IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La gracia de Dios no solo debe pensarse y explicarse teológicamente; a veces, lo que más necesitamos es verla manifestada en vidas transformadas. Pablo ofrece justamente eso en 1 Timoteo 1: su propia historia como evidencia de una gracia más grande que el pecado. Él fue blasfemo, perseguidor y agresor —alguien que arrastraba cristianos a la cárcel y disfrutaba viéndolos sufrir— y sin embargo, la misericordia de Dios lo alcanzó. El contraste es brutal: su pecado era como un paño oscuro de terciopelo, y sobre él, la gracia de Dios brilla con intensidad incomparable.
Pablo no minimiza lo que fue. Se llama a sí mismo el primero de los pecadores, no como exageración retórica, sino como expresión de una humildad genuina que crece mientras más se conoce a Dios. Esa conciencia de indignidad es precisamente lo que hace brillar la gracia. Como decía John Newton: "Recuerdo dos cosas muy claramente: yo soy un gran pecador y Cristo es un gran Salvador". Cristo vino a salvar pecadores que reconocen serlo, no personas que se consideran básicamente buenas con pequeños defectos.
La gracia que Pablo recibió no solo lo transformó sino que lo capacitó para servir, y tenía un propósito mayor: revelar la paciencia de Dios como ejemplo para todos los que creerían después. Si Dios salvó a Pablo, puede salvar a cualquiera. Esa gracia sobreabundante produce fruto visible: humildad, servicio, gratitud y adoración. Por eso Pablo interrumpe su carta para exclamar: "Al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a él sea honor y gloria por los siglos de los siglos".
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bien, no hay que ser muy perceptivo para darse cuenta que el tema central de todo lo que vamos a hablar hoy es la gracia de Dios. Hemos cantado de ella, hemos orado por ella, hemos pensado en ella, hemos reflexionado incluso durante todo el servicio acerca de la gracia de Dios. Esto no es un tema nuevo para la IBI, ya que estamos en una serie de Romanos donde hemos hecho referencia continua a la gracia de Dios en esa carta tan especial. Nuestro pastor nos ha dirigido de una forma maravillosa a hablar de todo lo que Dios revela, y hablando de la gracia, allí hay fundamento teológico profundo acerca de lo que es la gracia y qué implica ser salvo por la gracia.
Así que yo no voy a abordar el tema de la gracia de esa forma. Yo creo que si usted no tiene esos conceptos claros, sería bueno que vuelva a los pasajes, o mejor dicho, a los sermones pasados de Romanos. Pero viendo una vista rápida a aquellos capítulos que han tratado acerca de la gracia en Romanos, tenemos en el capítulo 3 que dice: "Justificados gratuitamente por su gracia." La gracia trajo justificación gratis para aquel que ha creído. En el capítulo 4 estuvimos viendo que nuestra salvación y esa justificación es por fe, no por obras, para que sea según la gracia. Es imposible que sea por gracia y por obras; eso es lo que hemos estudiado.
También en el capítulo 5 nosotros hemos visto en Romanos que por el pecado de Adán vino muerte a la humanidad y ahí hemos experimentado esa muerte, pero la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su perdón abundaron para muchos por medio de Cristo. Eso lo vimos en el capítulo 5. En el 6, no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. Lo vimos también en el último capítulo que estamos viendo; ya el pastor Miguel nos está dando un paseo, como él dice, desempaquetando las verdades de ese capítulo. El verso 5 dice: "Ha quedado en el tiempo presente un remanente, un grupo de esos fieles conforme a la elección de la gracia de Dios."
En fin, hemos abordado mucho el tema de la gracia, pero hay un comentarista que tiene una cita que fue la que me inquietó para abordar este tema de la forma en que queremos abordar hoy. Esta cita la leí después de que había avanzado mucho en el pasaje; ahí me di cuenta que este hombre está aplicándolo de la forma en que yo quisiera ver la gracia. Dice Andrew Wilson, comentarista de Primera Corintios, lo siguiente: "Es vital que pensemos sobre la gracia y que hablemos de la gracia, pero a veces simplemente necesitamos ver la gracia." Voy a repetir: es demasiado importante que tú y yo pensemos, analicemos, entendamos verdaderamente lo que es la gracia, que hablemos de la gracia porque es central en todo lo que se refiere a la fe cristiana. Pero él dice que a veces lo que más necesitamos, además de eso, es ver la gracia.
¿Cómo vemos la gracia? Bueno, la gracia se ve en vidas impactadas por esa gracia. Podemos pasarnos años y años hablando de la gracia teológicamente, bíblicamente, y eso es fundamental, pero nuestra vida y alma necesita ver la gracia manifestada en nosotros y en otros. Necesitamos historias, experiencias de la gracia de Dios manifiesta.
Justo la semana pasada nosotros estuvimos aquí viendo una obra teatral en medio de la feria del libro, con historias de vidas impactadas por la gracia de Dios. Estuvimos viendo a Luis, estuvimos viendo a Agustín de Hipona, a Juan Calvino brevemente allí también, al despiadado mercader de esclavos John Newton, cómo cada uno en su experiencia propia se chocó con la gracia de Dios y cayeron rendidos ante la sublime gracia del Señor. Justo este último que mencioné, John Newton, mercader de esclavos inhumano, blasfemo de la Palabra de Dios incluso, Dios lo mueve, lo transforma y lo cambia, y se convierte en un predicador como vimos, y escritor de este himno tan famoso y tal vez el más conocido de la historia cristiana: "Sublime gracia."
Acompáñeme, no a cantar, sino a ver otra historia de la gracia de Dios, pero en la Palabra de Dios misma. Vamos a ir allí a donde les dije, a Primera Timoteo, para ver la historia breve de cómo Pablo fue impactado por una gracia, como el título de hoy, que es más grande que el pecado.
Capítulo 1, verso 12, dice así: "Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrase toda su paciencia, como un ejemplo para los que habrían de creer en Él para vida eterna. Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a Él sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén."
Como en muchos momentos cuando Pablo escribe, no era así que se escribía en sus tiempos, él como que se detiene de repente. A pesar de que está abordando algún tema con los que van a leer la carta, él se detiene a adorar al Señor de repente, se detiene aquí y dice: "Por tanto, a Él sea la gloria, a Él sea el honor." Y me preguntaba: ¿qué es lo que mueve a Pablo a que, en medio de una carta de saludos, de ahora abordar con instrucciones, ahora extienda una doxología, una alabanza al Dios suyo?
Y para eso nosotros tenemos que ver el contexto un poco de lo que él le ha escrito a Timoteo. Él le llama su verdadero hijo en la fe en el verso 2: "A ti, Timoteo, te escribo, mi hijo amado." Él le llama muchas veces de esa forma, pero él tiene un propósito principal para escribirle, y es: tú necesitas instruir, tú necesitas enseñar. Eso es lo que dice el verso 3: a algunos que no enseñen doctrinas extrañas. Hay falsos maestros en medio de ustedes y tú necesitas aclarar la doctrina verdadera.
En el verso 7, él habla de que esos maestros quieren ser maestros de la ley, pero no entienden ni siquiera lo que dicen, no entienden para qué es la ley, no entienden la forma en que la explican. Y pasa luego a describir el propósito de la ley en los versos del 9 al 10. La ley está orientada no para el justo, sino para el transgresor, para los rebeldes, para los impíos, etcétera, y termina el verso 10 diciendo: "Para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina."
Timoteo, tú necesitas aclarar todas esas cosas. Y después, cuando él termina esa frase "sana doctrina," la conecta con que esa doctrina que es sana es según el Evangelio. Verso 11: "Según el glorioso Evangelio del Dios bendito que me ha sido encomendado."
Ahora vamos entendiendo de dónde es que viene esta adoración que Pablo va a exaltar o levantar más adelante. Él comienza a pensar en ese Evangelio, y no solamente Evangelio, sino el glorioso Evangelio. ¿Por qué glorioso? Porque revela la gloria de Dios. Y este Evangelio glorioso es del Dios bendito, pero no solo eso: ese Evangelio que es tan especial y glorioso, yo lo he conocido, pero Dios me lo encomendó a mí para yo compartirlo. ¡Que esto es demasiado para mí!
Y por eso los versos siguientes son una expresión de gratitud de Pablo, como vemos inmediatamente en el verso 12: "Doy gracias a Jesucristo nuestro Señor, que me ha fortalecido para servirle por ese Evangelio." Y él se queda allí pensando en todo lo que implica ese Evangelio y la gracia que él recibió a través de él. Un hombre perdido en sus pecados, un hombre en oscuridad completa, pensando que hacía lo bueno, hacía completamente lo contrario, pero la gracia le encontró, y eso le lleva a adorarle.
Hay tres sombrillas en los pasajes del 12 al 17 que yo quisiera que viéramos. La primera es una sombrillota más grande, y otras son sombrillitas, así que no se desesperen cuando estemos en la primera. Primera sombrilla, del 12 al 15: la obra de la gracia, la obra de la gracia transformándole y capacitándole. Segunda sombrillita, el verso 16: el propósito de la gracia, que es revelar al Dios paciente. Tercera sombrilla: el resultado de la gracia. ¿Qué resulta de una vida impactada por la gracia de Dios? Y ese verso 17 nos habla de adoración.
Así que vamos a comenzar por esta primera parte: la obra de la gracia. Verso 12: "Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio." Hay algo que hizo esa gracia, una obra en mí, y es algo que yo no hice. Incluso todos los verbos que están allí están en voz pasiva, o sea que Dios lo hizo, no yo. Dice él: "Él, Jesús, me ha fortalecido." "Me," porque "me tuvo por fiel," Él fue que lo hizo, "poniéndome en el ministerio." No hay nada que yo haya podido agregar a esta obra; Él lo hizo todo.
Y fue en tres aspectos. Primero, me fortaleció, me capacitó, me habilitó, me dio las habilidades para poder servirle. La palabra ahí es "endynamóo," de donde también en el famoso pasaje de Hechos 1 se habla de esa palabra "dýnamis." Cuando dijo Lucas escribiendo Hechos 1:8: "Pero recibirán poder" —ahí está dýnamis— "cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra, los confines de la tierra." Dios capacitó a esos discípulos a través de su Espíritu Santo para ser testigos. Pablo está diciendo ahora: yo fui fortalecido, capacitado, empoderado por ese mismo Espíritu para servir a Dios.
El segundo aspecto que dice es: "Me tuvo por fiel." Lo que significa allí es que Dios tuvo como un juicio favorable en torno a Pablo para elegirlo para este llamado de servirle. No es que era un hombre recto cuando le llamó, para nada. No es que tenía muchas cualidades dignas de ser consideradas para servir a Dios, para nada. Fue la misericordia y gracia de Dios que le transforma, y entonces lo hace fiel y tiene un juicio favorable de parte de Dios para servirle.
Por último, el tercer aspecto es: me puso en el ministerio. Él me fortaleció, él me tuvo por fiel, y ahora me pone en el ministerio. La palabra "ministerio" es una muy conocida: diaconía, diáconos, ¿verdad? Servidor, diaconía, servicio. Pablo expresaba gracias, ¿a qué, hermanos? No porque Dios lo hizo presidente de la comisión ejecutiva de los evangélicos de la época. No, no. Pablo no está diciendo aquí, ni siquiera se está refiriendo a su apostolado, ni siquiera se está refiriendo a una posición de mucha fama. No, no, no. Estoy agradecido porque tú me hiciste simplemente un diáconos, un servidor; me diste una partecita para yo hacer, conociendo de dónde yo vengo. Eso es algo demasiado grande para mí. Solo la gracia de Dios puede lograr eso: que a través de ese glorioso satisfactorio evangelio, él nos capacita, nos acepta y nos pone a servir en su reino.
Cuando Juan Calvino meditaba en esa también honra de servir a Dios, él decía lo siguiente: "No tengo nada que sea adecuado para el oficio de llevar el evangelio. Todo mi poder, todo mi valor viene de la gracia de nuestro Señor que suple". Ustedes se pusieran a ver humanamente, desde afuera, a Juan Calvino, y si conocen y leen un poco acerca de él, ustedes dirían: "Hermano, ese tipo, ¿cómo decirlo? Ese tipo era un duro". Era un estudioso, era un teólogo fino, pero él dice: "Yo no tengo nada adecuado para servir a Dios, solo su gracia que me capacita".
Esa es la actitud correcta ante aquel que se ve en un espejo claramente a sí mismo como él es, y entonces la gracia que ha recibido... Yo no soy digno. La vanagloria, hermanos, y el cristiano son incongruentes. No es posible que un cristiano se ufane, verdad, se gloríe de sus habilidades, porque él sabe, o debería saber, que todo lo que es o tiene viene de la bendita y gloriosa misericordia y gracia de Dios.
Lo siguiente que vemos aquí, en esta sombrilla de la obra de la gracia, además de su capacitación, fue algo que ocurrió antes de la capacitación, y es la obra de la gracia transformando a este pecador. Él dice en el verso 13: "Dios me puso a servir en el ministerio", pero en el 13 dice: "Aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad".
Oh, hermanos, cuando uno encuentra un "pero" o, en este caso, un "aun" —Dios me dio todo esto aun siendo yo como era—, ese "aun" es en letra mayúscula, porque ese "aun" muestra que este hombre está consciente de que su vida, su caminar, no corresponde a lo que él ha recibido. Por eso el "de gracia". Si fuera por cómo yo he vivido, yo no merezco esto, pero la gracia es justamente eso: un favor inmerecido sobre el pecador de parte de Dios.
Si nosotros pudiéramos detenernos mucho tiempo para analizar por qué Pablo dice "aun habiendo sido yo antes" todas esas cosas, pudiéramos tomar varios sermones. Pero yo quisiera que fuéramos a un solo pasaje donde se describe rápidamente la historia de cómo era antes. Hechos 26:9-11 dice: "Yo ciertamente había creído que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret. Esto es precisamente lo que hice en Jerusalén. No solo encerré en cárceles a muchos de los santos con la autoridad recibida de los principales sacerdotes, sino que también, cuando eran condenados a muerte, yo añadía mi voto. Castigándolos con frecuencia en todas las sinagogas, procuraba obligarlos a blasfemar. Enfurecido contra ellos, seguía persiguiéndoles aun hasta las ciudades extranjeras".
Este era Pablo. Él resume esto ante un rey llamado Agripa. En ese momento era un blasfemo, dice este pasaje, alguien que pronunciaba palabras profanas contra Jesús y contra los cristianos. Pero como acabamos de leer, él no solamente era un blasfemo; él forzaba a otros a blasfemar contra esa fe y los arrastraba y los obligaba a hacerlo. Era perseguidor porque iba de casa en casa, de sinagoga en sinagoga, de ciudad en ciudad, no importa que fuera extranjera, y allá los buscaba y los arrastraba hacia la cárcel o hacia la muerte. Ese era Pablo.
Él era un agresor. En el original, esa palabra es un hombre insolente y brutal. Incluso la raíz de esa palabra es "hybris". Después la palabra, como está en ese pasaje, es "agresor". Pero Aristóteles, el gran filósofo de esos tiempos, describe lo que significaba hybris, la raíz de esa palabra. Quiere decir hacer daño y afligir para acumular vergüenza sobre el que es herido, sin que la persona que inflige el daño y la injuria gane nada más que el placer de su crueldad en el sufrimiento ajeno. Lo que disfrutaba esa persona, el agresor, en este caso Pablo, era el placer de ver esta crueldad manifestada haciendo sufrir a los cristianos. Así era Pablo. Esa era su condición.
Y él continúa su exposición de la gracia de Dios, ahora con dos "peros" o dos "sin embargo", un contraste, verdad, de la gracia recibida y lo que yo era. Dice: "Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad". Él acaba de decir que era un perseguidor, un blasfemo, un agresor, y ahora él mismo se llama un ignorante y un incrédulo. Todo eso yo lo era. Y es importante aclarar ahí, verdad, que él diga que fue por ignorancia no es que él se está excusando o que no tenga culpa de lo que hizo. No. Él está diciendo lo que él vivió, pero él está, como cualquier otro, necesitado del perdón de Dios de la misma manera. Y la raíz de esa ignorancia era su falta de fe, su falta de confiar en quién Cristo era.
Yo no sé si a usted le pasa, pero en mi casa nos pasa continuamente. Nuestros hijos hacen algo, y tal vez uno le da un codazo al otro, y dice: "¡Ay, fue sin querer!" Y el otro está llorando. Entonces uno le dice: "Está bien, pero ¿qué se dice cuando tú le das al otro?" "Nada, fue sin querer." Pero el otro está golpeado y está llorando. "¿Tú no crees que tú deberías hacer algo?" "No, porque si fue sin querer, no hay que decir nada." Y ahí tenemos que aclarar: mientras haya una ofensa, mientras haya un daño, no importa que tú no hayas querido hacerlo, tú hiciste el daño y tienes que ir donde el otro y pedir perdón por lo que le hiciste.
Imagínate ante Dios, hermano. La excusa no es ignorancia. Dios se ha revelado de muchas maneras, y Pablo entonces conecta esa ignorancia con su incredulidad, porque él tenía información pero no creía en el Cristo que estos cristianos predicaban. Entonces él no creía en el Mesías, él no creía que fuera un Salvador, no había en él fe que le llevara a la salvación. Entonces toda evidencia de Jesús la rechazaba. Y es justo lo que dice en el pasaje que leímos, Hechos 26:9: "Yo ciertamente había creído..." Él estaba convencido de que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret. Genuinamente él pensaba que haciendo eso servía a Dios, pero estaba yendo en contra de Dios completamente.
Hermanos, yo me quedé pensando cuántas veces nosotros tenemos conceptos de lo que es una relación con Dios y lo que dice la Biblia, que a veces estamos completamente en contra de lo que Dios es y lo que ha revelado. Les voy a dar algunos ejemplos. Algunos de nosotros pensamos que una relación con Dios se trata de que Él está ahí para protegerme, Él está ahí para bendecirme, Él está ahí para librarme cuando mis problemas están, Él está ahí para mí. Por eso es mi "papá Dios", como si fuera mi papá nada más, pero lo que viene a hacer es eso: bendecirme, cuidarme y todo. Pero mira, hermano, tú tienes que cambiar de vida. "No, no, Dios no está para juzgar a nadie, y ustedes están juzgándome a mí, Dios no es así." Pero eso no es lo que dice la Biblia. La Biblia dice que Dios es santo y te pide que seas santo, y que cambies tu manera de caminar, y que te arrepientas. A veces tenemos la idea de un Dios que tolera el pecado y que no se mete con el pecado de la gente, pero ese no es el Dios de la Biblia. Y así como Pablo, pensamos que estamos agradando a Dios con esa idea con la que a veces hemos crecido habitualmente, pero estamos en contra de Dios.
Y la mejor forma de salir de la ignorancia es lo mismo que le pasó a Pablo: cuando Dios se revela. Para nosotros, la mejor forma en que se revela es a través de su Palabra. La ignorancia desaparece cuando yo me sumerjo en la Palabra de Dios y me muestra quién yo soy y quién es Él, y entonces yo puedo actuar en conformidad a esa revelación.
Hay un "sin embargo", pero ahora hay un "pero". El verso 14: "Pero la gracia de nuestro Señor fue más que suficiente, pero más que abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús." Hermanos, aquí hay un contraste grandísimo. Yo no sé si tú has ido alguna vez; yo solamente he ido una vez a una joyería, cuando le compré el anillo a mi esposa para comprometerme. Después de ir no he tenido la oportunidad de visitar esos lugares, pero tal vez en tu caso sí. Pero cuando yo fui, lo que hacen comúnmente los joyeros es que sacan las opciones, y sabiamente te ponen la joya, la prenda, detrás de un paño oscuro de terciopelo. Y cuando se pone allí, brilla más que en cualquier otro lugar. Nunca ha brillado así en el dedo de mi esposa, pero allí estaba. Y yo: "¿Cuál escojo de todas? ¡Esa, me la llevo, por favor!"
Pero es justo eso lo que Pablo está diciendo aquí, hermanos. El paño oscuro que está ahí detrás soy yo: mi gran pecado, mi suciedad espiritual. Y lo que brilla allí es la gracia de Dios sobre ese pecado. ¡Bendito sea su nombre y su gracia y misericordia! Oigan bien, amados, es necesario hacer ese contraste con nuestra vida. Y es necesario entender que nuestra vida es ese paño oscuro. "No, me dio clarito, me dio cremita, no es tan malo." No, no. Yo necesito llegar a entender cómo Dios ve mi vida y mi pecado, y verlo tan oscuro como Él lo ve, para que cuando Él ponga su gracia delante de mí, esa gracia brille. Porque si no, será como cualquier otra cosa más: "Ah sí, yo sé que Dios me ama." Y cuando Él pide algo de ti, un sacrificio, algo, una decisión firme en tu vida de obedecerle y agradarle, entonces no es un esfuerzo que vas a hacer porque la gracia no es tan grande. Pero cuando la gracia se pone junto al pecado oscuro y corrupto de nuestras vidas, entonces lo vemos como es.
William MacDonald, el comentarista del Nuevo Testamento, dice que esto es lo asombroso de la gracia de Dios: que a un pecado tan grande se le haya otorgado una misericordia tan grande. Muy similar a la frase de John Newton, que es muy famosa, y te la han oído: "Aunque mi memoria esté ya fallando, recuerdo dos cosas muy claramente: yo soy un gran pecador, y Cristo es un gran Salvador." ¡Glorioso!
El momento en que tú y yo llegamos a la conclusión de qué gran pecador yo soy... A veces, hermanos, personas me han preguntado con sinceridad y honestidad, y eso lo valoramos muchísimo: "¿Yo? Lo que pasa es que yo no siento lo mismo que siente fulano y los hermanos de la iglesia. Yo veo cómo se entregan, yo veo a este cómo adora, yo no siento hacer eso." Y yo solo tengo que responderle: "Yo te entiendo, hermano, y es porque esto no se trata de sentimiento. ¿De dónde tú obtuviste eso? No se trata de sentir, se trata de convicción." De que llega un momento en tu vida cuando tú has visto lo que Dios dice de ti, has comprendido dónde estás, que cuando estás allí en ese abismo, sin esperanza, sin ninguna otra opción que no fuera su mano extendiéndose a través del abismo para alcanzarte con amor y perdón, que tú puedes decir con confianza: "Ya yo entiendo. Por eso entonces le adoro, por eso entonces le sirvo, por eso mi devoción es para Él." Pero es por convencimiento, no por sentimiento. Hermanos, no es así, no es para sentir algo, algo no místico. No, hermanos, necesitas poner atención a lo que Dios te dice, y entonces convencerte de quién eres y quién es Él y lo que hace por ti. De esa forma estamos en continua necesidad del gran Salvador debido a nuestra historia y pasado rebelde de pecado rechazándole.
Esta es una gracia sobreabundante, como dice Pablo aquí. Verá, "más que abundante", él pone el prefijo "hiper" en griego, que significa "por encima", "sobre", "más", a una palabra que ya estaba en superlativo: "muy abundante". Le pone... Es como si él hubiera dicho: "Ahora, esta gracia es súper mega archi abundante." O sea, que mi pecado está ahí grande como un peñón gigante, pero este es un tsunami que se lleva al peñón con todo, porque su gracia sobreabunda.
Un puritano llamado Richard Sibbes, de su libro "Bruised Reed", o sea, de la caña cascada o magullada, dice lo siguiente: "Tenemos esta verdad como fundamento: que hay más misericordia en Cristo que pecado en nosotros. Busca en tu cuenta bancaria todos tus pecados; si buscan las cuentas bancarias de Cristo, si pudiéramos hacerlo, todas sus misericordias, van a encontrar un exceso del otro lado." Ya hay un joven que está aquí que va a entender esto: Cristo se pasa, Él se pasó, se pasa de misericordia, se pasa de perdón. Nadie está fuera del alcance de esa abundante gracia.
Por último, en cuanto a esta transformación que Pablo está compartiéndonos, en el verso 15 él dice: "Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero." Una marca distintiva de alguien que ha encontrado la gracia de Dios: la humildad. Ya no se cree mucho, él sabe quién es, y ahora dice: "Yo soy pecador." No, no, no, perdón: "Yo soy el primero de los pecadores."
Ahora bien, en este pasaje se encuentra el corazón del satisfecho Evangelio, mis hermanos: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores. Eso es el Evangelio. Él dejó su trono de gloria, se hizo hombre, se encarnó para tomar tu lugar, pagar por tu pecado. Que merecías condenación, Él recibió la condenación por ti en la cruz. Y tu fe puesta en Él te hace su hijo, perdonado, restaurado. Y Él muere en la cruz y resucita para pagar por todo lo que tú debes. Por eso Él dice, verá, la Palabra de Dios dice que debemos creer en ese enviado de Dios para tener vida eterna y no perdernos.
Pero Él vino a salvar a pecadores. Por tanto, si tú eres una persona como que te consideras: "Básicamente yo soy bueno, bróder, o sea, sí, hay defectitos, ¿quién no tiene defectos?" Si tú eres alguien así, Cristo no vino a salvarte, mi hermano. Cristo vino a salvar a pecadores, y que lo reconocen. Si eres una persona con alguna limitación que comete de vez en cuando alguna falla como todos, Cristo no vino a salvarte, bróder. Cristo vino a salvar a pecadores que saben que son pecadores y que merecen condenación. O si eres una persona con una dignidad y una autoestima también bien grande: "Oye, de verdad que yo no soy perfecto, pero pecador tanto así no." Cristo no vino a salvarte. Él vino a salvar a pecadores, y nadie más aplica para la salvación que Cristo vino a otorgar que aquellos que se consideran pecadores. Si no, no aplicas. Y quiera Dios que así sea.
Pero tal vez muchos de nosotros pudiéramos decir: "Sí, yo he entendido, yo soy pecador." Y qué bueno que Pablo no se queda en simplemente decir que Él vino a salvar a pecadores, sino que él dice: "Entre los cuales yo soy el primero." Si hay una lista que van a hacer de los pecadores, no lo dudo: ponme adelante. "¿Pero cómo así, ponme adelante?" Porque él entendía lo inmerecido, lo indigno que era del perdón de Dios. O sea, que no es simplemente reconocer "yo soy pecador", sino la profundidad de mi pecado, lo lejos que yo estaba, y que Él vino a salvarme. Si tú pones una lista allí, cuéntame ahí, ponme de primero, porque Él me salvó de una condición tétrica.
No es la primera vez que Pablo habla de él de esa forma. Verá: "Yo soy el primero de los pecadores." Y en 1 Corintios 15:9 dice que él es el más pequeño de los apóstoles. En Efesios 3:8 dice: "Yo soy menos que el más pequeño de los santos." Hermanos...
Como si hubiera una característica en aquel hombre o mujer que cada día conoce más a Dios y sabe quién él es: que mientras más le conoce, ese se considera más indigno. Pero cómo hacer, yo a través de los años tú puedes ver que ese hombre, mira, un siervo de Dios, treinta años caminando con el Señor, ese debe ser un tipo que Dios usa y que debe sentirse bien seguro. Sí, él se siente seguro, pero de la mano que le sostiene, no de que él se sostiene a sí mismo. Mientras más de los años pasan, él ve más que él es más pecador de lo que él pensaba al principio.
El mismo comentarista, William Mounce, dice: "Los más piadosos de los santos son a menudo los más conscientes de su propia pecaminosidad." Mientras más cerca una persona camina con Dios, más consciente estará de la magnitud de ese pecado, y esa conciencia le impulsará, hermanos, a apreciar mucho más la gracia de Dios. ¿Qué tan consciente tú estás de tu condición pecaminosa?
Este pasaje, antes de pasar a las sombrillitas, porque estamos en las sombrillitas, recuerden, este pasaje, el anterior, el verso 14, dice: "Pero la gracia de nuestro Señor Jesús fue más que abundante con la fe y el amor que se halla en Cristo Jesús." Hay una parte que no abordamos, y es "con la fe y el amor que se halla en Cristo Jesús." ¿Qué reconoció Pablo que él era antes? Perseguidor, blasfemo, injuriador o agresor. Él tenía odio contra los cristianos y contra todo lo que se oponía a lo que él creía. Y ahora él dice que la gracia fue sobreabundante con la fe y el amor que se halla en Cristo Jesús. Ahora ese odio se transformó en amor, y él reconoce que él era un ignorante e incrédulo, y esta fe que viene con Cristo Jesús, esa fe y el amor, le cambia la incredulidad a una fe firme en el Salvador.
Y aquí hay una gran verdad, y es que Cristo viene y nos transforma y nos perdona con su gracia, pero ahora nos equipa con algo que no tenemos. Si es falta de fe, pues ahora la fe surge porque la trae; pero si es falta de amor por el otro, como era el caso de Pablo, se hace evidente. Y es que sería como incongruente, hermanos, es que tú, yo, digamos, yo he recibido la gracia de Dios desbordante, sobreabundante, una copa llena que se rebosa porque Dios es increíble. Pero ¿qué pasa con esa gracia que se está desbordando? ¿Hacia dónde va? Debería desbordarse hacia todo aquel que está alrededor mío, hacia todo aquel que me rodea y que de alguna forma está viendo que la gracia de Dios en mí se está botando, se está saliendo por todo lado, de la forma en que yo hablo, de la forma en que yo perdono, de la forma en que yo soy paciente, porque la gracia de Dios me impactó con el amor que se halla en Cristo Jesús.
¡Cuánta diferencia habría en nuestros hogares si realmente hombres y mujeres que han sido impactados por la gracia que no merecían deciden desbordar esa gracia con aquellos que les rodean, en su casa primero! ¡Cuántas familias, cuántos matrimonios serían diferentes! ¡Cuántos familiares que también están cerca serían desbordados con perdón, con gracia, con paciencia, porque yo he sido impactado con la gracia que no merecía, y ellos tampoco la merecen! ¡Cuántos compañeros de trabajo, compañeros de estudio, cuántos de todos los relacionados, cuántos pudieran ver: allí hay una gracia y algo que tiene que yo no sé de dónde viene, pero él o ella es diferente!
Y es justamente lo que Pablo dice en esta siguiente sombrilla: el propósito de la gracia, verso 16. ¿No saben para qué yo hallé misericordia? Dice Pablo, verso 16: "Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero..." El primero ¿de qué? De los pecadores. "...Jesucristo demostrase toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en él para vida eterna."
Aquí está el propósito de esa gracia desbordante. La vida de Pablo es verdad que le capacita, es verdad que le transforma, es verdad que hace mucho en él, pero hay un propósito que se extiende más allá de él, y es revelar a un Dios increíblemente paciente. ¿Cómo la gente se daría cuenta de la gran paciencia de Dios sobre la vida de Pablo sino conoce a Pablo? Pablo tendría que estar contando, escribiendo cartas continuamente de la historia de cómo Dios le acoge, y esa es una manera. Dios fue paciente con mi hermano, y esta es la historia. Y tal vez muchos de nosotros necesitamos contar esa historia más y más frecuentemente. Pero esa paciencia que fue para conmigo, como ya mencioné, es un ejemplo de la paciencia que Cristo quiere que yo muestre a otros también.
Hermanos, somos muy fáciles en teorizar todo lo que dice aquí en la Biblia, pero cuando llega el momento de ser un cristiano como Cristo, eso es difícil. Eso es salirse de nosotros mismos y poder entonces ser como él y decir: "No se lo merece, como yo nunca me lo merecí, y como yo tampoco me merecí la gracia, yo otorgo la gracia que recibí. Por gracia soy salvo." Si Cristo me salvó a mí, eso quiere decir que él tiene un poder ilimitado para salvar a cualquiera. Diría Pablo: yo soy un ejemplo de la gran paciencia de Dios sobre cualquiera que se arrepiente.
¿Saben que la palabra "ejemplo" me llamó mucho la atención? Porque dentro de su significado está lo que es un boceto. Los artistas que están aquí saben más que yo de eso, pero un boceto es una idea de lo que va a ser una obra después, una obra de arte, lo que sea que va a ser después, y te da a ti una idea de la obra finalizada, pero no es la obra finalizada. Pablo está diciendo que justamente él es eso: yo soy un ejemplo de la paciencia perfecta de Dios derramada sobre todo aquel que ha pecado, pero yo no soy, como diríamos, yo no soy el final. No, no, no, no. Eso comienza ahí. El final será cuando estemos con él, el perfeccionador de todo, nuestro Señor Jesús.
Así que, hermanos, es posible que haya aquí alguno de los que pueda decir: yo me siento tan sucio, yo me siento tan apartado, yo me siento como que no hay solución ya para mí, yo he llegado lo más profundo que se puede llegar. Y Pablo nos recuerda: mira, hermano, la gracia se derramó sobre mí, la misericordia se derramó sobre mí, para yo ser un ejemplo de que hay mucha paciencia disponible para ti también. Escucha hoy al Señor diciendo lo que dice el Salmo 86:15: "Yo soy un Dios compasivo y lleno de piedad, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad."
Este asunto es bien repetido. Muchos tenemos el temor de hablar sobre la gracia porque se entiende como: bueno, le dio perdón a todo. Hermanos, si tú piensas así, tú no conoces la gracia de Dios. Cuando tú conoces la gracia de Dios, tú sabes que no la mereces, y la respuesta, como vamos a ver adelante, es una vida de adoración, es una vida de entrega. Y eso es justamente lo que vemos en la última sombrilla: el resultado de la gracia.
Verso 17: "Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a él sea honor y gloria por todos los siglos de los siglos. Amén."
Ahora tú y yo entendemos por qué él termina la oración o la frase así, por qué él termina en adoración: porque se quedó pensando en todo lo que Dios ha hecho por él, y la respuesta es: toda gloria sea para ti, gracias, Señor, gracias, porque yo no lo merezco, tú lo sabes, Señor. La gracia de Dios convierte a pecadores, inmerecedores, rebeldes y enemigos, en adoradores que le exaltan con su vida. Hermanos, aquí sale fruto de los labios de Pablo, pero en este texto vemos fruto de su vida también. Vemos humildad, vemos servicio, vemos gratitud, vemos adoración. Todo eso es parte de lo que es el resultado de la gracia de Dios en una persona.
Así que yo le voy a invitar a hacer algo ahora que en la historia cristiana se ha usado mucho. Y ojo, se ha usado en la historia cristiana bíblica, reformada o protestante también, así que no te sientas extraño con lo que yo te voy a proponer ahora. Yo te voy a pedir que respondas "a él sea la gloria" a cada una de estas cosas, como dirían por ahí, un salmo responsorial. No, no, no tengo un salmo responsorial, pero yo voy a decir algunas cosas que, si tú te identificas, tú dices "a él sea la gloria."
Por todo lo que él ha hecho en nuestro favor. Por su gran misericordia al perdonarnos. Por su gran paciencia para salvar. Por su sobreabundante gracia que nos brinda fe y amor en Cristo. Por habernos tenido por fieles. Por capacitarnos y poder servirle. A él sea la gloria. Al Rey eterno, al Rey de todos los siglos. Al inmortal, aquel que nunca muere y venció la muerte. Al invisible, al que nadie puede ver y vivir. Al único Dios.
Termina Pablo diciendo: a él y solo a él sea el honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Voy a terminar con una pequeñita historia que tiene que ver con esa expresión que dijo Pablo ahí: él es el Rey eterno, inmortal, invisible, y el único Dios. A una niña le preguntaron, porque ella decía que ya creía en Dios, le preguntaron: "¿Y cuántos dioses hay, niña?" Ella dijo: "Uno." Luego le preguntaron: "¿Y cómo tú puedes estar segura de que solo hay uno?" Y ella responde: "Porque en el universo no cabrían dos con el tamaño de este."
Pablo exalta a un Dios incomparable que está a tu favor y te perdona y te busca y te atrapa con su gracia, que es más fuerte que el pecado. Decide responder a esa gracia, hermano. Decide creerla, acercarte a él. Pero decide responder a esa gracia con gracia. Más para adelante, desbórdala, y verás que Cristo es grande en misericordia.
Oremos. Oh, Padre, nosotros, por más que expliquemos, por más que hablemos, nunca podremos llegar a la comprensión total de una gracia como esta. Señor, mientras más nos conocemos, más entendemos que esa gracia no debería estar con nosotros, pero está allí por un Dios tan amoroso, tan misericordioso, que escapa nuestro entendimiento. Señor, yo te ruego primero por aquellos creyentes que estamos aquí, aquellos creyentes que luchamos y batallamos y nos desenfocamos en nuestro día a día, nuestras batallas diarias, de quién tú eres y lo que nos has brindado en Cristo. Señor, refréscanos con esa bendita misericordia para nosotros. Ponenos de pie de nuevo. Y aquellos que están desanimados, Señor, sean animados y alentados porque tienen al Dios lleno de gracia de su lado. Aquellos que han cruzado sus brazos y ya no están poniéndolos al servicio del Señor glorioso, que recuerden quién es quien les capacita, quién es que les hace fieles, quién es que los pone a...
Servirles, Señor. Aquellos que están aquí, cristianos que han tenido fuertes luchas con el pecado y se han sentido derrotados, Señor, recuérdales que tu gracia es más fuerte que el pecado, que tu gracia es más grande, que tu gracia sobreabunda, y hoy hay perdón disponible.
Pero también, Señor, seguro hay en este grupo algunos que todavía no conocen esa gracia, no han reconocido a Cristo como el Señor y Salvador de sus vidas. Que tal vez al escuchar el mensaje de hoy pudieron entender: "Ah, sí, es que yo soy así, es como Dios me ve. Yo he querido poner paños tibios, poner las cosas bonitas, pero realmente yo estoy lejos de Dios."
Y si tú eres así, hermano, hermana o hijo, el paso que tienes que dar es: "Sí, Señor, yo soy así, me arrepiento, yo no quiero seguir más lejos de ti." Dile al Señor: "Yo te quiero rendir mi vida entera y reconocerte como el Señor. Ahora yo no quiero ser el señor sentado en el trono en señoría sobre mi vida. Ayúdame a obedecerte, vivir en santidad, que tú seas mi Salvador de todos mis pecados, como lo fuiste con Pablo, como lo fuiste con tantos hombres y mujeres y muchos de los que están aquí. Sálvame, Señor Jesús."
Esa gracia está disponible para ti. Lo más maravilloso es que sabemos que las faltas en nuestra vida volverán en algún momento, y en muchas ocasiones las volveré a recordar como abundantes, muchas faltas. Pero que no olvidemos también que su gracia es mucho mayor que esas faltas. Vengamos a él, arrepintámonos y exaltémosle. En el nombre de Jesús.
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Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.