IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La fe en Cristo y el favoritismo no pueden caminar de la mano. Santiago lo plantea sin rodeos: si ya pusiste tu fe en el Señor glorioso, no puedes al mismo tiempo tratar a unos como superiores y a otros con desdén. El problema es que solemos pensar que este pecado no nos toca, pero la tendencia natural del corazón caído es favorecer a quienes nos caen bien, piensan como nosotros, tienen recursos o pertenecen a cierto estrato. Santiago ilustra con el trato diferenciado al rico vestido con ropa lujosa frente al pobre con ropa sucia, pero la aplicación se extiende al color de piel, la nacionalidad, el nivel educativo o el partido político.
El asunto de fondo es teológico: Dios no hace acepción de personas. Deuteronomio, Romanos, Hechos y Pedro lo confirman. Si Dios no muestra favoritismo, quien dice ser su hijo tampoco puede hacerlo. La cruz nivela a todos: ricos y pobres, educados e iletrados, todos destituidos de la gloria de Dios, todos necesitados de la misma gracia. Pablo lo recuerda a los corintios: Dios escogió lo necio y lo vil del mundo para que nadie se gloríe delante de él. ¿Qué tienes que no hayas recibido?
El favoritismo viola el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, y violar un punto de la ley es violar toda la ley, porque esta refleja el carácter de Dios. Santiago cierra con una advertencia severa: el juicio será sin misericordia para quien no ha mostrado misericordia. Recordar cuánto nos ha perdonado Dios es el camino para tratar al otro con la gracia que nosotros mismos hemos recibido.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, teníamos dos domingos fuera de la carta de Santiago y eso lo hacemos cada año. Tenemos un mensaje apropiado alrededor del 24 de diciembre, y en este año el 24 fue domingo, y un mensaje también especial alrededor o en el día 31 de diciembre, como fue el caso este año.
Pero ahora regresamos a Santiago. Yo decía en el servicio anterior que habíamos dejado a un lado momentáneamente la carta de Santiago, pero que hoy necesitamos regresar. Y esta vez voy a regresar al capítulo 2, y las razones son que hay dos pasajes que fueron dejados atrás intencionalmente, porque entendíamos que Dios estaba haciendo algunas cosas en la congregación, en vidas individuales, a juzgar por los testimonios que fuimos recibiendo. Y en ese sentido hicimos avanzar en la carta de Santiago hacia temas que eran como más propicios para lo que entendíamos era el mover de Dios. Pero ahora vamos a regresar. Y uno de esos pasajes, son dos, uno está en el capítulo 1, este está en el capítulo 2. Vamos a regresar a ese capítulo 2 y vamos a comenzar en el versículo 1 hasta el 13.
Pero antes déjame recordarte muy brevemente lo que Santiago dice en el capítulo 1 para que puedas ver la conexión entre una cosa y otra. Nosotros hicimos, no recuerdo ahora, cuatro, cinco, seis sermones del capítulo 1 de Santiago, pero en sentido general nosotros pudiéramos agrupar todo lo que Santiago dice como en dos grandes sombrillas. La primera tiene que ver con el llamado que él nos hace a enfrentar las pruebas con sumo gozo, a considerarlas como sumo gozo, y al mismo tiempo poderlas enfrentar con sabiduría, hasta el punto que si tú entiendes que te hace falta sabiduría, que la pidas, que la pidas a Dios Padre, que la da y la da con abundancia. Pero que debiéramos pedir como alguien que tiene fe, no como alguien que duda, porque el hombre que duda es como el viento, verdad, que va de aquí para allá, pero es inestable en todos sus caminos. Y Santiago dice: no espere nada de Dios.
Pero luego, en la segunda parte del capítulo 1, Santiago nos dice que si nosotros vamos a llamarnos cristianos, hay una forma de pensar, de caminar, de lucir, y que eso es como nosotros debiéramos entonces pensarnos a nosotros mismos. Y luego da el paso al capítulo 2 de su carta, donde vamos a estar comenzando hoy.
Santiago comienza dándonos una ilustración de un pecado que es común, de una práctica pecaminosa que la mayoría de nosotros, quizás ninguno de nosotros, piensa que incurre en ella, y eso tiene que ver con el favoritismo. Y la realidad es que nosotros hemos hecho tal cosa en diferentes momentos y por diferentes razones. Santiago enlista esta práctica, y es como que el favoritismo es algo que pudiera hacerse entendible, nunca plausible, pero entendible en el que no conoce a Cristo. Pero después de conocer a Cristo, dada una serie de circunstancias, es injustificable. De hecho, Pablo, cuando le escribe a los corintios, les dice que nosotros somos nueva criatura, y que desde que él llegó a ser una nueva criatura, ya no juzgaba, no miraba a nadie según la carne. Y el favoritismo es una práctica de mirar a la gente, mirar al otro según la carne. Pablo dice: no, no más. Y esa es una práctica que deberá desaparecer de nuestras vidas. La pregunta es si nosotros entendemos la seriedad de las implicaciones que esto tiene, y además el origen y la cura. Yo creo que todo eso está aquí de diferentes formas expresado.
Básicamente, la ilustración que Santiago toma, probablemente porque había ese pecado en particular entre ellos, la ilustración que toma es una, pero tú puedes verte ahí aunque tú no estés en la ilustración puntual. Santiago comienza a comparar el trato de los que le dan a los ricos versus los pobres, pero nosotros estamos en otras categorías cometiendo probablemente la misma falta. A veces nosotros tratamos a las personas de manera distinta por el color de la piel, o por la nacionalidad, o por su género. Los machistas tratan a las mujeres con cierto, cierto irrespeto; las feministas no respetan mucho la figura masculina. A veces el favoritismo tiene que ver con la situación o posición económica de la persona, o el partido político de preferencia de uno u otro, y múltiples otras razones por igual. Pero lo que Santiago tiene que decirnos, a pesar de que es una ilustración, tiene aplicación para cada uno de nosotros.
Y con eso yo quiero invitarte a que puedas leer conmigo el capítulo 2 de Santiago, del versículo 1 al versículo 13. Esta es la satisfacción de Dios:
"Hermanos míos, no tengan su fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con una actitud de favoritismo." Es como que esas dos cosas no pueden ir de la mano. "Porque si en su congregación entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa, y también entra un pobre con ropa sucia, y dan atención especial al que lleva la ropa lujosa y dicen: 'Siéntese usted aquí en un buen lugar', y al pobre dicen: 'Tú estate allí de pie, o siéntate junto a mi estrado'" —es más como en el piso, en el lenguaje original— "¿no han hecho distinciones entre ustedes mismos y han venido a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, escuchen: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino que él prometió a los que lo aman? Pero ustedes han despreciado al pobre. ¿No son los ricos los que los oprimen y personalmente los arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre por el cual ustedes han sido llamados? Si en verdad ustedes cumplen la ley real conforme a la Escritura: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo', bien hacen. Pero si muestran favoritismo, cometen pecado y son hallados culpables por la ley como transgresores. Porque cualquiera que guarda toda la ley pero falla en un punto se ha hecho culpable de todos. Pues el que dijo: 'No cometas adulterio', también dijo: 'No mates'. Ahora bien, si tú no cometes adulterio pero matas, te has convertido en transgresor de la ley. Así hablen ustedes y así procedan, como los que han de ser juzgados por la ley de la libertad. Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia. La misericordia triunfa sobre el juicio."
En vista de lo que acabamos de leer, yo he titulado mi mensaje: "El favoritismo no cuenta con el favor de Dios". El favoritismo no cuenta con el favor de Dios. Y una vez más Santiago comienza a dirigirse a estos seguidores, lectores u oidores, dependiendo de cuál fuese el caso, y les llama hermanos. Y él está tratando de encontrar un punto de contacto con ellos. Les dice: "No tengan su fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con una actitud de favoritismo." En otras palabras, lo que Santiago dice en este primer versículo es: si ya han puesto su fe en nuestro Señor Jesucristo, el Dios de gloria —el original ahí puede ser interpretado de varias maneras y pudiera decir "el Señor de gloria", "el glorioso Señor", como está aquí— no tengan esa fe en él de este lado, y de este lado caminen con favoritismo. Es como que no te puedes llamar cristiano y negar al Cristo.
Nosotros tendemos a pensar que ese no es nuestro problema, que nosotros no somos culpables de ese pecado. Y cuando pensamos así, eso revela nuestra ceguera espiritual hacia nuestras inclinaciones. Pero es la tendencia natural de nosotros apoyar, aprobar, aplaudir a aquellos que piensan y son como nosotros. Y tratamos con preferencia, usualmente, a aquellos que tienen gustos como los nuestros y aquellos que nos caen bien por la razón que sea, o nos hacen sentir bien.
Santiago nos habla de diferencias que pudieran ser en ocasiones simplemente preferencias, pero en este caso le está hablando de cosas que ya Dios ha revelado que no pueden constituir algo para hacer diferencia entre una persona y otra. No podemos tratar mejor a alguien con un nivel de educación superior a otro grupo, o a alguien que tenga un estrato o pertenezca a un estrato económico mayor que otros.
Imagínate, dale para atrás al tiempo, dos mil años atrás en Galilea. Los galileos no eran personas muy pulidas. De hecho, eran conocidos en su tiempo, hace veinte siglos atrás, como personas, como campesinos. Ahora imagínate, veintiún siglos más adelante, cuán más desarrollados y pulidos somos nosotros en la sociedad occidental. Nosotros no podemos pensar acerca de ellos haciendo distinción, porque cuando entramos en el Reino de los Cielos no va a haber un rincón de los poco pulidos, de los menos desarrollados y los más desarrollados, los más pudientes y los menos pudientes. Si Jesús murió por un grupo, murió por el otro, y murió de la misma manera.
Ahora, hasta ahí todo bien, hasta ahí lo entendemos porque es más como teológico lo que estoy explicando en cuanto a la muerte de Cristo por uno y por el otro. Pero cuando nosotros llegamos a las cartas del Nuevo Testamento, nos encontramos con Efesios 5:1, que nos llama a ser imitadores de Dios. Ahora las cosas comienzan como a tomar otro color, porque Pablo a los efesios les dice: "Oye, si tú eres hijo de Dios, como acabamos de cantar, se supone que tú y yo tenemos que lucir como Él." Es como si Dios estuviera diciendo, verdad, metafóricamente hablando: "Ah, mira, yo soy invisible, la gente no me ve, la gente no me conoce, yo no camino allá abajo, pero tú sí. Si ellos saben que tú eres hijo mío y tú comienzas a lucir como yo, van a tener más o menos una idea de cuál es el carácter de tu Padre." De manera que: ser imitadores de Dios. Y Dios enfatiza recurrentemente, tanto en un testamento como en el otro, cómo Él no es y cómo Él sí es.
Escucha lo que él dice en Deuteronomio 17. Deuteronomio fue escrito uno o dos meses antes de Moisés... bueno, Moisés no entró, pero antes del pueblo cruzar a la tierra prometida, estando de este lado del Jordán, habló Moisés en vida. Y esto es lo que Dios dice a través de Moisés: "Pues el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores." Eso es cómo él es: él es el gran Dios poderoso e imponente. Eso es cómo él es. Ahora, cómo él no es: "Que no muestra parcialidad y no acepta sobornos, que no hace acepción de personas," de acuerdo a otras traducciones. Eso es cómo él no es. Pero esto está diciendo eso para que el pueblo de entonces y nosotros ahora supiéramos cómo nosotros tampoco podemos ser.
Si le damos para adelante y nos vamos al Nuevo Testamento, Romanos 2:11 nos dice que Dios no hace acepción de personas, o en otra traducción, Dios no muestra favoritismo. Y si Dios no muestra favoritismo, tú menos, porque se supone que tú eres el reflejo de quién él es. O yo. Efesios 6:9: Dios no tiene favoritos, o Dios no hace acepción de personas, dependiendo de la traducción que tú tengas.
En aquella época los judíos tenían esta concepción de que "yo soy el pueblo escogido de Dios y Dios no quiere saber de los gentiles," lo cual no es verdad. En la misma genealogía de Cristo hay un par de mujeres paganas del mundo gentil, de manera que eso no era cierto. Y para que quedara claro, en el libro de los Hechos capítulo 10, cuando comenzamos a revisar la historia de la iglesia, tú te encuentras a Pedro que estaba en Jope. Y de repente él tiene una visión o entró como en una especie de trance, y ahí Dios le bajó un lienzo con todo tipo de animales impuros, y Dios le invita a que coma. Y Pedro le dice: "No, yo no puedo comer, son animales impuros, Señor. Nosotros no comemos este tipo de carne." Y Dios le dice: "No llames tú impuro a lo que ya Dios ha limpiado."
Y a través del Espíritu de Dios que le ministra, Pedro llega a entender: "Ah, es que en adelante nosotros no debiéramos seguir pensando como hasta ahora hemos pensado. El pueblo de Dios tiene judíos y tiene gentiles; son un solo pueblo." Después de esa visión, esto es lo que Pedro dice en Hechos 10:34: "Entonces Pedro respondió: Veo con claridad que Dios no muestra favoritismo." No hace acepción de personas, dependiendo la traducción que tú tengas.
Ahora, ya hemos leído de Deuteronomio, en Efesios, en Romanos, en Hechos: Dios no hace acepción de personas. Dios no tiene favoritos. No juzga a unos como superior o distinto a como juzga a otros. Pedro viene luego y me dice: "Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, escogidos como pueblo para posesión de Dios, para que reflejen sus virtudes." Y una de las virtudes de nuestro Dios es que no hace acepción de personas.
El favoritismo es contrario a la gracia de Dios. Y si es contrario a la gracia de Dios, el favoritismo niega el satisface el Evangelio de Cristo. Y si niega el Evangelio de Cristo, niega la misión de Cristo cuando vino a proclamar el Evangelio para todo pueblo, tribu, lengua y nación.
Recuerda lo que leímos de Santiago: "Si en tu congregación entra un hombre con anillo de oro o anillos de lujo, vestido de ropa lujosa..." Lo de la ropa lujosa todavía se mantiene, tú sabes. Mucha gente le gusta la ropa fina, pero sobre todo que tenga el nombre afuera, que se pueda ver. No sé si es el "nene" que le gusta eso... No, yo no entendí nada. Yo te entendí perfectamente, era simplemente una broma.
Pero en la antigüedad la gente usaba anillos de oro y usaba múltiples anillos de oro. Con la excepción de que "el que escribió Eclesiastés dice que no hay nada nuevo debajo del sol," eso volvió, excepto que son de cobre y de cosas de ese tipo hoy en día. Pero en la antigüedad la gente alquilaba anillos para ir a una fiesta. Parece como "¡wao!", pero en todo caso, si no alquilaba anillos, alquilamos trajes y cosas como esa. Bueno, la gente alquilaba anillos.
Y resulta que Santiago dice: "Mira, parece que entristece a alguien cuando alguien entra luciendo anillos y luciendo cierta ropa. Ustedes se miran: 'Señor, venga por aquí, siéntese.' Pero luego, cuando un pobre entra, ustedes le dicen: 'Mira, se acabaron, no hay asiento, quédate de pie o siéntate aquí en el suelo, en el piso.'" Es lo que hace el texto. Él dice: "Cuando ustedes hacen así, ustedes están haciendo acepción de personas entre ustedes mismos."
Y a veces no lo decimos así, pero sentimos cosas así. Y cuando hacemos eso, ponemos en evidencia que el dinero, lo material, es frecuentemente el valor más alto que el mundo tiene. Ustedes me han oído decir que en mi opinión hay dos cosas que mueven al mundo: dinero y temor. En este caso, esta gente estaba valorando lo material. Y cuando no hacemos así por su estado económico, es por su nivel de educación o lugar de origen. "Tú sabes cómo son esas gentes," y ahí tú pones el lugar de origen, pero tú no los conoces a todos. En la época de Cristo: "¿De Galilea puede salir algo bueno?" Pero tú no conoces a todos los galileos. De hecho, el Mesías era galileo. Hoy es el color de la piel o cualquier otra cosa.
A veces, cuando las personas se asocian a personas importantes, los hace sentir importantes, como que sube su autoestima. O cuando se asocian a personas de influencia, como que inmediatamente se sienten mejor porque están al lado compartiendo con ellos. Es muy típico de la naturaleza pecadora, porque no hemos llegado a adquirir una visión, una cosmovisión cristiana. Hermanos, tú y yo necesitamos pensar cien veces al día a través de la Biblia. Tú y yo tenemos que acostumbrarnos cada vez más a que este sea el lente y hasta los audífonos a través del cual nosotros vamos a oír lo que oímos, y a través del lente que vamos a ver lo que vamos a ver.
¿Sabes qué? Al pie de la cruz hay un solo color que tiene importancia, y es el color rojo de la sangre de Cristo. Ningún otro color de ninguna otra cosa tiene importancia debajo de la cruz, porque el rojo de la sangre es la sangre de Cristo.
Lamentablemente, las cosas de este mundo que el hombre aprecia son las cosas que le dan valor. Si piensas en el hombre inconverso, la poca espiritualidad que él tiene es porque le da valor al mundo; el mundo es su único valor. El creyente frecuentemente no niega a Dios, pero Dios en la práctica de su vida no es su máximo valor, porque hay muchas otras cosas que contradicen el llamado de Dios, que deshonran la santidad de Dios, que él pone primero. Y eso hace que las cosas de este mundo revelen que ciertamente las cosas de este mundo son las que mayormente le llaman la atención. Cuando hay en ciertas personas acumulado de esas cosas de este mundo, terminamos favoreciendo a estas personas.
Yo decía en el servicio anterior: a nosotros se nos olvida que en esta generación en la que estamos viviendo es precisamente una élite intelectual de influencia, que con su empuje liberal está empujando al mundo al abismo. Que la descomposición moral que nosotros vemos hoy en día tiene una élite detrás que está financiando, promulgando, exportando precisamente los valores que están detrás de esta revolución. Esta revolución moral es la única revolución en toda la historia de la humanidad que ha sido propulsada por un grupito de personas elitistas que se forman y que se consideran mejores que el resto del mundo, porque el resto del mundo no piensa, porque somos estrechos de mente.
Santiago dice... yo, si es así, le diría a nuestra congregación o a nuestra generación: si es así, yo no entiendo cuál es la preferencia que tú le das a esta élite que está empujando tu sociedad hacia el abismo. Y Santiago quiere que nosotros recordemos que la cruz de Cristo lo invierte todo. Y recuerda que hablamos de eso hace un par de domingos atrás: a la luz de la cruz todo es como al inverso de lo que el mundo piensa.
Escucha lo que Pablo les dice a los corintios, donde había un grupo de personas que estaba diciendo: "No, yo soy de Pablo," y el otro de otro, y el otro de otro. A este grupo de personas Pablo les dice en 1 Corintios 1:26-31: "Pues consideren, hermanos, su llamamiento: no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo, lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios."
Esto lo ha hecho así a propósito, para que la gente entienda que no hay mérito. Nadie tiene cualidades superiores a nadie para ser escogido por Dios. Por eso dice el versículo 30: "Pero por obra suya están ustedes en Cristo Jesús." Por ninguna otra cosa: por obra suya. "El cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención, para que tal como está escrito: el que se gloríe, que se gloríe en el Señor."
¿Tú no te fijaste en las dos frases de Pablo? Dios escogió lo necio de este mundo, lo vil de este mundo, lo despreciable de este mundo, para que nadie se jacte delante de Dios. Para que quede claro, para que quede claro. Lo que le dijo a la nación de Israel: "No fue porque fuiste el mayor, el mayor de los pueblos; fuiste el más pequeño de todos. Simplemente yo te elegí." Y el otro énfasis de Pablo es que Dios lo hizo así. Por eso dice el versículo 30: "Por obra suya." Nadie ha hecho absolutamente nada para contribuir a su salvación. "Por obra suya están ustedes en Cristo Jesús." Todo por gracia, todo inmerecido. Ustedes no han aportado nada a su salvación, de manera que no tienes nada de qué gloriarte. De lo único que tú pudieras gloriarte es de que le conoces y le entiendes. Eso dice Dios.
"Para esto... pero hay gente más inteligente que otra." Sí, pero ¿quién le dio la inteligencia? "Pero hay gente con más recursos que otros." Sí, pero ¿quién le dio la habilidad y las condiciones, la oportunidad para acumular los recursos? "Pastor, mire, pastor, yo voy a ser muy humilde con usted: yo soy mucho más hermosa que..."
De un día, no que no, pero tiene que ver contigo. Tú no asistías, sí. O como veía yo un video que alguien me envió ayer, que había un señor hablando y decía: "Yo no sé cuál es el problema que la gente tiene para aceptar sus defectos. Yo los aceptaría si los tuviera". Pastor, por el color de la piel, sí, pero es que Dios te entretejió en el vientre de tu madre con ese color.
Pablo les dice a los corintios, en la primera carta, para que quede claro esto de lo que estamos hablando: "Es que ninguno de ustedes se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro, porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?" Inteligencia, la recibiste. Belleza, la recibiste. El recurso, de alguna manera también lo has recibido. Y si lo recibiste, escucha ahora, ¿por qué actúas como si no lo hubieras recibido? O sea, lo que Pablo y Santiago ahora me están ayudando a hacer es desmontar todas las razones por las cuales nosotros vivimos y exhibimos prejuicios a favor de unos y en contra de otros, favoritismo a favor de otros hermanos.
Lo bueno de la cruz es que bajo la cruz, la cruz nos nivela a todos. Y nos dice: todos están destituidos de la gloria de Dios, todos son pecadores, todos son indignos, todos necesitamos la misma gracia del Señor. Todos iríamos a la condenación a no ser por la gracia de Dios. Pero en las iglesias a las que Santiago se está dirigiendo, estaban haciendo distinción, igual que en la iglesia de Corinto. Y Santiago, y Pablo, y Jeremías, con diferentes formas y palabras nos dicen: hay una sola cosa por la cual debieras gloriarte, si dices que tú conoces al Señor y le entiendes.
Hasta ahí vamos bien. El versículo 5. Santiago va ahora a subir el calor a su enseñanza, pero la precede, creo que era un hombre sabio, con una frase que no creo que estaba tratando de manipularlos, sino de comunicarles su corazón. Les dice: "Hermanos míos amados". En otras palabras: yo sé que mis palabras pueden ser duras y difíciles y fuertes, pero salen no de un corazón condenador, sino de un corazón pastoral que quiere ayudarte, que quiere verte más santificado, que quiere verte más cerca de Cristo y más como Él.
Y él les dice entonces, en el versículo 5: "Hermanos míos amados, escuchen". Es como cuando Cristo decía: "En verdad, en verdad os digo". Cuando Cristo decía "en verdad os digo", era una forma aramea o del pasado de decirles: presten atención, escuchen. En el hebreo era "amén, amén". Nosotros decimos amén al final, pero en el hebreo la manera como frecuentemente se hablaba, y Cristo solía hablar de esa forma también, lo que traducimos como "en verdad, en verdad os digo", frecuentemente es "amén, amén", escuchen. Presten atención. Santiago exactamente dice la misma cosa: "Amados míos, escuchen".
"¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en fe y herederos del reino que Él prometió a los que lo aman? Pero ustedes han despreciado al pobre. ¿No son los ricos los que los oprimen y personalmente los arrastran a los tribunales?"
Ahora, escuchen por un momento, para que no haya malentendido. Esto es una carta. Las cartas se escribieron a iglesias locales con problemas locales, problemas reales. De manera que esto no es lo único que tenemos acerca de lo que Dios hizo. Menciono eso porque si Santiago fuera el único documento del Nuevo Testamento que nosotros tuviéramos, podríamos concluir que Santiago lo que está es desplazando un favoritismo para adoptar otro favoritismo, moviendo el favoritismo hacia los ricos para darle un favoritismo a los pobres. Dios no hace distinción entre uno ni otro. Uno no es más favorecido que el otro.
Lo que Santiago está diciendo es: el problema que tenemos es que están rechazando a los pobres. Y de eso yo quiero decirte: ¿no escogió Dios a los pobres de este mundo? Si Dios los escogió, ¿por qué los rechazas? Si Dios los trata igual que a ti, ¿por qué tú los tratas diferente? Es lo que Santiago está tratando de corregir, no de quitar un favoritismo para entrar otro. La pobreza no les da un mérito al hombre para ser más elegido, o Dios ser más misericordioso con ellos. No, lo que pasa es que Dios es sumamente compasivo hacia ellos, como nosotros no lo somos muchas veces. La palabra de Dios revela que la elección es por gracia. De manera que Santiago está abordando, está dirigiéndose a un problema local en iglesias locales que quiere corregir.
Y él está diciendo, entre otras cosas, él menciona el versículo 7, algo que la mayoría no está de acuerdo, no de acuerdo, pero no está claro qué es lo que quiso Santiago decir con esto. Cuando él hace la pregunta: "¿No blasfeman ellos?", refiriéndose a los pudientes, "¿el buen nombre por el cual ustedes han sido llamados?" Y quizás lo que Santiago está diciendo es: entre ustedes hay gente pudiente, gente rica, quizás cristianos, quizás gentiles, quizás de los dos. Quizás es que por la manera como ellos se refieren a ustedes, ellos dan lugar a que se blasfeme el nombre de Dios. Y sin embargo ustedes los están tratando como si fueran un grupo superior o mejor. De hecho, Santiago menciona incluso: "¿No son ellos los que los arrastran personalmente a las cortes?" Quizás había alguno que estaban haciendo eso también. Está diciendo: y sin embargo, todavía ustedes siguen valorando esas cosas por encima de lo que debieran valorar.
Ahora, antes de seguir, déjame hacer un pequeño paréntesis. Con esto que estamos diciendo, no hemos dicho, porque la Palabra no me lo deja decir, no hemos dicho que nadie merece honra. Eso no está en la Palabra. De hecho, lo otro está en la Palabra. Romanos 13 nos dice que le demos honra a quien honra merece. De manera que, para ilustrarlo, si un presidente de una nación, puede ser esta, puede ser cualquier otra, va a una iglesia local, es correcto dispensarle honra. No porque él sea mejor, superior, de mayor calidad que cualquier otro ser humano, no, por la posición que Dios le ha otorgado.
La misma honra le deben los hijos a los padres. Pero hay padres que no son santos, hay padres que no son ni siquiera creyentes en Dios. Padre, Dios te dice: "Honra a tu padre y a tu madre". ¿Por lo santificados que son? No, por la posición que Dios les ha dado. Fueron los instrumentos a través de quienes tú obtuviste la vida. Y si tú no amas, si tú no respetas a Dios, honra a quien te dio la vida terrenal, no vas a respetar a ninguna otra persona. Comienza por él.
La misma honra, Pedro nos dice en 1 Pedro 5:5, que debieran los más jóvenes otorgarle a los mayores, algo que hoy en día no se ve. Ahí viene esta idea, cuervo. Necesitamos recordar que la edad mayor merece una honra. De hecho, en el texto de Pedro dice incluso, en el contexto de la iglesia, incluso que se sometan a ellos, se sujeten a los mayores. Las congregaciones, en Hebreos, en el libro de Hebreos, se nos dice que deben someterse a sus pastores. Y por consiguiente hay una honra que Dios reconoce, pero nunca por la superioridad del hombre sobre el otro, sino por la posición en la que Dios le ha colocado, de tal forma que esa honra y respeto redunda en beneficio de la organización y el mejor funcionamiento del grupo social de que estemos hablando.
Ahora, la inclinación natural. Podemos luchar contra eso, podemos incluso vencer eso, pero hay que seguirlo luchando. Es favorecer a los que nos caen bien, nos hacen sentir bien. Y ese problema no es nuevo. Ese problema se va hasta el libro del Génesis, y luego recorre toda la historia redentora.
Tú recuerdas el favoritismo del hijo de Abraham, Isaac, hacia su hijo Esaú, y el favoritismo de la esposa, el favoritismo de Rebeca hacia su hijo Jacob. ¿Tú sabes qué pasó ahora, eh? Que entre esos dos hermanos se levantó una rivalidad que todavía le estamos pagando en el Medio Oriente. Sí, sí. Santiago está tratando de decirme: el favoritismo, la parcialidad, no es un pecado pequeño. Por eso es que él me va a hablar más adelante: cuando tú lo cometes, violaste toda la ley. No está en chiquito como tú piensas. Es simplemente un problema relacional. Va más allá.
Entonces, Rebeca favoreció a Jacob. Jacob, el favorecido, se casa y tiene cuatro mujeres, cuatro esposas, dos principales. Pero él tenía una esposa favorita. ¿Cuál era? Raquel, la mamá de José. Y ellos tenían un hijo favorito. ¿Cuál era? José. Pero el favoritismo hacia José causó que los otros once hermanos tuvieran celos hacia él, y en un momento de algo que querían matarlo. Y luego uno intervino, el mayor intervino: "No lo matemos. Vamos a hacer algo mejor, vamos a dejarlo, vamos a venderlo". Lo tiraron a un pozo seco y lo vendieron. Se fue a Egipto como esclavo. La parcialidad tiene consecuencias. Crea una rivalidad no pequeña y duradera.
Eso es el libro del Génesis. Si hacemos, como dicen en el lenguaje tecnológico que todavía hoy en día hay, en inglés "fast forward", le das hacia adelante rápido, llegamos al libro de los Hechos. Otra vez encontramos el mismo pecado y el mismo problema. La Iglesia comienza a crecer. Y tú pasas cinco capítulos, el libro de los Hechos llega al capítulo 6. Escucha lo que dice el versículo 1: "Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas". Los judíos helenistas eran aquellos que habían vivido fuera de Palestina, habían aprendido griego, habían adquirido algo de la cultura griega, y preferían llamarlos judíos helenistas. Ellos estaban quejándose en contra de los judíos nativos, los que nunca habían salido del área, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Estaban favoreciendo a las viudas de los hebreos nativos sobre las viudas helenistas. Favoritismo otra vez.
Los apóstoles se reúnen, conversan, los detalles no están dados, pero sí esta conclusión: "Vamos, elijan siete varones para resolver esto, que atiendan a las mesas y resuelvan este favoritismo". Esos siete varones deben estar llenos del Espíritu y llenos de sabiduría. Y de donde yo infiero que nuestro favoritismo, con frecuencia, es el resultado de falta de llenura del Espíritu. Para yo poder pensar, ver, evaluar, concluir más conforme a lo que la Palabra dice, y si me falta llenura, me falta esa sabiduría.
Y por consiguiente tomo malas decisiones. Y por consiguiente hago excepción de personas. Eso es lo que Santiago está ayudándonos a entender, y a la idea de digerir. Tú puedes ver, entonces, el problema no se ha resuelto, comenzó en el Nuevo Testamento y se continúa hasta nuestros días.
Ahora, Santiago comienza en el versículo 8 a ayudarnos a explicar o a entender teológicamente cuál es el problema. Porque al final pudiera ser como que esto es un problema conductual. Que de manos venimos de hoy en adelante, aquella práctica que habíamos tenido con estos hermanos que se sientan aquí, ya dejemos de hacer eso, eso es conductual. El problema no es conductual, es el corazón.
Escucha lo que Santiago dice en el versículo 8 y 9: "Si en verdad ustedes cumplen la ley real conforme a la Escritura, cuál es, amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacen. Pero si muestran favoritismo, cometen pecado y son hallados culpables por la ley como transgresores." Cuando tratas a un hermano de una mejor manera que a otro, cometes pecado, y cómo se llama: favoritismo. ¿Y cuál es el problema con eso, Santiago, que no amas a tu hermano, a tu prójimo?
Si tú amas a tu prójimo como la ley manda, como dice Levítico 19:18 en el Antiguo Testamento, en la ley de Moisés, te lo repito: después de salir de Egipto, el libro de Éxodo cubre como un año, quizás tres meses, lo encontramos en Levítico, ahí mismo, al año de haber salido de Egipto se le dijo a ellos: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Tú recuerda, porque aquí es donde viene, aquí es donde viene el meollo del problema del favoritismo. Tú recuerdas lo que Cristo enseñó, que toda la ley se resume en dos mandamientos: amas a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, con todo tu ser, primer mandamiento. Y el segundo semejante a este: amas a tu prójimo como a ti mismo. Ahí se resume toda la ley y los profetas.
Pero Pablo viene más atrás, habiendo sido educado por Cristo por tres años, con revelaciones que otros no tuvieron. Escribe a los Gálatas y resume la ley en un mandamiento, Gálatas 5:14: "Toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: ama a tu prójimo como a ti mismo." ¿Pablo le está contradiciendo al Señor? Para el que tiene más entendimiento que nosotros de cosas que están aquí, de cosas que Juan fue a revelarla un poco más adelante cuando estaba ya viejito, 80, 90 años. En su primera carta, 1 Juan, dice que si tú no amas a tu hermano, tú no amas a Dios. Juan dice literalmente: no me digas que tú amas a Dios si tú no amas a tu hermano. Y lo que Pablo está diciendo es: al guardar eso no hierí uno solo. Si tú amas a tu hermano, al prójimo, es evidente que tú amas a Dios porque el amor es de Dios, es lo que Juan dice. Entonces él dice un solo mandamiento, la ley se resume en uno solo.
Ahora, ama al prójimo. Nota, no es el infinitivo "amar", no es el nombre "amor", es el imperativo. Con lo cual se nos está diciendo: esto es una acción obligatoria. Esto no es un sentimiento predominantemente. Cuando tú lees, porque lo hemos dicho otra vez, 1 Corintios 13 dice que el amor es paciente, el amor no se comporta indecorosamente, el amor es para dar y dar y dar. Todos son verbos, hay trece verbos. No hay ningún adjetivo, no dice "paciente", sino el amor se comporta pacientemente. Esa sería la idea.
Entonces, tu prójimo es portador de la imagen de Dios. De alguna manera está en relación con Dios. Si tú puedes pensar en el prójimo como alguien que porta la imagen de Dios, probablemente tú vas a poder tratarlo de una mejor manera, y con toda probabilidad vas a evitar el favoritismo de favorecer una imagen de Dios sobre otra imagen de Dios. Lo vas a poder ver en su justa dimensión.
Cristo nunca trató a las personas por su nivel social. Él estuvo con gente rica, él estuvo con gente pecadora, estuvo con prostitutas, estuvo con adúlteros, Cristo estuvo con enfermos, estuvo con leprosos. A todos trató con la misma compasión, con la misma gracia. Porque Cristo es la representación exacta de Dios, de la divinidad. Y por tanto, lo que nosotros vemos de la persona de Cristo es como Dios es.
El problema es que a mí se me dice que imite a Dios. Uf, pastor, pero yo no soy Dios. No, yo sé, me falta un poco. Pero sí que Cristo dice: separados de mí nada podéis hacer. Pero mira cómo es que funciona: mientras mejor tú ves a Dios, peor nosotros lucimos. Si tú luces muy bien, tú no estás viendo bien a Dios. Porque tan pronto tú ves a Dios por lo que lees, la reacción natural es la de Isaías: ¡Pobre de mí, que estoy muerto! Soy un hombre de labios inmundos, un hombre de labios pecadores.
Ok, entonces mientras mejor vemos a Dios, peor yo luzco. Mientras peor yo luzco, soy más humilde, menos egocéntrico, y por tanto menos dado... más dado, perdón, a amar. Mientras menos se conoce a Dios, ahora lo opuesto, más distorsionada luce su imagen en él y en el otro, en el prójimo. Mientras menos conozco a Dios, más distorsionada tengo la imagen de Dios en mí y en el prójimo. Mientras más distorsionada luce la imagen de Dios, mejor yo luzco. ¿Van conmigo? Mientras mejor yo luzco, peor tú luces. Necesité el programa.
¿Qué es que nosotros tenemos una medida sobredimensionada de quiénes somos? Recuerda que dos o tres semanas, otra vez hace dos o tres semanas hablábamos de que uno de los peligros, a la medida que tú te vas amplificando, es que llega un momento en que tú comienzas a creerte moralmente superior al otro. Y si entonces, mientras mejor yo luzco, peor lucen ustedes; mientras peor lucen ustedes, más inclinado yo estoy a tratarlos con desdén, con desprecio, con prejuicios, con favoritismo a uno sobre otro.
Al final todo se reduce a la misma cosa: conocimiento de Dios. Mientras mejor conoces a Dios, mejor se alinean tus planetas, por así decirlo. Mejor todo va cayendo en su lugar. Mientras más conozco a Dios, más conozco a mi prójimo. Mientras más conozco a mi prójimo, más amo a mi prójimo. Mientras más conozco a Dios, más amo a Dios. Resolví todo el problema. En lo vertical lo resolví: conocí a Dios mejor, lo amé. Conozco a mi prójimo mejor, lo amé. Resolví mi problema horizontal. Y yo no soy la última Coca-Cola del desierto. Como le decía un pastor a su congregación: "I am not so hot, I am not so hot." No soy la gran cosa ni yo. Tú no eres la gran cosa ni yo soy la gran cosa.
Pero nosotros, por su físico, a veces su trato, su amabilidad, su estado social, por qué puede hacer por nosotros, lamentablemente la inclinación natural del corazón caído es favorecer al otro cuando en el otro hay algo que te atrapa, que te motiva, que te mueve o que te cautiva. De repente uno se desborda más hacia uno y hacia otro. Pero cuando Dios te vio, no había nada. Absolutamente nada en ti.
Déjame recordarte, porque yo creo que algunas de estas cosas a lo mejor ya las has tú oído o leído, pero déjame recordarte porque yo tengo que recordarme también. Déjame decirte cómo tú lucías cuando Dios salió a buscarte. Tú eras su enemigo, tú no querías saber de Dios, tú no tenías interés en él. Entonces estabas muerto, y mal muerto, en delitos y pecado. Yo no sé si tú puedes estar peor muerto que eso: muerto en delitos y pecado. Tú eras un rebelde, yo también. Estabas lleno de prejuicios, de orgullo, de condenación hacia el otro. Eras débil, destituido de su gloria, lejos de su reino, ciego, necio. Uf, esto te pasó la raya. Y no, necio, tú y yo. Eso lo dice Dios, tú eres un necio. Y Dios te amó.
Y si Dios te amó, cuando te amó en esta condición, ¿cuál es la excusa para yo no amar al prójimo? ¿Cuál es la excusa ahora para yo decir él o ella no se lo merece? O para yo decir este grupo sí y este grupo no, es que no se lo merecen. Tú tampoco. Hermano, tú sabes que Dios te trató mejor de lo que tú merecías, pero se te ha olvidado, se nos olvida que Dios nos trata todos los días mejor de lo que merecemos. Entonces la excusa de que él o ella no se lo ha ganado, no se lo merece, borra eso. Puede haber otra excusa quizás válida a la luz de esta Escritura, pero merecerlo no. Dios te trató ayer mejor de lo que tú merecías, y te está tratando hoy. Y a mí también. Y puedes predecir que mañana te va a tratar mejor de lo que tú mereces.
Santiago trata de concluir entonces en el versículo 10 y 11: "Porque cualquiera que guarda toda la ley pero falla en un punto, se ha hecho culpable de todos." ¿Tú te has fijado que cuando tú lees la Biblia no dice "las leyes de Dios"? ¿Saben cómo dice? La ley de Dios. Dios siempre se refiere a su ley como una sola: la ley de Dios. Por tanto, si tú violas un punto de la ley, violaste toda la ley, porque Dios no tiene leyes, tiene la ley.
¿Por qué? Porque la ley representa su carácter. Cuando violas la ley, el problema es que nosotros pensamos que la ley es como este límite, este límite es el límite, y cuando yo violo la ley yo simplemente pequé de manera impersonal. No, eso no es como es. La ley refleja el carácter de Dios. Cuando yo violo la ley, yo deshonro la santidad de Dios. Yo ignoro lo que Dios ha prohibido y yo reflejo deshonrosamente el carácter de Dios ante el mundo, porque el mundo piensa en ti. Y por eso es que en los cristianos no se puede creer, porque el mundo me dice eso cuando me ve, porque dice: mira cómo vive, mira cómo actúa, ese es supuestamente el Dios de ellos. Pero nosotros lo vemos como que es un pecado, que violamos un límite. Pero Dios dice: no, tú violas la ley porque la ley, eso es lo que es, es un reflejo de mi carácter. Por eso es una.
No importa si es "no mates", "no cometas adulterio" o como se llame. Santiago dice: bueno, quizás no matas, pero cometes adulterio; quizás no cometes adulterio, pero no olvides que quizás tú no has hecho ninguna de las dos cosas, pero cometes favoritismo. Dios dice: tú has violado la ley, tú eres un violador.
Y entonces Santiago dice, mira, ya que he movido estas cosas, pero sigue en el versículo doce: "Hablen ustedes y procedan así". ¿Cómo así, Santiago? Que tú ames a tu prójimo, tú amas al prójimo, tú amas al otro, no lo tratas con desigualdad. Pero escucha el porqué: "Como los que han de ser juzgados por la ley de la libertad". Esta es la ley de la libertad, la ley que si te mantienes en ella te da la libertad de tus pecados, de tus consecuencias y todo lo demás, tus miedos, temores. Santiago dice: tú tienes que recordar que esta ley, que tú estás violando al tratar a otro con favoritismo, va a juzgarte. Mira lo que dice ahí: "Así hablen ustedes y así procedan, como los que han de ser juzgados por la ley de la libertad".
Para todo, la salvación es por gracia, la salvación es por gracia, absolutamente. Pero mis acciones, mi vida se mide por la manera como yo trato de vivir conforme a la ley, definitivamente. Porque si no hay un marco de referencia, ¿cómo se sabe si estoy viviendo bien o no viviendo bien? No se sabe sino por el marco de referencia que es la ley de Dios. Y Santiago dice: tengan cuidado cómo hablan, cómo proceden, porque ustedes han de ser juzgados por la ley de la libertad.
Y escucha su última advertencia, que es la más severa: "Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia". ¿Qué te recuerda? Si hay algo que me gusta de la Palabra es que verdaderamente la Palabra no solamente interpreta la Palabra, sino que la Palabra es congruente con la Palabra.
Cuando Cristo vino, Él contó una parábola. Dos deudores, un amo. Primero de todo, un deudor: "Amo, perdóname mi deuda". Enorme, no tenía con qué pagar, quizás eran millones de pesos, quizás eran millones de dólares el día de hoy. Perdonado. El perdonado sale, se encuentra con su consiervo que le debe centavos. "Perdóname la deuda". "No". Se lo dicen al amo, el amo se irrita y le dice: "Métanlo en la cárcel, y ahí tortúrenlo hasta que pague el último centavo".
Y no es el primer servicio para interpretarte la parábola, porque no hay torturadores literales. Vieron a una persona que se acerca: "Mi pastor, quiero darle las gracias", y estaba llorando. "Porque a través de la enseñanza yo entendí. Yo he tenido un prejuicio contra mi hermano y estaba airada, y no quería saber de él. Yo sé que tenía eso, y tengo años que he estado torturándome". Ella había oído la parábola antes, que estoy explicando. Es la explicación de la parábola. Ha estado en una cárcel de la cual Dios te quiere sacar hoy, y has estado siendo torturada porque no has perdonado el último pecadito que tu hermano hizo contra ti. "¿Cómo se llama tu hermano? ¿Fulano? Vamos a orar". Y ahora vamos, para que ya pudiera liberar eso, que no se le daba. Eso es parte de lo que esto dice aquí: el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia.
Dios tenía en la revelación, cuando Cristo enseñó el Padre Nuestro: "Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, a nuestros deudores". ¿Tú te fijaste lo que Cristo añadió al final? "Porque si vosotros no perdonáis a los hombres sus pecados, así mi Padre tampoco os perdonará". Eso es la misma parábola, es lo mismo que Santiago está diciendo aquí: la misericordia será, o el juicio será sin misericordia para el que no ha tenido misericordia. Eso es la misma historia del hermano.
Santiago dice: hermanos, así no. Así no mostramos el carácter de Cristo, así no somos imitadores de Dios, así los hombres no pueden ver a Dios reflejado en ti, así no se honra la cruz donde Dios nos juntó a todos. Ahí debajo de la cruz: los ricos, los pobres, los blancos, los negros, los amarillos, los muy educados, los que no tienen ninguna educación, los que nacieron incluso con ciertas anormalidades físicas. Todos al pie de la cruz. Los pecadores en extremo y los que se educaron moralmente, todos al pie de la cruz. Ahí nos nivelaron a todos y nos dijeron: lo que necesita uno, lo necesita el otro.
Que Dios nos ayude a recordar que tus pecados y los míos son muchos. Número dos: su gracia es mayor. Número tres: que la realidad de que su gracia siempre será mayor que mi pecado no me lleve a yo querer tomar prestado de la gracia de Dios, diciendo "yo luego me arrepiento, yo luego pido perdón", porque Dios no presta su gracia, ni con intereses. Ciertamente, a la hora que yo me vaya a perdonar es por gracia, pero no tomes eso, no te lances al abismo contando con que la gracia de Dios te va a encontrar a mitad de camino y te va a sostener, porque eso no es como opera. Eso convierte la gracia de Dios, costosa por la sangre de su Hijo, en una gracia barata. Y Dios no va a permitir que su gracia preciosa, sublime, santa sea baratada de esa manera.
Tengan un buen inicio de año para seguir transitando a través de Santiago, alineando nuestras vidas, nuestros pensamientos, o entendiendo mejor cosas que habíamos rumiado anteriormente, pero quizás no lo habíamos entendido completamente. Gracias.
Señor, yo disfruto estudiar tu Palabra, porque cada vez que la estudio no solamente te veo mejor, pero me veo a mí mejor, y veo la gran misericordia y gracia que Tú has tenido para conmigo. Señor, yo no puedo hablar por otros, solo puedo hablar por mí, pero ciertamente tu misericordia ha sido tan extraordinaria que yo no tengo excusa para no amar o perdonar, intentar otra vez echarle el abrazo a mi hermano o a mi hermana. Si yo quiero imitarte, yo tengo un solo camino, y es caminar sobre las huellas que Cristo me dejó para que yo pusiera mis pies sobre ellas. Yo sé que yo solo no puedo, pero Tú me lo dijiste, Tú me lo enseñaste: en Cristo yo todo lo puedo, porque Tú, Cristo, me fortaleces por medio de tu Espíritu. Señor, ayúdanos ahora a cantar acerca de tu gracia, pero ayúdanos a valorar mucho más que simplemente un canto aquello que vamos a ponerle música, para recordar lo extraordinario que Tú eres, en Cristo Jesús. Amén.
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