IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Dios no ha rechazado a su pueblo Israel para siempre. Aunque la nación tropezó en la persona de Cristo —piedra de tropiezo para los judíos, como Pablo escribió a los corintios—, ese rechazo no fue definitivo. De hecho, la transgresión de Israel abrió la puerta para que la salvación llegara a los gentiles, pero con un propósito adicional: provocar celos en el pueblo judío, llamándolos de vuelta al ver las bendiciones que otros estaban recibiendo.
Pablo utiliza la imagen de dos olivos para explicar el plan eterno de Dios. El olivo cultivado representa a Israel, cuya raíz es Abraham y las promesas que Dios le hizo. Cuando algunas ramas fueron desgajadas por incredulidad, los gentiles —ramas de un olivo silvestre— fueron injertados en ese árbol al que no pertenecían originalmente. El apóstol advierte contra la arrogancia: los gentiles no deben sentirse superiores, porque no son ellos quienes sustentan la raíz, sino la raíz quien los sustenta. El mismo Dios que desgajó ramas naturales puede hacer lo mismo con las injertadas si no permanecen en fe.
La visión de Ezequiel sobre el valle de huesos secos anticipa lo que viene: una nación que parecía muerta volverá a la vida cuando Dios sople su Espíritu desde los cuatro vientos. Si el fracaso de Israel trajo bendición al mundo, cuánto más traerá su plenitud. El pueblo de Dios vive de promesas, y estas promesas —aunque aún no cumplidas en su totalidad— son tan ciertas como la realidad visible. Creerlas transforma cómo enfrentamos el presente y esperamos el futuro.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, nosotros seguimos en la carta de Pablo a los Romanos y seguimos en el capítulo 11, que iniciamos la semana pasada. En esa ocasión titulamos dicho mensaje "Dios aún no ha terminado con su pueblo Israel", y vimos las razones por las que decíamos eso, porque el mismo Pablo habla de eso justamente desde el inicio de este capítulo 11 en el que nos encontramos. No voy a entrar en los detalles del sermón de la semana pasada, pero si algo yo creo que tanto el mensaje de la semana anterior como el resto de lo que sigue deja en claro es que Dios no ha rechazado a su pueblo Israel para siempre.
Mencionamos que algunos han entendido que la iglesia de hoy es el Israel espiritual, y mencionaba más temprano que realmente se debe a la opinión de Juan Calvino, que pensó de esa manera, pero que hay una gran cantidad de académicos reformados de peso que realmente no entienden que el Israel espiritual es la iglesia hoy. De hecho, creo que es bastante claro en Romanos 11, y estos nombres que estoy a punto de mencionar así lo atestiguan, que Romanos 11 no está hablando de un Israel espiritual, está hablando de un Israel étnico, literalmente hablando.
Entre esas personas que he citado y que al mismo tiempo afirman que Dios tiene un plan todavía para la nación de Israel de un avivamiento masivo del cual no vamos a hablar hoy, entre ellos están John Murray, que fuera uno de los fundadores del Seminario Teológico de Westminster. Entre ellos están también Leon Morris, un académico neotestamentario de Australia, y asimismo se encuentran entre ellos John Stott, J. C. Ryle, nada más ni nada menos que Jonathan Edwards, Charles Spurgeon, Charles Hodge, y en nuestros días gente como R. C. Sproul, John Piper, Daniel Doriani y muchos otros.
De hecho, me sorprendió encontrar en el comentario de R. C. Sproul acerca de este libro de Romanos, o esta carta de Romanos, estas palabras que te voy a leer. Escucha lo que dice: "Quizás estemos a punto de ver el último grupo de gentiles elegidos para salvación." Él está haciendo referencia al versículo 25 de Romanos 11, al cual no vamos a entrar hoy, que habla de que cuando la totalidad de los gentiles haya entrado, entonces todo Israel será salvo. Y él está diciendo con relación a eso que quizás estemos a punto de ver el último grupo de gentiles elegidos para salvación, quizás estemos muy cerca del siguiente paso de la historia redentora: la obra de Dios con el Israel étnico. "Desde el año 70 después de Cristo, nunca había visto una concentración de evangelismo hacia los judíos étnicos como lo que se ha dado en nuestros días, y en ningún otro momento de la historia de la iglesia se ha visto un número de conversiones del judaísmo al cristianismo." Fin de la cita de R. C. Sproul. Yo creo que eso es bueno oírlo, pero sobre todo no esperaba oírlo o leerlo de alguien como R. C. Sproul, y fue de mucho ánimo para mí poder leer sus palabras.
En el día de hoy nosotros vamos a estar leyendo Romanos 11 del versículo 11 al 24. El texto, como ya lo dijo el pastor Freddy cuando estaba orando, no es un texto claro a simple vista; tiene un aspecto de confusión. Pero vamos a tratar de desempacar el texto en el tiempo que nos queda, para exponerlo y ver, y pedir a Dios que nos dé entendimiento acerca del mismo.
Romanos 11, versículo 11: "Digo entonces: ¿Acaso tropezaron para caer?", pregunta Pablo. "¡De ningún modo!" Él venía hablando en Romanos 10 de Israel, de la nación de Israel, que tropezó. Y ahora él dice que si ellos tropezaron para caer, y él responde: "¡De ningún modo! Pero por su transgresión ha venido la salvación a los gentiles, para causarles celos. Y si su transgresión es riqueza para el mundo, y su fracaso es riqueza para los gentiles, ¡cuánto más será su plenitud!" "Pero a ustedes hablo, gentiles."
Entonces, puesto que yo soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio, si en alguna manera puedo causar celos a mis compatriotas y salvar algunos de ellos. Porque si el excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión sino vida de entre los muertos? Y si el primer pedazo de masa es santo, también lo es toda la masa; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho partícipe con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, no seas arrogante para con las ramas. Pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti.
Dirás entonces: "Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado." Muy cierto. Fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme, porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará.
Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: severidad para con los que cayeron, pero para ti bondad de Dios, si permaneces en su bondad; de lo contrario, tú también serás cortado. Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. Porque si tú fuiste cortado de lo que por naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural fuiste injertado en un olivo cultivado, ¡cuánto más esos que son las ramas naturales serán injertados en su propio olivo!
Claro, todo bueno. Yo decía esta mañana que ningún predicador está listo para predicar un texto hasta que él no pueda resumir en una sola línea de qué habla el texto. Y usualmente, en mi caso, esa línea que resume de qué habla el texto es el título de mi mensaje. De manera que en el día de hoy, el texto habla, y ese es mi título: judíos y gentiles en el eterno plan de salvación. De eso es que está hablando el texto. Yo no creo que hay lugar a dudas.
Ahora, ya respondimos la primera pregunta. Yo creo que en esencia todo sermón debe responder dos preguntas. Podemos hacer otras a lo largo del camino, pero hay dos preguntas con las que yo necesito iniciar toda exposición. Número uno: leí el texto, vuélvelo a leer, vuélvelo a leer, lo lees en el original si tienes dominio del lenguaje original, lo lees en diferentes versiones. Ya entendiste el texto. Ok, ¿de qué habla el texto? Y la próxima pregunta entonces: de eso de lo que el texto habla, ¿qué es lo que dice? Está sencillo como eso. ¿Qué es lo que dice el texto del cual tú dices que ese es su tema? De ese tema, ¿qué dice?
Bueno, ¿cuál es el tema? Judíos y gentiles en el plan eterno de salvación. Pastor, ¿qué dice el texto que leímos? De eso yo te voy a decir rápidamente. Bueno, el texto habla de que en un momento dado Dios ofreció salvación a la nación de Israel, y ellos lamentablemente la rechazaron. Y Pablo pregunta que si, al rechazarla, ellos fueron desechados para siempre. Y responde que no, que de ningún modo. Pero que entonces, cuando el pueblo desechó su salvación, Dios comenzó a moverse en la dirección de salvar a los gentiles.
Y que entonces ahora, verás, esa evangelización ha ido progresando. Pero el apóstol Pablo usa varias metáforas e ilustraciones, y en un momento dado nos dice que pensemos en dos olivos: un olivo silvestre, que somos nosotros los gentiles que no fuimos parte de esa fase número uno de salvación de la cual sí fueron parte los judíos; y un olivo natural, que corresponde a la nación de Israel. Y que muchos de esos judíos no creyeron, y por tanto esas ramas fueron desgajadas, cortadas. Y que en su lugar, entonces, nosotros que éramos un olivo silvestre que no pertenecíamos a este llamado inicial de Dios, fuimos esas ramas. Dios tomó estas ramas silvestres, no naturales, y las injertó en el olivo natural. Pero que llegará el tiempo en que Dios tomará las ramas naturales, judíos que fueron desgajados, y los va a injertar de nuevo en su olivo natural. De eso habla el texto. Amén, terminamos, podemos irnos.
Bueno, de eso habla el texto, pero tenemos que desempacarlo. Vamos a tratar de hacerlo. Lo primero que Pablo hace es que nos dice, o hace la pregunta: ¿acaso Israel tropezó para caer? La insinuación en la pregunta es que si Israel, cuando tropezó, se cayó permanentemente, quedó fuera del plan de salvación. Y él responde: ¡De ningún modo! Ni se te ocurre pensarlo.
Dijimos la semana pasada que es una frase muy paulina; la usa como ocho veces en diferentes textos de la Biblia y de la misma carta a los Romanos. Dijimos también que esa es la forma más enfática —es la palabra que estaba buscando— de Pablo decir que no. De toda la forma que le pudo haber dicho que no, esa es la más enfática, de acuerdo a la opinión de John Murray.
Entonces, cuando Pablo dice que ellos tropezaron, ¿dónde? ¿Cuándo? ¿En qué fue que tropezaron? Bueno, él ya nos dio una idea en Romanos 9, los versículos 32 y 33, y nos dejó ver de forma indirecta que su tropiezo fue en la persona de Cristo. Pero cuando Pablo escribe a los corintios, en 1 Corintios 1:23, claramente les dice en qué fue que tropezaron. Escucha: "Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos." Ahí está. "Y necedad para los gentiles."
No hay duda de que la persona de Jesús fue la piedra de tropiezo para el pueblo judío. Ellos esperaban un Mesías, pero no del tipo que vino. Ellos esperaban alguien que fuera más o menos un Mesías militar, si tú quieres; un Salvador, pero político, que los colocara en la cima por encima de todas las naciones. Pero no uno que al final terminaría entrando en un burrito, que les lavara los pies, que se dejara crucificar, y todo lo demás que nosotros conocemos.
Y Pablo dice a los corintios que nosotros predicamos a Cristo crucificado: piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles. Claro, porque a los gentiles tampoco les hacía mucho sentido que este fuera un Mesías, un Rey. ¿Qué sentido tiene ver un Rey clavado, ensangrentado en un madero?
Pero la pregunta tácita de Pablo es: ¿implica ese tropiezo una caída permanente? Y ya vimos la respuesta: ¡De ningún modo! Y ya sabemos en el texto de hoy que cuando la nación de Israel tropezó en Cristo, su caída no ha sido permanente. No lo es. El texto de hoy comienza a darnos luz, y la semana que viene, en el próximo mensaje, tendremos más claridad.
La pregunta es: si Dios sabía que el pueblo iba a tropezar en la persona de Cristo, ¿por qué lo permitió? Y Pablo hace más o menos la pregunta y la contesta, o mejor dicho, nos da la respuesta y nosotros hacemos la pregunta. Y esto es lo que Pablo dice en el versículo 11, en la segunda parte: "Pero por su transgresión ha venido la salvación a los gentiles, para causarles celos."
Ok, esto es lo que Pablo está diciendo: cuando ellos tropezaron, Dios tomó —lo vamos a ver también— el énfasis de la evangelización y la llevó de los judíos a los gentiles. Y Él se proponía causarles celos a ellos como una forma de llamarlos otra vez, de una forma que ellos quisieran desear las bendiciones que ellos estaban viendo que los gentiles estaban recibiendo. Dios no causó el celo; la idea era que ellos sintieran celo al ver de qué forma Dios los estaba bendiciendo, porque Dios no quería aún dejar a su pueblo sin que recibiera salvación.
Entonces, ahora ellos rechazaron la salvación y se fueron a los gentiles. ¿Cómo lo hizo Dios y cómo lo reveló Dios? Está ahí. En un momento dado, Pablo, fariseo, fariseo de fariseos, líder en la nación de Israel, estaba persiguiendo a los cristianos. Iba camino a Damasco, Cristo lo intercepta y se salva. "Saulo, ¿por qué me persigues?" Lo tumba al suelo, lo deja ciego, y luego lo instruye que vaya a Damasco y que pudiera esperar ahí a que recobrara la vista.
Y por otro lado, entonces, el Señor va a donde Ananías, hombre conocido de la iglesia con buena reputación, y le dice a Ananías que vaya a orar por Pablo, que le imponga las manos para que él vuelva a ver. Y Ananías dice: "Señor, yo he oído de ese Saulo, que él es un perseguidor de la iglesia, y él no tiene buena fama. Yo no quiero ir."
Escucha la respuesta del Señor: "Pero el Señor le dijo: Ve, porque él es mi instrumento escogido para llevar mi nombre" —¿a dónde? Escucha— "en presencia de los gentiles, de los reyes y de los israelitas." O sea, no es que Pablo no les va a predicar a los israelitas, pero él tiene un llamado especial para los gentiles que ningún profeta y apóstol había tenido de esa manera anteriormente, con algunas excepciones como Jonás enviado a los ninivitas, y un par de otros.
De manera que Pablo inició ministrando a los judíos. Llegaba a las ciudades, buscaba una sinagoga, comenzaba a hablar. Pero en más de una ocasión se encontró con una oposición y un corazón tan duro que en un par de ocasiones distintas les dijo: "No, ya yo hasta aquí llegué con ustedes; yo me voy." Escucha cómo ocurrió esto en Macedonia, en Hechos 18, versículo 6: "Pero cuando los judíos se le opusieron y blasfemaron, él sacudió sus ropas" —era una forma hebrea de decir "terminamos"— "y les dijo: Su sangre sea sobre sus cabezas. Yo soy limpio. Desde ahora me iré a los gentiles." Claramente. No más.
Eso fue en el capítulo 18 del libro de los Hechos. Pero en un capítulo anterior leíamos una parte la semana pasada, en el capítulo 13 del libro de los Hechos. Él había tenido un encuentro similar con otro grupo de judíos estando en Antioquía de Pisidia. Y estando ahí, pues por igual, escucha ahora el texto un poco más completo que lo que lo leí la semana pasada, porque recuerda que la idea era provocar a los judíos a celos para ver si regresaban.
Entonces escucha el texto de Hechos 13:44-46: "El siguiente día de reposo" —eso es sábado— "casi toda la ciudad se reunió para oír la palabra del Señor. Pero cuando los judíos vieron la muchedumbre, se llenaron de celo" —ahí está, es el propósito— "y blasfemando contradecían lo que Pablo decía. Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: Era necesario que la palabra de Dios les fuera predicada primeramente a ustedes, pero ya que la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, así que ahora nos volvemos a los gentiles."
Los gentiles. Esta otra vez Pablo haciendo alusión al hecho de que él iba a llevar a cabo el llamado para el cual él fue encontrado, interceptado. En una ocasión, escucha cómo Pablo les dice: verás que era necesario que se les predicara a ustedes primeramente. Bueno, eso es lo que Romanos 1 dice también, escrito por Pablo, que el evangelio es poder de Dios para salvación, para todo aquel que cree, como para los judíos primeramente, pero también para el gentil o el griego, dependiendo de la traducción que tú tengas. Eso fue como Dios ideó el plan.
Pero Pablo comienza a revelar, a desempacar el plan de Dios para el final con la nación de Israel. Y para eso hace una revelación inicialmente indirecta de ese plan de reestructuración o renovación, más bien, de la nación. Escucha cómo él dice en el versículo 12: "Y si su transgresión es riqueza para el mundo, y su fracaso es riqueza para los gentiles" —el mundo y los gentiles, la misma cosa— "¿cuánto más será su plenitud?" En otras palabras, si cuando Israel tropezó resultó en bendición para los gentiles, la plenitud de los judíos, cuando eso ocurra —próximo sermón— ¿cuánta mayor bendición va a traer eso?
De manera que Pablo comienza de forma indirecta a revelar el futuro de la nación. Su fracaso es riqueza para los gentiles, ¿cuánto más será su plenitud? ¿Cuál plenitud? La plenitud de la salvación de la nación tendrá todavía mayor bendición para nosotros los gentiles. Pablo había comenzado a hablar en ocasiones anteriores de un remanente, un grupo de personas pequeño que Dios se ha reservado a lo largo de los siglos dentro de la nación de Israel. Ahora no está hablando del remanente. Pablo está hablando de la nación como un todo, y yo creo que todos los académicos que te mencione, y muchos más, están de acuerdo con que ese es el entendimiento de este texto.
Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente traduce el versículo 12: "Ahora bien, si los gentiles fueron enriquecidos porque los israelitas rechazaron la oferta de salvación, imagínense cuánto más grande será la bendición para el mundo cuando ellos por fin la acepten."
Ahora, el hecho de que Israel iba a ser renovado, restaurado, eso no es nuevo del Nuevo Testamento. No, eso viene revelado del Antiguo Testamento. Nosotros lo vimos el miércoles pasado en la clase sobre el gran final, pero también lo puedes leer en Zacarías 12:8-11, lo puedes leer en Jeremías 31:31-34, y múltiples otros pasajes que nos hablan de ese avivamiento, renovación, visitación especial de Dios para la nación.
Ahora Pablo sigue revelando de qué manera es que Dios ha estado obrando entre judíos y gentiles. Escucha lo que él dice en el versículo 13 y 14 del texto: "Pero a ustedes hablo, gentiles." Ok, presta atención, porque Pablo nos está hablando a nosotros los gentiles. "Entonces, puesto que yo soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio, si en alguna manera puedo causar celos a mis compatriotas y salvar a algunos de ellos."
¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Pablo dice: a mí me llamaron a ser apóstol de los gentiles. Si yo me dedico a evangelizar a los gentiles, estoy honrando mi ministerio. Y si por casualidad, al evangelizar a los gentiles, yo los provoco a celos y eventualmente a alguno de ellos lo traigo a salvación —Dios es el que trae a salvación, pero usa instrumentos— y a alguno de ellos yo los traigo a salvación, lo único que he hecho es honrar mi ministerio. A eso me llamaron.
Pero Pablo vuelve a usar la frase: "si puedo causar celos a mis compatriotas." Si la bendición que Dios trae al pueblo gentil hace que mis compatriotas, o algunos de ellos, presten atención a la obra de Dios y ellos vienen a salvación, ¡wow! ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!
Y Pablo continúa ahora en el versículo 15 y vuelve a enfatizar el hecho de que, si la exclusión de la nación momentáneamente, por un tiempo, trajo como consecuencia la reconciliación del pueblo gentil, imaginas lo que será cuando vuelva a trabajar con la nación de Israel. Tráelo otra vez. Mira cómo la Nueva Traducción Viviente lo dice en el versículo 15: "Pues si el rechazo de ellos hizo que Dios ofreciera la salvación al resto del mundo, la aceptación de ellos será algo aún más maravilloso." Algunos dicen espectacular. "Será vida para los que estaban muertos." ¡Wow!
Pablo está enfatizando exactamente la misma cosa, o está diciendo la misma cosa, pero ahora la está subrayando, está enfatizando, le está diciendo otra vez: escúchalo, si el rechazo de ellos hizo que Dios ofreciera la salvación al resto del mundo, a nosotros, la aceptación de ellos, los judíos, será algo aún más maravilloso. Será vida para los que estaban muertos.
Bueno, esa última frase, "será vida para los que estaban muertos," ha sido interpretada en dos formas diferentes, y ambas pueden ser. Y la primera parece también posible, y es que, por un lado, si la bendición original, la primera, resultó como consecuencia de la transgresión de Israel, cuando ellos respondan, la bendición será mayor y será como ir de la muerte a la vida.
Pero hay una aplicación que yo creo que todavía es mucho mejor —o no sé si la palabra es mejor— pero que puede ser avalada todavía más claramente por la Palabra de Dios, y es que cuando eso ocurra en la nación de Israel, es como ir de la muerte de una nación a la vida de una nación. Y eso tampoco es nuevo.
De hecho, el profeta Ezequiel está en el exilio en Babilonia, ya expulsado de su tierra, y en un momento dado Dios lo lleva en el espíritu. No se lo llevó a ningún lado, es que le dio una visión. El Espíritu le muestra la nación de Israel, que todavía no había muerto de esa manera, porque de Babilonia regresaron como cincuenta mil personas y regresaron en los días de los exilios. Pero le muestra cómo iba a quedar la nación en la historia, y luego le muestra qué él pensaba hacer. Y esa visión aparece en el capítulo 37 de Ezequiel, que muchos de ustedes conocen.
Yo te voy a leer simplemente del versículo 1 al 5 y luego retomo en el 9: "La mano del Señor vino sobre mí," dice Ezequiel, "y me sacó en el espíritu del Señor, y me puso en medio del valle que estaba lleno de huesos. Él me hizo pasar en derredor de ellos, pasó entre los huesos, y vi que eran muchísimos sobre la superficie del valle, y estaban muy secos. Y me preguntó: 'Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?' Y yo respondí: 'Señor Dios, tú lo sabes.' Entonces me dijo: 'Profetiza sobre estos huesos y diles: Huesos secos, oigan la palabra del Señor. Así dice el Señor Dios a estos huesos: Voy a hacer que en ustedes entre espíritu y vivirán.'"
Versículo 9, Ezequiel 37: "Entonces él me dijo: 'Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y dile al espíritu: Así dice el Señor Dios: Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos y vivirán.' Y profeticé como él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron, y se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejército." ¡Wow!
Ezequiel, déjame decirte cómo va a quedar la nación. Y ese valle de huesos secos representa lo que la nación será en un futuro. Y sabes, ¿dónde está la nación de Israel? Bueno, en los cuatro puntos cardinales. Por eso es que el viento que es soplado de parte de Dios, o el espíritu que es soplado de parte de Dios, es soplado de los cuatro vientos o puntos cardinales, más bien. Algo que tampoco es nuevo; está en Deuteronomio, que Dios los iba a esparcir debido a su desobediencia a los cuatro puntos o rincones de la tierra. Desde allí Dios los va a traer, de acuerdo a esa visión, y les va a dar vida otra vez. ¡Wow! Bueno, será como ir de la muerte a la vida, como leímos en el versículo 15.
El versículo 16, Pablo usa una metáfora. La de la Reina Valera del 60 es un poco más clara: "Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas." Y tú me dirás: "Pastor, me dices que va a estar más claro, pero yo no entiendo dónde está la claridad." Bueno, déjame explicarlo.
Las primicias en el Antiguo Testamento representaban los primeros frutos de la cosecha. Entonces la idea era esta —tú puedes leer acerca de esto en el libro de Números— la idea era esta: tú traes los primeros frutos de la cosecha, lo ofreces a Dios, lo que implica que estabas consagrando tus primeros frutos a Dios. Y con eso, las primicias representaban el resto de la cosecha, de manera que ellos entendían que, al consagrar las primicias, estaban consagrando el resto de la cosecha.
Y lo mismo cuando tú preparabas una masa de pan, una masa de harina, y tomabas un pedazo y consagrabas eso como la primicia de esa masa, ellos entendían que, por haber consagrado un pedazo de la masa, toda la masa quedaba consagrada al Señor.
Pablo está diciendo: si las primicias son santas —tendríamos que preguntar quiénes son las primicias— también lo es la masa entera. Si las primicias son santas, y "santa," no es "puro," el primer significado de la palabra santo es apartado, separado. Si las primicias fueron separadas, apartadas, entonces también toda la masa. Sería como la nación. Y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
Entonces muchos académicos entienden —yo creo que tiene sentido— que las primicias o fueron los patriarcas, a quienes Dios llamó y eligió, o en su defecto, probablemente el remanente que Dios ha preservado a lo largo de los siglos, con la intención de que, a través del remanente preservado a lo largo de los siglos, pues eventualmente la nación pudiera ser bendecida en un futuro. Eso pudieran ser las primicias. Para mí eso tiene como mucho sentido.
Y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Entonces, ¿quién es la raíz? Bueno, recuerda que leímos, ya lo vamos a ver otra vez, que hay dos olivos aquí, dos árboles de olivo: uno natural, que es la nación de Israel, y un árbol de olivo silvestre, que somos nosotros los gentiles. Entonces, si ese es el árbol, si el olivo natural es el árbol, la nación, ¿cuál es la raíz de la nación? Tú lo sabes: Abraham. Abraham es la raíz. Toda la nación entera arrancó con Abraham, a quien Dios le hizo una promesa.
La salvación tuya y mía descansa de una promesa hecha a Abraham, de que en su simiente —fíjate, en tu descendencia, no plural, singular— en tu descendencia, Jesús, serán benditas todas las naciones de la tierra. Esa es la raíz. Si esa raíz fue apartada y es santa...
Santa, que es el significado de la palabra santo. También lo son las ramas, también serán aquellos descendientes de Abraham, judíos y no judíos, porque hay descendientes espirituales de Abraham como tú y yo. También serán elegidos. Esa es la manera como Pablo está usando la ilustración.
Ahora, del versículo 17 al 24, que es lo que nos queda por exponer, el apóstol Pablo nos explica de una mejor manera lo que está tratando de decir haciendo uso de estos dos olivos que yo te mencioné. En la antigüedad, el olivo era de los productos agrarios más preciados por el costo que tenía su aceite. Entonces estos árboles, que podían durar 300 o 400 años en existencia, en ocasiones notaban aquellos que los hacían crecer o los cultivaban que había ramas que no producían olivos. Entonces estuve leyendo acerca de esto: ellos tomaban esa rama y la desgajaban, la cortaban, y en el lugar de las ramas desgajadas traían e injertaban ramas de un olivo que sí estaba produciendo, y lo colocaban en el olivo para que pudiera ser renovada su producción. Pablo va a usar esa historia o esa realidad para decir algunas cosas.
Entonces escucha, comenzamos el versículo 17: "Pero si alguna de las ramas fueron desgajadas", en referencia al rechazo de la salvación de parte de Israel, "y tú, siendo un olivo silvestre..." Hay olivos cultivados, del cual vamos a hablar, y el olivo silvestre. Pero nosotros los gentiles somos los olivos silvestres. "Fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo." Lo que Pablo está diciendo: tú, yo, si te ves como ramas, recuérdate que tú no eres parte del olivo natural, tú no eres parte del olivo original, tú no fuiste una parte del olivo cultivado. Ustedes los gentiles, a ustedes no se les envió profeta ni se les construyó un templo para que adoraran a Dios, ni se les dio una ley. Se le dio a la nación de Israel. Ni se les dio Moisés, ni se les dio un Abraham, ni un Isaac, ni un Jacob, ni ninguno de los otros grandes profetas. Eso no estaba ahí.
De manera que eso es lo que Pablo alude cuando les escribe a los efesios, para ayudarnos a entender a nosotros los gentiles lo increíblemente privilegiados que debiéramos sentirnos cuando Dios decide incluirnos en un plan en el que no estábamos, por lo menos humanamente hablando, porque en su mente siempre estuvo. Y la forma como Pablo se lo dice a los efesios nos ayuda mucho a entender esto de lo que le está hablando: del olivo cultivado y olivo silvestre.
En Efesios 2:12-13, escucha lo que Pablo dice: "Por tanto, recuerden..." Los efesios no eran judíos. "...que en otro tiempo ustedes, los gentiles en la carne, que son llamados incircuncisión..." Claro, porque no eran parte del pacto. "...por la tal llamada circuncisión..." Serían los judíos. "...hecha en la carne por manos humanas. Recuerden que en ese tiempo ustedes..." Escucha cómo estábamos, para que tú y el silvestre que éramos... Recuerda: "...que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo." ¡Wow! Estábamos mal. "Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes que en otro tiempo estaban lejos han sido acercados por la sangre de Cristo." ¡Es así de bendecidos que somos! ¡Que estamos ahora!
Pablo sabe cómo se comporta la naturaleza humana y nos advierte. Por eso lo que dice de allí en adelante a nosotros gentiles, nos dice: "Pero ten cuidado, no te vayas tú a sentir como que tú eres superior a ellos. No vayas a creer como que tú eres más fiel que lo que ellos fueron. No vayas a pensar ahora como que ellos pertenecen a un tipo de ciudadano de segunda clase en el reino de los cielos y tú estás en primera clase, porque no es verdad."
Escucha cómo Pablo dice en el versículo 18 a nosotros los gentiles: "No seas arrogante para con las ramas, con ellos. Pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. Dirás entonces: las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Muy cierto. Fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes. No seas altanero, sino teme. Porque si Dios no perdonó la rama natural, tampoco a ti te perdonará."
Pablo lo que está diciendo, no se les suba a los gentiles, que no eran de la rama natural. No te pienses que eres la última Coca-Cola del desierto, que no lo eres. De hecho, si tú no te comportas, si tú no obedeces, si tú no vives el señorío de Cristo, a ti tampoco te va a perdonar, de la misma manera que a ellos no los perdonó. Recuerda lo que les dijo a los efesios: ustedes no tenían ni siquiera la ciudadanía de Israel, ni la ley, ni los patriarcas, ni los profetas. En otras palabras, las bendiciones llegaron a ellos primero. Es lo que Pablo le está diciendo: tú viniste después.
Esa es la razón por la que cuando Cristo tiene el encuentro con la mujer samaritana, que era una raza mixta, y está hablando con ella porque ella quería saber dónde era que había que adorar, si en Samaria donde ellos habían hecho su propio templo o en el templo de Jerusalén, Cristo le dice en Juan 4:22: "Ustedes adoran lo que no conocen. Nosotros..." ¿Quiénes nosotros? Los judíos. "...adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos." ¿Cómo que la salvación viene de los judíos? Claro que viene de los judíos. ¿No viene de Jesucristo? Y Cristo, ¿no era descendiente de David y eventualmente descendiente de Abraham? Claro, porque la promesa a Abraham se le hizo: "En tu simiente, Cristo, serán benditas todas las naciones de la tierra."
Entonces, mientras Israel permanezca en su incredulidad, o ha permanecido, nosotros hemos sido bendecidos con la salvación. Y donde las ramas fueron quitadas, desgajadas del olivo natural que representa la nación de Israel, ahí en ese lugar nos injertaron a nosotros. Pero nosotros tenemos que tener cuidado de no ser altaneros, arrogantes, pensando que ellos crucificaron al Mesías y que ellos fueron duros de corazón y que nosotros tenemos corazones diferentes, porque eso no es el veredicto de la Palabra.
De hecho, el autor de Hebreos, en el capítulo 12, versículos 25 al 29, nos dice algo similar. Nos dice: "Tengan cuidado de no rechazar al que habla. Porque si aquellos del Antiguo Testamento no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo. Su voz hizo temblar entonces la tierra, pero ahora él ha prometido diciendo: 'Aún una vez más yo haré temblar no solo la tierra, sino también el cielo'", haciendo alusión al final de los tiempos. "Y esta expresión 'aún una vez más' indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles. Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor."
Es una advertencia para nosotros los gentiles, comparándonos con la manera como aquellos se comportaron. En el Antiguo Testamento ellos se alejaron. No te alejes. Recuerda que nuestro Dios es un fuego consumidor, y lo que hizo a aquellos es lo mismo que está dispuesto a hacer a nosotros si no andamos conforme a sus ordenanzas.
Entonces Pablo, ahora tratando de traer esto como a una conclusión, nos está ayudando a entender un aspecto más. Escucha el versículo 22: "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios." ¡Wow! La bondad como un polo y la severidad de Dios, su justicia, en el otro polo. Esos dos atributos de Dios no son opuestos entre sí. Son expresiones del mismo Dios usadas en condiciones distintas o expresadas en condiciones distintas. Y Pablo dice: "Yo quiero que tú prestes atención a la bondad de Dios por un lado y a la severidad de Dios. Bondad de Dios para ti, severidad para con los que cayeron."
Pablo nos está diciendo hoy: presta atención, porque cuando tú no estabas en el olivo, Dios en su bondad salió a buscarte y te encontró silvestre, y te tomó como una rama, y fue al olivo natural, nación de Israel, y te injertó en ese olivo natural al cual tú no pertenecías. Pero mira también la severidad de Dios, porque Dios había desgajado de este olivo natural ramas, y cuando puso estas ramas, por así decirlo, a un lado, quedó espacio para injertarte allí. Y ahí es donde tú has sido injertado. Y entonces tú pasaste a ser de los receptores de la gracia de Dios.
Cuando Pablo explica eso, Pablo no está hablando de la iglesia. Pablo no está hablando de Israel espiritual como mencionan estos académicos que te mencioné. En ningún lado Pablo está hablando en Romanos de Israel espiritual. Habría que cambiar las reglas de interpretación para llegar a esa conclusión. Pablo está hablando de Israel étnico. No solamente en Romanos 11 está hablando de Israel étnico; en Romanos 10, en Romanos 9. Y tampoco está hablando en Romanos 11 de un solo pueblo. Está hablando de dos pueblos, con dos olivos, y cada pueblo representado por un olivo diferente: uno cultivado, nación de Israel, y el otro olivo silvestre.
"Pastor, ¿este sigo hablando del olivo cultivado? ¿Por dónde está eso en el texto?" ¡Que le dije! Vamos a leerlo otra vez. El versículo 23: "Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados." ¿De quiénes? Ellos, que son incrédulos ahora. Si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. El mismo que los desgajó tiene el poder para volver a injertarlos otra vez.
El versículo 24: "Porque si tú fuiste cortado de lo que por naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural fuiste injertado en un olivo cultivado..." ¿Lo ves ahí? "...cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo." ¡Préstame el micrófono para dejarlo caer! ¿Quedó claro?
Si las ramas, nosotros, que no éramos naturales, nos injertaron en el olivo natural, tiene más sentido ahora que las ramas que sí estaban en el olivo natural y que fueron desgajadas sean reinjertadas de nuevo en el olivo al que ellas pertenecían. Y Dios es poderoso para poder hacerlo. Y Pablo está diciendo: cuando estas ramas sean reinjertadas...
Fueron desgajadas cuando ellos cayeron. Durante todo ese tiempo del Antiguo Testamento, la salvación fue a los gentiles, y esa salvación trajo bendición para nosotros. Esto es lo que está diciendo: tú tiemblas y la bendición que va a traer a nosotros, los gentiles, en el momento en que ahora las ramas sean injertadas otra vez. ¡Wow!
De manera que cuando Dios mueva su mano en ese avivamiento futuro para la nación, Él estará moviendo su mano entre los gentiles también. Pero no podemos entrar ahí porque no tenemos el tiempo. De manera que si tú quieres saber qué es lo que va a pasar, tú necesitas oír el próximo mensaje, porque muchos de ustedes ven series en la televisión, me han dicho, y esto es una serie. Entonces tú necesitas el próximo capítulo de la serie para poder ver cómo Dios explica con lujo de detalle cómo cuando la totalidad de los gentiles sea salva, entonces todo Israel será salvo. ¡Wow!
Lo increíble es que hay gente como Amir Tsarfati que piensa que quizá no falta mucho tiempo. Cuando veamos la totalidad de los gentiles recogidos y que eso que yo te he estado describiendo comience a pasar en el Medio Oriente, yo no sé tú, pero yo todos los días me despierto: ¿ya comenzó? ¿Ya está? Y hay cosas que están ocurriendo que realmente dan mucho que pensar. Y le doy muchas gracias a Dios por estar vivo en este tiempo y no hace dos mil años, porque nosotros estamos viendo cosas que gente del pasado soñó ver y no las vio.
Pero sabes algo, hermano, nosotros no vivimos de sentimientos ni de emociones. Nosotros vivimos, ¿sabes de qué? El pueblo de Dios vive de promesas. Promesas que, si tú le has creído a Dios, tú las crees. Las promesas se constituyen el lente a través del cual tú analizas el presente, te preparas para el futuro. Crees las promesas futuras de Dios, y ahora las promesas futuras de Dios pasan a gobernar toda tu vida.
Eso es lo que tú lees en el libro de Hebreos capítulo 11. Yo lo he mencionado múltiples veces desde este púlpito, y es que aquella gente no recibió ninguna de las promesas. Fallecieron, pero las vieron desde lejos, las saludaron como si las hubiesen recibido, y esa gente vivió en fe, por fe, para su Dios. Dieron la vida por su Dios teniendo mucho menos revelación que nosotros. Imagínate ahora: nosotros tenemos todo el Nuevo Testamento, dos mil años de historia, el Espíritu Santo morando en cada uno de nosotros y en medio de su iglesia, cosa que ellos no tuvieron. ¿Te imaginas lo fieles que nosotros debiéramos ser a nuestro llamado, a nuestro Dios, cuando aquella gente con nada de eso vio las promesas, las creyó, las saludó y esperó en esperanza contra esperanza?
O en fe contra fe, como dice: esperanza contra esperanza, como lo hizo Abraham, sabiendo que estaba viejito, que no podía procrear. Esperó, ahí está la esperanza, pero contra esperanza, porque yo no tengo cualidad física para poder hacerlo. Pero el pueblo de Dios vive de promesas. Nuestro Dios es un Dios de promesas, es un Dios de pactos. Lo que Él promete, Él entrega, Él cumple. Lo que Él pacta, Él permanece fiel. Y eso es algo de lo que Pablo les dice a los romanos: que los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
Gracias por la enorme fidelidad a ti mismo. Gracias por cumplir tus promesas. Gracias por ser un Dios de pactos. Oh Dios, Padre, Dios nuestro Señor, gracias por tu pacto en el Hijo, tu Cristo. Señor, ayúdanos a vivir en fidelidad. Ayúdanos a escudriñar tu Palabra, a entender los tiempos. Ayúdanos a recordar que en tu providencia tú estás moviendo los hilos de las naciones, que tú estás trayendo la historia a un final, que el final será glorioso, que tú cierras la historia con tu regreso, que tú pones el broche de oro, que tú eres la esperanza de cada uno de tus hijos.
Pero en el interín, en el ahora pero no todavía, ayúdanos a recordar que tus promesas son tan ciertas como la realidad que nosotros vemos hoy. Ayúdanos a vivir de esa manera y a contarle a otros lo mucho que creemos tus promesas. Creemos más tus promesas que no hemos visto que muchas de las cosas que estamos viendo. En Cristo Jesús. Y su pueblo dice: amén.
Amén. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.