Integridad y Sabiduria
Sermones

Lecciones dulces de aguas amargas

Luis Méndez 22 julio, 2018

La vida cristiana mezcla momentos de celebración con temporadas de amargura, y Dios usa ambos para formar a su pueblo. Éxodo 15 lo ilustra con claridad: Israel acababa de presenciar el milagro más impresionante de su historia —el Mar Rojo dividido en dos, el ejército de Faraón destruido— y cantaba con gozo la fidelidad de Dios. Pero apenas tres días después, en el desierto de Mara, no encontraron agua potable y comenzaron a murmurar. La misma gente que había visto el poder divino ahora dudaba ante una dificultad menor.

Dios conocía esa necesidad antes de que surgiera. Ya había preparado un árbol en el desierto que, echado en las aguas amargas, las volvió dulces. Pero la provisión física fue solo el comienzo del ministerio de Dios en ese lugar. Lo que siguió fue más importante: un estatuto, una ordenanza, y una prueba. Dios les dijo que si escuchaban atentamente su voz y obedecían, los libraría de la peor enfermedad: la incredulidad.

El pastor Luis Méndez, quien vivió en el desierto de Arizona, ilustra la dureza de esos lugares: las flores del desierto son cactus con espinas, y un saguaro necesita setenta años para producir su primera rama. Ese era el contexto de la prueba de Israel.

Mara no fue el destino final. Después llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras. No debemos conformarnos con aguas amargas endulzadas cuando Dios tiene preparado un oasis más adelante. En medio de la amargura de las pruebas, necesitamos llenarnos de la dulzura de las promesas de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos, hermanos, para vivir en su palabra! Libro de Éxodo, capítulo número 15. Vamos a estar más enfocados en los versículos 22 al 27. Hemos titulado el sermón de esta mañana: "Lecciones dulces de aguas amargas". Éxodo, capítulo número 15. Voy a leerles del verso 22 al 27.

"Moisés hizo partir a Israel del Mar Rojo y salieron hacia el desierto de Sur. Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua. Cuando llegaron a Mara, no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas. Por tanto, el lugar le pusieron el nombre de Mara. Y murmuró el pueblo contra Moisés diciendo: '¿Qué beberemos?' Entonces él clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol, y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba, y dijo: 'Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, y haces lo que es recto ante sus ojos, y escuchas sus mandamientos y guardas todos sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios, porque yo, el Señor, soy tu sanador.' Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas."

Déjenme brevemente introducir nuestro tema y sus lecciones para la vida. ¿Qué aprendemos en nuestra vida a través de experiencias amargas, a través de experiencias dolorosas? El camino de la comodidad, el camino de la conveniencia, no siempre es la mejor vía para el aprendizaje. Y Dios lo sabe, y Dios en su sabiduría permite que algunas veces vengan esas aflicciones, vengan experiencias difíciles, con el fin de bendecirnos, con el propósito de hacernos crecer en la fe.

Y yo quisiera esta mañana ilustrar esa realidad tomando como ejemplo una situación particular que el pueblo de Israel tuvo que enfrentar al peregrinar en esta tierra. Déjenme poner en contexto dónde está Israel. El pueblo de Israel en este momento está todavía disfrutando el frescor de una gran victoria espiritual. Se huele el entusiasmo. Es un tiempo de gran celebración. Y todos los que conocen la historia recordarán que aquí en Éxodo, en esta parte, ellos han sido liberados de la esclavitud de Egipto mediante uno de los portentos más maravillosos que se registran en el Antiguo Testamento.

Fue algo impresionante lo que sucedió. Cuando ellos estuvieron oprimidos por el faraón, perseguidos por el faraón, llega un momento en que el pueblo de Israel, siguiendo la dirección de Moisés, llega al lado del mar. Y este es el esquema: está el mar de frente, los ejércitos del faraón persiguiéndolos a ellos, y ellos están en medio de eso. Y Dios hizo lo que solo Dios podía hacer: Dios abrió el mar en dos.

Miren cómo lo dice el texto en Éxodo capítulo 14, el capítulo anterior. Dice el verso 21 y 22: "Extendió Moisés su mano sobre el mar, y el Señor —eso es importante, no Moisés, sino el Señor— por medio de un fuerte viento solano que sopló toda la noche, hizo que el mar retrocediera y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas. Y los hijos de Israel entraron por en medio del mar en seco, y las aguas eran como un muro a su derecha y a su izquierda."

Ustedes entienden la idea. Yo no estoy hablando de un arroyito en constante fluir; estoy hablando del Mar Rojo, dividido en dos. Por un momento piensen en esto: la pared de la izquierda y la pared de la derecha era agua contenida, así, amenazando. Y Dios abrió un camino y por ahí pasó todo el pueblo. Es importante entender que ahí no había solamente gente atlética. El pueblo consistía en todas esas familias, con gente mayor, con animales, todo eso, y todo el pueblo pasó en seco.

Y esta gente no les contaron esto. Ellos estuvieron ahí. Ellos olían el mar caminando. Ellos vieron a Dios en medio de eso. Y no solamente eso: no solamente pudieron cruzar todo el pueblo, sino que justo cuando el faraón y su ejército, persiguiéndolos, estaban en el medio del mar, entonces las aguas se cerraron otra vez. Y todos los enemigos perecieron.

Miren cómo lo dice el verso 26 al 28. Estoy en Éxodo 14. "Entonces el Señor dijo a Moisés: 'Extiende tu mano sobre el mar otra vez, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y su caballería.' Y extendió Moisés su mano sobre el mar. Y al amanecer, el mar regresó a su estado normal. Y los egipcios, al huir, se encontraron con él. Así deshizo el Señor a los egipcios en medio del mar. Y las aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, a todo el ejército del faraón que había entrado tras ellos en el mar. No quedó ni uno de ellos."

Dios lo hizo. Eso fue algo maravilloso, eso fue algo impresionante, eso fue algo que Dios le mostró de una manera directa. Ellos presenciaron el gran poder de ese Dios actuando a su favor, contra sus enemigos. Les dio una nueva oportunidad, por así decirlo, y como se imaginarán, ellos estaban muy contentos. Ellos estaban regocijados. Eso fue una experiencia que el corazón —si hubiéramos sido nosotros aquí, la gente que dice "el corazón se me quería salir"— así debió haberles latido.

Y ellos cantaron. Imagínense la cantata de Éxodo 15. De hecho, el capítulo 15 recoge ese cántico. Oigan: "Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor y dijeron: 'Cantaré al Señor, porque se ha glorificado grandemente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar.'" Ellos cantaron: "Mi fortaleza y mi canción es el Señor, y ha sido para mí salvación. Este es mi Dios y yo le glorificaré, el Dios de mi padre, y yo le ensalzaré."

No lean esto con mucha frialdad. Métenle música, métenle un pianito, violines. Esa es la idea. Esto es realmente un cántico. Dice el verso tres: "El Señor es un guerrero poderoso. El Señor es su nombre. Los carros del faraón y su ejército arrojó al mar, y los mejores de sus oficiales se ahogaron en el Mar Rojo. Tu diestra, oh Señor, es majestuosa en poder; tu diestra, oh Señor, destroza al enemigo. En la grandeza de tu excelencia derribas a los que se levantan contra ti; envías tu furor y los consumes como paja." Verso doce: "En tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido; con tu poder los has guiado a tu santa morada."

¿Quieren más celebración de alguien? Si le ponen la musiquita y la gente levantando el brazo y las lagrimitas... esto es una cantata realmente. Un solo problemita: no duró mucho tiempo la cantata. La alegría, el regocijo se fue escapando de una vez. Tres días después —yo creo que todavía estaban recogiendo los regueros de la fiesta que hubo— tres días después viene una prueba.

Ellos cruzaron, ya en tierra empezaron su marcha por el desierto y no aparecía el agua. Y el tema se complicó. Ellos avanzaron y llegaron a un lugar que se llama Mara. Ahí había agua, pero no pudieron beber esas aguas porque eran amargas. Entonces encontramos el primer problema: ellos fueron probados en su fe. ¿Qué hicieron?

Cuando vino esta pequeñita dificultad, después de haber visto el Mar Rojo dividido en dos y cerrarse para destruir al enemigo, ¿qué hicieron? ¿Acaso dijeron ellos: "Bueno, Dios ha sido fiel en situaciones peores que esta; vamos a confiarle ahora"? No. ¿Acaso dijeron: "Dios nos ha dado su promesa de guiarnos a una tierra de bendición; vamos a esperar pacientemente"? No. Ellos respondieron en incredulidad. Dice el verso 24: "Y murmuró el pueblo contra Moisés diciendo: '¿Qué beberemos?'"

Nosotros tenemos que ilustrar esto muy bien, señores. Tenemos que imaginarnos la escena. Esto es el desierto, ¿ok? A mi familia, oficialmente, todavía vivimos en Arizona, y Arizona es un desierto, un desierto moderno, pero es un desierto. ¿Saben cuáles son las flores del desierto? Los cactus. Espinas. En Arizona, por ejemplo, hay un cactus muy especial llamado Saguaro. ¿Saben cuál es el tamaño promedio de uno de esos? Treinta pies. Yo tengo seis pies; un cactus de esos mide treinta pies. Para que a un cactus de esos le salga una ramita —o sea, un bracito, para tratar de ponerse romántico— se necesita que alcance por lo menos quince pies de altura antes de que pueda salir la ramita. ¿Saben cuánto tiempo toma que salga la primera ramita? Setenta años.

Mi querida esposa, doménica, quería ir al fin al algo romántico. Ella dijo: "Bueno, en el balcón de nuestra casa vamos a sembrar un cactus." Entonces fuimos a una tienda a buscar un cactus recién nacido, y ella dijo: "Explíqueme cómo funciona esto." El individuo que vendía le dijo: "Señora, con todo el respeto, usted lo va a sembrar, pero usted no lo va a ver. Son setenta años para que salga la primera ramita." Esas son las flores del desierto: los cactus.

Cuando usted habla de verde allá, olvídese de eso. El verde es la tierra seca, árida. Y el agua natural usted la puede encontrar en su imaginación. Ahí no hay agua, y este es el problema que el pueblo tiene aquí. Ese problema no se resuelve llamando al colmado por WhatsApp, pidiendo un botellón de agua como hacemos aquí con tantas comodidades. Y por si alguien no lo sabe, el colmado es un supermercado chiquito, más o menos esa es la idea.

Es como si alguien dijera en el medio de la prueba: "Ven acá, ¿pero nadie pensó en este asunto? No sé qué cruzarían por sus mentes. Allá había de todo, cruzamos, y ahora... el agua. ¿Qué es lo que vamos a beber?" ¿Y qué pasó entonces? Bueno, Dios les ministró en su necesidad. Dios no solo resolvió la dificultad física de la sed, sino que además les enseñó algunas lecciones importantes de la vida que todos nosotros nos vendría muy bien aprender.

Y es sobre esas lecciones que estaremos enfocados esta mañana. Son lecciones valiosas, ya sea que tú estés atravesando una aflicción en el presente, o para prepararte para una aflicción en el futuro. Esta mañana nosotros vamos a volver atrás en el tiempo y vamos a unirnos al pueblo de Israel en Mara. Dios los llevó a ese lugar de aguas amargas para que pudieran aprender algunas lecciones dulces para sus almas. Así hemos titulado nuestro sermón esta mañana.

Lecciones dulces de aguas amargas. Lo que yo deseo es analizar la historia desde dos perspectivas diferentes. Quiero, en primer lugar, ver la historia desde una perspectiva humana, y luego veamos la historia otra vez desde una perspectiva divina, y luego vamos a algunos puntos de aplicación.

Vamos entonces a nuestra perspectiva humana de la historia. ¿Qué observamos con relación a la conducta del pueblo de Israel, que en cierta manera nos representan a nosotros? ¿Qué pasó con ellos? ¿Qué aprendieron ellos? ¿Qué también nosotros podemos aprender?

En primer lugar, ellos aprendieron algunas lecciones acerca de la vida. La vida, en primer lugar, es como una mezcla de acontecimiento, una mezcla. Hay momentos de calma y celebración, hay momentos de tempestad y aflicción, y ni siquiera los creyentes están exentos de eso. Según la Palabra de Dios, la vida es así. Dios nos presenta en Su Palabra la vida como la mezcla de esos acontecimientos.

Job, capítulo 14, versículo 1, dice: "El hombre nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores." Job, capítulo 5, versículo 7: "Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así es el hombre que nace para la aflicción." Dice Eclesiastés, capítulo 2, versículo 23: "Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Eso también es vanidad." La vida habla de esa realidad.

Pero también nosotros sabemos que hay momentos dulces, hay momentos maravillosos: cuando una familia crece, cuando nacen los niños, cuando una persona se convierte —el evento más importante de la vida—, cuando una persona se enamora, cuando una persona crece. Mientras esa visión de la vida puede parecer extraña, esa es la realidad en la que nacemos. Si ponemos todo entonces en balance, la vida es exactamente eso, una mezcla de experiencias, y esa es una buena lección para recordar. Nosotros necesitamos ser recordados, estar conscientes de que la vida puede marchar en diversas maneras, y entonces debemos estar preparados para la diversidad de experiencias.

Ellos aprendieron no solamente que la vida es una mezcla de experiencias, sino que la vida es como un maestro, un maestro que enseña ayudando a recordar cosas valiosas. Hay experiencias en la vida que nos ayudan a recordar. Cuando Israel llegó allí, a Mara, con las aguas amargas, en medio de sus necesidades, ellos parecieron olvidarse de todas las cosas maravillosas que Dios había hecho. Ellos se olvidaron de la fidelidad de Dios por tantos años en Egipto. Ellos se olvidaron de lo que sucedió tres días anteriormente, un milagro extraordinario: Dios los liberó, Dios los preservó del enemigo. Ellos se olvidaron de que Dios es Señor de la creación, que Él tiene un control absoluto, que Dios no solamente es el dador de la vida, sino el Señor de la vida, y eso incluye tiempos buenos y tiempos difíciles.

Y así somos nosotros. Así como el pueblo se manejó, así también muchas veces somos nosotros. Cuando están las bendiciones del Señor, nosotros estamos felices, estamos contentos. Experimentamos un gozo muy profundo, sabiendo que Dios nos beneficia, sabiendo que Dios se muestra. Pero tan pronto surge una dificultad, entonces nosotros nos olvidamos de esa fidelidad. Nos llenamos de descontento, nos desanimamos, murmuramos contra Dios, nos llenamos de preocupación, pensamos que la vida depende de nosotros, y nos olvidamos de que el mismo Dios que estaba con nosotros en el día de la abundancia es el mismo Dios que sigue gobernando en el día de la dificultad.

Dios es soberano, Dios sigue reinando. A muchos de nosotros nos da dificultad conciliar que Dios es bueno y que permita el sufrimiento. No sé por qué nos cuesta llegar a esa conclusión, es como si no hubiera ningún beneficio en sufrir. Pero Dios es bueno, y porque es bueno permite el sufrimiento en nuestras vidas, porque quiere ayudarnos. Dice Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito."

Este pueblo allí en Mara aprendió que la vida es una mezcla, es decir, inconstancia. Aprendió que la vida es como un maestro que le recuerda. Aprendió también que la vida es como un ministerio. Dios utilizó este tiempo amargo de Mara para ministrar a su pueblo. Lo que ellos aprendieron allí acerca de Dios formó su percepción para acompañarle en lo que seguía. Y eso también nos sucede a nosotros. Cada circunstancia que Dios permite en nuestras vidas, Dios la usa para marcarnos, para enseñarnos, para ministrarnos.

Mas la realidad es esta: muchos de nosotros no sabemos manejar la prosperidad. Si Dios nos suelta un poco y las cosas nos salen bien, nos olvidamos de Dios. Y Dios muchas veces, por causa de su amor a nosotros, nos estrecha el camino, nos lleva a Mara, donde las aguas son amargas. El proverbista, en Proverbios 30, reconociendo esa realidad, oraba. Escuchen esta porción, Proverbios, capítulo 30, versículos 8 y 9, solamente escuchen. Dice: "Aleja de mí la falsedad y la mentira. No me des pobreza ni me des riquezas; sino mantenme del pan necesario. Porque teniendo mucho, pudiera desconocerte y decir: ¿Quién es el Señor? Y teniendo poco, pudiera llegar a robar y deshonrar el nombre de mi Dios." ¡Escuchen qué sabio es eso! Él dice: "No me des riqueza, tampoco pobreza. Mantenme del pan necesario. Mantenme cerca de ti."

Entonces, en la historia, viéndola desde la perspectiva humana del pueblo de Israel, ellos aprendieron mucho, algunas lecciones acerca de la vida en general. No solamente eso; en segundo lugar, ellos aprendieron mucho acerca de ellos mismos. La vida es como un laboratorio gigantesco: cada experiencia, sea buena o sea mala, es como una radiografía del corazón, y sale lo que realmente somos. Este tiempo amargo en Mara les reveló al pueblo muchas cosas que ni ellos sabían de ellos mismos.

Y eso sucede con nosotros. Cuando somos visitados por alguna adversidad, entonces sale lo que realmente somos. Miren esto: ustedes saben, yo me mudé a los Estados Unidos junto con mi familia hace ya casi doce años. Y yo no sabía lo impaciente que yo era hasta que volví a manejar en la República Dominicana. Eso es increíble. Nosotros vivimos en Minnesota la mayoría del tiempo, y allá todo el mundo hace lo que hay que hacer. No solamente eso, si ustedes están en una esquina, la gente les manda pasar, les sonríe y les da las gracias. ¿Ustedes pueden creer eso? Y nosotros no duramos un año en el cielo. Cuando yo llegué aquí esperando que me sonrieran y me mandaran a pasar, ya usted sabe lo que pasó. Dios nos lleva a Mara, nos estrecha el camino para que podamos conocernos mejor.

Por ejemplo, ¿qué aprendió ese pueblo? Ellos aprendieron que tenían un problema de visión. Un problema de visión. ¿En qué sentido? Ellos vivían para ellos mismos, demasiado egoístas. Su visión de la vida era centrada en ellos mismos, solo les interesaba su satisfacción corporal. Ellos habían visto lo que Dios podía hacer, sus maravillas, y en vez de estar enfocados y cautivados por las maravillas de Dios, por su gloria, en una completa adoración, ahora ellos estaban consumidos por sus necesidades. Su enfoque de la vida cambió, su visión de la vida fue afectada, y Dios se lo señaló.

No solamente había un problema de visión, había un problema también de convicción. Andaban por vista, no por fe. Aunque ellos vieron la fidelidad de Dios, en realidad en el corazón ellos confiaban en ellos mismos, porque a la primera dificultad les salió la incredulidad del corazón. Ellos miraban lo que ellos podían hacer, y cuando sus esperanzas fallaron, entonces se desilusionaron con Dios. Y así también somos nosotros. Dios nos ha traído hasta aquí. En el fondo del corazón sabemos lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Y a veces nos alejamos de esa realidad, ponemos nuestra fe en un trabajo, en la salud, en el matrimonio, en la familia, en la iglesia, lo que sea. Y cuando una de esas cosas falla, entonces nos sentimos en el aire, nos sentimos que Dios nos ha fallado, sustituimos al Dios real por dioses falsos, nos llenamos de ídolos.

Dice Nehemías, capítulo 8, versículo 10: "Porque este día es santo para nuestro Señor. No os entristezcáis, porque la alegría, el gozo del Señor, es vuestra fortaleza." El texto nos dice que el gozo del Señor es nuestra fortaleza, no la cuenta del banco. Lucas, capítulo 10, versículo 20, amonestando a los discípulos que estaban confiando demasiado en sus habilidades, el Señor les dijo: "Sin embargo, no os regocijéis en esto de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en el libro de la vida." Nosotros debemos hacer nuestro mejor esfuerzo en la fe, y no quitar la fuente de nuestro gozo de Jesús. Un error ahí puede traer graves consecuencias a nuestras vidas. Dice Romanos 1:17: "Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."

Tenían un problema de visión en la vida, un problema de convicción; no solamente eso, ellos tenían también un problema de satisfacción. Dios los llevó a Mara para mostrarles que había un serio problema en sus corazones: un problema de satisfacción. Ellos nunca estaban satisfechos. Dios proveyó bajo la esclavitud de Egipto. Dios se les mostró de una manera como nunca antes había sido. Dios fue su porción, Dios fue su guía, Dios los sostuvo. Habían sido testigos de ver a Dios destruyendo el ejército más poderoso del mundo en ese momento, sus ojos pudieron verlo. Y aunque ellos cantaron, ahora, en una breve dificultad, ellos están quejándose contra Dios, quejándose de que Dios no lo hizo ni a su manera ni a su tiempo.

Y nosotros somos así. Cuando estamos en la montaña y todo nos alienta, entonces somos muy prontos para glorificar a Dios, dar gracias por sus bondades.

Pero cuando Él permite que venga una prueba a nuestras vidas, entonces nos quejamos acerca del tiempo, de la intensidad, porque a veces nos olvidamos de la bondad de Dios. Dios quiere que aprendamos a glorificarle en toda circunstancia, en toda circunstancia. Si estamos en la montaña del disfrute y la bendición, entonces debemos adorarle y cantar por sus bendiciones. Pero si estamos en el valle de la aflicción, debemos aprender igualmente a cantar a su fidelidad. Dios sigue siendo Dios, y Él merece nuestra alabanza.

Job nos enseña eso. Cuando Job perdió todo, sus hijos, su salud y su conveniencia, estas fueron sus palabras en Job 1:21: "Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor." Es un creyente que ha aprendido lo que Dios es. Es un creyente que ha aprendido a vivir por lo que Dios representa en su vida. Dios es bueno en toda circunstancia. Dice David en el Salmo 34: "Bendeciré al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca."

Ellos aprendieron en Mara mucho acerca de la vida. Ellos aprendieron mucho en Mara acerca de sí mismos. Ellos aprendieron mucho también acerca de Dios. No solamente de la vida, no solamente de ellos mismos, sino también alguna lección acerca de Dios.

Primero, Dios conoce nuestras necesidades. Piensen por un momento. Dios sabía lo que Él estaba haciendo. Dios sabía cuál iba a ser la necesidad en ese lugar. Dios había ya planificado ese viaje. Antes de que ellos tuvieran la necesidad, ya Dios la conocía. Nada toma a Dios por sorpresa. Nada. Dios es el Dios soberano de la creación. Dios ya está en el mañana. Dios va adelante de nosotros. Él sabe lo que tú y yo necesitaremos en el día que viene adelante. Ese es nuestro Dios.

Dice Mateo 6:32: "Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que necesitáis esas cosas." Dios conoce la enfermedad que llegará antes de que los médicos puedan detectarla. Dios conoce el dolor que vas a experimentar antes de que llegue la ocasión. Dios sabe el temor que tú experimentarás antes de que venga la situación. Hermanos, ¿qué alegría tan grande el saber que servimos a un Dios que sabe todo lo que necesitamos?

No solamente eso: Dios puede satisfacer nuestras necesidades. No solamente las conoce, sino que Él tiene el poder para hacerlo. ¿Qué pasó allí? Miren conmigo el versículo 25 otra vez. "Entonces Moisés clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol." Un árbol en el desierto, justo ahí donde el pueblo acampó. Y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Ya Dios había preparado ese árbol para esa necesidad. Cuando ellos llegaron, ya Dios estaba listo. El árbol estaba ahí. Él manifestó su poder. Ellos obtuvieron lo que necesitaban. Dios es capaz de suplir todas nuestras necesidades en Él. No necesitamos más que a Cristo. Cristo es todo lo que necesitamos.

No solamente conoce la necesidad, no solamente puede hacerlo: Dios provee para nuestra necesidad. Está en su intención el amarnos. Piensen en años y años y años antes de que este pueblo llegara a Mara. Dios puso una semilla en el desierto que germinara en el mismo lugar donde ellos la necesitarían. Dios iba adelante. Ya Dios había hecho la provisión. Él hace lo mismo con nosotros. Dice Filipenses 4:19: "Y mi Dios proveerá a toda vuestra necesidad conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús."

¿Cómo puede proveer Dios conforme a sus riquezas? ¿Qué tan rico es Dios? A ver, si usted viene donde mí y me dice: "Pastor, yo tengo mucho problema y necesidades", y yo le digo: "¿Tiene mucho problema? Tranquilo, confíe en mí", yo le diría que se preocupe, porque ¿de dónde yo voy a sacar? Pero si Dios dice: "Tienes dificultades, confíame", dice que Él proveerá conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Tú nunca, nunca, nunca enfrentarás una necesidad en la vida que Dios no pueda proveer para ella. Eso es lo que la fe nos lleva a creer. Dios está por nosotros. Eso nos puede ayudar a combatir la preocupación, el afán y la duda en este mundo.

En esta aflicción, el pueblo aprendió buenas lecciones. Dios los llevó a Mara para que pudieran entender lo que es la vida: es una mezcla de acontecimientos, es como un maestro que te recuerda las cosas, es como un ministerio donde Dios te va moldeando. Dios los llevó a Mara para que pudieran conocerse a sí mismos: ellos vivían por vista, no por fe; estaban llenos de egoísmo; estaban vacíos internamente; nunca nada les satisfacía. Dios los llevó a Mara para que entendieran lo que Dios es: Dios conoce nuestra necesidad, Dios puede satisfacer la necesidad, y Dios ya proveyó para nuestra necesidad.

Esa es la perspectiva humana. Vamos brevemente a la perspectiva divina de la historia, entonces: Dios. ¿Qué observamos en la historia con relación a Dios? ¿Qué puede ayudarnos a conocerle más y acercarnos a Él? Yo quiero ir por cuatro cosas aquí.

Primero, lo que Dios hizo. Vamos al versículo 25 otra vez. "Entonces Moisés clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol, y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces." Y dice: "Y Dios le dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba." ¿Qué hizo Dios? Dice el texto: le dio un estatuto y una ordenanza. Es la misma palabra, es lo mismo, solo el énfasis. La Nueva Versión Internacional traduce ese versículo así: "El Señor los puso a prueba y les dio una ley como norma de conducta." Un estatuto, una enseñanza.

A mí me llama la atención que Dios no solamente les dio eso, sino que dice el texto que los puso a prueba. Y la pregunta mía es: ¿a prueba de qué? Porque ya la prueba no era el agua. ¿De qué prueba estamos hablando aquí? Porque aparentemente ya estaba solucionado el punto. La prueba de la que hablamos aquí es: ¿a quién tú vas a dar el corazón? Dios suplió su necesidad física y ahora empieza realmente el ministerio. Dios les dio un estatuto y una ordenanza, y los puso a prueba. Dios siempre nos dará la opción para que decidamos: si vamos a servir a Dios por su grandeza, su poder, su fidelidad, o si vamos a servir a falsos dioses. Eso no es nuevo, eso está en la Biblia. Y la idea es que, mientras más llenos estamos de su Palabra y su Espíritu, más sabios seremos en decidir. En la vida continuamente estaremos ante esa posibilidad: ¿a quién servimos?

No solamente lo que Dios hizo allí, sino lo que Dios dijo. Esto es muy importante cuando Dios habla. ¿Qué dijo Dios? Miren el versículo 26: "Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, y haces lo que es recto ante sus ojos, y escuchas sus mandamientos y guardas todos sus estatutos." Pueden ustedes por un momento pensar en lo que Dios les está diciendo. Señores, recuerden: esta gente resolvió el problema del agua ya. Ahora Dios está diciendo lo que viene. "Te di un estatuto y una ordenanza, y te puse a prueba. Si escuchas lo que yo te hablo y haces lo que es recto, y escuchas sus mandamientos." Dos veces aquí se menciona la palabra escuchar. Es un énfasis. Y parte de nuestro problema es que no sabemos escuchar a Dios.

Y Dios le dijo al pueblo: "Si escuchas atentamente." No podemos vivir vidas que agraden a Dios si no sabemos escuchar bien. Esto es parte de lo que significa en hebreo la palabra escuchar, que es diferente al simple oír: se habla de escuchar cuando lo hacemos con una intención de obedecer. Yo te pregunto a ti: ¿qué tan listo y enfocado estás para escuchar a Dios cuando Él te habla? Yo te pregunto: ¿qué te ha estado diciendo Dios en el último tiempo? Sea la Palabra predicada, la Palabra leída, la circunstancia: Dios te está hablando. La pregunta mía es: ¿estás escuchando bien?

Piensa en las últimas diez cosas que Dios te ha dicho recientemente. ¿Las puedes reconocer? ¿Puedes reflexionar en tu corazón y decir: "Yo sé que Dios me está hablando sobre esto"? ¿Has escuchado bien? ¿Qué estás haciendo tú con lo que Dios te ha hablado? Porque el texto dice: "Si escuchas y haces; si escuchas atentamente y guardas los estatutos." Está el escuchar y está el responder a lo que escuchas, el obedecer. El puente que conecta el escuchar con el hacer es entender bien. Dios nos está hablando. La pregunta es: ¿estamos escuchando? La pregunta es: ¿estamos entendiendo? Y la pregunta final es: ¿estamos obedeciendo? La obediencia es lo que hace la diferencia entre escuchar y un simple oír. El que escucha bien, obedece por gracia y agrada a Dios.

Eso nos lleva a lo que Dios prometió. No solamente lo que Dios hizo al entregarles un estatuto y una ordenanza, no solamente lo que Dios dijo al pedirles que escucharan y guardaran: observen lo que Dios prometió. Miren aquí en el versículo 26, al final: "No te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios, porque Yo, el Señor, soy tu sanador." Déjenme decirles: esto es una gran decisión. Señores, por un momento no pierdan de vista: el idioma grande que había era la sed, y Dios resolvió la sed. El problema físico está resuelto, y ahora Dios trae estas cosas. Es como si dijera: "Ya te resolví el problema físico. Aquí está el estatuto y la ordenanza. Escucha bien, trata de hacer y guardar. Y aquí es lo que te prometo: ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios vendrá sobre ti."

Algunos creen que no estamos hablando aquí de enfermedad física. Dios está hablando de la enfermedad del alma. Dios hizo una promesa específicamente a su pueblo de librarlos de la incredulidad. Ese es el punto aquí. "Si me escuchas atentamente y pones mis palabras por obra, te voy a librar del peor cáncer que puede existir, que se llama incredulidad." Es una promesa condicionada a la obediencia: si escuchas bien, si haces bien.

Déjenme referir un texto donde esto queda claramente establecido. No tienen que buscarlo. En Deuteronomio capítulo 30 se establece algo similar en cuanto a esto. Dice el versículo 19: "Solamente escucha."

Deuteronomio 30, verso 19, dice: "Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos para vosotros. He puesto ante ti la vida y la muerte, he puesto ante ti la bendición y la maldición. Escoge la vida, para que vivas tú y tu descendencia." Es una lección. Dios pone ambas cosas y da una advertencia: escoge la vida. Amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, allegándote a Él, porque eso es tu vida y la altura de tus días, para que habites en esta tierra que el Señor juró dar a tu padre Abraham, a Isaac y a Jacob.

Dios sanó su parte física, resolvió lo temporal, y se lo dijo al pueblo: ahora empieza lo más importante. Escucha atentamente. Te voy a librar, y finalmente lo que Dios provee es lo más importante. ¡Qué interesante esto! Dice el verso 27 al final: "Llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas." Ellos estaban antes en Mara; un tiempo después llegaron a Elim. Esta es la clave para entender que el proceso de la bendición de Dios comenzó.

Elim significa oasis. Escucha el contraste: ellos estaban en Mara, ahora llegaron a Elim. Si usted quiere que se lo ponga gráfico, es como si usted estuviera en Dajabón y lo llamaran a Punta Cana. Esa es la idea de lo que hay aquí. Dios comenzó a proveer luego de que el pueblo escuchó atentamente, escogió seguirle, escogió obedecerle. Dios bendice esa obediencia.

El texto dice "junto a las aguas." Recuerde usted cuál era el problema anteriormente. Ahora hay agua, agua natural, dulce. Cuando Moisés oró a Dios en Mara, momentáneamente para resolver una necesidad temporal, lo que Dios hizo es que, a través de un árbol, endulzó el agua. Pero esa agua amarga que fue endulzada era nada comparada con el agua de Elim ahora. Y esta es la advertencia: nosotros debemos cuidarnos de no conformarnos con aguas amargas con un poco de dulce, cuando más adelante tenemos un oasis natural.

¡No nos conformemos con aguas amargas endulzadas! No nos conformemos con Mara cuando Dios ya dispone de un Elim más adelante, por la fe. ¿Qué hemos visto entonces? Bueno, Dios llevó a su pueblo a aguas amargas para que aprendieran algunas cosas acerca de la vida, acerca de ellos mismos, acerca de Dios. Dios llevó a su pueblo a Mara para demostrarse en lo que hizo, entregando este tipo de ordenanza; en lo que dijo: "Escucha atentamente"; en la promesa que hizo: "Te libraré." Y Dios dio más o menos una idea de lo que podían esperar. Los llevó de Mara a Elim.

Finalmente, entonces, para terminar como aplicación, ¿qué aprendemos nosotros, hermanos? Quisiera hablar primero a mis hermanos que están aquí escuchando. Hermano amado, escucha esto: en la amargura de las pruebas, necesitamos la dulzura de las promesas de Dios. En medio de la amargura de las pruebas, necesitamos llenarnos de la dulzura de las promesas de Dios.

Allí en Mara, Dios reveló a su pueblo como Jehová Rafa, el Señor sanador. Piense en esto: si Israel no hubiera encarado ese tiempo amargo, no hubiera conocido esa parte dulce de Dios. Si Job nunca hubiera sabido lo que es perderlo todo, tampoco hubiera conocido la bendición cuando Dios restaura. Lázaro jamás pudiera entender lo que es la alegría de la vida si no hubiese experimentado la muerte; sus hermanas Marta y María no hubieran sabido que Jesús es la resurrección y la vida, a menos que primero hubieran experimentado el dolor de la pérdida de su hermano. Dios usa los episodios amargos de la vida para revelarse más completamente a sus hijos.

Cuando nosotros enfrentemos las aguas amargas de Mara, hermanos, volvamos a nuestro Dios, confiemos en sus promesas. Debemos recordar que Él está en su trono, que Él está en control. Dios ha prometido no volverse atrás de hacernos el bien. Si esta mañana tú estás luchando con algo muy difícil en tu vida, entonces yo te animo a que te acerques a tu Dios en oración. Si hay alguna necesidad que debas llevar a la cruz esta mañana, este es el momento; Dios te está hablando por su Palabra. Dios ha permitido llevarte a un Mara para revelar quién eres y luego llevarte a un Elim espiritual. Necesitamos confiar en sus promesas.

Y a aquel que está aquí esta mañana y que no conoce al Señor Jesucristo: en la amargura de la vida tú necesitas la dulzura de Jesús. Uno de los efectos del pecado es que nos hace necesitados. Hay muchos tipos de necesidades, pero la principal necesidad es espiritual. Escucha esto, amigos: Jesús es el único que puede saciar tu necesidad espiritual. Jesús murió en una cruz para hacer posible que haya dulzura aun en las experiencias amargas de la vida.

Si tú vienes a Dios por la fe, por la sangre preciosa de Jesús, podrás estar en una mejor posición para que Dios te bendiga aun en medio de la dificultad. Tú necesitas volver a ese Dios, tú necesitas buscarle, tú necesitas arrepentimiento y fe. Y la Biblia dice: hoy es el día aceptable, hoy es el día de la salvación. Ahí mismo donde tú estás, pídele a Dios que perdone tus pecados. Pídele a Dios que perdone tu incredulidad. Pídele a Dios que te dé el regalo de la fe, aun en medio de las amarguras de esta vida, para que tú descubras la dulzura de Jesús.

Hay lecciones que aprendemos en nuestras vidas a través de experiencias amargas y dolorosas. Dios llevó al pueblo de Israel a ese lugar de aguas amargas para que ellos pudieran aprender algunas lecciones dulces para sus almas. Todos nosotros seremos llevados a un lugar de aguas amargas, y allí necesitaremos la fe para confiar en Dios. Que Dios nos conceda en su gracia que cada vez que enfrentemos las aguas amargas de Mara podamos ser saciados de la dulzura de la fe, y que Dios nos conceda el gozo de llegar hasta Elim, el lugar de sus dulces y refrescantes promesas. Que Dios bendiga su Palabra en nuestros corazones.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En dicha página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.

Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D