IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Job no fue un superhéroe bíblico ni un personaje de ficción. Fue un hombre de carne y hueso, igual que cualquier padre que hoy lucha por criar bien a sus hijos mientras atiende las demandas del trabajo. El libro que lleva su nombre no comienza con sus tragedias famosas, sino con algo que solemos pasar por alto: un retrato de su carácter y su vida familiar antes de la prueba. Job era intachable, temeroso de Dios y apartado del mal, pero no vivía encerrado en un monasterio. Tenía diez hijos, miles de animales y un ejército de empleados bajo su cargo. Su santidad se forjó en medio del ajetreo, no lejos de él.
Lo que revela el texto es un padre intencional. Job había enseñado a sus hijos adultos el hábito de reunirse, de mantener la unidad familiar con esfuerzo y planificación. Sus siete varones hacían banquetes por turno y mandaban a buscar a sus tres hermanas para que estuvieran presentes. Pero Job iba más allá de los buenos hábitos externos. Cuando terminaban las fiestas, se levantaba temprano, reunía a sus hijos y ofrecía sacrificios por cada uno, pensando: "Quizá hayan pecado en sus corazones". No colgaba manzanas artificiales en el árbol; cultivaba raíces profundas.
Por eso, cuando la tragedia golpeó y perdió todo en un solo día, de su interior brotó adoración: "El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor". Esa respuesta no fue casualidad ni fortaleza propia. Fue el fruto de años introduciendo en su corazón obediencia y dependencia de Dios. Las pruebas revelan lo que hay dentro, y solo el Espíritu Santo puede formar en nosotros un carácter que responda con fe cuando la vida aprieta.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
El día de hoy esta es la mañana que es muy especial. Hace unas semanas, Jenny y yo cumplimos 30 años de casados. En este año sí. Realmente para nosotros ha pasado rápido el tiempo, pero no podemos negar ni esconder que 30 años son 30 años. Y, como yo siempre digo, cuando yo me casé con Jenny le llevaba dos años, pero no sé qué pasó ahora, le llevo 10 años. Así que no pueden sacarle su edad.
Pero cada vez que llega un momento como ese, una celebración de un aniversario, un fin de año, un cumpleaños de estos hijos, nosotros aprovechamos. No tengo una manera formal, pero sí es repasar dónde nos ha llevado Dios y dónde está nuestra familia en ese momento. Y celebramos desde dónde nos ha llevado el Señor. Y nosotros tomamos y vimos dónde estamos nosotros ahora con ya tres hijos adultos. ¿Dónde estábamos hace cinco años? Solamente cinco años cuando cumplimos 25, y qué diferente era nuestra vida. Y si sigo para atrás, ¿dónde estábamos hace 10 años cuando cumplimos 20 años? Y cómo el Señor nos ha llevado de puerto en puerto hasta este momento.
Y celebrábamos que estamos aquí hoy por su gracia. Y que a pesar de que yo he hecho todo lo humanamente posible porque no se dieran las cosas como se han dado, al Señor le plugo hacerlo para su gloria y no por nosotros. Y eso siempre ha sido un momento de celebración. Y comentábamos que el Señor siempre nos ha demostrado que Él va adelante de nosotros. Y Él ya está viendo dónde vamos a estar o dónde Él quiere que nosotros estemos. Y nosotros celebraremos los 35 años de casados si Dios lo permite. Y Él nos prepara, nos instrumenta.
Y una de las herramientas que usa es este púlpito. Nosotros hemos visto cómo este año, en esta serie de Conociendo el Carácter de Dios, el Señor ha trabajado de una manera muy personal. No solamente en mi familia, no solamente en mi esposa y en mí, sino en cada uno de nosotros de manera individual. Y hemos entendido realmente que no hay manera de tener una vida cristiana si nosotros no conocemos profundamente al Señor. Y el cherry del helado fue este "Por su Causa en el Poder del Espíritu", donde realmente ese Dios que conocimos, que vemos que es soberano, omnipotente, omnisciente, fiel, amoroso, está en nosotros y nos dirige.
Y otra de las cosas que Él hace de maneras sobrenaturales es que toma su Palabra como un mapa y nos va enseñando. Y por el poder de ese Espíritu vemos que pasajes que normalmente nosotros hemos visto anteriormente, o que quizás hemos visto de una manera muy rápida, en este momento específico de nuestra vida cobran unos colores especiales.
Y ese es el caso del texto que vamos a ver hoy. Es un texto muy conocido, pero que muchas veces nosotros simplemente le pasamos por encima. Pero es un texto que para el redimido, hombre que está pasando por pruebas, que ha pasado por pruebas, que seguirá pasando por pruebas, tiene mucho que enseñarle. Y si tú como redimido estás pasando por pruebas, este texto tiene cosas que enseñarte. Pero si además tú eres papá y estás criando, este texto también tiene muchas cosas que enseñarte. Pero si también tú eres como nosotros, padre de hijos adultos, todavía tiene más cosas para enseñarte. Entonces es un texto que yo entiendo que nos va a enseñar a todos. Nos va a enseñar a todos porque realmente la prueba es algo que todo cristiano va a tener en su vida.
Y el texto que vamos a ver hoy se encuentra en el libro de Job. Es un libro muy conocido, es un personaje muy conocido. Pero les advierto que si hicieran una película del libro de Job, en los avances de la película no saldrían ninguna de las escenas que se ven en este pasaje. No saldrían. Porque normalmente cuando pensamos en el libro de Job nos vienen escenas típicas. A mí me viene normalmente la escena de un hombre flaco lleno de llagas con la cabeza rasurada, debajo de una mata rascándose con una teja. O me viene una imagen de ese mismo hombre discutiendo con amigos. O lo veo a veces de noche, una noche estrellada mirando hacia arriba llorando, cuestionando a Dios.
Pero los versículos que estamos revisando en el día de hoy, en la película de Job formarían parte de los primeros tres o cuatro minutos de la película porque están al inicio del libro. Estarían esas escenas que normalmente salen en las películas, cuando todavía los créditos los están subiendo. Es más, estarían en el momento donde muchos todavía no han entrado al cine y están comprando palomitas. Y son esas escenas que cuando entran: "Cuéntame, ¿ha pasado algo importante?" "No, no ha pasado nada importante." Y podemos, como he tratado de pensar, que lo que se cuenta en estos versículos no es importante. Sin embargo, estos versículos son claves para entender quién era Job, por qué era como era.
Así que yo quiero que todos vayamos a Job, capítulo uno, y hoy vamos a ver los primeros cinco versículos del libro de Job. Voy a estar leyendo en la Nueva Biblia de las Américas. Dice: "Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job, y aquel hombre era intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísimos siervos. Aquel hombre era el más grande de todos los hijos del oriente. Sus hijos acostumbraban a ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para comer y beber con ellos." El versículo cinco: "Cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba. Y levantándose temprano ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: 'Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones.'" Y termina diciendo el versículo: "Job siempre hacía así."
Bien, la tradición judía sugiere que el autor del libro de Job fue Moisés. Y hay varias razones, pero la más importante es que Uz, esa tierra donde vivía Job, quedaba muy cerca del territorio de Madián donde Moisés pasó cuarenta años. Y se cree que aunque los eventos que ocurren, que se cuentan en el libro de Job, pasaron muchos años antes de la vida de Moisés, Moisés pudo tener información de lo que pasó con Job y escribió el libro.
Pero lo importante es que entendamos que Job fue un personaje real. No fue un personaje que lo inventó el autor del libro. Tampoco es un superhéroe bíblico que tenía poderes sobrenaturales. Job fue un hombre de carne y hueso como yo, como los hombres que están aquí. Hermano, si nosotros leemos el libro de Job pensando que él es un ser de otra galaxia y que no es como nosotros, nunca podremos ser enseñados y confrontados con las verdades eternas que están en su libro.
Pero ahora, ¿en qué época vivió Job? Bueno, se cree que Job vivió en la época de los patriarcas, específicamente que fue contemporáneo con Jacob, el hijo de Isaac, el nieto del patriarca Abraham. Y Job pertenece a ese selecto grupo de personajes bíblicos que todo el mundo conoce. Aun aquellas personas, como diría el mismo Job, que de oídas, de oídas he escuchado algo de la Biblia, conocen a Job. Hay personajes que todo el mundo conoce. A Daniel, todo el mundo sabe quién es Daniel. Todo el mundo sabe quién es Noé y el arca. Todo el mundo sabe quién fue Moisés y sus aventuras en el desierto. Y todo el mundo sabe de Job y su paciencia.
Y nosotros sabemos que es un referente, no solamente porque está en la Biblia, sino que es un referente que todo el mundo conoce, se ha convertido en un referente universal. El apóstol Santiago lo menciona en el Nuevo Testamento y lo usa como un motivador o como una razón de por qué nosotros debemos tener paciencia para hacer como los profetas y para hacer como Job.
Yo quisiera que hoy nos detengamos a ver otras grandes enseñanzas que pueden salir de este pasaje independientemente de la paciencia de Job. Las cosas son derivadas de su paciencia, pero entendemos que hay muchas cosas más que podemos sacar. Y por eso que yo he titulado este sermón "Job, mucho más que paciencia". Aunque si les soy sincero, el título que yo quería es el siguiente: "Job: ¿Cómo su carácter y relación con Dios nos enseñan a vivir una vida acorde a la voluntad de Dios en la prosperidad y también en la prueba en el siglo XXI?" Pero me dijeron que se iba a ver muy feo en la pantalla. Entonces me fui con un título un poquito más corto.
El libro de Job inicia dándonos un perfil del carácter de Job. Es decir, nos enseña cómo era Job por dentro. ¿Qué dice el versículo uno? "Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job. Y aquel hombre era intachable, recto, temeroso y apartado del mal." Los calificativos que usa el autor para describir a Job son contundentes. Intachable, dice la Nueva Biblia de las Américas. La NTV dice "de absoluta integridad". La Reina Valera va más lejos todavía, dice era un hombre perfecto.
Intachable significa sin tacha, que nada tiene en su carácter que pueda ser censurado. Nada puede descalificar a Job. Absoluta integridad. No solamente es íntegro en un área de su vida. Dice que tiene absoluta integridad. Dice la NBLA "recto". Dice el Lenguaje Actual "muy bueno y honrado", sin torcedura. Dice "temeroso de Dios". Y la versión en Lenguaje Actual dice, además de temeroso de Dios, siempre obedecía a Dios en todo. ¿Estás entendiendo el carácter de este hombre? Job no solamente temía y reconocía la existencia de un Dios soberano, todopoderoso, sino que ese temor reverente lo llevaba a siempre obedecer a Dios en todo.
Dice que era apartado del mal, que evitaba lo malo. Yo quiero detenerme en ese punto: apartado del mal. Y a veces nosotros pensamos que la única forma para nosotros poder apartarnos del mal y evitar el pecado es encerrarnos en la torre de un monasterio, donde no haya más nadie. O quizás limitarnos a estar solos en oración, en meditación, leyendo solamente la Palabra. O quizás escuchando sermones 24/7, escuchando podcasts de hermanos, oyendo música cristiana. De manera que no pueda asomar por nuestra mente o imaginación ningún pensamiento que ofenda a Dios. Esa sería la manera de ser apartado del mal.
Bueno, si nosotros pensamos que ese es el día a día en la vida de Job, basta con seguir leyendo el siguiente versículo y nos va a sacar de nuestro error. ¿Qué dice el versículo 2? "Le nacieron siete hijos y tres hijas." Yo estoy seguro que si hay algo diametralmente opuesto a la vida de solitud en un monasterio, es vivir en una casa con diez hijos y con la mamá de los diez hijos. O sea, que ese no era el caso de Job, por lo menos dentro de su casa.
Pero fuera de su casa, la cosa quizá era todavía peor, porque sigue diciendo el versículo 3: "Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísima servidumbre, y aquel hombre era el más grande de todos los hijos del oriente." Si en el versículo 1 nosotros vimos cómo era Job por dentro, su carácter, ahora en el versículo 2 y 3 se nos muestra cómo era Job por fuera. Job era cabeza de una familia numerosa, y además era un próspero y ocupado empresario. O sea, usted tiene que en su granja había entre doce y quince mil animales. Y eso que ahí nada más están contando las burras, no están contando los varones, no entiendo por qué.
Entonces, imaginen cuántas personas tenía Job bajo su cargo. ¿Cuántos empleados cuidando sus animales, alimentando sus animales, ordeñando sus animales, guardando sus animales? Entonces, cuando el texto dice que Job tenía muchísima servidumbre, entienda que estamos hablando de mucha gente que trabajaba con él. Muchas personas con las cuales él tenía que lidiar día tras día.
Ahora, hermanos que están aquí, principalmente los hombres, y especialmente los papás, yo quiero que ustedes estén conscientes que mientras yo les estoy hablando a ustedes, me estoy hablando a mí mismo. Y que aunque ustedes me ven aquí arriba de pie, yo estoy ahora mismo sentado al lado de mi esposa escuchándome a mí mismo. Porque esto que vamos a ver, esto que nos enseña Job, es algo que yo tengo que escuchar, escuchar, escuchar, escuchar. Y yo entiendo que todos los que estamos aquí, no solamente los hombres, todos debemos escuchar, porque realmente hay principios eternos que salen de este texto. Y por algo, el libro de Job no comienza en el capítulo 2, sino en el capítulo 1.
Entonces, yo quiero que nos concentremos en esto. Yo se lo voy a repetir varias veces en este mensaje. Es importante que entiendan: Job era un hombre de carne y hueso, igualito que yo, igualito que los hombres que están aquí. Su historia nos enseña, entre otras cosas, que no importa cuán grande sea tu familia, o cuán demandante sea tu oficio. Nosotros tenemos ejemplos en la Biblia que nos muestran que hombres con más hijos que tú y que yo, con trabajos más complicados que el tuyo y que el mío, han sido hombres intachables, de absoluta integridad, apartados del mal y que siempre obedecían a Dios.
Job es una muestra de un hijo de Dios siendo excelente en lo que él hace, siendo excelente en su trabajo secular, en su forma de administrar, en su forma de liderar, en su forma de dirigir a sus empleados. Por algo él llegó a ser el hombre más rico de todo el oriente, dice el versículo 3. Pero lo más importante es que él llegó a ser el hombre más rico de todo ese territorio sin descuidar el área más importante de su vida, que es su familia.
Vamos a ver que Job fue un papá ejemplar. Y nosotros vimos que Job tenía diez hijos: siete varones y tres mujeres. Y el texto luce indicar que cuando ocurrieron los hechos que se narran en el libro, ya sus varones eran adultos y que estaban casados. O por lo menos, si no estaban casados, vivían en sus casas de manera independiente. Y parece ser que sus tres hijas también eran adultas, pero eran solteras o muy jóvenes.
Entonces, vamos a leer el versículo 4. Dice: "Sus hijos acostumbraban ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para comer y beber con ellos." Bueno, este es solo un versículo. El versículo tiene una sola oración. Y es impresionante las cosas que nosotros podemos ver en este versículo. Es increíble los elementos que nos saltan de la labor de Job como papá y como cabeza de su hogar. Vamos a ver que nosotros podemos sacar principios de aquí que nos pueden ayudar a nosotros como padres y como cabezas de hogar para implementar en nuestras familias.
Lo primero que dice ahí: "Sus hijos acostumbraban." Todo el que ha criado un hijo sabe que una de las cosas más difíciles y que demanda mayores esfuerzos para un padre es enseñar un hábito. Crear una costumbre. ¿Ustedes saben por qué? Porque crear un hábito en un niño implica paciencia, pero más que paciencia, como se llama el sermón, implica también perseverancia, constancia e intencionalidad. Las buenas costumbres de nuestros hijos no se crean de manera espontánea. Los buenos hábitos no se crean de la noche a la mañana. Es un trabajo de enseñanza diaria y constante de los padres. Y aunque parezca un trabajo de nunca acabar, tenemos que convertirnos en padres que tengan el hábito de enseñar hábitos a nuestros hijos. ¿Entendieron? Tenemos que convertirnos en padres que tengamos el hábito de enseñar hábitos a nuestros hijos.
Y Job había enseñado a sus hijos algo muy importante: lo que es la familia y lo que significa la importancia de ser unidos. Job les había enseñado que la unidad familiar no es un concepto abstracto. "Unidad familiar." No, la unidad familiar es una virtud que requiere esfuerzo y dedicación.
Vamos a seguir leyendo el versículo 4. "Los hijos acostumbraban ir y hacían un banquete en la casa de cada uno por turno." Estos hijos de Job, ya adultos, habían aprendido que ellos tienen una responsabilidad compartida entre todos los hermanos, cada uno. Y un compromiso de mantener la cercanía, la relación de intimidad entre ellos. Job les enseñó un sistema práctico para poder mantener esa intimidad familiar. Dice que se reunían por turno.
Sigamos leyendo el versículo 4. Dice ahí: "E invitaban a sus tres hermanas para comer y beber con ellos." Y ese "invitaban" en el original lo que quiere decir es "mandaban a buscar." No era que les escribían como ahora por WhatsApp: "Mira, esta noche nos vamos a reunir en casa, por si tú quieres venir." Lo soltó. No. "¿A qué hora te paso a buscar? Yo quiero que tú estés aquí." O sea, esos siete varones les estaban modelando a sus esposas el amor que Job tenía por sus hermanitas. En buen dominicano, ellos eran niños con ellas.
Entonces, resumiendo: Job enseñó a sus hijos a ser unidos. Dos, a entender que mantener una unidad familiar implica esfuerzo, tiempo y planificación. Y tres, a celebrar juntos los hitos familiares. Y aunque quizás esa enseñanza de celebrar juntos pudiese parecer algo superficial porque estamos hablando de fiestas y ahí decía que comían y bebían, realmente no. Job sabía por qué lo estaba haciendo.
Vamos a hacer un ejercicio simple. Imaginemos que los hijos de Job se reunían en el cumpleaños de cada uno de ellos. ¿Cuántas fiestas? Diez. Y que también se reunían en el cumpleaños de las siete esposas. Van diecisiete. Imagínense que algunos de ellos ya tenían hijos y se reunían en el cumpleaños de los niños. Y también se reunían quizás en el cumpleaños del papá y de la mamá. Fácilmente estamos hablando que la familia de Job en el año se reunía entre veinte y veinticinco veces. Eso quiere decir que en un mes se reunían fácil dos veces o hasta semanal.
Ahora, ¿saben qué? Job sabía lo que esa cantidad de reuniones iba a hacer. Job sabía que sus hijos se iban a conocer mejor de adultos porque iban a compartir más. Él sabía que en esas reuniones, aunque la mayoría de las conversaciones eran triviales, iban a aparecer de cuando en vez conversaciones profundas y entre los hermanos iban a saber lo que está pasando en sus vidas, en sus casas. Job también sabía que esas siete esposas, que no son familia, se iban a hacer hermanas y que esas reuniones iban a hacer que quizás no hubiese diferencias entre ellas ni chismes. Pero Job también sabía que en esa cantidad de reuniones sus nietos, los hijos de sus hijos, iban a ir creciendo todos juntos. Job también sabía que si aparecía alguna diferencia entre dos hermanos, iban a tener que resolverla rápido. "Resuelve tu problema con Manuel, la semana que viene es en su casa. No lo dejes así, y tú sabes que tenemos que ir."
Entonces, como ustedes ven, Job sembró en sus hijos un hábito que realmente era importante. Y recuerden algo, hermanos: los hábitos en nuestros hijos trabajan como las ondas en el agua. Una pequeña onda circular se puede propagar y tener efectos enormes. De la misma forma, un pequeño hábito, ya sea bueno o ya sea malo, puede tener efectos profundos en la vida de nuestros hijos. Un pequeño hábito.
Entonces, yo sé que todos los padres que estamos aquí, en algún momento de nuestro proceso de crianza, nos hemos sentido extenuados, cansados. "Ya no puedo repetir lo mismo otra vez. Estoy cansado de decirle que apague la luz de la habitación cuando salga, que no deje la ropa tirada, que cuando llegue a la iglesia salude, que cuando llegue a la casa del tío le dé un beso a la tía." Y él no lo hace. O muchas veces lo que pasa es que vemos que nuestros hijos hacen las cosas que les decimos y decimos: "Eso no le llegó. Lo hizo por salir de mí, para no oírle la boca a su mamá. Pero yo no creo que eso haya quedado plantado en su corazón y que cuando él sea adulto y viva en otra casa, en su casa, él lo vaya a continuar haciendo."
Papá y mamá, no te canses, sigue haciéndolo. Y sé sincero contigo, dale un viaje a tu disco duro y recuerda que cuando tú estabas en tu casa, cuando tú tenías siete, ocho, nueve años, era a ti que te hacían las mismas cosas. Y piensa ahora cómo cuando tú te independizaste y te casaste, a ti te molestaba tu reguero y tú aprendiste a apagar la luz del baño. Y no solamente eso, ahora tú les estás enseñando eso mismo a tus hijos.
¿Saben qué les decía? Que el hábito se formó. Job formó el hábito en sus hijos. Sus hijos realmente aprendieron. Y vemos que aprendieron porque en el texto se ve que dice que ellos se reunían por turno. Es que es un versículo que no habla de un mandato que van a hacer en el futuro; ya lo hacían.
Y lo grande que dice el texto es que la fiesta no solamente era frecuente, sino que también duraban varios días. O sea que no eran fiestas por compromiso, mira, yo voy a la fiesta, pero voy 15 minutos y nos vamos. Era un momento que los hermanos disfrutaban estar juntos. Y una muestra de que ellos lo hacían y que lo disfrutaban.
Y aquí no quiero dañarle la película de Job, aunque este se enojará porque le di los avances. Pero si ustedes recuerdan, cuando cuentan que el techo se cayó, ¿quiénes murieron en la fiesta? Todos. ¿Y quiénes no murieron en la fiesta? Job y su esposa. Eso quiere decir que todos estaban en la fiesta, y ya Job pues su mamá no iba, ya no era obligado porque el papá y la mamá estaban ahí. Realmente el hábito ya lo tenían. Job había hecho de sus hijos personas con hábitos y buenas costumbres.
Y padres que están aquí, a pesar de que una parte integral de lo que es la educación de nuestros hijos es formar en ellos hábitos, tenemos que tener mucho cuidado y no caer en la trampa de enfocarnos solamente en aquellos buenos hábitos que solo son verificables externamente, y olvidarnos de trabajar en nuestros hijos hábitos que trabajen en su interior.
Hace muchos años yo escuché a Paul David Tripp ilustrar este punto de esta forma y me voy a apropiar de la ilustración. Imagínense que yo vivo en una casa grande y tengo un jardín enorme. Y yo estoy diseñando mi jardín y digo: en el centro del jardín, en el fondo, voy a sembrar un árbol de manzana para que cuando crezca se convierta en el protagonista del jardín, sea el foco de atención, el tema de conversación. Y yo siembro mi árbol y mi árbol comienza a crecer, a crecer, a crecer. Y veo que está poniéndose tan bonito que yo quiero lucir mi árbol no solamente de día sino también de noche, y compro luces para que de noche cuando yo haga reuniones se vea ese árbol grande. Y el árbol crece frondoso, fuerte, simétrico, precioso, la luz le da un toque increíble. Y la gente va a mi casa cada vez que hay algún barbecue y lo mira y dice: "¡Guau, Reinaldo, qué árbol tan precioso! ¿De qué es?" De manzanas, de manzana. "Pero yo no le veo una manzana a ese árbol." Sí, es que no tiene manzana. "Pero estamos en julio, época de manzana."
Y resulta ahora que mi proyecto de vida, el árbol de manzana de mi patio, me está haciendo quedar mal porque ahora delante de mis amigos yo luzco como un pobre jardinero que no tiene un árbol que se vea bien, y eso comienza a carcomerme. Pero imagínense que yo, en vez de ponerme a buscar qué está pasando con este árbol, será falta de mineral en su interior, será que tiene un hongo en la raíz y tengo que revisarlo, será que la tierra le falta humedad, yo no me quiero complicar la vida. Y como yo tengo unas reuniones el miércoles en la noche, yo voy al supermercado, compro cinco docenas de manzanas, un rollo de nailon, me subo a una escalera y comienzo a colgar las manzanas por todo el árbol. Y cuando prendo las luces en la noche, wow, qué árbol tan precioso.
Bueno, esto que estoy diciendo es triste y es cruel. Pero muchas veces nosotros los padres nos la pasamos colgando manzanas en nuestros hijos que puedan ser visibles para los demás, pero que sabemos que al final, como no son frutos de ellos, se van a podrir en pocos días. Porque nos enfocamos en cómo se ven ellos por fuera sin poner atención en lo que está pasando por dentro.
Increíblemente, papá Job tiene que enseñarnos respecto a este tema. ¿Qué dice el versículo 5? "Cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba" —hablando de los hijos— "y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos, porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones." Y termina el versículo diciendo: "Job siempre hacía así."
Job sabía que ser papá implicaba ser el sacerdote de su casa. Job sabía que Dios iba a pedirle cuenta del alma de cada uno de sus hijos. Job sabía que por más buenos hábitos que le haya enseñado a sus hijos, ellos no estaban vacunados contra el pecado. Job sabía que interceder por sus hijos era su principal prioridad.
Y este versículo 5 está lleno de estos términos que yo llamo "confrontadores de papá". Número uno, ¿cómo comienza el versículo? "Job enviaba a buscarlos y los santificaba." Enviaba a buscarlos. Enviar a buscar implica un esfuerzo de Job, una planificación, una intencionalidad. Era la responsabilidad de Job tener a sus diez hijos ahí después de la fiesta. No era una opción, "mira, cuando tú puedas ven." No, te estoy mandando a buscar. ¿Qué dice eso de papá Job? Que estaba al tanto de lo que tenía que hacer.
Pero sigue diciendo el versículo: "Y levantándose temprano." Ese levantarse temprano implica sacrificio de Job, pero sobre todo priorización. La ayuda, los bueyes, los camellos, las burras vienen después. Yo me levanto temprano para ver el corazón de mis hijos.
Pero no se acaba el versículo, sigue diciendo: "Ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos." Y "conforme al número" implicaba hacer sacrificios en la misma proporción de la cantidad de hijos y de la necesidad espiritual de cada uno. Por cada uno de manera particular, no por salir del paso.
Hay un término que se puso muy de moda, ya no se toca tanto, no se nota tan pequeño, pero que yo lo oía mucho en inglés, que era darle a nuestros hijos "tiempo de calidad". Y lo que te enseñaba era que lo importante era lo que tú hacías en ese tiempo. No importa si era poco, pero tiempo de calidad. Y ese fue un recurso que muchos padres usaron para justificar que no tenían tiempo, que llegaban tarde a la casa y le daban siete minutos al varón, pero era de calidad porque se pusieron a jugar Nintendo con él.
Job dedicaba tiempo en proporción a cada uno de sus hijos. Y Job tenía diez hijos. Mi esposa y yo tenemos tres hijos, los tres son varones. De hecho, mucha gente en la calle los confunde porque se parecen mucho físicamente por fuera. Pero por dentro son completamente diferentes. Y nosotros sabemos como padres que el tiempo que cada uno disfruta con nosotros es muy diferente al de su hermano. Y nosotros tenemos que saber que no podemos tratar a los tres iguales porque no lo disfrutan igual. Entonces, imagínense tener diez hijos, diez hijos. Job como papá sabía eso y por eso dice ahí "conforme, conforme al número de todos ellos."
Pero el versículo no se ha acabado todavía. Dice ahí: "Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones." Este papá está pendiente de ver si por si acaso uno de sus hijos pecó en contra del Señor en su corazón. No fue: "Mira, ven a casa que me contaron lo que hiciste en la fiesta anoche." No, es que yo quiero traerlo, yo quiero interceder por él, por si acaso en su corazón, aunque no lo haya manifestado, haya pecado contra Dios. ¡Wow! Reinaldo, tú estás oyendo: "Por si acaso en su corazón." Job como papá estaba previendo las posibles consecuencias eternas que el pecado pudiera tener en la vida de sus hijos. ¡Wow!
Y ya para rematar, el versículo termina diciendo: "Job siempre hacía así." No fue que, como nos pasa a nosotros, nos dieron duro en un sermón y arranco los dos días a hacer las cosas que me dijeron en el sermón y a los tres días vuelvo a lo mismo. Job siempre hacía así. Y a mí honestamente me molesta ver ese "siempre" ahí, porque Job era más ocupado que yo. Job tenía más hijos que yo, ¿y él siempre hacía así?
Y dije: no, eso tiene que ser una exageración de la Nueva Biblia de las Américas, voy a buscar en otra versión. Y fui a la Reina Valera. La Reina Valera dice: "De esta manera hacía Job todos los días." Fui a la Nueva Traducción Viviente, dice: "Esta era una práctica habitual de Job." Fui a Lenguaje Actual y dice: "Para Job esto era una costumbre de todos los días." Fui a la Nueva Versión Internacional y dice: "Para Job esta era una costumbre cotidiana." Como el periódico. No, eso es el español. En inglés, King James, traducción literal, así: "Así Job continuamente."
Hermano, no le podemos bajar. Es que lo dice la Palabra, o sea, el mensaje es claro: perseverancia. Esa es la palabra clave: perseverancia. Tiene diez hijos. La definición de perseverancia: mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, ya sea en una actitud o en una opinión o en una actividad constante.
Ok, Reinaldo, entendí. Ahora dime hasta cuándo. Bueno, el texto lo dice. Ahí dice: "Job presentó sacrificios por cada uno de sus hijos menores de 18 años." ¿Dice eso ahí? "Y Job santificó a todos sus hijos que vivían bajo su propio techo." ¿Dice eso ahí?
Hermanos, padres, nuestro papel de padre no termina cuando el hijo sale de nuestro hogar, o cuando cumple la mayoría de edad, o cuando se casa. Simplemente nuestro papel como padres cambia, se transforma, sufre una metamorfosis.
Y hay una ilustración que a mí me encanta. Dice que la educación y la relación del padre con el hijo se parece mucho a cuando tú estás con tu hijo en una cancha de fútbol. Y mientras el niño está pequeño, tú estás enseñándole a jugar fútbol y estás jugando con él, tocando la bola, enseñándole skills, viendo jugadas, diciéndole cómo se hace la cosa, cómo son las reglas, y tú juegas con él dentro de la cancha. Cuando ese niño ya se hace un joven, ese adolescente, llega un momento que tú tienes que dar un paso atrás y salir de las rayas de la cancha, sentarte en el banco del entrenador y desde afuera dar la instrucción. Pero va a llegar un momento ya como adulto que tú das otros pasos atrás, te quitas de ese banco y te sientas en la grada. En primera fila, pero en la grada. Y tú simplemente estás ahí viendo a tu hijo jugar, afirmándolo, pendiente por si hay una mirada y él tiene algo que te quiere decir. Si él quiere, yo sigo siendo su papá, pero mi función con él se fue transformando. Y ahí nosotros muchas veces nos perdemos.
Pero yo te voy a decir algo: una de las principales funciones que tiene el papá del hijo adulto es orar por él. Orar intencionalmente. Cuando tú oras por tus hijos te mantienes tan cerca de ellos que puedes escuchar su voz, pero también puedes escuchar su corazón.
Tú quieres mantenerte cercano de tu hijo. Ahora, ora por él. Es más, Reinaldo, dile a tu hijo: "Mi amor, ¿por qué tú quieres que yo ore por ti? ¿Qué ellos sepan que tú oras por ellos?" Pregúntale, para que ellos vean que tú te has preocupado por su corazón.
Pero yo sé que quizás hay gente que está aquí que no ha tenido hijos. Ya no era el momento que yo tuve hijo, pero ya crecí, ¿no? Tú no dejas de criar. Tú no dejas de criar, siguen siendo tus hijos. O quizás alguna hermana que dice: "Bueno, yo no soy hombre, yo estoy exenta de eso." No. El modelo de Job también te aplica a ti, sea porque todo lo que está aquí, que es hijo de Dios, en su vida va a tener varias certezas, y yo te voy a decir tres certezas que tú vas a tener en tu vida.
Primero, tú puedes tener la certeza de que tú vas a morir y que tienes vida eterna. También tú puedes tener la certeza de que el mismo Dios habita en ti por medio de su Espíritu. Pero todos los hijos de Dios podemos tener la certeza de que vamos a pasar por pruebas y vamos a experimentar dolor y sufrimiento, como Job. La pregunta es: ¿Cómo responderás en el momento de la aflicción? ¿Dónde tú buscarás alivio y refugio en medio del dolor? ¿Cómo tú encontrarás la razón de tu prueba? ¿Tú culparás a algo o a alguien de tu sufrimiento?
Vamos a ver cómo respondió Job. En el mismo capítulo uno, el versículo del 13 al 22, comienza a contar un pasaje muy conocido, cuando comienzan a llegar los mensajeros, los sirvientes, a contarle las malas noticias. Y hay algo que pone el corazón pequeñito, que siempre dice: "Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo..." Ya unos decían que habían matado los bueyes, otro dijo que bajó fuego de Dios caído del cielo y quemó las ovejas y a los criados y los consumió. "Solo yo escapé para contárselo a usted." Y mientras este estaba hablando, vino otro y dijo: "Los caldeos formaron tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contárselo a usted."
En un momento, todos los animales murieron y sus sirvientes también. Pero dice el versículo 18: "Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: Sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor, y entonces vino un gran viento del otro lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, y esta cayó sobre los jóvenes, y murieron. Solo yo escapé para contárselo a usted."
Y este hombre de carne y hueso, igualito que tú y que yo, hace lo siguiente. Versículo 20: "Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra adoró. Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó. Bendito sea el nombre del Señor." Y dice versículo 22, en todo —y cuando dice todo es en todo lo que pasó—, en todo esto Job no pecó ni culpó a Dios.
Mano, otra vez lo digo: no era un superhéroe, no es un personaje de ficción, no es ni siquiera un hombre perfecto como dice la Reina Valera. Es simplemente la evidencia externa y palpable de un hombre cuyo interior se describe en el versículo 1. Ese Job del versículo 22 es una respuesta externa del Job que se describe en el interno en el versículo 1. ¿Y cómo dice que era el Job del versículo 1? Intachable, temeroso de Dios, alejado del mal, que siempre huía del mal.
Es como el ejemplo del tubo de pasta de diente. Cuando Satanás apretó a Job, lo que salió desde dentro de él es simplemente lo que tenía dentro. Hermano, nuestra respuesta a la prueba nunca va a ser obra de la casualidad o de la suerte. No piensen que si me agarra un buen día yo responderé como Job, pero si fue uno de la mañana, lo siento. No. Nuestra respuesta a la prueba dependerá del trabajo que hayamos hecho, del trabajo que hayamos dejado hacer al Espíritu Santo en nosotros. Solamente podremos salir victoriosos de la prueba si a través de nuestra relación con Dios y el obrar del Espíritu Santo en nosotros hemos formado un carácter conforme al de Cristo.
La medalla de oro que gana un atleta no es el resultado exclusivamente de haber ganado la competencia final. Ese premio es resultado de horas de práctica, días de sacrificio, meses de esfuerzo y años de preparación. En el instante que Satanás apretó a Job, salió de su interior adoración y obediencia. ¿Saben por qué? Simplemente porque por años él estuvo introduciendo en él adoración y obediencia.
Dios conocía bien a su siervo Job. Dios sabía lo que había dentro del interior de Job. ¿Se recuerdan cómo fue la conversación entre Dios y Satanás? Job 1:7-8: "Y el Señor preguntó a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió al Señor: De recorrer la tierra y andar por ella. Y el Señor dijo a Satanás..." O sea, Satanás no lo mencionó, ojo, él no lo mencionó, pero Dios lo menciona: "¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra. Es un hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal."
Dios es el que le pone el tema a Satanás de Job. Dios es el que le da la idea a Satanás de probar a Job. En buen dominicano, Dios como que le dio en el medio a Job. ¿Se sabe por qué? Porque Dios en su soberanía y omnisciencia sabía cómo iba a reaccionar su siervo. Y nosotros lo vimos cuál fue su primer reacción: postrándose en la tierra adoró, y en todo esto Job no pecó ni culpó a Dios.
Y más adelante en el libro, cuando su esposa le dijo que maldijera a Dios y se muriera, ¿cómo le respondió? "¿Aceptaremos el bien de Dios, pero no aceptaremos el mal?" En todo esto Job no pecó con sus labios. Y cuando más adelante está hablando con sus amigos consejeros, ¿cómo les responde? "Aunque Dios me mate, en Él esperaré. Sin embargo, defenderé mis caminos delante de Él."
Y en su momento de mayor desesperación, ¿cómo clamó Job? Job 19:25-29, estoy leyendo la NTV: "Pero en cuanto a mí, yo sé que mi Redentor vive, y un día por fin estará sobre la tierra. Y después que mi cuerpo se haya descompuesto, todavía en mi cuerpo veré a Dios. Yo mismo lo veré. Sí es, lo veré con mis propios ojos. Y este pensamiento me llena de asombro."
En esa prueba, Dios le mostró a Job que Él es mucho, mucho, mucho más grande de lo que él se imaginaba. Y le mostró aspectos de su carácter que Job no podía conocer en la prosperidad, sino en el sufrimiento. Fijémonos cómo responde Job a Dios al final de su prueba. Job 42, el versículo 5: "Hasta ahora solo había oído de ti, pero ahora te he visto con mis propios ojos."
Estamos hablando de una persona que la muestra que tenemos en la Biblia de su vida devocional tiene que ver con lo relacionado a sus hijos. Imagínense ahora el tiempo que él le dedicaba orando por sus empleados, orando por él por sabiduría. Y ese hombre con esa vida devocional, con esa relación con Dios, dice: "Hasta ahora solamente había oído de ti."
A pesar de que Job era un hombre íntegro, piadoso, con una vida devocional ejemplar, Dios sabía que el carácter de Job iba a ser todavía mejor después de la prueba. Él sabía que ese mejor conocimiento que Job iba a tener de Él lo iba a hacer un mejor hombre de Dios, increíblemente mejor todavía que el que está descrito en Job 1:1, por la prueba.
Y me atrevo... voy a cambiar. ¿Tú te has puesto a pensar que muchas de nuestras pruebas son el resultado de oraciones nuestras contestadas? Cuidado, la prueba que tú estás sufriendo es la respuesta de Dios a algo que tú pediste. Y no es que nosotros hemos orado específicamente: "Señor, pruébame", sino que le hemos pedido al Señor que cambie algún aspecto de nuestro carácter, o que nos haga más dependientes de Él, o que nos acerque más a Él, o simplemente hemos orado y le hemos pedido que lo queremos conocer mejor. Y la mejor forma en que el Señor obra en nuestro carácter es a través de las pruebas.
¿Tú no me has pedido paciencia? ¿Y cómo el Señor te da la paciencia, en el café de la mañana? No. Poniéndote en situaciones donde esa paciencia se va a ir ejercitando. O que has orado: "Señor, yo quiero depender más de ti." Ahora por mí, que me llamaron del trabajo, que están reduciendo el personal y me cancelaron. Yo estaba orando por dependencia del Señor. Oh, el Señor te está enseñando a ser dependiente de Él. ¿O quién no ha orado: "Señor, dame más amor por mis hermanos"? ¿Cómo es que lo va a mostrar? Poniéndote a ese hermano al lado.
Entonces, piensa de nuevo en el atleta. Piensa ahora en un corredor. El corredor practica y se prepara para una carrera. Viene a la carrera y logra un resultado en tiempo. Sigue practicando y mejora su rendimiento. Y en la próxima carrera logra un mejor resultado. Así mismo pasa en nuestra vida cristiana. Se convierte como en un círculo virtuoso. Con las pruebas, el Espíritu Santo va formando nuestro carácter, mejoramos nuestro carácter y respondemos mejor a la siguiente prueba. Vienen pruebas más difíciles y el Espíritu nos sustenta en nuestro carácter, se sigue moldeando. Y así continuamos en un proceso de santificación. El Señor nos va santificando de prueba en prueba.
Ahora yo te quiero dejar con esta esperanza gloriosa. Lo más seguro es que nosotros nunca llegaremos a un nivel de santificación que Dios le pueda decir a Satanás: "¿Te has fijado en mi siervo...?" —ponte tu nombre ahí; yo no quiero decir ni el mío ahí— "...porque no hay ninguno como él sobre la tierra, es un hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal." Yo no creo que lleguemos ahí.
Pero al descansar, hermano, no importa que lleguemos ahí, no importa, porque hubo un día cuando Dios le dijo no solamente a Satanás, a todos los demonios, a los ángeles, a los hombres, a toda su creación: "Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido." Y ese Hijo amado sí vivió una vida perfecta, cumplió la ley, nunca pecó, murió y resucitó para que tú y yo seamos intachables delante del Padre. Es como que estamos corriendo la carrera con la medalla de oro puesta. Ya Él corrió, Él está del otro lado de la meta esperando. Nosotros nos ejercitamos y tratamos de hacer un buen papel para sacarle una sonrisa al Señor.
Y no solamente eso, sino que Dios nos dejó al Consolador para que en la prueba podamos recurrir a Él y entonces, llenos de Él, podamos andar en las obras que Dios preparó de antemano para nosotros. Nosotros vamos de la mano del Señor, porque Cristo el intachable nos preparó el camino. Nosotros realmente vamos a crecer, vamos a madurar, vamos a moldear nuestro carácter, mejor dicho, vamos a dejar que Él moldee nuestro carácter para sacarle esas sonrisas al Señor. En el poder del Espíritu nosotros seremos mejores hijos de Dios, en Su poder.
Job fue restituido. Primero tuvo que pasar su prueba, y Dios lo restituyó. Y dice al final que tuvo el doble de lo que tenía antes. Y algo que me sacó lágrimas leyendo un comentario es que de lo único que Él no le dio el doble fue de sus otros hijos; él tuvo igual, diez hijos más, siete varones y tres mujeres. ¿Ustedes saben por qué no le dio el doble? Porque le dio la esperanza de que en el cielo los vería. Job conoció un Dios misericordioso y fiel, que lo acompañó y le enseñó cosas que él nunca soñó con ver.
Nosotros en el poder del Espíritu Santo podemos ser mejores hijos de Dios, y yo creo que lo voy a terminar como terminó el pastor Chacho el sermón pasado. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder formar nuestro carácter. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder ser mejores padres y madres. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder ser mejores esposos. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder ser excelentes trabajadores y jefes. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder responder correctamente a las pruebas. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder tener paz en medio del dolor y el sufrimiento. Necesitamos ser llenos del Espíritu Santo para poder andar como Él anduvo.
Señor, levantamos tu nombre. Padre, gracias, Señor, porque no estamos solos. Gracias, Señor, porque simplemente estamos en el camino que Tú nos trazaste y Tú nos llevas de la mano. Tú nos guías, Señor. Yo te quiero pedir ahora que todos los que estamos aquí podamos revisar de nuevo en nuestras casas, Señor, todas estas enseñanzas que parecen sencillas o que simplemente les pasamos por alto, pero que nos dicen tanto de cómo un siervo de carácter, Señor, funciona en todos los aspectos de su vida.
Gracias por el ejemplo de Job. Gracias porque Job no solamente nos enseñó a ser pacientes, sino que nos enseña también a ser padres, a ser adoradores de nuestro Dios. Gracias por Tu Palabra. Yo te quiero pedir, Padre, que Tú nos llenes de Tu Espíritu para que nosotros podamos, como hombres que estamos aquí como cabeza del hogar, pararnos en la brecha, Señor, y decidir primero proteger a nuestros hijos, proteger a la segunda generación, y poder pararnos delante del mundo y decir que el que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo, Señor.
Por Tu honor podemos hacerlo, solo en un espíritu de obediencia, de adoración, y que nosotros como Job podamos postrarnos y adorar, y tener una vida que no importa la circunstancia, no importa el día, no importa lo que pase, al final nuestras respuestas siempre sean postrarnos y adorarte, Señor, solo por lo que Tú eres, Padre. En Cristo Jesús. Amén.
Reynaldo Logroño conoció al Señor en 1980 y es miembro de la IBI desde 2007. Ha servido en Consejería Prematrimonial, GPS, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa. Desde 2010 dirige, junto a su esposa, la Escuela Bíblica Dominical, y desde 2017 es director del Ministerio Integridad & Sabiduría. Licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr. Casado con Jenny Thompson desde 1993; padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.