Statamic
Sermones

La justificación por la fe: afirmada e ilustrada

Miguel Núñez 7 julio, 2024

La salvación no es algo que el ser humano pueda ganar ni merecer; es un regalo que Dios otorga a quien deposita su confianza en Cristo. Esta es la doctrina de la justificación por la fe que Pablo afirma e ilustra en Romanos 3 y 4, una verdad tan central que Lutero consideraba que si una iglesia la niega, niega toda la fe cristiana.

El apóstol anticipa la objeción de sus oyentes judíos: si la salvación no es por obras, ¿de qué puede jactarse alguien? La respuesta es contundente: de nada. El orgullo religioso —ese talón de Aquiles de la humanidad que C.S. Lewis llamó el vicio supremo— queda completamente excluido. Pablo ilustra esta verdad con Abraham, el mayor patriarca, quien fue declarado justo no por la circuncisión ni por sus obras, sino veinticuatro años antes de ser circuncidado, simplemente porque creyó a Dios. Una historia lo ilustra bien: un cantante quería presentarse ante el rey pero llegó sucio y roto; el príncipe lo cubrió con su propia capa, y los guardias lo recibieron no por quién era él, sino por la vestidura que llevaba. Así Cristo cubre al pecador con su justicia.

Pero Pablo también usa a David para mostrar que este mismo principio opera después de la conversión. Cuando David pecó con Betsabé, no obtuvo perdón mediante sacrificios sino confesando su transgresión y confiando en la misericordia divina. El creyente que peca no tiene un camino diferente: sigue siendo por gracia, mediante la fe. Esta verdad debería ser la mayor motivación para vivir una vida de piedad y santidad, reconociendo que un amor así solo puede experimentarse, nunca describirse.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Yo he titulado este mensaje para el día de hoy: "La doctrina de la justificación por la fe, afirmada e ilustrada." La razón por la que lo he hecho de esa manera será revelada a lo largo del camino. Pero por ahora déjame recordarte que una vez más hay textos de la Palabra que están muy conectados. De hecho, donde dice capítulo 4 de Romanos, pudiéramos borrarlo y seguir desde el final del 3 en adelante, porque es el mismo tema, y es por eso que se hace necesario —debería estar mandatorio— en este caso volver a repetir algunas cosas en los próximos minutos para que puedas recordar dónde estamos.

Expusimos Romanos 3, del versículo 21 al 26, y dijimos que ese texto representaba, y sigue representando, la cumbre, el clímax de la historia redentora. Dijimos incluso que si tú no entiendes ese pasaje, por lo que está ahí dicho y explicado, se hace imposible —no difícil, imposible— entender el resto de lo que la Biblia tiene que decir con relación a nuestra redención. Y por eso es que este pasaje ha sido considerado como el eje sobre el cual gira toda la carta de Romanos, de hecho, toda la Biblia.

Lo que el texto explica es la doctrina de la justificación por la fe, una doctrina cardinal de la iglesia. En esencia, lo que esta doctrina postula es que tus obras no contribuyen para nada a lo que es tu salvación. Nuestra condición moral ha dañado nuestra obra de tal manera que es imposible que mis obras puedan contribuir a mi salvación. Número dos: que Jesucristo se encarnó y cumplió la ley a cabalidad, y esas obras de Cristo sí me salvan. De manera que en último caso tú eres salvo por obras, pero no las tuyas —las obras de Cristo, su vida, su muerte, su resurrección—; eso eventualmente es lo que logra que el pecador pueda ser salvado.

Que una vez, en un momento dado de tu vida, tú sientes la convicción de pecado, la necesidad de pedir perdón, de ser perdonado. Tú, ahora entendiendo que Cristo derramó sangre en la cruz para el perdón de esos pecados, puedes aproximarte a la cruz o al trono de la gracia, pedir perdón, y en ese momento lo que Cristo compró en la cruz es aplicado a tu vida. En esencia, la sangre que Él derramó —explicamos el domingo pasado— aplacó la ira de Dios, y a eso llamamos propiciación, que está en el texto anterior. Y con esa sangre Cristo pagó la pena para sacarte de la esclavitud y dejarte en libertad, y a eso llamamos redención, que también explicamos en el texto anterior.

Entendido todo eso, el pecador puede entonces reconocer algo que Cristo siempre ha sido: el Señor y Salvador, y entregarle su vida. Todo eso está recogido en una frase: la salvación es por fe solamente. "Sola fide" fue la frase en latín que los reformadores popularizaron. Esa doctrina, Lutero la consideró como el principio a través del cual, por medio del cual, o sobre el cual la iglesia o se levanta o se cae. De hecho, Lutero opinó que si la iglesia niega la salvación por fe solamente, la iglesia niega toda la fe cristiana, convirtiendo el sacrificio de Cristo en algo completamente inservible.

Tan convencido estaba Lutero de que esta doctrina es cardinal para lo que es nuestra fe, que él entendía que si una iglesia niega esta doctrina, no importa cuán grande sea, cuánto ministerio tenga, en esencia eso es una iglesia apóstata. Y esta doctrina fue considerada como la causa instrumental de la Reforma protestante. Míralo de otra manera: el instrumento, la palanca que movió, que sacó a la iglesia de su inercia y la movió hacia una reforma y la llegó a expandir. La causa instrumental —para diferenciarla de la vez, "Sola Scriptura", que fue la causa material, lo que materializó eventualmente toda la reforma— es que la Escritura es la última autoridad en materia de fe y práctica.

Lo que Pablo va a hacer ahora es lo siguiente: ya Pablo explica todo eso en Romanos 3:21-26, y ahora él va a afirmar lo que ya ha expuesto y luego lo va a ilustrar. A la hora de ilustrar, va a tomar dos personajes vitales del Antiguo Testamento: el mayor patriarca Abraham y el mayor rey David —o el más famoso—. Con esos dos personajes él va a ilustrar esta doctrina de la salvación, o justificación por la fe.

Habiendo dicho todo eso, quiero invitarte a que leas conmigo Romanos 3:27-31. Nos paramos, exponemos, explicamos, aplicamos, y luego nos movemos al capítulo 4. Versículo 27: "¿Dónde está, pues, la jactancia?" Pablo ha terminado diciendo que el hombre es salvo solamente por la fe y que Dios es justo y es el que justifica a esos hombres que son salvos por la fe. Con eso él comienza diciendo: "¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La ley de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley. ¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles. Porque en verdad Dios es uno, el cual justificará en virtud de la fe a los circuncisos y por medio de la fe a los incircuncisos. ¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe? De ningún modo; al contrario, confirmamos la ley."

Una vez más Pablo entra en lo que he llamado una "diatriba". Ya lo hemos mencionado en otras ocasiones: es un argumento que tú construyes en tu mente imaginando personas que te están escuchando y que están argumentando en tu contra, o que están levantando preguntas. Simplemente entonces elaboras la pregunta y luego tú mismo respondes dicha pregunta. Y esta es la primera: "¿Dónde está, pues, la jactancia?" En otras palabras, ¿de qué te vas a enorgullecer si no es por obras y tú no puedes contribuir a tu salvación? ¿De qué te vas a jactar? Pablo responde inmediatamente que queda excluida, obviamente. Pero ha hablado de dos cosas: ha hablado de las obras, ha hablado de la fe, y él dice: "¿Por cuál de las dos, por cuál ley queda excluida?" Por la ley de las obras, no; por la ley de la fe.

Cuando Pablo habla de la jactancia, él estaba consciente no solamente de la jactancia del judío, sino de la jactancia del ser humano cuando él contribuye a algo que logra adquirir. Pablo sabe que él toca el talón de Aquiles del ser humano, o el talón de Aquiles de la criatura, porque le pasó lo mismo a Lucifer: es el orgullo, la auto-dependencia, la auto-suficiencia, el querer ser independiente de alguna manera del Creador. Y Pablo lo sabe no solamente porque él conoce el judaísmo y conocía bien a sus ciudadanos; es que Pablo estuvo ahí.

Pablo sabe cómo él se enorgullecía, y de hecho escribió sobre eso. Antes de venir a Cristo, les escribió a los filipenses acerca de su experiencia como judío. En Filipenses 3 les dice que en un momento dado él se consideró de esta manera: "En cuanto a la justicia de la ley, yo era irreprensible." Filipenses 3. Imagina: en un momento dado, Pablo pensó que podías examinarlo, hacerle un escrutinio de las obras de la ley, y él era irreprensible. Los judíos se enorgullecían de su trasfondo religioso, y Pablo, conociendo eso, lo ilustró con su propia vida. Filipenses 3:5 dice: "Yo fui circuncidado a los ocho días de nacer, de la nación de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos." Yo no tengo sangre mezclada por ningún sitio; soy un hebreo de hebreos, aquí diríamos que de pura cepa. Ese era el orgullo de Pablo antes de su conversión.

Y tú sabes que nosotros leemos eso acerca de Pablo y pensamos como que eso no tiene aplicación para nosotros. Pero créeme que en múltiples ocasiones, en diferentes naciones, yo he escuchado personas jactarse —esa no es la palabra que usan— de su trasfondo religioso, y puede ir algo como esto: "No, yo fui bautizado desde jovencito, me salieron los dientes en el Evangelio, mis padres eran bautistas o presbiterianos, tú conoces al pastor Fulano —un nombre—, yo era de esa iglesia, yo tenía ahí veinte años en esa iglesia escuchando sus enseñanzas." Y quizá no decimos hoy "el hebreo de hebreos", por decirlo así, pero sí "mi abuelo era reformado, mi padre era reformado, yo soy reformado, reformado de reformados."

Los judíos se jactaban incluso de que no solamente despreciaban a los gentiles, sino que si los gentiles de alguna manera trataban de debilitar el judaísmo, los perseguían. Y por eso es que Pablo dice en Filipenses 3, otra vez, que él, en cuanto al celo, era perseguidor de la iglesia. Quizás hoy algunos dicen: "Mira, yo soy un apologista de la fe, yo no tengo pelo en la lengua, al protestante, al pentecostal, le digo las cosas como son; al católico, por igual; y al bautista, por igual." Quizá tenemos ese orgullo, y lamentablemente ese es el talón de Aquiles de la criatura.

Yo creo que una de las personas que mejor nos ha hablado acerca de lo que es ese orgullo para nosotros, como seres humanos, es C. S. Lewis en su libro *Mero Cristianismo* —Mero Cristianismo, el cristianismo básico, lo más básico del cristianismo—. En ese libro, escucha a Lewis hablar de este orgullo, del que Pablo está tratando de hablarles a los judíos. Dice Lewis: "Hay un vicio del que nadie en el mundo está libre." Wow, nadie en el mundo. "Un vicio que todos desprecian cuando lo ven en los demás; sorprendentemente, muy pocas personas admiten ser culpables de este vicio. Además, los no cristianos rara vez muestran misericordia hacia este vicio cuando lo ven en los demás." Yo diría que los cristianos tampoco. "Este vicio se llama soberbia, presunción, y lo opuesto, según la moral cristiana, se llama humildad. Según las enseñanzas cristianas," dice Lewis, "el vicio supremo, el mal más grande, es la soberbia, el orgullo. Otros vicios como la falta de castidad, la ira, la codicia, la embriaguez y otros similares son relativamente menores en comparación."

Entonces esto es como una diatriba ahora de C. S. Lewis. ¿Te parece una exageración? Lewis se pregunta, anticipando el argumento contrario, y esta es su respuesta: "Tómate un momento para pensar. Mencioné antes que cuanto más orgullo tiene una persona, más le molesta el orgullo en los demás." Mientras más orgullo tiene una persona, más ve, más se molesta, más habla, más condena el orgullo en otros. Ya sé que eso es así, no por Lewis, sino incluso en mi propia vida. De hecho, si quieres medir tu nivel de orgullo, pregúntate: ¿cuánto me molesta que los demás me ignoren, me menosprecien, me interrumpan, me traten como inferior? "La verdad es que el orgullo de cada persona compite con el orgullo de los otros." Wow. El orgullo nuestro compite con el orgullo de los otros, porque cuando tú comienzas a verlo y comienzas a huirlo, inmediatamente tu carne comienza a sentir: "Mira este que se cree superior." ¿Pero superior a quién? A mí, por eso estoy molesto.

Lewis había que estar hablando. Pero volviendo al texto, y a la doctrina de la salvación, simplemente para que podamos ver que Pablo está detrás del talón de Aquiles: no hay nada peor que cuando tú combinas el orgullo con la religiosidad. Y para ello nos dice que no podemos ser salvos por las obras de la ley, dice que la jactancia está excluida. Y él concluye en el capítulo 3: "Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley." Algo que ya venía elaborando antes, pero ahora Pablo sabía a lo que estaba apuntando en el judaísmo: por un lado, a esta jactancia, de la cual él mismo fue parte; pero apuntaba también al hecho de que ellos pudieran entender que la salvación no era simplemente para los judíos, sino para todo el mundo. Y de hecho, eso fue revelado también desde el libro del Génesis.

Entonces él hace la próxima pregunta de su diatriba: "¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles, porque en verdad Dios es uno, el cual justificará por la fe a los circuncisos —los judíos— y por medio de la fe a los incircuncisos." Esos somos nosotros. Pablo había llegado a entender lo que les escribió a los corintios en su segunda carta: "Que uno murió por todos," según 2 Corintios 5:14, "y por tanto todos murieron." Si uno murió por todos, eso implica que Cristo murió por judíos y gentiles, por gente de todo pueblo, lengua, tribu y nación.

Y decía verdad que el hecho de que la salvación era para todo el mundo está revelado desde el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis. Dios le dice a Abraham, en el capítulo 12 del Génesis, tempranito en la elección de Abraham: "En tu simiente" —tu descendiente, que es Cristo— "serán benditas todas las naciones de la tierra." La única manera en que eso podía hacerse realidad es si la salvación les llegaba a ellos. Cuando tú llegas al Salmo 22:27, te encuentras: "Todos los términos de la tierra se acordarán y se volverán al Señor, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti." Norte, sur, este, oeste, todas las naciones. Es una doctrina también enseñada desde el inicio, pero debido al orgullo y a la jactancia, el judío llegó a creer que esa salvación era solo para ellos y que podía alcanzarse mediante las obras de la ley.

De nuevo —Pedro, perdón— Pablo sabe perfectamente que necesita derrumbar algunas premisas que los judíos tenían. Una de esas premisas era que la salvación era por las obras de la ley. Ahora él está negando esa posibilidad, y él sabe inmediatamente lo que viene: que Pablo ahora enseña que la ley no sirvió para nada. Por eso viene la próxima pregunta de su diatriba: "¿Anulamos entonces la ley por medio de la fe?" Él anticipa que eso es lo que algunos están pensando, o quizás de eso es que algunos lo irán a acusar. Y él responde negativamente: "De ningún modo; al contrario, confirmamos la ley."

Pablo está diciendo: "El problema no está con la ley; afirmamos la ley. Al contrario, confirmamos la ley." Pablo está diciendo: "Yo sé que ustedes piensan que yo estoy en contra de la ley. No, yo estoy en contra de cómo ustedes entienden la ley, porque la ley no es para salvación." Y Juan Calvino, meditando y reflexionando sobre esto, enseñó algo que yo creo que nos ayuda mucho a verlo de esa manera: que la ley tuvo tres usos.

El primer uso de la ley fue servirnos de espejo de dos maneras. Es un espejo que refleja el carácter santo de Dios, moralmente perfecto, sin fallas, sin defecto. Pero ese mismo espejo a mí me sirve para ver mi pecaminosidad. Entonces ahora yo sé la diferencia entre el Creador y la criatura, viéndome en el mismo espejo. Pero cuando esa criatura trata de llevar a cabo las obras de la ley, descubre —si no lo siente inicialmente— que no puede hacerlo. Y esto es lo que Agustín dijo con relación a este primer uso de la ley: "La ley ordena para que nosotros, después de intentar hacer lo que está ordenado y sintiendo así nuestra debilidad ante la ley, aprendamos a implorar el auxilio de la gracia." Lo que Agustín estaba tratando de decir es que el primer uso de la ley es que, una vez que tienes el reflejo del carácter perfecto de Dios y tu imposibilidad de cumplir la ley, entonces salgas corriendo hacia Cristo a pedir auxilio. De eso es que Agustín estaba hablando.

El segundo uso de la ley —y por eso Pablo la está afirmando— es que la ley sirve para restringir las acciones pecaminosas de los hombres, al experimentar cierto temor de ser castigados. Decía Calvino que esto es especialmente importante para personas a quienes les tenía sin cuidado vivir con cierta restricción moral en su vida. Entonces la ley nos restringe y nos ayuda, porque nos advierte que la transgresión tiene consecuencia; entonces me sirve de freno.

El tercer uso de la ley es revelar lo que agrada a Dios: nos instruye y nos enseña a progresar diariamente en hacer la voluntad de Dios mediante la exhortación a la obediencia. La ley nos instruye: "Debes honrar a padre y madre; debes ser fiel a tu esposo, a tu esposa; no cometerás adulterio." Eso es una enseñanza. Si la obedezco, entonces al mismo tiempo la ley me muestra que cuando obedezco estos mandamientos, le agrado a Dios. "No robarás": le agrada a Dios. Y así sucesivamente. Ese fue el tercer uso de la ley.

De manera que Pablo estaba consciente —quizá no le llamó primer, segundo y tercer uso de la ley— pero estaba consciente del uso de la ley, y dice: "No, yo confirmo la ley, pero niego la salvación por medio de la ley." Y esa doctrina que Pablo está aludiendo, la justificación por la fe, como mencioné, está mencionada desde el libro del Génesis. Y Pablo, como buen rabino que es, elige dos personajes: el mayor de los patriarcas y el más famoso de los reyes. Con esos dos personajes pretende ahora ilustrar la doctrina. Él ya afirmó la doctrina de la justificación por la fe; ahora va a ilustrarla.

Entonces en el capítulo 4, esto es como comienza. Vamos a leer del versículo 1 al 3: "¿Qué diremos entonces que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia." Nos paramos ahí por un momento.

Pablo comienza diciendo que Abraham habrá por la carne. Vamos a explorar ese concepto, y entonces en la exploración de ese concepto él dice: porque si fue por las obras, entonces Abraham tiene algo de qué jactarse ante los hombres. Pero si había algo que los judíos debían entender, es que quizás tú podías jactarte ante los hombres, pero ante Dios tú no podías hacer eso. Revelado de diferente forma, el libro de Pablo ilustra perfectamente bien este punto. El capítulo 9 no entra en los detalles, pero como si no fuera suficiente, Dios reveló a través del profeta Jeremías que no te gloríes ni en lo que tienes, en la riqueza, ni en tu poder, ni en tu sabiduría. Que si te ibas a gloriar, había una sola cosa de la cual tú te podías gloriar, y era que tú conoces a Dios y tú entiendes a Dios.

De manera que Pablo le da, como que le da por la rodilla a los judíos en su entendimiento. Les dice: oye, Abraham, tú sabes que Abraham no se podía jactar de eso anteriormente, de manera que esa no es la forma. Pero luego me encanta cómo se la preguntan en el versículo 3: ¿qué dice la Escritura? Te voy a decir qué me gusta de esa pregunta. Número uno: que Pablo no dice qué dicen las Escrituras, como si las Escrituras fueran diferentes porciones que se pueden tomar y dejar, o creer y no creer, sino que la singulariza: ¿qué dice la Escritura? Es un solo libro, una sola verdad unificada. Y número dos: Pablo no pregunta qué dijo Dios. No, no tenía que hacer esto porque Pablo entendía que cuando la Escritura habla, Dios habla. Entonces ahora la pregunta es qué dice la Escritura, pero yo pudiera decir qué dijo Dios.

Y esto es lo que los judíos leyeron pero no entendieron: "Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia." Eso no es Romanos que lo dice por primera vez; eso no es Pablo que lo está diciendo. Eso está en Génesis 15:6, que cuando Abraham le creyó a Dios, eso le fue contado por justicia. Y recuerda del mensaje anterior que dijimos que la palabra que traducimos ahí como justicia en español tiene que ver con el carácter moral. Por eso es que las traducciones en inglés hablan de righteousness, el carácter moral de la persona, el justo, pudiéramos decir. Entonces cuando Abraham le creyó a Dios, él fue contado como justo. Ahí está la doctrina de la justificación por la fe revelada. No fueron las obras de Abraham; fue la fe depositada por Abraham en la persona de Dios.

Ahora, la palabra traducida como "le fue contado", que viene desde el Génesis, en griego es logizomai. Es una palabra clave que está repetida en el texto que voy a estar exponiendo del capítulo 4, como siete u ocho veces, de diferentes formas. Escucha lo que este diccionario teológico dice que la palabra significa: significa tomar algo que le pertenece a alguien y acreditárselo a la cuenta de otro. Entonces cuando Abraham creyó, Dios tomó algo que le pertenecía a Su cuenta y se lo contó a cuenta de Abraham. Y eso que Dios contó a cuenta de Abraham fue el carácter moral de Dios, por medio del cual él podía declarar a Abraham justo sin serlo. Se lo contó como si fuera de Abraham, de tal manera que ahora él podía declarar a Abraham justo sin serlo. La fe de Abraham depositada en Dios fue reconocida, y Dios le otorgó algo que no le pertenecía a Abraham pero sí le pertenecía a Él, y fue declarado entonces justo.

Ahora, en la cruz ocurrió algo distinto, y luego ocurrió algo parecido. ¿Qué fue lo distinto? Recuerda: Dios le otorgó a Abraham algo que no era de Abraham pero era de Dios. En la cruz, Dios tomó mis pecados, mis culpas, y se las imputó a Cristo; se las cargó a Cristo, a cuenta de Cristo, para que eventualmente el día que yo llegara a creer, Dios pudiera tomar el carácter de Cristo e imputármelo a mí, considerarlo como mío sin serlo. De manera que los reformadores insistieron todo el tiempo en que el pecador es declarado justo, pero que su justicia no es intrínseca. No es una justicia, un carácter moral que a él le pertenece, porque él no llega a alcanzar ese carácter moral puro como debe tenerlo para salvación. Sino que es extrínseca, que es algo que Dios le otorga, que le pertenece a Dios, en este caso a Cristo, quien se lo otorga. Es como literalmente hablando: en la cruz, Cristo fue tratado como si Él hubiera vivido la vida de Miguel Núñez o la tuya, para que cuando yo creyera, yo fuera tratado como si hubiese vivido la vida de Cristo. Es la doble imputación de la que hablamos en teología.

Déjame ver si te lo puedo ilustrar. Yo lo decía en el servicio anterior: si tú estuviste aquí en el 2016 o 2017, que eran los 500 años de la Reforma, pues creo que fue el 2016 o principios del 17, tú oíste esta ilustración. Pero ya hace como ocho años de eso, de manera que probablemente la olvidaste, la recuerdas mal, o no la has oído. Entonces vale la pena volverla a usar. Yo creo que esta ilustración muestra perfectamente bien de qué trata esta imputación, doble imputación, y de qué trata la doctrina de la justificación por la fe.

Cuenta la historia que en un pueblo lejano, hace muchos años, había un rey. El rey era un buen rey. Y en el pueblo había un cantante, el mejor cantante de la ciudad, que quería ir a cantar para el rey porque el rey lo apreciaba. Entonces en una ocasión fue hacia el castillo, pero no lo recibieron. Él se fue decepcionado, pero entendió: "¿Cómo estaba vestido yo?" Dijo: "Yo sé que vine como me visto usualmente. Yo necesito estar vestido de la realeza; es para el rey que voy a cantar." Y por tanto él decidió que iba a trabajar arduamente, iba a acumular todo el dinero que pudiera, de manera que pudiera comprarse ropas de la realeza y pudiera comprar su caballo blanco, típico de la realeza. Y que él iba a montarse en su caballo y un día posterior iba a llegar al castillo, y estaba seguro de que con esa ropa lo recibirían.

Él había trabajado duro para esto. Emprende el camino hacia el castillo, habiendo comprado lo que mencioné, y ya no le quedaba más dinero. Pero en el camino el caballo tropieza, y ambos se caen y ambos se enlodan. Las ropas se rompen, la ropa queda sucia, y el caballo ahora está un tanto herido y sucio. Y él se mira, mira el caballo, y dice: "Si no me recibieron antes con ropas limpias, mucho menos ahora." Y se va caminando con la cabeza abaja, llorando. Pero en el camino se encontró con el hijo del rey, el príncipe, que era también de buen corazón. Le dice: "Joven, ¿qué te pasa?" Y él le cuenta toda su historia, lo decepcionado que está, lo triste que se siente de que no va a poder llegar a la presencia del rey.

Y el príncipe le dice: "Mira, hagamos algo." Tomó su capa, se la quitó, se la puso encima, se la cerró y le dijo: "Mira, esta es mi capa. Ahora ya no estás sucio; ahora estás completamente limpio. Pero además, los soldados de mi padre conocen que esta capa es única y la reconocen desde lejos. Cuando ellos te vean, te van a abrir la puerta del castillo, alguien te va a tomar de la mano y te va a llevar frente al rey, y tú podrás cantar frente a él." Él se pone la capa, se presenta desde lejos, reconocieron que venía alguien a quien el príncipe le había dado la capa, le abren las puertas, alguien lo tomó de la mano, lo llevó frente al rey, y él cantó.

Y eso es exactamente lo que ocurrió: el rey lo recibió no porque él estuviera limpio, sino porque alguien que era su hijo había cubierto su suciedad. Y de esa misma manera, el Hijo de Dios cubre el pecado, la iniquidad, la inmoralidad del pecador, y ahora este se presenta delante del Rey, delante de Dios, y Dios ve la santidad del Hijo otorgada al pecador. Esa es la doctrina de la justificación por la fe. Tú crees en el Hijo, el Hijo te otorga Su santidad. Así ocurre con nuestra salvación.

Ahora bien, ¿es eso lo que ocurre cuando Cristo le otorga Su santidad a todo el mundo que levanta la mano y pasa adelante en una profesión de fe? Yo quisiera creer que sí, pero no ocurre así lamentablemente. No porque Dios no quiera, sino porque el ser humano no necesariamente responde como debiera cuando escucha las invitaciones a esa salvación. Yo menciono eso porque recientemente lo compartí con el equipo nuestro. Quedé un poco chocado con esta realidad: una casa publicadora me pidió que endosara un libro sobre el Evangelio. Le dije que el libro es del año 2010; yo lo conocí, está en mi biblioteca, y ahora ya está bien. "Es un párrafo; mañana por la mañana te lo mando." Abrí el libro y comencé a leer quiénes lo estaban endosando anteriormente, y esto es lo que fui descubriendo.

Primero: pastor de una megaiglesia reconocida en Estados Unidos, cancelado por abuso de poder y malversación de fondos. Segunda persona: cancelado de una iglesia en el estado de Florida por adulterio, que eventualmente confiesa. Una iglesia lo toma, lo contrata tres a seis meses después, lo que no debieron haber hecho, y entonces allí se descubre un segundo adulterio que nunca confesó en el primero. Cancelado también. El tercero: una persona que dirigía una organización evangélica significativa en Estados Unidos, grande. Practicaba el tiro al blanco; un día se fue a practicar tiro al blanco con sus amigos, se puso la pistola en la cabeza y se quitó la vida.

El próximo: un pastor reformado en una iglesia por veinte años, que escribió libros y demás. Un fin de semana anunció que se estaba divorciando de su esposa, al mismo tiempo que renunciaba a la fe, y sigue fuera de la fe. Y se unió a un grupo en una marcha LGBT ese mismo fin de semana. El próximo: una persona que fue presidente de una asociación de una denominación grande en Estados Unidos, acusado de adulterio con la esposa de otro pastor. Cancelado. El próximo: presidente de esa misma denominación, acusado de adulterio encubierto y, peor aún, de haber intimidado a una joven que habló de que había sido abusada o acosada sexualmente en el seminario, y que él tapó eso. Por consiguiente, luego salió todo a la luz.

Seis de diez en un solo libro. Se abre el Evangelio.

Yo no sé quién era o no era cristiano; yo no lo sé, yo no soy Dios. Pero si lo que quiere decir es que una cosa es hacer una profesión de fe y otra cosa es tener posesión de la fe, lo que los reformadores nos enseñaron es que la fe verdadera que salva tiene algunos ingredientes o componentes. Y ellos usaban palabras en latín, el lenguaje eclesiástico de la época.

La primera, el primer ingrediente: *notitia*, que se refiere a una comprensión intelectual sobre Cristo y su Evangelio. O sea, tú entiendes, tú lees esto, tú entendiste mentalmente. Un ateo puede entender mentalmente lo que es el Evangelio. Ya que *notitia* todavía no me salva.

Número dos: *assensus*, que tiene que ver con asentir, asentimiento o aprobación intelectual de la verdad. Eso es que yo leo esto y veo que dice que Cristo se ofreció como sacrificio por los pecadores; entendí lo que dice semánticamente, pero también digo: "Bueno, eso sí, yo entiendo que eso fue lo que se ha dicho por dos mil años". Entonces asentí, y también entendí que realmente eso ocurrió. Pero como decía uno de los reformadores, si esas dos cosas son las únicas que yo tengo, todavía no puedo garantizar que soy salvo, porque los demonios tienen esas dos cosas. Los demonios tienen *notitia*; ellos saben que Cristo es el Salvador del mundo, y si les preguntaran: "¿De verdad que Cristo es el Salvador?", dirían: "Sí, eso es lo que yo entendí".

El tercer elemento es *fiducia*, que no es un acto del intelecto sino de la voluntad: el depósito de mi confianza en Cristo para la salvación de mi condición. No para la salvación de mi matrimonio, que eso puede ser parte de lo que viene como bendición de Dios; no para la moralidad de mis hijos, aunque eso puede ser parte de lo que Dios quiera hacer en tu vida; no para la prosperidad de mis negocios. Es que yo estoy hundido en pecado y yo necesito salvación, yo necesito perdón, y lo único que me puede perdonar a mí es el sacrificio de Cristo en la cruz, la sangre derramada a mi favor. De eso es que Pablo está hablando. Esa es la fe que me salva. Ahí yo tengo posesión de la fe: deposité mi confianza.

¿Sabes cuándo Adán y Eva perdieron la relación con Dios? Cuando dejaron de confiar en Dios. Esto no es tan simple como parece. Cuando ellos confiaron en lo que la serpiente les dijo y desconfiaron de lo que Dios les dijo, en ese momento se acabó el juego; literalmente fueron expulsados del jardín. "Yo no tengo mi jardín para gente que no cree en mí." Y de esa misma manera, cuando vas a ser incluido en el reino de los cielos, lo que Dios está diciendo es: "Yo tampoco tengo mi reino para gente que no cree en mi Hijo, que murió en la cruz, que derramó su sangre. La única gente que yo voy a tener aquí adentro son los que han confiado en mi Hijo, porque por eso lo envié".

Este Pablo está usando todavía la vida de Abraham para ilustrar algo que viene de atrás, como que esto no es nuevo. Y Pablo elaboró mucho la doctrina en Efesios 2:8-9: "La salvación es por gracia, por medio de la fe, y esto no es de vosotros, es un don de Dios". Pero como Pablo necesita desempacar completamente la doctrina y darle un contexto, sigue con Abraham.

Entonces, en el versículo 4 y 5, Pablo dice lo siguiente: "Ahora bien, al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor sino como deuda". En otras palabras, tú contratas a alguien, se pasan un mes trabajando haciendo obras en tu casa de todo tipo, y al final él viene a cobrar. Tú no le dices: "Te voy a dar, no sé, mil dólares, por gracia". No, tú le debes, porque él estuvo trabajando por un mes entero. Pablo dice: "Déjame relacionarte eso con la salvación", porque "al que trabaja el salario no se le cuenta como favor sino como deuda".

"Pero al que no trabaja, no está haciendo obra, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia." En otras palabras, esta persona trabajó en tu casa por treinta días; tú le pagaste, le debías eso. Yo, en cambio, no trabajé, voy y te digo: "Mi paga es que yo creo en ti, entonces tú me pagas". Él sí puede decirme ahora: "Oye, te estoy haciendo esto por gracia, porque tú no has trabajado para esto, tú no has obrado nada, tú no te has ganado nada". Eso, en esencia, es lo que Pablo está tratando de hacerles entender: "Al que no trabaja, pero cree en aquel —con A mayúscula— que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia".

Ahora, pienso yo que estamos bastante claros acerca de cómo es esta doctrina. Pero ahora Pablo hace algo con David que tú no esperarías, porque la manera como él usa a David ahora no es para ilustrar la salvación por gracia por medio de la fe, sino para ilustrar que el que ya ha creído, cuando peca, cuando transgrede la ley de Dios, no tiene un camino diferente que no sea por gracia, por medio de la fe, la confianza en el Salvador y perdonador de sus pecados. A Abraham lo usó para ilustrarte cómo entra el que está fuera; ahora a David lo va a usar para que entiendas cómo opera el que está adentro.

Entonces escucha ahora, versículo 6: "Como también David habla de la bendición que viene sobre el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras". David es un hombre conforme al corazón de Dios; él no está hablando como incrédulo, está hablando como creyente. Y lo que Pablo va a hacer ahora —yo diría que magistralmente— es usar palabras de David después de un hecho en particular para decirnos: "Esto sigue siendo por gracia, aun después de haber creído".

Escucha ahora, versículo 7: "Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas y cuyos pecados han sido cubiertos. Bienaventurado el hombre cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta." ¿Saben cuándo David escribió esto? Esto es parte del Salmo 32. El Salmo 32 es un salmo que David compone después de su adulterio con Betsabé. David está escribiendo como creyente que ha transgredido la ley de Dios, y él comienza el Salmo 32 diciendo: "Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas, cuyos pecados han sido cubiertos. Bienaventurado el hombre cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta".

Y en el versículo 6, Pablo dice que es una bendición para el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras. ¿Saben cómo dice David en el Salmo 32 que Dios cubrió su pecado, que Dios perdonó su pecado? David no dice: "Bienaventurado el hombre que fue al templo y ofreció siete sacrificios y Dios le perdonó sus pecados". Eso no es lo que él dice. Si él dijera eso, entonces sería por las obras. No; David dice: "Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas y cuyos pecados han sido cubiertos", sin haber obrado.

El perdón que Dios otorga, hermano, al creyente después de pecar no es por obra. No irán a un confesionario a confesar sus pecados para que luego se les pida que se paren de ahí a hacer obras de penitencia. Eso no es la manera como la Biblia describe que el perdón se obtiene. Escuchen ahora.

Primero, él dice: "Bienaventurado el hombre a quien Dios le perdonó su pecado, sus iniquidades han sido cubiertas." Pero lo que él dice después es la revelación de por qué él comenzó diciendo lo que dijo acerca de la bienaventuranza. Lo que él dice ahora, versículos 3 al 5: "Mientras callé, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día." De haberlo hecho honesto, transparente. Me encanta lo que él dice en el Salmo 51, que también es la confesión de David después de pecar con Betsabé, cuando él dice: "Le enseñaré a los hombres el camino del perdón, le enseñaré a los hombres cómo evitar la transgresión." Aquí David está haciendo exactamente eso: déjame dejar esto plasmado para que otros vengan, me lean y entiendan cómo es que Dios perdona al creyente.

"Mientras callé, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí." No podía dormir, me levantaba y me sentía culpable, me acostaba y me sentía culpable. Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. Entonces, ¿qué hiciste, David? ¿Fuiste al templo? ¿Fuiste al sumo sacerdote? ¿Esperaste por el día de la expiación? No. Escuche el versículo 5: "Te manifesté mi pecado y no encubrí mi iniquidad. Dejé de negarla, dejé de decirles a otros que no, que eso no había pasado, y dije: 'Confesaré mis transgresiones al Señor', y Tú perdonaste la culpa de mi pecado."

¿Qué hiciste, David? Fuiste, como en el Salmo 51, donde el Señor, y le dijiste que confiabas solamente en Su misericordia, que confiabas solamente en Su bondad, y el Señor entonces en Su bondad te perdonó cuando confesaste tus transgresiones, después que dejaste de encubrir tu iniquidad. No sacrificio, no obras. David acaba de decir cómo fue perdonado, y además dice que eso es cómo tú necesitas ir donde Dios, cómo yo necesito ir donde Dios. Cuando transgredimos la ley como creyentes, es yendo con corazón contrito, humillado, diciendo al Señor: "Soy un hombre pecador de esta manera, una mujer pecadora de esta manera, y yo confío" —ahí está la fe— "yo confío en que Tu sacrificio, el sacrificio en la cruz, sigue teniendo poder para perdonar mis pecados en este momento."

Y Pablo dice, versículos 9 al 12: "¿Esta bendición es solo para los circuncidados? ¿Es solo para los judíos? No, ¿o también para los incircuncidados?" Porque decimos que a Abraham la fe le fue contada por justicia. Entonces, ¿cómo le fue contada, siendo circuncidado o incircuncidado? No siendo circuncidado, sino siendo incircuncidado. Lo que Pablo está tratando de explicar es que cuando el texto de Génesis dice que Abraham creyó y le fue contado por justicia —eso es Génesis 15:6—, Abraham tenía alrededor de 75 años, pero la circuncisión vino a los 99 años, 24 años después. De manera que cuando Dios declaró a Abraham justo, no fue después de la circuncisión; fue 24 años antes de la circuncisión, para dejar claro que la obra no tenía nada que ver con esto.

Por eso Pablo dice: "¿Cómo fue que a Abraham se le contó como justicia, siendo circuncidado o incircuncidado? No, siendo incircuncidado." Y ahora él pregunta: "Entonces, ¿qué fue la circuncisión?" Escúchenlo, ahora les voy a leer para cerrar el versículo 11 y 12 de Romanos 4 de la Nueva Traducción Viviente: "La circuncisión era una señal de que Abraham ya tenía fe. A los 99 años, cuando fue circuncidado, la circuncisión fue simplemente una señal de que ya tenía fe de hacía muchos años, y de que Dios ya lo había aceptado y declarado justo aun antes de que fuera circuncidado."

Ahora mira detrás de qué más estaba Dios. "Por lo tanto, Abraham es el padre espiritual de los que tienen fe pero que no han sido circuncidados" —esos son los gentiles—, como Abraham fue justificado antes de la circuncisión. Pues él puede ser el padre de la fe de aquellos como nosotros que no tenemos circuncisión; a ellos se les considera justos debido a su fe. "Y Abraham también es el padre espiritual de los que han sido circuncidados" —esos son los judíos—, "pero solo en el caso de que tengan la misma clase de fe que tenía Abraham antes de ser circuncidado." En otras palabras, no es la circuncisión la que te salva; tú la puedes tener y puedes ser salvo, pero tu salvación te llega solamente si tienes la misma fe que Abraham ya tenía cuando fue circuncidado, que ya tenía su fe y había sido declarado justo.

Y con eso Pablo dice —déjenme el micrófono, lo deja caer— que esto se acabó. Eso es lo que Pablo hace: Pablo afirma la doctrina de la justificación por la fe y luego la ilustra. Yo creo que de esa manera Pablo lo hizo de una forma magistral para que todos lo entiendan. No simplemente para decir: "¡Wow, entiendo mucho mejor!", si eso es lo único que va a hacer. Porque se supone que el entendimiento de algo tan rico como lo que Dios soportó en tu peor condición —por gracia, simplemente depositando la fe, y que Cristo estuviera dispuesto también a cargar con tu culpa y con tu pecado— debiera ser la mayor motivación para dedicar el resto de tu vida a vivir una vida de piedad y de santidad.

Eso debiera ser la mayor razón para querer exaltar la cruz, para querer exponer el Evangelio, para querer reflejar el Evangelio, vestirte del Evangelio de manera que el Evangelio llegue a ser tu piel y no un uniforme que te pones y te quitas. Esa es la motivación. Por eso Pablo podría decir: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia", porque el amor de Cristo me apremia, estando convencido de esto: que uno murió por todos y por tanto todos murieron. Ya Cristo me ha pegado contra la pared; no me deja ninguna otra opción que no sea vivir para Él por el resto de mi vida. Ya sea por vida o por muerte, lo que quieras, glorificarle a Él; ya sea que me vaya o me quede, esa es mi meta, hermanos.

Como decía alguien: "El fracaso es tener éxito en lo que no tiene importancia." Déjenme decir eso otra vez: el fracaso es tener éxito en lo que Cristo no otorga ninguna importancia. Por eso la Palabra de Dios nos dice que pongamos los ojos no solamente en Jesús, sino también en el mundo venidero; que tengamos la mente y los ojos en Jesús y la mente en el mundo venidero, que nos olvidemos de este mundo pasajero. Este es el mundo que nos da estancia, que nos da reconocimiento, nos da aplausos, nos da aprobación. Pero Pablo dice: "Yo estuve ahí, yo sé lo que es eso, y nada de eso tiene ningún valor."

De manera que, hermanos, corran, pero corran bien. Corran la carrera de la fe, de alegría de que Dios dijo: "Tú eres culpable y te declaro no culpable. Tu maldad fue lavada, y lavada no con agua; fue lavada con sangre, y no con sangre de corderos y machos cabríos; fue lavada con la sangre del Unigénito de Dios, el Creador y Redentor de toda la humanidad." ¿Se imaginan?

Padre, gracias. Padre, ciertamente un amor así no se puede concebir ni describir; lo único que se puede hacer es experimentarlo cuando Tú nos lo das. Una gracia de esa magnitud es indescriptible; nosotros no sabemos lo que es eso. Señor, vestirnos con un uniforme de santidad, cubriendo pecados horrorosos, eso solamente lo pueden hacer Tus misericordias. Señor, que Tú te atrevas, por así decirlo, a poner un manto blanco y santo sobre mis vestiduras sucias de pecado, es más de lo que mi mente puede digerir. Señor, perdona; ayúdame, ayúdame a vivir a la altura de mi llamado. Tu llamado es alto; no puedo vivir por debajo de él porque te deshonro. Permíteme vivir una vida digna del llamado que me has dado. En Cristo Jesús te lo pedimos, amén.

Gracias por acceder a este recurso; espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.