Integridad y Sabiduria
Sermones

La iglesia y el mundo

Miguel Núñez 1 junio, 2008

Cristo oró al Padre con palabras que siguen desafiando a la iglesia veinte siglos después: "No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno". La tensión es clara: hemos sido llamados fuera del mundo y al mismo tiempo enviados a él. Esa paradoja —salir del mundo sin abandonarlo— es precisamente lo que la iglesia no ha sabido vivir, oscilando entre el aislamiento monástico y la asimilación total con la cultura que la rodea.

La enfermedad se llama mundanalidad, y sus causas son identificables. La iglesia desplazó la Palabra de Dios de su centro y la reemplazó con psicología, técnicas de mercadeo y el afán de ser relevante, moderna y popular. Queriendo agradar al mundo, perdió la diferencia entre lo sublime y lo vulgar, entre lo honorable y lo ordinario. Encuesta tras encuesta revela que el estilo de vida del creyente es prácticamente idéntico al del incrédulo: los mismos patrones de consumo, las mismas horas frente a la televisión, el mismo apego al dinero, la moda y el elogio de los hombres.

La cura no está en nuevas metodologías sino en regresar a lo que Cristo estableció: "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad". La Palabra es el instrumento que limpia y transforma. Solo cuando la iglesia vuelva a predicarla, consumirla y vivirla podrá cumplir su misión de ser sal que preserva y luz que provoca sed en un mundo que observa. No se trata simplemente de escapar del infierno, sino de reflejar a Cristo y representar su causa hasta el final.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a comenzar leyendo en el versículo 14 del capítulo 17 del Evangelio de Juan, donde Cristo está orando al Padre. Esta oración continúa de esta manera, Cristo diciendo: "Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo."

Yo decía más temprano que veinte siglos han pasado desde que estas palabras fueron pronunciadas. Durante todo ese tiempo ha habido muy mal entendimiento de la misión de la iglesia frente al mundo, cuál debiera ser, y que ese péndulo lamentablemente se ha ido moviendo de un extremo a otro en la medida en que la iglesia ha tratado de responder a ese mundo en el cual Dios le ha colocado.

Y nosotros vimos en la historia de la iglesia que tempranamente, en el siglo IV, comenzó el movimiento monástico. Los monjes aparecieron, y tratando ellos de no contaminarse precisamente, muchos de ellos se retiraron a monasterios donde vivían vidas aisladas. Y la intención, o la razón, era porque ellos llegaron a considerar todo lo del mundo pecaminoso, y la intención era no corromperse con ese mundo. Otros monjes no se retiraron, pero sí vivieron una vida muy sencilla e hicieron votos de castidad y no se casaron, e hicieron votos de pobreza, y vivieron en ese mundo más o menos aislados también bajo esos votos, como una forma nuevamente de no contaminarse con el mundo.

Y ese tipo de reacción, ese tipo de estilo de vida, obviamente no se modela a lo que Cristo nos dejó en esta oración que él hizo al Padre, porque él dice claramente en este texto: "Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo." No hay duda en estas palabras de Cristo. Cristo no quiso sacar su iglesia del mundo. Y de hecho, en esta oración sacerdotal él lo dice claramente: "No te ruego que los saques del mundo." Y en ese mismo contexto lo dice de otra manera y dice: "De la misma manera que tú me has enviado, yo también los estoy enviando precisamente a ese mundo." Y nos envió con una misión clara que la misma iglesia, en una gran mayoría de los casos, no ha sabido llevar a cabo y ha perdido su rumbo.

En el Sermón del Monte, en Mateo capítulo 5, Cristo nos dice: "Vosotros sois la sal del mundo." Ni siquiera dice la sal de la iglesia, la sal del mundo. Y el próximo versículo dice: "Vosotros sois la luz del mundo." Y teniendo nosotros una misión dentro de ese mundo, algunos se han retirado del mundo y otros se han contaminado tanto con el mundo que no ha habido mucha diferencia entre uno y el otro.

Y es obvio que nosotros no podemos funcionar o no podemos llevar a cabo nuestra función si no conocemos bien los peligros de estar en el mundo sin ser del mundo. No hemos sabido interpretar las palabras de Cristo. Nosotros no hemos sabido ser sal y luz en los diferentes momentos, y lamentablemente esa iglesia ha perdido su sal y la intensidad y ha apagado la brillantez de su luz en diferentes momentos. Y la ha perdido por diferentes razones.

A finales del siglo XIX, cuando la ciencia había comenzado a surgir, hubo una pérdida de la credibilidad de la iglesia y de la Palabra de Dios, porque ahora la ciencia le cuestionaba. Y entonces, como una manera de reaccionar ante ese movimiento, se levantaron voces y se agruparon bajo el nombre de los fundamentalistas. Y un solo autor en una ocasión llegó a publicar incluso noventa artículos diferentes o ensayos agrupados en doce volúmenes diferentes, precisamente discutiendo los fundamentos esenciales de la fe. Y eso representaba una reacción ante la evidencia de que la iglesia había comenzado a perder su impacto en la sociedad.

Hoy en día nosotros tenemos voces que están tratando de alertar a la iglesia o de llamar a la iglesia de regreso al camino. Y para la gloria de Dios hemos comenzado a ver visos en algunos casos de que realmente la iglesia finalmente llegó a comprender en algunos casos cuál era su rol y cómo debía llevarlo a cabo.

Yo les mencioné en el sermón anterior, o uno o dos sermones anteriores, cómo la iglesia de Willow Creek del pastor Bill Hybels, con más de catorce o quince mil miembros, había hecho un reconocimiento de que realmente lo que habían hecho por treinta a treinta y cinco años no había funcionado, no había producido la profundidad de vida que ellos querían, y que habían comenzado a cambiar su metodología de hacer iglesia. De hecho, Willow fue conocida todo el tiempo por tener un desdén hacia la forma tradicional de hacer iglesia.

Y la manera como esta iglesia comenzó, dicho por ellos mismos —yo conozco un poquito de su historia—, varias personas salieron a la comunidad a hacerle a la comunidad un par de preguntas. La primera era: "¿Tú vas a una iglesia?" Si decían que sí, terminaba la encuesta, entonces no había entrevista. Si decían que no, le preguntaban: "¿Por qué tú no vas a la iglesia?" Y las razones que ellos fueron dando de por qué no iban a una iglesia, ellos las fueron tabulando, y al final construyeron una iglesia para que llenara la necesidad de aquellos que no estaban yendo a la iglesia.

Eso comenzó con el hombre, y todo lo que comienza con el hombre termina como el hombre termina. Y es la razón de que hoy en día Hybels, el culto del domingo, que había sido un culto que tradicionalmente había sido diseñado para incrédulos —mucho drama, mucha música, mucho de todo tipo atractivo para los incrédulos— ahora va a ser cambiado radicalmente. Va a ser un culto para creyentes. Finalmente entendieron que el culto de adoración no es para el incrédulo; en un sentido ni siquiera es para el creyente, es para Dios. Y el incrédulo no puede adorar al Dios que él no conoce, de manera que si lo vamos a diseñar, tenemos que diseñarlo teniendo a Dios en mente y luego al creyente que le va a adorar. Y el culto del miércoles entonces, que era para los creyentes, lo están cerrando, y van en su lugar a sustituirlo con estudios bíblicos y estudios teológicos, porque la congregación, una parte significativa de la congregación, estaba lista para salirse de la iglesia porque no encontraba que le estaban llenando esa necesidad del alma.

Y eso nos da una idea de lo cuidadosos que tenemos que ser cuando vamos a hacer iglesia, para hacer la iglesia conforme a los mandatos de Dios. Lamentablemente, lo que ha ocurrido es que la iglesia de nuestros días ha prestado atención a cómo instituciones del mundo han crecido, qué les ha dado su éxito, qué les ha dado fortaleza, y de esa misma manera entonces han comenzado a copiar un patrón pecaminoso conforme a las técnicas de esas instituciones.

Y por un lado necesitamos recordar que la misma palabra iglesia nos recuerda que hemos sido llamados fuera de algo, porque les decía que la palabra en el original, en el griego, es "ekklesía": "ek", que significa fuera, y "kaleo", significa llamar. Hemos sido llamados fuera. Y sin embargo, al mismo tiempo Cristo nos dice que nosotros hemos sido enviados a ese mundo de la misma manera que Él fue enviado. Hay una gran paradoja entonces entre estas dos afirmaciones: yo los he sacado del mundo, y al mismo tiempo Cristo dice: yo los he enviado al mundo. De hecho, Pablo dice en la Segunda Carta a los Corintios 6:17: "Salid de en medio de ellos." Y sin embargo, en esa misma, en esta misma Palabra, se nos dice volver a ellos: yo los he enviado al mundo.

La pregunta es: ¿cómo puedo entender esa gran paradoja? ¿Cómo es que yo necesito salir del mundo y al mismo tiempo ser enviado al mundo? Y eso es lo que la iglesia no ha aprendido a ser, eso es lo que la iglesia no ha sabido hacer, y por tanto ha vivido con grandes contradicciones. Y hoy en día, con grandes problemas producto precisamente de no haber definido bien qué es lo que significa salir de en medio de ellos y qué es lo que significa al mismo tiempo estar en medio de ellos haciendo la función de sal y luz.

Y lo que tenemos entonces es una iglesia que se ha enfermado. Y de ahí que yo quiero darle a este mensaje el título de "La iglesia y el mundo: se ha enfermado con una enfermedad del mundo que hemos denominado mundanalidad." Y lo que vamos a hacer entonces es abordar esta enfermedad de la misma manera que un médico aborda el estudio de las enfermedades del cuerpo. Como este es el cuerpo de Cristo y está enfermo, vamos a abordarlo de la misma manera. Vamos a pensar en las causas de la enfermedad, vamos a pensar en los síntomas de la enfermedad, y luego vamos a pensar en la cura de la enfermedad. Así es que los libros de medicina, más o menos ese es el patrón que siguen en la descripción de las enfermedades del cuerpo.

Y queremos comenzar viendo entonces las causas de esta enfermedad llamada mundanalidad y que está afectando a la iglesia grandemente. La primera causa es que la iglesia perdió la centralidad de la Palabra de Dios. Y cuando la iglesia dejó, o cuando la Palabra dejó de ser el centro de esa iglesia, la iglesia perdió su rumbo, porque esa Palabra es la brújula de la iglesia que le dice hacia dónde está el norte. Esa iglesia no puede caminar sin brújula. Si camina sin brújula se va a perder en el camino. Y comenzamos entonces a tomar esa Palabra y la pusimos en un segundo lugar, y eso comenzó a reflejarse en diferentes actividades que la iglesia tradicionalmente ha llevado a cabo.

La iglesia comenzó a abandonar la sabiduría de Dios y a confiar en el conocimiento del hombre. Y lo hizo no solamente desde los púlpitos, lo hizo también desde los salones de consejería. Y ahora, de repente, las ovejas no estaban siendo sanadas. Pero no solamente que no estaban siendo sanadas, sus insatisfacciones más profundas del alma no estaban siendo llenadas. Y ahora la oveja estaba adquiriendo una mente relativista a través de la cual tomaba decisiones relativistas que van a afectar al individuo, al matrimonio, a la familia y a la iglesia.

Porque cuando tú dejas a un lado la sabiduría de Dios y adquieres la sabiduría y el conocimiento del hombre, y confías en esas cosas para dirigir tu vida, entonces comienzas a sufrir las consecuencias de haber hecho eso que no debiste haber hecho en primer lugar. Cuando la iglesia desplazó la Palabra de su centro, de su primer lugar, y la psicología comenzó a reemplazarla, de repente los sermones, en vez de ser expositivos, exposiciones de la Palabra, pasaron a ser sermones psicologizados, cargados de principios psicológicos que pudieran ayudarte a mejorar esto o aquello. Y esto es lo que ha sido llamado los sermones "how to do this, how to do that", cómo hacer esto, cómo hacer aquello. Los volvimos pragmáticos, comenzamos a pensar que estas formas de hacer las cosas iban a cambiar las cosas, cuando en realidad lo que necesitábamos cambiar era el corazón y la mente del hombre.

La realidad es que cuando la Palabra de Dios es predicada correctamente y es entendida espiritualmente, y luego vivida consistentemente, esa Palabra es capaz de sanar el alma, y no hay otra cosa que lo pueda hacer como la revelación de Dios. La iglesia necesita recordar para qué Dios nos dio su Palabra. Cuando tú dejas la Palabra de Dios de lado, tus mensajes, tus conversaciones, tus vidas pierden la profundidad de la Palabra de Dios, la profundidad de la vida que Dios diseñó para el hombre, y tú comienzas ahora a sentirte enfermo. Y como decíamos, verdad, no solamente a sentirte enfermo, es que no puede llenar tus mayores insatisfacciones. Es una palabra, es un mensaje, es un sermón que no desafía al hombre, y mucho menos va a destruir las fortalezas que se forman en la mente del hombre, a través de las cuales él vive, piensa, reacciona e interpreta la vida.

Una fortaleza es un hábito, es un patrón, es una forma de ser, de pensar, que está tan arraigada en ti que tú no puedes vencer. De ahí la palabra fortaleza. Y esos sermones superficiales nunca podrán destruir, como la Palabra de Dios se supone que haga, nunca podrán destruir las fortalezas de la mente humana, a menos que regresemos al primer lugar.

Entonces apareció una nueva ortodoxia, una nueva forma supuestamente de predicar y hacer iglesia. Y decía alguien que esa nueva ortodoxia tenía más que ver con estilo, con lo que está de moda y con metodologías, en medio de un síndrome de éxito. Estilo, lo que está de moda, en medio de un síndrome de éxito. Y entonces este autor compara esa nueva ortodoxia con la ortodoxia anterior, que descansaba, confiaba en la predicación de la Palabra, que no estaba preocupada con el crecimiento numérico necesariamente, y que al mismo tiempo invitaba a la vida personal del creyente, o invitaba a la vida de la iglesia, a dar la bienvenida a las tribulaciones, a las dificultades, a los tropiezos en el buen sentido, a la escasez, a aquellas cosas que ciertamente nos ayudan a definir lo que verdaderamente tiene valor en la vida. Esas cosas serían aplaudidas en un momento, pero rechazadas en este momento. Todo hoy en día es la conveniencia, es la prosperidad, y todo eso es parte de esa enfermedad llamada mundanalidad.

James Montgomery Boice fue un pastor que murió hace poco, quizá tres o cuatro años, grandemente usado por Dios en la Décima Iglesia Presbiteriana de Filadelfia. Y él decía que la iglesia de hoy en día, déjame citarte, tiene que volver a redescubrir a Dios, llegar a conocerle y tener comunión con Él. Redescubrir a Dios, llegar a conocerle y tener comunión con Él. Y que la única manera en que la iglesia ha podido hacer eso a través de todos los tiempos, en todas las épocas, es a través de la predicación y estudio de la Palabra de Dios. Y eso es lo que se ha perdido en gran manera y lo que ha originado, en primer lugar, la enfermedad, mundanalidad, de que estoy hablando.

En segundo lugar, la iglesia comenzó a enfatizar la experiencia del creyente por encima de su revelación. Y cuando eso ocurrió, entonces las emociones comenzaron a gobernar los cultos de adoración, comenzaron a gobernar los cultos de predicación, y la meta ahora no era llegar a ser mejor, sino sentirme mejor. Y hemos llegado a pensar, esa iglesia llegó a pensar muchas veces, como que había una enemistad entre la mente y la fe. Como que para tener fe yo no podía pensar mucho. Y de esa manera invitamos entonces al creyente, que al llegar a la iglesia, ahí antes de entrar, chequeara su cerebro y lo dejara allá afuera, y entrara descerebrado. Porque hay una oposición entre la mente y la fe.

Cuando el apóstol Pablo nos dice que no debemos adaptarnos al patrón de este mundo, sino que, al contrario, debiéramos renovarnos continuamente por medio de la renovación o de la transformación de nuestras emociones... No, de nuestra mente. La mente es lo que recibe información, lo que puede procesar información, y la Palabra de Dios es información. Cuando yo entro a la iglesia sin activar mi cerebro, y su Palabra es presentada de forma distorsionada, yo soy presa fácil de la seducción, del engaño, de la mentira, del desvío, y me llego a creer la mentira en lugar de la verdad, precisamente porque no me enseñaron a pensar y de hecho me hicieron un enemigo del pensamiento.

La iglesia de Dios, a través de los siglos, siempre contó y ha contado con grandes mentes que pudieron entender su Palabra, explicar su Palabra, defenderla y poder alimentar al pueblo de Dios. Hombres y mujeres que no rehusaron usar su mente precisamente para entender la profundidad de la Palabra de Dios. Cuando tú no haces eso, entonces tú terminas con un cristianismo popular, con una vida superficial, y una vida de iglesia muchas veces irreverente. Porque es la mente que está acostumbrada a consumir el alimento sólido, dice el autor de Hebreos capítulo 5, la que te capacita para poder discernir el bien del mal. Cuando tú consumes leche, la leche no te da esa habilidad. Cuando tú consumes el alimento sólido, entonces tú aprendes a discernir el error de la verdad, o la verdad del error.

Todo eso fue acompañado, entonces, de un movimiento de adoración popular, superficial, emocional. Y entonces otros sectores de la iglesia reaccionaron y tomaron el péndulo hacia el otro lado, y han llegado a confundir lo que es tradicionalismo, tradición, religión, con verdadera adoración. Y no se trata de eso tampoco. No se trata de ser emocionalista, pero tampoco se trata de ser tradicionalista. Se trata de ser adorador.

Y hemos caído a veces incluso en un legalismo. La ortodoxia sería el apego a las Escrituras; el legalismo es la imposición de reglas, de normas, de opiniones, de preferencias que no son necesariamente bíblicas, pero yo quiero que todos entiendan que son bíblicas cuando en realidad no lo son. Y eso ha dejado a la iglesia debilitada, dividida, incapaz de poder transformar la sociedad en medio de la cual ella se encuentra operando. Y esa iglesia secularizada, entonces psicologizada, si me permiten usar la palabra, es una iglesia que anda sin rumbo hoy en día. Esa es otra de las causas.

En tercer lugar, esa psicología que ya he mencionado pasó a ocupar el centro de la consejería pastoral de la iglesia, con consecuencias devastadoras. No niego que la psicología nos pueda ayudar a entender algunas cosas del comportamiento humano, pero tenemos que recordar que esa psicología no va a llenar el alma del individuo. Cuando ese individuo comenzó a sentirse vacío, él comenzó a abandonar la iglesia o las iglesias. Las iglesias que se vieron vacías ahora comenzaron a sentirse amenazadas porque los ingresos bajaron y las personas se estaban yendo. Y en vez de decir qué es lo que hemos hecho mal, miraron hacia afuera: qué es lo que el mundo está haciendo bien que le da crecimiento. Y entonces introdujimos en la iglesia técnicas de mercadeo y comenzamos a mercadear la iglesia. Y se nos olvida que Dios no es mercadeable. Pero esas son los errores o las respuestas que la iglesia le ha dado muchas veces a los males que están dentro.

Decía alguien que las técnicas de mercadeo muchas veces no son más que manipulación psicológica para fines económicos. Manipulación psicológica para fines económicos. Pero cuando estos fines económicos no se comenzaron a alcanzar, entonces inventaron su propio evangelio, el de la prosperidad, que ha producido los fines económicos que habían sido soñados y deseados. Pero eso no es una iglesia, eso es otra cosa con otro evangelio.

¿Y cuál fue la razón de que la iglesia compró, o ha comprado, o está comprando un evangelio? En especial, que no le estimularon a usar su mente, que no le enseñaron a filtrar lo que se le enseña a través de su mente y de la Palabra de Dios. Y eso dio lugar entonces, con perdón de la expresión, a la proclamación más vulgar del evangelio que yo creo se ha dado en los últimos veinte siglos de la historia de la iglesia. Yo no encuentro nada más vulgar que la proclamación del evangelio de la prosperidad, donde hasta tu salvación se puede comprar por dinero. Hemos vuelto a las ventas de las indulgencias de los tiempos de Martín Lutero, excepto que en esta ocasión el vendedor en la iglesia evangélica, quien se lleva todos los premios de la mejor venta, es la iglesia evangélica en este caso. Eso ha sido una de las causas de la enfermedad.

En cuarto lugar, se le comenzó a dar mayor importancia a la formación académica que a la formación del carácter del individuo. Incluso, pocos seminarios hoy en día tienen materias diseñadas para formar el carácter de los estudiantes. Hemos creído que buena formación académica equivale a buenas iglesias. Y se nos ha olvidado que yo puedo tener todos los dones, todos los talentos del mundo, y si no tengo carácter, yo no tengo absolutamente nada. La falta de la formación de ese carácter es la causa de todos los desastres personales que nosotros hemos visto en la historia de la iglesia en los últimos años, en medio de lo que es el liderazgo y el pastorado de la iglesia.

Our Hendrix, un solo autor, estudió durante dos años a doscientos cuarenta y tantos líderes y pastores que habían caído en dos años. Si tú haces la matemática de eso, eso es como más de dos o tres por semana. Un solo autor tratando de entender las causas de este fenómeno. Y en gran medida es que no ha habido formación de su carácter. Esa es la razón por la que uno de nuestros valores no negociables en la iglesia es el siguiente: el carácter es más importante que el talento. El carácter es más importante que el talento. Puede ser el mejor predicador, puede ser el mejor cantante; si no hay un carácter santo detrás, no lo puede ejercer, no puede ejercer el don que Dios te dio. La falta de carácter te descalifica para ejercer el don. Y de ahí que necesitemos formar o hacer énfasis una vez más en la formación del carácter del individuo.

Número cinco. La iglesia ha querido ser relevante, asumiendo todo el tiempo que ese mensaje cristocéntrico fue atractivo para una generación anterior, pero que ya no lo es para esta generación de hoy en día. Y esa iglesia necesita recordar que el mensaje no hay que hacerlo relevante; el mensaje es relevante. Porque el mensaje habla de un Dios sobrenatural, de una fe sobrenatural, capaz de llenar las necesidades más profundas del ser humano, capaz de responder a las preguntas más profundas del ser humano: ¿de dónde vengo?, ¿para qué estoy aquí?, ¿qué es bueno?, ¿qué es malo?, ¿para dónde voy?, ¿qué es moral?, ¿qué hago?, ¿qué no hago?, ¿quién determina lo bueno y lo malo? Eso hace al mensaje relevante. Yo no necesito hacer relevante, importante, significativo, el mensaje que ya es por definición.

Cuando tú traes al Dios eterno infinito y tú interceptas lo temporal finito con el Dios eterno infinito, tú te das cuenta que ese Dios es relevante por definición. Pero la iglesia no ha conocido a ese Dios. La iglesia no ha conocido al Dios que puede llenar cada vacío, el Dios que puede llenar cada insatisfacción, el Dios que puede sanar cada herida, el Dios que puede fortalecer cada debilidad, el Dios que puede llenar cada pérdida, el Dios que puede hacer en tu vida lo que nada ni nadie puede hacer, porque tiene que ver con el alma que Él creó en el hombre. El mensaje de Cristo es relevante. Tratando entonces de hacer relevante el mensaje, la iglesia perdió su norte.

Número seis. Esa iglesia ha querido ser moderna. Y ella piensa o ha pensado que la manera de ser moderna es adoptar la música del mundo, la vestimenta del mundo, el estilo de hablar del mundo y las estrategias y los métodos de mercadeo de ese mundo. Esa no es la forma de ser moderna. El ser moderno implica, y ser bíblico a la vez, que tú sabes lo que la tecnología moderna te puede ofrecer, y tú pones la tecnología al servicio de la iglesia y no la iglesia al servicio de la tecnología. Y eso es lo que la iglesia no ha sabido hacer, no ha entendido. Que tampoco tenemos que rechazar todo lo que es moderno; lo que necesitamos hacer es ponerlo, poner lo moderno en su lugar, ponerle la Palabra encima y hacer que lo moderno sea un instrumento bajo la unción de la Palabra y dirección de la Palabra. Y entonces veremos los resultados que nosotros quisiéramos ver.

Número siete. La iglesia ha querido ser chévere, popular, para sentirse aceptada por aquellos que le visitan. ¿Y sabes cuál es el resultado de eso? Que frecuentemente sí el hombre le visita. Una iglesia chévere, popular, que todo va y todo viene y no importa, es una iglesia frecuentemente visitada por el hombre, pero raramente, si es que alguna vez, es visitada por Dios. Pero nosotros lo que queremos es que nos visite el hombre: contamos cabezas, contamos discípulos, contamos bautizos, y siempre y cuando los números vayan en aumento, estamos contentos, nunca preguntándonos si Dios nos está visitando. Y queremos creer que crecimiento numérico es igual a visitación de Dios. Si ese es el caso, la denominación o religión más visitada por Dios hoy en día son los musulmanes. Es la religión que está creciendo con más rapidez. Números no tienen nada que ver con la visitación de Dios necesariamente. Pudieran tener que ver en algunos casos, pero no necesariamente.

Y hemos entonces, en querer ser chévere, popular, que todo el mundo nos acepte, hemos perdido la diferencia entre lo que es honorable, digno de honra, glorioso, y lo que es común y ordinario. Me decía alguien, uno de nuestros líderes que está aquí sentado en este momento, que es un hombre que se ha dejado mentorear, que él visitó recientemente una iglesia de alguien cuyo nombre no voy a mencionar, pero es un autor muy popular. Si yo mencionara su nombre, no hay una sola persona aquí que no lo haya oído. Probablemente la mayoría o ha leído uno de sus libros, o varios, o tiene varios en su casa. Alguien que escribe con mucha imaginación, y eso es todo lo que voy a decir. Sentado aquí arriba en el púlpito, con una chacabana —no tendría nada de malo—, chancletas y una taza de café de Starbucks, la marca de café, en la mano.

Cuando yo no sé diferenciar lo que es digno de honra de lo que es ordinario, tú te das cuenta que hace mucho tiempo que yo no he estado en la presencia de ese Dios extraordinario. Y lamentablemente esa iglesia cree que eso es nice, chévere, nos hace ver al pastor con los pies afuera, nice, tomando café. Yo no creo que si Dios se apareciera aquí ahora nosotros nos quitáramos los zapatos, cayera al piso la taza de café. "Hola, Dios, ¿cómo estás?" Yo creo que cuando venimos el domingo es con la expectativa de que Dios nos visite, aunque no lo veamos; esa es mi expectativa. Cuando comenzamos a pasar esa raya entonces, nosotros hemos perdido el norte y no sabemos al Dios que le servimos.

Es la razón por la que muchas veces la iglesia no se percata de que Dios se ha ido de en medio de ellos. Por lo siguiente: la iglesia se ha programado también para tener actividades y seminarios y retiros y campamentos y ministerios de todo tipo, que Dios se retira de ellos, de ella, las actividades continúan, y la continuación de sus actividades les hace creer que Dios no se ha retirado. Decía alguien que de la mayoría de las iglesias se pudiera retirar y nadie se daría cuenta, porque tiene mucho tiempo que no estaba obrando ahí.

¿Y tú sabes lo que hemos hecho en el ínterin? Que hemos rebajado tanto las cosas que hoy en día la iglesia es culpable de convertir lo sublime en ridículo, lo especial en vulgar, lo grandioso en insignificante, lo excepcional en habitual, lo insuperable en algo comparable, lo celestial en terrenal, lo infinito en temporal, lo honorable en algo abominable, lo notable en algo que pasa desapercibido, y lo divino en humano.

Déjenme decirles eso otra vez más. La iglesia de hoy es culpable de convertir lo sublime en ridículo, lo especial en vulgar, lo grandioso en insignificante, lo excepcional en habitual, lo insuperable en algo comparable, lo celestial en terrenal, lo infinito en temporal, lo honorable en algo abominable, lo notable en algo que pasa desapercibido, y lo divino en humano. En otras palabras, hemos humanizado a Dios y popularizado su iglesia y su mensaje, lamentablemente, en el afán de que el mundo nos acepte, nos considere chévere, nos considere relevante, popular. Cuando en realidad Cristo nos reveló todo el tiempo que el mundo no nos iba a tratar de esa manera.

Escucha las palabras de Cristo: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo. Pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia." "Hermanos, no os maravilléis si el mundo os odia," Primera de Juan 3:13. Hermanos, si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo. La razón por la que el mundo te odia y te rechaza es porque el mundo se siente rechazado por aquello que no es como él, o más que rechazado, se siente amenazado por aquello que no es como él.

Cuando el incrédulo va a la iglesia y se siente cómodo, nice, como si estuviera en su casa, tú sabes que él entró a una iglesia donde Dios tiene mucho tiempo que no visita. Porque el mensaje de la Palabra de Dios, la presencia de Su santidad, el lograr el mover de Su Espíritu le va a ser muy incómodo a esa persona, hasta que una de dos cosas: o se convierte o se va. Pero cuando el mundo comienza a aceptarnos es porque, de forma sin pensarlo, porque se siente cómodo con nosotros, eso implica que nosotros hemos tomado su forma.

Esas son las causas por las que la iglesia se ha enfermado, pero no hemos visto todavía los síntomas. La sintomatología del paciente enfermo, aquellas cosas que dicen "ups, ese paciente está enfermo." Los síntomas de la enfermedad llamada mundanalidad, que lamentablemente ha afectado gravemente a un alto porcentaje de aquellos que han nacido de nuevo, que han sido verdaderamente regenerados por el Espíritu de Dios, pero que están enfermos. Vamos a tratar de hablar de algunos de esos síntomas.

Lo que ocurre es lo siguiente: que cuando el cristiano viene consistentemente el domingo, viene consistentemente los miércoles —que no es la mayoría, pero los que vienen los domingos, los miércoles—, y tiene algún otro ministerio en el cual participa, ya sea porque sirve o es miembro de él, cuando él hace todo eso consistentemente y comenzamos a hablar de mundanalidad, él dice: "Sí, es verdad, así es, porque imagínate, gente que no viene los miércoles, no tiene ningún ministerio..." Él no se ve a sí mismo como parte de la enfermedad, porque él ha llegado a creer que frecuencia de actividades implica salud espiritual. Y yo puedo hacer todo eso y estar súper enfermo.

Yo te voy a compartir una parte de un devocional que me envió una de las jóvenes de esta iglesia, y sigo estando orgulloso de nuestros jóvenes. Una de las jóvenes que leyó el devocional de John Piper. Le respondí diciendo que voy a usar una parte el domingo. Oye lo que Piper dice: "Estamos esclavizados a los placeres de este mundo, de manera que con toda nuestra forma de hablar acerca de la gloria de Dios, con todo nuestro lingo y todo nuestro lenguaje pomposo 'para la gloria de Dios,' aleluya."

En medio de todo eso, amamos la televisión, la comida, el dormir, el sexo, el dinero y el elogio de los hombres al igual que el resto del mundo. ¿Y estamos enfermos? Si es así, dice él, arrepintámonos y fijemos nuestros rostros hacia la Palabra de Dios en oración. Oh Dios, abre nuestros ojos para ver la escena soberana de que en tu presencia hay plenitud de gozo y a tu mano derecha deleites para siempre. Oh Dios, ayúdanos a ver que a tu mano derecha y en tu presencia están los deleites del alma que yo he estado tratando de calmar por medio de la televisión, el sexo, la comida, el sueño y todas las demás cosas que disfrutamos.

Y quizá usted me está diciendo: "Bueno, porque aquí se están poniendo como legalistas, porque da un besito de una cosa". La televisión, yo no veo película pornográfica, no puede ser que no. Quizás nunca ha habido, pero quizás amas tanto las horas de televisión y ves tantas horas de televisión como el inconverso, y luego te quejas de que no tienes tiempo para leer y estudiar la Palabra. Eso es síntoma de mundanalidad.

Bueno pastor, pero vamos a revisar una por una las cosas que Pablo mencionó ahí. Comida. Estamos en el Nuevo Testamento, en la época de la gracia, no hay comidas sagradas y comidas paganas o inmundas. No, pero sueñas todo el tiempo con esta comida y aquella receta y aquella salsa. "Ay, si yo pudiera... ay, yo, porque no puedo pagarlo..." Ay, porque yo he estado en presencia de conversaciones, a la media hora yo estoy harto de la comida. Porque se habla de esta comida como un placer, una cosa que me llena tanto. Tenemos un estómago pagano. Sí, el apetito hay que convertirlo, hermano. El apetito hay que santificarlo, que entiendas que la voluntad de Dios es más importante y es mejor comida que esa comida que yo me como tres veces al día, que de total va a salir de mí otra vez. Es tan común y corriente que ni se puede quedar dentro.

Pastor, pero es una cosa, porque hay que ver, habla del sueño y el sueño es bueno para descansar. Claro que el sueño es bueno para descansar. El problema es que si tú duermes hoy las mismas horas que antes de convertirte, tú tienes una almohada muy pagana todavía. Aprovechad bien el tiempo, que los días son malos. Cuando tú estabas de pagano, no, tú no aprovechabas bien el tiempo, tú lo desperdiciabas, y tu cama era parte de la forma como desperdiciabas el tiempo. Sí, amábamos eso como si fuera algo paradisíaco. Tendrás la eternidad para dormir, no te preocupes. Y luego me quejas de que no tienes tiempo para leer la Palabra, para estudiar, que tienes muchas cosas. Para dormir sí hay tiempo.

Eso del sexo. Me vas a decir: "Yo nunca le he sido infiel a mi misma esposa". Bueno, puede ser. "Me van a mirar, ni de pensamiento". Ok, te lo voy a decir que sí, te lo voy a dar eso. Pero muchas veces exiges el sexo de esa esposa de la misma manera que el pagano lo hace. Lo demandas egoístamente. Te pones bravo de la misma manera cuando se te niega, igual que se pone bravo el pagano. En otra manera, ahí tampoco yo he sido convertido. Y esos son síntomas claros, obvios, de la mundanalidad de la mente del creyente de hoy en día.

Y el dinero. "Pastor, mire, yo trabajo, donde yo trabajo las cosas se hacen derechas. Es más, es decirle, yo no soy como la mayoría de los cristianos que no pagan su impuesto". Ok, tú ganas dinero honestamente, qué bueno. Pagas tu impuesto, qué bueno. Pero cuando vemos tu chequera, tus tarjetas de crédito, tus patrones de consumo son iguales a los del pagano. No vives conforme a tus posibilidades. Compras marcas que no puedes, que no debes comprar. Gastas conforme a lo que son las marcas, las modas, los estilos del momento. Vives chequeando las marcas: "Ves, eso es lo mejor y lo que está de moda", y allí se deleitan tus ojos. Le enseñamos a los niños y a los jóvenes la misma cosa: si no son Nike, no lo queremos; Adidas por ahora son muy inferiores, ahora tienen que ser Nike. ¿Te das cuenta? Entonces ganamos honradamente y gastamos paganamente.

Y quizás el elogio de los hombres que estaba en esa lista, quizás no lo buscas, pero no te sientes bien si no lo tienes, lo cual dice que también estoy enfermo. Cuando cambian los estilos de moda, de ropa, de zapatos, de muebles, tengo que cambiar mi ropero mismo, porque ya eso no está a la moda. ¿Dice quién? Hollywood, los modistas. En otras palabras, los modistas del mundo o las modistas del mundo, Hollywood es quien conforma tu mente, quien maneja tu vida.

Y no solamente eso: si alguien viene a nuestras actividades con un estilo pasado, me deshago mucho. "Eso está pasado de moda, ¿a quién se le ocurre ponerse eso?" A mi esposa la han criticado por estar pasada de moda en mi presencia. Como dirían en inglés: so what, ¿y qué? La moda no nos dirige, no nos rige, no nos gobierna más. Nos rehusamos a ser gobernados por la moda. Nos rebelamos en contra de la moda. Ella no tiene parte ni suerte ni salvación en mi vida. Cristo es el que tiene que gobernar mi pensamiento. Si me voy a comprar algo, claro, a propósito no me lo voy a comprar pasado de moda para lucir ahora que soy más tonto que el más tonto, pero no tengo que cambiarlo simplemente porque pasó de moda. ¿Te das cuenta cómo la enfermedad nos ha afectado?

Nosotros necesitamos incluso convertirnos en la manera en que hacemos negocios, como un creyente. Gary Bridges escribió un libro que se llama "Pecados Respetables", ¿sabes? Pecados que los respetamos incluso, tiene su respeto, digno de todo respeto. Y él dice que este vendedor de carros le contó que cuando él no era convertido, él vendía muchos carros y se preocupaba por ganar mucho dinero vendiendo carros. Pero que ahora que él se convirtió, él sigue vendiendo carros, pero ahora en vez de vender carros, él ha pasado a ayudar a la gente a comprar un carro de acuerdo a sus posibilidades y sus necesidades. Pasó de vender a ayudar a comprar, de acuerdo a sus necesidades y sus posibilidades.

Dios no nos ha llamado a todos a cambiar de profesión o a dejarla, a algunos sí, pero Él nos ha llamado a todos a vender, comprar, trabajar, sacar negocios, lo que tú quieras, atender pacientes, hacer casas de una manera distinta al resto del mundo. Nuestra motivación tiene que ser distinta. Hasta para hacer un edificio no lo puedo hacer con la motivación de ganar dinero primero, porque la Palabra de Dios dice: ya sea que comas o bebas o hagas edificios o sanes a un paciente, hacerlo todo para la gloria de Dios. Si la motivación número uno es hacer dinero, eso no es para la gloria de Dios. Yo necesito hacer edificios que reflejen en el arquitecto, en el ingeniero, la imagen de Cristo. Yo necesito sanar pacientes que reflejen en el médico, en el sanador, la imagen de Cristo, para que sea hecho para su gloria y ahí su honra.

De manera que nosotros necesitamos ser transformados completamente para que nosotros podamos verdaderamente honrar a Dios. Esto es como debe ser. Escucha a esta persona que escribió esto: En mi industria, que Dios esté en mis manos y en mi hacer. En las artes, que Dios esté en mis sentidos y en mi creatividad. En el hogar, que Dios esté en mi corazón y en mi forma de amar. En los negocios, que Dios esté en mi escritorio y en mis ventas. En la sanidad, que Dios esté en mis habilidades y en la forma como toco. En el gobierno, que Dios esté en mis planes y en mis decisiones. En la educación, que Dios esté en mi mente y en mi crecimiento. En la recreación, que Dios esté en mis extremidades, a donde voy, y en mi tiempo de ocio.

J.C. Ryle escribió un libro a mediados de los 1800, y él decía con relación al tiempo de ocio: en aquel momento no había televisión a la hora de la noche, ni había internet ni nada. Eso él decía: ¡Ten cuidado con tu tiempo de ocio al final de la noche! Que es ahí donde el cuerpo se siente cansado. Que es ahí donde el cuerpo quiere relajarse. Que es ahí donde el cuerpo tiende a convencerte que es el momento para proveerle cierta satisfacción que no le diste durante el día. Y que tengas mucho cuidado entonces, y como una medida de precaución, él recomendaba retirarte temprano a descansar. Quizás no sea la mejor recomendación, sobre todo con la televisión como nosotros la tenemos.

¿Te das cuenta que esta enfermedad que llamamos mundanalidad es un problema no solamente del incrédulo? Es una enfermedad que comienza en el incrédulo e infecta al creyente. O una enfermedad con la cual yo estaba enfermo como incrédulo, me convertí, pero no me acabé de quitar esa enfermedad. Jerry Bridges, en ese libro que le mencioné, decía lo siguiente: que la mundanalidad en esencia es el vivir preocupado por las cosas de esta vida temporal y el aceptar los valores y las prácticas de la sociedad alrededor sin discernir si son bíblicas o no. La mundanalidad es, en primer lugar, el estar preocupado por las cosas temporales de este mundo, y en segundo lugar, la aceptación de los valores de esa sociedad alrededor, los patrones, las corrientes, las prácticas de esa sociedad, sin nunca preguntarme si eso es bíblico o no.

De ahí que si los escotes se ponen de moda, yo me escoto igual que el mundo. Vengo a la iglesia igual que el mundo, sin preguntarme si los escotes agradan a Dios. Es chocante. Ve las bodas hoy en lugares santos como estos, porque la vestimenta es horrenda. Pero ¿qué fue? Porque yo te veía de lunes a viernes vistiendo de otra manera. Ahora, porque es un evento llamado boda donde culturalmente la gente se escota y de todo, y es aceptable, ahora cambiamos de forma de ser. O sea, el evento llamado boda me da el permiso para comportarme como un mundano. Pero por Dios, ¿dónde está nuestra mente bíblica? ¿Dónde está nuestra forma de pensar conforme a lo que Dios quiere?

Si esa es la mentalidad del creyente, esa es la mentalidad de la iglesia formada por creyentes. Porque la iglesia no está compuesta de marcianos, ahora no. Si esa es la mentalidad del creyente, esa es la mentalidad de la iglesia que conforma o está conformada por esos creyentes.

Volviendo a Ryle, en los años de 1800, él decía que el problema principal del cristiano no está tanto en el pecado flagrante o de la inmoralidad franca, sino en el amor por el mundo, el miedo o el temor del mundo, las preocupaciones de este mundo, los negocios de este mundo, los deleites de este mundo, y el deseo de estar a la altura de este mundo. Ahí están los síntomas de la enfermedad, documentados por encuesta tras encuesta. Hoy en día el estilo de vida del incrédulo es prácticamente idéntico al estilo de vida del creyente. Encuesta tras encuesta, año tras año, de forma consistente en los últimos diez años, el estilo de vida de uno y del otro no difieren prácticamente en nada. En algunos casos ha sido peor; la estadística ha sido peor entre los creyentes que entre los incrédulos, y eso es increíble.

¿Cómo vamos a sanar la iglesia? ¿Cómo la iglesia va a salirse de donde está? Bueno, la iglesia tiene que recobrar de nuevo lo que es la centralidad de la Palabra de Dios para poder llevar a cabo su misión de ser sal y luz. Como Tú me enviaste al mundo, Yo también los he enviado al mundo, y Él nos ha enviado a ser sal y luz.

Nosotros sabemos, lo hemos hablado en otras ocasiones, que la sal, su propiedad número uno era de preservar. Se usaba mucho para preservar alimentos. El cristiano necesita, donde él vive, a través de su iglesia y fuera de su iglesia, contribuir a preservar los valores que tienen que ver con Dios y su Palabra. La sal, una de las cosas que hace cuando tú la consumes es que te vuelves sediento, y entonces de esa misma manera el cristiano deberá vivir una vida tan increíblemente envidiable que vuelva sedientos a sus amigos que no conocen la fe que él tiene. Pero si pierde la sal su unidad, ni puede preservar la sociedad ni le va a provocar sed a ninguna persona de aquellos que tú conoces que viven a tu alrededor.

Cuando la iglesia retome la predicación de las verdades profundas del evangelio, cuando la iglesia recuerde qué es lo que le da su vida, cuando la iglesia recuerde lo que Cristo dijo en la última noche en el aposento alto, en el texto que yo mencioné hoy en día, cuando la iglesia recuerde que Cristo dijo: "Padre, les he dado tu Palabra y el mundo los ha odiado". ¿Usted se acuerda cuando yo leí esto? El texto dice: "Les he dado tu Palabra y el mundo los ha odiado". Pero, ¿cuándo es que el mundo llega a odiar a la iglesia?

Cuando la iglesia obedece la Palabra que se le ha dado, cuando la iglesia vive la Palabra que se le ha dado. Cuando la iglesia no obedece la Palabra, el mundo no le odia, le ama. Cuando el cristiano no obedece la Palabra, sus allegados, sus amigos tampoco le odian, le aman, porque usted piensa como ellos, vive como ellos, va a los bares y casas de apuesta como ellos. Es cuando tú comienzas a hacer la Palabra parte de tu vida, cuando tú comienzas a hacer realidad aquello que Cristo dijo: "Les he dado a santificarlos en tu Palabra, tu Palabra es verdad".

De hecho, Pedro entendía que nosotros debíamos vivir vidas tan piadosas que, por la manera en que nosotros vivimos, otros hubiesen sido estimulados a hablar correctamente de la fe que hay en nosotros. Primera de Pedro 2:12: "Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable". Cuando ustedes leen los requisitos para ser anciano o pastor, el primero que está ahí es conducta irreprochable. Pero ahora Pedro dice, ¿quién dijo que es solo para ancianos y pastores? Esto es para todo el mundo: "Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación". Que ellos vean una vida tan piadosa en ti, que el día en que Dios decida visitar a esos gentiles que no conocen a Dios, ellos puedan tener una buena opinión de Dios que les está visitando porque lo han visto en las vidas de ustedes.

Eso es lo que la iglesia necesita hoy en día para deshacerse de la mundanalidad, causada por el desplazamiento de la centralidad de la Palabra, la importación de la psicología en reemplazo de su revelación, causada por la necesidad de sentirse aprobada, ser popular, ser chévere, o todo lo que tú quieras, en vez de ser santa, gloriosa, sin mancha, sin arrugas. Más interesados en que seamos chéveres y nice y populares, que en que seamos santos, sin mancha, sin arrugas.

Y esa iglesia entonces necesita predicar esta Palabra. "Yo les he dado tu Palabra", dice el versículo 14 del texto de hoy, "y el mundo los ha odiado". "Santifícalos", versículo 17, "en la verdad; tu Palabra es verdad". El instrumento de salvación es la Palabra de Dios. La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Una vez salvo, tu santificación también es por la Palabra de Dios: "Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad". Dios nos ha dado la Palabra para que ella nos santifique, nos sane de la mundanalidad con la que entramos al reino de los cielos en nuestros patrones de pensamiento y demás.

La Palabra es tan cardinal en hacer eso que, cuando Cristo compara la unión de Él con su iglesia con la unión del esposo y la esposa, mira cómo Cristo habla de la función de la Palabra en la vida de la iglesia, en Efesios 5, versículo 25 en adelante: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella". Escúchenme: "Para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la Palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada". La iglesia, limpia por el lavamiento del agua con la Palabra, a fin de que Él, Cristo, se la pudiera presentar a sí mismo: una iglesia gloriosa, santa, sin mancha. Nota la ausencia de popular, aceptada, nice, chévere. No, esas no son las cualidades que Cristo anda buscando.

El texto afirma que el instrumento de santificación es la Palabra. Tenemos que consumirla, tenemos que asimilarla, tenemos que vivirla. De nada me hace conocerla si no la voy a vivir en mi vida. Es como tener una despensa llena de comida y morirse de hambre, es más o menos igual. De nada me sirvió la comida si no la consumí. De nada me sirve tenerla en las manos o aún en la mente si no la voy a aplicar y llevarla al corazón.

Recuerda, hermano, que esto no se trata simplemente de no irme al infierno. ¡Cuánto cristiano está contento simplemente porque no se va al infierno! No, eso es como el estudiante que está contento si pasa con setenta. No se trata de eso. Se trata de que hagamos el mejor esfuerzo en este mundo, camino a la gloria, para reflejar a Cristo, representar su causa, defender la misma, vivir por ella, amar a su novia, de tal manera que podamos complacer y agradecer a Aquel que dio su vida por nosotros.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.