IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cristo evalúa a las siete iglesias de Asia Menor de maneras sorprendentes: a Esmirna, sumida en pobreza extrema, le dice "eres rica"; a Laodicea, próspera y autosuficiente, le declara "eres miserable, pobre, ciega y desnuda". Claramente, Dios no mide la riqueza como nosotros la medimos.
Esmirna era una ciudad orgullosa de su cultura, su belleza y su templo al emperador. Pero la iglesia plantada en medio de ella vivía en miseria porque sus miembros se negaban a doblar la rodilla ante el César. Bastaba un gesto simbólico una vez al año para resolver su situación económica, pero no lo hacían. Esa fidelidad les costó todo acceso al comercio y los redujo a depender de limosnas. Sin embargo, Cristo no les promete alivio material. Les dice: "Conozco tu tribulación, el diablo echará a algunos de ustedes en la cárcel, sé fiel hasta la muerte". Ninguna promesa de prosperidad, solo el llamado a perseverar.
Lo que hace rica a una iglesia es su relación con Dios independiente de las circunstancias, su santidad en medio de una generación torcida, su dependencia del Señor y no de sus recursos, su vida de oración y adoración medida por obediencia más que por música. En cambio, los recursos nos llevan a confiar en lo que tenemos, las relaciones en quién conocemos, la cultura en cuánto sabemos, y todo eso nos empobrece espiritualmente.
El misionero John Paton, cuando le advirtieron que los caníbales lo devorarían, respondió: "Si me devoran los caníbales o me devoran los gusanos, no hay diferencia; cuando resucite estaré tan saludable como tú". Esa es la perspectiva que transforma: vivir con la mente puesta en el otro mundo. La pregunta para cada creyente es directa: ¿cómo anda tu vida de oración, de santidad, de gratitud, de obediencia? La respuesta revela si somos ricos o pobres ante los ojos de Dios.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Apocalipsis capítulo 2, del versículo 8 al versículo 11:
"Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida, dice esto: Yo conozco tu tribulación y tu pobreza, yo conozco tu tribulación y tu pobreza, pero tú eres rico. Y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás. No temas lo que estás por sufrir. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda."
¡Guau! Una vez más nosotros nos encontramos frente a un mensaje de los siete que Cristo trajo a las iglesias que aparecen en el libro de Apocalipsis, las iglesias de Asia Menor. Y para cada una de ellas Él tuvo un mensaje diferente. Yo quiero brevemente, a manera de introducción, que revisemos lo que Él le fue diciendo a cada una de las iglesias, porque en esta misma medida nosotros debemos saber como iglesia qué hacer y qué no hacer.
A la iglesia de Éfeso, cuando le pasa revista, le dice: "Tú has sido fiel en doctrina hasta el punto que tú has encontrado aquellos que eran falsos apóstoles, y has sido fiel, y has sufrido por mi nombre, pero has perdido tu primer amor." Cuando le pasa revista a la iglesia de Pérgamo le dice: "Tú has guardado mi nombre, no han negado mi fe, sin embargo yo tengo esto contra ti: has tolerado mala doctrina dentro de ustedes. Tú tienes ahí aquellos que son seguidores de la doctrina de Balaam y la practican, y otros que son de los nicolaítas, y los has tolerado."
Cristo le habla a la iglesia de Tiatira y le dice: "Yo conozco tu amor, tu fe, tu perseverancia, tu servicio, pero yo tengo esto contra ti: tú tienes ahí personas que viven en inmoralidad y las estás tolerando." Cuando le habla a la iglesia de Sardis le dice: "Tú dices estar viva, pero tú estás muerta." Es como quien dice: tú de iglesia solamente tienes el nombre.
A la iglesia de Filadelfia y a la iglesia de Esmirna son las únicas dos iglesias a las que Cristo aprueba, con sólo estímulo, y no tiene palabra de reprensión para ellas. A la iglesia de Filadelfia le dice: "Tú has guardado mi palabra, no has negado mi nombre," y no tiene ningún pero contra ella, y la anima precisamente a mantenerse fiel hasta el fin.
A la iglesia de Esmirna, que es la iglesia que nos compete hoy, le dice: "Sabes una cosa, yo sé que tú eres pobre." Y de hecho la palabra usada ahí para pobre es paupérrima, o sea, Él es tan pobre, y sin embargo en mis ojos eres rica.
Compara estas palabras de la iglesia de Esmirna con las palabras que Cristo pronunciara contra la iglesia de Laodicea. Escucha el contraste en Apocalipsis 3, comenzando el versículo 15: "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente. Así, puesto que eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca." Porque escucha el porqué ahora: "Porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, y ciego, y desnudo."
¡Guau! La iglesia rica, Cristo dice, es pobre. La iglesia pobre, Él dice, es rica. Obviamente Cristo no mide las riquezas de la misma manera que nosotros las medimos. Y la pregunta entonces es: ¿qué es ser rico ante los ojos de Dios y qué es ser pobre ante los ojos de Dios? Que no tienen nada que ver con lo material. Pero yo creo que si vamos a hablar de la iglesia que Dios quiere, nosotros necesitamos entender esas cosas.
Y el texto de hoy lo vamos a tomar primero por el mensajero y luego por el mensaje. Primero el mensajero y luego el mensaje. Nota cómo el mensajero se introduce. Él se describe como el primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida. El que estuvo muerto y volvió a la vida.
Hay tres cosas que está tratando de comunicar en la medida en que Él se presenta. Y la primera es que Él está tratando de comunicar su eternidad: el primero y el último, el que no tuvo comienzo pero tampoco tendrá fin. El Eterno dice esto, y esto es importante porque las palabras son importantes dependiendo de la persona que las pronuncie.
De manera que cuando este personaje se presenta y le dice: "Yo soy el Eterno," porque tiene poder sobre la muerte y sobre la vida, "el que estuvo muerto y ahora vive," este es un mensaje importante también, porque esta es una iglesia que está bajo persecución. Algunos de ellos van a tener que sufrir hasta la muerte, y Él le dice: "Yo soy el que estuvo muerto y volvió a la vida. Yo tengo el poder sobre la vida y sobre la muerte, de manera que yo puedo juzgarte, pero yo puedo también sostenerte y animarte y ser tu refugio. Yo soy tu garantía," le estaba diciendo Cristo.
En tercer lugar le dice: "Yo conozco tu tribulación y tu pobreza." El mensajero se introduce como alguien eterno, inmutable por el paso del tiempo y por tanto fiel. Él se introduce como alguien que tiene vida en sí mismo y por tanto algo que lo califica como Dios. Él se introduce como alguien victorioso sobre la muerte y por tanto con el poder de la resurrección. Y Él se introduce como alguien que en su omnisciencia no se le pasa nada, no pasa nada por alto, y reconoce la tribulación y la pobreza en que esta iglesia está sumergida. De manera que este mensajero tiene la autoridad para pasar revista, tiene la autoridad para juzgar y tiene la autoridad para reprenderlas también. Y Él le dice: "El que tenga oído, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."
Descrito el mensajero, yo creo que vale la pena entonces ver lo que Él les trae como mensaje. Y hay siete cosas que Él le dice que voy a enumerarte rápidamente y después las vamos a desarrollar. En primer lugar Él le dice: "Eres pobre materialmente, pero tu pobreza ante mis ojos es riqueza espiritual." En segundo lugar le dice: "Alrededor de ustedes hay un grupo de judíos que no son más que sinagogas de Satanás. Ten cuidado de ellos." En tercer lugar le dice: "Hay un sufrimiento que viene de camino, pero no temas lo que vas a sufrir." En cuarto lugar: "Dios en su soberanía ha permitido que el diablo eche a algunos de ustedes en la cárcel. No temas." En quinto lugar: "Sé fiel hasta la muerte." En sexto lugar: "El que sea fiel de esta manera recibirá la corona de la vida." Y número siete: "Mis palabras no son ligeras. El que tenga oído, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."
Tomemos la primera: "Yo conozco tu tribulación y tu pobreza, pero tú eres rico." Esmirna era una ciudad eminentemente rica, pero no la iglesia que estaba fundada en medio de ellos. Y la riqueza de Esmirna venía de diferentes fuentes, pero ellos eran productores de algo que se conoce como mirra. La mirra era una resina amarga, y a veces así es la riqueza: que es dulce en placeres, pero amarga en consecuencias.
Por eso el profeta Isaías advertía en Isaías 5:20: "¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!" Escucha: "Que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo."
La mirra era una resina amarga. La ciudad adquiere su nombre de esa resina, de ese producto precisamente, y ese producto se usaba para múltiples cosas. De hecho, el salmista en el Salmo 45:8 nos dice que se usaba para hacer perfume. Éxodo 30:23 nos dice que se usaba para hacer aceite. Juan 19:39 nos dice que se usaba también para embalsamar.
Y la ciudad toma su nombre de esta resina, y la ciudad llegó a ser muy orgullosa porque llegó a desarrollar su cultura, su belleza, su riqueza material y su vida social. Esmirna competía en Asia Menor por el primer lugar con Éfeso y Pérgamo. De hecho, sus ciudadanos creían que Esmirna era la primera en Asia Menor. Se destacó precisamente por su escuela de medicina, por el desarrollo de las ciencias. De este a oeste circulaba la famosa calle Golden Street o la calle de oro, y esta calle tenía en cada extremo un templo a uno de estos dioses. En un extremo estaba un templo a la diosa Cibeles, en el otro extremo estaba el templo al dios Zeus. Y entre uno y otro había tres templos más: estaba un templo dedicado al dios Apolo, otro al dios Asclepio, y otro a la diosa Afrodita.
Además, a Esmirna le fue dado el privilegio de tener el primer templo, el primer templo dedicado a la adoración del emperador, en el año 23 de nuestra era. De manera que estando Cristo vivo y no habiendo ni siquiera comenzado su ministerio, en esa ciudad se le concede a Esmirna el privilegio de tener el templo al emperador Tiberio por encima de once otras ciudades que habían aplicado para tal cosa. Y eso hace a la ciudad orgullosa, todo esto que venimos hablando. Era rica en recursos, en relaciones, en belleza, en cultura, en vida social y en autosuficiencia, porque como Esmirna había apoyado a Roma en múltiples ocasiones, Roma le dio la oportunidad de autogobernarse.
En medio de esta ciudad rica, Dios siembra una iglesia pobre. Y es la iglesia la que Él aplaude. Es la iglesia la que Él dice: "Yo no tengo palabras de reprensión contra ti." Y es que esta riqueza de la que Esmirna gozaba, que el mundo tanto valora, es la riqueza que lamentablemente muchos de los hijos de Dios siguen valorando después de entrar al reino de los cielos. Y muchas veces esa riqueza cultural, económica, social nos vuelve pobres espiritualmente.
Y usted pudiera preguntar: "Bueno, ¿cómo ocurre eso?" Bueno, los recursos nos llevan a confiar en lo que tengo y no en Dios, y eso empobrece mi fe. Las relaciones me llevan a confiar en quién conozco y no en su nombre, y eso empobrece mi poder espiritual. La belleza nos vuelve engreídos y no nos lleva a cultivar la belleza interior, lo cual empobrece mi carácter y mis valores. La cultura nos lleva a pensar que sabemos mucho, que tenemos mucho conocimiento, y eso muchas veces me hace pobre en conocimiento de Dios. La vida social me entretiene en placeres y me hace cambiar el gozo de Dios por esos placeres, y eso entonces me hace pobre en mi vida de santidad. Y mi autosuficiencia me impide tener su suficiencia, y eso me hace pobre en todo.
Te das cuenta que esto que la iglesia de Esmirna no tenía —todo esto que la ciudad sí tenía— era precisamente la clave de su riqueza espiritual en Dios: que ella no tenía competencias con las cosas del mundo. Precisamente en eso consiste la pobreza, decía alguien: en que esas personas no tienen muchas cosas que ellos realmente no necesitan. Y nosotros somos capaces de enorgullecernos de todo, y de eso hemos estado hablando corporativamente, pero algunos de ustedes han estado hablando personalmente.
Y hablamos en el mensaje anterior: es posible que los miembros de la IBI se hubiesen enorgullecido de su iglesia, de cómo lucía, de su liderazgo, de su enseñanza, de su música, de sus instrumentos, de su conocimiento. Nada de eso, en sí, constituye riqueza espiritual, aunque puede ser usado por Dios.
La iglesia de Esmirna fue fundada precisamente en esa ciudad próspera. Y sabes probablemente lo que los académicos dicen que llevó a la iglesia a su pobreza: es que exactamente en el año y en el tiempo en que ella es fundada y está desarrollándose, el emperador Domiciano decreta una ley que una vez al año había que ofrecer incienso al emperador. Como los creyentes fieles de Esmirna no se van a doblegar a hacer tal cosa, eso les cerró todas las puertas para los negocios a los creyentes. Eso impidió todas sus relaciones. Eso hizo precisamente que esta gente estuviera afuera, perseguida, y de esa manera adquirió su pobreza material.
En medio de la persecución de la iglesia, la palabra en el original que aparece cuando describe la pobreza de esta gente es ptoqueia, que no significa simplemente pobre, sino alguien paupérrimo, que no puede sostenerse por sí mismo y depende de la misericordia y las limosnas de otros. Así estaba la iglesia, por ser fiel. Por no doblegar sus valores, no podían sus miembros negociar con nadie, ni comprar ni vender. Dios dice: "Yo conozco tu tribulación, yo conozco tu pobreza. Sé fiel." Nota cómo Dios no le dice: "Conozco tu pobreza, aquí va provisión." Sé fiel. Y el que está hablando es el verdadero Dios, el fiel.
¿Qué es lo que hace rica a una iglesia? Estamos hablando de la iglesia que Dios quiere. ¿Qué es lo que hace rica a una iglesia? ¿Qué es lo que debía haber tenido la iglesia de Esmirna para que Cristo no tuviera nada que reprenderle? ¿No te imaginas que nosotros pudiéramos ser una iglesia que en el día de mañana, cuando Cristo termine de pasar revista a la iglesia de IBI de Plymouth en Miramar, nuestra iglesia no tuviera nada que reprenderle? Yo no creo que estamos ahí, pero ¿qué hace rica a una iglesia?
Número uno: es su relación con Dios, que no es afectada independientemente de las circunstancias del mundo. Lo que hace rica a una iglesia es su santidad en medio de una generación perversa y torcida. Una iglesia es rica cuando tiene un apego a las Escrituras mientras otros quieren relativizarlas. Es su dependencia del Señor y no de sus recursos. Es su gratitud, su gracia hacia los demás, reconociendo la gracia que Dios ha tenido conmigo.
Y en la medida en que yo voy mencionando estas cosas que hacen rica a una iglesia, yo creo que tú vayas revisando tu vida para que puedas ir determinando si vives rico o pobre delante de los ojos de Dios. Su relación con Dios en medio de las circunstancias, su santidad en medio de una generación perversa y torcida, su dependencia del Señor y no de sus recursos, la gracia hacia los demás, su falta de autojusticia y, por tanto, su no condenación de otros. Reconociendo cómo Dios le ha tratado, su humildad de corazón —el espíritu contrito y humillado—, cómo la iglesia llega a verse como Dios le ve, su vida de adoración medida más que por música, por su obediencia. Luego he cantado una y otra vez: mi mejor adoración es mi obediencia.
Lo que hace rica a una iglesia es su vida de oración. Es el motor detrás de cada actividad, es el motor detrás de cada cosa que hacemos. Es su deseo, su deleite, su pasión por glorificar a Dios en todo. Eso hace una iglesia rica.
Cuando pensamos en estas cosas, cuando pongo mi vida a través de eso que yo acabo de decir, tengo que determinar a nivel personal si mi vida es rica o pobre delante de los ojos de Dios. Lamentablemente, las cosas materiales empobrecen mi vida espiritual. No tiene que ser así, pero frecuentemente es así.
El apóstol Pablo, reconociendo eso, tenía palabras precisamente para los que tienen. En 1 Timoteo 6:17 en adelante le dice a los ricos en este mundo: "Enséñales que no sean altaneros, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida."
Nota lo que Pablo le está diciendo. Nota cómo él comienza a hablar y dice: "A los ricos de este mundo." En otras palabras, a los ricos de este mundo, no ricos del reino de los cielos. A los ricos de este mundo él no le dice que lo vendan todo, no, él no le dice eso, pero sí le da algunas instrucciones. Y le dice que no sean arrogantes, que no sean orgullosos, que no descansen en la incertidumbre de las riquezas, precisamente porque una de las cosas que la riqueza hace y lo material hace es que nos enorgullece. Y Pablo le dice a Timoteo: "Enséñales eso en la medida en que yo entre a tus iglesias." Le dice también que no sean idólatras.
Y tú podrías pensar o preguntar: "¿Y cómo le dice eso? Yo no vi esta palabra." Y bueno, cuando le dice que no descansen en la incertidumbre de las riquezas de este mundo, en esencia le está diciendo que no sean idólatras. Cuando nosotros comenzamos a descansar en cualquier otra cosa que no sea el Señor, eso desplaza a Dios de su primer lugar, y bajo la mejor definición bíblica, eso es idolatría. Y Pablo le dice a Timoteo que no sean de esa manera.
Le dice algo más. Dice que Dios nos da todas las cosas para que las disfrutemos. En otras palabras, hay un reconocimiento que de este lado de la gloria hay cosas que tenemos que Dios nos permite disfrutar, pero tiene que haber un espíritu con el cual yo pueda disfrutarlas de tal forma que yo pueda glorificar a Dios.
"Que sean ricos en buenas obras." Ahora las recomendaciones positivas. Estas fueron las negativas, ahora las positivas: que sean ricos en buenas obras, que sean generosos y prontos a compartir. Ahora al comienzo hablé de cuál es la riqueza que Dios valora: buenas obras, aquellas que tienen que ver con mi reino. Que sean prontos a compartir. Yo creo que la frase ahí tiene mucho que aludir a que no haya que pedirles las cosas, que no haya que quemar un templo para que se pueda dar más, que no tenga que derrumbarse un lado de la iglesia para que entonces pueda el corazón ser probado y las ofrendas comiencen a venir. Que sean prestos a compartir, que puedan ser generosos.
Y mira cómo dice esto al final: para que cuando hagan eso, ellos puedan echarle mano a lo que verdaderamente es vida. Y esto está diciendo: hay una forma de vivir aquí abajo que no es vida, hay una forma de nosotros tener las cosas que no es vida. Y honestamente, hermanos, no hay que tener muchas cosas para tener ese tipo de corazón. Y Cristo dice: cuando tú comienzas a despegarte de esas cosas, por primera vez tú comienzas a acercarte a aquello que es vida. Las diversiones, el entretenimiento que tanto queremos, y que muchas veces pensamos cuando llegamos a un buen lugar y nos tiramos en una buena cama, en un buen resort, un buen hotel: "¡Wow, esto es vida!" Y Cristo dice: "¡Tú estás relajando! Mira para arriba, esto es vida."
Cristo lo dijo de otra forma en Lucas 12. Escucha: "También les refirió una parábola diciendo: La tierra de cierto hombre rico había producido mucho. Y pensaba dentro de sí diciendo: '¿Qué haré? Ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas.'" Este hombre había producido tanto, ya no tenía dónde ponerlas. "Entonces dijo: 'Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años.'" ¿Cuánto nosotros pensamos eso? "Bien, ¿a cuánto que tenemos finalmente en el fondo de retiro? Tengo muchos bienes depositados para muchos años. Descansa, come, bebe, diviértete." "Pero Dios le dijo: 'Necio, esta misma noche se te reclamará el alma. Y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?' Así es el que acumula tesoro para sí y no es rico para con Dios."
¿Te das cuenta por qué Dios le dice a la iglesia de Esmirna "eres rica" y a la iglesia de Laodicea "eres pobre"? Porque una era rica para con Dios, la otra era pobre para con Dios. La de Esmirna era pobre para con el mundo, rica para con Dios. La de Laodicea, rica para con el mundo, pobre para con Dios. Eso es exactamente lo que Cristo le dice en esta parábola.
Y sea una cosa, hermana: ninguno de nosotros sabe si esta noche mi alma va a ser llamada de este mundo. Yo no lo sé. Esta parábola no es para hace dos mil años atrás, es para hoy. Yo quiero que te preguntes: suponte que esta noche Dios decida llamarte de este mundo. Lo que tienes —poco o mucho, no importa, el corazón puede ser el mismo con lo poco y con lo mucho— lo que tienes, ¿qué va a hacer con eso ahora? ¿Te das cuenta de por qué Dios entiende que la mejor manera que nosotros invertimos es en el reino de los cielos? "Donde está tu tesoro, ahí también estará tu corazón." ¿Dónde está tu tesoro? ¿Dónde están tus mejores horas, tu deleite? ¿Dónde está tu mejor esfuerzo: en el reino de los cielos o en el reino de los hombres? Porque lo que nos va a hacer ricos a nosotros no se encuentra en el reino de los hombres; se encuentra en el reino de Dios.
Segunda observación para la iglesia de Esmirna: "Conozco la blasfemia de los que dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás."
Este era un grupo de hombres judíos de nacionalidad que se habían unido a gentiles para hacerle la vida imposible a los cristianos, que iban a la iglesia, que oraban con ellos, que cantaban con ellos, que adoraban con ellos. Y sin embargo, cuando Cristo los ve, es que están en iglesia, pero son sinagoga de Satanás. Esa gente es difícil de pastorear porque no son ovejas, son cabritos, y las que se pastorean son las ovejas.
Cristo ve que están ahí, y tal vez es una cosa: si lo mantenemos fiel a predicar su Palabra, en la medida en que continuemos predicando y proclamando su verdad, en esa misma medida nos encontraremos con cristianos que no serán más que sinagoga de Satanás, que tratarán de desacreditarnos, de robarnos la reputación, de manchar la reputación, de hacernos la vida imposible. Pero recuerda que no seríamos ni el primero ni el último, y que la Persona que nos dio garantía de que estaría con nosotros se definió como el Primero y el Último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida, el que conoce nuestra tribulación, y que es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Sé fiel.
Tercera observación: no temas lo que estás por sufrir. Hay un sufrimiento que viene de camino, no te lo voy a quitar de en medio, pero no lo temas. "He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días." Nota que Cristo no le dice "no temas porque te voy a evitar la tribulación, el dolor, el sufrimiento, la angustia." No hay nada de esas promesas. Lo que hay es un llamado a que permanezca fiel, a que se mantenga en medio de la tribulación, del sufrimiento y del dolor.
No temas. Esas fueron las palabras de Dios para con Abraham, cuando le dice: "No temas, Abraham, yo seré tu escudo por delante y por detrás." No temas, le dice Dios a Jacob, cuando le dice: "Ve y desciende a Egipto, no temas, allí yo te haré una nación grande." No temas, le dice Dios al pueblo de Israel: "Porque delante de ti he puesto una tierra que te la voy a dar por posesión." No temas, le dice Dios a Josué: "Porque yo estaré contigo dondequiera que vayas." Y a Pablo, oye lo que le dice en Hechos 18:9: "No temas, sigue hablando y no calles." Y yo creo que eso es lo que Dios nos está diciendo hoy: no temas, sigue hablando, proclamando mi verdad. No calles, no lo permitas, no te amedrentres, no eches para atrás. Mira para arriba nada más, al Primero y el Último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida.
La cuarta observación para la iglesia: el diablo. ¿Oíste qué es lo que va a hacer? "El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel." Por tanto, ve y repréndele, ¿no? ¿Eso es lo que le está diciendo? ¿Tú escuchas esas instrucciones? ¿Te acuerdas que no tenemos nada que hablar con él? Que la persona que gobierna mi vida no es Satanás, no es el diablo, es Dios, y mi conversación es con Él. ¿Quién fue que echó a Job a sufrir? Satanás. ¿Quién fue que puso a Pablo a sufrir a través de un mensajero de Satanás? Satanás. ¿Está poniendo a esta gente en la cárcel el diablo? Satanás.
Pastor, no entiendo, no entiendo a Dios. Qué bueno, porque Él no fuera Dios si tú lo entendieras. Esta gente no va a la cárcel porque está viviendo en pecado; esta gente va a la cárcel porque está viviendo fielmente su verdad. Porque han decidido dar su vida, porque han decidido identificarse con la cruz, porque no van a ir al mundo a negociar, porque el mundo no les quiere vender ni comprar, porque ellos son cristianos y ellos no han de doblegar sus rodillas ante otro dios. Que es lo único que ellos tenían que hacer, mira lo sencillo, para salir de su pobreza: un día, una vez al año, decir "César es Kyrios, César es Dios" y te dan paz. Eso no lo hacían. Yo creo que muchos de nosotros diríamos: "No, yo lo digo, pero yo no lo siento en el corazón. Yo lo digo para estar libre de paso, son cinco segundos." Ese no es el punto. El punto es que has negociado, cambiado lo que es tu fidelidad, tu alianza.
"He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados." ¿Viste la razón? Dios dice: "¿Sabes una cosa, Esmirna? Mira, eres pobre, conozco tu tribulación. El diablo va a tomar a alguno de ustedes y lo va a echar en la cárcel, y yo lo voy a permitir. Y ya te voy a mostrar, Esmirna, cómo yo separo los mansos de los cimarrones. Y ya te voy a mostrar, Esmirna, cómo yo separo los verdaderos creyentes de los incrédulos, de los que están comprometidos con mi causa y de los que dicen estar comprometidos con mi causa."
¿Y cómo tú lo haces, Dios? A través de la prueba. ¿Y a quién tú nos vas a enviar a probarnos? A tu archienemigo Satanás, que va a operar bajo mi control y mi soberanía para que haga mis propósitos. ¿O no has leído, o no has oído, o no te acuerdas, cómo en Jerusalén se juntaron Pilato, Herodes, los gentiles, los judíos para crucificar al Santo, y dice el texto: "Para hacer todo cuanto tu mano había previamente predeterminado"? Sí, irán a la cárcel, y a través de esa prueba yo separaré los falsos de los verdaderos. Ahí tú tienes una de las razones de por qué Dios permite la prueba.
"Tenemos que llevar los niños de la Escuela Dominical que está en otro local. ¡Ah, y eso da mucho trabajo!" Yo no creo que un verdadero creyente habla de esa forma. "Pastor, ahora usted me ofendió, hoy me voy." Un verdadero creyente tampoco habla de esa forma. Para comenzar, no dice eso porque encuentra que eso es una prueba muy chiquita. De hecho, no es ni siquiera una prueba, es una bendición que tenemos donde ir a llevar los hijos. Y si lo pensara, el Espíritu que mora en él, cuando escucha la reprensión, dice: "Así es, es verdad." ¿Tú me vas a decir que una persona que encuentra una dificultad en ir a llevar a sus hijos a un lugar para que se les enseñe va a resistir hasta la muerte como esta iglesia? No, no, imposible, nunca. ¿No es verdad? Esta es la hora de la prueba, de la pruebita, hermanos.
Quinta observación: sé fiel hasta la muerte. ¡Qué manera de animar una iglesia! "Conozco tu tribulación, conozco tu pobreza, tienes gente ahí que son de la sinagoga de Satanás, vas para la cárcel. Sé fiel hasta la muerte." Cualquiera pensaría que el Señor iba a bajar y decir: "Pero no te preocupes, vengo con un ejército de ángeles, hasta aquí la pobreza, hasta aquí la prueba, hasta aquí la cárcel." No. Sé fiel. ¿Hasta cuándo? Hasta que mueras. Y cuando mueras y entres a mi gloria, vas a decir: "¿Por qué no morí antes? ¿Por qué no llegué antes? ¿Por qué no me mataron antes?" Esto es vida de la gloria, de la bendición: salir de este mundo. ¿Realmente tú piensas que este mundo está bueno, tienes que agradarle? No, nada de esas cosas que hoy oímos en los púlpitos. "Ah, te voy a aminorar tu dolor, te voy a sacar de la prueba." No. Sé fiel.
Escucha, eso es consistente con el resto de la revelación de la Palabra. Escucha al autor del libro de Hebreos en el capítulo 12, que es el capítulo de la disciplina del pueblo de Dios, en los versículos 3 y 4, lo que el autor les dice: "Considerad, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón." Escúchame ahora: "Porque todavía en vuestra lucha contra el pecado no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre."
Esta gente, a quienes se les dirige la carta a los Hebreos, está fuera de Palestina. Es una gente que también está en dificultad, y les dice: "¿Saben una cosa? No comiencen a quejarse, que hay hermanos que han tenido que dar su vida y ustedes, en su lucha, no han tenido que derramar sangre. Hasta que no lleguen ahí no tienen motivos de queja. Y cuando lleguen ahí no se van a quejar, porque estarán en gloria."
¿Te das cuenta cuál es nuestro llamado? Y hermanos, cuando el autor de Hebreos les dice: "Porque todavía en vuestra lucha contra el pecado no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre," ¿y nos vamos a quejar por un templo que se quemó? ¿Te das cuenta lo desajustado de nuestra visión y cosmovisión de la vida cristiana? ¿Te das cuenta lo erróneo de nuestra perspectiva? ¿Lo desenfocado que hemos estado viviendo?
"Pastor, pero eso no es fácil, ¿y cómo uno hace eso?" Bueno, yo te leí del capítulo 12 del libro de Hebreos, versículos 3 y 4. Te leo también el versículo 2 para que sepas cómo nosotros podemos hacer eso. Oye lo que dice el texto: "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios."
La manera como soportamos la tribulación, la dificultad, es pues teniendo los ojos puestos en Jesús. Y luego, haciéndolo como Él lo hizo. ¿Y cómo lo hizo? Por el gozo que estaba delante de Él. Tú pones los ojos en Jesús y te enfocas en el gozo que está delante de ti, y piensas en la eternidad, y meditas en su cruz, y tú abrazas la tuya, y levantas los ojos, y continuamente continúas viendo al Vencedor, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida. Y de esa manera ahí tú puedes hacerlo. No temas, no desmayes, sé fuerte y valiente, no te desvíes de su ley ni para la derecha ni para la izquierda. No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.
Esta es nuestra hora. Esta es la buena hora. Esta es la hora de la prueba de la fe. Esta es la hora donde Dios probará, comenzará a probar, quién está y quién no está.
En el período de la tribulación, para que vean la consistencia del pueblo de Dios —esto es futuro todavía; yo hablé de personas en el pasado, estamos en el presente, y ahora voy a hablar de personas en el futuro—, en el período de la tribulación, la Palabra de Dios describe un grupo de creyentes. En el capítulo 12 de Apocalipsis, versículo 11, se dice: "Ellos lo vencieron —al anticristo— por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte." No ha habido un momento de la historia de la iglesia que haya sido diferente, ni lo va a haber. Esto es futuro.
Esta gente del libro de Apocalipsis, en medio de la tribulación, vencieron el sistema opresivo del anticristo por la sangre del Cordero, la misma sangre que nos ha limpiado, y lo hicieron llegando hasta sufrir la muerte. Ese es nuestro llamado: vivir hasta que nosotros podamos morir por su causa. Pasa el micrófono, es que eso no es fácil. Tú viste lo que dice el texto de esta gente en el período de la tribulación, que no amaron tanto sus vidas. Ahí está el problema. Es que tenemos un amor desmedido por nuestra vida. Abrazamos nuestra vida de pasada, damos la sangre. No quiero envejecer. Me plancho. Me quito de aquí, me quito de allí, me quito de aquí, me quito de todos los sitios. Porque yo quiero vivir en este mundo tan bueno, porque el que me espera es tan malo, que realmente aquí es que está lo bueno. ¡Por Dios! ¿Dónde es que tenemos la mente? ¿Cómo es que hemos estado viviendo? ¿Cuál es la Biblia que tú lees? ¿Cuáles son las promesas que has escuchado? Ojo no ha visto, ni oído ha oído, lo que Dios ha preparado para sus hijos. Ay, lo que por decirle: ¡Vaya, vaya esta vida! Me han tratado tan bueno aquí.
Hoy no temas lo que estás por sufrir. Otra recomendación. No te lo voy a quitar, no temas lo que vas a sufrir. Lo vas a sufrir, prepárate bien, ve de camino, simplemente no lo temas. Pero fíjense cómo el Señor introduce antes de decirle esto. Él no le dice "sé fiel hasta la muerte" sin antes decirle: "Yo estuve muerto y he vuelto a la vida. Yo soy tu garantía de vida. Si yo resucité, tú también resucitarás." Y esa es la razón de su introducción, de que ellos conozcan quién les estaba hablando. Como resultado de haber confiado de esa manera, Él les dice al final: "Y yo te daré la corona de la vida." ¿Qué pasa que muchos de nosotros queremos la corona ahora? Y yo te daré la corona de la vida después, cuando entres en la gloria. Cuando hayas sido fiel, cuando hayas estado dispuesto a ir hasta la muerte.
Decía alguien que las personas que más han impactado este mundo son aquellas que han vivido con la mente puesta en el otro. Las personas que más han impactado este mundo son aquellas que han vivido con la mente puesta en el otro. Oigan lo que Santiago dice de esa corona de la vida: "Bienaventurado el hombre..." Santiago 1:12, que persevera bajo la prueba. Hoy no me puedo quitar esa palabra de... En cada página de la Biblia: prueba, tribulación, sufrimiento, muerte. Lo curioso es la manera como estos autores hablaron. Bienaventurado es el hombre que persevera bajo la prueba. Noten que no dice "bienaventurado el hombre que nunca ha sido probado." No dice "bienaventurado el hombre que Dios le ha impedido toda tribulación, dolor, cáncer, diabetes, presión alta, ataque cardíaco, bienaventurado ese hombre." No. Bienaventurado el que persevera bajo la prueba, bajo cáncer, bajo un ataque cardíaco, bajo sufrimiento, bajo pobreza, bajo dificultad. Porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman.
Escúchame otra vez. No dice que el Señor ha prometido eso a los que han hecho una profesión de fe un día, sino a los que le aman. Bueno, ¿y cómo yo sé si le amo o no le amo? Cristo dijo: "Si me amáis, obedeced mis mandamientos." Sus mandamientos están ahí, y las cosas de este mundo son las que me tienen agarrado y no me dejan obedecer sus mandamientos. Si encuentras difícil, claramente hablando esto, pero tenemos que decirlo aunque no haya púlpito, si encuentras difícil darle el diezmo de tus ingresos al Señor, o sea, que te vas a quedar con el noventa, tú me vas a decir que tú vas a dar la vida por el Señor. No hay forma de que tú puedas venderme esa idea, porque si doy el diezmo, si me quedo con el noventa, y ahora tengo que dar toda mi vida, ahí se va mi vida con el cien por ciento de mis ingresos y posesiones, y no voy a quedar con nada, ¿tú vas a decir que tú la vas a dar? No, ya sabemos quién la va a dar y quién no la va a dar. Esta noche, en su corazón, cada persona sabe si usted la iba a dar o no la iba a dar.
El cristiano no es el que viene a la iglesia los domingos, no es el que viene los miércoles, no es el que va a cada ministerio, cada vez que la iglesia está abierta yo estoy ahí, no es ese. Los fariseos pudieron hacer eso y más. Cristiano es el que prueba su amor a Él obedeciendo sus mandamientos. ¿Y cómo determina Dios eso? Bajo la prueba. Ahí está claro. Te van a echar en la cárcel; el diablo lo va a hacer. ¿Para qué? Para ser probados. Lo bueno es que Dios nos dice el propósito también: para que sean probados.
Al versículo final, número siete: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda." Este mensaje no es ligero, no es sencillo, no es dulce a muchos paladares. Por eso es serio: el que tenga oído, que oiga. ¿Qué significa oír literalmente, o mejor dicho, obedecer? En el lenguaje original es "hiper oír," oír mucho. Eso es lo que significa. De manera que cuando Cristo dice "el que tenga oído que oiga," esencialmente me está diciendo "el que tenga oído que obedezca" lo que el Espíritu dice a las iglesias. Y el vencedor, el que persevere hasta el fin, habrá probado que era genuinamente cristiano.
Fielmente creemos que la salvación no se pierde, pero fielmente creemos que hay muchos a lo largo del camino que no han sido convertidos y por tanto no perseveran. Dios permite la prueba para que, de esa manera, en la prueba la perseverancia muestre quiénes son dignos de la corona de la vida al entrar al reino de los cielos. No sufrirá daño de la muerte segunda, que es otra forma de decir: tu muerte primera es la natural, la que sufrimos aquí; la muerte segunda es la condenación en el infierno. El que venza no irá al infierno, quedará junto conmigo.
Nosotros necesitamos otra perspectiva de vida con relación al valor de nuestras vidas, con relación a la manera como vamos a vivir. Oigan la diferencia entre cómo nosotros vivimos y cómo este hombre pensaba. John Paton, misionero, se fue al área de Australia, las islas de las Nuevas Hébridas, donde había una jungla con indios caníbales. Aquí en su congregación, quizás no lo crea, uno de sus líderes bien intencionado, en un momento dado de reunión le dice: "¡Caníbales, caníbales! No vayas, te van a devorar los caníbales." Y Paton le dice: "Si me devoran los caníbales o me devoran los gusanos, no hay ninguna diferencia. Cuando yo resucite, yo estaré tan saludable como tú, en semejanza de mi Redentor resucitado." Caníbales, ¿cuál es la diferencia entre esos gusanos que me van a devorar? ¿Tú entiendes ahora cómo nosotros tenemos que vivir esta vida?
Entiende que la forma como quizás muchos de nosotros habíamos vivido hasta el día de hoy no es evidencia necesariamente de fe cristiana. Entiende que quizá la manera como muchos de nosotros habíamos vivido no es necesariamente evidencia de riqueza espiritual, sino de pobreza. Entiende que quizás la riqueza material, poca o mucha, no importa, es precisamente lo que ha empobrecido mi vida de espíritu, mi vida de oración.
Una vez más, para resumir y terminar: ¿Cómo anda tu vida de oración? ¿Está pobre o rica? ¿Cómo anda tu vida de adoración, definida por obediencia más que por música, pobre o rica? ¿Cómo andan tus finanzas y tus obligaciones con Dios? ¿Estás pobre o rico ahí? ¿Cómo anda tu sentido de autojusticia y de orgullo y de sentirte superior y de condenación de los demás? ¿Eres pobre o rico ahí? ¿Cómo anda tu sentido de gratitud a Dios, que cuando me falta un templo y encuentro un local en un colegio que nos acoge, un colegio que por seis años nos ha acogido tan fielmente, a quienes no tenemos con qué pagarle por lo que han hecho con nosotros? ¿Es una actitud de agradecimiento o de queja? ¿Cómo anda tu vida de santidad? ¿Es pobre o rica? ¿Cómo anda tu vida de estudio de la Palabra delante de Dios? ¿Es pobre o es rica?
Si lideras algún ministerio de nuestra iglesia y te has hecho las mismas preguntas, ahora tienes una doble responsabilidad cuando respondas esas preguntas. Mi pobreza espiritual empobrece a quienes dirijo. Mi pobreza espiritual empobrece a mis hijos. Mi pobreza espiritual empobrece a mi esposa. ¡Yo soy su cabeza! Mi pobreza espiritual, si soy líder de una iglesia, empobrece las ovejas que me han sido encomendadas. ¿Te das cuenta que esto es mucho más serio de lo que pensamos?
Este es el tiempo de nosotros levantarnos y ser la iglesia que Dios quiere que seamos. Que podamos ser una Esmirna, que podamos ser una Filadelfia, donde Dios puede decir: "¡Has guardado mi nombre, has guardado mi fe!" Y cuando sigamos oyendo, Él termina el mensaje y no hemos tenido nada negativo que se nos haya dicho. Eso sería extraordinario.