Integridad y Sabiduria
Sermones

Firmes ante la inmoralidad de nuestros días

Héctor Salcedo 14 agosto, 2022

La caída de David con Betsabé resulta chocante porque no ocurrió en un momento de crisis sino en la cúspide de su éxito. Un rey amado, un hombre que escribió más de la mitad de los Salmos, quedó preso de sus impulsos mientras su ejército peleaba y él dormía una siesta. El ocio fue mal consejero: vio a una mujer, preguntó por ella, le advirtieron que era casada, y aun así la mandó a buscar. La insensibilidad hacia la pureza sexual, cultivada quizás por años de poligamia y la influencia de una cultura permisiva, lo llevó a ignorar cada señal de advertencia.

Primera de Tesalonicenses 4 establece con claridad lo que Dios espera: santificación, es decir, abstención de toda inmoralidad sexual. La palabra griega *porneia* abarca toda actividad sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer. Dios no está contra el placer; lo diseñó él. Pero el mundo ha degradado la intimidad, despojándola de compromiso y llenándola de egoísmo. Vivimos en una pandemia de inmoralidad donde el ochenta por ciento de los hombres consume pornografía y la mitad de los cristianos encuestados ve aceptable la intimidad fuera del matrimonio.

José ofrece el contraste: ante la insistencia diaria de la esposa de Potifar, él no solo rechazó acostarse con ella sino que evitaba siquiera estar cerca. Su freno fue levantar la mirada y preguntarse cómo podría hacer esa maldad contra su amo y contra Dios. La determinación y la sabiduría ayudan, pero el cerrojo final es una relación vibrante con Dios que sacie lo que la inmoralidad falsamente promete. Las consecuencias del pecado de David —la espada que nunca se apartó de su casa, la violación de Tamar, la muerte de Absalón— advierten que el rechazo a estas instrucciones no es rechazar a un hombre, sino a Dios mismo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hoy, por supuesto, esto es importante para hoy. Como ustedes saben, el pastor Miguel ha estado predicando en los últimos meses, quizás los últimos dos meses, acerca de algunas oraciones que aparecen en la Palabra de Dios. Y ha estado extrayendo de ahí algunas enseñanzas y aplicaciones para nosotros. La idea es motivarnos no solamente a orar más, sino a hacerlo mejor, hacerlo de una manera más apropiada, pedir por las cosas correctas, con las motivaciones correctas.

Específicamente, en los dos domingos anteriores a este, el pastor Miguel se detuvo en el Salmo 51. Es un conocido salmo, es una oración de David luego de que él fuera confrontado por el profeta Natán con un pecado que había cometido. De hecho, el Salmo 51 se entiende junto con el 32. Se escribió en la ocasión en la que David se arrepiente de su pecado de adulterio con Betsabé, quien era esposa de Urías, quien fue mandado a matar por David para salirse con la suya. Urías era un soldado israelita, leal a David, leal al ejército y a la nación, estaba casado con Betsabé, que fue la mujer que David deseó contrario a la instrucción de la Palabra.

Lamentablemente para Urías, lamentablemente para David y para toda su familia y para Israel incluso, por lo que esto implicó para la nación, David en un momento dado decidió obedecer más su impulso que la Palabra, y cayó. Y de hecho, permaneció en silencio por casi un año. Es más o menos luego de unos diez a doce meses donde el profeta Natán va a hablar con él, lo confronta y le hace ver que él ha fallado delante de Dios, que ha hecho lo malo delante de los ojos de Dios. Y es entonces esa confrontación y el arrepentimiento que David experimenta lo que lo lleva a escribir el Salmo 51, que hemos estado estudiando las últimas semanas.

Precisamente queremos hacer un paréntesis porque hemos hablado del arrepentimiento de David, pero no hemos hablado de su pecado. Un pecado del cual él fue, no presa, pero cayó en él. Yo no veo a David como una víctima porque él es responsable de su falta. Pero también un pecado como no solo en su fecha y en su época, sino un pecado como hoy en día: el pecado de la inmoralidad sexual. Y yo quisiera entonces, aunque no es el texto que voy a exponer, sí hablar de lo que aconteció con David para que entendamos qué fue lo que pasó, saquemos algunas lecciones, y luego abordar un pasaje que entiendo nos va a edificar en esta área de la pureza sexual y la inmoralidad en la que nosotros muchas veces vivimos y de la que somos testigos.

Leamos entonces acerca de David y qué fue lo que pasó. Segunda de Samuel 11, del uno al cinco, nos dice el pasaje: "Aconteció que en la primavera, en el tiempo cuando los reyes salen a la batalla, David envió a Joab y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas y sitiaron a Rabá. Pero David permaneció en Jerusalén. Al atardecer, David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey, y desde el terrado vio a una mujer que se estaba bañando, y la mujer era de aspecto muy hermoso. David mandó a preguntar acerca de aquella mujer, y alguien dijo: ¿No es esta Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías heteo? David envió mensajeros y la tomaron, y cuando ella vino a él, él durmió con ella. Después que ella se purificó de su inmundicia, regresó a su casa. Y concibió, y envió aviso a David diciéndole: Estoy encinta", o "estoy embarazada".

Ese es el relato donde ocurre el desafortunado, infame acontecimiento en la vida de David que dañó prácticamente su testimonio y mucho de lo que fue su vida de allá en adelante. De hecho, David es más famoso por el adulterio que por sus victorias militares, aún más famoso que con la batalla que tuvo contra el gigante Goliat. Esto marcó su vida de allá en adelante. Y resulta chocante, extremadamente chocante, que un hombre que fue descrito en la Biblia como un hombre conforme al corazón de Dios haya caído de la manera que David cayó.

Esto resulta doloroso, resulta como desconcertante. ¿Cómo un hombre tan piadoso, tan devoto a Dios, tan entregado a Dios, que escribió más de la mitad de los Salmos, que es todo un libro de la Biblia, uno de los más largos libros de la Biblia, escrito precisamente de oraciones y devociones a Dios, fuera justamente este hombre que cayera de una manera tan, tan vergonzosa?

Y en el momento que esto ocurre, como ya leí, David no estaba en medio de una crisis, no estaba en medio de una depresión. Todo lo contrario, David estaba en su mejor momento, por lo menos a nivel de su carrera política, militar, como rey. David estaba en la cúspide de su éxito. Era un rey amado, era un rey respetado, había traído la unidad a Israel, ahora la capital Jerusalén era la ciudad donde todo se concentraba administrativamente, el país estaba andando bien. Pero por lo visto David se relajó a nivel personal.

Contaba con un equipo de gente, incluso nos dice el pasaje, un equipo de gente tal que cuando usualmente los reyes salían a la guerra, David mandó a su equipo militar a que fuera a pelear la guerra. Y nos dice el texto con un gran "pero": pero David se quedó en el ocio. David se quedó, lo vemos incluso durmiendo una siesta hasta tarde. Dice que se levantó en la tarde, al atardecer, de su lecho. Sus militares peleando, él durmiendo relajado. El ocio, mal consejero para la pureza y la santidad. Se dio tiempo, y habiendo hecho eso, entonces tomando esa siesta, se levanta y ve una mujer que se está bañando y manda a preguntar quién es esa mujer.

Le atrajo. No diría que hubo una intención de seducirlo, pero David se sintió seducido y mandó a preguntar. Y le dijeron una respuesta, y le dijeron un consejo en la respuesta, pero David no lo escuchó. "¿No es esta Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías heteo?" Le dijeron un consejo. David, lamentablemente, no escuchó el consejo y envió mensajeros y la mandó a buscar: "Quiero verla, quiero conocerla, quiero estar con ella".

Y nosotros no sabemos por qué David trató con tanta ligereza algo que para nosotros ahora, leyéndolo ahora, es tan grave. Quería estar con una mujer que no le pertenecía, una mujer que era propiedad, por así decirlo, propiedad en el buen sentido. No quiero decir que la mujer es propiedad del hombre, pero estaba en pacto matrimonial con un soldado que era leal a él. Y David con mucha ligereza la manda buscar y estar con ella.

Pero decía: ¿cómo fue que David trató esto de esta forma? Es posible que David ya había sido influenciado por la cultura del momento. Nosotros tenemos impulsos sexuales dentro, pero también hay una cultura que incita esa inmoralidad. Y esa época, en ese momento, la inmoralidad era rampante, y en particular los hombres ricos y los gobernantes tenían como licencia y carta abierta para hacer lo que quisieran a nivel de la moralidad o inmoralidad sexual.

De hecho, David llegó a tener al menos ocho esposas, al menos diez concubinas: dieciocho, veinte, quizás veinticinco mujeres disponibles para él. Una exageración. Su hijo Salomón, ni decir. Salomón tenía un catálogo de mil mujeres. Eso es inconcebible, eso es como impensable. ¿Qué tiene que pasar en la mente y en el corazón de una persona para insensibilizarse a este nivel, para contar con esta cantidad de mujeres como que él es el señor y dios?

Y esta insensibilidad entonces de David hacia la pureza sexual en su vida la vemos en varias ocasiones en el relato. Primero, cuando él ve a Betsabé y se siente tentado, él debió parar, pero no paró. Estaba insensibilizado. Luego preguntó por ella y le respondieron que era mujer de Urías heteo. Debió parar y no paró. La mandó a buscar.

Y hermanos, esta caída del gran rey David es una gran lección para nosotros. Si un hombre como este, con este nivel de devoción, de entrega, de conocimiento de Dios, pudo caer presa de sus impulsos, ¿qué nos queda a nosotros? Esta es un área que tenemos que observar, esta es un área que tenemos que cuidar, esta es un área en la que tenemos que poner atención. Aquí hay un mensaje claro de cómo el impulso sexual puede gobernarnos de tal manera que nos coloque en una situación vergonzosa, dolorosa, en un punto de no retorno.

¿Qué quiere Dios y qué espera Dios de nosotros en esta área? Y quisiera entonces leer, para responder esa pregunta, Primera de Tesalonicenses 4, los primeros ocho versículos. Porque creo que este texto habla con mucha contundencia acerca de lo que Dios quiere y espera de nosotros en esta área de nuestras vidas.

Dice el texto: "Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Señor Jesús, que tal como han recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que deben andar y agradar a Dios, como de hecho ya andan, así abunden en ello más y más. Pues ustedes saben qué preceptos les dimos por la autoridad del Señor Jesús. Porque esta es la voluntad de Dios, su santificación, es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual. Que cada uno de ustedes sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión degradante como los gentiles que no conocen a Dios. Que nadie peque ni defraude a su hermano en este asunto, porque el Señor es el vengador de todas estas cosas, así como antes les dijimos y advertimos solemnemente. Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación. Por tanto, el que rechaza esto no rechaza a un hombre, sino al Dios que les da a ustedes su Espíritu Santo".

Este es uno de muchos textos que hablan de esto, de la pureza sexual, de la integridad que debe haber en la vida íntima de la persona. Y si hay algo que está claro en la Palabra, y específicamente en este pasaje, es que Dios quiere, nos ordena, andar en pureza sexual.

Por lo demás, hermanos, a mí se dice el texto: "Les rogamos, les exhortamos". Otra forma de expresar ese verbo es: les urjo, les insto a decirles a ellos en el Señor Jesús que, tal como han recibido de nosotros instrucciones —ya él les ha hablado de esto anteriormente—, ustedes han recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que deben andar y agradar a Dios. Ustedes han recibido ya estas instrucciones, y de hecho estos preceptos, dice el texto, se los dimos por la autoridad del Señor Jesús. Esto no es una sugerencia mía, esto no es una ocurrencia mía, un deseo mío; esto es algo de Dios. Se lo estoy pasando como parte de la autoridad del Señor Jesús sobre sus vidas.

Esta es la voluntad de Dios: su santificación, que se abstengan de inmoralidad sexual. Eso es lo que Dios quiere en nuestras vidas en esta área. Este concepto de santificación nosotros sabemos que tiene dos connotaciones principales. Dice la voluntad de Dios es nuestra santificación. La santificación tiene que ver con que Dios nos aparta para su uso exclusivo. Esa es una de las formas en que esa palabra en el original significa: apartar algo para uso exclusivo.

En el Antiguo Testamento, Dios apartó los utensilios del templo, por ejemplo el candelabro, la vasija de panes y demás, y se dice que él santificó el candelabro, santificó la vasija de panes. Él lo apartó para uso exclusivo. En ese sentido, nosotros los hijos de Dios hemos sido apartados para uso exclusivo de Dios, y esa es la primera connotación del que es santificado: la santificación que Dios quiere es que Dios nos aparte.

Pero además, la otra connotación que tiene la palabra santificación es que la santificación es un proceso de transformación. No solo hemos sido apartados, sino que los apartados están siendo transformados a la imagen de Dios, de Jesús nuestro Señor. Nosotros somos discípulos de Jesús, y poco a poco, en la medida que la vida transcurre, a través de personas, circunstancias, situaciones, enseñanzas como hoy, Dios nos va cambiando la manera de pensar, la manera de reaccionar, de actuar, de sentir incluso, de decidir. Nosotros somos gente diferente porque hemos recibido la verdad de Dios de múltiples maneras, y ya no somos lo que éramos antes. No somos quizás lo que quisiéramos ser, pero no somos lo que éramos antes.

Entonces, la santificación que es la voluntad de Dios para nuestras vidas es que seamos apartados, diferentes al mundo, pero que estemos en este proceso de transformación a la imagen de nuestro Señor. Y en particular, en esta área de la inmoralidad sexual, Dios quiere que seamos diferentes. Dios nos quiere puros.

¿Por qué es que Pablo hace como ese paréntesis? Porque la santificación incluye todas las áreas de la vida, pero él les hace paréntesis a los tesalonicenses. Bueno, por lo visto esto era un problema en esta comunidad. La cultura de Tesalónica, una cultura influenciada por los griegos, influenciada por los romanos, era altamente inmoral en cuanto a lo sexual. No voy a entrar en los detalles, pero había de todo. Me tocó leer diferentes documentos, historias, relatos precisamente preparando este mensaje, y es impresionante lo que uno escucha o lee que se daba y se presentaba en esa ocasión, en esa generación. Esta iglesia estaba lidiando con un ambiente, con un entorno, con un contexto altamente inmoral, y era inevitable, como le pasó posiblemente a David, que ellos fueran influenciados y entonces que sus vidas no reflejaran la pureza que Dios quiere que reflejen. Entonces él les dice: Dios quiere que ustedes sean santos, y en cuanto a este tema de la pureza sexual, ustedes se abstengan de inmoralidad.

¿A qué se refiere Pablo con inmoralidad sexual? ¿Qué cae ahí? ¿Qué es inmoral sexualmente hablando para la Biblia, para Dios? Si nosotros buscamos la palabra que Pablo usa para decir inmoralidad sexual, la palabra en el original es *porneia* en griego. Y tiene que ver con muchas cosas, es un concepto amplio, pero la mejor definición que podemos darle es que es toda actividad sexual fuera de un matrimonio entre un hombre y una mujer biológicos. Esa última palabra hay que ponerla hoy. Toda actividad sexual fuera de un matrimonio entre un hombre y una mujer biológicos es *porneia*, inmoralidad sexual.

Dios diseñó la intimidad sexual para ser mantenida dentro del matrimonio, dentro del compromiso del matrimonio. Todo lo que está por fuera es bíblicamente ilícito, inmoral. Intimidad entre dos personas no casadas es inmoral, es *porneia*. Adulterio, que es intimidad entre personas casadas pero intimidad que es con terceros, es inmoralidad, *porneia*. El consumo de pornografía visual, auditiva, leída es inmoralidad. Y no solamente materiales explícitos, sino todo material que yo lea o consuma o vea que me incite de alguna manera sexualmente es pornográfico. Yo no tengo que entrar a una página pornográfica para ver pornografía. Homosexualidad, que es una intimidad contra natura, contra diseño biológico, es inmoralidad, entre otras prácticas que no voy a mencionar. Todo lo que cae fuera de los límites de un matrimonio entre un hombre y una mujer biológicos es *porneia*, es inmoralidad sexual.

Y como vimos entonces, ¿qué es lo que Dios quiere en cuanto a esto? Abstención, que yo me prive de eso. Dios no está en contra del placer; Dios está a favor del placer. Esta norma no limita el placer, lo potencia en el contexto correcto. Una pareja fiel, pura sexualmente, es una pareja que disfruta mucho más de su intimidad que una pareja que no lo es.

Y hermanos, para esto no hay excusas. Para la inmoralidad sexual no hay excusas. ¿Ah, que eso es natural? Sí, pero no todo lo natural te va a gobernar. Comer es natural; ¿comerías hasta que te deteriores la salud? ¿Que somos adultos independientes, intimidad consentida? Está fuera del diseño de Dios. Intimidad sin compromiso es utilitarismo, es uso del cuerpo para beneficio propio. ¿Los tiempos han cambiado? No mucho. Las mismas cosas que se prescriben y se controlan y se limitan hace dos mil, tres mil, cuatro mil años son las mismas. El ser humano es el mismo. La inmoralidad sexual de David lo condujo al declive en toda su vida. Vemos la consecuencia de la inmoralidad sexual. ¿Que nos amamos? Pues cásense. ¿Que no le hago daño a nadie? Que tú digas, que tú sepas, y el daño contra ti, contra tu cuerpo.

El llamado a la abstinencia de toda actividad sexual fuera del matrimonio está presente no solo en este pasaje, está a lo largo y ancho de la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento. No digamos que son instrucciones del Antiguo Testamento; en el Nuevo Testamento, Colosenses 3:5: "Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes; no tengan nada que ver con la inmoralidad sexual". Mateo 15, nuestro Señor Jesús hablando: "Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones —*porneia*—, robos, falsos testimonios y calumnias". Estas, dice Jesús, son cosas que contaminan al hombre.

Y como ya dije, no nos confundamos: Dios no está en contra del placer y de la intimidad. Dios está a favor de la intimidad, Dios la defiende. Estas son defensas de la intimidad. El hombre no inventó la intimidad; la inventó Dios, y él es quien sabe. El hombre lo que hizo fue que pervirtió la intimidad. Y esa perversión humana de la sexualidad ha hecho que la actividad sexual se convierta en algo degradado, desprovista de compromiso, llena de egoísmo, concentrada en lo físico sin aprecio del ser. Y así las cosas, el mundo en general no conoce lo glorioso de la intimidad bíblica. El mundo se pierde del glorioso disfrute de una intimidad bíblica porque la ha degradado, la ha canibalizado, la ha reducido a algo muy diferente a lo que Dios tenía en mente cuando creó la intimidad entre un hombre y una mujer.

Lo primero que Dios quiere para nosotros claramente en esta área de nuestra vida es la pureza, es la abstención de nuestros impulsos y el gobierno de nuestros impulsos. Lo que me gobierna no son mis impulsos, sino mis convicciones. Los animales son gobernados por impulsos; el ser humano es gobernado por convicciones, debe serlo por lo menos. ¿Tú quieres ver una vida desordenada? Mira una vida que es gobernada por impulsos.

Lo segundo que vemos en este pasaje es que, si la voluntad de Dios es nuestra abstinencia y nuestra pureza sexual, ¿cómo lo hacemos? Vamos a requerir determinación y sabiduría. Mucha determinación y sabiduría. Oigan cómo el texto lo dice: "Que cada uno de ustedes sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión degradante como los gentiles que no conocen a Dios". Oigan esta otra traducción: "Que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos que no conocen a Dios".

El impulso sexual está presente en nuestro cuerpo; Dios lo puso ahí, pero eso, como dije, no debe gobernar nuestra vida. Y ese control, esa abstinencia a la que Dios nos llama, es particularmente difícil en el ambiente, en el contexto, en la generación en la que nos ha tocado vivir. Si a David le dio trabajo, ahora es que, como dicen, la piña se pone agria.

Este autor, un psiquiatra español no cristiano que tiene un libro que se llama *El hombre light*, Enrique Rojas —y lo traje precisamente, intencionalmente, siendo un hombre no cristiano, porque esta es una lectura incluso de personas que no conocen a Dios—, oigan cómo él ve esta situación de la sexualidad de nuestros días. Él dice, y cito: "Hoy asistimos a la idolatría del sexo. Los medios masivos de comunicación, y en especial el cine y la televisión, nos lo han servido en bandeja. Hay sexo por todas partes, sin afectividad, sin amor, como una ruta entretenida, divertida y traviesa en la que se mezclan valores como la conquista, la búsqueda del placer y el disfrute sin restricciones. Los medios prometen la liberación y el encuentro con uno mismo y con otros en paraísos de sensaciones maravillosas".

Sexo sin fin, diversión, juego caprichoso. Así se pretenden engañar y convencer al hombre de que el sexo y amor significan lo mismo, todo desde un punto de vista material y deshumanizado. Eso lo dice un hombre no cristiano acerca de la realidad que él ve, y él habla de los medios masivos de comunicación, de cómo están llenos de contenido de índole sexual e inmoral.

Déjenme darles algunos datos basados en estudios. Yo no voy a citar cada fuente, voy a decir algunas fuentes, pero todo está basado en fuentes y estudios serios. No en estudios interactivos de radio de aquí, de que ustedes llaman a ver quién está de acuerdo, quién no está de acuerdo. En estudios técnicos llevados a cabo para ver las conductas y las tendencias de nuestra generación.

En cuanto a los medios de comunicación, el 85%, según un estudio de Jameson, Morley y Ambulz, el 85% de las principales películas tienen un contenido sexual. El 82% de los programas de televisión tienen un contenido sexual. El 60% de los videos musicales tienen un contenido sexual. El 40% de las líricas musicales tienen un contenido pornográfico. En ese ambiente es muy difícil uno mantenerse puro y no ser influenciado por este aluvión de impureza e inmoralidad. Por eso nada es nada.

Toda esta exposición de los medios a la inmoralidad nos ha llevado a todos, cristianos y no cristianos, a ser gente sexualmente inmoral. Hemos cambiado nuestra manera de tratar la sexualidad y la intimidad a nivel de las palabras, hemos cambiado la manera en que nos vestimos, hemos cambiado la manera como vendemos. Nuestra generación está sexualizada. La mayor parte de los mensajes tienen un contenido directo o indirecto sexual, y en la época de la liberación femenina es donde la mujer es vista más como un objeto que como un ser humano.

Paradójico. Es paradójico pensar que muchas mujeres hablan de empoderamiento y justamente promueven tendencias de modelaje y demás que lo que hacen es sexualizar a la mujer. Y los mismos hombres que se dicen feministas, porque los hay —yo no soy ni machista ni feminista, no creo que sean categorías que la Biblia me dé permiso para yo adoptar— los mismos hombres que promueven los derechos de las mujeres son los mismos hombres que no se comprometen con ninguna y las usan.

Esta otra encuesta, este otro estudio, le pregunta a mil cien personas si la intimidad entre personas no casadas es aceptada o no, si es mala o no, si es inmoral o no. Los no cristianos en un 80% dijeron que no tienen ningún inconveniente, ningún problema. Intimidad entre personas no casadas, no hay ningún problema. Cristianos, 50% dijeron que no hay ningún problema si hay un compromiso mutuo. Intimidad entre personas no casadas, no hay ningún problema. Pero, ¿cuál es la Biblia que estamos leyendo? La desconozco, o no la conozco, o la he relativizado.

Eso puede pasar, porque David conocía la ley de Dios. Y David tuvo diez esposas, diez concubinas, ocho mujeres, llamó una que no era de él y se la tomó para él. Eso pasa. Puede pasar que gente que conoce la verdad la justifique, la acomode para llevar a cabo lo que quiere y termine pensando de esta manera.

Pero ese mismo estudio pregunta al mismo grupo de gente: "Ok, supongamos que dos personas no están casadas y no tienen tampoco ninguna relación. Son amigos, son conocidos, se conocen una noche. ¿Tú crees que está bien que tengan intimidad aunque no tengan una relación?" No cristianos, 83% dice que sí, que no hay problema, que si son adultos y lo consienten no hay ningún problema. Tú no sabes cuál es el trasfondo de esa persona, tú no sabes si esa persona está en salud. No importa, pero yo, bueno, si hay un impulso, no hay, eso es natural. Esa misma pregunta a cristianos, un 47% respondió que bueno, que yo no veo ningún problema tampoco.

Esta organización, Pew Research Center, hace una pregunta. Ellos vienen haciendo esta encuesta cada tres años desde el 94 hasta el 2019, es la última, van a hacer ahora el 2022. ¿Debe la homosexualidad ser aceptada como una práctica moral en la sociedad? En el año 94, 46% pensaba que sí. En el año 2019, 72% entiende que la homosexualidad debe ser algo moralmente aceptable, que no hay ningún problema con la homosexualidad, a pesar de que contradice la biología.

Si nos vamos a las estadísticas de pornografía, son tanto más inquietantes. El 80% de los hombres están de alguna manera consumiendo pornografía al menos una vez por mes, 80% de los hombres. Y la mujer viene corriendo bastante rápido. Cada vez más los índices de consumo pornográfico de parte de las mujeres son cada vez mayores. De hecho, el 60% de los hombres que consumen pornografía lo hace varias veces por semana. El 55% de los hombres casados dicen que lo hacen al menos una vez por mes y el 70% de los hombres no casados lo hacen de manera regular. En los jóvenes de 12 a 17 años, entre diario y semanal, el 30% de consumo de pornografía, entre diario y semanal, entre 12 a 17 años. Y entre jóvenes entre 18 y 24, el 50% lo hace entre diario y semanal.

Es una pandemia, una pandemia de inmoralidad lo que estamos presenciando. Una pandemia que nos está ahogando, que ha degradado el valor del hombre, de la mujer, que ha degradado el valor de la relación matrimonial. Y es inevitable que en un ambiente de pandemia, y lo sabemos porque acabamos de pasar, o no hemos pasado todavía, una pandemia, uno se cansa de prevenir, uno se cansa de cuidarse. Llega un momento, yo con la mascarilla, yo mismo que, "oh no, que se me pegue ya, ya, ya." Uno está como toda la vida, ¿cómo tú puedes estar en guardia siempre pendiente, atento aquí?

Y de alguna manera yo creo que la pandemia de inmoralidad sexual ha tenido ese efecto sobre nosotros. Es tanto que hay gente que se pregunta: "Bueno, pues yo no podré ver televisión, pues yo no podré ir al cine." Y yo creo que tendremos que llegar a la chocante, quizás triste, conclusión de que no. Quizás tendremos que abstenernos de consumir lo que los medios nos ofrecen, de ver la serie que todo el mundo está viendo, de escuchar la música que es más popular. Quizás tendremos que llegar ahí y ponernos nuestras mascarillas espirituales.

De ahí entonces que necesitamos determinación, porque son impulsos fuertes. Pablo habla: "Absténganse." Pablo no dice: "No, mira, ve, ve, ve, ten cuidado." No, abstente. La palabra abstente a veces la escuchamos en medio de los períodos electorales, donde decimos la abstención fue alta, o sea, la gente que no fue a votar fue alta. Bueno, eso es abstenerte. Tú no vas, tú no te presentas, tú te privas de eso.

Jesús nos llamó a ser radicales contra la tentación, no solamente sexual, sino con toda tentación, con todo lo que nos lleve a pecar. Jesús dice en Mateo 5:29: "Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno." O sea, lo que Jesús está diciendo es que el pecado tiene consecuencias. Si tú no las quieres enfrentar, quita eso que para ti es tentador, quítalo radicalmente.

El pecado debe ser extirpado de nosotros como el cáncer del cuerpo. Ningún cirujano le pregunta a un paciente de cáncer si se lo extirpa todo. El paciente dice: "Arráncalo, quítalo inmediatamente, lo antes posible." Esa es la respuesta enérgica del que está enfermo de algo mortal. Pero nosotros no vemos el pecado sexual como algo mortal ni fatal, porque nos hemos insensibilizado.

David no pensó que su pecado con Betsabé iba a acarrear lo que le acarreó. Él minimizó las consecuencias, maximizó el beneficio y el disfrute, y las consecuencias fueron peor de lo imaginado y el beneficio fue menor de lo imaginado. Y así pasa siempre, no nos engañemos. El pecado sexual es esquivo, omnipresente, está en todo lugar, y es secreto en la mayor parte de los casos.

Entonces el pecado sexual se aprovecha del secretismo, y como el cáncer que normalmente es asintomático y solo se descubre cuando no hay nada que hacer, el pecado sexual es así. Típicamente camina de manera secreta en nuestras vidas hasta que produce algo que no hay nada que hacer. Destruye una persona, destruye una familia, destruye una iglesia.

Y por eso Pablo dice en el versículo 4 que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo. No solamente determinación, como les acabo de decir en cuanto a las decisiones que tenemos que tomar contra el pecado sexual, es sabiduría. Tenemos que aprender a lidiar con esto de una manera sabia. No todos nosotros somos tentados con las mismas cosas, ni tenemos la misma frecuencia en cuanto a la tentación, ni la misma intensidad. No todos tenemos el mismo trasfondo. Algunos de nosotros venimos de hogares donde se nos sembró el principio de la pureza y del pudor. Hay otros hogares que son más liberales y donde la gente dice: "Bueno, no hay problema." No todos tenemos el mismo temperamento. Entonces yo tengo que ajustar mis decisiones de prevención en función de lo que yo soy, lo que es tentador para mí y demás. El casado tiene que tomar su set de limitaciones y medidas para prevenir el pecado sexual, y el soltero también.

Nosotros aquí los pastores en la iglesia tenemos reglas y normas que nos protegen, y las hemos dispuesto no para que la gente diga "wow." Las hemos dispuesto porque el pecado sexual es peligroso, y si agarró a David, me puede agarrar a mí. Nosotros no vamos a consejería con mujeres solas, por ejemplo, ningún pastor. Nuestras puertas de todas las oficinas tienen vidrios para que la gente pueda ver para adentro. Yo tengo prohibido darle una bola a una hermana solo. Ni siquiera las que trabajan conmigo en la oficina, las que están aquí que trabajan con nosotros en la oficina no saben. A veces yo voy saliendo junto con otra hermana que necesita un... Bueno, sin vaina, que acompañen. "Lo siento," y ella me dice: "Tranquilo, pastor, no hay problema." Ella sabe. Yo no chateo con ninguna mujer que no sea mi esposa. No hablo de cosas personales con mujeres que no son mi esposa.

Yo no salgo a comer, yo no salgo a socializar con una mujer que no sea mi esposa. Yo tengo relación con hermanas y amigas, todas socializadas con mi esposa, con mis pastores, con mis compañeros, con mis hermanos. ¿Le parece ridículo? Lean las historias de caídas, lean la historia de David otra vez y se van a dar cuenta si eso ridículo es sabio. Necesitamos sabiduría.

Déjame poner un ejemplo bíblico que creo que tiene un contenido extraordinario en esto. Conocido ejemplo que muchos quizás lo han revisado en este sentido, pero vamos a verlo quizás con nuevos ojos. El ejemplo de José, del hijo de Jacob, allá en el libro del Génesis, capítulo 39, comenzando a leer en el versículo 6. En la última parte nos dice que José era de gallarda figura y hermoso parecer. José era un pollo. Pensaba lo que es un pollo, ¿verdad? No sé si tiene una... algunos hermanos que nos están viendo por la sede que quizás tienen una connotación diferente. Aquí un pollo es un hombre buen mozo. Gallarda figura tiene que ver con que era un hombre que proyectaba masculinidad, era un hombre que se veía masculino, y hermoso parecer, ya saben, un hombre buen mozo. Y nosotros aquí los dominicanos a veces no queremos decir que un hombre es buen mozo, pero hay hombres buen mozo.

Y sucede en el versículo 7. Eso nos introduce a lo que va a relatar. En el versículo 7 entonces se dice: "Sucedió después de estas cosas..." Oigan lo que pasó: que José llegó a Egipto, lo compró un hombre que se llamaba Potifar, que era un oficial, un funcionario, y lo puso a cargo de su casa. Le dijo: "José, yo te hago cargo de mi casa aquí". Y José trabajaba con Potifar, que era un alto funcionario egipcio. Versículo 7: "Y sucedió después de estas cosas que la mujer de su amo miró a José con deseo y le dijo: Acuéstate conmigo".

Pero él rehusó y dijo a la mujer de su amo: "Estando yo aquí, mi amo no se preocupa de nada en la casa y ha puesto en mi mano todo lo que posee. No hay nadie más grande que yo en esta casa y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?" Y ella insistía a José día tras día, pero él no accedió a acostarse con ella o a estar con ella. Pero un día que él entró en casa para hacer su trabajo y no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro, entonces ella tomó a José por la ropa y le dijo: "Acuéstate conmigo". Pero él le dejó su ropa en la mano y salió huyendo afuera.

Unas varias cosas hay aquí extremadamente interesantes en cuanto a la dinámica de la tentación sexual y de inmoralidad. Fíjense cómo ella le insistía. Era fuerte esta tentación, y así es la tentación sexual porque tiene que ver con nuestros impulsos. Ella le decía: "Acuéstate conmigo, acuéstate conmigo". Era fuerte, directa. Y esta era una mujer posiblemente muy hermosa, muy atractiva, era la esposa de un alto funcionario. ¿Tú sabes? En esa época la mujer lo que vivía era poniéndose aceite en el cuerpo y poniéndose un cuento y costura. Ella vivía para ser una muñequita para su esposo. Y esta mujer con estas características... Este hombre tenía 27, 28 años aproximadamente, José, un hombre en la flor de su juventud, próspero. En esas condiciones, miren la fortaleza de esta tentación. Esto fue un embate.

Y no solamente la tentación sexual es fuerte, es directa. Tenemos que anticipar que sea así. Es insistente. El versículo 10 dice que día tras día, día tras día, día tras día le insistía. Y además de eso se aprovecha del secreto. Ella, en el versículo 11, se nos dice que en un momento dado cuando no había nadie en la casa, no había ninguno de los hombres que trabajaba ahí, ella vino otra vez: "Acuéstate conmigo". José pudo haber hecho eso y salido y listo, relativamente. Dios lo veía obviamente, pero el deseo sexual y el impulso sexual inmoral se aprovecha del secreto.

¿Y qué hace José? A pesar de la fortaleza, la insistencia y el secreto que rodeaba su caso, que rodea cada caso de inmoralidad sexual, lo primero es que la respuesta de José es extraordinaria. El versículo 8 dice: él rehusó y dijo a la mujer de su amo: "Estando yo aquí, mi amo no se preocupa de nada en la casa y ha puesto en mi mano todo lo que posee. No hay nadie más grande que yo en esta casa y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?"

¡Qué respuesta! ¡Y un hombre tiene 27 años! ¡Qué razonamiento! Obviamente esto no lo pensó José en ese momento, no es una respuesta improvisada, es una respuesta pensada. Y tú tienes que pensar, yo tengo que pensar cómo yo voy a responder a la tentación sexual cuando me llegue, porque va a llegar de alguna manera.

Pero José hace algo extraordinario. José se sale de sí. Él no se ve a sí, no ve esos impulsos, no ve ese deseo: "Yo tengo 27 años, altero, hoy estoy solo aquí". José mira hacia afuera y dice: "Hay otros que han confiado en mí. ¿Cómo yo le voy a hacer esto a mi patrón? ¿Cómo yo voy a traicionar su confianza? ¿Cómo yo voy a dañar su matrimonio? Pero ¿cómo yo le voy a hacer esto a Dios?"

Y uno de los frenos de la tentación, hermanos, es que cuando estemos en el momento de la tentación pensemos y levantemos nuestra mirada y pensemos: ¿Cómo yo le voy a hacer eso a mi esposa, a mi familia, a mis hijos? ¿Cómo yo le voy a hacer eso a los hermanos de la iglesia, al evangelio? ¿Qué se va a decir, no de mí, de lo que yo creo, de mi Dios, de mi Señor? Y esto es un freno cuando yo tengo la imagen de los míos, de la gente que ha confiado en mí, que me ve a mí. Y digo que yo no puedo caer ahí. No importa lo que yo sienta, no importa el impulso, no importa la fuerza, no importa la insistencia, no importa mi condición, ya sea que yo no tengo que yo tenga, yo no siento que... No importa. ¿Cómo yo le voy a hacer eso a los míos? Porque se me ha confiado, han confiado en mí. Pero no solamente eso, ¿cómo yo le voy a hacer eso a mi Dios?

Obviamente José tenía una relación con Dios cercana, íntima, vital. Lo vamos a hablar de eso en unos minutos. Pero lo primero que vemos en José es una decisión pensada de no caer, porque él sabía que había frenos. Yo no quiero dañar, y esto tiene un efecto perverso dañino sobre mi entorno que yo no quiero que se produzca.

Pero no solo eso. José toma la decisión de prevenir radicalmente esta caída. Fíjense lo que dice el versículo 10, y la mayoría de los que leemos este texto lo pasamos por alto. Les confieso que yo por mucho tiempo lo pasé por alto, pero estudiando el tema me percaté. Versículo 10 dice: "Ella insistía a José día tras día, pero él no accedió a acostarse con ella o a estar con ella". Yo no me voy a acostar contigo, eso es su decisión. Pero ¿cómo yo voy a mantener esa decisión? Que yo ni siquiera contigo voy a estar.

Y yo me imagino a José como medio corriendo en la casa: "No entré a la doña". "Ah, que está en la habitación, voy a poder ir a limpiar la cocina". "Doña está ahí". "Ah sí, yo le hablo desde afuera". Él no quería estar con ella. Él estaba previniendo que esta mujer siguiera insistiendo, encontrarse en un ambiente solitario. Él no quería exponerse, él quería cuidarse.

Y honestamente, hermanos, esto parece ridículo, pero cuando nosotros entendemos bíblicamente la tentación sexual, no como el ingenuo que no conocía de eso, que cree que no, que todo es nada, que todo natural, no importa, que va... No, no, no. Si te pones en el lugar inadecuado, en el momento inadecuado, tú vas a caer. Entonces ahí no me digas ridículo. Así hay que tomar, porque son efectivas. Y este hombre dijo: "No, yo no voy a caer, y la forma es que yo no voy ni siquiera donde esté ella". Increíble, un jovencito, digo para mí jovencito. Ahora, para otros... ¡Wow!

Pero sobre todo, hermanos, sobre todo necesitamos sabiduría, necesitamos determinación, cierto, pero necesitamos una relación con Dios. Cultivar una relación con Dios que sea vibrante, que sea estimulante, que nos haga sensibles al pecado, que nos ayude a discernir los tiempos, las ocasiones, para poder navegar en este mal de inmoralidad sexual. Estamos rodeados, hermanos. Y esa relación con Dios es precisamente lo que nos va a dar fortaleza para poder resistir.

Este autor lo dice de esta manera: lo único que cura el anhelo por Egipto es el anhelo por la tierra prometida. Necesito comenzar a creer que lo que Dios me ofrece es mucho mejor que las falsas promesas de la inmoralidad sexual. Pero si no tengo una relación con el Señor, las medidas ayudan, pero no son al final el cerrojo final. El cerrojo final es mi amor por Dios. Y ver a Dios como aquel que puede satisfacer mi sed, que puede satisfacer mi deseo de plenitud, que puede satisfacer aquello que la gente busca en la inmoralidad sexual, que es sensaciones, experiencias, apreciación, gozo. Solo que la gente lo busca y no lo encuentra. Por eso hay muchos adictos a la inmoralidad, porque no encuentran, no los sacia su experiencia. Solo Dios puede saciarnos plenamente.

Recientemente mi familia y yo, mi esposa, mi hijo, tuvimos la oportunidad de visitar las cataratas del Niágara. Quizás algunos, son muchos, han ido. Ya fuimos del lado canadiense, que es, decían, lo dijeron, que era el lado más bonito para ver las cataratas, o más impresionante, y allá fuimos.

Dios nos regaló un arcoíris ahí al lado. Pero mientras vemos la foto un poco, nosotros estuvimos en ese balcón por un rato largo. Fuimos, caminamos hasta allá, nos quedamos ahí, nos sentamos. En algunas ocasiones ya mi hijo Ataúlfo me decía: "Ya, pero ya vamos". Yo era embelesado con la catarata ahí, y ahí pudimos incluso meditar y reflexionar.

Charlábamos mi esposa y yo. Yo decía: "Pero mira esta agua que fluye, que fluye, que fluye, que fluye, que fluye. Esto tiene cientos de años fluyendo, y pasarán cientos de años fluyendo. Veinticuatro horas del día, trescientos sesenta y cinco días del año. Un flujo de agua que no se detiene. Agua limpia, agua fresca, agua hermosa que no se detiene". ¿No es un símbolo de Dios? Una agua que llena, que refresca, que suple, que llena nuestra alma. Él tiene más, Él tiene más de lo que yo he recibido. Que Dios no se agota, Dios no se agota. Y lo que precisamente estamos buscando en estos espacios, en estas experiencias, es lo que Dios solo puede dar. Y a mí el río me hablaba, el río me decía: "Yo tengo más de lo que tú te imaginas".

Y entonces, hermanos, está claro que la Biblia nos llama a la pureza sexual. Vamos a requerir determinación, sabiduría, una relación con Dios cercana, y querer que Dios supla y que Dios llene. Pero si nosotros no hacemos caso, habrá consecuencias, habrá consecuencias.

El versículo seis del texto que leímos dice que nadie peque ni defraude a su hermano en este asunto, porque el Señor es el vengador de todas estas cosas, como también antes les dijimos y advertimos solemnemente. Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación. Por tanto, el que rechaza esto no rechaza a un hombre, sino al Dios que les da a ustedes Su Espíritu Santo. El rechazo de las instrucciones de Dios para esta área de la inmoralidad sexual es un desafío a Su autoridad, según este texto.

David vivió pesadas y tristes consecuencias de su pecado. David lo experimentó en carne propia. Segunda de Samuel doce nos dice parte de las consecuencias, y aquí se nos cuenta que a David se le dijo lo siguiente: "Dios perdonó tu pecado". O sea, tú no te vas a condenar por este pecado, Dios te perdonó, pero hay consecuencias. Y Dios le dijo: "La espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado la mujer de Urías heteo para que sea tu mujer".

David experimentó desierto espiritual, experimentó en su cuerpo físico el quebrantamiento, la depresión que trae el pecado y el ocultamiento, por el tiempo que lo ocultó. El hijo que tuvo con la mujer de Urías murió en más o menos al año. Luego David tenía un hijo que se llamaba Amnón, que era con una de sus mujeres, y tenía una hija que se llamaba Tamar con otra de sus mujeres. Amnón se obsesionó con Tamar, y Amnón, hijo de David, violó a Tamar, su media hermana. Y luego de haberla violado, la despreció. Pero Absalón, cuando se enteró del asunto —Absalón era hermano de Tamar de padre y madre— Absalón mató a Amnón.

Todo es un mar de inmoralidad sexual. Su papá no dio el ejemplo: diez concubinas, ocho mujeres, tomó una mujer que no le pertenecía, mató a su esposo. Y en la familia de este hombre, obviamente, la gente le perdió el respeto. ¿Qué ejemplo dio David en esta área para sus hijos? Amnón fue un desenfrenado, Absalón también lo fue, un impulsivo gobernado por sus impulsos. Muerte e inmoralidad en la familia del hombre conforme al corazón de Dios.

Y no solamente eso. Absalón mata a Amnón y se obsesiona con matar a su padre David. Y no solamente quiere matar a su padre David y tumbarlo del poder, da un golpe de estado, sino que toma de las mujeres de David y tiene intimidad con ellas públicamente. Esas son cosas, señores, inconcebibles, duras, difíciles. Y luego, soldados de David, leales a David, matan a su hijo Absalón. Y David vuelve a sufrir, producto de la espada en su casa, producto de su pecado de inmoralidad, producto de su rechazo a Dios. "¡Absalón, Absalón, hijo mío!" Y David sabía que era una consecuencia de su pecado.

Y cómo yo he visto familias destruirse por el pecado sexual. Hijos que no quieren saber de su padre, mujeres que no quieren saber de sus esposos, y viceversa también. Y al ellos más adelante, a veces se preguntan: "¿Qué fue lo que yo...?" Y bueno, que te dejaste llevar por el impulso, y eso tiene consecuencias tarde o temprano. Dios juzga eso, y está bien que lo juzgue. No podemos decir que Dios no es amoroso porque juzga. No, Dios es justo y juzga. Ahora, podemos arrepentirnos y podemos retornar. ¡Qué costosa fue la inmoralidad sexual para la vida de David! ¿Qué costosa la inmoralidad sexual para cada uno de nosotros?

C.S. Lewis decía: "Somos criaturas desganadas que pasamos el tiempo jugando con la sexualidad, las bebidas, la ambición, cuando Dios nos ha prometido un gozo infinito. Somos como aquel niño del barrio pobre que en su ignorancia quiere seguir jugando con pasteles de lodo, pues es incapaz de imaginarse cómo serían unas vacaciones en la playa". Pero preferimos jugar con el lodo de la inmoralidad, en lugar de asir lo que Dios nos ha prometido, que es vida y vida en abundancia.

Hermanos, que el Señor sea con nosotros. Cada uno de nosotros sepa mantener en santificación y honor su propio vaso, su propio cuerpo. El Señor nos perdone. Como David oraba en el Salmo 51 —y ahora entendemos cuáles eran los pecados por los que David pidió perdón, porque obviamente él mató a un hombre, pero había un pecado de inmoralidad sexual detrás— esta oración ya la hemos leído, pero voy a leer unos pasajes y orar para terminar.

Salmo 51: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a Tu misericordia; conforme a lo inmenso de Tu compasión, borra mis transgresiones. Lávame por completo de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas. He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre. Tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría. Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve".

Nosotros levantamos nuestra mirada a Ti, y de alguna manera todos, si somos honestos, hemos incurrido, hemos cometido inmoralidad de alguna manera. Señor, perdónanos. Gracias a Jesús, porque Tu cruz perdona todo pecado. Dijo David: "El corazón contrito y humillado no lo despreciarás". Señor, y nosotros queremos pedirte perdón y expresar que estamos contritos y humillados delante de Ti. Porque en ocasiones, Señor, hemos permitido que nuestros ojos, que nuestras mentes, que nuestras palabras sean impuras. Señor, perdónanos. Queremos ser un pueblo santo, un pueblo que Te representa bien. Ayúdanos a caminar en medio de este mar de inmoralidad, a caminar por las aguas, por encima de ellas, sin sucumbir. Oh Señor, eso solamente lo puedes hacer Tú si nos acercamos a Ti. Así que gracias, que no importa dónde hayamos estado, no importan las profundidades de nuestro pecado; si acudimos a Ti, Tú tienes perdón y redención.

Amén, decimos en Tu nombre. Amén, amén, amén. ¡Bendiciones!

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.