IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cada uno de nosotros, en algún momento, ha actuado con espíritu farisaico. Quizás no sea tu estilo de vida, pero con toda probabilidad hay días y circunstancias en que reaccionamos con legalismo en lugar de gracia. En la iglesia de Roma existían divisiones: unos comían carne, otros solo legumbres; unos guardaban ciertos días, otros los consideraban iguales. Pablo no vino a resolver quién tenía razón, sino a desarmar el espíritu de juicio mutuo. La pregunta que atraviesa Romanos 14 es directa: ¿quién eres tú para juzgar al criado de otro?
El corazón legalista carece de gracia, tanto hacia sí mismo como hacia los demás. Quien no ha aprendido a perdonarse difícilmente perdonará a otros. Cristo lo ilustró con la imagen de la viga y la paja: el que tiene un tronco en el ojo está ciego hacia su propia condición mientras magnifica la falta ajena. Los fariseos pagaban el diezmo con precisión matemática, pero descuidaban lo que verdaderamente pesa en la ley de Dios: la justicia, la misericordia, la fidelidad. Lo externo siempre será más fácil que lo interno.
No se trata de aprobar el pecado ni de abandonar la corrección fraterna. Gálatas 6 instruye restaurar al que ha caído, pero en espíritu de mansedumbre, mirándose a uno mismo. La función del creyente maduro es llevar el mensaje, no convertirse en el Espíritu Santo que transforma al hermano. La vida cristiana, como el pastor Núñez ilustra, es caminar una cuerda floja sosteniendo una vara que dice verdad de un lado y gracia del otro. Lo que Dios pide no es que nunca nos inclinemos, sino que no caigamos de la cuerda.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Vamos a abrir el libro de Romanos, capítulo 14! Comenzando en el versículo primero, de este texto de Romanos 14 así dice su Palabra: "Aceptad al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones. Uno tiene fe en que puede comer de todo, pero el que es débil solo come legumbres. El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días; cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir. El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda, y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios, y el que no come, para el Señor se abstiene y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también tú, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. Porque está escrito: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua alabará a Dios. De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo. Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano."
La semana anterior estuvimos hablando acerca de lo que es el disgusto en las iglesias, y una de las cosas que más disgustos ha causado es precisamente este espíritu de legalismo, que muchas veces ha crecido y ha sido cultivado dentro de las iglesias. Y yo creo que no ha habido un momento de la historia de la iglesia donde este espíritu no haya estado presente en el pueblo de Dios. Cada vez que pensamos en el legalismo, la imagen que viene a nuestra mente, a nuestra memoria, es la de los fariseos, y ciertamente ellos tipifican mejor que ningún otro grupo lo que era y es el espíritu legalista.
Sin embargo, yo creo que nosotros necesitamos recordarnos a nosotros mismos que cada uno de nosotros en ocasiones en el pasado ha sido farisaico, y en otras ocasiones en el presente, y probablemente ocurrirá de nuevo en el futuro. Hay momentos, hay días, hay circunstancias en las que reaccionamos con un espíritu de legalismo, y ninguna de esas cosas son del agrado del Señor. Posiblemente no sea tu estilo de vida, pero con toda probabilidad es algo en lo que tú y yo podemos incurrir con mucha frecuencia. Y de hecho, quizás usted está aquí oyendo esta introducción y está pensando: "Wow, este mensaje está bueno para fulano". Eso debe ser la indicación de que es la raíz de ese espíritu. Es la raíz del espíritu condenatorio que piensa en el otro antes de pensar primero en sí mismo cuando de críticas se trata.
Y en la historia de la iglesia ha habido diferentes corrientes, diferentes creencias, diferentes prácticas que claramente Dios ha establecido como pecaminosas, y otras que ciertamente no son pecaminosas, pero sobre las cuales existen diferentes posiciones de hermanos con vidas muy piadosas. En el texto que leímos hoy, en la iglesia de Roma donde esta carta llegó, en este momento el asunto a discutirse era si comemos carne o comemos legumbres, vegetales; si guardamos un día o guardamos el otro. Y había posiciones divididas, y Pablo está tratando de no solamente aclarar esto, sino también de poner a los hermanos en paz.
En otra ocasión Pablo tuvo que batallar en contra de la circuncisión como algo que se hubiese requerido para la salvación. Los judíos tenían cientos de años siendo circuncidados; de ahí ellos llegaron a creer que la salvación venía por la circuncisión. Y cuando los judíos comenzaron a entrar a la fila del cristianismo, ellos querían que los gentiles se circuncidaran también. Y hubo que hacer todo un concilio, el primer concilio de la iglesia, en la ciudad de Jerusalén, en la iglesia de Jerusalén, descrito en el capítulo 15 del libro de los Hechos, para resolver esto. Y al final la conclusión fue: no le pongamos a los gentiles requerimientos que realmente no son necesarios, aunque nosotros lo practicamos dentro del judaísmo por tanto tiempo. De hecho, Pablo hizo que Timoteo se circuncidara porque tenía una descendencia judía y no quería que él fuera a ser descalificado por los judíos para predicar el satisfecho simplemente porque no tenía la circuncisión, pero hizo que Tito, gentil, no se circuncidara como evidencia de que esto no es necesario para la salvación.
Esas controversias no han cesado. Y en la iglesia de Roma, como decíamos, había dos grupos ahora: uno que quería simplemente ser vegetariano y otro que aparentemente quería disfrutar de su carne. Y Pablo comienza a darles algunos consejos. En el versículo 2, Pablo dice: "Uno tiene fe en que puede comer de todo, pero el que es débil solo come legumbres." Esta era la discusión.
Sin embargo, cuando te vas a la iglesia de Corinto, había una discusión similar pero distinta. Había dos grupos que estaban de acuerdo los dos en comer carne, pero había un grupo que decía: "No, la carne que se ha sacrificado previamente a los ídolos no se puede comer". Y otro grupo que decía: "Yo no tengo ningún problema con la carne sacrificada a los ídolos, ¿cuál es tu problema?" Y lo que estaba ocurriendo es que esta iglesia era pobre, como la mayoría de las iglesias iniciales, y la carne más barata era carne que llegaba al mercado producto de haber sido sacrificada a los ídolos paganos. Pero era tanta la carne que no sabían qué hacer con ella, entonces la vendían a los mercados a un precio mucho más barato. Y había hermanos en la iglesia de Corinto de escasos recursos que le estaban escribiendo a Pablo diciendo que no pueden comprar otra carne. Y los otros hermanos decían: "No, esta está sacrificada a los ídolos, está contaminada". Y un grupo decía: "No, yo no creo en esto de que los demonios se les puedan pegar a las cosas. Dame la carne, yo me la como, no hay ningún problema".
Y Pablo les dice a los hermanos: "Hermanos, si tu conciencia está tranquila con esta carne, te la comes. Pero si tú estás en presencia de un hermano que objeta tu práctica por causa de su conciencia, no te la comas, abstente. No hacemos nada para beneficio propio". Y te das cuenta cómo las situaciones han ido cambiando, pero hoy en día nosotros tenemos también asuntos controversiales de los cuales queremos hablar a lo largo de este mensaje.
En la iglesia de Roma había otra controversia que no era exclusiva de la iglesia de Roma: si guardamos un día o guardamos el otro. Y se estaban juzgando mutuamente; uno decía: "No, este día que guarda el otro, eso es una bobería, no hay que guardarlo". Y el versículo 5 del texto que yo leí dice: "Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días; cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir." Esa controversia no ha cesado hasta el día de hoy.
Tenemos hermanos fieles, piadosos, que pertenecen a una tradición cristiana que entiende que en el día de reposo, en este día que les toca adorar al Señor, no debiera haber ningún tipo de diversión, y usted no pudiera ir ni siquiera a un restaurante. Se van a sus casas y reposan, y muchos de ellos son piadosos y son fieles. Y entonces otro grupo, como quizás el que viene a esta iglesia, quiere juzgar a sus hermanos porque lo practican de esa manera. Nosotros entendemos que no hay un asidero bíblico para hacerlo de esa forma, y entendemos que sí, que es prioridad el hecho de que tenemos que honrar a Dios en este día, que es prioridad el descanso, que nosotros no debiéramos trabajar en este día, pero entendemos que la recreación puede ser parte de nuestro descanso y no tenemos ningún problema con eso. Pero entonces otros hermanos nos critican a nosotros, y nos acusamos mutuamente de que no estamos observando el día como nosotros entendemos que debe ser observado. Y lo que Pablo le está diciendo a los romanos es lo mismo que Pablo pudiera decirnos a nosotros: ya no nos acusemos los unos a los otros, cada cual esté plenamente convencido en su conciencia de la manera cómo va a observar el día.
Pero no es la única controversia. Yo hoy en día conozco hermanos piadosos, fieles, a quienes amamos, que entienden que la adoración no debe ser de la manera que la hicimos hoy, que debe ser solamente con himnos y un órgano y un piano. Y sabes una cosa, yo no sé usted, pero yo les amo profundamente. Hay otros que, como nosotros, pensamos que sí podemos usar música contemporánea y otros instrumentos, porque lo sagrado... Aquellos hermanos piensan que es irreverente hacerlo de otra manera, y nosotros entendemos que lo sagrado no está en el himno, porque no es algo infalible inspirado por Dios, ni está en el instrumento. De hecho, la iglesia primitiva celebró y adoró sin órgano y sin piano. Cuando a Martín Lutero se le ocurre introducir el órgano, ¡fue un escándalo! Nosotros entendemos que no, que lo sagrado no está ahí; lo irreverente tiene que ver con la actitud de tu corazón y con lo que hagas con la música.
Sin embargo, los que están en este lado, muchas veces con su música contemporánea y múltiples instrumentos, critican a los otros hermanos pensando que su adoración es aburrida. Y de esa misma forma que entendemos que lo sagrado no está en el instrumento, de esa misma forma el gozo del Señor no está en los instrumentos tampoco. Ellos pueden disfrutarlo, gozarse en la presencia de Dios, adorarle reverentemente y tener una experiencia de adoración tan rica, tan abundante, como la tuya y la mía. Y lo que necesitamos es entendernos, amarnos, saber lo que es bíblico y saber lo que es preferencia. Y aquello que es preferencia, simplemente decir: "Bueno, hermano, yo prefiero hacerlo de esta manera".
Ya no son las únicas áreas de controversia, hay muchas más, pero yo me voy a limitar a esa manera de ilustración. Lo que yo quiero hacer ahora en el resto del tiempo es tomar el texto que leímos hoy y usarlo para ver cuáles son las enseñanzas que el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu de Dios, nos dejó para que nosotros podamos buscar las diferentes maneras y formas que son controversiales y que no nos debieran llevar a tener este espíritu de legalismo y de crítica y de condenación de uno hacia el otro.
En primer lugar, nosotros tenemos que recordar que todos nosotros estamos en estadios diferentes de maduración y de santificación. A nosotros se nos olvida eso cuando tenemos cinco, diez, quince, veinte años en la fe cristiana, cuando ya hemos perdido el interés en una serie de cosas que ya no hacemos porque sí hicimos. A nosotros se nos olvida el proceso por el que hemos pasado y pensamos ahora que aquel hermano que tiene seis meses en la vida cristiana, le juzgamos: "Pero ¿cómo es posible que un cristiano haga lo que está haciendo?" Tú tienes veinte años de historia en el Señor, él tiene seis meses. Estamos en diferentes estados de maduración y de santificación.
Es como: "Bueno, porque yo no creo que eso es pecado", dice el hermano que está recién nacido en la fe. Y a veces no es pecado, es simplemente que el que está avanzado ya perdió su interés en eso. Como cuando tú no tienes interés, imagínate que alguien venga a tu casa muy, muy contento: "Ven acá, vamos a montar columpios". ¿Columpios? No, yo no monto columpios. Pero eso no es pecado. Claro que no es pecado, no tiene nada que ver con eso. Es que he experimentado otras cosas mucho mejores, que el columpio ya no me atrae.
De esa misma manera hay muchas cosas en la vida que no son necesariamente pecaminosas, pero cuando tú experimentas otras cosas que el Señor te ha permitido vivir y en las cuales te ha podido adentrar, entonces ya le perdiste el deseo a eso. No juzgues al hermano que todavía no ha tenido tu experiencia. Y si tú la has tenido, es por gracia. No hay ninguna razón por la que tú la tienes y el otro no. No es porque eres mejor, simplemente Dios ha tenido gracia para contigo.
Es la enseñanza en el versículo 1 del texto de hoy: "Aceptar al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones". Dos enseñanzas en un solo verso bien corto: número uno, acéptalo; número dos, no lo juzgues. Acéptalo. Esa palabra en el griego, en el original, es "proslambano", que implica lo siguiente: lo acepta, lo recibe y le da la bienvenida.
De la primera enseñanza: recíbelo como Cristo te ha recibido, con los brazos abiertos. Recuerda, él es débil en la fe. Es tu responsabilidad recibirlo, darle la bienvenida y fortalecerlo, para que un día después él pueda hacer lo mismo con otros. Dios te recibió así, recíbelo tú de la misma manera. Si estás en un estado más avanzado de tu fe, de tu maduración, de tu santificación, es solo por la gracia de Dios y no simplemente por tu esfuerzo. Es simplemente por la gracia de Dios.
Número dos. Nota cuál debe ser nuestra responsabilidad y nuestra posición al recibir al hermano débil en la fe. Todavía en el versículo primero: no juzgues sus opiniones. El apóstol presupone, ¿quiere decir que todo lo que el hermano débil en la fe hace hay que aplaudírselo? No, eso no es lo que el texto está diciendo. Lo que este texto está diciendo es que en aquellas áreas como comer carne o legumbres, como si un tipo de adoración u otro, guardar el día del Señor de una manera o de otra, y múltiples otras áreas como esa, que no juzgues a tu hermano y sobre todo si él es de los más débiles.
Oye lo que dice el versículo 3 como enseñanza: "El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado". ¿Te das cuenta de cuál es la razón? Es que si Dios lo ha aceptado, ¿quién eres tú para no aceptarlo? Si Dios le recibió de la manera que lo recibió y lo hizo su hijo cuando éramos sus enemigos, ¿quiénes somos tú o yo para ahora que Dios lo ha hecho su hijo decir: "No, con ese hijo de Dios yo no como, ni me junto, es más, ni cerca de él quiero estar"?
La palabra menospreciar, la palabra del texto dice "no menosprecie". Esa palabra menospreciar en el original es "exoutheneo". ¿Qué significa? Mirar al otro como inferior. Lo que implica que yo me miro como superior. Tan pronto yo miro a otro como inferior, a mí me miro como superior. Sí o no. No lo puedo hacer de otra manera. Implica darle poco valor, darle poca importancia a ese otro. Y el texto dice: no le des poca importancia, no lo mires como inferior. Aunque tú tengas una fe más madura, más fuerte, esa no es la manera como Cristo te ha visto a ti.
En tercer lugar, nota cómo Dios no nos ha dado el derecho de juzgar. Oye lo que dice el versículo 4: "¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie". Oye lo que Pablo está diciendo: si él está de pie o se cae, es para el Señor que se va a estar de pie o se va a caer. Y se hace una cosa: él va a estar de pie porque el Señor es poderoso para sostenerlo. El Señor, que sabe que él es débil en la fe, va a cuidar de él de una manera todavía más cercana por la debilidad de su fe. Le va a guiar de una manera que también a ti te guió en un momento dado. Para eso estamos: no tomemos la atribución que le corresponde a Dios.
Pastor, pero entonces ¿no podemos corregir a un hermano? Claro que podemos corregir a un hermano, pero tenemos que recordar que mi función comienza y termina cuando yo llevo el mensaje. Y el problema es que llevo el mensaje y cuando al otro día o a la semana el hermano no ha hecho lo que yo le dije, ahora yo comienzo a juzgarlo: "¿Cómo es posible? Mira esto, de inmaduro, de aquello". Porque yo no solamente quiero ser el portador del mensaje, quiero ser el Espíritu Santo que cambia al hermano también. Y Dios dice: "No, ¿quién te ha dado este lugar? Tú eres un portavoz, tú eres un micrófono. Tu misión comienza cuando yo comienzo a hablar y termina cuando yo dejo de hablar, y el resto es mi trabajo. ¿Te puedo contratar de micrófono? No. Bueno, entonces yo contrato a otra persona que quiera hacer de micrófono".
Pero el lugar de juicio tenemos que dejárselo a Dios. ¿Saben por qué? Por algo que comentamos el otro día con una pareja de aquí. Me vinieron a ver por un hecho, por un error, involucrados con otros hermanos de aquí mismo. No pasó nada del otro mundo, pero habían sido un poco dolidos, un poco heridos. Y yo les decía: "Mira, yo no creo que hubo ninguna intención de eso, pero en nombre de ellos, de la iglesia, si tú quieres te pido perdón". Y entonces ellos me decían: "¿Sabe qué, pastor? Que esto para nosotros era muy grande".
El corazón del ñame, hermano, sabe el cuchillo. Y le decía: "¿Sabe qué? De este ñame, pero el corazón de este ñame que está involucrado, hermano, sabe ese cuchillo". Y tú sabes que el corazón de este ñame que tiene muchos ñames, hermano, sabe otro cuchillo. Y te das cuenta cómo es. Hermano, si yo te digo que en los últimos dos o tres meses yo he estado físicamente, emocionalmente, donde yo nunca he estado en mi vida, ¿usted no lo creería? Usted no sabía eso, a menos que yo se lo diga, ¿verdad? Espiritualmente no, Dios ha estado ahí de una manera extraordinaria. Pero si yo no se lo digo, usted no lo sabe. El corazón de este ñame, hermano, sabe la otra persona qué lide con el ñame. ¿Y sabes cuál? El pueblo de Dios es una cosa como de ñames, mi vida, como yo te parecía pensar. Seamos cautos, tengamos gracia, tengamos cuidado.
Oye cómo Cristo lo dijo en Lucas 6, el versículo 41: "¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, déjame sacarte la mota que está en tu ojo', cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota que está en el ojo de tu hermano".
Es la viga que está en nosotros que no nos permite ver bien, y entonces esa viga nos hace ciegos hacia nosotros y vemos la pajita del otro cuando yo tengo un tronco dos por dos en mi pupila. Cuando habló hoy, Cristo dice: "Cuidado, antes de tú ir a sacar una pajita del ojo de tu hermano, ve al espejo, mírate bien, mírate los ojos y asegúrate que tú no tengas una viga aún mayor".
Vamos a agregar algo más. Cuando un hermano juzga al otro, lo hace porque se cree superior y se cree tener una fe más madura, una conciencia más madura. Y por eso le juzga. Esta es la evidencia de que esa área de su conciencia está inmadura. Porque si hay algo que yo sé, al leer la Palabra de Dios, sobre todo al ver la vida de Pablo, es que si hay algo que caracteriza la fe madura, la conciencia madura del Señor, es la ausencia de juicio y la abundancia de gracia. La ausencia de juicio y la abundancia de gracia.
Capítulo 8, libro de Juan, ¿verdad? Escribas y fariseos traen a esta mujer agarrada en adulterio, lista para apedrearla. Y Cristo se baja, ustedes saben la historia, y comienza a escribir en el suelo, en la tierra. Y según él fue escribiendo, se fueron yendo. No sabemos qué escribió, pero posiblemente los pecados de cada uno de los que estaban alrededor. Y cuando terminaron de irse, la mira y le dice: "Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? Todos se han ido. Yo tampoco te acuso, vete y no peques más".
Si hay algo que caracteriza la imagen moldeada a la imagen de Dios, es la abundancia de gracia, la ausencia del espíritu de juicio. Cristo no aplaudió su adulterio, le dijo: "Vete y no peques más". A otro, cuando le sanó, le dijo: "Vete y no peques más, no sea que te venga algo peor". Pero no estaba con una actitud de juicio.
Pastor, pero si hay algo que es verdaderamente pecaminoso, que está mal, que no lo podemos dejar pasar, ¿entonces qué vamos a hacer? Bueno, la Palabra de Dios nos instruyó también. El primer versículo del próximo capítulo del libro de Romanos nos dice qué debemos hacer.
Capítulo 15, versículo 1: "Así que nosotros, los que somos fuertes..." Si tú te consideras maduro, fuerte, de fe estable, los que somos fuertes debemos sobrellevar la flaqueza de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Las flaquezas, los deslices, lo que en inglés llamaríamos "long-suffering", lo que Dios es: que sufre por largo tiempo. Si te consideras fuerte, entonces tú tienes un llamado especial, y es sobrellevar precisamente las flaquezas, las veces, los tropiezos de los débiles. En eso tú y yo vamos a mostrar que verdaderamente Cristo ha venido forjando su imagen dentro de nosotros.
"Sí, pastor, pero hay cosas que la misma porción era una cuestión de apreciación: una cuestión del día de reposo, del día de las legumbres, de la carne. Hay cosas que verdaderamente son pecado y gente que ha caído. ¿Qué hacemos?" La Palabra nos dice también. Eso es lo bueno de la Palabra, que tiene una respuesta para cada cosa.
Gálatas 6, comenzando el versículo primero. Déjame leerlo, hermanos: "Aun si alguno es sorprendido en alguna falta..." ¿Qué es lo que Pablo ahora está haciendo? Con los gálatas tenía el mismo problema. Los gálatas querían volver a las obras de la ley pensando que eso era lo que los iba a salvar, y Pablo dice: "¡Gálatas insensatos! Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora quieren volver a las obras de la ley?" Y entonces, ahora llegando al final de la carta, en el último capítulo: "Y okey, si aún es que verdaderamente alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, fuertes, maduros en la fe, estables, restauradlo en un espíritu de mansedumbre."
Mira cómo: o tú vas a restaurarlo, no solamente ve con mansedumbre, ve mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. "Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo." Pongan la atención, subrayen eso: la ley de Cristo. Esa es la ley que nos obliga hoy, la ley de Cristo. "Porque si alguno se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo, pero que cada uno examine su propia obra."
¿Ven lo que está diciendo? Si tú examinaras tu propia obra, tú no tendrías tiempo para estar viendo la obra del otro. Que cada cual examine su propia conciencia. Cuando vayas donde un hermano que es cierto que ha caído, tienes que ir. Ve con mansedumbre y restáuralo; es tu función si te consideras fuerte, que está roto. Pero cuando vayas, ve viendo que a ti te hizo, no vaya a ser que tú seas tentado en la misma manera y caigas de la misma forma. Además, deja de estar examinando, criticando, juzgando la obra del otro. Hay un papel, hay un rol de examinar para juzgar bíblicamente y restaurar al hermano; no quiero que me confundan. Pero lo que aquí se está atacando es que no tengamos el espíritu de juicio, que Dios no nos ha hecho el presidente de la Suprema Corte celestial para que nosotros nos sentemos en ese trono. Que le dejemos esas cosas a Él y Él sabrá cómo lidiar con cada una de esas cosas.
Los hermanos en la iglesia de Roma estaban divididos: que si este día, que si aquel día, que si lo guarda así, que si lo guarda asado. Y tal como les dice el versículo 6 del texto que les dimos al principio: "El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda. Y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene y también da gracias a Dios."
Mira una cosa. Tú puedes ir a la iglesia hoy. Vamos a verlo, los dos grupos. Tú puedes ir a la iglesia hoy, y cuando termine te vas a tu casa, y como tú crees que el día de reposo ha de guardarse, si tú te puedes acostar el día entero, levantarte al otro día, puedes irte a ver y a hacer eso así, tú no has pecado gravemente. Vamos a coger este otro grupo que está aquí sentado: tú vienes a la iglesia, disfrutas de la adoración, cantas con entusiasmo, te vas a un restaurante porque tú piensas que no es nada malo, adoras antes de la comida, pasas el resto de la tarde en compañerismo con esta gente. Puede ser que tú no has pecado gravemente. La fiebre no está en la sábana. No es en lo externo donde está el meollo del asunto; es en lo interno. El apóstol Pablo decía: "Ya sé que tú comas o bebas, hacedlo todo para la gloria de Dios."
Y ahí le hablamos anoche al grupo de universitarios. Me dijeron el título de un libro de John Piper que se llama "Cómo tomar jugo de naranja para la gloria de Dios". Y hablamos por más de una hora de cómo hacer eso. La enseñanza, la conclusión era una meditación. Realmente era solamente corto lo que Piper tenía que decir ahí, pero la conclusión era que todo lo que tú hagas que no sea para la gloria de Dios es pecado.
¿Tú lees el periódico para la gloria de Dios? Yo digo: algo debes leer, debes estar enterado. ¿Tú ves la televisión para la gloria de Dios? Tú la puedes ver, pero hay una manera de hacerlo. ¿Te tomas un jugo de naranja para la gloria de Dios? Hay una actitud de agradecimiento continuo, un reconocimiento del Creador de esas naranjas. Hablamos de cómo hay que ir a la universidad a estudiar para la gloria de Dios. Y cómo yo puedo ir a la universidad, ser cristiano, venir a la iglesia, pertenecer al coro y no estudiar para la gloria de Dios. Porque cuando me quejo de la universidad a la que tengo que ir, que no tengo un carro como yo lo quiero, del color que yo quiero, del año que yo quiero para ir a la universidad, yo estoy dejando de reconocer que, en primer lugar, hay gente que nació en la jungla donde no hay ni siquiera un alfabeto, y tú pudiste haber nacido allá y no aquí. En segundo lugar, que aquellos que han nacido aquí nacieron con una inteligencia que hoy en día les permitió ir a la universidad, pero hay mucha gente que nace con una inteligencia que no le permite ir a la universidad. En tercer lugar, que tú naciste en una familia que, aunque no sea rica, por lo menos tiene los recursos, u otra persona facilitó el recurso para que tú pudieras ir a la universidad. Hay mucha gente que quisiera ir a la universidad y no puede ir. Pero en cuarto lugar, cuando tú vas a la universidad, ya sea en carro, ya sea en un autobús o ya sea en motor, que esa habilidad de pagar el autobús también Dios te la dio. Que la habilidad de llegar caminando a la parada también te la dio Dios, porque hay gente que está paralítica de nacimiento. ¿Te das cuenta?
Yo comenzaba preguntándoles, tú sabes, para hablar de este jugo de naranja para la gloria de Dios: "¿Esa naranja está madura?" "Esto que sí." "Entonces, ¿sabes qué cantidad de personas viven con menos de un dólar al día? Un billón de personas." "Entonces, ¿sabes cuántos niños van a morir hoy de hambre en las próximas veinticuatro horas? No menos de dieciséis mil niños." ¿Y tú vas a decir a mi cara, tú te vas a quejar porque la comida está caliente, no está fría, o está fría porque el pan que me dieron esto, la mantequilla está medio usada? Veinticuatro pesos, eso es un dólar al día; un billón de personas viven con menos de eso. ¿Entonces tú has visto las fotos de basureros como los de Guatemala, donde la gente en esa montaña va caminando, la gente sacando lo que pueda comer? Tú nunca ni siquiera has tenido que pensar en la posibilidad, no solamente de ir a la montaña de basura, sino de ir al colmado quizás.
Entonces eso nos habla a nosotros de cómo cosas importantes no las hacemos para la gloria de Dios, y mientras tanto vivimos criticando al hermano, condenando al hermano, cuando yo debiera comer y beber para la gloria de Dios.
Aquí está la razón por la cual todo debe ser hecho para la gloria de Dios, en el texto del versículo 7 y 8: "Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos." Tengo dueño, tengo amo, tengo a quien servirle y a quien responder. Y esa es la razón para que yo no esté pasando juicio de uno sobre el otro.
Si tú vienes a esta iglesia, no quiero pasar por alto este momento para explicar muy brevemente por qué entendemos del día de reposo de la manera que lo entendemos. No quiero, por un lado no tengo el tiempo para emplear una hora en la explicación, pero tampoco debo pasar por alto un texto como este para personas que vienen a nuestra iglesia y que quizás no entienden por qué lo pensamos así y no de la otra manera.
Yo creo que es claro que la Palabra de Dios habla de un día para el Señor donde podamos venir como familia, en paz, sosegados a adorarle. Yo creo que también es claro que la Palabra habla de un día de reposo, que no debe ser un día donde yo estoy trabajando, a menos, verdad, que sean médicos, enfermeras, empleados de ese tipo de cosas que necesitan por obligación hacer ciertas cosas. Pero en esos casos, ahora, ¿qué es lo que la Palabra de Dios enseña con relación al día de reposo que nos da otro lente de entendimiento, que no estamos sujetos a las mismas regulaciones del Antiguo Testamento?
Te voy a leer dos pasajes rápidamente. Uno del libro de Gálatas, precisamente porque era una iglesia donde esto se estaba debatiendo y donde unos querían guardarlo de una manera y otros querían guardarlo de otra manera. Y como eran judíos y venían de ese trasfondo judaico o del judaísmo, ellos estaban muy propensos a guardar estas cosas. En el capítulo 4, versículo 9, escuchen lo que Pablo dice: "Pero ahora que conocéis a Dios, o más bien que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales deseáis volver a estar esclavizados de nuevo?" Versículo 10, escúchenme: "Observáis los días, los meses, las estaciones y los años. Temo por vosotros, que quizás en vano he trabajado por vosotros." Porque todavía insisten en observar los días, los meses, las estaciones y los años como si estuvieran bajo la misma ley anterior.
Es en ese libro de Gálatas, capítulo 6, donde Pablo les habla, y yo ya les mencionaría de la ley de Cristo. No es otro Dios. "Ah, pero usted está en contra de los mandamientos del Antiguo Testamento." No. De cada una de las cosas que se conforman a la ley moral de Dios, no lo estamos.
Pero es claro, a la luz del Nuevo Testamento. Mira lo que dice la carta a los Colosenses, capítulo 2, versículos 16 y 17: "Por tanto, que nadie se constituya en vuestro juez con respecto a comida o bebida, en cuanto a día de fiesta o luna nueva o día de reposo, cosas que son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo." Quedaron atrás.
Y ahora la misma actitud que había en Romanos existe hoy, y el mismo consejo de Pablo debiéramos darlo hoy. El que lo guarda, de una manera para el Señor lo guarda, y él es del Señor. Si vivo, muero del Señor. Amén. Tú le amas, le quieres, le respetas y se lo celebras también. Lo guarda de otra manera, pero lo guarda. No liberalmente, pero en una manera distinta, como tú le entiendes. A él también lo aprobamos, le amamos, le respetamos y somos parte del mismo cuerpo.
En quinto lugar, notemos el peligro en el que incurrimos cuando comenzamos a pasarnos juicio el uno al otro. Versículo 10 del texto de hoy: "¿Por qué juzgas a tu hermano? O también tú, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios." El versículo 12: "De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo." La actitud interna que nadie conoce, de juicio, de crítica, de condenación, tú vas a dar cuenta de eso ante el tribunal de Cristo. Yo también. De manera que tengamos cuidado, que no es solamente cómo hicimos esto, cómo adoramos, cómo guardamos, es lo que yo sentí, pensé, juzgué de lo otro. Eso tendrá que pasar ante el tribunal de Cristo.
Entonces, no se nos ocurra a nosotros, por lo menos de hoy en adelante, pasar juicio, como dice en el versículo 13, nunca jamás, sobre alguien que guarda el día de reposo diferente como usted lo hace. Y no se nos ocurra nunca jamás pasar juicio sobre un hermano que tiene una adoración diferente a la suya. El Señor es el juez, y no va a juzgar la forma ni lo externo, va a juzgar lo interno y el contenido y la esencia. Ahí, donde el Señor va a coger el corazón, lo va a poner en la balanza y va a ver cómo me adoraron. ¿Me adoraron de formalismo o en espíritu y en verdad? Y estos que me adoraron con música contemporánea, ¿lo hicieron en reverencia o hicieron un show de toda esta nueva música e instrumentación? Él va a poner sus corazones en la balanza. Y al final, él es que va a saber cómo luce cada uno de nosotros y cuánto pesa. Y les sugiero que no pesamos mucho, somos bien livianos en esa balanza.
Número seis, procura no ser piedra de tropiezo. Está aquí también, el texto de hoy, versículo 13: "Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano." ¿Qué quiere decir Pablo con que ya no nos juzguemos? Ya está bueno, terminamos. Él está hablando a los hermanos, ¿verdad? Es una iglesia mixta de judíos y gentiles. Los judíos están con los gentiles. Los gentiles quizá estaban agitados con este judaísmo que estaba dentro de ellos, y Pablo dice: "¡Ya! Ya pasó la ley, ya estamos en un solo cuerpo, no nos estemos juzgando los unos a los otros. Más bien, si tú entiendes que esto es un obstáculo para tu hermano, pues no lo hagas por él."
La carne sacrificada a los ídolos, tu hermano no te la mira comer, te la comes otro día. Hoy tú tienes que salir con este hermano, pues come otra cosa. Tienes semanas que vienes a salir con otro hermano y te comes tu carne. Entonces, ¿en serio comes eso? De lo contrario, la comes en tu casa, te la comes donde tú no le seas piedra de tropiezo al hermano. Porque se supone que tú y yo no debemos hacer nada para nuestro propio beneficio, sino para el beneficio de los otros. Esto va a llevar a tu hermano a la crítica, no lo hagas. Lo va a llevar a la ira, no lo hagas. Lo va a llevar al juicio, no lo hagas. Tú eres más maduro, tú te puedes abstener de eso. Tú no vas a dejar de vivir porque un día no comas carne, ni una semana. Total, como si fuera el plato del cielo.
De manera que, para traer todo esto todavía a una aplicación aún más práctica, si esto no ha sido lo suficientemente práctico, pero para hacerlo de esta manera, escúchame: tú y yo no estamos exentos de estas actitudes legalistas. Es posible que tú no tengas un estilo de vida legalista. Es posible que si examinamos tu vida tengamos que decir: "No, él no es un legalista." Pero con toda probabilidad, todavía en el estadio en que tú y yo estamos de madurez, puede ser que en ocasiones, dadas circunstancias en las que me vea involucrado, en ese momento juzgue de una manera más con el espíritu del legalismo que con el espíritu de gracia. Y eso es lo que yo quiero ver, cómo lo juzgo ese espíritu.
De manera que le estoy hablando a todos, no le estoy hablando a personas que viven un estilo legalista, aunque le estoy hablando a ellos también. Estoy hablando a todos nosotros, y me sirve de recordatorio a mí que lo estoy diciendo también.
Entonces, estas son las cosas que quiero recordar. Número uno: en el corazón legalista hay una ausencia de gracia frecuentemente hacia sí mismo y hacia los demás. ¿Qué yo quiero decir con eso? Que muy frecuentemente cuando esos hermanos pecan y caen, se condenan duramente, tienen dificultad en perdonarse a sí mismos. Y lo mismo es proyectado cuando otros caen y pecan. Los condenan duramente, severamente, y tienen dificultad en perdonarlos, porque ellos ni siquiera han aprendido a perdonarse a sí mismos, no han aprendido a ver estas cosas a través de los ojos de gracia de Dios. Esto no es libertinaje, esto es Biblia. Pues es lo que la Biblia nos enseña.
Número dos: esa persona frecuentemente está ciega hacia sus propias faltas y magnifica las faltas de los demás. Cristo lo dijo, este es el ejemplo de la viga y la paja. El que tiene la viga en el ojo, Cristo está hablando, estaba ciego hacia su viga. Pero él magnificaba la paja en el ojo del hermano. Eso es frecuente en ese espíritu de legalismo que tú y yo podemos tener en cualquier momento. Aún después de haber madurado, tenemos que cuidarnos. Claro que en la medida en que maduramos lo hacemos menos, en la medida en que maduramos pues esas cosas se van quedando atrás, pero son típicas de ese corazón.
Número tres: frecuentemente la persona con ese espíritu legalista, por lo general, es muy orientada hacia las tareas. ¿Y por qué es importante verlo? Porque frecuentemente estas personas, al ser tan orientadas hacia la tarea, hacen tareas que cuando ellos no ven a otros haciéndolas, entonces les critican y los condenan. Yo no estoy en contra del devocional, no estoy en contra de leer la Palabra. Pero cuando el hermano no lo hace, Dios tiene que juzgarlo, yo no. Claro que hay momentos en que tú tienes que hacer eso, tienes que exhortar, tienes que decir: "Lee la Palabra." Y cuando yo no lo estoy haciendo, tú tienes una responsabilidad conmigo de decirme: "No, ven, tú tienes que hacer eso, tienes que hacer aquello." O ir a la iglesia, o venir a la reunión de oración. Todo eso es importante, Dios no tiene ningún problema con eso, de hecho Dios quiere que lo hagamos. Lo que Dios no quiere que exista es la actitud y el sabor condenatorio cuando vamos a corregir. Porque ya ahí pasamos de un lado al otro.
Número cuatro: y recuerda también, quizás las tareas hacia las cuales tú estás orientado no son las tareas hacia las cuales este otro hermano está orientado. Y quizás cuando él mira tu tarea y mira la suya, quizás está pensando así: "Pero él o ella no está haciendo esto, pero yo sí hago."
Número cuatro: ese espíritu legalista tiende a ser muy crítico. Muy crítico de los demás, de las circunstancias. Y muchas veces condenan aquello, o aquellas cosas, o aquellas personas que no los hacen sentir bien. Yo lo he ilustrado aquí mil veces y lo voy a volver a ilustrar de la misma forma. Si ustedes me invitan a esta iglesia a predicar, yo soy un pastor de otra iglesia, y ustedes no me dicen nada, yo vengo en camisa sin corbata ni saco. Y me encuentro con que todos los hombres aquí tienen saco y corbata. Cuando yo entro yo me siento incómodo. Como me siento inseguro, yo los critico a todos y comienzo a decir: "Esto es increíble. ¿En un país tropical quién ha visto que uno se pone saco y corbata para ir a la iglesia? Estos son gente legalista, son gente que lo que les importa es el qué dirán, y seguro para lucírselo." Sin embargo, si yo hubiera venido con mi saco y mi corbata, nada de eso se me ocurre pensarlo. La única razón por la que eso salió fue porque al entrar me sentí inseguro, y esas cosas nos vuelven de esa manera. Y hay personalidades que son muy así.
Yo les he hecho el cuento, algunos de ustedes, del individuo que tenía un amigo que nada le podía. Él no podía aplaudir nada, aprobar nada, celebrar nada, todo lo criticaba, y el amigo estaba cansado de él. Y un día consiguió un perro que estaba alevantado, que caminaba sobre las aguas, un perro cazador. Y él dijo: "Ya sí, ya sí, con ya sí mi amigo llegó donde iba a llegar. Le voy a salir a cazar con este perro, yo voy a ver si él va a encontrar también una falta con este perro." Entonces salen a cazar y le pasa un pato por el frente, y el pato cae al agua. El perro sale corriendo, cuando llega al lago se tira caminando, agarra su pato, se devuelve, se lo lleva a su amo. El dueño le dice emocionado a él: "¿Viste? ¿Viste qué perro me he tirado?" Y dice: "¿Cuál es el problema con tu perro? No sabe nadar."
Hay gente que simplemente tú no lo puedes complacer, ni hacer reír, ni ponerlo a celebrar. No sé, no sé, no sé. Pero si tú le preguntas eso en un examen escrito, falso o verdadero: "Usted debe juzgar por su propio estándar", esa persona dice: "No, falso." Se le mira la vida y es otra cosa. Porque nosotros no pensamos que lo hacemos, pero la forma como lo manifestamos, yo sé que lo he hecho en el pasado. Yo creo que no lo voy a hacer en el presente o futuro, yo creo. Pero yo tampoco voy a decir aquí: "No, yo nunca lo voy a hacer en el futuro." Porque el que cree que está firme, cuídese que no caiga.
Pero muchas veces decimos: "No, yo no haría eso". Sí, pero ¿quién ha hecho tu estándar? Puede ser que tú no lo harías. Por eso la pregunta no es si tú lo harías; la pregunta es si la Palabra lo prohíbe y si Cristo lo haría, si hay otro cristiano también maduro que a lo mejor sí lo haría. Quizás tú no lo harías porque no es tu forma, no es tu temperamento, es que tú tienes una preferencia en tu estilo, quizá no fue la forma como te criaron, no es lo que piensas. Y tú, a todo eso puede ser, pero la frase "yo no lo haría" es la evidencia de que estoy usando mi estándar. De lo contrario no hablaríamos así. Yo filtré la experiencia, lo pasé a través de mí, de mi entendimiento, y busqué cómo yo lo veo. Tengo que ver si la Palabra lo permite o no lo permite.
Número seis: el espíritu legalista no reconoce la individualidad de los llamados. Usted y yo no fuimos llamados de la misma manera. Tenemos un mismo estándar, cierto, pero hay una individualidad en el llamado de cada uno. Dios llama a Pedro y le dice: "Tú vas a ser apóstol de los judíos". Llama a Pablo y le dice: "Tú vas a ser apóstol de los gentiles". Llama a Hudson Taylor y lo manda para el campo misionero, y él se deja crecer una cola de cabello hasta la cintura, porque ese era el estilo en ese momento y en esa cultura. Y él entendía la intención del corazón en lo que iba a ser usado; él entendía que podía ser mejor aceptado de esa manera. Ahora, si yo vengo aquí en meses subsiguientes con una cola a la altura de la cintura, lo cual no puedo por mi cabello, pero si yo pudiera, eso sería escándalo en este contexto, y estoy de acuerdo. Por ahí hay una individualidad del llamado.
Y Dios llama a Bernabé de una forma y llama a Amós de otra forma, y llama a Pedro de una forma y llama a Pablo de otra forma. A Pablo hubo que tumbarlo de un caballo. Mateo estaba sentado recogiendo impuestos y él simplemente le dice: "Sígueme". Tenemos que ver cuál es el llamado que Dios me ha dado, porque yo no puedo juzgar a todo el mundo por la manera en que fui llamado, ni por lo que Dios me ha pedido. Es como que yo ahora, habiendo renunciado a la medicina para abrazar esta causa, exigiera que todos los médicos cristianos renuncien a su profesión porque yo renuncié a la mía. Imaginémonos que todos los médicos renuncien a su profesión para abrazar la fe cristiana. ¿Quién va a cuidar de los enfermos? Hay algunos de nosotros que hemos sido llamados a eso. Martyn Lloyd-Jones, gran predicador, grandemente conocido, él y su esposa fueron médicos y la practicaron por un tiempo. Llegó el momento en que también tuvieron que dejarla, pero por mucho tiempo hicieron las dos cosas. Cada cual tiene un llamado y tendrá que responder por su llamado.
Número siete: muchas veces la persona legalista confunde lo que es el adoctrinamiento con la enseñanza de la verdad de la Palabra. Cree que es uno y lo mismo, pero no es. Hay cosas que yo aprendo, formas, frases, principios que salen de un catecismo, salen de una confesión, pero no necesariamente de la Palabra. Yo tengo que ser cuidadoso con eso, que yo no amarre la conciencia de todo el mundo universalmente por un principio que a lo mejor es válido, pero no bíblico necesariamente. No es antibíblico, pero no es algo que yo puedo estimar igual que lo que está en la Palabra. No tienes que ajustarte a él. No puedo confundir el adoctrinamiento con lo que es la enseñanza de la verdad.
Número ocho y final: no es raro que este espíritu crítico legalista esté preocupado con lo trivial, con lo pasajero, con lo superficial, con lo que no tiene realmente importancia, hasta el punto que se ahogan con un grano de arroz pero se tragan un camello. Esto es como Cristo lo dijo en Mateo 23, a partir del versículo 25: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad".
Esto es lo que los fariseos estaban haciendo. Iban al templo fielmente, llegaban temprano, eran puntuales, ayunaban dos veces a la semana. Daban el diezmo: contaban diez limones y llevaban uno al templo y se quedaban con nueve. Y eran sumamente escrupulosos en pagar el diezmo. Sin embargo, en las cosas más importantes de la ley de Dios, como es la fidelidad, la misericordia y la justicia, no las estaban llevando a cabo. Es más fácil llegar a la iglesia a tiempo, es más fácil estar en la iglesia el domingo, el miércoles, en todo el ministerio, dar el diezmo, enviar un cheque para un misionero. Más fácil hacer todo eso que amar la misericordia, practicar la justicia y caminar en humildad de corazón, que es lo que el profeta Miqueas 6:8 nos dice. Y él hace la pregunta: "Oh hombre, ¿qué es lo que Dios ha pedido de ti?" Tres cosas te las voy a resumir: que camines en humildad de corazón, que practiques la justicia y que ames la misericordia. El hacer lo externo es diez veces más fácil que hacer esas otras cosas que son internas del corazón.
¿Cuántos de nosotros amamos la misericordia? ¿Cuántos de nosotros nos deleitamos en perdonar? ¿Cuántos de nosotros nos deleitamos en ser pacientes? ¿Cuántos de nosotros literalmente podemos decir: "No es que yo amo la misericordia, es que me deleito en ella"? Al contrario, a veces cuando vemos el espíritu de misericordia en otros, lo criticamos, como Jonás criticó a Dios. El profeta Jonás criticó a Dios; es increíble. "Yo no voy para Nínive, porque tú eres demasiado misericordioso y tú te atreves a perdonarlos". Este es el Jonás que cada uno de nosotros tiene por dentro, y usted no lo sabe. Este es el Jonás de nosotros, que cuando ve a alguien practicando la misericordia dice: "No, no, pero te pasaste, te pasaste de la línea, ten cuidado, porque te han buscado". Y a veces eso es cierto, pero más frecuentemente tiene que ver con el Jonás dentro de nosotros.
Cristo les dice a los fariseos: "Estas cosas —la justicia, la misericordia y la fidelidad— son las que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas otras. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!" Este versículo se me salió. "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera a lo mejor lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia". ¡Guau! ¡Dénse cuenta!
La esencia del legalismo, no importa la denominación, el tiempo, la cultura donde tú estés, la esencia del legalismo es preocupación y conformidad con lo externo, a expensas o en presencia del descuido de lo interno. No importa la denominación, no importa cómo tú le llames, no importa si estás en el primer siglo o estás en el siglo XXI. La esencia del legalismo es la preocupación con lo externo y la conformidad con lo externo, todo el tiempo descuidando la condición interna de mi corazón, que debiera estar conformado, según lo que acabamos de leer, a la humildad, a amar la misericordia, a la práctica de la justicia, a la fidelidad a Dios. Esa es la iglesia que Dios quiere.
La razón para la que estamos predicando estos sermones no es porque queremos la iglesia perfecta. Si usted cree que esta era la iglesia perfecta, ya que usted se unió a ella dejó de serlo. Esta no es la iglesia perfecta. La iglesia tiene fallas, tiene errores, sus líderes también. Todos somos falibles, pero nosotros queremos hacer el mejor esfuerzo, hasta donde nuestra fortaleza o fuerza humana nos permita, y la sabiduría que Dios nos dé nos permita, de tratar de conformar la iglesia lo más cercano posible a lo que Dios ha dicho en su Palabra. ¿Y tú tienes que ayudarnos? Porque solo, ni yo ni todo el liderazgo lo puede hacer, porque la iglesia somos todos nosotros. Y en la medida en que hoy oímos estas cosas y las entendemos como Palabra de Dios, y las abrazamos y las practicamos, en esa misma medida la iglesia se está conformando a esa imagen.
Y no queremos ser la iglesia que todo el mundo apruebe, ni la iglesia que todo el mundo quiere ver, ni la iglesia donde todo el mundo quiere venir, aunque ojalá eso ocurriera. Eso no es la iglesia que queremos ser. Queremos ser la iglesia que honre a Dios, que complazca a Dios, que le haga sonreír, que refleje su imagen, que refleje su estándar, que practique la verdad con gracia, que pueda estar llena, como Cristo, de gracia y de verdad.
Y eso es algo que tú y yo tenemos que cuidar todos los días, porque el día menos pensado yo me desbalanceo, tú te desbalanceas, y cuando tú me veas desbalanceando hacia un lado, ven y ayúdame a balancear la vara. Porque eso no se hace un día y ya para siempre. Eso es caminar continuamente como el malabarista en la cuerda floja, continuamente con una vara en esta forma. Si usted ha visto al malabarista, él no camina toda la cuerda derechito sin nunca irse de un lado para el otro. Esa es la vida cristiana: es una línea fina donde tú tienes una vara que de este lado dice "verdad" y de este lado dice "gracia", y tú la agarras, tú caminas esa cuerda, y un día tú estás así como el malabarista y tienes que volver otra vez para el otro lado. Y tienes que caminar así. Lo que Dios quiere es que no te caigas de la cuerda.