Integridad y Sabiduria
Sermones

El fracaso en las manos de Dios

Joel Peña 16 julio, 2023

El fracaso no destruye al creyente verdadero, sino que lo forma. Esta verdad atraviesa la historia de Moisés en Éxodo 2, donde un hombre de cuarenta años, educado en toda la sabiduría de Egipto y poderoso en palabras y hechos, intenta liberar a su pueblo con sus propias fuerzas. Moisés ve la injusticia, ve al egipcio golpeando al hebreo, pero también mira a un lado y al otro para asegurarse de que nadie lo observe antes de matar y esconder el cuerpo. Sus buenas intenciones se ejecutaron en la forma y el tiempo equivocados. Como ilustra la historia de Thomas Edison, quien ante el incendio que destruyó todos sus inventos dijo "gracias a Dios, podemos empezar de nuevo", el fracaso visto con los lentes de Dios se convierte en el primer paso hacia una madurez que no existía antes.

El resultado del impulso de Moisés fue huir al desierto de Madián, donde el príncipe de Egipto pasó de casi heredar el trono más poderoso del mundo a dar de beber a las ovejas de unas pastorcitas. En Egipto aprendió a ser alguien; en Madián aprendió a ser nadie. Allí, lejos de todo lo que lo hacía relevante, Dios moldeó su corazón de siervo. Cuando ya no podía hacer el bien que quería, estuvo listo para hacer el bien que podía.

Cuarenta años después, cuando Israel finalmente clamó a Dios, tanto el pueblo como el mensajero estaban listos. Dios oyó, se acordó de su pacto y miró a los israelitas. El fracaso en las manos de Dios prepara al siervo para actuar en el tiempo y la forma apropiados, porque los fines espirituales nunca se alcanzan con medios carnales.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, cada vez que tenemos una oportunidad para hablar la Palabra de Dios, definitivamente la podemos describir como muchas veces hemos oído al pastor: es como subirnos en los hombros de otros hombres que ya han expuesto de algunos textos. Y en el día de hoy yo me voy a subir en los hombros de muchos hombres de Dios, entre ellos algunos que están aquí y otros que he consultado, para hablar de un texto muy conocido en la vida y la historia de Moisés.

Nosotros podemos ver muchas cosas grandiosas en la vida de Moisés, increíbles, sin límites el poder de Dios manifestado. Pero hay situaciones, hay momentos más pequeños pero tan profundos que tienen tantas enseñanzas para nosotros, y eso es lo que queremos hacer hoy.

Pero antes quería remontarnos a diciembre de 1914. Yo no estaba allí, evidentemente, pero sí Tomás Edison. Tomás Edison era un inventor prolífico, más de mil inventos fueron hechos a través de su ingenio, dentro de ellos el micrófono, el fonógrafo, la luz incandescente, la batería de almacenamiento y muchos, muchos más. Es en ese tiempo, en diciembre de ese año, cuando Edison tuvo una experiencia catastrófica. Estalló un incendio dentro de sus dos edificios donde él tenía todos estos inventos y proyectos y planos y demás, y comenzó a quemarse el edificio y todo fue destruido.

Él tenía 67 años en ese momento, un hombre ya mayor, verdad, en edad. Y los daños superaron los dos millones de dólares en ese tiempo, y los edificios solo estaban asegurados por 238 mil dólares. O sea que él se quedó sin nada prácticamente. Pero esa noche, en medio del incendio, su hijo Charles, que tenía 24 años, encontró a su padre mirando tranquilamente el fuego, y su rostro brillando en el reflejo allí de esas llamas, su cabello blanco ondeando con el viento, describe Charles. Y él dice estas palabras: "Me dolía el corazón por él, por mi padre. Él tenía 67 años, ya no era un hombre joven, y todo estaba en llamas."

Cuando Tomás Edison vio a su hijo, gritó: "¡Charles, ven! ¿Dónde está tu madre?" Cuando le dijo que no sabía, Charles Edison dijo: "Encuéntrala, tráela aquí. Ella nunca verá un espectáculo como este mientras viva." Charles se quedó pensando y asombrado. Y esta actitud continuó al día siguiente, cuando Edison miró las ruinas y dijo en voz alta: "Hay gran valor cuando llega un desastre. Todos los errores que cometimos se quemaron. Gracias a Dios, podemos empezar de nuevo."

Qué actitud, hermanos, ante un momento tan funesto donde se llevó todos sus recursos y sus planes. Pero es la perspectiva de cómo se ve el fracaso a la luz de Dios, que nos da un propósito, un sentido a la obra que Él puede hacer en medio de ese fracaso. Tres semanas después del incendio, Edison logró completar el primer fonógrafo bajo su invención. Dios usa el fracaso en nuestras vidas, y es de lo que vamos a estar hablando hoy.

Alguien dijo una vez: "Aquel que nunca fracasa es porque su barra para saltar está demasiado baja o su cinta de medida es demasiado corta." No tiene parámetros claros, porque todos hemos fallado, fracasado, hemos caído en derrota, incluso hombres famosos y héroes de la fe en la Biblia.

Nosotros tenemos ejemplos como el gran Noé, que Dios salvó a la humanidad completa a través de este hombre, pero una noche se emborrachó y anduvo desnudo. Nosotros tenemos a Abraham, el padre de la fe, quien mintió dos veces para decir que su esposa era su hermana. Su hijo Isaac hizo lo mismo, imitando a su padre, y a la vez tuvo favoritismo con sus hijos. Jacob, quien le precedió, se aprovechó de su hermano y engañó a su padre para ser el primogénito y tener la bendición. David no tengo que explicarles mucho cómo él adulteró con Betsabé y mató a su esposo.

Nosotros podemos seguir la lista y es larga. Los discípulos abandonaron a Jesús, Pedro le negó, Juan Marcos, uno de los acompañantes de Pablo para su primer viaje misionero, se desmonta del barco y lo abandona. Nosotros pudimos ver que la lista sigue y sigue. Pero el fracaso no destruirá a los cristianos verdaderos, sino que desarrollará aún más su carácter y sus habilidades para vivir para Dios y servirle. El fracaso, si es interpretado a la luz de los ojos de Dios, de sus lentes, es como el primer paso hacia un nivel mayor de madurez que no tenías antes de tu fracaso.

Hoy veremos eso en la vida de Moisés bajo el título del mensaje de hoy: El fracaso en las manos de Dios. Acompáñame a Éxodo capítulo 2, vamos a leer desde el versículo 11 hasta el versículo 15, aunque más adelante continuaremos leyendo.

Leemos de esta forma: "En aquellos días, crecido ya Moisés, salió a donde sus hermanos y vio sus duros trabajos. Vio a un egipcio golpeando a un hebreo, a uno de sus hermanos. Entonces miró alrededor, y cuando vio que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían, y dijo al culpable: ¿Por qué golpeas a tu compañero? ¿Quién te ha puesto de príncipe o de juez sobre nosotros? —le responde el culpable—. ¿Estás pensando matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo y dijo: Ciertamente se ha divulgado lo sucedido. Al enterarse Faraón de lo que había pasado, trató de matar a Moisés, pero Moisés huyó de la presencia de Faraón y se fue a vivir a la tierra de Madián, y allí se sentó junto a un pozo."

Nuestro mensaje de hoy lo vamos a dividir en dos simples partes. Una: la experiencia de fracaso de Moisés. Y dos: las lecciones de su fracaso y las nuestras.

Pero aunque muchos conocemos la historia de Moisés, es bueno en un grupo como este brindar cierto contexto. El pueblo de Israel está en Egipto, pero hay una historia detrás. Este pueblo llega a Egipto por una gran hambruna que ocurrió en Canaán y es movido a Egipto gracias a que José, el hijo de Jacob, era el segundo al mando en ese tiempo en Egipto, y les provee a toda la familia de Jacob, que eran también sus hermanos. Allí se queda la familia de Jacob, que luego es el pueblo de Israel, que crece a través de los años, tiene una tierra llamada Gosén en Egipto, y se multiplican, y Dios les hace un pueblo poderoso en medio de Egipto.

El pueblo de Egipto entonces tiene temor de ese gran número en que se convierte el pueblo de Israel, y el faraón de ese tiempo comienza a tomar directrices, a decidir normas y reglas para cargar a este pueblo y esclavizarlos con mucho trabajo. Increíblemente, hacía siglos atrás que Dios le había dicho a Abraham que esto iba a acontecer, que su pueblo iba a estar en otro lugar y allí iba a ser esclavizado, pero que Dios lo libraría. Eso lo leemos en Génesis capítulo 15, versículos 13 y 14, dice así: "Y Dios dijo a Abraham: Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos durante cuatrocientos años. Pero yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después saldrán de allí con grandes riquezas." Abraham en ese momento ni hijo tenía, ni descendencia, y Dios le había dicho lo que iba a acontecer: esclavos, pero los voy a librar.

En los tiempos de Moisés esa liberación no había llegado todavía. El pueblo tenía grandes cargas, duros trabajos, como leemos aquí. Y Moisés nace de una hebrea, pero en el tiempo en que Faraón decide que todo varón que nazca de una mujer hebrea sea eliminado. Cuando nace Moisés, sus padres lo ven tan hermoso que deciden, en lugar de entregarlo a los egipcios o a las parteras delegadas para eso, ponerlo en un canasto a las orillas del río Nilo y se lo entregan a Dios, como quien dice. Pero Dios, en sus planes nada se escapa, y la misma hija de Faraón recoge a este bebé y lo adopta para sí, y busca a alguien que le ayude a amamantarlo y cuidarlo, y es nada más y nada menos que la propia madre de Moisés quien lo cuida.

Ahora Moisés ya crece, verdad, y lo que vemos en esta etapa, según lo que pudiera leer en Hechos que habla de este momento de "aquellos días crecido ya Moisés", Moisés ya tenía 40 años según Hechos capítulo 7. Y ahora comienza una segunda etapa de vida, y esta etapa es una etapa especial, porque como veremos, es la etapa que Dios usa para poderlo formar, para hacerlo un siervo según los propósitos de Dios y a la manera de Dios.

Entonces comenzamos con el gran y grave error de Moisés que ya leímos. Pero esta es la primera parte: la experiencia de fracaso de Moisés. Le vemos en el versículo 11 nuevamente del capítulo 2 de Éxodo: "En aquellos días, crecido ya Moisés, salió a donde sus hermanos y vio sus duros trabajos. Vio a un egipcio golpeando a un hebreo, a uno de sus hermanos."

Moisés, a pesar de haber sido criado en la casa de Faraón, en el palacio de Faraón, de alguna forma conocía sus raíces. Él sabía que era de descendencia hebrea, que los que estaban allí siendo esclavizados eran sus hermanos. Y aquí dice la Palabra de Dios: "Salió a donde sus hermanos." Y es interesante cómo en los próximos versos se repite varias veces que Moisés vio, utilizó su mirada para ver muchas cosas. La primera: los duros trabajos del pueblo, la opresión que tenía al pueblo en general en ese momento. Él lo vio y lo consideró. Él también vio, en ese versículo 11 dice, a un egipcio golpeando a un hebreo, a uno de sus hermanos. Él vio a un abusador golpeando a uno que era esclavo en ese momento, pero era uno de sus hermanos.

Sin embargo, el versículo 12 nos dice que Moisés siguió mirando y viendo, y aquí vienen las faltas de Moisés. Versículo 12: "Entonces miró alrededor, y cuando vio que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena." Sus ojos, que habían servido para ver la injusticia, para ver los duros trabajos, también fueron usados para ver: "No hay nadie aquí." Para un lado, para el otro, y mató al egipcio. Moisés tenía buenas intenciones, ¿verdad? Hacer justicia, defender a su pueblo o a los hermanos que estaban esclavos ahí. Pero él tomó la justicia en sus propias manos y escondió la evidencia. Evidentemente uno tiene como el sabor de que Moisés sabe que lo que está haciendo no está bien. Mirar para un lado, no hay nadie; ahora sí.

Cuando usted y yo hacemos eso, es porque sabemos que no es aprobado delante de Dios y delante de los otros. A pesar de sus buenas intenciones, a pesar de que él quería hacer algo bueno, lo hizo en la forma y el tiempo equivocado.

En Hechos 7, que ya mencioné, el verso 25, ahí tenemos el discurso de Esteban. Y el discurso de Esteban es maravilloso, es una historia resumida y compactada del pueblo de Israel. Dentro de esa historia vemos algo que es el propósito por el cual Moisés quería ayudar, y es lo siguiente: Moisés pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron. Moisés tenía intención de ayudar a que su pueblo fuera libre de esta carga, de esa esclavitud y de las injusticias. Esa era su gran motivación. Incluso él tenía gran poder, buenas relaciones con Egipto, de la casa de Faraón, o sea que se veía como apropiado: si yo quiero ayudar a alguien y tengo todo este poder, voy a utilizarlo para esta liberación.

Hechos 7 nuevamente, verso 22, dice que Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios y era un hombre poderoso en palabras y hechos. Grandes recursos intelectuales, porque Egipto era un imperio en ese momento con los más grandes avances y mayores conocimientos de esa época. Y Moisés era un hombre poderoso en palabras, y ahí me llama la atención esa parte, porque Moisés, si conoces la historia, más adelante se declara tartamudo y que no puede hablar, pero esa es otra historia.

Era poderoso en palabras y en hechos. Incluso un historiador llamado Josefo nos describe en sus escritos que Moisés era el único heredero de Faraón. Solo tenía una hija y no tenía hijos, por tanto Moisés iba en la trayectoria de ser faraón de la nación más poderosa del mundo en ese momento. Y a la vez él era comandante y director del ejército de Faraón para sus guerras, y lograba las victorias. Por eso dice Esteban en Hechos 7 que era poderoso en palabras y hechos.

El problema que vemos aquí con esta situación de Moisés, el egipcio, y cómo quiere defender a su pueblo, es que Moisés no estaba autorizado a tomar ese asunto en sus propias manos de esa manera. El resultado de esa acción lleva a la conclusión del verso siguiente. En el capítulo 2 vemos en el verso 13: "Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían, y dijo al culpable: ¿Por qué golpeas a tu hermano?" Aquí viene la pregunta: "¿Quién te ha puesto de príncipe o juez sobre nosotros?", le respondió el culpable. "¿Estás pensando matarme como mataste al egipcio?" Entonces Moisés tuvo miedo y dijo: "Ciertamente se ha divulgado."

La respuesta de este hebreo culpable de la agresión es muy apropiada, o la pregunta, mejor dicho: "¿Quién te ha puesto a ti de gobernante sobre nosotros?" La respuesta correcta es: nadie. Dios lo hará después, pero en ese momento nadie lo ha puesto como gobernante ni juez. Y Moisés vivió lo que mayor temor tenía. "Ciertamente" a veces tiene tanto contenido allí, porque es como si Moisés había pensado en esto antes: "Yo maté a alguien, me dije que no había nadie, lo oculté, pero se divulgó, la gente lo sabe ya."

Y al enterarse satisface, dice el verso 15, de lo que había pasado, trató de matar a Moisés. Pero Moisés huyó de la presencia de satisface y se fue a vivir a la tierra de Madián, y allí se sentó junto a un pozo. Moisés huyó a una región, hermanos, que si tú la comparas con Egipto, solamente hay tierra. Ahí era un lugar desértico, alejado de toda civilización en ese tiempo, en Arabia, y era uno de los lugares donde el reinado de Egipto no tenía poder. Por eso se fue lo más lejos posible y se sentó junto a un pozo.

Yo no sé si a ustedes les suena repetida esta escena: un pozo otra vez. Si tú y yo conocemos la historia en la Biblia, el pozo es una escena muy repetida. Fue en un pozo que el siervo de Abraham encontró la esposa de Isaac; allí encontró a Rebeca y se llevó a Rebeca, obviamente con un proceso con los padres. Fue en otro pozo que Jacob también encontró a Raquel, su esposa. Allí, increíblemente. Así que aquellos que están pendientes de encontrar una pareja, vayan a un pozo. No, ahora no hay pozos.

Pero ahora Moisés está allí también, y Moisés no está en la búsqueda de nadie. Moisés, recuerden, él está huyendo con temor y como un fracasado por todo lo que había acontecido. ¿Quién diría, hermanos, que el príncipe de Egipto, acostumbrado a los lujos, la pleitesía, la fama, ahora está solo allí, lejos de todo lo que le hacía relevante a él, en un lugar recóndito y sin los suyos? ¿Quién diría qué habrá pensado Moisés en ese momento? No tenemos en la Palabra de Dios qué pasó por su mente, pero si tú y yo hubiéramos estado en esa condición, ¿qué pensaríamos?

¿Alguno ha pasado por situaciones similares? Yo sí, donde en un momento yo he tenido metas, sueños, expectativas de "esto así va a ser el futuro", pero ahora no queda nada de eso. Se derrumbó el edificio y estoy yo solo con los brazos cruzados sin ningún plan. O tal vez en algún momento hemos tenido altas expectativas con relaciones, y el pozo del fracaso es el momento cuando estoy firmando el papel de divorcio, cuando años antes había tantos sueños, tantas ilusiones, y ahora la relación se acabó. O tal vez sea una carrera profesional que tenías también como proyecto de vida para lograr muchos de tus sueños, pero esa carrera se fue, como decimos aquí, a pique, y hoy estás haciendo otra cosa, o la carrera no está dando los resultados esperados. En fin, la lista puede seguir con la familia, con la salud, con el ministerio.

Ayer hablábamos con un grupo de hermanos y el pastor Miguel nos recordaba de que en Estados Unidos se plantan alrededor de 4,000 iglesias al año, y 7,000 cierran al año también. ¿Te imaginas a un pastor con ilusiones, con el deseo de evangelizar, con el deseo de predicar, que planta su iglesia y comienza a llegar la gente, pero al poco tiempo tiene que cerrarla y decir "esto no es lo mío, Señor, no está aquí"? ¿Qué habrá en su corazón?

Yo creo que cosas así estaban en la mente y el corazón de Moisés. Y lo más confrontador para nosotros es que tal vez, así como él, lo que le llevó al pozo del fracaso fueron malas decisiones, pecados, impulsos, reacciones inadecuadas. Así mismo también nosotros muchas veces lo que nos lleva a ese lugar de derrota, y de que ya los planes no van como se pensaron, fueron nuestras propias faltas. En algunos casos también incluye la falta de otros. Pero es allí, hermanos, es allí en ese lugar donde Dios quiere mostrarle a Moisés, y mostrarnos a nosotros, que aún allí Él tiene planes y desea que veamos el fracaso con sus lentes.

Veamos ahora la segunda parte: vamos a ver el fracaso con los lentes de Dios. Cuatro lecciones del fracaso de Moisés y de nuestras vidas.

Primera: el trabajo de Dios no se realiza a través de estrategias humanas. Moisés quería hacer algo bueno, algo que tenía que ver con el pueblo de Dios, y era su liberación, su justicia, pero utilizó las fuerzas, la estrategia humana y el poder que él tenía, no el de Dios. Una frase que veo en muchos libros, que yo no sé de quién es, pero es tan real, dice lo siguiente: "Los fines espirituales nunca se alcanzan con medios carnales." Cuando quieres lograr algo que tiene que ver con Dios, con tu vida y Dios, y tratas de buscar formas para que funcione, pero es con tus planes y opiniones y artimañas, no será un resultado que glorificará a Dios ni será de beneficio para ti.

Moisés tenía poder, tenía fuerza, hermanos, tenía preparación. Y todo eso, con esa fuerza avasalladora, verdad, e impulsada por sus emociones, trató de lograr con buenas motivaciones, pero lograr algo de una mala forma, como hemos dicho, y se llevó todo por delante.

Yo me acuerdo de un lugar en este planeta donde uno puede percibir eso, una fuerza avasalladora que se lleva todo por delante: las cataratas del Niágara. Es una de las vistas más maravillosas que uno puede tener. Lo he confirmado en uno de mis tantos viajes al lugar exótico vía internet, claro. Pero en uno de esos viajes, cuando llegué a las cataratas del Niágara por internet, me puse a conocer, y por ese lugar, en esa caída de agua, pasan seis millones de pies cúbicos de agua por minuto. Yo sé que solamente los ingenieros, los que saben de números, van calculando "¡wow!", pero los demás, "¿qué es seis millones de pies cúbicos de agua por minuto?"

Y yo, como soy parecido a ustedes, traté de buscar a alguien que sepa de eso, y llamé al hermano Cristian Polanco, que es el gerente de operaciones y logística de aquí, ingeniero. Yo también soy ingeniero, e hicimos algunos cálculos y medimos el lugar donde estamos ahora mismo, este auditorio, por altura, por todo. Ese volumen de agua llenaría este templo dos veces cada segundo: uno, dos. Algo impresionante.

Mas lo que yo no sabía, y tal vez ustedes sí porque han ido a las cataratas, es que más del 50 por ciento del agua que cae por las cataratas es desviada antes de que llegue allí y pasada por una hidroeléctrica, y provee energía a Estados Unidos y Canadá, que están en frontera allí, y vuelve toda esa agua a unirse pero después de las cataratas. O sea que lo que está cayendo por ahí es 50 por ciento menos. ¿Te imaginas?

Pero hay un principio aquí maravilloso, y es que si estos inventores e ingenieros hubieran dejado que toda esa agua pase por allí sin sacarle provecho, todo el poder de las cataratas se disiparía más adelante en el río y el lago donde llega el agua después, sin ninguna utilidad. Pero con el ingenio que Dios da, ellos desviaron parte del agua y proveyó luz y electricidad para mucha gente, y allí entonces era más efectiva.

Amados, Moisés tenía poder, tenía ingenio, tenía preparación, tenía recursos. Muchos de nosotros tenemos muchas cosas de esas. Pero el impulso y la fuerza y la forma en que aplicamos nuestros recursos a veces son de formas carnales y no tienen ningún beneficio útil, sino destrucción. Es muy diferente a lo que se hace bajo el control y el dominio de Dios. Ojo, nosotros estamos claros que Dios no nos está mostrando en ninguna parte de la Biblia que no se pueden utilizar las cosas que hemos tenido y que Él nos ha dado: preparación, profesión, y demás. Debemos usarlas, pero según su control, su voluntad, su tiempo.

Este principio, verdad, esta primera lección, dice que el trabajo de Dios no se realiza a través de estrategias humanas. Y una de las estrategias humanas es: "Esto está durando mucho tiempo, hay que acelerarlo." Moisés se quiso acelerar. Dios quería librar al pueblo y él lo hizo en un tiempo no apropiado.

Algo muy repetido en la Biblia. Ustedes recordarán, verdad, a Abraham y Sara. Siete veces, hermanos, le prometieron: "Van a tener un hijo de tus entrañas, Abraham y Sara. Espéralo, que yo vengo, y de ahí viene la descendencia." Pasaron los años, pasaron más años, y Abraham y Sara dijeron: "El tiempo como que no está bien, ahora vamos a esto." Y buscaron la sierva de Sara y la juntaron con Abraham, para decirlo de una forma, y allí nació un hijo que después fue un desastre para la historia de Israel. El tiempo de Dios a veces es forzado, entre comillas, por nosotros para lograr su propósito, pero lo que logramos era otra cosa diferente.

El mismo rey Saúl en un momento está delante de todo el pueblo. Hay que sacrificar el holocausto y esto iba a representar algo importante para su reinado, pero el encargado de eso, que era Samuel, no llega. Y pasó el tiempo y Samuel, que era el sacerdote, no llega. Y Saúl decide: "Bueno, vamos a ello, yo lo hago, yo soy el rey como quiera." Y sacrificó el holocausto y obtuvo la desaprobación de Dios y fue destituido como rey.

Como regla general, amados, si nosotros no hemos esperado en el Señor en oración hasta que Él confirme si ha de salir esa decisión importante, si eso no ha ocurrido, mejor sigue esperando, porque el fracaso está a la vuelta de la esquina con resultados oscuros.

El comentarista Rod Mattoon dice lo siguiente: "Las acciones apresuradas provenientes de un celo descontrolado retrasan los logros en lugar de acelerar los propósitos de Dios. El resultado es un desastre." Uno de los libros que consulté fue escrito por Charles Swindoll, un pastor muy conocido que tiene un libro entero de Moisés, pero una de sus...

Frases fue impactante para mí: el conocimiento me dice lo que debo hacer, qué debo hacer; la sabiduría me dice cómo y cuándo hacerlo. Moisés tenía mucho conocimiento, había sido instruido por las mejores escuelas, él sabía qué había que hacer, pero no tenía la sabiduría de Dios para hacerlo en su forma y en su tiempo. Primer principio: el trabajo de Dios no se realiza a través de estrategias humanas.

Segunda lección del fracaso de Moisés y para nosotros: nuestras acciones deben estar más influenciadas por lo que Dios piensa que por lo que los demás piensan. Moisés vio la necesidad, vio la injusticia, pero también vio para un lado y para el otro a ver si había gente por ahí, pero nunca miró hacia arriba para ver lo que Dios pensaba. Y él estaba muy preocupado por ser atrapado por el hombre, ¿verdad? Por eso escondió incluso el cadáver, pero estaba más preocupado por eso que por ser agradable a Dios.

El famoso comentarista F. B. Meyer dijo: "Cada vez que los hombres miran de un lado para el otro para ver lo que los otros hombres están haciendo o diciendo, puedes estar seguro de que no conocen con certeza el plan de su Maestro. Están actuando por el impulso de su propia voluntad, aunque quizás con la apariencia parezca un celo religioso."

Cuando nuestra tendencia es a detenernos y pensar "¿y qué pensará fulano?" y "¿qué pensará fulano?" y "¿será aprobado?" y "¿será bien visto?", cuando Dios ya dejó establecido lo que es su voluntad, entonces estamos temiendo más a los hombres que temiendo a Dios. ¿Qué llevó ese temor a los hombres a ser Moisés? Bueno, lo llevó a encubrir el pecado. Pero ocultar el mal no borra el mal; lo que hace es retardar el descubrimiento del mismo.

Aquí hay muchos padres, y una de las grandes tristezas que yo he vivido como padre es cuando mi hijo o mi hija deciden ocultar algo que hicieron por mucho tiempo. Y a veces hay oportunidades para que lo hayan confesado, y lo que hacen es encubrirlo más. Y a veces se han utilizado mentiras para que eso se quedara allí, que nadie se enterara. Pero cuando todo se destapa, el dolor profundo de un padre es muy grande también, porque es lo que tú quieres de tu hijo: confianza, ¿verdad? De que él sepa que cuenta contigo. Pero en este caso, en el caso de Moisés, todo fue encubierto.

Ahora, si volteamos la ilustración como padres, no hay mayor gozo, por lo menos para algunos de nosotros, que cuando un hijo viene y es honesto y dice: "Papá, quiero confesarte algo malo que me ocurrió y que yo hice, y sé que estuvo mal, y fue esto. Perdóname." Yo no le pregunté, yo no lo averigüé, él vino a mí y me lo dijo. La consecuencia que yo quería darle por la maldad que hizo, como que no quiero dársela ya después de esa honestidad. Pero Moisés ocultó todo esto.

Y en diferentes pasajes de la Biblia nosotros encontramos mucha bendición cuando somos vulnerables y somos transparentes, aun delante de nuestro pecado. Salmo 32:3-4 dice: "Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano." Mientras callaba, mientras ocultaba esto, mientras no solo no decía nada a nadie, ni siquiera hablaba contigo, mi cuerpo se consumía.

En Proverbios 28:13 dice: "El que encubre sus pecados no prosperará, más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia." Gran promesa de este lado. Y un hijo mío, hay misericordia abundante esperando ser derramada en tu vida. ¿Tendrás la confianza de venir y confesar tu pecado y apartarte de él? Dios nunca rechaza un corazón arrepentido. La Palabra de Dios lo dice varias veces, y una de las ilustraciones que a mí más me encanta es cuando dice: "Después de que le confesé mi pecado, inclinó su oído a mí, me escucha de cerca, tengo intimidad con Él." Porque cuando estaba con mi pecado no era así. Nuestras acciones, cuando son influenciadas por la opinión del otro, lamentablemente nos alejan de Dios en lugar de tenerlo a Él como el principal objetivo de todo lo que hago.

Tercero: el fracaso nos enseña a tener una actitud de siervo sin pretensiones. Y aquí sí vamos a seguir leyendo pasajes que no hemos leído. Verso 16: "Y el sacerdote de Madián tenía siete hijas, las cuales fueron a sacar agua y llenaron las pilas para dar de beber al rebaño de su padre. Entonces vinieron unos pastores y las echaron de allí, pero Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a su rebaño."

¡Wow! Moisés en un momento quería ser el libertador de una nación entera. Ahora está en Madián, en el desierto, y su posición ahora es la de libertador de unas pastorcitas y de dar alimento a sus animales. Increíble principio hay detrás, que a mí me impactó verlo descrito en un comentario de Matthew Henry de esta forma: "Cuando no podamos hacer el bien que queremos, debemos estar listos para hacer el bien que podamos." Voy a repetirlo: cuando no podamos hacer el bien que queremos, debemos estar listos para hacer el bien que podamos.

¿Cuál era el bien que quería Moisés hacer? Librar a su pueblo de las cargas, pero no se pudo. Ahora Moisés está en un punto más bajo, y allí él estuvo listo para hacer el bien que sí se podía hacer. Un corazón de siervo estaba allí formándose, sin pretensión de que "porque yo soy Moisés y el príncipe..." No, nadie lo conocía. ¿Y por qué servía? Porque había necesidad.

Y hermanos, ¿cuántas cosas grandes, importantes, tú y yo hemos querido hacer? Yo he tenido muchas cosas importantes como sueños y metas e impactos y alcanzar esto, pero Dios ha dicho: "No se puede, brother." Y de repente me ponen otras cosas que sí se pueden, y a veces yo digo: "No, porque eso lo puede hacer fulano." No, pero aquí vemos un gran principio, y es el de estar listo en la oportunidad que Dios quiera para mí, y hacerla. Y esa fue la primera escuelita de servidumbre de Moisés como libertador que Dios aceptó: libera a la pastorcita, vas a tener éxito, y después podrás más adelante.

Ahora, yo quise traer algunos ejemplos de situaciones en las que tú y yo lamentablemente rechazamos cosas que sí podemos hacer. Voy a poner algunos ejemplos; verás que tal vez se han exagerado, pero tal vez tú querías en algún momento ser un gran maestro de un seminario, o de escuela bíblica de los miércoles, o líder, o pastor. En fin, no se pudo; Dios movió las situaciones de la vida y lo han impedido hasta ahora. Pero ¿estarías dispuesto a enseñar en la escuela dominical de niños, o en la escuela de los praditos de allá atrás? Se podrá, es posible que sí, eso sí se puede. Pero ¿tendremos un corazón de siervo así, de esa manera?

Algunos de nosotros también hemos pensado: "Yo quisiera ser un misionero que lleve el evangelio a las tribus y a las naciones no alcanzadas, allá más lejos en el mundo." Pero Dios movió la puerta y se ha cerrado y no se abrió. La pregunta es: ¿estarías dispuesto a trabajar con marginados y necesitados aquí en esta ciudad o nación? "No, que lo que yo quiero es para allá." No es que muchas veces lo que yo quiero no se puede, y Dios quiere que esté listo para lo que sí se puede, porque ese es su plan para mí en este momento. ¿Qué puedes hacer ahora? Dios quiere usar un corazón de siervo para ti.

El fracaso en las manos de Dios nos lleva a desarrollar un carácter de siervo. Y la pregunta es: ¿qué es lo que un siervo hace? Simplemente un siervo hace lo que esté delante, lo que esté disponible para ser hecho. No clasifica ni filtra, sino "tú me necesitas, ahí estoy." Es un siervo, y eso es lo que hizo Moisés.

Otra característica de un corazón de siervo fue la decisión de Moisés de nada más y nada menos que vivir en ese lugar recóndito y sin recursos. Nosotros vemos eso del 18 al 22. Dice así: "Cuando ellas volvieron a Reuel su padre, este les preguntó: ¿Por qué han vuelto tan pronto hoy? Un egipcio nos ha librado de mano de los pastores, respondieron ellas, y además nos sacó agua y dio de beber al rebaño. Y Reuel dijo a sus hijas: ¿Y dónde está? ¿Por qué han dejado al hombre?" Muchacha, aprovecha ese hombre bueno. A eso no lo dice. "Invítenlo a que coma algo con nosotros. Moisés accedió a morar con aquel hombre, y este le dio su hija Séfora por mujer a Moisés. Ella dio a luz un hijo, y Moisés le puso por nombre Gersón, porque dijo: Peregrino soy en tierra extranjera."

Mi hermano, cuando tú conoces el trasfondo de Moisés y conoces de dónde viene, y que él decide ahora vivir completamente en el anonimato, y que él tenía la oportunidad en algún momento... En lugar de casarse con Séfora, una pastorcita del desierto, hubiera podido casarse con una princesa egipcia de Egipto, como Cleopatra, un tipo de Cleopatra. Pero ahora él está lejos de eso, sin pretensiones, sin ambiciones, sino dispuesto a hacer lo que esté por delante. Y se define a sí mismo: "Yo soy un peregrino en esta tierra, una tierra extraña para mí." La palabra Gersón, de su hijo, además de peregrino, significa "un expulsado de mi lugar de origen." Aquí ya él no tiene renombre ni currículum; comenzó desde cero.

Hay algunas frases que no son mías y otras que sí, pero que me ayudaron a meditar en ese momento de la vida de Moisés, que tal vez nos pueden servir hoy. En Egipto, Moisés aprendió a ser alguien; en Madián aprendió a ser nadie. Yo siempre he entendido que uno aprende para ser alguien, pero habrá alguna forma en que Dios nos mueva a una enseñanza en nuestra vida para ser nadie. De que hemos tenido pretensiones, sueños, ¿verdad?, orgullo, y Dios ha querido meternos en la escuela de su taller del fracaso para decir: "Tú necesitas aprender a ser nadie también, a que tu nombre no brille tanto, a que no estés primero en la fila, sino allí detrás, considerándote digno de cualquier oportunidad."

Mucho había aprendido Moisés en sus 40 años en Egipto, pero más aprendería en los 40 años en Madián. Mucho aprendería allí Moisés. De ser príncipe pasó a ser solo un pastor en el desierto. Era ahora un don nadie, pero en el taller de Dios. Y allí habría aprendido a ser el siervo de Dios. Increíblemente, cómo esa expresión "mi siervo Moisés" se repite diez veces de parte de Dios para llamarlo a él. Dios lo enseñó.

Lección cuatro y última: el fracaso en las manos de Dios te prepara para servirle en el tiempo y en la forma apropiados. Vemos esto en los versos 23 al 25 de Éxodo 2.

Pasado mucho tiempo, nosotros sabemos más adelante en Hechos que fueron cuarenta años más. Murió el rey de Egipto, los israelitas se gemían a causa de la servidumbre y clamaron. Su clamor subió a Dios a causa de su servidumbre. Dios oyó su gemido y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Dios miró a los israelitas y los tuvo en cuenta. Llegó el momento indicado, llegó el tiempo de Dios.

Y el tiempo de Dios no solamente prepara el siervo para la labor, prepara aquellos que van a recibir su labor también. En muchos casos hay una congregación lista para recibir el mensajero, pero el mensajero no está listo, y hay que esperar. En otros casos el mensajero está listo, pero la congregación no, y no importa lo que el mensajero diga, va a ser rechazado; hay que esperar. En otros casos los dos no están listos, y obviamente allí es que espera, porque si no se arma un lío. Pero en el tiempo de Dios el mensajero fue pulido, el mensajero fue formado con las experiencias de fracaso, de derrota, de tribulación, y él está diciendo: "Aquí lo hago, lo que tú quieras, en la forma que tú quieras." Pero del otro lado hay un pueblo que ya no va a rechazar, sino va a decir: "Manda el que tú quieras, Señor, necesitamos ayuda." Este pueblo gemía y clamaba a causa de la servidumbre.

Fíjate que antes de eso, a pesar de que se hablaba de mucho trabajo y muchos fuegos y cosas así, nunca se describió a Israel gimiendo y clamando a Dios. El pueblo estaba listo. En el capítulo 3 nosotros veremos, no en este mensaje, que Moisés fue alistado para ese servicio. El fracaso en las manos de Dios te prepara para servirle en el tiempo y en la forma apropiados.

Y es en ese capítulo 3 que entonces Dios llama a Moisés y lo saca completamente del olvido, borrado de la historia, y aparece nuevamente. Como dije, pulido por su fracaso, pero en las manos de un Dios fiel, paciente, perdonador, sabio y con propósitos aún en nuestras grandes derrotas. Ustedes habrán oído esa frase de alguien aquí en la iglesia, pero yo decidí darle una forma de una expresión más completa, adaptada en este caso: nuestro Dios es experto en sacar a personas de zafacones espirituales y ministeriales y llevarlos a ser fieles instrumentos de su obra, para que solo de Él sea la gloria. El pastor Enrique habla mucho de eso, del zafacón ministerial de donde Dios los sacó.

Y fijémonos en la respuesta de Dios, hermanos. Ve a tu Dios aquí, verso 24-25: Dios oyó su gemido, Dios se acordó de su pacto, su promesa, Dios miró a los israelitas y los tuvo en cuenta. Este era el momento. "¿Dios no vio antes? ¿No oyó antes?" Of course, claro que sí, pero este es su tiempo de inclinarse y obrar. Y el Dios de Moisés, el Dios de Israel, que es nuestro Dios, actúa de forma poderosa. Si quieres ver el capítulo 3, te recomiendo un sermón en YouTube llamado "Cuando mis excusas no son suficientes" o algo así, del pastor Giovanni. Excelente sermón.

Con conclusión y aplicaciones finales, hemos visto que el fracaso en las manos de Dios nos enseña que el trabajo de Dios se realiza a través de estrategias humanas. Nuestras acciones deben estar más influenciadas por lo que Dios piensa que por lo que el hombre piensa. El fracaso nos lleva a tener una actitud de siervo sin pretensiones. Ya el fracaso nos prepara para servirle en el tiempo y en la forma apropiados.

Pregunta: ¿Por qué el fracaso y esa experiencia de derrota o aflicción logran eso en nuestras vidas, hermanos? ¿Por qué? Yo tengo varios porqués que los voy a leer aquí, porque fue algo que pregunté a mi vida y a mi corazón, y tal vez te sirven a ti.

Porque el fracaso y esas experiencias logran esto porque nos enseñan que no somos tan fuertes o inteligentes como pensamos, sino que somos dependientes de Dios. Porque esas experiencias nos quebrantan el orgullo y nos hacen tener una estima apropiada. Bájate de ahí, que tú estás... Yo soy Dios, tú no. Porque hay áreas de pecado en nuestras vidas que seguirán ocultas a nuestros ojos a menos que seamos humillados y salga a la luz nuestra inmoralidad. Es ahí que entonces nuestro corazón se abre: "Pero si yo he sido orgulloso todo el tiempo, yo he sido un avaro..." Pero es ahí, en el suelo, que Dios a veces usa para mostrar nuestro pecado. El salmista en el Salmo 119 dice: "Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos." ¿Quién, hermano, ha dicho a Dios alguna vez así: "Qué bueno, Dios, esta aflicción está buenísima"? Pero aquel que ve la aflicción según los ojos de Dios puede decir: la aflicción me lleva a obediencia.

También esas experiencias nos hacen enseñables para no solo desear, sino aprender a desarrollar el fruto del Espíritu Santo, a la imagen de Cristo vivir. También porque nos permiten ver que la compañía y los planes de Dios son constantes aún en los días más oscuros. Su propósito y su pacto con nosotros no se detiene cuando tienes la corona de la victoria o cuando estás allí olvidado en último lugar. Allí el pacto y la compañía de Dios sigue contigo, y esos tiempos te enseñan eso: Dios todavía está aquí.

El pastor Memé lo compartió esta frase y yo lo puse en uno de los porqués: porque esas experiencias nos muestran que el fracaso más grande es tener éxito en las cosas que no importan. ¿Qué sí importa? Su imagen formada en nosotros. Ese es éxito a los ojos de Dios.

El último porqué que me quedé meditando fue: porque el fracaso nos hace entender que, en sentido espiritual, todos somos unos fracasados. Todos hemos sido destituidos de la gloria de Dios, todos hemos pecado, nadie busca a Dios, dice la Palabra. Hasta que el gran libertador de pecadores, Jesús de Nazaret, entra en la escena y viene y nos salva de la esclavitud y la servidumbre, y nos hace ser un pueblo de Dios, y Él se convierte en nuestro Dios para siempre.

Bendito aquel que se da cuenta del mayor fracaso de su vida, y es no tener a Dios de su lado como su Dios y Salvador. Que Dios abra los ojos de muchos de los que estamos aquí y ver que nuestra mayor derrota, nuestro mayor fracaso, no fue una relación, no fue el banco, no fue el trabajo, no fue la carrera, sino estar lejos de Dios. Y que nos lleve entonces a sus pies, y conozcamos a Jesús y le adoremos.

Voy a terminar con las letras de una canción que me compartieron. Esa canción al parecer es bien reciente, de un grupo que se llama Casting Crowns. Se llama "Desert Road", el camino del desierto. Y las primeras frases de esa canción son muy profundas. Dice así: "No quiero escribir esta canción, no quiero que este dolor sea mi historia. No quiero este camino del desierto. ¿Estás seguro de que este es el plan que tienes para mí aquí en el polvo y la arcilla? Dios, si hay una imagen más grande, se está poniendo difícil de ver hoy. Pero sé que no me dejarás aquí. No sé a dónde va esto, pero sé quién sostiene mi mano. No es el camino que hubiera elegido, pero te seguiré hasta el final, Señor. Mientras respire daré a conocer tu gloria, incluso si eso significa que estoy caminando en este camino del desierto."

En ese lugar, hermanos, déjate trabajar por Dios en medio de la prueba, de tus errores. Ahí, cuando el pecado ya se muestre, arrepiéntete y clama lejos con un corazón abierto: "Señor, aunque yo no entienda, que se haga tu voluntad. Tállame en mi debilidad, y que el resultado sea tu imagen, y otros la puedan ver."

En tu nombre, amén. Oremos. Buen Padre, qué Dios tan sabio, tan fiel, que en el lugar menos pensado, allí ese lugar se convierte en tu taller de moldearnos. Señor, es posible que alguno de los que estemos aquí estemos en ese taller ahora mismo. Es posible que otros hayamos visto en el pasado ese taller y hoy podemos entender: Dios estuvo allí. Pero tal vez hay otros que el taller se está preparando para trabajar tú en nosotros. Señor, danos un corazón dispuesto a entender que en lo alto, en lo bajo, en cualquier lugar, nuestra actitud sea: obra en mí, tállame, trabaja en mí, comienza conmigo y no termines hasta hacer tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

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Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.