Integridad y Sabiduria
Sermones

La gran comisión

Zane Pratt 25 abril, 2021

La autoridad para las misiones no viene de nuestra capacidad ni de nuestros recursos, sino del señorío universal de Jesucristo. Cuando Jesús declara que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, está afirmando que ningún gobierno, ninguna cultura y ninguna objeción humana puede estar por encima de su mandato. Es como un soldado que recibe órdenes de un general: si el general manda una cosa y un sargento manda otra, el soldado obedece al general. La diferencia entre Dios y cualquier autoridad humana es incomparablemente mayor, por lo que tenemos tanto el derecho como la obligación de ir.

El mandato es claro: hacer discípulos de todas las naciones. Pero un discípulo no es simplemente alguien que escucha una enseñanza; es alguien que pasa tanto tiempo con su maestro que termina pareciéndose a él, hablando como él, viviendo como él. Hacer discípulos implica compartir el evangelio, bautizar y sembrar iglesias donde los nuevos creyentes puedan crecer. Y el alcance no se limita a países, sino a grupos étnicos. En Afganistán, por ejemplo, se hablan cincuenta idiomas diferentes, lo que significa cincuenta pueblos distintos que necesitan escuchar el mensaje en su propia lengua.

La tarea parece abrumadora, pero Jesús promete estar con nosotros hasta el fin. Once hombres pobres, sin educación y bajo ocupación extranjera recibieron este encargo, y transformaron el mundo. El poder no está en nuestros recursos sino en su presencia. Por eso el llamado es triple: ser discípulos que crecen constantemente, orar por las naciones con fervor, dar generosamente y preguntarse no por qué debería ir, sino por qué no debería hacerlo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Padre, te damos gracias, te alabamos. Atrae a las personas que digan tu nombre. Y esto es una muestra de eso. Porque en tu gracia, tú nos has llamado, algunos a ir al campo de misiones y a exaltar tu nombre. Yo oro porque tú hagas lo mismo hoy, que vas a utilizar al predicador para motivar a las personas. Y te pido que uses el mensaje para abrir los ojos de muchos, para que vean cosas que quizás no han visto antes, y abrir sus oídos para que escuchen cosas que no han oído. Y que rindas su voluntad para hacer cosas que no han hecho antes. Y lo rogamos porque creemos que tienes el poder y tenemos la fe para creer que mucho de eso va a ocurrir. Te lo pedimos todo en el nombre de tu Hijo Jesús. Amén.

Gracias, Bruno. Estoy muy feliz de estar aquí con ustedes. Yo he recibido una hospitalidad increíble aquí en la iglesia. Y me han motivado y me han llenado el corazón de felicidad. Yo sé que ya tengo familia aquí. Y eso me hace muy feliz.

Les pido que por favor abran sus Biblias en Mateo, capítulo 28. Vamos a leer desde el verso 16. Es un verso muy conocido. Yo creo que debemos pensarlo cuidadosamente. Mateo 28:16 al 20. Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Cuando lo vieron, lo adoraron, pero algunos dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y recuerden, yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo."

El trabajo de los misioneros se ha vuelto cada vez menos popular en el mundo actual. Es muy verdadero tanto en Europa como en América del Norte. La sociedad secular detesta la idea de decirle a alguien que tiene que aceptar la verdad. Y eso es verdad también en muchos de los países a los que los misioneros tratan de llegar. Cada vez más países cierran sus puertas a los misioneros. Y si tú les dices que vas a hablar sobre Jesús, te prohíben la entrada.

E inclusive dentro de la iglesia las misiones son cada vez menos populares. Hay muchos argumentos en contra. Algunas personas dicen que eso es muy caro o es muy difícil. Otros dicen que los misioneros en el pasado han hecho cosas muy malas y que por eso hoy en día es una mala idea. ¿Por qué tenemos el derecho de hacer misiones? ¿Qué nos da el derecho de ir a un lugar lejos, con personas diferentes a nosotros, para hablarles sobre Jesús?

Pero también en la iglesia hay mucha confusión sobre exactamente qué es hacer misiones. ¿Cuál es la tarea por la cual Dios nos tiene aquí? ¿De qué estamos hablando cuando decimos misiones? Para muchos, misiones es cualquier cosa buena que tú haces fuera de las puertas de la iglesia.

Hace unos años atrás yo estaba en Inglaterra. La sociedad británica de misioneros es una de las primeras del mundo entero. Ellos enviaron a William Carey en el inicio de lo que es el movimiento moderno de misiones. Pero para ellos misiones hoy en día es solamente amor en acción. Y ellos se enfocan en todo lo que escriben, más que nada, en rehabilitar personas con problemas de droga o activismo político. Eso es todo, eso es lo que son misiones.

En la medida que yo he ido hablando con la gente, hay cuatro cosas que usualmente se agrupan y se consideran misiones. Uno es compartir el evangelio, sembrar iglesias. Otra son labores de misericordia, alimentar a los pobres, cuidar de los enfermos. Para otros misiones es perseguir la justicia en el mundo. Y otros se refieren a misiones como tratar de redimir lo que es la cultura para que responda al señorío de Jesucristo.

¿Y cómo decidimos? ¿Cómo es que nosotros podemos saber qué es lo que Dios desea cuando trabajamos en misiones? Son dos preguntas muy importantes: ¿qué son misiones? y ¿qué nos da el derecho de hacer misiones? En este texto que leímos está la respuesta a ambas. Y quiero que lo veamos detenidamente.

En primer lugar, vemos que la autoridad para las misiones viene del señorío universal de Jesucristo. Aquí Jesucristo hace una afirmación increíble. Él dice que a él se le ha dado toda la autoridad en el cielo y en la tierra. Quizás cualquier otra persona estaría loca si dijera eso. Pero a lo mejor Jesús lo puede decir porque él es el Rey de reyes y Señor de señores.

En el Evangelio de Mateo, una y otra vez vemos el reino de Dios, el reino de los cielos. Nos dicen que el reino de los cielos está entrando a la historia humana. Cuando pensamos en reino, pensamos en una área geográfica física, como España, como Gran Bretaña. Tiene fronteras. Y está limitado a ese espacio. Pero ese no es el reino de los cielos. El reino de los cielos no tiene fronteras. Es todo cielo y tierra. Dios tiene autoridad sobre toda la creación.

La creación en la tierra se ha rebelado contra Dios a través del pecado. Pero Dios está retornando, insertándose y reclamando su señorío sobre lo que él ha creado. Y Jesús está diciendo muy claramente que es el Rey de ese reino. Él es Dios y él ha llegado a gobernar el universo.

Eso nos da dos lecciones muy importantes. Número uno: tenemos el derecho a hacerlo. Es una gran autoridad que no se puede disputar. Si un gobierno extranjero dice "no pueden hablar con mis ciudadanos sobre Jesús", si la cultura dice que es una mala idea, él está por encima de ellos. Es como en el ejército. Imagínense que yo soy un cabo. Un sargento me dice que haga algo. Pero un general me dice que haga otra cosa. ¿A quién voy a obedecer? La diferencia entre el general y el sargento es incomparable con la diferencia entre Dios y cualquier autoridad humana. Jesús nos mandó hacerlo. Y por ende tenemos todo el derecho de hacerlo, por encima de lo que diga cualquier persona.

Pero hay otro aspecto. Jesús no tiene sólo autoridad sobre las naciones, sino que también tiene autoridad sobre nosotros. Es mi Rey. Yo no lo elegí. Yo no puedo rechazarlo. Él es el Rey. Y él tiene absoluta autoridad sobre mí. Y lo que él dice aquí no es una sugerencia, es un mandato. Entonces no es sólo que puedo hacerlo, es que tengo que hacerlo.

Toda autoridad en cielo y en la tierra ha sido dada a Jesús. Él es Rey de las naciones y de su pueblo. Podemos hacerlo y debemos hacerlo. La labor del misionero no es opcional. Es un mandato que tenemos que cumplir.

Y entonces la pregunta es: bueno, ¿qué es ese mandato? ¿Qué es lo que se supone que hagamos con las misiones? Y Jesús también lo dice. Hay un imperativo aquí en este verso. Y ese es el llamado a hacer discípulos. Estamos llamados a hacer discípulos para cumplir con esa misión que Jesús nos dio.

Pero ¿qué es un discípulo? Lo más cercano que tenemos hoy en día es hablar de un alumno, de un estudiante. Pero la educación en esos tiempos era muy diferente a la nuestra. Yo soy profesor en un seminario. Y una de las clases que enseño es obligatoria para todos los estudiantes. Entonces son clases bastante grandes. Y hay algunos de ellos que realmente no les interesa estar ahí. Ese grupo se sienta atrás. Ellos creen que no me doy cuenta cuando se duermen. Y yo me doy cuenta. Ellos toman nota a veces sí, a veces no. Ellos leen los libros que les pongo. Escriben sus asignaciones. Toman su examen final. Y se van. Y seguramente se olvidan de todo lo que yo les enseñé. En algunos casos ni siquiera hablamos uno cara a cara. Se vuelve una experiencia completamente impersonal entre nosotros.

Pero así no era en los tiempos de Jesús. Es verdad que Jesús muchas veces habló a multitudes. De hecho, él se iba moviendo a diversos sitios porque si no, nunca lo iban a escuchar. Imagínense, sin televisión, sin radio, sin internet. Ni siquiera una prensa para imprimir libros. Entonces los maestros viajaban de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, enseñando. Y muchas veces quizás nada más visitaban una ciudad una vez. Y era prácticamente el mismo discurso en cada ciudad. El Sermón del Monte es probablemente un ejemplo del tipo de mensaje que Jesús dio en cada pueblo. Y eso era para las multitudes.

Pero eso no es un discípulo. Un discípulo es diferente. El discípulo se unía con el profesor. Él iba con él a cada ciudad y a cada villa. Lo acompañaba a cada pueblo, a cada ciudad. De hecho, se pasaban las veinticuatro horas del día juntos. El discípulo escuchaba a su maestro una y otra vez enseñando. Y se volvía algo que se memorizaban de tanto escuchar. Pero tenía la ventaja de...

Pero tenía la ventaja de que al finalizar podía hacer preguntas y profundizar mucho más que las multitudes. Él recibía enseñanzas que las multitudes nunca escucharían. Pero también tenía la oportunidad de observar a su maestro en cada circunstancia de la vida. Pasaba tanto tiempo con su maestro que ya se parecían. Hablaban igual. De hecho, las personas cuando lo veían se acordaban del maestro.

Así que el discípulo aprendía lo que enseñaba su maestro, pero también vivía como su maestro, y se volvía un buen representante de ese maestro ante el mundo. Al ver al discípulo, automáticamente pensaban en el maestro. Eso es lo que es un discípulo de Jesús. Un discípulo de Jesús aprende lo que Jesús enseñó. También obedece lo que Jesús enseñó. Vive como Jesús, y por ende le recuerda al mundo de Jesús. Y eso es lo que estamos llamados a hacer. Estamos llamados a ser discípulos.

Y ese proceso comienza con el bautismo. Aquí vimos una imagen bellísima del Evangelio. Ser discípulo implica que tú mueres a quien eras y eres levantado en Cristo. Y lo vimos representado aquí en las aguas del bautismo. El bautismo es una evidencia de lo radical que es el discipulado. Es muerte y renacer. Pero luego viene esa enseñanza a obedecer todo lo que Jesús mostró. Entonces aprendes, y eso implica que tu vida es diferente.

Entonces estamos llamados a ser discípulos. Tenemos que compartir el Evangelio, porque si alguien va a ser un discípulo, la gente tiene que escuchar el Evangelio para creer. Y también invertimos en la vida de ese nuevo creyente para que crezca, para que madure. Y en el Nuevo Testamento nos damos cuenta de que todo eso ocurre en la iglesia local. Cuando cada uno de nosotros juega su rol, entonces todos maduramos y crecemos en Cristo. Pablo lo menciona en Primera de Corintios 12 y en Efesios 4. Entonces compartimos el Evangelio, discipulamos a los creyentes, y si no hay una iglesia, la sembramos.

Eso es lo que estaban haciendo los apóstoles en el libro de Hechos. Ellos llegaban a un lugar que no había escuchado el Evangelio. Proclamaban el Evangelio. Se salvaban las personas. Los bautizaban. Y creaban una iglesia. Y dentro de esa iglesia, ellos aprendían a obedecer los mandatos de Jesús. Y esa es la misión que Dios nos ha dado: hacer discípulos de esta forma.

Pero entonces la próxima pregunta es: ¿dónde? ¿Dónde lo hacemos? ¿Nos quedamos aquí donde estamos y seguimos siendo discípulos aquí? Bueno, Jesús dice que no. Jesús dice que tenemos que hacer discípulos de todas las naciones de la tierra. Cuando Él habla de naciones, es importante entender que no se refiere a países como lo conocemos nosotros hoy en día. Para nosotros, una nación es República Dominicana, España. Pero en la Biblia, cuando se habla de naciones, se habla de grupos étnicos. O sea, un grupo de personas con un lenguaje en común, una historia en común, que viven en el mismo lugar, y que se consideran con esa identidad de nosotros versus ustedes.

Por ejemplo, Afganistán es un país del tamaño de Texas. Sin embargo, en ese país se hablan 50 idiomas diferentes. O sea, hay 50 grupos étnicos que se consideran ellos mismos diferentes a los demás. Y aquí dice muy claramente que tenemos que hacer discípulos de todos esos grupos étnicos. O sea, que no basta con sembrar una iglesia en un país y pensar que ya se terminó ahí. Dios quiere que el Evangelio le llegue a todo el mundo. Y para eso se requiere sembrar iglesias dentro de cada grupo étnico que pueda proclamar el Evangelio.

Y eso está en la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. En Génesis, Dios le promete a Abraham que a través de él, Él va a bendecir a todas las naciones. Y se le repetía esa promesa a todos los descendientes de Abraham. En los Salmos se habla de que todos los pueblos de la tierra darán gloria a Dios. Y los profetas profetizaron sobre cuando Dios volvería, y decían que iba a ser el Mesías de todas las personas de la tierra. Y que el día del Mesías sería ese día donde esa bendición se extendería a todos los pueblos y naciones.

Y Jesús vino como el Mesías de su pueblo, pero su propósito era llevar la salvación a toda la tierra. Tenemos este mandato de hacer discípulos de todas las naciones. Y en el libro de Hechos vemos a los apóstoles yendo a toda la tierra justamente haciendo discípulos. Y en Apocalipsis nos habla de que va a haber gente adorando a Dios de cada pueblo y nación.

Entonces, ¿y eso qué? Eso fue un mandato que recibimos hace dos mil años, ¿ya? Entonces uno pensaría que ya hubiésemos terminado. Pero estamos muy lejos. Hay siete mil millones de personas en el mundo. Y más de tres mil millones de ellos viven en estos grupos étnicos que no han escuchado el Evangelio. Se estima que hay once mil grupos étnicos en el mundo. Seis mil de ellos no han recibido el Evangelio. De hecho, se estima que en la población mundial completa, un cuatro por ciento solamente es evangélico.

Y nosotros vivimos en una de las hemisferias del mundo más evangelizadas. De hecho, en términos porcentuales hay más evangélicos en República Dominicana que en los Estados Unidos. Pero hay partes del mundo donde virtualmente no hay cristianos. Yo he pasado una gran parte de mi vida como adulto en Asia. En Asia Central es menos del uno por ciento. Y ahí Jesús nos ha llamado.

Tenemos que compartir definitivamente el Evangelio donde estamos. Eso es parte del plan misionero del Nuevo Testamento. Dondequiera que haya una iglesia, debe haber testigos del Evangelio saliendo a todos los que están alrededor. Pero también estamos llamados a sembrar más de esos pequeños centros de Evangelio en todo el mundo. No podemos cumplir la Gran Comisión quedándonos donde estamos. Tenemos que ir.

¿Cómo podemos hacer esto? Es algo abrumador. Si para nosotros es abrumador, piensen en esos once hombres que estaban recibiendo esto de Jesús. Un grupo pequeño, pobre, sin educación, y su país está controlado por un ejército enemigo. No tenían nada de recursos a su disposición. Y Jesús les da la tarea de evangelizar el mundo. Me imagino que lo podemos entender si pensaron: ¿cómo se supone que esto va a pasar?

Y Jesús les dice cómo. Es lo más importante. Jesús les dice: yo estaré con ustedes. Y con eso basta. Aparte de Jesús no podemos hacer nada, pero en Cristo lo podemos todo. Nosotros no tenemos el poder de convertir a una persona. Pero lo que pasa es que Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra. Así que si el Rey de reyes está a tu lado, tú puedes hacer lo que sea que Él te diga que hagas, porque es el poder de Él que lo va a hacer. Así que no importaba que eran pobres. No importaba que no estaban educados. No había ninguna tecnología a su disposición. Ellos lo tenían todo en Jesús. Y esos once hombres transformaron el mundo.

Esa es la misión. La autoridad viene del señorío universal de Jesucristo. La naturaleza es hacer discípulos. Y eso significa que compartimos el Evangelio, bautizamos y sembramos iglesias. El alcance es todo grupo étnico en la tierra. Y el poder para hacer eso es el poder de la presencia de Jesucristo.

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto? Lo primero que yo te diría es que tú tienes que ser un discípulo. Y es probable que aquí hay personas que no son discípulos. Yo no puedo asumir que todos los que están aquí han puesto su confianza en Jesús. Entonces quiero recordarles el Evangelio, porque es lo más importante que pueden escuchar.

La Biblia nos dice que todos somos pecadores, todos nos hemos rebelado en contra de Dios, le hemos ofendido, y todos merecemos juicio y condenación. Hay un lugar llamado el infierno, y eso es lo que todos merecemos. Pero aunque nos hemos rebelado en contra de Él, Él nos ama. Y Dios nos buscó a nosotros antes de que nosotros mismos lo buscáramos. Dios se volvió hombre en la persona de Jesús. Jesús vivió la vida perfecta que nosotros debimos haber llevado, pero no podíamos.

Y entonces, Jesús ha llegado a la raíz de nuestro pecado, y Jesús murió en la cruz como un sustituto para pagar por nuestros pecados. Él era justo y tomó nuestro pecado, para que entonces nosotros, pecadores, recibiéramos esa rectitud. Él fue resucitado de entre los muertos, conquistó el pecado y la muerte. Y ahora, cualquier persona que se arrepiente de su pecado y confía en Jesús puede ser salva. Tu pecado ha sido perdonado. Hemos sido reconciliados con Dios. Hemos sido adoptados por Dios como sus hijos. El Espíritu Santo viene a morar en nosotros. Y ahora somos parte de su cuerpo para ser su obra en la tierra. Y nosotros nos vamos a pasar la eternidad junto a Él con un gozo indescriptible.

Así que si tú no has confiado en Jesús, yo te recomiendo, te llamo a que lo hagas hoy. Es la decisión más importante de toda tu vida. Y hay muchas personas que pueden hablar contigo y ayudarte. Pero yo se los pido efusivamente: reconcíliense con Dios.

Pero para nosotros, nosotros que ya hemos confiado en Jesús, ¿qué nos toca a nosotros? Bueno, tenemos que ser discípulos. Un discípulo constantemente se parece cada vez más a Cristo. Y un misionero es simplemente un discípulo que hace más discípulos en lugares donde no se conoce a Jesucristo. Tú no puedes dar lo que no tienes. Entonces, para hacer discípulos tienes que ser un discípulo. Tu vida debe estar siendo transformada constantemente.

De hecho, eso significa que el punto de tu vida es transformarte en todo. El objetivo principal de tu vida es transformarte en cada área. Se transforma tu mente mientras estudias las Escrituras constantemente, y eso cambia cómo piensas. Hasta tus afectos son transformados porque aprendes a amar las cosas que Dios ama y a odiar las cosas que Dios odia. Tu voluntad también se transforma en la medida que obedeces a Dios en todas las cosas que Él te ha mandado a hacer. Tus relaciones también se transforman; tú aprendes a amar a tu enemigo, a tu hermano en Cristo.

Y eso significa que también se transforma tu vida. Muchos de nosotros vivimos para nosotros mismos, pero cuando eres cristiano eso cambia. Ya no vivimos para ser ricos, para ser exitosos, para ser populares o simplemente para ser. No debemos vivir para nosotros mismos; como cristianos estamos llamados a vivir para darle gloria a Dios. Dondequiera que estés, todo lo que tienes, lo tienes para la gloria de Dios. Y eso significa que también vivimos ahora para cumplir su agenda en el mundo. No somos nosotros los que nos estamos dando a conocer; estamos dando a conocer su mensaje, su gloria. Y eso es ser discípulo, que se vuelva lo más importante en nuestra vida.

Puede ser que Dios no te esté llamando a ir a algún lugar lejos con el Evangelio, pero sí debes ser serio en cuanto a ser discípulo. Y entonces, vuélvete una persona disponible, en manos de Dios, para hacer contigo lo que Él quiera. Y yo les llamo a ustedes, los creyentes, que crezcan, que maduren como discípulos de Jesús.

Y también implica entregarse en la oración. No es oración por ti solamente, ni siquiera solamente para las necesidades de los que tienes cerca. No lo entendemos completamente, pero la oración es poderosa. Hay un grupo de personas en los Estados Unidos que publican un calendario de oración. Y las personas que trabajan en el International Mission Board, los nombres de cada uno de ellos están en ese calendario para que se sepa qué día cumplen años.

Las que hacen esto son unas mujeres ya de edad avanzada, muy piadosas. Y eso significa que cada año, cuando yo cumplo años, hay miles de mujeres piadosas orando por mí. Yo siento que puedo hacer lo que sea. Me siento invencible. Y no hay nada que me pueda limitar. Yo tengo compañeros de trabajo que cuando tienen una tarea muy retadora esperan para hacerla el día de su cumpleaños. Porque sabemos que hay mucho poder en la oración del pueblo de Dios.

Cuando los cristianos del mundo se enfocan y oran por una nación en particular, nosotros hemos podido ver las puertas abrirse. Así que oren por el mundo, oren por las naciones. Cuando están viendo las noticias, oren por esa gente. Todas las iglesias tienen recursos de oración; oren por los misioneros. Oren por las naciones en cada aspecto de tu vida, cuando estás solo con el Señor, y en los estudios bíblicos también. La oración es central para poder avanzar el Evangelio. Así que les pido que oren mucho.

También les quiero motivar a que den de sus recursos financieros para avanzar el Evangelio. Yo no soy miembro de esta iglesia. Yo no recibo nada de lo que ustedes dan. Dios nos ha bendecido a todos, pero nos ha bendecido para que nosotros seamos de bendición para las naciones. Eso está clarísimo en los Salmos: "Señor, bendícenos para que tus caminos sean conocidos en la tierra, entre todas las naciones."

Y en muchos sentidos, la evangelización de las naciones está ahora volviéndose responsabilidad nuestra. La responsabilidad de las misiones gradualmente ha ido cayendo sobre nosotros. Yo me pongo muy triste al ver que hay iglesias que se cierran en mi país de origen. El centro de gravedad del cristianismo evangélico se ha ido moviendo del norte al sur. Ustedes están en una de las naciones más cristianas del mundo. Las iglesias en la República Dominicana tienen los recursos y la gente para transformarse en una nación importante en términos de envío de misioneros.

Pero para eso tienes que cambiar la mentalidad. Mi padre era niño en la Segunda Guerra Mundial. Y ellos me han contado de cómo era vivir en esa época. A las personas se les pedía que llevaran vidas más sencillas para que esos recursos pudieran destinarse a la lucha en contra de los nazis. Lo más importante en ese momento era ganar esa guerra. Y todo lo que no era necesario, todo lo que no era esencial, la gente renunciaba a eso.

Y nosotros estamos en una guerra mucho más seria. Una guerra para la salvación de personas en el mundo entero. Y es una guerra que se pelea con el Evangelio de paz y no con armas de guerra. Pero es la misma mentalidad. Y nosotros hemos sido bendecidos para que podamos enviar misioneros a las naciones. Y yo les motivo a que busquen formas en que utilicen sus recursos para eso.

Pero más importante es que de esta iglesia necesitan salir misioneros. Y eso significa que algunos de ustedes, no todos, pero algunos, tienen que ir. Y Dios puede usar todo tipo de gente. Puede usar a los jóvenes, pero también puede usar a los mayores. Yo tengo canas en la cabeza y en la barba, y esto ha sido raro. Mi barba era roja. ¿Saben qué he descubierto cuando tengo canas? De repente, yo puedo ser más valiente y directo cuando proclamo el Evangelio, porque hay naciones que respetan mucho la edad. Entonces yo, como una persona mayor, puedo decir cosas que a un joven quizás no le pondrían atención.

Y también personas de cualquier profesión. Muchas personas que no han sido alcanzadas por el Evangelio viven en países que no le dan visa a misioneros. Si tú eres pastor, es prácticamente imposible entrar. Pero hay muchas otras cosas que se pueden hacer. Tú puedes ser doctor, enfermera, ingeniero, granjero, profesor, un entrenador de deportes. Tú puedes ser casi cualquier profesión que te digas, y necesitas encontrar países que los van a recibir. Estos países no permiten la entrada de misioneros, pero sí permiten la entrada de muchos profesionales. Pero aparte de esa profesión, tú también tienes que ser capaz de proclamar el Evangelio y de hacer discípulos.

Y mi último reto para ustedes: Dios nos ha llamado a todos a servirle. La única pregunta es dónde y cómo. Siempre asumimos que Dios nos ha llamado a servirle donde estamos, al menos que pase algo dramático. Pero veámoslo al revés. El mandato es muy claro. El pueblo de Dios está llamado a ir a las naciones y predicar el Evangelio. Todas las iglesias tienen esa responsabilidad. Entonces, por lo tanto, ¿por qué no debes ir? Si estás en salud, si eres un cristiano maduro, capaz de proclamar el Evangelio, y si Dios ha puesto algo en tu corazón sobre ir a las naciones, entonces reúnete con los ancianos de tu iglesia y evalúa si tú debieras ir.

Jesús nos llamó a hacer discípulos de todas las naciones. Yo oro para que Dios levante muchos mensajeros de esta congregación.

Vamos a orar. Padre, yo estoy muy agradecido a Dios por esta iglesia. Gracias por esta iglesia. Ellos son fieles a ti. Gracias por su impacto en toda Latinoamérica. Padre, yo oro que tú envíes misioneros de esta iglesia. Gracias por los que ya han ido. Y te pido, Dios, que levantes a muchos más. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

La próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Zane Pratt

Zane Pratt

Zane Pratt es Profesor Asociado de Misiones Cristianas en el Seminario Southern. Actualmente se desempeña como Vicepresidente de Capacitación Global en la Junta de Misiones Internacionales. Entre 2011 y 2013 sirvió como Decano de la Escuela Billy Graham, tras haber dedicado dos décadas (1991–2011) a la plantación de iglesias en Asia Central. Está casado con Catherine y juntos tienen dos hijos.