IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Romanos 3:21-26 representa el punto culminante de toda la Escritura, la bisagra sobre la cual gira la historia redentora. Después de sesenta y cuatro versículos describiendo la ruina moral de la humanidad —mente, corazón, voluntad, emociones, todo afectado por la caída—, Pablo introduce un giro radical con dos palabras: "pero ahora". Hasta ese momento, la única forma de salvación era el cumplimiento perfecto de la ley, algo imposible para el hombre caído. La ley funcionaba como espejo que revelaba el pecado, pero era incapaz de removerlo. Sin embargo, ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada.
Esta justicia no es algo que el hombre pueda alcanzar por esfuerzo propio. Es el carácter moral perfecto de Dios, requerido para entrar en gloria, y se recibe únicamente por fe en Cristo Jesús. La ilustración del préstamo bancario lo clarifica: los sacrificios del Antiguo Testamento eran como pagar intereses sin tocar el capital; la deuda permanecía intacta. Cuando Cristo derramó su sangre, pagó el capital completo. Por eso pudo decir "consumado es".
Dios Padre exhibió públicamente a su Hijo como propiciación —para perdón de pecados y para remover su ira contra el pecador—, demostrando así que es justo al no dejar impune la culpa, y al mismo tiempo justificador de quien pone su fe en Jesús. El creyente es declarado justo sin serlo, revestido con el carácter de Cristo. Una vida verdaderamente impactada por este evangelio se distingue por humildad, mansedumbre y disposición a absorber la culpa del otro, tal como Cristo absorbió la nuestra.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Creo que algunos de nosotros, quizás, recuerden que cerramos el mensaje del domingo anterior con Romanos 3:20. Y dijimos en esa ocasión que Pablo estaba cerrando su larga exposición acerca de la ruina moral de la raza humana, que había comenzado a exponer en Romanos 1:18. Pablo usó 64 versículos para explicar con lujo de detalles cuán afectada quedó la raza humana después de la caída de Adán y Eva.
Creo que también, probablemente recuerden, porque lo dije más de una vez, que cuando Adán y Eva cayeron, con esa caída todas las facultades del ser humano quedaron afectadas. Y cuando digo todas las facultades, eso incluyó, pero no se resume ni se limita —es la palabra a la que voy— a lo que voy a mencionar: incluyó su mente, su corazón, su voluntad, sus emociones, sus sentimientos, su capacidad para evaluar la realidad, su deseo o su no deseo por la verdad, y su inclinación y predilección por la mentira. Todo eso forma parte de la naturaleza humana a partir de Génesis 3, donde leemos acerca de la caída.
Si todo lo expuesto en los últimos dos capítulos y medio, más o menos, fuera lo único que tuviéramos como revelación, yo creo que tendríamos razones de sobra para vivir deprimidos profundamente. En vista de que lo que nosotros leímos en los últimos dos capítulos y medio es acerca de un hombre que quedó desprovisto de toda esperanza de poder salir del estado en el cual quedó, y sin ninguna posibilidad, sin posibilidad alguna de poder establecer nuevamente una relación con Dios.
Y ese argumento, que para el uno dieciocho en Romanos comenzó con estas palabras: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad". Esa frase, "la ira de Dios", con la que comienza el argumento, yo no quiero que la olvides porque vamos a regresar hacia el final a esa frase con la que Pablo inició el argumento en el 1:18.
Y luego, cuando él estaba cerrando ese argumento acerca del carácter inmoral del hombre, o acerca de la condición en la que el hombre quedó, estas fueron sus palabras en el 3:20: "Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado".
Pablo habló en Romanos 7:12, y mi memoria no me falla, que la ley es santa, es justa y es buena. Pero a pesar de lo santa, de lo justa, de lo buena que la ley era, la ley no tenía la capacidad de salvarnos. De hecho, ese no era ni siquiera el diseño de la ley. La ley lo único que podía hacer, para lo único que podía servir, era como espejo para dejarme ver mi carácter, mi falta de carácter moral ante Dios, y al mismo tiempo para reflejar el carácter de Dios. Y el problema no radicaba —había un problema con la ley, pero no radicaba en la ley— el problema estaba conmigo, como Pablo expone en Romanos 8: que lo que la ley no podía hacer, por la inhabilidad en el pecador para cumplirla, ese era el problema.
Y recuerda que dijimos que Romanos 8:7 revela que ese hombre con una mente en la carne no solamente no se somete a la ley de Dios, sino que ni siquiera puede. Pero hasta la venida de Cristo, la única forma de salvación posible era el cumplimiento perfecto de la ley, la obediencia perfecta a la ley de Dios, lo cual era una imposibilidad. Pero no había otra forma de salvación.
Ahora, con la venida de Cristo el panorama no solamente que comienza a cambiar: cambió, y cambió radicalmente. Y para Pablo explicar entonces cómo cambió radicalmente el panorama, él ahora, que ya culminó su argumento acerca de la caída moral del ser humano, comienza a explicar fruto de qué ocurrió el cambio. Este es el texto que vamos a moler, y es como la bisagra sobre la cual gira toda la historia redentora. La historia redentora venía hasta este momento, que el texto describe, en una dirección. Y ahora, en ese texto, Pablo describe qué fue lo que le dio la vuelta a la historia redentora para ir en otra dirección.
Escucha ahora entonces lo que escribió en Romanos 3, comenzando en el versículo 21: "Pero ahora" —esa es la bisagra— "pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la ley y los profetas. Esta justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen, porque no hay distinción, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. Todos son justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús".
Yo sé, quizá no les quedó tan claro, pero trataremos de desempacar lo que Pablo expuso en este texto. Déjame mencionarte algunos de los comentarios acerca del texto que leímos de parte de autoridades o académicos de la Palabra. León Morris dice que posiblemente ese párrafo sea el más importante que se haya escrito jamás. En toda la historia del hombre, quizá ese sea el párrafo más importante. Martín Lutero consideró a Romanos 3:21 al 26 como el punto principal y el lugar central de la epístola y de toda la Biblia. Otros teólogos han considerado este párrafo el más esencial o crucial en el libro más esencial de la Biblia. Romanos es el libro, la carta más esencial de toda la Biblia; de Romanos, entonces, este es el punto central. Para mí, este párrafo resume el Evangelio y lo pone en exposición o en exhibición.
Sin lugar a dudas, yo creo que el texto de hoy es el eje, no solamente sobre el cual gira la carta de Romanos, es el eje sobre el cual gira toda la Biblia. Si tú te imaginas la historia redentora como una montaña, y te imaginas que de este lado, en esta ladera de mi mano izquierda, está el Antiguo Testamento, y en esta ladera de la montaña, con mi brazo derecho, está el Nuevo Testamento, la punta de esa montaña, el punto más alto, es el ápex, es la cumbre de toda la historia redentora revelada en ese texto. Si nosotros no entendemos ese texto, será muy difícil entender el resto de la Biblia. Literalmente hablando, es el texto que explica el porqué de la cruz de Cristo y el porqué la salvación de los hombres tenía que darse de esa manera. Y por esa razón yo titulé mi mensaje para el día de hoy: "El Evangelio en despliegue".
Es como si el Evangelio hubiese estado escrito en un rollo de esos rollos de la antigüedad, y que lo hubiesen abierto y lo hubiesen puesto sobre los cielos, y que todo el mundo pudiera mirar hacia arriba y leer en qué consiste el Evangelio.
De manera que, habiendo dicho eso a manera de introducción, yo quisiera comenzar con el texto mismo. El texto comienza con la frase "pero ahora". Es una frase muy paulina, la usa varias veces en sus cartas, usualmente para ayudarnos a ver en qué dirección va a girar o a cambiar aquello de lo cual él venía hablando con relación a lo que va a iniciar hablando. Y eso es lo mismo que ocurre aquí; es una frase clave porque él está introduciendo una idea nueva.
Y entonces ahora él dice: "Pero ahora, aparte de la ley" —claro, porque lo único que ellos conocían y tenían era la ley. De manera que cualquier cosa, cualquier bendición que ellos iban a obtener sería en relación a la ley. Pero él dice: no, yo te voy a revelar algo que, aparte de la ley, no tiene que ver con la ley, y que ha sido puesto de manifiesto en el tiempo presente. Y de lo cual hablaron los profetas y la misma ley. La ley de Moisés atestiguó esto de lo que te voy a decir; fue atestiguado ya en el pasado por la ley de Moisés y los profetas. Ellos estaban apuntando a esto que yo estoy a punto de revelar.
Si tú sigues leyendo, descubres que Pablo no solamente no estaba brindando una nueva información; no estaba brindando una esperanza que hasta ahora no había salido en el libro de Romanos. Es una nueva esperanza que la humanidad cobra a partir de esto que este texto revela.
Y entonces ahora Pablo dice algo como esto: que la justicia de Dios ha sido revelada. La palabra traducida como justicia es una palabra griega, dikaiosýne, un tanto compleja para nosotros en español hasta para pronunciarla. Es una palabra que se relaciona con dos realidades distintas. Hace referencia, por un lado, al carácter moral perfectamente santo de nuestro Dios. Ese carácter perfectamente santo, sin manchas, sin pecado, es el que se requiere para entrar en gloria.
De manera que Pablo está diciendo: yo te voy a decir algo. Con el carácter que ustedes tienen, se pueden pasar la eternidad haciendo buenas obras y ustedes no van a entrar. Pero ahora, aparte de la ley, ese carácter moral de Dios que tú necesitas ha sido revelado. La pregunta sería: ¿cómo adquiero ese carácter? Vamos a llegar ahí, no vaya muy rápido.
Yo no sé si tú prestas tanta atención como yo presto cuando canto, pero nosotros cantamos una canción que tenía una línea que decía: "¡Qué rectitud tú revelaste!" De eso es que Pablo está hablando. Esa rectitud es la justicia de Dios. La palabra en español como que no podemos apreciar eso tanto, porque uno piensa en justicia y se va a las cortes inmediatamente. Pero la palabra justicia, si tú estuvieras leyéndolo en inglés, para no ir ni siquiera al griego que es más complejo para nosotros, otra es righteousness: la rectitud moral de Dios, absoluta, perfecta. Cantamos de eso: "¡Qué rectitud tú has revelado!" Pablo dice: la justicia de Dios ha sido ahora manifestada, lo mismo que cantamos. ¿Cómo se adquiere? Llegaremos ahí.
Por otro lado, la palabra en griego está relacionada también a un estado en el que tú puedes estar. Y ese estado es el estado de ser declarado justo sin ser justo. La pregunta es la pregunta de Job en el capítulo 9:2 del libro que lleva su nombre.
¿Cómo puede un hombre ser declarado justo delante de Dios? Y esas dos preguntas: ¿cómo adquiero el carácter de Dios para entrar en los cielos? y ¿cómo puede un hombre ser declarado justo delante de Dios? Están siendo respondidas en los versículos 21 y 22 y siguientes. De manera que, para ayudarte a entender lo que Pablo está diciendo, te voy a leer esos dos versículos otra vez, pero en otra versión: la Nueva Traducción Viviente.
"Pero ahora, tal como se prometió tiempos atrás en los escritos de Moisés y de los profetas, Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley. Dios nos hace justos a sus ojos" —ahí está la declaración de ser justo— "Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo." Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.
Ahora entendemos quizás un poco mejor. Cristo inicia un nuevo plan —pero ahora— que lo ha puesto en marcha, que no estaba presente con anterioridad, pero la revelación anterior apuntaba a ese tiempo. La ley era incapaz de salvar a los pecadores, como ya dijimos, pero resulta que, aunque la ley era incapaz de salvar a los pecadores, ahora, aparte de la ley —porque la ley no podía salvar— yo puedo encontrar salvación. Y es lo que Pablo quiere que podamos entender: que podemos entender de qué manera un hombre puede ser declarado justo delante de Dios.
Ahora, si yo no pongo mi confianza en Cristo, que es lo que el versículo 22 me dice, lo único que me queda es la ley y, por tanto, la condenación, porque eso es lo único que la ley puede hacer: me mide y me condena. Ahora tengo parte de la revelación. Para encontrar salvación, no lo hago a través de la ley. Número dos: para encontrar salvación requiero el carácter moral de Dios, la justicia de Dios, y eso ha sido ahora revelado. Y lo que ha sido revelado no es solamente eso, sino cómo lo obtengo, y es por medio —versículo 22— de la fe en Cristo Jesús.
Ahora tengo otra enseñanza al final del versículo 22, que me dice que esa salvación, así explicada, está disponible para todos los que creen, porque no hay distinción. En otras palabras, la salvación está disponible para gente de todo pueblo, nación, lengua, raza, en cada continente. Pero ya eso era algo a lo que Pablo había aludido al principio de la carta a los Romanos en 1:16, cuando él dice: "No me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, primeramente del judío, primeramente también del griego." Pablo había dicho exactamente la misma cosa con otras palabras. Ahora en 3:22 él dice que esa salvación está disponible por fe para todos los que creen, porque no hay distinción. En 1:16 dijo que era por medio de la fe, o para todo el que cree, tanto del judío como del griego.
Cuando Pablo escribió a los Gálatas, que quizás haya sido la carta más... el documento más temprano del Nuevo Testamento —algunos piensan que Santiago es el documento más temprano y Gálatas el segundo, pero es una de las cartas bien tempranas que Pablo escribió— oye lo que él dice a los Gálatas en 2:16: "Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley" —ya lo había explicado esto a otros creyentes— "sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús para que seamos justificados" —ahora vamos a hablar de eso un momento— "por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, puesto que por las obras de la ley nadie será justificado."
Entonces, la oferta es para todos sin distinción. ¿Y por qué para todos? El versículo 23: "Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios." Cuando Dios creó a Adán y Eva, los creó a su imagen y semejanza, sin pecado. Ellos no eran una extensión de Él, pero eran un reflejo de lo que Él era, de manera que había cierta gloria en ellos. Eso se perdió con el pecado. El pecado manchó la gloria de Dios en la imagen de Dios que ellos portaban. Ellos no eran... Adán y Eva antes del pecado no eran la fuente de gloria, pero tenían un reflejo de la gloria de Dios. Pero a partir de la caída, ellos dos y sus descendientes éramos incapaces de reflejar la gloria que Dios quiso en un momento dado que sí reflejaran. De hecho, 2 Corintios 3:18 dice que nosotros estamos siendo transformados de un grado de gloria a otro. Claro, porque es que la gloria como Dios les permitió a ellos participar en ella y reflejarla, se perdió.
Entonces, ¿cómo quedamos? En vez de ser hijos de Dios, que Adán y Eva iban a serlo inicialmente, mira cómo Pablo dice que quedamos: como personas que por naturaleza somos hijos de ira —Efesios 2:3— o hijos de desobediencia en Efesios 5:6. Y ahora, en vez de ser luz en el Señor, pasamos a ser tinieblas en el mundo, de lo cual Pablo habla en 5:8 del libro o de la carta de los Efesios. En vez de ser personas libres —Adán y Eva eran libres, su voluntad era libre, no tenían una esclavitud al pecado— en vez de ser personas libres y sin pecado, quedamos como personas esclavas del pecado. En vez de ser personas que crecen, se multiplican y florecen en la tierra, pasamos a destruirnos unos a otros, a nosotros mismos, y a destruir la tierra donde nos habían colocado.
¿Y cuál fue la razón de todo eso? Versículo 23: "Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios." En ese punto, a mí me gusta más la traducción de la Reina Valera de 1960 que dice que fuimos destituidos de la gloria de Dios. Teníamos la gloria de Dios y caímos, fuimos destituidos de la gloria de Dios. Porque la otra traducción es como que nosotros podíamos alcanzar la gloria pero no pudimos, nos quedamos cortos; no nos deja ver que fuimos destituidos. Y el hombre no redimido todavía permanece en esa condición.
Entonces, ya sé que el hombre quedó en una condición de condenación —todos pecaron—, ya sé que el hombre no puede ser salvo por las obras de la ley. Ya sé también, por el versículo 22, que puedo ahora poner mi fe en Cristo Jesús y alcanzar salvación, pero todavía no entiendo bien cómo. ¿Cómo es que Dios logró o logra que el hombre pueda ser salvo?
Versículo 24: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús." Así es que va a ocurrir. Aquí hay dos palabras clave: justificados, y la otra palabra clave es redención. Necesitamos... Hay varias palabras clave en la Biblia que si no las entendemos, no entendemos el resto de la Biblia, literalmente hablando. Aquí hay dos de ellas. Si no entiendo la redención, no sé ni siquiera qué fue lo que Dios hizo con los judíos cuando los sacó de Egipto, porque el texto nos dice que ellos fueron redimidos de la esclavitud de Egipto. No sé ni siquiera tampoco qué fue lo que le pasó al pueblo cuando Dios lo trajo de Babilonia, porque el texto habla de que ellos también fueron otra vez redimidos de Babilonia y de regreso a su tierra prometida. Necesito saber qué es esa palabra redención.
Si no sé lo que es la justificación, no sé cómo el hombre se salva, y si no sé cómo el hombre se salva, me quedo condenado. Si no sé lo que es la palabra perdón, también esto es un problema. Si no sé lo que es la palabra expiación, que la vamos a abordar... pero la cantamos varias veces. "¡Qué expiación tan grande!" ¿Tú la recuerdas? Estaba ahí, la cantamos. Si hay algo que aprecio del tiempo de adoración, oye, es que casi todos los términos que tenía que manejar estaban en las canciones, por no decir todos.
Entonces ahora, Pablo me dice que esto ocurre cuando soy justificado gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús. La palabra "justificados" ahí es esta palabra que mencioné anteriormente: dikaioó. Es una palabra que viene del lenguaje judicial de las cortes. Y tenía que ver con el hecho de que yo entraba a una corte siendo acusado y siendo culpable, y por alguna razón el juez me declaraba no culpable. Cuando salgo de la corte, entonces ya no tengo ninguna penalidad sobre mí.
Pablo me está diciendo que como miembro de la raza humana, yo y todo el resto de la raza humana éramos considerados culpables delante del tribunal supremo de los cielos. La suprema corte celestial declaró que Adán y Eva y todos los descendientes eran culpables ante el Juez. Y ahora Dios tiene que ver de qué forma Él va a iniciar un plan que permita que su justicia sea reivindicada, pero que al mismo tiempo Dios muestre que Él es un Dios justo. Y esa forma de lograrlo, Pablo nos está diciendo que se puede lograr. Tú puedes lograr esa salvación que requiere entonces el carácter moral de Dios, pero se requiere de una sola manera, y es creyendo, poniendo tu fe en Cristo.
Si tú avanzas en Romanos a 4:3, vas a leer que Abraham creyó —ahí está la fe— a Dios, creyó a Dios, y le fue contado por justicia. La fe le fue contada como carácter moral para entrar al reino de los cielos, que eso es la palabra justicia: righteousness, rectitud. Tú encuentras lo mismo en Gálatas 3:6, que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. Tú encuentras lo mismo en Santiago 2:23.
Entonces, nuestro Juez, ahora cuando ponemos la confianza, la fe, en Cristo, nos declara no culpables a pesar de nuestra culpabilidad. No eres inocente, no. Tú eres culpable. Lo que ha pasado es que alguien ha pagado por tu culpabilidad. "Bueno, pero yo no hice absolutamente nada para que me declarara no culpable." No, no existe nada. Para que Dios te declarara justo no hiciste nada, escucha.
Versículo 24 otra vez: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia." Fue gratuita. Aquí está esto dicho dos veces: "por su gracia", lo que implica que no contribuí con nada, y la palabra "gratuitamente" me lo subraya, me lo enfatiza. A ningún pecador su salvación le cuesta nada. Ahora, eso no quiere decir que a nadie le costó nada, no, porque al Redentor le costó su vida, le costó su sangre, le costó un pago muy alto. El pago para que yo fuera liberado, y por tanto ahora su pago hizo posible mi salvación. A mí no me costó nada, pero a Él le costó todo.
En esencia, lo que estamos explicando ahora es la controversia clave central número uno del movimiento de la Reforma protestante. Martín Lutero había sido enseñado la necesidad de buenas obras para alcanzar salvación. Pero él, por más que oraba, por más que leía la Biblia, por más que ayunaba, a dos y tres horas de confesión al día, él se sentía culpable. Hasta que se supone que solo en vía de estudiar el libro de Salmos y el libro de Romanos, de repente él comenzó a descubrir los textos que estamos estudiando y él descubre que la salvación es por fe, es por gracia por medio de la fe. Pero Roma insistía e insiste que la salvación requiere de las obras.
Ahora recuerda, Roma no ha dicho nunca que la salvación es por obras. No, eso yo no lo han dicho. Ellos han dicho que es por gracia más la contribución de mis obras. Y Lutero decía que no, que eso violentaba el espíritu del Evangelio explicado por el apóstol Pablo, de manera que la salvación era por gracia solamente, por medio de la fe solamente, en Cristo solamente. Porque nuestra obra no puede contribuir porque todas están contaminadas por el pecado. Recuerda que el pecado contaminó todas las facultades del hombre. Y simplemente la gracia de Dios dada en la persona de Cristo.
Ya neto, el versículo 24 otra vez, para que veamos algo más: "siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención" —esa es otra palabra clave— "por medio de la redención que es en Cristo Jesús." Esta palabra ahora no viene de las cortes judiciales, viene del mercado. Y específicamente del mercado de los esclavos, donde tú ibas, pagabas un precio, te podías llevar a ese esclavo, o pagabas un precio para dejarlo en libertad. Y entonces tú habías redimido a ese esclavo. Dios, por así decirlo, fue al mercado de esclavos, pero del pecado. Y ahí entonces pagó con la sangre de su Hijo el precio de mi libertad, y cuando ese Hijo ofreció su sangre, Dios me dejó en libertad. De manera que el evangelio le brinda esperanza, pero es una esperanza que no depende de mí ni de mi obra, sino de la obra del mismo Dios en la persona de su Hijo.
De la misma manera que el pecado nos afectó a todos, de esa misma manera, cuando tú vienes a Cristo, el carácter moral de Cristo, la justicia de Dios, el carácter santo y perfecto de Cristo es alcanzable para todos sin distinción, para todos los que creen. Entonces, no hay distinción en cuanto a lo que es la condenación de los hombres, pero tampoco hay distinción en cuanto a cómo yo adquiero la salvación. Eso es verdad para la gente del Antiguo Testamento como para la gente del Nuevo Testamento. No hay dos formas de salvación, una en el antiguo pacto y otra en el nuevo pacto. No, hay una sola forma de salvación, y ahora en un momento explico cómo se salvó la gente del Antiguo Testamento.
Pero la realidad es que cuando Cristo fue a la cruz, Pablo dice en Segunda de Corintios 5:21: "Aquel que no conoció pecado fue hecho pecado por nosotros, para que fuéramos hechos" —ahí viene la palabra— "justicia de Dios en él." Para que fuéramos hechos perfectamente justos sin serlo, declarados justos perfectamente sin serlo delante de Él. Y eso lo hace Dios. Esa es la justificación. La justificación no es futura, ya ocurrió. Cristo no me hizo justificable en la cruz, me hizo justificado en la cruz, y lo que quedaba por verse es la historia futura de mi fe.
Ahora entiendes mejor por qué Pablo dice en Efesios 2:8-9: "Porque por gracia ustedes han sido salvados." Por gracia, no costó a ti. Como Pablo, estamos en Efesios, en la humana. "Por medio de la fe" —tú eres como la mano que recibe la palabra— "y esto, ¿qué es esto? La fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe." O sea que la fe que yo deposito en Cristo, ni eso es mío. "Y esto no es de vosotros, esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios." No por obras, no. Y hablamos porque las obras serán incapaces de hacerlo, pero Pablo me agrega aquí: si fuera por obra tendrías algo de que gloriarte, pero no por obras, no importa cuántas hagas, nos quedamos cortos todavía de la justicia perfecta de Dios.
Ahora tenemos una mejor idea. Ahora, ¿qué fue lo que pasó que mi fe depositada en Cristo tiene una dimensión tan extraordinaria que es capaz de salvarme a mí y a millones de personas? Bueno, está en Romanos 3:25-26. He explicado, escucha, hablando de Jesús, aquí en Dios Padre exhibió públicamente en la cruz, obviamente, como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.
Entonces, aquí es lo que Pablo me está tratando de explicar. Dios Padre le pidió al Hijo que fuera a la cruz, de manera que quien está demandando que en la cruz ocurra algo para que su justicia sea cumplida es Dios mismo. O sea, le pide al Hijo, el Hijo acepta, y Dios Padre exhibió públicamente a su Hijo. Pero, ¿para qué lo exhibió? Bueno, el texto dice como propiciación. ¿Qué quiero decir eso? Bueno, esa palabra es un poco compleja también, pero tiene dos usos principales.
Número uno, hay un uso que tiene que ver con el perdón de pecados o la expiación de pecados. Nosotros cantamos de eso también: "¿Qué expiación, no recuerdo qué sigue, provisto? ¿Qué expiación tú has provisto para el perdón de mis pecados? ¿Cómo? Por medio de la sangre." El término equivalente en hebreo se refería precisamente a eso, al perdón de pecados por medio de la sangre.
Déjame hacer un paréntesis. Si tú regresas al Antiguo Testamento, vas a encontrar que Dios mencionó que una vez al año, en el día de la expiación de pecados para todo el pueblo, el sumo sacerdote entraría al lugar santísimo. Solamente ese día, ese lugar estaba cerrado, tenía una cortina. Solamente ese día, para ofrecer sacrificio para el perdón de los pecados de la nación, de todo el pueblo. No sé si recuerdas cómo eso ocurría. Él ofrecía el sacrificio, tomaba la sangre de los corderos y de los machos cabríos, entraba al lugar santísimo y tomaba esa sangre y la echaba, la aplicaba sobre el propiciatorio, que era la parte superior del arca. La tapa del arca, la cubierta del arca, lo que en inglés llaman "the Mercy Seat", que sería el asiento de la misericordia, pero en español ha sido traducido como propiciatorio en Hebreos 9:5.
Cuando Cristo viene, Él es ahora el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, porque la sangre de los corderos anteriores, el texto de Hebreos dice que no era capaz de quitar la culpa del pecado, simplemente la posponía en espera del verdadero Cordero de Dios. Cuando ese Cordero aparece, ahora Él toma su sangre y no la aplica sobre la cobertura del arca, sino que la aplica, por así decirlo, sobre la cruz de Cristo, su cruz. Y no solamente eso, no lo hace detrás de un velo, a escondidas de todo el mundo, que solamente el sumo sacerdote lo podía ver. No, Él lo hizo a la luz de todo el mundo, fue expuesto públicamente. De ahí la frase que Dios lo expuso públicamente. La sangre fue aplicada entonces para el perdón de nuestros pecados, a diferencia de cómo ocurría en el Antiguo Testamento.
En este caso prefiero la traducción Reina Valera del 2015, no del 60, que habla de que Dios expuso a Jesús como expiación por la fe en su sangre, para el perdón de pecados. Ya ves, la palabra propiciación en primer lugar tiene que ver con el perdón de mis pecados. Dios lo expuso para que mis pecados fueran perdonados.
Pero la palabra tenía una segunda aplicación, o tiene. La palabra propiciación en el mundo pagano, en la antigüedad era usada para referirse a placar la ira de un dios, de una divinidad. Pablo usa ahora la palabra para ayudarnos a entender que Dios verdaderamente estaba irado contra el pecado. Recuerda la frase: "La ira de Dios se revela contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia restringen la verdad." Esa ira, ¿cómo se remueve? Aquí está ahora Pablo explicando. Bueno, esa ira se remueve por medio de un sacrificio y la sangre derramada, que en este caso no es la sangre de un cordero, es la sangre del verdadero Hijo de Dios, que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Mira, es así que cuando Juan escribe su evangelio, en el 3:36 dice que el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él. Si tú no depositas tu fe en Cristo de su manera genuina —no de la boca hacia afuera, simplemente porque un día levantaste la mano, pasaste adelante e hiciste una profesión de fe, no, no, no— de manera genuina. Si eso no ha ocurrido, hermano, hermana, la ira de Dios está sobre ti sin lugar a dudas, esperando el día del juicio final para que la ira entonces te visite para el resto de la eternidad. Y eso no es poca cosa.
Pablo dice: ahora yo estoy hablando de buenas noticias, que no tiene que ser así. Que el Hijo vino, se ofreció, derramó sangre para el perdón de tus pecados hasta el punto que sirvió como expiación de tus pecados y perdón. Y luego entonces también sirvió para remover la ira de Dios que reposa o reposaba sobre ti. Pa, eso es buena noticia.
Escucha a Pablo otra vez en el versículo 25: "A quien Dios, su Hijo, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación" —ya explicamos todo eso— "por su sangre a través de la fe." La ira de Dios me es removida y mi pecado perdonado cuando yo creo. Y de pasito, la fe en Cristo. ¿Para qué Dios hizo todo esto? Como demostración de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente. Lo vamos a trazar.
Dios dice: yo le pedía al pueblo que ofreciera sacrificios, pero en realidad yo simplemente estaba extendiendo mi tolerancia porque los pecados no estaban pagos. Nadie pagó por tus pecados de los santos del Antiguo Testamento hasta que mi Hijo vino y efectuó el pago. Entonces, ¿qué fue lo que pasó? Algunos se recordarán esta ilustración que te di en una ocasión: tú tomas un préstamo al banco.
Llega un momento en que, de hecho, por reproducir el trabajo, no tiene cómo pagar. Con cierta relación, esto ha pasado más de una vez porque yo conozco los casos. Tú vas al banco y le pides o negocias con el banco que te permita pagar los intereses del préstamo sin pagar nada del capital, porque no tiene los ingresos suficientes. Entonces el banco te dice: "Ok, te vamos a ir cobrando los intereses, pero tu deuda queda igualita. Todo lo que tú vas a pagar de aquí en adelante no abona nada al capital; tú sigues en deuda."
Bueno, eso es más o menos como la sangre de los machos cabríos y de los corderos funcionó. Yo estaba pagando los intereses, pero la deuda con Dios seguía igualita. Cuando Cristo viene y derrama su sangre, Él paga la deuda, Él paga el capital debido, el capital moral, y se acabó la deuda. Consumado es. No más deuda, no más intereses. Olvídense de los corderos, que ya no hay intereses que pagar. Esta es la diferencia.
Aquí Dios lo exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia. Claro, porque si Dios no pide, exige, demanda que la deuda que existía fuera pagada, eso no era de un Dios justo. Un Dios justo demanda el pago de lo que se debe. Entonces Dios dice que, como Él pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, ahora Él requirió eso de su Hijo, lo demandó para demostrar su justicia. Dios dijo en Éxodo 34:7 que no dejaría impune al culpable. Volvió y lo repitió en Números 14:18, volvió y lo repitió en Nahúm 1:3.
Entonces, si yo no voy a dejar impune al culpable, y la sangre de los machos cabríos no removió la deuda ni la culpa de los pecadores, aquí hay un dilema, está la disyuntiva: o tomo a todos los culpables, que es la raza humana entera, y los envío al infierno para demostrar mi justicia, o le pido a alguien, en este caso su Hijo, que puede pagar por la deuda, que vaya y se sacrifique y pague por la deuda. Porque de lo contrario yo no daría ni siquiera testimonio de ser un Dios justo, porque dejé la justicia violada sin cumplir.
¡Wow! Y Dios dice: "No, yo voy a enviar a mi Hijo." Y el Hijo dice: "No, yo voy a ir y voy a pagar." Cuando yo termine de pagar ahí en la cruz, yo voy a decir: "Tetelestai, consumado es." No más sacrificio, la ley fue cumplida, ya no más. Y entonces ahora, ¿cómo me salvo? Tú pones tu fe en mí, el que pagó por ti. Es como que lógico eso, como que tiene toda la razón del mundo. Aquí decimos: "Se cae de la mata."
Entonces el justo es justo, o está declarado justo, porque alguien pagó para que él fuera declarado de esa manera. Porque en Cristo sus pecados no fueron simbólicamente perdonados como en el Antiguo Testamento, esperando que el Hijo viniera y derramara su sangre, sino que son pagados de manera real.
Versículo veintiséis: "Para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús." Si Dios le pidió al Hijo que muriera y pagara por el pecador, fue porque de esa manera Él se demostraba justo, porque no voy a dejar impune al culpable. Entonces Cristo pagó por el culpable, pero al mismo tiempo, cuando Cristo hizo eso, no solamente demostró que Dios es justo, sino que al mismo tiempo la sangre derramada sirvió para justificar al que puso su fe en Jesús.
Ahí está el versículo veintiséis: "Para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo, se demuestre justo, y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús."
Hermanos, quienes crucificaron a Jesús no fueron los romanos, no fueron los judíos. Aquellos que viven condenando a los judíos porque ellos crucificaron a Jesús, déjense de eso, que la Biblia no revela eso. Dios exhibió, Dios Padre exhibió a su Hijo públicamente para que quede claro que es un Dios justo, y al mismo tiempo que la muerte de su Hijo con su sangre le permitiera justificar al pecador, declararlo justo sin serlo.
Los romanos, los judíos, Herodes, Pilato fueron la causa instrumental, como el instrumento por medio del cual se llevó a cabo este sacrificio, pero la causa final, la verdadera causa, es Dios Padre. Dios Padre es quien demanda la cruz. Hasta el año mil más o menos, la teoría predominante era que Cristo hizo un pago a Satanás. Esa era la teoría predominante hasta que Anselmo viene y dice: "Ustedes se están volviendo locos. El pago lo hizo el Hijo al Padre, que era quien demandaba que su justicia fuera cumplida."
El Padre es la causa final de la cruz de Cristo. Hechos cuatro: en Jerusalén se reunieron los judíos, los romanos, Herodes, Pilato, los gentiles; conspiraron y llevaron a cabo la crucifixión de Cristo, lo que Dios había predeterminado para llevar a cabo todo cuanto Dios había previamente, desde la eternidad pasada, predeterminado.
Dios es la causa. Y entonces, cuando Dios hace eso y exige a su Hijo para el perdón de nuestro pecado, era la perfección moral del carácter de Dios que requería que eso ocurriera para satisfacer su justicia, para reivindicar su ley, para honrar su santidad y proclamar su gloria. Es así. El carácter moral de Dios demandó que su Hijo muriera para perdón de los pecados, porque de esa manera yo reivindico la ley, satisfago la justicia de la ley, honro mi santidad que había sido pisoteada por cientos de años, y al mismo tiempo dejo ver mi gloria. Dios, en su bondad, decidió no condenarnos a nosotros, sino condenar a su Hijo.
Ahora, en los pocos minutos que me quedan y a manera de aplicación, si eso es verdad, y lo es, la pregunta es: después que tuve el Evangelio así desplegado, ¿cómo eso te lleva a vivir? Porque si tú analizas el texto que leímos, está en otros textos también, pero si tú analizas el texto que leímos, hay en el texto una humillación de parte del Hijo que se encarna y se hace hombre. Hay un componente de sacrificio de parte de la segunda persona de la Trinidad que muere en tu lugar. Hay una humillación, hay un sacrificio, hay una dosis de gracia sobre gracia de parte de Jesús, que sufre por pecadores que no merecían nada de salvación y nada de perdón. Él absorbe tu culpa. Hay un perdón incondicional de parte de Dios hacia el hombre, tanto para el judío como para el gentil.
Yo menciono todo eso porque, si realmente yo creí el Evangelio, entendí el Evangelio como te lo acabo de explicar, entonces una vida impactada por ese Evangelio tiene que ser una vida que luzca radicalmente diferente a cómo el hombre que no conoce a Dios luce. Debe ser un hombre que reconoce su bancarrota espiritual y que no tiene mérito alguno, y por tanto él nunca se va a ver como superior al otro.
Un creyente que ha entendido el Evangelio es una persona humilde que rara vez ofende. Es una persona humilde que no anda buscando las faltas en el otro, porque él sabe que él tiene suficientes faltas para mantenerse ocupado buscando. Una persona cautivada por el Evangelio es mansa, es humilde, no es polémica, no es argumentativa.
Pero, ¿cómo pasó? Porque hace lo mismo que Cristo hizo. ¿Sabes qué? Él vio toda nuestra culpa, tú eras el problema, y Él fue a la cruz y absorbió tu culpa. Cuando lidies con otro, absorbe su culpa como Cristo lo hizo contigo, de manera que tú puedas estar en paz y mostrar el Evangelio.
El Evangelio en el corazón de una persona muestra un hombre en su vida diaria que es misericordioso, no es rencilloso, no es rencoroso. Él es un pacificador. A eso es que Cristo se refiere en el Sermón del Monte cuando dice: "Bienaventurados los pacificadores." El Evangelio de la cruz nos llama a amar a nuestro enemigo como Cristo te amó cuando tú eras su enemigo.
Hermano, si tú reconoces que eras una persona destituida de su gloria, que no tiene mérito alguno, el orgullo en ti y en mí no tiene razón de ser. Nuestras discusiones en los hogares, nuestras diferencias y discusiones, nuestras irreconciliaciones en el cuerpo de Cristo, no tienen sentido al pie de la cruz, sobre todo cuando estamos hablando entre hermanos.
Entonces, si una persona dice creer el Evangelio, se supone que su vida no se caracteriza por la práctica del pecado. Déjame decir eso otra vez. Yo no he dicho que esa persona no peca; lo que yo he dicho es que su vida no se caracteriza por una práctica continua de pecado, y deshonra al mensaje que acabo de explicar, que tiene que ver con la cruz de Cristo.
Ahora, si esa persona dice creer el Evangelio y realmente no vive de acuerdo y a la altura del Evangelio, hay varias posibilidades. Posibilidad número uno: realmente no es cristiano. Dice, pero no lo es; el Espíritu de Dios no mora en él. Posibilidad número dos: él entendió el Evangelio, pero no le preocupa si deshonra la sangre del Hijo y pisotea la sangre del pacto, para usar el vocabulario del autor de Hebreos en referencia a la cruz de Cristo. Posibilidad número tres: la persona cree que la salvación es por gracia y que él puede contar con esa gracia y seguir viviendo en pecado; que cada vez que él peque, como es por gracia, "yo me confieso esta noche y punto, se acabó", y al otro día vuelvo de nuevo y vuelvo y peco y vuelvo, como que voy, gasto y hago un depósito en el banco. Pero ninguna de esas personas refleja el impacto del Evangelio, por lo menos del mensaje del Evangelio como fue explicado en el día de hoy.
"Pastor, no me quedó completamente claro el mensaje del Evangelio." Bueno, déjame resumírtelo ahora para traer esto a conclusión. Número uno: el hombre pecó. Cuando pecó, quedó destituido. No es simplemente que no alcanzó la gloria; no estaba en gloria y quedó destituido de la gloria de Dios, y quedó imposibilitado de cumplir las obras de la ley. Pero hasta el momento que Cristo viene, no había otra forma de salvación, y la única que había no la podía cumplir; era imposible. De manera que la condenación eterna era su único destino.
Dios ahora, en su bondad, fue movido por su misericordia, ni siquiera por tu perdición, porque tú te la merecías. Por su misericordia le extendió gracia a ese hombre, y por medio de la gracia le hizo nacer de nuevo.
Lo primero que ocurre, quizás te sorprenda. Después que nace de nuevo, ese hombre nuevo ahora tiene ojos nuevos, un nuevo entendimiento y una voluntad libertada del pecado. Y esa voluntad que ha sido libertada del pecado es la que ahora él puede depositar en la persona de Jesús, en su vida, en su muerte y su resurrección como el redentor de su vida.
De tal manera, él ha entendido y es impactado por el mensaje del satisfactoriamente que cuando él entendió que Dios Padre expuso al Hijo, y el Hijo voluntariamente sufrió y derramó sangre por alguien que no tenía ningún mérito, que merecía la condenación eterna, que si hubiese ido al infierno, todos los ángeles de Dios y la humanidad entera, si fuese salva, podían aplaudir tu condenación porque era lo que te merecías. Que estando en esa condición, Cristo se ofreció por ti y te sacó de esa posibilidad para darte ahora vida eterna junto al Padre.
Si esa realidad no te deja boquiabierto y con un sentimiento de agradecimiento eterno, infinito, donde tú quieres vivir ahora el resto de tu vida para la gloria de Dios, para dar gracias a Dios, para honrar su santidad y honrar su ley, nada lo va a hacer. Nada, absolutamente nada. El verdadero creyente que ha entendido el satisfactoriamente dedica su vida a vivir el Evangelio, a honrar el Evangelio, a exaltar el Evangelio, a proclamar el Evangelio, a reflejar el Evangelio. Y la falta de sensibilidad para hacer esas cosas por lo menos te pone en tela de juicio si verdaderamente eres creyente.
No, no, no. Yo creo que el Evangelio quedó, hermano, hermana, quedó claramente expuesto. ¿Qué vas a hacer? Es una sola cosa que tú puedes hacer. Si no estás en Cristo, si el Espíritu de Dios tomó su Palabra, la fue martillando y te fue dando luz, y luz, y luz, y luz, y quedaste al descubierto de que no eres creyente, tú puedes ahora decirle: "Señor, yo entendí. Estoy condenado, yo voy a la perdición eterna. Pero yo no quisiera terminar ahí. Pero tu Palabra dice que yo tengo una sola forma, y es que tú te muevas por tu gracia, en mí hagas nacer de nuevo. Señor, dame tu gracia, hazme nacer de nuevo para que yo tenga la posibilidad de creer, poner mi fe en Cristo Jesús. De forma tal que yo pueda quedar declarado justo, aunque yo sé que no lo soy, y que ahora Cristo pueda revestirme con su carácter plenamente justo. Para que cuando yo me presente al reino de los cielos, los que me vean no vean al inmoral, pecador, mortal Miguel, sino vean la cobertura que Cristo me brindó, el carácter de Cristo que me cubre, y que ese sea el mérito que me permite entrar a compartir contigo por la eternidad. Yo entiendo, Dios, que mi justicia, mi carácter moral para entrar, no es intrínsecamente justo ni santo; es extrínsecamente. Me lo dan de afuera y me lo da Cristo Jesús."
Si este es tu deseo y quieres orar conmigo, creo que expliqué de qué manera oraríamos. Y si realmente estás afuera del reino, el Espíritu Santo te ha dado convicción, no un emocionalismo, sino convicción de pecado. Y tú has entendido que en la cruz Cristo tomó tu pecado, y desde la cruz Cristo te otorga su justicia. Y que ese tremendo, profundo, perfecto, extraordinario intercambio es lo que ha ocurrido, y que es ahí donde ocurre tu justificación ante Dios.
Ahí donde estás, si es que harás esa oración, te voy a guiar en la oración. Puedes levantar tu voz ahí donde estás mismo. No vas a pasar a ningún lado, no va a ser nada que no sea, en tus palabras, orarle a Dios para obtener o pedirle que por gracia te dé su salvación.
Ahí donde estás, simplemente dile: "Señor, gracias por abrir mis ojos, abrir mi entendimiento y dejarme ver todo lo que tu Hijo hizo a mi favor. A favor de cada uno de los pecadores de la humanidad, para sacarlos del camino de la condenación hacia donde íbamos y traernos al camino de la salvación. Señor, yo sé que soy un hombre pecador" o "una mujer pecadora" —tú ahí pon tus propias palabras—. Preséntale el hecho de tus pecados al Señor. Y Él los conoce mejor que tú, mejor que yo, mejor que nadie. Y pídele perdón. "Amados esos pecados, pequé muchas veces en ignorancia y otras veces aun sabiendo. Pero esa era como mi condición, y la condición de todo ser humano. Perdóname. Yo sé que lo único que cuenta es tu gracia para ese perdón. Dame la fe para yo creer en ti, que tú verdaderamente, genuinamente, hoy me perdonas mis pecados. Me levantas la ira de Dios que pesaba sobre mí. Y permíteme ahora, por medio de tu Espíritu que ha venido a morar en mí, caminar una vida de obediencia que se distingue del resto del mundo que vive en condenación, con la finalidad de que tú seas glorificado. Y te pido todo esto en Cristo Jesús."
Su pueblo dice amén. Y nos ponemos de pie.
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