Integridad y Sabiduria
Sermones

Firmes hasta Su regreso

Enrique Crespo 8 mayo, 2022

Desde los primeros siglos del cristianismo hasta hoy, los creyentes han vivido con la misma inquietud: ¿cuándo vendrá el fin? Cada generación ha señalado candidatos a anticristo —Napoleón, Hitler, Gorbachev— y ha interpretado guerras, pandemias y crisis como señales definitivas. Sin embargo, cuando los discípulos preguntaron a Jesús cuándo sucedería todo esto, su respuesta dedicó apenas un treinta por ciento a eventos futuros; el resto fue instrucción práctica: no se dejen engañar, no se alarmen, manténganse firmes, oren, prediquen el evangelio.

El barco del mundo se está hundiendo, pero quienes tienen esperanza no pueden darse el lujo de pelear por un vaso de jugo de naranja mientras el agua sube. Si los cristianos son sal y luz, este es precisamente el momento de preservar y alumbrar, no de entrar en crisis junto con todos los demás. La pandemia mostró cómo muchos abandonaron la fe bajo presión, pero también reveló oportunidades: hermanos ucranianos dispersos por Europa ahora predican donde antes el continente parecía perdido para el evangelio; venezolanos en el exilio llevan las buenas nuevas por los caminos de América Latina.

Para estar preparados —espiritualmente "en forma", como quien entrena el cuerpo— hace falta vivir en la abundancia de Dios y no en escasez, reconociendo que la iglesia rebosa de dones y talentos. También hace falta perdonar a los compañeros de milicia, recordando cuánto hemos sido perdonados. Como dijo el conde Zinzendorf, padre de las misiones modernas: "Predica el evangelio, muere y sé olvidado". Esa es la encomienda mientras esperamos el regreso de Cristo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hermanos, tengan todos muy buenos días. Para mí es un gozo muy grande verlos. En este momento vamos a predicar en esta mañana y se le ha puesto como título "Que tú estés en otra ansiedad", en sentido general. De hecho, usted ve cómo personas flaquean en la fe, cómo personas abandonan la Iglesia de Cristo, cómo personas entran en estado de depresión, etcétera, por ver la situación del mundo.

Pero esto no es nuevo. Yo comentaba que el primer libro que yo me leí como cristiano, aparte de la Biblia, pero la primera literatura que me cayó como cristiano, era un librito que se llamaba "Satanás vivo y activo en el planeta Tierra", de Hal Lindsey, me acuerdo como ahora. Y para mí eso era como doctrina pura, porque ahí te hablaba de cuántos cohetes nucleares tenía la Unión Soviética en aquella época, podía ver la cantidad de cohetes nucleares que tenían los Estados Unidos, qué es el problema con Gog y Magog, quién era el anticristo. Todo eso era como una especie de bola de cristal hacia el futuro. Y esa es una parte que a nosotros nos gustaba mucho. Y todavía gusta mucho a muchos cristianos inclusive. ¿Qué va a pasar en el día de mañana? ¿Qué está sucediendo ahora? ¿Qué es lo que estamos viviendo?

Nosotros hemos vivido esta inquietud por mucho tiempo, no es de ahora. Desde los inicios del cristianismo ha estado esta misma inquietud. Cuando vino el año 1000, ya se creía que iba a llegar el fin del mundo. Después, cuando venía el año 2000, se creía que ahí iba a ser el fin del mundo. Yo no sé si ustedes recuerdan que todos los sistemas de computadoras y todos esos se iban a caer. Entonces se les ponía a las computadoras un dos K, porque eso era que ya estaba certificado, que ese sistema no se iba a caer. Todos los computadores de los aviones iban a fallar y iba a ser como una lluvia de aviones cayendo desde el cielo. Era una cosa terrible.

También tuvimos en el siglo XIX los cristianos de cien y toda la humanidad pensaban, o parte de la humanidad: Napoleón. Ese es el hombre, ese es el nuevo anticristo, ese es el anticristo de verdad. No fue Napoleón. Después pasó la Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial: Hitler. No puede haber un hombre más malo que ese como anticristo, ese es el anticristo. Tampoco era Hitler. Después pasó el tiempo y vimos a Gorbachov. Y Gorbachov, un presidente de la Unión Soviética, un primer ministro, creo que es el título de él que se usaba, tenía una marca aquí, una manchita en la frente. Esa es la marca de la bestia, ese es el anticristo definitivamente, está claro, llegó el fin del mundo, ya se acabó esto. No era Gorbachov tampoco. En fin, nosotros tenemos como esa tendencia.

Ahora mismo estamos viviendo el COVID, la guerra de Rusia contra Ucrania, el avance del movimiento del eje BRICS. En fin, el aborto, el avance del aborto, las protestas, que si no es la culpa que yo tenía, que si era el fulano, que el Estado opresor, en fin, las persecuciones, etcétera. ¡Se está acabando el mundo! Ahora sí es. Y definitivamente hay gente muy mala en el mundo. Yo no estoy diciendo que alguno de lo que voy a mencionar ahora son de la gente. Pero esta bola de cristal que uno está viendo ahí, a ver cómo está el mundo: Biden, Putin, ese sí. Obama, yo no sé. Trump entró y salió. Yo no sé si siempre es esta bola de cristal, uno tratando de ver el futuro, de cuándo es que se va a acabar todo esto. Y ese es el énfasis de las personas ahora mismo. Y eso trae afán.

Yo recuerdo una vez en una reunión hace varios años que alguien entró y me dijo: "Mire, que tiene una llamada urgente." Yo le decía: "Bueno, si no es algo de mi familia o algo así, quizá puede esperar. Aun si fuera una guerra nuclear, un misil extraviado desde allá, desde la Unión Soviética hasta acá, va a coger como media hora. Y yo no me voy a preocupar por la última media hora porque me va a caer un misil encima." O sea, que la última media hora de su vida cójala con calma, no se va a hacer un mundo o algo, porque total. Imagina eso, un afán. ¿Te imaginas eso? La última hora de su vida afanado, entonces no va a valer la pena. Pero esta bola de cristal es lo que vuelve, uno le pasa la mano y vuelve a ver a ver qué es lo que ocurre allá dentro.

Esto mismo fue más o menos parecido a la inquietud que tenían los discípulos hace muchos años. En Mateo 24, este discurso de Mateo 24, Mateo 24 y 25 es un solo discurso. Yo decía que hay algunos que bromean, porque yo creo que es una exageración, pero bromean diciendo que parece que las divisiones que se hicieron en la Biblia, que se hicieron de capítulo y versículo, fue alguien que iba en una carreta y cada vez que caía en un hoyo como que ponía un capítulo ahí. Pero la verdad es que el capítulo 24 y 25 es un solo discurso, y el setenta por ciento de ese discurso es sobre cosas de carácter sobre qué debemos hacer cuando vengan esos tiempos. El treinta por ciento solamente, el veintinueve calculadito, por los redondeadores en treinta, el treinta por ciento se refiere a eventos futuros. O sea que hasta Mateo 24, que es un pasaje donde se ve una alta carga profética y donde las personas van con la bola de cristal a ver qué es lo que va a pasar y hacer sus cálculos de cuántas plagas y cuántas cosas que tienen que haber, hasta este texto lo que nos habla es más bien de qué nosotros tenemos que hacer en esta circunstancia, ya sea que son las últimas o no.

Y Mateo 24, voy a estar leyendo de la NVI por una sencilla razón, simplemente como es un pasaje muy conocido, para que uno pueda escuchar lo mismo con palabras diferentes. Dice: "Jesús salió del templo y mientras caminaba se le acercaron sus discípulos y le mostraron los edificios del templo. Pero él les dijo: ¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará piedra sobre piedra, pues todo será derribado. Más tarde estaba Jesús sentado en el monte de los Olivos cuando llegaron los discípulos y le preguntaron en privado: ¿Cuándo sucederá esto y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?" Esa es la pregunta. Esa es la inquietud.

Pero para entender esa inquietud, hay un preámbulo que nos da Lucas para poner un poquito este texto en su contexto. Y Lucas capítulo 21 comienza a hablar en los versículos del uno al tres de las ofrendas, de las ofrendas que daban los ricos y una viuda que echó todo su sustento. Y el Señor les dice: "¿Ustedes ven todo esto? Esa viuda ha dado más que todos los ricos, porque los ricos han dado de lo que les sobraba. Sin embargo, la viuda ha dado todo su sustento."

Y después de esa enseñanza, dice el versículo 5: "Algunos de sus discípulos comentaban acerca del templo, de cómo estaba adornado con hermosas piedras y con ofrendas dedicadas a Dios." O sea, el Señor les acaba de decir: "¿Miren? ¿Ustedes acaban de ver estas ofrendas? Realmente lo importante no es lo exterior, sino lo interior. Lo importante es si tú lo estás haciendo de todo corazón. Y esta viuda ha dado más que todos los otros, porque ha dado de todo su sustento. Lo ha dado ahí. Sin embargo, los otros han dado de lo que les sobraba." Pero eso es como que entró por un oído y salió por el otro, porque inmediatamente lo dicen, por lo que le dijeron: "Mira qué grande el templo, mira qué piedras tan hermosas, mira qué bonito todo esto." Pero te acaban de decir que eso fue con la sobra de los ricos, que no te pongas a fijarte tanto en lo de afuera, sino que mire más bien lo de adentro.

¿Y qué le dijo el Señor? Jesús dijo: "En cuanto a todo esto que ven ustedes, llegará el día en que no quedará piedra sobre piedra, todo será derribado." Dice el evangelio de Marcos capítulo 13 versículo 3, que Pedro, Jacobo, Juan y Andrés, desde el monte de los Olivos donde se veía claramente el templo, fueron los que le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo sucederá esto y cuál será la señal de que está a punto de suceder?" Ellos tenían bien claro: "Tú, Señor, tú que lo sabes todo, ¿cuándo es que van a ser estas cosas? ¿Cuándo es que no va a quedar piedra sobre piedra? ¿Cuándo es que va a venir el reino? ¿Cuándo es que el Mesías va a instaurar su gobierno en esta tierra? ¿Cuándo?"

Y ahí viene la respuesta del Señor. Y comienza, dice, a partir del versículo 4 de Mateo 24: "Tengan cuidado de que nadie los engañe —les advirtió Jesús—. Vendrán muchos que usarán mi nombre, dirán: 'Yo soy el Cristo', y engañarán a muchos. Ustedes oirán de guerras y de rumores de guerras, pero procuren no alarmarse. Es necesario que eso suceda, pero no será todavía el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá hambre y terremotos por todas partes. Todo esto será apenas el comienzo de los dolores. Entonces los entregarán a ustedes para que los persigan y los maten, y los odiarán todas las naciones por causa de mi nombre. En aquel tiempo muchos se apartarán de la fe, unos a otros se traicionarán y se odiarán, y surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos. Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. El que se mantenga firme hasta el fin será salvo."

Ahora viene el texto que muchos entienden que es el versículo clave de toda esta porción: "Este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin." Después que se haya predicado el evangelio a todas las naciones.

¿Qué es lo que está diciendo aquí el Señor? Bueno, lo primero es: mira, van a haber engaños, guerras, rumores de guerra, hambre, terremotos, persecución, odio, enfriamiento de la fe. De hecho, nosotros pudimos ver eso ahora recientemente con esta pandemia. Hay muchas iglesias alrededor del mundo, muchos abandonaron la fe, mucha ansiedad, mucho temor. Imagínense ustedes: "Ahora esto sí es grande, la gente puede morirse." Pero la gente se está muriendo hace mucho. "Sí, pero antes eran los pobres, ahora somos nosotros, ahora que no podemos morir." Entonces ahora viene el problema grande. Mientras la humanidad moría de hambre, pues el problema era de aquellos, pero ahora me va a tocar a mí.

En mi familia, es mi gente; ahora soy yo el que está en riesgo. ¿Qué voy a hacer? Pues me entristezco. Yo quiero ir al cielo, pero no me quiero morir. Eso es algo raro: la gente quiere ir al cielo, pero no quiere morirse. Y ahora la muerte está tocando a mi puerta. ¿Qué hacer? ¿Saben qué hacer? Ayudemos a los demás a morir bien, prediquémosle el Evangelio de Cristo. Tú y yo tenemos una esperanza que los que partieron no tenían, y muchos que partieron pudieron ser interceptados. Aquellos hermanos que sirvieron en aquella época ayudaron a algunos a partir bien. Yo sé que sí, repartieron Biblias; yo sé que sí, ayudaron a personas en el hospital; yo sé que sí, fueron y lo hicieron. Compartieron con ellos, porque esa es nuestra labor: compartir nuestra fe hasta el final, para eso nos ha dejado el Señor acá.

Pues bueno, todo eso está aquí, hay enfriamiento de la fe. Ahora mismo hay un fenómeno en el mundo que son los emergentes. En la cristiandad —ya me entienden, cristiandad es todo aquel que profesa fe en Cristo, independientemente de si realmente lo es, ¿no?— hay muchos que han surgido, que no se sabe bien qué es lo que creen. Los nominales son un buen grupo, son personas que profesan fe en Cristo, pero realmente sus obras no muestran un cambio de conducta. Entonces ese grupo es tan grande, están en medio nuestro, entran en todas las iglesias buenas, malas, mediocres, como le quieran llamar, grandes, pequeñas. Es un fenómeno tan grande que ahora mismo ocupan la segunda posición en cantidad dentro de la cristiandad. Están los católicos romanos número uno, segundo están los emergentes, después vienen los ortodoxos o griegos, protestantes, etcétera. Han surgido, no se sabe bien qué es lo que creen. Hay confusión, hay mucha gente que llena las iglesias evangélicas pero no entiende bien qué es el Evangelio. Es el estado en que estamos ahora mismo.

Y ahí viene el Señor y dice: no te dejes engañar, en el versículo 4. Todo esto ha de acontecer, pero no te dejes engañar. No te dejes engañar por todas estas noticias. Tú ves una cantidad de noticias que te llegan por el celular ahora mismo, por la televisión, por el periódico —bueno, si usted lee el periódico—. Todo lo que sale por el celular y las noticias, es raro que en una semana no tenga una depresión crónica, porque la verdad es que es terrible. Es terrible todo lo que hay ahí. Sin embargo, la Biblia trae esperanza. Si yo me paso a leer quince, dieciocho, veinte, treinta páginas de noticias y leo dos versículos al día, con razón que estoy desbalanceado; voy a estar ansioso, con estrés, me está llevando la corriente, no sé qué hacer.

Mateo 24 te dice: no te dejes engañar, no te alarmes. Versículo 6: no te alarmes. Esa palabra significa no estés haciendo un clamor, un tumulto; no entres en crisis; no te dé un soponcio, decían antes las personas antiguas, ¿no? No te dé una cosa, no entres en crisis. Tú tienes esperanza que los demás no tienen.

Versículo 13: mantente firme. Este es el momento para mantenernos firmes, inamovibles. Pero si nosotros que somos la sal, los que somos... Si no me equivoco, el pasado se nos hablaba que nosotros somos sal y somos luz. Si nosotros que somos la sal y la luz no nos vamos a mantener firmes en este momento, ¿quién es que se va a mantener firme para traer la esperanza al mundo? ¿Qué se imagina? Un policía vestido de policía gritando en una esquina: "¡Policía, policía, un ladrón!" Pero usted es el policía. Eso nos pasa a nosotros los cristianos. ¿Usted se imagina ahora en este momento, donde se está cayendo todo, que nosotros seamos los que estemos en crisis y desesperados? Nosotros somos los que tenemos las palabras de esperanza, nosotros las conocemos, nosotros conocemos al Dios de toda verdad. Nosotros somos la sal y la luz, los que podemos preservar el mundo y proclamar y llevar esperanza a la humanidad. De nosotros es que se espera eso, nosotros somos los instrumentos de Dios, y nos ha dado Dios ese privilegio de poder llevar el Evangelio y ministrar el Evangelio de la Reconciliación.

Entonces, no nos alarmemos, mantengámonos firmes, y el versículo 14: prediquemos el Evangelio. Prediquemos el Evangelio. Lo he dicho varias veces y se ha dicho varias veces desde este púlpito también: que no solamente es con la conducta que se predica el Evangelio, sino con las palabras también. Y ustedes saben qué, hay algunos que dicen que si la iglesia no pasa por Hechos 1:8 —"recibiréis poder", etcétera, etcétera— entonces debería pasar por Hechos 8:1, donde mataron a Esteban o no me acuerdo qué. Esa fue una estrategia misionera. Mataron a uno. Yo espero que aquí no nos toque esa estrategia, de verdad, y si no busquen a otro; yo con eso no lleno. Pero es una estrategia. Muchas veces se arma el correo y ahí entonces los cristianos comienzan a llevar el Evangelio.

Eso no es de aquella época solamente, no, está pasando en estos tiempos. En esta guerra que hay ahora entre Ucrania y Rusia, estaban saliendo —el último estimado era de millones de personas que estaban saliendo de Ucrania—. Ucrania era el país como asaltocence de cristiandad en Europa, y resulta que Europa se consideraba ya un continente oscuro para la cristiandad, donde en pocos años, en los años próximos, ya prácticamente iba a ser considerado un continente musulmán. Se perdió todo ahí; de hecho, ya ahora mismo hay catedrales e iglesias tradicionales que son discotecas, bares, teatros, etcétera, porque ya hasta mezquitas hay algunas. Entonces, con ese avance ya prácticamente estaba perdido. Y mandar misioneros allá era bastante caro, porque vivir en Europa es caro. ¿Qué hizo el Señor? Bueno, Él es el que cuida su obra. Ahora ha salido muchísimo ucraniano, y hay hermanos allá en Ucrania que están preparando a esos que están saliendo para que vayan y prediquen el Evangelio por toda Europa: por Rumania, por España, por Alemania. Por todas partes están llegando cristianos ahora a predicar el Evangelio de Cristo.

Hablando con un hermano de una denominación muy popular en Venezuela, él me decía lo siguiente —él era el encargado de misiones de esa denominación—. Les decía: "Cuando nosotros empezamos a ver que muchos hermanos se estaban yendo de nuestra iglesia por el exilio, huyendo de la situación económica, comenzamos a acelerar cursos de evangelismo para que todos ellos que fueran también recorriendo por todas partes fueran llevando el Evangelio." Yo no digo que todo el del exilio venezolano ha ido llevando el Evangelio a todas partes; no voy a decir algo tan simple como eso. Pero hay muchos de los que están ahí que sí están llevando el Evangelio por todas partes. El último conteo eran como cuatro o cinco millones de venezolanos que habían salido, y hay algunos de ellos, si no muchos de ellos, que están predicando el Evangelio por los caminos. Los he visto en Colombia, los he visto en Ecuador, los he visto en Panamá. En muchos sitios también están llevando el Evangelio de Cristo.

Por lo tanto, y es algo que nos dice aquí también este mismo texto más adelante, dice: "Mira, cuando ustedes los lleven inclusive a los tribunales, no piensen qué han de decir previamente, porque el Espíritu Santo los va a llenar y les va a permitir, les va a dar sabiduría para poder dar respuesta sabia." ¿Para qué? Para testimonio a ellos. Por lo tanto, en medio de la persecución, en medio de la abundancia, en medio de la escasez, lo que sea, nosotros tenemos una encomienda: ve y predica el Evangelio a todas las naciones. Después que concluyamos eso, entonces vendrá el fin.

Versículo 16, y nos da otra cosa: dice huyan. El dijo también huir. Huyan. Había unos muñequitos que decían: "¿Para qué digan que aquí murió si aquí corrió?" ¿Verdad? Era viejo y decía: "Huyamos para la derecha." Bueno, puede ser el ejemplo que le está diciendo aquí: huyan.

Versículo 20: oren. Nosotros podemos leer libros de oración, podemos oír prédicas de oración, podemos tener eventos de oración, podemos hacer muchas cosas —y yo he hecho muchas de estas cosas—. Sin embargo, aquí lo que nos está diciendo es que oremos. Y si algo tenemos que hacer es orar en estos tiempos. Una de las cosas que yo me he propuesto es que, si usted quiere orar, dedíqueme un minuto de cada hora al Señor para orar y pregúntele qué usted tiene que hacer, qué Él quiere que usted haga en la próxima hora. Y después, la siguiente hora, haga lo mismo. Y después, la siguiente hora, haga lo mismo. Y así usted va a tener un sentido más cercano de la presencia de Dios en su vida. ¿Sabe qué? Tiempos extendidos sobre la Palabra de Dios, vaya a sentarse solo por algún sitio y deléitese en el Señor. Oremos, oremos.

Versículo 44: mantengámonos despiertos, activos, vigilantes. No es hora de estar dormidos, es hora de estar activos, preparados, porque el Señor puede venir en cualquier momento. Por lo tanto, tenemos que estar activos. De hecho, más adelante, en el versículo 25 comienza con la parábola de las diez jóvenes, de las diez vírgenes, que es precisamente eso: para mostrar que tenemos que estar preparados para cualquier eventualidad.

De los versículos 45 al 49 se nos habla, por un lado, de estar preparados. En el versículo 44 ya vimos de estar despiertos. En el versículo 44 nos habla de estar preparados, y esa palabra "preparados" en inglés le llaman como que estar fitness. Yo no sé si usted ha visto los gimnasios que dicen que le ponen a la gente fit, los ponen con cuadritos, ¿verdad?, en el abdomen. Está haciendo ejercicio, musculoso, se parece a Hulk, pecho afuera. Se pone fit, cortadito, en forma. Eso es lo que está diciendo: manténganse en forma espiritualmente, con buenos abdominales espirituales. Hagan ejercicio espiritual de manera que usted esté cortadito, con dieciocho de brazo espiritual, que se le vean cuadritos aquí en el abdomen, que usted diga: "Pero venga acá, ¿será Hulk?" Una cosa así de Hulk: grande, verde, grandote. Espiritualmente, eso es lo que usted tiene que estar, pero espiritualmente.

Dice a partir del versículo 45: "Noten aquí quién es el siervo fiel y prudente a quien su señor ha dejado encargado de los sirvientes para darles comida a su debido tiempo. Dichoso el siervo cuando su señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo con su deber. Les aseguro que lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero ¿qué tal si ese siervo malo se pone a pensar: 'Mi señor se está demorando', y luego comienza a golpear a sus compañeros y a comer y a beber?"

Me gusta esa traducción de "compañeros" porque en el original es eso: consiervos, y tiene esa idea de ser un compañero de milicia, que estamos en la misma cosa. Y yo quiero hacer una parada aquí porque si hay algo que afecta mucho al pueblo de Dios, es esa parte que acaba de... Por eso el Señor le dedicó un buen tiempo, esos cuatro versículos, a la parte de no golpear a los compañeros.

Mira, mi hermano, tú puedes estar seguro que todos los que estamos debajo de este techo hemos golpeado y hemos sido golpeados por nuestros compañeros, seguro. En el presente, o estamos golpeando o estamos siendo golpeados probablemente por alguno de nuestros compañeros. Y en el futuro nosotros vamos a golpear o seremos golpeados por nuestros compañeros. ¿Por qué? Porque somos pecadores. Por esa sencilla razón.

¿Cuál es entonces la solución a no golpear a nuestros compañeros para estar preparados para la segunda venida de Cristo? Yo les quiero proponer dos ideas. La primera es que no vivamos en escasez, sino en abundancia. ¿Qué quiere decir eso?

Paul Mazur, alguien que fue contratado como banquero en Lehman Brothers en el 1927, dos años antes del crack famoso del 29 que trajo una recesión mundial, a él se le ocurrió algo. Porque después de la Primera Guerra Mundial decía que ahora más bien tenemos que incentivar un poquito la economía. Y él decía: "Debemos cambiar los Estados Unidos de una cultura de necesidades a una cultura de deseos." Edward Bernays, que era sobrino de Sigmund Freud y que creó las relaciones públicas como medio de propaganda, le gustó esa idea y le contrataron para que pudiera hacer eso, para fomentar los deseos como una forma de motorizar las ventas. Decía él, siguiendo lo aprendido de su tío, que las personas se guían por fuerzas irracionales e instintivas. Y por eso, inclusive, él fue de los que desarrolló la ingeniería del consentimiento.

Herbert Hoover, quien fue presidente de Estados Unidos del 29 al 33, en el 1928, dirigiéndose a publicistas y a relacionistas públicos, dijo: "Ustedes han tomado la tarea de crear deseos y han transformado a las personas en máquinas de búsqueda de felicidad constantes, máquinas que se han convertido en la clave del progreso económico." Deseos más que necesidades.

Por eso, en aquella época, los años 20, fomentaban que las mujeres fumaran cigarrillo, porque así rompían con un estereotipo y se veían como mujeres de mentalidad avanzada, libres del yugo opresor machista. Un cigarrillo. Vean lo que hacía un cigarrillo. O sea, lo interno era lo que esa gente reflejaba en un cigarrillo.

Los que tienen un poquito más de edad quizás recuerden, en la década de los 70, en nuestro país. Creo que, no sé si todavía existe esa compañía de cigarrillo que es de las más famosas del mundo, si no la más famosa, pues tenía un vaquero. En aquella época había otro cigarrillo que era nacional, no marca nacional, sino que era de la industria nacional. Y vendía más, pero entonces llegó este cigarrillo de afuera y la marca, la imagen, era la del vaquero. Pero nos gustaba a los hombres. Yo nunca he sido fumador, pero yo sabía que eso como que ayudaba a los hombres, porque era el vaquero, el caballo. Uno se sentía como una especie de John Wayne, como que echando un vuelo. Entonces usted compra un cigarrillo, pero era una especie de John Wayne que usted se veía. Un verdugo, un matatán, con el cigarrillo en la boca. Los otros contestaron: "¿Cómo te quedó el ojo, forastero?" Cuando sí que tiraron una campaña. En retrospectiva, realmente no, el vaquero se ganó a todo el mundo y ganó el duelo realmente. Pero eso es un ejemplo de lo que son los deseos internos. No es una necesidad. Y eso nos hace vivir en escasez.

Decía Walter Brueggemann, un autor cristiano: "El mito de la escasez lleva a la desesperación. Nos lleva a un presente de ansiedad, codicia, brutalidad, división en las personas. Nos enseña a no preocuparnos por los demás, solamente por nosotros." Eso se ve en el mundo y se ve en medio nuestro también. Hasta es posible que a nivel eclesiástico nosotros veamos escasez. "Hace falta hacer cosas. Tengo que hacerlo yo. Yo soy el que tengo la visión. Yo soy el que sé." Y comienzo a ver ahí fricción. No podemos ver a un Dios de abundancia.

El antídoto: vivir la abundancia de Dios con gratitud y generosidad. Salmo 104. Dios no es un Dios de escasez. Dios es un Dios abundante. Dice el Salmo 104, el versículo 24: "¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras! Todas ellas las hiciste con sabiduría. Rebosa la tierra con todas tus criaturas. Allí está el mar, ancho e infinito, que abunda en animales grandes y pequeños cuyo número es imposible conocer. Allí navegan los barcos y se mece el Leviatán que tú creaste para jugar con él. Todos ellos esperan de ti que a su tiempo les des su alimento. Tú les das y ellos recogen. Abres la mano y se colman de bienes."

Dios es un Dios abundante. No es un Dios limitado, escaso. El pecado del hombre es lo que ha hecho una distribución incorrecta. Pero realmente Dios es un Dios abundante. Esta iglesia está abundando en dones y talentos. Todos ustedes tienen dones y talentos dados por Dios. Por lo tanto, lo único que falta es que lo pongamos al servicio del Señor para proclamar su satisfacción, para llevar la Palabra, para discipular a otros. A nosotros se nos han encomendado las buenas nuevas del Rey en un mundo que se está cayendo a pedazos.

Lo otro que les quiero proponer es el perdón. El perdón. Dice en Efesios 4:31-32: "Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo." Así como Dios te perdonó, perdona tú a otros.

Recordaba, incluso en el culto anterior, una anécdota que hizo el reverendo pastor Lorenzo Méndez desde este mismo púlpito, que él estaba en una consejería en una ocasión. Y había un esposo que estaba ofendido con su esposa. Le decía: "Pastor, pastor, es que usted no sabe. Es que ella me ha ofendido." Dice: "Pero aquí fue que ofendió a mí." "Pero como fue a mí, a mí me ofendió." "Aquí fue a mí." "¿A ti?" "Sí, a mí." "Eso es una cosa, hombre. Vaya cosa que te ofendió a ti. ¿Y quién eres tú?" Tú y yo hemos ofendido a Dios, y Dios nos perdonó. ¿Quién puede decir aquí que es más grande que Dios? Y Dios te perdonó a ti y a mí. El que mucho se le perdona, mucho agradece. Mucho agradece. Por lo tanto, con un poquito de memoria y entendiendo bien la expiación de Cristo, es que uno está capacitado para perdonar a otros.

Por lo tanto, para estar preparados y no golpear a nuestros consiervos, sobre todo en estos tiempos donde se está viendo que el barco está haciendo agua: abundancia, a vivir en la abundancia, no en la escasez de Dios, ver a Dios así para poder vivir vidas agradecidas; y segundo, perdonar a nuestros compañeros.

Imagina, hermano, por un momento que a ti te llevan al pasado y tú apareces en el Titanic. Ya tú sabes cómo se va a acabar la historia. Y de repente comienza a oírse la voz: "¡Chocamos contra un iceberg!" Ya tú sabes cómo va a terminar eso. Ya tú sabes cómo va a terminar eso. Pero ¿qué resultaría? ¿Qué tú harías? Porque en la tarde de esa noche, en la cena, ¿tú lo que vas a hacer es decir lo siguiente? "Ahora que está la gente que mira, se oyó el grito, 'chocamos contra un iceberg', todo eso." Te dices: "Perdón, un momento. Antes de que esto se funda, busquen al mozo de la cena de esta tarde, porque el jugo de naranja que me lo llevó, me lo llevó sin azúcar. Y entonces, antes de que vengan a la guasara y dañen toda la azúcar, yo quiero... súbame mi voz así, pero quiero mi jugo de naranja con azúcar. Eso no se queda así. Yo tengo rato peleando con el mozo. Y hasta ahora, al día, mira que está por hundirse el barco, y todavía no me ha traído el jugo."

¿Usted haría eso o buscaría un chaleco salvavidas? Yo creo que todos nosotros buscaríamos un chaleco salvavidas. Nos acercaríamos al bote y comenzaríamos a decir a la gente que viniera al bote. ¿Por qué? Porque esto se está hundiendo.

Mi hermano, este mundo está haciendo agua por todas partes. Este mundo se está hundiendo. Ya no queda tiempo para estar peleando por un vaso de jugo de naranja sin azúcar. Se está yendo hacia el fondo. Es el tiempo de proclamar el satisfacción y decirle a la gente: "¡Arrepentíos y convertíos, porque el satisfacción de los cielos se ha acercado!" No tenemos otra opción. El pastor Miguel recomendaba en estos días un libro. Me gustó el título: "¿Avivamiento o muerte?" No tenemos alternativa. Es un tiempo en que nos estamos hundiendo.

Después de todo esto, mi hermano, aunque parezca increíble, pero en Hechos capítulo 1 todavía los discípulos seguían con esa inquietud. En Hechos 1:6 nos dice: "Entonces los que estaban reunidos con él le preguntaron: 'Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel?'" Otra vez la pregunta. Y la respuesta, yo digo que cuando venga la NVD, la Nueva Versión Dominicana, va a decir: "¿A ustedes qué les importa?" Dice: "No les toca a ustedes conocer la hora ni el momento determinado por la autoridad misma del Padre." ¿Lo ven? Les contó todo, Jesús. "Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra."

Otra vez la misma idea. No se preocupen por cuándo. No vayan a la bola, a la bolita mágica a ver el futuro. Preocúpense por lo que ustedes tienen que saber, por lo que ha sido revelado de manera clara.

Y en ese sentido, Daniel nos da un ejemplo precioso, un ejemplo precioso. Daniel estaba viendo estas cosas, y la abominación desoladora que se menciona ahí en el capítulo 24 de Mateo, que dice el Señor: "El que lo entienda, el que lo entienda". Cuando ustedes ven esa abominación, en el capítulo 11, versículo 35 de Daniel dice: "Algunos de los sabios caerán, pero esa prueba los purificará y perfeccionará para que cuando llegue la hora final, no tengan mancha alguna". Porque en el versículo 31 ya les había hablado de los sacrificios y de la abominación desoladora, pero va a venir tiempo donde ustedes, los sabios, van a ser perfeccionados y van a ser purificados.

En el capítulo 12, versículo 3 dice: "Los sabios, los sabios, ustedes, nosotros, los sabios resplandecerán como el brillo de la bóveda celeste. Los que instruyen a las multitudes, los que instruyen a las multitudes". Eso es lo que se nos ha encomendado a nosotros. Los que instruyen a las multitudes en el camino de la justicia brillarán como las estrellas por toda la eternidad.

Y desafía Daniel, entonces, la bola de cristal: ¿Cuánto falta para que se cumplan estas cosas tan increíbles? Le dan una respuesta. En el versículo 8 dice: "Aunque escuché lo que dijo ese hombre, no pude entenderlo, así que le pregunté: Señor, ¿en qué va a parar todo esto?" La bola otra vez. Y él me respondió: "Sigue adelante, Daniel, que estas cosas se mantendrán selladas y en secreto hasta que llegue la hora final. Muchos serán purificados y perfeccionados y quedarán limpios, pero los malvados seguirán en su maldad. Ninguno de ellos entenderá nada, pero los sabios lo entenderán todo".

El que tenga oído para oír, que oiga. El que sabe y lo ha entendido, que oiga lo que dice la Palabra de Dios. Y en el versículo 13 dice: "Pero tú persevera hasta el fin. Tú persevera hasta el fin y descansa, que al final de los tiempos te levantarás para recibir tu recompensa".

¿Qué tenemos que hacer ahora? Perseverar, proclamando la Palabra de Dios. Llevarla a todas partes. Ahora, poder tener buena relación con nuestros hermanos. Y al final, podemos morir, descansar si el Señor no ha venido antes, y nos levantaremos entonces para estar sentados en la mesa de la cena del Cordero, recibiendo recompensa por parte de Cristo.

Decía Ludwig von Zinzendorf, que obviamente es alemán, porque alguien que se llama así no puede ser de Agua de Dios. Pero él decía algo, considerado por muchos como el padre de las misiones contemporáneas. Decía Ludwig von Zinzendorf: "Prediquen el evangelio, mueran y sean olvidados". Esa es nuestra encomienda: predicar el evangelio, morir y ser olvidados, y no volvernos locos ahora con todo lo que está pasando en el mundo.

A nosotros se nos ha encomendado el evangelio de la reconciliación. Nosotros podemos ser sal y luz en este momento. Seámoslo, y confiemos que el futuro de la humanidad no está en las manos de políticos o de guerreros. Dios sigue estando en su trono y no le ha sorprendido cosa alguna de lo que está sucediendo ahora. ¿Pueden estar seguros?

Alguno de los que están aquí quizá dirá: "Bueno, pastor, está muy bueno para los cristianos, pero yo soy inconverso. Yo he venido aquí por primera vez, está muy bueno todo esto, pero ¿hay algo para mí?" Bueno, yo te quiero lanzar un reto. Porque muchas personas dicen: "Yo quisiera, yo sé todo eso, pero no estoy seguro. Yo me voy a convertir cuando Dios me llame. Cuando Dios me toque, ahí yo me convierto".

Un reto: si yo te leyera hoy en la Palabra de Dios cuándo tú te tienes que convertir, ¿tú te convertirías? Si la respuesta es sí, déjame leértelo. Cuándo tú te tienes que convertir. Dice 2 Corintios 6: "Nosotros, colaboradores de Dios, les rogamos que no reciban su gracia en vano. Porque él dice: En el momento propicio te escuché, y en el día de salvación te ayudé". Les digo que este es el momento propicio de Dios. Hoy es el día de salvación. ¿Cuándo te tienes que convertir? Aquí y ahora, aquí y ahora.

El barco se está hundiendo. Ve hacia un bote salvavidas, que Dios es amplio en perdonar. Su amor es infinito y abundante. Ven, que Dios es amplio en perdonar. Y al final, cuando terminemos, si quieres recibir a Cristo como Salvador y huir de este barco que se está hundiendo, por aquí abajo va a haber personas que te pueden ayudar a orar, y también cualquier hermano en la fe que esté por los alrededores también te va a ayudar y te va a explicar, espero yo, cómo recibir al Señor y huir de este mundo.

Así que, hermanos, no se vayan muy rápido. Ayuden a todas estas personas. Si alguien ustedes ven que necesita que lo guíen, vayan, oriéntenlo. Porque somos nosotros aquí, a nosotros se nos ha dado el ministerio de la reconciliación. Que Dios los bendiga a todos. Vamos a orar.

Oremos. Señor que estás en los cielos, Padre, te queremos dar las gracias, Señor, porque aunque a nuestro entender este mundo se está cayendo y se está hundiendo, sin embargo, en tu gracia y en tu misericordia, tú nos has encomendado el ministerio de la reconciliación para poder llevar tu Palabra a toda la humanidad. Señor, ayúdanos a tener fe avivada en estos días. Ayúdanos, Señor, a salir de nosotros mismos, a levantar nuestros ojos al cielo con esperanza, poder esperar la venida de nuestro Señor Jesucristo, firmes hasta su regreso, con la esperanza bendita de que tú serás nuestro galardonador, de que tu Hijo Jesús viene en su pago, que nos bendecirá, que por toda la eternidad estaremos disfrutando de su presencia. Padre, trae a muchos a conversión, te lo rogamos en esta mañana, en este templo, y a cualquier persona que oiga esta palabra en sus casas. Gracias, Padre, por tus bendiciones, en Cristo Jesús. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Enrique Crespo

Enrique Crespo

Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.