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Sermones

Cuando ignoras la bondad y la paciencia de Dios

Miguel Núñez 5 mayo, 2024

Todos nos consideramos más morales de lo que realmente somos, y solemos medir nuestra moralidad comparándonos con quienes viven a un nivel inferior al nuestro. Esta es precisamente la trampa que el apóstol Pablo expone en Romanos 2: el moralista que condena en otros lo que él mismo practica termina condenándose con sus propias palabras. No se trata solo del incrédulo que vive como si Dios no existiera, sino también del cristiano que señala el pecado ajeno mientras ignora el propio. Pedro, horas antes de negar a Cristo tres veces, estaba convencido de que otros podrían apartarse, pero nunca él.

El problema se agrava cuando consideramos que Jesús amplió la cobertura de los mandamientos: quien insulta a su hermano viola el mismo mandamiento que prohíbe el homicidio, y quien codicia comete adulterio en su corazón. Ninguno de nosotros ha cumplido cabalmente un solo mandamiento de Dios durante un día entero, porque eso requeriría un corazón puro las veinticuatro horas. Y en el día final, Dios no solo evaluará nuestras acciones sino las intenciones detrás de ellas: por qué hicimos lo que hicimos, qué buscábamos realmente.

La bondad, tolerancia y paciencia de Dios tienen un propósito: guiarnos al arrepentimiento. Pero cuando interpretamos la demora del juicio como señal de que nunca llegará, acumulamos ira para el día de la ira. Cada pecado sin confesar es culpa acumulada, y la culpa acumulada significa un juicio mayor. La única solución es la cruz de Cristo, su gracia que salva, santifica y hace perseverar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, el día de hoy tomamos la serie de Romanos. Hace ya un par de semanas que cerramos el capítulo 1 de la carta, y hoy estamos continuando con el octavo mensaje de esta serie. Recuerdo que la serie fue llamada "La condenación del hombre y la salvación de Dios", primariamente porque Pablo usa tres o cuatro capítulos al inicio para desplegar con lujo de detalles lo que es la condenación de este hombre, la corrupción moral en que ese hombre cayó después de que Adán y Eva transgredieron su ley, para luego desplegar de forma gloriosa la gracia de Dios extendida a ese hombre que se ha corrompido durante años y que cada vez está más lejos de Dios.

Yo creo que eso es particularmente bueno recordar en nuestros días, sobre todo cuando pensamos en aquellas áreas como Europa y Norteamérica, que fueron grandemente impactadas por los valores cristianos y que hoy están tratando de sacar a ese Dios de en medio de ellos, y ver los resultados que están teniendo. Porque el apóstol Pablo habla precisamente de eso: de ese hombre que conoce que hay un Dios, un Dios que se le reveló en la naturaleza, que se le reveló en su conciencia, y que a pesar de la contundencia de su evidencia, ese hombre no le ha reconocido como Dios y tampoco le ha dado gracias. Dios considera su revelación lo suficientemente contundente y clara para declarar, en el versículo 20 de Romanos 1, que por tanto —es como la conclusión— por tanto, ese hombre no tiene excusas. Y mucho menos porque ese hombre tampoco ha reconocido sus bendiciones, la manera benevolente como Dios se ha comportado con él, y por eso Dios dice que tampoco le han dado gracias.

Esa ingratitud, como dijimos, es uno de los peores pecados que el hombre pudiera tener en su corazón y expresar, porque pone de manifiesto un corazón endurecido, un corazón engreído y un corazón sin entendimiento. Y eso es lo que Pablo nos ayuda a ver, a entender en ese capítulo primero. Nos dice incluso que ese hombre, en vez de reconocer a ese Dios, lo que ha hecho —ese hombre ingrato, rebelde, arrogante, egocéntrico— lo que ha hecho es que ha cambiado la verdad de Dios por la mentira y se ha comportado así, adorando a la criatura en vez del Creador a lo largo de los siglos.

Eso hizo que Dios abandonara a ese hombre a su propio deseo. Eso hizo que Dios —y hablamos de esto— que el peor juicio que Dios pudiera concederle a una persona es decirle: "Puedes tener tu propio deseo. Voy a remover mis frenos de tu vida, de manera que yo no sea un obstáculo para ti, para que tú puedas disfrutar de todas aquellas cosas que tú has querido disfrutar". No habría mayor juicio que ese.

Resultado de todo eso, dice Pablo, resultado de esta acción de parte de Dios, es una larga lista de pecados que él enumera del versículo 22 al versículo 24, al 32. En esa serie de pecados aparecen una serie de conductas sexuales y aberraciones sexuales, y una larga lista de pecados internos, muy particulares del corazón, que nadie podría ver, como la envidia y la avaricia. Y luego Pablo da paso a una larga lista de acciones pecaminosas, entre las que él incluye los pleitos, engaños, los chismes, la insolencia, la soberbia y la jactancia, entre otros.

Cuando Pablo está escribiendo ese capítulo primero, Pablo tiene en mente de manera prioritaria al hombre que no reconoce a Dios, el hombre que se comporta como si no hubiera Dios, al hombre que tú y yo llamaríamos incrédulo, o llamaríamos impío, o llamaríamos pagano. Eso es como es. Pablo está teniendo en cuenta, sin embargo, no solamente a ese hombre impío que no reconoce a Dios, pero también a toda la humanidad a lo largo de toda la historia desde que Dios creó al hombre. Y por consiguiente, Pablo usa pronombres en plural y verbos en plural.

Pero cuando el apóstol Pablo entra al capítulo dos, él hace un cambio, él hace un giro, y ya no usa pronombres en plural ni verbos en plural; él lo hace de manera singular. Él se imagina que está delante de alguien con quien él está teniendo un diálogo personal, un tanto argumentativo, un tanto confrontador, un tanto declaratorio, para enfatizar una verdad que él quiere comunicar. Y esa forma de tener un diálogo imaginario, como era en esa época común en las cartas de Pablo, pero especialmente en Romanos, es lo que nosotros llamamos diatriba.

Y cuando tú lees las cartas de Pablo, cuando tú lees en detalle y analizas el capítulo uno y el capítulo dos, es obvio que Pablo se dirige a tres grupos diferentes de personas. Y lo menciono porque es importante para entender el capítulo dos y la transición del uno al dos. En el primer capítulo, Pablo se dirigió a la persona incrédula, la persona que vive, como dije ya, como si Dios no existiera, vive sin ley, hace lo que él quiere.

En el capítulo dos, ahora Pablo se va a referir a la persona moralista, la persona que piensa que vive correctamente, y como piensa que vive correctamente, se siente en la capacidad de pasar juicio sobre otro, ver su estilo de vida como superior a otros, a pesar de que muchas veces vive en la práctica de los mismos pecados. Y ahí pudiéramos incluir no solamente al moralista no religioso, pero pudiéramos incluir también al cristiano nacido de nuevo, también moralista, que acostumbra a pasar juicios sobre otros. Tú y yo, por ejemplo, no nos compararíamos con una prostituta. Sin embargo, aparte de la gracia de Dios, esa prostituta y tú y yo estaríamos igualmente condenados.

En ese grupo, en la época de Pablo —decía en mi primer mensaje— podríamos incluir a un filósofo famoso de nombre Séneca. Te voy a mencionar cómo Séneca pensaba, porque cuando tú comienzas a oír su nivel de moralidad, tú dices: "¡Wow! Pero este hombre casi suena como un cristiano". Pero no, no lo era. Escucha lo que F. F. Bruce dice, un académico del Nuevo Testamento: que Séneca exaltó las grandes virtudes morales de clemencia, coraje y ponderación; predicó la igualdad de todos los hombres; reconoció el carácter omnipresente del mal; practicó e inculcó el autoexamen diario —algo que la mayoría de nosotros no hacemos—; ridiculizó la idolatría vulgar; asumió el papel de guía moral. Pero con frecuencia toleraba en sí mismo vicios no tan diferentes de los que condenaba en otros, siendo el ejemplo más flagrante el dar su aprobación para que el emperador Nerón matara a su propia madre Agripina. Séneca fue el mentor de Nerón, dio aprobación para que Nerón matara a su propia madre, y Nerón llegó a matar a dos de sus esposas.

Hay un tercer grupo al que Pablo se va a dirigir más adelante en el capítulo dos, específicamente a partir del versículo 17, donde Pablo les habla a los judíos y les dice: "Pero si tú que llevas el nombre de judío y te apoyas en la ley..." Ahí continúa toda su argumentación. De manera que en el texto de hoy, Romanos 2 del versículo 1 al 5, yo quiero que tú veas al moralista no religioso, no cristiano, pero que te puedas ver tú mismo en este grupo, porque yo tengo que hacer lo mismo.

Yo he titulado mi mensaje en esta mañana: "Cuando ignoras la bondad y la paciencia de Dios". Cuando ignoras la bondad y la paciencia de Dios, que es algo que está en el texto que estaremos leyendo en el día de hoy.

Capítulo dos, versículo uno de Romanos: "Por lo cual..." —recuerda siempre que estas frases conectoras nos hacen pensar en qué fue lo que acaba de decir, por eso empleé todo el tiempo en describirte el contenido de Romanos 1— "...en vista de Romanos 1, por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas. Sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas. ¿Piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios? ¿O tienes en poco la riqueza de su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios".

Yo he querido, con ese texto que acabamos de leer, traerte tres o cuatro enseñanzas, cuatro enseñanzas en particular que salen del mismo texto y que necesitamos revisar en detalle. De nuevo te recuerdo que en ese primer grupo no solamente están los moralistas en general; están los moralistas del mundo cristiano también. Nosotros pudiéramos pensar en un Pedro, por ejemplo, que horas antes de la crucifixión de Cristo no se consideraba capaz de negar al Señor Jesucristo, pero sí consideraba que otros pudieran hacerlo. Escucha sus palabras exactas en Mateo 26:33: "Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré". Y sin embargo, llegaba la hora y Pedro negó al Señor Jesús una vez, dos veces, tres veces. De tal forma que Pedro necesitaba aprender la lección: que su espíritu de condenación y la incapacidad que él veía en él de negar a Jesús, pero que sí podía pensarla para otros, era algo que todavía estaba dentro de él.

Nosotros vamos a tomar enseñanzas del Señor Jesús del Sermón del Monte y las vamos a usar como lente para atraer luz, aumentar la luz sobre el texto de hoy y podernos ver en lo que Pablo estaba diciendo. Recuerda las palabras del Señor Jesucristo en el Sermón del Monte, capítulo 7 de Mateo, versículos 1 y 2: "No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que ustedes juzguen, serán juzgados, y con la medida con que midan, se les medirá".

Tanto el Señor Jesús en el Sermón del Monte como Pablo ahora nos están diciendo —enseñanza número uno— que el moralista no cristiano y el mismo cristiano debe tener mucho cuidado al hablar, porque frecuentemente condena en otros lo que él mismo hace. Yo sé que el texto de Mateo de que no juzguen para que no sean juzgados ha sido usado por aquellos que no quieren ser confrontados con la verdad o con su pecado. Y sé algo que tú y yo sabemos por las mismas cartas de Pablo: que si hubo algo que Pablo hizo continuamente fue señalar y confrontar el pecado en aquellos a quienes él amaba.

La idea no es que no pueda pasar ningún tipo de juicio; la idea es que, a la hora de hacerlo, no solamente haya gracia en ti, sino que a la hora de hacerlo te cuides de vivir a la altura de aquello que dices. Que es exactamente lo que Santiago trata de ilustrarnos. En otras palabras: vive lo que dices, para que no seas condenado por tus propias palabras.

Una buena ilustración de esto, y lo vamos a seguir desarrollando aún más, pero una buena ilustración es algo que Francis Schaeffer nos dejó dicho hace algunos años atrás. Él decía que si Dios tomara una grabadora, la cual Él no necesita porque las conoce todas, todas mis palabras las tiene registradas porque por eso es omnisciente y por eso nunca tiene pérdida de memoria, pero si Dios tomara una grabadora y la colgara de mi cuello para que se registren todas mis palabras, sobre todo aquellas que yo digo acerca de otros y contra otros, y en el día final simplemente Dios dijera: "Ok, voy a hacer justo. Préstame tu grabadora y yo voy simplemente a darle play y te voy a juzgar por las palabras que tú dijiste acerca de otros y contra otros", nosotros todavía quedaríamos condenados.

De hecho, Cristo enseñó exactamente eso en Mateo 12:36-37: "Pero yo les digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Escucha, porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado". De donde Francis Schaeffer sacó tal ilustración, de esas palabras de Jesús.

Ahora Pablo está diciendo algo similar en Romanos 2:1 otra vez: "Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues en lo que juzgas a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas". A lo mejor estábamos pensando en el ejemplo que les di de Pedro: "Bueno, hasta yo, yo nací de nuevo, yo sé que yo era como Pedro antes, pero ya yo no soy así".

Déjame hacerte algunas preguntas. ¿Alguna vez tú has cometido un pecado, el que sea, de manera repetitiva? Una vez, dos, tres, cuatro, cinco. ¿Hay alguien que nunca haya repetido un pecado aquí? No veo manos. Yo creo que el primer grupo se confundió y comenzaron a levantar manos. La respuesta es obvia, claro que sí. Mi argumento ahora es para ir a la arena de Pablo: cuando repetiste el pecado, eso que te llevó a la repetición del pecado actuó como tu ídolo, y eso te hace un idólatra, y la idolatría te hace violador del primer mandamiento de la ley de Dios.

¿Sigo haciendo preguntas o me paro? Me dijeron que siga, pues voy a seguir. ¿Alguna vez, después de ser cristiano, deshonraste a tu padre y a tu madre con tu forma de vivir, de hablarles, de tratarlos, o de ni siquiera cuidar de ellos, o no preocuparte por ellos? Eso te haría violador del quinto mandamiento de la ley de Dios.

¿Alguna vez, después de ser cristiano, cometiste homicidio? Imagino que prácticamente, si no todo el mundo, diría aquí, yo espero, diría no. Está muy bien, qué bueno, me alegro, pero no vaya muy rápido, porque el homicidio es condenado por el sexto mandamiento de la ley de Dios. Entonces deja eso ahí en tu memoria: sexto mandamiento de la ley de Dios. ¿Alguna vez hablaste mal a otra persona? ¿Alguna vez de forma insultante, hiriente, ofensiva, vulgar o de alguna otra forma? Si la respuesta es que sí, eres culpable de haber violado el mismo sexto mandamiento de la ley de Dios, de acuerdo a lo que Cristo enseñó en el Sermón del Monte.

Mateo 5, versículos 21 y 22, escuchen: "Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás'", ahí está el homicidio, "y cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte. Pero yo les digo", ahora viene Cristo a comparar el homicidio con otra cosa que Él la pone a la misma altura, "pero yo les digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte, y cualquiera que diga 'insensato' a su hermano será culpable ante la corte suprema, y cualquiera que diga 'idiota' o 'raca', dependiendo de tu traducción, será merecedor del infierno de fuego".

La razón es que el sexto mandamiento de la ley de Dios fue dado para proteger la integridad de la imagen de Dios. Y cuando tú matas a alguien, has atropellado la imagen de Dios de una manera, pero cuando insultas a alguien, has atropellado la misma imagen de Dios de la misma forma. Y esa es la queja de Santiago en su carta, cuando dice que usamos los mismos labios para adorar a Dios para luego hablar mal del hermano que es portador de la imagen de Dios. Santiago tiene el cuadro claro.

¿Alguna vez cometiste adulterio contra tu cónyuge? Quizás muchos responderían: "Claro que no". Pues bien, Cristo otra vez en el Sermón del Monte, capítulo 5, versículos 27 y 28: "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pero yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón".

En otras palabras, Cristo, cuando vino y nos habló en el Sermón del Monte, cada vez que Él dijo "pero yo les digo", no estaba diciendo: "Lo que ustedes oyeron es falso, no es así, es mentira". No, no, no, no. Él estaba diciendo: "Lo que ustedes oyeron es así, pero yo les quiero ampliar la cobertura del mandamiento". Cada mandamiento de la ley de Dios tiene una letra de la ley y un espíritu de la ley. La letra de la ley tiene que ver con las cosas que yo termino haciendo. El espíritu de la ley son las cosas que yo pienso, que yo siento, que yo deseo, que yo busco. Y esa es la razón por la que el hablarle al hermano de esa manera es equivalente a violar el sexto mandamiento, o el pensar o codiciar una mujer ilegítimamente es equivalente a violar el séptimo mandamiento de la ley de Dios.

¿Alguna vez, después de ser cristiano, tú has dicho una mentira? Si no has dicho ninguna mentira después de ser cristiano, levanta la mano, porque eso sería la primera. Obviamente, entonces has violado el octavo mandamiento de la ley de Dios.

Esto es lo que Pablo está haciendo otra vez en Romanos 2:1: "Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú", no importa quién tú seas, "quienquiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas". Y entonces el pastor Santiago te diría: "Bueno, vive lo que dices. Vive pudiendo decir: no tengo nada que esconder, nada que probar, nada que ocultar".

Yo decía, creo que no lo he dicho todavía en este grupo, pero decía al primer grupo, de hecho lo decía en oración: "Señor, cuídame al predicar este mensaje, porque existe la posibilidad que yo pueda predicar de una manera que mientras predico estoy pecando, pensando, considerándome superior a aquellos a quienes yo les estoy predicando y considerando que yo estoy fuera de este grupo potencialmente". Hermano, todos nosotros nos creemos más morales de lo que realmente somos.

Pero lo interesante, lo penoso, lo condenable, es que usualmente nosotros medimos nuestra moralidad por la moralidad de otros que viven a un nivel moral por debajo de lo que nosotros pensamos que estamos viviendo. Y por eso podemos pensar: "Yo no soy como una prostituta". Pero, ¿se te ha ocurrido alguna vez pensar: "Yo no soy como el apóstol Pablo, yo estoy por arriba del Pablo"? Ni siquiera pensar en el Señor Jesucristo. Pero la inclinación natural de tu corazón, aun después de ser cristiano, es a la autoexoneración.

Por malos que nosotros seamos, no importa lo que hayamos hecho anoche o la semana pasada, hace un mes o hace un año, nosotros siempre encontramos la forma de poder justificar lo que hicimos, de tal forma, primero, que yo pueda vivir con mi conciencia, y segundo, que si por casualidad tengo que hablar con otros, que no luzca tan mal como realmente fue.

Nosotros pudiéramos, por ejemplo, pecar anoche y hoy decir: "Señor, yo te pido perdón por lo que hice anoche. Yo de verdad, perdóname, ayúdame a no volverlo a hacer". Y luego, cuando vemos a otro que está haciendo lo mismo, condenarlo. Y de inmediato también te piensas: "Bueno, pero por lo menos yo lo admito y sé que yo soy un pecador, pero no como otros que no lo admiten y que viven como hipócritas". Y Pablo dice: "No importa quién seas tú, cuando juzgas a otros, a ti mismo te condenas". Cristo dice: "Como condenas a otros, esas son las palabras que voy a usar en el día del juicio para ponerlas en la grabadora".

Como hablábamos, decía que todo el mundo se considera con un nivel de moralidad superior. Cristo estaba consciente de eso y les decía a aquellos que le seguían: "Si su justicia, su moralidad, su carácter moral no es superior al de los escribas y de los fariseos, están condenados". Un buen dominicano diría: "Están fritos".

Escuchen esta historia. Al Capone, uno de los mayores gánsteres que Estados Unidos ha tenido, años 1920, 1930, finalmente cayó preso en 1931, buscado por el FBI por todo tipo de delito. Escuchen lo que él pensó de sí mismo. Al Capone dijo: "Yo he gastado mis mejores años de la vida proveyéndole a la gente los placeres más ligeros, ayudándoles a pasar un buen tiempo, y todo lo que recibo es abuso, la existencia de un hombre perseguido". Antes de condenar a Al Capone, piensa: ¿alguna vez tú has dicho algo parecido? "Lo único que yo hice por la iglesia, el pastor, por fulano, por mis hijos, y lo único que hizo fue devolverme con esto, con aquello". Pero luego, al revisar tu vida, quizás no estabas a la altura de poder condenar a ese otro, precisamente por la manera como estabas viviendo.

Enseñanza número dos: el juicio de Dios es conforme a la verdad y es un juicio ante el cual comparecerá todo el mundo para rendir cuenta de su vida. Versículos 2 y 3 de Romanos, sabemos de Romanos: "Sabemos que el juicio de Dios justamente", subraya esa palabra, "justamente cae sobre los que practican tales cosas". Pregunta de Pablo: "¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios?"

La idea aquí es que aquellos que practican las cosas de las cuales habla Pablo no escaparán al justo juicio de Dios. Y al mismo tiempo, Pablo vuelve a enfatizar el hecho de que si nosotros condenamos hechos pecaminosos en otros pero terminamos haciendo las mismas cosas, aun si la violación es en el espíritu de la ley o en la letra de la ley, somos culpables de haber violentado el mandamiento de Dios. Y Pablo nos dice que justamente, sabemos que el juicio de Dios justamente cae. "Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos". Esas son las palabras de un hombre que cayó bajo el juicio de Dios en un momento dado, y su nombre fue David. "Los juicios del Señor son verdaderos". Es como que David estaba diciendo: "Señor, yo me..."

Me pongo de acuerdo contigo con la disciplina que tú me has impuesto. Todos ellos justos, verdaderos y justos son todos tus caminos. Tenemos una canción que dice, es en el libro de Apocalipsis, capítulo 15:3, 16:7 y 19:2, tres veces leemos la misma frase: "Verdaderos y justos son todos tus caminos." Es lo mismo que decir verdaderos y justos son todos tus juicios. Es exactamente lo que Pablo está diciendo: sabemos que el juicio de Dios cae justamente sobre aquellos que practican tales cosas. Y recordamos que el libro de Apocalipsis es el libro del juicio final, y estas frases están repetidas en los últimos capítulos del último libro, la hora de enfrentar el juicio de Dios. Cuando Pablo dice que el juicio caerá justamente, está hablando de que el juicio será conforme a la verdad.

Ahí no habrá nada relativo. No seremos evaluados conforme a un estándar de moralidad humana, sino al estándar de perfección de Dios. Nadie podrá justificar sus hechos. Nadie podrá decir que yo no sabía, que yo no entendía, yo pensaba... Todo eso quedará fuera de las posibilidades. Nadie podrá argumentar: "Señor, ten en cuenta, considera que yo cumplí nueve de los diez mandamientos, solo tropecé en uno." El Señor te diría: "Y vuelves a tropezar en el mandamiento número ocho, porque eso no es verdad." Además, Santiago me dijo, nos enseñó: "Porque cualquiera que guarda toda la ley pero falla en un punto, se ha hecho culpable de todos."

De manera que la ley, la Palabra de Dios, nunca se refiere a la ley de Dios en plural. Nunca habla de las leyes de Dios. La ley de Dios es una sola. La violas en cualquier punto y soy culpable. Hermanos, ¿tú has pensado que nunca, nunca, tú has cumplido uno solo de los mandamientos de Dios cabalmente, de forma consistente, ni siquiera por un día? Porque eso requeriría un corazón puro que tú y yo no tenemos, veinticuatro horas al día, siete días a la semana, todos los días y años de tu vida. Eso requiere un Salvador. Eso requiere un Mesías. Eso requiere un Cristo que venga y ofrezca sacrificio por el perdón de tus pecados, derrame sangre para el perdón de tus pecados. Y a alguien que pueda estar reconociendo su pecado, le haya pedido perdón a Cristo, que le haya perdonado, y que tú le hayas entregado tu vida como Señor y Salvador, y que luego vivas para honrar su señorío. Eso requeriría.

Pero a la medida que yo estudié este pasaje, a la medida en que yo traté de entenderlo siendo parte de lo que Pablo estaba diciendo, llegué a entender también que el día de rendición de cuentas, al recordarlo honestamente, es más serio de lo que tú y yo imaginamos. Porque ese día no es simplemente que yo tendré que dar cuenta de todo lo que habré hecho, sea bueno, sea malo, como le dijo Pablo a los corintios en su segunda carta, capítulo cinco: "Por eso que lo obvio es que todos comparecemos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno, sea malo." Sino que ese día, de acuerdo a las palabras del apóstol Pablo, es más complejo. ¿Qué es lo que lo hace complejo? Yo te lo quiero leer a partir del apóstol Pablo escribiéndole a los corintios en su primera carta, capítulo cuatro, versículos tres al cinco.

Escucha: "En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por ustedes o por cualquier tribunal humano." De hecho, Pablo no está diciendo que él le tiene sin cuidado lo que los hombres piensen, pero no es verdad. Pablo trató de vivir con una conciencia limpia, lo dice en algunas de sus cartas, delante de Dios y delante de los hombres. Pablo tampoco está diciendo que no importa si un tribunal humano lo condenaba o no. Pablo dice: "De hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo." ¿Por qué? Porque no estoy consciente, dice él, de nada en contra mío. Hasta donde yo sé, como que no estoy consciente de que yo tenga pecados, que tenga que ir a reconciliarme con otros. No estoy consciente de nada en contra mío, pero no por esto estoy sin culpa.

¿Cómo así, Pablo? Porque el tribunal humano aparentemente no te condenó, vamos a decir. Los otros hombres, vamos a decir, no te están condenando. Tú no estás consciente de ningún pecado. ¿Y por qué tú dices que aun así tú no sabes si estás sin culpa? ¿Cómo? Pues el que me juzga es el Señor. Bueno, sí, pero, pero, qué. Versículo cinco: "Por tanto, no juzguen antes de tiempo, sino esperen hasta que el Señor venga, el cual sacará a la luz las cosas ocultas en las tinieblas." Las cosas que yo no confesé, sacará... se sacarán a la luz en las tinieblas. Pero también pondrá de manifiesto los designios de los corazones. ¡Uy! Las intenciones de los corazones, las motivaciones de por qué prediqué el mensaje de hoy cuando lo prediqué, o toda mi historia de predicación. Entonces cada uno recibirá de parte de Dios la alabanza que le corresponde. No hay retribución hasta que no veamos lo que hiciste y las motivaciones de lo que hiciste.

¡Uf! A esto es que se está refiriendo Pablo cuando habla de las intenciones, las motivaciones del corazón. Déjame darte un par de ilustraciones. Yo podría hacer lo correcto para conseguir el favor de otro. Yo pudiera estar anhelando la aprobación del público, ya sea este o el público internacional cuando viajo, y decir lo correcto, pero todo el tiempo con la intención de ganar popularidad. Y en ese caso, lo bueno que hice fue... se me contó como pecado. Yo puedo decir la verdad para que se crea que soy una persona veraz, cuando en realidad lo que estoy haciendo es tratar de ocultar una mentira mayor. De manera que al tú creer con la primera verdad que soy una persona veraz, ahora no pensarías en la otra, en mi otro problema. Pero esa verdad resultó pecaminosa.

Te lo voy a ilustrar con la vida de Cristo. No en la vida de Cristo porque no pecó, pero con la vida de Cristo puedo tratar muy bien y de forma muy amable... puedo tratar de forma muy amable para hacerte creer que estoy de tu lado. Y eso lo que voy a usar con la vida de Cristo, cuando lo que estoy tratando es de que no descubras algo más en mi vida que es pecaminoso. Y ahora viene mi ilustración. Los fariseos y los escribas habían decidido que a Cristo había que encontrarlo en falta para condenarlo y matarlo. Pero ellos enviaron a sus discípulos a Cristo. Tramaron primero. El texto de Mateo 22 dice que ellos se juntaron y ahí planificaron qué iban a hacer. Cuando vinieron donde Cristo, lo dijeron para atraparlo, dice el texto. De manera que ya el complot estaba armado: lo vamos a atrapar.

Pero la trampa tiene que venir con las palabras siguientes: "Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad, y no buscas el favor de nadie porque eres imparcial." ¡Wow! Está intacta esa conversación, ¿no? Porque todo eso que le dijeron era verdad. Pero su verdad era el peor pecado que yo podía cometer, porque mentían también. Después le dijeron: "Por tanto, como tú eres así, deberás decirnos: ¿es lícito pagar impuesto al César?" Coma. Pero dijeron eso para atraparlo. Y tú conoces la historia: "Dame una moneda. ¿De quién es la cara?" "Del César." "Pues da al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios." Todo ese halago fue para lucir bien y esconder la mala intención de sus corazones. Lo dices, entonces, en el día final las intenciones de los corazones serán puestas en despliegue.

En el versículo tres esta es la pregunta, pero de forma resumida. Piensas... Así que comienza la pregunta con ese verbo, piensas, y termina con: ¿qué escaparás del juicio de Dios? El fallecido pastor Donald Grey Barnhouse, en su comentario, nos dice, o traduce este versículo tres de Romanos dos de una forma espectacular, porque le pone de una manera muy coloquial, muy contemporánea. Suena como lo otro, a dos, pero lo hace entendiendo el énfasis, la fuerza de la pregunta en el original: "¿Tanto realmente te imaginas que has descubierto un ángulo que te permitirá enfrentarte a Dios y salirte con la tuya? No tienes la más remota posibilidad. No hay escapatoria." ¿Entiendes? No hay escapatoria. Nunca. Y esto significa que tú, la persona respetable que juzgas a otros semejantes pero tú mismo no te arrepientes... Pero sí, que Pablo dice: tú piensas que vas a escapar si juzgas y estás en lo mismo.

Enseñanza número tres: nuestra falta de arrepentimiento a lo largo del tiempo es tomada por Dios como un desprecio y desdén hacia su bondad y paciencia. Nuestra falta de arrepentimiento, en la medida que el tiempo va pasando, es tomada por parte de Dios como un desdén y un desprecio de su bondad y paciencia.

Pablo conocía muy bien el carácter de Dios. Por eso habla de la bondad, la tolerancia, la paciencia de Dios en el versículo que estamos al punto de leer. Pero él conocía muy bien el carácter del ser humano, el carácter del hombre que ha caído. Y estas son sus palabras, versículo cuatro, de donde viene la enseñanza: "¿O tienes en poco las riquezas de su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?" La tienes en poco. Eso es un desdén. Eso es un desprecio a su bondad. La Nueva Traducción Viviente lo pone de esta manera, muy similar: "¿No te das cuenta de lo bondadoso, tolerante y paciente que Dios es contigo? ¿Acaso eso no significa nada para ti? ¿No ves que la bondad de Dios es para guiarte a que te arrepientas y abandones tu pecado?"

Hermano, si hay algo que yo sé, que yo sé, que yo sé de este libro, es que Dios, en mi propia vida, nunca ha traído una disciplina o un juicio a sus hijos, o aun a los incrédulos, sin darles una advertencia dos, tres, cuatro, sin crisis, quién sabe cuánto más. Por eso es que Pablo dice que su bondad, su tolerancia y su paciencia... La bondad de Dios tiene que ver con esa inclinación natural que Dios tiene, que hace que él haga salir el sol sobre buenos y malos, sobre justos e injustos, para usar las palabras de Cristo en el Sermón del Monte, Mateo 5:45.

Fue la bondad de Dios que guió a Dios a no quitarle la vida física a Adán y Eva. Porque el pacto había sido: tú tienes un chance para pecar. Este no fue, eh, te lo encamenta hablando, no fue un pacto de gracia, aunque fue su gracia que los creó. Pero esto fue un pacto de obras. Tienes un chance para pecar. El día que peques, mueres. No tienes dos chances como tú y yo hemos tenido. Y si bien es cierto que el día que pecaron ellos murieron espiritualmente, ellos no murieron físicamente. De hecho, Adán vivió más de novecientos años. Y proveyó un camino de redención para Adán y Eva. Hermano, nuestro Dios es un Dios lento para la ira.

La ira, pero no se ira. La lentitud para su ira es la expresión de su bondad y de su tolerancia. Su bondad que quiere verte arrepentido, quiere verte arrepentido. Pero si no lo haces, ante Dios te has burlado. Dios tendrá que verte juzgado, porque Él ya declaró en Gálatas 6 que nadie se burla de Dios: lo que siembras, de eso siegas; lo que yo siembro, de eso yo segaré.

En manos de la bondad de Dios, llevó a ese Dios, del Dios que la gente habla todo el tiempo en el Antiguo Testamento, que es ese Dios sanguinario... La bondad de Dios llevó a Dios a perdonar a los asirios por no sé cuántos años, como ochocientos años, antes de mandarlos al exilio. Finalmente se fueron al exilio. Se fue el reino del norte, las diez tribus se fueron en el año 722, y Dios le dice ahora entonces al reino del sur, que estaba compuesto de dos tribus, Benjamín y Judá, Judá la más grande de las dos, le dice: "Mira a tu hermana del norte. ¿Sabes por cuántos años yo se lo dije?" Eso es porque si no te arrepientes de lo que tu hermana del norte hizo, que tú estás haciendo, lo que dices que aborreces pero haces lo mismo, te voy a hacer exactamente la misma cosa.

Y pasaron de 150 a 200 años, dependiendo de cómo contemos la fecha, 150 a 200 años diciéndole: "Mira a tu hermana del norte." Tú me has oído decir múltiples veces a nosotros como iglesias en Latinoamérica: mira a tu hermana del norte, Norteamérica, y en Europa lo que le está aconteciendo, justamente para que nosotros no tengamos que pasar por la misma cosa. Pero si nosotros no tomamos precaución, sufriríamos la misma suerte.

El problema es que el ser humano entiende que la postergación del juicio de Dios frecuentemente es tomada como que el juicio nunca llegaría. Y en la época de Pedro, primer siglo, pero hoy igual. En la época de Pedro dice Pedro que vinieron algunos burladores, es la palabra que usa, burladores. Y es la pregunta que hacen, tú la puedes leer en 2 Pedro 3:4: "¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación." ¿Cuántas veces yo he oído palabras similares aquí y fuera de aquí? "La cosa está muy mal, pero saldremos de esta, y otra vez volveremos, volveremos a la normalidad, porque ese es el mundo. El mundo da vuelta, vuelta y vuelta, y volvemos a lo mismo, pero salimos de él." No, no, no, no. La historia del mundo no es circular, aunque parece un círculo. Es lineal: hay un comienzo y hay un fin.

Y Pedro entonces le dice a ese grupo de burladores, los llama burladores los que hacen esa pregunta "¿dónde está la promesa de su venida?", les responde en el versículo 9 de 2 Pedro 3: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento." En la bondad de Dios, el deseo de Dios, el deseo primario de Dios no es condenarte, es salvarte. El deseo primario de Dios es que te arrepientas. Entonces Él, en su tolerancia, pospone su juicio.

El problema es que damos por sentado la bondad de Dios. Y decía el filósofo alemán Heine que al final Dios va a perdonar a todo el mundo, porque después de todo ese es su trabajo: el trabajo de nosotros pecar y el de Dios es perdonar. Por eso es que Pablo dice en Romanos 2:4: "¿O tienes en poco las riquezas de su bondad y tolerancia y paciencia?"

Permítanme leer un párrafo de mi próximo libro sobre el carácter de Dios. La tolerancia de Dios habla de cómo Él permite sin aprobar el pecado del hombre, con un propósito definido. Y ese propósito es eventualmente, escucha, despertar al pecador a la realidad y a lo oscuro de su pecado. Dios tolera con la intención de que el pecador despierte a la gravedad y a lo oscuro de su pecado. Entonces, la tolerancia de Dios le provee al pecador tiempo y oportunidad para devolverse y regresar a Él. Por eso Pablo dice que es la bondad de Dios la que nos guía al arrepentimiento. Pero el hombre es indiferente ante la paciencia de Dios, y entonces, cuando Dios decide no esperar más, ese hombre juzga a Dios de injusto.

Hermanos, Dios es infinito, y por tanto todos sus atributos son infinitos. Pero su paciencia Él no está dispuesto a ejercerla infinitamente. El pastor Alistair Begg dijo en una ocasión: "Existe un gran peligro cuando escuchamos la palabra superficialmente o con olvido deliberado." Cuando vimos el sermón: "Fue muy bueno, fue muy confrontador, vamos a comer, quedó servido, no tengo que pensar en eso más." "Qué bueno que el pastor terminó." Cuanto más nos sentamos bajo la instrucción de la Biblia sin ser transformados por ella, menos probable es, dice Alistair Begg, o se vuelve la posibilidad de tal cambio. Nos volvemos insensibles a la verdad, y cada vez más impermeables, y cada vez más impermeables a su poder transformador. Mientras más me siento a escuchar esta Palabra sin ser transformado, menos el chance de que esa Palabra pueda penetrarme y cambiarme, porque me voy haciendo impermeable. La palabra que usa: me voy haciendo insensible al poder transformador de la Palabra.

Menos, el postergar el juicio no implica olvidar el juicio. Si tú eres papá o mamá o abuelo, o aun si tienes amigos, o si has trabajado en algún lugar, tú sabes que en ocasiones tú tienes que tolerar necedades, incluso de tus hijos o de otros. En el caso de Dios, en su benevolencia Él tolera aquello que Él odia, que Él aborrece, que es el pecado. Eso es otro tipo de tolerancia. Y la tolerancia de Dios es el soportar aquello que Él odia con la intención de que no recibas condenación. Porque si recibes condenación, entonces tú vas a odiar tu condenación, y Dios prefiere por el momento odiar Él el pecado y tolerarlo, por pesado que sea, en vez de condenarte rápidamente, terminar con esto, y que tú termines odiando tu condenación. Así es la bondad, la tolerancia de nuestro Dios.

Y se nos dice que es esa bondad, esa tolerancia, la que te guía al arrepentimiento, o la que debiera guiarte al arrepentimiento. La palabra que se usa para el arrepentimiento ahí es metanoia. Y metanoia implica qué cosa: meta, cambio; noia viene de nous, mente. Un cambio de mente. Cuando yo cambio de mente, yo cambio mi forma de vivir. Cuando yo no cambio mi forma de vivir, no he cambiado de mente. Cuando no he cambiado de mente, no me he arrepentido. ¿Fui muy rápido? No. Excelente. Son buenos escuchadores y entendedores.

Hermanos, es como es. Por eso es que tanto Dios como Satanás, míralo, lo vital que es la mente, que tanto Dios como Satanás la quieren. Dios nos manda que lo amemos con todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, toda tu mente. Satanás dice: "Ahí es donde yo tengo que penetrar, en esa mente. Eso es lo que yo tengo que cambiar." Eso es como la tecnología de hoy, la red de sociales o antisociales, como leía ya Horacio el viernes en su devocional: la red de antisociales a tu alrededor capturando tu mente.

Enseñanza número cuatro: la falta de arrepentimiento es culpa acumulada, y la culpa acumulada implica juicio o ira acumulada, y por tanto juicio mayor. Lo dije otra vez: la falta de arrepentimiento es culpa acumulada; la culpa acumulada implica ira acumulada; la ira acumulada implica un juicio mayor. Romanos 2:5: "Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios."

Hermanos, pecas y no te arrepientes. Te sientes mal por lo que hiciste, pero lo olvidas. Vuelves a pecar, vuelves a sentirte mal, pero como te sientes mal... Eso decía igual esta mañana el otro adicto, pueden hablar perfectamente bien de esto, porque el drogadicto peca. Cuando ya el efecto de la droga está pasando, él se siente mal, pero se siente tan mal que necesita volver a ir a pecar, otro viaje, para anestesiar el dolor que le dejó el pecado anterior. Pero nosotros pensamos en adicción simplemente en términos de sustancias. Para mí no es ni más ni menos. Hay múltiples cosas que nos hacen adictos en la vida y que actúan de la misma manera.

A esa actitud es que Pablo le está llamando aquí tu terquedad y corazón no arrepentido. Porque lo que está ocurriendo, la razón por la que se vuelve terquedad y corazón no arrepentido, es que han estado ocurriendo dos cosas. Número uno: la primera vez que pecas te sientes muy mal. La segunda vez te sientes menos mal. De hecho, no. Primero lo disfrutas y luego te sientes mal. La segunda vez lo disfrutas y te sientes menos mal. La tercera vez lo disfrutas y te sientes menos mal. El problema es que no solamente he estado anestesiando mi conciencia, es que he estado acumulando ira. Retengo culpa acumulada por falta de arrepentimiento. Culpa acumulada es ira acumulada. Ira acumulada es un juicio mayor.

Escucha lo que Proverbios 24:12 nos dice en la Nueva Traducción Viviente, que es como trae un poco de luz a Romanos 2:5: "No te excuses diciendo: 'Ay, no lo sabíamos.' Pues Dios conoce cada corazón y Él te ve." Escucha esto de Proverbios: "El que cuida tu alma sabe bien que tú sabías." El que cuida tu alma sabe bien que tú sabías. "Él pagará a cada uno según merecen sus acciones." Vayan a la palabra "merecen": está diciendo el pago es algo merecido.

Wow, hermanos. Yo, cuando estaba preparando este mensaje, le decía a mi esposa: "Un momento, ¿cómo armar este mensaje? No es tan fácil." El mensaje en sí no es complicado, no es complejo de entender, lo complejo es armarlo. Pero luego me percaté que lo complejo de este mensaje no era simplemente armarlo, era no condenarme al predicarlo. Porque es posible predicar la Palabra de Dios con un aire de superioridad, pensando que como entendiste, que tú sí tienes la capacidad de juzgar, cuando al final tengo que dejarle el juicio a Dios. Y que mi preocupación debe ser lo que Santiago me dice: mi preocupación debe ser vivir el evangelio de una manera que el evangelio sea mi piel y no un uniforme que yo me pongo y me quito, de manera que pueda vivir lo que digo.

El resto, estamos de acuerdo, que nosotros debiéramos, yo mismo debiera considerar estas palabras con sobriedad, reconsiderar nuestros caminos, volvernos a Él en las áreas donde estemos desalineados. Unos tendrán que hacerlo más que otros, pero nadie vive en la línea recta de la...

ley de Dios, y mucho menos veinticuatro siete, todos los días. La única solución a esto es la cruz de Cristo. La única solución a esto es la piedad de Dios. La única solución a esto es mi arrepentimiento. La única solución a esto es la sangre de Cristo que lava mi maldad, y luego una continua conciencia de que yo dependo de su gracia para caminar, para permanecer en el camino, y que no solamente es su gracia que me salva, que no solamente es su gracia que me santifica, que es su gracia la que me hace perseverar.

Gracias, gracias por tu gracia. Lo pudiéramos decir todos los días por no sé cuántos años y todavía te deberíamos gratitud, porque ciertamente nosotros hemos violado tu ley de forma tan grosera a veces, tantas veces, que lo único que nos merecemos es la condenación de un Dios infinitamente santo. Pero es tu bondad y es tu tolerancia y es tu gracia, es tu paciencia la que hace posible que tú toleres por un tiempo aquello que tú aborreces, procurando mi arrepentimiento y mi perdón después de mi arrepentimiento.

Oh Dios, quizás has visitado a algunos, a muchos, o a todos en esta mañana. Independientemente de dónde tú estés, ahí donde estés habla con Dios. No simplemente confiésate; pídele a Dios que te dé arrepentimiento, porque eso tiene que darlo Él, del pecado o pecados en los que has estado, te encuentres, o aun aquel que pudieras cometer. Y pídele a Dios que ese arrepentimiento sea profundo, genuino, para que pueda cambiar tu forma de pensar, y que al cambiar tu forma de pensar pueda cambiar tu forma de vivir.

Y si además nunca le habías entregado a Cristo tu vida, que tú puedas decir: "Dónde estás, Señor, además de pedirte perdón y reconocer tu sacrificio, en esta mañana yo quiero proclamarte mi Salvador, pero al mismo tiempo mi Señor, y quiero entregarte mi vida, recibir la tuya. Yo sé que es una salvación que yo no merezco, que es por pura gracia, y hoy que yo creo en ti, confío en ti, te confieso a ti, entonces por esa fe depositada en ti, solamente en ti, yo te pido que tengas piedad y me salves."

"Ten piedad de mí," decía el pecador en el templo en los días de Jesús. "Ten piedad de mí, un pecador." Y al lado había un fariseo que decía: "Dios, Señor, gracias que yo no soy como este pecador al lado mío." Cristo dijo que de los dos, aquel que no se atrevía a levantar la vista hacia el cielo se fue justificado, y el otro condenado.

Oh Dios, no nos permitas salir condenados. Ayúdanos a tener la actitud correcta para salir justificados por ti. Ten piedad de mí, oh Dios. Merezco tu juicio, pero clamo por tu perdón y misericordia en Cristo Jesús.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.