IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La iglesia no es un club religioso ni un buffet espiritual donde cada quien toma lo que le conviene. Es la novia de Cristo, comprada con su sangre, llamada desde la eternidad. Pretender amar a Cristo mientras se desprecia o ignora a su esposa es tan absurdo como decirle a un amigo que quieres mantener la amistad siempre y cuando mantengas alejada a su esposa porque no te agrada. Solo al cristiano de los últimos tiempos se le ha ocurrido pensar que puede existir independientemente de una iglesia local.
En Mateo 16:18, Cristo revela cinco verdades fundamentales sobre su iglesia: el fundamento es él mismo, la roca sobre la cual todo se edifica; existe una relación inseparable entre esa roca y el resto del edificio, como entre cabeza y cuerpo; el constructor es Cristo, no nosotros, lo cual significa que debemos edificar con sus recursos, a su manera y para su gloria; los ataques vendrán del Hades, ya sea desde fuera o desde dentro de la iglesia; y la garantía de victoria es su palabra irrevocable.
Los ataques más mortales no vienen del enemigo visible, sino del fuego amigo: la distorsión del evangelio, el mercadeo de la iglesia para satisfacer egos, la dilución de la verdad para entretener multitudes. Satanás ha cambiado de estrategia a lo largo de la historia, desde la persecución hasta casar la iglesia con el poder político, hasta hoy convencer a muchos de que tiene más poder del que realmente posee. Pero Cristo despojó a las potestades en la cruz. Cuando él dijo que las puertas del Hades no prevalecerían, dio su palabra, y eso es garantía suficiente por los siglos de los siglos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
El Evangelio de Mateo, capítulo 16, es un texto que cuando lo leamos ustedes se darán cuenta que es muy conocido. Yo voy a leer cinco versículos a partir del 13, pero realmente mi mensaje en el día de hoy tiene que ver exclusivamente con el versículo 18 de Mateo 16. Hoy habíamos anunciado, por lo menos a algunos, que estaríamos comenzando una nueva serie de mensajes. Una serie que yo he titulado "La iglesia que Dios quiere".
Yo estoy consciente que ese título representa un enorme reto para mí como predicador, o para cualquier otro predicador, porque tan pronto hacemos uso de ese título estamos asumiendo que en este mensaje y en los venideros estaremos predicando exclusivamente aquello que Dios ha concebido en su mente y en su corazón para que sea parte de su Iglesia. Pero yo estoy consciente, me voy a decir ahora, que en mi falibilidad yo pudiera terminar predicando acerca de la iglesia que el pastor Núñez quiere y no la iglesia que Cristo quiere. Y es por eso que en esta mañana yo le pedí a Dios, y le pido a ustedes, que a lo largo de las próximas semanas que estemos revisando este tema, usted pueda mantenerse en oración de tal forma que ciertamente yo pueda predicar única y exclusivamente aquello que Dios pueda inspirar en mi mente. De lo contrario yo pudiera terminar pecando, no solamente contra Dios, sino que pudiera terminar pecando contra la esposa de su Hijo, a quien Él llamó "mi novia, mi esposa", Él llamó "mi Iglesia".
De hecho, al final del libro de Apocalipsis, ya cuando la historia redentora va a cerrar, en el capítulo 21, versículo 9, todavía en ese momento Dios le está llamando a la Iglesia la esposa y la novia de su Hijo Jesús. Yo creo que ha habido mucha confusión acerca de lo que esa iglesia debiera ser o debiera no ser, y la confusión ha estado no solamente de parte de los miembros de la iglesia. Yo creo que en la medida en que uno ve y observa el panorama nacional e internacional, ha habido mucha confusión de parte de los líderes de esa iglesia hoy en día.
Y algunos están tan confundidos, y vemos sus artículos en algunas de las revistas, que preguntan si la iglesia de Cristo ha de sobrevivir a estos tiempos. Si la iglesia que Él compró con su sangre, la iglesia que Él se dio, la iglesia que Él ha decidido levantar, si ha de sobrevivir a las presiones de estos tiempos sin que sea modernizada primero. Y ciertamente yo creo que el hecho de que la iglesia de hoy esté desviada es altamente preocupante, pero quizá no es un hecho tan nuevo como uno pudiera pensar.
Reflexionando acerca de esta serie, volví a ver las iglesias que están descritas en el libro de Apocalipsis, siete de las iglesias sembradas en Asia Menor. Y cómo Cristo se paseó en medio de ellas y les pasó revista, y cómo a cada una de ellas tuvo palabras de condenación, con la excepción de una sola: la iglesia de Filadelfia. Cómo Cristo condenó la iglesia de Éfeso por haber perdido su primer amor. Cómo condenó la iglesia de Laodicea por ser tibia, ni fría ni caliente. Aparentemente los que estaban ahí se identificaban como cristianos, pero no lo eran, y por eso es que Él dice en ese momento que Él iba a vomitarlos de su boca. Porque una cosa es aquellos que no son cristianos, otra cosa es aquellos que son cristianos y verdaderamente lo son, pero una cosa horrible es para Dios aquellos que se llaman cristianos pero no lo son, y esa era la iglesia de Laodicea.
Otra iglesia, la de Sardis, estaba muerta. Otra iglesia estaba complacida en su opulencia, en su prosperidad. Y uno lee esta historia, y lee la historia de la iglesia de Pérgamo que había permitido el pecado dentro de la misma, y nos damos cuenta que quizás esta historia no sea tan nueva como a veces pensamos.
No hay duda de que la iglesia de Cristo ha sido embestida, atacada desde el principio, desde el comienzo, desde su nacimiento, desde afuera y desde adentro. Pero quizás lo que no nos percatamos es lo que quizás sea más común hoy, y es el hecho de que los ataques más feroces y más mortales que una tropa puede sufrir no son los ataques del enemigo que está de frente, sino de aquel que está dentro, y es lo que en inglés se conoce como "friendly fire" o fuego amistoso. Tú tienes al enemigo de frente, tú sabes quién es, tú sabes qué dirección necesitas disparar. Pero cuando tú tienes al enemigo dentro, tú no sabes de dónde vendrá la próxima artillería, y por tanto el daño, la destrucción que eso puede causar a cualquier ejército o tropa es monumental.
La iglesia ha sufrido ataques desde fuera, desde su inicio, pero quizás los peores los ha tenido desde dentro. Y uno de los peores ataques que esa iglesia ha recibido en los últimos años es la distorsión del Evangelio, la distorsión de la verdad, de aquello que le podía sostener, aquello que le dio la vitalidad, le dio la fortaleza por muchos siglos. De hecho, el apóstol Pablo escribiéndole a Timoteo, su discípulo, en su primera carta en el capítulo 3, versículo 15, le recuerda, Timoteo, que esa iglesia es la columna y el sostén de la verdad. Si Satanás logra diluir esa verdad, habrá conseguido disminuir la luz que esa verdad puede proyectar. Y si disminuye la luz, nos dejará en tinieblas. Eso es exactamente como muchas veces la iglesia de Cristo ha lucido en los últimos tiempos: una iglesia que no tiene suficiente luz porque no tiene suficiente verdad.
Recuerden el culto anterior que, hablando con esta persona con quien hemos estado hablando, José Mendoza, que está en Inglaterra en estos momentos terminando sus estudios teológicos y con quien quisiéramos trabajar el año próximo, en una ocasión él me decía en un email recientemente que nosotros debíamos contribuir como iglesia a cambiar las instituciones de la sociedad que están tan corruptas. Y yo le devolvía y le recordaba que antes de cambiar las instituciones corruptas de la sociedad hay que reformar la iglesia primero. Porque la iglesia es la columna y sostén de la verdad, y si esa iglesia tiene una verdad diluida, una verdad corrompida, esa iglesia no tendrá fuerza para transformar las instituciones de la sociedad en la cual ella se encuentra inmersa.
Estamos en tiempos muy, muy difíciles, y Satanás conoce que la manera más fácil de atacar la causa de Cristo es atacar el instrumento por medio del cual Cristo se propuso derrotar las fuerzas de las tinieblas. Y el ataque ha sido tal, hasta el punto que hoy, algo que nunca antes habíamos oído en la historia de la iglesia, no es infrecuente que oigamos a alguien decir: "Realmente yo no tengo que ir a la iglesia para ser cristiano. Yo no necesito una relación con ninguna iglesia local ni ninguna relación eclesial para ser cristiano." Eso solamente se le ocurre al cristiano de los últimos tiempos.
Imagínate que tú tengas un amigo, tu mejor amigo, aquí nada más aquí en la iglesia, y que tú le digas: "¿Sabes una cosa, Fulano? Yo tengo un gran interés en relacionarme contigo y mantener nuestra amistad. El problema que yo tengo es con tu esposa, de manera que siempre y cuando nosotros podamos mantener tu esposa alejada, podemos tener una muy buena amistad." ¿Qué tú piensas que sería la respuesta de ese amigo a tu propuesta? Como algunos dicen hoy: "Bueno, es que no quiero ir a la iglesia porque está llena de hipócritas." Imagínate que tú le digas a ese tu mejor amigo: "¿Sabes una cosa? Quiero que tengamos la mejor amistad del mundo, pero no puedo relacionarme con tu esposa porque es una hipócrita." ¿Qué tú piensas que sería la disposición del corazón de ese amigo?
Yo creo que nosotros no entendemos la importancia que Dios le ha dado a su Iglesia. No entendemos la importancia que el Padre le dio a la Iglesia cuando se la dio a su Hijo por novia y por esposa. No sabemos la importancia que la Iglesia tiene cuando Cristo se atrevió a derramar su sangre por ella. No sabemos la importancia que la Iglesia tiene cuando Cristo se propuso levantarla como instrumento de destrucción del reino de las tinieblas. ¿Y cómo es posible que mi Señor y mi Dios pueda considerar y amar algo de una forma tan preciada y que yo, como su hijo y siervo, tenga tan poco aprecio por aquello que Él amó tanto?
Y con esa introducción, yo quiero entonces leer este versículo dentro del contexto del pasaje, y por eso es que voy a leer a partir del versículo 13 de Mateo 16, que es el primer pasaje donde aparece la palabra "iglesia" y donde Cristo comienza a revelar qué es lo que Él pretendía hacer con ella.
Versículo 13, Mateo 16: "Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Simón Pedro y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús respondiéndole dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."
Esta es la primera vez que la palabra "iglesia" aparece en el Nuevo Testamento. Esta palabra no aparece frecuentemente en los Evangelios. De hecho, en los Evangelios Mateo, Marcos, Lucas y Juan solo aparece dos veces, y esta es la primera. Y la próxima vez que esta palabra aparece, una vez más aparece pronunciada por Cristo, y es en el contexto de la disciplina de la iglesia en contra del pecado que puede debilitar y corromper su Iglesia.
De manera que si Cristo solamente usó esta palabra dos veces, yo creo que a nosotros nos toca hacer esta serie comenzando por esos dos textos que Cristo inspirara, que Cristo hablara acerca de la Iglesia, porque esos dos textos deben contener la zapata, lo más importante, lo esencial, lo vital para continuar construyendo su Iglesia con los apóstoles en el tiempo del libro de los Hechos. Cristo comenzó hablando de lo que Él haría con su Iglesia.
Yo creo que, habiendo leído ese pasaje, habiendo visto esta famosa declaración de Pedro conocida como la declaración de Cesarea de Filipo, que viendo solamente esa confesión donde Cristo le dice: "Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque te digo que sobre esta roca edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella", basado en esa sola revelación, yo quiero que veamos cinco cosas de la iglesia de Cristo. Número uno, el fundamento o la zapata de la iglesia, que aquí es llamada la roca. Número dos, la relación que existe entre esa roca o el fundamento y el resto del edificio. Número tres, la promesa del constructor de la iglesia. Número cuatro, la procedencia de los ataques contra esa iglesia. Y número cinco, la garantía de la iglesia. Si tú preguntas en dónde está todo eso, eso está ahí en el versículo 18, en la mitad del versículo 18, donde Cristo dice: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella".
He llamado la roca. En el libro de Efesios 2, capítulo 2, nosotros vemos cómo el apóstol Pablo, en el versículo 19, habla de que el fundamento de la iglesia está formado por los profetas y los apóstoles, y del cual, de ese fundamento, Cristo es la piedra angular. Él es llamado la piedra angular de ese edificio que se proponía levantar. Y con esto, Cristo le habla a Pedro acerca de la roca, le está dando una idea de la solidez y del tamaño de aquello que iba a comenzar ese día.
Todos nosotros sabemos que la fortaleza de un edificio depende del tamaño de la zapata y la fortaleza de la zapata, y que hay una estrecha relación entre la zapata y el resto de la edificación. No importa si el edificio tiene cien pisos, el último piso todavía sigue guardando una estrecha relación con lo que pasó abajo en la zapata. Y de ese edificio, Cristo es llamado en este texto la roca. De tal forma es esta roca crucial para la iglesia, que todo movimiento que se levantara construyendo sobre la arena y no sobre Él terminaría siendo destruido. Y de hecho, Cristo reveló exactamente eso en sus propias palabras, lo cual nos da a nosotros una idea de cuál fue la opinión de Cristo sobre aquellos que trataran de oponerse a sus propósitos. En Lucas 20, versículo 18, leemos lo siguiente: "Todo el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos, y aquel sobre quien ella caiga, lo esparcirá como polvo".
Cristo no solamente da garantía del triunfo de su iglesia, sino que al mismo tiempo nos habla de lo peligroso, lo mortal que sería oponerse a la roca que en ese momento comenzaba a ser usada como fundamento de la edificación que Dios Padre había comenzado en la eternidad pasada. Más adelante, Cristo es mencionado en Primera de Pedro 2:4, definido como una piedra viva. En 2:6 se le define como piedra preciosa, y en 2:8 como piedra de tropiezo y roca de escándalo. En tres versículos solamente, el apóstol Pedro nos habla de que Cristo es una piedra viva. Claro, porque de Él depende toda la vida de la iglesia y Él es quien nos ha dado vida a cada uno de nosotros.
Él es definido como una piedra preciosa. Claro, las piedras preciosas se definen de acuerdo a su hermosura y de acuerdo a su perfección. Y cuando tú lees acerca de Cristo, el Salmo 45:2 lo define como el más hermoso entre los hijos de los hombres, y el resto del Nuevo Testamento habla y define la perfección del Hijo de Dios hecho hombre. Él es una piedra preciosa, pero no solamente es una piedra viviente y una piedra preciosa, resulta que Él es también una piedra de escándalo, una piedra de tropiezo y roca de escándalo. Esa es la razón por la que cuando hablamos de Cristo como el único camino al Padre, el otro se escandaliza. Esa es parte de la función de la roca: escandalizar a aquellos que piensan que pueden llegar al Padre por otro camino que no sea el camino de Jesús.
Esa es la roca, es el fundamento. Yo quiero que veamos en segundo lugar la relación que guarda esa roca con el resto del edificio. Usted nunca ha visto una edificación construida separada de la zapata. De la misma manera, cuando Cristo se refiere a Él y su iglesia, en otra ocasión le llama el cuerpo de Cristo, del cual Él es la cabeza. Usted nunca ha visto un cuerpo caminando separado de una cabeza, como tampoco ha visto a la cabeza caminando por ahí. Usted preguntaría: "Oye, ¿dónde está el cuerpo?" No, siempre hay una cabeza que le dice al cuerpo por dónde caminar. Y de esa misma manera, entonces Cristo, como cabeza nuestra de la iglesia, Él es quien tiene que decirnos cómo caminar, cómo edificar, cómo levantar su iglesia. Él es quien tiene que darme las instrucciones que yo debo seguir, y yo debo hacerlo con sus recursos, a su manera, en su tiempo, en su forma, para su honor y su gloria. ¿Por qué? Porque es Él quien la está levantando.
Este entendimiento muchos cristianos no lo tienen. No tienen el entendimiento de lo inseparable que es el novio de la novia. No tienen el entendimiento de que la mejor manera de servirle al novio es sirviéndole a la novia. De hecho, la idea frecuente hoy en día en la mente de muchos cristianos es el poder pertenecer y servir, o ir, ni siquiera servir, ir a varias iglesias diferentes. Mi intención no es servirle a la novia, servirle a la esposa; mi intención es servirme de la novia. De tal forma que yo ahora puedo ver la iglesia como un bufé, del cual yo escojo lo que me gusta y dejo lo que no me gusta. De esta forma yo puedo tener el mejor plato de esta iglesia, el mejor postre de aquella otra iglesia, la mejor entrada de esta otra iglesia, y servirnos a manera de bufé. ¡Hasta dónde va a llegar nuestro egocentrismo!
Imagínate el amigo de quien te hablaba, con su esposa, con quien tú quieres tener una muy buena relación, pero que tú le dices a tu amigo: "Una vez a la semana yo voy a visitar tu casa, y quisiera que cada vez que yo vaya a visitar tu casa, tu esposa me sirva. Pero por favor, recuérdale a tu esposa nunca pedirme un favor, porque yo no estoy ahí para servirles sino para servirme de ella". ¿Qué tú piensas que sería la reacción de ese tu amigo?
Nosotros hemos desarrollado un egocentrismo tal que ahora los mismos líderes de esa iglesia que Cristo se ha propuesto construir sobre Él como la roca han querido llenar todas las necesidades humanas egocéntricas del cristiano. Yo recuerdo cómo en el año 1992, quizás todavía el mall más famoso, más grande de Estados Unidos, el Mall of America, construido en Minneapolis, con una extensión inmensa, más de 560 tiendas. Alguien calculaba que si tú fueses a pasar diez minutos en cada tienda durante veinticuatro horas al día sin dormir, te tomaría casi cuatro días para visitar cada tienda. Dentro de este mall cabrían siete estadios como el estadio de los Yankees en Nueva York. Algo inmenso.
Pero una de las atracciones cuando el mall abrió fue que, al lado de Bloomingdale's y Sears, ahí en el medio de las dos, habría una iglesia. Una iglesia cuyos pastores animaban a su congregación a que vinieran en el día del Señor en ropa liviana, de tal forma que tan pronto terminara el servicio pudieran seguir comprando en el mall. Una iglesia que ayer me dio curiosidad por entrar y ver dónde estaba hoy en día, la iglesia de Wooddale. Y me encontré que esta iglesia tiene tres tipos de servicios cada domingo para diferentes audiencias: uno contemporáneo, otro tradicional, y uno a las siete de la noche posmodernista. De manera que ahora nosotros no tenemos, nadie tiene que sacrificarse por el otro. No necesitamos una adoración mixta entre quizás lo tradicional, no, no. Podemos servirle a los gustos egocéntricos de este grupo, de este grupo, y si no te gusta ni este, te darán un tercero ahora, posmodernista, donde ellos anuncian que hay luces, artes, video y toda otra experiencia multisensorial, dice la página. ¿Hasta dónde vamos a llegar mercadeando la iglesia? ¿Hasta dónde vamos a llegar diluyendo la verdad de su mensaje? ¿Hasta dónde vamos nosotros a llegar sin entender la importancia que Dios le da a la iglesia y a la iglesia local, porque es en una iglesia local donde Él nos coloca?
De hecho, cuando tú revisas todo el Nuevo Testamento, la palabra iglesia aparece 114 veces, 90 de las cuales hacen referencia a una iglesia local. Una iglesia local donde Dios te ha puesto, donde Dios te llama, donde Dios espera que seas edificado, donde Dios espera que seas equipado, y donde Dios espera que tú, después de ser equipado, puedas servir. Solamente en este siglo y la última mitad del siglo pasado se le ocurre al cristiano pensar que él puede existir independientemente de la novia y la esposa de Cristo.
Hablamos del fundamento. Hablamos en segundo lugar de la relación que guarda este fundamento con el resto del cuerpo. En tercer lugar, yo quiero que veamos el constructor del edificio. Cristo dijo: "Yo edificaré mi iglesia". Si hay algo que a mí me da paz y tranquilidad es saber que yo no edifico la iglesia, que yo no tengo ningún interés en competir con mi Maestro, que mi único interés es ser un instrumento en sus manos para que Él construya su iglesia. No solamente me da tranquilidad, pero me permite colocarme en la posición que me toca colocarme, y es simplemente el considerarme un mero instrumento en las manos del constructor que dijo: "Yo edificaré mi iglesia".
Es esa realidad la que nos permite continuar cuando las cosas no salen bien, cuando las cosas nos desaniman, nos desalientan y nos desilusionan. Y si es su iglesia que Él se propone construir, una vez más tenemos que recordar que entonces tengo que hacerlo en su tiempo, a su manera, con sus recursos, para su honor y para su gloria. Yo no debo ni puedo tratar de fabricarla a mi manera, porque no soy yo el constructor.
Yo soy simplemente un instrumento en la mano del constructor. Necesitamos entender que cuando Cristo dijo "yo edificaré mi iglesia", no fue que ese día, después que Pedro hizo la confesión, Cristo como que de repente tuvo una iluminación y dijo: "¡Ah, Pedro, se me ocurre una buena idea! Como el pueblo judío fracasó, ahora vamos a construir la iglesia". No, esto es una idea que nace en el corazón y en la mente de Dios Padre en la eternidad pasada. Y desde la eternidad, Él concibió su plan, y luego, en la eternidad, llama a Su iglesia, y luego que la llama, la compra con Su sangre. En 1 Corintios 6:19-20 se nos dice que fuimos comprados precisamente por Su sangre.
Pero la primera característica de esa iglesia que Cristo se propuso edificar es que fue llamada. La palabra iglesia viene precisamente del vocabulario griego "ekklesia", que es una palabra compuesta: "ek" significa fuera, y "kaleo" es la raíz de la segunda palabra que significa llamar. Hemos sido llamados fuera. Hemos sido llamados fuera del mundo, fuera del pecado, fuera del estilo mundano del mundo, y hemos sido llamados desde toda la eternidad, y después que fuimos llamados fuimos entonces comprados.
Pero el llamado, aunque representa la primera característica de esa iglesia, no es la única característica de esa iglesia. Escucha lo que el apóstol Pablo les dice a los romanos en Romanos 1:6-7: "Entre los cuales estáis también vosotros", los romanos que pertenecen a esa iglesia, "entre los cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo". ¿Te das cuenta que hemos sido llamados, y hemos sido llamados por Jesucristo? "Llamados a Jesucristo, a todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos". La primera característica es que hemos sido llamados; la segunda característica es que hemos sido llamados a ser santos. Tenemos un llamado a la santidad, tenemos un llamado a tener comunión con Él, dice 1 Corintios 1:9, y tenemos un llamado, según 1 Pedro 2:20-21, a compartir no solamente la gloria y el poder con Él, sino a compartir Sus padecimientos, porque para esto fuiste llamado.
Miren, cuando nosotros pertenecemos a la iglesia de Cristo, tenemos que recordar que parte de mi responsabilidad es precisamente compartir los sufrimientos y Sus padecimientos en aras de Su causa, en aras de Su novia, a quien Él compró y por quien Él murió. De ahí que yo necesito estar injertado en una iglesia local a la cual yo le pueda servir.
El mundo de hoy está lleno de ministerios "parachurch", al lado de la iglesia. La única razón por la que esos ministerios tuvieron que surgir es porque muchas de las iglesias no estaban haciendo su rol; de lo contrario, no tendrían ninguna razón de existir, porque la institución que Cristo llama precisamente para reformar y transformar el mundo es Su iglesia. Y cuando la iglesia hace su rol, ella sola, de por sí, debiera ser capaz de llevar a cabo toda la administración que todas las iglesias y los demás ministerios para la iglesia, al lado de la iglesia, están realizando en el día de hoy.
La única garantía que Cristo da es para Su iglesia. Él no garantiza el triunfo de ningún otro ministerio, de ninguna otra institución. Él garantiza la victoria de la institución por la cual Él murió, la que Él compró y la que Él diseñó. Y si nosotros vamos a levantar o ser instrumentos de esa edificación, en la mano del constructor, tenemos que hacerlo con Su poder. Esa es la razón por la que Cristo, antes de ascender al cielo, da la instrucción a Sus discípulos: les dice que no salgan de Jerusalén hasta que no reciban poder de lo alto. Porque era ese poder que iba a fluir a través de ellos lo que iba a permitir que ellos pudieran edificar aquello que Él anunció a Pedro y a los apóstoles ese día.
Yo tengo una responsabilidad en esta construcción, porque el poder que Cristo quiere y ha prometido hacer fluir a través de nuestras vidas solamente va a fluir si yo, como vaso, he sido preparado en santidad. Cuando mi vaso no ha sido debidamente preparado en santidad, que es a lo que yo he sido llamado, yo no disminuyo el poder en la persona de Dios, pero yo disminuyo significativamente el fluir de Su poder a través de mí y a través de esa iglesia, con lo cual debilito la eficacia de esa iglesia.
¿Te das cuenta ahora por qué Satanás ha sido tan astuto en acechar a los hijos de Dios, en corromper las vidas de los hijos de Dios? Él sabe perfectamente bien que Dios, en Su santidad, no hará fluir Su poder tanto a través de vasos corrompidos, y él trata entonces de corromper, de envenecer, los vasos que Dios pueda usar, de tal manera que él pueda disminuir la eficacia de la iglesia dentro de la cual esos vasos han sido colocados.
Yo tengo un rol que jugar. Recuerda que Pablo le dice a Tito que nuestras vidas debieran ser el adorno de la doctrina. De tal forma que cuando la doctrina sea predicada, y a veces pasajes difíciles de digerir sean predicados, cuando otros vean nuestras vidas alrededor de la doctrina proclamada, otros queden impresionados con el adorno que nuestras vidas proveen para esa doctrina difícil, y que otros se sientan atraídos por el cosmético de la doctrina. La palabra "adorno" ahí en Tito 2:10, lo hemos mencionado en otras ocasiones, es "kosmeo", el cosmético, de ahí viene la palabra cosmético.
Yo mencionaba esta mañana cómo cuando uno se levanta en la mañana tiene la cara un poco arrugada, los ojos un poco sucios, el pelo un poco despeinado, y de repente usted se ve en el espejo y usted se convence de que usted es feo. Y luego usted va, agarra un cepillo, se moja el pelo, se seca, las mujeres usan sus cosméticos, bueno, a veces los hombres ahora han hecho lo mismo. Y luego esa mujer sale afuera y alguien se guapea, si la vimos hoy, sí, después del cosmético. Eso es a lo que tú y yo hemos sido llamados: a que la doctrina nunca luzca desaliñada, despeinada, fea, sucia; a que la doctrina tenga siempre el cosmético de nuestras vidas. Y cuando eso ocurre, entonces el poder que Cristo prometió en Hechos 1:8 ha de fluir a través de esas vidas, con lo cual le da poder a Su iglesia de conquistar, de impactar el ambiente alrededor de ella y la sociedad en la que ella ha sido colocada.
De manera que Cristo está dispuesto a construir Su iglesia a través de hijos que estén dispuestos a sufrir por la causa, a dar el todo por la causa, a ser el mejor esfuerzo por esa causa. Y tú comienzas a ver mejor, entonces, quién es realmente el constructor de este edificio. "Yo edificaré mi iglesia", y esas fueron Sus palabras.
Hemos visto el fundamento, la relación que guarda esa roca o fundamento con el resto de la edificación, hemos visto ahora también quién es el constructor, y yo quiero que veamos ahora, como punto número cuatro, de dónde vendrían los ataques en contra de esa iglesia.
Tan pronto Cristo dice que Él iba a levantar Su iglesia, pero que las puertas del Hades no prevalecerían, ahí Él identificó ya la procedencia de los ataques. No importa si los ataques vienen de afuera de la iglesia o si vienen de adentro de la iglesia, esos ataques contra la iglesia de Cristo han sido concebidos en el Hades, han sido preparados por la cabeza del Hades, que no es otro que Satanás mismo. El Hades es una identificación del reino de las tinieblas, y Satanás se ha propuesto hacer detener el avance de la iglesia.
Cuando un cristiano cae, o un líder de la iglesia cae, y eso detiene el avance y la eficacia del poder de esa iglesia, esa estrategia fue concebida en el Hades. Cuando la iglesia diluye la doctrina de Cristo, con lo cual diluye el impacto de la verdad proclamada, esa estrategia fue concebida en el Hades. Cuando los líderes de la iglesia compran la idea de mercadear esa iglesia, diluir su doctrina, entretener al que viene, eso ha sido concebido en el Hades.
Satanás comenzó con una estrategia diferente. Cuando la iglesia comenzó a levantarse, él comenzó a perseguirla. Se dio cuenta rápidamente que mientras más la perseguía, más se fortalecía la iglesia. Y de repente él diseñó: tengo que cambiar de estrategia, porque ciertamente la sangre de los mártires lo que está haciendo es fortalecer la iglesia. Y eso ha sido siempre la historia de la iglesia: que la sangre de los mártires ha sido la semilla de la iglesia.
Satanás dijo: "No, no me conviene esa estrategia". Y de pronto él vio a Constantino, el emperador romano, convertirse aparentemente, y diseñó otra estrategia. Ya Constantino se convirtió, el emperador, ya no la puedo ni siquiera seguir persiguiendo porque lo tengo en la encontrada. Mi estrategia ahora es casar el poder político con el poder de la iglesia, hacer que la iglesia cometa adulterio de matrimonio con el poder político, y le quitamos entonces toda la fuerza necesaria a la iglesia. Y la iglesia entonces pasó a hacer o a vivir los años oscuros de la iglesia, como se le conoce en la historia, hasta que Dios, desde dentro de la iglesia, levantó a un hombre de nombre Martín Lutero y la hizo explotar desde adentro hacia afuera, con lo cual Él volvió a cambiar y a transformar el continente europeo por segunda vez.
Satanás se da cuenta que su estrategia funcionó por un tiempo, pero que no iba a continuar funcionando. En los últimos años, en el Hades ha concebido otro plan, pero es un plan multifacético. Yo puedo entretener a la iglesia de diferentes maneras. A un grupo le hago creer que tengo más poder de lo que realmente tengo. A un grupo le hago creer que yo puedo hacer mucho más de lo que puedo hacer, de tal forma que se entretengan conmigo estudiándome y se olviden de estudiar la verdad, de estudiar a la persona de Jesús, de vivir preocupados conmigo de tal manera que su preocupación, su miedo y su temor los debilite. Ya esa batalla la gané. A otros yo los voy a entretener con la idea de que yo no existo. O si existo, estoy en el infierno, ahí atrapado, no puedo ni siquiera salir, no puedo hacer nada. Gané esa batalla.
A otros yo los voy a entretener de la misma manera que yo he logrado entretener al mundo con ganancias de dinero en el Evangelio de la Prosperidad. A otros los voy a entretener con ganancias y hambre de poder, levanto nuevos profetas y apóstoles. A otros los voy a entretener con la sensualidad dentro de la iglesia. Y gané cada una de esas batallas.
Pero quizás la peor de ellas es aquella estrategia que ha logrado convencer a los hijos de Dios de que Satanás realmente tiene más poder y más capacidad de hacer de lo que realmente él tiene. Y se nos olvida que Cristo nos dejó en Su Palabra precisamente suficiente revelación para que nosotros entendiéramos que no iba a ser de esa manera y que no era como Satanás quería convencernos. Colosenses 2:15 dice: "Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de él." En la cruz les hizo un espectáculo público, los despojó de sus poderes. Pero cada vez que nosotros olvidamos lo que la Palabra de Dios revela, caemos entonces en creencias erróneas, extrañas a lo que es la revelación de Dios.
Satanás ha logrado en los últimos años asestar duros golpes al liderazgo de la iglesia. No importa si eran los tiempos de Jimmy Swaggart, de Jim Bakker, o más recientemente de Ted Haggard, pastor de una iglesia de catorce mil miembros en Estados Unidos, presidente de la Asociación de Iglesias Evangélicas con más de cuarenta y cinco mil iglesias afiliadas, con una campaña contra la homosexualidad increíble, hasta que el homosexual con quien él tenía una relación por dos años lo denunció, y de quien él compraba anfetaminas. Obviamente Ted Haggard fue despedido de su iglesia y el proceso de Mateo 18 fue puesto en ejecución.
Dos veces Cristo menciona la palabra iglesia. Una para hablar de quién era la roca y el constructor, y garantizar que nadie la destruiría. Y dos para hablar de la necesidad de la pureza de esa iglesia, que Él garantizaría a través de lo que es el proceso de Mateo 18 como disciplina de la iglesia. Cuando la iglesia descuida su santidad, el Amo santo la descuida, porque Dios tiene una aversión a lo que es la vida de pecado. Dios tiene un rechazo a lo que es contrario a Su esencia, a la esencia de Su nombre.
Cuando esa iglesia queda inundada en el pecado, comienza a diluir su verdad. Y los inconversos comienzan a venir a esa iglesia, y de repente encuentran el sermón aburrido. En vez de preguntar cómo es que la Palabra viva, al salir de los labios del predicador, se hace muerta, en vez de revisar eso, lo que hacemos es decir: "No, lo que necesitamos es darle más entretenimiento." La diluimos todavía más, aumentamos el entretenimiento, acortamos el tiempo de los cultos, y de esa manera podemos continuar manteniendo a las personas contentas, pero no a Dios. De esa manera podemos continuar atrayendo grandes multitudes de personas, pero no de discípulos. De personas, pero no de ovejas, porque "mis ovejas escuchan mi voz."
Y si hay algo que distingue a las ovejas del buen pastor es hambre por el alimento que Él prepara y no por el entretenimiento. Si hay algo que es característico de las ovejas del buen pastor es precisamente que ellos quieren la Palabra no adulterada, el alimento limpio versus un alimento contaminado. Y Sus ovejas escuchan Su voz.
La iglesia de hoy en día ha perdido la noción de la importancia que tiene la predicación de la Palabra, que le dio fortaleza y levantó a la iglesia primitiva y la sostuvo por años. Pero como hoy el interés no es levantar la iglesia de Cristo, contribuir a levantarla, sino tener muchas personas, nos hemos propuesto entretenerlas independientemente de la opinión del Constructor.
¿Te das cuenta por qué es tan importante nosotros entender, uno, quién es la roca? Dos, ¿la relación de esa roca con el resto del edificio? La relación del novio con la novia, el amor que Él tiene por ella, la pasión que tiene por ella. El entender también que yo no soy el que la construyo, Él es el que la construye, y que yo tengo que entender que si Él es el que la va a construir, lo va a hacer con Sus recursos, a Su manera, en Su tiempo y en Su forma.
Finalmente, yo quiero que veamos no solamente el fundamento y la relación con el resto del edificio, no solamente quién es el constructor de esa iglesia, no solamente de dónde provienen los ataques contra esa iglesia. Yo quiero que veamos la garantía de la iglesia. ¿Cómo nosotros sabemos que la iglesia de Cristo ha de triunfar? ¿Cómo nosotros sabemos que la iglesia no ha de sucumbir?
Yo recuerdo que todavía vivía en Estados Unidos, ya preparándonos para venir para acá, cuando la revista cristiana Christianity Today comenzaba a sacar en su primera plana —estamos hablando del año 1997— artículos con esta pregunta: "¿Sobrevivirá la iglesia?" ¿Sobrevivirá la iglesia? La iglesia que Cristo dijo "las puertas del Hades no prevalecerán contra ella," ¿tú tienes alguna duda de si prevalecerá o sobrevivirá? ¿Sabes por qué existe la duda? Porque como quien garantiza eso es esta Palabra que fue hablada, y nos hemos despegado de la Palabra y nos hemos olvidado de la Palabra, de esa misma manera nos hemos olvidado de la garantía dada por el Constructor.
En estas semanas yo tuve la oportunidad de volver a ver el viernes en la noche la película de Las Crónicas de Narnia. Y ahí hay varias escenas que me llaman poderosamente la atención en la manera en que C.S. Lewis pudo captar estas ideas. Pero en una de las escenas tú tienes al león Aslan, que representa a Cristo, León de la tribu de Judá, que tiene una entrevista en frío con la bruja de esta tierra de Narnia, que representa a Satanás. Y la bruja quería destruir toda la tierra de Narnia, pero ellos se van en secreto y tienen una reunión y hacen un pacto. Y en el pacto es que Aslan, el león de la tribu de Judá —en este caso león de la tierra de Narnia— iba a morir por la tierra de Narnia.
Y la bruja está de frente a él, y antes de irse le hace la pregunta a Aslan que representa a Cristo: "¿Y cómo yo sé que tú vas a cumplir tu palabra?" Porque tenía que irse de Narnia a morir e ir al reino donde ella habitaba, a su tierra. "¿Y cómo yo sé que tú vas a cumplir tu palabra?" Y en ese momento Aslan la ve y hace un rugido. Y ruge como un león, y ella cae de rodillas delante de él, como quien dice: "No te atrevas a cuestionar mi palabra. Si yo he dado mi palabra, yo he garantizado lo que mi palabra ha dicho."
Y cuando Cristo dijo "las puertas del Hades no prevalecerán contra mi iglesia," Él ha dado Su Palabra, y lo que Él dice es suficiente garantía por los siglos de los siglos. Lo que Él ha pronunciado, así será. Yo no tengo derecho a cuestionarlo, ni a pensarlo, ni a imaginármelo. ¡Qué atrevimiento es este de preguntar que si la iglesia de Cristo ha de sobrevivir! ¿Tú no sabes quién es el que ha dicho que las puertas del Hades no prevalecerán contra mi iglesia? Es Aslan, León de la tribu de Judá. ¿Tú entiendes quién es el garante de este pacto? El Rey de reyes y el Señor de señores. Y para Él nosotros trabajamos, con Su garantía. Yo no necesito nada más, no necesito otra palabra, otra garantía, otra señal que me pueda afirmar lo que Él ya habló. Él nunca ha faltado a Su Palabra, y confiados en Su Palabra nos proponemos continuar hacia adelante.
Yo quería terminar este primer mensaje de esta serie con unas palabras que también pronuncié cuando comenzamos, o mejor dicho, cuando celebramos nuestros primeros diez años hace unos meses atrás, que fueron las palabras de conclusión en ese día, pero yo quiero volver a recordarlas. Y yo decía en esa ocasión que estos son tiempos difíciles y que no son tiempos para estar dormidos en las camas, y mucho menos en nuestros laureles. Que estos son tiempos de valor, tiempos de desafío, tiempos de entrega, tiempos de definición, tiempos de trabajo arduo, de compromiso, y tiempos para ser enfrentados por hombres y mujeres que estén llenos del Espíritu de Dios.
Y yo recordaba al mismo tiempo que estos son tiempos donde nosotros veremos muchas cosas andar mal. Pero que estos son tiempos para ser enfrentados por hombres y mujeres que estén dispuestos a continuar aún después de haber visto la amistad traicionada, el honor vendido, la verdad cambiada, Su santidad trivializada y Su Palabra comercializada. Hombres y mujeres que aún después de haber visto la amistad traicionada, Su verdad diluida, Su nombre no honrado, Su santidad trivializada y la Palabra del Señor comercializada, que aún después ellos estén dispuestos a decir: "¿Sabes una cosa? Primero herido por Su causa que retraído por temor. Primero pobre antes que comprado por dinero. Rechazado por vivir Su verdad antes que ser popular. Aislado del pecado antes que contaminado. Y primero muerto antes que negar Su nombre."
Estos son tiempos para hombres de ese calibre, con esas fibras, para una iglesia diferente en medio de una iglesia que se ha vendido a la popularidad y en muchos casos al reino de las tinieblas. La iglesia de Sardis, considerada muerta. El que se le dio —ustedes conocen— el Dios de esa iglesia es el Dios vivo; Sardis estaba muerta. La iglesia de Laodicea, aparentemente no había un cristiano. Se llamaban cristianos, pero ellos son calificados de tibios, a quienes el Señor iba a vomitar de Su boca precisamente por llamarse cristianos y no serlo. El Señor dijo: "Yo hubiese preferido o que se llamen cristianos y lo sean, o que se llamen inconversos, a que se llamen por mi nombre y no lo sean."
Y en medio de esa dificultad, en medio de esa crisis de iglesia, Dios nos ha levantado. En el año 1994, en junio, en julio específicamente, yo escribí un documento donde plasmaba lo que entendía que Dios estaba poniendo en mi corazón para que levantáramos en Santo Domingo posteriormente. Yo decía en ese documento que la iglesia no es un grupo de personas que se congrega para adorar y alabar en un lugar semanalmente, que cualquier otro grupo religioso, incluyendo no cristianos, puede hacer lo mismo. Que la iglesia tampoco es un grupo religioso que se reúne para celebrar eventos de una manera cristiana y divertida.
¡No! La iglesia es el pueblo de Dios, capacitada por el Espíritu de Dios para vivir una vida digna de su llamado. Y los que hacen eso hacen tambalear las puertas del Hades precisamente. Y hoy en día parece que es al revés, que el mundo ha logrado tambalear las puertas de la iglesia, cuando Dios nos ha dado un llamado totalmente opuesto.
Y tu llamado, mi llamado, si tú has de ser parte de esta iglesia, precisamente es poder vaciarte de las cosas que han de hacerte ineficaz para el reino de los cielos. Que no te prestes a ser una ficha de ajedrez que Satanás puede mover en el juego para interrumpir los propósitos de Dios. Que tú puedas vaciarte de todo aquello que te haga ineficaz para que el Espíritu de Dios te pueda llenar, y que a través de la llenura de su Espíritu, de su poder, nosotros podamos con esta iglesia levantada en este lugar, para este tiempo y en esta generación, hacer tambalear las puertas del Hades que contienden contra esta nación y esta sociedad.
"Pastor, pues esa no es la iglesia a la que yo quiero pertenecer, hay otras, hay otras." Si usted no tiene esa idea de iglesia que nosotros acabamos de presentar, en el amor de Cristo, con humildad, lo invitamos a que encuentre una iglesia que sea como usted la considera. Pero no queremos que esta iglesia sea debilitada en su eficacia, en su poder, porque fichas que tienen el nombre de Dios deciden no moverse conforme a los propósitos de Dios. Deciden hacer oposición al propósito de Dios al contribuir a favor del reino de las tinieblas, porque han permitido que el pecado more en sus vidas, los debilite, interrumpa el fluir del poder de Dios a través de su vida, con lo cual interrumpa el fluir del poder de Dios a través de esta iglesia.
No somos la única, no somos la mejor, pero somos la IBI. En esta iglesia la concebimos como la novia de Cristo, la esposa del Cordero. La concebimos como una iglesia que Dios quiere presentar sin arruga y sin mancha. Comprada a precio de sangre, llamada desde la eternidad pasada. Una iglesia que ha sido llamada a la santidad. Una iglesia que ha sido escogida por Dios para ser instrumento de destrucción del reino de las tinieblas. Una iglesia tan importante para Dios que Dios dice en el libro de Efesios que todavía hoy Él está enseñando a sus ángeles acerca de la sabiduría multiforme de Dios a través de la iglesia.
Así de importante es la iglesia para Cristo. Es su novia, es su instrumento de destrucción en contra del reino de las tinieblas, y es su instrumento de educación para los ángeles en el día de hoy. Esto me va a decir que siendo la iglesia de Cristo, para Cristo, eso que es, ¿tú no estás dispuesto a dar tu vida después que Él te ha puesto dentro de esa iglesia? Cuando eso ocurre hay una de dos posibilidades: o soy un ingrato, o no soy su hijo. No hay otra.
Porque si soy su hijo, estoy agradecido de lo que Él ha hecho por mí. Y estoy agradecido de que Él me haga parte de lo que Él compró con sangre. Él que murió por mí, lo menos que puedo hacer es vivir para Él y su causa. La manera de tú amar a Cristo es amando a su esposa por quien Él murió. Y si tú no puedes amar a su esposa, a quien tú ves, no es verdad que tú amas al esposo, a quien tú no ves.