IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Jesús no solo vino a salvarnos, vino a poseernos. Esta verdad, incómoda para muchos, define la relación auténtica entre el creyente y Cristo. En Juan 15:14, Jesús establece una condición clara: "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando." No es una amistad como cualquier otra. Él impone y dispone las condiciones. Cuando decimos que tenemos una "relación personal con Jesús," necesitamos preguntarnos qué tipo de relación es, porque incluso Satanás tiene una relación personal con Cristo —una de enemistad, pero personal al fin.
La palabra que el Nuevo Testamento usa para describir nuestra condición es "doulos," que significa esclavo, no simplemente siervo. Las traducciones modernas suavizaron el término porque resulta fuerte, pero fuerte y bíblico no son excluyentes. El esclavo no pide, no demanda, no posee nada —ni siquiera su propia vida. Todo pertenece al amo. Abraham fue llamado amigo de Dios precisamente porque cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, obedeció sin titubear. La amistad con Dios implica su señorío absoluto.
Hoy se predica un evangelio invertido: Cristo llamó a la renuncia y ahora se promete adquisición; él habló de cargar la cruz y ahora se ofrece éxito. Pero nadie puede aceptar a Cristo como Salvador sin hacerlo Señor. Una fe genuina produce obediencia. Donde hay resistencia deliberada, hay un problema de señorío. La buena noticia es que este Señor soberano nos llama esclavos, pero también amigos, hijos y coherederos. En el camino de la renuncia está la plenitud.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¿Qué significa, qué implica que Cristo es Señor de mi vida? Es un término que usamos mucho en nuestro vocabulario cristiano, pero verdaderamente, ¿qué implica ese título, ese término para nosotros?
Entonces vamos a Juan 15, el Evangelio de Juan, capítulo 15, versículo 14, y vamos a leer tres versículos: el 14, el 15 y el 16. Dice así: "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor, pero os he llamado amigos porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre. Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros y os designé para que vayáis y deis fruto."
En este corto texto, este es el texto donde Jesús está dando prácticamente su último discurso o su última enseñanza a los discípulos antes de ser crucificado. Siempre hemos dicho que son enseñanzas claves; quizá el resumen de muchas de las cosas que Jesús estuvo enseñando se encuentran en esas últimas horas donde él compartió. Y es relevante ver, darnos cuenta que Cristo les llama a sus discípulos en este momento: ustedes ya no son simplemente siervos, sino que son mis amigos. El hecho de que los haga sus amigos no significa que no sigan siendo siervos; lo que les está diciendo es que ustedes, además de siervos míos, son mis amigos.
Y la palabra siervo en esa traducción tiene una connotación tremendamente especial, porque en el original la palabra es "doulos", y "doulos" nosotros la traducimos, por lo menos las Biblias que tenemos, como siervo, pero "doulos" en el lenguaje original era un esclavo. Por lo tanto, lo que Cristo está diciendo aquí es que ustedes son mis esclavos. Esto es un término fuerte, es un término con el cual nosotros no estamos muy familiarizados, pero es el término bíblico que aparece. Cada vez que vemos la palabra siervo en la mayor parte del Nuevo Testamento, lo que en el original dice es "doulos", y esa palabra se traduce como esclavo. Más adelante vamos a explicar esas implicaciones.
Sigo comentando que Cristo, cuando les dice "ustedes son mis amigos", fíjense que la condición para ser amigo de Cristo es: ustedes son mis amigos si hacen lo que yo os mando. La amistad entre Cristo y nosotros no es cualquier amistad. A veces cantamos que Cristo es nuestro amigo, ¿verdad? Que Jesús es nuestro amigo, mi fiel amigo, el mejor amigo. Y a veces pensamos que la amistad con Cristo es igual a una amistad con cualquier otro ser humano. Fíjense la expresión de él: ustedes son mis amigos si hacen lo que yo os mando. Nosotros no vamos a un amigo y le decimos: "Mira, si tú quieres ser amigo mío, tú tienes que hacer lo que yo te diga." Sería arrogante, sería prepotente, cierto, no se puede hacer, es incorrecto, porque yo no le puedo imponer mi voluntad a otra persona. Pero si se trata del Señor, él sí puede decir: si tú quieres ser mi amigo, tú tienes que hacer lo que yo te mando. Él impone y dispone las condiciones a través de las cuales yo puedo ser su amigo. No es cualquier amistad entonces.
A veces decimos, y a veces oímos testimonios de cómo la gente conoció al Señor, y muchos dicen: "Bueno, yo tengo una relación personal con Jesús, yo lo conocí en un momento de mi vida, yo tengo una relación personal con Jesús." Me gustaría darle un poquito más de contenido a esa expresión de que ser cristiano es tener una relación personal con Jesús, porque alguien decía que Satanás tiene una relación muy personal con Jesús, pero una muy mala relación. Pero tiene una relación personal, una relación de enemistad, pero es personal. Entonces yo no puedo entender que mi salvación, que mi relación con Dios depende de que yo simplemente tengo una relación personal con Jesús. Yo tengo que tener una relación apropiada, bíblica con Jesús, y la relación bíblica y apropiada con Jesús es si yo hago lo que él me ordena; así soy su amigo.
Y es la primera enseñanza que extraemos de esta expresión. El mejor ejemplo bíblico de esta verdad es Abraham. Abraham fue llamado amigo de Dios; ese fue el título por el cual Abraham se conoció a través de la historia: un hombre que fue amigo de Dios. A Moisés se le llamó siervo de Dios, pero a él se le llamó amigo. Pero Abraham, en el momento que Dios le pide el sacrificio de su único hijo, Abraham ni titubea y va y lo ofrece a Dios. Abraham era amigo de Dios; hace lo que Dios le dijo. Es la misma condición.
La amistad con Dios implica su señorío sobre mi vida. Mi relación con Dios implica su absoluta supremacía sobre todo lo que pasa en mi vida, sobre las decisiones que tomo, sobre las cosas que hago, sobre las cosas que pienso. Tiene que haber una relación de absoluta supremacía en mi relación con Cristo para yo tener una relación apropiada con él.
Más adelante también vemos que esta condición de siervo, él les dice: ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les digo. En otras palabras, tienen que ser mis siervos, tienen que hacer lo que yo les ordene, ¿cierto? En un versículo anterior, en Juan 13, versículo 13, Cristo dice lo siguiente: "Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque lo soy."
Esto es diferente a muchas de las expresiones de Jesús acerca de sí mismo. Normalmente Jesús no habla en esos términos, o no habló en esos términos. Normalmente Jesús, cuando se trataba de hablar de sí mismo, muchas veces se dejaba que sus obras hablaran por él. A veces, cuando iba a hablar de sí mismo, decía: "Crean en los profetas, crean en Moisés, crean en las Escrituras de lo que dicen acerca de mí." A veces él sanó a una persona y le dijo: "No le digas a nadie que yo te sané." En otra ocasión, él preguntó a los discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Y los discípulos lo dijeron. Pedro le dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." ¿Y qué le dijo él? "No le digan a nadie lo que ustedes saben."
¿Y por qué Jesús está tapando su identidad? Bueno, porque se supone que aquellos que eran genuinos buscadores de Dios, los creyentes, iban a encontrar en las Escrituras todas las evidencias que le apuntaran a Jesús, y van a creer en las Escrituras y, por tanto, a creer en Jesús. Él estaba dejando que la fe actuara, y por eso escondió su identidad.
Pero en esta ocasión, en Juan 13:13, él dice: "Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque yo lo soy." Estaba al final de su vida. Ya no hay nada que esconder. Ya yo he dicho lo que soy. Soy Dios, he venido a morir por el mundo, voy a morir, voy a resucitar al tercer día. Absolutamente todo estaba revelado. Ya no había nada que esconder.
Y la palabra ahí para decir "vosotros me llamáis Maestro y Señor", la palabra para Señor es "Kurios" en el griego. Y es una palabra muy, muy fuerte en el tiempo en que se dijo, porque "Kurios" era el mismo título que recibía Dios en el Antiguo Testamento, por un lado. Y en segundo lugar, el "Kurios" era traducido como el soberano, un soberano que ejercía su poder y su decisión sobre lo que él poseyera. Dios implica supremacía. "Kurios" implica el que decide. "Kurios" implica el que manda. Y él dice: yo soy Maestro y Señor, "Kurios", y lo soy. Desde ya ahí nosotros estamos viendo la condición de señorío que Cristo tiene.
Pero la condición de señorío de Cristo implica algo para nosotros e implica algo para los discípulos. Y es que no hay Señor si no hay esclavos, en otras palabras. Yo no puedo decir que soy un gerente si yo no tengo a nadie a quien gerenciar. Yo no puedo decir que soy madre si no tengo hijo. Yo no puedo decir que soy padre si no tengo hijo. Yo no puedo decir que soy Señor si yo no tengo esclavos. La palabra "Kurios" implica eso. Es decir, la condición que define mi relación con Cristo, la relación básica, como vamos a ver ahorita, es una relación de esclavo a Señor, de siervo a Señor. Lo que pasa es que la palabra siervo como que le quita la fuerza. A mí me gusta esa fuerza que tiene la palabra esclavo, que es el original.
Entonces, si "Kurios" implica que Cristo es Señor, entonces también eso implica que él tiene esclavos, y esos esclavos somos nosotros. De hecho, el sinónimo más cercano de la expresión "Kurios", ¿saben cuál es? "Despotes". Ese es el sinónimo más cercano en el griego de la palabra "Kurios": "despotes", de donde viene la palabra déspota. Y el déspota es un individuo, un soberano que gobierna respetando su propia ley. Decide, manda, decreta respondiendo a su propia ley, a su propia convicción. Eso es Cristo. Cristo es absoluto Señor. Cristo es soberano. Cristo es la última palabra. Cristo es Señor sobre nosotros, y la mejor relación que define mi condición es la de esclavitud frente a su señorío.
El Nuevo Testamento llama cientos de veces... Algunos autores hablan de que más de 700 veces Cristo sale enunciado o se le dirige a Cristo como "Kurios". El título por excelencia del Nuevo Testamento para Cristo no es Salvador; es Señor de todo. Aunque obviamente el componente de salvación es fundamental en la fe, es fundamental para el Nuevo Testamento, el título por excelencia en todo el Nuevo Testamento es que Cristo es Señor, "Kurios", de absolutamente todo. Solamente en el libro de los Hechos aparece 92 veces la palabra "Kurios", y la palabra Salvador aparece 2 veces. La profesión de fe más importante, el componente más importante de la profesión de fe de los apóstoles en los Hechos, es: Señor, Cristo es Señor. Cristo manda, Cristo ordena, Cristo es soberano sobre nuestras vidas y sobre la vida de su iglesia. Él es el que decide. Él es la cabeza de la iglesia y él es el que decide qué sucede y qué no sucede.
Entonces, ¿qué nos ha pasado a nosotros hoy en día? Bueno, tenemos varios inconvenientes con esta doctrina. Por un lado, la traducción en el lenguaje contemporáneo quitó la palabra esclavo y puso la palabra siervo, y como que le disminuye la fuerza de mi relación con Cristo. Muchos entienden que pueden venir al Señor, pueden aceptarlo como Salvador, y no tienen que cambiar absolutamente nada en su vida.
Muchos entienden que realmente ser cristiano no implica ningún cambio, solamente implica creer, y si yo creo, yo soy salvo. El problema es que la creencia, la mera creencia intelectual, no me salva bíblicamente hablando. Y un ejemplo muy sencillo: Satanás y sus demonios creen. De hecho, yo decía que Satanás es monoteísta. No solo eso, es creacionista. Sabe que Dios hizo el mundo. Satanás cree que Cristo vino a morir por los pecados de la humanidad, ¿o no? Satanás sabe más teología que cualquiera de los que estamos aquí. Eso no lo salva. ¿Qué salva a un individuo, el conocimiento de que Cristo es Dios, de que Cristo vino a morir por el pecado? No, lo que salva a un individuo es la evidencia de que esa persona ha hecho a Cristo su Señor.
La única diferencia entre ese conocimiento que tienen los demonios y Satanás y nosotros es que hemos hecho a Cristo nuestro Señor. Cristo no es Señor para Satanás, por el momento. Por el momento Dios ha dejado que Satanás haga de las suyas conforme a los propósitos de Dios, aunque en algún momento será sometido. Pues ese es el primer problema que tenemos: que hemos entendido que la mera creencia, la simple creencia, me salva. Y muchos creyentes, o muchos que nos consideramos creyentes, estamos en la fe, creemos que somos cristianos cuando Cristo no ha sido nombrado Señor de nuestras vidas. Y muchas cosas sobrevienen en mi vida demostrando que no hay un Señor verdadero en la persona de Jesús.
Además de eso, otro problema con este término de esclavo es que, aun asumiendo que la Biblia ponga ahí, las traducciones pongan ahí la palabra esclavo, que somos esclavos de Cristo, como nosotros no conocemos lo que es la esclavitud, porque no hemos vivido en esclavitud, no tenemos a nadie... No sé si usted conoce a alguien que vive en esclavitud todavía, pero yo no lo conozco. No estamos relacionados con el término, no sabemos lo que implica una condición de esclavo. Los discípulos sí lo sabían. Cuando Cristo les habla, les dice, hay un texto, "son mis doulos", un texto, "son mis esclavos", ellos sabían por el contexto histórico qué es un esclavo. No pide, no se queja, no demanda. El esclavo no posee nada, ni siquiera su propia vida. Todo le pertenece al amo, al Señor.
De hecho, un amo, un señor que poseyera esclavos, podía usar sus esclavos para pagar deudas. Así de increíble era la posesión que tenía un señor sobre su esclavo. El hijo de un esclavo que nacía en la casa era esclavo del amo. Era una cosa como que no se podían soltar de ella. Era algo que se llevaba por generaciones y generaciones. E implicaba la absoluta sumisión de la voluntad del esclavo a los intereses, a los deseos, a las intenciones del amo. Es la condición en la que cada cristiano debe vivir: totalmente sometido a los intereses, a las intenciones, a los propósitos de su Señor.
Yo no puedo aceptar a Cristo como Salvador, aceptar el don de la salvación, sin hacerlo mi Señor, porque estaría revelando una falta de genuinidad en mi salvación. "Por sus frutos los conoceréis." En otras palabras, el que tiene salvación genuina muestra, da una evidencia de que su vida cambia porque ha hecho a Cristo su Señor.
En una ocasión, basado en esta distorsión del término esclavo, hubo un académico que se preocupó por esta distorsión en la traducción y llamó al comité de traducción de una de las Biblias modernas. Y le preguntó a un traductor: "¿Por qué razón ustedes tradujeron en la Biblia la palabra doulos como siervo?" Y la respuesta del traductor bíblico fue: "Porque la palabra es muy fuerte, porque la palabra esclavo es muy fuerte." Y entonces esta persona le dijo: "Sí, es fuerte, pero es bíblica."
Y realmente, en el camino, nosotros los creyentes y los no creyentes hemos perdido un poco, o hemos perdido gran parte del contenido del llamado de Jesucristo. Cristo no nos ha llamado a Su reino para hacernos unos campeones. Cristo no nos ha llamado a Su reino para hacernos personas de éxito. Cristo no nos ha llamado a Su reino para que los sueños de tu corazón y los deseos de tu corazón sean cumplidos. Cristo nos ha llamado a Su reino para servirle a Él y a Sus propósitos.
El Evangelio ha estado invertido por algunos años ya. Se está predicando un Evangelio invertido, porque cuando uno va a la Palabra uno se da cuenta que Cristo siempre llamó a la renuncia de las posesiones, de tus logros, de tu familia, así de todo. Cuando entonces ahora vemos evangelistas y predicadores y maestros que constantemente están hablando: "No, ven a Cristo para darte posesiones, para darte posición, para darte éxito." Totalmente contrario. Es totalmente contrario. Él habló de renuncia y ahora están hablando de recepción. ¿Cuál es el Evangelio realmente? Hemos perdido ese concepto de señorío de Cristo.
A menos que nosotros entendamos esa relación claramente, hay cosas en la Biblia que no vamos a entender. ¿Por qué? Porque el lenguaje que se usa es un lenguaje de esclavitud, es un lenguaje típico en un ambiente, en un contexto de esclavitud.
En Mateo 6 Cristo habla de que Él se encarga de proveernos para todas nuestras necesidades. No se preocupen por lo que van a comer, por lo que van a vestir, miren las aves del cielo que no siembran ni hacen nada y Dios las alimenta, la hierba del campo Dios la viste, no se preocupen. ¿Saben por qué es eso? Porque la responsabilidad fundamental de un amo, de un señor, era proveerle a sus siervos y a sus esclavos todas sus necesidades. Esa era la responsabilidad fundamental, incluso proteger al esclavo, protegerlo en su casa, protegerlo con sus recursos para que el esclavo pudiera hacer y cumplir su responsabilidad. ¿Cuál era? La responsabilidad del esclavo, ¿cuál era? Obedecer. ¿Y qué obedecer? Todo lo que el amo y el señor dijera.
La vida cristiana se resume en una palabra: obediencia. Y está contenida toda la forma como yo me relaciono con Dios. Obediencia. Cuando yo tengo problemas en hacer algo que Dios me pide, en perdonar a alguien, cuando tengo problemas en controlar mis impulsos, cuando tengo problema en controlar mi lujuria, cuando tengo problemas en cumplir las leyes de nuestro país, cuando tengo problemas en hacer todas esas cosas, mi problema es de señorío. Lo que está faltando es un entendimiento claro del señorío absoluto de Cristo en mi vida.
El señorío de Cristo implica muchas cosas en términos prácticos. El señorío de Cristo implica que la relación con mi esposa, o de la mujer hacia el esposo, debe cambiar radicalmente y someterse al patrón bíblico: un hombre líder y ejemplo, una mujer sometida voluntariamente. Eso es básico para el señorío. El señorío de Cristo implica que en mi trabajo yo me someto a todo lo que Dios ha prescrito acerca del cumplimiento de las leyes, de obedecer a mis jefes, de respetar a mis empleados; tiene que haber un mandato que yo obedezca. El señorío de Cristo va a implicar en mi vida privada que el pornógrafo deja de ver pornografía, que el iracundo deja de explotar, porque me someto a Su voluntad. Y en muchas ocasiones va a implicar dejar de ir a lugares, dejar de tratar ciertos temas, dejar de tener ciertas actitudes.
Ahora, todo eso no lo pueden ver y dicen: "Ah no, pero es una camisa de fuerza." No, porque cuando actuamos en obediencia el Espíritu nos da las capacidades para hacer todo eso, pero tiene que haber en mí una disposición, una predisposición de obedecerlo. El Señor tiene un problema con una persona y no la puedo perdonar, una ofensa. Se ha recibido una ofensa complicada, difícil de perdonar. Yo sé que tengo que perdonar, yo voy donde Dios, le digo: "Señor, ayúdame a perdonar, yo no puedo perdonar." Eso es cierto hasta cierto punto, pero Dios de allá arriba, si pudiéramos oírlo hablar, lo que va a decir es: "Te voy a ayudar a perdonar. Perdona. Perdona. Como tú perdones y me obedezcas, yo te doy la fuerza que tú necesitas para hacerle frente a ese perdón que tú vas a ejercer. Pero disponte a hacerlo. Ven en el camino a la obediencia, yo te bendigo, yo te doy fuerzas y yo te proveo."
La palabra fundamental en una relación de siervo-amo es obediencia. Y muchos de los problemas que nosotros tenemos hoy como cristianos se resumen a que nosotros no tenemos a Cristo como nuestro supremo, soberano Señor en nuestras vidas. Y cada vez que yo recibo una instrucción aquí en la iglesia, la recibo de parte de un hermano que me dice: "Fulano, pero tú no puedes seguir haciendo eso", y yo me resisto, yo estoy resistiéndome al señorío de Cristo en mi vida. Es sencillo, de alguna manera es sencillo. "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando." La responsabilidad básica del esclavo es obediencia.
Primera de Corintios 6, Pablo hablando dice, versículo veinte: "Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios." Pablo apela, o sea, Pablo dice: "Ustedes tienen que ser santos, ustedes tienen que santificar a Dios en su cuerpo y en su espíritu." ¿Saben por qué? Porque ustedes no se pertenecen a sí mismos, ustedes son de Él, ustedes son de Dios. Es decir, es la apelación a que somos Sus esclavos, que somos esclavos de Dios, para provocar santidad en nosotros, porque es la condición básica, es la relación básica de un esclavo hacia su amo: obediencia.
Esta expresión no la hubiéramos podido entender a menos que entendamos que somos esclavos de Cristo. Esa expresión de que hemos sido comprados no la entenderíamos a menos que entendamos que somos esclavos de Cristo. "¿Cómo que Cristo me compró? ¿Y yo estaba a la venta?" Aunque no lo sepamos, sí. Bíblicamente, Segunda de Timoteo 2:26 me dice que yo pertenecía, yo era esclavo del diablo. Es una expresión fuerte. Segunda de Timoteo 2:26, la pueden leer. Yo estaba esclavizado al pecado, esclavizado a Satanás. Y cuando Cristo no es mi Señor, Satanás lo es. Hay dos bandos, no hay áreas grises, no hay tres señores. Hay dos señores a los cuales yo puedo servir: Dios o Satanás.
Aunque Satanás no es un verdadero Señor, momentáneamente se le ha dado cierto poder y cierta autoridad. En una ocasión, un individuo llegaba a los cultos y llegaba con un mensaje: una pancarta adelante y otra pancarta detrás. La pancarta de adelante decía: "Yo soy esclavo de Cristo". Y la pancarta de atrás, cuando él pasaba, decía: "¿De quién tú eres esclavo?". Porque esclavos de algo o de alguien lo somos; la pregunta es de quién. Yo lo soy de Cristo. Y ojalá cada uno de nosotros y cada uno de sus hijos se supone que sea un esclavo genuino, verdadero, absoluto de su Señor.
A menos que yo entienda esta condición de esclavo y Señor, yo no pudiera entender este pasaje de Lucas 14, versículo 26. Lucas 14:26 dice lo siguiente: "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, y a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y viene en pos de mí no puede ser mi discípulo". Versículo 33: "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones no puede ser mi discípulo".
Tres cosas hay en esos tres pasajes: la familia, la vida misma y las posesiones. Quizá las tres cosas de más valor en la vida de todo ser humano. Y Cristo dice: ninguna de las tres puede tener una mayor importancia que yo en la vida de esa persona. Obviamente, lo que está diciendo el texto, el versículo 33, por ejemplo, y todo el texto que leímos, no es que dejemos a la familia, no es que la aborrezcamos, no es que vendamos todo lo que tenemos. Lo que está diciendo es que eso no puede estar por encima del Señor. Eso fue lo que le pasó al joven rico.
El joven rico va donde Jesús y le dice: "Jesús, Maestro bueno, ¿qué es necesario para ser salvo? ¿Qué necesito?". Y Cristo le dice: "Bueno, voy a decirte los mandamientos". Él le pregunta: "¿Cuáles?". Y Cristo le dice: "Bueno, no mentirás, no adulterarás, no levantarás falso testimonio, no codiciarás a la mujer de tu prójimo, no hurtarás". Le citó seis mandamientos de la ley de Dios. Son diez, le citó seis: los seis que tenían que ver con su relación con el prójimo. Nosotros sabemos que los diez mandamientos, los cuatro primeros tienen que ver con nuestra relación con Dios, y los seis últimos tienen que ver con nuestra relación con el prójimo.
Y el joven rico le dice: "Yo he hecho todo eso". Y Jesús le responde: "Te falta algo más para que seas perfecto: vende lo que tienes y dalo a los pobres". ¿Qué pasó ahí? Se dio cuenta de que, como los cuatro mandamientos tienen que ver con Dios, para este joven su dios era su dinero. Cristo le dijo: "Vende lo que tienes, ven y sígueme". En otras palabras: "Haz de mí tu Dios, haz de mí tu Señor, y así tú entrarás al reino de los cielos". Eso fue lo que le dijo, en otras palabras: "Vende lo que tienes y ven y sígueme, haz de mí tu Señor". Pero ¿qué hizo el joven? Se fue triste, porque tenía muchos bienes. Su señor fueron las posesiones.
Y entonces, cuando yo no estoy dispuesto a renunciar a familia, a mi vida propia, a las posesiones, yo tengo un conflicto con el señorío de Cristo. Hay otro pasaje que dice que Cristo, comparando las posesiones con Dios, dice: "Ninguno, nadie puede servir a dos señores, porque va a aborrecer a uno y amar al otro, y viceversa. Nadie puede servir a dos señores". Eso, dicho sea de paso, no es que yo puedo en un momento dado estar entre dos señores. Cristo dice: si tú sirves a una cosa y te doblegas ante esa cosa, tú no me sirves a mí. Es imposible que alguien pueda tener dos señores en su vida, dos autoridades. ¿Por qué? Porque obviamente se va a sujetar a una y a la otra no se va a sujetar.
Esto era algo sumamente claro para los apóstoles, para los discípulos, para la iglesia primitiva. Ustedes saben que la mayoría de los libros del Nuevo Testamento tiene una introducción donde el autor se presenta. En Romanos capítulo 1, Gálatas 1, Tito 1 y Filipenses 1, en esas cuatro cartas, Pablo se presenta de la siguiente manera: "Pablo, doulos de Cristo Jesús", esclavo de Cristo Jesús. Santiago 1: "Santiago, doulos de Dios y del Señor Jesucristo", esclavo de Dios y Jesucristo. Segunda de Pedro 1: "Simón Pedro, esclavo y apóstol de Jesucristo". Judas, versículo 1: "Judas, esclavo de Jesucristo y hermano de Jacobo".
Tenían claro que la relación básica de nosotros con Cristo es una relación de sumisión, esclavitud, sometimiento, señorío absoluto de él sobre mi vida. No hay choque entre nada en mi vida y su señorío. Lo dijo el Señor, hay que hacerlo. Cueste lo que cueste. No importa el precio. "Pero imagínate, eso no se puede ver así, eso cuesta". Cueste lo que cueste. Señor, este camino no es un juego. Aquí hay una lucha que es imperceptible para nosotros, pero una lucha que trasciende lo que nosotros somos. Va más allá, no la podemos ver, pero es una lucha entre el señorío de Dios y el de Satanás. Y Dios ha dicho: decidan de qué lado van a estar.
Pero lamentablemente, hoy en día esta doctrina se ve como estrecha. Muchos no la predican porque es estrecha. Entienden que se debe evangelizar a una persona, decirle que acepte a Cristo como Salvador, y luego lo hará Señor eventualmente. Realmente, esa persona hará a Cristo Señor de su vida. Hasta que una persona no hace a Cristo Señor de su vida, no podemos asegurar que esa persona ha aceptado a Cristo genuinamente. Una cosa va con la otra. Una fe genuina en el sacrificio de Jesucristo conlleva una rendición de mi voluntad.
Yo estoy de acuerdo en que puede haber áreas en mi vida que no se rinden inmediatamente. Pero no porque yo no las quiero rendir, sino porque la carne es débil, y lucho y lucho y lucho con eso. Pero quiero rendirme a mi Señor, quiero hacerlo. Pero hay personas que con conocimiento dejan áreas de su vida excluidas del señorío de Cristo. "No, eso no lo puedo hacer así". Eso me dice a mí que probablemente esa persona no ha aceptado a Cristo genuinamente.
Esta doctrina sí es estrecha. Para eso, estrecha es el camino que conduce a la salvación. Esa es la definición que Cristo le ha dado: es el camino que conduce a la salvación. Es una doctrina estrecha, como tiene que ser. A veces nosotros queremos, metafóricamente, allanar el camino a la salvación. Él dijo en Juan 14: "Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Nadie va al Padre sino es a través de mí". Y nosotros sabemos que eso incluye hacerlo Salvador y hacerlo Señor y Maestro de mi vida.
Pero a veces nosotros vemos que el camino es muy duro, que la presentación se hace muy difícil, que hay gente que no lo va a entender. Entonces nos ponemos a pavimentar el camino, a quitar unos hoyos en el camino para hacerlo más suave. Lo ensanchamos un poquito, abrimos un poquito esa puerta ahí para ver si la gente entra más fácil, bajamos un poquito el estándar. "Es verdad, no es necesario que la gente cambie tan rápido su vida, eso es un proceso. No los disciplinemos cuando estén pecando. No ejerzamos la disciplina de la iglesia que prescribe Mateo 18:15. No tenemos que disciplinar a los miembros de la iglesia que están en pecado. No los disciplinemos porque tenemos que ser comprensivos, amorosos". ¡Abre la puerta!
Por eso estamos en lo que estamos. Lo único que a nosotros se nos ha dicho es: hay un camino, infórmenlo. A nosotros no nos ha llamado a pavimentar el camino, a abrir la puerta un poquito más, a hacer que el trayecto sea más suave. No, ese no es nuestro papel. Nuestro papel es decir a la gente: hay un camino, y es hacer a Cristo tu Señor y Salvador. No hay otro. A algunos les puede parecer un poquito tortuoso el camino, un poquito estrecho, vamos apretados aquí, pero ese es el camino que conduce a la salvación. No hay otro. Lo que esté por fuera no conduce a la salvación; es perdición.
Juan 3:36 dice lo siguiente: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna". El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Dirían algunos: "Ahí está, solamente es necesario creer". Sigamos leyendo: "Pero el que no obedece al Hijo no verá la vida". Creo y obedezco. La creencia no es independiente de la obediencia. Yo creo y obedezco. Ahí yo veré la vida.
Entonces, todo esto obviamente ha producido una serie de problemas. Primero, problemas en los no creyentes. La iglesia ha estado vendiendo un evangelio, o muchas iglesias —no creo que lo hemos hecho nosotros, Dios nos preserve de tal cosa— pero muchas iglesias han estado vendiendo un evangelio que no se corresponde con el evangelio de la verdad, lamentablemente. Y mucha gente no creyente cree que es cristiana y realmente no lo es. Y hay gente que viene a la iglesia y jura y perjura, como decimos nosotros los dominicanos, jura y perjura que es cristiana, y muchos no lo son. Han hecho una profesión de fe fragmentada, han dejado fuera muchas veces el concepto de Señor, han aceptado la salvación porque, déjenme decir una cosa lógicamente: ¿quién rechaza la salvación? Si a mí me presentan: "Mira, tú vas a parar al infierno, pero si tú crees en Cristo como Señor y Salvador…", como Salvador, ¡ya! ¡Excelente! Yo quiero eso. "Pero mira, tú tienes que cambiar tu vida además". "Ah no, ya no te pongas de exigente, de legalista, que esa cuestión no es legalismo". Es que hay un cambio en la vida del que es transformado por el Espíritu de Dios.
Ese es el primer problema. En los no creyentes, el problema que ha producido es que hay muchas personas que juran y perjuran que son creyentes, y no son creyentes realmente. El segundo problema que ha producido esto en la iglesia es que hay muchos creyentes que no viven el señorío de Cristo en sus vidas.
Y su Señor está siendo desagradado, ofendido, mancillado. Una encuesta revelaba que la razón número uno, por lo menos lo que la gente dice, la razón número uno por la cual la gente no acepta a Cristo, no acepta la verdad del Evangelio, es porque los cristianos son unos hipócritas. No fue una encuesta que hizo la iglesia; un incrédulo internacional. La razón número uno por la cual la gente dice que no acepta el señorío de Cristo: porque los cristianos son unos hipócritas. ¿Cuál es el problema? La falta de entender que Cristo es Señor de mi vida. Y no hemos querido rendir la voluntad. La hemos estado sosteniendo ahí, en ciertas áreas, en ciertas cosas. No, no, un pelin, un pelin, un pelin. ¿Cuándo es que vamos a decir: Señor, si tú eres Señor, tú eres Señor, tú gobiernas, tú diriges, tú dispones; yo como tu siervo, como tu esclavo, como tu doulos, yo acepto gozosamente tu voluntad para mi vida, sea la que sea? Ese es el Evangelio, ese es el discípulo genuino.
En Filipenses 2 está el versículo más claro acerca de qué posición tiene Cristo hoy en día en el universo. Filipenses 2, versículo 9, dice: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre."
Esa es la discusión, hermanos. La discusión del universo es quién es Señor. Y obviamente sabemos que Cristo es Señor. Él no solo vino para salvarnos, Él vino para poseernos y hacernos suyos. No solo nos hace libres del pecado, nos hace sus siervos.
Ahora, el lado hermoso, aunque esto es hermoso también, pero el lado más hermoso de esta doctrina es que aquel Señor soberano sobre todas las cosas, absolutamente soberano, nos ha dicho que no solo somos sus siervos, somos sus amigos si hacemos lo que Él nos manda. Pero no solo somos amigos, somos hijos. Y no solo somos hijos, somos hijos y coherederos de toda la alabanza, la gloria junto con el Cordero, de todas las cosas junto con el Cordero. Somos el cuerpo de Cristo espiritualmente hablando. Y donde Cristo esté estaremos nosotros. En Cristo somos más que vencedores. Esa es la grandeza también de esta verdad. Sí, de acto hay una esclavitud, hay una renuncia, pero en el camino de la esclavitud está la plenitud. En el camino de la renuncia Dios nos llena y Dios nos bendice, y sentimos su presencia, su cuidado, su favor.
Concluyo diciendo que eso que leímos en Filipenses 2:11 en adelante, de que toda la tierra se postrará y se arrodillará delante de Jesús, eso no se ha dado todavía. Esa realidad está por verse. Todavía a Satanás se le ha dado un tiempo, un espacio para que él pueda ejercer cierto dominio y cierta autoridad. Pero me gusta la visión de Apocalipsis 5, donde vemos el cumplimiento de esta profecía. Capítulo 5, versículo 13 dice: "Y a toda cosa creada que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono y al Cordero sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio, por los siglos de los siglos."
Eso incluye a Satanás. En ese momento, Apocalipsis 5:13, está toda la creación —cielo, tierra e infierno, que es una alusión a debajo de la tierra— postrados, reconociendo en contra de su voluntad que Cristo es Señor. Y todos aquellos seres humanos que han rechazado a Cristo como Señor y Salvador estarán en ese momento, en contra de su voluntad, reconociendo que Cristo es Señor. Yo lo quiero reconocer ahora. Yo quiero vivir esa realidad ahora. Eso es una realidad a los ojos de Dios. Eso ya Cristo fue, se le dio un nombre que es sobre todo nombre; es una cuestión de tiempo a ver cuándo la gente se va a arrodillar. Eso de que se van a arrodillar, se van a arrodillar, quiéralo alguien o no lo quiera. Yo quiero estar ya entre aquellos que se arrodillan en su presencia voluntariamente, porque Él es mi Señor.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.