Integridad y Sabiduria
Sermones

La guerra espiritual: cómo no caer en la locura de nuestros días

Miguel Núñez 14 septiembre, 2008

La guerra espiritual es real, pero la iglesia contemporánea la ha distorsionado hasta convertirla en una locura que Dios nunca respaldó. Existe un polo que ve demonios detrás de cada acción y otro que niega toda actividad demoníaca actual; la verdad bíblica no está en ninguno de esos extremos. Las huestes espirituales de maldad son ángeles caídos que se rebelaron contra Dios, fueron arrojados a tinieblas, y algunos permanecen libres operando con estrategias calculadas para engañar, distraer, descorazonar y dividir. Desde el Edén hasta hoy, Satanás ha usado artimañas a la medida de cada persona: engañó a Eva con falsa revelación, distrajo a David haciéndole confiar en sus ejércitos, pidió permiso para zarandear a Pedro, llenó el corazón de Ananías de mentira.

El campo de batalla no está en las regiones celestiales solamente, sino en la mente humana. Las fortalezas que Pablo describe son especulaciones, filosofías y sistemas de pensamiento que suprimen la verdad de Dios y ciegan el entendimiento. Sin embargo, la iglesia ha estado disparando donde el enemigo no está, entretenida con reprensiones y rituales mientras descuida su verdadera armadura. Cuando la iglesia de Corinto enfrentó división, incesto o litigios, Pablo no mandó a expulsar demonios; mandó disciplina, examen personal y unidad de corazón.

El llamado bíblico es sencillo: estar firmes en la fe, en la doctrina enseñada y en la voluntad de Dios. La armadura pertenece a Dios, la batalla es del Señor, y la estrategia consiste en resistir mientras se permanece anclado en la verdad. Como Cristo enseñó a orar: líbranos del maligno. Nada más complicado, nada menos poderoso.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a la satisface la palabra de Dios en el capítulo 6 del libro de Efesios!

Y sin lugar a duda, cuando la historia de la Iglesia se escriba en esta época, si el Señor Jesucristo no viene antes, no me cabe la menor duda que se estará hablando de cómo la Iglesia de hoy abrazó lo que ha llamado la guerra espiritual de una manera no bíblica. Y de eso precisamente quisiéramos hablar hoy: de la guerra espiritual y de cómo no caer en la locura de nuestros días.

Cada vez que hablamos de temas controversiales en la Iglesia siempre hay dos polos. En un extremo pudiéramos decir hay un grupo que ve un demonio detrás de cada cosa, detrás de cada acción y detrás de cada acción pecaminosa que nosotros cometemos. Y por otro lado hay un grupo entonces en el otro extremo que entiende, que no cree que la actividad demoníaca está presente en el día de hoy. Nosotros no estamos ni en un extremo ni en el otro, y si usted ha comenzado a preguntarse "bueno, ¿y dónde estamos?", vaya al paso que todavía no hemos llegado, pero le vamos a decir.

A lo largo del mensaje usted va a ir descubriendo qué pensamos. A lo largo de este mensaje y el próximo hemos querido dedicar dos mensajes a este estudio precisamente para entender qué es lo que Dios dice en Su palabra. No olvidemos nunca que Su palabra dice en Deuteronomio 29:29 que las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos, pero que las cosas secretas le pertenecen a Dios. En otras palabras, hay cosas que Dios no ha revelado, hay cosas que Dios entiende que, o porque no las vamos a entender o no las vamos a saber manejar de este lado de la gloria, no nos han sido reveladas. Y lo que vamos a hacer hoy es hablar de las que sí están reveladas, de las cuales podemos hablar con toda autoridad por Su palabra, no en nuestra opinión. Si en algún momento hay algo que representa un entendimiento a partir de algo revelado pero que no sea una enseñanza clara, se lo vamos a dejar saber también. Siempre queremos mantener la diferenciación entre lo que es la Palabra infalible, incuestionable de Dios y lo que es el entendimiento humano que pudiéramos hacer, pero la sabiduría de Dios y la sabiduría humana no pueden ser comparadas.

Y con eso en mente entonces yo quiero que nos vayamos a ese capítulo 6 de Efesios, versículo 10. Vamos a leer el texto hasta el 18, pero solamente voy a exponer del 10 al 13; en la próxima ocasión terminaremos de exponer este texto.

Así comienza la Palabra de Dios: "Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de Su fuerza. Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo, porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estad firmes. Estad pues firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con el apresto del satisface Evangelio de la paz. En todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomad también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Con toda oración y súplica, orad en todo tiempo en el Espíritu, y así velad con toda perseverancia y súplica por todos los santos."

Al inicio de este texto hay una palabra, una expresión que claramente nos deja ver que ciertamente hay una lucha. Hay una lucha de la cual habla el apóstol Pablo en el versículo 12 cuando dice que nuestra lucha no es contra sangre y carne. Es una lucha que no comenzó en el Nuevo Testamento después de que Cristo vino; es una lucha que comenzó en el jardín del Edén cuando Dios creó al hombre. Es una lucha que tiene evidencias en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.

Cuando Dios crea a Adán y Eva, los crea como sus representantes, los crea a Su imagen y semejanza. El hombre fue creado para representar a Dios. La palabra "imagen" en el hebreo implica un ícono; un ícono representa a algo o a alguien. El hombre iba a ser el ícono de Dios aquí en la tierra, su representante. Y tan pronto surgen amigos, surgen enemigos. Satanás, enterado de sus planes, quiso intervenir y dañar precisamente a la persona que iba a representar a Dios en lo sucesivo. Esa lucha comienza temprano en Génesis 3, tan pronto la creación de Dios comienza a operar.

Y el apóstol Pablo nos habla de que esa lucha en el griego "pale" implica, según los estudiosos del lenguaje original, una lucha que se da mano a mano, cuerpo a cuerpo, como la lucha libre de nuestros días. Y decía otro de esos grandes estudiosos, un gran erudito académico del griego, que implica una lucha donde uno está tratando de tumbar al otro, y donde literalmente la idea es tumbar al otro y luego poderle poner el pie sobre el cuello con la indicación de victoria. Ese tipo de lucha es a la que Pablo se está refiriendo, de manera que esto nos da a nosotros una idea de que no es una lucha que se libra simplemente en las regiones celestiales como Pablo habla en este texto, sino que tiene una realidad allá arriba, pero tiene una realidad en nuestras vidas que necesitamos conocer para saber cómo librarla y para saber cómo no librarla.

Lamentablemente la Iglesia de Cristo ha estado inmersa —o una parte de la Iglesia de Cristo, porque no es toda— ha estado inmersa los últimos 20 o 30 años en una guerra espiritual que no está peleando de una manera que Dios estaba indicando ni está respaldando, y está siendo derrotada a diestra y siniestra. Porque hay un diseño de cómo luchar esa batalla dado por Dios. No hay duda de que hay una batalla, y Pablo dice que esa lucha no es contra sangre y carne, sino contra poderes de las tinieblas, entidades espirituales poderosas que están detrás de toda una orquestación tratando de deshacer y de oponerse a los planes de Dios y a la verdad de Dios.

La lucha es intensa, es poderosa, y estas entidades son definidas como huestes. No son una o dos; son grandes cantidades de entidades que Pablo les llama huestes espirituales. Pero no pase por alto este término: "de maldad en las regiones celestiales". Tenebrosas, que viven en lugares y representan las tinieblas, la oscuridad. Huestes que no tienen nada en común con la luz ni con la verdad; son perversas, son malvadas, malvadas de mentalidad, torcidas, que disfrutan de todo lo que es contrario a la verdad de Dios. Que probablemente están detrás de toda esta violencia, la droga, la pornografía y sexo perverso contrario al diseño de Dios. Que han sabido engañar al hombre de diferentes maneras, que saben cómo operar, y sin embargo los hijos de Dios no saben cómo luchar muchas veces porque se les ha vendido precisamente una idea errada de lo que es la guerra espiritual y de cómo librarla.

Nosotros sabemos que múltiples religiones de la antigüedad, de la región, de movimientos pagados de hoy en día, tienen sus ritos en medio de actos sexuales perversos, orgías, borracheras, y en medio de todo eso hay una serie de invocaciones a espíritus, a demonios, tanto en el pasado como el día de hoy. Y donde esas cosas se juntan no estamos seguros, pero de que estas huestes están detrás de toda esa perversidad, la Palabra no nos deja la menor duda.

¿Quiénes son? ¿Cómo llegaron a ser estas huestes y por qué tienen poder? Bueno, eran ángeles, eran ángeles creados de acuerdo a la Palabra para vivir en la presencia de Dios, bendecir la causa de Dios y responder a los dictámenes de Dios. Pero en algún momento dado estas entidades angelicales se rebelaron, se agruparon, se fueron detrás de una cabeza que la Palabra reconoce como Satanás, y Dios las castigó.

2 Pedro 2:4 nos dice exactamente lo que Dios hizo en el momento: "Porque si Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a fosos de tinieblas reservados para juicio." Cuando se rebelaron, cuando quisieron tomar el poder de la gloria de Dios, Dios los arrojó a fosos de tinieblas.

Judas 1:6 nos refuerza la idea: "Y a los ángeles que no conservaron su señorío original..." Dios les dio un señorío, Dios les dio autoridad para que la ejercieran de manera delegada, como le dio autoridad a Adán y Eva y le dijo: "Sojuzgad la tierra, dominadla, sed fructíferos." Les dio una autoridad delegada, un señorío delegado. Por eso habla la Palabra de que no conservaron su señorío original, sino que abandonaron su morada legítima. El poder que disponían era legítimo, Dios se lo había dado y de forma delegada debieron haberlo ejercido. Pero no, querían independencia y autonomía. Y por tanto, dice el texto, entonces continúa Judas 1:6, que los ha guardado en prisiones eternas bajo tinieblas para el juicio del gran día.

Eso son las huestes, esos son los demonios. Algunos libres, aún sueltos. No sabemos por qué Dios encadenó a unos y dejó a otros libres, pero no hay duda de que hay un grupo que está en prisiones. Esa es la razón por la que cuando Cristo se encuentra con este hombre endemoniado y los demonios le dicen: "No te acerques a nosotros a vernos, que Tú eres el Santo, el Hijo del Dios Altísimo," lo primero que le piden a Jesús es: "No nos mandes, no nos envíes al abismo, no nos envíes a las prisiones." Ellos estaban disfrutando de cierta libertad, y eso nos da a nosotros una idea de que Cristo también reconocía la actividad demoníaca a Su alrededor, y que por otro lado, estos también reconocían que podían ser encarcelados desde entonces en vez de esperar hasta un juicio posterior.

¿Cuántos son? No sabemos, pero Apocalipsis 12:4 nos habla de que potencialmente hasta un tercio de los ángeles de Dios se acogieron a Satanás en su rebelión y fueron echados de la presencia de Dios.

Esa actividad no se limita al tiempo de Cristo. Esa guerra espiritual, como ya vimos, comienza en el Génesis y la podemos ver a lo largo del Antiguo Testamento de diferentes maneras, y la podemos ver a lo largo del Nuevo Testamento ya continuado hasta el día de hoy. En Génesis 3 tú encuentras a Satanás disfrazado de ángel de luz, de alguien que viene a traer nueva revelación, de alguien que viene a Adán y Eva y conversa con ellos y les dice: "¿Con que Dios realmente ha dicho?" Y en esa conversación les vendió una mentira haciéndoles creer que era la verdad: "No, lo que ocurre es que el día que comáis de este árbol, seréis como Dios." Eso fue exactamente la rebelión de Satanás; él quería ser como Dios. Nos dice Ezequiel, nos dice Isaías en el capítulo 14 y 28 respectivamente, o 28 y 14: Ezequiel 28 e Isaías 14.

Los engaños, esa es una de las estrategias de Satanás: el engañarnos, el hacernos creer una cosa que no es, el prometer algo que no puede entregar. Lo vemos también en Primera de Crónicas 21, incitando a David a hacer un censo de Israel. Distrajo la atención de David en un momento de debilidad del rey David, un hombre que había confiado hasta ese momento en el poder de Dios, en la cobertura de Dios, en Dios como su escudo. De un momento a otro comenzó a hacer un censo confiando en sus soldados, confiando en sus caballos. Y distrajo a David, y eso es una de las maneras como Satanás a veces nos logra distraer la atención, nos desenfoca, nos hace distraer, nos hace poner la atención en algo que no debiéramos estar poniéndola, sobre todo en momentos cruciales de la batalla, y nosotros pagamos las consecuencias. Distracción del creyente.

En el libro de Job nosotros lo vemos atacando la familia de Job físicamente, eliminando diez de sus hijos, atacando el cuerpo, la salud de Job, con la idea todo el tiempo, obviamente, de que Job se desencantara de Dios. El texto comienza diciendo que Satanás tenía un cerco de protección a su alrededor, y como él tiene una conversación con Dios, le dice: "Claro, ¿cómo es que tú piensas que tu siervo no va a confiar en ti si tú lo tienes protegido?" Y en este momento está tratando de hacer que Job se desencante de Dios, como se desencantó su esposa cuando le dijo a Job: "Maldice a Dios y muérete."

En el libro de Zacarías, capítulo 3, nos encontramos a Satanás acusando a Josué, el sumo sacerdote, de que no tenía la capacidad, la santidad para representar ese cargo. Y Dios se levanta en su defensa, le dice: "Este es un tizón sacado del fuego. Por mí te reprendo, Satanás." ¿Te das cuenta cuál es su estrategia en ocasiones? Descorazonar a los hijos de Dios, hacerles creer que por nuestra falibilidad, por nuestra debilidad no estamos capacitados para desempeñar la función a la que Dios nos ha llamado en ocasiones.

Eso es Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento tú lo encuentras de una manera sumamente activa. Te encuentras a Satanás con Cristo en un encuentro cara a cara, un encuentro de titanes: el Rey de la gloria y el rey de las tinieblas enfrentados uno a uno, cuerpo a cuerpo. Esta es una entidad atrevida que tiene el coraje de ir a tentar a Dios mismo para que Él no adore al Padre sino que lo adore a él. Él no tiene escrúpulo, no tiene moral, no tiene vergüenza. A él no le importa lo que pueda hacer con tal de que él pueda destruir los planes de Dios. Él conoce para dónde va. Él está tratando de evitarlo. Su estrategia: tentar abiertamente en ocasiones, como lo hizo con Cristo.

En Mateo 16 te encuentras ahora a Pedro tratando de impedir que Jesús llegue a Jerusalén, donde Él va a ser crucificado, donde la cruz va a derrotar los poderes de las tinieblas, dice Colosenses 2. Y de repente te encuentras a Jesús diciéndole a Pedro: "Apártate de mí, Satanás, me eres piedra de tropiezo." Satanás usando a un creyente, a un apóstol para oponerse a los planes de Dios, de tal manera que en ocasiones, si él gana acceso a tu mente como vamos a hablar, él podría usar esa otra de sus estrategias: un hijo de Dios para que se oponga a otro hijo de Dios. Y de esa manera sería más creíble lo que él trata de hacer.

En Lucas 22 lo encuentras pidiendo permiso a Dios para zarandear a Pedro. Es otra de sus estrategias: sacudirte tan fuertemente que tú puedas caer. Es como cuando tú ves un árbol en medio de una tormenta siendo zarandeado para aquí, para allá por los vientos y los frutos cayendo. Y así él quiere zarandear mi vida, mi matrimonio, mi familia, y zarandea mi vida hasta el punto que de repente se caen algunos de mis frutos, y comienzan mi hijo, mi esposa, mi esposo a sufrir las consecuencias del zarandeo. Y Cristo le dice: "Pedro, yo he rogado por ti. Pedro, yo he intercedido a favor tuyo."

En Hechos 5 tú lo encuentras, dice el texto, llenando el corazón de Ananías y Safira de mentira. Él es llamado el padre de mentira. En el contexto hebreo, la palabra "padre" implica fuente, generador, origen. Él es la fuente de toda mentira, él es el creador de aquello que es contrario a Dios. Dios es, Cristo viene y dice: "Yo soy la verdad." Satanás viene y él es el padre de la mentira, todo lo opuesto.

En Segunda de Corintios 12 tú lo encuentras abofeteando a Pablo, haciéndole la vida imposible. En Primera de Tesalonicenses 2:18, Pablo dice: "Cuánto yo he añorado haber llegado a ustedes antes. Satanás me lo impidió." Permitido por Dios, sí, pero una oposición hubo, inconvenientes, hubo dificultad en llegar hasta Tesalónica en ese momento, y Pablo lo entiende y lo admite.

Eso nos da una idea de algunas de sus estrategias, de algunas de sus artimañas, de cómo libra estas luchas. Pablo nos habla en Segunda de Corintios 2:11 de los ardides o artimañas o estrategias, dependiendo de la traducción que tú tengas, de Satanás. Pero escúchame, si es una estrategia no es algo que lanza al azar. Una estrategia no es algo que tú tiras a ver a quién se le pega, en buen dominicano. Una estrategia es algo que tú diseñas, que tú calculas, que tú mides, que tú probablemente lo vas a hacer incluso a la medida de la persona a quien tú estás tratando de hacer caer. Una estrategia es algo que te va a engañar, que te hace creer una cosa, pero cuando en realidad va a ser otra.

Y él tiene su estrategia. Ha engañado a la iglesia con este coraje de estar reprendiendo y reprendiendo y reprendiendo y concentrándonos en él y no en Dios. Ha venido por la puerta de atrás y ha hecho sus estragos. Es como lo que ocurrió en la guerra de Estados Unidos con Irak, la primera guerra. Los barcos norteamericanos, los barcos de guerra se pararon en la costa, abrieron sus barrigas, mostraron que iban a desembarcar. El enemigo se concentró a lo largo de la playa y el ejército norteamericano vino por el otro lado y los exterminó. Así son las estrategias: son calculadas para destruir a tu enemigo, engañarlo, hacerle creer una cosa cuando en realidad es otra.

Satanás ha hecho eso con la iglesia de Cristo. La ha entretenido, la ha enfocado en demonios, en Satanás, en esta guerra espiritual, y la iglesia ha olvidado su Palabra, su cruz, su fuerza, su causa, el señorío de Cristo y el poder de Cristo, y la manera como Cristo diseñó esta estrategia para nosotros.

El campo de batalla en nuestras vidas es nuestra mente. Déjame hablar de Segunda de Corintios 10:3 al 5 para que lo vayas comenzando a entender. En la mente se libra la batalla más feroz entre nosotros y nuestro archienemigo. "Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne, porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo."

Escucha lo que Pablo está diciendo ahora. Andamos en la carne, en otras palabras, tenemos una vida terrenal, tenemos un cuerpo terrenal. Pero no luchamos según la carne, pero esta lucha no es mano a mano como lo que hubo en los estadios, en las arenas de deportes. No, dice, nuestras armas no son carnales, no son de este mundo. Hay una estrategia que Dios ha diseñado de la cual tú y yo tenemos que hacernos y hacer uso, de hacer uso de esas armas que no son las armas que la iglesia está usando. Y estas armas son poderosas en Cristo Jesús, ¿para qué? Para destrucción de fortalezas.

La pregunta es: ¿qué son fortalezas? El próximo versículo te lo dice inmediatamente: especulaciones, razonamientos altivos que se levantan contra el conocimiento de Dios. En otras palabras, son formas de pensar, sistemas, escuelas de pensamiento que le han ido enseñando al hombre que no hay un Dios creador, que lo que ha habido es una evolución, Dios no existe. Formas que se levantan y suprimen la verdad de Dios. Lo dice su Palabra en Romanos 1:18, que la ira de Dios se manifiesta contra todos aquellos que suprimen la verdad de Dios. Y eso es exactamente lo que estas especulaciones y pensamientos altivos son.

Filosofías extrañas, filosofías falsas, erróneas, que son poderosas porque toman la mente del hombre, se apoderan de ella, le hacen creer una cosa, le hacen vivir de una manera, niegan a su Dios creador. Y Dios dice: "Habiendo conocido a Dios, ni me reconocieron como Dios ni tampoco me dieron gracias." Por tanto, esas fortalezas son poderosas porque nos dominan, nos controlan, no sabemos cómo deshacernos de ellas. Y son fortalezas que varían de persona a persona, de una vida a otra vida. Sistemas de pensamiento, legislaciones que promueven pornografía, promueven lo que es el sexo contra natura diseñado por Dios, promueven la violencia pero suprimen la verdad, promueven el aborto, la eutanasia de lo que es la imagen de Dios en el hombre. Dios dice que su ira se revela contra todo aquel que suprime su verdad.

En medio de eso, Dios nos ha llamado a luchar una batalla, y la estrategia de Dios es estar firmes en el Señor. La pregunta es: ¿cómo yo puedo estar firme en Él? ¿Cómo yo puedo, en medio de este mundo de mentira, de engaño, de violencia, permanecer firme en Dios? Bueno, si comenzamos a entender cómo se libra esta batalla, vamos a entender cómo podemos estar firmes en Él.

Pero recuerda que el campo de batalla es la mente, y no solamente la mente del creyente, es la mente del incrédulo también. Segunda de Corintios 4:4, escúchame: "En los cuales el dios de este mundo" —que es una referencia a Satanás— "ha cegado", escucha ahora qué cosa, "el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del satisfechoEvangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios". Él ha creado ceguera espiritual, ceguera mental; su entendimiento está entenebrecido, no le permite ver la verdad de Dios. Él es el causante de eso; por eso es llamado el dios de este mundo, y Juan 12:31 le llama el príncipe de este mundo.

¿Por qué le llaman el dios de este mundo y el príncipe de este mundo? Él es el creador de escuelas de pensamientos, de falsas religiones, de falsas filosofías, de falsas doctrinas, de falsos maestros, de sensualidad perversa, de violencia. Su nombre es destructor, calumniador, acusador —diferentes nombres que son dados a lo largo de la revelación de Dios—, y eso de lo que yo acabo de hablar son tres de ellos: acusador, destructor, calumniador. Nada bonito el cuadro de Satanás.

La lucha es real, las entidades son muchas, su poder es poderoso, sus artimañas son innumerables, pero la Palabra nos asegura una y otra vez: mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo. Y el hijo de Dios necesita descansar confiado en esa realidad. "Mas, oro, yo lo creo, pero ¿qué hago?" Aquí están los versículos 10 y 11.

No vamos a exponer todo el texto. Vamos a dedicar dos mensajes diferentes a este tema. Yo no voy a abordar la armadura de que habla Efesios 6; simplemente voy a hacer la introducción conceptual de todo lo que esta batalla es y de cómo se supone que yo debiera comenzar a librar esta lucha.

Pero el versículo 10, el texto que yo leí: "Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de Su fuerza. Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo". Fortaleceos en el Señor; la palabra ahí en el griego es endynamoó para "fortaleceos". La palabra "poder" es dýnamis, de donde nosotros tenemos la palabra "dinamita". Cuando la Palabra de Dios se refiere al Espíritu de Dios que mora en nosotros, habla precisamente de que ese es el poder que levantó a Cristo de entre los muertos. Dice: ese es el dýnamis que levantó a Cristo de entre los muertos. Es la dinamita explosiva dentro de nosotros que tiene la capacidad para destruir fortalezas que se oponen precisamente a Dios, y mi llamado es a fortalecerme en el Señor y en el poder de Su fuerza.

Escucha: no en mi fuerza, no en mi fortaleza, en la fuerza del Señor, en el poder del Señor que es ilimitado y es soberano. Lo que implica que es un poder que no se gasta, que no se debilita, que no se cansa, porque es ilimitado y es soberano, lo cual implica que Dios lo usa cuando Él quiere, como Él quiere, en la manera que Él quiera, para los propósitos que Él considere, y que nadie puede estorbar su operación. Y en ese poder ilimitado, incansable, que no se gasta, que no se consume y que hace lo que quiere cuando quiere, está mi fortaleza. No en nosotros, no en mi sabiduría, no en lo que yo pueda entender.

La Palabra de Dios habla entonces en el versículo 11 de que yo debo ponerme toda la armadura de Dios: "Revestíos con toda la armadura de Dios". Esa palabra para "revestíos" o "ponerme" o "colocarme" es la palabra endýo en el griego. ¿Por qué tanto insistir en el lenguaje original? Nos ayuda a entender mejor lo que está diciendo, porque endýo hace referencia a algo que yo hago una vez y para siempre.

Esta locura de nuestros días de enseñar al cristiano: "No, no, no, no salgas de tu casa sin ponerte la armadura de Dios"... La Palabra de Dios no habla de que yo tengo una armadura que me quito y me pongo. Yo no me la puse en primer lugar; la armadura es de Dios, no de Miguel Núñez. Me la entregaron el día que Él me salvó. Yo necesito aprender a usarla: qué fue lo que me dio, qué me entregó, con qué me equipó, en qué consiste, para saber cómo se usa. Él me la puso y solamente Él me la puede quitar. Se llama la armadura de Dios. Endýo. Con esa armadura yo tengo un llamado a estar firmes: "para que podáis estar firmes".

Una vez más, excusen las múltiples referencias al original, pero textos como estos y controversiales tienen que verse a la luz de lo que el autor plasmó. Y cuando habla de "estar firmes", nos dicen los lingüistas una vez más que esto tiene que ver con un soldado o un pelotón de soldados al cual se le ha entregado una posición y se le ha pedido que defienda esa posición y mantenga la posición. El día que Dios me salvó, Él me dio una posición, me equipó con una armadura y me pidió entonces que mantuviera mi posición, la posición entregada, con Su poder, con Su armadura. Y en eso yo puedo estar firme entonces en Cristo.

Y esa idea de estar firme es bajo ataque, es bajo presión. No estar firme cuando yo no estoy siendo atacado; así cualquiera puede estar firme. Es cuando yo estoy siendo acosado por el enemigo. Esa es la idea: en esa circunstancia, si sabes lo que es la guerra espiritual, si sabes lo que es tu armadura, si sabes cómo librarla, tú podrás defender la posición que yo te entregué con los medios que yo te entregué.

Déjame llamar la atención sobre esto una vez más. La armadura es de Dios, Efesios 6:11. La batalla es del Señor, 1 Samuel 17:47. La causa por la cual luchamos es de Dios, Efesios 3:1. Y el ejército que lucha contra las huestes espirituales es llamado el ejército de Dios. Es de Dios esta guerra, de principio a fin. Nosotros no tenemos que estar amedrentados por el enemigo si sabemos a quién le pertenecemos y cómo luchar lo que Él nos dijo que podíamos luchar. Y vencer. Él no nos puso aquí para ser derrotados, sino para vencer en Su nombre, en Su poder, bajo Su autoridad, para Su honor y Su gloria. Las huestes son numerosas y son poderosas, pero en vista de todo lo que hemos venido diciendo, no tenemos nada de qué amedrentarnos. Dios nos pide que nosotros dependamos de Él.

Escucha la próxima instrucción: "Por tanto, tomad toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes". La armadura que Dios me entregó, oye, ¿para qué es? Para que yo pueda resistir cuando las cosas vayan bien, no: en el día malo. En el día de la tentación, en el día de la emboscada, en el día de la presión, en el día de la estrategia contra mí, para que podáis estar firmes en el peor de los días. Pero si yo no sé cómo luchar esa batalla y qué en el camino toca hacer, yo voy a estar disparando tiros donde el enemigo no está.

Eso es lo que la Iglesia ha hecho en los últimos veinte o treinta años. Ha empuñado sus armas espirituales y ha estado disparando en todos los lugares donde Satanás no está, y él por aquí atrás, diciéndonos, sacándonos la lengua espiritual. Y los hijos de Dios no aprenden.

Hoy, ¿cuál es el llamado? Reiterativo. Excúsame si esta repetición que te voy a hacer ahora te cansa, pero te va a dar a entender cuál es tu llamado. Una y otra vez: 1 Corintios 15:58, "Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes". 1 Corintios 16:13, "Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes". 2 Corintios 1:24, "Porque en la fe permanecéis firmes". Gálatas 5:1, "Por tanto, permaneced firmes". Efesios 6:11, "Para que podáis estar firmes". Efesios 6:13, "Estar firmes". Efesios 6:14, "Estad firmes". Filipenses 4:1, "Estad firmes en el Señor". Colosenses 4:12, "Para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios". 2 Tesalonicenses 2:15, "Así que, hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas". 1 Pedro, y última, 5:9, "Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que..." y el resto del texto continúa.

Mi llamado es a estar firmes. "Pastor, pero ¿cómo yo puedo estar firme?" Yo lo acabo de leer. El texto lo dice: en la fe, en la voluntad de Dios y en la doctrina que se me ha enseñado. Cuando yo me paro en la Palabra enseñada por Dios, por Su Espíritu, yo tengo una roca inamovible que me sirve de base. Cuando esa roca es mi ancla, cuando permanezco ahí, cuando tengo confianza en Dios, cuando yo puedo entonces vivir en la voluntad de Dios, Dios me hace ser inamovible.

La batalla es del Señor, no mía ni es tuya. El hombre tiene una idea agrandada de lo que él puede hacer, y continuamente yo escucho verbalmente personas luchando contra entidades que, si Dios no tuviera misericordia, los llevaría a desmayo en un segundo. Ciudades poderosas, de una manera no bíblica.

Corinto era una iglesia inmersa en un mundo pagano. Ya hemos hablado que su templo tenía mil prostitutas que ellos llamaban sagradas, donde día a día se llevaban a cabo estas orgías con rituales dedicados a seres demoníacos. En medio de eso, Dios planta una iglesia: la iglesia de Corinto. Y esta iglesia comenzó a tener problemas; hubo problemas de división, hubo problemas de todo tipo.

Y lo que queremos hacer rápidamente, haciendo uso de una observación que Wayne Grudem hace en su libro de Teología Sistemática... Grudem es probablemente uno de los teólogos más balanceados a los cuales yo me haya podido exponer. Él hace una observación sumamente sabia. Porque no hay duda —lo hemos dicho esta mañana— que entendemos que hay huestes espirituales de maldad en las regiones celestes tratando de engañar al hombre, dividir al pueblo de Dios, crear todo eso, crear perversidades sexuales y demás. Pero escucha ahora: en la iglesia de Corinto, en la iglesia donde el capítulo doce se nos dice que estaban presentes todos los dones, a esta iglesia no le faltaban dones.

Cuando comienzan a pasar cosas, escucha las instrucciones de Pablo. Cuando hubo división entre ellos, él no les mandó a expulsar el demonio de división, como la iglesia hace hoy, sino que fueran de un solo sentir y de un solo corazón. En eso estarían firmes. Cuando hubo un problema de incesto, Pablo no les dice que expulsaran el demonio de incesto, como muchas veces hemos oído. Pablo mandó a que lo trajeran a la iglesia, le hicieran disciplina pública, lo expulsaran de la iglesia. Ustedes lidian con él. No expulsaron el demonio a aquel que cometió incesto, él es el culpable. Es fácil excusar nuestras conductas cuando queremos echarle todo a un demonio.

Cuando la iglesia de Corinto tuvo problemas en la corte y los creyentes estaban demandando a otros creyentes llevándose a la corte civil, Pablo les dice: "No, vengan a la iglesia, busquen sus autoridades espirituales y puedan decidir esos casos dentro de la iglesia." No les mandó a expulsar el demonio de litigios. Hubo problema de excesos en la Cena del Señor. En la Cena del Señor, en la comunión, hubo problema de excesos. Pablo no les mandó a expulsar el demonio de glotonería, sino a que se examinara cada uno antes de tomarla. Y que recordaran que algunos por los excesos cometidos Dios les había quitado la vida y que otros estaban enfermos.

¿Te das cuenta de la enorme diferencia que existe entre la enseñanza bíblica y la manera como la iglesia de hoy quiere llevar a cabo esta lucha espiritual? No hay duda de que hay actividad. Nosotros hemos estado en presencia, un par de ocasiones, de personas endemoniadas. No estamos quitando esa posibilidad y realidad. Estamos hablando de cómo llevar a cabo la lucha que Dios nos ha dado.

Esta idea que hoy se vende, lo que se llama el evangelismo de poder, "Power Evangelism", de que antes de entrar a una región a predicar la Palabra hay que ir a reprender, hay que hacer una cartografía, ahora hay que todo lo que se habla de espíritus que tienen controles territoriales, hacer una cartografía, reprender a estos espíritus para poderles predicar el Evangelio para que sea efectivo. No, la Palabra en ningún momento hace señalamientos ni cercanos a eso. El Evangelio por sí es el poder de Dios para salvación. No hay más que predicarlo. Su Palabra es como un león, decía John MacArthur, y solamente tiene que soltarla y se defiende sola. Así es su Palabra. Solamente tiene que desatarla, ella se defiende sola. No me necesita a mí.

Una vez más, en la medida en que traigo esto a un cierre, de otra manera déjame enfatizarte una vez más la realidad de estar firmes, que es nuestra estrategia contra ese archienemigo. Estar firmes y resistir. Santiago 4:7, escucha: "Por tanto, someteos a Dios." Oye lo próximo: "Resistid, pues, al diablo, y huirá de vosotros." Oye, ¿cuál es el llamado cuando él viene a mi vida? Resistir al diablo y huirá de vosotros. A vivir por fe, Efesios 6:16, porque por la fe yo puedo apagar todos los dardos encendidos del enemigo. A vivir por la Palabra, que la armadura que hoy no hemos abordado le llama la espada del Espíritu, y Hebreos 4:12 define como más cortante que cualquier espada de doble filo. A vivir en su voluntad, Colosenses 4:12, lo cual me hace firme. A predicar el Evangelio que es el poder de Dios para salvación, Romanos 1:16.

A vivir en santidad. Cuando vivo en santidad eso hace posible que Dios quiera hacer fluir su poder a través de mi vida. Y algo más: la santidad de mi vida le da poder a mi oración. Santiago 5:16: "La oración del justo es poderosa y eficaz." Cuando vivo en santidad tengo una oración poderosa porque Dios se complace en oírme y Él se complace en hacer fluir su poder a través de mi vida. A estar alerta, 1 Pedro 5:8, porque Satanás anda buscando a quién devorar. Quizás te ha dado algunas mordidas ya, o a tu esposa, o a tus hijos, a tu matrimonio, a las ovejas de la iglesia.

Y algo más. La Palabra de Dios nos llama en esta guerra espiritual a no dar lugar al diablo. Por eso escucha un texto como Pablo dice claramente con relación a una conducta que muchas veces es muy común a nosotros. Efesios 4:26-27: "No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo." Lo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender es que, como nuestra mente es el campo de batalla y Satanás está tratando de ganar acceso a mi mente, una de las maneras como él hace eso es cuando nosotros permanecemos airados y quedamos ahora fuera de control. En nuestra ira nosotros vemos las cosas distorsionadas, confundimos la verdad del error, no sabemos lo que es dulce y lo que es amargo, porque nuestras emociones nos están ofuscando. En ese momento mi mente es presa fácil de sus influencias, de sus acciones, de sus empujes, de sus engaños. Y Pablo dice: "No permitas que se ponga el sol sobre tu enojo, porque tu enojo te quita el control y Satanás gana acceso a tu mente. No deis lugar al diablo."

Cuando Satanás ganó acceso a la mente de Adán y Eva, los confundió, los engañó y los venció. Y cuando Satanás gana acceso a nuestra mente, hace exactamente lo mismo.

En el próximo mensaje vamos a hablar de la armadura de Dios, pero en el interín, ¿qué hacemos? Esto va a estar difícil, hermanos. Yo creo que si esta guerra espiritual fuera tan complicada como la iglesia de hoy la ha convertido, donde hay textos más gordos que la Biblia que hablan de la guerra espiritual, yo creo que Dios nos hubiera dado instrucciones muy claras en su Palabra de la complejidad de todos estos. Esto no es tan difícil, esto no es tan complejo. Tú permaneces firme, tú le resistes y él huye de ti.

Bueno, ¿y cómo yo hago eso? Escucha, es bien sencillo. Yo lo voy a resumir con esto, cierra: Tú amas la verdad, tú buscas la verdad, tú eliges la verdad, tú vives por la verdad, tú caminas en la verdad, tú obedeces la verdad, tú hablas la verdad, tú trabajas para la verdad, tú eres fiel en la verdad, tú adoras en verdad y tú manejas con precisión la Palabra de verdad. Ahí está, es no complicado. Es su batalla, es su guerra, es sencillo. Deja que Él pelee su batalla, es suya. Mi llamado es estar firmes. ¿En quién? En Él, en su sabiduría, y de hacer entonces lo que me toca hacer para que, habiendo hecho lo que me toca hacer, yo pueda permanecer bajo su sombrilla de protección.

Mira lo sencillo que es, si todavía no me crees. Los discípulos vienen a Cristo, y con esto voy cerrando: "Señor, no sabemos cómo orar. Enséñanos a orar." Discípulos, es muy sencillo: santifica mi nombre, pide por mi voluntad ahora en la tierra como en el cielo, pide por tu necesidad de cada día, tu Padre sabe lo que tú necesitas, asegúrate de que se perdonen unos a otros para que no le den lugar al diablo. Y algunas cosas que estoy comentando, verdad, cuando Cristo dice en el Padre Nuestro: "Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores." Escucha ahora en la petición de cómo orar, a donde o cómo Cristo reduce la batalla espiritual: "Y líbranos del maligno." Amén.

Guau. Porque yo creo que ese era el momento para Cristo decirles: "Bueno, que oren es complicado. Yo no puedo enseñar esto en un minuto o dos. Y esta batalla espiritual de la que no hemos hablado, esto es complicado." Líbranos del maligno. La Palabra dice, muchas veces en sus traducciones mal, el original dice: "Líbranos del maligno", haciendo referencia a Satanás. Amén.

Si tú permaneces en la verdad y le dejas a Dios que haga su trabajo y tú haces el tuyo, tú estás del otro lado. Porque no hay nada ni nadie que nos pueda separar del amor en Cristo Jesús. Ni lo alto, ni lo bajo, ni principados, ni poderes, ni potestades, ni lo presente, ni lo futuro, ni ninguna otra cosa creada, o este ser espiritual, nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.