IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cuando el ser humano decide alejarse de Dios, se desata una espiral descendente que es predecible y devastadora. Romanos 1:21-25 describe esta caída: primero viene la rebeldía, luego la ingratitud, después una mente que se vuelve vana y un corazón que se oscurece. El resultado inevitable es la idolatría en sus múltiples formas. No honrar a Dios significa no reconocerlo como el ser de mayor dignidad, autoridad, poder y bondad. Y no darle gracias revela un corazón endurecido que ya no percibe las bendiciones divinas ni las personas que Dios pone en el camino para bien. Es la historia del hijo pródigo: prefirió las consecuencias desconocidas de su libertad antes que permanecer bajo el cuidado de su padre.
El pecador endurecido piensa que está siendo sabio, pero se vuelve necio. Cambia la gloria del Dios incorruptible por imágenes de criaturas, y entonces Dios lo entrega a sus propios deseos. Esto no es un castigo externo que Dios impone, sino que simplemente le quita el freno a la conciencia y permite que el hombre se intoxique con lo que anhelaba, hasta despertar con una resaca moral que lo destruye o lo hace volver en sí.
Los ídolos no son solo estatuas de madera o metal. Un ídolo es aquello por lo que estamos dispuestos a pecar para conseguirlo, lo que nos da sentido de valor, lo que nos irrita cuando alguien lo critica. El pastor Núñez recuerda una ilustración de Donald Barnhouse: Dios le dio al hombre cerebro para fundir hierro, árboles para hacer madera, y cuando Dios se encarnó, el hombre usó todo eso para fabricar una cruz y clavarlo en ella. Pero desde esa cruz, con los brazos extendidos, Dios siguió llamando al hombre rebelde e ingrato a regresar a él.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
El texto que estamos a punto de leer y luego exponer inicia la descripción de lo que le ocurrió a la raza humana desde el mismo momento en que Adán y Eva decidieron desobedecer y alejarse de Dios y seguir el designio de su propio corazón. Pero al mismo tiempo, el texto comienza la descripción de lo que sigue ocurriendo hoy y que probablemente continúe hasta que Cristo regrese.
Estas consecuencias de las cuales vamos a estar hablando en el día de hoy, que las vemos frecuentemente a nivel de la sociedad, comienzan primero, siempre —no hay otra manera de que pueda ser— a nivel del individuo. Y a la medida en que el individuo va a ir a comunicar en la sociedad, entonces comienzan estas consecuencias a ser reflejadas a un nivel más comunitario.
Pero el texto de hoy, por un par de mensajes más, nos estará recordando que muchas de las consecuencias que nosotros vemos cuando el hombre decide seguir su propio camino son consecuencias naturales de su obrar. Pero muchas veces son las consecuencias directas de un Dios cuya ira ha sido encendida, por así decirlo. Una ira que la definimos como la intolerancia santa de ese Dios hacia la maldad y el pecado, o el rechazo hacia todo lo que es contrario a su naturaleza santa.
Cuando el hombre se aleja de Dios, hermanos, la historia de la Biblia revela que hay una espiral descendente que es predecible. Y esa espiral descendente nosotros vamos a ver descrita con lujo de detalles en Romanos 1 hasta el versículo 32. El texto de hoy nos va a dar como una introducción a este descenso o a esta espiral descendente. Hay primero una rebeldía, hay una ingratitud, hay una mente que se torna vana e inútil como estaremos viendo, un corazón que se vuelve entenebrecido. Esa condición de una mente vana y un corazón entenebrecido entonces da origen a la idolatría en sus diferentes formas.
Y como consecuencia, Dios se aíra contra el ser humano, contra la raza humana, y lo que hace es que, en vez de tener que empujar consecuencias, simplemente le quita el freno que él ha ejercido sobre la conciencia, sobre la sociedad, y permite que el hombre pueda irse y disfrutar libremente de lo que él o ella quería disfrutar o hacer, hasta intoxicarse y levantarse al otro día con una resaca moral que lo lleva a volver en sí, o hasta que muere sin resarcirse. Esta es la historia de un personaje y es la historia de toda la humanidad. Es la historia del hijo pródigo en Lucas 15.
Y alguien pudiera preguntar: ¿cómo es posible que el pecado pueda ser tan horrendo a pesar de todo lo que vimos la semana pasada, a los ojos de Dios? Pero como decía R.C. Sproul en una ocasión, el problema es que el pecado no consiste simplemente en tomar malas decisiones o cometer errores. Yo creo que la mayoría de nosotros estamos conscientes de esa primera parte, que el pecado no es simplemente que cometí un error o que tomé una mala decisión. Escucha por qué traje la cita de R.C. Sproul: el pecado es tener en nuestros corazones, en mi corazón, el deseo de hacer la voluntad del enemigo de Dios. Eso es otra cosa, pero es como es. El pecado es tener en nuestros corazones el deseo de hacer la voluntad de aquel que es enemigo de Dios. Esa es una de las razones, no la única, por la que Dios odia el pecado.
Y con eso yo quiero que tú puedas leer conmigo Romanos 1, versículos 21 al 25: "Aunque conocían a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su insensato corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles." ¿Lo puedes creer? "Por lo cual —debido a eso que el hombre hizo— por lo cual Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, porque ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos."
Mientras yo reflexionaba sobre este texto y mientras trataba de digerir lo denso de este texto y de todo lo que sigue, me llegó momentáneamente esta idea y la comenté a mi esposa. Y la idea fue esta: este es uno de esos textos que tú preferirías como no predicar. Hasta que el Espíritu de Dios inmediatamente trajo a mi mente la idea: "No, ni se te ocurra jamás pensar algo así. Esa es mi Palabra, más, menos." Bendito sea Dios, que te pido perdón de nuevo por siquiera pensar momentáneamente algo similar, y yo te pido simplemente que me acompañes a lo largo de todo el camino.
Los versículos anteriores, del 18 al 20, Pablo habló de que Dios había revelado su existencia al ser humano en su conciencia, en su interior y en su creación, de forma clara y evidente. Por un lado, Dios dice: "En la conciencia del hombre hay algo que yo puse, que tú no entiendes, que le deja ver que realmente yo existo. Yo puse el sentido de la eternidad en cada ser humano," como vimos en Eclesiastés 3:11 la semana pasada. Pero también, por otro lado: "Yo creé, yo tengo, yo formé un universo tan perfectamente calibrado y sincronizado que es imposible que el ser humano no pueda deducir y concluir que hay un Creador detrás de lo creado."
Hermanos, ¿tú puedes creer que el universo, el reloj del universo, está tan perfectamente sincronizado que tú puedes predecir hoy el día, la hora, el lugar, las condiciones de los próximos eclipses de sol por 50, 100, 200, 300 años? Si Cristo no viene, siéntate a esperarlo y ocurrirán exactamente como se prediga hoy. ¿Tú te imaginas eso, con billones de astros moviéndose? De hecho, años atrás se creó, se inventó un reloj y fue calibrado a la perfección. Y de repente encontraron que había no sé si centésima o milésima de segundo que estaba como fuera de tiempo. ¿Y sabes cómo lo calibraron? Por el reloj del universo.
Dios dice: "El hombre no tiene excusa." Versículo 20: "El hombre no tiene excusa para concluir que yo no existo." De hecho, para Dios, el ateo niega lo que él sabe que existe. Y esta es la razón ahora —ya eso todo es sobre el mensaje anterior— esta es la razón por la que en el versículo 21 de hoy Pablo comienza diciendo: "Pues aunque conocían a Dios..." No es que pudieron haberlo conocido, pudieron llegar a la conclusión si hubiesen investigado mejor. No, no, no, no. Pues conocían a Dios.
¿Qué fue entonces el problema? Aquí está: no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias. Y las consecuencias, cuatro fueron: que se hicieron vanos en sus razonamientos y su insensato corazón fue entenebrecido. Es el versículo 21 solamente. El hombre sabe que Dios existe y el hombre ha hecho una determinación voluntaria de no reconocerlo ni de darle gracias. Y es la razón por la que decidí como título de mi mensaje: "El fruto de la rebeldía y la ingratitud de la humanidad."
Comenzamos con la primera idea: el hombre conocía que había un Dios. La palabra en el original es "ginōskō," de acuerdo a una de las fuentes consultadas. Eso tiene que ver con conocer a Dios de manera personal, el Dios Creador. No necesariamente, o mejor dicho, definitivamente Pablo no está diciendo que tú puedes llegar a la conclusión de que Cristo es el Dios Redentor y quien perdona mis pecados. No, no, no, no. Pablo está hablando al hombre en general, de que él puede concluir que hay un Creador por medio de la creación. Y yo creo que es importante que lo podamos entender. Ser salvo requiere de Cristo como el camino, la verdad y la vida. Eso vamos a hablar en otros mensajes.
Pero por ahora reflexionemos en esto: que Dios dice que el hombre no le ha honrado como Dios y tampoco le ha dado gracias. La pregunta es: ¿qué significa honrar a Dios? Bueno, honrar a Dios implica glorificar a Dios. Y tú pudieras decir: "Pastor, no me ha ayudado mucho con eso." Bueno, no honrar a Dios implica no glorificar a Dios. Y no glorificar a Dios implica no reconocerlo, por un lado, como el Dios soberano sobre toda la creación. Cuando no haces eso, no le estás glorificando. No reconocerlo como el ser de mayor dignidad, de mayor gloria, de mayor autoridad, de mayor poder y de mayor bondad. El hombre no me ha reconocido como el ser de mayor dignidad, autoridad, poder, gloria y bondad. Honrar a Dios es glorificar a Dios, y glorificar a Dios es exaltar sus atributos, poner de manifiesto sus atributos.
Eso es exactamente lo que Pablo dice en lo particular, en el versículo 20, que es inequívoco: que desde la creación del mundo su eterno poder y divinidad, o su eterno poder y sus atributos, han sido claramente visibles por medio de lo creado. Hermanos, nosotros con frecuencia decimos "gloria a Dios," pero yo creo que cuando decimos eso ni siquiera estamos como percibiendo con cierta profundidad lo que estamos diciendo. No glorificar a Dios no es tan poca cosa como a veces pensamos.
Déjame darte un par de ilustraciones. En el libro de los Hechos, capítulo 12, versículos 21 al 23, nos encontramos con una descripción de un evento donde el rey Herodes, que había estado molesto con la gente de Tiro y Sidón —ahora ya lo estaban tratando de apaciguarlo y vinieron donde él— y el texto nos dice lo siguiente: que el día señalado, Herodes, vestido con ropa real, se sentó en la tribuna y comenzó a hablarles. Y la gente gritaba: "¡Voz de un dios y no de un hombre es esta!" Al instante un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios, y lo mató. No dar la gloria a Dios, que es la queja, la acusación que Pablo trae a colación en Romanos 1, no es poca cosa. Y Herodes murió comido de gusanos. Es como que Dios estaba diciendo: "Eso es lo que tú mereces cuando tú no glorificas al Dios Creador."
Por un lado, eso lo puede hacer el ateo en su forma más extrema, cuando él no reconoce a Dios, por tanto no glorifica a Dios. Pero hay formas como el creyente tampoco glorifica a Dios, y una de esas formas es cuando nosotros pecamos voluntariamente, con lo cual expresamos nuestra autodeterminación de gobernarnos a nosotros mismos.
Raramente, después de que tú tienes varios años en la fe cristiana, tú puedes decirte que "ay, yo pequé anoche y no me di cuenta". No, con frecuencia incluso yo sé que voy a violar el límite y violo el límite. Eso no glorifica a Dios porque no le refleja, y Dios dice eso no es sencillo. Tú puedes ver incluso, decía esta mañana más temperadamente, que la idea de glorificar a Dios permea toda la historia bíblica hasta el punto que cuando tú llegas al final, al libro de Apocalipsis capítulo 14, a la hora del juicio aparece un ángel pregonando en los cielos el Evangelio.
Y escucha lo que dice el texto, Apocalipsis 14 versículo 6 y 7: "Vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un Evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado". Parte del juicio tiene que ver con que no le han dado gloria. "Denle gloria porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de aguas". Adorad al Dios creador, de ese Dios es que Pablo nos está hablando en Romanos en cuanto al hombre que todavía no se ha encontrado con Cristo, pero que tiene aplicación para nosotros.
Acusación número uno: no me honraron como Dios. Acusación número dos: tampoco me dieron gracias. En la medida en que yo reviso la Palabra de Dios, en la medida en que yo estudio, por así decir, la historia humana, he llegado a la conclusión de que la ingratitud es uno de los peores pecados del ser humano contra Dios y forma parte de su rebelión. De hecho, la rebelión ocurre primero y la ingratitud es su fruto. El primer hombre comienza a rebelarse contra Dios, luego en la medida en que esa rebelión persiste su corazón se endurece. Una vez ese corazón está endurecido, ese corazón no ve las bendiciones que Dios trae a su vida, no las siente. Ese corazón tampoco ve las personas que Dios trae a tu vida para bendecir tu vida, y eso comienza incluso con padres y sus hijos, la manera como reaccionan. Más bien rechazamos a la persona que Dios ha traído a nuestro camino para bendecirnos, y ese pecador endurecido prefiere sufrir las consecuencias de su pecado antes que someterse a la voluntad de Dios y disfrutar de sus bendiciones.
A mencionar les otra vez: el pecador que se endurece con frecuencia llega a la conclusión "no, no, yo eso no lo voy a hacer; yo sé lo que la Biblia dice, pero yo no lo voy a hacer; yo prefiero sufrir las consecuencias que seguir aquí donde yo estoy". En otras palabras, prefiero las consecuencias que yo no conozco violando la voluntad de Dios, que permanecer en las condiciones en que estoy sometido a la voluntad de Dios que eventualmente me traerán sus bendiciones. Es el corazón humano, es el corazón endurecido. Ese corazón endurecido comienza a pensar: "Para vivir con las limitaciones que la voluntad de Dios me impone, prefiero vivir las consecuencias de mi libertad". ¿Cuál es la consecuencia? No sé, ese es el problema, que como no la conoce, piensa que van a ser más pequeñas que lo que está viviendo. Y lo que ocurre en ese momento es que nosotros hemos pasado a hacer nuestra propia ley, y todo lo que es Dios, como todo lo que nos recuerda a Dios, representa un estorbo.
Eso fue exactamente la historia del hijo pródigo: "Mi papá en esta casa es un estorbo para cómo yo quiero vivir". Por eso el pecador endurecido decide alejarse de Dios, y el hijo pródigo decidió alejarse de su padre, que en la parábola representa exactamente lo mismo: a Dios. Con el tiempo aumentaron las consecuencias del hijo pródigo, y con el tiempo aumentan las consecuencias de aquel que se aleja de Dios. Pero una de esas consecuencias que ocurren en el corazón del que se aleja de Dios es justamente el hecho de que desarrolla un espíritu de ingratitud.
Lo impresionante es que cuando Pablo le describió a Timoteo las condiciones de los hombres malvados de los últimos tiempos, incluso le dice, luego de que le da una serie de características, le dice: "A esos evítalos", le dice a Timoteo. "A esos hombres que son tan malvados, evítalos", Timoteo, porque van a ir ocurriendo con el tiempo, pero van a proliferar en el futuro. Escucha algunas de esas condiciones en 2 Timoteo 3:2: "Porque los hombres serán amadores de sí mismos". Hay como diecinueve condiciones de estos hombres, y ambos extremos tienen que ver con una perversión del amor: comienza con "amadores de sí mismos" y termina con "amadores de los placeres antes que amadores de Dios". Pero en el ínterin escucha: "Los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres", coma, escucha, "ingratos, irreverentes". Yo no había pensado que en esa lista de hombres malvados, descrita para tiempos incluso futuros, aparecería la ingratitud como una de sus características.
Y la razón, hermanos, es que cuando tú la estudias a la luz del Libro dado por Dios, la ingratitud es el fruto de un corazón rebelde, de un corazón orgulloso, autosuficiente, de un corazón egoísta que espera que todo el mundo complazca sus deseos, de un corazón que entiende que realmente no le debe nada a nadie: "Yo al final me he abierto paso yo solo". De un corazón comprometido con vivir sus deseos independientemente de las consecuencias.
Esa historia donde comienza el hijo pródigo de Lucas 15: se rebela contra su padre. Cuando habla con su padre dice: "Dame mi parte, que me quiero ir". El padre dice: "Pero hijo, todo tú lo has tenido aquí en mi casa, ¿cuál es el problema?". "No, es que yo no lo quiero a tu manera". Pero ese padre representa a Dios, de manera que "dame mi parte". ¿Sabes qué? Para acá se le da, pues toma tu parte. El hijo se va y comienza entonces a vivir los placeres del mundo y comienza a fornicar con prostitutas. Y lamentablemente él gastó todo lo que tenía, y luego cuando él no tenía ni siquiera para comer, él estaba trabajando alimentando puercos, que en el contexto judío de por sí ya era una gran humillación porque estaba alimentando animales inmundos. Cuando ya él no tenía qué comer, decidió que él para sobrevivir comería la comida de los puercos inmundos, que no se suponía que él viviera entre ellos. Y de repente él dice: "Pero ¿qué es lo que yo he hecho? Si el peor trabajador en la casa de mi padre vive mucho mejor y come mucho mejor que lo que yo estoy viviendo y comiendo".
Bueno, ese es el fruto de la rebelión y de la ingratitud humana, que es el título de mi mensaje y es el texto o es la verdad que Pablo está exponiendo. Escucharlo otra vez en el versículo 21: "Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como Dios ni le dieron gracias".
Entonces, ¿cuál fue el resultado de eso? Cuando tú haces eso, te rebelas contra Dios; cuando te vuelves ingrato contra las bendiciones de Dios, ¿qué le ocurre a tu vida? "Se hicieron vanos en sus razonamientos". Si se hicieron vanos, implica que no lo eran. "Y su necio corazón fue entenebrecido". Fue entenebrecido, de manera que no era así. Lo que ocurre, hermanos, es que cuando te alejas de Dios, tú te alejas de la fuente de sabiduría y del conocimiento. No puedes pensar racionalmente, no puedes pensar ni siquiera conforme a la gracia común que Dios ha concedido a todos los hombres, aunque no son salvos. Tu corazón, tu razonamiento es vano, inútil. La oscuridad oscurece tu mente, ahora no tienen luz. Y en ese momento tú, yo, comenzamos a pensar conforme a nuestras pasiones carnales, conforme a los designios de una mente terrenal y conforme a una voluntad rebelde.
Y eso da paso a una tríada terrible, porque ahora esa persona piensa en sí misma, se aconseja a sí misma y decide por sí misma. Piensa en sí misma, se aconseja a sí misma y decide por sí misma.
Y peor aún, el mundo está lleno de personas rebeldes. Cuando sales de las alas de Dios, por así decirlo, a vivir en ese mundo, te vas a encontrar con alguien o con más de uno que van a apoyarte en tu rebelión. Lamentablemente, el que te apoya en tu rebelión frecuentemente lo hace no solamente porque se identifica con tu rebelión, sino porque tiene un provecho que sacarte.
Déjame ilustrártelo. Eso es como funcionan las pandillas. Entonces es un ejemplo: me rebelo en mi casa, quiero irme de mi casa, me salgo de mi casa, y ahora en mi rebelión encuentro a otros que están en rebelión que me apoyan. Sí, pero tú tienes un precio que pagar, tú tienes algo que darme, tú me debes. Por eso te apoyo, no solamente porque me identifico con tu rebelión, es que yo tengo un provecho que sacarte. Se aprovechan de la debilidad del otro.
Eso es como funcionan los pedófilos. El joven, el niño, tiene una debilidad, y entonces este que tiene una corrupción de su corazón le dice: "No te apures, yo te apoyo, múdate conmigo, yo tengo dinero, yo puedo cubrir tus gastos." Sí, pero yo tengo un beneficio que sacarte. Eso es como funcionan aquellos que trafican con mujeres, frecuentemente jóvenes, sexualmente. Sí, yo te puedo apoyar, yo te puedo dar casa, yo te puedo mantener, yo te puedo dar ropaje, pero sabes que yo tengo un beneficio que sacarte. De manera que estos otros corazones corrompidos se aprovechan de la debilidad del otro. El más fuerte se aprovecha de la debilidad del más débil.
Y eso ocurre porque cuando te alejas de Dios, tu mente se vuelve vana y tu corazón se vuelve entenebrecido. La palabra traducida como "vana", el diccionario del griego Vine habla de que es una palabra que puede ser entendida como inútil. Inútil es en sus pensamientos. Y el corazón entenebrecido, frecuentemente la palabra "corazón" es usada en la Biblia para referirse al ser humano, de manera que un corazón entenebrecido es una mente entenebrecida.
Y esa mente entenebrecida es definida en la Biblia de diferentes maneras. En Colosenses 2:18 es definida como carnal. En Efesios 4:17 es definida como una mente vana. Y en su forma más extrema es definida como depravada en Romanos 1:28, en 1 Timoteo 6:5 y en 2 Timoteo 3:8. Precisamente la que toma decisiones conforme a los deseos de la carne y no conforme a la voluntad de Dios.
Uf, esa es la mente que pasa más tiempo tratando de ver cómo consigo lo que el mundo me vende a un alto precio, en vez de cómo recibo gratuitamente lo que Dios me ofrece a precio de la sangre de Su Hijo. Déjenme decir eso otra vez: una vez la mente se vuelve vana y el corazón entenebrecido, pasa un largo tiempo tratando de ver de qué manera consigo lo que el mundo me vende a un precio muy alto, en vez de recibir lo que Dios me regala a precio de la sangre de Su Hijo.
Y mientras el hombre piensa de esa forma, Dios dice: "Es una mente inútil." El hombre cree en ese momento que está siendo sabio, y la razón por la que él piensa que está siendo sabio es porque sí está saliendo con las suyas. Escucha lo que dice el versículo 22: "Profesando ser sabios, se volvieron necios." El hombre llama sabiduría a lo que Dios llama necedad.
Pero el resultado de la necedad del hombre está escrito en este pasaje también. Es el hombre necio que dice: "No hay Dios." El necio dice en su corazón: "No hay Dios." Salmo 10, Salmo 14, Salmo 53, todos dicen la misma cosa. Pero el resultado de esa necedad, cuando el versículo 22 dice "profesando ser sabios, se volvieron necios", ¿qué? ¿Y entonces qué pasó? Versículo 23, el resultado: cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
Impresionante que el hombre prefirió, en vez de adorar al Dios del cielo y la tierra, del cual él tiene evidencia de sobra hasta el punto de que no tiene excusa, él prefirió adorar un animal que él cría, que él alimenta, del cual hace incluso imágenes.
El problema es que cuando la mente se vuelve vana y el corazón entenebrecido, decía Chesterton que el hombre no es que deja de creer en Dios y deja de creer en nada. No, no, no, no, no, ese no es el problema. Cuando deja de creer en Dios, él cree en cualquier cosa. La frase se le ha atribuido a Chesterton, con frecuencia otros dicen que no, pero recuerda dónde comienza todo: el hombre no reconoció a Dios, no le dio gracias, entonces terminó adorando animales.
Cuando ese hombre abandona al Dios verdadero y lo cambia por animales, ¿qué es lo que ocurre? Escucha lo que dice Dios en el próximo versículo: "Por lo cual..." El "por lo cual" implica "debido a". ¿Y qué fue lo que hizo? Que cambió la imagen incorruptible de Dios por una imagen corruptible de hombres y de animales. "Por lo cual Dios los entregó." Se encendió la ira de Dios. "Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos."
Hermanos, lo último que tú quieres que ocurra con tu vida o con tu sociedad es justamente eso. Nosotros muchas veces queremos que nos dejen disfrutar nuestros placeres, y Dios dice: "Tú no sabes lo que estás deseando, porque cuando yo te quito el freno, justamente para que puedas disfrutar lo que tú quieres disfrutar, y que muchas veces yo mismo he querido que dejes de disfrutar, cuando yo te quito el freno, tú no sabes lo que va a ocurrir contigo. Pero yo sí sé."
Eso es lo que Dios ha hecho, lo ha hecho en el pasado, lo está haciendo en el presente, lo hará en el futuro. ¿Y cuál es el problema, pastor? Que cuando Dios te quita el freno, como no tienes el freno, tú te conviertes en un esclavo de tu pasión. Y ese esclavo de tu pasión frecuentemente se vuelve esclavo de otros.
Hermanos, déjenme decirte algo: nuestro Dios es mucho mejor amo que la pasión de la cual tú eres esclavo. La pasión es un amo, pero es un amo cruel, no le importa tu futuro. Nuestro Dios es mejor amo que tus pasiones y las mías.
Dice el teólogo Michael Bird de Australia, muy conocido en los círculos académicos, sobre este versículo 24, donde Dios dice que los abandonó a la lujuria, dice que el efecto del pecado no es un sentido de culpa y de deuda moral. No, no, ya Dios lo soltó. Él no tiene el efecto del pecado en ese momento. Ya no es un sentido de culpa y deuda moral con Dios. Más bien, este resultado de impureza y deshonra. ¿Dónde está eso? En el versículo 24, ya lo leímos: "Por lo cual Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de manera que deshonraron entre sí sus propios cuerpos."
Si te alejas de Dios, tu lejanía resultará en una corrupción de la imagen de Dios. Yo creo que eso es, ya la imagen de Dios está corrupta, es más corrupción de la imagen de Dios. Pero es una realidad, hermanos, que de los impulsos más poderosos que tú y yo tenemos son los impulsos sexuales. Por tanto, tiene lógica que si la imagen de Dios resulta más corrompida, mis impulsos sexuales resulten más corrompidos, porque son de mis impulsos más poderosos.
Un pastor le preguntó a otro pastor de 90 años, y no estoy diciendo que sea la realidad con cada pastor, entonces es simplemente de ese pastor, para que no me confundan, que cuándo se paraba la lucha contra la lujuria. Y el de 90 años le dijo: "Yo todavía estoy luchando."
Lo que te quiero decir con esto es que si la imagen de Dios está corrompida, pues tiene sentido que hay una mayor corrupción de esos deseos. Y el texto de Romanos conecta la idolatría y la inmoralidad. John Stott, en su comentario sobre este texto, dice: "La historia del mundo confirma que la idolatría tiende a llevar a la inmoralidad." Recuerda, la idolatría no es una estatua, aunque puede ser. Ahorita vamos a hablar un poco de eso. Una falsa idea de Dios lleva a un falso entendimiento del sexo.
Pablo no nos dice qué tipo de inmoralidad tiene en mente, excepto que involucra una degradación de los cuerpos del uno y del otro. Si leemos más abajo, nos daremos cuenta que está involucrada la homosexualidad, pero esa no es la única forma de inmoralidad a la que Pablo pudiera estar refiriéndose.
Entonces ahora, versículo 25, porque tienes que notar la secuencia de estas conjunciones. Dios dice primero en el 23 que ellos cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, cuadrúpedos y reptiles. Eso fue lo que pasó. Entonces el próximo dice "por lo cual", en vista de que ellos se tornaron a la idolatría, por lo cual Dios se los entregó. ¿Ok? Y si no quedó claro por qué Dios los entregó, versículo 25: "Porque ellos cambiaron la verdad por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos de los siglos."
Hermanos, eso comenzó en el jardín del Edén, cuando Adán y Eva cambiaron la verdad del Dios Creador por la mentira de la criatura, de la serpiente. Y eso resultó en una oscuridad de la mente, y eso resultó en un corazón ahora entenebrecido con deseos pecaminosos.
Cada vez que nosotros pecamos, hemos ignorado la verdad de Dios y hemos abrazado una mentira, la que tú quieras. Cuántas veces tú y yo hemos pecado es la realidad. Nosotros vemos la ruina del Edén, olvidamos la verdad de Dios, abrazamos una mentira, practicamos la mentira, y eso genera un ídolo.
Recuerda lo que leímos de John Piper la semana pasada, que muchas veces distorsionamos los pasajes bíblicos para proteger los ídolos del corazón. En la antigüedad, los pueblos paganos adoraban ídolos, ídolos de madera, de oro, de plata. Y la Palabra de Dios dice que harán ídolos con ojos que no ven y oídos que no oyen. Pero el salmista dice, en el Salmo 115: "El que hace eso se volverá como él." ¿Cómo así, Dios? ¿Que va a tener ojos pero no va a ver, y va a tener oídos y no va a oír?
En serio, ¿no es eso? ¿Cuál fue lo que pasó? Dios solo advirtió en el Salmo 115, y luego el pueblo se va al exilio. Dios envía a Ezequiel como profeta al exilio para no dejar al pueblo solo. Le habla Ezequiel, y escuchen lo que dice: "Y vino a mí la palabra del Señor", dice Ezequiel, "diciendo: Hijo de hombre, habitas en medio de una casa rebelde". ¿Cuál casa? La nación de Israel, el pueblo de Israel. ¿Qué tú quieres decirme de la nación de Israel? Escuchen lo que Dios dice: "Tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa rebelde". ¡Wow!
Pero, ¿este no fue el pueblo que adoraba ídolos con ojos que no veían y oídos que no oían? ¡Ajá! Y Dios dice: "Sí, pero yo se los dije que se volverían como ellos, como sus ídolos". Y, ¿cómo es que eso ocurre, pastor? Bueno, gracias por preguntar. Cuando el pecado cierra los ojos del espíritu, tú tienes ojos, pero tú no ves la realidad. Tú escuchas lo que se dice y el consejo, pero tú no lo disciernes, ¿verdad? Ni te interesa. Nuestros ídolos nos llevan a ver la vida completamente distorsionada y atractiva, y los ídolos nos cambian nuestros estilos de vida y nos llevan a un estilo de vida que a la carne le gusta.
Y el pueblo entonces quedó hoy más, con ojos que no podían ver y oídos que no podían oír. Terminó así. Ellos tenían ojos, pero no podían ver la santidad del Dios que les había dado vida y los había sacado a libertad. Tampoco podían ver la exclusividad con la que ellos se suponía que adoraran a Dios. Dios les advirtió en el contexto de los diez mandamientos que era un Dios celoso, que no toleraría a ningún otro dios delante de ellos. Esto es lo que dice en el libro de Deuteronomio capítulo 4, el libro de Deuteronomio capítulo 6: les dijo que de ellos tener dioses ajenos, su ira se iba a encender, se iba a encender contra ellos, que podía incluso borrarlos de la faz de la tierra. No importa, como quiera, terminaron haciéndolo. Tenían oídos que no podían entender el contenido del mensaje de los profetas, tenían una mente pero no podían discernir la verdad de Dios. Y lo que Dios profetizó es verdad: tus ídolos te dan forma.
Yo no sé cuál sería la evaluación que tú harías de ti mismo espiritualmente hoy en día, pero no importa la que sea del uno al diez, el número que te des probablemente es menos de lo que yo me dé, porque Dios es realmente quien conoce la verdad. Pero la que sea tu evaluación, eso que tú eres hoy está directamente relacionado a los ídolos que posees. Dios predice a través del salmista que el adorador termina tomando la forma del ídolo. Lo increíble es que el ídolo es muerto. Esta es como la gran paradoja: el ídolo no tiene vida, nunca ha tenido vida, el ídolo muerto te da forma. Pero, ¿cómo es posible? Porque si fuera un amigo que me dio forma, pero, ¿un ídolo?
Entonces, pastor, ¿qué es un ídolo? ¿Se sigue preguntando? Bueno, déjame decirte. Un ídolo es cualquier cosa o cualquier persona, cosa o persona, que comienza a capturar la atención de tu mente, de tu corazón y de tus emociones más que Dios, ¿ok? Tú puedes encontrar esa definición o algo parecido en el libro "Gospel Treason" o "La traición del Evangelio" en español.
La segunda definición es que un ídolo puede ser definido como eso hacia lo que tú corres cuando estás bajo presión y estás cansado. Pero, espera, déjame ir despacio. Cuando tú estás cansado, hay algo hacia lo que tú corres, que en las formas extremas es alcohol, las drogas, televisión, computadora, pornografía, mi trabajo, sueño despierto, mi oficina, mi ministerio o cualquier otra cosa. Pero recuerda que Dios dijo, Cristo dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados". Dios entiende, Cristo entiende. Cuando estás cargado y cansado, el lugar primero donde tú y yo debemos ir a descargarnos es Él. Pero eso no es como ocurre frecuentemente. Entonces voy a descargarme donde no debo ir y regreso físicamente descargado y emocionalmente igualito, o peor. Gracias. Por eso es que vimos con frecuencia: "Bueno, ¿cómo llegaste?" "Bueno, acabo de llegar de vacaciones, pero yo creo que yo necesito unas vacaciones de estas vacaciones". En serio, no fue a descansar que fuiste.
Decía Agustín, el grande o el obispo Agustín, que aún los muertos son superiores a los ídolos, porque por lo menos alguna vez los muertos tuvieron vida, pero los ídolos nunca la tuvieron y nunca la tendrán. Miles de años de historia no han podido curar al hombre de sus ídolos, ni a ti ni a mí, por si acaso estás tratando de quedarte afuera. Voy para allá en un momento.
Pero escucha lo increíble del ser humano. Dios se entregó, por así decirlo, al pueblo judío en el Antiguo Testamento de una forma personal. Dios siempre ha sido personal, pero lo que quiero decir con esto es que cuando Él hablaba a través de los profetas, con frecuencia le hablaba como si el profeta fuera el mismo Dios, para poder razonar con ellos a su nivel y con sentimientos y emociones. Escucha a Dios hablando a través de Jeremías 2:5. Padres, ¿ustedes que tienen hijos? Imagínense que esta voz de Dios es la de ustedes hablando de sus hijos. Entonces Dios está hablando y dice, le dice al pueblo judío: "¿Qué mal encontraron en mí sus antepasados que los llevó a alejarse tanto de mi lado?" Es como: "¿Qué fue lo malo que hice?" Padres con hijos que están aquí, escuchen. Es como tú diciendo: "Mi hijo, ¿por qué fue? ¿Tan mal te traté?" Y Dios está diciendo: "¿Qué fue lo que sus antepasados encontraron tan malo en mí que los llevó a alejarse tan lejos?"
Pero lo peor no es eso, sino que entonces rindieron culto a ídolos inútiles y ellos mismos se volvieron inútiles. ¿Qué fue lo tan malo que encontraron en mí que fueron al ídolo muerto a encontrar en ellos lo que supuestamente no encontraron en mí? Lo que hacemos con frecuencia los seres humanos hoy.
El humano sigue construyendo sus ídolos en el corazón. ¿No, pastor? ¿Será de verdad? ¿En serio? ¿Tú no crees que tienes ídolos? Deja ver si en treinta segundos puedo convencerte de que sí. ¿Alguna vez tú has desobedecido a Dios en el último año? Ok, ok, hace mucho tiempo, ¿verdad? ¿Treinta días? ¿Siete días? ¿Veinticuatro horas? ¿En la mañana de hoy? Amén. Cada vez que tú y yo desobedecimos a Dios, obedecimos algo o a alguien, y eso a lo que tú obedeciste, que no fue Dios, es tu ídolo. Ya me dijiste "terrible" porque es prácticamente evidente. Claro, Paul Tripp escribió: cuando desobedeciste a Dios, obedeciste algo o a alguien. Ese otro a quien obedeciste, quizás tú mismo, es tu Dios funcional. Y si es tu Dios funcional, es tu ídolo.
Recuerda, no hace mucho, el domingo pasado vino una joven. Me encantó algo que me recordó de uno de mis sermones, por eso lo tengo ahora en este también. "Pero yo tengo una pregunta de algo que usted dijo en un sermón". "¿Qué fue?" "Es que es una pregunta en inglés, voy a tratar de traducirla, pero, ¿qué es lo que te hace tick?" Recuerda los relojes de tiempos anteriores, ni tan antiguos porque son de mi época, ¿ok? Interiores que tenían una pila que hacía tick, tick, tick. ¿De acuerdo? La pila era lo que lo hacía tick, tick, tick. Eso en tu vida que te hace tick, que es lo que mueve tu vida, es tu Dios. No hay duda de eso. Tú no puedes discutir hasta mañana en la mañana. What makes you tick? La traducción al español sería algo como aquello que es la chispa de tu vida, es tu Dios funcional. Aquello por lo que tú te levantas, aquello por lo que tú estás animado, aquello por lo que tú estás contento de vivir, de hacer lo que haces, ese es tu Dios. "No, pastor, ese es mi Dios, a mí en gloria Dios da la luna". Si lo es, por eso es que Pablo dice: "Para mí el vivir es Cristo". Cristo me hace tick todos los días.
Pero cuando el hombre decide alejarse de Dios, él comienza a acumular ídolos. Por lo cual, en el versículo 24, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos. ¿Por qué? ¿Por qué Dios hizo eso? Porque ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos de los siglos.
¿Quieres encontrar tus ídolos? Sí, ¿no? ¿Quieres ver cómo los identifico? Ahí no iba ningún amén, pero yo te doy el amén. Amén por ti. Número uno: ¿estás dispuesto a pecar para conseguirlo? Lo que sea. ¿Estás dispuesto a pecar para conseguirlo? Descubriste un ídolo. ¿Estás dispuesto a pecar y no pagar tus impuestos, los cuales son pecado según Romanos 13? Encontraste un ídolo. ¿Estás dispuesto a pecar si piensas que lo vas a perder? Eso es un ídolo. ¿Es esto lo que me da sentido de valor, de importancia? Es un ídolo. ¿Me irrito tan pronto alguien me habla negativamente acerca de esa persona o de esa cosa? Es un ídolo. El enano del corazón no tolera que le hablen mal de su ídolo. Más fácil tolera que le hablen mal de Dios y se dice: "Bueno, tú sabes cómo es la gente, que siempre anda hablando mal". Pero de su ídolo, no. ¿Es eso todo lo que necesito para sentirme seguro, para sentirme bien? ¿Estás dispuesto a sacrificar relaciones para no perderlo, a cortar relaciones?
Al final del camino, la idolatría es un problema del corazón. Y por consiguiente, nuestros ídolos revelan quiénes nosotros verdaderamente somos y las cosas que nosotros anhelamos.
Déjame hablarte, tengo que cerrar, pero déjame hablar rápidamente de ídolos que son como más potables. Tim Keller hace un excelente trabajo en su libro "Reasons for God" o "Razones para la existencia de Dios", y él dice lo siguiente hablando de qué es lo que nos da identidad: si centras tu vida y tu identidad en tu esposa o compañero, lo cual implica que se puede convertir en un ídolo, serás emocionalmente dependiente, celoso y controlador. El ídolo te daña. Si centras tu vida y tu identidad en tu esposa o compañero, serás emocionalmente dependiente, celoso y controlador.
Si centras tu vida y tu identidad en tu familia e hijos, tú tratarás de vivir tu vida a través de tus hijos hasta que ellos te resientan o hasta que tú no tengas vida propia. A veces ocurre que los padres tienen hijos y los hijos tienen hijos, que abrazan nietos, y muchas veces los padres quisieran seguir viviendo su vida a través de los hijos y los nietos, y los hijos dicen: "Bueno, está bien."
Pero si centras tu vida y tu identidad en tu trabajo y carrera, te convertirás en un trabajólico, lo cual te daña, y si tu carrera se echa a perder, desarrollarás una profunda depresión. Si centras tu vida y tu identidad en el dinero y la posición, tú serás consumido por la preocupación y el celo relacionado al dinero; frecuentemente estás pensando en hacer más dinero, más dinero. La hija de Frank Sinatra decía al final: "Yo no sé qué hacer con mi papá, siempre le estoy diciendo: 'Papá, para de trabajar, no tienes que hacer más dinero. Papá, para de trabajar, no tienes que hacer más dinero.'" Y recientemente oí un testimonio similar, ya más cercano.
Tú notaste las consecuencias que Pablo ha comenzado a describir. Vamos a llegar al versículo 30, apenas estamos en el 24 o del 21 al 25, pero tú notaste las consecuencias de la rebeldía y la ingratitud humana: el razonamiento se volvió inútil, el corazón fue entenebrencido, la adoración fue corrompida con animales, el hombre deshonró su propio cuerpo en lujuria, cambió la verdad de Dios por una mentira y adoró la criatura en vez del Creador. El hombre está increíblemente rebelde, y el hombre está increíblemente autocentrado, y el hombre está increíblemente ingrato.
Escucha esta ilustración con eso. Es una ilustración de Barnhouse. Donald Grey Barnhouse predicó en la década de los 40, 50, no sé exactamente en qué año murió, pero Barnhouse ha sido reconocido como un predicador que tenía una mente prodigiosa para las analogías. Y él habla en su comentario de la ingratitud de este hombre y de su rebeldía, y dice: Dios le dio al hombre un cerebro. Con ese cerebro él aprendió a fundir hierro, y así él aprendió a hacer cabezas de martillo, el martillo que tú usas en la casa, y también llegó a hacer clavos. Dios en su bondad, en la naturaleza, hizo salir el sol, hizo llover y le dio a ese hombre árboles. De ese árbol, Dios le dio al hombre fuerza para cortar el árbol y le dio un cerebro para que de la madera del árbol hiciera un mango para la cabeza del martillo. ¿Me van siguiendo ahora? Y ese hombre entonces, cuando Dios dijo: "Déjame ir a visitarlo más de cerca" y se encarnó, tomó el árbol, lo cortó, le dio forma de cruz, tomó el martillo y tomó los clavos, y clavó a Dios. ¿Y tú sabes qué hizo Dios? Que le extendió los brazos y se dejó clavar.
Esa ilustración ilustra el corazón de Dios y el corazón del hombre. La bondad de Dios, la capacidad de ese Dios para amar, para llamar así al hombre que se ha dejado ir a la ingratitud. Y la rebeldía de ese hombre que, habiendo escuchado desde la cruz el llamado de regresar a Él —"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen"—, su deseo preferido es clavar la evidencia porque quiere insistir en no reconocer a Dios, en no honrarlo, para no tener que darle gracias. Y mucho menos para tener que rendirle cuentas. Pero el día de rendición de cuentas viene de camino.
Padre, gracias. Gracias porque yo no sé de cuántas formas Tú has querido mostrarnos Tu amor, Tu gracia, Tu interés en rescatarnos de nuestra perdición, para moldearnos a Tu imagen, para que nosotros entonces, siendo hechos a Tu imagen, podamos tener el mayor de los gozos, el mayor de los propósitos, el mejor de los significados de vida, la mejor dirección, la mayor paz, la mayor tranquilidad, la mejor calidad de vida. Y nosotros insistimos en nuestras formas, nuestros deseos, nuestros caminos, nuestra voluntad. Nos volvemos avaros y llamamos a eso amor de mí. Nos volvemos controladores y llamamos eso necesidad de planificar. Nos volvemos egoístas y llamamos a eso necesidad de conservar y ahorrar. Pero no tiene nadie que engañarte, Tú sabes lo que es y Tú sabes cómo se llama cada cosa.
Perdóname cuando yo he sido parte de todo ese ciclo en algún momento, que me has descrito en el día de hoy. Pero perdónanos a nosotros, ayúdanos a vivir nuestra vida mucho más conscientes de Tu gracia, de Tu amor, de Tu perdón, pero ayúdanos a ver nuestra horrible caída y la horrible corrupción de la imagen de Dios y la consecuencia que ha traído. Gracias por salir a buscarme cuando ya andaba en el error, en la perdición, en la oscuridad, para hacerme hijo Tuyo. En Cristo es orado y predicado.