IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Los ataques del 11 de septiembre apuntaron a dos blancos estratégicos: el poder económico y el militar. De manera similar, el enemigo del pueblo de Dios ha concentrado sus ataques en dos puntos cruciales a lo largo de dos mil años: la Palabra de Dios —olvidada, distorsionada, comercializada— y el liderazgo de la iglesia, caído en descrédito. Y si se mira bien, ambos problemas se reducen a uno solo: es el liderazgo quien abusa, manipula o ignora la Palabra.
Cuando la iglesia primitiva comenzó a crecer explosivamente —tres mil conversos primero, luego cinco mil hombres sin contar mujeres y niños—, surgieron quejas y presiones nuevas. Los apóstoles respondieron reorganizando prioridades: eligieron siete hombres llenos del Espíritu Santo y sabiduría para atender las necesidades prácticas, mientras ellos se dedicaban fervientemente a la oración y al ministerio de la Palabra. El resultado fue inmediato: la Palabra crecía, los discípulos se multiplicaban, y hasta sacerdotes judíos obedecían a la fe.
El pastor o anciano —títulos que en el Nuevo Testamento describen la misma función— debe reunir sabiduría espiritual, capacidad de supervisión y corazón de pastor que alimenta y protege. Su autoridad no proviene de títulos ni preparación académica, sino de tres fuentes: la unción de Dios, el conocimiento preciso de las Escrituras y la integridad entre sus palabras y sus hechos. Cristo enseñaba como quien tenía autoridad porque decía y hacía; los fariseos perdieron credibilidad porque decían pero no hacían.
El llamado final resuena desde la restauración de Pedro: "¿Me amas? Alimenta mis ovejas". La prueba del amor a Cristo se demuestra en el cuidado fiel de su grey, esa que Él compró con su propia sangre.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
A raíz de los ataques del 2001, septiembre 11, sobre las Torres Gemelas, sobre el Pentágono, un especialista en la religión musulmana islámica decía que él entendía que estos dos blancos no fueron escogidos al azar, sino que fueron puntos estratégicos. Estratégicamente escogidos por el enemigo que se proponía, al atacar las Torres Gemelas, dañar y destruir el poder económico que esas torres representaban, y que como el Pentágono nos representaba el poder y la arrogancia militar de los Estados Unidos, ese fue el segundo blanco. Y lo irónico es que estos hombres supieron elegir, escoger armas norteamericanas para hacerle daño al poderío norteamericano: tres aviones americanos contra las torres.
Y yo mencioné eso a manera de comparación de cómo el enemigo del pueblo de Dios ha trabajado y se ha enfocado en dos blancos también, en dos puntos estratégicos. Y todos los errores, todos los problemas que la iglesia ha cosechado en los últimos dos mil años, derivan de dos fuentes que el enemigo se ha propuesto dañar o destruir. La primera es la Palabra, que al ser predicada es olvidada, es ignorada, es distorsionada, es minimizada, es alegorizada, es relativizada, es marginada, es pragmatizada, comercializada y abusada. Y el próximo blanco es el liderazgo de la iglesia, un liderazgo en descrédito, no solamente dentro del seno de la iglesia sino también fuera de la iglesia.
El abuso de la Palabra y el descrédito de su liderazgo, ahí están las dos fuentes cardinales, esenciales, de todos los males de la iglesia en dos milenios. Y de esos dos todavía pudiéramos resumirlo a uno solo: el liderazgo de la iglesia, porque es el liderazgo que abusa, comercializa, manipula, minimiza, olvida e ignora la Palabra de Dios. Y es por eso que yo he querido escoger en esta mañana un texto del libro de los Hechos, capítulo 6, en un momento crucial del crecimiento de la iglesia, porque nosotros entendemos que ahí estamos como iglesia, en un tiempo crucial de nuestro crecimiento. Y es importante que nosotros veamos bíblicamente cómo estos hombres respondieron y se levantaron a la altura del desafío y del reto.
El versículo 1, capítulo 6, del libro de los Hechos: "Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos y dijeron: No es conveniente que nosotros descuidemos la Palabra de Dios para servir mesas. Por tanto, hermanos, escoged de entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea. Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la Palabra. Lo propuesto tuvo la aprobación de toda la congregación y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. A los cuales presentaron ante los apóstoles, y después de orar pusieron sus manos sobre ellos."
Escucha: "Y la Palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe."
Padre, gracias de nuevo por tu Palabra inspirada. Una vez más, Dios, te pedimos que esa misma inspiración, a través de tu Espíritu, puedas hacer con tu siervo, que tú pases tus carbones encendidos sobre sus labios, que tú le des gracia y verdad y poder en la predicación de lo que tú has inspirado, y que nosotros podamos ser inspirados por lo que hoy hallamos. Permite, Dios, que tu iglesia se levante a la altura de su llamado para esta época, en Cristo Jesús.
Nosotros vemos en un momento dado cómo los apóstoles reorganizaron la iglesia en un momento en que la iglesia se lo exigía debido al crecimiento numérico de la misma. El contexto es bien sencillo. La Palabra comienza a ser predicada, no había ninguna organización de ningún tipo, no había la necesidad, los apóstoles lo hacían todo. Y en la medida en que la iglesia comienza a crecer, en el capítulo 2 de esa historia hay tres mil nuevos conversos. Mueves las páginas y dos capítulos más tarde hay cinco mil hombres; no sabemos cuántas mujeres, cuántos niños o adolescentes, pero hombres ya había cinco mil. El crecimiento se estaba haciendo difícil de manejar, y es precisamente en ese momento que surgen nuevas quejas, nuevos desafíos, nuevas dificultades, nuevas presiones, y ellos tienen que responder a las nuevas necesidades.
De esta misma manera nosotros hemos entendido en este año que hay nuevo crecimiento, nuevos desafíos, algunas quejas. Esos son parte de los dolores del crecimiento, no lo podemos evitar, pero se hace necesario levantarnos a la altura del desafío que Dios pone delante de nosotros. Y eso es lo que hace que hace unos meses atrás, en un retiro personal, yo comenzara por revisar mi propia vida, mi propio hogar, mi propio matrimonio, para luego continuar pasando revista a una serie de cosas en medio de las cuales todavía aún estamos porque son cruciales en la estructuración de la nueva etapa de crecimiento de la iglesia. Esta estructuración de la membresía obedece a parte de esa revisión, y más viene de camino. Esto es vital si nosotros vamos a abrazar lo que Dios está poniendo delante de nosotros. Lo vale la pena porque es su causa.
Y cuando estos apóstoles que comienzan a abrazar su causa se dan cuenta que ya no pueden continuar haciéndolo todo, ellos entienden que se hace necesaria la división de dos grupos de líderes. "Nosotros nos vamos a dedicar a la oración y a la administración de la Palabra porque no es conveniente que nosotros descuidemos la Palabra para atender mesas. Lo podemos hacer, pero no es conveniente. De manera que nosotros recomendamos que entre ustedes puedan ser escogidos siete hombres." No cualesquiera; la idea no era que servir mesa lo podía hacer cualquiera tampoco. No, habían de ser hombres llenos del Espíritu Santo, con sabiduría, con buena reputación, que ustedes conozcan, con buen testimonio entre la congregación. Y que ellos puedan ayudarnos a atender las necesidades físicas de estas viudas que estaban en queja, quizá con razón, y que ellos puedan ayudarnos a terminar de administrar al resto del cuerpo de Cristo. Pero nosotros entendemos como apóstoles y primeros ancianos de la iglesia que se hace mandatoria la dedicación al ministerio de la Palabra y al ministerio de la oración.
Cuando ellos reorganizan sus prioridades, escucha el resultado, versículo 7: "Y la Palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes, los líderes judíos, obedecían a la fe." Cuando la iglesia tiene clara su prioridad, cuando la iglesia tiene clara su organización y su estructura, la iglesia entiende qué necesita continuar haciendo. Y en la medida en que la iglesia creció, resulta que el manejo de la Palabra, el entendimiento, la profundización de su conocimiento, continuó avanzando.
Hasta el punto que cuando tú llegas al capítulo 18 del libro de los Hechos, te encuentras con un hombre de nombre Apolos, que es calificado como elocuente y poderoso en las Escrituras. Elocuente y poderoso en las Escrituras, ya tiene ese adjetivo: ferviente de espíritu. El versículo 26 de Hechos 18 dice que no solamente era ferviente de espíritu, sino que hablaba y enseñaba, escúchame, con exactitud las cosas referentes a Jesús. Y que él comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga. Este hombre ya tenía la atención del fuego, hablaba con exactitud, era poderoso en palabra, era ferviente en espíritu.
Y resulta que un día esta pareja, Aquila y Priscila, lo escucharon a este hombre que ya predicaba con poder y con exactitud. Y esto es lo que dice: cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios. Y cuando él quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos que lo recibieran. Y cuando llegó, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído, de hecho, porque refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
Cuando la Palabra crecía, no solamente crecía en términos de por donde corría y se esparcía; la Palabra crecía en profundidad de entendimiento. Y tienes a este hombre poderoso en palabra, ferviente en espíritu, con exactitud de las Escrituras. Aquila y Priscila lo escuchan y dicen: "¡Hmm, le falta algo!" Lo llaman aparte, y él tiene la humildad de someterse a sus recomendaciones, y le explicaron aún con mayor exactitud el camino de Dios. ¿Cuál fue el resultado de él entender más exactamente la Palabra de Dios? ¡Escúchelo! Él refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando, manejaba ahora con más precisión, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo. "Procura estar preparado siempre para presentar defensa, apología, de la esperanza o de la razón que hay en ti." Eso nos dice Pedro.
Mientras los apóstoles fueron los primeros ancianos de la iglesia y se dedicaron al estudio y la administración de la Palabra, estos primeros hombres que eran modelos de lo que iba a llegar a ser todo el diaconato se van a comenzar a dedicar entonces a otra área de la administración y organización de la iglesia por los dones diferentes y llamados que Dios hace. Ahora, eso no les impedía que ellos no pudieran compartir la Palabra. Felipe era uno de estos siete y era un evangelista, y Esteban era uno de estos siete y murió predicando la Palabra. Pero sus dones principalmente estaban en otra área que no era la enseñanza y predicación de la Palabra, donde estaban los dones de los apóstoles y primeros ancianos de la iglesia.
Y es interesante, o penoso, ver cómo hoy, en estos megatítulos de profetas y apóstoles y hasta patriarcas como hemos estado hablando, el simple título de pastor, anciano o diácono ha ido desapareciendo.
En medio de lo que es la iglesia de Dios, ya nadie quiere ser ni anciano ni pastor; de apóstol para arriba, y pronto ser serafines y querubines. Yo quiero hablar en este día de hoy de esos dos tipos de líderes: ancianos y diáconos, porque estamos reorganizándonos en el día de hoy, en este momento.
Mira, lo que estos diáconos debían ser: hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para que se encarguen de esta tarea. Pues Febe llegó a ser diaconisa. Pudiéramos decir lo mismo de las diaconisas: mujeres de buena reputación, llenas del Espíritu y con sabiduría. Claro, porque hasta para servir se requiere de ciertas sensibilidades, ciertas sabidurías para saber cómo hacerlo, y la efectividad de mi servicio depende de la llenura del Espíritu en mí. No importa cuál sea su servicio, la llenura determina la eficacia de su ministerio, de su ministración o de su servicio.
Y los apóstoles entonces, los primeros ancianos, se iban a dedicar precisamente al ministerio de la oración y al ministerio de la enseñanza. Pero usted necesita conocer un poco del sentido, el sabor y la fuerza del original, porque no es como que yo diría: "Bueno, dedíquense ustedes a eso y nosotros nos vamos a dedicar a esto." No. La palabra ahí que es traducida como "nos dedicaremos" es proskartereó. ¿Sabes lo que significa proskartereó? Es ser ferviente en algo, el ser constantemente diligente en ese algo, el atender asiduamente a algo, es dedicarse fijamente en algo, el caminar constantemente en algo. Pero resulta que ese algo era la Palabra y su enseñanza. Fervientemente, asiduamente, continuamente, constantemente en la Palabra.
A final del año 1995, principios de 1996, siendo yo cabeza de ancianos en la iglesia donde estaba en Estados Unidos, y estando la iglesia sin pastor en ese momento, se constituyó, como siempre se hace en aquella nación, un comité de púlpito, un pulpit committee, que va a buscar al candidato. Y se me pidió entonces, como cabeza de ancianos, que escribiera un documento que apenas lo acabo de revisar porque estaba archivado, donde yo pudiera exponer a los ancianos de la iglesia, al resto de los líderes, acerca del carácter y responsabilidad de un pastor. Y yo titulé ese documento, ahora se lo traduzco: "What does it take to be a pastor?" ¿Qué se requiere para ser un pastor o anciano? Pues la misma palabra, el mismo título, la misma función, la misma responsabilidad, excepto que en aquella ocasión lo escribía como anciano; en esta ocasión escribo como cabeza de ancianos o pastor cabeza de esta iglesia. Y ciertamente lo que escribía hace doce años es casi lo que hoy expongo, es la misma convicción.
Fue un documento crucial para mi vida porque tres meses después yo sería ordenado como pastor, y dos meses más tarde sería enviado a América Latina a levantar la iglesia que hoy dirijo en cabeza junto con otros líderes. Me ayudó a entender, antes de comenzar, lo crucial de este llamado de este anciano o pastor de una iglesia, de una grey por la cual Cristo dio su sangre. Me confrontó y me hizo la pregunta: ¿tú quieres realmente asumir tal responsabilidad?
Me ayudó a ver, y con esto me despedía de la iglesia, el texto de Hechos 20, donde Pablo llama a los ancianos de la iglesia de Éfeso y se reúne con ellos para hacerles las últimas advertencias del peligro inminente en que ellos iban a incurrir tan pronto los dejara. Y cómo les advierte que después de su partida se levantarían lobos feroces de entre ellos mismos con la intención de destruir la grey. Y yo no voy a revisar este texto hoy porque hace unos meses atrás, no recuerdo exactamente dónde estamos en la serie, pero yo hablé de este texto. Y yo, Dios no me deja mentir, esa misma tarde nosotros los ancianos nos retiramos y tuvimos un tiempo de retiro revisando muchas de las cosas que hemos estado revisando.
Pero este documento comenzaba haciendo varias preguntas, y estas son las preguntas que están plasmadas allí: ¿Qué es un pastor o anciano? No hay diferencia en el Nuevo Testamento entre esos dos individuos. ¿Qué tipo de persona debe ser? ¿Qué califica a una persona para ser pastor? ¿Quién lo elige? ¿Qué es lo más importante en la vida de ese líder? ¿Sus dones, sus talentos, su preparación académica, su carácter o su llamado?
Y yo me recordaba, y le recordaba a la congregación en ese tiempo, que lo que hace a un pastor no es su reputación sino su carácter, lo que él es ahí en la intimidad donde nadie lo ve, pero que Dios escudriña. Que lo que hace a un pastor no es su conocimiento sino su sabiduría para manejar las situaciones complejas de la grey. Que lo que hace a un pastor no es su título sino su llamado, el favor o no de Dios reposando sobre él por un llamado en particular que el Espíritu de Dios le ha hecho y que ahora necesita asumir. No son sus dones, es su cuidado de las ovejas y cómo él observa sus vidas, las corrige, las amonesta, pero las protege también.
De todas esas, el llamado necesita estar por encima de todas las cosas. Yo puedo tener el carácter, pero no todo el mundo que tiene un carácter santo ha sido llamado a ser pastor. Yo puedo tener los dones, pero no todo el mundo que tiene los dones ha sido llamado a ser pastor, porque no lo son. Si no tengo el llamado, no puedo ejercerlo. Una vez Dios me llama, Él me equipa y me da los dones, la preparación y la dirección necesaria.
Bueno, pero como una de esas preguntas dice: ¿quién los elige? ¿Quién los hace? ¿Quién le da la autoridad? Si lo hacemos como la Palabra manda, la Palabra nos instruye en quién los elige. Hechos 20, versículo 28: "Tened cuidado de vosotros," le dice Pablo a los ancianos de Éfeso, "y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre." ¿Quién los hace? Es el Espíritu Santo, para que ellos puedan pastorear sobre la grey que Dios compró con la sangre de su Hijo. Y Pablo se los ponía en este contexto para que entendieran lo serio del llamado. No es una función, no es un cargo donde yo envío un currículum y aplico; es algo que Dios hace sobrenaturalmente. Y luego me pone sobre, o deja, lo que el Hijo compró con su sangre. Ni el llamado ni la gente sobre la cual estamos supuestos a liderar son poca cosa.
¿Quién los hace? Bueno, Efesios 4:11 vuelve a dar la idea: "Él, Cristo, dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros." ¿Quién? Él, Cristo. Él los hizo.
Bueno, pero nunca hemos oído la voz de Dios audiblemente en la congregación que diga: "Fulano es pastor, Fulano es líder." Entonces, ¿cómo lo hacemos en términos prácticos? El libro de los Hechos tiene instrucción. En Hechos 14:23, Pablo y Bernabé eligieron a los ancianos. En Tito 1:5, Pablo dice: "Te dejé en Creta para que tú eligieras a los ancianos." En la iglesia primitiva, los líderes —Pablo, Bernabé, Tito, Timoteo y el resto— ellos eligieron a los ancianos. Y así lo hemos hecho nosotros.
Bueno, pero alguien me hacía esta pregunta en el curso de los siete pilares de la fe, y aunque esa pregunta o la respuesta pareciera como difícil, realmente es más sencillo de lo que usted piensa, por la iluminación que Dios le da o nos da por su Palabra. Y esto es ampliamente reconocido en términos ministeriales: tiene que haber un llamado interno y tiene que haber un llamado externo.
El llamado interno es aquella pasión que el llamado siente por hacer las cosas que su función demanda, que requiere que se hagan. Es decir, es el llamado interno de Dios. Por eso lo tengo cuando antes no lo tenía, porque de repente Dios puso en mí pasión para hacer aquello que mi cargo requiere y demanda. Ese es el llamado interno.
Y el llamado externo, ¿cuál es? El llamado externo es la evidencia en la congregación de que cuando la persona ejerce su don, pasión, llamado interno, otros son ministrados. Y la congregación afirma y confirma el llamado interno. Uno no puede estar sin el otro, porque posiblemente no hay llamado. Y así es como ocurre, y así es como ha ocurrido a lo largo de la historia de la iglesia.
Bueno, pero ¿qué hacen? Sabemos que es la administración de la Palabra, pero eso no es lo único que usted hace o los otros ancianos de la iglesia. Es claro que no. Tenemos que comenzar a explorar el significado de esta palabra pastor o anciano. Recuerde que no importa si yo digo pastor o anciano, estoy hablando del mismo individuo. Todo el mundo, en su gran mayoría para no ser absolutista, está de acuerdo que esos son dos palabras diferentes para referirse a la misma función.
La primera palabra es presbúteros, de donde viene la denominación presbiteriana. Y el significado llano de esta palabra es simplemente "blanco en canas," que yo adquirí recientemente. Pero en el contexto neotestamentario no implica simplemente avanzado en edad. La idea en el significado original es que usualmente personas blancas en canas han adquirido sabiduría de la vida. En el contexto espiritual, entonces, un anciano debe ser alguien con sabiduría espiritual para manejar el pueblo de Dios. No tiene que ver con edad cronológica. Timoteo fue hecho pastor a una edad muy temprana y Pablo le dice: "No dejes que nadie menosprecie tu juventud." Y de él vamos a hablar más adelante. Y Jeremías fue constituido profeta a la edad de diecisiete años. Pero esos individuos, a su temprana edad, necesitaban llenura del Espíritu para tener sabiduría y poder manejar los asuntos del pueblo de Dios.
La segunda palabra en el Nuevo Testamento, traducida como anciano o pastor, es epíscopos, y la raíz griega implica un supervisor, alguien que observa, alguien que vigila, alguien que supervisa. Ahora yo tengo dos cosas que voy entendiendo de esta posición: debe tener sabiduría y debe usarla para vigilar, supervisar, guiar.
Pero esas no son las únicas dos palabras que aparecen. Hay una tercera que literalmente significa pastor, y es poimén.
Traducida como "pastor", y el término se supone que era una persona que cuida, que atiende, alimenta y protege el rebaño. Ahora tengo una mejor idea, y todavía queda más por explorar, pero tengo una mejor idea: debe ser una persona, cosa de duría, que supervisa y al mismo tiempo cuida, alimenta y protege el pueblo de Dios. Y en el día a día, entonces, ¿cómo se traduce eso?
Bueno, si tú comienzas a pensar en el Antiguo Testamento y piensas que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo de hoy, deben haber similitudes de la manera como Él cuidó en el Antiguo Testamento y como Él cuida ahora, aunque hay grandes diferencias. En el Antiguo Testamento tú tenías la figura del profeta, que estaba supuesto a presentar la Palabra de Dios, la voluntad de Dios, y confrontar al pueblo con su pecado. Tú tenías otra figura que era la figura del sacerdote, que estaba supuesto a cuidar del pueblo, intercedía por el pueblo. Si tú eras curado de lepra, tú ibas y te presentabas a los sacerdotes. ¿Por qué? Porque ellos eran una especie de cuidadores de tu alma, de tu vida, intercedían y portaban ante Dios. Tenías el profeta que le hablaba al pueblo de parte de Dios, tenías el sacerdote que le hablaba a Dios de parte del pueblo. Y tenías al rey como líder de la nación. Israel era una nación y era un pueblo de Dios al mismo tiempo, era la misma cosa, pero el rey era el líder.
En el Nuevo Testamento, Dios toma las tres funciones y las pone sobre una sola función: la del pastor o anciano. Cuando el pastor o anciano predica y expone la Palabra de Dios y confronta el pecado del pueblo, esa es su función de profeta, su función profética. Cuando él ora por el pueblo, cuando él cuida del pueblo, cuando él escucha al pueblo, cuando aconseja al pueblo, ese es su cuidado, esa es su función sacerdotal. Pero el pastor o anciano tiene una función capital, y es que como líder necesita proveer la visión, la dirección, marcar el paso y decir para dónde vamos. Él es las tres cosas para ese pueblo de Dios. Y a la medida que la iglesia crece, se forma un cuerpo de ancianos y de pastores que deben estar proveyendo todo eso: ese cuidado, esa dirección.
¿Cómo profeta? Entonces él es un maestro, él es un predicador, él es un expositor de la Palabra de Dios. Tanto así que cuando Pablo le escribe a Timoteo para que siga organizando las iglesias —porque las iglesias no comenzaron organizadas, pero lo que muchas veces no conocemos es que estas iglesias se llegaron a organizar; no podían tener el impacto que tuvieron sin organización— cuando Pablo le escribe a Timoteo y le dice: "Timoteo, ya no podemos continuar de esta manera, aquí hay requisitos para ser ancianos, aquí hay requisitos para ser diáconos, la iglesia, la congregación tiene que estar organizada", él le da una serie de requisitos. Y uno de esos requisitos dice: "apto para enseñar". Uno de los requisitos para ser anciano es que él tiene que tener el don de la enseñanza.
En su función profética él necesita enseñar, ser apto. Y cuando usted busca esa palabra en el original, "ser apto para enseñar", es didácticos. Requiere tener habilidad, conocimiento, entendimiento, profundidad y claridad al hablar. Eso no es cualquier cosa. Es la Palabra, la mente, el corazón de un Dios infalible, santo, santo, santo. ¿Cómo vamos a manejar eso con superficialidad? Esto es lo que dice, que el diácono no puede enseñar, pero él puede diaconizar sin tener esa habilidad, porque su función no la requiere.
En su función de maestro de la Palabra, este individuo necesita inyectar pasión en los seguidores. Todo buen maestro es un buen estudiante. Usted no puede ser un buen maestro si no es un buen estudiante primero. Decía un profesor de microbiología que yo tuve: "Estudiante significa estudiar antes, antes de venir". Y eso me hizo entender qué significa ser maestro. Necesita ser un buen estudiante y necesita tener pasión, para que él pueda decir como el salmista: "¡Oh, cuánto amo tu ley!". ¿Cómo le vamos a pedir a las ovejas que tengan esa pasión por la Palabra que yo no tengo? Pero yo puedo decir: "¡Oh, cuánto amo tu ley!". Yo puedo ir donde las ovejas a decirles: "Ustedes necesitan aprender, conocer, estudiar, manejar, atesorar la Palabra", hasta decir: "¡Oh, Dios, cuánto yo también amo tu ley!".
Pastor, pero si yo no tengo eso, pídalo. ¡Oh, Dios! 365 días de todo un año yo le pedí a Dios pasión por su Palabra, pasión por su Palabra. "No me des nada más este año que no sea pasión por tu Palabra". Y hasta que no la tenga, no la quiero enseñar. Es más, no la debo enseñar. "¡Oh, cuánto amo tu ley!". La autoridad de Dios comienza a fluir.
¿Y qué es lo que le da autoridad al hablar, predicar, enseñar? Para el maestro, número uno es la unción, el favor de Dios sobre su vida. Número dos es el conocimiento de la Palabra y la precisión con que maneja la Palabra. Pregúnteme que lo repita una vez más: "Procura presentarte ante Dios como obrero aprobado, que maneja con precisión la palabra de verdad". Su conocimiento y la precisión, la exactitud con la que maneja su Palabra le da autoridad. Y finalmente, su integridad: la coherencia entre sus palabras y sus hechos.
Oye lo que ocurre cuando Cristo aparece en la escena y comienza a enseñar: las multitudes comienzan a llegar. Y de repente dice que las multitudes decían: "¡Oh! ¿Y qué es esto? ¿Una nueva enseñanza?". ¿Cómo? Porque les hablaba como uno que tenía autoridad. Nota que el comentario no es: "¿Qué es esto? ¿Una nueva enseñanza? Jamás había conocido hablar de eso". Pero eso no es lo que el comentario es. El comentario es que lo nuevo que esta enseñanza comenzó a traer fue la autoridad con que era predicada. ¡Wow!
Y entonces Cristo comienza a observar a los demás maestros, los escribas, a los fariseos. Y ahora Él tiene que, después de haberlos observado, hablar a las ovejas. Oye lo que les dice en Mateo 23:2-3: "Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés". Están enseñando la ley de Moisés, se han sentado en la cátedra de Moisés, son los maestros. Oye lo que les dice: "De modo que aceptad y observad todo lo que os digan". Claro, porque están enseñando la ley, están sentados en la cátedra de Moisés: "Aceptad y observad todo lo que os digan". Escucha cómo termina el texto, punto y coma: "Pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen".
¡Ah! Ahí estaba la diferencia entre la autoridad del Maestro y el descrédito de los fariseos. Ellos decían, pero no hacían; el Maestro decía y hacía. La congruencia entre sus palabras y sus hechos. Eso le daba autoridad.
¿Y para qué enseñan, entonces, estos pastores o ancianos? La Palabra nos dice —están buenos a ver que la Palabra responde todas esas preguntas— Efesios 4:11. Leámoslo una vez más: "Cristo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas", escucha, "a otros pastores y maestros". ¿Para qué? "A fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio". Cuando comenzamos, había un grupo de parejas. Yo los enseñaba. Luego había dos grupos de parejas. Yo les enseñaba a los dos: una semana a uno, la próxima semana a otro. Hoy hay 15 grupos de parejas, yo no enseño ninguno. Mi labor no es continuar enseñando grupos de parejas, es capacitar a los santos para que ellos hagan la labor del ministerio, de manera que yo pueda abrazar otros desafíos y retos que Dios envíe a mi vida.
Ahora, para ejercer cada una de esas cosas, necesitan modelar integridad, y es la integridad la que genera confianza. Así es como se da: primero hay un caminar de integridad y luego hay una generación de esa confianza. Era lo que decía el fundador de Visión Mundial, Stan Mooneyham: "Una vez que una persona pierde el respeto, es una enorme lucha cuesta arriba para reganarlo, si es que alguna vez puede reganarlo". ¡Wow! Cuando una persona pierde el respeto, reganarlo no está fácil, es una lucha y es cuesta arriba, si es que alguna vez esa persona que te perdió el respeto te lo puede volver a dar.
Esa es la razón por la que cuando Timoteo comienza a leer esos requisitos que Pablo escribió —recuerden que estas epístolas eran enviadas a congregaciones y a individuos para ser leídas en la congregación— si algún día Timoteo tuvo que pararse a decirles: "Hermanos, dice el apóstol Pablo que estos son los requisitos", no comenzó a leer estos requisitos de 1 Timoteo 3 a partir del versículo 2 entendiendo esto que yo acabo de decir ahora de la integridad. El primer requisito es, escucha cuál es: "Un obispo, anciano, pastor —misma palabra— debe ser irreprochable".
Oye lo que no dice: perfecto. No dice perfecto. Pedro no lo fue, Pablo tampoco. Pero en sentido general, el consenso —porque quizás hay uno, dos, tres o cinco— pero el consenso de quienes le conocen es que él es un hombre de integridad. El resto de lo que sigue es simplemente cómo debe ser íntegro, cómo debe ser irreprochable, en qué áreas. Uno, como marido: él debe ser de una sola mujer. Como padre: él debe tener hijos sometidos, y de acuerdo al texto de Pablo a Timoteo, es hijos creyentes, pistós, no ápistoi, pistós. Y cómo ha de ser en su testimonio e irreprochabilidad: sobrio, prudente, de conducta decorosa, no contencioso, no avaro, no un recién convertido, no sea que se envanezca.
Escucha este requisito importante ahora: debe ser también de buena reputación entre los de afuera de la iglesia. No podemos dar cabida a que gente de afuera piense que el liderazgo de aquí adentro está en descrédito. Eso es lo que Pablo está diciendo. Él necesita buena reputación dentro y fuera de su iglesia. Porque este cuerpo lo compró Cristo con su propia sangre. Le dolían tanto sus ovejas que dio su vida por ellas. Ve que lo que está en juego es su gloria y su causa, su nombre y su santidad. La integridad es vital para el ejercicio de esta función.
Decíamos que no tenía que ser una persona avanzada en edad. Timoteo no lo fue. Sin embargo, a pesar de la juventud, tiene que ser una persona de peso, sobria, una persona prudente. Mira cómo Pablo se lo dice a Timoteo en 1 Timoteo 4:12.
No permitas que nadie menosprecie tu juventud. Timoteo, no permitas que alguien piense que porque tú eres joven no lo puedes hacer. ¿No lo dijo Pablo? ¿Por qué? ¿Y cómo los convences? Tú sé palabra, antes, antes ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza. Timoteo, tú quieres credibilidad por encima de tus años, lo que necesitas es ser un ejemplo. Necesitas hacer un ejemplo en palabras, en conducta, en fe, cómo confías en Dios, en pureza de vida y en amor, cómo amas a las ovejas, necesitas hacer modelo. Tu juventud será olvidada por ellos. Dios te va a dar el respaldo que tú necesitas.
Está lo que estoy aquí, estoy batallando, estoy joven, estoy luchando, ¿qué hago? Yo voy a llegar ahora. Timoteo, escucha lo que Pablo dice. Entretanto que yo llego, en buen dominicano, qué coge ahí en lo que yo llego, ¿qué hago mientras tanto? Escucha la instrucción: ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza. Tres versículos más adelante, dos cosas, Timoteo, quiero que cuides: ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas. ¿En qué, Pablo? En tu conducta personal y en la enseñanza. Lo que vas a hacer para ti es que vas a ser un ejemplo en palabras, en acción, en fe, en amor. Para los otros te vas a ocupar de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciendo esto asegurarás la salvación tanto de ti mismo como para los que te escuchen.
Dos cosas Timoteo tenía que hacer. Para los de la Resumil, Timoteo no es tan difícil, no es tan complicado, necesitas dos cosas: tu cuido personal y el cuido de las iglesias. Cuando miras los requisitos para diácono o diaconisa, exactamente lo mismo: marido de una sola mujer, de buena reputación, sobrio, hospitalario, hospitalaria si es diaconisa. Una, dos, la misma cosa. Lo único que no encuentras es didáctico, apto para enseñar. Y ellos pueden enseñar, pero no es un requisito para su función.
Y de esta misma manera, en la forma en que hemos estado revisando el ministerio, el ministerio por ministerio, persona por persona, de esa misma manera estamos preparándonos para lanzar todo eso. Si la iglesia no se organiza, llegamos a donde íbamos a llegar para el resto de la historia de la iglesia. Pero Dios, pero Dios tiene una visión mucho mayor que hasta donde hemos llegado en los primeros diez u once años de la iglesia.
Créanme en el corazón, yo no soy una persona emotiva, emocional, que vive haciendo, pregonando una cosa y otra. Pero créanme que yo sé que yo sé que Dios tiene una misión monumental delante de nosotros, y hay un reto monumental que nosotros necesitamos enfrentar, abrazar y levantarnos a la altura del reto. La oración no es: Dios, da los retos conforme al tamaño de nuestros hombros. ¡Qué clase de oración es esa! Dios, da los hombros conforme a la altura de tus retos. Ese es el llamado, esa es la oración de la hora. Eso es donde tenemos que encumbrarnos. No podemos amedrentarnos, no podemos acomodarnos, no podemos desviarnos por el camino de la menor resistencia como hacen los ríos. Ese es el llamado, esta es la hora de su llamado, la hora de la oportunidad.
Esta no es la hora de enviar doce espías y de volvernos amedrentados porque hay gigantes. Sabemos que habrá gigantes, pero nuestro Dios es mayor que nuestros gigantes. Esta es la hora de hacer como Josué y Caleb. ¿Y esos gigantes? ¿Qué gigantes? Mira, los hay, yo los veo. Seamos Josué y Caleb para esta hora, hermanos.
Es una hora gloriosa porque es la hora del Señor. Es una hora extraordinaria porque Dios nos está llevando, está colocándonos en una oportunidad preciosa, no solamente para nuestro país, pero Latinoamérica. Pero escuchen, nada de eso es para enorgullecernos. Lo único que eso hace es empequeñecernos ante la grandeza del Dios que hace, orquesta, equipa, y al final solamente poder decir: es por tu gracia y tu perdón que podemos ser instrumentos de tu amor y de tu obra.
Habrá nuevos retos. La pregunta es si estoy dispuesto a levantarme a esa altura. Cuando nos ponen una posición, la posición en sí es una prueba. Decía alguien: si tú quieres probar una persona, no hay mejor prueba que darle poder. La posición, aun en el mejor sentido de la palabra, es poder, porque te da la oportunidad de hacer cosas. La posición nos prueba, prueba mi orgullo, prueba mi valor, prueba mi sentido de escuchar la voz de Dios, prueba mi sentido del tiempo, prueba mi habilidad de percibir su visión y abrazarla, prueba mi conocimiento de las Escrituras, la precisión con la que las manejo.
Un obispo debe ser un hombre de integridad irreprochable. Pastor, pero ¿y por qué eso tan alto? ¿Cómo es que Dios tiene un estándar tan alto? Lucas 6:40 tiene la explicación, y con eso termino: "Un discípulo no está por encima de su maestro, mas todo discípulo después de que sea preparado bien será como su maestro." Las ovejas serán como sus maestros. Y Cristo dice: mi compromiso es con los maestros para que ellos dirijan, cuiden, enseñen, amonesten, sanen, fortalezcan e iluminen el camino de mis ovejas.
Mira si Cristo entendió bien esto. Todavía mejor manera de terminar este mensaje. Él va a restaurar a Pedro y tiene un encuentro con Pedro y hace tres preguntas. Y donde la mayoría de las personas han enfocado es de la manera como estas preguntas sobre el amor van de aquí para allá y terminan ahí. A mí realmente no es eso lo que me llama la atención, pero más o menos el fuego de palabras: Pedro, ¿me agapas? ¿Me amas incondicionalmente? Señor, sí, yo te fileo, te amo como hermano. Pero ¿me agapas? Sí, Señor, yo te fileo, Señor. Pedro, ¿me fileas? Y se desciende, baja. Sí, Señor, yo te fileo. Y todo el mundo ha predicado sermones enteros acerca de eso, y cómo tenemos que amar incondicionalmente.
A mí lo que me llama la atención no es eso. Que Cristo puede amarme agapemente y yo tengo un amor condicional en mi naturaleza humana caída, eso es lo penoso y triste de mi condición. Realista y lo acepto. La respuesta de Cristo, la respuesta de Pedro es lo que a mí me llama la atención. Pedro, ¿tú me agapas? Sí, Señor, yo te fileo. Alimenta mis ovejas. La manera como tú vas a probar tu amor es alimentando mis ovejas.
Pedro, una segunda vez, déjame probarlo, déjame tratar de nuevo. ¿Tú me agapas? Sí, Señor, yo te fileo. Apacienta mis ovejas. Si tú realmente vas a probar que me amas, lo vamos a ver en la vida de mis ovejas: cómo las apacientas, cómo las guías, cómo las aconsejas, cómo las diriges, cómo las proteges, cómo las cuidas.
Pedro, Pedro, una tercera vez y por último: ¿Tú me fileas? Sí, Señor, yo te fileo. Pues sabes qué es, Pedro: alimenta mis ovejas. Por segunda vez alimenta, la tercera vez alimenta. Apacienta, alimenta. Los apóstoles lo entendieron. Cuando se llenaron de cosas dijeron: amados, no podemos. Pedro está aquí. Antes de partir el Señor, recepción llamado: alimenta, apacienta, alimenta. Aquí estamos nosotros, lo único que podemos hacer es seguir ese llamado. Nos dedicaremos a la administración de la oración y de la Palabra, y vosotros haced el resto del trabajo. Y la iglesia creció, se multiplicó y derrumbó todo un imperio.