La salvación pertenece al Señor, y el libro de Jonás lo ilustra de principio a fin. Dios persigue intencionalmente a pecadores que no lo buscan —los marineros paganos, los asirios de Nínive, el mismo profeta rebelde— para mostrarles misericordia. Jonás huye porque conoce bien a su Dios: sabe que es clemente, compasivo, lento para la ira y rico en misericordia. Y precisamente por eso no quiere ir. Aborrece a los asirios, opresores de Israel, y prefiere verlos destruidos. Pero Dios no castiga a Jonás con la tormenta; lo detiene. La tempestad es la forma en que el Señor resiste la huida de su profeta para cumplir su propósito de salvación.
El arrepentimiento atraviesa toda la historia como un hilo conductor. Los marineros temen a Dios más que el mismo profeta que dice conocerlo; Jonás se rinde cuando reconoce que no puede esconderse; los ninivitas creen y se vuelven de sus malos caminos. Cuando Jonás clama desde el vientre del pez, no apela a sus méritos sino al templo santo donde estaba el propiciatorio, el lugar del sacrificio. El pez no era su castigo sino su salvación: para un hombre muerto, ese vientre oscuro era la gloria.
Sin embargo, el corazón de Jonás permanece endurecido. Se enoja cuando Dios perdona a Nínive y lamenta más perder la sombra de una planta que la destrucción de ciento veinte mil personas. La lección es directa: si no cambia el corazón, volveremos a nuestros caminos de rebelión. Jesús se identificó con Jonás porque vino con la misma misión —llamar a los pecadores al arrepentimiento— y ahora nos envía a nosotros como los Jonases de esta generación.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Vimos, hermanos, para mi vida en su Palabra. Bueno, vamos a leer el libro de Jonás, vamos a leer el capítulo 1 y empezamos.
Vino palabra del Señor a Jonás, hijo de Amitai, diciendo: Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella porque su maldad ha subido hasta mí. Pero Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor, y descendiendo a Jope encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor.
Y el Señor desató sobre el mar un fuerte viento y una tempestad tan grande en el mar que el barco estuvo a punto de romperse. Los marineros tuvieron miedo y cada uno clamaba a su dios, y arrojaron al mar la carga que estaba en el barco para aligerarlo. Pero Jonás había bajado a la bodega del barco, se había acostado y dormía profundamente. El capitán se le acercó y le dijo: ¿Cómo es que estás durmiendo? Levántate, invoca a tu Dios, quizás tu Dios piense en nosotros y no perezcamos.
Y cada uno dijo a su compañero: Venid, echemos suertes para saber por causa de quién nos ha venido esta calamidad. Y echaron suertes y cayó la suerte sobre Jonás. Entonces le dijeron: Decláranos ahora por causa de quién nos ha venido esta calamidad. ¿Qué oficio tienes y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra y de qué pueblo eres? Y él respondió: Soy hebreo y temo al Señor Dios del cielo que hizo el mar y la tierra.
Los hombres se atemorizaron en gran manera y le dijeron: ¿Qué es esto que has hecho? Porque ellos sabían que él huía de la presencia del Señor por lo que él les había declarado. Entonces le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se calme en torno nuestro? Pues el mar se embravecía más y más. Y él les dijo: Tomadme y lanzadme al mar, y el mar se calmará en torno vuestro, pues yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.
Los hombres se pusieron a remar con afán para volver a tierra firme, pero no pudieron porque el mar seguía embravecíendose contra ellos. Entonces invocaron al Señor y dijeron: Te rogamos, oh Señor, no permitas que perezcamos ahora por causa de la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros sangre inocente, porque tú, Señor, has hecho como te ha placido. Tomaron pues a Jonás y lo lanzaron al mar, y el mar se sosegó en su furia. Y aquellos hombres temieron en gran manera al Señor, ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. Y el Señor dispuso un gran pez que se tragara a Jonás, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches.
Ahora, es algo interesante o curioso que puedan pensar que haya escogido yo este libro para compartirlo aquí. Afortunadamente me dijo Miguel que él nunca predica el libro de Jonás, y dije yo: Va, es de Dios, va. Porque era difícil encontrar algo que a lo mejor él no hubiera predicado. Pero este es un libro muy importante en la Biblia. Es el único libro profético en el que Jesús señala y señala que se asemeja a su ministerio. Es el que Jesús dice: Así como Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches, así el Hijo del Hombre estará en el seno de la tierra por tres días y tres noches. Entonces hay algo muy importante en lo que está sucediendo con Jonás que nosotros necesitamos saber.
Aunque este es un libro de los profetas, no hay profecía aquí, es la historia del profeta. Él fue y profetizó a Nínive, pero es un libro que en sí no contiene ninguna profecía fuera de lo que él fue y declaró en Nínive. Pero es un libro muy importante por esto: es un libro que exalta que la salvación es del Señor, le pertenece al Señor, define al Señor, que nuestro Dios es un Dios que salva. Y lo vamos a ver ilustrado en toda esta historia de una manera muy importante.
Ahora, ¿cómo empieza este libro? Empieza con un llamado a un profeta y un profeta resistiéndose a hacer este llamado. Entonces el libro como que compara la intencionalidad de Dios para salvar, comparándola con la resistencia de un profeta de ir y ser un medio de salvación para un pueblo. Y eso es lo que lo hace, creo, más significativo. Hay una tensión aquí.
Y Jonás no quiere ir porque dice ahí en el versículo 4:2 que él no quería ir porque él sabía que Dios era un Dios clemente y compasivo, lento de ira y rico en misericordia. Entonces él no iba a juzgar a Nínive, lo cual Jonás quería que juzgara a Nínive. ¿Por qué? Porque Jonás aborrecía a los asirios. Nínive era la capital de Asiria, y Asiria era el imperio que dominaba la región. Israel, que era el país donde estaba Jonás, el reino norte de Israel, servía a los asirios y le rendía tributo a los asirios, y eran opresivos. Y había mucha maldad en este pueblo, una nación pagana y una ciudad maligna.
Entonces él huye, toma un barco, se va a un puerto fenicio y toma un barco que iba rumbo al puerto más lejano que había en ese mundo civilizado. El puerto de Tarsis, que viene siendo como más o menos en la zona de Cádiz, en esa parte de ahí en la punta de la península ibérica. Lo más lejano que podía huir, allá quería huir, y dice de la presencia de Dios.
Ahora, uno puede pensar: Bueno, Jonás no conocía a Dios y pensaba que podía huir de su presencia. Pero noten ustedes que Jonás, ahí en el versículo ese 4:2 que acabo de mencionar, está haciendo referencia de Dios correctamente. Él dice: Yo sabía que tú eres un Dios clemente, compasivo, lento para la ira y rico en misericordia. O sea, él entendía cómo era Dios. Lo que pasa es que se estaba engañando a sí mismo pensando que podía huir de la presencia de Dios.
Y nosotros podemos ser así. Podemos ser selectivos de lo que nosotros escogemos de nuestro conocimiento de Dios. Agarramos una parte, usualmente nosotros agarramos la parte de que Dios es compasivo y clemente y lento para la ira y paciente y todo eso, y dejamos otras partes que no nos gustan. Bueno, Jonás estaba agarrando una parte y no estaba agarrando el que Dios era compasivo y clemente. Y obviamente él estaba diciendo: Mi Dios, no me gusta que no juzgue a aquellas personas que son mis enemigos.
Jonás estaba reaccionando a eso y parecía que se quería esconder de Dios. No solamente se fue en el barco, sino que se fue y se metió en el almacén, y allá abajo se fue y se escondió, y ahí estaba dormido. Obviamente nosotros sabemos por la historia, y debemos saber por nuestra teología, que no podemos escondernos nunca de la presencia de Dios. Jonás aparentemente no lo quería reconocer.
Y la tormenta es la manera de Dios de resistir a Jonás y de forzar a Jonás a que haga lo que él estaba pidiéndole que hiciera. La tormenta no es un castigo, la tormenta es Dios deteniendo a Jonás para que se diera cuenta que él no podía huir de su presencia. La tormenta era precisamente la intencionalidad de Dios de mandar un mensaje a Nínive.
A veces el problema es que pensamos que toda esta historia se trata de Jonás, pero Jonás escribió este libro no para contar su historia, para contar la historia de Dios intencionalmente persiguiendo y buscando salvar a un pueblo que no lo estaba buscando, que era pagano, era malvado, oprimía al pueblo de Dios, y sin embargo el Señor le estaba mandando un profeta.
Ahora, una parte importante en este primer capítulo que quiero que notemos es que hay un subtema en este libro. No solamente la intencionalidad de Dios de mostrar misericordia, pero el subtema es un tema de arrepentimiento. Y noten ustedes cuántos versículos de este capítulo están dedicados a la historia de los marineros. Y noten ustedes que los marineros tenían más temor de Dios que el mismo Jonás, que conocía de Dios. Estaba queriendo esconderse de la presencia de Dios, y los marineros que no conocían a Dios, que estaban ahí clamando a sus dioses con minúscula, estaban más temerosos y buscando.
Y diciendo: Esta tormenta tiene algo que ver con una fuerza sobrenatural que nos está resistiendo. Y empiezan a clamar y empiezan a buscar. Y cuando van y encuentran a Jonás durmiendo, el capitán le dice: Clama a tu Dios, pide a tu Dios, nosotros todos tenemos dioses diferentes, a lo mejor el tuyo sí sirve, a lo mejor él puede hacer algo por esa tormenta. No sucede nada, echan suertes y la suerte cae sobre Jonás.
Y cuando él revela que viene huyendo de Dios, y mediante ahí también saben que la causa del problema era Jonás, noten que no menospreciaron a ese Dios, sino que le pidieron: Entonces, ¿qué vamos a hacer? Y cuando él dice: Échenme por la borda, noten qué bien estos hombres, temerosos de ese mismo Dios que Jonás servía, no lo quieren lanzar por la borda. Ellos no lo agarraron, digamos, y lo lanzaron. Bueno, tómenlo y échenlo. No, dice que se pusieron a remar para tratar de llegar a la costa, a la playa de nuevo, al muelle donde estaban. Quisieron remar para llegar y dejarlo allá, que no muriera Jonás, porque tenían temor de Dios.
Hermanos, el arrepentimiento empieza con esa conciencia de que nuestras vidas están bajo la cobertura de Dios, está bajo la visión de Dios, empieza con el temor de Dios. Por eso el principio de la sabiduría es el temor de Dios.
Y noten ustedes que estos hombres, en el versículo 16 antes de terminar el capítulo, dice que aquellos hombres temieron en gran manera al Señor, ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. Y cuando lanzaron a Jonás, la tormenta se sosegó y ellos salvaron sus vidas.
El libro tiene este tema de qué es lo que Dios está buscando. Dios no quería la destrucción de los marineros. Eran fenicios, también eran paganos. Dios quería la salvación, y usó la resistencia que estaba trayendo sobre Jonás para salvar también a esos marineros, para revelarse a esos marineros, para que esos marineros pasaran de ser marineros paganos a marineros temerosos del Señor Dios del universo.
Y esto es importante, que veamos cómo el Señor está obrando continuamente. Ahorita que Miguel hablaba del ajedrez, que el Señor mueve sus piezas, ¿por qué lo está haciendo, hermanos? No porque quiere armar una estructura continental latinoamericana de iglesias y redes. Su propósito es muy sencillo: quiere mostrar misericordias a los pecadores que no lo conocen. Y por eso mueve las piezas, y acá veamos cómo movió a Jonás, cómo movió a los marineros, y sigue el Señor salvando.
Pero también tenemos que ver que Jonás da un paso hacia ese temor de Dios también. Cuando él ya sabe que está descubierto, cuando él ya sabe lo que Dios está buscando, él se rinde, él se rinde y se entrega a las manos de Dios. Les dice: "Lánzenme al mar." Él podía haber inventado otro cuento, pero él sabía que no podía huir de Dios, que era Dios el que lo estaba persiguiendo. Y dice: "Lánzenme al mar." Se rinde, se dispone para que se haga la voluntad de Dios.
Entonces, el arrepentimiento inicia con el temor de Dios, y luego vemos en Jonás que el arrepentimiento empieza a dar su fruto cuando nosotros dejamos de huir. Cuando nosotros nos rendimos delante de Dios. Yo me acuerdo, una vez uno de mis hijos vino conmigo llorando en un servicio y me dice: "Papá, está bien, me rindo." Hermanos, ese es el principio de la conversión. Cuando venimos con Dios y le decimos: "Señor, haz conmigo lo que tú quieras. Me rindo, dejo de correr, dejo de huir."
Yo no sé cuántos, si pidiera yo que levantaran la mano, cuántos de ustedes dirían: "Así fue mi vida, así fue mi conversión." Cuando dejé de huir, cuando dejé de esconderme de Dios y dije: "Aquí estoy, pues Dios, haz conmigo lo que tú quieras." Ahí está ilustrado en Jonás. Y yo no sé, en una congregación de este tamaño, cuántos de ustedes están aquí que no han llegado a ese paso. Tal vez están aquí porque empiezan a tener ese temor de Dios, saben que Dios está ahí. Yo quiero invitarte a que ores, y a través de todo este libro, esta mañana que me estás escuchando, tú consideres que el siguiente paso para tu vida es que tú te rindas delante de ese Dios. "Aquí estoy, Señor, haz conmigo lo que tú quieras." Así como Jonás se entregó, se rindió y se entregó en sus manos.
Luego, ¿qué fue lo que pasó? Lo lanzaron al mar, vino un pez y se lo tragó. Y ahí es donde vamos a continuar ahora con el capítulo 2. Es un capítulo cortito, pero vamos a orar. Jonás está orando desde el vientre del pez.
Capítulo 2:1: "Entonces oró Jonás al Señor su Dios desde el vientre del pez, y dijo: En mi angustia clamé al Señor y él me respondió; desde el seno del Seol pedí auxilio y tú escuchaste mi voz. Pues me habías echado a lo profundo, en el corazón de los mares, y la corriente me envolvió; todas tus encrespadas olas, todas tus ondas pasaron sobre mí. Entonces dije: He sido expulsado de delante de tus ojos; sin embargo, volveré a mirar hacia tu santo templo. Me rodearon las aguas hasta el alma, el gran abismo me envolvió, las algas se enredaron a mi cabeza. Descendí hasta las raíces de los montes; la tierra con sus cerrojos me encerraba para siempre. Pero tú sacaste de la fosa mi vida, oh Señor Dios mío. Cuando en mí desfallecía mi alma, del Señor me acordé, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo. Los que confían en vanos ídolos su propia misericordia abandonan. Mas yo, con voz de acción de gracias te ofreceré sacrificios; lo que prometí, pagaré. La salvación es del Señor. Entonces el Señor dio orden al pez, y este vomitó a Jonás en tierra firme."
Jonás, en su disposición, se entrega a las manos de Dios, lo lanzan, y en esta oración dice que en el vientre del pez él oró, hizo esta oración, y describe lo que él vivió cuando fue lanzado. Entonces él empieza a hundirse. Me encanta que dice que empezó a enredarse con algas y empezó a hundirse cada vez más profundo, al punto que dijo: "Las puertas se empezaron a cerrar y yo estaba perdido para siempre."
Pero hay un momento ahí en donde empezamos a ver la luz del conocimiento que tenía Jonás de Dios. Él entiende que lo lanzó al mar fue Dios, él entiende que las olas que lo cubrían venían de Dios. Dice: "Tus olas, tus ondas me cubrieron; era tu mar, eras tú el que me estaba aprisionando. Yo pensé: estoy perdido, estoy muerto." Este hombre se consideraba hombre muerto, ¿ok?
Pero ¿qué hizo Jonás? Dice: "Sin embargo, yo volteé mis ojos a tu templo y pedí auxilio, pedí misericordia." Y entonces vino el pez. El pez no estaba ahí esperándolo cuando lo lanzaron. No, lo lanzaron al mar, se empezó a hundir, y cuando él clamó, vino el pez y se lo tragó.
Ahora, tú puedes saber, pensaba yo, he visto caricaturas y dibujos que hacen de Jonás adentro del pez, y tú puedes decir: "¡Qué cosa tan horrible estar en un estómago de un pez tres días!" Pero para un hombre muerto, estar en el vientre de un pez era la gloria, era su salvación. El pez no era el castigo de Jonás; el pez era el salvador de Jonás. Porque él estaba muerto, y así lo tomó, y así lo consideró.
Y cuando él voltea, cuando él voltea, voltea porque tiene una esperanza. Miren el versículo 7, dice: "La vida se me escapaba, recordé al Señor, elevé mi oración sincera hacia ti, en tu santo templo." Y hace referencia a los dioses falsos; dice que los dioses falsos le dan la espalda a la misericordia. Sé que les dije que este libro trata de la misericordia de Dios. Jonás, cuando estaba en el vientre del pez, estaba pensando: "¡Qué grande es la misericordia de mi Dios! Yo pedí auxilio, yo clamé al Señor, yo me acordé de su santo templo."
¿Y qué es lo que había en el templo de Israel? ¿Qué había en el templo? ¿Qué es lo que estaba ahí? Ahí estaba el Señor, y estaba la presencia del Señor en el templo porque ahí estaba el arca, y donde estaba el arca estaba el propiciatorio, donde se ofrecían los sacrificios por el pueblo. Ahí en el templo, en el santo templo del Señor, estaba la esperanza de Israel, porque la salvación y la misericordia a la que estaba clamando Jonás no era sobre las bases de su mérito. Él sabía que era culpable, él sabía que había huido del Señor.
Pero dice: "Yo me acordé de su santo templo. Yo me acordé que cuando tú nos decías en tu ley que si nosotros pecamos contra ti, volteáramos a ese templo, fuéramos a ese templo, ofreciéramos un sacrificio en ese templo, para que por los méritos de ese sacrificio tuvieras misericordia de nosotros."
Entonces Jonás se acuerda de ese santo templo, y por los méritos del templo él reconoce que recibió la salvación, y su conclusión es muy sencilla: la salvación es del Señor. El pecador puede clamar a un Dios que ha provisto un sacrificio en su templo para recibir misericordia.
Veamos entonces los dos temas: insistencia del Señor en la misericordia a los pecadores —misericordia para Nínive, misericordia para los marineros, misericordia para Jonás— y el subtema: el proceso del arrepentimiento —temor de Dios, rendición, y ahora confianza y fe en que allí, en ese templo, está nuestra esperanza, fe y confianza de poder clamar a ese Dios, que por los méritos del altar podemos recibir misericordia.
Vamos al capítulo 3. Y disculpen, hermanos, hay muchas más cosas que yo creo que se les están viniendo a la cabeza, pero vamos rapidito porque tenemos que ver los cuatro capítulos.
Entonces el Señor dio orden al pez, y este vomitó a Jonás en tierra firme. Jonás ya está de nuevo en tierra firme, y le vuelve a hablar el Señor. ¡Qué bueno es el Señor, que es paciente con nosotros! Gracias a Dios, vuelve a hablar. "Vino palabra del Señor por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra del Señor. Y Nínive era una ciudad sumamente grande, de un recorrido de tres días. Y Jonás comenzó a recorrer la ciudad, camino de un día, y proclamaba diciendo: ¡Dentro de cuarenta días Nínive será satisfecha!"
"Y los habitantes de Nínive creyeron en Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Cuando llegó la noticia al rey de Nínive, se levantó de su trono, se despojó de su manto, se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive por decreto del rey y de sus grandes, diciendo: Ni hombre ni bestia, ni buey ni oveja prueben cosa alguna; no pasten ni beban agua, sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios con fuerza, y vuélvase cada uno de su mal camino y de la violencia que hay en sus manos. ¿Quién sabe si quizá Dios se arrepienta y aparte el ardor de su ira, y no perezcamos? Y vio Dios sus acciones, que se habían apartado de su mal camino. Entonces se arrepintió Dios del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo."
Me encanta este capítulo. Una ciudad grande como mi ciudad, con una gran maldad; una nación que no buscaba al Dios verdadero; opresores de muchas otras naciones, abusivos. No había ninguna razón por la que Dios quisiera o debiera mostrar misericordia hacia Nínive.
Nosotros, hermanos, no estábamos buscando a Dios. Dice Romanos capítulo 3: "Ni uno solo que busque a Dios." Sin embargo, lo que en nuestra naturaleza es natural —huir de Dios, rechazar a Dios y no buscar a Dios—, lo natural en Él es buscar al pecador para extenderle misericordia. ¿Ven la diferencia?
Yo no estaba buscando a Dios cuando hace treinta y siete años, el 19 de marzo de 1978, Él extendió su mano para tener misericordia de mí. Yo no estaba buscando a Dios, y era un miserable igual de pagano y malvado como los asirios. Pero Él me buscó a mí, como aquí está buscando a los asirios enviándoles a Jonás. ¿Para qué? Para mostrarles misericordia.
Y Jonás reconoce en el capítulo, este versículo clave, 4:2: "Y sé, yo sabía, ¿verdad?, que tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas." ¿Por qué lo sabía? Porque cuando Moisés le dijo al Señor: "Señor, muéstrame tu gloria, quiero verte, quiero ver tu grandeza", el Señor se la mostró de una manera velada. Moisés oculto en una peña, el Señor tapándolo para no destruirlo, y cuando pasó el Señor, iba diciendo el Señor esto.
Paso el Señor por delante de él, y estoy leyendo de Éxodo 34:6. Jehová, Jehová, así proclamó: "El Señor, el Señor Dios compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia y verdad, el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado. Y que no tendrá por inocente al culpable, el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos, sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación."
Jonás sabía que Dios era así; esa era la descripción que Él mismo había dado de Él. Entonces, Dios está dentro de su gloria al extender misericordia. Él es un Dios rico en misericordia, Él es el Dios de salvación porque está dispuesto a perdonar, dispuesto a extender misericordia, no dándole a los hombres lo que merecen, no dándoles el juicio, la destrucción, sino dándoles la oportunidad de que a través de la fe y el arrepentimiento reciban el perdón de sus pecados.
Por un buen tiempo yo sentía como que este pasaje de Éxodo 34 me presentaba como dos retratos. Pues sí, el Señor Dios compasivo y clemente, lento para la ira, rico en misericordia, que perdona a millares, pero también: "No tendrá por inocente al culpable." Yo sentía: "Pues sí, Señor, pero ya me... como decimos allá en México, ya me amolaste, porque yo soy culpable." ¿Vieron que yo no entendía el evangelio de Jesucristo? Efectivamente Él castigó la iniquidad nuestra, mi iniquidad, la de mis padres, la de mis hijos. ¿Dónde la castigó? En su santo templo, en el escenario de la cruz de Cristo. Para Él mostrar esa misericordia, porque era rico en misericordia, el castigo lo derramó sobre Jesús, para que yo pudiera ser perdonado de mis pecados y ser uno de esos millares.
Jonás está apuntando a Cristo. Los ninivitas somos nosotros, los gentiles que no tenían ni conocían de Dios. Iban a recibir misericordia de parte de ese Dios. Y dice que la respuesta del pueblo fue sorprendente. Dice en el versículo 5: creyeron en Dios, creyeron en Dios y proclamaron ayuno. Pero la respuesta del rey es aún mayor. El rey ordena ayuno general: población y animales, nadie come, nadie bebe. Tremendo. Imagínense que el rey diga: "Nadie come y nadie bebe, ni siquiera tu perrito." Ayuno total en arrepentimiento.
Y dice que la orden del rey era esta: "Y vuélvase cada uno de su mal camino y de la violencia que hay en sus manos." El rey identificó el problema: nuestros caminos están mal. Dice: "Vuélvase cada uno de su camino." Si tu camino va en esta dirección, este es el arrepentimiento: que tú te das cuenta por el temor de Dios que Dios está ahí, te rindes. "Señor, sea como lo que Tú quieras." Clamas a Él, ten misericordia. Crees en Él y clamas a Él, y luego te vuelves, te das la vuelta. Vuélvanse. Ellos se dieron la vuelta y caminaron en la otra dirección.
Ellos se volvieron, y ¿qué es lo que pasó cuando se volvieron en este genuino arrepentimiento? En este pasaje creyeron, clamaron, tuvieron misericordia, pidieron, y ellos dijeron: "Quizás Dios tenga misericordia de nosotros, quizás." Se vuelven esperando o la destrucción en cuarenta días, o la misericordia de Dios. Y dice el Señor se arrepintió de hacerles mal. La respuesta de Dios fue salvación sobre ellos, fue misericordia sobre ellos.
Y nosotros, hermanos, no decimos "quizás." La bendición que nosotros vivimos en el Nuevo Testamento... Nosotros no decimos quizás Dios bendice al que se arrepiente. No. Dice la Escritura anticipadamente en el Salmo 51 que escribió David, dice que Él no desprecia el corazón contrito y humillado. Él no lo va a echar fuera. Él llama al que se arrepiente, el Señor, y que clame a Él. Él tendrá misericordia de él. Entonces para nosotros ya no hay un "quizá." Hay una seguridad. ¿Por qué? Porque estamos viendo la cruz, estamos viendo a Cristo morir ahí por nuestros pecados, de tal forma que el "quizá" ya es ahora para nosotros una confianza plena en que Él castigó a su propio Hijo por nuestros pecados. Tendrá misericordia del que se vuelva a Él.
Eso debe darnos una gran confianza de llamar a la gente al arrepentimiento. Y hermanos, entonces el llamado al arrepentimiento sí elimina el "quizá." Ya es misericordia.
Yo me pongo a pensar, y puse este ejemplo cuando prediqué sobre Jonás en inglés. Si tú tienes un niño pequeño... Yo tengo dos, tres nietos. Una no camina, tiene dos meses, pero el de tres años, a ese la mamá lo tiene que amarrar, porque si lo baja del auto, en lo que se voltea para bajar al otro, este ya corrió. Ok, entonces cada momento lo tenemos que estar llamando. Se llama Iker. "¡Iker, no! ¡Iker, detente! ¡Iker, no vayas más allá!" Si él está en la orilla de la acera y está en una calle donde hay carros y él empieza a caminar, si yo le digo "¡Iker, no!" y él se detiene, ya con el puro llamado ya fue salvado.
Ese es el llamado de la iglesia a nuestra generación. Eso es lo que sucedió aquí. Fíjense ustedes cómo Jonás, con anticiparles, con llamarlos, se salvó Nínive. El mensaje del evangelio que nosotros tenemos, al pronunciarlo se está extendiendo la misericordia de Dios ante los pecadores que no lo conocen. Y el llamado es en sí misericordia. Por lo tanto, no te detengas de llamar a la gente: que se vuelva a Dios, que crea en Él, que le tema a Él, que se rinda a Él, que se entregue a Él, porque al hacerlo estás siendo un vehículo de misericordia de Dios ante las naciones que no le conocen. ¿Lo puedes ver? Nosotros, entonces, estamos llamados a llamar a la gente a que crea en ese Dios misericordioso.
Ahora, el libro termina con algo que creo yo que debe ser la aplicación para nosotros en nuestro día. Jonás se humilló, clamó a Dios, se volvió de su rebelión, fue a Nínive, y eso es lo que Dios quería. Pero faltaba algo en Jonás, y lo que faltaba era una transformación y un cambio en su corazón.
Y veamos el capítulo 4. Y dice: "Pero esto desagradó a Jonás en gran manera y se enojó. Se enojó. Y oró al Señor y dijo: '¡Ah, Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que Tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y que te arrepientes del mal con que amenazas. Y ahora, oh Señor, te ruego que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida.' Y el Señor dijo: '¿Tienes acaso razón para enojarte?'"
"Entonces salió Jonás de la ciudad y se sentó al oriente de la misma. Allí se hizo un cobertizo y se sentó bajo él a la sombra, hasta ver qué sucedería en la ciudad. Y el Señor dispuso que una planta creciera sobre Jonás para que hiciera sombra sobre su cabeza y lo librara de su incomodidad. Y Jonás se alegró grandemente por la planta. Pero Dios dispuso que un gusano, al rayar el alba del día siguiente, atacara la planta, y esta se secó. Y sucedió que al salir el sol, dispuso Dios un sofocante viento solano, y el sol hirió la cabeza de Jonás y él desfalleció. Deseaba con toda su alma morir, diciendo: 'Mejor me es la muerte que la vida.' Entonces dijo Dios a Jonás: '¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?' Y él respondió: 'Tengo razón para enojarme hasta la muerte.'" Lo dijo como mexicano.
"Y dijo el Señor: 'Tú te apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y en una noche pereció. ¿Y no he de apiadarme yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y también muchos animales?'"
Si no cambia nuestro corazón, hermanos, estamos condenados a regresar en nuestros caminos de rebelión. La obra del arrepentimiento tiene que concluir en nuestro corazón con un cambio de corazón. La Escritura dice: de tu corazón mana la vida, de eso es lo que hablas de tu boca, ahí está lo que mueve tus acciones. Del corazón, dijo Jesús, salen los homicidios y las iras y las contiendas y los malos pensamientos, etcétera. De ahí adentro. Y Jonás todavía ahí adentro estaba lleno de odio, y por eso hizo su berrinche. Un berrinche delante del Señor: "¡Estoy enojado!" Y no, ¿y qué?
Entonces el Señor le enseñó una lección, y es muy fácil para el Señor enseñar lecciones, y de una manera muy particular. Jonás sale y se sienta a ver qué va a hacer el Señor. Yo creo, y digo, "O sea, a lo mejor el Señor, como se arrepintió una vez, ahora va a volver a arrepentirse, y ahora sí los quema." Pero está haciendo mucho calor, y se hace un cobertizo. Y entonces ahora hace que crezca una planta y lo tape, lo cubra, le dé sombra fresca. Y Jonás aprecia esa comodidad que es muy sencilla, y el Señor lo hizo para aliviar su incomodidad. Entonces empieza a disfrutar el fresco un día. Al siguiente día el gusano se come la planta y se seca. Segunda cosa que hizo el Señor: hizo que naciera la planta. Segundo, hace que se la coma el gusano. Y tercera, le envía calorcito a Jonás.
Hermano, así como Jonás reconocía que las olas eran del Señor, nosotros tenemos que reconocer que las circunstancias de nuestra vida las controla el Señor. Y no solamente las controla, las decreta. Las circunstancias de nuestra vida, las circunstancias de Jonás —la planta, el gusano y el viento— venían del Señor. El Señor andaba detrás de algo, andaba detrás de algo en su corazón, ¿verdad? Y vean ustedes cómo usa el Señor las circunstancias externas muy sencillas para tratar algo en el corazón de Jonás.
Jonás está enojadísimo. Cuando están los niños haciendo un berrinche, si tú les contrarías les da el doble berrinche, se enojan más. Así está Jonás: "Estoy muy justo de enojarme y quiero morirme". Dos veces lo dice. Fíjense la lección que le dice el Señor: "Tú reconociste que esta planta que te daba comodidad tenía un valor. Valoraste la comodidad, valoraste el placercito que te daba. Estabas sentado bajo una sombra y ahora que la perdiste te dolió perder una comodidad. ¿Cómo no me va a doler a mí perder ciento veinte mil personas que yo por mí hice a mi imagen y semejanza? A esos animales que les di para su sustento, que yo produje. Tú no hiciste nada para hacer esa planta, era algo que yo te di y te duele perderla. ¿Cómo no me va a doler a mí perder a toda esta gente?"
Para mí, hermanos, lo que el Señor clavó en mi corazón cuando leí esto es que a veces yo me lamento más por perder una comodidad que porque se están perdiendo las almas en el mundo. Porque hay millones de personas perdidas, billones. Porque el día de hoy aquí en Santo Domingo morirán decenas de personas, y en mi país morirán miles de personas el día de hoy, y no me lamento. Me lamento de que me lastima el zapato más que por un alma que se pierde. Si yo no tengo ese corazón de compasión, estoy condenado a hacer lo que hizo Jonás. Lo que quería el Señor es que se diera cuenta Jonás que él estaba siendo enviado, que tenía el privilegio de ser enviado por un Dios rico en misericordia, de ser un medio y un vehículo de misericordia para un mundo perdido.
Ahora, les dije que Jesús se identificó con Jonás. Yo quiero que leamos para terminar lo que dijo Jesús en Mateo 12:39. Jesús dijo esto cuando los judíos le pidieron que hiciera una señal. Él respondiendo les dijo: "Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará sino la señal de Jonás el profeta. Porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra. Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación en el juicio y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás, y mirad, algo más grande que Jonás está aquí".
Cuando Jesús se identifica con Jonás, está diciendo: "Hay similitudes, hay similitudes en la forma como yo estoy obrando, como está obrando mi Padre, como obró cuando con Jonás". Y ustedes probablemente estuvieron viéndolas. O sea, Jonás fue lanzado al mar, estuvo tres días en el vientre como el Señor Jesús estuvo tres días en el seno de la tierra. La diferencia es que Jonás era culpable, pero Cristo no era culpable. Y lo que para Jonás, por ejemplo, que se lo tragara el pez, parecía algo terrible, fue su salvación. Y lo que fue la muerte del Señor Jesús, que parecía algo terrible —los apóstoles pensaron que se había acabado ya todo—, resultó ser nuestra salvación. Y así como esas, hay muchas similitudes.
Pero lo principal es que Jesús vino como fue enviado Jonás. Eso es lo que quería Jesús que vieran: que así como Jonás fue enviado por una iniciativa de misericordia de Dios hacia los pecadores de Nínive, malvados, así Jesús vino a predicar un mensaje de misericordia de Dios, llamando a la gente al arrepentimiento.
Nosotros, hermanos, ya aquí está lo que quiero que te lleves como punto final. Jesús, cuando iba a resucitar, llamó a sus discípulos y les dijo: "Ahora les voy a decir a ustedes lo que quiero que hagan. Quiero que vayan y anuncien las buenas nuevas a las naciones, llamando al arrepentimiento, haciendo discípulos a todas las naciones". Jesús vino como Jonás, y Jesús nos envía ahora a nosotros como él y como Jonás, a predicar el reino de Dios y anunciar las buenas nuevas del evangelio, llamar a la gente al arrepentimiento, a que se vuelvan a Dios.
La intencionalidad de Dios de mostrar misericordia es la misma, él no ha cambiado. Miles de años antes envió a Jonás. Dos mil años atrás envió a Jesús, y ahora nos envía a nosotros a la misma gente, en la misma condición, que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, entre el bien y el mal. Y nosotros somos los Jonases y las Jonasas de esta generación. La esperanza del mundo está en nuestra proclamación, en nuestro anuncio, por lo cual no podemos estar echándonos para atrás. No podemos, hermanos, ser indiferentes. No podemos ser cómodos con nuestro mensaje. Necesitamos cumplir nuestra misión.
Y luego poner así, porque el día de hoy es costoso, hermanos, enviar a Jonás. Ya muy pronto se van varios de los otros hermanos que se van a Florida. Es mucho, pero no tenemos alternativa, porque hemos sido llamados a extender este mensaje a todo el mundo.
Entonces, ¿qué puedes hacer? Cultiva un corazón, primero que nada, más agradecido por la compasión que Dios ya te mostró a ti. Nosotros somos el producto de la misericordia de Dios. Dice Efesios capítulo 2, versículo 4: "Pero Dios, que es rico en misericordia. Dios, que es rico en misericordia. Dios, que es el Dios de toda misericordia. Compasivo, clemente, rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó cuando estábamos muertos en nuestros delitos" —como estaban los ninivitas— "nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia habéis sido salvados. Y con él nos resucitó, y con él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús".
Hermanos, eso lo tenemos nosotros que recordar. Si tú estás aquí, es porque alguien te habló. Si tú estás aquí domingo tras domingo, escuchas el llamado de Dios en su Palabra, es misericordia de Dios. A ti se te está llamando continuamente con el anuncio, se te está diciendo: "Vuélvete a Dios, vuélvete a Dios". Ya tienes misericordia. Dale gracias a Dios por ello. Dale gracias a Dios todos los días que ha tenido misericordia de ti, y que ha perdonado tus pecados, y que sigue haciendo su llamado día con día.
Para que luego eso te lleve inmediatamente a interceder por los perdidos, a pedir y clamarle a Dios que él, que quiere extender misericordia, la extienda en tu familia, en tu colonia, con tus vecinos, en tu trabajo, en tu escuela, y que te conceda ser un Jonás para alguien. No todos vamos a ir a las naciones, pero tú ya estás en una nación ahí. Tú ya tienes gente a tu alrededor y puedes dar con ellos. Pídele a Dios: "Señor, el día de hoy concédeme hablar con una persona y ser un Jonás para ellos".
Y luego, para cultivar ese corazón, guarda ahora por aquellos, intercede por aquellos que te han hecho daño. Tal vez tu patrón en tu trabajo que no te sube el sueldo, o el vecino que te echa la basura y te la echa ahí en frente de ti. Aquellos de los que te es difícil tener compasión, ora por ellos. No seas como Jonás, porque de esa persona el Señor quiere tener misericordia. Nosotros, cuando estábamos en Juárez, había mucho crimen, y había personas que les deseaban la muerte. Y yo tenía que recordarle a la congregación: "Hermanos, esos que andan ahí afuera que desean nuestra muerte, la única diferencia entre ellos y nosotros es que Dios de nosotros ha tenido misericordia. Primero, oremos por ellos y que Dios tenga misericordia de ellos".
Por último, trata de mostrar misericordia y compasión con aquellos que no lo merecen. Una y otra vez. Es fácil mostrar hospitalidad y ser generoso con gente buena, que te ama, ¿verdad? No es tan fácil mostrar hospitalidad y ser generoso con aquellos que no te caen tan bien, que los traes atravesados, ¿verdad? Es fácil hacer un pastelito y llevárselo al pastor Miguel. Hay pastores, y yo aprecio tantos, son ministerios que son pastelitos. No digo que no lo hagan, pero tiéndase a hacerlo. Lo que no tiéndase a hacer es con aquel que te hizo un daño, aquel que te hizo un mal, ir y decirle: "Yo quiero bendecirte, porque yo quiero cultivar un corazón como el de mi Dios, que tiene misericordia de los que no la merecen". ¿Amén?
Carlos Contreras es pastor en la Iglesia Cristiana Gracia Soberana en Ciudad Juárez, México. Está casado con María Eugenia (Kena) Flores, con quien tiene cuatro hijos y tres nietos. Puedes seguirlo en Twitter o en Facebook.