Statamic
Sermones

La fidelidad de Dios y la incredulidad del hombre

Miguel Núñez 16 junio, 2024

Los judíos del primer siglo habían construido su seguridad espiritual sobre tres pilares: ser descendientes de Abraham, poseer la ley de Moisés y haber recibido la circuncisión. Creían que esta tríada les garantizaba la salvación. Pero Pablo les confronta con una realidad incómoda: la circuncisión era señal de un pacto que incluía condiciones. Deuteronomio 28 lo dejaba claro desde el principio: "si obedeces" vendrían bendiciones; si no, maldiciones. Ellos querían los beneficios sin las responsabilidades, las promesas sin la obediencia. Es como el paciente que va al médico, recibe el diagnóstico, compra el antibiótico, pero nunca se lo toma: tiene lo que puede salvarlo, pero termina perdiendo la vida.

Ante la pregunta de qué ventaja tiene entonces ser judío, la respuesta es contundente: enorme, porque a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios. Recibieron su mente, su sabiduría, su voluntad revelada. Pero el privilegio trae responsabilidad. A quien mucho se le da, mucho se le demanda. Y cuando algunos argumentaban que si su infidelidad hacía resaltar la fidelidad de Dios, entonces Dios sería injusto al castigarlos, Pablo responde: de ningún modo. Sea Dios satisfecho aunque todo hombre sea satisfecho mentiroso. Dios dice verdad porque es veraz; nosotros decimos mentiras porque somos mentirosos.

Si los judíos tenían tanto por lo cual rendir cuentas, los cristianos tenemos mucho más. Tenemos a Cristo revelado, las enseñanzas apostólicas, el Espíritu morando en nosotros, dos mil años de historia eclesial. Nuestras bendiciones son mayores, y por tanto nuestra responsabilidad también. Dios permanece fiel a sus promesas, pero esa fidelidad incluye tanto las bendiciones prometidas como la disciplina advertida.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Cuando anunciamos la serie, en el primer mensaje dijimos que el tema que Pablo inicia en el capítulo 1 no terminaría hasta Romanos 3:20. Hoy no vamos a llegar hasta ahí, pero estamos casi cerrando esta primera sección para luego entonces ver todo lo que Pablo tiene que decir en la próxima sección de la carta a los Romanos. Es una carta que guarda continuación, los temas guardan continuación uno con el otro. Parte de la dificultad que tenemos muchas veces es que la Biblia, como la conocemos hoy, la tenemos dividida en capítulos y versículos, pero no se escribió de esa manera. De forma que muchas veces los temas que nosotros dividimos lo hacemos para manejar las verdades contenidas ahí de una mejor manera, pero muchas veces el escritor Pablo está dándole continuación a lo anterior, y eso es como ocurre y lo vamos a ver en el texto de hoy.

Quiero y necesito recordar brevemente algunas de las cosas que dijimos en el mensaje anterior cuando cerramos el capítulo 2 de esta carta. Parto de lo que Pablo estaba haciendo hacia el final de ese capítulo 2: estaba ayudándoles a los judíos a ver de qué forma ellos habían llegado a confiar en cosas externas para encontrar seguridad. Ellos habían aprendido aparentemente a sentirse seguros en el hecho de ser descendientes de Abraham, ser poseedores de la ley o de la Torá como ellos le llamaban, y de ser receptores de la circuncisión. De manera que ellos entendían que en esa tríada ellos tenían su salvación asegurada.

Pablo, yo creo que todos nosotros sabemos, era de descendencia judía y por tanto había sido fariseo, de manera que le estaba muy familiarizado con la manera de creer anterior. Pero llegó a entender lo inútil que es exhibir externamente lo que no se es internamente. Pablo les dejó ver en ese cierre del capítulo 2 que la circuncisión ciertamente fue una señal del pacto que Dios había hecho con ellos, pero que la circuncisión solo tendría valor si ellos se mantenían dentro de lo que era la sombrilla de la obediencia. Y si bien es cierto que la circuncisión era una señal de dicho pacto con Abraham, no es menos cierto que sus bendiciones presuponían una vida de obediencia. Ellos habían leído eso, habían escuchado eso, habían estudiado eso, pero no lo vivían.

De hecho, Deuteronomio 28, que es el libro que Moisés relata para el pueblo antes de entrar a la tierra prometida, 40 años después de haber iniciado la travesía, el capítulo 28 inicia de esta forma: "Si obedeces al Señor tu Dios en todo..." ¿Notaste el condicional? Si obedeces. Y entonces hay una serie de bendiciones que llegarían a ellos desde el versículo 1 de Deuteronomio 28 al versículo 14. Sin embargo, el próximo versículo 15 dice: "Pero si te niegas a escuchar al Señor tu Dios y no obedeces sus mandatos y los decretos que te entregó hoy, caerán sobre ti las siguientes maldiciones y te abrumarán." Hay una lista extremadamente extensa ahí debajo donde se describen las maldiciones que les caerían sobre ellos, de manera que ellos no podían alegar que Dios no les había advertido que sin la obediencia no tendrían bendición y que tendrían todo lo opuesto. Eso fue dado antes de entrar a la tierra prometida.

En ese momento, antes de cruzar el Jordán, Dios les aseguró y les dio promesas temporales para un reino temporal. En el Antiguo Testamento, las promesas de Dios fueron casi todas temporales, y las promesas incondicionales fueron pocas. Y las que fueron, le fueron dadas a la nación de Israel, a la nación, no a individuos particulares. Pero ellos estaban confiando de manera individual que todas las promesas eran incondicionales y no dependientes de obediencia por un lado, y que todas las promesas no eran simplemente para la nación sino para individuos particulares. Y Dios ha de cumplir sus promesas para la nación de Israel en un futuro, como bien nos dice Pablo más adelante en Romanos 11, pero por ahora ha pospuesto dichas bendiciones hasta cuando ese día llegue.

Entonces, a lo largo de su historia, Dios permaneció fiel a su pacto con Israel, a sus promesas. Pero mira cómo: Dios permaneció fiel a su pacto con Israel, permaneció fiel a sus bendiciones ofrecidas y permaneció fiel a las maldiciones advertidas contra ellos en caso de desobediencia. Entonces ellos estaban muy orgullosos de un pacto, pero no estaban recordando las condiciones del pacto. Y el pacto, la señal del pacto era la circuncisión. Estaban muy, muy seguros en el hecho de que ellos eran descendientes de Abraham, pero Pablo les dice en Romanos 9: no son todos hijos de Dios por ser descendientes de Abraham. Tú puedes ser descendiente de Abraham y no ser hijo de Dios.

Pero el judío, sin llevar a cabo su responsabilidad, el ser judío sin llevar a cabo su responsabilidad delante de Dios, no tenía ningún valor. Y eso era chocante para ellos escucharlo. Y de la misma manera se nos habla de tener la ley: la enseñaban, pero no la vivían, y al enseñarla y no vivirla terminaban condenándose mucho más.

Pensemos por un momento. Imagínate que tienes una infección, vas al médico, el médico te la diagnostica, te da el tratamiento, tú vas a la farmacia, compras el antibiótico, pero luego que tienes el antibiótico en la casa no te lo tomas. La realidad es que tú perdiste el tiempo yendo al médico, yendo a la farmacia, perdiste el dinero comprando el medicamento, pero eventualmente terminarás perdiendo tu vida teniendo lo que podía salvarte. Así le ocurrió a los judíos a la entrada a la tierra prometida. Yo creo que le ocurre a mucha gente que escucha las buenas nuevas del Evangelio.

El judío había aprendido, pero creo que eso ha continuado hasta el día de hoy: hemos aprendido a lucir bien estando mal. Peor aún, hemos aprendido a sentirnos bien estando igualmente mal, simplemente adormeciendo nuestra conciencia o comparándonos con otros que estaban peor que nosotros. Pablo, como médico del alma, quiere ayudar a los judíos a encontrar su enfermedad y su cura.

Me gustó mucho una ilustración de Daniel Doriani en su comentario sobre Romanos, porque se relaciona con la otra profesión que ejerzo, que es la de ser médico. Él dice que imagínate que un paciente va al médico porque tiene un dolor de cabeza extremadamente severo. El médico lo somete a una serie de estudios y descubre que el paciente realmente tiene un tumor cerebral, pero él no quiere darle una mala noticia al paciente. Y una noche, un día, pasó toda la noche sin dormir pensando qué él iba a decirle al paciente. Y al otro día él se despierta, llama al paciente, le dice: "Señor, tengo buenas noticias para usted. Yo sé que su dolor de cabeza es severo, pero se le va a quitar en poco tiempo." Y con eso el señor cobra entusiasmo, la preocupación que él tenía se le va, pero el señor va a morir. A eso le llamaríamos una mala práctica, y probablemente el médico pierda su licencia y termine en la cárcel.

Bueno, ese hubiese sido el caso del apóstol Pablo, porque él conocía la enfermedad, y de él hablarles de bendiciones sin hablarles de su desobediencia y la cosecha de la misma, él hubiese incurrido en el mismo problema o pecado. Y lo mismo ocurre con el pastor cuando ministra o predica a las ovejas: conociendo su enfermedad, no les habla de su enfermedad. Y de hecho, eso era lo que el apóstol Pablo no estaba dispuesto a hacer.

Yo no sé para el resto de los pastores de la iglesia de Cristo en general, pero para mí es una de las labores más difíciles del pastorado y al mismo tiempo la más necesaria: predicar la Palabra de una forma que aquellos que escuchan puedan encontrar, y nosotros los que leemos y enseñamos podamos encontrar, nuestra enfermedad y nuestro pecado.

Por eso es que Pablo, al final de capítulo 2, ha cuestionado la tenencia de la ley en ellos, ha cuestionado la descendencia étnica de Abraham y la posesión de la circuncisión como sombrillas de seguridad espiritual. Y Pablo mencionó que la circuncisión que verdaderamente tiene valor es la circuncisión del corazón, de la cual ellos no conocían absolutamente nada, aunque Jeremías había hablado de esto y aun Moisés en Deuteronomio había hablado de una circuncisión del corazón. Y que esa circuncisión no se lleva a cabo por medio de la letra, o de la letra de la ley, o de la ley misma, sino por medio del Espíritu de Dios, y no por un instrumento cortante que pudiéramos llamar bisturí en el día de hoy.

Entonces ahora, como Pablo ha confrontado todo eso, Pablo anticipa las objeciones a su enseñanza. Él anticipa en el capítulo 3 lo que muchos estarían pensando y respondiendo, y él entra o construye lo que llamamos una diatriba, que la mencionamos en el primer mensaje creo. Una diatriba es básicamente una construcción del lenguaje, del lenguaje comunicativo, donde tú te imaginas, a veces yo hago eso ahora al preparar el mensaje, te imaginas personas ahí en el público que van a tener objeciones a lo que vas a enseñar, y entonces tú anticipas la objeción, construyes la pregunta y tú mismo traes la respuesta. De hecho, la carta a los Romanos casi entera pudiéramos decir que es como una diatriba, pero tiene porciones donde esto se ve mucho mejor.

Entonces ahora, habiendo dicho todo eso, habiéndoles dicho la necesidad que tenía de introducir todo eso, escucha ahora la diatriba de Pablo en Romanos 3 del 1 al 8: "¿Cuál es entonces la ventaja del judío?" Tú ves que esto tiene todo que ver con lo que acabamos de resumir. Si es así en cuanto a la circuncisión, si es así en cuanto a la descendencia de Abraham, si es así en cuanto a lo que es la tenencia de la ley, entonces ¿cuál es la ventaja del judío? ¿O cuál es el beneficio de la circuncisión? Esa es la pregunta. Respuesta: grande, en todo sentido. En primer lugar, porque a ellos les han sido confiados los oráculos de Dios. "Entonces ¿qué? Si algunos fueron infieles, ¿acaso su infidelidad anulará la fidelidad de Dios? ¡De ningún modo!"

Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso, como está escrito: "Para que seas justificado en tus palabras y venzas cuando seas juzgado." Pero si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, otra objeción, ¿qué diremos? ¿Acaso es injusto el Dios que expresa su ira? Hablo en términos humanos. De ningún modo. De otra manera, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?

Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué también soy yo aún juzgado como pecador? Y ¿por qué no decir, como se nos calumnia y como algunos afirman que nosotros decimos: "Hagamos el mal para que venga el bien"? La condenación de los tales es justa. Ya con esa última pregunta, Pablo, si yo no voy a tener el tiempo, no la voy a responder. Los que preguntan de esa manera, si Dios los condena, es justo que sean condenados.

El texto, como está escrito, como Pablo lo construyó, es un tanto quizá complejo. Yo voy a tratar de ir simplificando, ilustrando lo que está tratando de hacer. Pero aquí hay cuatro objeciones que Pablo se imagina que algunos tendrán, o quizá son objeciones que él ha encontrado a lo largo del camino. Pablo tiene veinticinco años ya de haberse convertido, tiene tres viajes misioneros, y él tiene una experiencia extensa.

Entonces, ¿cuál es la ventaja del judío, cuál es el beneficio de la circuncisión? Bueno, él dice: en todo, en primer lugar Dios los escogió a ustedes, escogió a Abraham y escogió a su descendencia. Pero Dios los escogió para hacer una nación santa. Desde el privilegio que es que, entre todos los pueblos que Dios pudo haber escogido, el pueblo judío, a quien Dios le dice a través de Moisés: "Ustedes eran más pequeños que todos los pueblos," los escogió para hacer una nación santa.

De hecho, antes de Dios otorgarles la ley en Éxodo 20, Dios les dice en Éxodo 19:5-6: "Ahora pues, si en verdad escuchan mi voz y guardan mi pacto," condición, "serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los israelitas."

¡Wow! Al pueblo le agradó escuchar que Moisés le dijera: "Prepárense, Dios te va a dar su ley, voy a subir al monte, prepárense." Pero esto es lo que Dios está diciendo antes de recibir la ley. Él los ha escogido como una nación para ser una nación santa y de reyes y de sacerdotes. A ellos les encantó escuchar tal bendición, pero quizás nos ayude a ver como en un matrimonio: quizás uno de los dos cónyuges le encanta recibir los beneficios que el otro proporciona, pero él no quiere cumplir, o ella no quiere cumplir, con ninguna de sus responsabilidades que contrajo delante de Dios. E inmediatamente nosotros pensamos: ese pacto, ahí algo está mal con él.

Entonces, a esa primera objeción que los judíos están levantando, podrían levantar, Pablo le da una respuesta breve. Pero cuando llegue más adelante en Romanos 9 al 11, en el 2025 si Dios lo permite, Pablo amplía la ventana, le amplía tres capítulos para decirle de qué manera el judío estaba aventajado en ese momento en que les estaba escribiendo. Pero por ahora les dice: grande en todo sentido. En primer lugar, a ustedes se les confiaron los oráculos de Dios.

La palabra oráculo en el mundo pagano significaba una revelación de los dioses, algo, una comunicación de parte de los dioses que podía venir de diferente forma. A veces en el mundo pagano observaban cómo las aves volaban, y si iban en una dirección concluían una cosa, y si iban en otra dirección concluían otra cosa, y eso se suponía que era una revelación de los dioses, un oráculo. Pero ahora en el Nuevo Testamento, en el contexto que aparece, esa palabra aparece tres o cuatro veces solamente en el Nuevo Testamento, y siempre significa en esencia esto: la Escritura. Ningún otro pueblo recibió la Escritura que ustedes recibieron.

Bueno, ¿cuál es la importancia de haber recibido eso? Bueno, Dios en su Palabra le dio a ese pueblo su mente para que supieran cómo Él piensa. Está aquí resumida de alguna forma lo que ellos necesitaban saber de cómo Dios piensa, está aquí. Les dio su sabiduría para vivir. Les dio o les mostró su voluntad para que no pecaran y sufrieran las consecuencias. Les dio su sentir para que ellos supieran cómo mantener la calidad de su relación con Él. Les dio sus directrices para recibir protección y bendición. Y de hecho les dejó saber cuánto les amaba como nación, depositó un amor especial sobre ellos que no lo depositó sobre ningún otro. Incluso a través de los profetas les reveló mucho del futuro cercano y del futuro lejano, que todavía nosotros ni siquiera hemos llegado ahí.

Dios estaba tan consciente de que este pueblo iba a ser ignorante de las bendiciones que habían recibido en su ley, que antes de entrar a la tierra prometida, en Deuteronomio 4, a través de Moisés, versículos 7 y 8, escucha la pregunta que Dios hace: "Porque ¿qué nación grande hay que tenga un Dios tan cerca de ella como está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos?" Dime, dime, ¿qué nación tiene un Dios cercano cada vez que lo invocamos? Pero note: "cuándo lo invocamos." Porque muchas veces ni siquiera lo invocamos.

Y el texto continúa con otra pregunta: "¿O qué nación grande hay que tenga estatutos y decretos tan justos como toda esta ley que hoy pongo delante de ustedes?" Dime, cuéntame, búscame, cuéntame una nación semejante. Antes de entrar a la tierra prometida, Dios desafía al pueblo y le dice: "Caminamos juntos por cuarenta años de subida y de bajada en el desierto del Sinaí. Estuve cerca de ustedes, estuve cerca cada vez que intervine para salvarlos, para alimentarlos con maná, de agua cuando tuvieron sed, les di hasta carne en medio de la aridez del desierto. Dime, ¿a dónde tú vas a encontrar un Dios así de cercano?" No lo tenían, no podían mencionarlo, no lo hay, porque no hay otro Dios en primer lugar, y en segundo lugar porque los dioses falsos que se encuentran en otras religiones son siempre dioses distantes, no un Dios personal, íntimo, inmanente. Y cuando clamaban, Él iba a intervenir.

Y así mismo ocurre hoy cuando el cristiano incurre en pecado. Ya hablaba con alguien de los nuestros esta semana y le decía: "Interesante que nosotros ofendemos a Dios, cruzamos su ley, su línea, le deshonramos, y cuando las consecuencias llegan, tenemos que ir a la misma persona a quien hemos deshonrado para que Él arregle, en dominicano, el lío en que nosotros nos metimos." Y pensar que Él, conociendo que fue el ofendido, el dañado, el deshonrado, es el que realmente interviene una y otra vez por los suyos para arreglar lo que ellos dañaron.

En el pasaje de Deuteronomio 4:7-8 que leímos hace un momento atrás, Dios les dice lo que les estaba prometiendo como bendiciones. Pero escucha ahora en el próximo versículo, en el 9: "Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia." Yo te prometo, pero tú, "no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón," responsabilidad, "todos los días de tu vida, sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos," responsabilidad. Entrelazadas bendiciones, promesas y responsabilidades. Pero ellos querían las bendiciones sin responsabilidades. No muy diferente a hoy.

Ellos necesitaban guardar el pacto, caminar en santidad, porque fueron llamados a ser una nación santa, para que como nación ellos pudieran ser una nación sacerdotal de intercesión y de impacto para el resto de las naciones de la tierra. Nosotros no lo articulamos de la manera que lo voy a mencionar, pero de manera subconsciente muchas veces el pueblo de Dios hoy quiere salvación sin obligación, porque eso es muy difícil, está difícil de alcanzar. Queremos beneficios sin sacrificios, placer sin consecuencias, libertad sin rendición de cuentas. Días de iglesia para el alma y días de fiesta para la carne.

La pregunta, o las preguntas hoy en día, serían algo como esto: ¿Cuál es la ventaja de ser cristiano? Entonces sí, uno tiene que esforzarse tanto, sacrificarse tanto, más que los otros. ¿Cuál es la ventaja? Yo no sé. ¿Cuál es la ventaja de incluso bautizarse? No sé por qué hay una necesidad de bautizarnos. De hecho, yo no sé ni siquiera para qué sirve la oración, pastor, porque ya Dios decidió lo que va a hacer. Es una pregunta que le hemos oído en la sesión de preguntas a tu pastor múltiples veces.

Y con relación a la oración, simplemente para como ponernos un poco en el tiempo de hoy y ver qué tipo de preguntas hacemos nosotros que nos puedan asemejar: la oración es una de las más grandes bendiciones que Dios nos dio, pero decimos: "¿Y qué ventaja tiene la oración?" Bueno, si Pablo estuviera aquí, pudiera decir cosas como estas quizás: "Bueno, es la manera como tú puedes conversar con el Dios del cielo y la tierra. Dime, ¿dónde tú vas a encontrar un Dios con quien tú puedas conversar de tú a tú? Es la manera como tú puedes garantizar que ese Dios te oiga y te responda. Es el instrumento de fortalecer tu fe. Es a través de la oración que Dios te da paz y dirección a tu vida. Es a través de la oración que Dios te prepara para entrar en sus propósitos. De hecho, muchas veces a través de la oración entras en un momento de dificultad, de debilidad, de inseguridad, a orar, y sales sintiéndote afirmado de que eres hijo de Dios. Es a través de la oración que Dios te enseña a depender de Él, que es uno de los más grandes beneficios que tú y yo pudiéramos tener."

Pero aun así preguntamos con frecuencia: "¿Y cuál es la ventaja de la oración? Ya Dios decidió lo que Él va a hacer." Bueno, Dios dice: "Entra y mira mi revelación, y mira cómo me he movido, y mira qué resultó."

Entonces, la pregunta, la objeción número uno de los judíos en ese momento para Pablo, la que él anticipa quizás, es: ¿cuál es la ventaja de ser judío? Objeción número dos aparece en el versículo 3. Déjame decirte cómo es articulada en la Nueva Traducción Viviente, que es un poco más entendible: "Es cierto, algunos de ellos fueron infieles."

Pero ¿acaso eso significa que porque ellos fueron infieles, Dios también será infiel? En otras palabras, mira, es verdad que algunos, o muchos, tendremos que decir, fueron infieles. Pero Dios no puede dejar de cumplir sus promesas, porque ya Dios nos hizo promesas. Entonces, ¿ahora porque unos fueron infieles, Dios va a ser infiel a la promesa que él nos entregó? Se habían olvidado que el pacto implicaba bendiciones, pero con obediencia.

La respuesta de Pablo en el versículo 4: entonces de ningún modo. Es como "¿cómo se te ocurre?" Es una frase muy paulina: de ningún modo, de ninguna manera. "Antes bien, sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso. Como está escrito: para que seas justificado en tus palabras y venzas cuando seas juzgado."

Aquí hay una cita que alude al Salmo 116:11 donde Dios reveló que todo hombre es mentiroso. No es que todo hombre pudiera en algunas ocasiones, bajo cierta presión, decir mentira. No, la condición interna, la naturaleza del ser humano caído es que es mentiroso. Nosotros decimos mentiras porque somos mentirosos. Dios siempre dice la verdad porque él es veraz. Fíjate cómo se da: tanto en el caso de Dios como en el caso nuestro, hablamos de lo que somos. Decimos mentiras porque somos mentirosos. Dios dice verdad porque él es veraz.

Pablo dice: sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. No es que Dios va a ser infiel, no. Dios reveló que las promesas de él para ustedes se hacen realidad en el camino de la obediencia. Pero no puedes contar con esas bendiciones si el camino por donde transitas es el mismo camino del impío a quien Dios va a juzgar. De hecho, Dios había revelado en Proverbios 13:15 que el camino de los transgresores es duro, según la Reina Valera del 60. En inglés dice "the way of the transgressor is hard." Dios dice: la transgresión trae consecuencias y ese camino es duro.

Escucha lo que John MacArthur dice con relación a todo lo anterior que he estado diciendo: "Dios nunca había prometido que ningún judío individual, sin importar cuán puro fuera su linaje físico de Abraham o de cualquiera de los otros grandes santos del Antiguo Testamento, pudiera reclamar seguridad en las promesas de Dios aparte del arrepentimiento y la fe personal en Dios."

Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Nosotros pudiéramos ser fieles hoy, pudiéramos ser fieles todo el año 2024. No hay garantía que en el 25 no vamos a ser infieles, porque eso es lo que nosotros somos en nuestra naturaleza caída lamentablemente. Este no es el caso de Dios. Lo que él es en su naturaleza es veraz, y por eso no hay chance, no hay forma, no hay manera, no hay tiempo en toda la eternidad donde se pueda dar una infidelidad de parte de Dios a sus palabras.

Romanos 3:4 nos dice que todos los hombres pueden ser mentirosos, pero es imposible que Dios prometa algo que sea falso, que él sabe que no pretende cumplir. Eso es exactamente lo que Pablo luego le afirma a su discípulo más joven, en Segunda de Timoteo 2:13, donde le dice: "Si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo." Claro que no puede negarse a sí mismo, si es su naturaleza.

Ahora, cuando Pablo le dice a Timoteo que Dios no puede negarse a sí mismo, que si tú eres infiel él permanece fiel, eso es a sus promesas incondicionales cuando han sido dadas para el pueblo verdaderamente salvo de Dios. De manera que no es tanto que Dios es infiel, sino que muchas veces el hombre renuncia a las bendiciones prometidas por su Dios. ¿Y cómo renuncia? Desobedeciendo, caminando en otra dirección o una dirección opuesta donde Dios no está bendiciendo, que sería el camino de la desobediencia.

Alguien que llegó a entender esto perfectamente bien en su propia vida fue el rey David. Tú conoces del pecado de David, no tenemos que detallarlo. Cuando se arrepiente, David dice en el Salmo 51:4: "Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos." Ahí él admite su falsedad, porque si conoces la historia, fue toda una farsa. Y ahora sigue: "De manera que eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas." Yo viví de esa manera, yo hice lo que hice porque yo era un falso. Yo lo admito, por eso pequé contra ti. Pero cuando tú juzgas, tú eres justo. Cuando tú hablas, tú eres sin reproche.

Daniel Doriani comenta: "Ya sea que Dios cumpla sus promesas o juzgue el pecado, él es justo. Y el estatus de Israel como pueblo de Dios no exoneraba a la nación de juicio." Y esto es importante, esto que viene aquí: si alguien es el primero en recibir privilegios, esa persona es también la primera en ser enjuiciada. Cristo lo dijo con otras palabras: a quien mucho se le da, mucho se le pide. La misma idea, la misma verdad.

Si la ley, agrega Doriani, nos instruye, también nos juzga. El estar cerca del poder de Dios es algo real. Escucha, esto es citando a C.K. Barrett en uno de sus comentarios del pasado reciente: "El estar cerca del poder de Dios es algo real," y yo diría, es algo privilegiado. Pero es un privilegio peligroso. Estar cerca del poder de Dios es un privilegio peligroso, porque a quien mucho se le da, mucho se le pide.

Todo lo anterior concuerda con lo que David mismo escribió en el Salmo 19, la segunda parte: "Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos." En ocasiones recibimos preguntas de ese tipo, sobre todo cuando tiene que ver con la salvación: "Pastor, pero si Dios condena a alguien que nunca recibió el oír de Cristo, eso es injusto." ¿Cuál es el estándar por el cual tú y yo acusamos a Dios? Nosotros pudiéramos decir, sería más bíblico: no entiendo por qué, pero no puedo juzgar a Dios de injusto porque su naturaleza misma se lo impide.

Entonces, el problema con nosotros cuando no vemos que Dios sigue siendo fiel en medio del juicio que hace, es que no es que Dios es infiel a sus promesas, es que mi pecado nubla mi entendimiento. Nos vuelve irreverentes o irracionales. El pecado acentúa nuestro egocentrismo, nos convierte en carnales y sensuales, y todo lo anterior simplemente por cambiar la verdad de Dios por la mentira. Básicamente, ¿tan sencillo como eso?

Tú ves las consecuencias enormes que tiene una acción sencilla. E imagínate que yo suba a un edificio de dos o tres plantas y desde el techo diga: "La gente habla mucho de la fuerza de la gravedad, yo no creo en eso, yo proclamo que eso no va a estar contra mí, lo cancelo, yo cancelo la fuerza de la gravedad." Han oído el lenguaje. Me tiro del tercer piso y me mato. Te das cuenta que por una acción sencilla y por un cambio de la verdad por la mentira, yo perdí mi vida. Eso se da en el ámbito físico, lo mismo con el espiritual. Lo único es que en el ámbito espiritual es con mucho mayores consecuencias.

Objeción número tres, el versículo 5: "Pero si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Acaso es injusto el Dios que expresa su ira?" Pablo dice algo en términos humanos. Él va a responder a ese argumento. El argumento está como un poco confuso, pero déjame decirte qué es lo que está diciendo.

Lo que Pablo está diciendo es: algunos dirían, si al pecar nuestro pecar muestra cuán justo es Dios, ¿no es injusto que Dios me castigue? O sea, si mi mal hace lucir mejor a Dios, entonces ¿cómo es injusto que él me aplique la vara? Si mi pecado hace ver a Dios más santo, entonces es algo bueno. Es como que el fin justifica los medios, y si es algo bueno, yo no debería ser castigado cuando yo peco si eso hace lucir a Dios más santo. Eso es bueno.

Pablo responde: de ningún modo, pues de otra manera, ¿cómo juzgaría Dios al mundo? En otras palabras, Dios tendría que quitarse de Juez del cielo y la tierra, porque él no podría ni siquiera llevar a cabo esa acción.

Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente articula este argumento: "Sin embargo, algunos podrían decir: nuestro pecado cumple un buen propósito porque muestra a otros lo justo que es Dios. ¿No es injusto entonces que Dios nos castigue?" Y eso es lo que Pablo dice: yo estoy hablando como un humano. Claro que no es injusto, porque tú no puedes, no podemos convertirnos de repente en utilitaristas: si Dios luce más justo, entonces yo no debo recibir castigo.

La gente de Dios que verdaderamente caminó con Dios, que conoció la ley, que meditó, escudriñó la ley, y que vio la vida y su caminar a través de los lentes de Dios, entendieron perfectamente bien lo que Dios estaba tratando de comunicar.

Escucha cómo Nehemías entendió la historia del pueblo de Israel, incluyéndose él mismo en dicha historia. Nehemías 9:32-35: "Ahora, pues, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible." Escucha lo siguiente: "que guardas el pacto." Tú sí, nosotros no. "Que guardas el pacto y la misericordia. No parezca insignificante ante ti toda la aflicción que nos ha sobrevenido, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta el día de hoy."

Escucha: es verdad, es una calamidad enorme, pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros. Porque tú, esta es la frase clave, porque tú has obrado fielmente, pero nosotros perversamente. Ahí está.

Porque igualmente me he encontrado con algunos de nosotros, en nuestro país, en nuestra iglesia y fuera de aquí por igual, que en ocasiones después de estar viviendo ciertas consecuencias han dicho: "Pastor, pero yo creo que es injusto porque lo que hice no fue tan grande." Nehemías dice, y me parece que las consecuencias son de nuevo, me parece que tú has obrado fielmente, pero nosotros perversamente. "Nuestros reyes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no han observado tu ley, ni han hecho caso a tus mandamientos, ni a tus amonestaciones con que los amonestabas. Pero ellos en su propio reino, con los muchos bienes que tú les diste."

Con la espaciosa y rica tierra que pusiste delante de ellos, con todo eso, no te sirvieron ni se convirtieron de sus malas obras. Ese pasaje de Nehemías ha revelado un Dios fiel a sus promesas, a un hombre perverso en sus caminos.

Me encanta el lenguaje bíblico porque tú y yo somos dados a dibujar, a maquillar el vocabulario para nosotros no sonar, no lucir tan corruptos. ¿Cuándo fue la última vez que tú usaste la palabra "perverso" para referirte a un pecado que hubieses cometido? Realmente no la vamos a usar, pero si tú miras las bondades de Dios y al lado le pones nuestros pecados, luce como perverso, al cual Nehemías hace referencia.

Nehemías ha entendido que un pacto involucra a dos personas, por lo menos, pueden ser dos grupos de personas, pero por lo menos dos personas. Y que Dios se comprometió a proteger y bendecir bajo ciertas circunstancias y el pueblo se comprometió a obedecer para recibir lo prometido bajo esas circunstancias. Al pueblo le faltó obediencia y a cambio recibió la ira de Dios.

En un momento dado, inmediatamente después que el pueblo adoró un becerro de oro, Dios amenaza con no subir con el pueblo a la tierra prometida. Les dijo, miren, no voy a seguir, yo te voy a mandar un ángel que lo lleve. Y le dijo por qué: para no destruirlos. En el momento cuando Dios se encuentra con el pecado, Dios o se aleja o lo destruye. Cuando Cristo fue a la cruz y cargó con mi pecado, recuerda lo que yo dije: Dios se aleja o lo destruye. En un momento dado Cristo clamó, gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Y casi lo destruyó. Esa es la santidad de Dios. El pueblo de Israel caminó tanto en la desobediencia que se acostumbró a la santidad de Dios.

Objeción número cuatro aparece en el versículo 7. Si mi mentira a terminar trayendo más gloria, esto es como una continuación del anterior. Si mi mentira, el anterior, hace a Dios lucir más justo porque me castiga. Ahora la próxima objeción: si mi mentira a terminar trayendo más gloria a Dios, porque soy juzgado como pecador. Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente trae esta objeción en este lenguaje un poco más entendible: "Algunos nos difaman asegurando que nosotros decimos cuanto más pecamos mejor. Los que merecen tales cosas merecen ser condenados." Y ante eso, lo que hablan así merecen la condenación, ni le responde. Él hace, le presentan cuatro objeciones, responde tres y esta cuarta, la dijo: olvídalo, la condenación de los tales es justa.

La historia del pueblo de Israel es la revelación de la naturaleza humana en rebelión, de la naturaleza humana pecadora corrompida por el pecado. Y nosotros tenemos que recordar que de la misma manera que Dios advirtió al pueblo de Israel acerca de consecuencias que su desobediencia podría traer, de la misma manera Dios nos ha hecho advertencias a nosotros como iglesia.

Escucha lo que Pedro escribe en su primera carta, en 4:17. Es un texto que hemos citado por lo menos parcialmente, porque ahora lo voy a citar desde el 17 al 19 y lo hemos citado, por lo menos el 17, no hace mucho tiempo atrás: "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios." Recuerda lo que dijimos: el que recibe privilegios primero es el primero en ser enjuiciado. "Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios, y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen el evangelio de Dios?" Imagínate si eso es con nosotros, imagínate aquellos que no reciben el evangelio. Por eso el versículo 18 dice: "Y si el justo con dificultad se salva, ¿qué será del impío y del pecador? Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador haciendo el bien."

El texto de Pedro no nos está haciendo una amenaza de pérdida de la salvación, como algunos entienden, porque la palabra "juicio" no se refiere a la perdición. Cuando dice que es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios, se refiere a la purificación del pueblo de Dios, que es lo mismo que Dios hace en tiempos de dificultad, precisamente cuando ve que nuestros caminos se han estado desviando. No nos va a dejar ahí. Él tiene promesas irrevocables para nosotros, y por consiguiente, en vez de simplemente decir que no reciban las promesas, pues las van a recibir, pero yo los voy a purificar primero.

Y Pedro nos recuerda: si el justo se salva con dificultad, ¿por qué Pedro está diciendo eso? Porque Dios tiene que actuar continuamente para llamarnos la atención, llamarnos del camino errado, darnos arrepentimiento, o nos perderíamos también. Pero tenemos que recordar, hermanos, que cuando Dios nos disciplina, Hebreos 12, es para nuestro bien.

El salmista lo entendió con menos revelación que nosotros. El salmista ni siquiera tenía todo el Antiguo Testamento, porque los salmos se escribieron como mil años antes de Cristo y faltaba mucho por revelar. Pero el salmista, en el Salmo 119, versículo 75, dice, oye la certidumbre: "Yo sé, Señor, que tus juicios son justos." Escucha: "Y que en tu fidelidad me has afligido." ¡Wow! Señor, tú me has afligido. Me has afligido de manera que yo no esperaba o no conocía, pero lo último que a mí se me puede ocurrir pensar, lo que el salmista está diciendo, es que tú eres infiel. No, esa aflicción que tú has traído a mi vida es parte de tu fidelidad conmigo. Gracias, Dios. ¡Wow!

La disciplina de Dios trae a sus hijos de vuelta al camino. La disciplina de Dios abre los ojos de sus hijos a la verdad. Por eso es que Pedro dice: "Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador haciendo el bien." En otras palabras, cuando la aflicción venga, muchas veces fruto de qué cosa, de la disciplina de Dios. La disciplina de Dios es preventiva, no tiene que ser siempre punitiva, a veces es preventiva. Dios le dejó a Pablo un aguijón en la carne preventivamente, que lo abofeteaba. No sabemos exactamente lo que es, eso fue preventivo, pero era disciplina de Dios. Ahí Pablo encontró aflicción. Quizás eran las persecuciones, quizás eran las constantes acusaciones que venían de parte de sus hermanos judíos y de otros no judíos. Quién sabe, pero le dejó algo como para evitar que él se fuera en orgullo. Pero otras veces es punitiva, y lo que Pedro está diciendo es: encomiéndense al Señor, al fiel Creador. Fiel, subraya la palabra, fiel Creador, haciendo el bien. No te retires, no pagues mal con mal.

Y escucha ahora al autor de Hebreos. Decía que de la misma manera que Dios advirtió al pueblo judío nos ha advertido a nosotros como iglesia. Ahora estamos en el Nuevo Testamento, estamos en Hebreos 12:28-29: "Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia." Sé reverente cuando le ofrezcas algo a Dios. No seas superficial. No seas la palabra que frecuentemente somos nosotros: ordinario, cotidiano. "Porque nuestro Dios es fuego consumidor." O consume al pecador en la eternidad, o consume mis pecados o mi vida de pecado antes de que yo me condene.

La historia de la nación de Israel y la historia de la Iglesia en dos mil años es la historia de la naturaleza humana rebelada contra Dios, contra el Dios creador del cielo y la tierra y el juez del mismo cielo y de la misma tierra. De la manera como ellos se comportaron, déjame decir esto con cuidado porque hay una palabra clave ahí, es la misma tendencia con la que nosotros, o es la misma forma con la que nosotros tendemos, es la palabra, a comportarnos. Con eso no estoy diciendo que la forma como ellos se comportaron es como todos nosotros nos comportamos. Lo que estoy diciendo es que la inclinación natural de la carne es a la incredulidad que genera rebelión. Si le creyera a Dios, entonces creyera sus advertencias y trataría de seguirlas. Pero como no le creo, entonces no le obedezco.

En el mejor lugar donde tú puedes ver eso es el libro de Malaquías. El libro de Malaquías es un libro de conversaciones, igualmente es como una diatriba entre Dios y el pueblo. Dios lo inspiró para dejarnos ver cómo era que el pueblo pensaba y cómo lo acusaba. Y tú tienes preguntas como: "Tú dices que nosotros te robamos, dime en qué te robamos." Así es que está construido Malaquías. "Tú dices que ya yo no escucho las oraciones," o "tú vienes aquí delante del altar." "Sí, sí, dinos, dinos por qué, porque tú no nos escuchas." "Bueno, yo te voy a decir: todo has sido infiel contra la mujer de tu juventud." Esa es la tendencia natural de la carne, esa es la tendencia y la inclinación que tú y yo tenemos que batallar.

Ahora piensa por un momento en el cierre, como aplicación final. Si ser judío, Pablo dice que fue de gran ventaja en todo. ¡Uff! Tú te imaginas lo que él diría de la ventaja de ser cristiano. A ellos se les habló de un Cristo que vendría en el futuro, pero no tenían mucha idea de cómo iba a lucir. De hecho, su idea era tan mala, pensaban que estaba claramente revelado, pero su idea era tan mala que Él vino y no se dieron cuenta que vino. Pero ese Cristo ahora vino, conquistó la muerte, dejó la tumba vacía, pagó mis pecados, me ofreció perdón. Ellos vieron la sombra, una sombra muy tenue de lo que habría de venir; nosotros tenemos la realidad completa descrita con comentarios históricos.

Si era de gran ventaja ser judío, te imaginas la gran ventaja de ser cristiano. Nosotros hemos visto la realidad de lo que ya vino. Nosotros tenemos las enseñanzas de Cristo, no solamente el antiguo pacto. No, nosotros tenemos el antiguo pacto, su historia, su mala experiencia, la fidelidad de Dios revelada, y ahora nosotros tenemos todas las enseñanzas de Cristo y su modelo de vida en este libro. Tenemos todas las enseñanzas de los apóstoles que escribieron, entre todos los autores del Nuevo Testamento. Tenemos el Espíritu morando dentro de nosotros.

Además de toda la historia del pueblo en la Biblia, nosotros tenemos ahora dos mil años de historia como iglesia donde Dios nos ha enviado numerosos maestros de la Palabra con inspiración, entendimiento, discernimiento extraordinario. Por dos mil años desempacando su libro, y nosotros leyendo, aprendiendo, creciendo. Nosotros estamos parados sobre hombros de gigantes hoy en día que Dios se los dio a la iglesia. Tenemos la Biblia en diferentes versiones. Nosotros tenemos la Biblia en diferentes formatos, desde la forma escrita, computadoras, celulares. En otras palabras, si los judíos tenían mucho por lo cual rendir cuentas, tú y yo tenemos mucho más por lo cual rendir cuentas en vista de las enormes bendiciones que hemos recibido.

Gracias a Dios en Cristo Jesús, que es un Dios de pacto, que es un Dios fiel a su pacto. Gracias a Dios que Él ha hecho una serie de promesas para su pueblo hoy, que Pablo en Romanos más adelante nos va a decir que son irrevocables. Su llamamiento y sus dones son irrevocables. Pero eso simplemente agrega más responsabilidad sobre nosotros, el hecho de que nos han entregado bendiciones, dones, llamados irrevocables. Porque como bien dice Pedro, a la hora del juicio comenzará por su iglesia primero. No estamos hablando de la pérdida de la salvación, pero sí estamos hablando de un tiempo de purificación de su iglesia y de nosotros.

Y cuando eso llegue, Pedro dice, encomiéndate al Señor. Ya es el día, no te endurezcas. Solo tenemos un Dios de pacto, un Dios fiel. Eso en sí mismo es una bendición, y eso es todo a expensas de Cristo. Tu bendición, importa lo pequeño o lo grande que sea, es a expensas de Cristo. Esa expensa no de un gasto en efectivo que Cristo hizo, pero sí un gasto moral de tener que venir y rendirse como se rindió. De manera que quizás este texto nos pueda ayudar a mostrar a Cristo mejor y a mostrar su gloria a través de su verdad, como cantamos, y a vivir bajo la fidelidad de ser Dios.

Gracias. Gracias por tu Palabra, gracias por tu historia con tu pueblo, gracias por revelarla a nosotros, gracias por levantar al apóstol Pablo para enseñarnos cómo somos, qué debemos evitar, cómo argumentamos contigo y cómo debemos responder también de otra manera. Todo enseñado por Dios. Gracias porque incluso cuando nosotros tropezamos y caemos por haber transgredido tu ley y tu santidad, es a ti que tenemos que ir para que tú mismo resuelvas lo que yo dañé. De manera que gracias por esa fidelidad a lo que tú has pactado con tu pueblo, en Cristo Jesús. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.