IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Lo que pedimos en oración revela lo que realmente valoramos. Cuando Pedro y Juan fueron amenazados por los líderes religiosos tras sanar a un cojo y predicar el evangelio, la iglesia primitiva se reunió a orar, pero no pidieron protección ni castigo para sus perseguidores. Pidieron valentía para seguir hablando. Su oración refleja una teología profunda: comenzaron adorando a Dios como Creador soberano, reconociendo que él es infinitamente más poderoso que cualquier autoridad humana. Inclusive el peor crimen de la historia —el asesinato de Jesús— había sido usado por Dios para dar el mayor regalo: la salvación.
Los apóstoles aprovechaban toda oportunidad para proclamar el evangelio, tanto en momentos favorables como en situaciones de peligro. Cuando sanaron al cojo, predicaron. Cuando fueron llevados a juicio, predicaron. No buscaban suavizar el mensaje ni evitar la ofensa. Pedro declaró sin rodeos que no hay salvación en ningún otro nombre sino en Jesús. La oposición no los frenaba; más bien, la esperaban como algo normal. Las Escrituras ya habían profetizado que el mundo se opondría al Mesías.
El secreto de su valentía no era educación ni habilidad especial. Los líderes notaron que eran hombres comunes, sin formación. Pero también notaron algo más: habían estado con Jesús. Esa es la única diferencia que importa. Personas ordinarias pueden ser evangelistas efectivos porque lo que se necesita no está en nosotros, sino en Cristo con nosotros. El reto es claro: orar cada día pidiendo oportunidades para compartir el evangelio, mantenerse alerta para reconocerlas, y pedir el valor para aprovecharlas.
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Busquen en sus Biblias el libro de Hechos, capítulo 4. Vamos a leer desde el verso 23: "Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: 'Oh Señor, Tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, Tu siervo, dijiste: ¿Por qué se enfurecieron los gentiles y los pueblos tramaron cosas vanas? Se presentaron los reyes de la tierra y los gobernantes se juntaron a una contra el Señor y contra Su Cristo. Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, junto con los gentiles y los pueblos de Israel, contra Tu santo siervo Jesús, a quien Tú ungiste para ser, cuando Tu mano y Tu propósito habían predestinado lo que sucediera. Ahora, Señor, considera sus amenazas y permite que Tus siervos hablen Tu palabra con toda confianza, mientras extiendes Tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de Tu santo siervo Jesús.' Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor."
Padre, gracias por darnos Tu palabra. Gracias por tenerla en nuestro idioma. Gracias porque tenemos copias en nuestras manos. Gracias por la libertad de estudiarla abiertamente, y damos gracias por Tu Espíritu Santo, que nos inspiró esta palabra y ahora vive en nosotros que Te conocemos. Oramos que sea el Espíritu quien nos enseñe. Padre, damos gracias por entender Tu palabra y gracias por obedecerla. Lo pedimos todo en el nombre de Jesús, amén.
Puedes aprender mucho sobre un cristiano por la forma en que ora, porque nos refleja nuestro entendimiento de quién Dios es. Y también nos muestra qué valoramos. Así que mientras vemos este pasaje, quiero que ustedes se pregunten a sí mismos: ¿por qué estoy orando? O sea, piensen en el contenido de una oración común. Me imagino que orar es algo que ustedes hacen frecuentemente. Y cuando estén orando, mi esperanza es que ustedes adoren a Dios y que al mismo tiempo confiesen sus pecados. Pero ¿qué es lo que ustedes le piden a Dios? La cosa que tú le pides indica qué es lo que tú piensas y qué es lo que realmente importa para ti.
¿Estás orando principalmente por cosas materiales, o estás orando porque otros sean salvos? El pasaje de esta mañana se trata sobre una reunión de oración, una de las primeras reuniones de oración que vemos en la Biblia. En este pasaje vamos a ver gente que acaba de estar en problemas por compartir el Evangelio. Y también pregúntate: ¿cuál hubiese sido tu respuesta si hubieses estado en esa situación?
Veamos la historia. Algunos la conocen, pero siempre es bueno recordar el contexto. Pedro y Juan se dirigían al templo judío a orar. Era como las 3 de la tarde, lo cual era un tiempo normal para ir a orar. Ellos entran por lo que se llamaba la puerta bella o bonita. Y vieron algo que habían visto muchas veces en su vida. Ahí estaba un hombre que nació cojo, no podía caminar, y ya tenía más de 40 años. Sus familiares, todos los días, lo llevaban a esa puerta y lo sentaban a pedir dinero.
Personas así como él tenían que pedir para poder sobrevivir. Y el templo era un buen lugar para eso, porque se supone que el que está llegando está pensando en temas religiosos y, por ende, probablemente tenía más disposición de ser generoso. Pero todos lo conocían a él. Todo el que llegaba al templo lo veía ahí sentado pidiendo dinero. Así que Pedro y Juan llegan, y él les pide dinero. Pero ellos lo miran y le dicen que los mire a ellos. Y ahí la historia da como un giro extraño.
Ustedes saben que la mayoría de nosotros, cuando encontramos una persona que está pidiendo dinero, no la miramos directamente. Eso de estar pidiendo es como muy impersonal. Pero Pedro y Juan quieren tener una relación con él, más que solamente darle dinero. Y la respuesta de Pedro creo que es la gran sorpresa. Pedro le dice: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, anda." Y él no lo dijo y se quedó esperando a ver qué iba a pasar; él le tomó la mano y lo levantó.
Eso pudo haber terminado muy mal. Pero Pedro tiene confianza en el poder de Dios. Él lo levanta, y ese hombre de repente es capaz de pararse y de caminar por primera vez en toda su vida. Entonces él entra con Pedro y Juan en el templo brincando de gozo, caminando y dándole gloria a Dios. Este hombre nunca había caminado antes, nunca había entrado caminando al templo, y él está feliz.
Los que estaban en el templo lo reconocieron. Tenían años de verlo sentado ahí pidiendo dinero solamente. Y ellos reconocen que él no es capaz de hacer lo que está haciendo. Y eso llama la atención y se comienza a acumular gente, estaban en shock. Pedro tomó eso como una oportunidad para compartir el Evangelio con ellos. Y él no lo hace de una forma suave, tratando de acomodarlo. Él dice muy claramente que ellos son los responsables de la crucifixión de Jesús. Él predica el Evangelio ante ese grupo de gente que se había reunido.
Eso generó que los líderes, los que estaban encargados del templo, también se dieran cuenta de que algo estaba pasando. Y ellos se comenzaron a preocupar, porque eran tiempos de mucha tensión política. Ellos creían que iba a haber una revuelta. Eso pasaba mucho en esa época, y muchas veces justamente en el templo comenzaban. Y cuando eso ocurría, los soldados romanos entraban violentamente. Así que estos líderes se acercan para ver qué es lo que está pasando.
Es bueno saber que los que controlaban el templo se llamaban los saduceos, y ellos no creían en la resurrección de los muertos. Y ahora ellos estaban escuchando dos cosas que odiaban. Primero, Pedro y Juan estaban proclamando que hubo una resurrección de un muerto. Y segundo, decían que fue Jesús el Nazareno, el hombre que los saduceos acababan de asesinar. Y ellos no estaban nada felices. Buscan soldados, los meten en la cárcel y pasan la noche ahí.
Al otro día los ponen a juicio. Y, nuevamente, Pedro y Juan ven en eso una oportunidad para compartir el Evangelio. O sea, estaban siendo juzgados, y ahí en un juicio ellos están compartiendo el Evangelio. De nuevo, ellos no buscan la vuelta para no ser ofensivos ante estas personas que los acusan. Ellos declaran que Jesús de Nazaret, a quien ellos dieron muerte, es el Mesías, y que Él fue el responsable de ese milagro. Y Pedro termina sus declaraciones con una de las afirmaciones más importantes sobre la exclusividad del Evangelio, cuando él dice en Hechos 4:12: "En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos."
Estos líderes religiosos se dieron cuenta de tres cosas. Se dieron cuenta del valor con que ellos predicaban. Pero también se dieron cuenta de que eran hombres sin educación, gente común. Y lo más importante, se dieron cuenta de que ellos habían estado con Jesús. Así que, a pesar de ser gente común sin educación, ellos tenían ese valor justamente por haber estado con Jesús.
Y eso generaba un problema para estos líderes, porque realmente no había mucho que podían hacer. Este increíble milagro había ocurrido, todo el mundo se había dado cuenta. Todo sabían que ese hombre nunca había caminado, y ahora estaba caminando, brincando, saltando y dándole gloria a Dios. Todo sabían que Pedro y Juan estuvieron involucrados. Y no había forma de esconder que esto había ocurrido. Entonces lo que hicieron fue ordenarles que nunca jamás debían hablar en nombre de Jesús.
Pero a Pedro no había quien lo frenara. Pedro y Juan les respondieron: "Ustedes mismos juzguen si es justo delante de Dios obedecer a ustedes en vez de obedecer a Dios, porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído." Y ellos los quisieron amenazar un poco más, pero tuvieron que dejarlos ir. Cuando fueron liberados, ellos se reunieron con sus amigos, y entonces inicia esta reunión donde ellos están orando. Y lo que le pidieron a Dios es que les diera inclusive más valor, y eso Dios se los concedió.
Entonces, ¿qué es algo que aprendemos de esta historia? En primer lugar, que los apóstoles aprovechaban cada oportunidad que tenían de proclamar el Evangelio. O sea, oportunidades favorables y no favorables.
Ellos en esta ocasión hicieron un acto bueno por una persona, pero no los sanaron y se fueron. Luego le dieron el Evangelio a ese grupo de personas. Ellos hicieron el bien, pero también hablaron.
Una de las afirmaciones que más me disgusta es la que se le atribuye a San Francisco de Asís. Es una frase que dice: "Predica el Evangelio y, cuando sea necesario, utiliza palabras." Y yo odio esa afirmación. Es como que yo les digo a ustedes: "Alimenta al hambriento y, si es necesario, utiliza comida." Es imposible. El Evangelio son palabras.
Es bueno hacer el bien a las personas, pero eso no es el Evangelio. Tú no le has predicado el Evangelio a menos que hayas hablado las buenas nuevas de Jesús. El Evangelio son las palabras sobre la salvación en Jesús, y debe ser expresado con palabras. Los apóstoles siempre querían ayudar a las personas, pero no estaban contentos con solamente hacer ese acto bueno, sino que también tenían que compartir las buenas nuevas sobre Jesús. Y eso es lo que vemos aquí con Pedro y Juan.
Ahora bien, en esa ocasión, después de haber sanado a este hombre, era relativamente fácil proclamar el Evangelio. El público estaba muy contento y estaban abiertos a escuchar. Pero ellos también compartieron el Evangelio cuando estaban en juicio, y el objetivo de ese juicio era callarlos. Ellos querían intimidarlos para que se callaran. Y recuerden que los que los estaban juzgando fueron los mismos que habían dado muerte a Jesús, o sea que probablemente ellos estaban pensando que su vida estaba en peligro, y compartieron el Evangelio de todas formas.
Entonces, definitivamente, ellos decidieron compartir el Evangelio en dos situaciones: cuando era conveniente y cuando no era conveniente, cuando era seguro y cuando era peligroso. En cualquier caso, esto era lo central de su vida; esto era lo que ellos hacían.
La segunda cosa que vemos en esta situación es un patrón muy común que va a repetirse: la proclamación del Evangelio genera oposición. Eso es lo normal. Si tú crees que vas a compartir el Evangelio sin que alguien se moleste, entonces nunca lo vas a hacer. Esta es la primera vez que vemos que los apóstoles son apresados, pero no será la última.
De hecho, en esta ocasión les fue bien: los amenazaron, pero los soltaron. La próxima vez son azotados, y cada vez se vuelve más difícil. Al final de la época de los apóstoles, solamente uno no había sido martirizado por el Evangelio. Y esa es la experiencia normal del cristiano: era normal que hubiera oposición hacia los apóstoles por el Evangelio, y nosotros deberíamos esperar esa misma oposición también.
Pedro es a quien vemos en el corazón de todo esto, y él escribió dos cartas a las iglesias. En su primera carta dice lo siguiente: "No debe sorprenderte cuando te enfrentes a la prueba, como si algo extraño te estuviera ocurriendo." Es algo normal. Y de hecho, si no estamos enfrentando oposición, deberíamos cuestionarnos por qué. Si el mundo está contento contigo, puede ser que estás haciendo algo mal.
El Evangelio generó oposición, y la respuesta de los apóstoles fue doble: pidieron valentía y continuaron compartiendo el Evangelio con más fervor. Veamos exactamente qué fue lo que ellos oraron.
Primero, ellos se enfocan en Dios. Su oración reflejó su teología. Ellos pensaban sobre quién es Dios y qué ha hecho, y comienzan adorando a Dios por su gran poder soberano. Ellos reconocen a Dios como el Creador de todo, y eso es una perspectiva muy buena para tener. Habían sido juzgados por los hombres más poderosos de esa época, líderes que seguramente se consideraban muy poderosos y muy fuertes. Pero Dios es el que hizo los cielos, la tierra y los mares. Entonces, ¿quién es realmente importante? ¿Quién es el poderoso? Dios es más grande y más poderoso que cualquier persona que veamos aquí en la tierra.
Ese es el Dios que nos reveló la verdad inspirando a sus siervos a escribir la Biblia. Cuando ellos oran, hacen referencia al Salmo 2, y en ese texto saben que Dios es soberano sobre la historia y sobre lo que sus enemigos estaban tratando de hacer. En el Salmo 2 vemos que rebelarse en contra de Dios es inútil porque Dios es Rey. Dios tiene mucho más poder que cualquier autoridad, cualquier partido político, cualquier fuerza militar. Dios es el que finalmente decide lo que ocurre; Él es quien decide en última instancia qué pasa.
De hecho, cuando ellos oran, reconocen que Dios es soberano incluso ante el peor crimen que se ha cometido en la historia: ¡Dios se hizo hombre en la persona de Jesús y nosotros lo asesinamos! Es lo peor que hemos hecho. Pero inclusive ahí, Dios muestra su misericordia. Él tomó lo peor que hemos hecho y lo usó para darnos lo mejor que podemos recibir, el más grande regalo que podemos recibir, porque la muerte de Jesús y su resurrección permiten que seamos salvos.
Entonces, los que estaban juzgando a Pedro y a Juan pensaban que ellos tenían el control. Ellos también habían pensado que fueron quienes asesinaron a Jesús. Pero los discípulos sabían que Dios tenía el control de ambas cosas. Dios es soberano, y la confianza en su soberanía es el fundamento de nuestra vida.
Si hay algo que ustedes van a recordar de esta mañana, eso es lo que yo quiero que recuerden: yo puedo compartir el Evangelio porque creo que Dios es soberano. De hecho, yo puedo ir a las regiones del mundo donde hay oposición violenta al Evangelio porque Dios es soberano. Yo puedo llevar a mi familia a lugares peligrosos porque sé que Dios es soberano. Él es soberano sobre líderes y gobiernos humanos, incluso en aquellos lugares donde no me quieren. Él es soberano en la salvación de personas que estaban muertas en pecado. Él es soberano al tomar personas muertas y darles vida en Jesús, y es soberano al tumbar las barreras que las personas ponen cuando no quieren escuchar el Evangelio.
Es verdad que en el mundo hay resistencia al Evangelio, pero nosotros también resistimos el Evangelio. Antes de ser salvos estábamos muertos en pecado, y muerto es lo mismo en todo el mundo. Sin embargo, Dios es soberano para levantar a los muertos. Nosotros estamos vivos porque Dios se acercó a nosotros, nos levantó y nos dio vida en Jesús, y Él hace eso en el mundo entero.
De hecho, por la soberanía de Dios es que tengo la capacidad de compartir el Evangelio con cualquier persona, porque nadie está fuera del alcance de Dios para salvar. Como el Evangelio es el poder de Dios para salvación, el Espíritu de Dios acompaña el Evangelio y usa ese poder para salvar a los que estaban perdidos. No importa qué tan fuerte sea la oposición: Dios va a lograr su objetivo de redimir un pueblo para sí de toda tribu y nación. Y lo va a hacer aquí en Santo Domingo, y lo hará inclusive en el corazón del mundo musulmán, en el mundo entero. Porque ese es el tipo de Dios que tenemos, y ese es su poder.
Ahora bien, hay que recordar que el poder soberano de Dios no implica que a mí no me ocurrirá nada malo. Dios nunca nos da garantía de que nos mantendrá físicamente ilesos. Pero sí nos da confianza de que Él tiene el control de todo. Así que si algo me pasa, pasa a través de las manos de Jesús, y lo que sea que ocurra va a ser utilizado para mi bien y para su gloria. Inclusive si mi bien implica que Él me va a llevar al cielo.
Dios es soberano en todas las situaciones, y su soberanía debe llevarnos a responder al llamado de compartir el Evangelio en cualquier situación. En su oración, ellos comienzan hablando del poder soberano de Dios, y su pedido de valentía está basado en ese poder. Pero lo próximo que notamos es que ellos hacen referencia a la misma Biblia.
Ellos interpretan lo que acaba de ocurrir a la luz de la Palabra de Dios. De hecho, a mí me sorprende y me parece increíble que ellos se memorizaban la Biblia. Ellos hacían referencia a los textos bíblicos ahí mismo en el momento. Tener la Palabra de Dios aquí adentro es un muy buen lugar. Hay situaciones donde tú no vas a poder ir a tu biblioteca a buscar algo. Así que si la Palabra de Dios está en tu mente y la necesitas, ahí la tienes.
Ellos conocían las Escrituras lo suficiente para hacer referencia a ellas, hablar de ellas, y las utilizaban para evaluar su situación a la luz de estas. Humanamente hablando, esto no se veía bien. El cristianismo era un movimiento nuevo y ya estaba enfrentando oposición. Los mismos que habían asesinado a Jesús les estaban diciendo: "Tienes que parar." Así que, visto desde un punto de vista humano, asustaba. Pero cuando lo vemos a la luz de la Palabra de Dios, era lógicamente lo que ellos tenían que estar esperando. El Antiguo Testamento había profetizado esa oposición a Jesús y, por ende, ellos tenían una perspectiva bíblica de lo que era la oposición y el sufrimiento.
Ellos actuaron y reaccionaron de acuerdo a lo que sabían que la Biblia decía. Ahora, nuestra cultura nos dice que nosotros tenemos derecho a estar seguros. Pero eso no es lo que dice la Biblia de Dios; enseña lo contrario. Así que tenemos que ser cuidadosos cuando evaluamos nuestras reacciones a la luz de la Palabra de Dios. Sufrir por Jesús es normal. Sufrir en el nombre de Jesús es normal, y debemos estar contentos cuando ocurra. De hecho, deberíamos tener gozo. El mismo Jesús dijo: "Regocíjense y alégrense, porque grande es la recompensa de ustedes en los cielos, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes."
Más que servir de desánimo cuando enfrentan oposición, eso debería animarles, porque les enseña que van por buen camino. Entonces, la perspectiva bíblica es que la oposición es normal y no debería desmotivarte. Al contrario, nosotros deberíamos tener gozo de que se nos considere dignos de sufrir en el nombre de Jesús.
Ahora, lo próximo que quiero que veamos es cómo ellos oraron respecto a las personas que los estaban persiguiendo. Si yo estuviera en esa situación, probablemente estaría orando: "Señor, sácame de esto." Y si estoy de mal humor, creo que oraría para que Dios los destruya. Los apóstoles no hicieron nada de eso. Ellos no le dijeron a Dios: "Mira cómo me están amenazando, castígalos." Ni siquiera le dijeron: "Mira cómo me están amenazando, protégeme." Lo que ellos dijeron fue: "Mira cómo me están amenazando, y dame valor."
Recuerden que las Escrituras no garantizan la seguridad. No hay una promesa de protección física, y ellos lo sabían. Así que lo que ellos estaban diciendo es: "Estamos en tus manos, Dios." Es apropiado para nosotros orar por los que nos persiguen, pero también debemos orar por su salvación. No es que no pidamos protección —cuando Pedro estaba en Hechos 12, la Iglesia se reunió a orar por él porque había sido encarcelado—, pero eso no es lo que vemos en esta situación. Es una evidencia de sus valores: sus prioridades estaban en otro lugar.
Así que nosotros debemos orar por los que nos persiguen para que Dios tenga misericordia sobre ellos. Y como ellos, nosotros debemos estar más preocupados, no por lo que Dios les puede hacer a ellos, sino por lo que nos puede hacer a nosotros. Lo que nos debe preocupar no es tanto lo que Dios haga con ellos, sino lo que Dios haga con nosotros. Así que esta Iglesia primitiva pidió coraje y valentía para compartir el Evangelio.
¿Cómo se puede hacer eso? Se puede hacer porque es un reflejo de lo que ellos valoraban. Ellos valoraban el Evangelio más que su comodidad; de hecho, lo valoraban más que su propia seguridad. Definitivamente ellos estaban asustados, pero no era un temor a la persecución. Era un temor a mantenerse callados. Ellos tenían miedo de ser intimidados y, por ende, no predicar el Evangelio. Entonces su respuesta fue básicamente esta: "Señor, no permitas que esto nos calle."
Su pasión era avanzar el Evangelio y que Jesús fuese conocido. El costo no les importaba; no les importaba el precio a pagar. Y esa es la razón por la que Dios respondió. Es la razón por la que a Dios le gusta responder: para darles valor de proclamar el Evangelio. Y ellos lo hicieron con coraje. De hecho, el edificio tembló, todos fueron llenos del Espíritu Santo, y fueron a evangelizar más.
En esa conexión, cuando Dios derrama su Espíritu, el resultado es proclamarlo. Y lo vemos una y otra vez en el Nuevo Testamento. El Espíritu Santo no se me da para que yo me sienta bien. El Espíritu Santo viene a mí para rehacerme y darme la forma de Jesús, para tener dones y poder de servir a la Iglesia, y para tener el poder de proclamar el Evangelio a los que no lo han escuchado. Y eso es lo que vemos aquí: ellos reciben el Espíritu Santo y el resultado es que comparten el Evangelio.
¿Cómo podemos saber si una persona está llena del Espíritu? En parte, si hubiese evidencia del fruto del Espíritu en la vida de esa persona. Pero otra evidencia es si el Evangelio brota de adentro de ellos como resultado de la presencia del Espíritu Santo.
Ahí está la historia. Los apóstoles hacen este milagro, hicieron algo bueno por una persona, y eso les abrió la oportunidad de compartir el Evangelio. Fueron arrestados, fueron a juicio, y eso también les dio la oportunidad de compartir el Evangelio. Se reúnen a orar, basados en el gran poder de Dios, y piden tener coraje. El Espíritu Santo los llena y ellos salen con valor a predicar el Evangelio a todos.
¿Cómo podemos aplicar esto hoy en día nosotros? Yo he hablado mucho sobre compartir el Evangelio, pero puedo asumir que todos los que están aquí han aceptado el Evangelio. En un salón de este tamaño, seguramente hay muchos que aún no conocen a Jesús. Entonces le voy a recordar rápidamente qué es el Evangelio. El mensaje del Evangelio es que hay un Dios que es santo, Él tiene dominio sobre todo, y todos vamos a tener que rendir cuentas ante Él. Él es el juez del universo, va a ser tu juez, y Él sabe todo. Él también sabe los más profundos secretos de tu corazón.
El mensaje también nos dice que todos somos pecadores, que todos nos hemos rebelado en contra de Dios. Esa rebelión a veces es muy obvia, cuando hacemos cosas obviamente malas, pero a veces esa rebelión es un esfuerzo admirable de tratar de hacer cosas buenas pero sin Dios. Todos nos hemos conscientemente apartado de Dios, y por eso no merecemos nada más que condenación. No importa qué tan buena persona tú te consideres, tú eres un pecador y vas a enfrentar el juicio de Dios.
Pero aquí viene la buena noticia. Este Dios también es un Dios misericordioso. Él nos ve en nuestra rebelión y Él escoge mostrarnos misericordia. Él se volvió hombre en la persona de Jesús, llevó la vida perfecta que nosotros debíamos haber llevado y no lo hicimos, y murió la muerte que nosotros merecíamos. Él tomó nuestro lugar. Él recibió la ira que nosotros merecíamos y pagó el precio que nosotros debíamos pagar. Él intercambió su justicia y su rectitud por nuestro pecado: nuestro pecado cayó sobre Él en la cruz, y su justicia y rectitud son ahora un regalo, un regalo gratuito que recibimos si confiamos en Él.
Y el reto para todos ustedes ahora es este: debes arrepentirte de tu rebelión contra Dios, dejar de caminar tu propio camino, confiar en Jesús solamente, confiar en su justicia y no en la tuya, confiar en que Él te da apertura ante Dios, y entregarte en todo lo que tú eres y todo lo que tú tienes, completamente y para siempre. Ese es el Evangelio. Y si tú nunca te has arrepentido y creído en Jesús, hazlo hoy. Es la decisión más importante que tú tomas en tu vida. Si quieres, en esta habitación hay muchas personas con quienes puedes hablar sobre esto y te pueden ayudar.
Yo creo también que muchos aquí conocen a Jesús, y quiero que tomen en cuenta algo: personas ordinarias pueden ser evangelistas muy efectivos. Pedro y Juan eran personas comunes, sin educación, y Dios los usó para compartir el Evangelio. No pienses: "Yo no puedo." Pedro y Juan eran gente ordinaria, pero tenían algo diferente, y lo único que los diferenciaba es que habían estado con Jesús. Eso era lo único que necesitaban. Es la única cosa que les dio ese poder de evangelizar.
Así que no pienses: "No, yo no puedo." Bueno, la realidad es que no podemos, ni yo ni nadie, ni Pedro ni Juan. Pero eso no importa. Lo que importa es quién estaba con ellos. ¿Recuerdan cuando Moisés recibe la orden de parte de Dios de que debe ir ante el faraón y liberar a todo el pueblo de Israel? La respuesta de Moisés fue: "¿Pero quién soy yo para hacer algo así?" Y lo que Dios le dice es: "Yo estaré contigo." En otras palabras: "Moisés, no importa quién eres tú. Lo que importa es quién soy Yo, y Yo voy a estar contigo."
Recuerden que Jesús, cuando termina la Gran Comisión, dice: "Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos." Es una promesa que estaba específicamente atada a ese mandato de proclamar el Evangelio. Así que personas comunes y corrientes pueden ser evangelistas muy efectivos, porque lo que se requiere no lo tenemos nosotros. Lo que se necesita es a Jesús a tu lado. Y eso es lo que hace el Espíritu Santo en nosotros: ser Jesús en nosotros.
No te enfoques en que tú no tienes lo que se requiere, a menos que eso sirva para llevarte a depender de Cristo. La única forma que vale la pena enfocarte en que tú no tienes lo que se requiere es si eso va a servir para incrementar tu dependencia en Jesús. Dios tiene el poder de utilizarte para que tú puedas llevar a otras personas a Jesús.
Entonces, este texto debiera ser un reto a nosotros de que tenemos que estar pendientes e identificar oportunidades para compartir el Evangelio. Eso no va a ocurrir si no estamos atentos. Es muy fácil generar el hábito en nosotros de no hablar sobre Jesús fuera de la iglesia, y en ese sentido Dios nos puede dar oportunidad de compartir el Evangelio y no las vemos.
Pero cuando fue que los apóstoles compartieron el Evangelio, cuando era cómodo y cuando les convenía, cuando era natural y cuando daba miedo, yo les reto a que sean como Pedro y Juan, que buscaban cualquier oportunidad para compartir el Evangelio. Y eso era parte de su estrategia de misiones. Estamos hablando sobre el evangelismo, pero yo soy misionero y tengo que hablar de misiones. Los apóstoles fueron a todo el mundo que se conocía y donde llegaban, plantaban iglesias. Pero no lo hacían porque ellos dejaban la iglesia plantada con esa responsabilidad. Entonces, la estrategia falla a menos que la iglesia local esté activamente evangelizando.
Así que Dios te tiene a ti aquí en Santo Domingo para ser su testigo, inclusive en el momento en que también reúne misioneros para enviar al mundo. Así que busquen esas oportunidades de compartir el Evangelio. Y muy importante: no dejen que la oposición les frene de compartir el Evangelio. Es normal. El mundo está opuesto a las buenas noticias, pero eso no te debe frenar.
La mayor parte de mi vida yo he vivido en lugares donde son violentamente opuestos al Evangelio. He tenido compañeros de trabajo que han sufrido de muy malas maneras por su fe. Yo tengo muchos amigos que han sido enviados al cielo por esa persecución. Pero hay algo importante: cuando una persona tiene miedo de que posiblemente será perseguida, pues se queda callada. Pero una vez que ya estás enfrentando persecución, es como que te liberan. Algunos de los evangelistas más valientes que yo conozco son personas que han sufrido o están sufriendo por la causa de Jesús.
Así que no dejes que el temor te frene. El enemigo gana cuando te callas. La persecución llegará, pero si llega, tienes que estar consciente de que lo peor que te pueden hacer es matarte. Te vas al cielo y ganas.
Esto es lo último que quiero compartir con ustedes. Al igual que los apóstoles, yo quiero que ustedes oren pidiendo oportunidades de compartir el Evangelio. Es increíble lo pronto que es Dios para responder esa oración. Hagan eso todos los días cuando oran. De hecho, yo les animo a que oren todos los días, y si no estás orando todos los días, comienza hoy. Cuando estés orando por todo lo que Dios ponga en tu corazón, quiero que incluyas lo siguiente: pídele a Dios que te dé una oportunidad para compartir el Evangelio ese mismo día. Y pídele que te mantenga alerta para reconocer esa oportunidad cuando se presente. Y luego pide por el valor para aprovecharla.
Pide por personas que están perdidas, individuos específicos que tú conoces. Anótalos en una lista: cinco personas que no sean creyentes, amigos suyos. Ora por ellos todos los días. Pide la oportunidad de compartir el Evangelio con ellos y pide que Dios abra sus corazones a ese mensaje. Pídele a Dios que te dé más temor por mantenerte callado que por cualquier otra cosa. Y lo que yo oro por ustedes como iglesia es que sea imposible que alguien conozca a uno de ustedes y no sepa el Evangelio.
A mí, Dios me ha llevado a compartir el Evangelio en lugares donde nunca ha sido escuchado, y yo siempre ando buscando personas que puedan ir como misioneros. Una parte de mis responsabilidades en la organización para la que trabajo es entrevistar a misioneros, personas que quieren ir al campo. Y esta es una de las preguntas que siempre hacemos: ¿Cuándo fue la última vez que tú compartiste el Evangelio con alguien? Porque no es verdad que si no lo estás haciendo en tu casa lo vas a hacer más allá. Si no lo estás haciendo en tu propio idioma, ¿cómo lo vas a hacer en otro? Queremos discípulos de Jesús que estén también discipulando a otros ahora, compartiendo el Evangelio y haciendo discípulos. Y es por esto que Dios puede hacer una obra aquí, y que también de aquí salgan personas que puedan compartir el Evangelio hasta el final del mundo.
Oremos. Padre, gracias por tu Palabra. Gracias por el Evangelio. Gracias porque alguien tuvo la valentía de compartir el Evangelio con nosotros. Que seamos buenos mayordomos de ese tesoro. Oro por cada persona aquí, que tenga la oportunidad de compartir el Evangelio cada día, que cada uno de nosotros pueda reconocer las oportunidades que tú nos das y que nos des el valor de aprovecharlas. Te pedimos que traigas a muchas personas a los pies de Jesús a través de esta congregación. Y todo lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
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Zane Pratt es Profesor Asociado de Misiones Cristianas en el Seminario Southern. Actualmente se desempeña como Vicepresidente de Capacitación Global en la Junta de Misiones Internacionales. Entre 2011 y 2013 sirvió como Decano de la Escuela Billy Graham, tras haber dedicado dos décadas (1991–2011) a la plantación de iglesias en Asia Central. Está casado con Catherine y juntos tienen dos hijos.