La iglesia que nació en Pentecostés nos muestra cómo debe vivir el pueblo de Dios en comunidad. Cuando Pedro predicó por primera vez, tres mil personas fueron bautizadas y comenzaron a experimentar algo que no tenía precedente en la historia: la primera iglesia. Si alguien que nunca ha visto una congregación leyera únicamente Hechos 2, ¿reconocería lo que ve en nuestras iglesias hoy?
Aquella comunidad en Jerusalén se distinguía por siete características que podemos imitar. Se dedicaban continuamente a la enseñanza de los apóstoles porque sabían que la iglesia existe para proclamar la Palabra. Promovían la comunión, entendiendo que la santificación es un proyecto comunitario, no individual. Estaban saturados de oración, no para informar a Dios de nada, sino para glorificarlo reconociendo su dependencia de Él. Experimentaban el poder del Espíritu Santo de tal manera que sobrevino temor reverente a todos, como cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín y la multitud glorificó a Dios diciendo que Él había visitado a su pueblo.
Además, era una iglesia generosa que compartía todo según la necesidad de cada uno, hospedando a quienes venían de tierras lejanas y decidían quedarse. Vivían con gozo y sencillez de corazón, sin quejas, agradecidos por lo que tenían. Y como resultado, Dios los bendecía añadiendo cada día a los que iban siendo salvos. El Señor, no los líderes, hacía crecer su iglesia porque hallaban favor con todo el pueblo que veía sus vidas transformadas.
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Buenos días. Buenos días, buenas tardes. Bueno, yo me levanté esta mañana y después de dar gracias a Dios por su misericordia, le pedía: "Señor, muéstrate en mi vida hoy". Y entonces vine aquí a la iglesia. Y lo primero que me encontré es que el pastor Miguel está enfermo. Así que uno tiene que tener mucho cuidado con lo que uno le pide al Señor. Eso es. Así que aquí estoy.
No sé si ustedes saben, hace unos meses nosotros estamos colaborando aquí como parte del liderato de esta iglesia para todo lo que es el plan de organización de consejería bíblica. Ustedes nos han visto aquí entrar, salir; desde hace unos meses estamos viniendo cada domingo, estamos súper entusiasmados. Para los que no han estado aquí o no recuerdan, nosotros vinimos en enero, básicamente invitados por el pastor Miguel de la iglesia para impartir una conferencia de parejas. Tuve la oportunidad y privilegio de poder compartir la Palabra ese domingo y Dios nos visitó. Y nosotros estamos en una transición en Estados Unidos que debíamos mudarnos, y yo no sé cómo, porque la verdad que es difícil de explicar, estamos aquí. Somos de la IBI, nos encanta la IBI, y nos gozamos en poder estar aquí. Así que es un gozo poder compartir la Palabra en esta mañana.
Yo quisiera, por favor, si son tan amables, entonces vamos al libro de Hechos, capítulo número 2. Hechos, capítulo número 2. Yo quiero llamar la atención en esta mañana al relato de esta primera iglesia, la iglesia en Jerusalén, y lo que vamos a hacer es básicamente enfatizar cuáles eran las características bíblicas y especiales de esta iglesia que podemos aprender de ellos. Así que básicamente el texto que voy a leer es una descripción de la manera como esta iglesia vivía en ese entonces.
Voy a leer aquí en Hechos, capítulo número 2, versos 42 al 47: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración". Y dice el verso 43 que sobrevino temor a toda persona, y muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles. Y todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común, y vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Y día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, y comían juntos con alegría y con sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y dice el texto al final: "Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos".
Lo que entramos aquí es un relato histórico de la primera iglesia que aparece en la Biblia, la primera iglesia. Déjenme tratar de explicarles un poco lo que está sucediendo. Hay una clara multitud reunida en lo que se conoce como el día de Pentecostés. Y básicamente la idea es que el Espíritu Santo está siendo derramado sobre todos ellos. Y en un momento toda esta multitud empieza a experimentar cosas impresionantes. La Biblia les dice prodigios y señales. Y es interesante pensar que todos ellos empezaron de alguna manera a responder a eso que estaban viendo.
Esa multitud era muy especial. Esa multitud estaba formada por gente de diferentes naciones, diferentes culturas, y ahora todos estaban juntos. Y unánimes ellos estaban tratando de proclamar y responder a lo que estaban viendo. Por lo tanto, lo que encontramos aquí es una circunstancia, una ocasión extremadamente interesante, pero al mismo tiempo extremadamente confusa. Todos juntos hablando al mismo tiempo, diferentes idiomas. Usted tiene que imaginarse la escena.
Y dice el relato bíblico que entonces, en medio de toda esa confusión, el apóstol Pedro se puso de pie para lo que se conoce como su primer sermón. Básicamente lo que Pedro, inspirado por Dios, hizo fue tratar de explicar a toda esta gran multitud qué era exactamente lo que estaba pasando. Todos estos prodigios, todas estas señales, todos estos milagros. Y más específicamente, Pedro fue movido a proclamar el Evangelio. Básicamente le dijo a los judíos que estaban allí reunidos, provenientes de Jerusalén: "Ese Jesús de Nazaret, a quien ustedes han crucificado, es Mesías y es el Señor". Proclamó el Evangelio, y la respuesta que esta multitud dio a ese mensaje fue realmente impresionante. Fue impresionante lo que sucedió allí.
Miren conmigo aquí en Hechos capítulo número 2. Quiero que vean conmigo desde el verso 37. Luego que Pedro lo dice: "Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: 'Hermanos, ¿qué haremos? ¿Qué vamos a hacer con todo esto que hemos escuchado?'". Y dice el verso 41: "Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil almas". El relato bíblico dice que los que empezaron en la reunión eran ciento veinte. Y cuando el apóstol Pedro predicó por primera vez, se convirtieron tres mil. Escuchen esto: en la primera reunión, en el primer domingo de esta iglesia, había ya tres mil veinte personas. Eso fue un tremendo domingo. Un buen domingo. Es impresionante lo que Dios estaba haciendo allí.
Yo quiero enfatizar lo siguiente. No hay nada relacionado a una iglesia en el Antiguo Testamento. Esta es la primera vez en la Biblia que se está describiendo lo que es una iglesia. Hablamos del nacimiento de lo que es la iglesia. La pregunta es: ¿cómo era esa iglesia? ¿Cómo ellos vivían? O quizás la pregunta más importante es: ¿podemos nosotros ser como esa iglesia que está ahí?
Piense por un momento en esto. Imagínese que usted nunca iba a un servicio de una congregación. Imagínese que usted nunca ha visto en un programa por televisión lo que se hace en una iglesia. Imagínese que lo único que usted ha leído es exactamente la porción de la Biblia que hemos leído hoy, Hechos capítulo 2. Usted leyó cómo ellos vivían. Y con ese conocimiento usted llega aquí hoy, entra por esas puertas. La pregunta es: ¿es lo que usted ve aquí similar a eso? ¿Somos nosotros como iglesia lo que Dios hizo con esa primera iglesia? ¿Es esto lo que tú esperas que pase? ¿Qué espera Dios con nosotros como iglesia?
El punto es este: esta primera iglesia en Jerusalén, ellos entendieron muy temprano la necesidad de vivir juntos, de exponerse a Dios juntos. Adoraban juntos, comían juntos, tenían todo en común. Y ellos son un tremendo modelo para nosotros aprender cómo podemos nosotros como iglesia crecer en la misma dimensión que esta primera iglesia.
Así que yo les tengo como una propuesta: siete características que podemos aprender de esta primera iglesia en Jerusalén y que son de alguna manera características que nosotros hoy podemos imitar. ¿Qué llamamos nosotros una iglesia bíblica? ¿Cómo andamos nosotros con relación a esas siete características? Vamos a ver cada una en detalle.
Lo primero que encontramos es que esta iglesia fue una iglesia centrada en la Palabra de Dios. En segundo lugar, era una iglesia que promovía la comunión, el vivir juntos. En tercer lugar, era una iglesia saturada de oración; continuamente oraba. En cuarto lugar, ellos experimentaban el poder del Espíritu Santo entre ellos. En quinto lugar, fue una iglesia muy generosa. En sexto lugar, fue una iglesia muy gozosa. Y séptimo, fue una iglesia bendecida por Dios. Siete características de la primera iglesia que encontramos registrada en la Biblia. ¿Cómo podemos nosotros crecer en eso?
Vamos a la primera entonces. La primera iglesia fue una iglesia centrada en la Palabra de Dios. Dice aquí en Hechos capítulo 2, verso 42: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles". Recuerdan ustedes, Pedro predicó y tres mil fueron bautizados en aquel día. ¿Qué predicó Pedro? Él predicó el Evangelio. Lo que aquí se traduce como la enseñanza de los apóstoles. La iglesia es el lugar que Dios ha señalado para que podamos conocer de su Palabra. De eso se trata.
Cuando Pablo escribió a Timoteo, un joven pastor, escuchen esto. Solamente escuchen, no tienen que buscarlo. Segunda de Timoteo, capítulo 2, verso 2 dice: "Y lo que tú has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros". Es lo que se conoce como el ciclo de reproducción de enseñanza. El apóstol Pablo le enseñó eso a este joven pastor Timoteo. Ahora le manda a Timoteo que eso mismo se lo enseñe a hombres idóneos, para que a su vez esos hombres idóneos puedan enseñar a otros. La iglesia existe porque la Palabra de Dios existe. La iglesia es el lugar para crecer en eso.
Más adelante, Primera de Timoteo, capítulo 4, verso 16, dice: "Ten cuidado de ti mismo y también de tu enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para aquellos que te escuchan". Hermanos, nosotros somos gente de la Biblia. Nosotros somos gente de la Palabra. Cuando el profeta quiso describir la razón por la cual el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento perecía, dice Oseas capítulo 4, verso 6: "Mi pueblo perece por falta de conocimiento".
Entonces, si vamos a ser una iglesia bíblica, la iglesia tiene que proclamar la Biblia, el Evangelio. Eso es lo que necesitamos. Este es el lugar para eso. Si tú lo que quieres es aprender acerca de música, entonces vete al conservatorio. Si tú lo que quieres es aprender a jugar pelota, ve al estadio. Si tú lo que quieres saber es la situación política en los Estados Unidos, pues prendes CNN en español. Si tú quieres saber cómo la gente desperdicia su tiempo, vea Facebook. Pero si tú quieres saber qué dice Dios en su Palabra, ven a la IBI. Este es el lugar para la Palabra.
Una de las razones por la que yo amo esta iglesia es porque el liderato de esta iglesia está comprometido con la Palabra. Cada domingo la Palabra es proclamada. Los líderes de la iglesia tienen una seria intención de que aquí crezcamos en la Palabra. La iglesia existe para poder enseñar la Palabra.
En segundo lugar, otra característica especial de esta iglesia es que ellos promovían la comunión. Miren cómo dice Hechos capítulo 2, verso 42: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles", y dice también: "y a la comunión". Se dedicaban continuamente a la comunión. Una cosa es estudiar la Biblia, que eso es una parte importante. Lo otro es cómo somos retados por la Biblia. ¿Cómo vivimos la Biblia? ¿Cómo respondemos a lo que aprendemos de la Biblia? Esta iglesia, la primera iglesia registrada en la Biblia, ellos eran intencionales en dedicarse a la comunión. La palabra en el original lo que refleja es compañía, sociedad, compartir.
Si tú recibes al Señor Jesucristo, tú vienes a ser un discípulo de Cristo. Y tú vienes a ser parte de la familia de Cristo. Es una familia, es estar juntos en todo, es practicar la comunión. Entonces me dices, la iglesia no es para gente que son como Rambos, con un cuchillo en la boca saltando montaña. Eso no es la iglesia. La iglesia es una familia.
Hay gente que dice: "Pastor, yo quiero decirle algo, yo soy miembro de la iglesia universal". Y usted sabe qué es lo que yo quiero decir con eso: "Yo no me congrego en ningún sitio, yo no me someto a hombre, yo me someto a Jesús y soy miembro de la iglesia universal". El problema con eso es que la iglesia universal está reflejada en la iglesia local. Si tú no eres parte de una iglesia local, tú tampoco eres parte de la iglesia universal. La vida cristiana es una vida esencialmente para vivir en comunión.
Vean un texto, creo que este texto lo busquen conmigo. Hebreos capítulo 10, si son tan amables. "Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió". La pregunta del millón de dólares es: ¿cómo yo mantengo firme la profesión de mi esperanza? Verso 24: "Considerémonos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras". Ahí está la idea de lo que es comunión. Vivimos en una familia donde continuamente nos estamos ayudando, donde nos estamos estimulando, exhortando al amor, a las buenas obras. Dice el verso 25: "No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que aquel día se acerca".
Déjeme decirle que cuando Jesús nos salva, inmediatamente iniciamos un proceso que se llama santificación. Dios está en el negocio de formarnos a la imagen de su Hijo. Una ilustración que a mí me encanta usar es la de un escultor. Yo no sé si usted ha tenido la experiencia de ver un escultor trabajando. Son artistas. Lo que ellos hacen es, en un lugar específico le ponen un pegote de no sé lo que es que ellos han traído, y ellos tienen aquí como una foto o algo que se supone es lo que ellos van a recrear. Ellos empiezan con el cincel, al darle como un tiempo, y luego cuando ellos terminan es simplemente impresionante lo que usted ve. Ese pegote de algo ahora resulta una obra de arte.
Dios está haciendo eso con nosotros. Jesús nos recibe como un pegote de algo y Dios por su Santo Espíritu empieza a transformarnos a la imagen de su Hijo. La idea es: Dios te recibe como eres, pero te ama demasiado para dejarte así. Ahora Dios comienza a transformarte a la imagen de su Hijo Jesucristo. Entonces usted llega a la vida de fe y usted tiene problemas de que si la ira, fácil, le dan y lo van transformando. Usted llega a la vida de fe y tiene problemas con las palabras, la boca, cómo la usa, te van dando. Tiene problemas con ser impaciente, y la idea es de poder, tanto, pum, cada vez nos parecemos más a Jesucristo. Eso se llama santificación.
La manera como Dios lleva a cabo la santificación es exponiéndote en una comunidad de fe. La santificación es un proyecto de comunidad. Tú no creces en santidad si vives por tu cuenta solo en el aire, sino te integras a los salvos. La bendición más grande que Dios nos ha dado es ponernos en una familia de la fe. Y en la familia, si necesitamos ánimo, alguien nos anima; si lo que necesitamos es un jalón, alguien nos lo da. Pero la idea es: vamos poco a poco creciendo cada vez más como la imagen del Señor Jesucristo.
Somos parte de una familia. El gran problema que muchos de nosotros tenemos es que amamos demasiado al individualismo. Vivimos muy centrados en nosotros, a veces nos dificulta hasta juntarnos con alguien porque estamos demasiado ocupados. Y para poder crecer en comunión tenemos que aprender a sacrificar algo. No vamos a crecer en comunión con alguien si no aprendemos a sacrificar algunas cosas. La comunión solo es posible cuando nosotros somos muy intencionales en crecer en eso.
Vamos aquí, miren esta iglesia. En el verso 42 dice: "Se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan". Así como hacemos aquí, una vez al mes tenemos un miércoles que lo separamos para Santa Cena, la comunión, venimos como familia, y esa es la idea.
¿Cómo era la primera iglesia? En primer lugar, era una iglesia centrada en la Palabra. En segundo lugar, era una iglesia que promovía la comunión, estaban juntos. En tercer lugar, era una iglesia saturada de oración. Era una iglesia saturada de oración. Era una iglesia que oraba. Aquí mismo en el verso 42: "Se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y también a la oración". Esta gente, desde el día uno que comenzaron, ellos sabían la importancia de orar como iglesia. Ellos estaban conscientes de su dependencia de Dios.
La Biblia nos llama a orar. Dice Juan capítulo 14, versos 13 al 14: "Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre", dice Jesús, "yo lo haré". La oración es un deber en la vida del creyente.
Cuando Jesús estaba enseñando a los discípulos en Mateo 6, que es parte de lo que se conoce como el Sermón del Monte, los discípulos veían a Jesús cómo oraba y ellos le dijeron: "Enséñanos a orar". Y ahí está en Mateo 6 lo que se conoce como el Padrenuestro, una oración modelo, no para que uno lo repita como un papagayo, sino como un modelo que podemos seguir. Pero es interesante que cuando Jesús llega al tema de la oración, él les dice: "No sean como los hipócritas, que ellos oran para ser vistos delante de la gente. Cuando tú ores, ve a tu aposento, y en lo privado ora a tu Padre en secreto, y tu Padre te va a recompensar en público, porque vuestro Padre ya sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis".
Oye, ¿qué es esto? ¿Por qué orar? "Porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes de que le pidáis". Y yo digo, pero eso es como una contradicción. ¿Usted no ha escuchado hermanos diciendo cuando oran: "Ay, Señor, si tú supieras lo que me está pasando"? Y yo digo, ¿cómo que si Dios sabe lo que te está pasando? Dios no solamente lo sabe, Dios ordenó lo que te está pasando. Entonces la pregunta legítima es: ¿para qué voy a orar si Dios sabe? ¿Para qué voy a orar si Dios ya sabe? Bueno, nosotros no oramos para informar a Dios de nada. Nosotros oramos para glorificarle. Son dos cosas muy diferentes.
Miren el texto aquí otra vez. Juan 14:13, o escúchenlo: "Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado". Como iglesia somos un pueblo que ora. Somos un pueblo que ora porque queremos glorificar a Dios. Es un humilde reconocimiento de que sin Dios nada podemos hacer. Cuando nosotros oramos como iglesia, lo que estamos diciendo es: sabemos cuáles son nuestras debilidades, pero al mismo tiempo sabemos cuál es el poder de Dios en Jesucristo. Cuando oramos como iglesia, lo que estamos diciendo es: conocemos nuestras limitaciones, pero al mismo tiempo conocemos las preciosas promesas de Dios en Cristo Jesús.
Por lo tanto, somos una iglesia que ora. Ellos tomaron, esta gente, muy en serio estas cosas. Esta es una iglesia, la primera iglesia en Jerusalén, que ellos creían en la oración. En cualquier circunstancia, cuando ellos no entendían, cuando no podían, ellos iban en oración.
Déjeme dar un ejemplo. Ahí mismo en Hechos capítulo 1, miren conmigo. Hechos capítulo 1, miren el verso 14: "Todos estos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración, junto con las mujeres y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de él". Ahora, van ellos, se reunían para orar. Por ejemplo, ustedes saben que uno de los discípulos, Judas, fue traidor de Jesús. Ahora ellos tienen que reorganizar. Eso significa que ellos tienen de alguna manera que reemplazar a Judas con alguien nuevo. Aparentemente había dos hombres con buenas cualificaciones para eso, pero la iglesia no sabía qué hacer con eso.
Y miren esto, lo que sucedió. Vamos a leer con ustedes juntos. Miren aquí. Hechos capítulo 1, versículo 23. ¿Qué vamos a hacer para reemplazar a Judas? Dice: "Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, al que también llamaban Justo, y a Matías". ¿Qué hacemos con estos dos hombres? Verso 24: "Y habiendo orado, dijeron: Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos tú has escogido". Cualquier motivo de necesidad, cualquier motivo de preocupación, ellos sabían traducirlo en un motivo de oración. No sabían qué hacer. Ahora, el pastor John Piper dice: "Nosotros sabemos qué hacer cuando no sabemos qué hacer". ¿Qué hacemos? Orar.
Esta primera iglesia era una iglesia saturada en oración. Saturada en la oración.
En cuarto lugar, era una iglesia que experimentaba el poder del Espíritu Santo. Experimentaba el poder del Espíritu Santo. Quiero que vean conmigo. Hechos capítulo 2, dice el verso 43: "Y sobrevino temor a cada persona, y muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles". Yo quiero llamar la atención aquí a la palabra que se traduce como "temor" en el texto. La traducción es un temor sobre todo reverente. Es como cuando hay, qué han oído, esa expresión que dice "un silencio fúnebre en la sala", y todo el mundo está en la expectación de algo o está muy asombrado por algo.
Es más o menos la idea que aparece aquí. Espero un momento muy especial. Recuerde, es la primera vez que se reúne. El apóstol Pedro predica la palabra. Dice que muchas cosas estaban sucediendo. Dios derramó su Espíritu. Y ellos estaban descubriendo, experimentando, enfrente de ellos, muchas cosas que no tenían explicación. Muchos de los que estaban allí fueron confrontados en sus corazones por sus pecados. Recuerden, una de las cosas que Pedro les dijo fue: ustedes crucificaron a Jesús. Ese Jesús que ustedes han crucificado es el Señor. Ese Jesús es el Mesías. Sus corazones entonces fueron confrontados. Su corazón estaba en tristeza, su corazón estaba roto y ellos dijeron: ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué hacemos?
Y miren las respuestas en el verso 38. Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre del Señor Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Ese es el proceso que la Biblia prescribe para trabajar con nuestras culpas. Cuando Pedro expuso el Evangelio, ellos tuvieron convicción de sus pecados. ¿Qué hicieron con esa convicción? Vengan, lo que Pedro le dijo: arrepiéntete, cambia tu manera de pensar, cambia tu manera de vivir. Si tú estás aquí o escuchas y Dios trae convicción a tu corazón por la manera como vives o has vivido, ven a Jesús. Hay perdón de pecados en Jesús. Él puede salvarte, Él puede cambiar tu vida para siempre.
Y lo que Pedro proclamó en ese primer sermón fue exactamente eso. Y ahora la verdad, le dijo arrepiéntense, ahora bautícense. En otras palabras, como explicaba el pastor Miguel en su tesis, eso que ha sucedido en el corazón internamente, vamos a hacerlo ahora público como una señal. Bautízate, es un reconocimiento de decir en lo adelante Jesús es mi Señor. He dado de una manera ahora entregado mi vida a Cristo. El punto que queremos resaltar es este: ¿Cuál es la promesa cuando alguien hace eso? Dice aquí: Y recibiréis el don del Espíritu Santo. ¿Saben qué? Eso pasó. Ellos hicieron justamente lo que Pedro le dijo. Ellos se arrepintieron, ellos entregaron sus vidas a Dios y fueron bautizados, y vino el poder del Espíritu entre ellos.
Yo quiero leerle de nuevo el texto. Si yo te fuera a preguntar a uno de ellos de los que estaban presentes allí: ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Cómo te sentías ahí? ¿Cómo explicas la situación? Aquí está, verso 43, Hechos 2:43: Sobrevino temor a toda persona. Esta palabra temor es la palabra. De nuevo, en el Nuevo Testamento la palabra en el idioma original, en el griego, que se usa y traduce como temor solo aparece unas cuantas veces en el Nuevo Testamento. Y cada vez que aparece esa palabra significa algo muy grande alrededor. Es ser expuesto a una circunstancia que no tiene explicación humanamente. Es la respuesta del corazón a algo que no puede ser explicado. Y lo traducen aquí como temor. Mejor me pone la humedad.
Yo le decía en el servicio pasado a los hermanos, yo fui profesor de Escuela Dominical por muchos años. Y una de las cosas que yo disfrutaba de Escuela Dominical con los niños es poner la Biblia en colores. Cuando estas historias están en la Biblia hay que revivirlas otra vez, si no se pierde todo el sentido. Déjenme hacer eso con ustedes. Esa palabra que aquí en Hechos 2 se traduce como temor, voy a buscar otro pasaje donde aparece la misma palabra para que usted le entienda en qué sentido se usa eso.
Vengan conmigo en Lucas capítulo 7 por favor. Vayan conmigo aquí, Lucas capítulo 7. De nuevo, déjenme graficar la Biblia por relación a esto. Esta es la narrativa. Lucas 7 va a hablar de un evento muy particular que sucedió en el ministerio del Señor Jesucristo. Dice aquí Lucas 7 capítulo 11: Aconteció poco después que Jesús fue a una ciudad llamada Naín. Dime si es el único sitio en la Biblia entera donde aparece esa ciudad. En realidad era una villa muy pequeña. Pero Jesús se dirigió a Naín para hacer esto. Así que si usted era de un pueblo del sur de San José de Ocoa o lo que sea, o de Quita, no tiene que preocuparse por eso. Hay gente de Naín y aparecen en la Biblia.
Dice Naín, ¿qué pasó? Jesús y sus discípulos estaban ahí entrando a la ciudad y van con él acompañándolo, acompañados por una gran multitud. Y cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, aquí sacaban fuera un muerto, hijo único de su madre, y ella era viuda, y un grupo numeroso de la ciudad estaba con ella. Yo quiero por favor que usted se transporte a lo que está pasando. Esto era un funeral, pero un funeral de pueblo. Ahí no había funeraria Blandino ni nada de esas cosas. Y usted se muere y ahí mismo resuelven. Lo visten, lo cargan, era un pueblo, y van la gente cargando. Y los de Jesús inmediatamente vieron la situación.
Hay varias cosas que el autor del Evangelio, Lucas, nos dice. Ese Lucas era un médico de profesión, así como es el pastor Miguel. Entonces hay muchos detalles en el Evangelio de Lucas que son especiales. Por ejemplo, dice que era un muerto, un joven. Segundo, dice que su mamá era una viuda. No tenía nadie. Dice que el hijo era único. Significa que esta mujer lo perdió todo. Todo. Y Jesús se topó con esto. Imagínate. Dice el texto que había una gran multitud. Había mucha gente.
¿Qué pasó? Verso 13: Al verla, a la señora, el Señor tuvo compasión de ella. Esto es una de las cosas más hermosas de Jesús. Jesús no pudo permanecer indiferente a una situación así. Ante una pérdida tan grande tuvo compasión. La palabra que se usa en el idioma original es las entrañas por dentro, como vieron, gracias. Ese es nuestro Jesús. Jesús se compadece de nosotros. Tiene compasión. Se compadeció de la señora.
¿Y qué hizo? Dice aquí que al verla, dice el verso 13, tuvo compasión de ella y le dijo: No llores. Dime si él tenía un entrenamiento en consejería bíblica. Eso fue un mal consejo. Usted se imagina una viuda, el único hijo muerto, en el entierro, y lo que usted le dice: no llores. ¿Qué usted cree iba a pasarle a usted? Eso fue un pésimo consejo. Excepto si usted tiene algo más grande que ofrecerle. Solo Jesús puede hacer eso. Solo Jesús. Es un gran Salvador.
¿Qué pasó? Yo quiero por favor que te sea el transporte. Dígame si se le ocurre ver un pueblo de estos, Baní, o San José de Ocoa, y es el día. ¿Qué pasó? Verso 14: Y acercándose tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Señores, se paró la procesión. Y adelante, en medio de todo el pueblo. Y yo no sé, usted sabe que siempre son cuatro los que cargan la caja. Yo no sé lo que pasó, la que yo me imagino que pusiera en la Biblia ahí. Se detuvieron, eso es lo que tocó.
Y aquí está lo más maravilloso. Jesús dijo: Joven. ¿Saben quién era joven? El muerto. A un muerto Jesús le está hablando. Jesús dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Levántate de ahí, dijo Jesús. ¿Y qué pasó? Esto es lo más interesante. Usted se imagina allá en esa multitud de gente, y un señor que usted no conoce diciéndole al muerto: Levántate. ¿Qué usted pensaría? ¿Está loco? Y dice el que había muerto se incorporó y comenzó a hablar. Imagínese la escena, el tipo de la caja, que le dicen: Levántate. Y él se levantó. ¡Qué calor hace aquí! Y toda esa gente. Yo no sé qué fue lo que dijo. Pero se levantó, y habló, y Jesús dice aquí, preciosa mente: Lo entregó a su mamá.
Ahora, ¿qué usted cree que pasó con la gente que estaba ahí? ¿Habrán tirado alguna foto? ¿Un selfie con Jesús? No, no. Entonces, seguro que no. ¿Qué dice qué pasó? Dice el verso 16: El temor se apoderó de todos. Esa palabra temor es la misma que aparece en Hechos. Está bien. El temor se apoderó de todos, y a donde les llevó ese temor: glorificaban a Dios diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Eso decían.
Ellos experimentaban el poder del Espíritu Santo cuando Dios toma cosas ordinarias y las toca con el poder de su Espíritu, sucede algo extraordinario. Dios está en medio de su pueblo. Nosotros no necesitamos ver una persona muerta físicamente levantarse para ver el poder de Dios. Nosotros vemos personas muertas espiritualmente y están glorificando a Dios aquí. Cuando Dios rescata una persona que andaba en tinieblas y ahora la pone a vivir en la luz, cuando una persona estaba sin esperanza y ahora abraza las promesas de Dios en Jesucristo, cuando una persona estaba perdida en sus pecados y ahora vive una vida para Jesús en santidad, cuando una persona estaba muerta espiritualmente ahora vive para Él, solo Dios puede hacer eso.
¿Y qué debe hacer su pueblo cuando ve estas cosas? Temor de decir: Dios está aquí. Eso no hay manera de explicarlo humanamente. Dios está aquí, el poder del Espíritu de Dios. Iglesia amada, ¿qué tanto celebramos el poder de Dios aquí en medio de su pueblo? ¿Qué tanto celebramos la obra de su Espíritu en medio nuestro? Cuando somos atraídos a su verdad, nuestras vidas son transformadas, estamos creciendo a su imagen. ¡Qué tan impresionados estamos de ver el poder de Dios en medio de su iglesia!
La primera iglesia fue una iglesia que se enfocaba en la Biblia, centrada en la Palabra. Era una iglesia que promovía la comunión. En tercer lugar, era una iglesia que también estaba saturada de la oración, una iglesia que se reunía para orar. Cuarto lugar, disfrutaban el poder del Espíritu en medio de ellos. En quinto lugar, la primera iglesia fue una iglesia generosa. Era una iglesia distinguida por su generosidad.
Miren conmigo aquí de nuevo, Hechos capítulo 2, vamos de nuevo a Hechos. Hechos capítulo 2, voy a leer el verso 44 al 46: Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común, vendían todas sus propiedades y sus bienes, y los compartían con todos según la necesidad de cada uno, y día tras día continuaban unánimes en el templo, y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.
Esta iglesia, esta primera iglesia, aprendió a vivir juntos como una familia. Déjenme decirle, eso era el día de Pentecostés, el contexto, y muchas de estas gentes venían de tierras muy lejanas y llegaban a Jerusalén.
De manera que los hermanos proveían alojamiento para esta gente. Y una persona que se suponía que venía para una fiesta que se celebraba por una o dos semanas, ahora conoció de Jesús, entregó su vida a él, y estaba fascinado con la experiencia que se vivía. Ya ahora no querían regresar. El huésped que se suponía que iba a ser un fin de semana, ahora terminó viviendo permanentemente ahí adentro. Y esta gente proveyó para eso. Esta gente vivía junta.
Yo recuerdo cuando yo era pequeño, allí en Santiago, mi papá me decía: "Mira, esa es tu habitación, esa es tu habitación, duerme ahí, excepto si llega la visita." Entonces, adivinen qué, casi todos los fines de semana había visita en casa. Entonces yo aprendí que eso era mío, pero no era mío. ¡Qué bendición tan grande hizo eso en mi vida! Y padres que están aquí, enseñen a sus hijos la bendición de la generosidad desde temprana edad. Enseñen a sus hijos que debemos estar listos para compartir lo que sea. Enseñen a sus hijos que es bueno sacrificarse para bendecir a otros. Es bueno ser intencionales en practicar la hospitalidad.
Eso trae sacrificio a la familia. La comodidad se sacrifica, la privacidad se sacrifica, pero dice la Biblia que algunos sin saberlo hospedaron ángeles. Es muy bueno que toda la familia se disponga a eso, eso es una gran bendición. Eso pasaba aquí. Esta gente estaba hospedando a todo el que llegaba. Compartían juntos, vivían juntos. Simplemente reconocían que lo que tenemos viene de Dios. Viene de Dios. Y Dios nos bendice cuando usamos lo que él nos da para bendecir a otros. Practicar sobre todo la hospitalidad, la hospitalidad. Una de las cosas que nosotros como cultura llevamos de ventaja a otras naciones es esa. Somos una cultura que practica estas cosas y debemos ser aún más intencionales en eso.
Es el reto de vivir juntos. Uno de nuestros problemas es gramatical. Nosotros casi siempre estamos operando en la primera persona del singular en gramática del español, cuando Dios espera de nosotros que vivamos en la primera persona del plural. Nosotros pensamos: "Yo, es mío, es para mí", y todo es individualizado. Y Dios nos llama a vivir pensando en nosotros, nuestro, nosotros. Es un gran signo de madurez cuando nosotros aprendemos a vivir, no en la primera persona del singular, sino en la primera persona del plural, porque somos una familia. Eso se llama madurez cristiana.
Yo doy muchas gracias a Dios por esta iglesia. Esta es una iglesia muy generosa, muy generosa. Hay ministerios aquí en esta iglesia corriendo que asisten a aquellos que están en necesidad, proveyendo alimento, ropa, medicina. Está en el corazón de nuestros líderes alcanzar la comunidad para que podamos servir. Así que hermano que estás aquí, tú eres parte de esa familia. Y una de las cosas que tú te tienes que preguntar es: ¿Cómo puedo yo servir en ese propósito? ¿Cómo puedo yo bendecir a otros? ¿Cómo puedo sumarme a ese propósito? Dios está usando esta iglesia para alcanzar a muchos aun en otras naciones. Eso es un gran signo de bendición. Dios es bueno con esta iglesia.
¿Cómo fue la primera iglesia en Jerusalén? Una iglesia centrada en la satisfación, promovía la comunión, saturada en oración, disfrutaban el poder del Espíritu Santo. En quinto lugar, fue una iglesia generosa. En sexto lugar también fue una iglesia gozosa; había gozo en esta iglesia.
Vean aquí, Hechos capítulo 2, versículo 46: "Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, y comían juntos con alegría y con sencillez de corazón." Comían juntos con alegría y con sencillez de corazón. Eso no debe sorprendernos de esa iglesia. Una iglesia que experimentaba el poder del Espíritu de Dios, una iglesia que experimentaba la generosidad dando de lo que Dios le daba, es obvio que será una iglesia gozosa, una iglesia con gozo.
Parte del tema aquí es esa sencillez de corazón. Dice el versículo: sencillez de corazón. En el original la idea es que estaban unidos. Esa iglesia estaba unida, la gente no era tan complicada. Ellos eran felices con lo que había, comían juntos. Nadie pensaba que tenía más que el otro, dice sencillez de corazón. No había tanta queja, la gente era feliz, agradecida con lo que Dios le había dado. Estaban listos para bendecir y recibir bendición. Sencillez de corazón. No habrá gozo si no hay sencillez de corazón. No habrá gozo si no hay unidad, y la unidad comienza con ser agradecidos.
Siempre, siempre, siempre hay razón para estar agradecidos a Dios, siempre. Lamentaciones 3 dice que las misericordias del Señor son nuevas cada mañana. Mi pregunta es: ¿Tú crees eso? Mi pregunta es: ¿Tú ves esas misericordias cada día? Mi pregunta es: ¿Tú disfrutas las misericordias de Dios cada día, de tal manera que fueres agradecido a Dios? Nosotros necesitamos cultivar más gratitud. Curioso, a veces nos quejamos mucho. A veces nos quejamos demasiado, y preocupados o por estar enfocados en lo que no tenemos, perdemos la oportunidad de ser agradecidos por lo que sí tenemos. Tenemos mucho, tenemos más de lo que merecemos. Más de lo que merecemos. Esta era una iglesia que estaba junta, disfrutaban juntos con alegría, con sencillez de corazón.
Escuchen esto. Escuchen las palabras del apóstol Pablo a la iglesia en Filipenses. Es de Filipenses 2: "Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo," dice el apóstol Pablo. "Si ustedes tienen algo en que quieran complacerme, háganme esto: siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito." Filipenses capítulo 2, versos uno y dos. Tenemos que pedirle a Dios: danos el mismo sentir. El gozo viene como consecuencia de la unidad. La unidad viene como consecuencia de tener un espíritu de gratitud a Dios. Dios es glorificado cuando hay un pueblo unido, porque esa unidad crea un pueblo gozoso, un pueblo que da gracias a Dios por todo lo que tiene.
Y finalmente, la iglesia en Jerusalén también fue una iglesia bendecida por Dios. Una iglesia bendecida por Dios. Vean el verso 47 aquí. Dice: "Alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor," dice, no el pastor, sino el Señor, "¿qué hacía el Señor con esta iglesia? Añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos."
Lo primero que encontramos aquí es que esta fue una iglesia que encontró favor en medio de su comunidad. Dice que tenían el favor del pueblo. Véanlo ahí conmigo: "Hallando favor con todo el pueblo." La iglesia, la comunidad alrededor se identificaba con esta iglesia. La comunidad era impactada al ver las vidas que estaban siendo transformadas en medio de ellos. Los incrédulos veían lo que estaba pasando ahí y veían algo bueno. Tenían el favor de ellos.
No solamente eso, también una iglesia que crecía. Dice que Dios añadía gente. No dice el pastor, los pastores, los líderes. Dios añadía cada día más gente, día tras día, los que habían de ser salvos. Y yo digo: gracias a Dios por esta iglesia. Gracias a Dios por la iglesia. Es maravilloso cómo Dios está bendiciendo esta iglesia. Es maravilloso cómo Dios está usando esta iglesia para hacer puertas del cielo, casa de salvación para muchos. Yo le doy gracias a Dios cada vez que veo un bautismo aquí. Cómo tantos siguen llegando, sus vidas son transformadas. Milagros tras milagro siguen sucediendo y Dios usando a esta iglesia.
¿Cómo era la iglesia? La primera iglesia en Jerusalén. ¿Cómo ellos vivían? ¿Cómo servían a Dios? Esa es una iglesia que en primer lugar era centrada en la satisfación. La satisfación era vital para ellos. Segundo, era una iglesia que promovía la comunión entre ellos. En tercer lugar, era una iglesia que oraba continuamente por todos sus retos; entonces se unían a orar. En cuarto lugar, ellos experimentaban el poder del Espíritu Santo; tenía el favor del pueblo cada vez que veía lo que sucedía allí. En quinto lugar, era una iglesia generosa; usaba de lo que Dios le había dado para bendecir a otros, compartían todo lo que tenían y era en común. En sexto lugar, era una iglesia gozosa; ellos comían juntos con sencillez de corazón, con alegría. Y finalmente, era una iglesia muy bendecida por Dios.
Nosotros decimos que Dios se agrade en hacer cada día más de esta iglesia una iglesia que le glorifique, una iglesia donde Dios es exaltado, donde su nombre pueda ser proclamado, y que muchas generaciones, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, también puedan conocer de sus preciosas promesas en Cristo Jesús. Vamos a orar.
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Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D