IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Todo el que ha nacido de Dios no permanece en un patrón de pecado. Esta verdad, aparentemente contradictoria con la realidad de que todos pecamos, encuentra su explicación en lo que ocurre cuando alguien nace de nuevo: recibe una nueva naturaleza que se va santificando, el Espíritu Santo mora en él y lo convence cuando peca, y Dios mismo lo guarda y preserva. El pecado sigue viviendo en el creyente, pero ya no reina sobre él. Tiene un nuevo amo.
Juan cierra su primera carta con tres certezas: sabemos que el que nació de Dios es guardado por él y el maligno no puede tocarlo sin permiso divino; sabemos que somos de Dios mientras todo el mundo yace bajo el poder del maligno; y sabemos que Cristo vino y nos dio entendimiento para conocer al verdadero Dios. No hay zona gris entre estos dos reinos. O estás con Cristo o estás contra él.
Pero la advertencia final de Juan resulta inesperada: "Hijitos, guardaos de los ídolos". En el Nuevo Testamento, un ídolo no es solo una estatua. Es cualquier cosa que reemplaza a Dios como fuente de seguridad, motivación o satisfacción: el dinero, el ministerio, la búsqueda de felicidad personal, incluso un rol o una esperanza. El corazón humano, como decía Calvino, es una fábrica de ídolos. El problema no está en desear algo, sino en desearlo demasiado.
La liberación no viene por reglas sino por entrega. Bienaventurados los que se dan por entero a Dios, porque ellos son liberados de sus pasiones. Cuando el amor a Dios gobierna, las reglas se vuelven innecesarias.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Abra la Palabra de Dios en la primera carta del apóstol Juan para leer y cubrir la última porción de esta carta, donde hemos estado ya por varios meses. Como saben, voy a leer desde el versículo 18 hasta el final de la carta, una porción relativamente corta. Versículo 18: "Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que aquel que ha nacido de Dios lo guarda, y el maligno no lo toca. Sabemos que somos de Dios y que todo el mundo yace bajo el poder del maligno. Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento, a fin de que conozcamos al que es verdadero; y nosotros estamos en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna. Hijos, guardaos de los ídolos."
En el día de hoy voy a terminar esta carta. Es una carta en la que Juan, a lo largo de ella, ha querido afirmar, asegurar, garantizar que sus seguidores saben algunas cosas con certidumbre. En el versículo 13, de hecho, él les dice que "estas cosas os he escrito para que sepáis que tenéis vida eterna." Ese es el propósito, el único propósito de su carta, el propósito principal. Y así, a lo largo de estos cinco capítulos, Juan con frecuencia habló de que "sabemos esto" y "sabemos aquello." Doce veces él usó el verbo en esa forma: sabemos, sabemos. De esas doce veces, tres están en el texto que yo acabo de leerles, de manera que esa es mi palabra clave: sabemos. Es la palabra que nos va a mantener sin desviarnos de qué es esto que Juan quiere que sepamos con certidumbre.
Pero para explorar eso que él quiere que tú y yo sepamos con claridad, yo quiero que respondamos tres preguntas. La primera es: ¿qué quiere decir Juan cuando habla de que todo el que ha nacido de nuevo no peca? En segundo lugar: ¿qué implica la frase de que todo el mundo yace bajo el poder del maligno? Y en tercer lugar: ¿cuál es la esencia del ídolo y de la idolatría? ¿Qué es un ídolo?
Este jueves pasado, les cuento a manera de introducción, yo estaba dando una charla para la Comisión Nacional de Ética, y al final alguien se me acercó y me dice: "Pastor, ¿usted ha revisado bien el nombre de su programa de televisión: Respuestas, verdades absolutas para un mundo relativo?" Yo le dije: "Sí, yo creo que sí, pero ¿por qué?" Entonces me dice: "Bueno, hay gente que piensa que no hay verdades absolutas." Yo le dije: "¿Y tú qué piensas?" Me dice: "Bueno, que hay gente que dice que no hay verdades absolutas." No tenía un espíritu contencioso ni mucho menos, pero estábamos hablando. Yo le dije: "Ven a ver, dónde ellos y pregúntales si ellos están absolutamente seguros de que eso es así." Y él entonces se murió de la risa, porque eso es obvio: si ellos están absolutamente seguros de que no hay verdades absolutas, pues ahora sí yo sé con certidumbre que hay verdades absolutas, porque ellos acaban de afirmar una.
Y yo menciono eso porque si hay algo que llama la atención a lo largo de esta carta de Juan es lo absoluto que es. Juan es dogmático, Juan es cerrado, Juan no nos deja zonas grises. Para Juan, no lo hemos dicho en otras ocasiones, pero para Juan tú o estás en la luz o estás en tinieblas, y lo vimos. Tú o estás en la verdad o estás en el error. Tú o estás con Cristo o estás con el anticristo. Si tú no tienes al Hijo, tampoco tienes al Padre. Y tú amas al mundo o amas a Dios, pero no hay zonas grises. Yo creo que nuestra generación tendría o tiene una gran dificultad con esta carta. Es el absolutismo de Juan que hace que muchos predicadores y estudiosos entiendan que este es el libro más difícil de predicar de todo el Nuevo Testamento, y lo hemos estado viendo a lo largo del camino.
En esta carta Juan, o en este texto de Juan, comienza de esa forma tajante otra vez. Él dice: "Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca." Todo el que ha nacido de Dios no peca. Pero Juan nos dijo en el capítulo primero que si tú dices que no tienes pecado, tú eres un mentiroso. Entonces, ¿cómo es la cosa? ¿Te estás contradiciendo? Bueno, en el lenguaje original el verbo, el tiempo verbal, está en presente continuo, de manera que la idea, y hablamos de esto en el capítulo tres con relación al versículo seis, la idea es que todo el que ha nacido de nuevo no continúa en un patrón de pecado, no permanece en ese patrón de pecado. Él peca en su vida, pero no permanece en pecado de una manera que es conocido por tener un estilo de vida pecaminoso. Eso no es como otros le conocen. Y esa es la realidad, porque hay cosas que ocurren precisamente en la vida de esa nueva criatura que hacen que eso no sea de esa manera.
En primer lugar, cuando tú naces de nuevo hay una nueva naturaleza en ti, y esa nueva naturaleza comienza a santificarse. En la medida en que la naturaleza comienza a santificarse, comienza a alejarse, comienza a perder la pasión, el deseo, la atracción por aquellas cosas que antes le eran deseosas o atractivas. Esa es una razón, pero no la única.
La segunda razón por la que eso es así es porque si tú verdaderamente naciste de nuevo, el Espíritu de Dios mora en ti. Y ese Espíritu que ahora mora en ti, cuando tú eres tentado, te recuerda, te dice, te cuida: "No lo hagas, no lo digas, no vayas." Pero si tú continúas y lo haces, después de haberlo hecho, ese mismo Espíritu comienza a decir: "Tú lo hiciste, estás en pecado, lo entristeciste." Y tú comienzas por el entrenamiento de ese Espíritu en tu interior a alejarte de esa cosa en la que tú habías estado incurriendo.
Entonces, si realmente tú has nacido de nuevo, el pecado vive en ti, pero ya no reina sobre ti. Él no es tu amo ya. Él es un inquilino, pero él no es tu amo. Tú tienes un nuevo amo, tú tienes alguien que te lleva por diferentes caminos.
Pero en el texto que yo leí, en el versículo 18, Juan nos dice algo, nos da otra razón por la que nosotros vamos deshaciendo nuestros patrones de pecado, que es todavía más poderosa que todas las tres razones anteriores. Y es que Juan nos dice al final que el que ha nacido de nuevo, es Dios, que le ha hecho nacer de nuevo, le guarda, lo protege, le preserva. Y esa misma verdad es dicha por Judas de una manera todavía más clara. Judas 24-25 dice: "Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos. Amén." Judas nos dice: Él es poderoso para guardarme. Esa es otra razón por la que una vez yo nazco de nuevo no permanezco con un patrón, un estilo de vida permanente de pecado.
Pablo viene más adelante. Pablo ya había venido anteriormente en Filipenses 1:6 y nos había ilustrado una verdad similar cuando él dice: "Estando convencido precisamente de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús." Pablo estaba convencido de que él iba a terminar la carrera, pero su confianza no estaba en él. Su confianza estaba depositada en aquel que comenzó una obra en él, y ese que comenzó la obra va a persistir, me va a preservar, me va a hacer perseverar hasta el día de Jesucristo. De manera que ahora Pablo dice una cosa, Judas dice lo mismo, Juan dice lo mismo, y esos tres individuos están testificando acerca de la misma verdad de Dios: Dios lo preserva, Dios le guarda. Y por eso, al final del versículo 18, Juan dice: "Y el maligno no lo toca."
Ahora, alguien pudiera estar aquí y media también te ya pensando: "Un momento, pastor, ¿cómo que no le toca? Job fue un creyente y Job fue tocado ciertamente por Satanás. ¿Qué es esto que Juan está diciendo, que el maligno no lo toca?" Y como la Palabra tiene que interpretar la Palabra, y pasajes que no están tan claros tienen que interpretarse a la luz de pasajes más claros, entonces, a la luz del resto de lo que la Palabra tiene que decir, lo creemos, por algo que vamos a seguir viendo más adelante, que lo que Juan está tratando de decirnos es que una vez tú has nacido de nuevo, ese maligno no puede tocarte a menos que Dios le dé permiso. Mientras yo no haya dado permiso, tú eres intocable por el maligno. Ya tú no estás bajo ese poder, ya no estás bajo ese dominio. Tú tienes, como quien dice, un dueño, un nuevo dueño, un nuevo amo, y Él es quien te preserva. Y a menos que Él dé permiso, él no podrá tocarte.
Nosotros vemos eso exactamente en la vida de Job, donde él tuvo que pedir permiso. Y lo vemos en la vida de Pedro, donde Cristo le dice a Pedro: "Simón, Simón, Satanás ha pedido permiso para zarandearte."
De manera que, de acuerdo a todo lo que hemos dicho, la vida de pecado de la persona que pasa de incrédulo a creyente es reducida drásticamente. Primero, porque el Espíritu de Dios mora en él. Segundo, tiene una nueva naturaleza que se va santificando, que desea menos el pecado. Tercero, el Espíritu de Dios lo preserva, lo guarda; el que comenzó la buena obra lo mantiene en el camino. Cuarto, porque el pecado vive en él pero ya no reina, ya no lo domina. Y Juan nos dice: "Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no peca", en ese sentido.
El segundo "sabemos" que Juan nos habla, nos menciona, está en el versículo 19. Dice: "Sabemos que somos de Dios y que todo el mundo yace bajo el poder del maligno". Es una verdad sencilla, pero es una verdad esencial para el propósito de esta carta. El propósito de esta carta es seguridad, afianzar a los creyentes para que sepáis que tenéis vida eterna. Y ahora, en ese contexto, Juan les dice: nosotros sabemos que somos de Dios. Y nosotros somos de Dios de diferentes maneras, de diferentes ángulos, si tú quieres. Somos de Dios por elección. Nosotros somos de Dios por justificación, en la cruz. Nosotros somos de Dios por gracia a través de la fe. Nosotros somos de Dios por amor, porque en la eternidad pasada Dios Padre le entregó al Hijo una humanidad futuramente redimida, para que en esa futura eternidad esa humanidad redimida pudiera glorificarle por el resto de los días. Nosotros somos de Dios por adopción; no éramos hijos legítimos, hemos sido adoptados por Dios. Nosotros somos de Dios por compra, porque el Hijo nos compró a precio de sangre.
Y ahora que tenemos la garantía y la seguridad de que somos de Dios, es la razón por la que nadie me puede arrebatar de su mano. Porque somos de Dios es la razón por la que nadie me puede borrar de su lista. Porque somos de Dios es la razón por la que nadie me puede separar de su amor. Y es la razón por la que nadie me puede condenar. Y es la razón por la que nadie me puede quitar mi vida eterna, porque somos de Dios. Juan estaba afianzando a sus lectores en verdades básicas, pero ese es su propósito, el propósito de esta carta. Y nosotros también necesitamos recordar algunas de esas cosas.
Pero inmediatamente después que Juan dice "sabemos que somos de Dios", une la próxima idea con esa conjunción "y": "y que todo el mundo yace bajo el poder del maligno". Juan, explícame. Tú me acabas de decir que somos de Dios y ahora me dices que todo el mundo yace bajo el poder del maligno. Sí, todo el mundo que no es de Dios. Porque cuando tú analizas el mundo hay dos esferas de influencia, no hay más, expresadas en la Palabra de Dios de múltiples maneras. Y eso es exactamente lo que Juan está tratando de decirnos. Mira, una vez tú has nacido de nuevo tú eres de Dios, pero el resto que no es de Dios yace bajo el poder del maligno.
La primera vez que quizás alguien leyó esto en Juan, quizás le llamó la atención. Yo decía más temprano que yo no sé por qué nos llama tanto la atención esa verdad, porque Cristo lo dijo. O mejor dicho, la vida de Cristo ilustró eso de una forma increíble, de una forma más clara todavía. Satanás vino a Cristo en la tentación y le dice: "¿Sabes qué? Te ofrezco todos los reinos de este mundo, porque a mí me han sido dados". De manera que Satanás, frente a frente, cara a cara con Cristo, le dice: "El mundo entero está bajo mi dominio, yo te lo ofrezco".
Juan está diciendo nada diferente. Cristo ha venido precisamente a rescatar lo que se había perdido, a hacer retroceder, echar para atrás las tinieblas que han cubierto el mundo. Y todo el que no está, que no es parte del reino de Dios, es parte del reino de las tinieblas. Y cuando Cristo vino al mundo, cuando la luz vino a las tinieblas, las tinieblas —que es como Dios llama al mundo no convertido, que no le pertenece a él—, el hombre amó más las tinieblas que la luz.
Entonces ahora tú vas entendiendo que Juan está diciendo nada que ya no supiéramos. De hecho, Cristo dijo de una forma también clara: "El que no está conmigo está contra mí". Dos esferas de influencia. "Y el que conmigo no recoge, desparrama". No hay una línea gris neutra. No hay una nación tipo Suiza entre el reino de las tinieblas y el reino de Dios. No lo hay. Son dos reinos, dos reinos en conflicto continuamente. Y Juan ahora está diciendo: nosotros sabemos que somos de Dios, y el resto que no es de Dios yace bajo el poder del maligno. Sus sistemas, sus ideas, sus corrientes, sus tendencias, sus formas de hablar, de hacer las cosas: todo el mundo está bajo el poder del maligno.
Santiago, el medio hermano de Jesús, viene y escribe exactamente lo mismo. Santiago 4:4: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios". Eres amigo de Dios y enemigo del mundo, o eres amigo del mundo y enemigo de Dios. No hay un amigo mutuo entre Dios y el mundo. Y ese es el absolutismo que Juan está expresando en este pasaje.
El tercer "sabemos" de Juan en este texto está en el versículo 20: "Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento, a fin de que conozcamos al que es verdadero. Y nosotros estamos en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna".
Recordemos, decíamos al principio de esta carta, que Juan escribió teniendo en mente a los gnósticos, que no creían que Cristo había venido en la carne. Y antes de él cerrar su carta, está recordando a esta gente que estaba batallando a ese otro grupo, precisamente de la verdad contraria: sabemos nosotros, sabemos que Cristo ha venido. Y no solamente que ha venido, sino que nos ha dado entendimiento a fin de que conozcamos al que es verdadero. En otras palabras, ¿qué está recordando a esta gente? Si Cristo hubiese venido, hubiese hablado, hubiese enseñado y tú hubieses oído el mensaje, si él no te da el entendimiento para que tú sepas que él es el verdadero, tú estuvieras todavía en las mismas tinieblas.
No es suficiente exponerme al mensaje. No es suficiente exponerme a la verdad. Dios tiene que abrir mi entendimiento. Eso es lo que nosotros vemos en el libro de los Hechos, cuando dice que Dios abrió el corazón de Lidia para que entendiera el mensaje de Pablo. Y Juan les está diciendo: nosotros sabemos dos cosas, tres cosas. Sabemos que él ha venido al mundo, y sabemos que él nos dio el entendimiento para que sepamos que él es verdadero. Si tú sabes eso, si tú crees eso y tú vives conforme a eso, ese entendimiento no te lo dio ni carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora nosotros tenemos una idea de cómo es que el incrédulo, viendo no ve y oyendo no oye. Nosotros no sabemos todas las razones por las que un incrédulo, al escuchar el mensaje, es incapaz de entenderlo a menos que Dios haga su obra, pero tenemos algunas ideas. Y cuando Pablo les escribe a los corintios en su segunda carta, en 2 Corintios 4:4, Pablo nos deja ver claramente que Dios dice que gran parte del problema del incrédulo es debido a un trabajo que Satanás ha hecho sobre su vida. Porque el texto nos dice claramente que el dios de este mundo, Satanás, ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no vean el resplandor de la gloria del evangelio de Jesucristo. De tal manera que hay algo, hay un trabajo que Satanás hace sobre la mente del incrédulo que le impide ver la gloria del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
La pregunta es cómo. ¿Cómo es que Satanás puede cegar el entendimiento? De la misma manera que lo hizo con Adán y Eva. Satanás ha construido un sistema de mundo, de ideas, de ofertas atractivas, seductoras, que se las presenta al hombre, que están aquí y que son ahora. Y al hombre le resultan más atractivas que aquellas ofertas de Dios que son futuras todavía. Y el hombre termina comprando lo que Satanás le ofrece, porque al hombre siempre le parece mucho mejor y más sabio tener pájaro en mano que cientos volando. Y esta promesa de eternidad, de gozo que Dios nos hace, es tan futurista, cuando yo la puedo tener ahora mismo, en el aquí y en la hora. Eso es lo que el hombre termina comprando, y al comprarlo, él no puede ver la oferta de Dios.
Satanás vino a Cristo, le hizo una oferta del aquí y la hora: "¿Sabes qué? Todos los reinos de este mundo te los doy ahora. Ahora, aquí, si te postras a mis pies. No tienes que esperar al futuro, a ir a la cruz, para luego subir al cielo y que luego te coronen. Lo puedes tener ahora". Si hubiese sido uno de nosotros, lo compra ahí mismo, porque todo lo que es rápido, fácil, aquí mismo y ahora, a nosotros nos es altamente atractivo. Y Satanás ha hecho eso vía las ofertas, los sistemas que él ha creado en el mundo, para que nosotros no veamos. Pero peor aún, si bien es cierto que ha cegado el entendimiento de los incrédulos, a aquellos que ya hemos creído, con frecuencia le ha entorpecido la visión de los hijos de Dios, para que viendo no vean y oyendo no oigan.
Cuando dice "sabemos que estamos en aquel que es verdadero, Jesucristo", él es el verdadero Dios y él es la vida eterna. Los gnósticos no creían que Cristo era Dios. Antes de cerrar, Juan está recordando esa verdad, y está recordando también que él es el que es la vida eterna. No hay esa vida en ningún otro. Él nos da la garantía. Nosotros estamos en él, en el verdadero.
¿Y qué implica eso de que estamos en él? Que hemos dejado de estar en el mercado de esclavos de donde me sacaron, de donde yo estaba, de donde me compraron. Y me han comprado de una manera que yo no puedo volver al mercado de esclavos. Es de esa forma que estamos en él, y de esa forma es que yo estoy garantizado. Aquellos que piensan que yo puedo tener mi salvación hoy y perderla mañana, quiero recordarles —y Juan nos está recordando cuando nos dice que Cristo es la vida eterna— que eso invalidaría la obra de Cristo en la cruz, donde él me compró, donde yo fui justificado. E invalida el concepto mismo de vida eterna, porque ¿qué tan eterna es una vida que yo tengo hoy y la pierdo mañana?
Tendríamos que hablar de vida efímera, vida potencialmente eterna, vida condicional, pero nosotros sabemos que en ningún momento la Palabra de Dios se nos habla en esos términos. Sino que cuando dice: "Sabemos que tenemos vida eterna en Él", y: "Estas palabras yo las he escrito para que sepáis que tenéis vida eterna". Esas son de las cosas que él está tratando de recordar.
Y ahora, si al final él cierra de una manera sumamente extraña, es donde yo quiero pasar el resto de mi tiempo. Porque él dice: "Hijitos, guardaos de los ídolos". Punto y se acabó la carta. Eso parece como halado por los moños. Juan, tú no vienes hablando de ídolos, tú vienes hablando de vida eterna, de Jesucristo, de que sabemos, de que el mundo entero ya está bajo el poder del maligno, y de repente, ¿de dónde tú sacas esta frase? "Guardaos de los ídolos", cierra la carta y se va.
Bueno, nosotros no sabemos exactamente por qué Juan hizo eso, pero recordemos que muchos creen que Juan terminó su carta en el versículo 13 cuando habló de que estas cosas os he escrito para que sepáis que tenéis vida eterna, y que el resto es una posdata. Algo que a él se le estaba olvidando, algo que antes de cerrar y de enviar —quizás alguien estaba esperando la carta, alguien de él— antes de él enviarla, él dijo: "Déjame recordar estas dos o tres cosas para que no se le olvide".
Pero yo quiero hablar un poco del contexto en el que Juan escribe esto de "guardaos de los ídolos", para luego traerlo a nuestros días. Juan con toda probabilidad escribió esta carta desde Éfeso. Éfeso tenía un gran templo a la diosa Diana, también llamada Artemisa. Alguien que ustedes recordarán cuando Pablo llegó a Éfeso y comenzó a predicar la Palabra: la gente comenzó a convertirse, comenzó a venir a las plazas y traía libros de ocultismo y espiritismo, y traía estatuillas de la diosa Diana, y traía estas cosas, y comenzaron a quemarlas. Y de repente Demetrio el platero armó un gran alboroto junto con los demás plateros, diciendo: "Señores, tengan cuidado, porque lo que ustedes tienen que recordar es que gran parte del negocio de esta ciudad depende de esa mercadería de la diosa Diana". Y convenció a ellos de que había que expulsar a Pablo. ¿No se recordarán esa historia?
Este es el contexto en el que Juan está escribiendo: "Guardaos de los ídolos". Tened cuidado, no vayan a ir a contaminarse, no vaya a ser que ellos sean piedras de tropiezo para ustedes. Y nosotros podemos entender eso rápidamente y podemos decir: "Bueno, pero ya eso no es para nosotros". Pero cuando concluimos así tan rápidamente, tenemos en evidencia que nosotros no entendemos cuál es la esencia del ídolo y de la idolatría.
En el contexto del Antiguo Testamento, un ídolo era simplemente una estatua, una imagen, una cosa digna de mi devoción. Pero cuando el Nuevo Testamento abre la idea de lo que es un ídolo y lo que es la idolatría, abre también de la misma forma que en el Antiguo Testamento el adulterio era simplemente físicamente cometer el acto con alguien. En el Nuevo Testamento, cuando el Nuevo Testamento abre, Cristo viene y dice: "No, no, no, no, no. Si tú miras lujuriosamente a una mujer para codiciarla, ya cometiste adulterio". De esa misma manera muchos conceptos se amplían y se abren una vez el Nuevo Testamento comienza, y eso ocurre con la palabra ídolo e idolatría.
Por eso tú encuentras que en Colosenses 3:5 la avaricia es llamada idolatría, y por tanto el dinero es un ídolo. De esa misma manera, te encuentras a Pedro en su primera carta, en 4:3, que llama ídolos a la sensualidad, a la lujuria, a la borrachera, a las orgías, a las embriagueces, y les llama idolatrías abominables. De manera que ahora en el Nuevo Testamento hay un nuevo concepto de lo que es un ídolo y de lo que es la idolatría.
Y es tan increíble cuán bien el mundo secular sabe lo que es un ídolo, que llamé al folio nacional de la Real Academia y dije: "Déjame ver si la Real Academia sabe teológicamente lo que es un ídolo". Y para mi sorpresa, ellos están teológicamente correctos, porque la Real Academia dice que la idolatría es adoración que se da a los ídolos, y luego sigue: amor excesivo y vehemente a alguien o algo. Es un apego excesivo que la persona tiene a algo o a alguien. Y el ídolo entonces funciona de esa manera.
El ídolo es algo entonces de mi vida en lo que yo he depositado más confianza que en Dios. El ídolo es algo que cuando yo pienso que pudiera no tenerlo, me siento inseguro. A veces eso ocurre cuando pienso en mi cónyuge, a veces ocurre cuando pienso en mis hijos, a veces ocurre cuando pienso en mi trabajo, a veces ocurre cuando pienso en una póliza de seguro, a veces ocurre cuando pienso en mi salario, a veces ocurre cuando pienso en mi cuenta bancaria. Cuando pienso que pudiera estar sin eso, me lleno de temor. Eso es un ídolo, porque es algo que ha sustituido a Dios como fuente de seguridad.
Y ahora Juan nos dice a nosotros: "Guardaos de los ídolos". Nosotros somos personas más sofisticadas, no tenemos estatuillas, no tenemos imágenes, pero para Dios ese ídolo en el que yo he confiado es tan pecaminoso como el otro, es tan ofensivo como el otro.
El ídolo es algo que a mí me motiva más que Dios. Cuando yo prefiero estar en el campo de golf que estar con Dios en Su casa, es un ídolo. Pastor, usted le ha cogido con el golf. No, el dominó, el tenis. No, cuando mi ministerio me motiva más que Dios, mi ministerio es un ídolo y yo soy un idólatra.
Esa fue exactamente la historia de la iglesia de Éfeso. La iglesia de Éfeso fue una iglesia prístina. Hemos hablado de ella porque fue tan buena iglesia que no podemos dejar de hablar de ella. La iglesia donde estuvieron —ustedes lo han oído de parte mía recientemente incluso— donde pasaron todos los cuatro bates: Pablo, Juan, Timoteo, Apolos, Priscila, Aquila. Todo el mundo pasó por Éfeso.
Y Dios le dice, Cristo le dice cuando le pasa revista: "¿Sabes qué? Tú has sido tan increíble en lo que es la doctrina, en lo que es el defender la verdad, que tú fuiste a propósito y encontraste a los falsos maestros y los denunciaste, los expusiste, los descubriste. Yo te aplaudo. Pero yo tengo una cosita contra ti". "¿Y cuál es, Señor?" "Que tú perdiste tu primer amor. A ti se te olvidó, Éfeso, que Yo estoy supuesto a ser tu primer amor, y tú has llegado a amar tu ministerio y tu obra y tu defender la verdad por encima de Mí. Tú eres un idólatra". "¿Y qué hago?" "Arrepiéntete, y si no lo haces te quito el candelero". Y el candelero le fue quitado, y Éfeso se murió.
Un ídolo es cualquier cosa que reemplaza a Dios de Su primer lugar, y esa es la razón por la que la idolatría es el pecado universal. Si nosotros examinamos la sociedad en que vivimos, obviamente no somos personas primitivas, pero esa sociedad en la que tú y yo vivimos ahora tiene múltiples ídolos. La avaricia es uno de ellos, la acumulación de riquezas, de dinero.
Este pecado de idolatría está tan odioso para Dios que cuando Dios se propuso formar una nación y le dio sus leyes, las dos primeras leyes tienen que ver con las dos formas principales de idolatría. Número uno: "No tendrás ningún otro dios delante de Mí". Y número dos: "No te harás ninguna imagen, ninguna imagen de lo que está en los cielos ni en la tierra, ninguna representación. No quiero sustitutos". Dios pensó cuando fundó una nación que sus dos leyes principales tenían que ver con lo que es la prohibición de la idolatría. Dios sabe lo horrible, lo horrendo, lo dañino que es el pecado de la idolatría, no solamente a nivel personal sino a nivel nacional.
Y ahorita hablamos un poco de eso en un momento, pero la pregunta entonces es: ¿por qué es el hombre tan idólatra? ¿Por qué es que el hombre ha acumulado, ha cultivado, ha ido, le ha echado agua, le ha echado abono a sus ídolos por encima de Dios cuando tiene una oferta de Dios? Pensando sobre eso, es que el ídolo —el hombre piensa— es manejable, es más pequeño, es más como yo, es gobernable. Si me enfermo, yo cojo mi estatua y me la llevo y le pongo al lado de mi cama. Pero con Dios no puedo. Si hay un ser con el que tú no puedes, es con Dios. No lo puedo manipular. Además, la estatua nunca me pide que le rinda cuentas, y Dios todo el tiempo quiere que yo le rinda cuentas.
Y Dios les dice: "Sí, está bien. El problema es que ese ídolo es una mentira, no existe. Tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye. Y vosotros, su dios, os vais a convertir en lo que adoráis". Y posteriormente Dios le dice al pueblo, y les dijo: "Vosotros sois como sus ídolos, con ojos y no ven, y oídos y no oyen".
¡Wow! Esa es la razón por la que somos tan idólatras, porque pensamos que podemos manejar el ídolo. Pero recuerda algo que te acabo de decir: la idolatría tiene consecuencias no solamente personales sino nacionales. Por eso están ahí en los dos primeros mandamientos de la primera nación.
Decía A. W. Tozer: "Ninguna nación se puede levantar por encima del concepto que esa nación tiene de su Dios". ¿Tú has comparado recientemente la historia de los pueblos del tercer mundo idolátricos con la historia —lamentablemente— de los pueblos que hoy quieren sacar a Dios de su sociedad, con la historia de Europa, con la historia de Francia y Alemania y toda la Europa que se desarrolló, a los países del norte? ¿Lo has comparado esa historia con la de Estados Unidos, con la de Canadá? ¿Te has preguntado por qué, por alguna razón, esos países se levantaron poderosamente y los otros no? Porque ninguna nación se puede levantar por encima del concepto que ellos tienen de su Dios, y las naciones del tercer mundo han sido naciones altamente idólatras, incluyendo la nuestra. Y eso tiene consecuencias personales, familiares y nacionales, como nosotros dijimos.
Dios nos da Su oferta y nosotros preferimos la oferta del ídolo. Dios nos da nuestra libertad, nuestra satisfacción, sentido de propósito en Cristo, y nosotros preferimos encontrarlo en el ídolo.
El ídolo es lo que mantiene al hombre, y el gurú de ese sistema mantiene al hombre en ignorancia y en esclavitud, porque es la manera de mantenerlo en esclavitud, mientras Dios quiere darnos la libertad y el gozo que nos ha prometido.
Lamentablemente pocas personas reconocen la presencia de ídolos en sus vidas, y eso es mortal, porque cuando yo no reconozco la presencia de ídolos en mi vida, yo no puedo hacer nada para sacarlos. Si yo ni siquiera reconozco que existen en mi vida, no puedo ni siquiera arrepentirme, porque yo no creo que necesito arrepentimiento. Y la realidad es que los ídolos vienen de diferentes tamaños, de diferentes formas, de acuerdo al nivel de sofisticación, si puedo decir, de la persona y de la cultura y de la nación. Pero hay múltiples ídolos y lamentablemente cada vez tenemos más.
Déjame hablarte, porque en otra ocasión hemos hablado de esto y no quiero ser repetitivo, pero déjame hablarte de uno de los ídolos más respetados hoy en día por el hombre moderno: la búsqueda de mi felicidad. Si para ser feliz yo tengo que abandonar a mi esposa, la abandono. No me he estado buscando mi alma gemela vía la nueva era. Si para ser feliz yo tengo que abandonar a mis hijos, los abandono; yo me quiero más a mí y a mi libertad que a mis hijos. Si para ser feliz yo tengo que violar un contrato y la honra de la palabra que yo di, lo violo, porque yo necesito mi felicidad, mi felicidad se lo merece. Y nosotros pensamos ahora que esa felicidad es digna de mi adoración.
¿Te das cuenta ahora que el ídolo no tiene que ser una cosa, no tiene que ser una persona? Puede ser un ideal, como la teoría de la evolución para Darwin, que lo consumió e hizo que él se postrara de rodillas delante de ella, por así decir.
Ahora, la manera como estos ídolos se vuelven tan poderosos, yo estoy convencido de eso, y la manera como Satanás nos atrapa es vía nuestras emociones. Porque una vez el ídolo atrapa tu emoción o tus emociones, el ídolo ya no es racional, es irracional. Esa es la razón por la que nosotros tenemos personas inteligentes en nuestro país y en muchos países también del globo, en altas esferas, en posiciones de alta influencia, leyéndose las cartas y la taza y los sueños. Son personas inteligentes con maestría, con PhD, sí, porque el ídolo no es racional, es emocional. Es una necesidad emocional de sentirme seguro a través de algo que yo pueda manejar y controlar, cuando en realidad el ídolo termina manejando y controlando al idólatra. Esa es la gran realidad.
Esa es la razón por la que Pablo dice cuando escribe a los corintios en su primera carta, capítulo 6, dice: "Todas las cosas me son lícitas, pero aún de esas cosas que me son lícitas, yo no me dejaré dominar por ninguna." Pablo, ¿y por qué si son lícitas no te vas a dejar dominar por ninguna de ellas? Porque una vez ella me domina, ese es mi nuevo ídolo, ese es el problema, y yo me convierto en un idólatra. Y ese es un pecado nocivo para Dios, altamente ofensivo para nuestro Señor.
Mira qué más Dios dice de la idolatría para que sigamos entendiendo, porque no está de más que Juan, al final, su última recomendación sea: "Guardaos de los ídolos." En 1 Samuel 15:23, Dios dice que la rebelión es como pecado de idolatría. De manera que Dios compara al rebelde con un ídolo y dice: "Eso a mí me es abominable, tanto una cosa como la otra." Pero ¿por qué? Porque el rebelde se ha convertido en su propio ídolo. Su rebeldía lo domina, lo empuja, lo gobierna. Su rebeldía es aquello ante lo cual el individuo termina rindiéndose, y Dios dice: "Eso es un ídolo." Y ese ídolo, entonces, es como pecado de idolatría. "Odio al rebelde y odio la idolatría igualmente, porque son primos hermanos." Wow, ¿te das cuenta entonces cómo es que Dios dice: "Es que no entiendo a este hombre"?
Y luego entonces tú puedes entender la gravedad del pecado. Recuerda que dijimos recientemente que cuando tú pecas, tú y yo pecamos contra un Dios que es infinitamente santo. Por tanto, mi pecado es infinitamente pecaminoso, para usar la fraseología de Pablo. Que la gente va al infierno a pagar por toda la eternidad porque ellos han pecado infinitamente contra Dios. Así es el pecado de idolatría: infinitamente abominable para nuestro Dios.
Y Dios dice: "Espera, tengo una queja más, yo tengo una queja más contra ese hombre," que la expresó vía el Espíritu Santo. Ya, es bueno que sea el Espíritu y no el pastor Núñez, porque ahora tiene veracidad. "Es que han cambiado la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles." Dios dice: "Yo no entiendo a este hombre que compra su Dios de porcelana, de madera, talla una figura, lo pone en una mesa, le pone un mantelito, pone la estatua ahí, la pone en una vitrina, y luego dice: 'Sé mi Dios. De ahora en adelante, ahora que yo te he hecho, ahora invertimos los roles, ahora tú eres mi Dios y yo te sirvo.'" Y Dios dice: "Yo no entiendo a este hombre."
Y en el siglo XXI, Romanos 1 dice: "Y cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén." Dios dice: "¿Qué clase de hombre es este, que teniendo un Creador prefiere servirle a la criatura?"
Y ahora vamos nosotros entendiendo que ciertamente el ídolo no es una figura, no es una imagen. Mira cómo lo dice Richard Keyes: "Cualquier tipo de cosas pueden funcionar como ídolos potenciales, dependiendo solamente de nuestras actitudes y nuestras acciones hacia ellos. La idolatría no necesariamente tiene que involucrar negaciones explícitas de la existencia o del carácter de Dios. Factiblemente puede venir en la forma de un fuerte apego a un objeto físico, una propiedad, una persona, una actividad, un rol, una institución, una esperanza, una imagen, una idea, un placer, un héroe. Cualquier cosa puede sustituir a Dios."
Wow, yo decía: si el ministerio sustituye a Dios en mi vida como la primera motivación, como la primera pasión, mi ministerio es un ídolo y yo he pasado a ser un idólatra. Y eso ha pasado múltiples veces, a múltiple gente, porque comienza a controlarme, comienza a determinarme, comienza a decirme lo que debo hacer y no Dios.
Por eso es que Juan Calvino decía que lamentablemente el corazón humano es una máquina fabricadora de ídolos, y decía que el problema principal de nosotros no está tanto en desear algo, sino en desear eso demasiado. No es lo que deseas, es cuánto lo deseas. No es lo que deseas, sino cuánto estás dispuesto a pagar por lo que deseas. No es lo que deseas, sino cuánto estás dispuesto a perder por lo que deseas. Esa es la esencia del pensamiento de Calvino cuando dice: "La maldad de nuestros deseos típicamente no reside en lo que deseamos, sino en que deseamos eso demasiado."
Ahora, escúchame, tú pudieras estar pensando, pastor, oyéndolo aquí: "Yo descubrí que un ídolo se me viene encima que yo no estaba pensando, pero hace cinco años eso no era así." Entonces la pregunta es: ¿cómo se forman los ídolos? ¿Cuál es la semilla germinadora de ídolos? Porque es importante, porque puede ser que yo hoy no tenga un ídolo y lo tenga dentro de un año.
Entonces aquí está mi explicación. Si llegas a la vida cristiana, tienes un mundo. Entonces desde ese mundo tú le das a Dios una parte enorme, grande, muy grande de ti. Pero hay una parte que tú te la has reservado. ¿Qué va a variar? En algunos casos son finanzas, seguridad. En otros casos tiene que ver con la vida de mis esposas, de mis hijos. En otros casos tiene que ver con temperamentos. En otros casos tiene que ver con orgullos. Hay un área que es mi closet, que yo sé que Dios tiene que tratar con eso, pero eso será otro día, en algún momento. Entonces esa área yo se la doy a mi ser, a mi yo, a mí mismo, o se la doy al mundo, o se la doy a ambos.
Entonces yo voy caminando y yo me siento tranquilo, contento, porque veo mi progreso. Está esta gran área que yo le he dado a Dios, estoy sirviendo, pero este es el closetcito aquí, es mío, cerrado, es una caja fuerte donde yo entro solo cuando yo quiero. Donde alguien quizás en algún momento me dice: "Tú tienes problemas con eso." "No, sé que Dios tiene que trabajar con eso, pero eso es mío." Entonces, después de un año, de esa parte de cinco o diez por ciento que tú no le das a Dios, comienza a germinar. Dice: "Mira, me tienes aquí hace dos años con este diez por ciento, dame algo más." Entonces poco a poco tú le das el tres, el cinco, el seis, el ocho, el diez, y como un sorbete te va succionando. Y tú que estabas aquí con gran parte que le habías dado a Dios, tienes tu gran ídolo ahora aquí en tu ser, porque tú dejaste una parte ahí que tú nunca le diste a Dios, que tú guardaste, que tú decidiste que tú ibas a manejar, que dijiste: "Yo puedo manejar eso." Y eso en un momento dado comenzó a controlarte y pasó a ser tu ídolo, y tú el idólatra. Así es como se forman.
La razón por la que los ídolos se forman es por nuestras pasiones. Nuestras pasiones generan demandas, quieren crear algo que eventualmente ellas como pasiones se puedan dedicar a eso, y eso entonces pasa a ser el ídolo.
Entonces, ¿cómo es que vamos a luchar contra eso? Bueno, tenemos que luchar, pero ¿sabes qué? No es a través de reglas. Es la tercera vez que digo esto esta mañana, y no lo tenía siquiera en lo que había pensado compartir por esa gran realidad. No a través de reglas, aunque las reglas son necesarias. Pero la razón por la que yo soy tan enemigo de reglas y tan a favor de principios es porque las reglas empobrecen la fe cristiana.
Para el cristiano, un libro hermano nos habla de la necesidad de las reglas, pero dice que la ley es para los transgresores, por eso hay que ponerla. Pero eso no es como Dios quiere que yo viva. No se supone que yo viva con "no haga esto, no haga aquello, no toques, no lo otro". ¿Sabes por qué? Porque eso empobrece la vida cristiana.
Cuando a Cristo le preguntaron, o cuando Cristo estaba explicando cómo es que yo lo voy a obedecer, Cristo no dijo: "Bueno, mira, no hagas, no digas". No es algo que Cristo dijo. Cristo dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". Entonces, ¿qué es lo que voy a hacer? Ámame. Cuando me ames, no necesitarás todas estas cosas que empobrecen mi llamado. Por Dios, ¿cómo es que tú quieres vivir tan pobremente la vida cristiana?
A Cristo le dijeron: "Señor, ¿cuál es el más grande de los mandamientos?" ¿Y le dijo "no hagas, no toques, no digas"? Algo que le dijo: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu fuerza".
¿Tú recuerdas Gálatas 5:22? Yo me imagino que mentalmente ustedes dicen: "El fruto del Espíritu..." No hagan algo. Digan el final de Gálatas 5:22-23, porque cada vez que Gálatas 5:22-23 es citado, como que yo siempre estoy esperando que me citen la última coletilla del 23, y como que nunca la oigo. Déjame leer, porque ese es el meollo del texto para mí: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio", punto y coma, aquí viene: "contra tales cosas no hay ley". ¿Cuál ley? No hay ley. Tú no necesitas ley. Tú necesitas amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre. Cuando ya estés lleno de esos, dominio propio, tú no necesitas la ley. ¿Se dan cuenta? Hemos empobrecido el concepto de la vida cristiana, y esas son las cosas que nos atan a nuestros ídolos, estas pasiones.
Y lo cierto es que si Dios no nos gobierna, nuestras pasiones lo harán. Por lo que se ve con esta cita de François Fénelon, por si el caso de algunos que no lo conocen, Fénelon fue de los años 1600 y tanto, según un amigo reciente. Escucha esto, porque esto es cortito pero poderoso: "Bienaventurados son aquellos que se dan por entero a Dios; ellos son liberados de sus pasiones".
Ahora, escúchenme, porque yo estoy diciendo que esto es poderoso. Para aquellos que nos recordamos mucho de la gramática, hay dos voces: la voz pasiva y la voz activa. La voz activa: "Yo me desvisto", eso es activo. La voz pasiva: "Yo estoy siendo desvestido por alguien", eso es pasivo, porque no estoy haciendo nada, me están desvistiendo.
El texto que yo acabo de leer dice: "Bienaventurados, felices, son aquellos que se dan por entero a Dios", como que hay en voz pasiva. Dice: "Ellos son liberados de sus pasiones". ¿Por quién? Por Dios. Lo que nosotros queremos es liberarnos de nuestras pasiones para luego ir a darnos por completo a Dios. Y Dios dice: "¿Sabes qué? Tienes la carreta adelante y el caballo atrás, por eso es que no empuja ni jala". Mucho menos. Te das por completo a Dios y Dios te liberará de tus pasiones. La presencia de pasiones en mí habla de que yo no he dado mis pasiones a Dios; por eso están conmigo todavía. Entonces, la entrega se la entrego a Dios; Dios me libera de ellas.
Yo necesito ser liberado de mis pasiones. Quizás alguien de ustedes está diciendo: "Bueno, pastor, eso está feo porque la foto..." Entonces no. Y tú también de las mismas pasiones. Y necesitamos ser liberados del enemigo, de Satanás, del mundo. Eso es una tríada mortal. Todos nosotros necesitamos ser liberados. Lo bueno es que yo puedo ser liberado por otro que se llama Dios, simplemente si me doy por completo a Él. Es más natural, es más sencillo, es más bíblico, es más de Dios.
El problema es que el ídolo yo quiere hacerlo él. Él quiere liberarse de sus pasiones bien con reglas. Y Dios dice: "¿Sabes qué? Las reglas, lo que la ley no pudo hacer a causa de la debilidad de la carne, eso es lo mismo que tus reglas no pueden hacer a causa de la debilidad de la misma carne". Y entonces, ¿qué tuvo que pasar? Porque la ley no pudo hacerlo, el Espíritu de Dios tuvo que venir a hacer el trabajo que tú no puedes hacer. Ahora tienes el Espíritu de Dios dentro de ti. ¿Qué esperas para dejarle trabajar? ¿Ahora quieres volver a las obras de la ley? Las leyes son necesarias para el transgresor. El hijo de Dios lo que necesita es cultivar un corazón para Dios. Contra tales cosas no hay ley.