalente a cuando el perro vuelve a su propio vómito y la puerca lavada vuelve a revolcarse en el cieno. Segunda de Pedro 2:22.

Tú has visto un perro. Nosotros hemos tenido perro por años y lo hemos visto. El perro vomita, tiene un olor fétido, desagradable, y ahí mismo él comienza a comerse su vómito, y uno como que siente... ¡Ay! Ahora Pedro te está diciendo: eso, a nivel espiritual, es peor que ese ejemplo humano que te traigo. Eso es lo que implica después de haberte lavado con la sangre de Cristo querer volver hacia atrás, a manosear el pecado.

La consecuencia del pecado es demasiado incorregible. ¿Quién diría que una mordida a una fruta arruinaría la creación entera, hasta el punto que miles de años después ella gime con dolores de parto? La creación está loca por ser liberada de la corrupción a la que fue sometida, dice Pablo en Romanos 8. La creación quedó tan corrupta por el pecado que Dios dice en Segunda de Pedro 3 que la va a quemar, que la va a destruir por completo. Está por hacerlo de nuevo. ¡Una mordida a una fruta!

¿Quién diría que un sacrificio ofrecido al Dios verdadero en el tabernáculo de Dios, por jovencitos que no tenían experiencia, que eso sería suficiente para que Dios los carbonizara a los dos hijos de Aarón? ¿Quién hubiese pensado que en los tiempos de Pablo, gente que estaba viviendo en pecado vino y tomó un poco de vino y un pedazo de pan, y compartió de la cena del Señor indignamente porque estaban viviendo en pecado, y que algunos se murieron y que otros se enfermaron? ¿Quién pensaría que una mentira piadosa, como dice la gente, de parte de Ananías y Safira, sería suficiente para quitarles la vida a los dos?

En manos no hay pecado pequeño. Recuerda la cita de Owen que he estado repitiendo los últimos días. Owen decía: "Cuando yo miro hacia adentro, lo que veo es un infierno." Y nosotros miramos adentro y no vemos también lo que nos hace un infierno, un abismo. Y le decía: "Yo oro y peco cuando oro; yo predico y peco cuando predico; yo me arrepiento y peco cuando me arrepiento; y aún mis lágrimas tienen que ser lavadas por la sangre de Cristo." Y nosotros nos sentimos tan bien porque nosotros no tenemos idea de lo que es el pecado, de tanto pecado en el que hemos vivido.

Yo me acuerdo hablando sobre esto. Dicen las Escrituras, caracterizan el pecado y sus efectos de muchas maneras. Se refieren al pecado como profanación o una contaminación del alma. Es para el alma humana lo que la corrosión es para un metal precioso, o lo que les moja o niebla tóxica es para un hermoso cielo. El pecado es llamado una cosa inmunda en Isaías 30:22 y se compara con el veneno de las serpientes y la ponzoña mortal de las cobras en Deuteronomio 32:33. Incluso las cosas que los hombres consideran justas, sus buenas obras, son como trapo de inmundicia —en el original dice como trapo de menstruación— a los ojos de Dios, en Isaías 64:6, o como ropa sucia en Zacarías 3, versículos 3 y 4. Pablo se refiere al pecado como inmundicia de la carne y del espíritu en 2 Corintios 7:1, y a los pecadores se refiere como aquellos cuyas mentes y conciencias están corrompidas en Tito 1:15. Mentes y conciencias corrompidas.

Enseñanza número tres: si Cristo no interviene, la humanidad entera habría estado esclava del pecado. Escucha los versículos 17 y 18: "Pero gracias a Dios" —ahí está la intervención, ahí comienza— "que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados, y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia."

¿Notaste la frase "habiendo sido libertados del pecado"? En otras palabras, alguien hizo eso por ustedes. "Habiendo sido..." Ustedes eran esclavos, pero habiendo sido liberados, libertados del pecado, y ahora con esa voluntad libre, el texto dice que ellos se hicieron obedientes de corazón y siervos de la justicia. Antes no podían, pero ahora que ya los libertaron del pecado, liberaron su voluntad. Ahora ellos, de manera voluntaria, se hicieron obedientes de corazón al cuerpo de doctrina que les habían entregado y se ofrecieron, se hicieron siervos de la justicia.

No había visitado esta iglesia, pero parece que llegaron noticias de que esta iglesia realmente se había entregado de esa manera. Les entregaron un cuerpo de doctrinas, pero el texto también dice que ellos fueron entregados a un cuerpo de doctrinas. Es como si el cuerpo de doctrina hubiese sido un recipiente y Dios los hubiese entregado dentro de ese recipiente, y ellos se hicieron obedientes a la Palabra a la que fueron entregados.

Hermanos, no sé si te has percatado. Yo sé que tú lo has leído, pero créeme que leer y percatarse son dos cosas muy distintas. Incluso leer, percatarse y entender las implicaciones son tres cosas muy distintas. Yo no sé si te has percatado, pero en el mundo, en la creación, hay dos amos, no tres. Sin término neutro. Hay un Cristo y hay un anticristo. En aquella tienda del Edén estaba Dios y la serpiente, y ellos decidieron obedecer no a Dios sino al anticristo. En el desierto estaba Cristo y el anticristo, y Cristo decidió obedecer a su Padre y no al anticristo. No había una tercera vía.

El día de la crucifixión Cristo estaba en el medio, había dos ladrones. Uno de ellos pide perdón; en un sentido le dice: "Señor, acuérdate de mí cuando estés en el paraíso," y él terminó en la vida eterna. Y el otro acusaba a Cristo, se fue con el anticristo y terminó en la condenación con dicho anticristo. Hay dos amos: tú obedeces a uno u obedeces al otro.

Por eso Cristo dijo: "Nadie puede servir a dos señores, o aborrecerás a uno y amarás al otro, o te apegarás a uno y despreciarás al otro." Yo sé que el contexto de Lucas 16:13 en el que eso está tiene que ver con las finanzas, pero la realidad es que eso, en el contexto del resto de las Escrituras, es exactamente como está presentado. Tú o amas a Dios y aborreces todo lo demás, o amas lo demás y aborreces a Dios.

Cristo de hecho lo dijo de esta manera para dejar en claro: "Aquí hay dos bandos, aquí hay dos equipos, uno en contra del otro. El que no está a favor mío está contra mí." No estás neutral. El que no está conmigo está contra mí. El que no está con Cristo está con el anticristo. El que no recoge a mi lado, desparrama. El que no está haciendo mi trabajo está desparramando. El que no camina conmigo camina con el anticristo. Si no estás caminando con Dios en un momento dado de tu vida, hermano, a ver: tú aquí en esta iglesia estás caminando con Él, pero solo no estás.

En el contexto de la carta a los Romanos, Pablo nos presenta dos opciones: o eres siervo de justicia o eres siervo del pecado. No hay otro. O obedecemos a Dios, siervos de justicia, o obedecemos al pecado, siervos de Satanás.

Lo que Pablo entonces hace es que pasa a explicar de qué manera debiéramos vivir ahora. Y él dice en la NTV: "Uso la ilustración de la esclavitud para ayudarlos a entender todo esto." La esclavitud era algo común en el mundo romano. Entonces Pablo está diciendo: "Mira, esto ustedes lo pueden entender. Hay hombres libres y hay hombres esclavos en el imperio." Entonces dice: "Yo uso la ilustración de la esclavitud para ayudarlos a entender todo esto, porque la naturaleza humana de ustedes es débil. En el pasado se dejaron esclavizar por la impureza y el desenfreno, lo cual los hundió aún más en el pecado."

¿Notaste? Comenzaste con la impureza, seguiste con el desenfreno, y lo único que eso hizo fue hundirte aún más en el pecado. Ahora deben entregarse —ahora que están en Cristo— deben entregarse como esclavos a la vida recta para llegar a ser santos.

Lo que Pablo está ayudando a entender era: mira, yo antes vivía en el pecado, yo disfrutaba el pecado, nos entregábamos hasta el desenfreno del pecado, pero lo único que hizo fue hundirnos más en el pecado. Hermano, tú me has oído hablar más de una vez de la anatomía y la fisiología del pecado. Así es como el pecado funciona: va de menor a mayor, siempre, siempre.

Déjame ilustrártelo en la vida de David para luego ilustrarlo en la vida de nosotros. David vio a Betsabé, la codició —todavía no ha tenido adulterio físico— ya pecó. Siguió. Luego la mandó a buscar, cometió adulterio físico, pecó un poco más. Luego ideó un plan de emborrachar a Urías, mandarlo a buscar una noche y que se fuera a tener intimidad, a intimar con su esposa, para ver si el embarazo de Betsabé podía hacerse lucir como que era de él. No fue. Por ración a segunda vez, ahora pecó un poco más. Ahora está pecando de maldad. Luego, cuando él no vio cómo más iba a ocultar su pecado, lo mandó matar. Pecó un poco más. Luego mudó a Betsabé para su casa y ocultó todo, y pecó un poco más.

¿Cómo le ocurrió eso al hombre conforme al corazón de Dios? ¿Cómo le pasó? Bueno, es que el pecado comienza a desensibilizar tu conciencia. Luego comienza a debilitar lo que tú antes tenías como valores, y tú comienzas a desarrollar antivalores. Luego el pecado le roba el discernimiento a tu mente, y todo el tiempo las pasiones han estado incendiándose cada vez más.

¿Cuál es el problema? Recuerda que el pecado, lo va a mencionar en el capítulo 7 de Romanos otra vez: el pecado reside en mi carne. Por eso Pablo dice en Romanos 7: "En mi carne nada bueno hay, cero." El problema con la carne es que no solamente no la puedes educar, no la puedes moralizar, no la puedes santificar, es que la carne es insaciable, hermano. Siempre quiere más, y de forma más atrevida y más depravada.

Es como —quizás es una ilustración con la comida— tú comes en la mañana, te llenas, y al mediodía tienes hambre otra vez. Y luego comes mucho al mediodía, en la noche tienes hambre otra vez. Dame más, dame más. Y si tú no tienes dominio propio, resulta que tu dieta se va empeorando. Y quizás comías más o menos saludable, y de repente ahora comes con mucha grasa y mucho helado y mucho todo lo que quizá no te hace bien, porque tu cuerpo lo va demandando de forma más atrevida y más depravada. Ese es el principio de la pornografía, ese es el principio de la prostitución, ese es el principio de las drogas. Y los que han terminado violando niños comenzaron con cosas menos perversas. Eso es cómo opera el pecado en la anatomía y la fisiología del pecado en ti y en mí.

Mira cómo ocurre: tú ves algo y te atrae. Tenías que dejar de pensar ahí, pero no lo hacemos. Tú comienzas a imaginar cómo tú pudieras disfrutar de eso que viste. Si te gusta la comida, por ejemplo, y sabes cocinar, tú ves algo y te gustó, y tú comienzas a pensar cómo tú puedes prepararlo en tu casa. Luego nosotros comenzamos a pensar: "¿Cómo yo podría comerme eso que es ilícito sin que otros se enteren?" Gente que está casada, y aún la esposa no quiere que coma alimento con grasa o que coma tanto helado, se levantan a medianoche y se comen lo que no se supone que coman. Pero es: "¿Cómo lo voy a ocultar? ¿Cómo comienzo? ¿Cómo lo voy a hacer sin que otros se enteren?"

David, eso fue todo lo que hizo. Se le olvidó que su pecado era un escándalo en el cielo. Era un secreto en la tierra, pero era un escándalo en el cielo. Y que las intenciones de su corazón Dios las conoció antes de que él las llevara a cabo. Y las intenciones de tu corazón y mis intenciones también. Dios dice que Él conoce mis palabras antes de que lleguen a mis labios.

Y del deseo nosotros pasamos a la planificación de cómo hacerlo. Y de la planificación de cómo hacerlo pasamos a la planificación de cómo ocultarlo. Y de la planificación de cómo ocultarlo pasamos a la planificación de cómo voy a reaccionar si esto se llega a saber: qué voy a decir, cómo lo voy a explicar.

Hermanos, si eso le pasó al hombre conforme al corazón de Dios, no me digas que a ti no te puede pasar, porque no te lo voy a creer ni me lo creo de mí mismo.

El problema del incrédulo está en su cuerpo, en su mente y en su voluntad. Su mente, su cuerpo y su voluntad, él está mal. El problema del creyente ya su...

El alma está regenerada, su voluntad ha sido libertada. Ahora su problema está en un solo sitio: es en su cuerpo mortal, en su carne. Mira cómo Charles Spurgeon lo explicó en uno de sus sermones llamado "Muertos pero vivos": "El pecado tiene un gran poder, está en nosotros y se esforzará por reinar." Entonces, es porque no puedes huir del pecado. Tú puedes huir de la tentación, pero no puedes huir del pecado porque está en ti. Siempre permanecerá como un bandido, dice Spurgeon, escondido dentro de nuestra naturaleza. En tu propia naturaleza está el pecado. Permanecerá como un enemigo batallando en contra de la ley de nuestra mente. Permanecerá como un tirano molestando y oprimiendo la verdadera vida.

Su campo de batalla del pecado es tu cuerpo. Para el creyente es el cuerpo. La necesidad de hambre, sed, frío —Spurgeon incluye toda la necesidad del cuerpo— pueden convertirse en ocasión para pecar, inclinándonos a murmurar, envidiar, codiciar, robar. Sus apetitos nos llevarán a ansiar una indulgencia excesiva que, de no ser controlada, nos puede llevar fácilmente al mal, y yo diría a la muerte. Los dolores del cuerpo, sus enfermedades, pueden traer impaciencia y otras faltas, y eso puede producir pecado en nosotros. Sus placeres también pueden fácilmente convertirse en incitación para pecar. Su influencia sobre la mente y el espíritu puede arrastrar nuestra noble naturaleza hacia el materialismo rampante de la tierra, y yo diría en nuestros días hacia el hedonismo rampante de la tierra.

Enseñanza número cuatro: si verdaderamente hemos nacido de nuevo, reconocemos que cuando éramos esclavos del pecado no cosechamos ningún fruto, porque esas cosas terminan en la condenación eterna. Y por otro lado, ahora, luego de nuestra salvación, cuando pensamos en las cosas que hicimos experimentamos cierto grado de vergüenza. El versículo veinte: "Cuando eran esclavos del pecado, estaban libres de la obligación de hacer lo correcto." Estábamos libres de la obligación de hacer lo correcto porque no sabíamos lo que era correcto. Entonces hacíamos lo que nos parecía, hacíamos lo que nos venía en gana, como dice la frase, hacíamos lo que queríamos. Entonces estábamos libres, entre comillas, de la obligación de hacer lo correcto. Pero ya no. Ahora yo tengo una obligación de hacer lo correcto si soy un hijo de Dios.

¿Y cuál fue la consecuencia? Que ahora están avergonzados de las cosas que solían hacer, cosas que terminan en la condenación eterna. Yo no sé tú, hermano, pero cuando yo pienso en cosas que hice cuando era inconverso, y aún en cosas que hice en tiempos de atrás, todavía me da vergüenza. Y si no es en tu caso, pídele a Dios que resensibilice tu conciencia o te haga nacer de nuevo, porque tú necesitas esa vergüenza. Tú necesitas la vergüenza para no volver a incurrir exactamente en las mismas cosas en las que incurriste. Pero no solamente eso, sino porque ciertamente te das cuenta: fue a los ojos de Dios que hice esto, y lo hice estando en Cristo. De nuestra vida anterior a Cristo no cosechamos nada bueno, excepto vergüenza en el día de hoy.

Enseñanza número cinco: ser libertado del pecado implica ser siervo de Dios, y el fruto de esa relación es santificación en la vida presente y vida eterna en la vida venidera. Versículo 22: "Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado" —mira, mira la consecuencia— "habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios." Eso es como sinónimo: si fuiste libertado del pecado, fuiste hecho siervo de Dios, o hijo de Dios. "Tienen por fruto la santificación, y como resultado, la vida eterna."

La santificación se supone que es progresiva. En otras palabras, hay cosas que yo no hago hoy que quizás hacía hace cinco o diez años atrás. Hay cosas que yo hago hoy que se supone que en cinco o diez años adelante no las voy a hacer. La falta de progresión en mi santificación implica probablemente que yo no he nacido de nuevo, porque la santificación es el fruto del Espíritu, no mía. Si hay cosas que yo no estaba haciendo hace cinco o diez años, pero hoy sí las estoy haciendo y son del orden de pecado, el chance es que no nací de nuevo. Pero no dice que no tengo chance de nacer de nuevo. De ahí que Pablo les dice a los corintios: "Examinaos para ver si estáis en la fe." ¿Y cómo me examino, Pablo? Examina tu santificación, si estás progresando. Es la mejor forma.

Y esa santificación implica, bueno, es una vida cada vez más parecida a la de Cristo. Es una vida cada vez de mayor gozo, de mayor satisfacción. Es una vida donde yo puedo cantar mejor esa frase que cantamos al final de una de las canciones: "Que mis días sean para ti." Que yo puedo cantarla ahora con congruencia y que sea cierta. Es una vida de mayor bendición, es una vida de menor intranquilidad, de mayor paz. Una vida donde experimento cada vez más la presencia manifiesta de Cristo.

Y finalmente, Pablo concluye diciéndonos cuál es la herencia de aquel que es esclavo del pecado y cuál es la herencia de aquel que verdaderamente ha sido libertado del pecado. Versículo 23: "Porque la paga del pecado es muerte, condenación; pero la dádiva de Dios —eso es Cristo— es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro." ¡Wow! Hay dos: hay una paga y una dádiva. La paga del pecado es la muerte, hermanos. Pero hay una dádiva que es por gracia, que es en Cristo y es Cristo mismo, y es vida eterna en Él.

Ahora, hermanos, una vez más, creo que la iglesia en Occidente, como no está bajo persecución, se ha acostumbrado a hacer una profesión de fe y simplemente tomar a Cristo y agregarlo a su vida. "Bueno, ¿y me dicen que tú eres cristiano?" "Sí, soy. Vendo a la IBI, ahí va mi familia también." "Me dicen que es una buena iglesia." "Sí, sí, es buena. Y tenemos grupo de parejas y nos sentimos muy bien ahí en el grupo." Y nosotros vamos a agregar, como otra actividad más, a Cristo.

Te dice: "Yo no soy un adendum. Yo no soy algo que se te estaba quedando cuando ibas saliendo de vacaciones y a última hora lo tiraste en el baúl." No, no, no, no. Cuando yo llego, cuando yo llego a tu vida, es como que llegué a tu casa y tú lo sacas todo. Yo me siento en el centro de la casa y te digo lo que tú puedes volver a entrar. Pero yo ahora... esta casa está bajo, como poner en inglés, "under new management." Está bajo nuevo mánager. Aquí llegó alguien que va a comenzar a establecer las cosas en orden.

Hermanos, de lo contrario, yo voy a vivir una vida que es incongruente con lo que Cristo hizo en la cruz, que es incongruente con lo que está en la Palabra dice, que es incongruente con las canciones que canto, que niega el satisfacción, que no muestra el poder del satisfacción, el cambio que el satisfacción ha hecho en mi vida, y que hace que mucha gente cuestione si verdaderamente yo soy creyente o no soy creyente.

Y no, yo no sé si tú has estado percibiendo las condiciones de los últimos tiempos de la sociedad y de la iglesia de Cristo. Es pesada, es triste, es deprimente en muchos casos. Y después me puedes decir que soy un pesado. Es que no, porque lo estás sintiendo. Sino porque yo lo cuento: estos son tiempos para vivir en sobriedad. Sed sobrios de espíritu. "Mirad, el enemigo anda como león rugiente." No esperes tú ser la próxima víctima: devorada, destrozada, mordida, devorada. Él juega sucio. Y cuando él hace lo que hace, él siempre tiene en mente consecuencias largas, de largo alcance, de impacto masivo. Él no le interesa comerse una ovejita y que nadie se entere. Él no le interesa comerse una ovejita y que todo permanezca igual. No, no, no. Él quiere destrucción de tu vida, de tu familia, de tu iglesia, de múltiples iglesias si es necesario, de ministerios. Él quiere algo grande, que se sepa de su poder, porque él odia todo lo que es de Cristo. Yo no puedo contribuir, si soy de Cristo, si estoy en Cristo, yo no puedo contribuir al equipo de aquel que odia a quien me salvó y me dio vida en Él.

Hermano, cierra tus ojos. Yo no sé si tú eres como yo, pero cuando tú consideras tus ojos, tu mente, tus manos, tus pies, tu boca, tu lengua, tus oídos, lo que has dicho de otro, lo que has prestado tus oídos para escuchar acerca de otros, dónde han ido, lo que han visto en pantallas... Yo no creo que nosotros podamos decir: "Yo no tengo nada de qué arrepentirme."

Yo creo que es un buen tiempo, es un buen momento para que nosotros podamos hacernos a nosotros mismos un llamado al arrepentimiento. Que en tu mente tú puedas, con lujo de detalles, poder decir: "Señor, yo me arrepiento de cómo yo he usado..." Y ahí tú puedes ponerle nombre a los miembros de tu cuerpo, sea lo que haya podido hacer o no hacer. Dios lo sabe. Quizás tú puedas iniciar una práctica de arrepentimiento diario. Esa es mi práctica: todos los días yo me arrepiento. Y quizás hoy puede ser tu comienzo.

De manera que, si de alguna forma Dios te ha hablado hoy y tú entiendes que tienes cosas por las cuales debes arrepentirte... Si tú entiendes que no tienes cosas por las cuales arrepentirte, te puedes quedar sentado. Pero si tú entiendes que tienes cosas de las cuales debes arrepentirte y pedirle a Dios que Él empiece a lidiar en tu vida para comenzar de nuevo, te voy a pedir que te pongas de pie para orar contigo.

Señor, yo estoy de pie aquí arriba, no simplemente porque estoy predicando, sino porque me toca también estar de pie en este momento. Señor, Tú nos llamaste a vivir una vida digna de tu llamado. Señor, Tú nos llamaste a vivir una vida que honre la cruz donde Tú fuiste y moriste por mis pecados, por aquellos que yo cometí hoy, ayer, la semana pasada, hace un mes, todos los días. ¿Quién sabe, Señor? Perdónanos por no vivir a esta altura. Señor, lo único que yo puedo hacer es decirte: ten piedad, ten piedad de mí. Oh Dios, soy un pecador. Ten misericordia de mí, de tu pueblo, de tu iglesia. Señor, yo te pido por esta iglesia, pero te pido por todos los pastores de esta iglesia, y te pido por todos los pastores de cada iglesia que está predicando tu Palabra en nuestra nación y más allá. Oh Señor, míranos con ojos de piedad. Ayúdanos al arrepentimiento. Ayúdanos a volver a Ti. Que podamos escuchar la frase de tus profetas en el Antiguo Testamento: "Volveos a mí." Que volvamos corriendo a Ti, porque Tú eres el refugio. Dios, en Ti hay perdón, en Ti hay consolación, en Ti...

Hay esperanza en ti, hay limpieza. Oh Dios, perdónanos. Oh Dios, Señor, mira, mira la vida, mira los pensamientos de cada uno de tus hijos aquí en esta mañana. Quizás alguien que no te conoce, quizá hay alguien que descubrió hoy: "Realmente es que yo no te conozco, yo creía que te conocía, oh Dios." Y Tú le dices: "Así es." Dale el entendimiento y el deseo para que hoy pueda decir: "Señor, hazme de nuevo. Yo te pido perdón por todos mis pecados y reconozco la sangre de Cristo que borra mi pecado, lava mis pecados, y yo te proclamo mi Señor, mi Salvador."

Y te digo: ayúdame, oh Dios, ayúdame a no volver a pelear del lado del enemigo, no contribuir al mundo de la oscuridad, al reino de las tinieblas. Ayúdame, ayúdame a huir, a huir de la tentación y a resistir mi propio pecado. Quizás alguien nos llama y podamos decir: "Sí, lo que pasa es que ese ya no soy yo." Y gracias te damos, oh Dios.

Permítenos ahora cantar, permite que esta canción sea la continuación de esta oración. Ayúdanos, vamos a orar cantando. Y cuando nosotros terminemos de orar y de cantar, cuando terminemos de cantar, oh Dios, a veces aplaudimos, pero nos vamos a quedar en reflexión. Si quieres orar más, lo puedes hacer; si quieres saludar a tu hermano, lo haces al final, que juntos lo entiendan. Pero nos vamos a ir en otra actitud y terminar de otra manera. Señor, ayúdanos a cantar ahora. Ten piedad de mí, oh Dios, un pecador. En tu nombre, Jesús.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.