Integridad y Sabiduria
Sermones

La inmensa oscuridad de un mundo sin consejos

Pepe Mendoza 3 septiembre, 2023

Vivimos una paradoja inquietante: nunca hemos estado más conectados y, sin embargo, la soledad se ha convertido en una epidemia. El cirujano general de Estados Unidos alertó recientemente que el aislamiento social tiene un impacto en la mortalidad comparable a fumar quince cigarrillos diarios. Las redes sociales prometían amigos, pero nos dieron seguidores; YouTube resuelve problemas domésticos, pero nos deja solos. Hemos construido muros algorítmicos donde todos piensan igual que nosotros, confirmando lo sabios que creemos ser. Contra esta ilusión de autosuficiencia, la Escritura ofrece una herramienta que funciona como dinamita contra nuestra obstinada individualidad: el consejo.

Moisés, al final de sus días, advirtió a Israel que eran una nación privada de consejo, y por eso carecían de inteligencia y no comprendían su futuro. Proverbios lo confirma con claridad: el camino del necio es recto a sus propios ojos, pero quien escucha consejos es sabio. David, hombre conforme al corazón de Dios, no fue un superhéroe solitario; su vida fue moldeada por los consejos de Mical, Jonatán, Abigail y Natán. Al final de su reinado, entre generales y escribas, aparecen dos figuras reveladoras: su tío Jonatán como consejero y Husai el arquita como amigo. Necesitamos tíos que nos conozcan y amigos que caminen a nuestro lado.

En la multitud de consejeros está la victoria. Pero hay un consejero que sobrepasa a todos: Isaías anunció que el Mesías se llamaría Admirable Consejero. Él conoce cada circunstancia, cuenta los cabellos de nuestra cabeza y prometió estar con nosotros hasta el fin. La única oveja solitaria en la Biblia es la perdida, y tiene un pastor dispuesto a dejar las noventa y nueve para buscarla.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La inmensa oscuridad de un mundo sin consejos

Narcotepespas, esto por título: "La inmensa oscuridad de un mundo sin consejos". De un mundo sin consejos. Y ustedes saben que los consejos son parte de ese andamiaje espiritual que el Señor nos concede para poder alcanzar la sabiduría. Y me uno entonces al sermón maravilloso del pastor Miguel de la semana pasada para tratar de dar y aportar un grano de arena en algo que es muy importante.

Parte de las disciplinas espirituales que nosotros debemos ir acaparando en nuestra vida, acompañada de la lectura de la Palabra de Dios, la oración, la adoración, la participación en la iglesia, el aprender a recibir consejo también es una disciplina espiritual, y es una disciplina espiritual fundamental para nuestro tiempo.

Este tema se gatilló porque hace algunos meses atrás, hace pocos meses atrás, el cirujano general de Estados Unidos, el doctor encargado de la salud pública en los Estados Unidos, anunció que a pesar de que la pandemia había terminado, el gran problema que estaban los norteamericanos experimentando es el sentimiento de soledad. Un profundo sentimiento de soledad que iba mucho más allá de lo normal. Y este doctor señalaba en su informe que esto supone una amenaza para el bienestar físico y emocional, además de un enorme problema de salud pública: la soledad. Ahora las universidades han creado centros para el estudio de la soledad.

Y yo, reflexionando en este informe y pensando al respecto, me encontré también que después de que se lanza un gran informe, luego la prensa empieza a averiguar alrededor de los contextos particulares en los que nos desenvolvemos, porque esto lo dijo el cirujano general de los Estados Unidos. Sin embargo, la BBC también hizo una investigación y señaló que América Latina también está sufriendo esta pandemia de la soledad, del sentimiento de soledad, y que hay determinados países donde el sentimiento de soledad en medio de la población es sumamente alto.

Bueno, eso lo relacioné con mi trabajo como pastor. Y me di cuenta que una de las quejas que las personas traen consigo permanentemente a mi vida es el sentimiento de soledad. Me di cuenta que una de las quejas mayores que los cristianos están expresando en nuestro tiempo es también el sentimiento de sentirse solos, de formar parte, como aquí, de una gran congregación, pero al mismo tiempo tener un profundo sentimiento de soledad.

Soledad que podemos expresar en dos sentidos: la soledad que es producto muchas veces de mi propio aislamiento. Yo me aíslo de los demás. Yo no dejo que los demás se me acerquen, y eso es un problema también relacionado con la soledad. Pero también hay otros que perciben que son aislados por los demás, que tienen este sentimiento de soledad producto de que no han podido romper la barrera que los acerque a las otras personas.

Y este sentimiento de soledad, según los expertos, miren ustedes lo que dicen: el impacto en la mortalidad producto de estar socialmente desconectado es similar a fumar quince cigarrillos al día. No lo digo yo, lo dicen los expertos de los centros de soledad. O sea que realmente el sentirme solo afecta mi cuerpo, afecta mi personalidad. Otro especialista dice que es otra forma de estrés: el sentirme solo, el sentirme aislado, el sentirme desconectado de los demás es una forma de estrés que aumenta el riesgo de trastornos emocionales, de manera que una persona está en mayor riesgo de sufrir un infarto, un cáncer, un derrame cerebral, padecer hipertensión, demencia y hasta muerte prematura. Estar solo es un problema.

Ustedes recuerdan esas palabras antiguas en donde el Señor dijo al principio de la creación, ¿qué dijo? "No es bueno que el hombre esté solo". Y luego Salomón con toda su sabiduría decía: "¡Ay del solo! Porque cuando cayere, no habrá quien lo levante". De tal manera que la soledad es peligrosa y el sentirme solo también es un gran problema.

Sin embargo, estamos viviendo una tremenda paradoja, y esta es la teoría que yo quiero plantearles. Porque la soledad se puede estudiar y analizar a la luz de la Palabra desde diferentes aristas, pero también es cierto que mucho de este sentimiento de soledad tiene que ver con el aislamiento que, por ejemplo, las redes sociales han producido en nuestra alma.

Ustedes se acuerdan que existía allá en la antigüedad, en los tiempos de Jurassic Park, una red que se llamaba Facebook, que ya nadie usa pero todo el mundo conoce. Bueno, yo no sé si ustedes han notado una gran diferencia: uno cuando se unía a Facebook ganaba ¿qué cosa? Ganaba amigos. Las redes sociales nuevas ya no ganas amigos, ¿no? ¿Qué ganas? Seguidores. Yo sigo detrás, me siguen por detrás, pero ya no son amigos. Una estadística del Facebook dice que en promedio una persona que se incorporaba al Facebook llegaba a tener 399 amigos. Un ejército. Imagínense, 399 amigos.

Sin embargo, al mismo tiempo esto ha cambiado, y a pesar de que nosotros estamos unidos a través de la virtualidad y estamos siguiendo a tantos, esa relación se ha vuelto muy impersonal. Ya no es un amigo, ahora es alguien a quien sigo, y lo sigo basado en muchos criterios como intereses comunes, admiración, soy un fanático de alguien por entusiasmo por algún tema de la teología, la eclesiología, la música, el cine, el maquillaje, qué sé yo. Ustedes saben a quiénes siguen, ¿verdad? Entonces vayan pensando. Alguna actividad, las noticias, la política, los hobbies, creencias, ideologías y tantas cosas de ese tipo.

A mí me sucede algo muy curioso. Yo no sé si les ha pasado a ustedes, pero cuando yo necesito hacer algo en la casa, o con Angélica estamos discutiendo acerca de algo que se erró o algo que hay que cambiar o algo que no sabemos que se puede mejorar, nosotros ya no llamamos a nadie. Nosotros vamos a YouTube, y de verdad que YouTube tiene todas las respuestas. O sea, me ha sorprendido que alguien filme un video de cómo desatorar no sé qué cosa que pasó en el refrigerador, y tú vas y simplemente lo pones ahí y me va guiando, me va guiando, y yo resuelvo. Pero eso nos deja solos. Ya no necesitamos a nadie más.

Y no solamente eso, sino que las redes o este movimiento virtual hace que nosotros vayamos creando un universo que se cierra alrededor de nosotros mismos y de nuestros gustos. Porque aparentemente todo lo que yo sigo piensa igual que yo, no me enseña nada, simplemente me confirma lo sabio que soy. Me confirma que esa idea la también la tiene la artista fulana de tal, que piensa igual que yo. Lo confirma el otro que también sabe exactamente lo mismo. Es como una empecinada terquedad que demuestra lo bien que yo estoy. Y eso nos deja solos y eso nos aísla.

Sin embargo, nosotros debemos reconocer que hemos sido creados para vivir y nutrirnos de una vida en comunidad con otras personas. Y por eso yo me pregunto: ¿no será acaso que este sentimiento de soledad virtual, o este sentimiento de soledad, sea producto justamente de esta muralla que yo he levantado, que impide que yo pueda relacionarme con otros? Les pregunto: a veces nosotros nos creemos la última Coca-Cola del desierto, el molde se rompió cuando yo nací, soy único e intransferible. O a veces nosotros pensamos que somos el inventor de la rueda, porque justamente este aislamiento seguro en el que nosotros vivimos impide que nosotros descubramos lo que existe a nuestro alrededor.

Ahora, ¿por qué la soledad la relaciono con el consejo? Porque el consejo viene a ser la dinamita que rompe las murallas de nuestra obstinada individualidad. El consejo viene a ser la puerta que Dios ha establecido para que nosotros podamos crecer y podamos alcanzar el bienestar que nosotros estamos anhelando. El YouTube no puede dármelo. Puede solucionarme algunas cosas, puede darme algunas ideas, pero el Señor diseñó el consejo de una manera más profunda, de una manera más real, de una manera más personal, de una forma en la que haya una contraparte en la que yo pueda participar de esta discusión.

Y el consejo, dice alguien, que el consejo es igual que un remedio: no funciona hasta que te lo tomes, ¿verdad? De nada me sirve tener las aspirinas ahí, las miro con fuerza: "Aspirina, aspirina", leo la posología, las aspirinas sirven, ¿cuáles son los componentes? ¿Me pasó el dolor de cabeza? No funciona así. El consejo solo funciona hasta que lo llevamos a cabo.

De tal manera que nosotros podemos ir a la Escritura, y yo quisiera que vayamos alrededor de una serie de pasajes que nos ayuden a entender el valor del consejo. Hermanos, no podemos desestimar el consejo, porque el consejo es una herramienta establecida por Dios para nuestro crecimiento personal y para nuestro crecimiento espiritual. El consejo no es algo optativo. El consejo tampoco es una necesidad apremiante cuando tengo una emergencia y voy al departamento de consejería de mi iglesia. El consejo es una parte vital de mi vida que debe formar parte de mis actos diarios, tan diarios como mi devoción.

Y por eso es que quisiera que abramos nuestras Biblias, para los que trajeron las Biblias antiguas esas de papel, o que enciendan su Biblia en el Bible.com, y vayamos al capítulo 32 de Deuteronomio, los versículos 28 y 29. Antes de que lo pongan, antes de que lo pongan, déjenme decirles algo importante. Vamos a revisar varios pasajes de Deuteronomio, porque Deuteronomio viene a ser el último libro que Moisés escribe, y lo escribe antes de partir. El Señor le había dicho: "Ha llegado el momento en que te vayas, vamos a encargarle el pueblo a Josué", y por lo tanto: "Tú prepara todas las cosas para partir". De tal manera que es una declaración final de Moisés exhortando al pueblo a vivir de una manera adecuada ante la inminencia de su partida.

Imagínense que ustedes sepan el momento de su partida y quieren dejarle a sus hijos, a sus hijas, a sus familias, a su negocio, quieren dejarle las últimas palabras. ¿Qué es lo que tú tienes que considerar por sobre todas las cosas? ¿Cuál es la palabra clave que tú no debes olvidar? ¿Cuál es el consejo que tú no debes dejar de perder de vista ante la realidad inminente de mi partida? Eso es lo que es el libro de Deuteronomio, y en los versos 28 y 29 del capítulo 32 dice lo siguiente. Ahí está, el poder. Dice: "Porque son una nación privada de consejo y no hay en ellos inteligencia. Ojalá que fueran sabios, que comprendieran esto, que comprendieran su futuro."

Estamos escuchando las palabras finales de Moisés, y Moisés le está diciendo a Israel: "Porque son una nación privada de consejo." Una nación en donde el consejo está ausente. Sin embargo, los comentaristas y los eruditos bíblicos dicen que la palabra "privada" es real, o sea, hay ausencia de consejo, pero la ausencia de consejo es producto de que el pueblo ha destruido el consejo. No lo ha tomado en consideración, lo ha dejado pasar, no lo ha escuchado. No es que el consejo no haya estado, sino que no lo ha tomado en consideración. Es una nación privada de consejo, es una nación que ha perdido el juicio, que ha perdido el norte.

¿Y cómo se demuestra esto? Por lo que dice a continuación: "Porque son una nación privada de consejo", y miren lo que les falta, "y no hay en ellos inteligencia." Lo que debemos entender aquí es que la inteligencia no es considerada como una capacidad innata. A nosotros nos gusta decir que nuestros hijos nacieron sumamente inteligentes, ¿verdad? Nación inteligente. Y en realidad la inteligencia se cultiva. Todos nacemos con la capacidad de desarrollarnos, pero hay personas a las cuales se les impulsa para que desarrollen la inteligencia. Voy a enseñarle a mi hijo a jugar ajedrez desde los tres años, tridimensional. ¿Por qué? Porque lo que queremos es desarrollar su habilidad mental, así como desarrollamos la habilidad física.

De acuerdo a Moisés, ¿no habrá inteligencia si destruimos el consejo? No habrá la habilidad de pensar correctamente si es que no habilitamos a nuestra alma la posibilidad de prestarle atención a aquello que se nos esté entregando a modo de consejo. Y no solamente eso, sino que dice el verso 29: "Ojalá que fueran sabios, que comprendieran esto." El anhelo de Moisés dice: "Ojalá fueran sabios", porque si fueran sabios, no se privarían del consejo. Ojalá comprendieran la importancia del consejo para el bienestar personal y espiritual de mi propia vida, que entendamos que necesitamos crecer en nuestra inteligencia, pero no a costa de nosotros mismos. No escuchando la voz de mi corazón, que yo necesito el consejo que viene de afuera.

Porque dice: "Ojalá que fueran sabios, que comprendieran esto", y miren lo que dice la línea final del pasaje: "Que comprendieran su futuro." El consejo me permite visualizar lo que yo puedo llegar a ser o no ser, de acuerdo a la guía que yo voy recibiendo. Digan ustedes, los que estamos aquí, que no hemos recibido un consejo de alguien que cambió nuestro destino. Cuando decidimos escuchar la voz de alguien que era más sabio y mejor que nosotros, y nos dijo: "No vayas por este camino, sigue este", y nosotros podemos decir que a partir de ese momento comprendí mi futuro, pude saber hacia dónde ir.

Pero el Señor dice: "Porque son una nación privada de consejo", una nación que destruye el consejo. Y debemos cuidarnos de eso, porque la realidad es que si nosotros quisiéramos definir qué es un consejo, podríamos decir de manera sencilla que la palabra consejo aparece más de un centenar de veces en la Biblia, más de un centenar de veces. Por lo tanto, se trata de una palabra importante, como yo les he dicho, que forma parte de una de las disciplinas espirituales esenciales para poder crecer en el Señor. Pero el consejo es básicamente una recomendación, una amonestación, un recordatorio, una enseñanza, un reparo, una lección que se expresa con el fin de orientar un pensamiento o una acción.

Eso es básicamente un consejo, pero lo cierto es que nosotros nos negamos por naturaleza a recibir el consejo. Y más aún, la sociedad y la cultura contemporánea nos fuerza a creer que no necesitamos ni de nada ni de nadie para poder salir adelante. Cree en ti mismo. Escucha la voz de tu corazón, la última Coca-Cola del desierto, vas a inventar la rueda, mira tu algoritmo, todos hablan igual que tú, todos piensan igual que tú. Cuando es una gran mentira.

Y permítanme presentarles tres pasajes de Proverbios que nos demuestran esta realidad. Los Proverbios tienen una particularidad. ¿Cuál es la particularidad? Que el maestro de sabiduría siempre te pone el consejo en la división del camino, en la encrucijada del camino, y te muestra dos realidades. El proverbio siempre te muestra dos realidades: la realidad del necio o la realidad del sabio, y te dice así va a ser el camino, escoge cuál de los dos deseas. De tal forma que el proverbio siempre nos empuja a una decisión y nos muestra una realidad.

Proverbios 12:15. ¡Wow, ahí va! Proverbios, que no creen en mi poder. Yo tengo el poder, de verdad. No hay nadie detrás, ustedes, detrás de la pared de la mañana, soy yo. Proverbios 12:15: "El camino del necio es recto a sus propios ojos, pero el que escucha consejos es sabio." A veces cuando nosotros tenemos, creemos que tenemos la vida resuelta, el camino estipulado basado en solo mis propios pensamientos, ¿saben qué soy de acuerdo a la Biblia? No soy yo, no, no se ofendan. Dice que eres un necio de marca mayor, primer lugar en necedad. "El camino del necio es recto a sus propios ojos, pero el que escucha consejos es sabio." ¿Saben por qué? Porque nosotros somos incapaces de tener un camino recto por nosotros solos. Nuestro corazón es engañoso, no tenemos toda la sabiduría, no tenemos toda la inteligencia. ¡Ay del solo! Que cuando cae, ¿habrá quién lo levante? No es bueno que el hombre esté solo. La soledad es una plaga, es un daño, es una enfermedad de nuestro corazón. "El camino del necio es recto a sus propios ojos, pero el que escucha consejos es sabio." Por lo tanto, la rectitud del camino es producto de la orientación que yo voy recibiendo de otros que van caminando juntamente conmigo.

Proverbios 13:10 nos muestra nuevamente esta bifurcación de caminos: "Por la soberbia solo viene la contienda, pero con los que reciben consejos está la sabiduría." ¿Qué es la soberbia? Es la actitud altanera de creer que yo tengo toda la verdad. Pero por la soberbia solo viene la contienda, pero con los que reciben consejos está la sabiduría. En el pasaje anterior decía "el que escucha consejos" y ahora dice "el que recibe consejos". No se trata de un consejo, se trata de la actitud personal de estar dispuesto a reconocer que necesito de la sabiduría de los demás para salir adelante. La necedad no recibe consejos, no escucha consejos. La soberbia no escucha consejos.

Y Proverbios 18:1, el último pasaje de esta lista de tres, simplemente es a modo de ejemplo de lo que aparece en la Escritura. Dice: "El que vive aislado busca su propio deseo; contra todo consejo se encoleriza." El que vive ¿qué? Aislado, en soledad. Busca ¿qué cosa? Su propio deseo. ¿Y qué hace cuando recibe un consejo? Se encoleriza. Porque el consejo cambia mi dirección, porque el consejo me permite ver algo que no había visto antes, porque el consejo simplemente busca mostrarme algo que no está dentro de mi corazón.

Y esa es la realidad de nuestra propia naturaleza, de tal manera que, así como cualquier otra disciplina espiritual, nosotros tenemos que luchar con nuestra propia carne para poder recibir el consejo. Y recibir el consejo tiene una sola característica fundamental, y esa sola característica fundamental es aprender a escuchar. Es una de las cosas más difíciles de alcanzar: aprender a escuchar. Todos nosotros sabemos oír, pero no sabemos escuchar. Oír simplemente es la capacidad que tenemos de estar en algún lugar y poder descubrir que hay sonidos que giran a nuestro alrededor.

Pero la palabra escuchar... y les voy a decir ahora cuál es quizá la ilustración más clara para poder entender qué significa. Ustedes la han escuchado: cuando un doctor se pone el estetoscopio y te dice "te voy a auscultar". ¿No me escucha? Déjeme, te voy a auscultar. ¿Qué me va a hacer? Te voy a auscultar. Bueno, la palabra auscultar en latín es básicamente escuchar. Auscultar es escuchar. Por eso los doctores, para sentirse así más técnicos, más no sé, se ponen el estetoscopio y te dicen "te voy a auscultar", pero en realidad lo que van a hacer es escuchar con atención los ruidos que produce mi corazón o mis pulmones, o yo no sé qué otras cosas escucharán, pero para poder determinar la situación de mi cuerpo.

De tal forma que el gran llamado que nosotros tenemos es aprender a escuchar con atención. Todos nosotros oímos, pocos escuchamos. Todos nosotros reaccionamos ante muchas palabras, pero pocos tenemos capacidad de comprensión de aquello que estamos escuchando. Miren ustedes las discusiones que hay en Twitter para que ustedes descubran cuán poco nos escuchamos. Oímos, pero no nos escuchamos. Y aprender a escuchar es fundamental para poder recibir el consejo.

Y es tan fundamental que en el libro de Deuteronomio Moisés menciona treinta veces, treinta veces le dice al pueblo de Israel: "Escucha, escucha". Treinta veces. Y en noventa y dos oportunidades utiliza sinónimos a la palabra escuchar. A buen entendedor, pocas palabras. ¿Qué significa esto? Que escuchar es una necesidad, una necesidad espiritual.

En Deuteronomio capítulo 6 nosotros nos encontramos con estas palabras mayúsculas de Moisés que seguramente todos ustedes han escuchado. En Deuteronomio, el capítulo 6, el verso 3: "Escucha, pues, oh Israel, y cuida de hacerlo, para que te vaya bien y te multipliques en gran manera en una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres, te ha prometido". Escucha, oh Israel, para que te vaya bien, para que te vaya bien y te multipliques en gran manera. Escucha y cuida de hacerlo para que te vaya bien y te multipliques.

Todos nosotros requerimos, anhelamos, deseamos, soñamos, tenemos la esperanza de alcanzar un bienestar espiritual. Tenemos la esperanza, como lo dice Moisés en el otro pasaje que le hemos de comprender, nuestro futuro. Pues escucha, porque cuando escuches, cuando seas capaz de prestar atención, entonces vas a ser capaz de practicarlo.

Y no solamente eso, sino que en el capítulo 7, solo por mencionarles otro, escucha en el verso 12 dice: "Entonces sucederá que, porque escuchas estos decretos y los guardas y los cumples, el Señor tu Dios guardará su pacto contigo y su misericordia que juró a tus padres. Te amará, te bendecirá y te multiplicará. También bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu trigo, tu vino nuevo, tu aceite, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño, en la tierra que él juró a tus padres que te daría".

¿De dónde viene la bendición? ¿De dónde viene la bendición? Dice el verso 12: "Entonces sucederá que, porque escuchas estos decretos y los guardas y los cumples, el Señor tu Dios guardará su pacto contigo y su misericordia. Te amará, te bendecirá, te multiplicará. Bendecirá el fruto de tu tierra, tu trigo, tu vino nuevo, tu aceite, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño, en la tierra que él juró a tus padres que te daría".

La condición de escuchar es fundamental para nuestra vida espiritual. Tenemos que aprender a escuchar. Tenemos que aprender a escuchar con atención. Tenemos que aprender a auscultar los signos de Dios y aprender a escuchar lo que Dios nos dice en su Palabra, y aprender a escuchar el consejo, porque el consejo se convierte entonces en la herramienta, el instrumento que Dios utiliza cuando mi oído se abre para poder recibir aquello que yo necesito para salir adelante. No podemos pasar por alto el consejo. No podemos deshacernos del consejo.

Este tremendo énfasis en escuchar que entrega Moisés al final de sus días, sabiendo que sus días estaban contados, solo demuestra la importancia de la disciplina espiritual de escuchar con atención para nuestro crecimiento personal en todo sentido. Ustedes vieron en el pasaje: porque si escuchas y guardas, te bendeciré. Pero habla desde la bendición de tu vida espiritual hasta el crecimiento de tu cereal. O sea, habla de la integridad de tu vida, de todas las áreas de tu ser, de tal manera que el consejo no solamente es el consejo teológico, sino que es el consejo personal, el consejo financiero, el consejo matrimonial, el consejo en términos de mis estudios, el consejo en términos de mecánica de mi auto, el consejo en todo sentido, porque el consejo tiene la virtud de poder hacerme sabio y crecer.

Para ello ahora quiero ponerles el caso de un personaje de la Biblia que para nosotros es muy respetado. Estamos hablando del rey David. Dice que el rey David era un hombre conforme al corazón de Dios, de tal manera que nosotros encontramos en David no a un hombre perfecto, porque verdaderamente cuando vamos a la Escritura no nos encontramos con un hombre perfecto en David, pero sí encontramos a un hombre que es capaz de caminar con el Señor en medio de sus imperfecciones buscando su voluntad.

Y hay algo sorprendente que sucede en la vida de David: que si tú le prestas atención, te das cuenta que en muchos momentos de su vida fueron los consejos los que le permitieron seguir adelante. Muchos momentos de la vida de David son el resultado de haber escuchado con atención el consejo en el momento oportuno.

David no es un superhéroe. No es como los superhéroes de las películas contemporáneas, en donde tú siempre descubres que el jefe es un bruto, el superhéroe lo sabe todo, desobedece al jefe, destruye medio mundo y sale victorioso. Esa es la idea del superhéroe contemporáneo. Eso es lo que llena nuestra mente: no hagas caso a ninguna autoridad, escucha tu corazón, destruye todo y vencerás, porque la autoridad no tiene la menor idea de lo que es bueno para ti. Sin embargo, en David encontramos todo lo contrario, y lo encontramos desde el inicio de su vida.

Solamente voy a mencionarles cuatro o cinco momentos para que luego ustedes lo puedan estudiar a cabalidad y puedan descubrir cómo los consejos son importantes en la vida espiritual.

Un primer consejo: cuando Saúl empezó a perseguir a David, Mical, que era hija de Saúl, le aconseja una noche y le dice: "Mira, David, es preferible que tú no te quedes aquí conmigo esta noche, porque si te quedas, te mueres". Un consejo. David pudo haber decidido: "¿Qué te pasa a ti, mujer? ¿Tú qué crees? Aquí está el que mata miles, y yo me quedo en mi cama, duermo tranquilo con la espada aquí, y a mí no me pasa nada". Pero David escucha el consejo y su vida es salvada. Un detalle ínfimo podría sonar, pero muy significativo, porque David escuchó a su esposa, el consejo de su esposa.

Recordemos los consejos de Jonatán a David, cuando en medio de las presiones de Saúl, Jonatán y David pactan esta relación de amistad tan profunda. Pero al mismo tiempo, David se somete al consejo de Jonatán, y por eso su vida es librada.

David, en un momento cuando él estaba huyendo y tenía su ejército, ustedes conocen la historia de que había un hombre malo que se llamaba Nabal. Y cuando David estaba en los campos había las ovejas de Nabal, y los guerreros de David cuidaron las ovejas de Nabal en las noches mientras pasaban ahí en los campos. Y era parte de la costumbre que, ya que David había prestado su servicio, le fue a pedir a Nabal: "Bueno, Nabal, te hemos cuidado tu ganado durante las noches en estos tiempos. No han llegado asechadores, no han llegado fieras, tus ovejas están gorditas y contaditas, así que espero de ti algún tipo de retribución". Nabal se enoja y le dice: "A este no le voy a dar nada".

¿Y qué sucede? David se enoja, se encoleriza, llama a su ejército, saca su espada y dice: "De Nabal no va a quedar ni un dedo". Y él sale para arrasar con Nabal. ¿Qué nos cuenta la historia? Que Abigail, la esposa de Nabal, se entera de lo que estaba sucediendo y sale en el camino a enfrentarse a David. Imagínense: David encolerizado, Abigail la esposa de Nabal, y ahí se acaba la historia, ¿verdad? Ustedes imagínense eso. No, con esto ustedes cualquier cosa. Pero lo cierto es que nosotros vemos que David escuchó el consejo de Abigail y no derramó sangre inocente. Un momento importante de su vida, un momento que hubiera podido cambiar la historia de su vida para siempre.

No podemos dejar pasar la reprensión de Natán el profeta a David, cuando estaba en la crisis de la situación con Betsabé. Es otro momento importante donde David responde al consejo.

No podemos olvidar cuando Absalón, el hijo amado de David, se rebela, y el ejército sale a enfrentarse a este ejército que se había sublevado al mando de Absalón, el hijo de David. Y David tiene que huir de Jerusalén, pero las tropas leales a David vencen a Absalón y le traen la noticia a David de que Absalón ha muerto. Y él, como padre, se duele tanto y se lamenta tanto que se echa a llorar. Y cuando viene el ejército victorioso y el pueblo canta victoria porque la insurrección ha sido dominada, David no sale al balcón de palacio a bendecir al pueblo. Y él está allí hundido, y él está llorando.

¿Y qué nos cuenta la historia en 2 Samuel capítulo 19? Que Joab, el general de su ejército, le aconseja y le dice: "Tu pueblo te está esperando. Tú no puedes seguir sufriendo. Tú ya te lamentaste, pero tu pueblo espera dirección. Por favor, sal al balcón y bendice al pueblo". ¿Y qué hace David? En medio de su dolor reacciona y atiende al pueblo. Un momento importante de su vida.

Su vida, David también desestimó el consejo de Joab cuando quiso hacer el censo, y luego tuvo que arrepentirse cuando el profeta Gad lo vino a reprender producto de lo que había hecho. ¿A dónde quiero llegar con estas pequeñas ilustraciones? Simplemente, hermanos, que la vida de un gigante espiritual como David también estuvo gobernada por el consejo. Que nosotros no debemos creernos diferentes a esa realidad, sino que debemos entender que el consejo es importante, es necesario, forma parte de los regalos de Dios para nuestro crecimiento espiritual, que forma parte de los tesoros que el Señor nos entrega para poder definir los destinos de nuestra propia vida. Que a veces pueden ser dolorosos, algunas veces pueden ser hasta injustos, pero la intención es ayudarnos a pensar. Yo no me esclavizo con un consejo; un consejo no es un mandato, no es una orden, es una recomendación, es una exhortación, es una amonestación. Pero es en la multitud de consejos en donde yo alcanzo sabiduría.

Por eso es que quiero dejarles tres ideas básicas finales con respecto al consejo en estos minutos que me quedan. El primero es volver a Proverbios, capítulo 11, versículo 14. Dice así la satisfecho del Señor: "Donde no hay buen consejo, el pueblo cae." Esta es una realidad ineludible: el consejo es importante para que el pueblo se mantenga estable. Nosotros necesitamos consejo para la estabilidad de nuestra alma, nosotros necesitamos buen consejo. Pero la segunda parte del proverbio dice: "Pero en la abundancia de consejeros está la victoria." ¿Dónde está la victoria? En la abundancia de consejeros.

Nosotros estamos llamados, hermanos, a abundar en consejeros, a aprender a escuchar con atención las voces de nuestros hermanos a nuestro alrededor: de aquellos que saben más que nosotros, de aquellos que saben lo mismo que nosotros, de aquellos que saben menos que nosotros. Pero todos somos parte del mismo pueblo. Donde hay abundancia de consejeros, allí hay victoria. Y esto es algo que no puedo perder de vista, porque la victoria y la bendición, como hemos visto, están atadas al consejo, están atadas al aprender a escuchar, están atadas a la multitud de consejeros, a tener riqueza de consejo. No lo pierdas de vista. Seamos vulnerables en nuestra búsqueda de consejo, seamos vulnerables mutuamente al buscar de la ayuda mutua.

Pero hay algo que me llama profundamente la atención, y es lo segundo que quiero dejar con ustedes. Volviendo al rey David, cuando el rey David al final del primer libro de Crónicas detalla a todos los ministros, los escribas, los generales y los valientes que lo acompañaron durante su largo gobierno —una larga lista de nombres de personas valientes, ministros, escribas, encargados de gobernaciones y de diferentes cosas— al final del capítulo, en 1 Crónicas 27:32-33, aparece lo siguiente. Dice así la satisfecho de Dios: "También, miren ustedes, también Jonatán, hombre de entendimiento, tío de David, era consejero y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni instruía a los hijos del rey. Ahitofel era consejero del rey, y Husai el arquita era —¿qué dice?— amigo del rey."

David tenía la crema y nata de los servidores públicos en sus cuarenta años de reinado, pero al final aparecen dos personajes que yo quisiera resaltar en su vida. Jonatán, hombre de entendimiento, que era de David su tío. A veces nosotros decimos: "No, mira, yo sigo a John Piper." A ver, si es problema en español, que me aconseja. Busca el que te conoce, al que sabe de ti, a ese tío que te ama, a ese hombre mayor que es más sabio que tú, que te puede dar respuesta.

¿Saben por qué? Antes, cuando yo casaba a los jóvenes que se casaban bajo mi alero, cuando ellos tenían hijos, ellos venían y me decían: "Mira, te presento a tu sobrino." Y mi sobrino. Ahora no sé por qué ahora me dicen: "Mira, te presento a tu nieto." Y yo no entiendo. Si antes yo hasta sobrino acepto, nieto todavía no. Pero esta idea de recibir consejo del que es mayor, ¿saben por qué? Porque algunos piensan que las personas mayores se quedaron en el pasado, cuando en realidad las personas mayores vienen del futuro. Porque nosotros estamos en un lugar donde los jóvenes todavía no han llegado, y estamos con vida, y estamos bien, y tenemos mucho que decir al respecto. Por viejo, por viejo.

Lo cierto es que miren, esta semana, esta semana que pasó, estuve de retiro con el equipo de Coalición por el Evangelio, un equipo bastante joven, y yo soy su asesor. Y pidieron que durante los días compartamos nuestro testimonio, nuestro testimonio de conversión al Señor, nuestra vida. Yo me di cuenta que ninguno de ellos había nacido todavía cuando yo me convertí al Señor. O sea, todos ellos llegaron después de mi conversión. Pero saben una cosa: ellos me dan vigor y yo les doy sabiduría. Porque es el hecho de poder encontrar esa persona en la cual yo puedo apoyarme porque es más sabia y más grande que yo.

Y ese es una responsabilidad para mis hermanos mayores: que no se aparten de los jóvenes. A veces nosotros tenemos nuestro ministerio de jóvenes, nuestro ministerio de matrimonios y nuestro ministerio de edad dorada, y no se mezclan. Pero necesitamos escuchar a nuestros hermanos de edad dorada; nuestros jóvenes necesitan escuchar a nuestros hermanos mayores y su experiencia de vida. Claro, yo jugué con Atari y no con PlayStation, pero eso no me hace diferente. Tengo algo que decir al respecto.

¿Quién era el consejero de David? Su tío. ¿Y quién es el último que aparece en la lista de servidores de David? Husai el arquita era amigo del rey. Mis queridos reyes y reinas, ustedes necesitan amigos. No servidores, no seguidores, no gente en las redes sociales. Busquen amigos que les conozcan de verdad, que les digan lo que son, que los conozcan en las buenas y en las malas, que lloraron con ustedes cuando sufrieron, que cuando libraron batallas ellos estuvieron a su lado, personas que los acompañaron. Porque esos son los consejos más valiosos: de aquellos que nos conocen. ¿Qué les dijo Jesús a sus discípulos? "Ya no los llamaré siervos, sino que los llamaré amigos, porque les he dicho todas las cosas." Nuevamente, la amistad relacionada con la atención. Mi tío y mi amigo al final de la lista. En la multitud de consejeros está la victoria, y en las relaciones cercanas está la sabiduría. En medio de este pueblo está la sabiduría.

Y por último, ya que el tiempo se me ha terminado, hay una última realidad que nosotros no podemos perder de vista. Hay una realidad que es fundamental en nuestra vida y que está muy vinculada al consejo. Setecientos cuarenta años antes de que Cristo viniera al mundo, el profeta Isaías dijo las siguientes palabras en Isaías 9:6. Miren ustedes estas palabras: "Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre..." ¿Cuál es el nombre de mi Señor? Admirable Consejero.

Si hay algo que nosotros los cristianos tenemos es al Consejero más admirable, a quien nosotros tenemos que oír. Cristo tiene como función no solamente ser nuestro Salvador y nuestro Redentor, sino nuestro Admirable Consejero. Aquel que ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Aquel que nos acompaña en nuestras pruebas y nuestras victorias. Aquel que cuenta los cabellos de nuestra cabeza. Aquel que pagó con su sangre preciosa por mis pecados. Él es mi Admirable Consejero.

Que su Cristo está allí por nosotros. Que su Cristo está allí por ti y por mí. Que su Cristo es el gran soberano; la soberanía reposa sobre sus hombros. Que su Cristo tiene toda autoridad sobre el cielo y sobre la tierra. Es soberano sobre nuestras vidas; nos depositó en el vientre de nuestra madre y conoce el día de nuestra partida. No hay situación de nuestra vida que le sea desconocida. No hay prueba por la que pasemos que Él no diga: "Yo la autoricé." No hay prueba, no hay victoria, no hay peso en mi cuenta en el Señor que el Señor no la haya puesto. De tal manera que Él es mi Admirable Consejero. Él puede decirme cómo debo vivir, cómo debo guardar, cómo debo caminar, qué debo comer y cuándo debo partir.

No debemos olvidar, hermanos, quién es nuestro Señor. No importa la situación por la que estés atravesando, el Admirable Consejero tiene palabras para ti en el momento en que estás, en la situación en que te encuentras, porque sus consejos son admirables. Y el Señor utilizará al tío, al amigo, a la multitud de consejeros para ayudarnos a salir adelante.

Porque en medio de esas promesas, y cerrando nuevamente con el tema de la soledad, yo puedo pensar que muchos en este momento se sienten completamente solos. Yo no lo puedo olvidar, y no puedo decir que por lo que hablé ahora ya no estamos solos. Quizás la soledad perdura. Pero sabes una cosa: en la Biblia, la única oveja solitaria es la oveja perdida. Y la oveja perdida tiene un Pastor que es capaz de dejar a las noventa y nueve para buscar a la perdida. Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros y la devuelve con gozo al redil.

Y si estás solo, si te sientes solo, recuerda que tu Señor te va a buscar y te va a devolver a casa. Para que juntos adoremos y cantemos al Señor. Para que juntos encontremos los amigos, los tíos, los abuelos, los primos que el Señor ha prometido que nos daría. Para que juntos caminemos y crezcamos en sabiduría y podamos ser bendecidos como pueblo de Dios que escucha el consejo.

El mundo no escucha consejo. El hombre y la mujer de la sociedad contemporánea se cree la última Coca-Cola del desierto. Pero nosotros nos creemos hijos del Padre Eterno y del Príncipe de Paz, del Consejero Admirable, quien tiene la soberanía sobre sus hombros y tiene cuidado de nuestras vidas, y a quien nosotros vamos a escuchar. Escuchemos al Señor con atención y no dejemos que la soledad nos abrume, porque el Señor ha prometido un pueblo en el cual descansar, y Jesucristo ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Oremos al Señor. Señor, queremos darte gracias porque no estamos solos. Queremos darte gracias, Señor, porque en medio de las circunstancias de nuestras vidas, en medio de los...

Dolores, las tristezas, el llanto, la oscuridad, en medio del abandono, Tú estás con nosotros. Te damos gracias, Señor, porque no hay circunstancia de nuestra vida que te sea desconocida. No hay área de nuestro ser en la cual Tú no tengas el control absoluto. Señor, ayúdanos a caminar contigo. Ayúdanos a reposar en ti. Ayúdanos a reconocer que nunca estamos solos.

Ayúdanos, Señor, a escuchar con atención estas palabras: "Nunca te dejaré, nunca te desampararé." Señor, ayúdanos a hacerlas nuestras. Ayúdanos a reconocer cuando el Señor nos dice: "Esfuérzate y sé valiente, porque yo soy tu Dios que estoy contigo." Ayúdanos, Señor, a prestar atención a tus palabras cuando nos dices que ni la vida ni la muerte, ni lo alto ni lo profundo, ni lo presente ni lo por venir, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor.

Ayúdanos, Señor, a escuchar con atención, a creer con atención, a reconocer que porque escuchamos y obedecemos, la bendición caerá sobre nuestras vidas. Señor, ayúdanos. Abre nuestros oídos. Ayúdanos a reconocer que necesitamos no un consejo, no dos consejos, sino que necesitamos una multitud de consejos por el resto de nuestras vidas. Que nosotros no tenemos el camino recto, pero que lo podemos hacer recto a través de los consejos de sabiduría.

Ayúdanos, Señor, a reconocer a los que son mejores y mayores que nosotros para buscar su consejo. Ayúdanos a reconocer a los que están debajo de nosotros para darles nuestro consejo. Ayúdanos a hacerlo con amor. Ayúdanos a hacerlo con sinceridad. Y ayúdanos a ser un pueblo que te sirva, Señor, y que crezca en la medida que nos relacionamos unos con otros.

Gracias, Señor, porque somos un pueblo unido, y este pueblo unido, Señor, será bendito por ti, será bendecido por ti en la medida en que aprendemos a escuchar y en la medida que aprendemos a escucharnos. Gracias, Señor, en el nombre de Jesús. Amén.

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Pepe Mendoza

Pepe Mendoza

José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.