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Sermones

La insondable sabiduría de Dios en la salvación del hombre

Miguel Núñez 20 abril, 2025

La muerte del Dios infinito en un madero de maldición para bendecir a quienes estaban bajo maldición: esa es la sabiduría insondable que Pablo contempla al cerrar Romanos 11. El hombre se rebeló queriendo ocupar el lugar de Dios; Dios respondió ocupando el lugar que solo el hombre merecía. Cristo recibió la visitación de la ira divina para que nosotros recibiéramos la visitación de la misericordia. Como escribió John Owen, cuando Cristo murió, mató la muerte. Esa inversión gloriosa es lo que lleva a Pablo a exclamar con asombro ante la profundidad de las riquezas, la sabiduría y el conocimiento de Dios.

Esa sabiduría divina escapa completamente a la razón humana. Dios conoce exhaustivamente todo lo que ha sido, lo que es, lo que será, e incluso lo que pudo haber sido pero nunca ocurrió. Nunca ha aprendido nada porque siempre lo ha sabido todo. Nadie puede ser su consejero porque posee información total mientras nosotros operamos con conocimiento fragmentado. La diferencia entre la mente de Dios y la nuestra no es de grados sino de clase: una es infinita y pura, la otra finita y caída.

Pablo cierra con tres preposiciones que revelan la grandeza divina: todo es de él como poseedor, por él como creador, y para él como fin último de todas las cosas. Dios no tiene carencias ni necesidades; cuando da de sí mismo, nada disminuye en él. Por eso la única respuesta posible ante tal Dios es vivir enteramente para su gloria, reconociendo que cada vez que él se glorifica, desde ese mismo lugar nos bendice a nosotros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Un día como hoy fue un día glorioso, donde la tumba fue abierta. El viernes fue encerrado en una tumba, en un sepulcro, y el domingo el sepulcro quedó abierto para que aquellos que estábamos fuera pudiéramos ver que ciertamente Él había resucitado.

En algunas de las iglesias hoy en día, en iglesias ortodoxas en Rusia y otros países a su alrededor, hay una costumbre que el domingo de resurrección el predicador dice: "¡Cristo ha resucitado!" y la gente responde algo así como: "¡Verdaderamente ha resucitado!" Y eso se ha esparcido a lo largo de múltiples culturas. Entonces yo voy a tratar de hacer eso con ustedes ahora, de manera que yo voy a comenzar. Recuerda, Cristo ha resucitado y tú vas a decir "verdaderamente ha resucitado", pero lo vas a decir como quien ve que Cristo verdaderamente reina en los cielos y que la tumba hoy está vacía. ¿Ok? Uno, dos y tres. ¡Cristo ha resucitado! ¡Amén, gloria a Dios, ahora sí! ¡Glorioso es nuestro Señor!

Bueno, no creo que haya un mejor día que este para poder exponer el texto final de Romanos 11. Me debatía en un principio si hacerlo o no hacerlo. Como sabemos, tenemos más de un año ya transitando por esta carta de Pablo a los romanos y llegamos al final del capítulo 11. Y pensaba si predicaba algo que tuviera que ver directamente con la resurrección, pero yo creo que este texto es el texto que Dios providencialmente ha hecho coincidir en un día como este.

Es Romanos 11 del 33 al 36, y el título de mi mensaje en esta mañana es: "La insondable sabiduría de Dios en la salvación del hombre". Una salvación que fue sellada con la resurrección, pero queremos ver todo lo que Pablo tiene que decirnos en el día de hoy a través de este texto con el cual estamos cerrando los primeros 11 capítulos de Romanos. Porque estamos cerrando toda una sección altamente, profundamente teológica, para comenzar en el capítulo 12 posteriormente hasta el 16 en una sección eminentemente práctica.

Pero déjame leerte desde ya el texto de esta mañana, porque hay cosas que yo quiero ir diciendo antes de llegar a la exposición del texto verdaderamente. Escucha al apóstol Pablo cuando escribió en Romanos 11, del versículo 33 al 36: "¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser su consejero? ¿O quién le ha dado a Él primero para que tenga que recompensarle? Porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por siempre. Amén."

Es el texto que Pablo usa para cerrar lo que él viene diciendo acerca de la condenación del hombre y la salvación de Dios. Yo creo que pensando en esta semana que está cerrando hoy, nosotros podemos decir que es bíblicamente correcto que este fin de semana, dos mil años atrás cuando los eventos ocurrieron, representa el clímax de la historia de redención de nuestro Señor. El Señor pensó su historia de redención en su mente en la eternidad pasada, pero en el tiempo y el espacio, unos dos mil años atrás, Dios la hizo llegar a su clímax, pronunciando Él el triunfo sobre todo lo que antes había sido dicho o hecho y deshecho.

El viernes de esa semana Cristo muere, y los habitantes de Jerusalén fueron testigos de algo que ellos no pudieron comprender y que nosotros hoy podemos creer, pero honestamente todavía no podemos comprender. Y me estoy refiriendo a la manera de cómo Dios, Dios, el infinito Dios, estuvo dispuesto a morir maldito, colgado de un madero, colgado de tres clavos, para que aquellos que estábamos bajo maldición pudiéramos ser bendecidos en Él. Yo no sé si tú entiendes: Dios, el Santo, el Puro, el tres veces Santo, el único inocente, cuando se hizo carne murió maldito en un madero de acuerdo a lo que el libro de Levítico revela, para que tú y yo que estábamos bajo la maldición de la ley pudiéramos terminar siendo bendecidos en Él.

Jesús muere y su muerte da vida eterna. ¿Tú entiendes eso? La muerte de uno produjo la salvación de millones. Eso es la sabiduría de lo alto, esa sabiduría del cielo.

En el real día de la caída, ve atrás en tu mente, Adán y Eva se rebelan en contra de Dios, transgreden su ley y deciden que ellos quieren dirigir su destino. "Dios dijo que no comiéramos de la fruta, pero yo creo que podemos comer de la fruta. Él dijo que moriríamos, pero yo no creo que voy a morir. Él dijo que eso era lo que estaba fuera de mi límite, pero yo no lo creo. Lo que ocurre es que Él no quiere que yo llegue a ser como Él, y esta serpiente nos ha revelado el secreto y le vamos a creer a ella."

Ahora, escucha lo que John Stott dice acerca de qué ocurrió y por qué esto es como inconcebible e impensable: "El hombre se subleva contra Dios," dice Stott, "y se coloca donde solo Dios merece estar. El hombre crea su propio problema. Dios se sacrifica por el hombre y Dios se coloca donde solo el hombre merece estar." ¿Tú entendiste el cambalache, como decíamos en el norte de nuestro país? El hombre quiere colocarse en el lugar donde solamente Dios puede estar y se rebela. Crea su problema, cae en condenación, hereda corrupción moral, y Dios entonces ahora desciende y Él se coloca en la cruz donde solamente el hombre merece estar.

El Dios Creador se encarna para solucionar el problema de la criatura. El Dios infinito —es algo inconcebible para la mayoría de los filósofos del pasado, incomprensible para todos los teólogos de la historia— ¿cómo es que Dios infinito puede venir a habitar en lo finito? Y por otro lado, los teólogos se han preguntado cómo es que el Dios puro puede venir a habitar en el mundo de lo impuro. Pero el Santo de Dios, como le llamaron los demonios a Jesús en Marcos 1:24, lo hizo: el Santo vino a habitar en el lugar de los impuros.

El viernes de esa semana muere en debilidad y conquista la muerte. El domingo resucita en poder y sale de la tumba que no lo pudo retener. Eso es sabiduría de lo alto.

Y eso que yo te acabo de decir, de ese fin de semana, lo que ocurrió, hizo que John Owen, uno de los grandes puritanos del pasado y teólogo extraordinario, escribiera un libro en 1648. Escucha el título: "La muerte de la muerte en la muerte de Cristo". La muerte de la muerte en la muerte de Cristo. En otras palabras, cuando Cristo murió, mató la muerte. Eso es insondable. La sabiduría de Dios en la salvación del hombre es insondable.

Alguien reflexionando precisamente acerca de Cristo, lo que fue, lo que hizo, quién fue, cómo le llamaron, escucha lo que escribió: "El hombre más grande de la historia, Jesús, no tenía sirvientes, pero le llamaron Señor o Amo. No tenía título, pero lo llamaban Maestro. No tenía medicina, pero lo llamaron Sanador. No tenía ejército, pero los reyes del mundo le temían. No ganó batallas militares, pero conquistó el mundo. No vivió en un castillo, pero lo llamaron Señor. No gobernó naciones, pero lo llamaron Rey. No cometió ningún crimen, pero lo crucificaron. Fue enterrado en una tumba, pero vive hoy. Su reino no es de este mundo, pero recibe los corazones de quienes creyeron. Habló de amor y perdón y sus palabras han transformado a millones. No ofrece riquezas materiales, pero lo consideramos el tesoro de nuestras vidas. No promete poder terrenal y en su nombre los débiles encuentran fuerza. Aunque no dejó palabras escritas, su mensaje ha llenado incontables páginas. En su debilidad encontramos nuestra fuerza, en su sufrimiento encontramos nuestra salvación. Jesús, el hombre más grande de la historia, continúa invitándonos a una historia de redención, de amor y vida eterna. Su nombre es Cristo."

Es el Dios que nosotros adoramos, el Dios que se hizo carne. Pablo, considerando todas esas realidades, comienza a desplegar en los primeros once capítulos de Romanos todas las sabidurías de Dios invertidas en la salvación del hombre. Y esto es como el abreboca, y entonces ahí conectamos con el texto de hoy.

En los capítulos 1 al 3, Pablo habla de forma abundante acerca de la condenación moral del hombre. No hay nadie justo, no hay ni siquiera uno, no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno, todos se han desviado a uno. Esa es la realidad en la que nosotros quedamos.

Capítulos 4 y 5, Pablo los usa para hablar de cómo la salvación es por gracia, no por obras, y nos explica de manera hermosa y detallada la doctrina de la justificación por la fe.

En los capítulos 6 y 7, Pablo nos habla de cómo nosotros que hemos muerto con Cristo ahora estamos en Cristo, y que todo lo que yo soy y todo lo que yo recibo, lo soy y lo recibo en Cristo.

Capítulo 8, Pablo inicia diciéndonos: no hay condenación para los que están en Cristo. Claro, pasó dos capítulos diciéndome que estoy en Cristo. No hay condenación para los que están en Cristo. Y no solamente eso, sino que el capítulo 8 Pablo también nos dice que nosotros fuimos elegidos desde antes de la fundación del mundo, algo que también ha dicho tres veces en Efesios 1. No solamente eso, pero nos dice que además de elegidos fuimos predestinados, y como fuimos predestinados fuimos llamados, y como fuimos llamados fuimos justificados, y como fuimos justificados fuimos glorificados. Eso solo es como, ¡wow! Y que Dios hizo eso en su mente en la eternidad pasada.

En el capítulo 9, Pablo nos habla de la elección de Israel como nación. En el capítulo 10 nos habla de la desobediencia y el endurecimiento de Israel.

En el capítulo 11 nos dice que ese endurecimiento de Israel fue parcial, no fue total, no fue final, sino que Él piensa al final de los tiempos otra vez en el día de mañana volver a restaurar a Israel como nación, trayendo un avivamiento masivo en medio de ellos, aunque no todos los israelitas vivos en ese momento vayan a hacer salvos.

De manera que Pablo ha considerado toda esta historia de salvación y está impresionado porque cómo es que Dios hizo eso. Primero deja la nación de Israel y trae entonces el endurecimiento sobre ellos, pero Dios sigue adelante con su plan de salvación y entonces se lleva la evangelización a los gentiles. La gran comisión ahí va avanzando entre los pueblos gentiles, y ahora, verdad, que estamos no llegando al final porque no sabemos, pero ahora que estamos bien avanzados, va a llegar un momento en el futuro, quizás no muy lejano, cuando ahora Dios va a restaurar a Israel y las ramas desgajadas, como vimos, del olivo original van a ser injertadas de nuevo en él. Y es el capítulo 11 de Romanos, y Pablo está como "¡wow!"

De manera que lo que nosotros leímos y vamos a volver a leer es la forma de Pablo decir: yo estoy anonadado, yo estoy impresionado, yo me he quedado con la boca abierta. Y Pablo procede entonces correctamente a alabar, exaltar, glorificar, magnificar y celebrar la sabiduría de Dios desplegada sobre los siglos para tomar un hombre que estaba caído, roto, perdido en vergüenza y llevarlo hasta la gloria.

Y cuando Pablo contempló todo eso, esto es lo que él termina diciendo: "¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser su consejero? ¿O quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por siempre. Amén."

Pueblo, no tenía palabras, ni nosotros tampoco para poder expresar la admiración y el asombro que causa poder pausar y contemplar con los ojos del espíritu algo que ni tú ni yo podemos entender. Y lo que hace es que él como que termina con una doxología. Y una doxología, para aquellos que quizás no están familiarizados con el lenguaje, no es más que una expresión de alabanza y de exaltación y adoración a nuestro Dios, reconociendo su grandeza y colocando a Dios en un sitio aparte, por sí solo, como el Dios incomparable.

Tú te sientas, te detienes a pensar, a meditar. ¿Qué es lo que terminamos cantando al contemplar a Dios? La revelación de Dios en la creación. Tú estudias la creación a nivel de la ciencia, te sorprendes de cómo un Creador haya podido crear un universo tan extenso y tan perfectamente calibrado, y tú dices: "¡Wow!" Es lo que algunos reformadores llamaron el libro de la creación, donde Dios se ha revelado. Tú abres las páginas de la Biblia y tú lees de principio a fin y tú dices: "¡Wow! Ya no puedo creer, no puedo creer que este Dios se dignó a ti, a mí y a yo para hacer esto." Y ese es el Dios incomparable de quien Pablo ahora me está diciendo varias cosas.

El versículo 33: Pablo reconoce varios de esos atributos de Dios que la criatura no posee pero tampoco puede entender, y en un momento vamos a explicar por qué. Los versículos 34 al 35: Pablo pone a Dios, coloca a Dios en una categoría por sí solo, proclama su autosuficiencia y declara la capacidad que Dios tiene de sostener y dirigir el curso de la historia y de todo el universo. En el versículo 36 y final: Pablo presenta a Dios como el poseedor de todas las cosas, el creador de todas las cosas y el fin de todas las cosas. El poseedor de todas las cosas, el creador de todas las cosas y el fin de todas las cosas.

Y con esa introducción, entonces, para comenzar a desempacar el texto que tenemos por delante, consideramos el versículo 33 por separado: "¡Oh profundidad de las riquezas!" —es uno— "y de la sabiduría" —dos— "y del conocimiento de Dios" —tres—. "¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!"

Pablo habla de una profundidad de tres cosas. No son los únicos atributos, pero quiere concentrarse para ayudar a enfocar nuestra mente en tres cosas. Él dice la profundidad de las riquezas, y de la sabiduría, y del conocimiento de Dios.

De las riquezas de Dios, ¿cuáles riquezas? Bueno, la Palabra interpreta la Palabra, de manera que vamos a permitir que la Palabra nos hable y nos interprete las riquezas de Dios. En Romanos 2:4, Pablo habla de las riquezas de su bondad y de su paciencia y de su tolerancia. En 9:23 de esta carta habla de las riquezas de su gloria. En Efesios 1:7 habla de las riquezas de su gracia. En Efesios 2:7 habla de las sobreabundantes riquezas de su gloria otra vez. En Efesios 3:8 nos habla de las inescrutables riquezas de Cristo.

De manera que, en el lenguaje paulino, con frecuencia, cuando el apóstol Pablo está hablando de las riquezas de Dios, hace referencia a su gracia, bondad, misericordia, paciencia, tolerancia, amor, todo lo que Dios ha hecho, ha tenido y ha derramado sobre nosotros.

En Romanos tienes que detenerte y pensar: hay que ser infinitamente bondadoso para tú querer extender misericordia hasta el peor de los pecadores, hasta un Manasés, que el texto de la Palabra dice que fue él quien hizo más mal que todos los reyes que antes le precedieron. Y no solamente eso, pero enviar a tu Hijo a la cruz para derramar sobre Él, visitar sobre Él la ira de Dios —por eso la crueldad de la cruz—, para que luego entonces la misericordia expresada por Cristo también en la cruz pudiera ser extendida hacia ti. Esas son las riquezas de la misericordia de Dios, las sobreabundantes riquezas de Cristo. Él recibe la visitación de la ira y tú recibes la visitación de la misericordia. ¡Wow! Las inescrutables riquezas de Cristo en Efesios 3:8.

Y Pablo está contemplando todo eso y dice: "¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento!" Pablo pasa, verdad, de las riquezas en general a hablarnos ahora de la sabiduría infinita de Dios.

Bien decía Juan Calvino que "finitum non capax infiniti." ¿Me entendiste? Ahora, una frase en latín que básicamente explica: lo finito no es capaz, no puede abarcar, contener lo infinito. Y Arsis Flores escribió entonces, en uno de sus dos libros acerca de Romanos, que en la mente del hombre más brillante, Salomón, tiene más ignorancia que conocimiento, pero en la mente de Dios no hay ignorancia alguna.

Y yo decía en el servicio más temprano que yo lo digo de otra forma: tú puedes tomar todo el conocimiento y sabiduría de todos los hombres que han existido en el pasado, todos los que existen hoy, todos los que vayan a existir en el futuro, lo juntas, toda esa sabiduría, le agregas toda la sabiduría de la inteligencia artificial que existe hoy y que va a existir en el día de mañana, y le sumas toda la sabiduría de los seres angelicales, y todavía esa sabiduría ni se aproxima a la sabiduría infinita de Dios. Porque pasó por lo mismo que decía Calvino: finitum non capax infiniti, lo finito es incapaz de abarcar, contener lo infinito.

Entonces, para poder comenzar a desempacar otra vez un solo término, qué es lo que estamos tratando de decir: la sabiduría de Dios y de su conocimiento, que son las dos cosas que Pablo une.

Déjame comenzar diciendo: no hay nada en el pasado, en el presente, en el futuro que Dios no conozca. A mí me gusta piensa de esta forma, de forma práctica: cada vez que tú y yo hemos pensado en el pasado, en el presente, o vayamos a pensar en el futuro hacer algo oculto, Dios pudiera bajar y decirte: "Al lugar donde tú vas a hacer realidad tu tentación, ya yo vine y te vi llevándolo a cabo. Pero yo no te vi hoy, yo te vi en la eternidad pasada." ¡Wow! Y cómo Dios sabe eso, ¿no es insondable?

La sabiduría de la que nosotros estamos hablando es la capacidad que Dios tiene de usar los mejores medios para orquestar y traer a realidad aquellas cosas, aquel propósito que Él ha tenido en su mente desde la eternidad, y que cuando esos logros ocurran, Él haya traído a su nombre la mayor gloria y a ti los mayores beneficios. ¡Wow! Yo pensaba que como que Dios es el único que recibe. No, no, no, cuando Dios recibe gloria, ten por seguro que tú recibes los mayores beneficios de la gloria que Dios recibe. Esas dos cosas no están divorciadas, como John Piper ha enseñado tantas veces.

Esa sabiduría que Dios tiene es infinita, pero también es multiforme, dice Efesios 3:10. Es infinita, implica obviamente que no tiene límites, y es multiforme porque es una sabiduría que también aplica a todos los ámbitos de la creación y de los seres humanos y no humanos.

En la eternidad pasada, Dios concibió en su mente toda la historia de la humanidad, incluyendo esta mañana donde estamos sentados hoy. Y esa sabiduría de que Pablo habla va acompañada de la omnisciencia, por eso que él dice: "¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios!"

Lo que sí eso destaca es que Dios en la eternidad pasada concibió la historia por completa de la humanidad. Eso implica que Dios nunca es sorprendido por algo nuevo. Él siempre lo ha sabido todo y lo ha sabido desde la eternidad.

Es por eso que Él puede escribir cosas como la que tú lees en Hechos 4:27-28, donde leemos: "Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad, en Jerusalén, contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste: Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y pueblos de Israel, para hacer todo cuanto tu mano había previamente determinado."

Entonces, escúchate: Herodes, Pilato, los judíos, los gentiles se unieron en Jerusalén, conspiraron contra Cristo, pero lo que ellos hicieron simplemente llevó a cabo lo que Dios determinó previamente en la eternidad pasada que ocurriría. Y Dios se ha venido entonces a traer los mayores beneficios fruto de las acciones más pecaminosas de los hombres, como la cruz nos ilustra. Cristo fue crucificado. ¿Qué puede ser más pecaminoso, más malvado que clavar en una cruz al Hijo de Dios, a Dios mismo?

De esa acción malvada Dios ha traído la mayor bendición a la humanidad. Para todo, no lo entiendo. No, yo tampoco. Cómo Dios conoce todo exhaustivamente desde la eternidad, no sabemos. Por eso es que Pablo la llama insondable a esa sabiduría, inescrutable, impenetrable. Yo creo que para mí es la mejor palabra: impenetrable, incomprensible, indescriptible. Yo no sé cómo describirla.

Déjame seguir ilustrando lo que estamos tratando de decir. Dios dice que su palabra es eterna, claro que es eterna. Bueno, que Dios es fiel y por eso él no cambia, ¿no es cierto? Es obvio, y lo que él promete, él cumple. Pero hay más que eso. Es que Dios conoce, su palabra es eterna porque Dios conoce todas las cosas actuales y potenciales. ¿Qué quiero decir con que Dios conoce todas las cosas actuales y potenciales? Bueno, Dios conoce todas las cosas que han sido, Dios conoce todas las cosas que están ocurriendo, Dios conoce todas las cosas que van a ocurrir. Pero eso no es todo. Dios conoce también todas las cosas que en el pasado pudieron haber sido y que no fueron, y conoce también todas las cosas que en el futuro pudieran ser pero que no van a llegar a ser.

Wow, relájate, lo que me dicen es "chill out". Dios tiene toda la historia de principio a fin, no solamente la tuya, de todos los hombres, bajo control. Sus planes se cumplirán porque él lo conoce todo, lo puede todo, lo posee todo y lo controla todo. Wow, cuando nosotros decimos que Dios lo conoce todo, estamos comunicando, escucha, Dios nunca ha aprendido nada. No, porque solo el concepto de omnisciente excluye la posibilidad de aprender. Dios siempre lo ha sabido todo. Pastor, ¿y cuándo aprendió eso Dios? En la eternidad pasada. ¿Usted no está diciendo que esta reunión no es un accidente? Pero no es un accidente, es una cita. Es el Dios que tú y yo somos invitados a adorar.

Wow, A. W. Tozer en su libro "El conocimiento del Dios Santo", el libro pequeñito, pero si no lo has leído te recomiendo que lo leas, tiene ya unas décadas, al igual que otros teólogos, se afirman cosas como esta: Dios conoce todas las cosas acerca de todas las cosas, todos los eventos acerca de todos los eventos. Dios conoce todas las mentes de los habitantes de la tierra y cada mente individual. Dios conoce todas las causas, todos los pensamientos, todos los misterios, todos los enigmas, todos los sentimientos, todos los deseos y cada secreto que no ha sido conocido. Todo lo secreto que está oculto, Dios lo conoce. Y las cosas que todavía no han ocurrido, que también están como sin saberse, Dios también las conoce. Dios conoce todas las cosas visibles e invisibles. La teoría, pero ya no continúe que se me está apretando la cabeza. No, no, pero te quiero terminar.

Dios conoce todas las cosas perfectamente y ninguna cosa la conoce mejor que la otra, porque cada cosa la conoce perfectamente. ¿Cómo fue? ¿Cómo lo viste? Dios nunca ha descubierto nada, por eso Dios nunca es sorprendido ni asombrado. Hermanos, por eso yo te he animado un millón de veces que cuando vayas a confesarle a Dios seas brutalmente honesto con él, porque sabes que tú nunca vas a escuchar a Dios después de escucharte a ti diciendo: "Oh wow, ¿tú hiciste eso? No lo sabía."

Por eso les he dicho otra vez, hermano, cuando estés orando, no le rindas un informe periodístico a Dios. Él conoce. No es que no le hables de tu circunstancia, pero no es para informarle a Dios lo que está pasando, porque él sabe lo que está pasando y lo sabe mejor que tú y antes que tú. Mejor ora para que él te oriente, te guíe, te dirija y ponga el querer y el hacer acerca de lo que está pasando. Dios nunca piensa como tú y yo. Dios nunca piensa: "¿Qué me habrá querido decir el pastor cuando me dijo tal?" No, él sabe exactamente. Dios incluso sabe lo que tú dijiste y lo que no dijiste, pero que quisiste decir. Incluso él sabe lo que dijiste que el otro oyó, pero que el otro no sabe que eso no fue lo que tú quisiste decir, lo que los dominicanos llaman una indirecta. Dios conoce las indirectas tan directas como cualquier otra cosa.

Ese es Dios. Es la inmensidad de Dios. Pero se me pasó. ¡Oh, me encanta esa palabra! Porque creo que la iglesia de hoy ha perdido el sentido de majestad. Por eso nos dirigimos a Dios como cualquier otra cosa, como el vecino de enfrente. Le hablamos de la forma más superficial posible, nos vestimos de la forma más provocadora posible, porque no sabemos con quién estamos lidiando. ¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios!

En la segunda parte del versículo 33, no hemos salido del versículo 33 del mando todavía. Pero qué bueno que como es domingo de resurrección, tenemos un permiso especial para estar aquí hasta las mil. Qué bueno que están animados. El versículo 33 en su segunda parte, escucha: "Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos." Sus juicios, sus decisiones. Hermanos, tú y yo somos criaturas mortales. Nosotros no entendemos los juicios de Dios, ni los cósmicos ni los personales. No sé por qué Dios no responde ciertas oraciones. No sé por qué Dios incluso me da sin haber orado. No comprendemos sus juicios, no comprendemos sus decisiones. Yo no sé por qué Dios eligió a un grupo y no a otro. ¿Por qué Dios eligió la nación de Israel y no a cualquier otra nación en el pasado?

Yo no sé por qué Dios deja a Satanás vivo y suelto en vez de destruirlo de una vez y para siempre, y terminamos con esto. Si tú lo sabes, ven al final y trata de explicarlo. Yo no sé por qué Dios permitió que Satanás, a través de una serpiente, se acercara a Eva cuando él sabía en la eternidad pasada que eso iba a ocurrir. Por eso es que Cristo se ofrece como el cordero inmolado en la eternidad pasada. Vamos a crear a Eva, Satanás se va a acercar, lo vamos a dejar que se acerque, el hombre y la mujer van a caer, y luego Cristo dice: "Yo vengo como el cordero inmolado." Y eso lo dijo en la eternidad pasada. ¿Tú entiendes a qué clase de Dios es que tú vienes a adorar el domingo o lo adoras en tu casa?

Yo no entiendo por qué los mejores de Dios —José, Daniel, Pablo, Jesús mismo— pasaron por las peores cosas. Yo no sé por qué. Yo quizás he estado mejor protegido, yo no lo sé. Quizás he tenido una mayor dosis de gracia, yo no sé. Lo que sé es que cuando yo leo la Biblia, hermanos, para la próxima vez que tú te estés preguntando "¿por qué yo?", "¿por qué a mí?", escucha: a los mejores de Dios siempre les ha ocurrido lo peor del mundo. Yo no sé por qué Cristo permitió que soltaran a Barrabás y clavaran a su Hijo. Yo no lo sé. Si tú lo sabes... Yo sé que había un plan, yo sé que obedecía a propósitos de Dios, yo sé que el resultado final fue lo que Dios quería y resultó en nuestra liberación. Pero al final, ¿cómo voy a dejar ir a un ladrón, a un criminal, para que crucifiquen a mi Hijo inocente? Y de ahí la expresión: ¡Oh profundidad! O más bien: cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos.

John MacArthur en su comentario sobre Romanos dice que la palabra "inescrutable" en ese texto, en el lenguaje original, se refiere literalmente a huellas de pisadas que resultan imposibles de rastrear, como las de un animal que algún cazador es incapaz de seguir. Esta es la idea: todo cazador está detrás de su presa. Has visto en películas incluso que la presa, si es un tigre, un jaguar o algo así que está tratando de cazar, va dejando huellas en el camino y tú las vas siguiendo. Incluso tú llevas perros que van oliendo tras la pisada, y llega un momento en que si el animal entró en el agua, por ejemplo, se perdieron las huellas. Ya no sabemos. Bueno, esa palabra "inescrutable" hace referencia a eso: los juicios de Dios no los puedes seguir, sus caminos no los puedes seguir, porque tú no eres Dios.

Habacuc no entendió por qué Dios estaba... Incluso estaba molesto con Dios. "¿Hasta cuándo tú vas a permitir el mal, cuando tú tienes ojos tan puros que no pueden ver el mal? Y yo no entiendo. Tú me tienes aquí sufriendo, viendo el mal. Pero entiendo mucho menos que ahora tú quieres, tú me estás anunciando que tú vas a traer a un pueblo cruel, sangriento como los asirios contra tu pueblo, contra tu propio pueblo. Y tú dices que tú los vas a levantar y los vas a llevar. Es verdad que tu pueblo ha sido desobediente, ha sido rebelde, pero ellos son peores."

De manera que lo insondable de los juicios de Dios, los profetas también lo experimentaron. Eclesiastés 7:15 dice que hay justo que perece en su justicia y hay impío que alarga su vida en su perversidad. Eso es a lo mejor lo que el hombre más no entiende. Yo no entiendo, yo he visto, yo he crecido y he visto persona justa que muere siendo justa y quizás muere temprano, pero yo he visto hombre perverso, impío, a quien Dios aparentemente le da la vida y muere en su perversidad. De nuevo, como dirían en inglés, "I don't get it", no entiendo.

Salomón expresó mucho acerca de estas contradicciones. En 9:2 del mismo libro de Eclesiastés dice: "A todos les sucede lo mismo, hay una misma suerte para el justo y para el impío, para el bueno, para el limpio y para el inmundo, para el que ofrece sacrificio y para el que no sacrifica. Como el bueno, así es el pecador; como el que jura, así es el que teme jurar". Salomón, el hombre, el ensayo: yo no entiendo. Esta vida, no solamente que yo no entiendo a Dios allá arriba, yo no entiendo esta vida aquí abajo. La manera como Dios orquesta la historia, la historia del universo, la historia de los hombres, la historia de la redención, el sostenimiento de todo lo que existe, todo eso escapa a la razón humana. No lo puedes entender.

Escucha a Pablo ahora. Finalmente nos movimos al versículo 34: "Pues ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser su consejero?" Pablo está diciendo: explícame, explícame, ¿quién conoce la mente del Señor? ¿Quién conoce cómo Él piensa? En manos, no tenemos que ir ni siquiera al Señor para saber lo complicado que es. Tú no conoces lo que yo estoy pensando, yo no tengo la menor idea de lo que nadie está pensando. En el primer servicio mi esposa estaba en frente, no tiene idea lo que estaba pensando. Y mi esposa, tengo 43 años con ella y ella tampoco sabe. Ahora imagínate si tú vas a entender la mente del Señor, si la vas a conocer. Claro que no. Nosotros tenemos un perro, mi perro, nuestro perro no conoce lo que yo pienso, pero yo tampoco conozco lo que piensa. Yo no sé dónde piensa, pero algo él piensa. Ni eso puedo conocer.

Ahora, para citar a Barnhouse, Donald Gray Barnhouse: la diferencia entre la mente de Dios y mi mente no es una de grados de diferencia, y ahora les explico, sino de clase, de tipo. Mira lo que yo quiero decir. La diferencia entre un hombre, una mujer muy inteligente y otro u otra no tan inteligente, y quizás uno se educa y el otro no, es de grados: grados de inteligencia, grados de educación. Eso es perfectamente entendible. Cuando tiene que ver con Dios, no es una diferencia de grado que Él y yo tenemos. No, no, no, no. Claro que tiene, Él es infinito, yo no lo soy. Pero aparte de cuestión de grado, es una diferencia entre su mente y mi mente de tipo de mente. Yo tengo una mente de criatura, Él tiene una mente de un Creador.

Nuestra mente sufrió caída en el Edén y quedó entenebrecida, dice Pablo, Segunda de Corintios 4:4. Luego, cuando tú naces de nuevo, el Espíritu de Dios comienza a regresar la luz a ti, pero tu mente y la mía tiene áreas oscuras, incluso de densa oscuridad. Por eso es que con cierta frecuencia nos equivocamos. La mente de Dios no tiene oscuridad, no tiene áreas de ignorancia ni pasada ni presente ni futura, de ningún lugar de la creación. Dios conoce exactamente lo que está pasando en cada planeta de cada galaxia, y estamos hablando ahora de trillones de astros. Él conoce todo lo que está ocurriendo instantáneamente y simultáneamente. ¿Cómo fue, pastor? Así como lo oíste.

En tercer lugar, mi mente solo puede conocer lo que es revelado, lo que tú me dices, lo que otro me cuenta. La mente de Dios conoce lo que no ha sido revelado, lo que está por venir, lo que está oculto en cualquier parte del universo o en cualquier mente de nosotros. Cuarto lugar, mi mente es pecaminosa; la de Dios es justa, es pura, es santa. No estamos hablando de grados, estamos hablando de clase, tipo de mente. Mi mente y la suya no son iguales. Mi mente es finita, la de Dios es infinita. Pablo tenía razón: ¿quién ha conocido la mente del Señor? No, nadie. Imposible. Como dirían en la calle: imposible de toda imposibilidad.

Pablo agrega otra pregunta, escucha: "¿O quién llegó a ser su consejero?" De nuevo, como dicen en inglés, hacer la pregunta es contestarla. Nadie. ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién puede aconsejar a un Dios que lo sabe todo, explícame, que lo controla todo, que lo puede todo, que lo está todo, y que nunca ha aprendido nada? Él siempre lo ha sabido. Yo vengo donde Dios y le quiero dar un consejo, y Dios me dice: "Hoy una cosa, lo que tú me estás diciendo, yo sabía que me lo ibas a venir a decir desde antes. Número dos, lo que estás diciendo es completamente errado porque tú tienes información parcial, yo la tengo total. Número tres, tú no conoces lo que tu consejo va a producir en el futuro; yo sé lo que va a producir tu consejo, el mío, y luego lo que voy a tener que hacer para que las cosas puedan seguir en la dirección a la que yo quiero que vayan". De manera que economízate tu consejo.

A veces tenemos oración y aconsejamos: "Sí, sabes, Señor, que mi hijo, mi hija, mi nieto, tú debías... Yo te pido que tú le hagas, que tú le des, que tú le quites". No aconseje al Señor. Si no hay reverencia, pero a la luz de la Palabra, también es ignorancia. Él no necesita consejero.

Pablo hace reflexión con los corintios, y en su primera carta en el dos dieciséis les dice: "¿Quién ha conocido la mente del Señor?", la misma expresión, "¿para que lo instruya? ¿Quién lo ha conocido? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo". Pero que perciba usted el valle y el paso ahora. No tenemos la mente de Dios, no, no, no la tenemos. Pero ahora Pablo me dice que tenemos la mente de Cristo. ¿A qué es que Pablo se está refiriendo? Bueno, Pablo se está refiriendo a lo que Dios ha revelado para nosotros. Recuerda: las cosas secretas pertenecen a Dios, Deuteronomio 29:29, pero las reveladas nos pertenecen a nosotros.

Tener la mente de Cristo requiere varias cosas. Número uno, tengo que nacer de nuevo, porque la mente del incrédulo está sumergida en una completa oscuridad, hasta el punto que Pablo dice que el incrédulo no puede entender las cosas espirituales. Tú le predicas el evangelio y a él le parece necedad. Eso dice Primera de Corintios capítulo uno. Segundo, yo necesito, ahora el Espíritu está morando en mí, sí, pero yo necesito llenura del Espíritu, porque es el Espíritu que me da iluminación para yo entender la Palabra por lo que dice y sus implicaciones y cómo se aplica a mi vida. Yo necesito llenura del Espíritu. Pero puedes tener la mente de Cristo porque naciste de nuevo, ya naciste de nuevo, tienes el Espíritu, sí, pero necesitas llenura del Espíritu.

Yo necesito conocer esta revelación. Porque si tengo la mente de Cristo cuando conozco esta revelación y actúo consecuentemente, entonces si no estudio esta revelación, si no la escudriño, si no le paso a rumiar, no voy a tener la mente de Cristo. Pero tienes la Palabra, de manera que tú tienes la mente de Cristo aquí, tú tienes la mente de Cristo. Y requiere, en cuarto lugar, amar a Dios y amar al prójimo para no pensar egocéntricamente. Porque si yo no amo a Dios con toda mi alma, toda mi mente, toda mi fuerza, con frecuencia yo voy a estar pensando y actuando de manera egocéntrica: lo que quiero, cuando lo quiero, como lo quiero. Y la vida no es como un restaurante de turno, que dice: "Pide una carne, ¿y cómo la quiere? ¿Término medio? ¿Bien cocido?" No. ¿Cómo lo quiere? De acuerdo a la voluntad de Dios. Eso es cómo actuaría realmente la mente de Cristo, si tú la viste actuar en el Getsemaní, este Maní: "Que se haga tu voluntad y no la mía".

Hermano, ¿tú sabes los dolores de cabeza, las lágrimas, los llantos, los dolores, los sentimientos, las emociones, la frustración, la falta de sueño por noches, que a nosotros nos pudieron evitar si en cada ocasión pudiera decir: "Señor, sabes que tengo mi deseo, pero al final yo deseo tu voluntad por encima de mi deseo"? ¿Te imaginas? Porque ¿quién entiende la mente del Señor? ¿Quién sabe cuáles son sus planes?

Y eso es parte del problema. Parte del problema es que en manos, con frecuencia, nosotros hemos pensado que tenemos y conocemos un mejor plan que el plan que Dios tiene para nosotros. Y tú me dirás: "No, yo no he pensado eso". Sí. No, yo te lo voy a demostrar. No me va a tomar mucho tiempo en demostrarlo.

¿Cuándo fue la última vez que tú desobedeciste a Dios? ¿Hace una semana, hace un día, o esta mañana? Porque cada vez que fuiste en dirección contraria a lo que Él te ha revelado, en esencia tú estabas diciendo: "No voy en tu dirección, porque este plan es mejor, esta es mejor dirección, yo sé lo que Tú no sabes." Y eso es verdad de ti, eso es verdad de mí. Adán y Eva pensaron que ellos tenían un mejor plan para ellos.

Cuando nosotros no consultamos al Señor, que eso es frecuente, cuando nosotros no consultamos al Señor para tomar decisiones, en esencia tú le estás diciendo: "Señor, yo no te estoy preguntando acerca de esto porque no necesito tu consejo. Yo sé lo que tengo que hacer, y si lo que Tú me aconsejas es contrario a lo que yo quiero hacer, yo voy a hacer lo que yo quiero hacer, porque yo creo que esta es mejor decisión." Eso es como es, aunque no lo digamos así. Pero mira, "Tus pensamientos," dice Dios, "no son mis pensamientos, mis caminos no son tus caminos."

Pablo no termina de ayudarnos a reflexionar y contemplar, y hace una pregunta más. Aunque esta pregunta no está en el versículo final todavía, pero es la última pregunta. Versículo 35: "¿O quién le ha dado a Él primero para que yo le tenga que recompensar?" La respuesta es obvia: nadie. ¿Cuándo fue la última vez que tú le diste algo a Dios? Pero solamente eso es que la razón para la que tú no le puedas dar nada a Dios, porque Él lo tiene todo. Dios es autosuficiente. Él no tiene necesidad de nada. Él no necesita tu adoración.

La Palabra nos llama a adorar y nosotros a veces nos hacemos la idea como que Dios quiere que lo adoremos porque eso lo pone tan contento. Bueno, si eso fuera así, Dios sería el ser más infeliz del universo, porque la mayoría de los hijos de Dios no le adoramos como Él merece ser adorado. No, Dios quiere que tú le adores porque en la adoración Él quiere devolverte lo que tú perdiste en Adán y Eva.

Cuando tú te molestas con Dios, te aireas con Dios y dejas de ir a la iglesia, no creas que eso es igual a cuando tú dejas de hablarle a tu mamá y tu mamá está triste, está brava, está molesta y te llama, llama a un hermano, un amigo o una amiga y le dice: "¿Tú puedes creer? Mi hijo, mi hija tiene tres días sin hablarme," y está molesta porque a tu mamá le está doliendo. A Dios no le duele. Te voy a decir lo que le duele: que tú no le estás visitando y tú estás perdiendo algo. Eso es lo que a Dios le duele.

Él no tiene necesidades. Él es autosuficiente en sí mismo. Él no necesita tu oración. Dios quiere que tú ores, pero no porque la necesita. No, Dios quiere que tú ores para Él dirigirte en la dirección de sus propósitos. Dios no necesita tu compañía. No es como unos ateos del pasado que dijeron: "Yo estaba aburrido en la eternidad pasada, entonces decidió hacerse un hombre para sí mismo." No, Dios estaba satisfecho en la comunidad del Espíritu y de su Hijo. Él no tiene carencia. No, Dios tiene abundancia de todo. Dios tiene abundancia y una abundancia infinita e inagotable.

¿Tú sabes qué quiere decir eso? Que cuando Dios da de Él lo que sea, Él no sufre, lo que Él está dando no sufre merma. Si tú ejercitas mucho, llega un momento que te estás cansando y tienes que parar. No, Dios no se cansa. Dios no duerme. Él no tiene necesidad, literalmente de nada. Si tú llevas el carro de gasolina, la gasolina se va a acabar. No, cuando Dios te da gracia, le queda la misma cantidad de gracia para seguir dando. Cuando Dios le da gracia al mundo entero creyente, Él todavía le queda la misma cantidad de gracia para dar todavía mucho más, porque de lo que Él tiene, Él tiene no solamente abundancia sino sobreabundancia, y son inagotables.

Impresionante. El Dios al que tú y yo hemos sido llamados a adorar, de la manera que Dios no tiene carencia, tiene de todo y para todos. Esa es la razón por la que Pablo ahora puede contemplar. Tú dices: "¿Cuál es la única manera como yo puedo cerrar el capítulo 11?" O esta parte, recuerda que el capítulo 12 es todo práctico de ahí en adelante. Esta es la única manera como yo puedo cerrar: "Porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén."

¡Wow! Fíjate, mírate lo que Pablo hizo. Pablo usa tres preposiciones. ¿Tú sabes lo insignificantes que son las preposiciones? Dan poca relevancia comparadas con los verbos. Pero usa tres preposiciones para darnos grandes profundidades acerca de Dios. Escucha: de, por y para. Esas son las tres preposiciones.

"De": Pablo habla de que todo es de Él. En otras palabras, Él es el poseedor de todo. Segunda preposición: todo es por Él. Bueno, eso es lo que la Palabra dice, que todo fue hecho por medio de Él. Él es el creador de todo. Juan 1:3: "Todas las cosas fueron hechas por medio de Él." No te saltes el "por ahí": "Por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho." Todo es de Él, poseedor de todo. Todo es por Él, creador de todo. Y todo es para Él, el fin de todo.

"Pablo, ¿de dónde se te ocurrió esto?" El Espíritu me inspiró. Si Dios es el creador de todo lo que existe y el sustentador de todo lo creado, es natural que todo sea para Él. Escucha lo que Pablo dice en 1 Corintios 4:7: "Porque todo es de Él, todo es creado por Él, y todo debe ser para Él." Pero, ¿por qué? Oye, Pablo primero dice en 1 Corintios 4:7: "¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?"

No importa cuáles logros tú tienes, cuáles títulos tú tengas, cuántos hijos tú tengas, cuánta inteligencia tú tengas. Explícame, ¿qué tú tienes que tú no hayas recibido de mi haber? Si tienes buena posición económica, ¿te vas a ufanar de eso? ¿Quién crees que te dio la inteligencia, la habilidad para hacerlo y las posiciones para lograrlo, las condiciones para obtenerlo? Por eso es que Pablo nos llama en 1 Corintios 10:31 a hacer todo para la gloria de Dios, ya sea que comas o bebas. Porque no importa lo que hagas, lo que puedas hacer, aun el paralítico, lo que él pueda hacer, eso que pueda hacer también es Dios quien se lo ha dado para que lo haga.

Y Pablo entonces, ayudándonos simplemente como: "Oye, el final de la historia, esto es lo único que tú puedes decir: a Él sea la gloria para siempre, amén. A Él sea la gloria para siempre, amén." Hermano, toda tu vida, todo tu esfuerzo, todos tus pensamientos, todo lo que tienes, todo lo que logres, todo, absolutamente todo, hay una sola forma de poderlo tener, usar. ¿Sabes cómo? Para la gloria de Dios.

No puedes vivir conforme a tus deseos. No puedes vivir para tus anhelos. No puedes vivir para tus ambiciones. No, no, no, no, no. Tú lo puedes hacer, pero te va a ir mal. Tienes que vivir para la gloria de Dios, porque cada vez que Dios se glorifica a sí mismo, desde ese mismo lugar te bendice a ti.

Todo el tiempo, la hora de la crucifixión de Jesús, lo que llamó "la hora de mi crucifixión," Él le llamó "la hora de mi glorificación." Dios se glorificó en la cruz porque glorificó su justicia, su amor y su gracia y su misericordia. Y los únicos bendecidos somos nosotros. La gloria de Dios y la bendición de sus hijos están intrínsecamente relacionadas todo el tiempo.

Y por eso es que Pablo al final dice: "No es que todo es de Él, por Él y para Él. A Él sea la gloria para siempre. A Él." Y eso es como Dios te ha llamado a vivir. Eso es lo que los ángeles en los cielos cantan. Eso es lo que tú y yo debiéramos estar aspirando cada segundo de tu existencia. Y vivirás más libremente, más gozosamente, más con mucho mayor gracia, mayor agradecimiento, mucho más sentido de propósito, dirección, certeza, seguridad, que tú puedas dedicar toda tu vida, toda tu vida para la gloria de Dios.

Padre, gracias. Por eso, perdónanos cuando nosotros hemos querido retener para nosotros cosas, ideas, planes, ambiciones, deseos, cosas materiales. Perdónanos, perdónanos, porque cuando hacemos eso no estamos reconociendo que todo es tuyo, que todo ha venido de ti, y que el fin de todo lo que tengo, cuando me lo diste, por lo menos era para que regresara a ti. Todo es para Él.

Ayúdenos en esta mañana de manera conjunta poder tributar gloria y honor y poder a nuestro gran Señor Jesucristo. Ayúdenos a cantar con el resto de la creación: "A Él sea la gloria." Ayúdenos a reconocer que Tú eres el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Tú eres el Hijo de Dios, el Verbo de Dios. Señor, que todo comienza contigo y termina contigo, que la vida está en ti. Señor, ayúdanos a elevarte una canción que salga de lo profundo de nuestro corazón, y que nosotros podamos irnos a las casas en este día comprometidos por completo con tu voluntad, para vivir tus planes para tu gloria.

Todo su pueblo dice amén. Nos ponemos de pie y cantamos.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.