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Sermones

Gracia y verdad, el llamado del cristiano

Miguel Núñez 11 febrero, 2024

La carta de Santiago cierra con un llamado urgente a vivir con integridad, sin duplicidad entre lo que decimos y lo que somos. Cuando Santiago escribe "sobre todo, hermanos míos, no juren", no está prohibiendo los juramentos de manera absoluta, sino confrontando una práctica de su época: la gente juraba por el templo, por Jerusalén, por el cielo, buscando evadir el compromiso real de sus palabras. Jesús ya había denunciado esto mismo en el Sermón del Monte. El punto es claro: un creyente debería tener tal integridad de palabra que los juramentos sean completamente innecesarios. Que el sí sea sí y el no sea no, porque todo lo que excede esto procede del mal.

El problema de fondo es el corazón humano. El Salmo 116 declara que todo hombre es mentiroso, y esto se manifiesta en nuestra inclinación natural a ocultar la verdad, acomodarla, diluirla, o comportarnos de una manera delante de unos y de otra delante de otros. Incluso después de ser regenerados, seguimos luchando con esta tendencia. La cruz misma es evidencia de nuestra incapacidad para cumplir nuestras promesas sin la gracia de Dios.

Santiago también llama a extender gracia hacia quienes se extravían de la verdad. Si alguien se desvía del camino, la responsabilidad de la comunidad no es ignorarlo ni resentirse, sino buscarlo con mansedumbre. Como escribió Agustín, la mejor prueba de nuestra espiritualidad es el trato que damos al pecado de otro. Hemos recibido gracia sobre gracia; ahora toca devolverla.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En el día de hoy estamos cerrando la carta de Santiago, la cual ha servido para atraer luz a áreas de oscuridad. Creo que ha servido para recordar cosas ya sabidas, pero olvidadas. En otros casos, de acuerdo a lo que ustedes mismos han ido reportando y contándome, ha servido para confrontar conductas que no son compatibles con alguien que se dice ser cristiano. Otras veces ha servido para afirmar creencias o doctrinas que con el paso del tiempo como que se habían debilitado. Pero sobre todo, Santiago ha sido extraordinariamente hábil en recordarnos que aquellas cosas que nosotros creemos no solamente deben ser recordadas en nuestras mentes, no solamente deben ser repetidas con nuestros labios, pero requieren, no solamente necesitan, requieren ser vividas en el día a día, porque de lo contrario, nuestras propias palabras son las que terminarían condenándonos.

Cuando nosotros leemos la carta de Santiago, es evidente que mucho de lo que él tiene que decir es congruente, no solamente con el ministerio de Jesús, pero de manera particular con aquellas cosas que Jesús enseñó en el Sermón del Monte. En el mensaje anterior nosotros veníamos cubriendo el capítulo 5 de Santiago y llegamos hasta el versículo 11, y luego entonces el versículo 12, que sería el siguiente, se había quedado atrás, como no en el aire, pero intencionalmente se había quedado atrás en un momento en que estábamos enfatizando la necesidad de orar y de orar de manera extraordinaria. Y entonces como que hicimos un salto a Santiago 5:13, cubrimos hasta el 18, es una porción que tiene que ver con la oración, de manera que lo que se había quedado fuera era el versículo 12 y ahora dos versículos que son los que cierran la carta, el 19 y el 20.

Yo he titulado el mensaje de esta mañana "Gracia y verdad: el llamado del cristiano", y lo hice de esa manera basado en el contenido de estos tres versículos. Creo que para la mayoría de nosotros es familiar, estamos familiarizados con el hecho de que Juan, cuando se propuso definir la encarnación de Cristo, habló de que el Verbo se había encarnado, se encarnó, y que Él había venido lleno de gracia y de verdad. Y esa es la frase inicial del título del mensaje de esta mañana: "Gracia y verdad: el llamado del cristiano". Si nosotros estamos llamados a reflejar la imagen de Cristo, entonces nuestras vidas debieran estar llenas de ambas cosas, tanto de su gracia como de su verdad, y debiéramos reflejar ambas cosas hacia otros por igual, como Él lo hizo a su paso por la tierra.

Entonces esta mañana, de inicio, yo voy a leer el versículo 12 y luego voy a hacer como un salto al 19 y 20 por las razones que expliqué hace un par de minutos atrás. De manera que te voy a invitar que leas conmigo Santiago 5, comenzando en el versículo 12, y esta es la Palabra de Dios: "Y sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni con ningún otro juramento, antes bien, sea el sí de ustedes, sí, y su no, no, para que no caigan bajo juicio". El versículo 19: "Hermanos míos, si alguno de entre ustedes se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados".

Es interesante que Santiago comienza el versículo 12 llamándonos "hermanos míos" y comienza el 19 de la misma manera, "hermanos míos". Santiago 5:12 contiene una verdad que no parece conectar ni con los versículos anteriores ni con los que siguen, porque los versículos anteriores hablan de la necesidad de perseverar bajo el dolor porque recibiríamos recompensa, y los versículos que siguen, que ya lo habíamos cubierto, tienen que ver con la oración. Es como parecería como un versículo que estuviera ahí como un tanto en el aire. Déjame repetirlo otra vez, el versículo 12 por sí solo: "Y sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni con ningún otro juramento, antes bien, sea el sí de ustedes, sí, y su no, no, para que no caigan bajo juicio".

Para Santiago, esto que acaba de decir es un solo versículo. Piénsate que está como al final; tiene que ser un tema extremadamente importante porque él ya nos ha dicho una serie de cosas pesadas. Y de repente él comienza diciendo "sobre todo". ¿En serio, Santiago? Después de que nos dijiste todo lo que nos has dicho por semanas, de repente "sobre todo". Esa no es una palabra pequeña cuando nosotros vemos todo lo que ha quedado atrás.

Quizás Santiago estaba percibido de que le estaba cerrando su carta y de que había algo. Recuerda que esto fue una carta, no es como ahora un documento que va a edición y se edita antes de ser publicado. Entonces una carta como la que tú escribes y la mandas y de un foca le envías, tú dices: "Ah, quizá debía haber cambiado esto, puesto en otro orden". Y no tenían computadora, obviamente, para hacer un "cut and paste". Sin embargo, antes de cerrar, Santiago dice "sobre todo". Quizás al concluir él pensó: "No puedo dejar esto fuera de mi carta".

Lo cierto es que cuando tú revisas toda la carta de Santiago, la carta de Santiago tiene que ver con vivir una vida de integridad, con poner fin a una vida de doble ánimo, como leemos en 1:8 y en 4:8. De hecho, de acuerdo a Santiago, al inicio de su carta, la persona de doble ánimo que ni se preocupe por orar porque él no va a recibir nada de parte de Dios. Y Santiago nos recuerda en ese capítulo uno que si a alguien le hace falta sabiduría, que se la pida a Dios, que la da en abundancia, y que esa sabiduría es vital para vivir en este mundo.

Más adelante, en el capítulo 3:17, Santiago nos habla que para vivir en este mundo yo necesito depender de la sabiduría que viene de lo alto, y que esa sabiduría no es como esta que tenemos aquí abajo, la cual él define como terrenal, natural y diabólica. De manera que todo eso debiera evitarnos vivir una vida con duplicidad en este mundo.

Quizás bajo esa óptica, si es la preocupación de Santiago de que tú y yo vivamos una vida de integridad, una vida sin doble ánimo, no con dobleces, quizás es la razón por la que al final Santiago dice: "Déjenme recordarle esto a los hermanos". Y "sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni con ningún otro juramento". La segunda parte es la clave: "Antes bien, sea el sí de ustedes sí, y su no, no, para que no caigan bajo juicio".

A primera vista, y leído por separado, interpretado por separado del resto de lo que la Palabra dice, parecería que Santiago nos está prohibiendo jurar. Pero como ya hemos dicho múltiples veces, la Palabra necesita interpretar la Palabra. Y lo que Santiago está haciendo es literalmente apoyándose en algo que su medio hermano Jesús ya había dicho en el Sermón del Monte. De hecho, Jesús lo dijo casi idéntico a como Santiago lo dijo años después. Y obviamente Cristo no podía estar contradiciendo la Palabra, porque ya en el Antiguo Testamento se nos había dado permiso para jurar de una cierta manera.

Pero escuchemos primero las palabras de Jesús a su paso por este mundo. Mateo 5:33-37: "También han oído que se dijo a los antepasados: 'No jurarás falsamente, sino que cumplirás tus juramentos al Señor'. Pero yo les digo: no juren de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios" —eso lo define Isaías 66:1—; "ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies" —lo define ahí Isaías 66:1—; "ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey" —eso está en Isaías 60:14—; "ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello. Antes bien" —aquí viene lo que Santiago está diciendo literalmente— "sea la palabra de ustedes sí, sí, o no, no, porque lo que es más de esto procede del mal".

Jesús estaba corrigiendo la práctica de su día en cuanto a los juramentos, y Santiago parece estar haciendo la misma cosa. Los judíos habían razonado y habían entendido que había uno de los Diez Mandamientos que protegía la integridad del nombre de Dios: no tomarás el nombre de Dios en vano. Tratando de preservar la integridad de ese nombre, de no pecar contra el nombre, aprendieron a hacer lo que en inglés llaman "loophole", a desviarse para poder llevar a cabo sus prácticas de todas maneras. Y entonces comenzaron a jurar por otras cosas.

Y cuando Jesús viene corrigiendo la práctica de sus días, de ahí es que nos dice: "No juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni por Jerusalén, ni por tu cabeza". En otras palabras, por las cosas que ustedes acostumbran a jurar. Jesús se pone —o mejor dicho, Santiago se pone de acuerdo con Jesús— para enseñar algo a la población de sus días de una manera similar.

Yo creo que el académico del Nuevo Testamento, John MacArthur, dio en el clavo cuando dice: "El énfasis de este versículo" —versículo 12 de Santiago 5— "está claro a partir de la segunda mitad del versículo. Un creyente", dice él, "debiera tener una integridad de palabra tal que los juramentos sean completamente innecesarios". Por eso el texto habla de que tu sí sea sí, tu no sea no. En otras palabras, según MacArthur, uno siempre debe decir la verdad y no simplemente cuando está bajo juramento. Uno siempre debe mantener sus promesas y no simplemente aquellas que son hechas bajo juramento.

Como dije anteriormente, Santiago no podía estar prohibiendo de manera absoluta los juramentos, porque ya Dios había hecho especificaciones en el Antiguo Testamento de que si se iba a jurar, cómo debía hacerlo. El problema estaba ahora en la práctica de estos hombres y en la debilidad de la carne nuestra. De manera que nosotros necesitamos descubrir en la Palabra de Dios qué era lo que Jesús estaba tratando de abordar en primer lugar, y ahora Santiago en segundo lugar.

Escucha cómo en la ley de Moisés, Dios, que inspiró la ley, lo que Él le dijo acerca de los juramentos. En Deuteronomio 10:20: "Temerás al Señor tu Dios, le servirás, te allegarás a Él, escucha ahora, y solo en su nombre jurarás". Había una ordenanza de solo jurar en el nombre de Dios.

Se supone que cuando yo hago un juramento, se hace en presencia de testigos. Y la razón es que al mismo tiempo se presupone que el testigo o los testigos tienen una cierta autoridad moral para exigirme el cumplimiento de lo pactado. Por eso ante un juez en una corte a veces se te hace jurar de si vas a decir la verdad, toda la verdad y solamente nada más que la verdad. Pero la gente que está ahí, sobre todo el juez, tiene el derecho de exigirte. La ley tiene el derecho de exigirte posteriormente que cumplas lo que juraste ese día. Ese es el mejor de los casos. En el menor de los casos, los testigos por lo menos pueden dar testimonio de que un día yo vi y escuché a tal persona jurar tal cosa, con lo cual implicaría, ante una falta, que ha violado su juramento.

Ahora, la razón por la que Dios dice en Deuteronomio "si tú vas a jurar, solamente puedes jurar por Dios", es porque Dios es el único testigo universal. Dios es el único que conoce lo que cada quien está diciendo, por qué lo está diciendo, cómo lo está diciendo. Él es el testigo no solamente de nuestras palabras, sino también de nuestros pensamientos y de nuestra conciencia. Y Él es el único que puede hacerte rendir cuenta a ti, a mí y a todo el mundo, porque Él ha sido testigo de lo que has jurado.

Mira en el mismo libro de Deuteronomio cómo Dios trató de regular esta práctica. Deuteronomio 23:21-23: "Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará, y sería pecado en ti si no lo cumples". Es por eso que Santiago nos dice que nosotros pudiéramos terminar siendo juzgados. "Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti. Lo que salga de tus labios cuidarás de cumplirlo, tal como voluntariamente has hecho voto al Señor tu Dios, lo cual has prometido con tu boca".

En cada voto que yo he hecho en esta iglesia, ese texto es leído antes de leer los votos. Nosotros vamos a entender que es delante del Testigo universal que estamos haciendo estos votos, y que estos votos son serios, son pesados.

De hecho, Dios toma de manera personal cuando nosotros juramos, porque al jurar está pasando una de dos cosas: o juramos en su nombre, en cuyo caso, al fallar, violamos la integridad de su nombre, violamos el tercer mandamiento de la ley de Dios. Cuando el tercer mandamiento de la ley de Dios dice que no debemos tomar el nombre de Dios en vano, implica que no vacíes su nombre de su contenido. Ese es en el hebreo el significado: que no uses el nombre de Dios que para luego no sirve para nada, lo vaciaste de su contenido. Entonces, cuando nosotros juramos, o juramos en nombre de Dios, en cuyo caso al no cumplir vaciamos su nombre de su contenido; y la segunda opción, que no es una opción, es jurar por otra cosa, que ya Jesús prohibió.

Los votos, al igual que un número de cosas en la ley de Moisés, surgieron para una generación caída, y para usar el lenguaje de Pablo, torcida y perversa. Lamentablemente, es la razón por la que cuando a Cristo le preguntaron acerca de por qué Moisés daba certificado de divorcio, Él dijo que desde el principio no había sido así, pero que lamentablemente, debido a la dureza de sus corazones, hubo que establecer unas reglas que no se suponían en Génesis 2 que fueran de esa manera. Por la dureza de sus corazones, Moisés —Dios— dio tal permiso.

En este caso, debido a la duplicidad de la generación caída después de Génesis 3, los votos surgieron como una necesidad debido a lo que el Salmo 116:11 dice: que todo hombre es mentiroso. No sé si alguien te ha dicho alguna vez "mentiroso", pero si te lo ha dicho, quizás él no esté diciendo verdad con relación a eso, a lo que él se refiere, pero simplemente está confesando por ti o por mí algo que Dios dijo hace mucho tiempo: todo hombre es mentiroso.

La razón por la que el salmista dice esto es porque hay una inclinación natural en el ser humano que vive negando lo que él sabe que es verdad, incumpliendo lo que conoce acerca de la verdad, ocultando la verdad de sus hechos, tergiversando la verdad, acomodando la verdad. "Tú hiciste tal y tal". "Pues bueno, no es tanto así". Diluyendo la verdad, alejándonos de la verdad, encubriendo la verdad, y comportándonos de una manera delante de unos y de otra manera delante de otros. Esto último es la clave de los juramentos.

Doble agentes. Recientemente me estaban contando de una serie de Netflix. Yo no veo televisión, ya se lo he dicho mil veces, pero estaba contando y cuando me cuenta me interesa lo que está pasando. De alguien que creo que en el pasado trabajó para Israel y trabajó para Egipto al mismo tiempo como espía de ambos: un doble agente. Israel estaba convencido que le era uno de ellos; Egipto estaba convencido que le era uno de ellos. De manera que él estaba hablándole a cada uno lo que sabía del otro todo el tiempo, pensando un lado y el otro que lo que la persona estaba contando era verdad. No sé si tengo los detalles de esa serie correcto, pero si es así, yo sé que eso ha ocurrido en otros casos. Es la esencia de la duplicidad y la maldad del corazón humano.

Es que tú y yo no vamos a la universidad para aprender a mentir. Tú y yo nacemos con un doctorado, un PhD en mentiras, que viene enraizado en el ADN humano caído. Desde que el niño tiene dos años, el niño le prohíbes tocar algo, y cuando él va y lo toca y tú de repente te volteas, él así como que... Hasta el perro de mi casa hace cosas en esa impresión. Ante él viene corriendo como que me va a morder, y estoy de espalda, de repente yo me volteo y hago así, y él así como: "No fui yo que ladré, no fui yo que gruñí." Es más, en el mejor de los casos: "No tiene que ver contigo." Esta es la inclinación natural del corazón humano, a menos que Dios haga un trabajo extraordinario y profundo en nuestra naturaleza.

Entonces, para la época de Jesús y Santiago pocos años después, comenzaron a aparecer dos tipos de juramentos. De acuerdo al académico William Barclay, un tipo de juramento que él llamó frívolo, donde la gente en medio de cualquier conversación te decía: "Te lo juro." Y se hacía algo así: "Mira, pasó." "¿La vida?" "En serio, te lo juro." Si estás un poquito más serio, algunos dicen: "Mira, te lo juro por mi madrecita santísima." Y el otro grupo de juramento, los juramentos evasivos, que evitan mencionar el nombre de Dios. Por entonces: "Te lo juro", como acabo de decir, por otra persona. En el caso de ellos, por el templo que ellos añoraban tanto, adoraban el templo, o por Jerusalén, por la tierra, cualquier otra cosa.

Cristo estaba percibido. Escucha su denuncia acerca de esto que acabo de mencionar, en Mateo 23:16 al 22, porque yo creo que Santiago, como medio hermano de él, si no estuvo enterado mientras él enseñaba acerca de esto, probablemente lo aprendió después. Escucha lo que dice el texto que te acabo de decir. Mateo 23:16 al 22: "¡Ay de ustedes, guías ciegos! Porque dicen: 'No es nada si alguien juró por el templo, pero el que juró por el oro del templo contrae la obligación', decían ellos. Insensatos y ciegos, ¿porque qué es más importante, el oro o el templo que santificó el oro? También ustedes dicen: 'No es nada si alguien juró por el altar, pero el que juró por la ofrenda que está sobre él contrae obligación.' Ciegos, ¿porque qué es más importante, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? Por eso, el que juró por el altar, juró por él y por todo lo que está sobre él. Y el que juró por el templo, juró por él y por Aquel que en él habita. Y el que juró por el cielo, juró por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él."

Que juró por el cielo, juró por Aquel que está sentado en él. Jesús relaciona todo el juramento con Dios, porque Él es el dueño y el juez del cielo y la tierra. Bueno, hay que no importa cómo jures, estás jurando por el nombre de Dios. Toma los juramentos de forma personal. Los fariseos, que habían aprendido a manipular la ley, habían aprendido también a conformarse externamente a la ley de Dios mientras que violentaban todo el tiempo la misma ley por dentro, en su corazón. Eso no ha terminado. De hecho, por eso es que Cristo les llamó a ellos hipócritas.

Lo peor en un sentido, es hora muy serio lo que acabo de decir, pero lo peor de todo es que ya aprendieron a sentirse cómodos y tranquilos violentando la ley de Dios en su corazón mientras daban la impresión externamente de que vivían conformados a la ley. Eso no ha terminado. Pero Dios conoce la realidad de nuestro corazón.

Jesús no estaba negando, prohibiendo de forma absoluta la práctica de los juramentos, como ya comencé a enseñar a partir del Antiguo Testamento. Más bien, lo que Jesús está haciendo con estas palabras, Él está enfrentando la realidad del corazón humano. Jesús estaba tratando de derribar, y Santiago después, el problema de la falta de veracidad en el corazón del ser humano, de lo cual habla el Salmo 116. Hermano, si este no fuera un planeta caído, si estuviéramos en un Edén número dos, los juramentos no fueran necesarios y los votos tampoco existirían.

Todas esas distorsiones que Jesús y luego Santiago estaban enfrentando no eran más que engaños para lucir bien y quedar bien, aunque no estuviéramos bien delante de Dios. Sonamos bien, lucimos bien, pero no estamos bien. Y nos sentimos cómodos porque el ser humano ha aprendido, y el cristiano no lo ha desaprendido por completo, que lo peor de todo es la vergüenza delante de los hombres más que la culpa delante de Dios. Y eso otra vez: el ser humano ha aprendido que lo peor de todo es la vergüenza delante de los hombres que la culpa delante de Dios.

Pero es que Jesús dijo, y Santiago luego afirma: "Antes bien, sea el sí de ustedes, sí, y su no, no." ¿Por qué es Santiago? Para que no caigan bajo juicio. ¿Y qué juicio? Bueno, el Juez final es Dios, pero quien te juzga son tus propias palabras, que juraste por algo que luego no cumpliste. Eso había dicho: "Antes bien, sea el sí de ustedes, sí, y su no, no, porque lo que es más de esto procede del mal." En otras palabras, si tú tienes necesidad de decir más que sí o más que no, eso tiene que ver con la maldad del corazón, pero no tiene que ver con el corazón de Dios. Pero eso es que Cristo dice: "Más que esto, llamar del sí y del no, su procede del mal."

Lo que Cristo está diciendo, mira, sé veraz, me está diciendo, y que tus palabras revelen que tú eres un hombre o una mujer veraz. Como lo dijeron a Él cuando vinieron los enviados de los fariseos y los escribas que querían atraparlo, y dijeron: "Maestro, sabemos que tú eres un hombre veraz, que habla la Palabra de Dios con verdad, que no anda buscando la aprobación y el aplauso de los hombres." En otras palabras, un hombre, una mujer veraz es alguien que vive sin nada que ocultar, nada que temer, nada que probar.

Lamentablemente, el ser humano no tiene ni la veracidad ni el poder para cumplir sus promesas, a menos que Dios lo capacite. No tiene esa capacidad. La razón precisamente de la cruz es eso que yo acabo de decir: que el hombre no tiene, el ser humano, la veracidad ni el poder de cumplir sus promesas. Porque lamentablemente, para el ser humano sigue siendo más importante la aprobación de los hombres que la aprobación de Dios. Y eso ocurre incluso con muchos predicadores, que cuando nos preocupamos por el qué dicen ustedes, pero no acudo a Dios a preguntarle: "¿Qué Tú pensaste? ¿Qué Tú creíste de mi exposición esta mañana?"

Nosotros tenemos una serie de conductas. Hemos aprendido, nos han enseñado, las películas nos enseñan una serie de conductas destinadas a ocultar nuestro verdadero caminar o cómo somos por dentro. ¿Y dónde comenzó eso? En el jardín del Edén. En estrés, ante cualquier evento y circunstancia, mira, tu problema y mi problema es el mismo: es el corazón. Ante cualquier evento o circunstancia, tu problema y el mío es el mismo.

Recuerda que hemos dicho que, independientemente de cuán malas luzcan o suenen tus palabras, o luzcan tus acciones, después que ellas sean analizadas, si tú quieres, por un comité maduro de creyentes que digan cuán malas o distorsionadas o pecaminosas fueron mis palabras o tus acciones, nosotros somos peores que lo que salió de nosotros. Mucho peores. Porque lo que salga de nosotros solamente es en un momento, un minuto, algo que yo hago cinco minutos, número uno. Y número dos, salió lo que yo permití que saliera. Y por otro lado, cuando hablamos bien, nuestras palabras son mejor de lo que nosotros pensamos que somos, en cierta medida.

El corazón es el tema de toda la carta de Santiago. El corazón es el tema del Sermón del Monte entero. Y la cruz es una representación de nuestra infidelidad y de nuestra inhabilidad para cumplir promesas. La razón por la que nosotros programamos, enseñamos, insistimos en que para perseverar hasta el final se requiere de la gracia de Dios que nos preserva, es nuestra incapacidad, aún después de ser regenerados, para permanecer en el camino. Adán y Eva no tenían la naturaleza pecadora que tú y yo tenemos, y permíteme decirlo en buen dominicano: se fueron de cabeza. Abandonaron a Dios, dejaron Su verdad por la mentira. Le creyeron a una simple criatura que al Creador de la criatura. La criatura les sonó más veraz, más confiable que el Creador. Y tampoco fue que se les apareció un león hermoso con una cabellera, una melena. Gracias, es que no me acordaba de león que lo impresiona. Una culebra.

Eso que se está refiriendo Santiago, yo creo que quizás esto tiene sentido, que él diga: "Uf, se me quedó esto antes de cerrar mi carta, déjame", como nosotros decimos a veces, "hacer un paréntesis y déjame recordarles a mis hermanos la necesidad de ser veraces." Y lo hace. Entonces, lo que vamos a hacer en el resto del tiempo es ver lo que él nos tiene que decir. Los versículos 19 y 20 son el cierre. Entre el 12, que yo cubrí, y este 19, hay una sección acerca de la oración que ya cubrimos en otro momento. Pero esto, recuerda que ya lo leímos: "Hermanos míos, si alguno entre ustedes se ha extraviado de la verdad y alguien le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados."

Ya cubrimos la primera parte del versículo 12. El título del mensaje: "Verdad, buenas gracias y verdades", como Juan 1:14 lo tiene, y lo pusimos en ese orden. Pero el versículo 12 está primero, y cubrimos entonces la verdad, la necesidad de ser veraces primero. Pero ahora...

Santiago Sierra me dice: hay una necesidad de ser hombres y mujeres de gracia. Lo dice con otras palabras, pero lo dice. Y comienza de la misma manera: "Hermanos míos", de manera que lo que va a decir se refiere a personas cristianas, a personas que pertenecen a una comunidad de creyentes. Permíteme personificarlo de esta manera: yo soy Santiago y estoy aquí, y en vez de escribir la carta se la estoy leyendo, una carta que yo escribí. Y le digo: "Hermanos míos, si alguien de entre ustedes se extravía de la verdad..." Para un momento: se extravía de la verdad. ¿Notaste que la palabra verdad está en singular? No "de las verdades", de la verdad. Entonces, como preguntaría Pilato: ¿y qué es verdad? Bueno, el Cristo se definió como la verdad. La verdad es aquello que Él es, es aquello que Él enseñó, es aquello que Él vivió, es aquello que Él representa.

De manera que Santiago estaba preocupado porque los hermanos se habían alejado, extraviado de la fe, y es indicando que se habían quizás dejado arrastrar por los deseos de su propia carne, algo que es como un halón continuo. O quizás a veces se habían dejado seducir por las ofertas del mundo, o quizás habían sido desviados por las influencias del mundo, porque el mundo tiene influencia.

Entonces Santiago lo que está diciendo es: esta es tu responsabilidad. Cuando eso ocurre hay dos posibilidades. Ignoramos al hermano, porque si alguno entre ustedes... ignoramos al hermano, decimos: "Bueno, que sufra las consecuencias, los tropiezos son escalones, se levantará, lo pisará, quizás luego regrese y ahí entonces hablaremos." O le aplicamos la gracia: le hablamos al hermano que se ha alejado de la fe y que ahora está en la práctica del pecado, le aconsejamos, le advertimos, le confrontamos en amor, le recordamos verdades que él antes había escuchado, o le enseñamos las que él no sabe o ella no sabe, e incluso salimos a buscarlo. Si verdaderamente es un hermano, dejarlo extraviado y no buscarlo no es una opción. El principio de la gracia no me lo permite, sabiendo que Cristo vino a buscarme. No importa si te hirió a ti personalmente; dejarlo, ignorarlo o resentirte no es una opción.

Recuerda que el principio del versículo 19 comienza diciendo "hermanos míos". Se está refiriendo a una comunidad de creyentes que tienen la obligación —escúchame ahora— de honrar el evangelio. O sea, tú y yo tenemos la obligación de honrar el evangelio por medio del cual tú y yo fuimos salvos. Y ese mensaje es un mensaje de gracia sobre gracia, para personas que hemos ofendido a Dios un millón de veces y que un millón de veces ha sabido perdonarnos. Para que ahora Dios escuche que yo no quiero perdonar a José, o a María, o a Pedro, o a Juan porque me hirieron a mí.

Y Santiago me dice: "Sepa que el que hace volver a un pecador..." En otras palabras: sal a buscarlo, y por casualidad él se devuelve. "Sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino, salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados."

Las consecuencias del extravío son serias. Pedro en un momento dado tropezó, negó al Señor, se alejó de la verdad en ese momento, pero regresó prontamente. Judas se alejó de la verdad, siguió alejándose de la verdad, vendió al Señor y se perdió para siempre. Extraviarse de la verdad no es cosa pequeña, hermanos. Cuando nosotros nos alejamos de la verdad, estamos, ya después de haber sido llevados al terreno de Dios y de la libertad, transitando en terreno enemigo a propósito, queriendo estar aliados a Satanás otra vez. Y en ese terreno yo sufro consecuencias personales, sufro consecuencias presentes. Otros sufren consecuencias también personales, pero que no tienen que ver conmigo en el sentido de que ellos no cometieron la falta, sino yo. Puede ser mi matrimonio, puede ser mi familia. Para el futuro, las consecuencias pudieran extenderse, como pasó con la familia de David.

Si somos exitosos en hacer volver a la persona al camino de la verdad, dice Santiago que cubriremos multitud de pecados. Eso no implica que nosotros vamos a encubrir su pecado, no, eso no lo implica. Lo que implica es que si él se devuelve, se arrepiente, Dios lo perdona. La gracia de Dios que ha perdonado mis pecados podrá entonces también cubrir sus pecados. Dios es quien perdona, pero no puedo olvidar que Dios usa instrumentos humanos.

Y de hecho, eso es exactamente lo que Pablo les dice a los corintios en su segunda carta cuando dice que Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no contando contra ellos sus transgresiones. ¿Te das cuenta del perdón repetitivo de Dios hacia nosotros? Eso por un lado. Pero luego Pablo dice ahí mismo, en 2 Corintios 5, que Dios nos ha dado a nosotros la palabra de la reconciliación. En otras palabras, aunque Dios es quien reconcilia, aunque Dios es quien perdona, Dios nos ha dado ahora el ministerio de la reconciliación. Como si Dios rogara por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios."

Es como que tuvieras a Juan extraviándose del camino o alejándose de la verdad. Tú hablas con él, tú lo confrontas, tú lo llamas, tú lo buscas. Y eso, dice Pablo, es como si Dios estuviera rogándole a Juan por medio de nosotros: "Regresa, devuélvete, estoy aquí, evita mayores consecuencias, no quiero imponerte más de lo que ya tienes. Ven, vuelve." "Volveos a mí", decían los profetas del Antiguo Testamento, pero lo hizo a través de los profetas. Dios dijo "volveos a mí" en el Antiguo Testamento, pero lo hizo a través de seres humanos, los profetas.

Hermanos, es el mismo principio de la disciplina de la iglesia. En Mateo 18, escuchen, versículo 15: "Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas. No lo publiques. Si te escucha, has ganado a tu hermano." Es el mismo principio de Santiago: que si vas y la persona se arrepiente, cubrirá multitud de pecados. Ganaste a tu hermano. Y si no, te toca volver otra vez. Ve ahora con dos o tres, móntale la presión. Quizá ahora, quizá ahora te oiga.

Versículo 16: "Si no te escucha, lleva contigo a uno o dos más." Y si no te escucha, díselo a la iglesia. ¿Para que se avergüence y sufra? No. Para que más gente de la iglesia lo llame, le caiga atrás, lo busque, a ver si escucha. Porque Dios está rogando por medio de nosotros: "Volveos a mí, reconciliaos conmigo." Esa es la idea, esa es la razón. El cuidado de la iglesia es responsabilidad de todos. Yo estoy aquí para cuidarte, pero tú estás aquí para cuidarme también.

Y ese es el mismo principio de Gálatas 6:1: "Hermanos", otra vez "hermanos", "aun si alguno es sorprendido en alguna falta, en algún pecado, ustedes que son espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado." Terminar bien la carrera es responsabilidad de todos nosotros.

De manera que si tú ves a alguien que está en alguna falta, ve con él y hazlo en un espíritu de mansedumbre. ¿Quién es el que debe hacer eso? Bueno, el texto de Santiago 5:19-20 dice que es cualquiera de nosotros, porque Santiago dice en el versículo 19: "Hermanos míos, si alguno de entre ustedes se extravía de la verdad, y alguien le hace volver..." Cualquiera. Yo creo que eso es de los pastores. No. De los diáconos. No. De los pastores que visitan las casas. No. Cualquiera. Vaya, visítele. Es el caso de Santiago 5:19.

En el caso de Gálatas les dice: "Ustedes que son espirituales." Los que son más maduros en la fe, los que tienen más tiempo, los que están caminando mejor, los que no están cometiendo ese pecado. No vayas tú a confrontar algo de lo cual tú eres culpable también. Aquellos en quienes quizás Dios haya obrado por más largo tiempo. Pero no solo los pastores.

¿Y qué es lo que debemos hacer de acuerdo a Gálatas? Dice: "Restauradlo." Nota que el verbo está en plural, otra vez: "Restauradlo." ¿Quiénes? Ustedes, la comunidad de creyentes. Y en particular, en el caso de los gálatas, los que son más espirituales, más maduros.

¿Y cómo vamos a hacer eso? Santiago, ¿qué tú quieres que hagamos? Que Pablo también quiere, y que Jesús también quería. ¿Cómo? "En espíritu de mansedumbre", dice Gálatas 6:1. Escucha esto: Agustín, por el siglo IV y V de nuestra era, en su comentario sobre Gálatas 6:1, oye lo que dice: que la mejor prueba de la espiritualidad de una persona, la mejor prueba de tu espiritualidad, es el trato que tú le das al pecado de otro. La mejor prueba de tu madurez y la mía es el trato que tú le das al pecado del otro. Teniendo a Jesús como comparación, compara la falta de misericordia de los fariseos con la gracia de Cristo para con los pecadores.

Ahora escúchame, hermano, no es que me malinterpreten, porque Pablo anticipaba en la carta de Romanos —que dicho sea de paso, nuestra próxima serie en un par de semanas— Pablo anticipaba en Romanos sus objeciones. Entonces, cuando él dijo que donde el pecado abunda, la gracia sobreabunda, también anticipó la pregunta, y entonces: ¿qué vamos a hacer, pecar más? De ningún modo.

Pero déjame, yo estoy estresando aquí, o enfatizando aquí, la necesidad de la gracia. Entonces permítanme hacer un paréntesis como el que hizo Santiago al final, que tú dices: "¿De dónde salió esto?" Bueno, déjame hacer un paréntesis. La gracia que permite que el hermano sea perdonado y restaurado no es una gracia barata. La gracia barata dice: "Ya tú has sido perdonado, tú puedes seguir jugando con el pecado." La gracia verdadera dice: "Ya tú has sido liberado, puedes huir del pecado."

Y leí eso recientemente, no sé de quién ahora mismo, creo que fue en un tweet. La gracia barata te dice: "Ya fuiste perdonado, puedes seguir jugando con el pecado; ya te perdonaron, fuiste justificado, una y otra vez." La gracia verdadera te dice: "No, no, tú fuiste liberado, ahora puedes huir del pecado." La gracia barata dice: "Yo peco hoy, me arrepiento mañana." La gracia verdadera dice: "Fuiste perdonado hoy, vete y no peques más." Exactamente lo que Cristo le dijo a la mujer tomada en adulterio en Juan 8:11. Dice: "¿Dónde están? Ya se han ido todos los que te acusaban. Yo tampoco te condeno. Vete, y desde ahora no peques más." O sea, ahora que te perdoné, no peques más.

Aquellos de nosotros que hemos recibido gracia sobre gracia tenemos una obligación de devolverla a otros. De manera que la restauración de la que estamos hablando debe hacerse con espíritu de mansedumbre, no con aire de superioridad. Y mira cómo Gálatas 6:1 nos dice al final: "Mirándote a ti mismo."

A ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Tú tienes, yo tengo que mirarme a mí mismo, porque tú y yo hemos pecado, tú y yo hemos sido perdonados cientos de veces, tú y yo hemos recibido gracia sobre gracia de parte de Dios. Tú has sido restaurado igual al camino correcto, yo también. Yo tendré, tú también, que ser perdonado otra vez por Dios y aún por hombres. Yo he recibido la palabra de la reconciliación, me hicieron un reconciliador para que yo, por el resto de mi vida, pueda usar la misma palabra y trato de reconciliar al hombre con Dios y luego al hombre con el hombre. Y tengo que hacerlo eso de acuerdo a la exhortación, no viéndome a mí mismo, porque no sea que tú también seas tentado.

Lo que Pablo dijo: aquel que se cree firme, cuídese, no sea que caiga. Quizás me restauraste hoy por estar tropezando mañana, así que cuídate. Y muchas veces, cuando condenamos a otros con el mismo pecado del cual yo sufro, Dios permite mi caída para ser humillado y poder ver lo que no estaba viendo.

Con estas palabras es que Santiago cierra su carta, que yo creo que son muy apropiadas. Yo comencé el mensaje de esta mañana diciendo que la preocupación de Santiago es por una vida de integridad y que estos pasajes que estuvimos aguardando en ocasiones podían dar la impresión como que Santiago era un libro o una carta tipo Proverbios, que tiene múltiples temas que a veces están uno detrás del otro pero que no guardan relación uno con el otro. Pero quizás, como algunos han dicho, si tú haces una inspección más cercana, hay un hilo conductor a lo largo de los cinco capítulos de Santiago. Yo creo que ese hilo conductor es vivir una vida consistente con la verdad, porque eso es lo que forma un carácter íntegro. Por eso es que Santiago nos llama al principio de su carta, quizás esa es la razón, al principio de su carta nos llama a considerar como sumo gozo cuando nos encontramos diferentes tipos de prueba, porque la prueba, ¿qué es lo que hace con el carácter? El carácter madura. Bueno, eso tiene que ver con vivir una vida de integridad.

Santiago, al final del capítulo uno, nos llama a no ser personas de doble ánimo, que son personas que por su doble ánimo cuando piden no piden con fe, porque esa persona no va a obtener nada de Dios. Y en el mismo capítulo uno, Santiago nos recuerda que cuando nosotros somos seducidos, que no busquemos culpables, porque nosotros pecamos como fruto de nuestra propia concupiscencia. Todo eso tiene que ver con una vida de integridad.

Capítulo dos nos recuerda que el favoritismo y la discriminación no pueden tener lugar en la vida de un cristiano. Eso tiene que ver con una vida otra vez de no duplicidad. Santiago nos recuerda también que nosotros no podemos decir que yo tengo fe, yo soy un creyente, pero ignoro las necesidades de mis hermanos. Él habla de eso. Literalmente hay una duplicidad que le está tratando de corregir, y él mejor dice: bueno, pues mejor te enseño mis obras para que tú entiendas que yo creí primero y por eso obro. Por eso es que para Santiago la fe está tan íntimamente unida a las obras, no para salvación, sino como muestra de que soy verdaderamente salvo.

Cuando entramos al capítulo tres de Santiago, ¡uf!, ahí se hay todo un capítulo casi entero acerca de la lengua y del poder de la lengua y lo cortante que es la lengua. Y nos recuerda que la lengua puede estar aquí afuera y salir de la boca, pero lo único que hace cuando sale es revelar la condición de mi corazón que está aquí adentro. Entonces, en ese mismo capítulo tres, Santiago nos recuerda que debido a eso yo necesito buscar una sabiduría que no está en este mundo, que es una sabiduría que viene de lo alto, para vivir una vida congruente.

En el próximo capítulo, capítulo cuatro, Santiago nos dice —estoy trayendo esto no solamente como resumen, sino para que puedas ver el hilo conductor— que realmente es una vida que le ponga fin a la duplicidad, que sea de integridad, que sea agradable delante de los ojos de Dios. En el capítulo cuatro, Santiago nos recuerda que muchos quieren tener una amistad con el mundo y una amistad con Dios, y él dice que eso es una imposibilidad; que el que quiere una amistad con el mundo es enemigo de Dios, el que quiere una amistad con Dios es enemigo del mundo. Y entonces en ese capítulo nos recuerda: si tú quieres vivir bien, tú tienes que depender de Dios incluso para planificar tu futuro. Acuérdate de la frase: si Dios quiere. Que tu vida entera debe ser así.

Y ahora, en el capítulo cinco, nos dice al principio que aquellos de ustedes que han sido bendecidos con riquezas por Dios, ¿cómo es posible que estén reteniendo el salario de sus obreros y que al mismo tiempo estén viviendo una vida de lujos y de despilfarro y de placeres? Luego nos recuerda la necesidad de perseverar bajo la prueba para terminar bien, la necesidad de la oración. Y finalmente, como ya para cerrar, y no olvides que todo lo que yo he dicho se puede resumir en un corazón que complace a Dios, que vive una vida veraz, que cuando dice sí es sí, cuando dice no es no, que no requiere agregar nada. Y que al mismo tiempo está consciente que aun si vive diciendo sí solo sí y no solo no, todavía es una persona caída. De manera que si él ve algún hermano que se está desviando de la fe, él con el grupo o el resto de la comunidad de creyentes tiene la obligación de tratar de rescatarlo, sabiendo que el que rescata un hermano de esa forma, ese hermano termina con sus pecados cubiertos por la gracia que te cubrió los tuyos y los míos. Es una responsabilidad de todo el cuerpo de cristianos.

Hermanos, la Palabra de Dios nos bendice de tantas maneras, pero una de las maneras como la Palabra de Dios más nos bendice, aunque nosotros no lo vemos así, pero es bueno verlo, es cuando nos confronta. ¿Tú te imaginas si Dios nos dejara sin ser confrontados? ¿Te imaginas si Dios nos dejara sin recibir culpabilidad, convicción? ¿Si Dios nos dejara sin el poder restrictivo del Espíritu Santo? ¿Te imaginas por dónde andaríamos nosotros? De manera que cuando tú estás leyendo la Palabra, escuchando un sermón, y algo te confronta, si es la Palabra, gracias a Dios por su Palabra bendita, purificadora, que te limpia, te recuerda las verdades, que te llama a Él otra vez.

Lo mejor de todo es que Él hace todo eso por su gracia, por su amor, por su misericordia, por su bondad, su benevolencia. Y porque esto que nosotros llamamos vida fue idea suya, y esto que nosotros llamamos salvación fue idea suya. La idea de vivir con otras criaturas, cuando Él era el Creador simplemente estaba feliz y contento, fue idea suya. Y que cuando nos perdimos, también fue idea suya hacer sufrir a su Hijo para salvarnos y llevar a cabo la idea inicial de la Trinidad, que es tener criaturas que vivan con Él y disfruten todo lo que Él les dé. Como diría en inglés: it doesn't get any better than that. No hay forma de mejorar eso.

Gracias, gracias por quien eres. Gracias por quien Tú nos estás convirtiendo, a la imagen de tu Hijo. Gracias que cuando eso ocurra, Tú nos permitirás incluso coheredar con tu Hijo, con el Unigénito, con la segunda satisfacción de la Trinidad, coheredar el reino entero. Señor, ayúdanos a poner fin a las duplicidades de nuestra vida. Ayúdanos a poner fin a la manera de recibir tu gracia pero no extenderla a otros. Ayúdanos a poner fin a la confianza en la sabiduría de los hombres y a la aprobación de los hombres, para buscar únicamente la gracia tuya, la aprobación tuya, que ya la tenemos en Cristo. Simplemente sé recordado de tu aprobación en Cristo, para tu gloria, en quien nosotros hemos orado y hemos predicado. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.