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Sermones

El impacto del evangelio en una comunidad de creyentes

Miguel Núñez 18 mayo, 2025

Conocer el evangelio intelectualmente no es lo mismo que haber sido moldeado por él. Jerry Bridges lo expresó con claridad poco antes de morir: había conocido a muchos cristianos capaces, talentosos e inteligentes, pero a muchos menos cristianos piadosos. Esta distinción atraviesa todo Romanos 12, donde Pablo ofrece una serie de mandatos que revelan cómo luce una comunidad verdaderamente impactada por el evangelio.

El hilo conductor es el amor ágape, ese amor incondicional que desea dar lo mejor de uno mismo al otro aunque eso implique la peor experiencia para uno. Es el amor que Cristo demostró en la cruz, que no espera nada del otro para actuar. Sin este amor, la comunidad creyente se divide, se evita, se condena. El pastor Núñez lo ilustra con una imagen de Warren Wiersbe: el amor es el sistema circulatorio del cuerpo espiritual, lo que permite que todos los miembros funcionen de manera saludable. Pero hay un problema: no podemos amar si no hemos sido amados, y solo podemos amar hasta el grado en que nos hemos dejado amar por Dios.

De ahí brotan los mandatos prácticos: aborrecer el mal y aferrarse a lo bueno, ser tiernamente cariñosos unos con otros, dar honra en lugar de esperarla, servir con fervor, gozarse con los que se gozan y llorar con los que lloran, bendecir a quienes nos persiguen. Cada uno de estos mandatos requiere humildad, la virtud que mejor demuestra que el evangelio ha pasado por nuestra vida. El llamado final es personal: permitir que el evangelio no solo sea una definición memorizada, sino una fuerza que transforme desde adentro.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, en el día de hoy nosotros vamos a continuar obviamente la carta de Romanos, donde estamos caminando, transitando a lo largo de meses y más de un año, y estamos llegando como al final de la carta. Y lo sabemos por más de una razón, porque dijimos que el capítulo 12 de Romanos daba inicio a lo que es la parte práctica de Romanos. Pero en este texto de hoy hay una serie de recomendaciones de parte de Pablo que son como una detrás de la otra, una detrás de la otra, una detrás de la otra. Y eso solamente se hace cuando tú dices: "Tengo que acabar la carta, tengo que acabar este capítulo, tengo que acabar este sermón" y no ves cómo, no tienes el tiempo.

Y no sé si sabes que en la antigüedad no es como hoy que tú mandas las cosas por internet. En esa época la gente tenía que llevar las cartas, y esta carta de Romanos fue llevada por la diaconisa Febe. Y yo estaba pensando que ya el barco iba a salir y Febe se iba a ir, y si iba a irse la carta, yo tengo que terminar rápido. Porque ciertamente es como una lluvia de recomendaciones que, en realidad, de acuerdo a los estudiosos del griego, todos estos verbos que allá aparecen funcionan como imperativos. Entonces esto no son simplemente recomendaciones, sugerencias; estos son mandatos. Y yo creo que esto es bueno poderlo ver.

Yo quiero introducir mi mensaje con algo que en algún momento creo haberlo dicho aquí, porque sé que lo he dicho en otros lugares. Recuerdo el otro lugar; lo que no recuerdo es si lo dije aquí. Pero algunos de ustedes conocen el nombre de Jerry Bridges. Y Jerry Bridges fue un hombre conocido más por sus libros porque no era alguien que viajaba en nuestra dirección con frecuencia. Él escribió "La búsqueda de la santidad", que originalmente fue publicado como "En pos de la santidad"; "La práctica de la piedad"; "Confiando en Dios cuando la vida duele", que fue un libro que leí a principios de los años 1990. Pero quizás entre nosotros uno de los libros por el cual más se conoce, porque fue como el último, quizás, es "Pecados respetables". Algunos grupos de la iglesia lo estuvieron estudiando.

La razón por la que te menciono su nombre es porque Bridges murió de 87 años en el año 2016. Unos años antes de su muerte, yo no sé si dos, si tres, si cuatro —es que a veces vivimos la vida tan rápida que se nos pasa el tiempo— él vino, o fue traído, a Santo Domingo. No realmente a conferenciar, sino a tener reuniones pequeñas. Me imagino a Bridges imitando al Señor en el ocaso de su vida, y él vino a Integridad y Sabiduría en Arroyondo. Y habíamos ahí, no sé, seis personas, siete. Y fue como tener a Bridges en una audiencia ahí, o nosotros de mala audiencia cautiva.

Y él mencionó muchas cosas. Yo recuerdo varias de ellas, pero hay una que no se me olvidó porque era una inquietud que yo tenía, quizás no con las mismas palabras. Pero esto fue lo que él dijo: "Estoy en el ministerio cristiano por muchos años. He servido en Estados Unidos y fuera de Estados Unidos. Durante mi vida he conocido a muchos cristianos escuchas, capaces y talentosos, pero he conocido a mucho menos cristianos piadosos." ¡Wow! Qué tremenda realidad. Cristianos capaces, talentosos —yo le agregaría inteligentes, educados, doctorados— pero he conocido mucho menos cristianos piadosos.

Yo lo he puesto ya hace varios años en palabras distintas, pero con el mismo pesar. Y he dicho que yo he escuchado a gente definir el satisfecho de manera elocuente, pero he visto mucho menos a cristianos tallados o moldeados por el Evangelio. Y que como resultado del impacto del Evangelio hayan llegado a reflejar a Cristo: mucho menos, mucho menos. Es mucho más fácil tener, recordar, memorizar una definición completa académica del Evangelio, que permitir que el Evangelio que aparentemente conozco intelectualmente también produzca el impacto en mí.

El apóstol Pablo tiene algunas cosas que decirnos, vitales, al final de su carta. Le queda todavía hasta el capítulo 16, pero estamos al final de la carta. He dado lo que él tiene que decir. Yo he titulado el mensaje de hoy: "El impacto del Evangelio en una comunidad de creyentes." Déjame ponerlo de esta manera para fines locales: el impacto del Evangelio en la comunidad de IBI. Déjame traértelo todavía más cerca: el impacto del Evangelio en tu vida. Porque si ese Evangelio no tiene ese impacto de manera personal, no hay manera de que lo pueda tener en la comunidad de creyentes.

Entonces, cuando tú oigas las palabras de Pablo, aplícatelas a ti, revísate tú, mírate en el espejo. De hecho, ayer alguien del equipo de nosotros en Arroyondo me escribió tempranito y me dice que ella —eso es bueno— había leído el texto que tocaba para hoy, y sus palabras finales fueron: "¡Wow! Qué reto, qué desafío." Bueno, míralo así, qué bueno que ya pudo verlo de esa manera y no simplemente de manera general.

De manera que con eso te invito a que leas conmigo de Romanos 12, del 9 al 16. Y realmente son tantas las recomendaciones que de nuevo he tomado dos mensajes para esto. Pero bueno, aquí estamos: "El amor sea sin hipocresía, aborreciendo lo malo, apegándose a lo bueno. Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros. No sean perezosos en lo que requiere diligencia; sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Gozándose en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración. Contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad. Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan. Gócense con los que se gozan, lloren con los que lloran. Tengan el mismo sentir unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes. No sean sabios en su propia opinión."

¡Wow! Tú lees eso, lo lees varias veces, lo lees en más de una versión —sería lo ideal— y no queda dudas de que el hilo conductor o el eje sobre el cual giran todas estas recomendaciones es uno, y es la necesidad de poseer el amor ágape. Algo que Pablo menciona aquí, pero que había mencionado en pasajes anteriores: el amor ágape. Pero las tres veces que Pablo lo mencionó en este libro de Romanos —en Romanos 5:5, en 5:8, en 8:35— la palabra hacía referencia al amor incondicional de Dios para con nosotros. De manera que retén eso ahí, porque ahora es lo que voy a aplicar: el mismo tipo, la misma calidad de amor que se supone que tú y yo debiéramos tener el uno por el otro.

De hecho, la frase "unos con otros" aparece dos veces en el versículo 10, aparece una vez en el versículo 16: tres veces en ocho versículos. Unos con otros, unos con otros. Hay algo que el amor ágape se supone que haga entre nosotros para facilitar el funcionamiento. Y me encantó la manera como Warren Wiersbe comenta acerca de esto en su comentario. Escucha cómo lo pone: "El amor es el sistema circulatorio del cuerpo espiritual" —ya me encantó— "que capacita a todos los miembros para que puedan funcionar de una manera saludable y armoniosa."

Permíteme leerte un párrafo que escribí simplemente como comentario a lo que, más que comentario, como ampliar su explicación. Me quedó clara, pero por si acaso a alguien en IBI no le queda clara. Imagínate que IBI es el cuerpo de Cristo y que aquí en el cuerpo de Cristo, de Cristo obviamente, somos diferentes miembros. Imagínatelo: estamos hablando del cuerpo metafóricamente hablando, pero es el cuerpo de Cristo, cuerpo espiritual. Algunos de nosotros somos ojos, otros oídos. Entonces el amor es el sistema circulatorio a través del cual Dios trae oxígeno espiritual a cada uno de nosotros, si cada uno se deja transformar por el Espíritu Santo aplicando el Evangelio a nuestras vidas.

Tú puedes decir que el Espíritu mora en ti, que el trabajo de transformación es de Él. Sí, es de Él, pero no es solo de Él. La salvación es solo de Dios; la santificación es Dios vía el Espíritu y la Palabra más mi esfuerzo. Entonces el Espíritu produce esa transformación. Escucha el último renglón: si te dejas transformar por el Espíritu aplicando el Evangelio a nuestras vidas, Él me ilumina y Él me dice: "Ahora ve y haz eso. Ya te lo hice entender. Tú sabes lo que te toca. Tú tienes que rendir la voluntad, tú tienes que rendir el corazón, tienes que rendir los deseos del corazón."

En estos pasajes Pablo tiene diez recomendaciones. Pudiéramos hacer más de ellas, pero yo creo que las podemos resumir. Y la primera es que el amor sea sin hipocresía. La palabra hipócrita viene del griego clásico. El griego del Nuevo Testamento es koiné, es un griego que la gente de la calle muchas veces no entendía bien. El griego clásico vino de Atenas, donde había obras de teatro y demás. Bueno, esa palabra hacía referencia a un actor o una persona que interpretaba un papel. Pero obviamente ese papel que representaba, a veces el actor usaba una máscara, no es él. El verbo de donde viene la palabra, que es hypokrínomai, significa fingir. Ya tú sabes lo que es un hipócrita.

Y un amor hipócrita, que es el que Pablo dice que no debiéramos tener —el amor que sea sin hipocresía— un amor hipócrita es como demostrarte en persona que te amo para ocultar mis verdaderas intenciones de utilizarte. "¿Cómo estás, hermano? Te amo, qué bueno verte, Dios te bendiga", y estoy ocultando mis verdaderas intenciones. Hermano, Cristo te encontró muerto y te dio vida para usarte como instrumento de bendición para otros, no de diversión.

De manera que si yo no me dejo transformar por el Espíritu, en la manera en que el Evangelio echa raíces en mí, yo voy a estar amando con frecuencia de una manera fingida e hipócrita. Porque muchas veces las relaciones son más para la diversión que para otra cosa. Pero Cristo murió por mí cuando yo estaba muerto; entonces me dio vida para usarme como instrumento de bendición y transformación para otros, y no de diversión.

Es interesante que Pablo comienza el versículo 9 con una referencia al amor sin hipocresía, porque acababa de hablar literalmente de diferentes dones en la porción anterior que vimos la semana pasada. Él hace exactamente lo mismo que hizo con los corintios. En el capítulo 12 de la primera carta a los Corintios, él habla extensamente de los dones, mucho más que lo que lo hizo con los romanos. Luego, inmediatamente después, les habla del amor ágape, para luego en el capítulo 14 seguir con los dones. En otras palabras, mira, tú sabes esto, pero no podemos seguir, yo creo que tú entiendas, le dice Pablo a los corintios, que tú puedes tener uno o múltiples dones sobrenaturales, pero si tú no tienes amor, tú no eres nada. Y esa palabra "nada" no es mi paráfrasis, es lo que Pablo dijo. ¿Te imaginas? Puedes ser talentoso, capaz, inteligente, de doctorado, con dones, pero no amas. Para Dios eso es nada.

Entonces Pablo nos habla de amor ágape porque él quiere estar seguro, sobre todo para los griegos, como esto se escribió, que ellos entiendan bien la diferencia. Él no les habló del amor eros, que se refiere a ese amor pasional entre un hombre y una mujer conforme al diseño de Dios, porque ese amor, ese amor eros, está puesto ahí por Dios, pero sin amor ágape es hormonal, es instintivo, utilitarista, pecaminoso y biológico. Aparte de eso estamos llenos. Aun animales que no tienen la imagen de Dios, que no tienen sentido de moralidad, experimentan el mismo tipo de pasión. La diferencia es que, como yo tengo la imagen de Dios, si me dejo transformar por Dios, yo puedo practicar eso en el contexto de un amor ágape.

También quería que ellos tuvieran claro que él no estaba hablando del amor filia en griego, que es el amor entre amigos y personas de igual a igual, el amor que nosotros tenemos entre tú y yo cuando quizás no somos ni siquiera cristianos. De hecho, la palabra filia es de donde viene el nombre de la ciudad de Filadelfia, la ciudad del amor fraternal. El fundador de la ciudad, William Penn, quiso que le pusieran ese nombre a la ciudad porque quería que fuera un refugio de tolerancia religiosa y no de persecución.

Pero también quería que ellos pudieran diferenciarlo del amor estorgé en griego, que es el amor natural, especialmente entre padre e hijo. Es un amor natural que simplemente está ahí desde que naces.

Ahora, el amor ágape es otra cosa. El amor ágape es un deseo interno de dar a la otra persona lo mejor de nosotros para su bien, aunque eso suponga la peor de las experiencias para nosotros. Déjame decirles otra vez: es un impulso interno que desea dar a la otra persona lo mejor de nosotros, aun si eso implica la peor de las experiencias para nosotros. Si tú me dices: ¿dónde está eso? En la cruz. Fue un impulso interno, no tenía nada que ver con nosotros, y Cristo quiso darnos lo mejor de Él a pesar de que implicó el clavado en una cruz. Ese es el amor incondicional.

Ese amor incondicional comienza por hacer una oferta al otro, como Cristo trajo su oferta de salvación cuando tú no la buscabas, para enriquecerlo a la manera de Dios. Y es tan impresionante ese amor que termina persiguiendo al otro, tratando de que el otro reciba lo que él no quiere. Tú me dices: ¿dónde está eso? ¿Dónde tú ves eso? La vida de Pablo, para no quedarme con Dios hecho hombre. Pablo persiguió, por así decirlo, a los judíos. A veces llegaba a una ciudad y iba a las sinagogas primero, hablaba allí, hablaba de que estaría dispuesto a hacerse maldición con tal de que sus conciudadanos pudieran recibir salvación. Los persiguió para darles lo que no querían.

Hermano, no es lo que el otro tiene lo que despierta el amor incondicional. ¿Qué teníamos nosotros? Hay personas que aman a los niños de una forma increíble y van a un orfanato e inmediatamente sienten amor. Entran y sienten amor por un niño que lo están viendo por primera vez. Se lo llevan, siguen los procesos, obviamente. Pero aún más, a mí me llegan muchos videos de animales, simplemente porque me gustan, y yo creo que ya el algoritmo me tiene. Pero tú ves gente que llega a lugares, encuentra un perro en la peor condición, y se lleva el perro. Luego hacen video por mes para que veas el cambio que experimentó. ¿Te imaginas a Dios, que me encontró muerto, me dio vida y comenzó a nutrirme? Él pudiera hacer videos de nosotros para mostrar cómo hemos ido mejorando a lo largo del tiempo. No fue nada en el perro o en el niño que movió a la persona a amarlo de esa manera.

El apóstol Pablo está diciendo: ¿sabes qué? Sin amor no va a funcionar. Una comunidad creyente no puede funcionar sin amor. Mira lo que hacemos y trata de verte a ti ahí, porque en algún momento, o lo hiciste hace mucho, hace poco, o ayer, o lo vamos a hacer mañana. Sin amor nosotros evitamos al otro. Decimos que no, pero lo evitamos con los ojos, con el silencio. Va por aquí, vengo por aquí. Va a un sitio, para allá no quiero ir. Sin amor condenamos, acusamos a los demás, nos servimos, no servimos a otros y nos servimos de otros, nos dividimos, nos alejamos, no nos cuidamos, nos mordemos. Todo para beneficio de la carne.

Porque el espíritu solo se beneficia del amor ágape, solo siente el amor ágape, solo quiere recibir y dar el amor ágape. Todo es para el beneficio de la carne. Una de las razones primarias por la que nosotros no queremos amar es porque nosotros ni siquiera sabemos amar, y cuando oímos de la descripción, primero el Corintios 13 te describe cómo es el amor, lo cerramos y sentimos que es muy difícil. "Eso fue Pablo." No, eso fue el pastor Miguel. "Tú sabes que es, no tiene otra cosa que hacer." No, eso no fue, fue Pablo, pero no fue Pablo, fue Dios que inspiró las palabras.

Y una de las razones, yo creo, por la que nosotros ni siquiera sabemos cómo amar, es por una frase que oí hace... yo no estaba ni siquiera viviendo en San Antonio, amigo, todavía, del pastor Steve Brown. Está por ahí todavía con un programa de radio, y él decía esto: tú no puedes amar. Escucha, con tu nombre ahí, pon... yo no sé cómo te llamas porque no puedo ver los rostros, pon María, José, Miguel, cálculo, lo que tú quieras. No puedes amar hasta que no hayas sido amado, número uno, y luego solo podrás amar hasta el grado con que tú hayas sido amado. O sea que yo no amo porque yo no he sido amado, bueno, por lo menos como Dios conoce el amor. "Pero yo soy cristiano y Dios me ama así." El problema es que no te has dejado amar por Dios. Solamente puedes amar hasta el grado en que tú hayas sido amado. Si tú has sido amado un treinta por ciento, diez, cinco, cuando vayas a amar, eso es lo más que puedes hacer.

Pero si yo no vivo cerca de Dios, si yo no vivo una vida de devoción a Dios, si yo no he bajado mis barreras a Dios, yo voy a estar... Y la mayoría de los hijos de Dios, lamentablemente, tenemos tanques vacíos, porque la mayoría de nuestros padres no supieron amarnos, incluyendo cuando nos dieron todo, todo, y frecuentemente menos la presencia. Entonces los padres no nos supieron amar. Ahora llego a la vida cristiana, Dios me dice: "Yo lo sé, yo soy tu Padre, yo te quiero reponer todo lo que perdiste, voy a rendimiento, lo que no tienes." Pero me mantengo lejos del Padre celestial, de manera que tampoco aprendo a amar ahí, porque no me he dejado amar completamente, sino que solo tengo una experiencia o somera, o superficial, o de domingo, o cuando estoy enfermo, o mi hijo está enfermo.

Nosotros necesitamos lucir de maneras radicalmente diferentes al resto del mundo. La razón por la que cuando Cristo habló en el Sermón del Monte, en la versión de Mateo, está tratando de explicar por qué es que tú y yo tenemos que amar de forma diferente. De una forma práctica dice lo siguiente: "Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?" Claro, los políticos también, y los líderes religiosos hipócritas también. "Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles?" Le están hablando a judíos. Hey, ustedes son judíos. Algunos de sus maestros, Jamai y Hilel, Jamai decía que solamente los judíos tenían que amar a los judíos, ni los samaritanos ni los gentiles. Hilel era mejorcito y decía que ellos debían amar a los judíos y a los otros, pero a los samaritanos no, que tenían más en común con ellos.

Nuestro llamado es radicalmente diferente. ¿Sabes por qué? Hoy es como termine el texto que te leí. Te leí Mateo 5:46-47, pero te faltaba el 48: "Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto." Esa es la meta, así es como tengo que tratar de vivir, esa es la vara. Porque si tú quieres que el mundo me conozca, tú tienes que reflejarme a mí, porque si tú no me reflejas a mí, el mundo te conoce a ti. Y tú sabes que tú eres inconsistente, y tú sabes que tú no eres incondicional, y tú sabes que tú un día te levantas con el pie izquierdo y otra vez con el pie derecho, y a veces ni te levantas.

La primera recomendación. Segunda recomendación, todavía en el versículo 9, segunda parte: "Aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno." La Nueva Traducción Viviente dice: "Aborrezcan lo malo, aférrense a lo bueno." Y la palabra ahí que la Nueva Biblia de las Américas traduce como "aplicándose" es más como aferrar, aferrarte. En inglés es como "hold fast": agárrate, no te despegues. ¿De qué? De lo bueno.

Hermanos, aborrecer es una palabra fuerte. Dios dice que Él aborrece el pecado, pero como Él aborrece el pecado, ahora me dice que soy hermano: "Tú eres hijo mío, aborrecelo también." Nota que no dice que lo evites, nota que no dice siquiera que salgas corriendo. No, no, no, que en tu interior, cuando tú lo veas, tú voltees los ojos. Tanto aborrece Dios el pecado, que mira lo que Dios tuvo que hacer: el acto de tomar a su Unigénito, darlo, que fuera a una cruz horrenda, para que Él no te tuviera que aborrecer a ti y a mí en el infierno por el resto de la eternidad. Y luego vamos a pagar eso a medias. Yo creo que la cruz de Cristo y el infierno son las dos mejores ilustraciones de cuánto Dios odia el pecado. Dios odia tanto el pecado que cuando Cristo se hizo responsable por el mío, sin ser Él pecador, lo trató como si lo odiara, hasta que Cristo gritó, clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Pero yo no puedo terminar. Aborreciendo lo malo, que es el llamado de Pablo, recuerda que estos participios funcionan como imperativos. No puedo aborrecer lo malo si vivo en la práctica del pecado, si me expongo al pecado, si intermitentemente o por periodos cortos disfruto del pecado. No es solamente "esto me llamó la atención, no está muy... no está desnuda, pero es una sensualidad" o cualquier otra cosa en la vida de nosotros. Dios califica. Esto es increíble. A mí me ha ayudado para cultivar este aborrecimiento: que cuando tú y yo pecamos, estamos haciendo algo aborrecible para Dios por lo cual ya Cristo derramó sangre. De manera que habría como otra razón para aborrecerlo más de parte de Dios Padre: "Mi Hijo, Israel, repites lo que ya mi Hijo te perdonó."

La palabra traducida como "lo malo", que aborrezcamos lo malo, puede ser también traducida como perverso. Aborrece lo perverso, lo malvado, lo maligno o la maldad. Por otro lado, entonces, la contrapartida, el otro lado de la moneda, es a que tú puedas aferrarte a lo bueno. Y es como imagínate que estás aferrado al humano. Aquí no hay nada, aquí estás empuñando lo que el mundo te ha enseñado. No eres cristiano, no has nacido de nuevo. Cristo te abre esta mano y ya dice: "Aquí te voy a ir enseñando y te voy a ir dando cada vez más." La única manera que yo puedo terminar aborreciendo lo que estaba en esta mano es si yo termino practicando y amando lo que Cristo va haciendo sobre mí, y yo voy abriendo esta mano para dejarlo ir y cerrando esta mano. Una cosa lleva a la otra.

Para permíteme referirme a Dios y Satanás metafóricamente. La práctica de lo que Dios considera bueno agrada a Dios y metafóricamente pone una sonrisa. Imagínatelo, como que Dios tuviera un cuerpo humano. Cristo lo tiene, pero imagínatelo sonriendo. El problema es que la práctica de lo que es malo, que Dios aborrece, agrada a Satanás. Y no lo hace sonreír, no, él se ríe a carcajadas. Permíteme la simbología todavía: se ríe a carcajadas. Pero sabes que no se ríe de ti. Él sabe, tiene una historia contigo, conmigo, de miles de años. Él sabe, él quiere irse a reír delante del rostro de Dios y poderle decir: "Mira lo que hacen tus hijos. Esos no son tus hijos. Mira lo que son capaces, y tú que has visto a tu Hijo incluso en la cruz por ellos."

Y parte de esa idea o de esa simbología vino a mi mente cuando pensé... no exactamente eso, pero cuando Satanás fue donde Dios y le dijo, y Dios le dijo: "Mira a mi hijo Job, mi hombre intachable, apartado del mal, aborrecía el mal, apartado del mal." Y Satanás le dijo: "No, no, pero tú lo que le tienes es un círculo de protección alrededor, tú lo que creas es caritas. Quítale el círculo de protección, escucha, a ver si no te maldice en tu propia cara." Eso lo que Job hizo estaría haciendo, como ir donde Dios y decirle: "Yo te lo dije. Mira este pastor, mira este hombre, mira esta mujer con hacer eso, tan prácticamente maldiciéndote, pero tú le llamas hijo." Por eso Satanás hizo lo que hizo, por eso la Palabra lo tiene como revelado.

Tercera recomendación, mandato. Pero el versículo dice: "Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal." Y uno diría: "Bueno, pero ya Pablo nos habló de que el amor debe ser sin hipocresía." Sí, pero quiero refinar un poco más el entendimiento. La palabra en el original es filostorgos. Hoy es lo que significa: es un amor tiernamente cariñoso. Ahora, ese amor tiernamente cariñoso es para los de la familia de Dios. Mira la diferencia: el amor incondicional es para todo el mundo, el ágape, uno ama al que te maldice. Pero el que me está maldiciendo, yo no puedo ser tierno o tierna con él porque no tiene esa condición todavía. Entonces Pablo está hablando de la comunidad de los romanos: tengan amor tierno, sean tiernamente cariñosos unos con otros, entre ustedes. Ese amor discriminatorio de quién es quién.

Y no debe sorprendernos porque, escucha, Pablo dijo lo mismo en otro lugar, en Gálatas 6:10, cuando le dice a los gálatas: "Así que entonces, hagamos bien a todos según la oportunidad." Ok, ese es un nivel cómodo. "Y especialmente a los de la familia de la fe." Eso es otro nivel. Ahí está, eso es un amor discriminatorio también. No es que le haga juicio a los dos, no. Tú los vas a amar de una manera más general, pero de una manera especial a los de la familia de la fe.

La segunda parte del versículo 10, Pablo comienza a desmenuzar lo que este amor fraternal, tierno, cariñoso significa. Ahí dice: "Con honra, dándose preferencia unos a otros." Esa frase "dándose preferencia unos a otros", los académicos lo han visto y han dicho: "Bueno, pudiera interpretarse de dos maneras diferentes." Una es que cada cual considera a los otros como superiores a sí mismo, lo cual Pablo le dice a los filipenses en 2:3. Pero la otra parte, que yo creo que es como lo que pienso, es la idea de no...

Estar a la espera de que otros me honren y halaguen, me aplaudan, me reconozcan. Que no esté a la espera de eso, sino que más bien yo vaya al otro buscando oportunidad para halagarlo, aplaudirlo, afirmarlo, reconocerlo. "Con honra dándose preferencia unos a otros." ¿En qué es que te voy a dar preferencia? En la honra. ¿Cómo te doy preferencia? Hazlo tú primero.

Y la forma para yo poder hacer eso y pensar de esa manera, hermano, créeme, nosotros somos todos seres caídos. En algunos momentos yo he llegado a pensar algo así que no recibí, sobre todo mis años más temprano, que uno está todavía madurando, como que no recibí la afirmación o el aplauso. Y mi forma de combatir eso es decir que no, es que Dios es quien tiene que darte eso, buscarlo en Él. Y poco a poco, bueno, pues eso fue como vencido. La manera como tú dejas de esperar eso es si tú y yo crecemos hasta poder decir como Pablo en Efesios 3:8: "Soy menos que el más pequeño de todos los santos."

Si hubo un hombre cien por ciento humano que pudo vivir el evangelio, mostrar la obra del evangelio en él, fue Pablo. Él dice: "Mira, yo me iré a todos los santos y yo lo considero a todos superior." Filipenses 2:3: "Yo soy el menos, el más pequeño de todos los santos." Con toda la revelación que les recibí hoy, veinte años, ¿por qué? Porque Pablo cosechó la humildad. Y el orgullo es la razón número uno —eso es mucho decir, es mi opinión— por la cual se nos dificulta honrar el evangelio en nuestras vidas. Al orgullo le encanta ser honrado. Me voy a decir en inglés: "Been there, done that." Si yo he estado ahí, créeme. Yo no estoy diciendo que estoy súper santificado ahora, dondequiera que yo estoy, mejor que cuando yo tenía veinte años, treinta, cuarenta. Es más, quiero estar mejor que cuando yo tenía sesenta. Al orgullo le encanta ser honrado y no le gusta honrar a otros.

No es simplemente como ves. Recomendación número cuatro: "No sean perezosos en lo que requiere diligencia." Eso es un llamado a no ser negligentes, descuidados, procrastinadores. Lo que en el diccionario, lo que es una palabra que viene como del inglés. En buen dominicano: no dejes para el último momento para hacer las cosas. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. De hecho, Pedro nos dice en su segunda carta, uno de diez, que debiéramos ser cada vez más diligentes. ¿Por qué, Pedro? Bueno, se supone que estoy creciendo en gracia, en la imagen de Cristo, cada vez más diligente.

Entonces luego que Pablo nos da ese mandato en negativo —no sean perezosos— me da dos mandatos en positivo: "Sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor." Fervientes, ¿qué significa eso? Es "de muy ferviente" pero muchos ni sabemos lo que es. Porque a veces ser ferviente, que va a misa todos los días. No, ser fervientes en espíritu es sentir pasión por las cosas de Dios, es mostrar entusiasmo por lo que tú haces incluso dentro del cuerpo, pero fuera del cuerpo también, pues se supone que tú le representas fuera, el cuerpo de Cristo.

Hermano, no hay nada más contradictorio que un cristiano apático. Si te imaginas que Cristo se presentara aquí en cuerpo y viniera a sentarse aquí y comenzara a predicar. Entonces Él predica por una hora, hora y media, dos horas, tres horas, y comienza la gente a salir. "No, porque también, qué es Cristo, pero no tienes responsabilidad también." Y ahora que nunca lo habíamos visto, pero Él podía repetir. "Sí, mañana, invitarlo otra vez."

Cuando el cristiano se aleja de Dios es fácil reconocer que se aleja de Dios, porque pierde pasión por las cosas de Dios. Las cosas de Dios no le llaman la atención, no le atraen, no le entusiasman. Tú pierdes pasión, fervor, entusiasmo, energía. Tú pierdes todo. Ahora, ahí mismo el apóstol Pablo pues sí, claro, se me da la razón al final de por qué yo debo ser ferviente en espíritu: sirviendo al Señor. Es lo que dice Efesios, cómo termina la frase: porque estás sirviendo al Señor, no a los hombres. "Sí, pero es que los hombres me decepcionan." A Cristo también, a Pablo también, a mí también. "Pero ya, es que tú no sé si lo sabías, pero Dios te lo mandó a decir conmigo: tú has decepcionado a muchos también." Y si tú quisieras decirle: "Pastor, usted también." Yo te voy a decir: "Bingo."

Hermanos, tú y yo somos el menor de los entre los santos. La apatía de un cristiano es más bien alguien que no ha entendido el evangelio. ¿Cómo no ha entendido el evangelio? El evangelio no ha pasado por él, no lo ha moldeado, no lo ha transformado. Que ha entendido el evangelio en términos cerebrales, intelectuales, académicos. De hecho, sería una vergüenza para Cristo tener cristianos sirviendo en el ejército que son perezosos, negligentes, apáticos. Yo no sé si tú te lo puedes imaginar. Si yo fuera coronel o general o capitán, nadie con esa característica va a ser parte de mi ejército, porque fácilmente garantiza la derrota de la batalla. Bueno, estamos en una guerra espiritual y la causa es la causa de Cristo.

Recomendación número cinco, versículo doce: "Gozándose en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración." Hermanos, desde el Antiguo Testamento hasta el final del Nuevo Testamento hay verdades que están subrayadas con palabras, otras con historias. Una de esas verdades: cuánto desagrada a Dios el espíritu de queja. Lee los cuarenta años del desierto, lee el libro de Números. Hay tantas consecuencias. Éxodo cubre como un año nada más de los cuarenta años. Levítico cubre como un mes de los cuarenta años. Deuteronomio cubre como dos meses ahí esperando desde el lado del Jordán. Libro de Números cubre treinta y ocho años y medio más o menos. Ahí están todas las consecuencias, todas las quejas, todos los pecados y todas las lecciones.

Dios odia la queja porque la queja no testifica acerca de todos los beneficios que yo recibo desde que me levanto hasta que me acuesto. Porque la queja cuestiona, pone en duda la fidelidad de Dios, la soberanía de Dios, la providencia de Dios, la benevolencia de Dios, el amor de Dios, la misericordia de Dios, la gracia de Dios, todos los atributos de Dios. Es como: "Te doy, te amo, te quiero, te busco, te perdono, pongo el querer y el hacer, ¿y todavía no estás satisfecho?" "No, es que tengo carencias." Lo que tú y yo llamamos carencias, tú vas a tener carencias en el mundo terrenal porque no hay nada que te pueda satisfacer en este mundo. Le puedes preguntar a Salomón. Le puedes preguntar a Elon Musk qué quiere más. Igual que todos.

Y yo creo que hay un entendimiento generalizado entre los académicos que cuando Pablo dice que nos gocemos en la esperanza, no está hablando de una esperanza en el aire. Está hablando de la esperanza que se nos ha sido dada de que nosotros entraremos en gloria, ya sea individualmente o en grupo, dependiendo si voy yo primero o si nos vamos con el resto de la iglesia en algún momento. Entonces, con esa esperanza Pablo dice que la gloria venidera no es digna de ser comparada con la aflicción de este mundo, que él considera leves y pasajeras. "Sí, no, pero es que Pablo no pasó por donde yo estoy pasando, pastor." ¿Tú has leído el currículum de Pablo? Yo prefiero no haber visitado el tercer cielo, no haber visto a Jesucristo en persona, y no pasar por la dificultad por la que Pablo pasó.

Comencé así. Ahora tengo un tiempo diciendo al Señor: "Sí, fuera, sí quiero pasar por ahí, porque esa voluntad sería buena, agradable y perfecta, aunque yo no la vea, no la sienta, no la quiera." No me rechaces, no me hagas caso. Yo no estoy hiperbolizando. Con esas palabras yo le he hablado al Señor. Yo quiero lo que Él quiera y lo que Él no quiere, no lo quiero. No importa si es dinero, si fuera —cuando estaba más joven— una esposa, o si fuera una carrera, o si fuera un país. Lo que Él no quiere, yo no quiero.

Entonces luego Pablo nos dice que tengo que perseverar en el sufrimiento. Sí, pero tengo que saber cómo perseverar. Está aquí, hermano. Este es el manual de instrucción. Es que yo fui diseñado, como todo lo que se diseña, con manual de instrucción. Pero yo tengo que aferrarme a la fe, a la fe que he puesto en Cristo. Yo tengo que creer las promesas que Él me hizo, creerlas hasta esperarlas con ansias. Yo necesito esta Palabra por ancla en mis tribulaciones.

El salmista escribe, dice: "Si tu Palabra, tu verdad, no hubiese sido mi deleite, ya hubiese perecido." Exactamente, él se ancló en la Palabra. Cada vez que estaba sintiéndose mal, que quería quitarse la vida quizás, él fue y dijo: "Me deleité, que lo contrario me hubiera muerto." Yo necesito desarrollar una mente bíblica para entender de qué manera se supone que yo procese las dificultades. Y este mundo, ¿por qué las estoy atravesando? Como ejemplo, ¿para quién? Como provecho, ¿de qué es mi vida?

Cuando tú fijas la mente en las cosas de arriba, no estás tan pendiente de las cosas de este mundo. Y cuando tú vas a desarrollar una pasión —escúchame— una pasión por los deseos del Espíritu, tú vas a aprender a aborrecer los deseos de la carne. El problema es que al espíritu nosotros lo ponemos en ayunas, y no intermitente: continuo. Y a la carne la sobrealimentamos y la engordamos. Hay que hacer una bariátrica, te hablo en términos espirituales. Entonces, la esperanza de la gloria que ha de venir nos ayuda a perseverar en el sufrimiento, y la confianza en las promesas que se han hecho también.

Recomendación número seis, versículo trece. En este versículo trece hay dos recomendaciones: una para los miembros de la comunidad creyente y otra para los de afuera. Déjame comenzar con los miembros de la fe: "Contribuyendo para las necesidades de los santos." Wow, uno pensaría como que al final de una carta tan teológica, "¿Tú ahora me vas a hablar como de ayudar a los que no tienen? No, eso son chiquitos." Esa es otra de las verdades que está desde el Pentateuco hasta ahora en la carta de Pablo: la obligatoriedad de ayudar a los que no tienen o tienen menos que tú. Y lo increíble es que muchas veces —no siempre, pero los más dadivosos— son los que menos tienen.

De hecho, en Estados Unidos hicieron estudios: las personas que más cumplían con el diezmo, en verdad, ganaban menos de 50 mil dólares al año, que no es mucho dinero en el contexto norteamericano.

Nota cómo la iglesia inicial se dejó transformar por el Espíritu y el impacto del evangelio. Hechos 4:34-35: "No había pues ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según sus necesidades." Esa fue una comunidad impactada por el evangelio.

Es interesante que cuando Pablo recibió su llamado de parte de Jesucristo directamente, y lo llamó a ir a los gentiles, Pablo sabía que no era un llamado solitario, que el cuerpo de Cristo tiene que darle aprobación a estos llamados, antes y ahora. Entonces él subió a Jerusalén, él cuenta esto en Gálatas 2, y fue a ver a los grandes líderes de la iglesia de Jerusalén.

Escucha, Gálatas 2:9-10: "Al reconocer la gracia que se me había dado, Jacobo, ese Santiago, el medio hermano del Señor, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra del compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a la circuncisión, a los judíos. Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo mismo que yo estaba también deseoso de hacer."

Está bien, Pablo, te vas a dar a los gentiles, pero hay una cosa: entre los gentiles hay pobres, cuídate de ellos, no los descuides, las viudas de Hechos 6, no los descuides. La preocupación por la condición y el bienestar de los pobres es algo que permea toda la Biblia. Proverbios: si el pobre clama a ti y tú no le oyes, no me pidas, no me clames, no te voy a oír, porque no oíste a tu prójimo. Si le retienes su salario, le pagas menos de lo que merece, no hables conmigo. Esto está en el libro de Proverbios, y así Dios habla de manera fuerte acerca de estas cosas.

Entonces el problema es que nosotros vinimos al mundo así. Todos los niños nacen con los puñitos cerrados; es una buena metáfora para decir que, si Dios no hace algo, así sigo. El problema es que nos aferramos tanto a las cosas materiales que el cristiano, lo acabo de entender, lo que costó su vida, su salvación. No tiene... Sí, la sangre de Cristo, pero ya es como: "A la semana santa, domingo resurrección, sí, eso es historia, bien". ¿No es verdad? Esa persona aferrada a las cosas materiales no puede estar impactada por el satisface, porque el Evangelio cambia la percepción de todo lo que tuve. Pero tampoco tiene amor por el prójimo, porque si tuviéramos amor por el prójimo estaríamos tratando de aliviar alguna de sus necesidades.

Y si no tiene amor por el prójimo, escucha, me voy a ir de David en un momento. Si no tiene amor por el prójimo, no le digas a Juan que tú amas a Dios, porque no te lo va a creer. Escucha lo que dice Juan: "El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede..." No hay qué es difícil: no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Primera de Juan, wow, 4:20. Hermano, esto es cómo yo he ido examinándome. Cuando veo que me falta amor por el hermano, digo: "Me falta mucho amor por Dios", porque es que una cosa produce lo otro por definición. Entonces eso sería los de la familia de la fe.

Pero luego, la segunda parte del capítulo, del versículo tres, es practicando la hospitalidad. En el antiguo testamento eso era muy necesario. O sea, no es como ahora que tú tienes los hoteles de cinco estrellas, tres estrellas, dos estrellas. No, tú ibas y viajabas en semanas, meses, y te ibas a quedar. Bueno, me recibo cuatro, a alguien que me de posada, como decíamos aquí, y se hacía. Y la gente compartía sus casas con extraños. Hoy eso es casi imposible, pero tú puedes ser hospitalario con los que vienen a tu casa, con los que vienen de fuera a una conferencia. Te puedes ofrecer, puedes servirle, puedes averiguarle cosas. Si tienes un estudio bíblico en tu casa, tú puedes ser hospitalario, grandemente hospitalario. Si es una cena, tú puedes ser muy hospitalario. La hospitalidad de corazón habla de un corazón de siervo, y eso es exactamente lo que el Evangelio hace: te convierte en siervo.

Recomendación número siete: bendigan a los que les persiguen, bendigan y no maldigan. Ese es uno de los mandatos menos practicados, de los más olvidados, de los menos gustados, porque es un mandato que va en contra de cada fibra de la naturaleza humana en ti y en mí. En la época de Jesús había un tipo de discípulos, había un tipo de discípulos que era talmid, y en plural talmidim. El talmid o los talmidim se mudaban con el maestro porque no solamente querían oírlo enseñar, querían verlo vivir, de manera que ellos pudieran imitar al maestro en todo. Por eso fue que Cristo los llamó a que vinieran a pasar tiempo con Él. Entonces, cuando ellos vieron a Cristo orar por su enemigo, si van a ser un verdadero talmid, entonces eso es lo que tienen que hacer. Y eso requiere amor por el prójimo.

Cuando uno ama al que maldice, entonces algo estoy haciendo: estoy matando mi orgullo, que es el que desarrolla el rencor, y el rencor me lleva a condenar al otro de palabra o en hechos. Y lo hacemos mientras tú y yo nos justificamos de por qué merece ese trato. Pero la situación es peor todavía cuando se trata de hermanos, porque en Cristo derramó sangre, y eso causa divisiones, separaciones y reconciliaciones que yo odio. Me han oído decirlo. Gálatas 5:15: "Pero si ustedes se muerden y se devoran unos a otros, tengan cuidado, no sea que se consuman unos a otros".

Cuando yo bendigo, oro por el que maldice, yo estoy matando nuestro sentido de ajuste de cuentas: "Tú me hiciste, yo te hago; me hablaste mal, te hablo mal; no te hablo, me he visto, me alejo, te tacho". "No, no, es que... no, yo no lo he olvidado, pero no quiero saber nada de él". Bendecir a quien me ha maldecido, primero, derrota mi sentido de ajuste de esa actividad. Si eso no se queda nada nunca, ya no hay que responder. Bueno, quizá la mayoría de nosotros no hacemos así. Es oigo, pah, hablo, wait. Haz lo que Pablo les dijo a los corintios: absorbe la pérdida, absorbe el pecado, como Cristo absorbió tu pecado en la cruz. De manera que para nosotros amar al otro, el otro tiene que darme primero, y mucho de su amor, de su aplauso. Pablo dice: no es como es.

Recomendación número ocho. El tiempo se ha ido, pero: gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran, versículo 15. Es un llamado a la identificación en las buenas y en las malas. En todas las iglesias hay gente que está gozosa: hay gente que se acaba de casar y está en la luna de miel, gozosa; hay gente que se acaba de enamorar, gozosa; hay gente que se acaba de comprometer, gozosa; hay gente que se acaba de graduar, gozosa; hay gente que acaba de recibir un premio, un viaje o algo, gozosa. Gózate con él, con ella.

Si trabajan en la misma oficina, no comiences a pensar: "¿Y por qué él sí y a mí no? ¿Por qué ella sí y a mí no?". Te voy a dar un secreto. Yo sé por qué se lo dieron a él o a ella y a ti no. Yo sé. ¿Sabes por qué? Porque Dios no quería que te lo dieran a ti. No es tan complejo. Si Dios hubiese querido que tú fueras el receptor, te lo dieron algo a ti, mi hermano, mi hermana. Tú no quieres conocer el albur voluntario. Lo acabas de conocer. Los silos en la vida son los silos en la vida de Dios.

Lloren con los que lloran. Hermano, si tengo que identificarme con el dolor humano, me llama por un lado a disfrutar los logros del otro, aplaudir los logros del otro, porque es una forma de yo morir a mí mismo, es una forma de amar al otro. Pero al mismo tiempo yo tengo que llorar con el otro. Cristo lo modeló: Marta y María. Eso iba a resucitar a Lázaro. No estaba llorando por Lázaro. Bueno, quizás porque la vida tiene que traer para acá otra vez, pero no creo. El texto dice, yo creo que cuando las vio tan compungidas, tan tristes, que la tristeza del otro te entristece a ti de hecho. Que el pecado del otro te entristezca a ti cuando ves su pobreza espiritual. Cuando el Evangelio moldea tu vida, tú lloras por aquellos que están espiritualmente pobres. Cristo lloró por Jerusalén, la ciudad que pecó contra Él. Él lloró por ellos.

Recomendación número nueve: tengan el mismo sentir unos con otros. Esto es un llamado contra la división de la iglesia, porque eso niega el Evangelio y afirma que el Evangelio no ha pasado por mi vida. La división contra la cual Cristo oró tres veces en el aposento alto, vimos eso la semana pasada, es algo que Cristo odia y es algo que habla en contra del Evangelio.

Hermanos y hermanas, tenemos una iglesia... Ya he pasado, ya he hablado con grupos de pastores. Tenemos una iglesia evangélica mucho más doctrinalmente fuerte y mucho menos relacionalmente fuerte. Nos dividimos por un quítame esa paja, por cosas que no representan, que no fueron parte del Evangelio, por cosas que aún en los círculos ortodoxos por miles de años ha existido diferencia: que es hiperpremilenarismo, que es amilenialismo, que si dispensacionalismo, que si continuismo, no continuismo. Tendremos que ver a cada quien su contexto y pensar qué es exactamente lo que cree y cómo lo cree.

Pero nosotros tenemos una sociedad hoy en día, nuestra sociedad, sobre todo en Estados Unidos, está tan dividida, tan polarizada. Tú: en un extremo. Él: en otro extremo. No hay punto medio. Pero si las iglesias están iguales, entonces estamos en contra uno del otro igual que el ciudadano común. Nosotros tenemos que hacer el puente para que ellos, el que está en la izquierda, el que está en la derecha, pueda mirar hacia el centro y decir: "Esa gente del medio son diferentes. ¿Qué es lo que ellos tienen que nosotros no tenemos?".

Y finalmente, recomendación número diez, versículo 16: no sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes; no sean sabios en su propia opinión. Muy sencillo: un llamado a la humildad. La única forma de ser de un mismo sentir, de un mismo corazón, de un mismo propósito, es siendo de humildad. Sin humildad es imposible vivir la vida cristiana a la que Cristo nos llama. Y eso, al mismo tiempo, creo que la humildad es la virtud que mejor enseña que el Evangelio ha moldeado tu vida. La humildad en tu vida muestra, y todo el mundo se da cuenta, es el Evangelio. Que mejor muestra que el Evangelio ha moldeado tu vida.

Entonces Cristo apeló a la humildad para algo que debemos aprender de Él: la humildad y la mansedumbre, porque van de la mano. Entonces, la humildad y la mansedumbre toman en cuenta la imagen de Dios en el otro. La humildad y la mansedumbre son necesarias para actuar lógicamente, bíblicamente, no emocionalmente y pecaminosamente. La humildad solamente no pierde los estribos, no pierde la razón ni su estabilidad emocional. No, claro, porque Cristo, lo dijo, Cristo garantiza mi estabilidad emocional vía la humildad y la mansedumbre. "Aprended de mí que soy manso y humilde", coma, "encontrarán paz". Ahí está mi estabilidad para con vosotros. O sea, mi falta de humildad y mansedumbre es lo que me lleva al remordimiento y la amargura y ese escupir.

"No sean sabios en su propia opinión" es la última recomendación. No sean sabios en su propia opinión. ¿Cómo llevo todo eso? No es tan complejo. Es que mi carne no quiere. Me da varias ideas. Así: si no conocemos la Biblia, siempre seremos sabios en nuestra propia opinión, porque ¿cuál otra? Entonces no es tan complejo, pero tengo que estudiar la Biblia. Si no aplicamos la Biblia a nuestras vidas, mostramos que no vivimos la Biblia. Si no vivimos la Biblia, no entendí la Biblia. El título de mi último libro, tú lo sabes: "¿Tú crees la Biblia o vives la Biblia?". No he llegado a creer, porque vivir es creer, y la vida fuera de las directrices de Dios de alguna manera le comunica a Dios... Esto es como evitar... Pues yo sé que no pensamos hacer. Cuando yo he sido de tomar la vida mía en mis manos para vivir conforme a lo que yo quiero, en esencia le estoy diciendo a Dios: "¿Sabes qué? Busqué tu sabiduría, la leí, y me parece..."

Inferior. Yo tengo una superior, mejor, que es buena y agradable para mí. De manera que, por lo menos por un tiempo, yo me voy a tomar una vacación, por lo menos para vivir a la altura de mi voluntad, porque la tuya no me satisface. Huí.

Y entonces comienza por ti. Comienza por ti pidiendo a Dios que te abra los ojos a lo que tienes que ver. A todo. Número dos: que cuando tengas a todo lo que tú tienes que ver, que te permita verlo al pie de la cruz, para que ahí mismo, al pie de la cruz, tú puedas pedir perdón. Pedir que te dé arrepentimiento. Seguir pidiendo perdón y arrepentimiento todos los días.

Pídele a Dios, al mismo tiempo, que te ayude a aprender todas las lecciones que se supone que esas clases debieron haberte enseñado, experiencias de la vida, para que no tengas que pasar por ellas otra vez. Pídele a Dios que te ayude a matar el yo. Hermano, tienes que matar el yo todos los días. Yo también, todos los días. Recuerda que no se trata de ti. Nunca se trata de ti. Se trata de Dios y de su causa, aun si nos toca una cruz. Pero de eso se trata.

Confía en Dios. Confía en sus promesas. Permite. Recuerda que tú no estás solo si eres cristiano verdaderamente. Si no lo eres, bueno, revísate, revísate para ver si estás en la fe. Pero si estás en la fe, entonces sabes que en medio de tus problemas y pecados, el Hijo de Dios está intercediendo por ti, y el Espíritu Santo por igual. De manera que no tengo excusa para decir: "No tengo ayuda". Tengo la Trinidad entera a favor mío. Si Dios está por ti, ¿quién contra ti? Ni tú mismo.

Entonces, con eso vamos a decirle a Dios hoy. ¿Quién empieza? ¿En ti te parece? Padre, gracias por hablarme, hablarnos. Gracias por permitirme terminar tu mensaje. Te pido ahora que a través de la canción tú puedas recordarme que todo lo que se dijo y todo lo que está escrito en tu Palabra tiene mi nombre delante, que la aplicación es para mí en especial, viene dirigida a mí. Tus cartas vienen dirigidas a mí, con la dirección mía. Gracias por enviarnos tus cartas en Cristo Jesús. Amén. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.